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Lenin Resumen

El documento analiza el papel del parlamentarismo en la tradición marxista, destacando las posturas de Marx, Engels y Lenin sobre su abolición y la estrategia revolucionaria. Se discuten las diferencias entre regímenes parlamentarios y constitucionales, así como la crítica de Lenin al 'izquierdismo' que rechaza la participación en el parlamento. La obra enfatiza la necesidad de una mediación dialéctica entre la vanguardia revolucionaria y las masas para lograr una transformación efectiva del Estado.
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Lenin Resumen

El documento analiza el papel del parlamentarismo en la tradición marxista, destacando las posturas de Marx, Engels y Lenin sobre su abolición y la estrategia revolucionaria. Se discuten las diferencias entre regímenes parlamentarios y constitucionales, así como la crítica de Lenin al 'izquierdismo' que rechaza la participación en el parlamento. La obra enfatiza la necesidad de una mediación dialéctica entre la vanguardia revolucionaria y las masas para lograr una transformación efectiva del Estado.
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Historia

del pensamiento II
CRÉDITOS PRÁCTICOS
Grado en Historia
Anxo Garrido

El parlamentarismo y sus crisis en la Europa de entreguerras

Contextualización
Lenin: La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el
comunismo (Mayo, 1920).

Para situar el texto que debemos comentar en el marco de nuestro curso sobre el
parlamentarismo debemos, en mi opinión, atender a tres aspectos fundamentales:

1) El papel del parlamentarismo en la tradición marxista


1.a) La posición de Marx y Engels
1.b) El reformismo
1.c) Lenin y el parlamentarismo revolucionario.
1.d) El sovietismo o consejismo.

2) Dos elementos de contextualización histórica.


2.a) La disputa Lenin-Bogdanov y la lucha contra los boicoteadores (otzovistas)
2.b) Un texto bisagra: sin expectativas de la revolución mundial y el cambio de estrategia de la
Komintern en el III Congreso (Junio-Julio, 1921)

3) Premisas filosóficas del texto.


3.1) ¿Qué significa superar-abolir el parlamentarismo? La noción marxiana de aufheben.
3.2) La II tesis de Feuerbach: una verdad no-universal.

1) El papel del parlamentarismo en la tradición marxista

En términos generales, la vulgata marxista se ha referido esquemáticamente al parlamento


como una de las instituciones propias de la democracia burguesa cuya abolición, junto a la
supresión del Estado en su conjunto, sería uno de los objetivos de la revolución comunista. No
obstante, la postura del propio Marx, y de Engels tras su muerte, era mucho más matizada. Ambos
autores –y en general buena parte de la tradición socialista anterior a la primera guerra mundial1–
distinguieron siempre entre las estrategias específicamente adaptadas a la actuación en una

1 Puede verse a este respecto la posición de Jean Jaurès en su disputa con August Bebel en el Congreso de la
II Internacional celebrado en Amsterdam en 1904. Asimismo las consideraciones de Antonio Labriola con
respecto al Estado en su texto de 1896 titulado Del materialismo storico. Dilucidazione preliminare son
ejemplo de un esquema abierto a distinguir los matices entre las diferentes formas del “Estado
burgués” (Roma, Editori Riuniti, 1964: 124-136)
1
monarquía meramente constitucional (caso, como vimos en clase, de Alemania hasta 1918) y la
estrategia a seguir en una monarquía parlamentaria. De esta forma, no cayeron en una
simplificación esquemática que se oponía, sin más matices, al Estado liberal o a la democracia
burguesa (ver Domènech, 2009). Si bien esto no siempre se desprende claramente de sus textos,
Marx, en la entrevista que en 1878 concede al The Chicago Tribune, trata de forma diferenciada la
estrategia política que debe seguirse en los regímenes que no han sido aún plenamente
parlamentarizados. Ante la pregunta:
El sacerdote Joseph Cook en Boston ha sostenido, por último, en su conferencia que Karl Marx habría
dicho que en EE. UU. y en Gran Bretaña, quizá también en Francia [todos ellos regímenes plenamente
parlamentarizados en 1878], es realizable una reforma laboral sin revolución sangrienta, pero en
Alemania y en Rusia, así como en Italia y en Austria, habría que derramar sangre,

Responde Marx, centrándose en los regímenes meramente constitucionales o todavía feudales


(Rusia):

He oído hablar del señor Cook. Está muy mal informado sobre el socialismo. No hay que ser socialista
para predecir que en Rusia, Alemania, Austria, y posiblemente, Italia, si los italianos persisten por la
misma senda, habrá revoluciones sangrientas. Los sucesos de la Revolución francesa podrían repetirse
en esos países. Eso es claro para cualquiera que conozca las circunstancias políticas (Citado en
Domènech, 2004: 187).

Sirva igualmente de ejemplo acerca de la conciencia de la diferencia entre un régimen


parlamentarizado (Francia) y una monarquía meramente constitucional con un parlamento
consultivo sin capacidad para fiscalizar al poder ejecutivo (Alemania), la polémica respuesta de
Jaurès antes referida:
Lo que hoy en Europa y en el mundo resulta un lastre para el mantenimiento de la paz, para el
aseguramiento de las libertades políticas, para el progreso del socialismo y de la clase obrera, no son
los supuestos compromisos, los ponderados ensayos de los socialistas franceses que se han aliado con
la democracia para salvar la libertad, el progreso, la paz del mundo, sino la impotencia política de la
socialdemocracia alemana ... Hay en el proletariado alemán ejemplos de admirable entrega. Pero en su
historia no hay tradición revolucionaria alguna. No ha conquistado el sufragio universal en las
barricadas. Lo ha recibido desde arriba. Pero si no se puede pensar en arrebatárselo a quienes lo han
conquistado por sí mismos, porque podrían volver a recuperarlo fácilmente, muy bien se puede pensar,
en cambio, en quitar desde arriba lo que desde arriba se ha dado (citado en Domènech, 2004: 180).

Esta distinción entre regímenes constitucionales y regímenes plenamente parlamentarizados, que


presentamos el primer día de clase, se halla igualmente a la base de la polémica en torno al
reformismo dentro del movimiento obrero, cuyos más insignes representantes fueron Eduard
Bernstein (Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, 1899) y Rosa
Luxemburgo (Reforma o revolución, 1899). El contexto de la polémica se remonta a las
pretensiones de Bernstein desde el año 1898 por llegar a acuerdos parlamentarios con sectores de la
democracia radical y del partido católico para llevar a cabo una política de oposición al bloque de

2
poder (conformado por la burguesía industrial de la Renania y el partido conservador de los
terratenientes prusianos) y a la posibilidad de alcanzar mejoras en la situación de las clases
subalternas a través de la participación en las instituciones dizque burguesas como el parlamento.
La oposición a la estrategia reformista en este contexto alemán –no solo por parte de Rosa
sino también de Kautsky, Bebel, Clara Zetkin, etc.– se explica fácilmente si atendemos a la inanidad
política del parlamento en el II Reich. No obstante, esta oposición a la vida parlamentaria como una
oposición abstracta –es decir independiente de la específica coyuntura, del análisis concreto de la
situación concreta que dirá Lenin– se convirtió en un prejuicio dentro del movimiento obrero
vinculado al marxismo (prejuicio en buena medida todavía existente), el cual sentó las bases para
las posiciones “izquierdistas” alemanas discutidas por Lenin en su escrito (redactado, recordemos,
en 1920, en plena República de Weimar2).
El planteamiento de Lenin en relación a lo que se ha llamado el “parlamentarismo
revolucionario” entronca con uno de los tópicos que se encontraban ya en el texto de Weber: la
función del parlamento como aparato para la selección de élites políticas (muy claro, por ejemplo,
en la p. 82). En la perspectiva de Lenin –completamente atravesada por la cuestión revolucionaria y
más en concreto por la necesidad de combinar la acción legal y ilegal– la participación en los
parlamentos, incluso cuando estos cumplan una función objetivamente reaccionaria, es la de dar
visibilidad y forjar a los futuros líderes que habrán de tomar el mando tras la revolución. Además, el
principio de publicidad inherente a la forma-parlamento (lo veremos en el texto de Schmitt) hace de
esta institución un altavoz privilegiado para la difusión de la propia doctrina entre las masas y la
clase, incluyendo aquellas que todavía portan prejuicios positivos hacia la capacidad del parlamento
para representarlas.
En este sentido, el trabajo del revolucionario que Lenin quiere describir matizadamente,
incluye una dimensión necesariamente pedagógica (muy vinculada a su teoría de la vanguardia y a
su concepción de la historia universal: estos elementos, lo veremos, son recogidos por Gramsci en
un modo mucho más sofisticado teóricamente). Se trata, dice Lenin, de convencer a los elementos
más atrasados de la sociedad (es decir, los que se adhieren aún la creencia de que los partidos con
representación parlamentaria pueden, mediante su participación en el ejecutivo y el legislativo,

2 Interesante a propósito de la errática política del KPD durante la república de Weimar y las consecuencias
de la misma en favor de la SPD y finalmente del NSDAP, es el texto de José Luis Martín Ramos titulado
“Del fin del ciclo de Octubre al Frente Popular” (en ANDRADE, Juan y HERNÁNDEZ S., Fernando, (eds.)
1917. La Revolución rusa cien años después, Madrid, Akal). Para una caracterización sumamente aguda –
desarrollada desde la perspectiva de la Alltagsgeshichte– de la cuestión obrera, puede consultarse el libro de
Sergio Bologna Nazismo y clase obrera. Igualmente Behemoth, de Franz Neumann, continúa siendo un
trabajo ejemplar para comprender algunos aspectos de la República de Weimar que dan paso al
nacionalsocialismo.
3
tener un efecto positivo sobre las condiciones de vida de las clases subalternas), no aislarse de ellos,
es decir, no reducir el trabajo político al estrecho círculo que ya ha asumido la idea de que la forma-
parlamento será superada por el modelo soviético de organización3. En este trabajo con las masas y
la clase estriba la diferencia entre ser el partido de una clase, dice Lenin, y ser un círculo inútil
políticamente pero de pureza ideológica intachable.4
En este punto, el texto de Lenin se estructura en torno a una serie de analogías no siempre
explícitas pero que saltan a la vista en una lectura atenta. Los pares vanguardia-clase, historia
universal-coyuntura política, superación abstracta-superación efectiva, ciencia-ideología se solapan
en la argumentación de Lenin. De fondo late una perspectiva fuertemente teleológica por la cual en
la mayor parte de los países se sucederán algunos de los rasgos revolucionarios que han acontecido
por primera vez en Rusia.5 De entre estos destaca la organización soviética, es decir, la concepción
de los consejos democráticos, surgidos de la auto-organización de los trabajadores en la producción,
como germen del nuevo orden que ha de suceder a la organización capitalista.
No obstante, esta punta de lanza de la historia universal no se replica automáticamente en
todos los demás países y su desarrollo primeramente en Rusia responde a la convergencia de
numerosos factores (Lenin los enumera en la p. 60). En Europa occidental, los soviets no se han

3 De igual manera que se debe participar incluso en los parlamentos reaccionarios, Lenin insiste en la idea de
que es fundamental la participación también en los sindicatos más reaccionarios, toda vez que la forma
sindical representa el primer conato de organización obrera, el primer intento por abandonar el aislamiento y
la competencia entre obreros que impone la lógica de la organización capitalista. En este sentido se trata de
disputar el control de los sindicatos y de hacer pedagogía en ellos, no de abandonarlos a su suerte para que
puedan ser cooptados por la misma lógica a la que deben oponerse. Su argumentación, que podríamos llamar
de “impurismo ideológico” se extiende además a la cuestión de los pactos y compromisos, lo cual remite a
los debates sobre la paz de Brest-Litovsk, firmados por Trotsky en marzo de 1918 tras asumir que no habría
un levantamiento obrero inminente en gran parte de los países de Europa occidental. Estos tratados se firman
con la oposición de dos grandes cabezas del Partido Bolchevique como Radek y Bujarin, a los que Lenin se
refiere explícitamente en el texto que nos ocupa. La purga de Bujarin en 1938 –por el mismo Stalin que había
sido su aliado años antes– cuenta entre las acusaciones la actitud de Bujarin hacia la paz de Brest.
4Esta idea, que en Gramsci se desarrollará en la distinción clase corporativa-clase hegemónica, tiene raíces
profundas en el pensamiento de Lenin. Así, ya en un texto de 1911 titulado “Marxismo y Nasha Zaria” y
publicado en el semanario legal bolchevique Vida Contemporánea, escribe: “la clase que renuncia a la idea
de hegemonía o no la toma en consideración, no es una clase, sino un gremio, o la suma total de varios
gremios”. Los parágrafos de la Filosofía del derecho de Hegel dedicados a la teoría de la corporación serían
del mayor interés para el particular.
5 “Algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución tienen una significación no solamente local,
particularmente nacional, sino también internacional” (p. 1). “Hablo en el sentido más estrecho de la palabra,
es decir, entendiendo por significación internacional su importancia internacional o la inevitabilidad histórica
de la repetición en escala internacional de lo que ocurrió en nuestro país” (p. 2). Manuel Sacristán, ha
sintetizado, en su obra El orden y el tiempo, la recepción de esta idea por parte de Gramsci: “está claro que
consejo es traducción de soviet. Y está fuera de duda que Gramsci ha visto pronto en los soviets lo
verdaderamente no particular de la Revolución rusa: ‘el hecho esencial de la revolución rusa es la
instauración de un nuevo tipo de Estado, el Estado de los consejos […] todo lo demás es
contingente’” (Trotta, Madrid, 1998, p. 126).
4
desarrollado espontáneamente como en Rusia a partir de la revolución de 1905 (pp. 9-10). En este
sentido su formación constituye un objetivo por conquistar del que es consciente únicamente la
vanguardia revolucionaria (que, por lo tanto, posee una cierta ciencia que se opone a la ideología de
las masas que aún comulgan con las instituciones burguesas) pero no la masa y, por lo tanto, se trata
de un objetivo a difundir a través de la propaganda y la agitación. En otras palabras, la organización
soviética, en Europa occidental, es un objetivo abstracto, no una realidad efectiva. En este punto, se
concentra la crítica leninista a los izquierdistas que hablan del “retorno” al parlamentarismo. Para
un alemán resulta absurdo hablar en 1920 de retorno al parlamentarismo pues tal institución, con
plenas funciones, ha sido apenas conquistada en 1919.
La diferencia entre Lenin y el izquierdismo podría concretarse así: mientras los izquierdistas
absolutizan uno de los términos de la oposición (el saber de la vanguardia, el punto de vista de la
historia universal, etc.), Lenin establece una relación dialéctica entre ambos. Los izquierdistas creen
que basta con que la vanguardia haya comprendido la obsolescencia del parlamento para abandonar
la labor pedagógica en las masas; basta esta negación subjetiva y abstracta (punto 3) para dar el
parlamento por históricamente superado; basta que la historia universal se haya manifestado en
Rusia para que mecánicamente se repita en Europa occidental. Es decir, confunden su deseo con la
realidad política y caen en una negación voluntarista o meramente subjetiva.
Lenin, por su parte, abunda en la necesidad de la mediación dialéctica entre ambos polos. La
clave de bóveda de esta mediación es la idea del parlamentarismo revolucionario. El asunto
fundamental sería que mientras no se pueda destruir, existe para el revolucionario la obligación de
trabajar dentro del parlamento, de crear una oposición sovietista que trabaje por la disolución del
propio parlamento y la reorganización revolucionaria del Estado (caso del Partido Bolchevique
hasta la disolución de la Constituyente en enero de 1918). Este trabajo es así una acción pedagógica
de la vanguardia sobre la masa (p. 74) que a su vez consiste en una crítica de la ideología que
profesan las masas, es además un intento de realización de la idea soviética en la efectividad
histórica que trata de poner la coyuntura a la altura de la historia universal. Para ello, mientras no
pueda destruirse, existe la obligación de trabajar dentro de las instituciones, de combinar la acción
legal e ilegal para lograr los fines revolucionarios.
La idea política de fondo que subyace al texto de Lenin es que si bien la acción
revolucionaria ha de contar con una vanguardia (si queremos decirlo con Weber: la política es
siempre cosa de un número reducido e implica responsabilidad), la revolución en sí como
emancipación en acto de las clases subalternas ha de ser realizada por las masas y no puede llevarse
a cabo sin su asentimiento. En este sentido, Lenin escribe contra los socialchovinistas (los
5
socialdemócratas alemanes que en 1914 votan en el parlamento a favor de los créditos de guerra
anteponiendo los intereses nacionales a los intereses de clase) que han sido absorbidos por la
dinámica parlamentaria y no tienen en mente su superación (han dado la espalda a las masas), al
tiempo que se opone a lo que llama el revolucionarismo pequeño-burgués (representado en Rusia
por el Partido Socialrevolucionario) que recurre a tácticas individualistas o terroristas que rompen
igualmente la relación con la masas. El parlamentarismo revolucionario que profesa el autor sería la
doctrina del mientras tanto, apta para preparar las condiciones revolucionarias mientras la
superación del parlamento no resulte posible.

2) Dos elementos de contextualización histórica.

- La disputa contra el izquierdismo que Lenin sitúa especialmente en Alemania y Holanda, tiene
no obstante profundas raíces en el partido bolchevique y ha dado lugar a una de las obras más
célebres del autor: Materialismo y empiriocriticismo (1908). El partido Bolchevique nace como
una escisión en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (1903). En este momento incipiente
de la organización solo una figura, especialmente a partir de 1905, disputa a Lenin el mando. Se
trata de Aleksander Bogdanov6. Tras la revolución de 1905, que consigue arrancar al Zar la
creación de una Duma con funciones meramente consultivas y una Constitución (conversión de
Rusia en una monarquía constitucional) que otorgaba al Zar competencias legislativas sin
ratificación parlamentaria, capacidad de formación del gobierno y fiscalización del ejecutivo a
espaldas del parlamento. Así las cosas, el partido bolchevique boicotea las elecciones de 1906.
En las de 1907, sin embargo, se divide en dos fracciones: aquellos que quieren participar en el
parlamento pese a la absoluta carencia de garantías (Lenin habla de que “hay que saber
retroceder ordenadamente”) y aquellos que se oponen a tal participación (otzovistas dirigidos por
Bogdanov). Lenin ve en la postura de Bogdanov los rasgos propios del izquierdismo –
abstraccionismo, negación subjetiva, desconexión con las masas, renuncia a la actividad legal– y
es a Bogdanov a quien realmente ataca en el texto que nos ocupa (ver nota 6 y la coincidencia en

6 Las relaciones entre Lenin y Bogdanov condicionan buena parte de la historia soviética, especialmente por
lo que hace a la evolución de las artes y la educación después de la revolución. La antigua aversión política
determinará la lucha entre la Proletkult (institución a la que pertenece Bogdanov) y el Narkompros
(Comisariado Popular de Educación), dirigido por Anatoli Lunacharski (también miembro de la Proletkult),
pero controlado en buena medida por Nadezhda Krúpskaya (la esposa de Lenin). En otoño de 1920, fechas
próximas a nuestro texto, Lenin toma la decisión de que la Proletkult sea absorbida por el Narkompros y, en
los años siguientes, imprime un giro en la política cultural soviética que destinará prácticamente todos sus
esfuerzos a la educación de las masas, soslayando en gran medida el intento de crear una alta cultura surgida
de las masas. Esto nos llevaría demasiado lejos, pero para quien quiera profundizar, sigue siendo impecable
la obra de Sheila Fitzpatrick: Lunacharski y la organización soviética de la educación y de las artes
(1917-1921), Madrid, Siglo XXI, 2017.
6
el tiempo con la disolución de la Proletkult en el Narkompros). El intento de vencer en la
polémica lleva a Lenin a escribir Materialismo y Empiriocriticismo (1908), como un intento de
rastrear las derivas izquierdistas de Bogdanov en sus influencias filosóficas, fundamentalmente
en el Empiricriticismo de Mach y Avenarius, autor este último con el que se había formado
Anatoli Lunacharski (cuñado de Bogdanov)7 .
- En segundo lugar, conviene destacar que el texto que nos ocupa se publica en mayo de 1920. En
este momento comienza a vislumbrarse que la estrategia revolucionaria que ha triunfado en
Rusia consistente en la toma del poder (lo que Gramsci llamará guerra de movimientos) no
acontecerá inminentemente en el resto de Europa (masacre del Spartakusbund en enero de 1919
y fracaso de las teilaktionen –acciones de grupúsculos armados que tenían el objetivo de
movilizar a las masas– en el contexto Alemán) y, sin embargo, pese al fracaso de la revolución en
Alemania, la realidad italiana, a la que Lenin se refiere solo en una nota, parece todavía dar
esperanzas a la revolución. El llamado Biennio Rosso (1919-1920) alcanzará su punto más álgido
en septiembre de 1920, cuando se registra una huelga de 500.000 metalúrgicos en toda Italia. De
ahí que Lenin se muestre ambiguo para el caso italiano y apueste todavía por la posibilidad del
boicot parlamentario y la estrategia consejista en este país (contra Filippo Turati). Tras la derrota
del Biennio Rosso por el gobierno Giolitti (derrota clave para comprender el fascismo y toda la
reflexión de Gramsci) la dirección de la Internacional Comunista tratará de imprimir un giro
estratégico a partir de 1921, perfilando la estrategia antifascista del frente único en el que han de
coaligarse todas las fuerzas obreras (socialdemócratas y comunistas) y aquellas fuerzas que estén
dispuestas a salvar las llamadas “libertades burguesas”, tal compromiso con fuerzas a priori
enemigas se ha de llevar a cabo tanto en el parlamento como en la sociedad. Serán nuevamente
los izquierdistas (caso de Bordiga en Italia, por ejemplo) quienes se opongan al mismo. En este
sentido, el texto que nos ocupa se sitúa en el umbral en el que Alemania empieza a mostrar las
dificultades propias del proceso revolucionario en las sociedades occidentales, mientras que Italia
todavía mantiene parece dar esperanzas a que una revolución de tipo soviético pueda producirse.

3) Premisas filosóficas del texto.

7Se recomienda encarecidamente el texto de Manuel Sacristán titulado “El filosofar de Lenin”, en donde se
deshacen buena parte de los malentendidos, tanto de Lenin como de Bogdanov, con respecto a qué es el
empiricritismo, se contextualiza la obra y se avanza en la contribución original de Lenin a la filosofía a partir
de 1913. El texto se encuentra en: Sacristán, Manuel (1983): Panfletos y materiales I. Sobre Marx y
marxismo, Barcelona: Icaria, pp. 139-176
7
En primer lugar, conviene señalar cuál es la caracterización de la abolición o superación del
parlamento a la que se refiere Lenin. La superación izquierdista sería una negación meramente
subjetiva de la institución, que es incapaz de abolir de hecho el parlamento y pese a ello lo da por
superado cuando este goza aún de plena vigencia histórica en la realidad nacional de referencia; de
igual modo, existe un intento de supresión objetiva de la institución parlamentaria que trata de
eliminar al mismo tiempo todas las funciones de la institución que enumeramos en la primera clase
(a grandes rasgos, podría decirse que la imprecisa categoría de totalitarismo tal y como fue definida
en la reflexión de Hannah Arendt responde a esta supresión objetiva). En el caso de Lenin, no
obstante, la superación del parlamentarismo es una superación subjetiva-objetiva o dialéctica, en el
sentido del término alemán aufheben. De esta manera, la forma-parlamento que se presentaba
como una categoría universal capaz de representar a todos los ciudadanos en tanto que
formalmente libres e iguales, aparece negada por el propio devenir histórico, en el cual se viene a
mostrar que la libertad e igualdad formales presupuestas por los regímenes parlamentarios,
suponían de hecho la ilibertad y desigualdad de las clases no-burguesas sometidas a la explotación
capitalista y a la dependencia del salario para vivir. En este sentido la gubernamentalidad proletaria
que describe Lenin, en la que se articulan los soviets, sindicatos y el partido (p. 38), vendría a
permitir, en la nueva etapa del desarrollo histórico, el abandono de la vida subcivil por las clases
subalternas. Es decir funcionaría como negación de hecho de la institución parlamentaria (en Rusia)
que al tiempo habría de conservar gran parte de las funciones que tradicionalmente habría cumplido
el parlamento (en el caso de Rusia habría de crearlas, de ahí toda la discusión en el movimiento
revolucionario ruso acerca de la necesidad de asumir las tareas propias de las revoluciones
burguesas que se habían producido en occidente).
Este supuesto teórico se apoya, como hemos dicho, en la apropiación leniniana de la idea de
negación dialéctica. Tal y como la describía Manuel Sacristán:

El movimiento obrero ha vivido casi desde el primer momento en la perspectiva de terminar con la
presente división social del trabajo (presente, aproximadamente, desde el siglo XVII). Esa perspectiva
se suele expresar en la tradición marxista usando un término que el propio Marx había recibido de
Hegel: Aufhebung. Este término significa, unas veces, ‘abolición’, otras todo lo contrario, o sea,
‘preservación’, y otras ‘elevación’. Y eso en los mismos contextos, también simultáneamente, como es
el caso en su uso técnico por Hegel y por Marx. El hecho de que Marx tomara (en todas las épocas de
su vida) ese término inicialmente tecnificado por Hegel para expresar con él, como este filósofo, la
complicación de la crisis resolutoria del cambio social tiene que ver con la dialéctica histórica. Nada
es nunca en la historia abolido sin resto, porque el objeto y el agente del cambio histórico son el
mismo, tal o cual parte de la especie humana, tal o cual sociedad, o la especie entera, si se adopta el
punto de vista de la historia universal. Cuando es abolida una determinada configuración histórica
(más o menos general), la situación nueva conserva la vieja, al menos, el dinamismo transformador
que se originó en ésta y todos sus requisitos o condiciones previas de conocimiento y voluntad. Pero,
por encima de todo, conserva el fundamento de la posibilidad material del cambio y de la misma
8
configuración nueva, es decir, el cuadro de fuerzas productivas inmediatamente anterior que chocó con
las relaciones de producción. Posiblemente, se ampliará ese cuadro, pero, al menos, se conservará
salvo en los en que el cambio es catastrófico o no autógeno. Aufheben en el sentido de Marx es abolir
una determinada objetividad social preservando (al menos) su productividad o su valor de uso y
elevándola, haciéndola más intensa, o más coherente en sí o con su contexto, o, en el caso principal (el
revolucionario) cualitativamente nueva, dotada de otra función en la sociedad.” (Sacristán, Manuel
(1969): “La universidad y la división del trabajo”en Íd. Intervenciones políticas, Barcelona: Icaria,
120-1).

En segundo lugar, la crítica de Lenin a los izquierdistas apela en repetidas ocasiones a un principio
de concreción que reniega de ningún esquema teórico o modelo histórico prefijado a la hora de
diseñar la estrategia y la táctica políticas y apela a un análisis de la situación específica en la que se
debe actuar, es decir, de las correlaciones de fuerzas vigentes en cada sociedad.
La acción política –la praxis– consiste en una unidad de teoría (el análisis) y práctica (la
acción revolucionaria). Esta unidad de teoría y práctica va acompañada en la tradición marxista de
un nuevo concepto de verdad, una verdad que ya no se define en términos universales y abstractos
(es decir, fuera del tiempo), sino que se sitúa en lo concreto y tiene que ver con la capacidad de
reconocer las relaciones sociales efectivamente existentes con el fin de transformarlas. Marx utiliza,
en la II tesis de Feuerbach el término Diesseitigkeit, que ha sido traducido por “terrenalidad del
pensamiento”. Y formula la idea que venimos de explicar como sigue:

El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema


teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es
decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o
irrealidad del pensamiento –aislado de la práctica– es un problema puramente escolástico (Marx, Karl
y Engels Friedrich (2014): “Tesis sobre Feuerbach” en Íd. La ideología alemana, Madrid: Akal, p.
500)

Todo el texto de Lenin puede ser considerado un intento de poner en práctica este nuevo principio,
esta forma de verdad que no goza ya de un valor universal sino que se encuentra apegada a las
relaciones sociales dadas, a la posibilidad de intervenir prácticamente sobre ellas. Los izquierdistas
serían para Lenin el paradigma de un planteamiento escolástico, pues sitúan la verdad de las
consignas en las que basan su estrategia en un modelo revolucionario abstracto que ha importado de
la realidad rusa y que consideran válido para todas las coyunturas.
Algunos ejemplos de hasta qué punto Lenin había asumido la necesidad de ganar un
pensamiento realmente terreno como complemento de la acción revolucionaria:
Preparar una receta o una regla general para todos los casos es absurdo. Es preciso contar con la propia
cabeza para saber orientarse en cada caso particular (p. 66).

Naturalmente, sin un estado de espíritu revolucionario las masas, sin condiciones favorables para el
desarrollo de dicho estado de espíritu, la táctica revolucionaria no se trocará en acción; pero a
nosotros, en Rusia, una larga, dura y sangrienta experiencia nos ha convencido de que con el
sentimiento revolucionario solo, es imposible crear una táctica revolucionaria. La táctica debe ser
9
elaborada teniendo en cuenta, serenamente, y de un modo estrictamente objetivo, todas las fuerzas de
clase del Estado de que se trate (y de los Estados que le rodean y de todos los Estados en escala
mundial), así como la experiencia de los movimientos revolucionarios (p. 59).

10

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