Diócesis de Trujillo
Seminario Mayor Diocesano “Sagrado Corazón de Jesús”
Trujillo – Venezuela
Año Escolar 2020 – 2021
III Año – Etapa Discipular
Semestre B – 2020
Área: Doctrina Social de la Iglesia I
Fecha: Octubre/2020
¿Qué es la Doctrina Social de la Iglesia?
En 1891 el Papa León XIII publico la encíclica Rerum Novarum en la que plasmó las bases de lo
que se llamó Doctrina Social de la Iglesia Católica. En ella, el Papa define el concepto cristiano
del trabajo (realización del hombre y cooperación de este a la obra creadora de Dios), condena los
abusos de los patronos y rechaza la lucha de clases que debe ser sustituida por la convivencia y el
dialogo, sobre la base de la justicia y la caridad; expone los derechos y deberes de obreros y
patronos, pide respeto para la propiedad privada (que ha de servir el bien común), y dice que, el
estado debe de estar al servicio de todos y que debe proteger el trabajo, fomentar asociaciones
obreras y sistemas de previsión social. La Doctrina Social de la Iglesia católica (no plenamente
idéntica a la Doctrina Social Cristiana, que tiene un sentido más amplio, pues ésta incluiría
documentos no magisteriales pero siempre de inspiración cristiana) es un conjunto de normas y
principios referentes a la realidad social, política y económica de la humanidad basado en
el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia católica.
Principios y Valores
* Dignidad de la persona humana: Según la Doctrina Social de la Iglesia, la persona humana, por
estar hecha a imagen y semejanza de Dios, posee una dignidad que la hace superior a los demás
seres creados. He aquí algunas citas de la Doctrina Social de la Iglesia al respecto:
"La dignidad de la persona manifiesta todo su fulgor cuando se consideran su origen y su
destino. Creado por Dios a su imagen y semejanza, y redimido por la preciosísima sangre
de Cristo, el hombre está llamado a ser "hijo en el Hijo" y templo vivo del Espíritu; y está
destinado a esa eterna vida de comunión con Dios, que le llena de gozo. Por eso toda
violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios, y se
configura como ofensa al Creador del hombre." (Christifidelis Laici, n. 37)
* Primacía del bien común: Un sentido de pensar en el bien de todos los individuos, sin quitar ni
el sentido de sociedad, ni de unicidad.
“El Bien Común está siempre orientado hacia el progreso de las personas: ‘el orden social y
su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario’ [...]. Este orden
tiene por base la verdad, se edifica en la justicia, es vivificado por el amor ” (CIC, n. 1906-9 y
1912).
* Destino universal de los bienes, solidaridad, y respeto a la propiedad privada:
"Dios ha destinado la tierra y sus bienes en beneficio de todos. Esto significa que cada persona
debería tener acceso al nivel de bienestar necesario para su pleno desarrollo. Este principio tiene
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que ser puesto en práctica según los diferentes contextos sociales y culturales y no significa que
todo está a disposición de todos. El derecho de uso de los bienes de la tierra es necesario que se
ejercite de una forma equitativa y ordenada, según un específico orden jurídico. Este principio
tampoco excluye el derecho a la propiedad privada. No obstante, es importante no perder de vista
el hecho de que la propiedad sólo es un medio, no un fin en sí misma." (Compendio de DSI, 171-
84)
* Principio de subsidiariedad: protección a los núcleos, especialmente a la familia en su sentido
cristiano.
"Cuán grande sea la dignidad del casto matrimonio, principalmente puede colegirse,
Venerables Hermanos, de que habiendo Cristo, Señor nuestro e Hijo del Eterno Padre,
tomado la carne del hombre caído, no solamente quiso incluir de un modo peculiar este
principio y fundamento de la sociedad doméstica y hasta del humano consorcio en aquel su
amantísimo designio de redimir, como lo hizo, a nuestro linaje, sino que también lo elevó a
verdadero y gran [1] sacramento de la Nueva Ley, restituyéndolo antes a la primitiva pureza
de la divina institución y encomendando toda su disciplina y cuidado a su Esposa la
Iglesia..." (Casti Connubii, nº 1)
* Participación social: consiste principalmente en un compromiso del cristiano, en promover una
sociedad más conforme con los designios de Cristo.
"Habrá que proclamar con más firmeza las verdades transmitidas por la Iglesia, toda su
doctrina sobre la santidad del matrimonio. la educación doctrinal de los niños, la propiedad
de bienes y su uso, los deberes para y con quienes administran el Estado; en fin, deberá
restablecerse el equilibrio entre los distintos órdenes de la sociedad, la ley y las costumbres
cristianas." (San Pío XII)
* Cultura de la vida y de la Calidad de vida: condena a toda forma de atentado contra la vida
humana: aborto, incluso en caso terapéutico, eutanasia, genocidio, homicidio, suicidio, etc. Y
promueve que la persona tenga todas las condiciones necesarias para vivir: educación, trabajo,
alimentación, salud, etc.
"El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su
existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime
de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso
en su fase temporal. En efecto, la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y
parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Un proceso que, inesperada
e inmerecidamente, es iluminado por la promesa y renovado por el don de la vida divina,
que alcanzará su plena realización en la eternidad (cf. 1 Jn 3, 1-2).
* La existencia de la ley moral: La ley moral se deriva de 3 fuentes: la Revelación, el Magisterio
Social, y la conciencia. Las personas, por su misma dignidad, deben conservarla, cumpliendo con
sus deberes, amando a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo.
“Si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y
las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder.
Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o
encubierto, como demuestra la historia” (Juan Pablo II, carta encíclica “Centesimus Annus”,
n. 46).
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