COMPORTAMIENTO PRO-SOCIAL “es un comportamiento más general que se aplica a las
conductas que benefician a otras personas y se realiza de manera voluntaria.” (Hogg, Vaugham,
2010, p. 528). Este comportamiento, además los actos de ayuda, puede estar basada es una
mezcla de motivos altruistas y de otro tipo, incluye las competencias sociales y contribuye al
bienestar psicológico o físico de otra persona.
CONDUCTA DE AYUDA es entendida como una subcategoría del comportamiento pro-social. Para
ellos, se trata de beneficiar a otro ser vivo o a un grupo mediante un acto intencional (Gilver y
Silvera, 1996).
EL ALTRUISMO “es una forma de comportamiento de ayuda, a veces costoso, que muestra interés
por el prójimo y se realiza sin expectativa de beneficio personal.” Esta definición contempla dos
componentes fundamentales:
a) no existe un interés específico por la persona que emite el comportamiento de ayuda
b) su motivación es la de ayudar a mejorar el bienestar del otro, produciendo y manteniendo
efectos positivos. En este último, se enfatiza que quien ayuda no debe recibir beneficio personal,
no se anticipan recompensas a corto o a largo plazo y se realiza de manera voluntaria basándonos
en Ortiz (1993).
EMPATÍA Y AUTOESTIMA DETERMINANTES EN LA CONDUCTA ALTRUISTA.
LA EMPATÍA, es un elemento central y común a los comportamientos pro-sociales, es decir, esta
característica posee un papel clave en este tema, y, ha sido definida como “una respuesta
emocional al sufrimiento de otra persona, una reacción al ser testigo de un evento perturbador.”
(Hogg, Vaugham, 2010, p. 532). Por tanto, debemos tener muy presente que la empatía es uno de
los factores que influyen en la conducta, cuyo propósito, a priori, es beneficiar a personas que lo
necesitan.
LA AUTOESTIMA es “un conjunto de sentimientos y evaluaciones sobre uno mismo.” (Hogg, 2010
p.132). Plantea además que este concepto está estrechamente relacionado con la identidad social,
en consecuencia, al identificarse con un grupo, el prestigio y/o estatus de ese grupo en la sociedad
se anexan al auto-concepto. Todos conocemos personas que parecen tener una impresión
sorprendentemente de sí mismas y otras que parecen tener un auto-concepto muy bajo. La baja
autoestima es responsable de una serie de problemas sociales y personales.
INHIBIDORES: ¿CUÁNDO NO AYUDAMOS?
Veremos a continuación, las causas por las que no prestamos ayuda, siendo éstas igual de
importantes que las causas motivadoras a realizar la acción beneficiosa.
Para muchas personas independientemente de sus características, la situación en la que se dé la
circunstancia es muy importante. De hecho, Ortiz (1994) propone dos teorías que lo confirman.
TEORÍA DEL EFECTO ESPECTADOR, en función de la información que provea el contexto y según su
historia de vida una misma situación puede ser considerada por las personas de manera
diferentes. Dicho de otro modo, el observador puede considerar que una situación no es lo
suficientemente grave o urgente para intervenir o puede ocurrir que el espectador se abstenga a
realizar cualquier tipo de acción y preferir que intervenga otra persona en su lugar porque
considera que su intervención puede ser valorada negativamente.
PROCESO DE ATRIBUCIÓN: si el espectador valora que la víctima puede resolver la situación por si
misma o cree que es responsable de la situación en la que se encuentra, es probable que no actúe.
Esto ocurre porque el observador considera que la víctima actuó sabiendo de la consecuencia de
sus actos, y por ese motivo ahora debe asumir el coste.
Sin embargo, en la situación puede haber otros elementos que lleven a ayudar a la víctima; por
ejemplo, en situaciones en que la persona en problemas hace una petición explicita y directa de
ayuda (auxilio, gritos, o llanto).
En consecuencia, debido a esta ambigüedad en la interpretación de la información y a la presencia
pasiva de los otros espectadores, podemos considerar una situación de emergencia como “no
peligrosa.”
Por tanto, un factor situacional que facilita o inhibe el comportamiento pro-social será la
presencia o ausencia de observadores, basándonos en Latané y Darley (1970).
Se considera que la responsabilidad de ayudar disminuye cuando la persona considera que los
otros también pueden ayudar e incluso que tienen mayores capacidades o competencias para
hacerlo, como es el caso de personas con más habilidades o formación (médica, por ejemplo), que
haría innecesaria su intervención. Es por ello que la principal explicación a este comportamiento es
la difusión de la responsabilizas.
Es interesante también señalar que el hecho de no prestar ayuda también puede implicar costes.
Se distinguen varios tipos: los costes personales de no ayudar y los costes empáticos de no ayudar,
destacando como variable crítica la relación entre el espectador y la víctima.
Como ya hemos visto el interés empático es un motivo para ayudar a una persona que está
sufriendo, sin embargo asegura que no ayudar cuando se siente interés empático produce costes
empáticos.
Para algunos autores estos consisten en sentimientos desagradables continuos, ansiedad, y
tensión en respuesta a la situación grave del otro.
Según un estudio presentado por Piliavin et al. (1975), existen cuatro cuadrantes
correspondientes a cuatro tipos de respuestas frente a una situación de emergencia:
- Se espera que cuando los costos de no ayudar a la víctima son bajos y los costos de la ayuda
directa son altos, el espectador, ya sea por factores de personalidad o situacionales preste una
ayuda limitada.
- Si los costos de ayuda directa y los costos de no ayudar a la víctima son bajos, se espera que el
espectador preste una ayuda directa.
- En la tercera situación, si los costos de no ayudar a la víctima y los costos de ayuda directa son
altos, es probable que el espectador abandone la escena y justifique o niegue la situación de
emergencia cognitivamente.
- En el último cuadrante, cuando los costos de ayuda directa son bajos pero los costos de no
ayudar a la víctima son altos, es probable que el espectador preste ayuda indirecta a la víctima.
Por lo tanto en función de la proximidad del espectador y la víctima, la claridad de la emergencia y
su gravedad, aumentarán los costes de no ayudar.
Además cualquier cosa que aumente el impacto del estado de la víctima sobre el espectador
aumentará los costes empáticos si no le presta ayuda.
Ejemplos de costes personales, son la censura pública y/o la autoacusación (mea culpa).
No obstante, suponemos que estos costes también variarán en función de la situación, si por
ejemplo, creemos que la víctima podría morir, los costes personales de no ayudar serán más altos
que, por ejemplo, de una situación en la que se dé un robo.
Por último, acercándonos más a nuestro estudio, Piliavin et al. (1981), en investigaciones
posteriores, plantearon que no solamente el costo es uno de los facilitadores o inhibidores de la
conducta de ayuda; identificaron también que la empatía y la excitación psicológica determinan la
presencia o ausencia de la conducta de ayuda.