ADMINISTRACIÓN ELECTRÓNICA
1. PLANTEAMIENTO
Desde finales del siglo XX y principios del XXI, hemos asistido a un proceso de transformación
de la sociedad de carácter mundial, en el que las nuevas tecnologías y, dentro de éstas, las
tecnologías de la información y la comunicación (TIC), han jugado un papel esencial.
(TIC), han jugado un papel esencial. Actualmente, resulta imposible concebir nuestro día a día
sin el uso de herramientas tecnológicas tales como ordenadores, tablets, móviles inteligentes
y, por encima de todo, internet. El uso de estas tecnologías se ha extendido a todos los
ámbitos de nuestra vida, a todas las formas de relación personal y social, incluyendo las
relaciones jurídicas.
De conformidad con lo anterior, es innegable que nos encontramos inmersos en un proceso de
globalización y tecnificación al que las Administraciones públicas, como parte integrante de la
sociedad, no pueden permanecer ajenas.
2. SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN COMO CONTEXTO
La Administración pública se configura como un agente más de nuestra sociedad, como un
actor presente en nuestra vida cotidiana, con el que establecemos relaciones e interactuamos.
Es por ello que la Administración no puede permanecer ajena a los cambios que experimenta
la sociedad en la que desarrolla su actividad, de manera que los movimientos sociales tendrán
su reflejo en la actividad administrativa.
El escenario que rodea el nacimiento de la Administración electrónica no es el fruto de un sólo
árbol; no nace como consecuencia de un acontecimiento aislado o de un descubrimiento
concreto. Por el contrario, se debe a un proceso de cambio, aún en curso.
La sociedad de la información, vista como sucesora de la sociedad industrial, se identifica así
con aquélla en la que las tecnologías que facilitan la creación, distribución y manipulación de la
información representan un elemento esencial en las actividades sociales, culturales y
económicas.
3. DE LA ADMINISTRACIÓN USUARIA A LA ADMINISTRACIÓN ELECTRÓNICA
Tal como venimos diciendo hasta ahora, resulta innegable que las distintas Administraciones
públicas, como agentes sociales que son, se ven influidas por los cambios y movimientos que
experimenta la sociedad en la que actúan, entre los que incluimos los movimientos técnicos,
por lo que la Administración pública se moderniza al son de los avances tecnológicos.
Además, en la actualidad, la incorporación de las nuevas tecnologías a los quehaceres de la
Administración no es consecuencia únicamente de los movimientos sociales, sino que también
es una manifestación del principio de eficacia consagrado en la Constitución española (art.
103.1), que exige a la Administración una actuación menos rígida y lenta que la asociada a las
formas tradicionales de actuación administrativa.
Pese a ello, la incorporación de las innovaciones tecnológicas a la actividad administrativa no
puede realizarse de la misma manera que en el sector privado. Y es que el principio
constitucional de eficacia al que hemos hecho referencia no es el único que rige la actuación
administrativa, sino que el mismo debe ser conciliado con otros principios. Ordenadas así las
cosas, la Administración pública deberá actuar teniendo en cuenta los principios de eficacia y
eficiencia pero, en todo caso, debe hacerlo también de manera acorde con el principio de
legalidad y otros principios que rigen la actuación administrativa, así como respetando las
garantías de los ciudadanos.
4. CONCEPTO DE ADMINISTRACIÓN ELECTRÓNICA
La Administración electrónica o e-Administración es el conjunto de soluciones que permite a la
ciudadanía y a las empresas poder relacionarse con las administraciones públicas a través de
medios electrónicos.
Podría asimilarse a la creación de una "ventana virtual" única que permite la prestación de los
servicios públicos por parte de las administraciones a la ciudadanía y a las empresas.
El individuo, al relacionarse con la Administración a través de estos medios electrónicos,
percibirá una mayor transparencia y control sobre el estado de tramitación de cualquier
procedimiento por él iniciado. Advertirá, sin duda, una mejora sustancial en la calidad del
servicio que la Administración le presta.
Para la Administración, esta nueva forma de relación y de prestación de servicios supone
publicar de forma electrónica la información de interés para la ciudadanía y facilitar la
tramitación electrónica de los actos administrativos que las personas hacen de forma
presencial.
Es preciso destacar que el desarrollo de este nuevo modo de relación con la Administración no
sustituye el actual en el que las personas realizan una tramitación presencial. Es, por lo tanto,
decisión de cada persona la elección del modo de relación con la Administración.
5. MARCO NORMATIVO
Al analizar el marco normativo de la Administración electrónica a nivel estatal debemos partir,
necesariamente, de nuestra Constitución, pues muchas de las normas dictadas en este ámbito
se consideran deudoras del artículo 103.1 CE, que consagra el principio de eficacia en la
actuación de la Administración pública
Asimismo, el art. 38.3 LRJPAC establece la informatización de todos los registros generales,
consagrando también una serie de principios que deberán respetarse en este nuevo sistema
de registro, tales como hacer constar la fecha de entrada, la fecha y hora de su presentación, la
persona u órgano administrativo al que se envía, etcétera.
Prácticamente en paralelo a las modificaciones de la LRJPAC comentadas, también se fueron
realizando una serie de modificaciones en la Ley 58/2003.
un hito importante en la regulación e implantación de la Administración electrónica se produjo
con la Ley 59/2003, de 19 de diciembre, de firma electrónica (LFE). El artículo cuarto de esta
norma regula el uso de la firma electrónica por parte de las Administraciones públicas, sus
organismos públicos y las entidades dependientes o vinculadas a las mismas, ya sea para sus
relaciones internas así como con los particulares
La Ley 11/2007 tiene por objetivo consagrar la relación con las Administraciones Públicas por
medios electrónicos como un derecho de los ciudadanos y como una obligación correlativa de
las Administraciones.
Además de las anteriores, hay otras normas que siguen completando el marco normativo de la
Administración electrónica como el Real Decreto 1671/2009, de 6 de noviembre, por el que se
desarrolla parcialmente la Ley 11/2007; el Real Decreto 3/2010, de 8 de enero, por el que se
regula el Esquema Nacional de Seguridad en el ámbito de la Administración electrónica; y el
Real Decreto 4/2010, de 8 de enero, por el que se regula el Esquema Nacional de
Interoperabilidad en el ámbito de la Administración Electrónica.
Finalmente, debemos tener en cuenta que, en virtud de la competencia de las Comunidades
Autónomas para dictar normas complementarias o de desarrollo del régimen jurídico de sus
propias Administraciones (art. 149.1-18 CE), y partiendo de que la LAE tiene carácter básico,
todos los legisladores autonómicos han incidido también en la regulación de la Administración
electrónica, aunque lo han hecho de distinta forma y en distintos grados
6. CONCLUSIONES
En definitiva, la Administración pública española ha dejado atrás el papel, y su presente, así
como su futuro se nos presentan en formato digital, quedando aún por determinar cuáles van
a ser las consecuencias de todos estos cambios.