0% encontró este documento útil (0 votos)
156 vistas44 páginas

Ecumenismo: Principios y Prácticas

El documento habla sobre el ecumenismo, definido como los esfuerzos para promover la unidad entre los cristianos. Explica que aunque Jesús quiso la unidad, las divisiones han ocurrido. El ecumenismo busca remediar esto siguiendo principios como la unicidad esencial de la Iglesia y valorando los elementos de verdad en otras denominaciones. También cubre las condiciones y prácticas del diálogo ecuménico como el conocimiento mutuo y la colaboración entre cristianos de diferentes tradiciones.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
156 vistas44 páginas

Ecumenismo: Principios y Prácticas

El documento habla sobre el ecumenismo, definido como los esfuerzos para promover la unidad entre los cristianos. Explica que aunque Jesús quiso la unidad, las divisiones han ocurrido. El ecumenismo busca remediar esto siguiendo principios como la unicidad esencial de la Iglesia y valorando los elementos de verdad en otras denominaciones. También cubre las condiciones y prácticas del diálogo ecuménico como el conocimiento mutuo y la colaboración entre cristianos de diferentes tradiciones.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Ecumenismo: principios, condiciones y práctica

Jesucristo ha enviado a sus discípulos hasta los confines de la tierra para llevar la Buena Nueva de la
salvación a todas las naciones: “Id pues y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Pero antes de anunciar la fe a los demás, hay que poner orden en la propia casa. Este es precisamente el
núcleo de la labor ecuménica. El término ecumenismo viene de las palabras griegas “oikéin” (habitar) y
“oikós” (casa) que han tenido diversos significados a lo largo de la historia. Los cristianos las han
empleado para hablar de la Iglesia, la gran casa de Cristo. La labor ecuménica se refiere a todos los que
viven en esta casa, y fomenta su unidad, “de acuerdo con las diversas necesidades... y las posibilidades
de los tiempos.”

Tomado de [Link]

Sumario

I. Noción de ecumenismo.- II. Principios doctrinales: 1. Unidad y unicidad de la Iglesia: a) La unidad y sus
rupturas; b) La Iglesia de Jesucristo subsiste en la Iglesia Católica. Grados de comunión; c) Los elementos
o "bona Ecclessiae".- 2. La situación de los demás cristianos: a) Las iglesias y comunidades cristianas; b)
Las iglesias y comunidades separadas.- 3. El ecumenismo a la luz de estos principios: a) Conocimiento
entre los cristianos; b) Diálogo especializado; c) Integridad en la exposición de la fe católica; d) La
"jerarquía de verdades"; e) La Iglesia Católica y las escisiones; f) La reconciliación en la plena comunión
católica.- III. Condiciones para el ecumenismo: 1. La renovación institucional.- 2. La santidad personal.- 3.
La unidad y diversidad.- 4. La admiración.- IV. La práctica del ecumenismo: 1. Renovación de la Iglesia y
ecumenismo espiritual.- 2. Formación ecuménica, mutuo conocimiento y colaboración entre cristianos.-
3. La "communicatio in sacris".- V. Declaraciones conjuntas de la Iglesia católica y otras Iglesias y
confesiones cristianas

I. Noción de ecumenismo

El Decr. Unitatis redintegratio (=UR) explica así el "problema ecuménico": "única es la Iglesia fundada
por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres
como la herencia de Jesucristo" (UR 1). Esta división contradice la voluntad de Cristo; es un escándalo
para el mundo y un serio obstáculo para la evangelización. Reconoce que el "movimiento ecuménico"
está impulsado por el Espíritu Santo, y considera que el deseo de restablecer la unidad es una "divina
vocación y gracia" (UR 1).
Se entiende por "movimiento ecuménico", "las actividades e iniciativas que, según las variadas
necesidades de la Iglesia y las características de la época, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad
de los cristianos" (UR 4/b). No se trata de un movimiento indefinido, sino que posee un objetivo -la
plena unidad visible-, y unas maneras de actuación. El movimiento ecuménico se da entre las Iglesias y
Comunidades cristianas como tales. Se participa en él desde la identidad confesional respectiva, aunque
sea a título personal.

Con la palabra Ecumenismo se designa también una dimensión de la tarea salvífica de la Iglesia, en
cuanto distinta de la dimensión "pastoral" entre los fieles católicos (misión ad intra) y de la "misionera"
con los no cristianos (misión ad extra). La dimensión ecuménica de la Iglesia se refiere a la
responsabilidad que la Iglesia tiene respecto de las comunidades cristianas separadas con vistas a
alcanzar la unidad. Entre los cristianos propiamente no se "misiona" como entre los no cristianos para
que se "conviertan": en cambio, se ofrece la fe plena y la perfecta incorporación visible; a los no
cristianos, se les propone la fe que lleva a la conversión. El "diálogo ecuménico", de otra parte, se
distingue por su naturaleza y finalidad del "diálogo interreligioso".

El Decr. exhorta a la participación de los católicos en el movimiento ecuménico (cfr. UR 4/a). Juan Pablo
II ha afirmado el compromiso ecuménico irreversible de la Iglesia Católica, y afirma que es "un
imperativo de la conciencia cristiana iluminada por la fe y guiada por la caridad" (US 8). Afecta a todos
los cristianos. No se trata de una tarea para especialistas. Todos pueden y deben participar, ante todo
por la oración, pidiendo al Señor por la unidad de los cristianos. Pero también desterrando modos de
actuar que dañan la causa de la unidad, incluso aunque parezcan quedar limitados a la vida interna de la
comunidad cristiana propia.

II. Los principios católicos del Ecumenismo

Existe un único movimiento ecuménico en el que cada Iglesia y Comunidad cristiana participa desde su
propia identidad. No existe un "ecumenismo católico", sino unos principios católicos sobre el
ecumenismo que versan sobre: 1) la unidad y unicidad de la Iglesia, 2) la valoración teológica de los
demás comunidades cristianas, y 3) la comprensión del Ecumenismo a la luz de esos presupuestos.

1. La unidad y unicidad de la Iglesia

El Decr. conciliar parte del designio divino de unidad. La unidad es la finalidad de la encarnación, el
objeto de la oración de Jesús y del mandato de la caridad; la unidad es el efecto de la Eucaristía, así
como de la venida del Espíritu Santo, "por medio del cual (Jesús) llamó y congregó al pueblo de la Nueva
Alianza, que es la Iglesia, en la unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad" (UR 2).

Dios mismo ha dado a la Iglesia -continúa el Decreto- principios invisibles de unidad (el Espíritu Santo
que habita en los creyentes, uniéndolos a Cristo y, por El, al Padre); y también principios visibles (la
confesión de la misma fe, la celebración de los "sacramentos de la fe", y el ministerio apostólico). El
Colegio de los Doce es el depositario de la misión apostólica; de entre los Apóstoles, destacó a Pedro, al
que Jesús confía un ministerio particular (cfr. UR 2). El Decreto considera a continuación el momento
sucesorio enraizado en la voluntad de Jesús: "Jesucristo quiere que por medio de los Apóstoles y de sus
sucesores, esto es, los Obispos con su Cabeza, el sucesor de Pedro, por la fiel predicación del Evangelio y
por la administración de los sacramentos, así como por el gobierno en el amor, operando el Espíritu
Santo, crezca su pueblo; y perfecciona así la comunión de éste en la unidad" (UR 2). Termina aludiendo a
la raíz trinitaria, fuente y modelo de la unidad.

Estas afirmaciones se mueven en el marco de la "eclesiología de comunión", es decir, consideran la


Iglesia como un todo orgánico de lazos espirituales (fe, esperanza, caridad), y de vínculos visibles
(profesión de fe, economía sacramental, ministerio pastoral), cuya realización culmina en el Misterio
eucarístico, signo y causa de la unidad de la Iglesia.

a) La unidad y sus rupturas

Por fuertes que sean estos principios de unidad, la flaqueza humana ha contrariado el designio divino, "a
veces no sin culpa de ambas partes" (UR 3). Sin embargo, la Iglesia una no se ha disgregado en
fragmentos varios. "La Iglesia católica afirma que, durante los dos mil años de su historia, ha
permanecido en la unidad con todos los bienes de los que Dios quiere dotar a su Iglesia, y esto a pesar
de las crisis con frecuencia graves que la han sacudido, las faltas de fidelidad de algunos de sus ministros
y los errores que cotidianamente cometen sus miembros" (Juan Pablo II, Enc. Ut unum sint, 1; =US).

Es éste un principio decisivo: la Iglesia de Jesucristo "establecida y organizada en este mundo como una
sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en
comunión con él, si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad
que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica" (Const. dogm. Lumen
gentium, 8).

b) La Iglesia de Jesucristo subsiste en la Iglesia Católica. Grados en la comunión


Con la expresión "subsistit in" el Concilio ha querido honrar la realidad cristiana que existe en los demás
Iglesias y comunidades, a la vez que afirma ser ella la presencia plena de la Iglesia de Jesucristo en la
tierra. Esos "elementos de santidad y verdad" (elementa seu bona Ecclesiae) se hallan presentes "fuera
del recinto visible de la Iglesia Católica" (UR 3), y permiten hablar de verdadera comunión entre los
cristianos, aunque imperfecta. "La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando
bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan
la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro". "En efecto -dirá Juan Pablo II- los elementos de
santificación y de verdad presentes en las demás Comunidades cristianas, en grado diverso unas y otras,
constituyen la base objetiva de la comunión existente, aunque imperfecta, entre ellas y la Iglesia
católica. En la medida en que estos elementos se encuentran en las demás Comunidades cristianas, la
única Iglesia de Cristo tiene una presencia operante en ellas" (US 11).

c) Los elementos o "bona Ecclesiae"

El Decreto enumera algunos de estos bienes de santidad y de verdad: "hay muchos [cristianos] que
honran la Sagrada Escritura como norma de fe y de vida, muestran un sincero celo religioso, creen con
amor en Dios Padre todopoderoso y en Cristo, Hijo de Dios Salvador; están sellados con el bautismo, por
el que se unen a Cristo, y además aceptan o reciben otros sacramentos en sus propias Iglesias o
comunidades eclesiásticas. Muchos de entre ellos poseen el episcopado, celebran la sagrada Eucaristía y
fomentan la piedad hacia la Virgen, Madre de Dios".

Los bienes de santidad y verdad en ellos existentes son ya verdaderos elementos de comunión: "la
Palabra de Dios escrita -sigue diciendo el Decreto-, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y
otros dones interiores del Espíritu Santo y los elementos visibles: todas estas realidades, que provienen
de Cristo y a El conducen, pertenecen por derecho a la única Iglesia de Cristo". "Provienen de Cristo y a
El conducen": cuando son genuinamente vividos despliegan el dinamismo hacia la unidad plena.

Lumen gentium n. 15 añade todavía "la comunión de oraciones y otros beneficios espirituales, e incluso
cierta verdadera unión en el Espíritu Santo, ya que El ejerce en ellos su virtud santificadora con los
dones y gracias y algunos de entre ellos los fortaleció hasta la efusión de la sangre". Esta alusión a los
mártires, como patrimonio común de todos los cristianos, viene desarrollada en la Encíclica Ut unum
sint: "la comunión no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de
modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquellos que al final de una existencia
fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso. Estos santos proceden de todas las Iglesias y
Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación" (US 84).

Juan Pablo II (en US 12) subraya la afirmación de UR 15 sobre celebración de la Eucaristía en las Iglesias
ortodoxas, y recogida en la Carta Communionis notio: "Esta comunión existe especialmente con las
Iglesias orientales ortodoxas, las cuales, aunque separadas de la Sede de Pedro, permanecen unidas a la
Iglesia Católica mediante estrechísimos vínculos, como son la sucesión apostólica y la Eucaristía válida, y
merecen por eso el título de Iglesias particulares (cfr. UR 14 y 15). En efecto, "con la celebración de la
Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, la Iglesia de Dios es edificada y crece" (UR 15), ya que
en toda válida celebración de la Eucaristía se hace verdaderamente presente la Iglesia una, santa,
católica y apostólica" (n. 17).

2. La situación de los demás cristianos

El Decreto (n. 3), partiendo de esos principios, se fija, primero, en los cristianos que ahora nacen en esas
Iglesias y comunidades. Estos: 1. no tienen culpa de la separación pasada; 2. la fe y el bautismo les
incorpora a Cristo y, por tanto, a la Iglesia, aunque esta comunión no sea plena por razones diversas; 3.
son auténticos cristianos, amados por la Iglesia y reconocidos como hermanos. Pero el Concilio también
considera la función de las Iglesias y comunidades cristianas en cuanto tales en el misterio de la
salvación.

a) Las Iglesias y comunidades cristianas...

En efecto, los bienes de salvación alcanzan a los cristianos precisamente en cuanto miembros de sus
respectivos grupos. Son esas Iglesias y comunidades cristianas como tales las que, aun padeciendo
deficiencias según el sentir católico, "de ninguna manera están desprovistas de sentido y valor en el
misterio de la salvación. Porque el Espíritu de Cristo no rehúsa servirse de ellas como medios de
salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que fue confiada a la Iglesia
católica" (n. 3). El fundamento de este valor salvífico no se halla en estas comunidades en cuanto
separadas, sino en cuanto son partícipes de la única economía salvífica. La razón estriba -como decía la
Relatio conciliar a estas palabras del Decreto- en "que los elementos de la única Iglesia de Jesucristo
conservados en ellas pertenecen a la economía de la salvación". "La única Iglesia de Jesucristo, está
presente y actúa en ellas, si bien de manera imperfecta..., sirviéndose de los elementos eclesiales en
ellos conservados".

Refiriéndose a estos principios, dice Juan Pablo II: "Se trata de textos ecuménicos de máxima
importancia. Fuera de la comunidad católica no existe el vacío eclesial. Muchos elementos de gran valor
(eximia), que en la Iglesia católica son parte de la plenitud de los medios de salvación y de los dones de
gracia que constituyen la Iglesia, se encuentran también en las otras Comunidades cristianas" (US 13).

b) ...separadas
Esa valoración no ignora lo que todavía separa: "Sin embargo, los hermanos separados de nosotros, ya
individualmente, ya sus Comunidades e Iglesias, no disfrutan de aquella unidad que Jesucristo quiso dar
a todos aquellos que regeneró y convivificó para un solo cuerpo y una vida nueva, que la Sagrada
Escritura y la venerable Tradición de la Iglesia confiesan. Porque únicamente por medio de la Iglesia
católica de Cristo, que es el auxilio general de la salvación, puede alcanzarse la total plenitud de los
medios de salvación. Creemos que el Señor encomendó todos los bienes de la Nueva Alianza a un único
Colegio apostólico, al que Pedro preside, para constituir el único Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual es
necesario que se incorporen plenamente todos los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios"
(UR 3).

Juan Pablo II recoge esta convicción en sus palabras: "De acuerdo con la gran Tradición atestiguada por
los Padres de Oriente y Occidente, la Iglesia católica cree que en el evento de Pentecostés Dios
manifestó ya la Iglesia en su realidad escatológica, que El había preparado 'desde el tiempo de Abel el
Justo'. Está ya dada. Por este motivo nosotros estamos ya en los últimos tiempos. Los elementos de esta
Iglesia ya dada, existen, juntos en su plenitud, en la Iglesia católica y, sin esta plenitud, en las otras
Comunidades" (US 14).

La Carta Communionis notio señala -en relación con la falta de comunión con el sucesor de Pedro-,
"como la comunión con la Iglesia universal, representada por el Sucesor de Pedro, no es un
complemento externo de la Iglesia particular, sino uno de sus constitutivos internos, la situación de
aquellas venerables comunidades cristianas implica también una herida en su ser Iglesia particular. La
herida es todavía más profunda en las comunidades eclesiales que no han conservado la sucesión
apostólica y la Eucaristía válida" (n. 17).

Tenemos así los siguientes principios fundamentales para la comprensión católica del Ecumenismo:

1º La Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica romana (LG 8);

2º "Fuera de su recinto visible" (UR 3), hay verdaderos bienes de santidad y verdad ("elementa seu bona
Ecclesiae");

3º Por estos bienes, las Iglesias y Comunidades son verdaderas mediaciones de salvación (es la única
Iglesia de Cristo la que actúa por medio de esos "bienes" salvíficos);

4º No obstante, les falta la plenitud de los medios de salvación, y no han alcanzado la unidad visible
querida por Cristo, por lo que se hallan en comunión imperfecta o no plena con la Iglesia Católica
Romana.
5º Considerando los cristianos individualmente, el Decr. da contenido positivo al sustantivo "cristiano":
la fe y el bautismo comunes son ya elementos de comunión cristiana real aunque imperfecta.

3. El Ecumenismo a la luz de estos principios

a. Conocimiento entre los cristianos

El Decr. señala algunas implicaciones de sus afirmaciones dogmáticas cuando se refiere, por ejemplo, a
"los esfuerzos para eliminar palabras, juicios y acciones que no respondan, según la justicia y la verdad, a
la condición de los hermanos separados, y que, por lo mismo, hacen más difíciles las relaciones mutuas
con ellos" (UR 4/b). Juan Pablo II señala aquí que los cristianos no deben minusvalorar "el peso de las
incomprensiones ancestrales que han heredado del pasado, de los malentendidos y prejuicios de los
unos contra los otros. No pocas veces, además, la inercia, la indiferencia y un insuficiente conocimiento
recíproco agravan estas situaciones" (US 2). Juan Pablo II ha querido contribuir p. ej., al conocimiento
por parte de "los hijos de la Iglesia Católica de tradición latina" de la tradición oriental, con la Carta
Orientale lumen (1995) sobre la riqueza litúrgica y espiritual del Oriente cristiano, y con la Enc. Slavorum
apostoli (1985) y otros gestos importantes.

b. Diálogo especializado

El Concilio alude a las "reuniones de los cristianos de diversas Iglesias o Comunidades organizadas con
espíritu religioso, el diálogo entablado entre peritos bien preparados, en el que cada uno explica con
mayor profundidad la doctrina de su Comunión y presenta con claridad sus características" (UR 4/b). La
finalidad de este diálogo viene descrito así: "Por medio de este diálogo, todos adquieren un
conocimiento más auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada Comunión; (...)
Finalmente todos examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo sobre la Iglesia y, como es debido,
emprenden animosamente la tarea de la renovación y de la reforma" (ibid.).

Las consecuencias de este diálogo son: la búsqueda del entendimiento, superando posibles equívocos
fraguados en la historia; la percepción exacta de las divergencias, y de si realmente afectan a la fe o a la
legítima diversidad en su explicación; la confrontación fiel con la voluntad de Cristo para su Iglesia, etc.
"El diálogo ecuménico, -dice Juan Pablo II- que anima a las partes implicadas a interrogarse,
comprenderse y explicarse recíprocamente, permite descubrimientos inesperados. Las polémicas y
controversias intolerantes han transformado en afirmaciones incompatibles lo que de hecho era el
resultado de dos intentos de escrutar la misma realidad, aunque desde dos perspectivas diversas. Es
necesario hoy encontrar la fórmula que, expresando la realidad en su integridad, permita superar
lecturas parciales y eliminar falsas interpretaciones" (US 38). El Papa abunda en este sentido positivo del
diálogo: "Dialogando con franqueza, las Comunidades se ayudan a mirarse mutuamente unas a otras a
la luz de la Tradición apostólica. Esto las lleva a preguntarse si verdaderamente expresan de manera
adecuada todo lo que el Espíritu ha transmitido por medio de los Apóstoles" (US 16).

c. Integridad en la exposición de la fe católica

El Decreto considera la exposición íntegra de la fe católica como una condición para el diálogo
respetuoso y sincero: "Es de todo punto necesario que se exponga claramente la doctrina. Nada es tan
ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo, que daña a la pureza de la doctrina católica y oscurece su
genuino y definido sentido" (UR 11).

Pero, a la vez, el modo de exponer la doctrina ("que debe distinguirse con sumo cuidado del depósito
mismo de la fe", UR 6) no debe provocar dificultades innecesarias: "La manera y el sistema de exponer la
fe católica no debe convertirse, en modo alguno, en obstáculo para el diálogo con los hermanos" y, en
sentido positivo: "la fe católica hay que exponerla con mayor profundidad y con mayor exactitud, con
una forma y un lenguaje que la haga realmente comprensible a los hermanos separados" (UR 11).

d. La "jerarquía de verdades"

El Decr. habla en ese contexto de la "jerarquía de verdades" en la articulación de la fe cristiana: "en el


diálogo ecuménico, los teólogos católicos, afianzados en la doctrina de la Iglesia, al investigar con los
hermanos separados sobre los divinos misterios, deben proceder con amor a la verdad, con caridad y
con humildad. Al comparar las doctrinas, recuerden que existe un orden o 'jerarquía" en las verdades de
la doctrina católica, ya que es diverso el enlace (nexus) de tales verdades con el fundamento de la fe
cristiana" (UR 11; US 37).

No se trata de que unas verdades sean "más verdaderas" que otras, o que existan verdades
fundamentales de la fe, y otras "secundarias", sino que en la exposición de la fe ha de tenerse en cuenta
que los aspectos particulares están orgánicamente vinculados ("nexus mysteriorum": cfr. Conc. Vaticano
I) con los núcleos de la fe: por ej., las afirmaciones sobre santa María se comprenden desde su condición
de Madre de Jesucristo, Dios y hombre verdadero; el misterio de la Iglesia se entiende desde las
misiones del Hijo y del Espíritu Santo; etc. La exposición de la fe aspira a mostrar, además, la armonía y
proporciones debidas de cada aspecto dentro del conjunto del Misterio. Así, por seguir con el ejemplo,
sería una visión deformada de la fe una exposición sobre la Iglesia centrada casi exclusivamente en la
jerarquía, etc.
e. La Iglesia Católica y las escisiones

El Concilio dice que las rupturas de la unidad también afectan -de otra manera: no a su esse
constitutivo- a la Iglesia Católica: "las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia realice la plenitud
de catolicidad que le es propia en aquellos hijos que, incorporados a ella ciertamente por el bautismo,
están, sin embargo, separados de su plena comunión. Incluso le resulta bastante más difícil a la misma
Iglesia expresar la plenitud de la catolicidad bajo todos los aspectos en la realidad de la vida" (UR 4). La
ruptura de la unidad -abunda la Carta Communionis notio-, "comporta también para la Iglesia Católica,
(&), una herida en cuanto obstáculo para la realización plena de su universalidad en la historia" (n. 17).

Si "catolicidad" es la capacidad de la fe y de la Iglesia de asumir la legítima diversidad humana, y


encarnarse en la variedad de naciones y culturas, entonces las rupturas impiden la "expresión histórica"
de esa capacidad. Juan Pablo II gusta de repetir, por ej., que la Iglesia tiene que respirar "con los dos
pulmones", en referencia al Oriente y Occidente cristianos. En otro sentido, el cristiano no católico,
debería encontrar y vivir en la Iglesia Católica lo verdaderamente evangélico que haya en su comunidad;
la Iglesia ha de acoger todo aquello que, en consonancia con el Evangelio y la disposición del Señor,
pertenece a su "catolicidad".

f. La reconciliación en la plena comunión católica

El "trabajo de preparación y reconciliación de todos aquellos que desean la plena comunión católica" se
distingue de la actividad ecuménica. En efecto, "se diferencia por su naturaleza de la labor ecuménica;
no hay, sin embargo, oposición alguna, puesto que ambas proceden del admirable designio de Dios" (UR
4). Se mueven en órdenes diversos. El Ecumenismo se dirige a las Comunidades como tales, y busca la
perfecta unión institucional: su fin es "el restablecimiento de la plena unidad visible de todos los
bautizados" (US 77). La tarea de "preparación y reconciliación en la plena comunión católica" afecta a la
conciencia individual y a la libertad religiosa. Tal proceso responde también al designio divino, y es obra
del Espíritu Santo. Es una grave deformación del ecumenismo despreciar o evitar las conversiones
individuales, por estimarlas contrarias a la obra ecuménica; y, a la vez, el ecumenismo no es una táctica
para conseguir conversiones con mayor facilidad. Ambas tareas son distintas.

Para la recepción en la Iglesia Católica de un bautizado válidamente existe una fórmula específica en el
Ritual de la Iniciación cristiana de Adultos.

III. Condiciones para el ecumenismo


Tras exponer los principios dogmáticos, UR 4 enumera algunas condiciones espirituales y pastorales del
ecumenismo.

1. La renovación institucional. "(los fieles católicos) deben examinar con sinceridad lo que hay que
renovar y hacer en la misma Familia Católica para que su vida dé un testimonio más fiel y patente de la
doctrina e instituciones recibidas de Cristo a través de los Apóstoles".

2. La santidad personal. "Aunque la Iglesia Católica posea toda la verdad revelada por Dios y todos los
medios de gracia, sus fieles no viven de estos bienes con el fervor que corresponde, de modo que el
rostro de la Iglesia tiene menos esplendor a los ojos de los hermanos separados... Por esta razón, todos
los católicos deben tender hacia la perfección cristiana, y cada uno, según su condición, contribuir con
su esfuerzo a que la Iglesia... se purifique y renueve cada día".

3. La unidad y diversidad. "En la Iglesia, si se guarda la unidad en lo necesario, todos conservarán la


debida libertad, correspondiente al cometido confiado a cada uno, tanto en las diversas formas de la
vida espiritual y de la disciplina como en la diversidad de los ritos litúrgicos e, incluso, en la elaboración
teológica de la verdad revelada; y guardarán en todo la caridad. Obrando de este modo, manifestarán
cada día con mayor plenitud la verdadera catolicidad y apostolicidad de la Iglesia".

4. La admiración. "Es necesario que los católicos reconozcan y aprecien con alegría los bienes
auténticamente cristianos, procedentes del patrimonio común, que se encuentren en poder de los
hermanos separados...: debemos admirar a Dios en sus obras. Y no puede pasarse por alto que todo
cuanto realiza la gracia del Espíritu Santo en los hermanos separados puede contribuir a nuestra
edificación".

IV. La práctica del ecumenismo

1. Renovación de la Iglesia y ecumenismo espiritual.- Según el Decreto (nn. 7 y 8) es necesaria la


renovación en la Iglesia que "consiste esencialmente en un aumento de la fidelidad de la Iglesia a su
propia vocación" (n. 6). Además, "no se da verdadero ecumenismo sin conversión interior. Los anhelos
de unidad nacen y maduran a partir de la renovación espiritual, de la abnegación de sí mismo y de la
efusión generosa de la caridad. Recuerden todos los fieles católicos que contribuirán -más aún,
realizarán- tanto más la unión de los cristianos cuanto más se esfuercen en llevar una vida más pura con
arreglo al Evangelio" (n. 7). En el 8 se trata de la oración común de los católicos con los demás cristianos:
"La conversión interior y la santidad de vida junto con la oración privada y pública por la unión de los
cristianos deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico".
2. Formación ecuménica, mutuo conocimiento y colaboración entre cristianos.- El n. 10 del Decreto
afirma que la Teología y la Catequesis han de estar orientadas por auténtico espíritu ecuménico. Sobre
este aspecto el Cons. Pont. para la Unidad de los Cristianos ha publicado un importante documento para
la formación teológica: "La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en el ministerio
pastoral" (1995).

En la tarea del mutuo conocimiento el Concilio señala dos formas: el estudio "de la doctrina y de la
historia, de la vida espiritual y cultural, de la psicología religiosa y de la cultura propia de los hermanos
separados" (n. 9); y el diálogo entre teólogos "a condición de que quienes participan en él bajo la
vigilancia de los obispos sean realmente peritos" (n. 9).

La colaboración con los demás cristianos es la acción conjunta en el campo del testimonio ante el
mundo de los vínculos que ya unen a pesar de las separaciones. Además, "con esta colaboración, todos
los que creen en Cristo pueden aprender fácilmente a conocerse mejor y a apreciarse más unos a otros y
a preparar el camino que conduce a la unidad de los cristianos" (n. 12).

3. La communicatio in sacris.- Se trata de un tema que no puede exponerse aquí con detalle.
Recordemos sólo los principios que establece el Decreto n. 8: "En ciertas circunstancias especiales, como
sucede cuando se ordenan oraciones 'por la unidad', y en las asambleas ecumenistas es lícito, más aún,
es de desear que los católicos se unan en la oración con los hermanos separados". Asunto distinto es la
comunicatio in sacris sacramental: "no es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas
como medio que pueda usarse indiscriminadamente para restablecer la unidad de los cristianos. Esta
comunicación depende, sobre todo, de dos principios: de la significación de la unidad de la Iglesia y de la
participación en los medios de la gracia. La significación de la unidad prohíbe de ordinario la
comunicación. La consecución de la gracia algunas veces la recomienda".

Estos dos principios están concretados en lo relativo a los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y
Unción de los enfermos en el Código de Derecho Canónico, c. 844, y en el "Directorio para la aplicación
de principios y normas sobre el Ecumenismo" (1993). También se trata en este documento de las
normas relativas a la celebración de los matrimonios mixtos.

V. Declaraciones conjuntas de la Iglesia católica y otras Iglesias y confesiones cristianas

Tras la clausura del Conc. Vaticano II se constituyeron Comisiones oficiales de diálogo teológico entre la
Iglesia Católica y otras Iglesias (Iglesias Ortodoxas, Comunión Anglicana, Federación Luterana Mundial,
Alianza Reformada Mundial, etc.). Los documentos redactados por las Comisiones están publicados en
las lenguas más importantes(1). Estas Comisiones suelen establecer una agenda de temas doctrinales,
sobre los que tratan posteriormente, y así llegan a unos acuerdos que remiten a las respectivas
autoridades para su eventual aprobación, con la que alcanzan autoridad eclesial.

Esa aprobación ha sucedido hasta el momento -en el caso de los diálogos de la Iglesia Católica- sólo con
un documento. Se trata de la "Declaración común sobre la doctrina de la justificación por la fe", firmada
el 31 de octubre de 1999 por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica en la ciudad de
Augsburg. Declara que esa doctrina contenida en esa Declaración común no cae bajo las condenas
doctrinales de las Confesiones de fe luteranas ni del Concilio de Trento, que se mantienen vigentes para
el tenor de las doctrinas condenadas(2).

Otros documentos firmados por las autoridades eclesiales son algunas Declaraciones cristológicas con
las Antiguas Iglesias Orientales (las llamadas "precalcedonianas"). Como se sabe, estas Iglesias se
separaron con motivo de la doctrina cristológica de los Concilios de Efeso (Iglesia asiria del Oriente) y de
Calcedonia (coptos, antioquenos, armenios, etíopes). Con la Iglesia copta-ortodoxa existe la
"Declaración común" de Pablo VI y Shenuda III (1973), y la "Fórmula Cristológica común" (1988). Con la
Iglesia siria ortodoxa, la "Declaración común" de Pablo VI y Mar Ignacio Jacobo III (1971), y la
"Declaración cristológica común" de Juan Pablo II y Mar Ignatius Zakka I Iwas (1984). Con la Iglesia
armenia apostólica., la "Declaración común" de Juan Pablo II y Karekine I (1996). En fin, con la Iglesia
asiria de oriente, la "Declaración cristológica común" de Juan Pablo II y Mar Dinkha IV (1994)(3).

Nota bibliográfica

Consejo Pont. para la Unidad de los Cristianos

"Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo" (1993)

"La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en el ministerio pastoral" (1995)

Teología

P.. Rodríguez, Iglesia y Ecumenismo, Rialp, Madrid 1979

G. Thils, El decreto sobre Ecumenismo, Desclée de Brouwer, Bilbao 1968


Documentación

A. González Montes, Enchiridion oecumenicum, 2 vols. Salamanca 1986/1993

K. Algermissen, Iglesia Católica y Confesiones cristianas, Rialp, Madrid 1964

Notas

1. En español están publicados en A. González Montes, Enchiridion Oecumenicum, 2 vol., Salamanca


1986/1993. Desde 1993 los documentos de las Comisiones pueden encontrarse en la revista "Diálogo
Ecuménico", de Salamanca.

2. Para mayor información vid. J. R. Villar La declaración común luterano-católica sobre la doctrina de la
justificación, en "Scripta Theologica" 32 (2000) pp. 101-129.

3. Para mayor información vid. J. R. Villar, El diálogo teológico católico/ortodoxo oriental, en A. González
Montes (dir.), Las Iglesias Orientales, BAC, Madrid 2000.

¿Qué es el Ecumenismo?

Por Ricardo García

 (Nota: Todos los pasajes bíblicos son citados de la Biblia Latinoamericana (Para la versión en inglés se usó
la Biblia de Jerusalén)

Bautistas, luteranos, episcopales, calvinistas, presbiterianos, católicos, etc...

¿Cuál es la verdadera fe? REALMENTE conoces si las doctrinas de tu iglesia están soportadas por la
Biblia? ¿Cómo puedes saber que TU interpretación de la Bibia es correcta?

¿Por qué hay miles de distintas denominaciones (iglesias) protestantes sólo en los E.U (22,000 mínimo), y
cada día se incrementan?

Un hombre llamado Charles Russell, encontró en la Biblia que no había infierno. Era un adventista (hijo de
presbiterianos), pero se separó y fundó los Testigos de Jehová.
Los televangelistas están difundiendo muchos errores (como el Toronto 'Blessing') sobre Jesús, y condenan
y se burlan de aquellos que se alejan de sus comunidades locales.

¿Qué le está pasando a la Iglesia? ¿Por qué?

¿Por qué esta división entre cristianos?

Mas ustedes, amadísimos, recuerden lo que anunciaron los apóstoles de Cristo Jesús


nuestro Señor. Ellos les decían: 'Al fin de los tiempos habrá hombres que se burlarán
de las cosas sagradas y vivirán según sus deseos impuros. Aquí tienen a hombres que
causan divisiones, hombres terrenales que no tienen el Espíritu Santo".
(Judas, 17-19)

Si alguno enseña otra cosa y no se atiene a las sanas palabras de nuestro Señor
Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, está cegado por el orgullo y no
sabe nada; sino que padece la enfermedad de las disputas y contiendas de palabras, de
donde proceden las envidias, discordias, maledicencias, sospechas malignas,
discusiones sin fin propias de gentes que tienen la inteligencia corrompida, que están
privados de la verdad y que piensan que la piedad es un negocio.
(1Tim 6:3-5)

Os conjuro [pido] hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis


todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos
en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado
de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros. Me refiero a que
cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo", "Yo de Apolo", "Yo de Cefas" [Pedro],
"Yo de Cristo". ¿Está dividido Cristo?
(1Cor 1:10-13)

(Tristemente, esto suena muy familiar... 'Soy bautista', 'Soy calvinista', 'Soy católico',
'Soy cristiano'. ¿Está Jesucristo dividido?)

Sabemos que no TODAS las religiones cristianas pueden ser verdaderas (ya que se contradicen), pero por
eso... ¿tenemos que fundar una NUEVA? Lo que realmente pasó es que la Iglesia que Cristo fundó se
dividió. Primero, los Católicos contra los Ortodoxos; luego los Luteranos, Calvinistas, Swigilistas,
Bautistas... luego Enrique VIII fundó la iglesia Anglicana (adoptando algunas ideas deLutero)... el resto es
historia. Lo que antes era 1 Iglesia se convirtió en... ¿miles? de distintas iglesias (y todas se hacen llamar
cristianas). Ahora, si estas iglesias fueran compatibles, se unirían y se convertirían en una sola Iglesia. ¿Por
qué no pueden? Simple. No lo son.

Pero nada puede evitar a Jesús de difundir el amor entre Sus ovejas. Eso es por lo que nos mandó el
ecumenismo. El ecumenismo es el trabajo de todos los cristianos abiertos de corazón que promueve una
verdadera unidad entre las distintas iglesias; con mente abierta, no a la perversión, sino a encontrar cuál
es la VERDADERA doctrina. En lugar de pelear con la biblia, la gente trabajando por el
ecumenismo hacen lo mejor para evitar discusiones 'escripturales' sinfín entre cristianos. Primero hablan
del amor de Dios, oran y tratan de entener el punto de vista de los demás.

Permítanme de nuevo citar la Sagrada Escritura:

Sean humildes, amables, pacientes, y sopórtense unos a otros con amor.

Mantengan entre ustedes lazos de paz, y permanezcan unidos en el mismo espíritu.


Sean un cuerpo y un espíritu, pues al ser llamados por Dios, se dio a todos la misma
esperanza. Uno es el Dios, el Padre de todos, que está por encima de todos, y que
actúa por todo y en todos.
(Ef  4:2-6)

¿Cómo haremos esto?

Bueno, vamos a ver:

Cuando vamos a discutir sobre cierta creencia, por ejemplo... "¿Es Jesús Dios?", podemos preguntarle a
muchos... algunos no saben. Algunos dicen Si, otros dicen "no". Todos tienen distintas opiniones, y
sentimientos sobre sus opiniones. ¿Pueden estar TODOS bien? Dejenme mostrarles la siguiente imagen de
Jesús:

Ve, por cada PEQUEÑO error al interpretar la Biblia (¿y quién nos dice que es pequeño?), la imagen de Jesús
se distorsiona. Pongamos un ejemplo: La gente dice que no necesitamos a NADIE que nos enseñe nada,
para conocer a Jesús. "Tenemos la Biblia, para qué una iglesia?". Y por esto, la gente se da una idea
equivocada de cómo Dios quiere que seamos. Dios quiere que seamos una comunidad, y si nos apartamos
de la comunidad, podremos caer en el error de malinterpretar la biblia (y si me equivoco, podrías
explicarme por qué no hay UNA iglesia con UN mismo grupo de creencias? ¡La había en los tiempos de
Jesús!)

¿Cómo se ha malinterpretado la Biblia?


(y qué hacer para no cometer dichos errores)

a) No tomar en cuenta el contexto histórico de la Biblia.

Por ejemplo, veamos Mateo 19:24. "Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para
un rico entrar al Reino de los Cielos". Eso suena como amenaza, no? Si un rico lee esto, y no está bien
educado en su fe, se entristecerá e incluso odiará a la cristiandad.

Ahora veamos el contexto histórico. Para los judíos, el "ojo de ajuga" era un tipo de abertura entre las
montañas, muy angosta. Para que un camello pasara por el ojo de aguja, uno tenía que descargar el
camello, hacer que el camello pasara, y luego tomar las cosas y volver a cargar el camello con todo el
equipaje.

Tomando en cuenta esto, lo que Jesús dijo es que primero tenemos que deshacernos de nuestras
posesiones para entrar al cielo. Esto es, no verlas como "nuestras", sino como de Dios. Así dejaremos de
amar cosas como el dinero. (recordemos que el amor al dinero es una forma de idolatría).

Acuérdate que Israel es un país ORIENTAL - en los tiempos de Jesús, y en aquellos lugares, las palabras y
acciones tenían un significado diferente al nuestro. Por ejemplo, lavarte las manos era un modo de ser
'purificado' (así vemos a poncio pilato lavarse las manos antes de entregar a Jesús), y un acto sagrado
antes de comer - no simplemente una práctica antiséptica). Es por eso que necesitamos leer historia para
entender bien la biblia. O por lo menos escuchar lo que nuestros pastores/sacerdotes nos dicen.

"Pero eso no es justo! A mí me dijeron que sólo necesitaba la biblia". Oye, no es mi culpa que los
evangelios hubieran sido escritos POR ORIENTALES, PARA ORIENTALES. Nosotros somos occidentales.
¿Cómo esperas entender cosas (como el uso del nombre y el renombrar a una persona), con significados
occidentales?

b) Tratar de soportar nuestra doctrina buscando como locos TODA la biblia, tan sólo para encontrar un
versículo sencillo, incluso fuera de contexto, que soporte nuestras ideas (es decir, torcer las escrituras), en
lugar de leer todo en contexto y ver si el contexto se aplica a nuestra doctrina y la soporta.

Por ejemplo, recientemente surgió una secta, o más bien una serie de movimientos "carismáticos" (no
confundir con la Renovación Carismática Católica, que es cosa aparte). Estos movimientos surgieron
cuando un señor llamado Rodney Howard Browne experimentó un ataque violento de risa que atribuyó al
Espíritu Santo (cuando las pruebas demuestran lo contrario - división entre personas, falta de lectura de la
Biblia, doctrinas anticristianas, etc). Algunas personas que participan en estos 'revivals' experimentan un
tipo de borrachera "espiritual" (es decir, actúan como si estuvieran borrachos), otros se ponen a hacer
sonidos de animales perdiendo el control sobre sí mismos... Algunas personas que se dejaron llevar por
estos "carismaniáticos" se basan en los siguientes pasajes de la Biblia (cuando los discípulos empezaron a
hablar en lenguas): "Otros, en cambio, decían riéndose: "Están llenos de vino!"  (Hch 2:13).
Si vemos este verso sencillo, podríamos decir "Esto está en la Biblia y es válido" (pero desde cuándo algo
es válido sólo porque esté en la Biblia? No sabemos si es enseñanza, hecho histórico, parábola, o incluso
una costumbre que se deba condenar).
Así que mejor continuemos leyendo...
"Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: "Judíos y habitantes todos de
Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras: No están estos borrachos,
como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día..." (Hch 2:14-15)

Noten que Pedro no dijo "están borrachos espiritualmente", sino que dijo claramente: "NO están
borrachos". Y si dijo esto, era para correjir a aquellos que se _burlaban_ de los discípulos. Entonces
vemos: Los que reían no reían a causa del Espíritu Santo, sino porque se burlaban de los que SI estaban
guiados por el Espíritu (hablando en lenguas). Vemos que hay que leer siempre en contexto COMPLETO de
la Biblia?

Pero los que hablaban en lenguas no sólo no hablaban en su propio idioma, sino que hablaban en el
idioma de los extranjeros y proclamaban las maravillas de Dios: Admirados (los extranjeros) decían: "¿Es
que no son galileos todos estos que están hablando? Pues ¿cómo cada uno de nosotros les oímos en
nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y  elamitas; habitantes de  Mesopotamia, Judea, Capadocia, el
Ponto, Asia, Frigia,  Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con  Cirene, forasteros romanos, judíos y
prosélitos, cretenses y árabes, todos les oímos hablar en nuestra lengua las maravillas de Dios"  (Hch 2:7-
11)

Así que si tienes alguna 'teoría' sobre Dios, la Iglesia, la salvación, etc, no puede ser SOPORTADA
COMPLETAMENTE por la Biblia, tomada en CONTEXTO COMPLETO, entonces no es compatible con la
cristiandad (por ejemplo, 2Tim 3:16 dice que todas las Escrituras son Palabra de Dios, y los hermanos
separados dicen que esto soporta la teoría de "Sola Biblia" ("si no está en la Biblia, no es palabra de Dios").
Pero en contexto completo, vemos que Pablo exhorta a Timoteo a seguir sus enseñanzas y ejemplo, y
luego le recomienda leer las Escrituras (y en ese entonces hablaba del AT - el NT no estaba escrito
todavía). Es decir, si leemos 2Tim 3 en contexto completo, no vemos que sólo hay que recurrir a la Biblia,
sino también a la enseñanza y ejemplos de los Apóstoles.

Otro ejemplo de tomar la Biblia fuera de contexto: Estaba discutiendo con alguien sobre la epístola a los
Romanos, y me citó Romanos capítulo 4, versículos 3, 5-8, 11, 16, 22-25. Vemos que son 25 versículos
de un mismo capítulo, y sin embargo esta persona quitó algunas partes, de 2, 4 y hasta 6 versículos
seguidos. Yo me pregunto: ¿Puede ser esto una buena interpretación?
Así que leí el pasaje COMPLETO. Es decir: Romanos 4:3-25. ¿Tiene un contexto diferente?
¡Claro! Estabamos discutiendo sobre obras involucradas en la salvación. Fuera de contexto, entendíamos:
"Estás salvado sólo por tu fe, y tus obras son inútiles". Pero ¿Romanos 4:3-25, en contexto completo, dice
algo sobre nuestras obras? No, dice la fé en Jesús contra la ley judía (ya que había una secta entre los
primeros cristianos que afirmaba que para ser cristiano, necesitabas hacerte judío primero - dicha secta
se denominaba los "judaizantes", y Pablo la rebate en esta carta). Ahora ven cómo siempre hay que tomar
el contexto completo de un pasaje antes de interpretarlo?

Lo que es más. La numeración en versículos de la Biblia no fue introducida en los cristianos sino siglos
después de que todos sus libros fueran completados; es decir, los pasajes estaban hechos para leerse
COMPLETOS. La división en capítulos y versículos se usó para localizar ciertas enseñanzas específicas. Es
por eso que no debemos saltarnos los versículos que no nos gusten de la Biblia. Recordemos: Medias
Verdades, Mentiras completas.

c) Interpretar literalmente algunas partes de la Biblia que no se debían tomar así...

Como los famosos 144,000 en el Apocalipsis - 144 es 12 veces 12, y 12 es un número considerado
"divino" por los judíos. ¡Recordemos que muchos de los primeros cristianos, también eran judíos!

d) No interpretar literalmente pasajes que SI debían haberse tomado como literales.

Por ejemplo, "quien se divorcia de su mujer y se vuelve a casar, es un adúltero". Si Cristo nos dice algo
como "En verdad os digo", entonces nos está hablando sin parábolas. Si dice "el Reino de los Cielos es
como..." entonces es una parábola. ¿Ven por qué necesitamos un pastor? Y no sólo CUALQUIER pastor - un
pastor que esté iluminado por el Espíritu Santo. Necesitamos ver en él una verdadera prueba del amor de
Cristo. Si nuestro pastor no parece así, pidamos por él - A Dios le encanta que pidamos unos por otros!

e) Tratar de interpretar la Biblia por tí mismo, sin ninguna ayuda.

"Hay en algunas  [ cartas de San Pablo ]  algunos puntos difíciles de comprender, que los indoctos e
inconstantes en su fe, tuercen, como también las otras Escrituras, para su propio perjuicio."  (2 Pedro 3:16)

Sépanlo bien: nadie puede interpretar por sí mismo una profecía de la Escritura, ya que ninguna profecía
proviene de una decisión humana, sino de que los hombres de Dios, movidos por el Espíritu Santo,
dijeron sus mensajes. (2 Pedro 1:20-21)

f) Ir con tu pastor o sacerdote, y dudar de sus palabras y prefieres tus propias interpretaciones, ignorando
que él está más preparado que tú en esto.

¿Cómo crees que empezaron sectas como los Testigos de Jehová? Porque el fundador prefirió sus propias
interpretaciones Bíblicas a las de su pastor/sacerdote. Así que fundó una nueva iglesia.

Si alguien promueve sectas en la Iglesia [secta, en mis propias palabras, es un nuevo grupo religioso o
"iglesia" con doctrinas que difiere de las enseñanzas ortodoxas (estándar) de la Iglesia - nota del
editor] ,  llamarás su atención una y primera y una segunda vez; después, rompe con él, sabiendo que es
un descarriado y culpable que se condena a sí mismo.  (Tito 3:10-11)

¿Qué podemos hacer por la unidad de los cristianos?

Hay un documento muy importante, escrito en el Concilio Vaticano II, titulado "unitatis  redintegratio" (re-
integración de la unidad). Aquí citaré los puntos que considero más importantes que explican, más o
menos, cómo se debería llegar a esta unidad.

5. El deseo de restablecer la unión corresponde a la Iglesia entera, tanto a los fieles


como a los Pastores, a cada uno según sus posibilidades, así en la vida diaria cristiana
como en las investigaciones teológicas e históricas. Tal empeño manifiesta ya, de
alguna manera, la unión fraterna existente entre los cristianos, y va conduciendo a la
plena y perfecta unidad, conforme a la benevolencia de Dios.

8. (..) En ciertas circunstancias especiales, como cuando se ordenan oraciones «por la


unidad», y en las asambleas ecuménicas, es lícito, más aún, es de desear que los
Católicos se asocien para orar, con los hermanos separados. Tales preces comunes son
un medio muy eficaz para conseguir la gracia de la unidad y expresión genuina de los
vínculos por los que los Católicos permanecen unidos aún con los hermanos
separados: Pues donde hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en
medio de ellos (Mt., 18, 20).

Sin embargo, no por ello está permitido considerar la adoración en común


(communicatio in sacris) como un medio que pueda usarse sin discreción para
restablecer la unidad de los cristianos. Esta comunicación depende fundamentalmente
de dos principios: de la expresión de la unidad de la Iglesia y de la participación en los
medios de la gracia. La expresión de la unidad prohibe, de ordinario, la comunicación.
La necesidad de participar en la gracia algunas veces la recomienda. Las autoridades
locales deben determinar con prudencia el modo de obrar en cada caso, atendidas las
circunstancias de tiempo, lugar y personas, a no ser que la conferencia episcopal,
según sus propios estatutos, o la Santa Sede determinaren otro modo de actuar.

9. Conviene conocer la disposición de ánimo de los hermanos separados. Para ello se


necesita un estudio, que se ha de llevar a cabo con espíritu de verdad y con
benevolencia. Es preciso que católicos, muy bien preparados, adquieran mejor
conocimiento de la doctrina y de la historia, de la vida espiritual y cultural, de la
psicología religiosa y de la cultura peculiares de los hermanos [separados]. Para
lograrlo, ayudan mucho, mediante la reunión de ambas partes, los congresos
destinados a tratar sobre todo cuestiones teológicas, donde cada uno puede tratar a los
demás de igual a igual, con tal que los que toman parte, bajo la vigilancia de los
obispos, sean verdaderamente peritos. Con tal diálogo puede incluso aclararse más la
verdadera posición de la Iglesia católica. Así también se llegará a conocer mejor el
pensamiento de los hermanos separados, y nuestra fe les será expuesta con una mayor
precisión.

10. La sagrada teología y las demás disciplinas, sobre todo las históricas, deben
también enseñarse con un sentido ecuménico, para que respondan cuanto mejor
posible a la realidad.

Conviene mucho que los futuros pastores y sacerdotes se formen adecuadamente en la


teología elaborada de esta forma, con sumo cuidado, y no polémicamente, sobre todo
en lo que se refiere a las relaciones de los hermanos separados para con la Iglesia
católica. Porque de la formación de los sacerdotes, sobre todo, depende la necesaria
educación y formación espiritual de los fieles y de los religiosos.
También conviene que los Católicos, consagrados a obras misioneras en las mismas
tierras donde trabajen también otros Cristianos, conozcan, hoy sobre todo, las
cuestiones y los frutos que del ecumenismo se derivan para su apostolado.

11. Nunca deberá ser obstáculo para el diálogo con los hermanos el método y manera
con que se expone la fe católica. Es absolutamente necesario expresar claramente toda
la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como un falso irenismo, que atente a la
pureza de la doctrina católica y obscurezca su auténtico y verdadero sentido.

(El falso irenismo es algo como esconder partes de nuestra fe, para 'mantenernos
unidos', en lugar de exponer nuestra fe. A Cristo no le gustan verdades a medias, pues
son peores que una mentira. Es como avergonzarnos de El para que el mundo no nos
juzgue - nota del editor).

Pero, al mismo tiempo, la fe católica debe ser expuesta con mayor profundidad y con
mayor rectitud, para que, tanto por la forma como por las palabras, pueda ser
verdaderamente comprendida aun por los hermanos separados.

Finalmente, en el diálogo ecuménico, los teólogos católicos, fieles a la doctrina de la


Iglesia, al dedicarse con los hermanos separados a investigar los divinos misterios, han
de proceder con amor a la verdad, con caridad y con humildad. Al comparar las
doctrinas, no olviden que hay un orden o una «jerarquía» de las verdades en la doctrina
católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana. De
esta forma se preparará el camino por donde todos se estimulen a proseguir con esta
fraterna emulación hacia un conocimiento más profundo y una exposición más clara de
las insondables riquezas de Cristo (cf. Ef 3,8)

En resumen:

¿Se han alguna vez preguntado por qué todas estas peleas de Biblia, que no parecen tener fin?

Es porque el problema no está en la Biblia, y no puede ser resuelto con únicamente la Biblia - el problema
vino de la imagen distorsionada del Señor Jesús (ver figura) que la otra persona tiene.

Verán, una persona no creía en el infierno porque pensaba que Dios era demasiado bueno para mandar a
alguien allí. Pero esta persona estaba cegada, no podía ver que hay personas tan cerradas de corazón que
ELLAS MISMAS IRIAN al infierno, sólo para rechazar a Dios (y de hecho, esa es la definición teológica del
infierno - el eterno rechazo de Dio y de todo su amor y paz - y donde no hay amor, paz, felicidad, hay
sufrimiento, tormento y tristeza - ¿ven?)

Algunas veces estamos tratando de resolver el problema de una herejía, con la biblia. Pero una persona
tiene el concepto equivocado de cierta doctrina (Por ejemplo, los católicos creemos que la Gracia es el
habitar de Dios dentro de nosotros, y otros cristianos creen que la Gracias es ÚNICAMENTE la seguridad
de la salvación, y nada más).

Otras veces, la persona tiene un problema psicológico porque fue herida por gente de cierta iglesia, y no
puede aceptar sus creencias por su propia amargura. Ven - si el problema no empezó con la Biblia, no
puede ser resuelto con la Biblia - necesitamos ir a un mayor entendimiento. Veamos el sig. diagrama:

Si, por ejemplo una persona tiene un problema con... el análisis linüístico (por ejemplo, si la Biblia dice
"quien crea" y la persona pensó que decía "quien haya creído", dicha persona no saldrá de su error, no
importa cuánto le muestren la Biblia en todas sus traducciones y ediciones. Pero cuando le explican: "Mira
- ve cómo el griego original de esto, significa 'creencia contínua' y no un 'evento pasado'", entonces
entenderá lo que le tratan de decir. Muy probablemente dirá: "¡Hubieras empezado por eso!"

Así que el truco es un largo estudio y compartir la VISION COMPLETA de una doctrina. Hasta que no
compartamos todo lo de nuestras creencias (sin esconder NADA), no iremos a ninguna parte. ¿Por qué?
Tratamos de explicar el "por qué" y no el "qué". ¿Se han preguntado, por qué es tan difícil explicar algo a
alguien de otra creencia/iglesia? Esta persona fue ENSEÑADA - tu vas a COMPROBAR, en lugar de
ENSEÑARLE lo que sabes. ¿Y cómo sabremos EXACTAMENTE dónde está el error del otro? Con la ORACIÓN.
Sin oración, no hay caso en empezar siquiera. Pensar que podemos hacer todo por nosotros mismos
[como los judíos del desierto que trataron de ser justos por sí mismos y no por la Gracia de Dios] no nos
llevará a ningún lado. Oren, oren, oren - podrían por ejemplo dedicar todas sus buenas obras a Dios,
como oración (¡a mí me funciona!), especialmente aquellas que te cansan más (como lavar el carro). Y
recuerden, siempre tengan un corazón abierto. ¡Todos lo necesitamos! :)

Pero otras veces, bueno, las personas han cerrado sus corazones a Dios - y como sólo por el Espíritu
Santo podemos entender los Misterios Divinos, aquellos que no lo tienen (por ejemplo pecadores
empedernidos) no pueden entender estas cosas bien. Por eso, el arrepentimiento de sus pecados (porque
ninguno de nosotros está libre de pecado), es ESENCIAL para el ecumenismo.
Para terminar, sólo puedo hacer una oración.

Padre, te rogamos por tu rebaño, que seamos todos uno, como Tú y Cristo son Uno.
Llena los corazones de tu pueblo con el fuego de tu amor, y la faz de la Tierra será
renovada. Por favor ilumínanos a todos, regresa a aquellos que se han apartado
de Tí, porque para Tí nada es imposible.

También te pedimos, todos los que estamos leyendo esto, que ayudes a aquellos que
dudan. No dejes que nadie sea engañado por algún concepto erróneo de Tí.
Esperamos que algún día el mundo se una en el amor, teniendo a Tu Hijo Jesucristo
como nuestro salvador.

En Su Santo Nombre,
te lo pedimos Señor,
Amén.

Reflexiones sobre el ecumenismo

Por José Miguel Arráiz

Ecumenismo

El Concilio Vaticano II en su decreto Unitatis Redintegratio define al ecumenismo como el movimiento


impulsado por el Espíritu Santo para restaurar la unidad de los cristianos. Exhorta también a todos los
fieles católicos a que “reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa
ecuménica”.

Define pautas muy claras para el movimiento ecuménico, las cuales por desconocimiento de muchos
católicos, son ignoradas logando efectos adversos y perjudiciales para la Iglesia, al punto que muchos
fieles terminan practicando una especie de pancristianismo sincrético contrario no solo al espíritu sino a
la letra misma del Concilio.

Que no es ecumenismo
A continuación coloco algunos ejemplos que algunos católicos poco formados confunden con
ecumenismo pero no lo es:

Caso número 1: Hace unos años una vecina tenía un círculo de oración en su casa. Al querer participar
del movimiento ecuménico invitó a participar a un grupo de evangélicos. Se cuenta que las oraciones –a
las que llegaba a participar ocasionalmente algún sacerdote católico- eran “hermosas”. Posteriormente
el ambiente terminó enrarecido debido a las enseñanzas que se estaban predicando, por lo que algunos
católicos dejaron de asistir, otros sin embargo siguieron asistiendo. Hoy algunos de esos católicos son
protestantes y la vecina luego de acondicionar el garaje de su casa terminó siendo la pastora de la Iglesia
evangélica “El amor de Dios”.

Caso número 2: Scoth Hann (ex pastor presbiteriano) narra en su libro Roma Dulce Hogar su camino de
conversión a la Iglesia Católica:

“Fue duro, porque ella [aquí se refiere a su esposa] no quería saber nada de la Iglesia católica, y resultó
más duro aún porque varios sacerdotes a los que visité tampoco querían hablar sobre su Iglesia. Cada
dos por tres yo me escapaba en busca de un sacerdote que pudiera contestar a algunas de las dudas que
aún me quedaban; pero uno tras otro me desilusionaban. A uno de ellos le pregunté:

-Padre Jim, ¿qué debo hacer, convertirme al catolicismo? -Antes que nada -me dijo-, no me llame
«padre», por favor. En segundo lugar, creo que en realidad usted no necesita convertirse. Después del
Vaticano II eso no es muy ecuménico. Lo mejor que puede hacer es, simplemente, ser mejor como
presbiteriano. Le hará más bien a la Iglesia católica si usted se mantiene en lo que es.

Asombrado, le contesté:

-Mire, padre, yo no le estoy pidiendo que me tome del brazo y me haga católico a la fuerza. Creo que
Dios puede estar llamándome a la Iglesia católica, donde he encontrado mi hogar, mi familia de alianza.

Él contestó fríamente:

-Bueno, si lo que quiere es alguien que le ayude en su conversión, yo no soy la persona adecuada.
-Me quedé helado.” [1]

Caso número 3: Hace unos meses, mi amigo Salvador Melara (ex pastor evangélico) fue invitado a un
congreso católico de evangelización para compartir su testimonio de conversión a la Fe Católica y al
mismo tiempo invitaron a un predicador internacional bastante conocido. Luego de que Salvador habló
de las dificultades y renuncias que tuvo que hacer para regresar a la Iglesia escuchó pasmado como en la
siguiente conferencia el predicador internacional decía que “ya los católicos no debemos creer que
pertenecemos a la única Iglesia que Cristo fundó” y que “todas las Iglesias son iguales porque siguen al
mismo Cristo” (Ver historia completa)

He aquí tres ejemplos reales de lo desastroso que puede ocasionar una mala comprensión del
ecumenismo.

Que busca el verdadero ecumenismo

El decreto Unitatis Redintegratio establece

“Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de la salvación, puede
conseguirse la plenitud total de los medios salvíficos. Creemos que el Señor entregó todos los bienes de
la Nueva Alianza a un solo colegio apostólico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo
Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera
pertenecen ya al Pueblo de Dios.” [2]

El verdadero ecumenismo busca por medio del diálogo aumentar el entendimiento entre las distintas
confesiones cristianas, y buscar la unidad con todos aquellos que se encuentran alejados de la Iglesia
Católica, a la plenitud de la fe que solo se puede encontrar en ella.

El Papa Juan Pablo II respecto al tipo de unidad que busca el ecumenismo explica en Ut unum sint:

“Jesús mismo antes de su Pasión rogó para « que todos sean uno » (Jn 17, 21). Esta unidad, que el Señor
dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es accesoria, sino que está en el centro mismo de
su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos. Pertenece en cambio al
ser mismo de la comunidad. Dios quiere la Iglesia, porque quiere la unidad y en la unidad se expresa
toda la profundidad de su ágape.
En efecto, la unidad dada por el Espíritu Santo no consiste simplemente en el encontrarse juntas unas
personas que se suman unas a otras. Es una unidad constituida por los vínculos de la profesión de la fe,
de los sacramentos y de la comunión jerárquica. Los fieles son uno porque, en el Espíritu, están en la
comunión del Hijo y, en El, en su comunión con el Padre: « Y nosotros estamos en comunión con el
Padre y con su Hijo, Jesucristo » (1 Jn 1, 3). Así pues, para la Iglesia católica, la comunión de los cristianos
no es más que la manifestación en ellos de la gracia por medio de la cual Dios los hace partícipes de su
propia comunión, que es su vida eterna. Las palabras de Cristo « que todos sean uno » son pues la
oración dirigida al Padre para que su designio se cumpla plenamente, de modo que brille a los ojos de
todos « cómo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas »
(Ef 3, 9). Creer en Cristo significa querer la unidad; querer la unidad significa querer la Iglesia; querer la
Iglesia significa querer la comunión de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la
eternidad. Este es el significado de la oración de Cristo: « Ut unum sint ».” [3]

En Reconciliatio et Paenitentia el Papa sostenía:

“Hay que reafirmar que, por parte de la Iglesia y sus miembros, el diálogo, de cualquier forma se
desarrolle —y son y pueden ser muy diversas, dado que el mismo concepto de diálogo tiene un valor
analógico— , no podrá jamás partir de una actitud de indiferencia hacia la verdad, sino que debe ser
más bien una presentación de la misma realizada de modo sereno y respetando la inteligencia y
conciencia ajena. El diálogo de la reconciliación jamás podrá sustituir o atenuar el anuncio de la verdad
evangélica, que tiene como finalidad concreta la conversión ante el pecado y la comunión con Cristo y la
Iglesia, sino que deberá servir para su transmisión y puesta en práctica a través de los medios dejados
por Cristo a la Iglesia para la pastoral de la reconciliación: la catequesis y la penitencia.”

De allí la importancia de evitar el relativismo y la atenuación del anuncio de la verdad en el diálogo


ecuménico, un error muy frecuente entre católicos que temen caer en “proselitismo”. Sin embargo, no
necesariamente hay que entender el término en sentido negativo (como el uso de métodos deshonestos
para captar seguidores, entre los que se puede incluir la violencia física, moral, el engaño, etc.). A este
respecto aclara le padre Fernando Ocáriz:

“En algunos documentos eclesiásticos posteriores al Concilio Vaticano II, cuando se emplea la palabra
“proselitismo” en sentido negativo, se aclara ese sentido, que el término no lo contiene en sí mismo. Por
ejemplo, en el “Directorio ecuménico” de 1967, se exhorta a los Obispos a hacer frente al peligro de
proselitismo en relación a la actividad de las sectas, pero se aclara inmediatamente que «por la voz
“proselitismo”, se entiende aquí un modo de obrar no conforme con el espíritu evangélico, en cuanto
utiliza argumentos deshonestos para atraer los hombres a su Comunidad, abusando, por ejemplo, de su
ignorancia o pobreza, etc. (cfr. Decl. “Dignitatis humanae”, 4)».
(...) En otros documentos eclesiásticos, se fue introduciendo el uso del término “proselitismo” en
sentido negativo, especialmente en referencia al “proselitismo de las sectas”. En ocasiones, también se
ha usado el término para indicar, sin matiz alguno, una actividad injusta. Así, por ejemplo, en un
documento de la Comisión Pontificia “pro Russia”, de 1992, se dice: «Lo que se llama proselitismo es
decir cualquier presión sobre la conciencia, de quienquiera que sea practicado o bajo cualquier forma,
es completamente diverso del apostolado y no es en absoluto el método en que se inspiran los pastores
de la Iglesia». En el nuevo Directorio ecuménico de 1993, desapareció el matiz presente en el anterior
Directorio, con el que se precisaba el sentido en que se hablaba de proselitismo. A partir de entonces, ha
sido frecuente que con esta palabra se designen “tout court” comportamientos dirigidos a forzar,
presionar o, en general, tratar en forma abusiva la conciencia de las personas.

Sin embargo, en el ámbito ecuménico no se llegó a prescindir siempre de la distinción entre un


proselitismo bueno y uno malo. Por ejemplo, en un documento de 1995 del Grupo mixto Iglesia
Católica-Consejo Ecuménico de las Iglesias, se aclara que, aunque el término proselitismo «ha adquirido
recientemente una connotación negativa cuando se ha aplicado a la actividad de algunos cristianos
dirigida a hacer seguidores entre los miembros de otras comunidades cristianas», históricamente este
término «ha sido empleado en sentido positivo, como concepto equivalente al de actividad misionera»,
y se explica que «en la Biblia este término no tiene connotación negativa alguna. Un “prosélito” era
quien creía en el Señor y aceptaba su ley, y de este modo se convertía en miembro de la comunidad
judía. La cristiandad tomó este significado para describir a quien se convertía del paganismo. Hasta
época reciente, la actividad misionera y el proselitismo se consideraban conceptos equivalentes»”

En este sentido el católico que participa en el diálogo ecuménico debe ser “proselitista” pero no
meramente buscando un ecumenismo “de regreso”, pues no se pide a los demás que renieguen de su
propia historia de fe, tampoco implica uniformidad en todas las expresiones de la teología de la
espiritualidad, en las formas litúrgicas y en la disciplina[4]. Se trata de exponer la verdad con caridad,
respecto pero a la vez con firmeza y sin atenuaciones en busca de la unidad en la diversidad: unidad en
lo fundamental (una misma fe) pero no perdiendo de vista la existencia de diversidad en las expresiones
de la misma.

Un ejemplo de esto lo encontramos en la masiva conversión de anglicanos que han optado por regresar
a la comunión plena de la Iglesia Católica, aceptando formalmente la Constitución Apostólica
Anglicanorum coetibus [5]. Por medio de la institución de ordinariatos personales conservarán
elementos cruciales de espiritualidad, liturgia, teología e historia, y disciplina, que forman parte del
patrimonio anglicano, pero a su vez aceptarán la fe católica en su integridad, y reconociendo la primacía
jurisdiccional del Papa estarán sujetos a la Congregación para la doctrina de la fe y a los demás
dicasterios de la Curia romana según sus competencias.

El ecumenismo no aplica a las sectas


Otro error común difundido entre muchos católicos es el de creer que el ecumenismo aplica a las sectas.
Frecuentemente encuentro a hermanos bien intencionados (pero no bien preparados) tratando de
dialogar con testigos de Jehová, adventistas, mormones y otros grupos proselitistas de corte sectario,
muchos de los cuales aprovechan esta disposición al diálogo para minar su fe (Muchos de estos grupos
ni siquiera son cristianos porque no profesan una fe trinitaria).

Es un hecho que estos grupos tienen una doctrina especialmente orientada a atacar puntos clave de la
fe católica. En algunos casos pueden conocer escasos cinco o seis versículos bíblicos, pero especialmente
seleccionados para confundir al católico de a pie. (No es desacertado aunque pueda sonar despectivo la
frase “católico ignorante, seguro protestante”). De allí que la apologética, es un elemento indispensable
en la formación de aquellos que quieren participar en el diálogo ecuménico e interreligioso. A este
respecto comentaba el Papa Juan Pablo II:

“Es esencial desarrollar en vuestras Iglesias particulares una nueva apologética para vuestro pueblo, a
fin de que comprenda lo que enseña la Iglesia y así pueda dar razón de su esperanza”. La necesidad de
esta nueva apologética la explica enseguida: “En un mundo donde las personas están sometidas a la
continua presión cultural e ideológica de los medios de comunicación social y a la actitud agresivamente
anticatólica de muchas sectas, es esencial que los católicos conozcan lo que enseña la Iglesia,
comprendan esa enseñanza y experimenten su fuerza liberadora. Sin esa comprensión faltará la energía
espiritual necesaria para la vida cristiana y para la obra de evangelización” [6]

NOTAS

[1] Roma Dulce Hogar, Nuestro camino al catolicismo, por Scott y Kimberly Hahn, pág. 82

[2] Unitatis Redintegratio 3

[3] Juan Pablo II, Ut unum sint 9

[4] Benedicto XVI, La revolución de Dios, pág. 23

[5] Constitución apostólica que establece las condiciones para acoger a las comunidades anglicanasne el
seno de la Iglesia católica.
[6] Juan Pablo II en su discurso a la Conferencia Episcopal de las Antillas en visita “Ad Limina” el 7 de
Mayo del 2002

El Concilio Vaticano II y el ecumenismo

Ecumenismo

En un anterior post relacionado al ecumenismo trataba de resumir los errores más comunes en que
caen muchos católicos mal informados, que terminan practicando, sin saberlo, una especie de
pancristianismo sincrético condenado por la Iglesia (ver por ejemplo: Pio XI, Mortalium Animos). Hoy
deseo tratar el tema para analizarlo desde otro punto de vista: el tradicionalismo lefebvrista. Para ello
he traducido algunos párrafos del libro More Catholic than the pope donde sus autores, Patrick Madrid y
Pete Vere tratan el tema.

Patrick Madrid es un activo y reconocido apologeta editor de la Revista Envoy Magazine, director del
Envoy Institute of Belmont Abbey College. En el pasado fue varios años vicepresidente de Catholic
Answers. Pete Vere es también apologeta y ex adherente del lefebvrismo.

Sin más presentación aquí el artículo:

El Concilio Vaticano II y el ecumenismo

“No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para
que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que
el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como
nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que
tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí” Juan 17,20-23

Algunos tradicionalistas de tendencia lefebvrista asumen que el Concilio Vaticano II contradijo la


Tradición de la Iglesia en su enseñanza sobre el ecumenismo. Si esta aseveración es correcta, entonces
la Iglesia Católica tiene un serio problema: El Concilio Vaticano II no puede ser legítimo, dado que un
concilio ecuménico legítimo puede desarrollar pero no puede contradecir previas enseñanzas
dogmáticas de la Iglesia. Para abordar este asunto, por supuesto, tenemos que ver cómo los padres del
Concilio Vaticano II entendieron el ecumenismo. Básicamente, la mayor parte de la enseñanza referente
a esta materia se encuentra contenida en la Unitatis redintegratio, la cual es el Decreto sobre el
Ecumenismo del Concilio. Este documento inicia con el siguiente párrafo:

“Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se
ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor,
aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de
Jesucristo. Los discípulos del Señor, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente
repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la
difusión del Evangelio por todo el mundo”

El ecumenismo concierne a la relación entre cristianos que caen dentro de distintas iglesias y
comuniones eclesiales. Su propósito busca ayudar a restaurar la unidad de los cristianos, reconociendo
que solo Cristo fundó una Iglesia. El ecumenismo es, pues, el diálogo espiritual y la actividad en la que la
Iglesia Católica se dedica a otros cristianos. Entendiendo “otros cristianos” como aquellos que son
válidamente bautizados pero no son católicos. Esto significa, por ejemplo, que el diálogo católico-
ortodoxo o el diálogo entre católicos y anglicanos constituye ecumenismo, ya que tanto anglicanos y
ortodoxos son válidamente bautizados pero no son cristianos católicos.

El ecumenismo no incluye sin embargo, el diálogo con musulmanes o con hindúes, porque ni los
musulmanes ni los hindúes son cristianos. La Iglesia se describe este tipo de actividad espiritual con las
religiones no-cristianas como “diálogo interreligioso”. Los padres conciliares trataron este tema en la
Nostra Aetate, que es la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las Religiones no cristianas del
Concilio Vaticano II. Es importante tener esto en cuenta, ya que algunos tradicionalistas se quejan del
“ecumenismo con los hindúes y los budistas” o alguna otra religión no cristiana, lo cual es un
malentendido del significado del ecumenismo.

Aquí es donde otra distinción debe hacerse sobre los términos empleados por los padres del Concilio
Vaticano II. Generalmente, cuando los documentos hablan de ”otras Iglesias” se están refiriendo a
Iglesias orientales no católicas que han conservado los siete sacramentos, a saber, la Iglesia ortodoxa
oriental, las Iglesias ortodoxas orientales, y las Iglesias asirias de Oriente. Posteriormente documentos
eclesiales han también empleado el término Iglesias no católicas orientales o sus equivalentes de ley.
Esta amplia definición incluye todas las Iglesias orientales no católicas, así como tales entidades
eclesiásticas que han conservado los siete sacramentos, como la Iglesia Católica Nacional Polaca, la
Iglesia Católica Patriótica China, y las antiguas iglesias católicas históricas; y, en el futuro, es posible ver a
la Sociedad de San Pio X añadida a esta categoría.

Por otra parte, los protestantes y otras comunidades cristianas no han preservado la sucesión apostólica
y por lo tanto la capacidad de administrar válidamente los siete sacramentos, por lo cual pertenecen a la
categoría de “comunidades eclesiales”. La Iglesia Católica incluye la Comunión Anglicana (a pesar de su
histórica protesta) en esta última categoría de “comunidad eclesial” .

Además, respecto a las definiciones, deberíamos notar que los padres conciliares distinguieron entre
communicatio in sacris y communicatio in spiritualibus en sus enseñanzas. El 14 de mayo de 1967, la
Secretaría para la Promoción de la Unidad de los Cristianos promulgó la Ad Ecclesiam Totam, en la que
se definen estos dos términos de la siguiente manera: “El término communicatio in spiritualibus
(participación en las cosas espirituales) cubre aquellas oraciones ofrecidas en común, uso de lugares
sagrados y objetos (por ejemplo, La Biblia).. Hay communicatio in sacris (comunión en las cosas
sacradas) cuando alguien toma parte en la adoración litúrgica o en los sacramentos de otra iglesia o
comunidad eclesial. En términos prácticos, communicatio in sacris se aplica a la participación ecuménica
de los sacramentos, mientras que communicatio spiritualibus se aplica a la participación ecuménica de
todas las actividades espirituales.

En general, la Iglesia alienta la communicatio en spiritualibus entre católicos y protestantes, pero limita
estrictamente la communicatio in sacris a unos pocos sacramentos, e incluso entonces sólo entre los
católicos y los miembros de una Iglesia no católica oriental. Véase, a este respecto, elCanon 844 del
actual Código de Derecho Canónico. Bajo ciertas circunstancias, los católicos pueden compartir el
sacramento de la confesión, la Sagrada Comunión y la Unción de los enfermos con los miembros Iglesias
orientales no católicas o sus equivalentes de ley. Estas circunstancias, aunque bien definidas, no son
excesivamente restrictivas. Sin embargo, de acuerdo con el canon, “el peligro de error o de
indiferentismo debe evitarse…”

El espíritu del diálogo ecuménico

Es cierto que en la Iglesia han ocurrido abusos en nombre del ecumenismo desde la clausura del Concilio
Vaticano II. Adherentes de la FSSPX están familiarizados con muchos de estos abusos, y a menudo
culpan de los mismos al propio Concilio. Ellos creen que la corriente del diálogo ecuménico debilita la
doctrina de la Iglesia y conduce a la herejía del indiferentismo religioso (la idea de que las diferencias
religiosas no son tan importantes). Algunos incluso argumentan que el ecumenismo mismo es una
herejía. Creen que el ecumenismo debe necesariamente implicar un debilitamiento de la enseñanza
tradicional de la Iglesia Católica única fundada por Cristo - que sólo ella es el Arca de la Salvación en el
marco de la Nueva Alianza.

Ecumenismo

Al hacer esas acusaciones, estas personas no toman en cuenta la perenne Tradición de la Iglesia.
Reconciliatio et Paenitentia es la exhortación apostólica de Juan Pablo II sobre la reconciliación y la
penitencia, la cual aclara la posición de la Iglesia en relación con el diálogo ecuménico. De hecho, el
Santo Padre va más allá del mero diálogo ecuménico para incluir todos los diálogos en los que la Iglesia
actualmente participa con el propósito de lograr una verdadera reconciliación entre las personas. Con su
típica claridad de pensamiento, enseña el Santo Padre:

“Hay que reafirmar que, por parte de la Iglesia y sus miembros, el diálogo, de cualquier forma se
desarrolle —y son y pueden ser muy diversas, dado que el mismo concepto de diálogo tiene un valor
analógico— , no podrá jamás partir de una actitud de indiferencia hacia la verdad, sino que debe ser
más bien una presentación de la misma realizada de modo sereno y respetando la inteligencia y
conciencia ajena. El diálogo de la reconciliación jamás podrá sustituir o atenuar el anuncio de la verdad
evangélica, que tiene como finalidad concreta la conversión ante el pecado y la comunión con Cristo y la
Iglesia, sino que deberá servir para su transmisión y puesta en práctica a través de los medios dejados
por Cristo a la Iglesia para la pastoral de la reconciliación: la catequesis y la penitencia”

Esta sólida enseñanza sitúa el diálogo ecuménico dentro de la tradición teológica y doctrinal de la
Iglesia. En primer lugar, el Papa Juan Pablo II señala la preocupación de que el diálogo ecuménico sea
usado para propagar el indiferentismo religioso. El reitera que el diálogo “no podrá jamás partir de una
actitud de indiferencia hacia la verdad”. El recuerda a los cristianos nunca acercarse a un diálogo
ecuménico con indiferencia hacia la verdad. De esta manera el Santo Padre autoritativamente cierra la
puerta a cualquier mal uso, o abuso, del diálogo ecuménico. A continuación, reitera los principios del
Concilio Vaticano II que deben regir el diálogo ecuménico.

El Concilio Vaticano II afirma la función tradicional del papado

Sin embargo, ¿Cuál es la verdad presentada por la Iglesia Católica? ¿Cuáles son los principios con los que
la Iglesia se acerca a los cristianos separados? Estas son preguntas importantes, porque los
tradicionalistas adherentes al lefebvrismo a menudo argumentan que con el fin de facilitar el diálogo
ecuménico, el Concilio Vaticano II restó importancia al clamado indisputable de la Iglesia de ser la única
fundada por Cristo sobre la roca de San Pedro. Pero precisamente por esto, los Padres del Concilio
anticiparon estas acusaciones en su Declaración sobre el ecumenismo,Unitatis redintegratio, en el cual
claramente enseñan:

“Para el establecimiento de esta su santa Iglesia en todas partes y hasta el fin de los tiempos, confió
Jesucristo al Colegio de los Doce el oficio de enseñar, de regir y de santificar. De entre ellos destacó a
Pedro, sobre el cual determinó edificar su Iglesia, después de exigirle la profesión de fe; a él prometió las
llaves del reino de los cielos y previa la manifestación de su amor, le confió todas las ovejas, para que las
confirmara en la fe y las apacentara en la perfecta unidad, reservándose Jesucristo el ser El mismo para
siempre la piedra fundamental y el pastor de nuestras almas” .

Ecumenismo
Partiendo de un sólido fundamento escriturístico, los principios del Concilio Vaticano II fluyen desde las
enseñanzas de Cristo y sus apóstoles. El Concilio enseña la Iglesia del Señor, y por tanto la unidad de los
cristianos, debe ser edificada sobre la roca de San Pedro. Por otra parte, el Concilio afirma que la tarea
de preservar y confirmar esta unidad dentro de la Iglesia del Señor corresponde a San Pedro y a sus
legítimos sucesores en el papado romano. La objeción de que el Concilio Vaticano II debilita la función
primacial del Papa falla, porque este texto reitera lo que la Iglesia ha enseñado siempre de acuerdo con
su Sagrada Tradición. El ministerio petrino es, y siempre lo ha sido, el fundamento de la unidad entre los
cristianos.

El ecumenismo auténtico ratifica la presencia real de Cristo en la Eucaristía

San Pedro y sus sucesores son el fundamento de la unidad en la Iglesia. Sin embargo, esta base se
establece por medio de Jesucristo. Nuestro Señor es la fuente de la unidad dentro de la Iglesia,
especialmente en lo que se refiere a su presencia real en el Santísimo Sacramento. Debemos tener esto
en cuenta cuando se defiendan las enseñanzas del Concilio sobre el ecumenismo, ya que muchos
lefebvristas también alegan que el ecumenismo debilita la fe católica en nuestra presencia real del Señor
con el fin de calmar a los no católicos. Esto no es cierto. Basta continuar leyendo el decreto sobre el
ecumenismo del Concilio Vaticano II para descubrir la siguiente enseñanza:

“[Cristo] instituyó en su Iglesia el admirable sacramento de la Eucaristía, por medio del cual se significa y
se realiza la unidad de la Iglesia”

En otras palabras, el Concilio Vaticano II llama a la Iglesia a promover la unidad de los cristianos a través
del diálogo ecuménico. Sin embargo, el Concilio reconoce que la unidad no puede ser ni completamente
realizada sino solo hacia el Sacramento de la Santa Eucaristía. Así, el Concilio Vaticano II no sólo
defiende la doctrina tradicional católica sobre el Santísimo Sacramento, sino que afirma claramente esta
posición en el mismo decreto a través del cual se promueve el ecumenismo. Los Padres del Concilio, por
la promoción del diálogo ecuménico, tratan de atraer a nuestros hermanos cristianos separados de
nuevo a la plena comunión con la Iglesia Católica por medio de la Sagrada Eucaristía. La Eucaristía
simboliza nuestra unidad en la Iglesia, primeramente con Dios, y en segundo lugar con los demás. Sin
embargo, este simbolismo sólo puede realizarse plenamente a través del Santo Sacrificio de la Misa

Al traernos el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, así como la perpetuación
del santo sacrificio de Cristo en la cruz, la Misa nos une a todos los discípulos de Cristo a través del
tiempo y el espacio, reuniéndonos en una sola Iglesia. La intención de la enseñanza del Concilio Vaticano
II sobre el ecumenismo es para ayudar a reunir con la Iglesia los discípulos cristianos que han quedado
separados a través de cismas y herejías históricas.
“Esta postura ecuménica representa una desviación de la tradición católica”, afirman algunos adeptos al
tradicionalismo lefebvrista. “No encontramos ningún ejemplo de la Iglesia Católica participara en una
actividad ecuménica similar antes del Concilio Vaticano II” . Esta objeción podría causar problemas a
algunos católicos, porque ellos no conocen otros ejemplos de la práctica ecuménica de la Iglesia católica
con los que se han separado de ella. Sin embargo, tales precedentes si existen dentro de la Tradición
católica. El ejemplo más llamativo es, probablemente, el Concilio Ecuménico de Florencia. Este Concilio
ofrece todo un precedente claro en la Tradición católica de la participación actual de la Iglesia en el
diálogo ecuménico. Después de todo, el Concilio de Florencia intentó reunir a los ortodoxos orientales y
el occidente católico. Durante el cuarto período de sesiones de este Concilio, el Papa Eugenio IV
decretó:

“Eugenio, obispo, siervo de los siervos de Dios, para perpetua memoria. Nos corresponde dar gracias a
Dios todopoderoso… Porque he aquí, los pueblos occidentales y orientales, que han sido separados por
mucho tiempo, se apresuran a entrar en un pacto de armonía y unidad, y los que fueron justamente
afligidos por esta larga disensión que les mantiene separados, por fin después de muchos siglos, en el
marco del impulso de Aquel de quien procede toda buena dádiva, se reúnen en persona en este lugar
por el deseo de una santa unión”

Un par de cuestiones debe llamar nuestra atención. En primer lugar, el Oriente y Occidente se separaron
el uno del otro, obviamente en cisma, tal como reconoció el Papa Eugenio IV en su decreto. Estas
Iglesias, sin embargo se reunieron después de muchos siglos para tratar de conciliar sus diferencias. Este
es un acto de ecumenismo, que el Papa Eugenio IV atribuye al Espíritu Santo. De hecho, el Papa no sólo
atribuye este diálogo ecuménico a la inspiración del Espíritu Santo, sino que procede a mantener ese
diálogo en el Concilio de Florencia como nuestra obligación cristiana, diciendo: «Somos conscientes de
que es nuestro deber y el deber de toda la Iglesia esforzarnos al máximo para asegurar que estas
iniciativas felices avanzan y tratar nuestros problemas juntos, tal que podamos merecer ser llamados
cooperadores con Dios»”

Al sostener la posición católica tradicional del Concilio de Florencia - en otras palabras, una posición
verdaderamente basada en la Sagrada Tradición de la Iglesia - un católico puede objetar que todo esto
aplica al ecumenismo católico con la Iglesia Ortodoxa Oriental. ¿Acaso aplica al ecumenismo entre
católicos y protestantes después del Concilio Vaticano II? ¿Hay un ejemplo similar de los anteriores
concilios ecuménicos?

Estas son preguntas importantes, ya que algunos de estos tradicionalistas suelen hacer gran alboroto
por la invitación a seis teólogos protestantes a participar en el Concilio Vaticano II en calidad de
asesores. Brevemente, debemos hacer notar que había muchos más observadores ortodoxos y
protestantes en el Concilio. Los famosos “seis protestantes” constantemente mencionados por los
opositores del Concilio Vaticano II eran simplemente observadores en lo referente a la reforma litúrgica.

La sugerencia de que estos “seis protestantes” prácticamente hicieron juntos la reforma litúrgica de
Pablo VI es una exageración. Si aceptamos el Concilio de Trento como una expresión auténtica de la
Tradición católica (los católicos están obligados a hacerlo), entonces los cargos que no tienen en cuenta
la Tradición católica. En los documentos de la decimotercera sesión de Trento, leemos:

“El sacrosanto general Concilio de Trento, congregado legítimamente en el Espíritu Santo, y presidido de
los mismos Legado y Nuncios de la santa Sede Apostólica, concede, en cuanto toca al mismo santo
Concilio, a todas y a cada una de las personas eclesiásticas o seculares de toda la Alemania, de
cualquiera graduación, estado, condición y calidad que sean, que deseen concurrir a este ecuménico y
general Concilio, la fe pública, y plena seguridad que llaman Salvoconducto, con todas y cada una de sus
cláusulas y decretos necesarios y conducentes, aunque debiesen expresarse en particular, y no en
términos generales; los mismos que ha querido se tengan por expresados, para que puedan y tengan
facultad de conferenciar, proponer y tratar con toda libertad de las cosas que se han de ventilar en el
mismo Concilio, así como para venir libre y seguramente al mismo Concilio general, y permanecer y vivir
en él, y también para representar, y proponer tanto por escrito, como de viva voz los artículos que les
pareciese, y conferenciar y disputar con los Padres o con las personas que eligiere el mismo santo
Concilio, sin injurias ni ultrajes; e igualmente para que puedan retirarse cuando fuere su voluntad”

Debemos hacer varias observaciones importantes. En primer lugar, el Concilio de Trento invitó y ofreció
salvoconducto a los protestantes que deseaban venir y participar en este Concilio Ecuménico. En
segundo lugar, los Padres del Concilio invitaron a los protestantes de todas las clases eclesiásticas y
sociales para compartir su punto de vista teológico, proponer temas para el debate, y en general
participar en los quehaceres diarios del concilio. En tercer lugar, los padres conciliares permitieron a los
protestantes retirarse en cualquier momento. Finalmente los protestantes, los Padres del Concilio les
invitaron a ser más que simples observadores.

En el Concilio de Trento, la Iglesia emitió una clara invitación al diálogo ecuménico entre católicos y
protestantes. Y puesto a la mayoría de luteranismo envuelto de Alemania de aquella época. Esta
invitación fue mucho más amplia que la invitación a un puñado de teólogos protestantes en el Vaticano
II. De hecho, el Concilio de Trento permitía a los protestantes que asistiesen al concilio mayor nivel de
participación que el que se le permitió a los teólogos protestantes observadores del Concilio Vaticano II.
Irónicamente, las objeciones lefebvristas al ecumenismo católico-protestante, tanto durante como
después del Concilio Vaticano II, son realmente objeciones a un precedente establecido por el Concilio
de Trento.
Para concluir este capítulo sobre el Concilio Vaticano II y el ecumenismo, podemos afirmar que estas
enseñanzas nos ofrecen una visión fresca en nuestra tradición católica, en que los padres conciliares
formularon estas enseñanzas para hacer frente al escándalo de la desunión de los cristianos. Sin
embargo, cuando se trata de la sustancia de nuestra fe católica, estas enseñanzas no representan un
cambio en lo que la Iglesia siempre ha enseñado. El ecumenismo católico está sólidamente fundada en
la Tradición católica, heredada de anteriores Concilios Ecuménicos. Las enseñanzas del Concilio Vaticano
II sobre el ecumenismo se basan en los precedentes ecuménicos de la Iglesia establecida en el Concilio
de Florencia y el Concilio de Trento. Como católicos, podemos abrazar las enseñanzas del Concilio
Vaticano II sobre el ecumenismo, ya que estas enseñanzas están sólidamente arraigadas en la Tradición
católica.

Reflexiones sobre ecumenismo– Parte 1: Breve historia de los enfoques ecuménicos

Por José Miguel Arráiz

Ecumenismo

Pocas cosas producen posiciones encontradas tanto entre católicos como protestantes como el
ecumenismo. Algunos lo rechazan como un sincretismo religioso en donde cada uno renuncia a parte de
lo que considera es la verdadera doctrina cristiana, mientras que otros consideran un movimiento
inspirado por el Espíritu Santo que busca restaurar la unidad de los cristianos, conforme a la voluntad
del Señor: “Que todos sean uno” (Juan 17,21)

Personalmente estoy en parte de acuerdo con ambos: con los primeros, en rechazar aquello que ellos
entienden por ecumenismo, pues un ecumenismo en donde se renuncia a la unidad sacrificando la
verdad no puede provenir del Espíritu Santo[1].

Y con los segundos, en que es voluntad de Dios que los cristianos estemos unidos. San Pablo nos exhortó
a poner “empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo
Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo
bautismo” (Efesios 4,3-5)

Sería incapaz de dudar de la recta intención de muchos de mis hermanos separados que son capaces
incluso de dar la vida por Cristo, siendo ese un testimonio inobjetable de la fuerza de su fe. Y
personalmente sí estoy a favor del ecumenismo, pero de un ecumenismo con las características que
exige el evangelio, que busca la unidad no sólo en apariencia, sino formando parte de un solo cuerpo y
compartiendo una misma fe.
Enfoques ecuménicos a lo largo de la historia

Si bien el ecumenismo busca “restaurar” la unidad de los cristianos, el enfoque que se ha dado a lo largo
de la historia ha variado, cosa completamente comprensible dado que se trata de un elemento
“prudencial” no dogmático, que puede variar de acuerdo al momento y condiciones de cada período. No
se pone en duda aquí si se debe o no se debe buscar restaurar la unidad entre cristianos, sino que se
busca la mejor manera de hacerlo.

Papa Pio XI y la Encíclica Mortalium Animos

El Papa Pio XI publicó en 1928 la Encíclica “Mortalium Animos” acerca de “cómo se ha de fomentar la
verdadera unidad religiosa”. En ella el Papa desarrolla un enfoque conocido como “ecumenismo de
retorno”, que fue el que tuvo la Iglesia hasta ese entonces, en el cual se busca restaurar la unidad entre
cristianos por medio de la reincorporación de los cristianos no católicos a la unidad plena de la Iglesia
Católica abandonando su antigua fe. Se rechaza cualquier participación o cooperación de los católicos en
encuentros ecuménicos, por considerarlos un resbaladero al indiferentismo y el modernismo[2].

Ecumenismo a partir del Concilio Vaticano II

Luego del Concilio Vaticano II se produce una apertura y un cambio de enfoque en el ecumenismo. Ya no
se busca solo un ecumenismo de retorno, pues no se pide a los demás que renieguen de su propia
historia de fe, tampoco implica buscar uniformidad en todas las expresiones de la teología de la
espiritualidad, en las formas litúrgicas y en la disciplina[3].

El más importante exponente de este enfoque del ecumenismo es el Decreto sobre el ecumenismo,
Unitatis Redintegratio, del Concilio Vaticano II, y en él se exhorta a que en el diálogo ecuménico se
exponga con claridad toda la doctrina evitando un “falso irenismo” que pueda “desvirtuar la pureza de
la doctrina católica y obscurecer su genuino y verdadero sentido”[4].

Se trata de exponer la verdad con caridad, respeto pero a la vez sin atenuaciones en busca de la unidad
en la diversidad: unidad en lo fundamental (una misma fe y doctrina) pero con diversidad en las
expresiones de la misma.

Un ejemplo de esto lo encontramos en la masiva conversión de anglicanos que optaron por regresar a la
comunión plena de la Iglesia Católica, aceptando formalmente la Constitución Apostólica “Anglicanorum
coetibus”. Por medio de la institución de ordinariatos personales las comunidades de conversos
conservaron elementos de espiritualidad, liturgia, teología e historia, y disciplina, que forman parte del
patrimonio anglicano, pero a su vez aceptaron la fe y doctrina católica en su integridad, reconociendo la
primacía jurisdiccional del Papa se sujetaron a la Congregación para la doctrina de la fe y a los demás
dicasterios de la Curia romana según sus competencias.

¿Enfoques excluyentes?

Aunque ambos enfoques son distintos, siempre he pensado que ambos no son necesariamente
incompatibles en lo fundamental, porque no habría por qué ver como excluyente la búsqueda de
conversiones individuales mientras caminamos juntos aprendiendo a comprendernos y respetarnos,
cooperando en aquellas causas que nos son comunes y permaneciendo juntos en oración.

Se trata de aceptar que tenemos diferencias que de momento no podemos resolver, pues esa unidad
será una gracia del Espíritu Santo, pero mientras tanto compartir en aquello que tenemos en común, y
por medio del diálogo, explorar y discernir en qué otras cosas compartimos una misma fe aunque
nuestra forma de expresarla sea distinta.

P.D: En mi próxima entrega trato lo que considero errores y desviaciones en la praxis ecuménica actual.
Advierto que será un artículo principalmente crítico, por lo que aquellas personas que tienen una idea
de catolicismo que involucra estar de acuerdo en todo con este pontificado incluyendo aquellas cosas
que son opinables, mejor absténganse de leerlo. Hago esta última observación, porque la última vez que
escribí un artículo crítico, hubo algunas personas que me acusaron de “cismático” y “simpatizante
lefebvristas”, lo cual les aseguro, no es el caso.

Continuación: Reflexiones sobre ecumenismo – Parte 2: “Excesos ecuménicos”

NOTAS

[1] Unitatis Redintegratio 11

[2] Mortalium Animos 15

[3] Benedicto XVI, La revolución de Dios, pág. 23


[4] Unitatis Redintegratio 11

Reflexiones sobre ecumenismo– Parte 2: “Excesos ecuménicos”

Por José Miguel Arráiz

El Papa Francisco y la imagen de Lutero

Artículo anterior: Reflexiones sobre ecumenismo – Parte 1: Breve historia de los enfoques ecuménicos

En mi entrega anterior hice un breve resumen del enfoque sobre el ecumenismo que la Iglesia Católica
ha tenido antes y después del Concilio Vaticano II. Como ya dije, reitero que estoy a favor de un genuino
ecumenismo tal como enseña el Magisterio en sus distintos documentos, desde la encíclica de Pio XI,
Mortalium Ánimos, pasando por el Decreto del Concilio Vaticano II “Unitatis Redintegratio” y el
desarrollo que siguió con los documentos relacionados con el ecumenismo por Juan Pablo II como
Reconciliato Et Paenitentia (Sobre la reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia hoy), Ut
Unum Sint (Sobre el empeño ecuménico).

Sin embargo, no puedo dejar de observar lo que considero errores en la praxis ecuménica que considero
importante mencionar, aunque eso implique alguna crítica a los recientes pontificados incluido el actual.
Trataré de ser lo más respetuoso posible y que mi crítica siempre sea constructiva.

Estoy consciente que esto me expone a “fuego amigo” de parte de muchos católicos que confunden
defender la fe católica con defender todo lo que Papa reinante diga o haga, incluso en materias
opinables y ven mal que se discrepe incluso buscando el bien de la Iglesia. Pero lo cierto es que no
somos una “secta” donde todo lo que dice el líder es inobjetable y los adeptos se lanzan como hienas a
despedazar a todo el que se atreva a contradecirle.

Dicho esto, comienzo a enumerar lo que considero errores en la praxis ecuménica actual:

1.- Comprender la apologética y el ecumenismo como excluyentes


El auge en el empeño ecuménico nos ha hecho dejar en segundo plano la importancia de la apologética,
la cual la jerarquía eclesiástica considera en su mayor parte un intento de resolver las diferencias por
medio de conflictos y discusiones.

Un ejemplo lo tenemos en los recientes discursos del Papa Francisco, quien parece estar de acuerdo con
este punto de vista, pues las pocas veces que ha hecho alusión a la apologética ha sido para
desalentarla. En una homilía del 25 de Enero del 2015 afirmó que: “Muchas controversias entre los
cristianos, heredadas del pasado, pueden superarse dejando de lado cualquier actitud polémica o
apologética, y tratando de comprender juntos en profundidad lo que nos une, es decir, la llamada a
participar en el misterio del amor del Padre, revelado por el Hijo a través del Espíritu Santo”.

Más adelante agregó que “la unidad de los cristianos–estamos convencidos– no será el resultado de
refinadas discusiones teóricas, en las que cada uno tratará de convencer al otro del fundamento de las
propias opiniones.”

En defensa de esas palabras se puede decir que el Papa no está diciendo que hay que dejar de lado la
apologética para resolver “todas” sino “muchas” de las controversias, y que es cierto que solamente con
el diálogo y nuestros propios esfuerzos no vamos a restaurar la unidad de los cristianos, porque es
ciertamente un don divino.

Pero es que tampoco eso lo pretende la apologética. La apologética busca acompañar la transmisión de
la fe cristiana, permitiendo al evangelizador “estar siempre dispuesto a dar respuesta a todo el que le
pida razón de su propia fe” (1 Pedro 3,15-16). De esta manera no solo nos permite conocer y
profundizar en el fundamento de nuestra fe, sino también transmitirla de manera eficaz a los no
creyentes, participando y cumpliendo la gran comisión de nuestro Señor.

Dicho de modo breve: con apologética no vamos a resolver todos los problemas en la Iglesia, pero sin
ella mucho menos.

El Papa Juan Pablo II parecía que sí tenía más clara la necesidad de la apologética, pero aun así sus
palabras cayeron en el olvido y los obispos, por lo menos en su gran mayoría, no tomaron planes ni
acciones permanentes al respecto.

Recuerdo en especial dos discursos del Santo Padre, uno en Octubre de 1999 y otro en Mayo del 2002.
En ambos resaltó la importancia de revitalizar una nueva apologética:
“En un mundo donde las personas están sometidas a la continua presión cultural e ideológica de los
medios de comunicación social y a la actitud agresivamente anticatólica de muchas sectas, es esencial
que los católicos conozcan lo que enseña la Iglesia, comprendan esa enseñanza y experimenten su
fuerza liberadora. Sin esa comprensión faltará la energía espiritual necesaria para la vida cristiana y para
la obra de evangelización.”[1]

“En otras palabras, hace falta una nueva apologética, que responda a las exigencias actuales y tenga
presente que nuestra tarea no consiste en imponer nuestras razones, sino en conquistar almas, y que no
debemos entrar en discusiones ideológicas, sino defender y promover el Evangelio. Este tipo de
apologética necesita una «gramática» común con quienes ven las cosas de forma diversa y no
comparten nuestras afirmaciones, para no hablar lenguajes diferentes, aunque utilicemos el mismo
idioma.”[2]

El Papa en ese entonces tenía claro que esta apologética debía tener ciertas características esenciales
para lograr su objetivo, que involucraba tener empatía para con los hermanos separados pero sin caer
en una interpretación sentimental del amor separada de la verdad:

“Esta nueva apologética también tendrá que estar animada por un espíritu de mansedumbre, la
humildad compasiva que comprende las preocupaciones y los interrogantes de los demás, y no se
apresura a ver en ellos mala voluntad o mala fe. Al mismo tiempo, no ha de ceder a una interpretación
sentimental del amor y de la compasión de Cristo separada de la verdad, sino que insistirá en que el
amor y la compasión verdaderos plantean exigencias radicales, precisamente porque son inseparables
de la verdad, que es lo único que nos hace libres (cf. Jn 8, 32)”[3].

2.- Inacción ante el fenómeno sectario

Por otro lado, desde mi perspectiva, casi pareciera que la jerarquía católica considera al protestantismo
como si estuviese representado sólo por el luteranismo, y en lo que se suele llamar esta “era
ecuménica” ha descuidado no sólo la apologética hacia afuera sino la apologética hacia adentro.

Los fieles católicos no son formados para conocer el fundamento de su fe católica y poder defenderla
eficazmente ante las objeciones de los protestantes. Si juntamos eso en un coctel explosivo donde les
motivamos a asistir a encuentros ecuménicos en los que “comparten” con nuestros hermanos su fe, el
resultado no es una mayor unidad e integración, sino el abandono de la fe católica para comenzar a
formar parte de las comunidades protestantes.
A las pruebas me remito, pues un reciente informe de Latinobarómetro, revela que desde 1995 hasta el
2013 la Iglesia Católica ha perdido fieles en casi todos los países de Latinoamérica, pasando del 80 al 67
por ciento de la población. El mismo informe resalta el crecimiento paralelo de la población protestante
que se identifica como “cristiana evangélica”. La relación proporcional entre el aumento de protestantes
evangélicos y la reducción en el número de católicos solo puede significar que cada vez más católicos se
hacen protestantes.

En total, el catolicismo ha perdido 13 puntos porcentuales en cuanto a creyentes en todo el continente,


pasando de un 80 por ciento de la población en 1995 a un 67 por ciento en 2013. Aunque sigue siendo la
religión con mayor número de seguidores en esos países la tendencia a la baja es constante y se ha ido
acentuando.

En algunos países el descenso incluso es superior, como Nicaragua y Honduras, donde pierde una
presencia cercana al 30 por ciento. También hay descensos significativos, del 20 al 15 por ciento, en
Costa Rica, Uruguay, Chile, Panamá y Brasil.

Si se observa el problema globalmente, según las propias estadísticas oficiales de la Iglesia Católica que
recoge el CARA, aunque la población a nivel mundial pasó de 653,6 a 1.229 millones, ha descendido 1%
porcentualmente, y el descenso hubiese sido mayor si el abandono masivo de la fe católica que sufrió en
los continentes de América y Europa no lo hubiese compensado el incremento que ocurrió en Asia y
África, continentes de la esperanza que de seguir el mismo enfoque terminarán por sufrir el mismo
destino.

Es un fenómeno que he observado con mis propios ojos, pues a unas cuadras de mi casa se encuentra
una comunidad católica que se hizo protestante a raíz de estos encuentros ecuménicos en donde había
una ausencia total de formación apologética por parte de los fieles. Hoy día se llama “Iglesia Evangélica,
El amor de Dios”, y una de las feligreses anteriormente católica es actualmente “la pastora”.

3.- Promoción objetiva del indiferentismo religioso

Aunque no sea esa su intención, muchas afirmaciones y acciones de la jerarquía católica, fomentan
objetivamente en muchos fieles la impresión de que no es esencial ser católico, sino que puede ser igual
de bueno permanecer como protestante.

Tomemos por ejemplo, el acto donde el Papa Francisco recibió un conjunto de Luteranos,en el que se
colocó en la sala una estatua de Lutero junto con la que incluso se tomó diversas fotografías. Aunque
puede entenderse como un gesto ecuménico “diplomático” que busca simpatizar con los hermanos
luteranos que iba a recibir, más allá de eso, colocar un busto de alguien implica presentarle en algún
sentido como un “modelo”. No hacemos bustos de Hitler ni de Stalin, los hacemos de gente digna de ser
admirada e imitada. Si a eso sumamos los elogios políticamente correctos que cada vez se hacen más
frecuentes, se forma un coctel que aunque no lo pretenda, disipa de la mente de los católicos la
gravedad de los actos que cometió y la importancia esencial de pertenecer unido a única Iglesia fundada
por Cristo.

Y es que, si alguien puede maldecir e insultar al Papa y a los obispos con los adjetivos más soeces,
identificar a la Iglesia Católica como la “Prostituta de Babilonia”, abolir la misa, negar los dogmas,
perseguir católicos y protestantes, provocar e incentivar una masacre de cien mil campesinos, ser un
furibundo antisemita, y aún así ser un “testigo del evangelio”, poca diferencia puede hacer ser católico o
protestante.

Después de todo, “testigo” es aquel que “es capaz de dar fe de un acontecimiento por tener
conocimiento del mismo” (RAE). ¿Estamos acaso admitiendo que Lutero tenía un conocimiento
fidedigno y acertado del evangelio?

Estoy de acuerdo en poner todo el empeño en olvidar y superar los desacuerdos del pasado y buscar la
unidad con nuestros hermanos luteranos, pero pienso que debemos hacerlo, no reivindicando a Lutero,
sino dejándolo atrás. Nunca recreando imágenes fantásticas y alejadas de la realidad de quien
realmente fue y se convirtió.

Pondré un ejemplo de este tipo de “blanqueamiento” alejado de la realidad que cada vez abunda con
más frecuencia en la alta jerarquía católica:

Recientemente el cardenal Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de
los Cristianos, publicó un artículo en L'Osservatore Romano por el que fue públicamente felicitado por el
Papa Francisco, en donde hace afirmaciones bastante discutibles que analizaré a continuación. Dice:

“Él [Lutero] no quería en absoluto romper con la Iglesia Católica y fundar una iglesia nueva, pero tenía
en mente la renovación de toda la cristiandad en el espíritu del Evangelio”

He aquí un ejemplo de una afirmación equívoca. No me refiero a admitir la posibilidad de que Lutero,
aún estando equivocado, tuvo “recta intención”, que como ya expliqué en una ocasión es posible dado
que sólo Dios ve el fuero interno de cada persona. Me refiero a la afirmación de tener en mente la
renovación de toda la cristiandad en el “espíritu del Evangelio”.
Que Lutero buscaba una renovación de la Iglesia a su manera, no lo discuto, pero que era en el espíritu
del Evangelio es imposible admitirlo sin matizar que era en lo que él consideraba “espíritu del Evangelio”
sin serlo realmente.

A los hechos me remito: Lutero tuvo y aprovechó la oportunidad de “reformar” la religión cristiana a la
medida de su comprensión del “espíritu del Evangelio” y lo que surgió de allí fue el protestantismo tal
como lo conocemos: una religión que aunque con elementos de verdad heredados de la Iglesia Católica,
niega la autoridad del Papa y de la Iglesia y la ha sustituido por la libre interpretación de la Biblia, niega
un número no pequeño de dogmas de fe católica y ha abolido la Santa Misa.

En lo que fracasó Lutero —y gracias a Dios— fue en imponer su visión del “espíritu del Evangelio” a toda
la cristiandad, pero donde logró hacerlo a sus anchas, sin oposición, no produjo ninguna verdadera
renovación sino caos y divisiones, lo que demuestra que su doctrina no era el evangelio verdadero, sino
uno distorsionado.

No tiene sentido entonces llamarle “testigo del Evangelio”, ya que de ser así, tendríamos que conceder
el calificativo a prácticamente todos los herejes que ocasionaron cismas y divisiones y que
probablemente también tenían “buena” intención.

El Cardenal Kock también afirma que Lutero habría encontrado en el Concilio Vaticano II “su concilio”,
cosa que nuevamente es difícil de conciliar con la realidad. El Concilio Vaticano II reafirmó la doctrina
católica en dogmas que Lutero rechazaba radicalmente.

¿De verdad se puede creer que Lutero iba a aceptar una Constitución Dogmática como la Lumen
Gentium que reafirma la constitución jerárquica de la Iglesia y el Papado, o la Dei Verbum que acepta la
Sagrada Tradición como forma de transmisión de la Revelación? ¿La Gaudium Et Spes tal vez? Si somos
honestos, aun admitiendo lo bueno que pudo haber existido en Lutero, basta conocer un poco sus obras
y sus enseñanzas para saber que él sólamente estaba dispuesto a aceptar la autoridad de la Iglesia y los
concilios si estaban de acuerdo con su particular comprensión de la Biblia. Por lo tanto, este tipo de
declaraciones, aun cuando vengan del Presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos,
sólo se puede comprender como expresiones “políticamente correctas” pero completa y absolutamente
alejadas de la realidad.

A donde vamos…
Mientras tanto la situación de la Iglesia se agrava cada día.

He trabajado en empresas toda mi vida y si algo he podido aprender, es que los indicadores reflejan el
éxito o fracaso de una gestión. Las cifras que evidencian una deserción masiva a la religión católica
demuestran de manera inequívoca que algo estamos haciendo mal. Muchas pueden ser las causas, yo
sólo señalo algunas de las que considero han contribuido a acelerar la debacle.

Otra cosa que aprendí en el mundo empresarial es que si seguimos haciendo las cosas de la misma
manera, no podemos esperar obtener diferentes resultados, y si insistimos en tomar una medicina que
ha probado ser ineficaz no vamos a curar ninguna enfermedad. Una “euforia” ecuménica donde se
descuidan otros aspectos importantes en la pastoral y formación del pueblo católico no va a disminuir
esta sangría que va en detrimento su bien espiritual y que hace que el número de protestantes
aumente, nutriendo sus filas del pueblo católico, mientras nosotros muy contentos posamos sonrientes
para la foto.

NOTAS

[1] Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia Episcopal de las Antillas en visita Ad Limina, Mayo 2002

[2] Juan Pablo II, Discurso a los obispos de las Canadá con motivo de la visita Ad Limina, Octubre 1999

[3] Ibid.

También podría gustarte