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Especialidad Universitaria

Este documento discute la necesidad de conceptualizar el perfeccionamiento docente como un campo de estudio independiente, en lugar de verlo solo como una herramienta para aplicar otras disciplinas educativas. Argumenta que al entender el perfeccionamiento como un medio y no reconocer al sujeto profesor, los programas no han logrado transferir conocimiento de manera efectiva al aula. Propone que al conceptualizar el perfeccionamiento como una actividad con su propia lógica y tiempo-espacio, reconociendo al profesor como sujeto de aprendizaje, se

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Especialidad Universitaria

Este documento discute la necesidad de conceptualizar el perfeccionamiento docente como un campo de estudio independiente, en lugar de verlo solo como una herramienta para aplicar otras disciplinas educativas. Argumenta que al entender el perfeccionamiento como un medio y no reconocer al sujeto profesor, los programas no han logrado transferir conocimiento de manera efectiva al aula. Propone que al conceptualizar el perfeccionamiento como una actividad con su propia lógica y tiempo-espacio, reconociendo al profesor como sujeto de aprendizaje, se

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Especialización en Docencia Universitaria 2 PIIE. .

doc
Bibliografía Módulo 1

PROGRAMA INTERDISCIPLINARIO DE INVESTIGACIONES EN


EDUCACIÓN, PIIE.

CÓMO APRENDE Y CÓMO ENSEÑA EL DOCENTE, UN DEBATE SOBR


EL PERFECCIONAMIENTO.

SANTIAGO DE CHILE, 1992

CAPÍTULO I

CALIDAD DE LA EDUCACIÓN Y POLÍTICAS DE


PERFECCIONAMIENTO DOCENTE

Ponencistas:
Verónica Edwards, Chile
Eduardo Remedi, México
Montserrat Tarrés I Picas, España
Rosa Ávila, Colombia

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Especialización en Docencia Universitaria 2 PIIE. .doc
Bibliografía Módulo 1

HACIA LA CONSTRUCCIÓN DEL PERFECCIONAMIENTO DOCENTE

Verónica Edwards, Coordinadora Académica del P.I.I.E con la colaboración de Rodrigo


Vera, experto UNESCO

En esta presentación queremos sostener que el perfeccionamiento docente no tiene


existencia social como campo particular del saber y, por lo tanto, como una disciplina
educacional como son la Planificación, el Curriculum, la Didáctica o la Administración.
Es decir, no es reconocido como un campo conceptual específico con un objeto
diferenciado y sostenido por una comunidad profesional particular. Este Seminario
pretende precisamente contribuir a afianzar los intentos que existen -en contra del
sentido común en este campo- para construir el perfeccionamiento docente como un
terreno de saberes específicos en Educación, abriendo el debate sobre concepciones y
políticas de perfeccionamiento.

1. En la concepción tradicional, y más extendida de perfeccionamiento, éste es


pensado como un campo de aplicación de otras disciplinas educativas, obviándose una
problematización y conceptualización del hecho educativo en la situación de
perfeccionamiento docente, tomando a éste como objeto de estudio.

Por otra parte, cualquiera sea la disciplina de la Educación desde la cual se piense el
perfeccionamiento, en general mantienen un punto de vista en común: el considerar el
perfeccionamiento como una herramienta o como una simple actividad que se realiza
para operacionalizar una determinada política educativa. Desde este punto de vista, no
se percibe la necesidad de contar con un conjunto de saberes pertinentes para llevar a
cabo un programa de perfeccionamiento docente. En general, se considera que el
dominio del contenido es competencia suficiente para organizar adecuadamente un
programa de perfeccionamiento docente, repitiendo con ello la tesis de que quien
domina un contenido no requiere conocimiento de pedagogía para organizar
situaciones de aprendizaje adecuadas. Así, tanto el perfeccionamiento docente como la
pedagogía corren la misma suerte: no son perfeccionamiento docente como la
pedagogía corren la misma suerte: no son reconocidos como saberes específicos y
necesarios en prácticas educativas de diferente índole. Nuestra hipótesis es que
justamente esta concepción instrumental del perfeccionamiento es considerado como
instrumento fundamental de cualquier política educativa, sin embargo, éste suele no
conseguir los objetivos que se propone, es decir, no logra transferir al aula los
contenido y/o métodos que fueron objetos de aprendizaje durante la situación de
perfeccionamiento docente.

En síntesis, las investigaciones muestran que el perfeccionamiento no se ha mostrado


eficaz para introducir cambios en el sistema educativo. los profesores "pasan" por
muchos cursos de formación en servicio, pero no se produce una transferencia
sostenida al aula

Las conclusiones que normalmente se sacan de esta situación se traducen en una


pérdida de la confianza en el "factor humano" de la Educación. Se recurre, entonces,
con frecuencia a los materiales educativos considerados como un "factor" estable, en
un intento por controlar la variable "factor humano". Sin embargo, investigaciones
cualitativas muestran que esta estrategia no tiene más éxito que la anterior, Los
materiales educativos son reelaborados por los profesores y profesoras en el acto de

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Bibliografía Módulo 1

transmisión, según sus propias concepciones pedagógicas, es decir, según sus propios
conceptos de lo que es enseñar y aprender. Por lo tanto, éstos -de hecho- no funcionan
de manera estable ni homogénea en las situaciones de aula. A nivel de aula de
Educación Básica sucede, por ejemplo, que frente a los ejercicios de los libros de texto
que presentan los conocimientos tradicionales bajo nuevos formatos, los profesores
suelen saltarse la página. Otros profesores recurren al pizarrón y a las formas
tradicionales para intentar, luego, traducir los conocimientos a los nuevos modelos.

En resumen, el perfeccionamiento entendido como herramienta está atrapado en una


lógica sin salida. En esta concepción, el perfeccionamiento es considerado como medio
de una política y los sujetos (profesor, profesora) Son considerados como medios del
perfeccionamiento. Entendido como medio, sólo puede ser pensado en una lógica
medio-fines, es decir, desde una lógica instrumental tecnocrática. Desde esta
perspectiva, el énfasis estará puesto necesariamente en las técnicas y en los métodos,
omitiéndose las consideraciones acerca del sujeto profesor y de las condiciones de
aprendizaje del mismo. Es decir, no puede reconocerse al sujeto implicado en el
proceso, pues sólo se le considera un medio de la situación de perfeccionamiento; se le
considera como un factor humano o como un recurso humano, pero el sujeto en tanto
tal se pierde.

Esta concepción sobre el perfeccionamiento proviene de la planificación y de la


economía como sistemas conceptuales. En ella se pretende controlar las
incertidumbres y las lentitudes de un trabajo centrado en el "factor humano" -
considerado como medio del perfeccionamiento-, a través de un trabajo centrado en
otros medios como son los materiales, métodos, y técnicas que permiten
supuestamente acelerar el proceso de transferencia y asegurar su replicabilidad,
produciendo un efecto supuestamente homogéneo. Sin embargo, como lo muestran las
investigaciones, esta estrategia no ha logrado históricamente su objetivo.

II. Construir el perfeccionamiento docente, es disponer de una conceptualización desde


la cual se lo pueda deslindar de la visión de éste como mero instrumento.

Es entenderlo como un campo particular, en su sustantividad y no como campo de


aplicación de otras disciplinas educativas. Es disponer de teorías y conceptos que se
puedan poner en relación con otros conceptos que existen en el campo, pero no
subordinarse a ellos como fenómeno. El perfeccionamiento no es una parte de la
planificación, ni del curriculum, ni de la normativa educativa, ni de las normas
laborales. El perfeccionamiento es una actividad que se realiza en un tiempo y en un
espacio determinados, orientados por una lógica específica.

Algunos de los rasgos que hemos identificado que caracterizan al perfeccionamiento


desde un punto de vista sustantivo, son los siguientes:

1. EL ENCUADRE

En términos generales, la manera en que se abordan el tiempo y el espacio estructura


la experiencia de perfeccionamiento. El hecho de que éste se dé con un tiempo y en un
espacio específico, es decir, con un determinado encuadre, está señalando que las
experiencias de perfeccionamiento tienen un carácter particular y no se pueden pensar
como extensión de otras actividades escolarizadas. Este encuadre organiza la actividad
a nivel de lo cotidiano y define formas de trabajo y tipos de relación. Esta actividad
particular encuentra su sentido en el reconocimiento del sujeto educativo y sus modos
de aprender.

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Bibliografía Módulo 1

2. LA CADENA DE FORMACIÓN

Dado que el perfeccionamiento, en general, no se ha convertido en objeto de estudio y


no se le ha considerado en forma sustantiva, se le aplica la misma conceptualización
que se ha construido para los procesos que se dan en el aula entre profesor y
alumnos/nas (niños o jóvenes). En otras palabras, las políticas y estrategias de
perfeccionamiento han carecido de especificidad como fruto, entre otras cosas, de ser
considerado sólo como formando parte de una cadena de procesos de enseñanza.

El papel de formador de formadores ha sido entendido como el de un mediador entre


los planes/programas y profesor. Se le concibe en un rol de transmisión y de
ejecutante, por extensión del modo como se concibe el papel del profesor en la relación
con los alumnos.

Por otra parte, al no existir una concepción de aprendizaje fundando la actividad de


formación de adultos, ésta se concibe también por extensión de la misma manera que
el proceso de enseñanza y aprendizaje de los alumnos, sin considerar que ha habido un
cambio de sujeto y que este hecho re-significa los procesos.

En esta cadena de formación se hace una mera reproducción de un nivel a otro como si
se hubiesen mantenido homogéneas las variables que allí intervienen o como si éste
fuera un proceso abstracto, sin considerar los objetos concretos y las situaciones
concretas en las cuales el proceso ocurre.

3. CENTRALIDAD DEL SUJETO

Si observamos el perfeccionamiento docente en su positividad, quizás el rasgo más


fundamental es la centralidad que allí adquiere la presencia de los sujetos. Como en
todo fenómeno comunicativo y también en el de aprendizaje, se da un proceso de
construcción de significados que altera o resignifica el discurso pedagógico del
enseñante. Asimismo, los enseñantes resignifican sus discursos a partir de la
interacción con los "alumnos". Esto significa que no existe una transmisión lineal y
mecánica, según lo supone la fórmula emisor-mensaje-receptor. Esto significa que no
todo lo que se enseña se aprende, al menos con el mismo significado, por todos los
sujetos.

El acto de transmisión se da mediado por una relación pedagógica en la cual, como


hemos indicado, lo enseñado es resignificado. Es decir, la transmisión educativa no
ocurre en el vacío, se da cruzada por los significados que profesores y alumnos le dan
en la interacción mutua. los contenidos son transmitidos inmersos en una determinada
lógica de la interacción y son transformados por ésta.

Como hemos señalado, la relación pedagógica es básicamente una relación social,


sustentada en la comunicación y valoración mutua de los interlocutores que afecta su
intercambio; es parte de la enseñanza y pone condiciones al aprendizaje.

Es esta lógica de interacción en la cual el profesor intenta hacerse entender por los
alumnos, por donde intenta hacer pasar la lógica del contenido. En la interacción en el
aula ambas lógicas se imbrican, dando lugar a una forma específica del contenido
escolar. En resumen, la transmisión de conocimientos en el aula, y todas las
interacciones que allí ocurren, están marcadas por la elaboración de los sujetos que

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Bibliografía Módulo 1

participan en dicha situación. Entonces, en el análisis de las situaciones educativas no


se puede prescindir del papel mediador fundamental que juegan los sujetos en la
relación con el conocimiento.

En síntesis, es necesario tener presente que el sujeto educativo no sólo tiene


necesidades de aprendizaje, sino que también deseos; no sólo recibe información, sino
que también la construye y que es ene esa construcción donde se realiza el
aprendizaje, podríamos decir donde aprende y no solamente conoce. No es sólo un
sujeto volitivo, sino también es un sujeto del inconsciente, y sus prácticas están
también traspasadas por esos procesos, tanto en su relación con el saber como en la
relación pedagógica

4. ROL DOCENTE

Tradicionalmente se ha buscado instrumentar un "recurso" para desempeñar un rol de


carácter técnico. Los docentes han sido tradicionalmente convocados a adquirir
habilidades para aplicar directrices curriculares y transmitir conocimientos con métodos
y técnicas ya legitimados en instancias superiores del sistema.

Coherente con lo anterior es la visión del perfeccionamiento desde el punto de vista de


la enseñanza, sin consideración de los procesos de aprendizaje. Procesos de
aprendizaje de adultos que tienen como función enseñar a sus respectivos alumnos.
Adultos en servicio, es decir, con experiencia más o menos prolongada en docencia;
que, al mismo tiempo, desarrollan una práctica docente; que poseen ya una
certificación y un cierto desgaste en el ejercicio de la profesión dada por los años de
servicio.

La prescindencia del análisis de las formas de aprender del propio docente y la no


consideración de los procesos de aprendizaje de adultos es coherente con un rol
docente centrado en la creación de situaciones de enseñanza, sin necesidad de
comprender y preguntarse por las necesidades, deseos y procesos de aprendizaje de
sus alumnos.

5. SABER PEDAGÓGICO

El saber pedagógico es el conjunto de conocimientos y convicciones que tienen los


profesores en servicio, acerca de lo que ocurre y debe ocurrir en las situaciones de
aula. Ellos han desarrollado en sus prácticas, diversas formas de enseñanza. Estas son
la síntesis de su formación inicial uy una experimentación en la práctica
frecuentemente por ensayo y error, de las mejores estrategias de enseñanza. Estas
estrategias y formas de enseñanza no son siempre explícitas para los propios
maestros, pero forman parte de sus convicciones más profundas acerca de cómo
enseñar y qué es aprender.

En el saber pedagógico están comprometidas racionalidades, representaciones y


afecciones que cobran sentido en el aprendizaje significativo de los alumnos. está
comprometida, por ejemplo, una determinada representación del sujeto que aprende;
una determinada representación de lo que es aprender, de lo que es conocer, de lo que
es enseñar, de lo que es evaluar. Y son esta representaciones las que guían y le dan
sentido a su práctica pedagógica. Por medio de éstas el profesor legitima ciertos
saberes y no otros, delimitando así el campo de lo cognoscible en la experiencia
escolar. mediante esta operación el profesor deja fuera los conocimientos que sus
alumnos tienen y sus elaboraciones.

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En definitiva, los profesores tienen un saber práctico acumulado acerca de cómo se


debe enseñar. Por tanto, un Programa de perfeccionamiento docente que pretenda el
aprendizaje significativo de los profesores tendría que partir de las representaciones y
convicciones de los maestros. En caso contrario, la propuesta es resistida explícita o
implícitamente, y al cabo d un tiempo los profesores tienden a seguir haciendo lo que
siempre ha hecho. Los profesores no se apropia de los contenidos si éstos no hacen
sentido en la red de significaciones de cada uno de ellos.

El rescate en positivo de los saberes pedagógicos de los profesores, es decir, su


legitimación como conocimiento válido y su posterior análisis crítico es uno de los ejes
que dotan a las actividades de perfeccionamiento de un "status teórico y práctico"
capaz de apoyar de manera sustantiva la asunción de un rol docente de carácter
profesional para el ejercicio de la docencia.

Entendemos la construcción del perfeccionamiento docente, por tanto, como una


actividad que requiere plantearse los procesos de aprendizaje de los docentes como un
fenómeno específico. El reconocimiento de sus modos de aprender y la transformación
de los mismos, eventualmente, inciden en la transformación de las prácticas docentes.
Entendiendo que éste no es un problema sólo cognitivo, sino que también cultural y
social -como hemos señalado- está cruzado por las representaciones de los sujetos y
por las expectativas y normas institucionales, es decir, por la cultura escolar.

6. EL APRENDIZAJE

Podríamos decir que el rasgo fundamental de la actividad de perfeccionamiento


docente es el aprender. Es necesario tener presente que los procesos de aprendizaje
son situaciones altamente complejas y diversas, si se enfoca desde la perspectiva de
las particulares necesidades de aprendizaje de los alumnos, tanto niños como adultos.
Lo que se ha hecho tradicionalmente es simplificar esta complejidad que caracteriza las
situaciones de aprendizaje en el perfeccionamiento docente. Se la ha reducido a
métodos y técnicas, suponiendo que existe una relación lineal entre enseñanza y
aprendizaje, es decir, que todo lo que se enseña se aprende.

Comprender esta complejidad implica trasladar el eje desde la enseñanza hacia el


aprendizaje, reconociendo allí cuáles son las necesidades básicas de aprendizaje de los
alumnos que a su vez requieren diversas formas de enseñanza. Entendiendo el
concepto de necesidad de aprendizaje no solamente como la distancia entre lo que el
sujeto sabe y debe saber, sino entendido también como lo que desea saber, El
reconocimiento de las necesidades y deseos de aprendizaje son el eje de una
resignificación de la relación del sujeto con su práctica en la cual ya no está
completamente sujetado a un modelo o proyecto de enseñanza que otro ha definido
para él. Querrin señala que las situaciones escolarizadas transforman el deseo de saber
en necesidad de aprender, en función de determinados fines sociales preestablecidos,
que legitiman ciertos contenidos y no otros. Centrar el proceso en el aprendizaje
permite la emergencia de "otros" contenidos no necesariamente legitimados por el
programa de perfeccionamiento docente.

Es preciso entender el deseo de saber, como la conjunción entre las necesidades


sociales subjetivadas por el sujeto y sus propias elaboraciones provenientes de su
biografía particular. las necesidades de aprendizaje deben ser entendidas no como
necesidades mínimas, sino como posibilitadoras de nuevos aprendizajes, de un
formación permanente, que dicen relación con las cambiantes necesidades de la

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Bibliografía Módulo 1

construcción de identidades de los sujetos. esto supone reconocer la diversidad en las


necesidades de aprendizaje y una ruptura de la uniformidad la oferta de enseñanza,
como condición para recuperar el sentido de las situaciones educativas formalizadas
según el modelo escolar. De este modo se podrá dar paso a un aprendizaje
significativo. Es decir, un aprendizaje que se inserta en una red más amplia de
significados del sujeto y que le permite establecer nuevas relaciones en situaciones
posteriores. Esto da pie para sostener que sería más adecuado invertir los elementos
del proceso y llamarlo de aprendizaje y enseñanza.

El concepto de aprendizaje significativo supone un cambio radical de perspectiva en la


manera de entender los procesos de perfeccionamiento. Frente a la concepción
tradicional de que el aprendizaje depende directamente de la influencia del profesor y
de la metodología de enseñanza utilizada, ahora se pone de relieve los conocimientos
previos del profesor-alumno y, en general, sus procesos de pensamiento. La
construcción de significados a partir de la enseñanza es el elemento mediador
susceptible de explicar los aprendizajes finalmente obtenidos. La idea más importante
que subyace a la tesis constructivista es que el aprendizaje no puede entenderse
únicamente a partir de una análisis externo y objetivo de lo que se enseña y de cómo
se enseña, sino que es necesario tener en cuenta además, las interpretaciones
subjetivas que el propio alumno construye a este respecto.

Desde esta perspectiva, los dos grandes ejes de construcción de conocimientos del
perfeccionamiento docente serían el análisis de la práctica docente y los conocimientos
disciplinarios. En el primer caso se trata de basar el perfeccionamiento en el análisis
educativo de lo que ocurre a nivel del ser, evitando la interpretación a nivel de deber
ser o de modelos, tan frecuente en el campo de la Educación. En el segundo caso, se
trata del reconocimiento de la necesidad de contar con conocimientos disciplinarios
sólidos. El problema es cómo se aprenden esos conocimientos, ya que el saber de la
disciplina desligado de la práctica docente no es significativo para los procesos de
aprendizaje y enseñanza en los cuales los profesores y los formadores de profesores
están involucrados.

Para la práctica del perfeccionamiento docente la disyuntiva es o la transmisión de una


disciplina o la producción de conocimientos desde el análisis de la práctica, apoyado
por el saber acumulado.

Esto a u vez implica un problema teórico para el cual se deben producir conceptos y
distinciones pertinentes que permitan construir el perfeccionamiento docente como un
campo sustantivo del saber educacional.

En este marco, la especificidad del perfeccionamiento se refiere a la determinación de


necesidades de aprendizaje de los docentes. Estas provienen a su ve de la obligación
de comprender las necesidades de aprendizaje de los alumnos y del rol que les cabe a
los docentes en ese proceso de aprendizaje. Con esto queremos reafirmar la tesis de
que no es suficiente un buen dominio del contenido específico, sino que además es
necesario articular la disciplina a la comprensión de los fenómenos de aprendizaje de
los alumnos.

De lo anterior se desprende la necesidad de refundar el saber pedagógico sobre la base


de producción de conocimientos teóricos y prácticos para sustentar la determinación de
necesidades de aprendizaje y sustentar la comprensión de los procesos de aprendizaje,
tomando en consideración las identidades individuales, culturales y sociales de los
sujetos. En otras palabras, el desafío se coloca en poder sacar a la pedagogía, que

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Bibliografía Módulo 1

acompaña los programas de perfeccionamiento docente, de ser un mero saber práctico


instrumental, para colocarlo en condiciones de crear situaciones educativas, haciéndose
cargo de los procesos y resultados de aprendizaje.

El reconocimiento de la complejidad de los procesos de aprendizaje implica repensar el


rol que a los docentes les cabe en dicho proceso. Tanto la formación básica como el
perfeccionamiento requieren asegurar la modificación de la relación de los sujetos con
su práctica, para encaminarse a la producción de aprendizajes más significativos. Como
hemos señalado esto implica un comprender y abordar el perfeccionamiento como un
campo de estudios particular que debe ser apoyado con investigación de base en el
campo.

BIBLIOGRAFIA

Cerda, A. M., y otros: El sistema Escolar y la Profesión Docente. P.I.I.E., Santiago,


1991

Edwards, V,: El concepto de Calidad de la Educación. UNESCO/OREALC. Stgo, 1991.

Edwards, V., y otras: Directores y maestros en la Escuela Municipalizada. P.I.I.E.,


Santiago 1991.

Furlong, V.: "Esferas de interacción en el aula: hacia un estudio del conocimiento del
alumno", en Las relaciones Profesor Alumno, de Stubbs, M. y Delamont, S. (eds)

López G., y otras: La Cultura Escolar, ¿responsable del fracaso? P.I.I.E., Santiago,
1984.

Remedi, E.: "Notas para señalar: el maestro entre el contenido y el método". Revista
de Tecnología Educativa. Universidad Autónoma de Querétaro, México, 1985.

Remedi, E.: Racionalidad y Curriculum: Deconstrucción de lógica. D.I.E. 1988.

Remedi, E.: "La identidad de una Actividad: ser maestro". Temas Universitarios.
Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1988.

Torres, R. M; Remedi, E; Landesmann, M. Edwards, V: "Currículum, Maestro y


Conocimiento". Temas Universitarios. Universidad Autónoma Metropolitana. Unidad
Xomichilco, México, 1988.

Vera, R.: "Metodologías de Investigación Docente: La investigación Protagónica.


Cuaderno N° 2: Talleres de Educación Democrática. P.I.I.E., Santiago, 1988.

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Bibliografía Módulo 1

FORMAS DE INTERPELACIÓN EN LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IDENTIDAD:

ALGUNAS PROPUESTAS DE FORMACIÓN


DOCENTE EN LAS ULTIMAS DÉCADAS

Eduardo Remedi, profesor investigador,


Departamento de Investigaciones Educativas
CINVESTAV IPN, México

En México, como en la mayoría de los países de Latinoamérica, a partir de la década de


los sesenta se producen a nivel medio-superior y superior grandes situaciones de
masificación en la matrícula, provocando procesos reactivos que conducen entre otras
manifestaciones a contratar gran cantidad de personal docente a fin de tender la
demanda creciente de población estudiantil que se generaba. 1

La gran mayoría de estos profesores respondía a las siguientes características:


en jóvenes, recién egresados y en gran proporción pasantes, no titulados, de la
licenciatura; con una edad promedio de veinticinco años, ausencia de experiencia
frente a la actividad de enseñanza, nula práctica en el ejercicio de la profesión para la
que se formaron y con un manejo conceptual-disciplinario relativamente pobre;
"repetían" lo que habían aprendido como alumnos. 2

Así, esta fuerte expansión cuantitativa de los sistemas educativos de nivel superior
amplió el espectro de procedencia social de los sujetos que accedieron al sistema de
enseñanza. No sólo los alumnos provenían de estratos sociales tradicionalmente
excluidos, sino que a inicios de los setenta comenzaron a ingresar profesores con
trayectorias sociales y culturales normalmente ausente de estos niveles. En efecto,
muchos de los nuevos maestros son en esos momentos primera generación de
graduados universitarios, sometidos por tanto a un capital cultural escaso, identidad
frente a la "nueva profesión" lábil y expectativas frente a la nueva tarea construidas
básicamente en su experiencia como alumnos. 3

Por ello, se exigió de esta nueva generación de profesores un tránsito o pase acelerado
de su posición como alumnos a esta nueva posición de docentes. los procesos que esta

1
Ver entre otros a: Rama, G. (coord.), Desarrollo y educación en América Latina y el
Caribe. CEPAL-UNESCO-PNUD, Buenos Aires, 1987.
Brunner, J.J., Educación superior en América Latina: Cambios y desafíos. Fondo de
Cultura Económica, Méx. 1990.
2
Ver Remedi, E. y Landespann, M. La difícil construcción de la identidad del maestro
universitario: El caso de los profesores de la UNAM. Ponencia presentada en el
Encuentro Internacional; Rol docente. Sevilla, españ, febrero 1991.
3
Remedi, E. y Equipo de investigación. Maestros, entrevistas e identidad. Documentos
DIE No 14, 1989.

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Bibliografía Módulo 1

nueva socialización permitió no fueron siempre cómodos y por supuesto generaron


confusión, contradicciones y comportamientos disímiles y encontrados por parte de los
actores, de acuerdo a coyunturas específicas de inserción y con base a la escasa
referencia que sobre la nueva identidad profesional tenían construida los nuevos
sujetos.

Esta forma de inclusión en la profesión que responde en esta época más a un carácter
reactivo, fruto de la elevación de la demanda de un tipo de servicio profesional, dar
clases, que al desarrollo de una tarea sustantiva, caracterizada por la academización
de nuevos temas de conocimientos o el desarrollo de nuevas propuestas curriculares o
la expansión cualitativa y cuantitativa en la mayoría de los casos observados en México
y extensivos por su dinámica a América Latina, a un crecimiento que se sostuvo sobre
tradicionales estructuras curriculares y cambios no sustantivos en la oferta de
conocimientos.4

Así, esta nueva masa de profesores surge más por vía de un nombramiento y su
inscripción a la institución que lo emplea que por un elección deliberada y consciente,
apoyada en su trayectoria disciplinaria particular. Ser profesor es en estos tiempos
resultado de una asignación a una función más que al desarrollo de una actividad que
recree la disciplina de adscripción y potencialice la relación investigación y docencia.

Ser profesor del nivel superior en esta época conlleva pertenecer a una profesión
considerada como inexistente, mítica, poco unificada y carente de identidad.5 Quedar
inscrito en un lugar que se define más por el "estar ahí" que en el plano de la elección
deliberada, situación que determina y marca la relación confusa que los docentes
tienen de su quehacer. un quehacer atravesado por incertidumbres referidas a:

1) Un cuerpo de conocimientos y habilidades referenciales, la mayoría de las veces


escasamente sistematizados. los profesores no saben o dudan de cuál es el campo
específico (conceptual, actitudinal y de ejercicio concreto) en que se desenvuelve la
profesión.

2) Un código ético sostenido en múltiples demandas que entrecruzan el quehacer


específico y tensan la profesión, al sostenerse entre requerimientos de alumnos,
autoridades, pares, administradores, etc. En efecto, la reivindicación de la autonomía
de juicio acerca de su propia actuación es débil; la autonomía reivindicada para el
ejercicio de una profesión es, en el caso del docente, potencialmente vulnerable,
colocándolo en situaciones de alta dependencia frente a las demandas que recibe.

3) Una práctica urgida y sostenida por variables como: el aislamiento en que se realiza,
la soledad e independencia en la toma de decisiones, la urgencia en las respuestas,
etc. Variables todas dadas por sostenerse en un espacio delimitado, el aula, y cruzadas
por las interacciones que los sujetos producen en ese estar aquí y ahora. 6

4
Ver Clark, B. (ed.), The academic profession, National disciplinary and institutional
settings. Univ. Cal. Press, Berkeley, 1990.
5
Para México, exceptuando casos aislados como la Universidad Autónoma metropolitana
Xochimilco o el Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, entre los más
destacados, que enfrentaron procesos profundos de cambios y reformas curriculares, la
mayoría de los planes y programas permanecieron sin cambios sustantivos.
6
Jackson, Ph., La vida en las aulas. Editorial Mrova, Madrid, 1979.

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Estas características propias del quehacer decente y típicas de este nuevo profesional
de origen reactivo, hacen que el profesor pase a ser el propietario legítimo de su hacer,
de su práctica, la interrogue continuamente y busque diferentes niveles de respuestas
y referencias en múltiples, complejos y diferentes lugares. Así, a diferencia de otras
profesiones basadas en conocimientos y adiestramientos específicos que legitiman su
servicio y asesoramiento en límites de identidad definido, los profesores al contrario,
interrogan e indagan el sentido de su quehacer de múltiples y variadas maneras. 7

En este crecimiento expansivo y desordenado de una "nueva profesión" (con una


identidad en constitución, dependiente de múltiples variables), aparecen la demanda,
el deseo de inscripción... formulado de diferentes manera; solicitado desde diferentes
lugares, pero explicitado, declarado y definido como una panacea en la búsqueda o
encuentro de la identidad profesional; ahí, allí, se inscriben en México las propuestas
de formación docente a nivel medio superior y superior.

En este trabajo, intentaremos señalar con qué razonamientos se desarrollaron y sobre


qué imagen de docente asentaron su propuesta. trataremos de dar cuenta de las
lógicas en las que se sustentaron y se mantuvieron estos programas, entendiendo que
representan propuestas de socialización que en la mayoría de los casos prescriben
normas y pautas para contribuir y/o legitimar categorías relacionadas con competencia,
rendimiento y éxito. A su vez, definen funciones y actuaciones posibles específicas de
profesores, estudiantes, autoridades; estas prescripciones o indicaciones están
sustentadas en supuestos e investigaciones que cada propuesta considera esenciales
para el ejercicio de la profesión educativa. 8

En esta perspectiva consideramos a los programas de formación docente como lugares


que imponen o pretenden gravitar sobre estilos de trabajo y pautas de comunicación e
interacción que indiquen a los sujetos, en este caso a los profesores, de qué manera
han de razonar y actuar en las relaciones vinculadas con el modelo de ejercicio docente
que, según las propuestas, se considera legítimo.

Dentro de esta perspectiva de análisis, uno de los grandes paradigmas que dominó la
formación de profesores en la década de los setenta lo constituyó el modelo derivado
de los planteamientos de la sicología conductual y operativizado en los presupuestos de
la tecnología educativa. este modelo contó en México con una gran expansión y aún
hoy se sostiene, en diferentes versiones reestructuradas, en gran parte de los llamados
centros de formación.

En lo esencial se expresa por un conjunto de operaciones que mantienen la lógica de:


1) Planeación de acciones involucradas en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
2) Ejecución de lo planeado y control de las interacciones intervinientes.
3) Evaluación del proceso, de las variables y sus efectos en los resultados. rediseño del
proceso de intervención.

En esta lógica, el momento de planeación se entiende básicamente como el diseño de


las estrategias de organización de las actividades de aprendizaje. Estas actividades

7
Remedi, E. et al., La identidad de una actividad: ser maestro. Documento DIE N¤ 7,
1988.
8
Ver este desarrollo en Popkewitz, Th., "La producción del conocimiento escolar y los
lenguajes curriculares". Revista de Educación No 292, MEC, Madrid, 1987.

11
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están estructuradas, planeada, de acuerdo los parámetros, por un lado, de la lógica de


desarrollo de los contenidos y, por el otro, de la progresión de las adquisiciones.

Así, conducta y contenido, términos incluidos en la formulación de los objetivos


conductuales, fijaban el parámetro del inicio de la operatividad docente.

Los llamados cursos de formación docente comenzaban sus actividades "enseñándoles"


a los docentes a formular objetivos de enseñanza-aprendizaje, que llegó a convertirse
muchas veces en actividad única y a extremos de caricatura donde los profesores
elegían un verbo que describía una conducta de una lista de opciones y lo ligaban a
una porción o retazo de contenido que bien podía ser el que se tomaba del índice
temático de un texto.

Esta tarea que adquirió status de privilegio en las acciones de formación era y es aún
considerada como central para la efectividad de las acciones que la continúan.
La lógica de esta implementación está asentada más allá de la teoría sicológica de
referencia (conductual, cognoscitiva, etc.), en privilegiar los procesos de adquisición de
los educandos a través del desarrollo de las actividades que lo permitan, olvidando el
complejo de interacciones que se producen para que el aprendizaje se efectivice y
acentuando lo observable: el grado de resultado que se espera y en el que se
manifiestan "los procesos internos" de los alumnos como productos.

El segundo momento, la ejecución se caracteriza básicamente por ofrecer al docente


un abanico de opciones sobre actividades posibles a desarrollar con sus alumnos y en
las que éstos ejercitarán la conducta señalada en el objetivo, ligado al sector de
contenido considerado.

Estas actividades aparecen seleccionadas y organizadas en las denominadas técnicas


didácticas. Técnicas que sintetizan procedimientos y recursos que el docente efectiviza
y propone a sus alumnos bajo la forma de organización de ambientes educativos, a fin
de que encuadre la acción de los educandos y permita a éstos, a través del ejercicio de
la acción, obtener experiencias que presentifiquen lo pautado en el objetivo.

Experiencia lograda a través del ejercicio de la acción y que sintetiza para loa
propuesta el alcance del objetivo deseado. En este momento el que abre en la
propuesta su tercera fase lógica: la evaluación, entendida como control del proceso
seguido. Medirá el alcance que se obtuvo de los objetivos y se marcarán a partir de
este parámetro los niveles de rectificación necesarios para retroalimentar y a su vez
modificar pasos y obstáculos encontrados en el proceso. 9

Creo que no vale la pena detenerse en esta propuesta en su nivel de formulación; la


mayoría de los profesores han pasado y siguen pasando de una u otra forma por
variantes de este sistema de formación . Lo que interesa destacar aquí es cuál es la
concepción de quehacer docente que se sustenta y en el que la propuesta se
fundamenta.

Evidentemente, el maestro es concebido como un operador de procedimientos y


técnicas. Su función es constreñida a parámetros que limitan su papel a las
determinadas y ordenadas por las lógicas de derivación que se establecen, donde se
pondera la acción docente como ejecutora, operativizadora de fundamentos que se

9
Ver para este punto en Remedi, E., "Reconstucción de un modelo" en Monique
Landesmann. Curriculum, racionalidad y conocimiento, UAS, 1988.

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expresan y que sólo el docente conoce en su faz operativa a partir de los objetivos de
enseñanza-aprendizaje.

El rol docente se concibe frecuentemente en términos mensurables y obviamente


controlables, aplicable a cualquier sujeto y escuela, a pesar de los diferentes niveles de
acción educativa. las funciones del profesor se entienden con frecuencia, fijas y
objetivamente dadas. Es evidente que en esta propuesta el docente no es considerado
como un productor de valores; por el contrario, sólo es contemplado como receptor y
transmisor pasivo de normas institucionales. De lo que se trata en definitiva es de
conformar un sujeto hábil de llevar adelante lo más eficazmente posible las
prescripciones que se ordenan y que están expresadas en el plan o programa de
estudio.

Sin embargo, en México, pese a la gran difusión e implementación que logró esta
propuesta fundamentalmente en la década de los setenta, encontró diferentes planos
de obstáculos para su ejecución. Por un lado, aquellos que ocupaban el lugar de
formadores desconocían los presupuestos epistemológicos y metodológicos en que se
basaba y sólo distribuían un conjunto de recetas que llegaban incluso a planos
caricaturescos ya señalados. Por el otro, los docentes que podían llegar a aceptar la
propuesta, encontraban serias limitaciones en el momento de la implementación entre
las prescripciones de recetas y la complejidad de las interacciones posibles en la
práctica.

Ante el bajo impacto real que los planteamientos de corte tecnológico provocaron en la
práctica de profesores y estudiantes, y el escaso efecto sobre el mejoramiento en la
calidad de la enseñanza, aunado a las críticas anti-tecnología educativa que
determinado grupo de pedagogos realizaban, a finales de la década de los setenta
comienza a señalarse una serie de presupuestos que encuentran en el contenido de
enseñanza, un factor definitorio en la acción que desarrolla el docente. En este nuevo
planteamiento se sostendrá que el contenido es el concepto central que tensa a la vez
que define las relaciones posibles entre maestro-alumno-etrategias-propósitos.10

El acento se desplazó así del método considerado como factor definitorio de la acción
didáctica, al contenido como elemento central y eje estructurante. La posibilidad de
pensar al profesor en posesión efectiva del contenido escolar que se ponía en juego en
la práctica educativa, pautaban las diferentes estrategias que se concibieron fin de que
el maestro ejerciese un dominio explícito del contenido de enseñanza.

Una de las formas en que fue abordado este problema señalaba o presuponía que las
disciplinas presentaban estructuras de conocimiento fundamentales y que si se
transmitían conservando esta lógica producirían en los educandos grandes efectos y
duraderos beneficios. La búsqueda se centró dentro de esta lógica en rescatar y
construir las diferentes estructuras conceptuales presentes en los contenidos de
enseñanza, tratando de lograr al mismo tiempo que se construían, la posesión de las
mismas por parte de los docentes.

Esta práctica emprendida con los maestros trajo y desembocó en algunos beneficios.
Por un lado, los profesores sentían mayor seguridad y tranquilidad al entrar en
contacto con un referente del que podían dar, según sus límites, cuenta. En efecto, el
trabajo con el contenido específico que transmitían, del cual poseían un relativo

10
Para el desarrollo de esta propuesta, ver entre otros a Elem., 8, Educación y estructura
del conocimiento. Ateneo, Buenos Aires, 1977.

13
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dominio, era evidentemente más concreto y cercano que la “abstracción” a la que se


veían sometidos y que despertaba en ellos grandes niveles de ansiedad cuando se
trabajaban conceptos didácticos. En esta propuesta, las ideas y conceptos didácticos
encontraban un referente concreto, cercano a su hacer, y quedaban subordinados a la
lógica que se realizaba de la representación conceptual. En esta propuesta se
sostendrá que es la relación (posesión y dominio) sobre el contenido el que marca y
define los factores didácticos que intervienen en el proceso de enseñanza-
aprendizaje.11

Fue a posteriori que comprendimos que evidentemente en este planeamiento el


problema central no se debatía. La lógica en que se sustentaba era y es sostener que
el conocimiento está allí para que se lo conozca y se lo domine. En la propuesta el
problema del contenido era y es visto como una estructura en una lógica propia y
legitimado por sus propios supuestos. Esto provoca que al concebirse el conocimiento
“objetivo”, como algo que está ahí y debe por tanto ser transmitido, se acompañe con
“diseños de interacción” donde no hay espacio para la problematización conceptual.
Así, problemas como el significado que en el proceso de transmisión y de aprendizaje
crean maestros y alumnos o la importancia de la subjetividad y por tanto, el valor del
conocimiento puesto en acto quedasen eliminados frente a la idea de la “lógica” de la
ciencia estricta que se pretende transmitir en el proceso.

Al observarse esta propuesta es claro que las ideas de conocimiento que se utilizan
quedan separadas de las historias reales, las trayectorias de profesores y de alumnos.
El “conocimiento” no sólo aparece en la función que la propuesta lo coloca, como
arbitrario cultural impuesto, sino que a su vez se olvida el papel que juega al configurar
las formas en que las personas se representan a sí mismas y a las demás; se ignora sí
las importantes relaciones que se articulan en los procesos de instrucción y aprendizaje
entre el conocimiento, el contexto y las subjetividades de los actores involucrados. 12

El resultado es evidentemente una forma de violencia simbólica y de imposición de


significantes relativos (en tanto producto de construcciones), mostrados como
absolutos y portadores de verdad.

La propuesta antes descrita fue acompañada en forma paralela, por otra estrategia de
formación docente que intentaba rescatar ala apreciación que el maestro tenía o poseía
de su tarea, así como la comprensión del tipo de vínculos en los que el docente
sostenía su acción. Vía trabajos de orden grupal se pretendía favorecer la “participación
creativa” y estimular el fenómeno de potenciación colectiva delimitada por las
ideologías inmersas, las historias personales y las contradicciones que el grupo de
sujetos llevaba en el abordaje de la tarea de construcción y deconstrucción de la
práctica docente. 13

Para ello, se consideraron los planteamientos de la técnica de grupos operativos como


metodología general. Planteamientos reubicados en oposición al establecimiento de un

11
Vr Furlán, A. et al., Aportaciones a la didáctica de la enseñanza superior.UNAM,
México, 1979.
12
Ver Furlán, A., y Remedi, E., “Currículum, contenido y actividad. Tres prácticas que se
reiteran”, en Remedi, E. et al., Simposio sobre experiencias curriculares en la última
década (vo. II), Cuadernos de Investigación DIE, México, 1983.
13
Este punto retoma lo planteado en Remedi, E., y Ornelas, G., Líneas de formación
docente. su conceptualización en las últimas décadas. Doc. mimeo., México, 1981.

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orden en el comportamiento docente, a los estereotipos y modelos rígidos e inflexibles


de pensamiento y acciones en el hacer docente, y por tanto, con posibilidad de abrir su
reflexión e interrogación, así como la construcción de nuevas estructuras
paradigmáticas para reubicar, redefinir y explicar los fenómenos presentes en la
situación docente.

Al grupo operativo se le definía como una posibilidad, como un lugar de llegada que se
iba construyendo paso a paso, de acuerdo al grado de participación, al grado de
implicación que los sujetos inmersos iban aportando. Dicha experiencia se promovió a
través de la comprensión de necesidades, vivencias, deseos, temores y ansiedades que
aportaba el esclarecimiento, el conocimiento, la elaboración y la resolución de las
contradicciones presentes al interior de los vínculos entre los participantes y en el
trabajo que se fue realizando. Para ellos, hubo que pugnar por la capacidad de
continencia, de decodificación, de interpretación de lo que se oculta detrás de lo que
respecta la trabajo grupal, como vías de mayor riqueza en la autocrítica e
incorporación de un nuevo esquema de pensamiento.

A través de esta metodología general, cada grupo operativo pretendía ser una unidad
de trabajo autónoma, independiente y con características propias, diferenciables de
cualquier otro grupo. La particularidad estuvo dada por el entrecruzamiento de las
historias personales, la historia construida por el grupo y la tarea implícita y explícita
que pretendía abordarse. Así, el coordinador del grupo como formador de docentes
apoyaba los procesos de aprendizaje y comunicación, develando los aspectos no
accesibles a la conciencia de los integrantes del grupo y que operaban como obstáculo
en el proceso de conocimiento, favoreciendo de esta manera el establecimiento de
vínculos nuevos, distintos, con lo que se podía lograr una interacción más productiva, y
un esclarecimiento que permitía aprender a pensar movilizando los estereotipos que
rigidizan su actuar. El observador que funcionaba como no participante, fue una
presencia silenciosa pero presencia importante, porque fue el vehículo a través del cual
circuló la información en un doble sentido: por un lado, permitía al coordinador ir
trabajando y adecuando su funcionamiento, su participación; y por otro lado, vehiculizó
los puntos de duda, los cuestionamientos y elaboración que el grupo hizo sobre la
temática abordada para ajustar dialécticamente la información, la dinámica y el trabajo
grupal.

La buena intención de esta propuesta era rescatar los móviles ocultos puestos en juego
en los procesos de interacción. Sin embargo, por la inexperiencia y la falta de
conocimientos de dinámicas grupales, la propuesta condujo a situaciones de catarsis
con efectos de autoconmiseración por parte de los docentes, que en procesos reflexivos
incompletos encontraron la causa de sus males en diferentes y distintos objetos y
procesos, abandonando una reflexión profunda sobre su propia tarea.

El trabajo planteado llevó a encontrar empatías y dependencia en los líderes que en los
grupos se gestaban, tratando y encontrando en las identificaciones grupales una
posición de laissez-faire a la actividad que como maestros desempeñaban. 14

Hoy, en la recuperación de virtudes y errores de las propuestas esbozadas


en este trabajo, y a partir de procesos de reflexión sobre la práctica
cotidiana de maestros y alumnos en le salón de clase, es posible pensar
limitaciones y alcances de la tarea de formación de docentes. Como tarea

14
Ver Snyders, II. Dónde van los métodos no directivos en Educación. Morata, Madrid,
1982.

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deberá recuperarse más en niveles de relatividad que en certezas de


modelos ideales. Recuperar la propuesta de la formación (aunque el
concepto, la palabra “formación” debería ser reflexionada, modificada…),
tratando de dar cuenta de la práctica real que los maestros realizan, de la
experiencia que han ido acumulando a lo largo del tiempo en que han
desempeñado su función. Entendiendo que el trabajo del maestro no es un
trabajo que se desarrolle en la asepsia, lo estrictamente instrumentales; es
un trabajo donde se comprometen perspectivas basadas en gamas
particulares de intereses, compromisos, ocupaciones, deseos que dan
cuenta de una situación biográfica particular en donde se actualizan
experiencias y visiones del mundo, que operan con un conocimiento que
está socialmente creado y no está exento de juicios de valor.

Hay que romper necesariamente con la compulsión a la formación. Compulsión que


arrastra no sólo una posición verticalista, autoritaria, sino que se asienta en este no
querer saber, no interrogar la identidad del otro: el maestro. La mal denominada
formación debería dejar de estar inscrita en esta compulsión de construcciones
artificiales, de interpelaciones desde el debe ser y problematizarse desde lo que son las
prácticas específicas y coyunturales en las que se despliega el hacer de los maestros.
Esta nueva sensibilidad debería llevar a reconocerlos en lo que los docentes son y
hacen. Observarlos en la soledad de su salón de clases, en los encuentros esporádicos
con alumnos o con sus pares en los pasillos de la institución, en los intercambios que
se producen en la sala de profesores, en sus prisas y sus demoras, en relación a su
grupo académico, político, cultural, en su relación también hacia la autoridad. Es
encontrar pistas y señales, paradigmas iniciáticos de un quehacer. Reconocerlo obliga a
verlo, a observarlo en su espacio, en su lugar y su tiempo. Es buscar las pistas de la
identidad del profesor en lo que cotidianamente hace, piensa, dice rastrearlo en su
habitat. Devolvernos a y devolverlo en su trabajo, exige necesariamente ir; no traerlo,
retenerlo en esta esperanza fácil de una guía, un índice, una encuesta; en fin, un
modelo (esto evidentemente cosifica, no describe, retiene, fija, no muestra un
desenvolvimiento, un movimiento).

Plantear hoy una tarea de formación exige re-conocer al maestro: conocerlo en su


trabajo. Allí donde la premura transforma un “contenido científico”, señalado en el
currículum, en su discurso académico que se produce en el salón de clase y en donde
el ritmo, la referencia, la reconstrucción no la defina el referente pautado por la
institución, sino la dinámica, el hacer –de la interacción- que se establece por los
sujetos que participan en la clase.

Allí donde un examen aparece más como una negociación entre alumnos y maestros
que como el referente “objetivo”, controlador del aprendizaje de los alumnos. Allí
donde el maestro para poder transmitir actúa, seduce, transforma su lugar en
escenario, a fin de cautivar a un público y donde la técnica es un recurso para sostener
la atención más que un facilitador didáctico. Allí donde los alumnos simulan conductas,
actitudes donde la palabra, la voz adquiere un valor no contemplado en ningún plan o
programa- Donde todo opera en la inmediatez, en la urgencia de una respuesta, de
una salida, para no perder el lugar y continuar.

Evidentemente que de esto los programas ideales no quieren saber. Contradice


funciones, genera ansiedad y angustia en pedagogos, formadores, autoridades,
maestros e investigadores. Así se reporta e interpela desde perfiles vacíos e inocuos a
la tarea docente, que hoy por el contrario exige observar y sostener la dificultad, frente

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a un quehacer complejo, poco estudiado en su actividad específica, nulamente


interpretado desde la creatividad que exige.

Creemos que es imprescindible plantear la posible tarea de formación sólo ligada a una
práctica indagativa, difícil y lenta como es la investigación y articular de esta manera la
demanda a exigencias del orden de la realidad particular, compleja y contradictoria que
permita la búsqueda de alternativas, abriendo espacio, re-iniciando diálogos suprimidos
y re-encontrando una compleja realidad no reductible a simples proporciones.

Es en este espacio, hoy, en donde puede comenzar a hablarse de un re-trabajo sobre


el quehacer de los maestros.

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