José Ángel Vergara Esquivel
Jean Guitton
18 agosto 1901en Saint-Étienne - 21 marzo 1999en París
Filósofo cristiano francés. Nació en Saint-Etienne y estudió en París. Fue discípulo
de Bergson, cuya gran influencia junto con la de la filosofía de Pascal forman las bases de
su pensamiento. Fue miembro de la Academia de Francia y profesor en la Sorbona, donde,
entre otros, tuvo como alumno destacado a Althusser, con quien, a pesar de sus enormes
diferencias de planteamiento filosófico, ideológico y religioso, matuvo una estrecha
relación que se mantuvo hasta la muerte del discípulo en un hospital psiquiátrico.
Fue el único laico que en 1962 participó en la primera sesión del concilio Vaticano
II, por expresa invitación del Papa Juan XXIII y, a pesar de algunas críticas a las posiciones
oficiales de la Iglesia y al desarrollo posterior de las tesis del mencionado concilio, siempre
mantuvo una buena relación con la jerarquía vaticana, hasta el punto de que su obra ha sido
declarada por el Papa Juan Pablo II como una de las guías del pensamiento de la Iglesia.
Por otra parte, desde sus posiciones religiosas mantuvo una fluida relación con otros
filósofos muy alejados de sus posturas. Así, además de la mencionada relación con su
alumno Althusser, mantuvo una línea de diálogo con pensadores como Lefebvre o
Heidegger, por ejemplo.
Desde el punto de vista filosófico el pensamiento de Guitton intenta conjuntar el
devenir del tiempo y la evolución de las ideas con el carácter de la verdad que, como
cristiano, considera de naturaleza permanente. Es decir, el tema central alrededor del que
gira su pensamiento es el de las relaciones entre tiempo y eternidad. Concretamente la
terrible experiencia de la bomba de Hiroshima y los atroces crímenes del nazismo, como
ejemplos de la barbarie propia de la historia humana, son contrapunto del destino eterno
que espera al espíritu humano. Por ello en El nuevo arte de pensar (1946) y en El
pensamiento y la guerra (1969) reflexiona sobre esta contradicción entre un devenir
marcado por la destrucción y la barbarie en la historia temporal y el sentido eterno de la
vida. Estas reflexiones se prosiguen en El tiempo y la eternidad en Plotino y San Agustín
(1955) y en El siglo que se anuncia (1997), donde sostiene que el Todo existe antes que las
partes, lo cual aplicado a la vida humana supone, según él, que el sentido preexiste a los
diversos acontecimientos contingentes que forman dicha existencia. En otro ámbito de
pensamiento Guitton aboga (Elogio de la filosofía, 1977) por una sociedad tolerante con las
diferencias, ya que el contraste de pareceres es una condición esencial de la experiencia
original y fundamento de la formación de la personalidad.