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Historia del Imperio Carolingio

El Imperio carolingio dominó Europa occidental entre los siglos VIII y IX bajo la dinastía carolingia. Pipino el Breve se coronó rey de los francos en 751 y estableció una alianza con el papa que aumentó el poder político de este. Su hijo Carlomagno expandió el reino a través de conquistas militares, recibiendo la corona imperial de manos del papa en 800. Tras su muerte, el imperio se dividió entre sus descendientes y gradualmente declinó, dando paso a los reinos de Francia y el Sacro Imperio

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Historia del Imperio Carolingio

El Imperio carolingio dominó Europa occidental entre los siglos VIII y IX bajo la dinastía carolingia. Pipino el Breve se coronó rey de los francos en 751 y estableció una alianza con el papa que aumentó el poder político de este. Su hijo Carlomagno expandió el reino a través de conquistas militares, recibiendo la corona imperial de manos del papa en 800. Tras su muerte, el imperio se dividió entre sus descendientes y gradualmente declinó, dando paso a los reinos de Francia y el Sacro Imperio

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EL IMPERIO CAROLINGIO

Historia
El Imperio carolingio es un término historiográfico utilizado para referirse al reino franco que
dominó la dinastía carolingia del SIGLO VIII al SIGLO IX en Europa occidental. Este período de la
historia europea deriva de la política de los reyes francos, Pipino el Breve y Carlomagno, que
supuso un intento de recuperación de la cultura clásica en los ámbitos políticos, culturales y
religiosos de la época medieval. La coronación de Carlomagno como emperador en Roma fue
un hecho relevante e importante como símbolo de restauración de facto del Imperio romano de
Occidente, que en realidad sirvió para legitimar el poder de la etnia germánica que había
invadido el territorio que antiguamente correspondía a los romanos. Tras su partición por
el Tratado de Verdún en 843, sería sustituido un siglo después por el Reino de Francia en su
parte oeste, y por el Sacro Imperio Romano Germánico en el este.
En su apogeo, el imperio tenía una población de diez a veinte millones de personas y una
extensión de 1 112 000 km².1

Los carolingios
La dinastía deriva del matrimonio de los hijos de Arnulfo de Metz y Pipino el Viejo, ambos
descritos por Fredegario como los señores más importantes de Austrasia. La familia consolidó
su poder desde el segundo tercio del siglo VII consiguiendo que el oficio de mayordomo de
palacio fuese hereditario, y convirtiéndose así en los verdaderos gobernantes de los francos;
mientras que los reyes merovingios quedaban reducidos a un papel nominal, es por ello que se
les denomina «reyes holgazanes».
El mayordomo de palacio de todos los reinos merovingios, Pipino el Breve (hijo del
mayordomo Carlos Martel y descendiente de Pipino el Viejo), logró destronar a su
rey merovingio Childerico III en 751, y fue reconocido rey de los francos con apoyo del
papa Zacarías, y posteriormente ungido como rey por el papa Esteban II en 754. Así, aunque
Pipino fue rey electo, aseguró su legitimidad divina a través del papa.
En efecto, Pipino consolidó su posición en 754 al fraguar una alianza con el papa Esteban II,
quien obsequió al rey de los francos una copia de la Donación de Constantino en París, y le
ungió a él y a su familia en una majestuosa ceremonia en Saint-Denis, declarándolo patricius
Romanorum ('protector de los romanosi). El año siguiente, Pipino cumplió la promesa hecha al
papa y recuperó el exarcado de Rávena, recientemente perdido ante los lombardos,
entregándoselo al papa en lugar de devolvérselo al emperador bizantino. Pipino entregó
también los territorios reconquistados en los alrededores de Roma, dando pie a la creación de
los Estados Pontificios en la Donación de Pipino, que dejó en la tumba de San Pedro. La
reconstruida monarquía franca proporcionaría una base de poder leal (potestas) en la creación
de un nuevo orden mundial, en que el liderazgo religioso-espiritual del papa acrecentó su dosis
de poder político-terrenal.
Carlomagno
A la muerte de Pipino en el año 768, se repartió (siguiendo la tradición franca) entre sus
hijos Carlos y Carlomán, recibiendo el primero la Aquitania marítima, parte de Neustria y
Austrasia, y zonas fronterizas de Frisia; mientras que el otro obtuvo las áreas marginales de
Alamania, Alsacia, Aquitania interior, Borgoña, Provenza y Septimania.2 Tras diversos
enfrentamientos entre ellos, la muerte de Carlomán (771) dejó a su hermano Carlos como único
rey, quién posteriormente pasaría a ser conocido como Carlomagno.a Era un personaje
poderoso, inteligente y relativamente culto, que se convertiría en una leyenda para la historia
posterior tanto de Francia como de Alemania. Carlomagno restableció un equilibrio de poder
entre el emperador y el papa.
A partir del año 772, Carlomagno emprendió una larga guerra en la que conquistó y derrotó a
los sajones para incorporar sus territorios al Imperio franco (las últimas incursiones de
Carlomagno sobre los territorios sajones está datada en 804 por los Annales regni Francorum).
Esta campaña se sumó a la práctica de líderes cristianos no romanos que provocaban la
conversión de sus vecinos por la fuerza. Los misionarios católicos francos, junto a otros
de Irlanda y de la Inglaterra anglosajona, habían penetrado en territorio sajón desde mediados
del siglo VIII, resultando en un aumento de los enfrentamientos con los sajones, que se resistían
a los empeños misionarios acompañados de incursiones militares. El principal oponente sajón
de Carlomagno, Widukind, aceptó ser bautizado en el 785, como parte de unos acuerdos de
paz, pero otros líderes sajones continuaron con la lucha. Tras su victoria en el 782 en Verden,
Carlomagno ordenó la matanza masiva de miles de prisioneros sajones paganos. Tras varios
levantamientos más, los sajones sufrieron la derrota definitiva en el 804. Esto expandió el
Imperio franco hacia el este, hasta el río Elba, algo que el Imperio romano en tiempos de la
República, solo intentó una vez, y en lo que falló en la batalla del Bosque de Teutoburgo (año
9 d. C.). Para poder cristianizar con más efectividad a los sajones, Carlomagno fundó
varias diócesis, entre las que se cuentan las de Bremen, Münster, Paderborn y Osnabrück.
Al mismo tiempo (773-774), Carlomagno conquistó a los lombardos, incluyendo de esta manera
el norte de Italia en su esfera de influencia. Renovó el donativo al Vaticano y la promesa al
papado de continuar la protección por parte de los francos.
En el 788, Tasilón III, duque de Baviera, se rebeló contra Carlomagno. Tras aplastar la revuelta,
este incorporó Baviera a su reino. Además de expandir los horizontes de sus dominios, redujo
de manera drástica el poder y la influencia de los agilolfingos (la familia de Tasilón), otra de las
familias influyentes de entre los francos y sus potenciales rivales. Hasta el 796, Carlomagno
continuó expandiendo su reino todavía más hacia el sureste, hasta la actual Austria y a partes
de Croacia.
De esta manera, Carlomagno creó un reino que alcanzaba desde los Pirineos al suroeste,
incluyendo de hecho una zona del norte de la península ibérica (Marca Hispánica tras 795),
pasando por casi toda la Francia moderna (a excepción de Bretaña, que nunca fue conquistada
por los francos), y al este la mayor parte de la actual Alemania, incluyendo el norte de Italia y la
actual Austria. En la jerarquía de la Iglesia, los obispos y abades buscaban la protección del
palacio del rey, fuente tanto de protección como de seguridad. Carlomagno se había erigido en
líder de la cristiandad occidental, además de impulsar un «Renacimiento carolingio» en la
cultura literaria, gracias a su apoyo a monasterios como centros de enseñanza.
Carlomagno según una ilustración de Alberto Durero (1511).

El día de Navidad de 800, el papa León III coronó a Carlomagno como «Emperador que
gobierna el Imperio romano», en Roma, en una ceremonia presentada como inesperada,
puesto que Carlomagno no deseaba encontrarse en deuda con el obispo de Roma, y a su
hijo Carlos el Joven como rey de los francos. Se trataba de uno más de los gestos llevados a
cabo por el papado para definir los papeles de auctoritas papal y potestad imperial; así como
para considerarle como sucesor de los emperadores romanos. Esto originó una serie de
disputas con los bizantinos por el nombre de Imperio romano. Tras una primera protesta por la
usurpación, en 812, el emperador bizantino Miguel I Rangabé reconoció a Carlomagno como
emperador (basileus), pero no como emperador de los romanos (Βασιλεύς των Ρωμαίων), título
que se reservó el bizantino como el verdadero sucesor de los emperadores romanos. La
coronación sirvió para dar una legitimidad permanente a la primacía carolingia entre los francos.
Tras la muerte de Carlomagno el 28 de enero de 814 en Aquisgrán, fue enterrado en su Capilla
Palatina.
Carolingios posteriores
Carlomagno tuvo varios hijos, pero solo uno le sobrevivió. Fue Luis el Piadoso, quien sustituyó a
su padre al frente del imperio unificado. Pero el hecho de que heredase el puesto fue más un
asunto de azar que intencionado. Tras tres guerras civiles, Luis murió en 840, y sus tres hijos
supervivientes decidieron repartirse el territorio en el tratado de Verdún, en 843:
1. Al hijo mayor de Luis, Lotario I, emperador desde el año 817, le correspondió los francos
centrales con las capitales imperiales Aquisgrán y Roma. A su vez, sus hijos se dividieron este
imperio en Lotaringia, Burgundia e Italia (septentrional). Estas zonas desaparecerían más tarde,
integrándose en el Imperio germánico.
2. El segundo hijo de Luis, Luis el Germánico, pasó a ser rey de los francos del este. Esta zona
sería el origen de lo que más tarde fue el Sacro Imperio Romano Germánico, que con el tiempo
llegó a ser, aproximadamente, la actual Alemania.
3. Su tercer hijo, Carlos el Calvo, pasó a ser rey de los francos del oeste, en disputa con su
sobrino Pipino II de Aquitania. La zona que ocupó llegaría a ser la actual Francia.

El reino de Carlomagno sobrevivió a su fundador y se extendió por gran parte de la Europa occidental, sin
embargo, sus sucesores se mostraron incapaces de mantenerlo. El mapa muestra los territorios del
emperador Carlos III el Gordo en el año 887.

Más tarde, mediante el tratado de Mersen (870) y Ribemont (880) se realizó una nueva división
de los territorios, en detrimento de Lotaringia.
El 12 de diciembre de 884, tras una serie de fallecimientos, el emperador Carlos III el
Gordo reunió la mayor parte del Imperio carolingio, solo Bosón de Provenza resistía como rey
en Vienne.
A finales de 887, su sobrino Arnulfo de Carintia se sublevó y se hizo con el título de rey de los
francos del este (actual Alemania). Carlos se retiró y murió poco después, el 13 de enero
de 888. Italia, y las dos Borgoñas tuvieron reyes propios. En la Francia
occidental, Eudes, conde de París fue elegido rey y fue coronado al mes siguiente, pero en
Aquitania Ranulfo, conde de Poitiers, se autoproclamó rey de Aquitania (el título fue
abandonado tras su muerte) y tomó bajo su protección al joven Carlos el Simple, tercer hijo de
Luis el Tartamudo, de siete años. Diez años más tarde, los carolingios recuperaron el poder en
Francia, donde gobernaron hasta 987, año de la muerte del último rey de la dinastía
carolingia Luis V.
Causas de la disgregación del Imperio carolingio
Carlomagno no logró dotar a su Imperio de una organización política que pudiera subsistir por sí
misma a las amenazas que se cernían sobre él. Toda la organización del Imperio descansaba
sobre una condición necesaria: la fidelidad de los nobles al Emperador y Rey de los Francos y
de los Lombardos. Todo ello en un contexto económico y social en el cual los condados se
volvían cada vez más autónomos: en principio, como resultaba muy costoso mantener a un
guerrero a caballo con todo su equipamiento, solo los grandes propietarios podían permitírselo
y los restantes hombres libres no tenían otra alternativa que encomendarse a un señor como
vasallos. Hay que destacar que no existía un ejército permanente en el Reino de los Francos,
sino que se realizaban levas de armas y cada guerrero debía equiparse por su cuenta. Se vivía
en una sociedad rural cuya economía era la agricultura de subsistencia, las ciudades estaban
despobladas y reducidas a su mínima expresión y el comercio había prácticamente
desaparecido. La burguesía aún no había surgido como clase social y las provincias tenían que
subsistir con sus propios recursos.
Así, entre el Emperador y los hombres libres cada vez cobró más fuerza la casta intermediaria
de los nobles ante quienes sus vasallos debían responder. Era solo cuestión de tiempo que en
un Imperio tan extenso en el cual las comunicaciones eran tan escasas y deficientes, los
vasallos respondieran más ante sus señores locales que ante el Emperador.
Mientras Carlomagno vivió, su extraordinario prestigio, su mano firme y su férrea voluntad, y los
beneficios que reportaban a la nobleza las conquistas territoriales, hicieron que se le obedeciera
por encima de la desintegración que estaba en ciernes. Únicamente si su sucesor hubiera sido
un rey con los talentos de Carlomagno hubiera tenido el Imperio posibilidades de sobrevivir.
Pero su hijo Carlos, quien tenía un gran talento militar y a quien Carlomagno había confiado
algunas de sus misiones más difíciles, no le sobrevivió.
Ya en vida de Carlomagno se había producido un hecho que permite deducir que algo malo
estaba pasando con la fidelidad sobre la base de la cual estaba erigido el esqueleto del Imperio.
En el verano del año 807, muy pocos de los señores y guerreros convocados a la asamblea
anual se presentaron y, por primera vez, la asamblea no pudo realizarse. Fue un hecho sin
precedentes. Carlomagno lo interpretó como una rebelión a su autoridad, envió a
los missidominicci a investigar cada condado y castigó con edictos esa creciente deserción.
Muerto Carlomagno y dado el poco talento político de su hijo y sucesor Luis el Piadoso, los
hechos se precipitaron. Las guerras civiles entre el monarca y sus hijos acabaron con el
prestigio del Emperador. La fidelidad que solo se mantenía por la extraordinaria figura de
Carlomagno desapareció y el Imperio, ya herido de muerte, terminó de naufragar merced a la
exacerbación de los ataques de los nórdicos, dando paso al pleno auge del Feudalismo.
El Imperio era inviable dadas las condiciones económicas, políticas y sociales de la época y
solo la fortísima personalidad y el talento de Carlomagno habían podido sostenerlo.
El legado carolingio
La unificación de la mayor parte de lo que hoy conocemos como Europa central bajo el mando
de un solo líder sirvió de sustrato para la continuación de lo que se conoce como
«Renacimiento carolingio». A pesar de las guerras internas casi constantes que tuvo que
soportar el Imperio carolingio, la extensión del gobierno franco y la cristiandad romana en un
territorio tan vasto aseguró una unidad fundamental los francos dependían en gran medida de
cada uno de los líderes y de sus objetivos. Objetivos que cambiaban tan fácilmente como las
alianzas políticas entre las distintas familias francas. De todos modos, esas familias, incluidos
los carolingios, compartían todas las mismas creencias básicas e ideas de gobierno. Ideas y
creencias que tenían sus raíces en un pasado proveniente tanto de la tradición germánica como
romana. Una tradición que se remonta a mucho antes del ascenso de los carolingios y que se
prolongó en cierta medida de las muertes de Luis el Pío y sus hijos.

Política interior
Carlomagno dividió el territorio en condados, marcas y ducados:

 Condados: eran la unidad de la circunscripción administrativa encomendada a


un conde con el fin de cumplir las disposiciones reales, presidir el mallus judicial, dirigir los
contingentes militares, cobrar impuestos y ordenar el gasto. Eran nombrados por el rey, que
les otorgaba poder militar, administrativo y judicial.
 Marcas: en las zonas fronterizas el mando militar de varios condados se unifica en
manos de un marqués, aunque los condes conservaban el resto. Así ocurría en las marcas
de Gotia, Bretaña, Friul, Nordalbingia, Venda, Marca Hispánica o la Marca Ávara.
 Ducados: podían designar un título de prestigio que aludiese a una categoría de mando
elevada, sencillamente a un marqués, o a algún territorio autónomo o externo al imperio.
El máximo poder del Imperio residía en el emperador, que tenía poder para convocar las armas,
administrar justicia y designar a los nobles que gobernaban los territorios.
El palacio o corte era el núcleo de la Administración y estaba dirigido por
un chambelán (sucesor del cargo de mayordomo de palacio). A su cargo estaban el copero,
responsable de la bodega; el mariscal, responsable de la caballería y el establo; y el senescal,
responsable de los asuntos de la corte. Las otras instituciones de la Administración eran
la cancillería, que dirigía los asuntos civiles y eclesiásticos, así como el tribunal palatino, que
aplicaba las leyes a los habitantes del Imperio.
Los condes percibían como pago a su gestión las rentas o usufructo de una parte de fisco que
la monarquía tenía en el condado, a esto se llama honor. Dada la gran extensión del territorio
imperial y el deficiente nivel técnico de los medios de comunicación, los condes se
aprovechaban y abusaban de su poder para aumentar sus propiedades territoriales radicadas
en el condado y emparentar con familias poderosas del condado. Los inspectores de
palacio o missidominici eran los encargados de que los marqueses y los condes gobernaran
según las directrices del Emperador, para ello acudían en parejas a los territorios a comprobar
el cumplimiento de las leyes. Sin embargo, los condes salían de un ámbito reducido de
terratenientes aristocráticos, y de la misma forma los missi, de manera que aunque actuaban
fuera de su esfera de influencia, compartían los intereses de aquellos a quienes
inspeccionaban.
Cuando la realeza fue fuerte, pudo imponer su autoridad sobre los condes, pero cuando la
realeza carolingia decayó en poder militar por las guerras civiles y los saqueos normandos,
sarracenos y magiares, resultó más difícil desproveer a un conde de la jurisdicción del territorio
asignado.
Economía
El comercio en la época del emperador franco Carlomagno (742-814) se redujo al transporte de
algunos toneles de vino o sal, al tráfico prohibido de esclavos y a unos pocos artículos de lujo
traídos de Oriente. Desde el cierre del Mediterráneo por el Islam se acabó la actividad comercial
regular, la circulación constante y organizada, así como la clase de mercaderes profesionales o
de sus establecimientos en las ciudades. Aunque pervivieron pequeños y rudimentarios
mercados locales, se destacó el empobrecimiento general de la época. La circulación de dinero
se volvió lenta e insuficiente. Aunque el imperio de Carlomagno fue muy brillante culturalmente
hablando, en el aspecto económico fue un siglo de regresión.
La base económica, tanto del Estado como de la sociedad, será entonces la propiedad
territorial. El Estado carolingio fue esencialmente agrícola. El comercio era insignificante y por lo
tanto no existía más fortuna que los bienes raíces, ni más trabajo que el rural. La desaparición
de los pequeños propietarios libres se aceleró, la necesidad de protección los obligó a buscar la
tutela de los poderosos.
Con la casi desaparición de la circulación comercial, de la clase comerciante y de la población
urbana, resultó inútil seguir produciendo más de lo mínimo indispensable para la subsistencia
de los habitantes, propietarios y arrendatarios, que vivían en el dominio. La economía de
cambio fue sustituida por una economía de consumo. Cada dominio, en lugar de continuar su
relación con el exterior, constituyó un pequeño mundo aparte. Vivió de sí mismo y para sí
mismo.

Cultura y arte
Se suele conocer a este periodo del entorno del año 800 con el nombre de Renacimiento
carolingio, no tanto porque diera origen a algo similar al Renacimiento del siglo XV, sino por
comparación con la decadencia cultural del periodo anterior.
Carlomagno (como la mayoría de los hombres de su tiempo, incluidos los nobles y muchos
clérigos) no sabía leer, ni escribir, ni siquiera aritmética. No obstante, intentó elevar el nivel
cultural del Imperio fundando la Escuela Palatina de Aquisgrán, y puso en su dirección al
célebre Alcuino de York. En ella se formaron él, sus hijos y todos los funcionarios de la corte.
Esta Escuela se convirtió en modelo para la fundación de otras en toda Europa. Divulgó las
artes, las ciencias, las letras y todo el conocimiento de la Antigüedad con sus materias:

 Trivium: retórica, gramática y dialéctica.
 Quadrivium: geometría, astronomía, aritmética y música.
El arte carolingio estaba basado fundamentalmente en dos estilos: el arte clásico griego y el arte cristiano, pero
con algunas influencias de sus vecinos bizantino e islámico.

 Escultura: Los ejemplos conservados son muy escasos, si bien las esculturas de marfil han
sobrevivido y son de una gran belleza.

 Arquitectura: La arquitectura carolingia se reflejaba en edificios religiosos y algunos palacios. Se


caracteriza por usar la planta de cruz latina de tres naves; arcos de medio punto, de herencia romana;
cubiertas de madera; columnas con capiteles esquemáticos y pilares cuadrados y cruciformes.

 Mosaicos y miniaturas: Entre las obras de arte más notables de esta época, sobresalen
los mosaicos y las miniaturas que ilustran los Evangelios, además de la orfebrería que decoraba todos sus
templos.
INTRODUCCIÓN:

Carlomagno respresenta una unidad imperial para el periodo de la Edad Media, después de
la caída del Imperio Romano Europa comienza una fragmentación política que trajo como
consecuencia directa la llegada de los musulmanes al continente viejo. Solo el Imperio Carolingio
pudo estabilizar y entregar una unidad política a cada uno de los pueblos ubicados en la Europa
Occidental.
Conclusión

La importancia de Carlomagno trasciende al tamaño y a la creación del Santo Imperio Romano, que se
desmoronaría tras su muerte. Apoyó y defendió a la Iglesia Católica y la utilizó para fomentar el aprendizaje y
las artes entre sus contemporáneos.

Queridas alumnas mucha suerte y no olvidemos que la historia nos permite conocer el pasado para
comprender nuestro presente.
Bibliografía

Fuentes primarias[editar]

 EGINARDO (1960) [1880]. The Life of Charlemagne (Samuel Epes Turner, trad.) (en


inglés). Ann Arbor: University of Michigan Press. ISBN 047206035X.
Fuentes secundarias

 ALESSANDRO, B. (2000). Carlo Magno (en italiano). Roma: Laterza.


 ANÓNIMO (1988). Le gesta dell'imperatore Carlo Magno (en italiano). Milán: Jaca Book.
 CARDINI, F. (2002). Carlomagno, Un padre della patria europea (en italiano). Milán:
Bompiani.
 Federico Chabod, Lezioni di metodo storico, Roma-Bari, Laterza, 1978.
 FICHTENAU, H. von (2000) [1949]. L'Impero carolingio (en italiano). Roma: Laterza.
 GARCÍA TURZA, J. (2018). «El Imperio carolingio». V. Á. Álvarez Palenzuela, ed. Historia
universal de la Edad Media. Barcelona: Ariel. ISBN 978-84-344-0641-4.
 HALPHEN, L. (1992) [1937]. Carlomagno y el Imperio carolingio. Madrid:
Akal. ISBN 9788476006788.
 HENNING, J. (2007). Post-Roman Towns, Trade and Settlement in Europe and
Byzantium. The heirs of the Roman West (en inglés). De Gruyter. ISBN 9783110183566.
 PIRENNE, Henri (1978) [1937]. Mahoma y Carlomagno. Madrid: Alianza. ISBN 9788420648941.
INDICE.

TEMA: EL IMPERIO CAROLINGIO

1.1Historia

1.1Los carolingios

1.2Carlomagno

1.3Carolingios posteriores

1.4Causas de la disgregación del Imperio carolingio

1.5El legado carolingio

2Política interior

3Economía

4Cultura y arte

o [Link]ía
Objetivos generales

Comprender globalmente la información que se recibe a través de los medios de comunicación.


Ser capaces de razonar sobre los acontecimientos históricos que han llevado a un determinado
grupo social a una situación específica.
Aprender a degustar con fruición una sociedad en una época determinada, correlacionando
actitudes, luchas, avances, cambios... con la evolución y el estado de las mismas
cuestiones en tiempos cercanos y en la actualidad.
Encontrar interés por la literatura de los clásicos, del siglo de oro español, y del siglo XIX,
leyendo determinadas obras, comentando, discutiendo acerca de su valor etc.
Aprender a degustar la música clásica con los intérpretes principales de cada época; poniendo
de manifiesto la singularidad de cada composición.
Entrar en el conocimiento de las grandes civilizaciones como un medio de entender el mundo
que nos rodea.
Apreciar en su justo término los grandes avances de la humanidad durante los últimos lustros,
pero también los peligros generados por esos avances.
Tener una mirada objetiva sobre la Ciencia en su conjunto; las dificultades que hubo de sortear
para su desarrollo, su relación con los avances sociales, etc.
Comprender el camino desarrollado por los avances habidos en estos últimos 25 años; las
posibilidades inmensas de las telecomunicaciones y de la genética.
Vislumbrar los principios económicos que rigen el mundo, y que determinan en gran medida lo
político y lo social.
Desentrañar ese arduo misterio del mundo, el sistema solar, las estaciones, el universo; saber la
causa de muchos de los fenómenos que rigen en gran medida nuestra forma de vida.
Saber deslindar los datos objetivos de la información —sesgada a veces— que nos llega por los
periódicos o la televisión.
Valorar el aprendizaje en grupo como medio de superar el aislamiento.
Aprender a estimar el conocimiento per se.
Mantener una actitud receptiva hacia cualquier mensaje cultural.
Adquirir una cierta erudición, tan necesaria en una comunicación adecuada e inteligente.
Reflexionar sobre la inmutabilidad intrínseca de muchos comportamientos sociales en una época
u otra.
TRABAJO

EL IMPERIO CAROLINGIO

ALUMNO: ALEXANDER NARVAEZ THERAN

DOCENTE: LEO GOMEZ.

INSTITUCION EDUCATIVA SANTA ROSA DE LIMA


22/11/2019

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