CONCLUSIONES:
1. La contribución de obra pública se caracteriza por ser de carácter general y
obligatoria, pero no cumple con el principio de beneficio, que es característica
esencial de esta clasificación tributaria, toda vez que estas obras publicas, miradas
desde la perspectiva de una obra terminada, no le genera ningún benefició, ventaja o
incremento al valor de los bienes de la entidad contratante, y seria completamente
erróneo pensar que el pago que se le da, sea un beneficio derivado de la realización
de la obra, cuando realmente es la contraprestación por la labor realizada.
2. Si bien el nomen iuris, es el de contribución, la realidad de la clasificación tributaria
de este tributo, es el de impuesto, dado que estos se caracterizan precisamente por la
unilateralidad de la obligación, y es simplemente la demostración de capacidad
económica lo que se consagra legalmente como constitutivo del impuesto.
3. La contribución de obra pública, es un tributo de carácter instantáneo, que se causa
al momento de la suscripción del contrato de obra pública con una entidad de
derecho publico, pero cuya exigibilidad es vagamente regulada dado que el criterio
que se establece legalmente para determinar el lapso de tiempo en el que debe
consignar lo retenido, es inmediatamente es retenido.
4. La figura de la fiducia publica, a pesar de que su nomen iures, desvirtú a
completamente las características propias de la fiducia mercantil, al no existir
transferencia de la propiedad e inicialmente no constituir patrimonio
autó nomo, implicando, que la titularidad sobre los bienes objeto del negocio,
continú an en cabeza de la entidad publica contratante.
5. A pesar de lo anteriormente mencionado, el legislador, en el inciso 8 del numeral 5
del art 32 de la ley 80 de 1993, consagro la posibilidad de aplicar a la fiducia
pública las normas del Código de Comercio sobre fiducia mercantil, siempre y
cuando sean compatibles con la regulación de la figura.
6. No existe diferencia sustancial entre el encargo fiduciario y la fiducia publica,
consagrada en la ley 80 de 1993, con la salvedad que en su artículo 32, numeral 5,
inciso 2 indico que “los encargos fiduciarios tendrán por objeto la administración o el
manejo de los recursos vinculados a los contratos que tales entidades celebren.”, en este
sentido la única diferencia existente es que el encargo se aplicaría para manejo de
recursos derivados de los contratos estatales.
7. El manejo de los bienes públicos por medio de negocios fiduciarios puede hacerse
con la utilización del encargo fiduciario; la fiducia publica, sin constitución de
patrimonio autónomo, por la naturaleza propia del negocio, o con constitución de
patrimonio autónomo estableciendo su titularidad en cabeza del fideicomitente; y
mediante la fiducia mercantil, constituida con bienes públicos.
8. El encargo fiduciario, la fiducia publica sin constitución de patrimonio autónomo y
con constitución de patrimonio autónomo, se caracterizan porque en todos estos
supuestos la titularidad sobre los bienes y derechos objeto del negocio continúan en
cabeza de la entidad pública, “entregante” o fideicomitente, razón por la cual se
entiendo que en estos supuestos de hecho, el fiduciario actúa como un mandatario
representativo. Es decir, la entidad publica se entiende como parte, y en este orden
de ideas, la suscripción de contratos de obra publica por la fiduciaria en ejercicio de
del presente mandato, causan la contribución de obra publica, toda vez que se
entiende que se celebra el contrato con una entidad de derecho publico.
9. En los casos excepcionales donde las mismas leyes autorizan la constitución de
patrimonios autónomos con activos estatales mediante la figura de la fiducia
mercantil, no es posible hablar de un mandato frente al fideicomitente, toda vez que
hay transferencia de la propiedad de los bienes objeto del contrato, y la posterior
constitución de un patrimonio autónomo, que resulta ser el representado por la
fiduciaria al momento de la celebración de contratos de obra pública, es decir el
verdadero contratante, y estos no se encuentran considerados como entidades de
derecho público de conformidad con el artículo 32 de la Ley 80 de 1993, no se
causa la contribución en mención, dado que en este caso no se suscribe contrato de
obra pública con una entidad de derecho público.