Semana 1
Lectura y Redacción
Unidad 1
Origen y funciones del
lenguaje escrito
Material compilado con fines académicos, se prohíbe su
reproducción total o parcial sin la autorización de cada autor.
1. Origen y funciones del lenguaje escrito
1.1 El lenguaje
El lenguaje es uno de los elementos más complejos con los que cuenta el ser huma-
no. Es la mejor forma que posee para comunicar sus ideas por medio de símbolos
producidos voluntariamente. Es reconocido por un grupo social completo y es la base
sobre la cual se fundamentan las relaciones de los integrantes de dicho grupo social.
De entre todas las formas de lenguaje que el ser humano ha creado y que puede utilizar,
el lenguaje verbal es el más sofisticado y el que más utilidad le reporta.
A través del lenguaje verbal podemos:
•Transmitir sentimientos, ideas, pensamientos, deseos, experiencias y conocimien-
tos; y
•podemos interactuar con los demás con claridad y eficacia.
En las siguientes líneas hablaremos de la definición de lenguaje, sus usos e invencio-
nes, y de las interesantes diferencias entre el lenguaje escrito y el oral.
1.1.1 Definición de lenguaje
El concepto de lenguaje se refiere a un sistema de símbolos convencionales hablados,
manuales o escritos mediante los cuales los seres humanos, como miembros de un grupo
social y participantes en su cultura, se expresan.
Los seres humanos podemos comunicarnos entre nosotros gracias a que hemos desa-
rrollado el lenguaje que nos permite intercambiar conocimientos, creencias, opiniones,
deseos, amenazas, órdenes, agradecimientos, promesas, declaraciones y sentimientos;
sólo nuestra imaginación establece los límites.
Podemos reír para expresar diversión, felicidad o falta de respeto, podemos sonreír
para expresar diversión, placer, aprobación o sentimientos amargos, podemos gritar
para expresar enojo, emoción o miedo, podemos apretar los puños para expresar
determinación, enojo o una amenaza, podemos levantar nuestras cejas para expresar
sorpresa o desaprobación, y así sucesivamente. El lenguaje humano es muy complejo.
Sin embargo, se dice que también los animales usan un lenguaje, el cual consiste en
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sonidos las menos de las veces. La mayor parte del tiempo, los animales se comunican
mediante la kinesia, es decir, movimientos y posturas de sus cuerpos.
Los perros mueven la cola o las orejas, los gatos se comunican con movimientos de la
cola, los caballos lo hacen con posturas de sus cuerpos, etc. La mayoría de las especies
no humanas pueden intercambiar información, pero se sabe que ninguna de ellas tiene
un sistema de comunicación con una complejidad que de alguna manera sea comparable
con el lenguaje. Se comunican con medios no lingüísticos que se asemejan a nuestra son-
risa, risa, gritos, apretar los puños y levantar las cejas. Los simios de diferentes especies
pueden intercambiar diferentes tipos de información emitiendo varios tipos de chillidos,
componiendo sus rostros de numerosas maneras y moviendo las manos o los brazos en
diferentes gestos, pero no tienen palabras ni oraciones.
Sin embargo, se ha estudiado alguna vez el lenguaje animal para comprender a qué cosa
podríamos llamar lenguaje y a qué no.
Benveniste presenta un estudio del lenguaje de la danza de la abeja en su trabajo Co-
municación animal y lenguaje humano (1952), y también en Una mirada al desarrollo de
la lingüística (1963). El autor compara las características del lenguaje humano con las
de la comunicación de las abejas, para establecer una serie de condiciones lingüísticas
que todo lenguaje debe cumplir para llamarse así. Las abejas muestran un alto grado de
sofisticación en la comunicación que usan, incluso en comparación con otros animales.
Como bien se sabe, la organización dentro de la colmena se da gracias al desarrollo de
estas facultades comunicativas. El desarrollo de dicha comunicación llega al grado de
que las abejas pueden comunicar, por ejemplo, el lugar donde se encuentra una fuente
de alimento. Entonces, ¿el lenguaje de las abejas podría ser llamado como tal?
Aquí la descripción del mecanismo de la danza de las abejas:
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Benveniste se basa en el trabajo del zoólogo austriaco y Premio Nobel Karl von Frisch
para describir la complejidad del lenguaje de las abejas. Argumenta que aplicar la noción
de lenguaje al mundo animal es admisible sólo a cambio de abusar de los términos, pues
el lenguaje reproduce la realidad a través de su función simbólica. Con esto, Benveniste
refutó interpretaciones lingüísticas conductistas al demostrar que el habla humana, a
diferencia de los llamados lenguajes de las abejas y otros animales, no puede reducirse
simplemente a un sistema de estímulo-respuesta.
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Benveniste afirma que esta función simbólica del lenguaje es una capacidad específica-
mente humana puesto que el lenguaje representa la forma más elevada de una facultad
inherente a la condición humana: la facultad de simbolizar. Esta capacidad representativa,
en esencia simbólica, aparece sólo en el hombre.
Entonces, el lenguaje es una propiedad exclusivamente humana. Entre las características
que lo hacen especial, dos son particularmente importantes: la doble articulación y la
sintaxis.
Las lenguas tienen decenas de miles de signos, y el término doble articulación se re-
fiere al hecho de que estos signos se construyen a partir de un repertorio relativamente
pequeño —normalmente entre 10 y 100— de sonidos sin sentido, que son los fonemas,
por ejemplo, /i/ /r/ /e/.
El otro nivel de articulación se refiere, por ejemplo, a la palabra iré, que se forma
con los fonemas dados y que también puede dar lugar al término ríe —economía
del lenguaje—. Estos son los monemas. El término articulación, tal como lo usan los
semióticos respecto a la "estructura del código", se deriva de la lingüística estructural
de André Martinet.
El principio de la doble articulación ha permitido a los seres humanos crear idiomas con un
número impresionantemente grande de signos, pero el inventario de signos en un idioma
es necesariamente limitado. Dado que el número de sonidos en un idioma suele oscilar
entre 10 y 100, no podríamos tener cientos de miles de signos diferentes a menos que
permitamos que sean extremadamente largos, y de todos modos hay un límite superior
para el número de signos que un humano es capaz de recordar.
La solución que permitió a los seres humanos hablar sobre todo lo que pueden imaginar
es la sintaxis.
La sintaxis se usa para juntar signos que expresan significados relativamente simples
en combinaciones de signos que expresan significados más complejos. Se trata de
un mecanismo que permite a los seres humanos emitir un número infinito de oracio-
nes construidas a partir de un número finito de elementos que funcionan dentro de
bloques de construcción de enunciados.
1.1.2 Origen y uso del lenguaje
Nadie sabe a ciencia cierta dónde o cómo se origina el lenguaje humano. Evidentemente,
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tiene que haber sido, al igual que el ser humano, producto de la evolución. Conforme los
primeros humanos se volvían seres más evolucionados y sus sociedades más complejas,
hizo falta ir afinando lo que seguramente en un inicio era una serie de gruñidos y ruidos,
tal como las manadas de simios lo hacen. Los biólogos se refieren al humano moderno
como homo sapiens, que en latín significa "hombre sabio", pero la posesión del lenguaje
es una parte tan importante de la definición del ser humano moderno que el homo lo-
quens 'hombre que habla' sería un nombre igualmente apropiado. El evolucionista John
McCrone lo expresó de esta manera:
Todo comenzó con un simio que aprendió a hablar. Los ancestros homínidos del hom-
bre lo estaban haciendo lo suficientemente bien, a pesar de que el mundo había caído
en el frío apretón de las edades de hielo. Habían resuelto algunos problemas clave
que habían retenido a las otras ramas de la familia de los simios, por ejemplo, cómo
encontrar suficiente comida para alimentar sus cerebros algo grandes. Entonces los
antepasados del hombre pasaron a la habilidad del lenguaje. De repente, se abrió un
nuevo panorama de desarrollo mental. El hombre se volvió consciente y dueño de sí
mismo (McCrone, 1991, p. 9).
No sabemos cuándo es que el ser humano comenzó a hablar, a usar el lenguaje como
lo conocemos ahora. Dado que los humanos son las únicas criaturas en la Tierra que
poseen lenguaje, este sistema de comunicación debe necesariamente ser más joven
que la división entre el raza humana y la de nuestro pariente no humano moderno más
cercano, el chimpancé. Esta división, se supone, tuvo lugar aproximadamente cinco o
siete millones de años.
Las criaturas más antiguas del linaje humano se llaman homínidos, mientras que las pri-
meras personas que pertenecen a nuestro propio género, Homo, aparecieron hace apro-
ximadamente 1.9 millones de años.
Ejemplo
Se sabe que el Neandertal tenía una laringe similar a la de los simios pero los homo sa-
piens quizá hayan evolucionado lo suficiente como para producir sonidos que derivaran
en palabras:
Las pruebas arqueológicas del Paleolítico superior apoyan la idea de una economía
especializada y una capacidad simbólica dominada por el «desplazamiento de la re-
ferencia», que permite transmitir los saberes especializados de una generación a otra,
y conseguir así la acumulación de cultura. Este cambio cultural y cognitivo va de la
mano del Homo sapiens sapiens, no del Neandertal, con quien coexistió hasta hace
unos veintiocho mil años. El Neandertal, más robusto y con más capacidad cerebral,
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pero sin una mínima división del trabajo y especialización de sus grupos, se extinguió.
El sapiens, menos robusto y con algo menos de masa cerebral, aprovechó las dife-
rencias entre individuos para establecer una economía especializada y eficiente, que
aumentó la población, y ha sobrevivido hasta ahora (Alonso-Cortés, 2018, en línea).
Es un hecho que en nuestro tiempo, 28 000 años después de la desaparición de los
neandertales, el ser humano moderno es la única especie en la tierra que posee el len-
guaje. Claramente, somos la única especie con requisitos anatómicos suficientes para el
aprendizaje de idiomas, pero los lingüistas no están de acuerdo con nuestro grado de
especialización anatómica en el lenguaje.
•Algunos lingüistas afirman que la razón por la cual los humanos son los únicos
poseedores de lenguaje es que tenemos una capacidad de lenguaje innata.
•Otros afirman que la razón son nuestras capacidades cognitivas generales, que
superan las de todas las demás especies.
Recordemos que hablar, no solamente se refiere a la emisión de sonidos que formen pa-
labras en concreto, sino que hace falta todo el sistema de pensamiento y raciocinio que
hay detrás del habla, y que es la que permite, no solo articular sonidos, sino convertirlos
en un sistema de comunicación oral eficiente y sobre todo, complejo.
Además, el lenguaje utiliza algo que se llama “desplazamiento de referencia”, gracias
a lo cual, usamos signos desligados de su contexto inmediato, para proyectar su sig-
nificado a situaciones ausentes de aquella en que se habla. Es decir que para que el
hombre aprendiera a hablar, primero tuvo que aprender a pensar.
En el prólogo de su libro, Las semillas del habla, Jean Aitchison formuló la hipótesis de:
Físicamente, un entorno físico social llevó a un mayor consumo de carne y, como
resultado, a un cerebro más grande. El cerebro agrandado condujo al nacimiento
prematuro de humanos, y en consecuencia a una infancia prolongada, durante la cual
las madres arrullaron y cantaron a su descendencia. Una postura erguida alteró la
forma de la boca y el tracto vocal, permitiendo que se emitiera una gama de sonidos
coherentes (Aitchison, 2000, p. 6).
Hay que recordar que además de una anatomía de la garganta muy compleja y precisa,
el hombre primitivo también debía tener cerebro lo suficientemente complejo para tener
algo de qué hablar.
Tal vez nuestros ancestros humanos estaban listos para comenzar a hablar (o al menos
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hacer sonidos bien construidos con un propósito pensado) hace unos 300,000 años. A
pesar de esto, la mayoría de las teorías vocales dicen que la fecha fue mucho más tardía,
solo hace 100.000 años, cuando también hubo un aumento en el volumen cerebral.
La forma particular del tracto vocal, es decir, su aptitud para articular sonidos del lenguaje,
probablemente se deba a lo que en biología evolutiva se denomina exaptación, que es
cuando un órgano evoluciona para adaptarse a unas determinadas condiciones, con un
propósito determinado, pero como tarda demasiados años en modificarse, que pueden
ser millones, una vez que ya está consolidado y comienza a ser utilizado, ya tiene que
cumplir una nueva finalidad, pues el ambiente ha cambiado.
Y para que esta habilidad se formara, seguramente hicieron falta muchos cientos de años
de construcción del lenguaje:
¿Hubo lenguaje antes de la explosión del Paleolítico superior? ¿Usaban el lenguaje
los sapiens africanos de hace cien mil años? Si las condiciones psicológicas y bioló-
gicas arriba enumeradas estaban presentes, es posible postular un lenguaje menos
complejo, todavía sin desplazamiento de la referencia, con símbolos de carácter in-
dicativo, ceñidos a la comunicación cara a cara, como pronombres personales, de-
mostrativos y verbos sin tiempo. Pero no hay necesidad lógica para esta afirmación.
Llamar a este lenguaje «protolenguaje» no explicaría las propiedades complejas del
lenguaje moderno. Incluso es posible pensar que el lenguaje pudo evolucionar dos
veces: una en el Paleolítico medio (en torno a los cien mil-ciento cincuenta mil años
antes del presente), y otro en el Paleolítico superior, sin necesidad de proponer un
protolenguaje. (Alonso-Cortés, 2018, en línea).
No ha sido posible encontrar cambios anatómicos en el tracto vocal que puedan mostrar-
nos las adaptaciones evolutivas al lenguaje, porque las cuerdas vocales, la laringe y todos
los órganos bucofaríngeos son de cartílago, el cual difícilmente se conserva en un fósil.
Pero los teóricos suponen que el tracto vocal probablemente adquirió su forma actual por
razones que son irrelevantes para el lenguaje, como la adaptación a una dieta diferente y
caminar erguido, pero esta nueva forma resultó ser una herramienta perfecta para hablar.
•Una de las teorías del origen del lenguaje es precisamente, su derivación del gruñido.
•Otra teoría dice que el ser humano simplemente se esforzó por usar onomatope-
yas, es decir, ruidos que semejaran aquello a lo que quería referirse.
Pero fuera cual fuera, el ser humano fue utilizando cada vez elementos más com-
plejos, lingüísticamente hablando, para comunicarse. Es posible que, al paso que el
hombre hacía cada vez más compleja la función del gruñido, hiciera también más
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complejo su pensamiento. Ambos habrían ido evolucionando y creciendo a la vez.
Aquí, algunas de las teorías que han buscado explicar cómo es que pudo haber surgido
el lenguaje:
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Incluso, algunos lingüistas importantes como Noam Chomsky proponen que el lenguaje
no se debe a una cuestión evolutiva, sino que su aparición:
era un caso de emergencia, un fenómeno cualitativamente distinto en un dominio de
cierta complejidad. Hasta la actualidad, el lingüista norteamericano mantiene esta
tesis. En este caso, el tiempo parece darle la razón, puesto que no se han establecido
homologías entre el lenguaje humano y nuestros parientes más próximos, los grandes
simios. (Alonso-Cortés, 2018, en línea).
Sea cual sea el origen del lenguaje verbal, esto no significa que se haya dejado el im-
portante lenguaje no verbal, kinésico y proxémico que todavía usan en gran medida los
animales.
Como se sabe, los simios, los perros, los caballos y muchos otros animales utilizan el
lenguaje de sus cuerpos para enviar mensajes importantes, sobre todo mensajes de im-
portancia social para sus manadas.
Por medio de la corporalidad, los animales saben cuándo un miembro de la manada tiene
problemas, está listo para aparearse o avisa de la presencia de alguna amenaza.
Los seres humanos, aunque quizá no seamos conscientes de este tipo de comunicación,
también aprendemos de manera innata estos lenguajes, y los usamos, muchas veces, de
manera inconsciente.
Otro asunto que interesa a los estudiosos del origen de la lengua es el origen filogenético
de la lengua. Es decir, los especialistas se ocupan de saber cómo y cuál fue la primera
lengua de la que descienden todas.
Es la preocupación expresada en el mito de la Torre de Babel, donde, a partir de una
lengua originaria, se dividen todas, hasta provocar la confusión entre los constructores
de la torre, dejándola inacabada.
A lo largo del tiempo, las personas se han hecho esta pregunta y han usado métodos
extraños para resolverla:
La fascinación por el origen del lenguaje remonta a la lejana antigüedad. Herodoto
cuenta (Historia, Libro II) que el rey egipcio Psamético I (siglo vii a.C.) hizo aislar a
dos niños con objeto de saber la lengua que desarrollarían. Cuando el pastor que
se encargaba de vigilarlos apareció una vez ante ellos, ambos niños pronunciaron
bekos. Cuando los niños fueron llevados ante Psamético, emitieron la misma voz y
aquél quiso saber a qué lengua pertenecía esta palabra. El rey egipcio averiguó que
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correspondía al frigio, de lo que dedujo que ésta era la lengua más antigua del mundo
(Alonso-Cortés, 2018, en línea).
Sin embargo, es muy difícil pensar que todas las lenguas provengan de una misma rama.
Lo más seguro es que, en diversas regiones, se hayan originado lenguas diferentes y
con el paso del tiempo las continuas y enormes migraciones (por causas climáticas, eco-
lógicas, políticas, etc.) el contacto entre ellas haya generado modificaciones suficientes
para que hubiera parentescos, derivaciones, evoluciones lingüísticas y demás cambios
que es posible rastrear entre, por ejemplo, los idiomas que vienen del sánscrito o los que
tienen una raíz amerindia.
Por otro lado, una cosa fue para el ser humano desarrollar el lenguaje oral, mediante
gritos, gruñidos, llamados, etc., y otra fue evolucionar lo suficiente para diseñar un
lenguaje visual gráfico como la escritura. Saber de dónde proviene ésta y cómo es
que los seres humanos se iniciaron en su invención y uso es todavía más complejo
y difícil de saber.
1.1.3 Funciones del lenguaje
El gran lingüista Roman Jakobson, en su libro Ensayos de lingüística general, propone
que, sin importar cuánto usemos el lenguaje en nuestra vida cotidiana, existen solamente
unas cuantas categorías en las cuales el lenguaje se utiliza. Se trata de las seis funciones
del lenguaje.
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Estas funciones del lenguaje están subordinadas al uso que hacemos de la comunicación
y al circuito del habla:
Cuando utilizamos una lengua para comunicarnos se ponen en juego varios factores.
En primer lugar, es necesario que exista un hablante o emisor y un oyente o receptor
que utilicen el mismo código. En la situación comunicativa, el hablante produce un
mensaje que es recibido por el oyente (Ávila, 2000, p. 59).
Como se puede observar, mucho de lo que decimos es para un propósito específico. Ya
sea que nos estemos disculpando, expresando un deseo o pidiendo permiso, usamos el
lenguaje para cumplir ese propósito. Cada propósito se puede conocer como una función
de lenguaje. Las funciones se describen como el uso que se da al lenguaje, el propósito
de un enunciado más que la forma gramatical particular que toma un enunciado.
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1.1.4 Lenguaje oral vs lenguaje escrito
Existe una interesante historia acerca de cómo se pudo haber inventado la escritura y sus
ventajas y desventajas en la sociedad, a cargo del mismo Platón.
Ejemplo
En el Fedro, el filósofo habla por boca de Sócrates y afirma que en Egipto, cerca de una
ciudad llamada Náucratis, había un antiguo lugar dedicado al dios Theuth. Esta deidad era
muy sabia, pues había descubierto los números, el cálculo, la geometría y la astronomía.
Un día, inventó la escritura y se la llevó al rey egipcio Thamus, quien reinaba en Tebas. Or-
gulloso, le mostró todos sus descubrimientos e invenciones, alabando cada una conforme
las iba mostrando al rey, para convencerle de que debía darlas a todos los egipcios para
mejorar sus vidas. El rey daba muchos y variados comentarios sobre cada una, alabando
o desaprobando diversos aspectos de cada uno de los maravillosos descubrimientos.
Al llegar a la escritura, Theuth le dijo al rey que ese invento suyo haría más sabios y
memoriosos a los hombres, porque les permitiría guardar por escrito todos los conoci-
mientos que se deseaban. La escritura era, prácticamente, un fármaco para la memoria y
la sabiduría. Pero Thamus le hizo la observación de que ocurría al contrario, en realidad.
Pues fiándose de la posibilidad de guardar los conocimientos por medio de un disposi-
tivo escrito, los hombres pronto olvidarían los conocimientos, ya que se descuidaría la
habilidad de la memoria. Más bien, la escritura sería, en el mejor de los casos, un simple
recordatorio. La gente, al leer lo escrito, podría limitarse a repetirlo, sin haberlo aprendido
realmente. Esto sólo dará la apariencia de sabiduría, pero la gente, simplemente hecha
a memorizar lo escrito, será ignorante en el fondo.
Con este interesante discurso acerca de la escritura, podemos comenzar a pensar en
la forma en que la cultura las ha opuesto las unas a las otras a lo largo de la cultura.
Y al final, en nuestra sociedad, el producto escrito tiene más valor que el oral.
•Basta con pensar en la preeminencia que tienen los relatos que son producidos
por escritores contra los que provienen de la oralidad.
•Lo mismo la poesía. La poesía popular no suele obtener tanto respeto como la que
se escribe con complejos elementos retóricos, y se revisa una y otra vez.
•Algo parecido se aplica a la música que se crea por un compositor concertista,
haciendo correcciones en una hoja pentagramada, contra la música popular, hecha
simplemente siguiendo cierto instinto musical de quien la compone.
Muchos datos interesantes nos han sido "transmitidos" a través de la tradición oral.
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La comunicación entre generaciones no comenzó con la escritura, aunque cuando se
inventó, los textos podían almacenarse y la información podía transmitirse a través de
generaciones, siglos y milenios, en un grado mucho mayor que antes.
En el ámbito de las relaciones sociales, laborales y formales pasa lo mismo. El contrato
oral tiene poco o nulo valor, contra un contrato escrito. Esto, además, habla mucho
de la escala de valores morales de las sociedades, que necesitan por fuerza ver plas-
mado un acuerdo, tanto para confiar en él como para verse obligadas a cumplirlo,
cuando, antiguamente, un contrato oral tenía tanto o más valor que si se escribiera.
1.1.5 Ventajas del lenguaje escrito
Pese al cuestionamiento que Platón lanzó hace muchos años en Fedro, no cabe duda de
que el lenguaje escrito puede ser significativamente más preciso. Las palabras escritas
se pueden elegir con mayor deliberación y pensamiento, y un argumento escrito puede
ser extraordinariamente sofisticado, intrincado y extenso.
Todo esto, gracias a que el texto escrito permite centrarse en el tema sobre el que
escribe. Esto ahorra mucho tiempo de reflexión, que por lo general se desperdicia si
la mente vagabundea entre diferentes temas sin aterrizar ninguno. Pero si lo ponemos
por escrito, entonces nos será más fácil retomar el hilo de nuestras ideas si es que
nos distraemos y llegamos a perderlo.
La escritura nos permite registrar pensamientos e ideas antes de que sean olvidados, y
redirigirlos antes de que se extravíen y pierdan su valor y propósito. Sin la posibilidad de
la escritura, nunca habríamos podido gozar de las ideas de tantos pensadores, científicos,
filósofos, literatos, poetas y muchos personajes más que han legado cosas maravillosas
a la humanidad.
En la comunicación escrita es mucho más fácil presentar cualquier asunto complejo de
manera fácil y atractiva. Estos atributos de escritura son posibles porque el ritmo de par-
ticipación está controlado tanto por el escritor como por el lector.
•La escritura permite procesar pensamientos de manera más eficiente cuando se
plasman en una hoja y frente a nuestros ojos.
•La escritura aumenta el coeficiente de inteligencia "en uso" al permitir el uso de la
memoria, el pensamiento abstracto y otras funciones cerebrales.
Gracias a esto, el escritor puede escribir y reescribir en gran medida un lapso de tiem-
po que en algunos casos se puede medir en años. De la misma forma, un documento
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puede preservarse durante mucho tiempo.
Escribir no aumenta el vocabulario mágicamente, pero sí mejora su uso, lo que ayuda a
memorizar y buscar nuevas palabras. Permite una mejor expresión de los pensamientos,
ya que la escritura frecuente ayuda a dominar las herramientas de lenguaje y las técnicas
de argumentación. Cuantas más ideas se comprenden, más precisas son las palabras
para explicarlas.
De manera similar, el lector puede leer rápida o lentamente o incluso detenerse a
pensar en lo que acaba de leer. Más importante aún, el lector siempre tiene la opción
de volver a leer; incluso si esa opción no se ejerce, su mera posibilidad tiene un efec-
to sobre la comprensión de un texto por parte del lector. Así, los mensajes escritos
pueden verificarse fácilmente para evitar malentendidos. Además, hay mucha menor
posibilidad de distorsión o alteración de la información.
Elaborar un texto escrito puede llevar de los pensamientos a la acción más fácilmente
después de haber sido claramente definidos los objetivos a los que apuntamos. Una vez
que se conoce el objetivo, se puede apuntar más fácilmente a él.
En los últimos años, los terapeutas de varias áreas han entendido el valor de la escritura
con fines de ayuda emocional, por ejemplo. La escritura permite el autoconocimiento, es
decir, para el paciente de un psicólogo, escribir lo que siente le permite entender mejor
sus emociones, miedos y deseos. Los psiquiatras recomiendan la escritura a los pacientes
que no pueden enfrentar, comprender o aceptar un hecho, o incluso a sí mismos.
Por si fuera poco, la escritura es un medio para el aprendizaje. Varias universidades, en la
actualidad, cuentan con centros de escritura, que son departamentos donde promueven,
entre la comunidad estudiantil, herramientas de ayuda para realizar sus trabajos, pero
además donde la guía principal es ayudarles a hacer de la escritura la mejor herramienta
para su aprendizaje.
Escribir para aprender implica varios pasos, como explorar las fuentes, seleccionar ideas,
plantear un problema, presentar un marco de escritura, etc. Además, permite aprender
a hacer apuntes eficaces, lo que a su vez lleva a los estudiantes a recuperar información
importante de manera efectiva.
1.1.6 Problemas del lenguaje escrito
No obstante todas las ventajas que acabamos de enumerar, también hay desventajas al
usar el lenguaje escrito.
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Dependencia
Pluma, lápiz, papel, computadora, etc. No importa que se trate de un simple recado: para
esto ya hace falta aunque sea un trozo de papel y un instrumento de escritura. Incluso, en
el caso de la comunicación electrónica, como los correos electrónicos, implica espacio de
almacenamiento, un costo alto del equipo, tiempo e incluso un archivo puede perderse,
al igual que el papel.
Tiempo
Además, la comunicación escrita requiere tiempo, y más la buena escritura. Es mucho
más lento que la oralidad.
Discriminación
Por otro lado, está el problema de las personas que no saben leer ni escribir: ellos no
pueden acceder a los mensajes escritos y tampoco pueden elaborarlos, lo que los coloca
en una posición desigual con respecto a las personas que sí saben.
Transcripción/expresión
Sin embargo, uno de los principales problemas del lenguaje escrito es el que aparece
cuando hay que transcribir una idea que expresaríamos fácilmente de forma oral, con la
ayuda de la entonación de la voz y nuestros gestos corporales. Pero en la escritura no
tenemos esos apoyos, evidentemente. Por ello, a lo largo del tiempo el humano ha ideado
diversos elementos que le permiten dar a entender una idea con la mayor aproximación
posible a cómo se diría en el lenguaje oral. Estos elementos son la puntuación, la gramá-
tica, las normas ortográficas y todos los recursos que usamos para una escritura eficiente.
Impersonalidad
La comunicación escrita es menos personal que la comunicación oral, por lo que es me-
nos ideal para los mensajes emocionales. La comunicación escrita no incluye los matices
del tono de voz o la expresión facial, lo que hace que la falta de comunicación sea más
probable. Por ejemplo, la mayoría de las personas siente que las noticias importantes,
como ser despedido, obtener un ascenso, terminar una relación o proponer matrimonio,
deben comunicarse en persona. El humor y el sarcasmo son especialmente difíciles de
transmitir en la comunicación escrita y pueden interpretarse como insultos.
Por otro lado, la comunicación a través de la escritura o el correo electrónico también es
menos efectiva que la comunicación en persona al construir relaciones personales. Por
lo general, las personas deben escribir en un tono más formal y serio, lo que contribuye
a la naturaleza impersonal de la comunicación escrita.
Interacción/espontaneidad
Finalmente, la comunicación escrita no puede generar comentarios verbales y no verba-
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les instantáneos; incluso con algunas formas de comunicación digital, como mensajes de
texto o mensajes instantáneos, las respuestas escritas carecen de espontaneidad en la
comunicación oral. Los emojis muchas veces no pueden representar todo lo que uno qui-
siera, pues la variedad, por supuesto, no es tanta como en nuestras expresiones faciales.
La comunicación escrita no se puede ajustar de inmediato para satisfacer las necesidades
de la audiencia, aclarar una pregunta o responder a una refutación.
Aunque hablábamos de la responsabilidad que implica el contrato oral, de todas formas
los rastros de la escritura también la generan, aunque de forma inversa.
→ La permanencia de la comunicación escrita puede crear un problema de respon-
sabilidad.
→ Si el problema del contrato oral es que para muchos sería fácil romperlo, en el caso
del escrito puede que lo difícil sea deshacerse de aquello que una vez plasmamos.
→ Aunque los comentarios orales se olvidan fácilmente, los correos electrónicos y
otros documentos se pueden usar como evidencia en los tribunales, incluso años
después de que se escribieron.
Además, la fácil replicación de la comunicación escrita lo hace más arriesgado; por
ejemplo, mientras que una broma desagradable dicha en voz alta en una reunión
puede ofender a algunas personas, no pasaría de ahí. Pero un correo electrónico
inapropiado puede enviarse instantáneamente a miles de destinatarios.
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Referencias
Alonso Cortés, A. (2018). “Orígenes del lenguaje: nuevos asaltos a una vieja fortaleza”, en Revista de
Libros, segunda época, enero 2018. Disponible en: [Link]
lucion-del-lenguaje.
Aitchison, J. (2000). Las semillas del habla: origen y evolución del lenguaje. Inglaterra: Cambridge Uni-
versity Press, Cambridge.
McCrone, J. (1991). El mono que habló. El lenguaje y la evolución de la mente humana. Nueva York:
William Morrow.
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