República Bolivariana de Venezuela
Colegio Mas Luz
5to a
Castellano
MIGRACION,
UN PROBLEMA ACTUAL
(ENSAYO SOBRE EL MIGRANTE)
Integrantes:
Dhana Sarmiento
Dariana Figuera
Anyela Yépez
"Nemo patriam quia magna est amat, sed quia
sua"
"Nadie ama a su patria porque ella sea grande,
sino porque es suya".
(Séneca)
Las migraciones han sido una constante a lo largo de la historia.
El crecimiento demográfico, el cambio tecnológico, los conflictos
étnicos y políticos, y las guerras se han visto siempre acompañados
de movimientos de población. (1)
En la actualidad, una gran cantidad de personas vive en un país
distinto de aquel donde nacieron, el mayor número hasta ahora. En
2017, el número de migrantes alcanzó la cifra de 258 millones, frente a
los 173 millones de 2000. Sin embargo, la proporción de migrantes
internacionales entre la población mundial es solo ligeramente superior
a la registrada en las últimas décadas: un 3,4% en 2017, en
comparación con el 2,8% de 2000 y el 2,3% de 1980. (Datos extraídos
de la página del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales
(DAES)).
Mientras que muchas personas escogen voluntariamente migrar,
otras muchas tienen que migrar por necesidad. Aproximadamente, hay
68 millones de personas desplazadas por la fuerza, entre los que se
incluyen 25 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y
más de 40 millones de desplazados internos.
La globalización parece ser el término que mejor define a los
actuales flujos migratorios ya que afectan a los cinco continentes,
tanto en su faceta migratoria en sentido estricto, de carácter laboral o
económico, como los producidos por motivos ideológicos, políticos,
religiosos o bélicos. En los países más desarrollados, la exacerbación
del pánico social frente a la migración se traduce en actitudes de
prevención administrativo-política frente al extranjero inmigrante y dan
lugar a concepciones y planteamientos de actuación tales como la
determinación y la fijación del llamado "umbral de tolerancia"
migratoria, la definición de la migración como amenaza a la estabilidad
social del Estado, el planteamiento fronterizo como salvaguarda de la
fortaleza nacional y la exaltación de la homogeneidad cultural como
condición ideal de convivencia social.
Este fenómeno social conlleva problemas sociales, políticos,
económicos y de salud pública sobre todo en los países afectados por
las olas migratorias.
Fundamentalmente las migraciones se han dado desde los
países subdesarrollados hacia países vecinos o desarrollados lo que
ha dado lugar a legislaturas a veces radicales en estos países tratando
de protegerse ante este tipo de fenómeno.
Todos estos fenómenos han sido largamente estudiados por
historiadores de todas las épocas, economistas, filósofos y políticos y
no en vano han alcanzado la plana mayor en todos los diarios.
Pero un fenómeno que es mas interno es el que sucede en la
mente y en el cuerpo del inmigrante.
Como se acoto antes hay quienes emigran de buena voluntad,
bien pensado, con conocimiento y aprendizaje del país al cual emigra,
pero la mayoría, sobretodo los que emigramos tras una guerra, una
hambruna, una persecución mas que emigrar huye de su país aun en
contra de su voluntad sufiendo problemas propios del país de salida
como problemas en su destino.
PSICOLOGÍA DEL MIGRANTE
Por eso muchacho, no partas ahora soñando el
regreso,
Que el amor es simple y a las simples cosas
Las devora el tiempo
(Mercedes Sosa (Canción de las cosas simples)
A primera vista la maleta del emigrante, se arma cargada de
sueños por conquistar, de anhelos que buscan realizarse, de
proyectos por construir. ¡Ay! ¡Si todo pudiese ser posible!, Se podrá
estar mejor, vivir más seguro, más tranquilo o con mejores recursos. Y
como todo equipaje carga ideales más o menos pesados de llevar.
Algunos equipajes se arman entre lamentos que contemplan la
despedida que se avecina, que entre lágrima y lágrima se van
despidiendo de lo imposible de transportar (aromas, seres queridos,
vivencias imposibles). Otros se van llenando a toda prisa como casi sin
pensar, como una huida a toda carrera que evita contemplar lo que
rodea y pronto a dejarse. A veces los viajeros van con maletas
preparadas por otros, unas estrictamente ordenadas y otras con lo
primero que estaba a mano, tal vez como huyendo de lo conocido
experimentado como malo o perjudicial, dirigiéndose hacia lo
desconocido sentido como bueno o mejor.
Mientras el futuro viajero va confeccionando el viaje, lo observan
y acompañan sus seres queridos, desde los más cercanos hasta los
parientes, amigos, vecinos más distante y despierta reacciones y
sentimientos. Los más allegados puede que no puedan, ni quieran, ver
los bártulos que se van acumulando y anden detrás de cada esquina
secándose las lágrimas invadidos por la sensación de pérdida,
muchas veces acompañada de cierto grado de hostilidad – más o
menos consciente- para con el que se va.
Evidentemente no es lo mismo quien elige -dentro de sus
posibilidades- cómo, dónde y cuándo emigrar, a quienes delegan en
otro y se entregan a ser llevados, o quienes se ven forzados a emigrar
como por ejemplo los hijos menores de edad. «Para los hijos toda
migración siempre es un exilio». (Grinberg y Grinberg) Ellos no
pueden elegir ir o no, ni tampoco regresar. La vivencia de la migración
en la infancia tiene sus propias repercusiones.
Partir es morir un poco
Las vivencias, preocupaciones y retos a enfrentarse en la
adaptación pueden ser muy diferentes entre los inmigrantes. No será
igual viajar preparado para tener una experiencia puntual en otro país,
a decidir probar como es vivir en otro lugar contando con la posibilidad
de retorno a emigrar forzado como refugiados o exiliados donde el
retorno puede ser imposible o incierto.
La similitud cultural, religiosa o el lenguaje entre el origen y el
destino son importantes en el proceso de adaptación que el emigrante
debe realizar. A mayores diferencias mayor el desafío. Tampoco será
igual contar con un cierto reconocimiento profesional en el país de
destino como ocurre con artistas, escritores, músicos, científicos,
profesionales, diplomáticos, deportistas, profesores o becarios que
intercambian o colaboran en otros organismos o universidades. En
éstos últimos, la migración suele enriquecer sustancialmente y no
afecta de manera masiva la identidad
Ahora bien, llegamos a nuestro destino y miren. Toda esa maleta
de sueños y expectativas, de rumores y esperanzas se está vaciando.
Se va esfumando ese recuerdo del abrazo grande en el
aeropuerto, ya el olor del cabello decolorado comienza a desaparecer
de tu mucosa y solo queda ese nuevo y hostil nuevo mundo
Aparecen las primeras desilusiones y choques con la realidad
que en cierta medida los emigrantes nos rebuscamos en disimular y
negar durante un tiempo -poniéndonos las gafas más oscuras que
tengamos delante- para no tener que digerir tanta amargura recién
llegada. Tal vez no entendí bien, ¿Cómo que no puedo conducir si
llevo 20 años conduciendo?,
El tiempo del turista se ha convertido en el indocumentado, en el
del fuera del sistema productivo, legal, sanitario… La espera y el
tiempo se imponen, en paralelo a las necesidades inmediatas de
subsistencia. Es el momento de hacer lo que vine a hacer. Enfocado te
dicen todos ¿Y el bienestar? ¿y las posibilidades? de momento tienen
que esperar. Tocan tiempos de coraje, hacer sin pausa y ocuparse de
la burocracia, convalidaciones, homologaciones, habilitaciones,
trámites administrativos, solicitudes de residencia, visados, etc
A veces pasa que el lugar idealizado no es el lugar ideal de
destino sino el de origen de todos los males. Es éste insensible país
que nos acoge que ahora miramos con lupa y no le dejamos pasar
una. Este proceso puede «provocar la añoranza impotente del país
natal, que a veces lleva a la creación de una mini-comunidad ( solo me
reúno con mis coterráneos), como también a una pseudo-adaptación
estereotipada en base a concepciones ilusorias del lugar. En ambos
casos la idealización se acompaña de intensa persecución y
aislamiento de la realidad.» (Podruzny y Vispo). Odio este lugar
La comida como símbolo del vínculo primario más temprano y
estructurante que se ha tenido con la madre también puede servir
como modo de defensa y expresión de las emociones. Por ejemplo
con una profunda añoranza a las comidas que representan las
características de la tierra de origen y un rechazo a los platos típicos
del nuevo lugar.
Los numerosos cambios a los que debe enfrentarse el emigrante
y las cuantiosas pérdidas requieren de un cierto proceso de
reorganización psíquica para poder salir enriquecido. Por ello, las
posibilidades de beneficiarse de la nueva cultura o salir dañado
vendrán dadas por distintos factores complejos y personales que
interactúan entre sí. Depende de la capacidad de adaptabilidad y del
grado de madurez de cada uno.
En algún momento necesitaremos congeniar, fraternizar nuestros
compartimentos internos y ver que hacer, lo mejor que podamos con
nuestras emociones divididas, recuerdos archivados, donde lo antiguo
y lo nuevo exige hacerse historia, digerirse y entenderse. Lo ganado y
lo perdido se pone sobre la mesa. Es hora de quitarse gafas oscuras y
bien despiertos empezar a observar y sentir lo que nos rodea. Lo
nuevo que nos reporta oportunidades y lo que se ha ido perdiendo por
el camino.
Nos toca enfrentar nuestros duelos. Por muy largos y dolorosos
que sean, evitarlos y seguir con los ojos vendados no nos permitirá
lograr nuestro objetivo.
Los inmigrantes podremos salir más o menos reforzados de la
vivencia migratoria según hayamos podido reconocer, sentir, expresar
y finalmente elaborar los numerosos duelos, duelos siempre singulares
y propios. Una vez recorrido el duelo llegamos a su última etapa que
se caracteriza por la aceptación de lo perdido y de lo ganado, que nos
permitirá unir nuestro corazón repartido entre dos tierras, integrar
nuestros afectos y salir fortalecidos después del dolor.
Atravesar el duelo trae sus recompensas, nos permite sentirnos
más integrados y reforzados, nos ayuda a aceptar que en la vida se
gana y se pierde, y que sin saber perder poco se puede ganar
Sólo aceptando lo perdido podemos reconocer y disfrutar lo
ganado, lo conquistado, para desde allí entregarnos
comprometidamente con la tierra que nos acogió para sembrar y
construir. De esas sólidas raíces crecerán hijos, nuevos proyectos,
amistades, reconocimientos y parejas. Podremos tomar lo que la
nueva tierra nos ofrece y salir enriquecidos de la experiencia
migratoria, y de los valiosos aportes que ofrece la multiculturalidad.
Una vez transitado el duelo habremos aprendido mucho de la vida, del
dolor y de la soledad, sabremos un poco más acerca de las
oportunidades de superación, de la ilusión y del amor; pero sobre todo
habremos aprendido aspectos valiosos de nosotros mismos.