'Ikigai': la filosofía de vida de los japoneses que llegan a los 100 años
Sabemos, porque lo ha refrendado la OMS, que Japón es el país en el que la gente
vive más años (83,7 de media, entre hombres y mujeres). En general, la longevidad
nipona se ha relacionado con la dieta, como prueban algunos estudios. Ahora bien,
parece que los japoneses no solo son campeones en el arte de vivir mucho tiempo,
sino también maestros en tener ganas de vivir. Es lo que esconde un concepto
denominado ikigai, que podría traducirse como “razón de ser”.
La idea la destaparon dos españoles, Héctor García y Francesc Miralles, y la
divulgaron en el libro Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz,
publicado en 2016 y vendido en 30 países. Héctor García, ingeniero valenciano, vive
en Japón desde hace 12 años; su amigo Miralles, periodista barcelonés, va a visitarlo a
menudo. Juntos decidieron viajar al pueblo de Okinawa que concentra la mayor
población de centenarios del mundo. Entrevistaron a muchos de ellos, y cuando les
preguntaban por qué tenían tantas ganas de vivir la palabra que pronunciaban era
ikigai.
“Todos tenían un ikigai, una motivación vital, una misión, algo que les daba fuerzas
para levantarse de la cama por las mañanas”.
Identificar lo que hacemos bien y nos apasiona
El objetivo último del ikigai no es la felicidad. “El objetivo es identificar aquello en lo
que eres bueno, que te da placer realizarlo y que, además, sabes que aporta algo al
mundo. Cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu
presencia en el mundo está justificada. La felicidad sería la consecuencia.
Los psicólogos explican así por qué el hecho de identificar nuestro papel en la vida —
en vez de andar sin rumbo o saltando de una actividad equivocada a otra— puede
ayudarnos a sentirnos mejor con nosotros mismos: “Si somos capaces de encontrar
nuestro rol, todo será más fácil y placentero. Fácil, porque ejercitaremos nuestras
capacidades más afinadas; placentero, porque nos divertiremos haciéndolo.
Pero ¿todos tenemos un ikigai? Hay personas que sienten que no poseen habilidades
especiales ni objetivos que cumplir. “Eso es una creencia equivocada”, dice Miralles.
“Por eso es importante mirar atrás y tratar de recordar qué cosas hacías bien cuando
eras niño. Todos los niños tienen un don natural: unos para el dibujo, otros para la
música, el baile, el deporte… Lo que ocurre es que estos talentos, cuando llega la
edad adulta, se tapan y es cuando uno se pregunta: ‘¿Qué he hecho con mi vida?”.
Cuatro preguntas para ubicarnos en el mundo
Pongamos los pies en el suelo. Sumidos en la vorágine del día a día, detectar nuestros
puntos fuertes no siempre es fácil. Para saber cuál es nuestro ikigai, Francesc Miralles
aconseja, como punto de partida, responder cuatro preguntas:
- ¿Cuál es mi elemento? “Hay personas que se sienten cómodas haciendo cosas
solas, y a las que les estresa estar en grupo”, plantea el experto. “Su ikigai no podrá
ser enseñar, ni dar conferencias, sino una actividad más recogida”.
- ¿Con qué actividades se me pasa el tiempo volando? Es otro indicador de que
se trata de una pasión por desarrollar, asegura.
- ¿Qué te resulta fácil hacer? “Hay gente que tiene facilidad para poner orden en
documentos, o comprender diferentes puntos de vista…”, ejemplifica.
- ¿Qué te gustaba cuando eras niño? “Podremos saber si nuestro ikigai está en
actividades artísticas, intelectuales, de ayuda a los demás, de pensamiento científico,
etc.”.
El siguiente paso, una vez identificado, sería desarrollarlo. Para ello, habría que
trazarse un plan y obligarnos a seguirlo. “Por ejemplo, si una persona está
aprendiendo un idioma con 60 años, cada día tendrá que aprender una palabra nueva
y repasar la del día anterior. Para un novelista incipiente, será escribir una página al
día”, dice Miralles. Cuando el objetivo supone un cambio radical, “te has de replantear
tu vida a todos los niveles: económicamente, si podrás seguir viviendo en el lugar
donde vives, si las personas que te acompañan son las adecuadas…”, añade.
Dos momentos clave en su vida
Nunca es tarde para buscar nuestro lugar en el mundo, pero este concepto zen del
bienestar parece especialmente apropiado para dos momentos clave de la vida. Uno,
cuando en plena madurez sentimos que debemos reciclarnos laboralmente. “La
sociedad occidental últimamente ha intentado que el trabajo sea un castigo, y lo está
consiguiendo con la mayoría de personas, haciendo que trabajen en emplos que nos
les gustan y cada vez con más esfuerzo”, apunta José Elías Fernández. “Por ello, no es
raro ver personas estresadas y depresivas en nuestro entorno. En muchos casos,
trabajamos en actividades que no se ajustan a nuestra cualidades y por lo tanto no
obtenemos placer. Y cuando cambiamos de actividad lo hacemos a fin de ganar más
dinero, pero no para encontrar nuestro puesto de trabajo acorde a nuestras
capacidades”.
El otro momento sería la adolescencia, cuando empezamos a tomar decisiones sobre
nuestro futuro. Hallar “aquello por lo que merece la pena vivir” (otra definición de
ikigai) a una edad tan temprana no es fácil, y menos cuando estímulos externos
pueden despistarnos. “Hace años quise enseñar a los adolescentes, antes de que
empezaran en la universidad, a descubrir qué habilidades físicas y mentales tenían
más desarrolladas, para que escogieran la carrera más adecuada. Pero no funcionó,
porque los chicos querían alcanzar el éxito imitando a los personajes de cada
momento.
Pero el ikigai no es completo si la meta marcada no implica un servicio a la
comunidad. “Todo el mundo quiere ser útil. Por eso nos sentimos más felices cuando
hacemos un regalo que cuando lo recibimos. Por eso el futbolista se alegra cuando
marca un gol, porque percibe la alegría que ha provocado. Si haces una cosa y nadie
la reconoce, te vas a sentir frustrado”, señala Miralles.
Ikigai: el secreto japonés para vivir más y mejor
Héctor García (Kirai) y Francesc Miralles
Si ya sabes cuál es tu pasión, lo que se te da bien, lo que hace que te levantes todas
las mañanas, solo tienes que ponerlo en el centro de tu vida y disfrutarlo. Y si no lo
sabes, corre a buscar tu ikigai.
Según los japoneses, todo el mundo tiene un ikigai, lo que un filósofo francés
traduciría como raison d’être ("razón de ser"). Algunos lo han encontrado y son
conscientes de su ikigai, otros lo llevan dentro pero todavía lo están buscando.
Tener un ikigai claro y definido, una gran pasión, da satisfacción, felicidad y
significado a la vida
El ikigai está escondido en nuestro interior y requiere una exploración paciente para
llegar a lo más profundo de nuestro ser y encontrarlo. Según los naturales de
Okinawa, la isla con mayor índice de centenarios del mundo, el ikigai es la razón por
la que nos levantamos por la mañana.
UNA PASIÓN PARA TODA LA VIDA
Una de las cosas que te sorprenden cuando llevas un tiempo viviendo en Japón es ver
lo activa que sigue la gente incluso después de jubilarse. De hecho, un gran número
de japoneses nunca se "retiran", siguen trabajando en lo que les gusta, siempre y
cuando su salud se lo permita.
Curiosamente no hay una palabra en japonés que signifique jubilarse con el
significado exacto de "retirarse para siempre", como tenemos en Occidente. Tal como
afirma Jan Buettner, "tener un propósito vital es tan importante en esta cultura que
por eso no tienen nuestro concepto de jubilación".
Algunos estudios sobre la longevidad sugieren que la vida en comunidad y tener un
ikigai claro son tanto o más importantes que la saludable dieta japonesa.
El concepto que vamos a explorar está especialmente arraigado en Okinawa, una de
las llamadas "zonas azules", los lugares en el mundo donde las personas son más
longevas. En esta isla hay más personas mayores de 100 años por 100.000 habitantes
que en cualquier otra región del planeta.
Las investigaciones médicas que se están llevando a cabo han arrojado muchos datos
interesantes.
Hay muchos centenarios con un nivel de vitalidad y un estado de salud que sería
impensable en ancianos de otras latitudes
Además de vivir muchos más años que el resto de la población mundial:
Padecen menos enfermedades crónicas (cáncer o dolencias cardiacas) y menos
afecciones inflamatorias.
Tienen menos radicales libres en sangre (responsables del envejecimiento celular)
debido a la cultura del té y a la costumbre de ingerir solo hasta saciar su estómago el
80%.
Los casos de demencia tienen también un índice notablemente más bajo que la media
de la población mundial y se ha visto que la menopausia en las mujeres es mucho
más suave.
En general, hombres y mujeres mantienen un nivel elevado de hormonas sexuales
hasta edades muy avanzadas.
Los investigadores resaltan que una parte importante de la salud y longevidad de los
habitantes de Okinawa se debe a su actitud ikigai ante la vida, lo cual procura un
sentido profundo a cada día.
LA ALDEA DE LOS CENTENARIOS
Al norte de la isla de Okinawa, hay una población conocida como "la aldea de los
centenarios". Ogimi ostenta el honor de ser la localidad con el mayor índice de
longevidad del mundo, y allí hicimos nuestro trabajo de campo que culminó con el
ensayo Ikigai. Algunas observaciones sobre su estilo de vida:
El 100% de los entrevistados tiene un huerto.
Todos pertenecen a alguna asociación de vecinos en la que se sienten queridos
como si pertenecieran a una familia.
Celebran mucho, incluso las pequeñas cosas. La música, cantar y bailar es parte
esencial de su día a día.
Tienen una misión importante en la vida, o incluso varias. Poseen un ikigai, pero
tampoco se lo toman muy en serio. Hay relajación y disfrute en lo que hacen.
Están muy orgullosos de sus tradiciones y de la cultura local.
Muestran pasión por todo lo que hacen por poco importante que parezca.
El yui-maru, que se podría traducir como "espíritu de cooperación mutua" está
firmemente asentado dentro de su corazón. No solo se ayudan en labores
agrícolas, sino también a la hora de construir una casa o de prestarse
voluntarios en obras públicas.
Están siempre ocupados pero con tareas diversas que les permite relajarse. No
vimos a ningún abuelo sentado en un banco sin hacer nada nada. Siempre
estaban moviéndose de aquí a allá, yendo al karaoke, a la siguiente partida de
getball o a la reunión de vecinos.
EL MOAI: LA AYUDA MUTUA
De hecho, en todo Okinawa hay una importante tradición de formar fuertes lazos en
las comunidades locales.
El moai es un grupo informal de gente con intereses comunes que se ayudan entre sí.
Para muchos, el servicio a la comunidad se convierte en uno de sus ikigais.
El origen de los moais viene de los tiempos difíciles, cuando los agricultores se
juntaban para intercambiar información sobre las mejores formas de cultivar, así
como para ayudarse entre ellos en caso de que la cosecha no fuera bien ese año.
Los miembros tienen que pagar una cantidad mensual establecida. Este pago les
permite asistir a reuniones, cenas, partidas de shogi (el ajedrez japonés) o a
cualquiera que sea la afición común que tengan.
El sentimiento de pertenencia y ayuda mutua aporta seguridad y contribuye a
aumentar la esperanza de vida
El dinero de todos es usado en las actividades y, si se acumula demasiado, un
miembro (van rotando) recibe una cantidad de dinero también establecida. Por
ejemplo, si pagas 5000 yenes al mes, al cabo de dos años recibes 50.000 yenes (es
una forma de ahorrar con la ayuda de los otros), y al cabo de dos años y un mes será
otro amigo del mismo moai quien cobra 50.000 yenes.
Estar en un moai ayuda a mantener la estabilidad emocional y también la financiera.
Por ejemplo, si alguien del grupo se encuentra en apuros se le puede adelantar la
"paga" de ahorros del grupo.
IKIGAI, PASIÓN Y TRABAJO UNIDOS
En Okinawa trabajo y pasión suelen encontrarse. El ikigai y la vida laboral suelen ser
lo mismo. En cambio, en Occidente es una historia tristemente común que, tras una
vida de duro trabajo, las personas jubiladas no encuentran unos hábitos motivadores
que sustituyan el tiempo que dedicaban a su empleo, incluso si no les gustaba.
De repente, el tiempo libre se llena de un sentimiento de inutilidad que es un campo
abonado para la depresión, además del sedentarismo y otros malos hábitos que
aceleran el envejecimiento y minan la salud de manera alarmante.
Esto no sucede a quien ama su trabajo porque, sencillamente, nunca deja de hacerlo.
Un maestro apasionado puede jubilarse, pero seguirá ejerciendo de maestro.
Continuará formándose, leyendo, e incluso utilizará el tiempo liberado para enseñar
como voluntario a colectivos a los que antes no tenía acceso. Resumiendo: será tanto
o más feliz que cuando "fichaba" en su escuela.
Tal como muestra el gráfico que vemos arriba, merece la pena luchar por hacer de
nuestra pasión, del propio ikigai, nuestra actividad laboral. Como decía Confucio:
"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida".
10 CLAVES PARA VIVIR TU IKIGAI CON ÉXITO
Para vivir más, seguramente es necesario vivir mejor, ser más felices. Aquí tienes
pautas, pasos, consejos inspirados en los centenarios japoneses.
1. MANTENTE SIEMPRE ACTIVO, NUNCA TE RETIRES
Quien abandona las cosas que ama y sabe hacer, pierde el sentido de su vida. Por
eso, incluso después de haber terminado la vida laboral "oficial" es importante seguir
haciendo cosas de valor, avanzando, aportando belleza o utilidad a los demás,
ayudando y dando forma a nuestro pequeño mundo.
2. TÓMATELO CON CALMA
Las prisas son inversamente proporcionales a la calidad de vida. Como dice un viejo
proverbio: "Caminando despacio se llega lejos". Cuando dejamos atrás las urgencias,
el tiempo y la vida adquieren un nuevo significado.
3. NO COMAS HASTA LLENARTE
También en la alimentación para una vida larga, "menos es más". Según la ley del
80%, para preservar la salud mucho tiempo, en lugar de atiborrarse hay que comer
un poco menos del hambre que tenemos.
4. RODÉATE DE BUENOS AMIGOS
Son el mejor elixir para disolver las preocupaciones: con una buena charla, contar y
escuchar anécdotas que aligeren la existencia, pedir consejo, divertirnos juntos,
compartir, soñar… En suma, vivir.
5. PONTE EN FORMA PARA TU CUMPLEAÑOS
El agua que se mueve, fluye fresca y no se estanca. Del mismo modo, tu vehículo
para la vida necesita un poco de mantenimiento diario para que pueda durar muchos
años. Además, el ejercicio segrega las hormonas de la felicidad.
6. SONRÍE
Una actitud afable hace amigos y relaja a la propia persona. Está bien darse cuenta
de las cosas que están mal, pero no hay que olvidar el privilegio de estar aquí y ahora
en este mundo lleno de posibilidades.
7. RECONECTA CON LA NATURALEZA
Necesitamos regularmente volver a ella para cargar las pilas del alma. Aunque la
mayoría de los seres humanos vivan en ciudades, estamos hechos para fundirnos con
la naturaleza.
8. DA LAS GRACIAS
A tus antepasados, a la naturaleza que te provee aire y alimento, a tus compañeros
de vida, a todo lo que ilumina tu día a día y te hace sentir dichoso de estar vivo.
Dedica un momento del día a dar las gracias y aumentarás tu caudal de felicidad.
9. SIGUE TU IKIGAI
Dentro de ti hay una pasión, un talento único que da sentido a tus días y te empuja a
dar lo mejor de ti mismo hasta el fin.
Si no lo has encontrado aún, como decía Viktor Frankl, tu próxima misión será
encontrarlo.
10. VIVE EL MOMENTO
Deja de lamentarte por el pasado y de temer el futuro. Todo lo que tienes es el día de
hoy. Dale el mejor uso posible para que merezca ser recordado.
IKIGAI: TRABAJAR EN LO QUE TE APASIONA
Son muchas las personas que no se encuentran satisfechas con su día a día. Algunas
tienen un trabajo que no les llena y no se sienten identificadas con la empresa en la
que trabajan, otras se sienten minusvaloradas en su empleo, e incluso otras, que ya
han decidido reinventarse, no tienen claro qué camino tomar. La verdad es que, esta
situación puede ser muy negativa a nivel personal. Pero no está todo perdido porque
en este artículo te traemos un método que te va a ayudar a descubrir cómo
trabajar en lo que realmente te apasiona: el método IKIGAI.
Ikigai significa “razón de ser” o “pasión de nuestra vida” en japonés, y este concepto
se ha puesto de moda gracias al éxito del libro El método Ikigai de Héctor García y
Francesc Miralles, en el que a partir del estudio de la cultura milenaria japonesa han
desarrollado un método que nos permita descubrir cómo descubrir ese espacio en el
que podamos dedicarnos a algo que realmente nos apasione.
Observa lo que sucede a tu alrededor, quizá te habrás dado cuenta de que para la
mayoría de las personas su día a día transcurre corriendo de un lado para otro con
cara de pocos amigos, ¿verdad? Pero de repente, un día te das cuenta de algo. De
entre toda esa multitud de caras grises y opacas, vas encontrándote con algunas
sonrisas que emanan cierta satisfacción ¿qué significa esto? ¿en qué se diferencian
estas personas del resto de los mortales?. Probablemente la respuesta sea que, a
diferencia de la mayoría, estos han sabido encajar las diferentes piezas de su
Ikigai, aun sin ser conscientes de ello.
¿Te has planteado alguna vez qué pasaría si cada mañana te levantases con ilusión
sabiendo que vas a estudiar o trabajar en algo por lo que te vas a sentir satisfecho en
todos los aspectos? ¿A que tú también irías por la vida con una sonrisa? Pues da el
paso, empieza hoy mismo tu camino hacia el autoconocimiento y encuentra tu ikigai.
Sigue leyendo si quieres saber más sobre el método, aprender a hacer tu propio
Ikigai y descubrir cómo conectar espacios, que hasta ahora parecían estancos,
como tu profesión, tu pasión, tu vocación y tu misión.
Qué es el método IKIGAI
Pongámonos en antecedentes antes de comenzar a explicar en qué consiste el
método Ikigai. Hace unos años, concretamente en 2016, dos escritores españoles
publicaron un libro en el que hablaban sobre el Ikigai. Uno de ellos, Héctor García,
llevaba años viviendo en Japón y un día, tras visitar la ciudad de Okinawa, reparó en
la longevidad de sus habitantes y en la felicidad que irradiaban. Cuando les
preguntaba sobre cuál creían que era el motivo de este estado, unos tras otros iban
respondiendo lo mismo: Ikigai. Y aquí llegó la duda: ¿qué es esto del Ikigai?
En un principio, los autores pensaron que se trataba de la felicidad, de la alegría de
vivir, pero no era eso. Para los japoneses el Ikigai va mucho más allá, es más
trascendental que el propio concepto de felicidad. El Ikigai es la razón de ser de cada
persona, su motivación en la vida. Podríamos decir entonces que el Ikigai es el
objetivo vital propio de cada individuo. Este objetivo es lo que impulsaba a aquellos
ancianos de Okinawa a continuar cada día con optimismo, siendo conscientes de qué
lugar ocupan en el mundo y hacia dónde debían llegar.
Entonces, ¿los habitantes de Okinawa saben desde el inicio de sus vidas cuál es su
lugar y qué quieren hacer? Por supuesto que no, pero utilizan el método del Ikigai
para conocer su objetivo vital y a partir de ahí, comienzan a trabajar en ello cada día
de su vida.
No te preocupes, porque no hace falta ser nipón para que podamos conocer nuestro
propio Ikigai. Todos podemos encontrar lo que podríamos considerar nuestra razón de
ser en el mundo, realizando un trabajo de introspección y poniendo en práctica este
método.
Lo primero que necesitaremos para encontrar nuestro Ikigai es hacer un trabajo de
introspección sobre los cuatro pilares que sustentan nuestra vida.
El primer pilar es el que soporta las cosas que de verdad nos gusta hacer, lo que
amamos.
El segundo pilar sustentaría aquello que se nos da realmente bien hacer.
El tercero, las cosas cada uno de nosotros podemos hacer y que además otros
estarían dispuestos a pagarnos.
Y el cuarto, aquello que cada uno de nosotros puede aportar para mejorar el resto
del mundo.
Pero vamos un poco más allá. ¿Qué sucede cuando se une lo que amas con lo que se
te da bien? Que encuentras tu pasión.
¿Y cuando se une lo que se te da bien con lo que otros están dispuestos a pagar? Que
tienes tu profesión.
En el momento en que se une lo que puedes hacer por el resto del mundo con algo
que te pueden pagar es cuando encuentras tu vocación.
En el lugar donde se une lo que de verdad te gusta y te hace feliz con aquello que el
mundo necesita, es cuando encuentras tu misión en la vida.
Pues bien. Justo en el punto donde confluyen todas ellas, es donde se encuentra el
Ikigai, donde está la razón de ser de cada persona. Así que finalmente podríamos
afirmar que el Ikigai es el punto exacto donde se unen la pasión, la profesión,
la misión y la vocación de cada persona.
Cómo crear tu propio IKIGAI
Llegados a este momento, puede que te estés preguntando cómo puedes definir tu
propio Ikigai, ¿verdad? ¡Genial! Entonces sigue leyendo porque te vamos a dar las
herramientas que necesitas para crear tu propio Ikigai y encuentres tu objetivo
vital.
A continuación, vamos a ver qué tienes que hacer para descubrir tu Ikigai. No te
preocupes ya que para ayudarte a crear el tuyo, iremos paso a paso explicándote el
proceso.
En primer lugar, coge un papel y dibuja cuatro círculos iguales. Dentro de uno de los
círculos vas a definir todo lo que amas, en otro escribirás todo lo que se te da
realmente bien, en el tercero, tienes que reflejar aquello que sabes hacer y crees que
te pagarían por ello, y por último, en el cuarto círculo tendrás que especificar aquello
que crees que puedes aportar al mundo para que sea mejor.
Ahora pinta cada círculo con el color que te inspire el contenido que va a ir en cada
círculo. Te proponemos el rojo para lo que amas, amarillo para lo que se te da bien,
verde para lo que otros podrían pagar y azul para lo que aportarías al mundo. Esto es
solo una propuesta, así que debes elegir los colores que te parezcan más oportunos.
En el círculo rojo deberás escribir las cosas que de verdad te gustan, lo que amas. Por
ejemplo, escribir, leer libros, dibujar, estudiar,… Todo aquello que te guste hacer y
que te haga feliz.
En el círculo amarillo debes escribir en lo que de verdad eres bueno. Por ejemplo,
organizando actividades, resolviendo problemas, relacionándote con los demás…
En círculo verde escribirás aquellas cosas por las que crees que los demás estarían
dispuestos a pagarte: porque sabes varios idiomas, porque tienes el grado de
enfermería o porque tienes un máster en comercio internacional, por ejemplo.
Finalmente, en el círculo azul deberás escribir aquellas cosas que, aunque nadie te
pagase, estarías encantado de hacer por los demás, tu granito de arena para el
mundo. Pueden ser cosas como cuidar de los animales abandonados, leer libros a los
internos en una residencia de ancianos o apuntarte a voluntariados de limpieza para
mejorar las playas cercanas a tu hogar. Lo que sea.
Es importante que rellenes los puntos poniendo en cada uno de ellos la mayor
cantidad de información que puedas. Para ello te recomendamos que, en un momento
dado, eches mano de tus familiares o amigos más cercanos para que te ayuden.
Siempre viene bien un punto de vista externo. Aunque no te lo creas solemos ser
bastante críticos con nosotros mismos y tendemos a infravalorar nuestras aptitudes.
Así que lo mejor es que pidas consejo a personas de tu confianza que aportarán un
punto de vista más objetivo sobre todas tus cualidades.
Al finalizar este paso tu diagrama quedará así:
Hasta aquí está claro, ¿verdad? Ahora vamos a dar el siguiente paso en la creación de
tu Ikigai. Para ello deberás fijarte en los puntos de unión de cada uno de los círculos y
la relación que existe entre todo aquello que has escrito en ellos.
Como hemos visto antes, cuando solapamos estos círculos descubrimos uno de los
cuatro pilares en los que se sustenta nuestro Ikigai:
En el lugar donde se unen el círculo rojo y el círculo amarillo, es decir, donde se
une lo que amas con lo que se te da bien, encontrarás tu pasión.
Dónde se unen el círculo amarillo con el verde, se unifica por una parte, lo que
se te da bien y por otra, aquello por lo que otros estarían dispuestos a pagar.
Ahí es donde podrás encontrar tu profesión.
Tu vocación podrás descubrirla en el lugar donde se une aquello por lo que
otros te pagarían con lo que tu piensas que podrías aportar al mundo. Es el
punto de unión entre el círculo verde y el azul.
Y por último, cuando se une lo que de verdad te gusta hacer, es decir, el círculo
rojo con lo que puedes hacer por los demás, el círculo azul, es donde podrás
encontrar tu misión en la vida.
Ahora es cuando llegamos al punto más importante. En ese pequeño lugar del centro
del diagrama donde se unen todos los círculos, justo ahí es donde puedes encontrarlo:
allí está tu Ikigai. Por ello podemos afirmar que tu Ikigai es aquello que consiga
aunar tu pasión, tu vocación, tu profesión y tu misión en la vida.
Pero ¿te has preguntado qué pasaría si faltase uno de los círculos en tu vida? ¿Es
obligatorio tener los cuatro pilares para poder tener tu Ikigai? Definitivamente sí. Si te
faltase alguno de estos pilares te sentirías incompleto y, por tanto, se pondría en
peligro tu estabilidad y felicidad.
Pongamos que estamos buscando tu Ikigai para encontrar tu profesión ideal pero que
no tienes los cuatro círculos, sino tres de ellos. Serías como una mesa coja, te faltaría
uno de tus puntos de apoyo vital para poder enfrentarte a tu futuro laboral.
Piensa por un momento qué pasa cuando te falta uno de los elementos de tu Ikigai,
por ejemplo, amor por lo que haces. Tendrías dinero, trabajarías en algo que se te da
bien y que además ayuda al universo, pero que no puedes soportar, que no te gusta
en absoluto. La consecuencia es que te aburrirías soberanamente, cada día estarías
más apático y malhumorado hasta que finalmente, con el paso del tiempo, acabarías
amargado.
¿Y si no se te diera nada bien tu trabajo, aunque te estuvieran pagando por ello?
Cuando sucede esto acabamos sintiéndonos prescindibles, impostores y es probable
que te sintieses en cierta manera fracasado, e incluso a la larga, tremendamente
infeliz.
Ahora piensa en qué sucedería pasados unos años si te dedicases a algo que te gusta
mucho y que además te permite ayudar a muchas personas, pero que, por desgracia
nadie está dispuesto a pagarte un sueldo por ello. ¿Serías feliz? Seguramente sí, pero
lo que está meridianamente claro es que serías muy pobre. Y hay que tener un sitio
donde vivir, algo que comer, agua para lavarse, vestirse, etc. Y para eso, nos guste o
no, es necesario tener dinero.
Por último, plantéate qué pasaría si trabajases en algo que, aunque está muy bien
pagado y que se te da muy bien, no te permite hacer nada por los demás o incluso
puede que les perjudicaras. ¿Te sentirías bien? Probablemente no, por mucho dinero
que te pagasen.
Así que, como ves, para poder encontrar nuestra razón de ser y poder así vivir en
función de lo que consideremos nuestro objetivo vital, necesitaremos tener claros
estos cuatro pilares.