S Prueba de Adn
S Prueba de Adn
Resolución de Triple
Reiteración 1, Recopilación 1998 de 1 de Enero de 1998
XIV-A
VISTOS: Carlita Rosenda Ordóñez Ordóñez, por sus propios derechos y en su calidad de
madre y representante legal de la menor Jessica Lizeth Ordóñez Ordóñez, dentro del juicio
ordinario que por investigación de paternidad sigue en contra de Gustavo Germán Granja
Villacís, interpone recurso de casación de la sentencia dictada por la Segunda Sala de la Corte
Superior de Justicia de Quito, confirmatoria de la de primer nivel que rechaza la demanda.
Concedido que fue dicho recurso, sube el proceso a la Corte Suprema de Justicia, habiéndose
radicado la competencia en esta Primera Sala de lo Civil y Mercantil por sorteo de ley, la que
para resolver considera:
TERCERO: El artículo 3 de la Ley de Casación señala las causales en virtud de las cuales
puede interponerse este recurso, y el numeral tercero dice: 3ra. Aplicación indebida, falta de
aplicación o errónea interpretación de los preceptos jurídicos aplicables a la valoración de la
prueba, siempre que hayan conducido a una equivocada aplicación o a la no aplicación de
normas de derecho en la sentencia o auto. La debida compresión de esta causal presenta
serios problemas, ya que generalmente los recurrentes pretenden que en ella se ha abierto la
posibilidad para que el Tribunal de Casación entre al análisis de la valoración de la prueba
realizada por el juzgador de instancia. Al respecto, Jorge Zavala Egas, uno de los autores del
anteproyecto de la ley de la materia, en su artículo publicado en "La Casación, estudios sobre
la Ley No. 027", Ernesto Albán et alt., Quito, C.E.N., 1994, pp. 39 a 42, dice: "Esta quizás sea
la causal que más polémica originó en nuestro grupo de trabajo que estuvo tentado a ceder a la
sugestiva postura de cerrar el paso, en forma absoluta, a la nueva valoración de los hechos a
propósito de la actividad judicial en casación. Reconociendo que esta causal abre un cauce por
donde la Corte Suprema podría entrar al análisis y juzgamiento de los hechos ya definidos por
el juez de instancia, hemos hecho lo posible por cerrar esa posibilidad estableciendo en el
artículo 14 lo siguiente: Artículo 14.- SENTENCIA. Si la Corte Suprema de Justicia encuentra
procedente el recurso casará la sentencia o auto que se trate y expedirá el que en su lugar
corresponda y con el mérito de los hechos establecidos en la sentencia o auto. Es decir, solo
un juez que pretenda ignorar deliberadamente la ley podrá asumir que puede cambiar, alterar o
revisar los hechos que se encuentran definitivamente fijados en la sentencia o auto recurridos.
Ello le está vedado, salvo que ellos se encuentren establecidos mediante una evaluación
probatoria contraria a las normas de derecho que la regulan. Esta causal tiende más bien a
subsanar el error de juicio en las normas de derecho que obligan al juez a valorar con
determinado alcance la prueba sobre los hechos introducida al proceso, otorgándole, aquél,
otro diferente contra ley expresa. Obsérvese que se trata de error en la apreciación de la norma
jurídica de valoración. Pero no solo basta que exista ese error, sino además que éste haya
servido necesariamente de medio para que en la sentencia se haya inaplicado o mal aplicado
normas jurídicas sustantivas. Se trata de dos errores de derecho concatenados en un vínculo
de medio a fin. Se trata, como se comprenderá, de un típico error in judicando, pues no se ha
violado ninguna norma que regula la forma externa del proceso, sino normas que el juez debe
aplicar al momento de su juicio que es, en definitiva, cuando expide el fallo. Al momento de
expedir el fallo es cuando puede ocurrir este error, pues es durante esa actividad interna
cuando el juez de instancia desatiende expresas normas que lo obligan a decidir los hechos
que están probados y los que no lo están y de esa desatención deriva, el mismo juez, en la
errónea aplicación de normas jurídicas sustanciales. Es necesario precisar que el error en las
normas referentes a la valoración de las pruebas no se puede confundir con el error que incide
directamente sobre las normas sustantivas y que comprende la causal primera del artículo 3, ya
analizada. No, por cuanto aquí se trata de la existencia de error en el campo normativo de la
prueba que conduce a la equivocada aplicación de norma sustantiva. Es una violación directa
de la norma jurídica que impele a valorar la prueba de los hechos en una forma distinta a la que
ha efectuado el juez, la misma que guía al juez a la violación, ya no directa, mas si indirecta, de
la norma sustancial. No es, bajo ningún supuesto, el caso de la violación indirecta que ha
establecido el sistema procesal colombiano, en el cual se admite por parte de la Corte Suprema
de Justicia con una amplitud que se demuestra en la siguiente sentencia: "En la determinación
que el juez haga de la situación fáctica concreta a fin de subsumirla en la voluntad abstracta de
la ley, es posible que incurra en errores, ora en cuanto a la existencia física de las pruebas en
el proceso o en la objetividad que ellas demuestren, o ya en la valoración de los medios que
tiene por existentes yerros que lo conducen, por contragolpe, a violar indirectamente la ley
sustancial..." Se trata, en definitiva, de demostrar por parte del recurrente, dice el Magistrado
Murcia Ballén, "que frente a determinadas pruebas el juez no las apreció, o las apreció
erróneamente". Nuestra ley, a contrario sensu, acepta el error en la valoración de la prueba
exclusivamente cuando haya sido producto de la violación de normas jurídicas que la regulan.
Debe haber, pues, expresa legislación positiva sobre el valor de determinada prueba para que
la causal proceda; mientras que la objetividad de la prueba, el criterio sobre los hechos que
estableció el juez de instancia, su grado persuasivo, no pueden ser alterados por la Corte
Suprema al fallar sobre el recurso de casación. Ese es el verdadero alcance de la causal
tercera. Varios razonamientos nos hicieron pensar en la conveniencia de su especificidad, así
por ejemplo, la dificultad de escoger el criterio sobre si las normas que otorgan cierto valor a las
pruebas son sustantivas o procesales; si el simple error en la aplicación de esas normas era
suficiente para que exista casación o debían ser medio para llegar al error en la aplicación de la
norma sustancial; si la indiscutida influencia colombiana en nuestros procesalistas en materia
civil, no ameritaba una clara diferenciación con su sistema de casación con respecto a los
hechos y, también, el no poder ignorar que el error referente a las normas jurídicas referidas a
la prueba es con toda evidencia error de derecho. Por ello esa causal consta en la ley. En
consecuencia, esta causal obliga a determinar, por parte del recurrente, que norma positiva
sobre la valoración de la prueba ha infringido el juez y como ese error ha sido medio para
producir el error en la aplicación de la norma sustantiva en el fallo. Veamos la serie de casos
que pueden darse con motivo de esta causal y diremos que el juez yerra: 1.- Cuando valora las
pruebas que han sido introducidas al proceso sin los requisitos legales necesarios para ello, por
ejemplo, luego de concluido el término de prueba. En este caso, simplemente, no hay prueba
legalmente producida y, en consecuencia, es procesalmente inexistente (artículo 121 del
Código de Procedimiento Civil); 2.- A la inversa, cuando el juez considera ilegalmente actuada
una prueba y la desecha no obstante haber sido legalmente introducida al proceso (artículo 121
ibídem); 3.- Cuando el juez valora una prueba que la ley prohíbe en forma expresa, por
ejemplo, si valora la prueba testimonial de un extranjero que ignora el idioma castellano
traducida por un intérprete que es menor de edad (artículo 270 del Código de Procedimiento
Civil); 4.- Cuando la ley requiere de un medio probatorio específico para la demostración de un
hecho y el juez acepta otro que no está previsto, como es el caso de la prueba del estado civil
de casado, divorciado, viudo, padre adoptante o adoptado que se debe probar con las
respectivas copias tomadas del Registro Civil (artículo 718 ibídem). Es decir, habría error en
la aplicación o interpretación de las normas jurídicas referentes a la valoración de la
prueba, siempre que el juez otorgue a un medio de prueba un valor que la ley niega o
que niegue valor probatorio a lo que la ley si otorga y cuando yerra en la interpretación
de las normas positivas que regulan la admisibilidad, pertinencia y eficacia de los
medios de prueba. Son estos errores judiciales sobre las normas jurídicas de la prueba los
que abren paso al recurso de casación y jamás por distinta interpretación o apreciación de los
hechos, aun cuando el error del juez ad quem sea de toda evidencia. El error sobre el hecho no
tiene cabida en el recurso de casación, salvo cuando su existencia o inexistencia, afirmada en
sentencia, obedezca a un error en la aplicación o interpretación de la norma jurídica a través de
la que se la valora. Así por ejemplo, supongamos que en el proceso el juez, sin violentar
ninguna norma jurídica sobre la prueba, ha llegado al convencimiento de que el contrato
celebrado es el de comodato y el recurrente invoca que hay evidente error en la apreciación de
los hechos por cuanto se trata de fideicomiso. No cabe el recurso de casación por la causal
tercera del artículo 3, pues el juez es libre de apreciar la prueba de los hechos en su conjunto
de acuerdo a las reglas de la sana critica (artículo 119 del Código de Procedimiento Civil). El
recurrente más bien debe enderezar su acción a alegar que, a base de los hechos probados en
la instancia y que son inmutables (artículo 14 de la Ley de Casación), el juez, al fallar, ha
incurrido en error de aplicación de la norma sustantiva que regula el comodato, inaplicando la
debida que es la que corresponde al fideicomiso.".-
QUINTO: Sobre el tema, Luis Martínez Calcerrada y Gómez (en "La Nueva Casación Civil,
estudio de la Ley 10/1992 de 30 de abril, Civitas, 1993, pág. 109 y ss.) observa que "el recurso
de casación civil, en su puridad excluye el error de hecho como motivo del recurso, ya que es
un trasunto del viejo aforismo "da mihi factum dabo tibi ius", que existe un clamor casi unánime
en la doctrina porque tenga plena vigencia esta exclusión, lo que determinó en España la
reforma de la norma pertinente, que examinada la cuestión desde distintos puntos de vista, la
tesis "de que la casación debe ceñirse a una misión estrictamente aplicatoria del derecho por
parte del Tribunal Supremo, es un lugar común dentro de los distintos sectores jurídicos; a título
de ejemplo, se repite que ya el magistrado Clemente Auger en su conferencia de 15 de enero
de 1990 indicaba que el Tribunal Supremo colocado en la cúspide de la organización judicial no
debía tener otra misión que la de velar por la buena aplicación de la ley por los jueces y la de
asegurar la unidad de la interpretación; asimismo, por parte del propio Presidente del Tribunal
de Casación de Francia, se deslinda perfectamente la distinción entre Tribunales de instancia y
la del Tribunal Supremo, siendo la de los Tribunales de instancia, una misión recayente en la
aplicación de los hechos y de su inserción en el mundo del silogismo judicial, mientras que el
Tribunal Supremo, únicamente debía dedicarse a controlar la conformidad de las decisiones a
la estricta legalidad", por lo tanto, la conducción "de la función del Tribunal Supremo a la
disciplina aplicatoria del derecho realizada por los Tribunales de instancia, supone, pues, la
omisión por completo de los aspectos de la facticidad que sirve de plataforma a esa función
aplicatoria; y al margen de que ello es lo que, estrictamente, debe cumplir un auténtico Tribunal
de Casación. Cabe especular sobre los argumentos a favor o en contra de esta sujeción
estricta a los límites concretos de la casación efectuada por la reforma. Así, en primer lugar, los
argumentos en contra, postulan que se puede quebrantar la garantía del justiciable, al impedirle
que en el máximo órgano de administración de justicia, se puede replantear las cuestiones, o
premisas en que se funda la controversia, y tener que pasar por lo que al punto hayan
apreciado los Tribunales inferiores; en segundo lugar, frente a ello, argumentos a favor... es
que hay suficientes garantías cuando dos órganos, normalmente un Juzgado y un Tribunal
Colegiado, han determinado de manera indubitada, cuáles son los presupuestos de hecho
sobre los que ha de recaer la normativa aplicable al conflicto; que naturalmente el órgano
superior, como es el Tribunal Supremo (dentro de unos elementales conocimientos
compartidos como lugar común en las instituciones procesales), por su elevada misión, por la
composición del mismo y por razones, incluso, de propia seguridad jurídica-judicial, debe ceñir
su cometido específicamente, a controlar y comprobar si el corolario jurídico obtenido por las
decisiones inferiores se ajustan en un todo a la legalidad""; el autor citado añade que gracias a
esta tesis "se llega a una verdad que recuerda en trasunto, el viejo adagio procesal "da mihi
factum debo tibi ius", que, como principio propio del orden dispositivo, prima en el orden civil y
que se puede trasladar ahora a la casación, en el sentido de que el Tribunal inferior da los
hechos que permanecerán inmodificables, y sobre los cuales la misión o el cometido del
Tribunal de Casación será compulsar, si de acuerdo con esos hechos, que como se dice son
inmodificables, la subsunción de los mismos en la norma jurídica aplicable ha sido o no
correcta o acertada, de tal forma que si no lo ha sido, poder eliminar mediante la casación, la
sentencia controvertida"; por ello es que con propiedad se califica a la casación como "un
auténtico recurso extraordinario, esto es, extraordinario en el sentido distinto del ordinario de
apelación, en el que se replantea todo el tema del debate, a corregir los errores en la aplicación
del derecho y creación de jurisprudencia" advirtiendo que "por la propia naturaleza de este
recurso extraordinario, si bien, no es posible ya el planteamiento del error de hecho, no
obstante sí cabe el mantenimiento del error de derecho en materia de prueba...". Esto es,
precisamente, lo que constituye el contenido de la causal tercera del artículo 3 de nuestra Ley
de Casación.-
SÉPTIMO: La Constitución Política del Estado, en su artículo 192 dispone: "El sistema procesal
será un medio para la realización de la justicia. Hará efectivas las garantías del debido proceso
y velará por el cumplimiento de los principios de inmediación, celeridad y eficiencia en la
administración de justicia. No se sacrificará la justicia por la sola omisión de solemnidades."
Precisamente en cumplimiento de este mandato constitucional es que el juez se halla impedido
de razonar arbitrariamente al resolver la controversia. En efecto, entre las garantías del debido
proceso se hallan las atinentes a la prueba; el artículo 24 numeral 14o de la Constitución
Política del Estado dice: "Las pruebas obtenidas o actuadas con violación de la Constitución o
la Ley no tendrán validez alguna"; y, por su parte, el Código de Procedimiento Civil en su
artículo 121 declara que "solo la prueba debidamente actuada, esto es aquella que se ha
pedido, presentado y practicado de acuerdo con la Ley, hace fe en juicio." Esta norma se la ha
de comprender desde dos ángulos distintos; por un lado desde el punto de vista de los
elementos intrínsecos, y por otro desde los extrínsecos. Es decir, que no basta con que se pida
su práctica, se lo ordene y se la lleve a cabo dentro de la etapa probatoria, lo cual sin duda es
importante, sino que además se cumplan ciertos requisitos respecto a quién la pide, contra
quién, respecto de qué, de qué manera, con qué finalidad, etc. Hay grandes principios que
dirigen lo atinente a la producción de la prueba y que constituyen elementos a
considerarse por el juez cuando la valore, porque son componentes de las garantías del
debido proceso, so pena de caer en arbitrariedad en su razonamiento. La doctrina
procesal ha puesto mucho énfasis en el estudio de este tema. Hernando Devis Echandía
(Teoría General de la Prueba Judicial, 5a. edición, 1981, Víctor E. de Zavalía Editor,
Buenos Aires, T. I, pp. 114-141) señala los siguientes principios: a) de la necesidad de la
prueba y de la prohibición de aplicar el conocimiento privado del juez sobre los hechos;
b) de la eficacia jurídica y legal de la prueba; c) de la unidad de la prueba; d) de la
comunidad de la prueba, o de la adquisición; e) del interés público de la función de la
prueba; f) de la lealtad y probidad o veracidad de la prueba; g) de la contradicción de la
prueba; h) de la igualdad de oportunidades para la prueba; i) de la publicidad de la
prueba; j) de la formalidad y legitimidad de la prueba; k) de la legitimación para la
prueba; l) de la preclusión de la prueba; m) de la inmediación y de la dirección del juez
en la producción de la prueba; n) de la imparcialidad del juez en la dirección y
apreciación de la prueba; ñ) de la originalidad de la prueba; o) de la concentración de la
prueba; p) de la libertad de la prueba; q) de la pertinencia, idoneidad y utilidad de la
prueba; r) de la naturalidad o espontaneidad y licitud de la prueba y del respeto a la
persona humana; s) de la obtención coactiva de los medios materiales de prueba; t) de la
inmaculación de la prueba; u) de la evaluación o apreciación de la prueba; v) de la carga
de la prueba y de la autorresponsabilidad de las partes por su inactividad; w) de la
oralidad en la práctica de la prueba; x) el principio inquisitivo en la obtención de la
prueba; y) de la no disponibilidad e irrenunciabilidad de la prueba; z) de la gratuidad de
la prueba. La gran mayoría de estos principios se hallan recogidos en diversas disposiciones
de nuestro derecho procesal, pero inclusive aquellos que no lo han sido explícita o
implícitamente, de igual manera forman parte de nuestro derecho positivo por vía de la
disposición constitucional que manda hacer efectivas las garantías del debido proceso y velar
por el cumplimiento de los principios de inmediación, celeridad y eficiencia en la administración
de justicia. Es necesario relievar la transcendental importancia del deber que nuestra
Constitución impone al juez en este campo, debiendo el Tribunal de Casación controlar y vigilar
porque los jueces y tribunales de instancia lo observen, lo que se realiza entre otros medios,
gracias a la admisión del recurso de casación cuando establece que el juzgador de instancia ha
violado las normas aplicables a la valoración de la prueba, violación acusada por el recurrente
con fundamento en la causal tercera del artículo 3 de la Ley de Casación, así como cuando se
determina que se ha violado una norma de derecho sustantivo como resultado de la
transgresión del artículo 119 del Código de Procedimiento Civil que dispone que las pruebas se
aprecien en conjunto, según las reglas de la sana crítica, por haberse realizado un
razonamiento arbitrario, vicio acusado con fundamento en la causal primera ibídem.-
DÉCIMO: Respecto del vicio imputado de que en el fallo recurrido el tribunal de última instancia
ha inaplicado el artículo 107 del Código de Procedimiento Civil, se advierte que efectivamente
esta norma legal dispone que el juez aprecie la falta de contestación a la demanda, o de
pronunciamiento expreso sobre las pretensiones del actor como indicio en contra del
demandado; mas esta norma mandatoria la aplicará el juzgador bajo un supuesto lógico, es
decir, siempre y cuando el demandado se haya encontrado en posibilidad real de enterarse
oportunamente del contenido de la demanda incoada en su contra, a fin de poder contestarla y
de realizar un pronunciamiento expreso sobre las pretensiones del actor, pero cuando,
mediante maniobras contrarias a la buena fe y a la lealtad procesal, utilizando los mecanismos
legales previstos para supuestos de excepción en que se justifica su empleo, se ha colocado al
demandado en situación de verdadera indefensión, resulta temerario, por decirlo menos,
pretender que el juzgador aprecie como indicio en contra del demandado aquello que él
físicamente estuvo en imposibilidad de hacer; no debe perderse de vista que el proceso, para
su efectiva realización y para que pueda alcanzar su fin, que es la heterocomposición de las
pretensiones de los litigantes como vía para la armonía social y el logro del ideal de justicia,
impone a los contendientes el deber de adoptar actitudes que se compadezcan con el alto fin
que persigue, lo cual implica el proceder con lealtad y con buena fe, y sin lugar a dudas que
quién, conociendo el lugar del domicilio o la residencia del demandado, declara con juramento
ignorarlo a fin de conseguir que la citación se realice por la prensa, con el evidente propósito de
que, por la indole misma de las publicaciones y sus características, tal emplazamiento pase
desapercibido, no está actuando con lealtad ni demuestra buena fe. En nuestro sistema
procesal, el citar al demandado por la prensa afirmando que se desconoce su identidad o
residencia cuando en realidad sí se la conoce, si es que con este arbitrio desleal se logra que el
demandado no tome debido y oportuno conocimiento de la acción incoada en su contra,
colocándolo en indefensión, sí provocaría nulidad procesal en el evento de que el demandado
no haya podido ejercer su derecho de contradicción porque, aunque formalmente haya citación
practicada de conformidad con la ley, sin embargo se habrá atentado directamente contra el
debido proceso ya que utilizando este mecanismo en fraude de la ley, (práctica innoble por
desgracia tan frecuente en nuestro medio) se logra con frecuencia que la citación pase
desapercibida; en efecto, el proceso de acelerada urbanización de nuestra sociedad, la
existencia de múltiples medios de prensa, las características de las publicaciones reducidas al
mínimo y ocupando lugares nada destacados por sus costos, la sustitución de la prensa en la
comunicación social por otros medios más rápidos y efectivos como la televisión, etc.;
determinan el que, si bien la citación por la prensa brinda al juez la certeza de que la
publicación se realizó, sin embargo no le da de modo alguno la seguridad de que la demanda
ha llegado efectivamente a conocimiento del demandado, por lo que con frecuencia se coloca a
éste en situación de verdadera indefensión, pues el desconocimiento real de la existencia de la
demanda en su contra le coloca en imposibilidad de ejercer en debida forma su derecho de
defensa proponiendo en su oportunidad las excepciones y más medios de defensa de los que
se halle asistido, de manera que no se cumple con la garantía constitucional del debido
proceso y sin lugar a dudas que quien procede de esta manera esto es, afirmando desconocer
el domicilio del demandado cuando en realidad sí lo conoce y este hecho lo llega a comprobar
el juzgador, no está actuando con lealtad ni demuestra buena fe. El juzgador de última
instancia ha realizado un prolijo examen respecto de los hechos y ha concluido que la actora,
no obstante haber conocido el domicilio del demandado, afirmó con juramento desconocerlo,
que a éste se lo citó por la prensa, lo cual ha tenido para él repercusiones negativas en el
ejercicio de su derecho a la legitima defensa y que esta actitud de la actora a más de bordear el
campo de lo ilícito penal refleja mala fe y deslealtad procesal, lo cual justifica plenamente que
no se aprecie el silencio del demandado como indicio en su contra. Este Tribunal anota que el
demandado no alegó esta causa de nulidad por lo que el proceso ha quedado saneado, pero
esta circunstancia procesal de modo alguno legitimaría a quien actúo de esta manera para
pretender que en el fallo impugnado se ha transgredido la ley en su perjuicio.-
DUODÉCIMO: En relación con el cargo de que se ha violado lo que dispone el artículo 125
inciso segundo del Código de Procedimiento Civil al no admitir como prueba la grabación
magnetofónica a la que se refiere el informe pericial del ingeniero Hugo Rekalde, se anota: de
conformidad con lo que dispone el artículo 121 del Código de Procedimiento Civil, "Solo la
prueba debidamente actuada esto es aquella que se ha pedido, presentado y practicado de
acuerdo con la Ley, hace fe en juicio", por tanto, esta norma debe entenderse en su alcance
pleno, es decir, que no solamente habrá de velarse porque se la haya pedido por quien estaba
legitimado, dentro del término de prueba, que en esa etapa se haya dispuesto su práctica y que
se la haya llevado a cumplimiento dentro del término concedido para el efecto, previo el
cumplimiento de todas las formalidades impuestas por la ley, sino que además se examinará si
se observan los otros principios informadores de la prueba, y que han sido objeto de una
completa exposición en este mismo fallo, entre los cuales se encuentran los de la eficacia
jurídica y legal y el de la naturalidad o espontaneidad y licitud de la prueba y del respeto a la
persona humana. Ahora bien, sirven perfectamente como medios probatorios las grabaciones
magnetofónicas, las radiografías, las fotografías, las cintas cinematográficas, y cuanto otro
medio se haya inventado y se llegue a inventar para recoger y conservar registradas la figura y
la voz humana, así como los hechos de la naturaleza y de las personas, sus actos y negocios
jurídicos, a condición de que sean veraces, no fraguados, que si contienen la figura o la voz de
la persona en contra de la cual se utiliza, esas grabaciones o registros los haya realizado la
misma persona o terceros con su consentimiento expreso o tácito o con su conocimiento sin
que haya mediado protesta o que hayan sido actuaciones públicas, y que quien presente en
juicio estos instrumentos materiales los haya obtenido lícita y legalmente, con observancia del
principio de la lealtad y la buena fe procesal; de lo contrario, si se han obtenido
subrepticiamente o con violencia o intimidación o empleando cualquier otro medio ilegal o
ilícito, tales instrumentos no servirán como medios de prueba porque se estaría atentado contra
un bien mayor, esto es contra los derechos a la intimidad, al honor, a la buena reputación, a la
imagen y a la voz, así como contra la garantía de inviolabilidad y secreto de la correspondencia
y de cualquier otro tipo o forma de comunicación, que son derechos fundamentales de la
persona que se hallan reconocidos y garantizados por la Constitución Política del Estado, en su
artículo 23 numerales 8o y 13o. Es verdad que, en circunstancias especiales, por ejemplo
cuando se persiguen ilícitos penales (particularmente cuando se trata de delitos de extrema
gravedad, como los de narcotráfico, extorsión, concusión, secuestro, blanqueo de dinero etc.),
o en circunstancias en que es imposible la prueba de los hechos por el extremo sigilo en que se
realizan, el juzgador de instancia podrá admitir estos medios probatorios, que deberá valorarlos
de acuerdo con las reglas de la sana crítica, debiendo poner especial énfasis en el respeto de
los derechos fundamentales de la persona, por ello es que, en las legislaciones modernas, se
impone el que previamente al registro y grabación de la voz y la figura de una persona sin su
previo consentimiento, sea el juez o el fiscal quien lo autorice con conocimiento de causa, de lo
contrario tales registros y grabaciones carecerán de todo valor probatorio. La conclusión de la
inadmisibilidad de las grabaciones magnetofónicas no es arbitraria, ya que la actora no acreditó
que las obtuvo en forma legal y lícita. Es una práctica viciosa muy extendida realizar
grabaciones clandestinas, sea de conversaciones o de grabaciones telefónicas, las que se
pretenden ulteriormente emplear contra quienes intervinieron en ellas con protervos fines, por
lo que los jueces están en el deber de velar especialmente porque sea efectiva la garantía
constitucional a estos derechos inmanentes al ser humano pudiendo admitir estos medios
probatorios si aparece del proceso que se han acreditado conforme a derecho la concurrencia
de las circunstancias extraordinarias que los tornarían idóneos y que no se han violentado las
garantías constitucionales señaladas. Esta Primera Sala de lo Civil y Mercantil, en fallo de
tercera instancia dictado el 20 de mayo de 1996 dentro del proceso identificado con el número
1277-93, ya se pronunció en este sentido. Por lo tanto, no existe la transgresión acusada del
artículo 125 del Código de Procedimiento Civil.-
DÉCIMO TERCERO: Respecto del cargo de que se han transgredido los artículos 126 y 134
del Código de Procedimiento Civil, esta Sala observa que, si bien es cierto que de conformidad
con el inciso segundo del citado artículo 126, la parte que solicita confesión presentará el
correspondiente interrogatorio, al que contestará el confesante, ello no implica que el juzgador
necesariamente ha de proceder ha recibir la absolución de posiciones de conformidad con tal
interrogatorio; el juzgador, para ordenar la diligencia examinará las preguntas (artículo 134
ibídem), y la finalidad de este examen es comprobar que no sean contra naturaleza o contra las
disposiciones de la Constitución y de las leyes, ni que recaiga sobre hechos falsos (artículo
143), ni que son impertinentes, capciosas o sugestivas (artículo 137); no se advierte que el
Ministro de Sustanciación haya procedido arbitrariamente al realizar la calificación del
interrogatorio, a más de que no es exacto que se haya tachado preguntas en el porcentaje que
señala. Por lo tanto, carece de fundamento la imputación de que el fallo recurrido ha infringido
los preceptos contenidos en los artículos 126 y 134 del Código de Procedimiento Civil.-
DÉCIMO CUARTO: Respecto de los cargos por violación de los artículos 267 del Código
de Procedimiento Civil y 18 regla 3a del Código Civil, se considera: Dado el avance de la
ciencia, en la actualidad cuando se trata del establecimiento de la filiación, si se practica
un examen genético el informe pericial es definitivo, ya que el porcentaje de
probabilidades es casi del cien por cien, por lo que su conclusión debería ser obligatoria
para el juzgador de instancia, pero ha de advertirse que esta fuerza de convicción no lo
es de cualquier informe pericial ni tampoco de cualquier examen; en efecto, a) debe
tratarse de un examen genético o de histocompatibilidad (ADN) según su naturaleza
específica de conformidad con la ciencia biológica, pero de ninguna manera están
dotados de esta certeza los exámenes somáticos y hematológicos comparados; b) el
peritaje ha de haberse actuado conforme a derecho, dando cumplimiento a lo que
dispone el artículo 260 del Código de Procedimiento Civil, es decir, el perito designado
debe aceptar el cargo y jurar desempeñarlo fiel y legalmente, ya que si no ha precedido
esta aceptación, el informe del perito carecerá de valor, al tenor de lo que dispone el
artículo 121 del Código de Procedimiento Civil, y esto porque el perito que actúa en
auxilio del juez asume una responsabilidad especialísima, que inclusive le puede
acarrear responsabilidades en los planos civil y penal si es que no actúa con fidelidad y
enmarcado dentro del ordenamiento legal pretendiendo inducir al juez a error, y c) el
informe ha de tener una conclusión terminante, absoluta en la que se señala que la
probabilidad es casi del cien por cien, ya que de ser impreciso y dubitativo, el juez de
instancia no estará obligado a atenerse, contra su convicción, al juicio de perito, por lo
tanto, si el juzgador de instancia ha establecido que un perito no aceptó el cargo ni juró
desempañarlo fiel y legalmente, no podrá aceptar su informe como prueba idónea al tenor de lo
que disponen los artículos 260 y 121 del Código de Procedimiento Civil, y si, habiéndose
presentado informes periciales de exámenes simplemente somáticos y hematológicos
comparativos que no son concluyentes tanto por su misma naturaleza como por su redacción
resultan imprecisos y dubitativos, no obstante que el juzgador de instancia insistió en su pedido
a los peritos a fin de que precisaran el porcentaje de posibilidad de paternidad que tendría el
demandado sin que este requerimiento haya sido atendido por los peritos, tal juzgador no está
obligado a tenerse contra su convicción al juicio de los peritajes, ya que el aceptar o no el
dictamen pericial en estas circunstancias es de exclusiva incumbencia y responsabilidad, no
pudiendo el juzgador de casación imponerle convicción diferente. Por último, no se advierte que
en el fallo impugnado se haya violado la regla tercera del artículo 18 del Código Civil, ya que en
ninguna parte del mismo se encuentra que a una palabra técnica se la haya dado sentido
diferente de aquel de debía darse según esta regla, vicio que de otra parte no se ha concretado
en el libelo de agravios de la recurrente. Por lo tanto, no procede este cargo contra el fallo
impugnado.-
DÉCIMO QUINTO: En relación al vicio impugnado de que el fallo viola los artículos 1 y 7 del
Código de Menores, debe observarse que la primera norma citada es de naturaleza
enunciativa, contiene una tesis, un supuesto, que debe completarse con una consecuencia; un
efecto, para que exista la proposición jurídica completa, de manera que debe analizarse en el
caso propuesto conjuntamente con la segunda norma citada; ahora bien, el artículo 7 del
Código de Menores es de aplicación restringida, es un efecto aplicable única y exclusivamente
a los casos sujetos a conocimiento y resolución del Servicio Nacional de Menores, y ello se
debe a la naturaleza especial de los procesos de menores y efectos peculiarísimos de las
resoluciones que se dicten dentro de los mismos, en que no "se dice el derecho", sino que se
adoptan medidas urgentes en protección del menor, a diferencia de los procesos de
conocimiento resueltos por los jueces civiles en que "se dice el derecho"; por ello las
resoluciones del Tribunal de Menores no causan efecto de cosa juzgada sustancial en el
ámbito civil, mientras que las sentencias que dictan los jueces civiles si lo tienen en el ámbito
de menores, como lo demuestra el artículo 72 literal c) del Código de Menores. Los jueces
deben velar por la protección a los menores y porque tengan vigencia sus derechos
fundamentales, cuidando que los procesos se sustancien con estricto apego a la ley y con la
mayor celeridad; pero ello no implica que los jueces se hallen en la obligación de fallar a favor
de los menores en todas las demandas que se propongan a su nombre, sino solamente en
aquellos en que, por los méritos del proceso, aparezca probado su derecho. Por lo tanto, no es
arbitraria la resolución del Tribunal ad quem ni transgrede las normas de derecho citadas ni la
Convención sobre los Derechos del Niño, celebrado por los Estados Miembros de las Naciones
Unidas, ratificada por el Ecuador y publicada en el Registro Oficial No. 31 de 22 de septiembre
de 1992.-
DÉCIMO SEXTO: La Sala, en fallo No. 671, de 2 de octubre de 1998, las 10h00, dictado dentro
del recurso de casación No. 16-98 expresó su posición doctrinaria respecto del tema de la
declaración judicial de paternidad, haciendo suyas las palabras del Doctor Juan Larrea Holguin,
quien en su obra "igualdad de los cónyuges e igualdad de los hijos" (C.E.P. Quito, 1967, pág.
85) dijo "En cuanto al fondo mismo de la investigación de la paternidad nuestro Código requiere
una modernización en el sentido de facilitar la prueba de la paternidad..." y aún antes, en 1966
(Derecho Civil del Ecuador, T. III, p. 228) afirmó: "Puede sorprender que nuestra Ley permite la
declaración de la paternidad solamente cuando se prueben las relaciones sexuales ilícitas que
reúnan alguna de aquellas circunstancias que las convierten en particularmente graves, al
punto de que normalmente serán delitos. Esto se debe, sin duda a la dificultad que ha hallado
el legislador para vencer la mentalidad dominante en épocas pasadas, contrarias en general a
la investigación de la paternidad... Si la Ley de modo más sencillo, y sin hacer distinciones
odiosas, permitiera la declaración judicial de paternidad siempre que se demuestre que la
madre tuvo relaciones sexuales con el presunto padre y solo con él, durante la época de la
concepción, se facilitaría mucho la investigación de la paternidad... Poco humanitaria y poco
lógica, y poco práctica, resulta, pues, en este punto nuestra Ley". La reforma al Código Civil
que se produjo por la Ley No. 256-CLP promulgada en el Registro Oficial No. 446 de 4 de junio
de 1970, confirmada en su vigencia por Decreto Supremo 180 publicado en el Registro Oficial
No. 34 de 7 de agosto de 1970, que incluyó una modificación relativa a la exigencia de prueba
por escrito en la hipótesis del numeral 3o del artículo 300, actual artículo 267, aunque
"constituyó un notable avance en la materia, a favor de los hijos" (Juan Larrea Holguín: Manual
Elemental de Derecho Civil del Ecuador, 4a. ed. CEP, Quito, s/a, p. 437), sin embargo no ha
bastado para que deje de ser sorprendente la posición de nuestro derecho positivo sobre la
materia, la que sigue siendo poco humanitaria y poco lógica; la Sala considera que las
disposiciones limitantes antes señaladas han quedado tácitamente derogadas por ser
contrarias al principio constitucional contenido en el artículo 48 de la Constitución Política del
Estado y que en todo caso en que se pruebe dentro del proceso que la madre tuvo relaciones
sexuales con el presunto padre y solo con él durante la época de la concepción, el juez está en
el deber de declarar la paternidad, sin hacer distinciones odiosas y en forma sencilla, e
inclusive para el perfecto esclarecimiento de la cuestión dispondrá de oficio, como diligencia
para mejor proveer, el examen de histocompatibilidad, cuando ello sea posible atendiendo a la
capacidad económica de las partes, al tenor de lo que dispone el artículo 122 del Código de
Procedimiento Civil, conforme lo reclama con tanta razón el autor citado, ya que de esta
manera se hace efectiva la garantía consagrada en la norma constitucional antes citada, que
dice: "Será obligación del Estado, la sociedad y la familia, proveer con máxima prioridad el
desarrollo integral de niños y adolescentes y asegurar el ejercicio pleno de sus derechos. En
todos los casos se aplicará el principio del interés superior de los niños, y sus derechos
prevalecerán sobre los de los demás"; y corresponde soberanamente al juzgador de instancia
analizar la prueba legalmente pedida, practicada y actuada, valorándola de acuerdo con las
reglas de la sana crítica y sacar la conclusión que corresponda, según se ha analizado in
extenso en líneas precedentes. La recurrente afirma que en la sentencia se han inaplicado las
normas de derecho que se contienen en los artículos 266, numerales 3o, 4o y 5o del artículo
267 y 273 del Código Civil, El artículo 273 del Código Civil se refiere a la acción de
investigación de la maternidad, sin que tenga relación alguna con la presente causa, por lo que
carece de fundamento la acusación de que se lo ha transgredido; el artículo 266 ibídem es de
naturaleza enunciativa y la proposición jurídica completa se forma con las disposiciones del
artículo 267, cuyos tres numerales contienen situaciones diferentes en efecto, el numeral
tercero dice: "En el caso de seducción realizada con ayuda de maniobras dolosas, con abuso
de cualquier clase de autoridad, o promesa de matrimonio", aquí a su vez se trata de tres
hipótesis de actos ilícitos, pero la actora aunque invocó los numerales 3, 4 y 5 del artículo 267
del Código Civil; sin embargo ni en el señalamiento de los fundamentos de hecho de la acción
ni a lo largo de la prueba, ha realizado la menor referencia o mención de hechos que
constituirían los supuestos fácticos de la procedencia de las causales, de donde aparece que
pretende introducir cuestiones nuevas en casación, lo cual no es admisible ya que el recurso
extraordinario no tiene por finalidad el reabrir la instancia y el cargo formulado en estos
términos por la recurrente tampoco constituye una nueva proposición de análisis jurídico de los
supuestos fácticos de la acción; el numeral cuarto dice: "En el caso en que el presunto padre y
la madre, hayan vivido en estado de concubinato notorio durante el período legal de la
concepción", pero este hecho según lo ha declarado el juzgador de instancia no ha sido
probado, conclusión que tiene plena validez porque no se ha acreditado por la recurrente que
se hayan inaplicado normas relativas a la valoración de la prueba en el proceso de formación
de esta conclusión; finalmente, el numeral quinto dice "En el caso en que el supuesto padre ha
previsto o participado en el sostenimiento y educación del hijo, siempre que, con audiencia del
supuesto padre, se probare que lo hizo en calidad de padre", situación fáctica que, según lo
declara el juzgador de instancia, tampoco se ha probado. Por lo tanto, carecen de fundamentos
estos cargos.-
DÉCIMO SÉPTIMO: Respecto de la imputación de que se han transgredido los artículos 219 y
287 del Código de Procedimiento Civil, a juicio de este Tribunal, la conclusión del fallador de
instancia no es arbitraria. Ya que ha sido objeto de análisis la actitud de la actora, por lo que
huelga repetirlo. El derecho de defensa no es una patente de corso, en que todo valga; una de
las garantías del debido proceso es el que toda persona tenga derecho a acceder a los órganos
judiciales y a obtener de ellos la tutela efectiva, imparcial y expedita de sus derechos e
intereses, sin que en caso alguno quede en la indefensión, de conformidad con lo que declara
el numeral 17 del artículo 24 de la Constitución Política del Estado, pero este derecho se lo
ejercita dentro de los límites de la ley y de la moral. Y si rebasa esos límites, deberá sufrir las
consecuencias de sus actos propios. La afirmación de la actora de que la condena en costas y
la orden de que se oficie al juez de lo penal para que analice la conducta de la actora y
establezca si hay o no la comisión de un ilícito penal se ha dictado "pretendiendo impedir la
presentación de caución que viabilice la concesión del recurso de casación," carece de todo
sentido y demuestra que utiliza cualquier argumento inclusive a riesgo de aparentar ignorancia
de las disposiciones de la Ley de Casación, cuyo artículo 10 dispone que en materia de estado
civil el recurso de casación surte los efectos suspensivos y devolutivos. En definitiva, en el fallo
impugnado no se ha producido aplicación indebida, falta de aplicación ni errónea interpretación
de precepto jurídico alguno aplicable a la valoración de la prueba, que haya conducido a una
equivocada aplicación o a la no aplicación de normas de derecho en la sentencia recurrida. Por
las consideraciones que anteceden, la Primera Sala de lo Civil y Mercantil de la Corte Suprema
de Justicia ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DE LA REPUBLICA Y POR
AUTORIDAD DE LA LEY, desecha el recurso de casación por carecer de fundamento legal. Sin
Costas.
f) Drs. Tito Cabezas Castillo.- Santiago Andrade Ubidia.- Galo Galarza Paz.
XIV-B
VISTOS: Teresa del Rocío Urbano demanda a Víctor Hugo Alcocer la declaración judicial de
paternidad de la menor Dolores Alexandra Urbano, amparada en el numeral 3, inciso primero y
en el numeral 5 del artículo 267 del Código Civil. La Jueza Tercera del Cotopaxi, en sentencia
de primera instancia, resuelve: "declara con lugar la demanda, en consecuencia, declara que
Víctor Hugo Alcocer es padre de la menor Dolores Alexandra Urbano, correspondiéndole a esta
última el apellido Alcocer, por lo que este nuevo dato debe constar en la partida de nacimiento
de la mencionada menor constante en el tomo 2, página 326, acta 726 del Registro de
Nacimientos del cantón de la Latacunga correspondiente al año de 1983.- Una vez ejecutoriada
la presente sentencia, por secretaria confiérase a la interesada copia certificada de la misma, a
fin de que se la subinscriba o margine la partida de nacimiento que se indica".- Por apelación
del demandado, la Segunda Sala de la Corte Superior de Latacunga revoca la sentencia venida
en grado y rechaza la demanda.- Teresa del Rocío Urbano, mediante recurso de casación,
ataca la sentencia del Tribunal ad quem por las causales primera y tercera del artículo 3 de la
Ley de Casación. Cita como normas infringidas en la sentencia el artículo 266, y el artículo 267,
numerales 3, y 5, del Código Civil; los artículos 118, 119, 120, 121, 125 y 126 del Código de
Procedimiento Civil y los artículos 67 y 72 del Código de Menores.- Subido el proceso a la
Corte Suprema de Justicia, se radicó la competencia, por el sorteo de ley, en esta Primera Sala
de lo Civil y Mercantil, la que en providencia del 26 de octubre de 1998 acepta a trámite el
recurso. Concluida, la substanciación, atento el estado de la causa, para resolver se considera:
TERCERO.- El otro cargo en contra de la sentencia se funda en la causal tercera del artículo 3
de la Ley de Casación, que dice: "Aplicación, falta de aplicación o errónea interpretación de los
preceptos jurídicos aplicables a la valoración de la prueba siempre que hayan conducido a una
equivocada aplicación o a la no aplicación de normas de derecho en la sentencia o auto". Esta
Sala en innumerables resoluciones ha dejado en claro que el tribunal de casación no tiene
atribuciones para revisar las pruebas introducidas en el proceso y, en base de esa revisión,
llegar a otra y distinta resolución de la del tribunal ad quem.- La valoración o apreciación de los
medios de prueba es facultad exclusiva de los jueces y tribunales de instancia. Las atribuciones
del tribunal de casación están limitadas a controlar que en esa valoración no se hayan violado
normas positivas que la regulan.- La recurrente, si bien cita los artículos 118, 119, 120, 121,
125 y 126 del Código de Procedimiento Civil como transgredidas en la sentencia, no
individualiza el medio probatorio que estima mal apreciado o que no fue apreciado, y, sobre
todo, no demuestra en que consiste la no aplicación o aplicación defectuosa de las normas
positivas que regulan la valoración de ese medio de convicción. Además no ha demostrado el
otro requisito para que prospere la casación por esta causal cual es el de que la violación de la
valoración de la prueba ha conducido a que no se estimen o se desestimen normas
sustanciales en la sentencia; porque el yerro en la valoración probatoria es la vía indirecta o
medio para que en la sentencia, por recoveco o carambola se haya aplicado indebidamente o
no se haya aplicado determinadas normas sustanciales. El recurso de casación deducido por
Teresa del Rocío Urbano, más bien, tiene las características del recurso de tercera instancia,
derogado expresamente por el artículo 21 de la Ley de Casación.
CUARTO.- Es oportuno destacar que las disposiciones del Código Civil sobre declaraciones
judiciales de la paternidad fueron expedidas en una época plagada de prejuicios en contra de la
filiación de los niños concebidos fuera del matrimonio y en que la ciencia no había logrado
encontrar medios idóneos para la investigación biológica de la paternidad; el niño
prácticamente era un objeto de la relación jurídica de esa investigación; los verdaderos sujetos
de esa relación eran los padres; pues la conducta observada por ellos durante la concepción
del hijo era la determinante para la declaración judicial de la paternidad, o no. El actual Código
de Menores; la Convención sobre los Derechos del Niño, de la que el Ecuador es parte y es
Ley de la República por haber sido ratificada y publicado en el Registro Oficial, y la Constitución
Política de la República del Ecuador, consagran preceptos que difieren sustancialmente de las
disposiciones del Código Civil. De otro lado, la ciencia ha descubierto que la paternidad de
un niño es posible determinar prácticamente con total certeza a través de la prueba del
ADN.- Los preceptos legales por un lado, y la ciencia, por otro, han convertido en
obsoletas las reglas rígidas para la declaración judicial de la paternidad del Código
Civil.- Los códigos modernos de otros países que contenían normas iguales o similares al
nuestro, las han modificado radicalmente.- Es hora de que nuestra legislación siga esa
corriente y establezca reglas actualizadas y precisas para el efecto. Sin embargo, estimamos
que para la declaración judicial de la paternidad los jueces y tribunales de la Función
Judicial, en aplicación de los instrumentos legales citados, que han reformado
tácitamente las disposiciones referidas del Código Civil, así como también de
conformidad con las reglas de la sana crítica previstas por el artículo 119 del Código de
Procedimiento Civil, uno de cuyos componentes son las bases científicas y, que
tratándose de la declaración judicial de la paternidad, es la prevalencia de los
dictámenes periciales basados en el examen del ADN. Por cierto estos dictámenes han
de ser de laboratorios serios y confiables ciñéndose a las ritualidades previstas en el
Código de Procedimiento Civil para la prueba pericial. En vista de que en todos los casos,
esto es sin excepción, en la administración de justicia se debe aplicar el principio del interés
superior del niño, preceptuado por el artículo 48 de la Constitución y el artículo 3 de la
Convención sobre los Derechos del Niño, las resoluciones sobre filiación de menores
concebidos fuera del matrimonio dictadas sin la prueba del ADN, o de otras de igual o
mayor valor que la ciencia vaya descubriendo, no causarían autoridad de cosa juzgada
sustancial.- Por las consideraciones expuestas, en los considerandos primero, segundo y
tercero y no haberse realizado el examen del ADN para conocer si Víctor Hugo Alcocer es el
padre biológico de la menor Dolores Alexandra Urbano, la Primera Sala de lo Civil y Mercantil
de la Corte Suprema de Justicia, ADMINISTRANDO JUSTICIA EN NOMBRE DE LA
REPUBLICA Y POR AUTORIDAD DE LA LEY, rechaza el recurso de casación interpuesto por
Teresa del Rocío Urbano.- Sin costas.
Notifíquese y devuélvase.
f) Drs. Tito Cabezas Castillo.- Santiago Andrade Ubidia.- Galo Galarza Paz.
ACLARACIÓN
Notifíquese.
f) Drs. Tito Cabezas Castillo.- Santiago Andrade Ubidia.- Galo Galarza Paz.
XIV-C
VISTOS: Norma del Pilar García Román, como madre y representante legal del menor Iván
Rodrigo García Román, interpone recurso de casación de la sentencia dictada por la Primera
Sala de la H. Corte Superior de Justicia de Loja, confirmatoria de la de primer nivel que rechaza
la demanda, dentro del juicio ordinario que, por investigación de paternidad, sigue en contra de
Jack Leonardo Hidalgo Barrezueta. Dicho recurso es rechazado, por lo que la recurrente
interpone recurso de hecho, el que por concedido, permite que el proceso pueda ser conocido
por la Corte Suprema de Justicia, habiéndose radicado la competencia en la Primera Sala de lo
Civil y Mercantil por el sorteo de ley, la que en auto de fecha 23 de marzo de 1999 acepta el
recurso de hecho y admite a trámite el recurso de casación presentado por la recurrente.- Una
vez terminada la etapa de sustanciación de este proceso de casación, para resolver se
considera:
SEGUNDO: En el caso sub judice, la recurrente señala como normas infringidas las contenidas
en los artículos 266, 267 numerales 3, 4 y 5 y 279 del Código Civil; fundamenta su recurso de
casación en las causales primera y tercera del articulo 3 de la Ley de la materia, por "aplicación
indebida, falta de aplicación o errónea interpretación de normas de derecho, incluyendo los
precedentes jurisprudenciales obligatorios", y por "aplicación indebida, falta de aplicación o
errónea interpretación de los preceptos jurídicos aplicables a la valoración de la prueba".
Finalmente, como fundamentos de su recurso alega que "Mi recurso se apoya en las
numerosas pruebas presentadas durante la estación probatoria tanto en primera como en
segunda instancias. Las resoluciones pronunciadas en los juicios de ayuda prenatal y de
alimentos a favor de mi hijo IVAN RODRIGO GARCIA ROMAN; y, en declaraciones de
numerosos testigos -libres de tacha-, que conocen que el padre de mi hijo es el señor JACK
LEONARDO HIDALGO BARREZUETA. El demandado rehuyó al examen somático, así
como la prueba de ADN, verdadero código genético, porque simple y llanamente tuvo
temor de escuchar la verdad".-
f. Drs. Tito Cabezas Castillo.- Santiago Andrade Ubidia.- Galo Galarza Paz.