3.
8 Frenado
Su funcionamiento está basado en el principio de la creación de corrientes
que nacen en una masa metálica cuando esta se sitúa en un campo
magnético variable. Estas corrientes en forma de torbellino se denominan
parásitas o corrientes de Foucault.
En su construcción, se emplean unas bobinas cuyas polaridades están
alternadas, que se instalan en el estator, que está situado entre dos discos
solidarios con el eje de la trasmisión del vehículo. Estas bobinas, cuando
se cierra su circuito eléctrico, crean un campo magnético fijo, y es el
movimiento de los rotores lo que produce la variación de velocidad, ya que
a mayor velocidad de giro, mayor es la fuerza de frenado generada por el
campo electromagnético que atraviesa los discos rotores. La energía
cinética del vehículo se disipa en forma de calor a través de unas aletas de
refrigeración de las que están provistos los discos del rotor.
La principal ventaja de este sistema de frenado es que al no tener
rozamiento entre partes mecánicas, el desgaste y el mantenimiento son
mínimos, y permite frenar vehículos muy pesados, como camiones,
autobuses o trenes, sin apenas consumo de energía.
El estudio de este fenómeno para cada caso particular tiene una gran
importancia práctica, ya que la elección correcta de las características de
los motores y variadores a instalar para un servicio determinado, requieren
el conocimiento de las particularidades de éste producto.
La regulación de velocidad puede realizarse por métodos mecánicos,
como poleas o engranajes, o por medios eléctricos.
La máquina de inducción alimentada con corriente C.A., especialmente la
que utiliza un rotor en jaula de ardilla, es el motor eléctrico más común en
todo tipo de aplicaciones industriales y el que abarca un margen de
potencias mayor. Pero no basta conectar un motor a la red para utilizarlo
correctamente, sino que existen diversos elementos que contribuyen a
garantizar un funcionamiento seguro.
La fase de arranque merece una especial atención. El par debe ser el
necesario para mover la carga con una aceleración adecuada hasta que se
alcanza la velocidad de funcionamiento en régimen permanente,
procurando que no aparezcan problemas eléctricos o mecánicos capaces
de perjudicar al motor, a la instalación eléctrica o a los elementos que hay
que mover.
El motor de corriente alterna, a pesar de ser un motor robusto, de poco
mantenimiento, liviano e ideal para la mayoría de las aplicaciones
industriales, tiene el inconveniente de ser un motor rígido en cuanto a su
velocidad. La velocidad del motor asincrónico depende de la forma
constructiva del motor y de la frecuencia de alimentación. Como la
frecuencia de alimentación que entregan las Compañías de electricidad es
constante, la velocidad de los motores asincrónicos es constante, salvo
que se varíe el número de polos, el resbalamiento o la frecuencia.
El método más eficiente de controlar la velocidad de un motor eléctrico es
por medio de un variador electrónico de frecuencia. No se requieren
motores especiales, son mucho más eficientes y tienen precios cada vez
más competitivos.
El variador de frecuencia regula la frecuencia del voltaje aplicado al motor,
logrando modificar su velocidad. Sin embargo, simultáneamente con el
cambio de frecuencia, debe variarse el voltaje aplicado al motor para evitar
la saturación del flujo magnético con una elevación de la corriente que
dañaría el motor.