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Virtudes y Vínculos Espirituales

El documento describe las virtudes de vinculación y cómo estas se relacionan con los vínculos con otras personas. Explica que las virtudes operan en el corazón y producen efectos positivos que edifican la vida espiritual y las relaciones. Luego enumera varias virtudes de vinculación como la compasión, honra, confiabilidad y servicio, y cómo estas llevan a una mayor libertad y riqueza en Cristo.

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Virtudes y Vínculos Espirituales

El documento describe las virtudes de vinculación y cómo estas se relacionan con los vínculos con otras personas. Explica que las virtudes operan en el corazón y producen efectos positivos que edifican la vida espiritual y las relaciones. Luego enumera varias virtudes de vinculación como la compasión, honra, confiabilidad y servicio, y cómo estas llevan a una mayor libertad y riqueza en Cristo.

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VIRTUDES DE VINCULACIÓN

Hemos visto hasta aquí que las virtudes siempre se encuentran asociadas a los vínculos. No
podemos desarrollar ninguna virtud espiritual si no existen tres elementos:

Que la virtud opere en el corazón y no en las apariencias y conductas solamente.

Que se desarrolle en función de los vínculos con otros.

Que produzca efectos benéficos y productivos de edificación en la manifestación de la vida


espiritual. Es decir, que tenga efectos materiales y temporales que expresen lo eterno.

Hasta aquí hemos visto aquellas virtudes que tienen un especial énfasis en el trato profundo del
corazón. Inevitablemente afectarán los vínculos y la administración, pero su efecto es profundo en
el alma, cimentándola en la vida espiritual que es Cristo.

En este apartado veremos aquellas virtudes que ponen un énfasis en la construcción de vínculos,
coyunturas y ligamentos con las personas correctas. Cuando nos rendimos a las intenciones de
Dios y Sus diseños, será inevitable encontrarnos con la necesidad de esos vínculos a través de los
cuales somos nutridos y podemos también colaborar para la madurez.

Debemos entender que la verdadera vida es la que experimentamos en nuestro espíritu y de allí
proviene nuestra fuerza y alimento. Somos parte de un diseño perfecto y eterno, pero la
propuesta del evangelio es manifestar dicha realidad eterna y en esa manifestación se encuentra
nuestra recompensa. Es por eso que nuestra tarea es en el alma. Es nuestra alma la que debe ser
revestida del nuevo hombre, las virtudes de Cristo, para que los vínculos comiencen a producirse y
la madurez comience a manifestarse.

Añadir virtud es añadir una porción de naturaleza de Cristo a nuestra alma, de modo que nuestra
alma sea transformada y puede asumir el lugar para el cual fue creada. Las virtudes traen un trato
profundo a lo más profundo de nuestro ser, y siempre están relacionadas a los vínculos. Las
virtudes de Cristo nos llevarán a gestionar nuestra vida de una manera más madura.

Dentro de las virtudes de vinculación que estaremos desarrollando, están la compasión, la honra,
la confiabilidad, el servicio, la deferencia, la flexibilidad, la gratitud, la sujeción, la hospitalidad, la
lealtad, la paciencia, la sensibilidad, la sinceridad y la veracidad.

Que el Señor nos permita desarrollar estas virtudes para que ellas nos lleven a un mayor nivel de
libertad y de riquezas en Cristo.

VIRTUDES DEL CORAZÓN

En la palabra encontramos tres tipos de virtudes, las del corazón, las de vinculación y las de
edificación.

Las virtudes del corazón son aquellas virtudes que operan en el ser interior y repercuten en las
expresiones externas.
Dentro de las virtudes del corazón podríamos mencionar la siguientes:

Perdón.
Benevolencia y bondad.
Contentamiento y regocijo.
Discernimiento.
Entusiasmo.
Generosidad.
Humildad.
Justicia.
Mansedumbre.
Templanza.

Ezequiel 36:26 dice: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y
quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne”.

2 Corintios 3:3 dice: “…siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no
con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del
corazón”.

PERDÓN
Definición:

Es la virtud que nos permite borrar las ofensas de otros en nuestros corazones.

¿Por qué perdonar?

Hay al menos tres grandes fuentes de motivación que nos conducen al perdón, pero sólo una de
ellas contiene la tecnología y potencia de la vida espiritual.

El perdón me libera de las personas.

Cuando no perdonamos, quedamos presos de aquellos que nos dañan y ofenden, de manera tal
que seguirán gobernando nuestras vidas por dentro y luego en las decisiones que tomamos.
Podemos decir que este enfoque nos provoca a perdonar por beneficio personal. Aunque pudiera
escucharse razonable y hasta sabio, no es sencillo llevarlo a la práctica.

La falta de perdón produce raíces de amargura y rencor que dañan el alma y también enferman al
cuerpo. Cuando perdonamos sinceramente, esa presión de angustia constante se quita y nos
permite enfocarnos en lo correcto. El perdón nos redime tiempo, porque nos ayuda a invertirlo en
asuntos más relevantes. El rencor nunca será un medio para alcanzar resultados favorables en
ningún área de la vida.

2. Perdonar porque también hemos sido perdonados por Dios.


Mateo 6:14-15 dice: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a
vosotros vuestro Padre celestial; (15) mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco
vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Mateo 18:35 dice: Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo
corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

Cuando la ofensa viene a nuestras vidas se encuentra con estructuras de pensamiento y provocará
reacciones. Es evidente que el viejo hombre opera en enemistad y sus reacciones producirán más
enemistad. Jesús confrontó esas conductas del alma humana en muchas ocasiones:

Con enseñanzas a los discípulos: perdona setenta veces siete.

Con parábolas: parábola del siervo malo.

Con sus oraciones: “perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos…”

Esta fuente de motivación no siempre es eficaz por diferentes razones:

a. Falta de memoria: no recordar lo que por Dios hemos sido perdonados.

b. Falta de entendimiento: de la grandeza y profundidad del perdón que recibimos de Dios.

c. Justicia humana: la cual detiene el perdón cuando el daño que otra persona nos produce parece
ser mayor a nuestros propios pecados, falencias o errores. Cuando nos vemos buenos según
nuestra propia justicia y juzgamos a otros por sus acciones. Produce pensamientos y actitudes de
este tipo: “Si, Dios me perdonó, pero lo que esa persona me hizo, yo nunca se lo hice a nadie, ni
hice ningún mal a nadie de esa dimensión”.

3. El perdón por causa de la VERDAD Y LA VIDA ESPIRITUAL.

El Evangelio de Jesucristo nos reconcilió con Dios. Este evangelio nos otorgó:

Perdón de pecados.

Redención.

Justificación.

Reconciliación.

Nueva Vida.
Nos iluminó y nos hizo luz.

Pero eso no quedó allí sino que nos encargó la reconciliación. En la vida espiritual somos agentes
de reconciliación. La enemistad ya no es parte de nuestras vidas y no tenemos comunión con la
enemistad. Esa es nuestra VERDAD.

Nuestra ALMA puede perdonar, porque en el ESPÍRITU amamos a las personas. Y ese amor no se
produce por las personas sino por la naturaleza de Dios en nosotros. Porque amamos,
perdonamos. Nuestra realidad ES el amor.

La falta de perdón es una vestidura que no condice con nuestra realidad espiritual.

Cuando los ojos son abiertos y una persona puede VER su realidad espiritual, descubrirá dos
VERDADES altamente poderosas:

Amamos a las personas y aún a nuestros enemigos y quienes nos han dañado.

En nuestra realidad espiritual, nuestra vida espiritual, nunca hemos sido dañados ni ofendidos. La
vida espiritual es intocable e imposible de dañar. Cuando notamos que el daño recibido es sólo en
nuestro cuerpo o alma, entendemos que es un daño demasiado pequeño, ya que nuestra
verdadera vida no está en el cuerpo ni en el alma, sino en el espíritu. Eso produce un efecto:
puedo perdonar, porque he visto la verdad: nunca fui dañado.

Observación: perdón y los vínculos. ¿Cómo afecta el perdón a la edificación de vínculos?

Hebreos 12:15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que
brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados…”

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