SEMESTRE
UNIVERSIDAD SIMÓN BOLIVAR – Sede Cúcuta 3
PSICOLOGIA DE LA ´PERSONALIDAD
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PSICOLOGIA DE LA
PERONALIDAD
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INTRODUCCIÓN
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Que significa mi nombre
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Cuento de caperucita roja versión del lobo
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El bosque era mi hogar. Yo vivía allí y me gustaba mucho. Siempre trataba de mantenerlo ordenado y
limpio.
Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas sentí pasos. Me escondí
detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy divertida: toda de rojo y su cabeza cubierta,
como si no quisieran que la vean. Andaba feliz y comenzó a cortar las flores de nuestro bosque, sin pedir
permiso a nadie, quizás ni se le ocurrió que estas flores no le pertenecían. Naturalmente, me puse a
investigar. Le pregunte quien era, de donde venía, a donde iba, a lo que ella me contesto, cantando y
bailando, que iba a casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo.
Me pareció una persona honesta, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún
remordimiento, mató a un mosquito que volaba libremente, pues también el bosque era para él. Así que
decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar
a maltratar a sus habitantes.
La dejé seguir su camino y corrí a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática
viejecita, le expliqué la situación. Y ella estuvo de acuerdo en que su nieta merecía una lección. La abuelita
aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.
Cuando llegó la niña la invite a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la
abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas. He sido
insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor.
Ahora bien, me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante
acerca de mis ojos saltones. Ustedes comprenderán que empecé a sentirme enojado. La niña tenía bonita
apariencia, pero empezaba a serme antipática. Sin embargo, pensé que debía poner la otra mejilla y le dije
que mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me encolerizo. Siempre he tenido
problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente grosero.
Sé que debí haberme controlado, pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y
diciéndole que eran así de grande para comerla mejor. Ahora, piensen Uds.: ningún lobo puede comerse a
una niña. Todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría
atrás de ella tratando de calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me
la quité, pero fue mucho peor. La niña gritó aún más. De repente la puerta se abrió y apareció un leñador
con un hacha enorme y afilada. Yo lo miré y comprendí que corría peligro así que salté por la ventana y
escapé.
Me gustaría decirles que este es el final del cuento, pero desgraciadamente no es así. La abuelita jamás
contó mi parte de la historia y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y
peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme.
No sé qué le pasaría a esa niña antipática y vestida en forma tan rara, pero si les puedo decir que yo nunca
pude contar mi versión. Ahora Ustedes ya lo saben.
AUTOR: Anónimo
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Caperucita Roja Versión de la abuela (III)
Queridos lectores:
Soy la abuela de Caperucita Roja y les voy a contar lo que le pasó a mi querida nietecita por no
obedecer a su mamá.
Ese día me desperté sobresaltada por el sonido del teléfono. Atendí y era mi hija comunicándome
que Caperucita Roja había salido destino a mi casa por el camino de bosque. Para no volverme a
dormir me puse a mirar mi programa favorito por televisión.
De pronto, escuché la puerta. Pensando que era mi nieta abrí muy confiada y casi me da un
infarto al ver que tenía al lobo enfrente mío. Él, muy enojado me dijo: “Señora, su nieta está
molestando a las mariposas del bosque las cuales no son de su propiedad. Además, ha cortado
flores que luego dejó tiradas y por ello yo ahora tengo que hacer de psicólogo de ellas para que no
se depriman”
Yo le respondí:
—Si a usted le molesta tanto el comportamiento de mi nieta le daremos una lección. Usted debe
ponerse el camisón y el gorro de dormir que yo le daré y se tiene que acostar en mi cama. Luego
yo me esconderé debajo de la cama y esperaremos a que llega Caperucita.
Llegado el momento, mi niña entró a la casa muy confiada y vino a mi dormitorio. Entró
precipitadamente, pero se asustó al ver a algunos rasgos extraños en su “abuela”. Entonces dijo:
—Hola, abuela que orejas grandes tienes
—Son para oírte mejor —respondió el lobo.
—Pero abuela, que ojos saltones tienes – siguió observando la niña.
—Son para verte mejor —respondió el lobo algo enojado. De repente, Caperucita Roja dio un grito
porque se asustó al ver los dientes de su “abuela” y empezó a correr por toda la habitación. El
lobo saltó de la cama y se puso a perseguir a la