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Milagros Jesus

Los milagros de Jesús son hechos sobrenaturales atribuidos a él en los Evangelios como curaciones, exorcismos, resurrección de muertos y control sobre la naturaleza. Estos milagros causaban indignación en los escribas y maestros de la ley de la época, quienes los atribuían a Belcebú. Los milagros son el lenguaje de Dios y muestran el amor de Jesús por los seres humanos.

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Los milagros de Jesús son hechos sobrenaturales atribuidos a él en los Evangelios como curaciones, exorcismos, resurrección de muertos y control sobre la naturaleza. Estos milagros causaban indignación en los escribas y maestros de la ley de la época, quienes los atribuían a Belcebú. Los milagros son el lenguaje de Dios y muestran el amor de Jesús por los seres humanos.

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Los milagros de Jesús

1. Introducción
2. Definiciones
3. Milagro de Gracia
4. Lugar y valor de los milagros en la visión cristiana del mundo
5. Lugar y valor de los milagros de los Evangelios
6. Providencias especiales
7. Los milagros realizados por Jesús
8. A manera de conclusión
9. Citas bíblicas
10. Bibliografía

Introducción
Los milagros de Jesús son los hechos sobrenaturales que se atribuyen a Jesucristo en el curso de su
vida terrenal y que han sido recogidos en los Evangelios canónicos. Estos milagros se pueden
clasificar en cuatro grupos: las curaciones, exorcismos, la resurrección de los muertos y el control
sobre la naturaleza. El número exacto de los milagros depende de cómo se cuentan los milagros, por
ejemplo, en el milagro de la hija de Jairo, donde una mujer se cura y una niña es resucitada, pero los
dos acontecimientos son narrados en los mismos párrafos de los Evangelios, y por lo general de
forma conjunta, y el hecho de que la niña tenía 12 años y la mujer había estado enferma durante 12
años ha sido objeto de diversas interpretaciones.
Estos milagros causaban la indignación de los escribas y los maestros de la ley.
En esos tiempos, los escribas, fariseos y otros, atribuyeron a una confabulación con Belcebú este
poder de expulsar a los demonios. Jesús se defendió enérgicamente de estas acusaciones. Según
los relatos evangélicos, Jesús no sólo tenía el poder de expulsar demonios, sino que transmitió ese
poder a sus seguidores Incluso se menciona el caso de un hombre que, sin ser seguidor de Jesús,
expulsaba con éxito demonios en su nombre.
Según Juan, Jesús les pide a los apóstoles que crean por esas obras porque es el Padre (Dios) quien
las realiza en él. También les dice que todo lo que pidan al Padre en su nombre él lo hará, para que el
Padre sea glorificado en el Hijo.
La vida de Jesús estuvo llena de milagros desde su nacimiento hasta después de su muerte. Los
evangelios mencionan su milagroso nacimiento, y los milagros que efectuó a través de su vida y
después de su muerte. Cada uno de ellos es una fuente de inspiración para creer en sus enseñanzas
y cumplir su mandamiento: "Ámense unos a otros, como yo los amo a ustedes". Sus milagros son un
recordatorio de su amor por los seres humanos.

Definiciones
Según el Diccionario de la Real Academia Española, “Milagro”, “es todo Hecho no explicable por las
leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. Suceso o cosa rara,
extraordinaria y maravillosa. Denota la extrañeza que causa algo.”.1
La palabra “milagro” encuentra su raíz en el latín “miraculum” que significa “mirar”. Los latinos
llamaban “miraculum” a aquellas cosas prodigiosas que escapaban a su entendimiento, como los
eclipses, las estaciones del año y las tempestades. Así entonces, “miraculum” proviene de “mirari”,
que en latín significa “contemplar con admiración, con asombro o con estupefacción”.
Esta forma latina se mantiene en francés y en inglés como “miracle”, y en italiano como “miracolo”,
entre otras lenguas neolatinas.
Es así como, desde el punto de vista etimológico, la palabra “milagro” no dice relación
necesariamente con una cierta intervención divina, sino que se liga al asombro ante lo inefable, tal
como lo plantearan los latinos.2 A raíz de esto, milagro también puede referirse a un “Suceso o cosa

1 DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMÍA ESPAÑOLA. 2013. Madrid, España. Ed. Larousse. S.R.L.
2 SOCA, Ricardo: “Etimología de la palabra Milagro”. 2011. Madrid, España.

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rara, extraordinaria y maravillosa”, sin implicar fuerzas divinas. Ej. Un desarrollo económico, una
dieta,  producto  o medicamento con resultados asombrosos y excepcionales.
Los “milagros” son el lenguaje de Dios. Todos son para el bien; nunca realiza ningún milagro para
castigar3.
Los milagros son el lenguaje de Dios. La naturaleza habla de la gloria de Dios. Para los ojos
despiertos, que no están nublados por la rutina, toda la creación es un canto de alabanza al Creador
que pregona: Él nos ha hecho. La belleza del mundo es palabra hermosa que habla de Dios. Todo
habla de Dios y de su esplendor de gloria. Pero el milagro tiene un lenguaje especial. Es el lenguaje
privado de Dios. Sólo Él puede emitir una palabra que vaya más allá de los límites que ha querido
establecer en la naturaleza. Los milagros hablan del amor omnipotente del eterno. Y Dios habla en
Jesús con tantos milagros que, al cabo de los tres años, casi se acostumbran a esa grandeza. Todos
los milagros de Jesús son para el bien; nunca realiza ningún milagro para castigar o hacer caer fuego
del cielo sobre los injustos o los malhechores. Los que los observan, ven el dedo de Dios que señala:
mirad a mi Hijo. Los beneficiados se gozan. Los ciegos se llenan de alegría, al ver; los paralíticos
saltan de gozo, y los leprosos estrenan nueva convivencia al quedar limpios.4
Un milagro es una situación, un fenómeno o una acción que no puede explicarse a partir de los
principios naturales y que, por lo tanto, es imputado a la participación de una entidad divina. La
definición del término, de todas formas, varía de acuerdo a las creencias religiosas.
Para los cristianos, los milagros son eventos que exceden lo natural y que suponen una manifestación
del amor que siente Dios por las personas. Pese a que la comprobación racional de un milagro podría
llegar a demostrar la existencia de Dios, los teólogos del cristianismo no creen que haya que buscar
pruebas científicas para certificar la presencia divina en la Tierra.
Los católicos definen el hecho milagroso como aquel que, justamente, no tiene explicación científica.
Si se asegura que un milagro ha sido realizado por una persona fallecida, el Vaticano puede proceder
a beatificarla y canonizarla.
El ateísmo sostiene que la postulación de milagros está vinculada a la carencia de sentido común. No
se trata, de acuerdo a esta postura, de una intervención sobrenatural, sino de eventos que escapan a
la comprensión humana por falta de conocimientos e información.
La ciencia, por su parte, se limita a afirmar que la participación de un ente todopoderoso en el mundo
físico no puede ser analizada a partir del método científico ya que no es posible comprobar la
existencia de Dios a través de experimentos o ensayos.
Para el lenguaje cotidiano, por último, un milagro puede ser cualquier tipo de suceso sorprendente,
maravilloso o fuera de lo común.

Algunos autores que definieron el término:


Según el filósofo Karl Popper los milagros son hechos que no pueden comprenderse a través del
método científico porque son el resultado de un fenómeno sobrenatural. Sin embargo, señala que
existen acontecimientos que no pueden probarse a través de las leyes naturales, pero que tampoco
han sido producidos por un agente sobrenatural.
Por su parte, el psiquiatra Sigmud Freud observa que es necesario criticar toda creencia que intente
desterrar la objetividad de nuestra vida; desde los orígenes del mundo ciertas religiones han intentado
usurpar el terreno de lo objetivo argumentando que aquellos sucesos que no tienen una explicación
ordinaria, son realizados por un ser superior. Freud asegura que es necesario eliminar de nuestras
sociedades el concepto de milagro y buscar por todos los métodos posibles resultados imparciales.
Bethier manifiesta que, desde que David Hume demostró que nuestras percepciones pueden
engañarnos, los “testimonios” carecen para algunos de credibilidad en el mundo académico. Desde el
punto de vista médico, el milagro no es considerado por muchos una contradicción de las leyes de la
naturaleza, sino una aceleración inexplicable del proceso normal de curación.5
Otros científicos al decir que los milagros no existen, se apoyan en uno de los principales requisitos
para que algo “sea” en el campo de la ciencia, y es que pueda ser demostrado a través de la lógica.

3 CASES, Enrique. Disponible en: Catholic.net - Los milagros de Jesús,


https://es.catholic.net/cristologiatodoacercadejesus/553/.../articulo.php?id...
4 DICCIONARIO CATÓLICO. 2012. Madrid, España.
5 BETHIER, René: “101 Reponses a the Organization of the United Nations”, (En español: “101 respuestas a la
Organización de las Naciones Unidas”. 1977. Ed. Hachette.

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Un milagro, en definitiva, es un hecho que para las personas creyentes no puede ser explicado de
forma objetiva y por tanto es necesario continuar investigando hasta hallar dicha explicación, y para
las creyentes es una acción realizada por un dios determinado, con el fin de demostrar a sus fieles su
amor y alimentar su fe. Dicho esto, podemos concluir que este concepto no refiere a un hecho en sí
mismo, sino a la forma en la que dicho suceso es analizado.
Para terminar, podemos agregar como un dato interesante que, en lo que respecta a la Iglesia
Católica, los milagros son hechos imprescindibles para proclamar santos a algunos de sus fieles ya
fallecidos, y parece ser una forma en la que buscan sumar adeptos a su ideología. Basta con saber
que durante los 25 años que duró el papado de Juan Pablo II se proclamaron alrededor de 2.000
beatificaciones y canonizaciones, y que sus predecesores, para declarar tan sólo unos cientos,
necesitaron que transcurrieran varios siglos.
Si tenemos en cuenta que en los últimos años la cantidad de laicos en el clero ha disminuido,
podemos decir que este hecho consiste en una estrategia para reclutar más creyentes. Lo irónico de
este hecho es que esta religión se considera monoteísta y en realidad los santos son tratados dioses
paganos.
Cuando se analiza un relato de milagro desde la perspectiva literaria, no se hace ningún juicio sobre
el valor histórico del mismo. La investigación histórica tiene sus propias reglas, que son diferentes de
las literarias6.
Para el cristianismo en general, el milagro sería un hecho sin explicación científica razonable. Paul
Ternant ofreció la siguiente definición de milagro: “Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito,
parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla”. Pero el mismo autor no
pone tanto énfasis en los milagros como “desafíos a las leyes naturales”. Paul Ternant marca que
todos los hechos (ordinarios o extraordinarios) tienen una significación religiosa: visto desde el punto
de vista de la fe, “tanto el crecimiento de la mies como la multiplicación de los panes tienen el sello
del amor y del poder del Dios”.7
Tomás de Aquino, en el siglo XIII, definió “milagro como algo hecho por Dios más allá de las causas
conocidas por los hombres”8.
En la actualidad, la fe y la ciencia no se consideran excluyentes en la Iglesia católica, según señala el
Concilio Vaticano II: “(...) por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de
consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar
con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación
metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y
conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades
profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y
humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como
por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este
respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima
autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que,
seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la
fe”.9
Como consecuencia de lo anterior, la posición actual de la Iglesia católica no es opuesta a la ciencia.
El milagro no es considerado hoy un "suceso mágico" que controla las fuerzas cósmicas, sino -en la
postura de los creyentes- un suceso que dependería de Dios (de quien, por otra parte, también
dependerían todas las leyes naturales). Para los creyentes, científicos o no, la atención no se centra
en lo sorprendente o extraordinario del hecho ocurrido, sino en la autoridad de quien supuestamente
lo realizó (Dios).10 Además, el milagro, en el pensar de los creyentes, sólo se concede por motivos
que escapan al intelecto del ser humano, y que se sitúan en el mismo misterio de Dios.

6 RIVAS, Luis H.: “Diccionario para el Estudio de la Biblia”. 2010. Barcelona, España. Ed. Amico.
7 TERNANT, Paul: “Vocabulario de Teología Bíblica: Vocablo.- “Milagro”. 18a. edición. 2001. Barcelona, España.
Biblioteca Herder.
8 Tomás de Aquino: “Suma teológica”. I parte. S. XIII.
9 Concilio Vaticano II, promulgado en Roma por Pablo VI (7 de diciembre de 1965). “Constitución
Pastoral  Gaudium et Spes  sobre la Iglesia en el mundo actual”.
10 RIVAS, Luis H.: Ob. Cit.

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Hay, pues, hechos que resultan para la ciencia “inexplicables” por las leyes naturales, al menos hasta
el día de hoy. La forma de interpretación de esos hechos depende de la creencia o del pensamiento
de cada cual, y no definen al hecho en sí, sino al individuo que lo interpreta.

Milagro de Gracia
Una extraordinaria conversión repentina e inesperada, de la ignorancia a la fe, de la duda a la
certeza, del pecado a la santidad.  No es por causas naturales sino por la intervención de la gracia
divina, especial e inmerecida, más allá de la obra ordinaria de la Providencia.
Un “Milagro” es un fenómeno “maravilloso”, en referencia a los sentimientos de asombro provocados
por su ocurrencia, de ahí los efectos producidos en la creación material que apelan a, y son captados
por, los sentidos, por lo general por el sentido de la vista, a veces por el oído, por ejemplo, el
bautismo de Jesús, la conversión de San Pablo. Así, aunque las obras de la gracia divina, tal como la
Presencia Sacramental, están por encima del poder de la naturaleza, y debido sólo a Dios, pueden
ser llamadas milagrosas sólo en el sentido amplio del término, es decir, como efectos sobrenaturales,
pero no son milagros, en el sentido aquí entendido, pues los milagros en el sentido estricto son
evidentes. El milagro cae bajo el alcance de los sentidos, ya sea en la obra misma (por
ejemplo, resucitar a los muertos a la vida) o en sus efectos (por ejemplo,
los dones del conocimiento infuso en los Apóstoles). De la misma manera la justificación de
un alma en sí misma es milagrosa, pero no es un milagro propiamente dicho, a menos que se lleve a
cabo de una manera sensible, como, por ejemplo, en el caso de San Pablo.
La maravilla del milagro se debe al hecho de que su causa está oculta, y se espera un efecto
diferente al que realmente ocurre. Por lo tanto, en comparación con el curso ordinario de las cosas, el
milagro se llama extraordinario. Al analizar la diferencia entre el carácter extraordinario del milagro y
el curso ordinario de la naturaleza, los Padres de la Iglesia y los teólogos emplean los
términos sobre, contrario a, y fuera de la naturaleza. Estos términos expresan la forma en que el
milagro es extraordinario.
Se dice que un milagro está por encima de la naturaleza cuando el efecto que produce está por
encima de los poderes y las fuerzas nativas en las criaturas de las cuales las leyes conocidas de la
naturaleza son la expresión, como resucitar a un difunto, por ejemplo, Lázaro (1); el hijo de
la viuda (2). Se dice que un milagro es exterior, o fuera de, la naturaleza cuando las fuerzas naturales
pueden tener el poder de producir el efecto, al menos en parte, pero no pueden haberlo producido
solas por sí mismas en la forma que realmente se produjo. Así, el efecto en abundancia es muy
superior al poder de las fuerzas naturales, o se lleva a cabo instantáneamente sin los medios o
procedimientos que emplea la naturaleza. Como ejemplo tenemos la multiplicación de los panes por
Jesús (3); la transformación del agua en vino en Caná (4) ‒pues la humedad de la atmósfera se
cambia en vino mediante procesos naturales y artificiales‒ o la curación repentina de una gran parte
de tejido enfermo por un trago de agua. Se dice que un milagro es contrario a la naturaleza cuando el
efecto producido es contrario al curso natural de las cosas.
El término milagro aquí implica la oposición directa del efecto realmente producido a las causas
naturales en acción, y su comprensión imperfecta ha dado lugar a mucha confusión en el
pensamiento moderno.
Una vez más, el término contrario a la naturaleza no significa “no natural” en el sentido de producir la
discordia y la confusión. Las fuerzas de la naturaleza difieren en poder y están en constante
interacción. Esto produce interferencias y acciones contrarias de las fuerzas. Este es el caso de las
fuerzas mecánicas, químicas y biológicas. Así, también, a cada momento del día yo interfiero con y
contrarresto las fuerzas naturales a mi alrededor. Estudio las propiedades de las fuerzas naturales
con el fin de obtener el control consciente por acciones contrarias inteligentes de una fuerza contra
otra. La neutralización inteligente marca el progreso en la química, en la física, ‒por ejemplo, la
locomotora de vapor, la aviación‒ y en las prescripciones del médico. El hombre controla la
naturaleza, es más, puede vivir sólo por la neutralización de las fuerzas naturales. Aunque todo esto
sucede a nuestro alrededor, nunca hablamos de fuerzas naturales violadas. Estas fuerzas siguen
trabajando según su especie, y ninguna fuerza se destruye, ni se rompe ninguna ley, ni da lugar a la
confusión. La introducción de la voluntad humana puede dar lugar a un desplazamiento de las fuerzas
físicas, pero no a una infracción de los procesos físicos.

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Ahora bien, en un milagro la acción de Dios en relación a su influencia en las fuerzas naturales es
análoga a la acción de la personalidad humana. Así, por ejemplo, está en contra de la naturaleza del
hierro el flotar, pero la acción de Eliseo al elevar el hacha a la superficie del agua (5) no es más una
violación, o transgresión, o una infracción de las leyes naturales que si él la hubiese levantado con su
mano. Una vez más, es de la naturaleza del fuego el quemar, pero cuando, por ejemplo, los tres
jóvenes se conservaron intactos en el horno ardiente (6) no hubo nada anormal en el acto, como
estos escritores usan la palabra, no más que lo habría al erigir una vivienda totalmente a prueba de
fuego. En el primer caso, como en el otro, no hubo parálisis de las fuerzas naturales ni trastornos
subsiguientes.
El elemento extraordinario en el milagro, es decir, un evento aparte del curso normal de las cosas,
nos permite comprender la enseñanza de los teólogos de que los eventos que normalmente se
realizan en el curso natural o sobrenatural de la Divina Providencia no son milagros, a pesar de que
están más allá de la eficiencia de las fuerzas naturales. Así, por ejemplo, la creación del alma no es
un milagro, ya que se lleva a cabo en el curso ordinario de la naturaleza. Una vez más,
la justificación del pecador, la Presencia Eucarística, los efectos sacramentales, no son milagros por
dos razones: están más allá del alcance de los sentidos y se realizan en el curso ordinario de la
Providencia sobrenatural de Dios.
Por lo tanto al milagro se le llama sobrenatural, porque el efecto va más allá de la fuerza productiva
de la naturaleza e implica un agente sobrenatural. Así Santo Tomás enseña: “Se ha de llamar
correctamente milagros a esos efectos que son hechos por el poder divino, aparte del orden
observado usualmente en la naturaleza”, y son aparte del orden natural porque están “más allá del
orden natural o de las leyes de toda la naturaleza creada”11. Por esta razón, en las Sagradas
Escrituras se le llama a los “milagros” “el dedo de Dios” (7), “la mano del Señor” (8), “la mano de
nuestro Dios”. (9) Al referir el milagro a Dios como su causa eficiente se da la respuesta a la objeción
de que el milagro no es natural, es decir, un acontecimiento sin causa, sin significado o lugar en la
naturaleza. Con Dios como la causa, el milagro tiene un lugar en los designios de la Providencia de
Dios. En este sentido, es decir, relativamente a Dios, San Agustín habla del milagro como natural.
Un evento está por encima del curso de la naturaleza y más allá de sus fuerzas productivas:
a) En cuanto a su naturaleza substancial, es decir, cuando el efecto es de tal naturaleza que ningún
poder natural podría hacer que sucediera de cualquier manera o forma, como, por ejemplo, la
elevación a la vida del hijo de la viuda (10), o la cura del ciego de nacimiento. (11) Estos milagros se
llaman milagros en cuanto a la substancia.
b) Respecto a la forma en que se produce el efecto, es decir, donde puede haber fuerzas de la
naturaleza, aptas y capaces de producir el efecto considerado en sí mismo, sin embargo, el efecto se
produce de una manera totalmente diferente de la manera en que naturalmente se debe realizar, es
decir, instantáneamente, por una palabra, por ejemplo, la curación del  leproso. (12) Estos se llaman
milagros en cuanto a la forma de su producción.

El poder de Dios se muestra en el milagro:


‒ Directamente a través de su propia acción inmediata; o,
‒ Mediatamente, a través de criaturas como medios o instrumentos.
En este caso, los efectos deben ser atribuidos a Dios, “porque él trabaja en y a través de los
instrumentos” (“Ipso Deo en illis operante”). Por lo tanto Dios obra los milagros a través de
instrumentos como:
‒ Los ángeles, por ejemplo, los tres jóvenes en el horno ardiente (13); la liberación de San Pedro de
la prisión (14);
‒ Los hombres, por ejemplo,  Moisés  y  Aarón  (15);  Elías (16);  Eliseo  (17);  los Apóstoles (18); San
Pedro (19); San Pablo (20); los primeros cristianos (21).
En la  Biblia  también, así como en la historia de la Iglesia, vemos que cosas inanimadas son
instrumentos del poder divino, no porque tengan ninguna excelencia en sí mismas, sino a través de
una relación especial con Dios. Así distinguimos ente reliquias sagradas, por ejemplo, el manto de
Elías (22); el cuerpo de Eliseo (23); la orla del manto de Cristo (24); los pañuelos de San Pablo (25);
las imágenes sagradas, por ejemplo, la serpiente de bronce (26); las cosas sagradas, por ejemplo,
el Arca de la Alianza, los vasos sagrados del Templo (27); los lugares santos, por ejemplo, el Templo
de Jerusalén  (28); las aguas del Jordán (29); la piscina de Betsaida (30).

11 Tomás de Aquino: Ob. Cit.

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De ahí que no es cierta la afirmación de algunos escritores modernos, de que un milagro requiere una
acción inmediata del poder divino. Es suficiente con que el milagro se deba a la intervención de Dios,
y su naturaleza se revela por la absoluta falta de proporción entre el efecto y lo que se llaman medios
o instrumentos.
Un milagro es un factor en la Providencia de Dios sobre los hombres. De ahí que la gloria de Dios y
el bien de los hombres son los objetivos principales o supremos de cada milagro. Cristo expresa esto
claramente en la resurrección de Lázaro (31); y el evangelista dice que Jesús, al realizar su primer
milagro en Caná, “manifestó su gloria”. (32) Por lo tanto el milagro debe ser digno de la santidad,
la bondad y la justicia de Dios, y propicio para el verdadero bien de los hombres. Por lo tanto Dios no
los realiza para reparar los defectos físicos en su creación, ni tienen por objeto producir, ni producen,
el desorden o la discordia; ni contienen ningún elemento malo, ridículo, inútil o sin sentido. Por lo
tanto no están en el mismo plano que las simples maravillas, trucos, obras de ingenio o magia. La
eficacia, la utilidad, el propósito de la obra y la manera de realizarla muestran claramente que debe
atribuirse al poder divino. Esta alta reputación y la dignidad del milagro se muestran, por ejemplo, en
los milagros de Moisés (33); de Elías (34); de Eliseo. (35) Las multitudes glorificaban a Dios en la
curación del paralítico, (36); del ciego (37); en los milagros de Cristo en general (38); entre otros; así
como en la curación del cojo por San Pedro. (39) De ahí que los milagros son signos del
mundo sobrenatural y nuestra relación con él.
En los milagros siempre podremos encontrar fines secundarios subordinados, sin embargo, a los fines
primarios. Así:
‒ Son evidencias que acreditan y confirman la verdad de la misión divina, o de
una doctrina o fe o moral, por ejemplo, Moisés (40), Elías (41). Por esta razón los judíos veían en
Cristo al “profeta” (42), en quien “Dios había visitado a su pueblo”. (43) Por lo tanto
los discípulos creyeron en Él (44) y Nicodemo (45), y los muchos que vieron la resurrección de
Lázaro. (46) Jesús apeló constantemente a sus “obras” para probar que Él fue enviado por Dios y que
es el Hijo de Dios. Él reclama que sus milagros son un testimonio más grande que el testimonio de
Juan (47), condena a aquellos que no creen (48), y alaba a los que sí creen (49); y, exhibe los
milagros como signos de la verdadera fe. (50)  Los Apóstoles apelan a los “milagros” como la
confirmación de la misión y Divinidad de “Cristo” (51), y San Pablo los considera “signos” de su
apostolado (52).
‒ Los “milagros” son hechos para dar fe de la verdadera santidad.
‒ Como beneficios espirituales o temporales. Los favores temporales van siempre subordinados a los
fines espirituales, pues son una recompensa o promesa de virtud. Así “semeion”, es decir, “signo”,
completa el significado de “dynamis”, es decir “poder divino”. Revela el milagro como un acto de la
Providencia sobrenatural de Dios sobre el Hombre. Le da un contenido positivo a “teras”, es decir,
“maravilla”; de allí tenemos que, pues, “mientras que la maravilla muestra el milagro como una
desviación del curso ordinario de la naturaleza, el signo da el propósito de la desviación”.

Este análisis muestra que:
1) El “milagro” es esencialmente una apelación al conocimiento. Por lo tanto, los milagros pueden
distinguirse de los sucesos meramente naturales. Un “”milagro” es un hecho en la creación material, y
caen bajo la observación de los sentidos o viene a nosotros a través del testimonio, como cualquier
hecho natural. Su carácter natural se conoce por:
a) A partir del conocimiento positivo de las fuerzas naturales, por ejemplo, la ley de gravedad, la ley
de que el fuego quema. Decir que no conocemos todas las leyes de la naturaleza, y por lo tanto no
podemos conocer un “milagro”, está fuera de la cuestión, ya que haría del milagro una apelación a
la ignorancia. Puedo no conocer las leyes del código penal, pero puedo saber con certeza que en un
caso particular una persona viola una ley definitiva.
b) A partir de nuestro conocimiento positivo de los límites de las fuerzas naturales. Así, por ejemplo,
no podemos saber la fuerza de un hombre, pero sabemos que no puede por sí solo mover una
montaña. Al ampliar nuestro conocimiento de las fuerzas naturales, el progreso de la ciencia ha
reducido su ámbito y definido sus límites, como en la ley de la abiogénesis. Por lo tanto, tan pronto
como tenemos razones para sospechar que cualquier evento, no importa cuán poco común o raro
parezca, puede surgir debido a causas naturales o ser conforme al curso normal de la naturaleza,
inmediatamente perdemos la convicción de que es un milagro. Un milagro es una manifestación del
poder de Dios; siempre y cuando esto no está claro, hay que rechazarlo como tal.

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2) Los “milagros” son “signos de la Providencia de Dios  sobre el hombre”, por lo tanto son de un alto
carácter moral, simple y obvio en las fuerzas en acción, en las circunstancias de su obra, y en su
meta y propósito. Ahora la filosofía indica la posibilidad y la revelación enseña el hecho de que los
seres espirituales, buenos y malos, existen, y poseen mayor poder que el del hombre. Aparte de la
cuestión especulativa en cuanto al poder natural de estos seres, tenemos la certeza de:
a) Que Dios sólo puede realizar esos efectos que son llamados milagros substanciales, por ejemplo,
la resurrección de los muertos;
b) Que los milagros realizados por los ángeles, según registrados en la Biblia, son siempre atribuidos
a Dios, y que la Sagrada Escritura no le da autoridad divina a milagros que no sean divinos;
c) que la Sagrada  Escritura  muestra el poder de los espíritus malignos  como estrictamente
condicionado, por ejemplo, el testimonio de los magos egipcios (53); la historia de Job,
los demonios que reconocen el poder de  Cristo  (54); el testimonio expreso de Cristo mismo (55); y,
del Apocalipsis. (56) El admitir que estos espíritus pueden realizar milagros, ‒es decir, obras de
habilidad e ingenio que, en relación a nuestras fuerzas, puedan parecer milagrosas‒; sin embargo,
estas obras carecen del sentido y la finalidad que las sellaría como el lenguaje de Dios a los hombres.
Los  deístas  rechazan los milagros, pues niegan la Providencia de Dios. Los agnósticos también los
niegan, y los positivistas los rechazan. Comte consideraba a “los milagros como el fruto de
la imaginación teología”. El panteísmo moderno no tiene lugar para los milagros. Así, hay quienes
afirman que las creaciones, donde el aspecto de una única substancia es Dios.
Definiciones  erróneas  de lo sobrenatural  llevan a definiciones erróneas del milagro. Así, tenemos:
1) Hay quienes lo define lo natural como lo necesario y lo sobrenatural, como lo que es libre; por lo
tanto el mundo material es lo que llamamos “naturaleza”, el mundo de la vida del hombre es
sobrenatural. En este sentido todo acto voluntario libre del hombre es un acto sobrenatural y un
milagro.
2) El sobrenaturalismo natural, valga la redundancia, el Prof. Everett en su obra: “The Psychologic
Elem (power) of Religion Faith”, (traducido al español: “El Elem (poder) sicológico de fe y de la
religión”, señala que lo natural y lo sobrenatural son en realidad uno: lo natural es su aspecto al
hombre, lo sobrenatural es su aspecto a Dios12.
3) La “teoría inmediata”, que Dios actúa inmediatamente sin segundas causas, o que las causas
segundas, o leyes de la naturaleza, deben ser definidas como los métodos regulares de la actuación
de Dios. Esta enseñanza se combina con la doctrina de la evolución.
4) La “teoría relativa” de milagros es por mucho la más popular entre los escritores no católicos. Esta
opinión fue propuesta originalmente para afirmar los milagros  cristianos y al mismo  tiempo  afirmar la
creencia  en la uniformidad de la naturaleza. Sus formas principales son tres:
a) La “concepción mecánica” de Charles Babbage13. En la opinión de Babbage, se presenta
la naturaleza como un vasto mecanismo enrollado al principio y que contiene en sí mismo la
capacidad para desviarse de su curso normal en fechas determinadas. La teoría es ingeniosa, pero
hace del milagro un evento natural. Admite la presunción de los adversarios de los milagros, es decir,
que los efectos físicos deben tener causas físicas, pero esta hipótesis se contradice con los hechos
comunes de la experiencia, por ejemplo, la voluntad actúa sobre la materia;
b) La “ley desconocida” de Spinoza14. Spinoza enseña que el término “milagro” debe ser entendido
con referencia a las opiniones de los hombres, y que significa simplemente un acontecimiento que no
podemos explicar por otros acontecimientos familiares a nuestra experiencia. Agrega, El “milagro” de
una época se convierte en el funcionamiento normal de la naturaleza en la próxima”. Por lo tanto un
“milagro” nunca ocurrió en realidad, y es sólo un nombre para cubrir nuestra ignorancia; todos los
milagros bíblicos desaparecerán con el progreso de la ciencia, “lo milagroso se reduce a la mera
apariencia”. Los defensores de esta teoría asumen que los milagros son una apelación a la
ignorancia;
c) La teoría de la “ley superior” de Argyll de “universo no visto”. Argyll se propuso refutar la afirmación
de Spinoza de que los “milagros” no son naturales y productores de desorden. Así, para él el “milagro”
es muy natural, ya que se lleva a cabo de conformidad con leyes de una naturaleza superior. Denota

12 Everett en su obra: “The Psychologic Elem (power) of Religion Faith”, (traducido al español: “El Elem (poder)
sicológico de fe y de la religión”. 1902. New York, EE.UU.
13 BABBAGE, Charles: “Concepción de lo sobrenatural de los milagros”. 1879. Londres, Inglaterra
14 SPINOSA, Baruch: “Los milagros como experiencia personal”. 1656. Ámsterdam, Países Bajos.

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que existe una ley superior, el sentimiento religioso subjetivo. Por lo tanto, para él un “milagro” no es
diferente de cualquier otro fenómeno natural, sino que se convierte en un milagro por su relación con
el sentimiento religioso; sostiene que el milagro consiste en el significado religioso del fenómeno
natural en su relación con la apreciación religiosa como un signo de favor divino. Otros explican
la ley superior como la ley moral, o la ley del espíritu. Por lo tanto, los “milagros de Cristo” son
entendidos como ilustraciones de una ley superior, más grandiosa, más comprehensiva que los
hombres hayan conocido hasta ahora, la venida de una nueva vida, de fuerzas superiores actuando
de acuerdo a leyes superiores como manifestaciones del espíritu en etapas superiores de su
desarrollo. La crítica de esta teoría es que los “milagros” dejarían de ser tales al dejar de ser
extraordinarios. Lograr milagros en virtud de una ley aún no entendida es negar su existencia.
El gran problema de la teología moderna es el lugar y el valor que se le da a los “milagros”. En
opinión de algunos escritores, su improbabilidad antecedente, basada en el reinado universal de
la ley es tan grande que no son dignos de consideración seria. Así, por ejemplo, su convicción de la
uniformidad de la naturaleza llevó a Hume a negar el testimonio de los milagros en general. El
principio fundamental es que pase lo que pase es natural, y lo que no es natural no ocurre. La
profunda convicción de la unidad orgánica del universo, un rasgo característico del pensamiento del
siglo XIX, se basa en la creencia en la uniformidad de la naturaleza.
Su principal exponente es la ciencia‒filosofía, una continuación del deísmo15 del siglo XVIII sin
la idea de Dios, y la opinión aquí presentada, de un universo en evolución elaborando su
propio destino bajo el dominio rígido de las leyes naturales inherentes, encuentra sólo un tenue
disfraz en la concepción panteísta, tan común entre los teólogos no católicos, de un Dios inmanente,
que es la base activa del mundo de desarrollo de acuerdo a la ley natural, es decir, el monismo de
la mente o la voluntad.
Esta creencia es la brecha entre la antigua y la moderna escuela de teología, de acuerdo con
Delitzsch (“Deep Gulf between the Old and the Modem Theology”16, 1890; encuentra el núcleo de la
concepción moderna del mundo en la idea de que “hay una ley y orden en todo, y que una cadena
ininterrumpida de  causas y efectos mantiene todo el universo en conjunto”. En todo el universo hay
un mecanismo de la naturaleza y de la vida humana, que presenta una cadena necesaria, o
secuencia, de causa y efecto, que no es, y no puede ser rota por una injerencia desde el exterior,
como se supone en el caso de un milagro. Este punto de vista es la base de las objeciones modernas
al cristianismo, la fuente del escepticismo moderno, y la razón de una disposición que prevalece entre
los pensadores cristianos a negarle a los milagros un lugar en evidencias cristianas, y a basar
la prueba para el cristianismo en evidencias internas solamente.

Crítica:
1) Este punto de vista se basa en última instancia sobre el supuesto de que el universo material existe
por sí solo. Es refutado:
‒ Demostrando que en el hombre hay un alma espiritual totalmente distinta de la  existencia  orgánica
e inorgánica, y que esta alma revela un orden intelectual y moral totalmente distinto del orden físico;
‒ Al inferir la existencia de Dios a partir de los fenómenos del orden intelectual, moral y físico.
2) Este punto de vista se basa también en un significado  erróneo  del término naturaleza. Kant hace
una distinción entre el noúmeno y el fenómeno de una cosa, negó que podemos conocer el noúmeno,
es decir, la cosa en sí misma; todo lo que conocemos es el fenómeno, es decir, la apariencia de la
cosa. Esta distinción ha influido profundamente en el pensamiento moderno.
Como idealista trascendental, Kant negó que conozcamos el fenómeno real; para él sólo la apariencia
ideal es el objeto de la mente. Así, el conocimiento es una sucesión de apariencias ideales, y un
milagro sería una interrupción de esa sucesión. Otros, es decir, la Escuela del Sentido (Hume,

15 El deísmo es la postura filosófica que acepta el conocimiento de la existencia y la naturaleza de Dios a través de


la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de los elementos comunes de
las religiones teístas como la revelación directa, la fe o la tradición. Dios es un Creador u Organizador del
universo, es la Primera Causa. En palabras más sencillas: un deísta es aquel que se inclina a aseverar la existencia de
Dios, pero no practica ninguna religión, y además niega la intervención de Dios en el mundo. Disponible en:
Glosario de filosofía ‒ Deísmo, http://www.webdianoia.com/glosario/display.php?action=view&id=78...
16 Delitzsch: “Deep Gulf between the Old and the Modem Theology”, (Traducido al español: “Hoyo profundo entre la
antigua y la teología de moderna”), 1890. Munich, Alemania.

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Spencer y otros), enseñan que, si bien no podemos conocer la substancia o esencia de las cosas,
podemos y captamos los fenómenos reales. Para ellos el mundo es un mundo fenomenal y es una
pura convivencia y la sucesión de fenómenos, donde el antecedente determina al consecuente. En
este punto de vista un milagro sería un salto inexplicable en la (llamada) ley invariable de secuencia,
en cuya ley John Stuart Mill basó su lógica17. Ahora respondemos que el verdadero significado de la
palabra “naturaleza” incluye tanto el fenómeno como el noúmeno18. Tenemos la idea de sustancia con
un contenido objetivo. En realidad, el progreso de la ciencia consiste en la observación de, y la
experimentación sobre las cosas con el fin de conocer sus propiedades o potencias, que a su vez nos
permiten conocer las esencias físicas de las distintas sustancias.
3) A través de la concepción errónea de la naturaleza, el principio de causalidad se confunde con la
ley de la uniformidad de la naturaleza. Pero son cosas absolutamente diferentes. El primero es una
convicción primaria que tiene su origen en nuestra conciencia interna. La segunda es una inducción
basada en una larga y cuidadosa observación de los hechos: no es una verdad evidente por sí
misma, ni es un principio universal y necesario, como ha demostrado el propio Mill. De hecho la
uniformidad de la naturaleza es el resultado del principio de causalidad.
No es cierto el argumento principal de que la uniformidad de las normas de la naturaleza gobierna los
milagros fuera de consideración, debido a que implicarían una ruptura en la uniformidad y una
violación de la ley natural. Las leyes de la naturaleza son los modos observados o procesos en que
actúan las fuerzas naturales. Estas fuerzas son las propiedades o potencias de las esencias de las
cosas naturales. Nuestra experiencia de causalidad no es la experiencia de una mera secuencia sino
de una secuencia debida a la necesaria operación de las esencias vistas como principios o fuentes de
acción.
Ahora bien, las esencias son necesariamente lo que son e inmutables, por lo tanto sus propiedades, o
potencias, o fuerzas, en determinadas circunstancias, actúan de la misma manera. Sobre esto, la
filosofía escolástica basa la verdad de que la naturaleza es uniforme en su acción, sin embargo,
sostiene que la constancia de la sucesión no es una ley absoluta, pues la sucesión sólo es constante
siempre y cuando las relaciones nouménicas permanezcan iguales. Así, la filosofía escolástica, al
defender los milagros, acepta el reinado universal de la ley en este sentido, y su enseñanza está en
acuerdo absoluto con los métodos efectivamente perseguidos por la ciencia moderna en las
investigaciones científicas. Por lo tanto, enseña el orden de la naturaleza y el reino de la ley, y declara
abiertamente que, si no hubiese orden, no habría milagro.
Es significativo que la Biblia apela constantemente al reino de la ley en la naturaleza, al tiempo que da
fe de la ocurrencia real de los milagros. Ahora bien, la voluntad humana, al actuar sobre fuerzas
materiales, interfiere con las secuencias regulares, pero no paraliza las fuerzas naturales o destruye
su tendencia innata a actuar de una manera uniforme. Así, un niño, al lanzar una piedra al aire, no
altera el orden de la naturaleza o acaba con la ley de gravedad. Sólo se trae una nueva fuerza y
contrarresta las tendencias de las fuerzas naturales, así como las fuerzas naturales interactúan y se
contrarrestan entre sí, como se demuestra en las bien conocidas verdades del paralelogramo de
fuerzas y la distinción entre la energía cinética y potencial. La analogía entre un acto del hombre y un
acto de Dios es completa en lo que se refiere a una ruptura en la uniformidad de la naturaleza o una
violación de sus leyes. El alcance de la potencia ejercida no afecta el punto en cuestión. Por lo tanto
la naturaleza física se presenta como un sistema de causas físicas que producen resultados
uniformes, y sin embargo permite la interposición de la acción personal, sin afectar su estabilidad.

Lugar y valor de los milagros en la visión cristiana del mundo


Como la gran objeción a los milagros realmente se basa en opiniones filosóficas falsas del universo,
por lo que es necesaria la verdadera visión del mundo para comprender su lugar y su valor.

17 MILL, John Stuart: “La Lógica y la Libertad”. 1851. Londres, Inglaterra.


18 El noúmeno (del griego “noúmenon”: “lo pensado” o “lo que se pretende decir”"), en la filosofía de Immanuel
Kant, es un término problemático que se introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no
pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible. Disponible en: Fenómeno y
Noúmeno, diferencias, http://www.encuentroalternativo.com/fenomeno-y-noumeno-diferencias/.

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El  cristianismo  enseña que  Dios  creó  y gobierna el mundo. Este gobierno es su Providencia, la
cual se muestra en el delicado ajuste y subordinación de las tendencias propias de las cosas
materiales, dando como resultado la maravillosa estabilidad y armonía que prevalecen en toda la
creación física, y en el orden moral, que a través de la conciencia, ha de guiar y controlar las
tendencias de la naturaleza del hombre a una completa armonía en la vida humana. El hombre es un
ser personal, con inteligencia y libre albedrío, capaz de conocer y servir a Dios, y creado para tal fin.
Para él la naturaleza es el libro de la obra de Dios que revela al Creador a través del designio visible
en el orden material y por medio de la conciencia, la voz del orden moral, basado en la constitución
misma de su propio ser. De ahí que la relación del hombre con Dios es una personal. La Providencia
de Dios no se limita a la revelación de sí mismo a través de sus obras. Él se ha manifestado de una
manera sobrenatural, lanzando un torrente de luz sobre las relaciones que deben existir entre el
hombre y Él mismo. La Biblia contiene esta revelación, y se llama el Libro de la Palabra de Dios, el
cual da el registro de la Providencia sobrenatural de Dios conducente a la redención y a la fundación
de la Iglesia cristiana. Aquí se nos dice que más allá de la esfera de la naturaleza hay otro reino de
la existencia, lo sobrenatural, poblado por seres espirituales y las almas de los difuntos. Ambas
esferas, la natural y la sobrenatural, están bajo el dominio de la Providencia de Dios. Así, Dios y el
hombre son dos grandes hechos. La relación del alma con su Creador es la religión.
La religión es el conocimiento, el amor y el servicio de Dios; su expresión se conoce como culto, y la
esencia del culto es la oración. Así, entre el hombre y Dios hay una constante interacción, y en la
Providencia de Dios el medio señalado de esta relación es la oración. Mediante la oración el hombre
habla con Dios en los actos de fe, esperanza, caridad y contrición e implora su ayuda. En respuesta a
la oración Dios actúa en el alma por su gracia y, en circunstancias especiales, mediante los milagros.
De ahí que el gran hecho de la oración, como el nexo de unión del hombre con Dios, implica una
intervención constante de Dios en la vida del hombre. Por lo tanto, en la visión cristiana del mundo,
los milagros tienen un lugar y un significado. Ellos surgen de la relación personal entre Dios y el
hombre. La convicción de que los puros de corazón son agradables a Dios, de algún
modo misterioso, es universal; incluso entre los paganos sólo se preparan ofrendas puras para
el sacrificio.
Este sentido íntimo de la presencia de Dios puede explicar la tendencia universal a referir todos los
fenómenos sorprendentes a causas sobrenaturales. El error y la exageración no cambian la
naturaleza de la creencia fundada en la convicción permanente de la Providencia de Dios. San
Pablo apeló a esta creencia en su discurso a los atenienses. (57) En el milagro, por lo tanto, Dios
subordina la naturaleza física a un propósito más elevado, y este propósito superior es idéntico a los
más altos objetivos morales de la existencia. La concepción mecánica del mundo está en armonía
con lo teleológico, y cuando el propósito existe, ningún evento es aislado o sin sentido. El hombre es
creado por Dios, y un milagro es la prueba y la promesa de Su Providencia sobrenatural. De ahí que
podamos entender cómo, en la mentes devotas, incluso hay una presunción a favor y una expectativa
de milagros. Ellos muestran la subordinación del mundo inferior al superior; son la ruptura del mundo
superior sobre el inferior
Algunos escritores, llevan la visión cristiana al extremo, y dicen que los milagros son necesarios para
atestiguar la revelación. Los teólogos católicos, sin embargo, tienen una visión más amplia. Ellos
afirman:
1) Que los grandes objetivos principales de los milagros son la manifestación de la gloria de Dios y el
bien de los hombres; que los fines particulares o secundarios, subordinados al primero, son confirmar
la verdad de una misión o una doctrina de fe o moral, para atestiguar la santidad de los siervos de
Dios, para conferir beneficios y reivindicar la justicia Divina.
2) Por lo tanto enseñan que la testificación de la revelación no es el fin primario, sino su fin
secundario principal, aunque no el único.
3) Dicen que los milagros de Cristo no eran necesarios, sino “muy adecuados y totalmente acordes
con su misión”, como un medio para dar fe de su verdad. Al mismo tiempo colocan los milagros entre
las evidencias más fuertes y más certeras de la revelación divina.
4) Sin embargo, enseñan que, como evidencias, los milagros no tienen fuerza física, es decir,
asentimiento absolutamente coercitivo, sino sólo una fuerza moral, es decir, no le
hacen violencia al libre albedrío, aunque su apelación al asentimiento es de la especie más fuerte.
5) Que, como evidencias, no son obrados para mostrar la verdad interna de las doctrinas, sino sólo
para dar razones manifiestas de por qué debemos aceptar las doctrinas. De ahí la distinción:

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“no  evident vera, hasta evidenter credibilia”, (traducido al español: “No hay evidencia real, hasta
evidenciar la credibilidad”. Pues la revelación, de la cual dan “fe” los “milagros”, contiene doctrinas
sobrenaturales por encima de la comprensión de la mente e instituciones positivas en la Providencia
sobrenatural de Dios sobre los hombres. Así que no es cierta la opinión de muchos filósofos como
Locke y otros, que la doctrina prueba el milagro y no el milagro la doctrina.
6) Finalmente, afirman que los “milagros” en las Sagradas Escrituras y el poder de obrar “milagros” 
en  la Iglesia  son de fe divina, no, sin embargo, los milagros en la historia de la Iglesia propiamente
dichos. De ahí que enseñan que los primeros son ambos evidencias de fe y objetos de fe; que los
últimos son evidencias de propósito para el cual son obrados, no, sin embargo, objetos de fe divina.
Por lo tanto esta enseñanza guarda de la otra visión exagerada propuesta recientemente por los
escritores no católicos, que afirman que los milagros se consideran ahora no como evidencias sino
como objetos de fe.
La Biblia muestra que en todo momento que Dios ha obrado milagros para atestiguar la revelación de
su voluntad.
El Antiguo Testamento revela un alto concepto ético de Dios que hace “milagros” para altos fines
éticos, y despliega una dispensa de la profecía que conduce a Cristo. “Cristo” hace los “milagros” en
cumplimiento de esta profecía. Su respuesta a los mensajeros de San Juan Bautista fue que fueran y
le contaran a Juan lo que habían visto. Jesús profesó abiertamente el hacer “milagros”. Apela
repetidamente a sus “obras” como la prueba más auténtica y decisiva de su filiación divina y de su
misión, y por esta razón condena la obstinación de los judíos como inexcusable. Él hizo milagros para
establecer el Reino de Dios, les dio a los Apóstoles y a los discípulos el poder de hacer milagros,
instruyéndoles por este medio a seguir el mismo método, y prometió que el don de milagros persistiría
en la Iglesia. A la vista de sus obras maravillosas, los judíos, y el ciego de nacimiento, confiesa que
hay que atribuirlos al poder divino.
El testimonio de los Apóstoles sobre los milagros es doble:
a) Ellos predicaron los “milagros de Cristo”, especialmente las de Resurrección. Así San Pedro habla
de los “milagros, prodigios y señales” que Jesús hizo como un hecho bien conocido para los judíos, y
como publicados a través de Galilea y Judea. Los Apóstoles se declaran a sí mismos testigos de la
Resurrección de Cristo, dicen que la característica de un apóstol es que sea un testigo de la
Resurrección, y su predicación en Jerusalén se basa casualmente en eso, en la Resurrección;
también en Antioquía, en Atenas, en Corinto, en Roma, y en Tesalónica;
b) Ellos mismos obraron milagros, prodigios y señales en Jerusalén, sanaron a los enfermos, y
expulsaron demonios, resucitaron a los muertos. San Pablo llama la atención a los cristianos de
Roma a sus propios milagros, se refiere a los muy conocidos milagros realizados en Galacia, invita a
los cristianos de Corinto a ser testigos de los milagros que obró entre ellos como señales de su
apostolado, y le da al don de milagros un lugar en la economía de la fe cristiana. Así los Apóstoles
obraron milagros en sus viajes misioneros en virtud del poder que recibieron de Cristo confirmado
después de su Resurrección.

Lugar y valor de los milagros de los Evangelios


Al estudiar los milagros de los Evangelios quedamos impresionados por los relatos dados de su
multitud, y por el hecho que los evangelistas narran en detalle sólo una muy pequeña proporción de
ellos; los Evangelios hablan sólo en términos muy generales de los milagros que Cristo realizó en los
grandes viajes misioneros a través de Galilea y Judea. Leemos que la gente, al ver las cosas que Él
hacía, le seguían en tropel, de modo que no podía entrar en las ciudades, y su fama se extendió
desde Jerusalén a través de Siria. Su reputación era tan grande que los sumos sacerdotes en
consejo hablaban de Él como alguien que “hace muchos milagros”; los discípulos de Emaús, como el
“profeta, poderoso en obra y palabra delante de  Dios y todo el pueblo”, y San Pedro se lo describe
a Cornelio como el predicador que hace prodigios. Los evangelistas hicieron una selección de la gran
cantidad de acontecimientos milagrosos que rodean la persona de Nuestro Señor. Es cierto que era
imposible narrarlos todos. Sin embargo, podemos ver en los milagros narrados un doble motivo para
la selección.
El gran propósito de la redención fue la manifestación de la gloria de Dios en la salvación del hombre
a través de la vida y obra de su Hijo encarnado. Por lo tanto, es la obra suprema de la Providencia de
Dios sobre los hombres. Esto explica la vida y enseñanzas de Cristo, y nos permite comprender el

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alcance y el plan de sus milagros. Se pueden considerar en relación con el oficio y persona de Cristo
como Redentor.
Por lo tanto:
a) tienen su origen en la unión hipostática y siguen en la relación de Cristo como Redentor con el
hombre. En ellos podemos ver referencias a la gran obra de redención que Él vino a realizar. Por lo
tanto los evangelistas conciben el poder milagroso de Cristo como una influencia que irradia de Él, y
los teólogos llaman a los milagros de Cristo obras teándricas19;
b) Su objetivo es la gloria de Dios en la manifestación de la gloria de Cristo y en la salvación de los
hombres. San Juan abre su Evangelio con la Encarnación del Verbo Eterno y añade “vimos su gloria”.
(58) De ahí que San Ireneo y San Atanasio, enseñen que las obras de Cristo fueron las
manifestaciones del Verbo Divino quien al principio hizo todas las cosas y quien en la Encarnación
desplegó su poder sobre la naturaleza y el hombre, como una manifestación de la nueva vida
impartida al hombre y una revelación del carácter y propósitos de Dios. Las repetidas referencias a la
“gloria de Cristo” en los Hechos y en las Epístolas tiene relación con sus milagros. La fuente y
propósito de los milagros de Cristo es la razón para su íntima conexión con su vida y enseñanza. El
propósito de los milagros fue una misión salvadora y redentora, como lo fue la doctrina y la vida del
eterno Hijo de Dios;
c) Su motivo fue la misericordia; la mayoría de los milagros de Cristo fueron obras de misericordia. No
fueron realizados con miras a sobrecoger a los hombres por el sentimiento de omnipotencia, sino
mostrar compasión por la humanidad pecadora y doliente. No deben ser considerados como actos de
simpatía aislados o transitorios, sino como impulsados por una misericordia profundo y permanente
que caracteriza al oficio de Salvador. La redención es una obra de misericordia, y los milagros revelan
la misericordia de Dios en la obra de Su Hijo encarnado;
d) Por lo tanto podemos ver en ellos un carácter simbólico. Eran signos, y en un sentido especial
significaron, por el lenguaje típico de los hechos externos, la renovación interior del alma. Así, al
comentar sobre el milagro del hijo de la viuda de Naím, San Agustín dice que “Cristo” resucitó a tres
de la muerte del cuerpo, pero a miles de la muerte del pecado a la vida de la gracia divina;
El alivio que Cristo le trajo al cuerpo representó la liberación. Él estaba trabajando en las almas. Sus
milagros de curaciones y sanaciones fueron la imagen visible de su obra espiritual en la guerra con el
mal. Estos milagros, que se resumen en la respuesta de Jesús a los mensajeros de Juan, son
explicados por los Padres de la Iglesia con referencia a los males del alma. El “motivo y el significado
de los milagros explican la moderación que Cristo mostró en el uso de su poder  infinito”. Reposo en la
fuerza es un rasgo sublime en el carácter de Jesús, el cual proviene de la posesión consciente del
poder que debe utilizarse para el bien de los hombres. Todo lo que Él hizo tiene un significado cuando
se mira en la relación de Cristo con el Hombre. En la clase conocida como los milagros de poder,
Jesús no muestra una simple superioridad mental y moral sobre los hombres ordinarios. En virtud de
su misión redentora Él prueba que Él es el Señor y el Maestro de las fuerzas de la naturaleza. Así,
con una palabra calma la tempestad, con una palabra multiplicó unos pocos panes y peces para que
miles festejaran y se saciaran, con una palabra curó leprosos, expulsó demonios, resucitó los muertos
a la vida, y, finalmente, le puso el gran sello a su misión al resucitar de la muerte, como había
anunciado explícitamente;
e) Por lo tanto “los milagros de Cristo” tienen una importancia doctrinal. Ellos tienen una conexión vital
con su enseñanza y su misión, ilustran la naturaleza y el propósito de su reino, y muestran una
relación con algunos de las más grandes doctrinas y principios de su Iglesia. Su catolicidad se
muestra en los milagros del siervo del centurión y la mujer sirofenicia. Los milagros sabáticos revelan
su propósito, es decir, la salvación del hombre, y demostrar que el Reino de Cristo marca el paso de
la antigua Ley. Sus milagros enseñan el poder de la fe y la respuesta dada a la oración.
La verdad central de su enseñanza fue su vida. Él vino a dar vida a los hombres, y enfatiza esta
enseñanza resucitando a los muertos, especialmente en el caso de Lázaro y su propia Resurrección.

19 “Teándrico” es una palabra que se emplea a veces para indicar lo que es a un tiempo humano y divino. Igualmente
se ha llamado operación teándrica la que pertenece al hombre y a Dios. Esta terminología envuelve con frecuencia el
equívoco, por cuya razón no ha logrado fortuna en la ciencia contemporánea. En efecto, la confesión de las
perfecciones del Ser absoluto y del hombre, ser finito y limitado, ha dado origen a numerosas
confusiones teológicas y filosóficas. Disponible en: Diccionario enciclopédico de teología – Teántrico,
http://www.books.google.com.pe/books?id=6V-WLdexHD0C.

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La enseñanza sacramental de los milagros se manifiesta en el milagro de Caná, en la curación del


paralítico, para demostrar que tenía el poder de perdonar los pecados y utilizó este poder y se lo dio
a los Apóstoles. Por último, el elemento profético de la suerte del individuo y de la Iglesia se muestra
en los milagros de aquietar la tempestad, de Cristo sobre las aguas, del saque de los peces, de la
dracma y la higuera estéril. Jesús hace del milagro de Lázaro, el tipo de la resurrección general, al
igual que los Apóstoles toman la Resurrección de Cristo para denotar la salida del alma de la muerte
del pecado a la vida de la gracia, y para ser una promesa y profecía de la victoria sobre el pecado y la
muerte y de la resurrección final.

Providencias especiales
La oración es una gran realidad, que se expresa de una manera persistente, y entra íntimamente en
la vida de la humanidad. Tan universal es el acto de oración que parece un instinto y una parte de
nuestro ser. Es el hecho fundamental de la religión y la religión es un fenómeno universal de la raza
humana. La filosofía cristiana enseña que, en su naturaleza espiritual el hombre es hecho a imagen y
semejanza de Dios, por lo tanto su alma se vuelve instintivamente a su Creador en aspiraciones
de culto, de esperanza y de intercesión.
El valor real de la oración ha sido un tema vital para la discusión en los tiempos modernos. Algunos
sostienen que su valor reside únicamente en que es un factor en la cultura de la vida moral, que da el
tono y la fuerza de carácter. Así, el profesor Tyndall, en su famoso discurso de Belfast20, propuso este
punto de vista, y sostiene que la ciencia moderna ha demostrado que el valor físico de la oración es
increíble. Basó su afirmación en la uniformidad de la naturaleza. Pero ya no se sostiene que esta
base sea un obstáculo a la oración por beneficios físicos.
Ahora la filosofía cristiana enseña que Dios, en respuesta a la oración, no sólo confiere favores
espirituales sino que a veces interfiere con el curso ordinario de los fenómenos físicos, de modo que,
como resultado, eventos particulares suceder lo contrario de lo que deberían. Esta interferencia se
lleva a cabo en los milagros y providencias especiales.
Cuando nos arrodillamos a rezar no siempre le pedimos a Dios que obre milagros o que nuestras
vidas sean prodigios constantes de su poder. El sentido de nuestra pequeñez le da un
espíritu humilde y reverencial a nuestra oración. Confiamos en que Dios, a través de
Su infinito conocimiento y poder, realizará lo que pedimos de algún modo mejor conocido para Él. Por
lo tanto, por providencias especiales nos referimos a los acontecimientos que suceden en el curso de
la naturaleza y de la vida a través de la instrumentalidad de las leyes naturales. No podemos discernir
en el propio evento o en su forma de ocurrir cualquier desviación del curso de las cosas conocidas. Lo
que sí sabemos, sin embargo, es que los eventos se forman en respuesta a nuestra oración. Las
leyes de la naturaleza son invariables, sin embargo, un factor importante que no se debe olvidar: que
las leyes de la naturaleza pueden producir un efecto, las mismas condiciones deben estar presentes.
Si las condiciones varían, los efectos también varían. Al alterar las condiciones, otras tendencias de
la naturaleza se hacen predominantes, y las fuerzas que de otro modo realizarían sus efectos ceden a
las fuerzas más fuertes. De esta manera nuestra voluntad interfiere con el funcionamiento de las
fuerzas naturales y con las tendencias humanas, como se demuestra en nuestras relaciones con los
hombres y en la ciencia del gobierno.
Ahora bien, si tal poder recae en los hombres, ¿puede Dios hacer menos?. ¿No podemos creer que,
en nuestra oración, Dios puede hacer que las condiciones de los fenómenos naturales se combinen
de modo que, a través de su agencia especial, podamos obtener el deseo de nuestro corazón, y sin
embargo, de manera que, para el observador común, el evento ocurra en su lugar y hora ordinarios?
Para el alma devota, sin embargo, todo es diferente. Reconoce el favor de Dios y está devotamente
agradecida por el cuidado paternal. Sabe que Dios ha ocasionado el asunto de alguna manera.
Cuando, por lo tanto, oramos por la lluvia, o para evitar una calamidad, o para evitar los estragos de
la peste, no pedimos tanto por milagros o signos de su omnipotencia; le pedimos que Él, que tiene el
cielo en sus manos y escudriña el abismo, escuchará nuestras peticiones y, en su buen y propio
modo, conseguirá la respuesta que necesitamos.

20 El discurso ante la British Association de 1874 en Belfast, Reino Unido. Disponible en: Conferencias científico‒
religiosas en PDF, http:www.uv.es/~orilife/textos/Castellotep.pdf.

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Fuente: Driscoll, John T.: “The Catholic Encyclopedia”, (En español: “Enciclopedia Católica”. Vol. 10.
1911. New York, EE.UU. Ed. Robert Appleton Company.
http://www.newadvent.org/cathen/10338a.htm. Traducido por Luz María Hernández Medina21.

Los milagros realizados por Jesús


Los milagros de Jesús son los hechos sobrenaturales que se atribuyen a Jesucristo en el curso de su
vida terrenal y que han sido recogidos en los Evangelios canónicos. Estos milagros se pueden
clasificar en cuatro grupos: las curaciones, exorcismos, la resurrección de los muertos y el control
sobre la naturaleza. El número exacto de los milagros depende de cómo se cuentan los milagros, por
ejemplo, en el milagro de la hija de Jairo, donde una mujer se cura y una niña es resucitada, pero los
dos acontecimientos son narrados en los mismos párrafos de los Evangelios, y por lo general de
forma conjunta, y el hecho de que la niña tenía 12 años y la mujer había estado enferma durante 12
años ha sido objeto de diversas interpretaciones.
Estos milagros causaban la indignación de los escribas y los maestros de la ley.
En esos tiempos, los escribas, fariseos y otros, atribuyeron a una confabulación con Belcebú este
poder de expulsar a los demonios. Jesús se defendió enérgicamente de estas acusaciones. (59) 
Según los relatos evangélicos, Jesús no sólo tenía el poder de expulsar demonios, sino que transmitió
ese poder a sus seguidores. (60)  Incluso se menciona el caso de un hombre que, sin ser seguidor de
Jesús, expulsaba con éxito demonios en su nombre. (61)
Según lo escrito en Mateo (62), Corazín, Betsaida y Cafarnaún ‒también llamada Capernaúm‒, son
las ciudades donde Jesús realizó la mayor parte de sus milagros, debido a que estos todavía no se
arrepentían de sus pecados.
Según Juan (63) , Jesús les pide a los apóstoles que crean por esas obras porque es el Padre (Dios)
quien las realiza en él. También les dice que todo lo que pidan al Padre en su nombre él lo hará, para
que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Una parte importante en la aceptación que Jesús encontró fue por la abundancia de milagros que
hacía. Jesús rodea su predicación del reino de muchas curaciones y expulsiones de demonios.
Es significativa la cantidad de milagros destinada a sanar las enfermedades. El dolor es un efecto del
pecado de origen. Cristo, al vencer al dolor, quiere demostrar que viene a vencer a su causa que es el
pecado. No sana todas las enfermedades, sólo unas pocas, aunque sean cientos. Porque el dolor se
va a convertir en instrumento del amor más grande. Gran misterio el del dolor; pero mayor aún el del
amor que, en el dolor, no deja de querer. Jesús dará a conocer su mesianidad por medio de los
milagros, pero cada milagro será un signo elocuente de lo que viene a traer al mundo: una felicidad
nueva, traída por un amor generoso y fuerte, que llega de lo Alto.
Los milagros de Jesús registrados en el Nuevo Testamento son más que maravillas: son señales. Él
los realizó para exhortar a hombres y mujeres a que creyesen en Él para vida eterna. Sanó a un
paralítico para afirmar su derecho a perdonar pecados. Alimentó a miles de personas con el almuerzo
de un muchacho, preparando así el escenario para afirmar que era el “Pan de vida”. Caminó sobre el
agua, calmó mares embravecidos, sanó a los enfermos, restauró manos y piernas paralizadas, dio
vista a los ciegos y oído a los sordos, y hasta resucitó de los muertos a un hombre embalsamado de
nombre Lázaro. Una de las razones por las que Jesús hizo milagros fue para apoyar su afirmación de
que era Dios. El apóstol Juan escribió: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de
sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis
que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. (64)
Muchos fueron los milagros que Jesús realizó, en las Sagradas Escrituras sólo se cuentan
cuarenta; sin embrago, sabemos a ciencia cierta que fueron muchos más; y estos pueden
dividirse en cinco grupos: 1) Milagros sobre la naturaleza; 2) Milagros de curación física; 3)
Milagros de liberación demoníaca; 4) Milagros de victorias sobre voluntades hostiles; y, 5)
Milagros sobre Resurrecciones.
1) Milagros sobre la naturaleza:

21 DRISCOLL, John T.: “The Catholic Encyclopedia”, (En español: “Enciclopedia Católica”. Vol. 10. 1911. New
York, EE.UU. Ed. Robert Appleton Company. http://www.newadvent.org/cathen/10338a.htm. Traducido por Luz María
Hernández Medina

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 En la que Jesús transforma el agua en vino, realizada en las Bodas de Caná; Milagro por
intercesión de la Virgen: El primer milagro que nos relata el Evangelio, la misma que la realiza en
las Bodas de Caná; (65)
 La primera pesca milagrosa; (66)
 Jesús calma la Tempestad; (67)
 Jesús alimentó cinco mil hombres sin contar mujeres, ni niños; (68)
 Camina sobre las aguas; (69)
 Jesús alimentó a cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños; (70)
 Jesús hace aparecer una moneda dentro de un pez; (71)
 Jesús causó que la higuera estéril se secara; (72)
 La segunda gran pesca milagrosa. (73)

2) Milagros de curación física:


Jesús hizo muchísimas sanaciones milagrosas en su vida pública. Hay referencias en los
Evangelios a muchas curaciones que no son relatadas en detalle, pero si se relatan las
siguientes:
 Jesús sanó al hijo de un oficial del rey; (74)
 Jesús sana a la suegra de Pedro de una terrible fiebre; (75)
 Jesús sana a un leproso; (76)
 Jesús sana a un paralítico; (77)
 Sanación del paralítico de Betesdá; (78)
 Jesús restaura una mano seca de un hombre; (79)
 Jesús sanó al sirviente del centurión; (80)
 Jesús sanó a un ciego; (81)
 Jesús sana a la mujer del flujo de sangre; (82)
  Jesús sana la vista de dos ciegos; (83)
 Jesús hace hablar a un sordomudo; (84)
 El paralítico de Betesdá, es sanado; (85)
 Jesús sanó a un ciego de nacimiento; (86)
 Jesús sanó a una mujer que padecía de espíritu de enfermedad por dieciocho años; (87)
 Jesús sanó a un hidrópico; (88)
 Jesús sanó a diez leprosos; (89)
 Jesús sana a un ciego de Jericó; (90)
 El siervo que perdió la oreja. (91)

3) Milagros de liberación demoniaca: (exorcismos con manifestaciones físicas).


Las formulas generales para exorcizar (92); y, el pasaje de Mateo (93); “le trajeron muchos
endemoniados”, demuestran que endemoniados eran numerosos en la vida pública de Jesús.
Algunos casos fueron contados con detalle.
 El endemoniado de Capernaum; (94)
 Los endemoniados gergesenos; (95)
 Endemoniado mudo; (96)
 Hija de la mujer cananea; (97)
 El niña lunática; (98)
 El sano un muchacho lunático; (99)
 Jesús sanó a una mujer que padecía de espíritu de enfermedad por dieciocho años. (100)

4) Milagros de Victorias sobre voluntades hostiles:


En algunos casos en los que Jesucristo ejerció poder extraordinario sobre sus enemigos no está
claro si fue por intervención de poder divino o por los efectos naturales de la ascendencia de su
extraordinaria voluntad humana sobre la de aquellos hombres.
 Los judíos no arrestan a Jesús porque la hora no había llegado; (101)
 O a veces no lo arrestaban porque se escondía de los judíos; (102)
Hay dos casos en que parece que se trata del ejercicio de su poder:
1) Cuando saca los vendedores del Templo; (103)
2) El episodio de su escape de la turba hostil en Nazaret; (104)

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5) Milagros sobre Resurrecciones:


Jesús respondió a los enviados de Juan Bautista: “Id y contad a Juan lo que oís y veis: los
ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos
resucitan  y se anuncia a los pobres la Buena Nueva”. (105) La forma general en que habla de
resurrecciones hace pensar que Jesús resucitó a muchos más de los tres que no aparecen en el
Evangelio:
 Él resucita a la hija de Jairo; (106)
 Hijo de la viuda de Naim; (107)
 Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos; (108)
Fuente: http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia.

A manera de conclusión
El Milagro: Manifestación del poder divino de Jesucristo.
Si observamos atentamente los “milagros, prodigios y señales” con que Dios acreditó la misión de
Jesucristo, según las palabras pronunciadas por el Apóstol Pedro el día de Pentecostés en Jerusalén,
constatamos que Jesús, al obrar estos milagros y señales, actuó en nombre propio, convencido de su
poder divino, y, al mismo tiempo, de la más íntima unión con el Padre.
Nos encontramos, pues, todavía y siempre, ante el misterio del "Hijo del hombre - Hijo de Dios", cuyo
Yo transciende todos los límites de la condición humana, aunque a ella pertenezca por libre elección,
y todas las posibilidades humanas de realización e incluso de simple conocimiento.
Los Milagros: Signos del Amor de Dios.
“Signos” de la omnipotencia divina y del poder salvífico del Hijo del hombre, los milagros de Cristo ‒
narrados en los Evangelios‒ son también la revelación del amor de Dios hacia el hombre,
particularmente hacia el hombre que sufre, que tiene necesidad, que implora la curación, el perdón, la
piedad. Son, pues, “signos” del amor misericordioso proclamado en el Antiguo y Nuevo Testamento.
Los milagros, por tanto, son “para el Hombre". Son obras de Jesús que, en armonía con la finalidad
redentora de su misión, restablecen el bien allí donde se anida el mal, causa de desorden y
desconcierto.
Un estudio atento de los textos evangélicos nos revela que ningún otro motivo, a no ser el amor hacia
el hombre, el amor misericordioso, puede explicar los “milagros y señales” del Hijo del hombre. En el
Antiguo Testamento, Elías se sirve del “fuego del cielo” para confirmar su poder de profeta y castigar
la incredulidad/
Todo lo que El hace, también en la realización de los milagros, lo hace en estrecha unión con el
Padre. Lo hace con motivo del reino de Dios y de la salvación del hombre. Lo hace por amor.
Por esto, y al comienzo de su misión mesiánica, rechaza todas las “propuestas” de milagros que el
Tentador le presenta, comenzando por la del trueque de las piedras en pan. El poder de Mesías
(“Cristo”) se le ha dado no para fines que busquen sólo el asombro o al servicio de la vanagloria. El
que ha venido “para dar testimonio de la verdad”, es más, el que es “la verdad”, obra siempre en
conformidad absoluta con su misión salvífica.
Todos sus “milagros y señales” expresan esta conformidad en el cuadro del “misterio mesiánico” del
Dios que casi se ha escondido en la naturaleza de un Hijo del hombre, como muestran los
Evangelios, especialmente el de Marcos. Si en los milagros hay casi siempre un relampagueo del
poder divino, que los discípulos y la gente a veces logran aferrar, hasta el punto de reconocer y
exaltar en Cristo al Hijo de Dios, de la misma manera se descubre en ellos la bondad, la sobriedad y
la sencillez, que son las dotes más visibles del “Hijo del hombre”.
El mismo modo de realizar los milagros hace notar la gran sencillez, y se podría decir humildad,
talante, delicadeza de trato de Jesús. Desde este punto de vista pensemos, por ejemplo, en las
palabras que acompañan a la resurrección de la hija de Jairo: “La niña no ha muerto, duerme”, como
si quisiera “quitar importancia” al significado de lo que iba a realizar. Y, a continuación, añade: “Les
recomendó mucho que nadie supiera aquello”.
Si Jesús realiza en sábado algunos de sus milagros, lo hace no para violar el carácter sagrado del día
dedicado a Dios sino para demostrar que este día santo está marcado de modo particular por la
acción salvífica de Dios. “Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también”. Y este obrar es
para el bien del hombre; por consiguiente, no es contrario a la santidad del sábado, sino que más bien

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la pone de relieve: “El sábado fue hecho a causa del hombre, y no el hombre por el sábado. Y el
dueño el sábado es el Hijo del hombre”.
Milagros: Un llamado a la Fe.
Los “milagros y los signos” que Jesús realizaba para confirmar su misión mesiánica y la venida del
reino de Dios, están ordenados y estrechamente ligados a la llamada a la fe. Esta llamada con
relación al milagro tiene dos formas: la fe precede al milagro, más aún, es condición para que se
realice; la fe constituye un efecto del milagro, bien porque el milagro mismo la provoca en el alma de
quienes lo han recibido, bien porque han sido testigos de él.
Es sabido que la fe es una respuesta del hombre a la palabra de la revelación divina. El milagro
acontece en unión orgánica con esta Palabra de Dios que se revela. Es una "señal" de su presencia y
de su obra, un signo, se puede decir, particularmente intenso. Todo esto explica de modo suficiente el
vínculo particular que existe entre los “milagros‒signos” de “Cristo” y la fe: vínculo tan claramente
delineado en los Evangelios.
Efectivamente, encontramos en los Evangelios una larga serie de textos en los que la llamada a la fe
aparece como un coeficiente indispensable y sistemático de los milagros de Cristo. Al comienzo de
esta serie es necesario nombrar las páginas concernientes a la Madre de Cristo con su
comportamiento en Caná de Galilea, ‒y aún antes y sobre todo‒ en el momento de la Anunciación.
Se podría decir que precisamente aquí se encuentra el punto culminante de su adhesión a la fe, que
hallará su confirmación en las palabras de Isabel durante la Visitación: “Dichosa la que ha creído que
se cumplirá lo que se te he dicho de parte del Señor”.
Sí, María ha creído como ninguna otra persona, porque estaba convencida de que “para Dios nada
hay imposible”. Y en Caná de Galilea su fe anticipó, en cierto sentido, la hora de la revelación de
Cristo. Por su intercesión, se cumplió aquel primer “milagro‒signo”, gracias al cual los discípulos de
Jesús “creyeron en él”. Si el Concilio Vaticano II enseña que María precede constantemente al Pueblo
de Dios por los caminos de la fe, podemos decir que el fundamento primero de dicha afirmación se
encuentra en el Evangelio que refiere los “milagros‒signos” en María y por María en orden a la
llamada a la fe.
Nótese cómo en la narración evangélica se pone continuamente de relieve el hecho de que Jesús,
cuando “ve la fe”, realiza el milagro. Esto se dice expresamente en el caso del paralítico que pusieron
a sus pies desde un agujero abierto en el techo. Pero la observación se puede hacer en tantos otros
casos que los evangelistas nos presentan. El factor fe es indispensable; pero, apenas se verifica, el
corazón de Jesús se proyecta a satisfacer las demandas de los necesitados que se dirigen a Él para
que los socorra con su poder divino.
Una vez más constatamos que, como hemos dicho al principio, el milagro es un “signo” del poder y
del amor de Dios que salvan al hombre en Cristo. Pero, precisamente por esto es al mismo tiempo
una llamada del hombre a la fe. Debe llevar a creer sea al destinatario del milagro sea a los testigos
del mismo.
Esto vale para los mismos Apóstoles, desde el primer “signo” realizado por Jesús en Caná de Galilea;
fue entonces cuando “creyeron en Él”. Cuando, más tarde, tiene lugar la multiplicación milagrosa de
los panes cerca de Cafarnaum, con la que está unido el pre‒anuncio de la Eucaristía, el evangelista
hace notar que “desde entonces muchos de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían”, porque no
estaban en condiciones de acoger un lenguaje que les parecía demasiado “duro”. Entonces Jesús
preguntó a los Doce: “¿Queréis iros vosotros también?”; respondió Pedro: “Señor, ¿a quién iríamos?.
Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios”.
Así, pues, el principio de la fe es fundamental en la relación con Cristo, ya como condición para
obtener el milagro, ya como fin por el que el milagro se ha realizado. Esto queda bien claro al final del
Evangelio de Juan donde leemos: “Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de los discípulos
que no están escritas en este libro; y éstas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías,
Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.
Amén.

Citas bíblicas
(1) Jn. 11:1-46; Jn. 11.28.44; (2) 1 R.17:9-22; (3) Mt. 14:15-21; Mr. 6:32-44; Lc. 9:13-17;
Jn. 6:3-15; (4) Jn. 2:1-11; (5) 2 R. 6:5-7; (6) Dn. 3:10-30; (7) Ex. 8:19; Lc. 11,20; (8) 1 S. 5:6; (9)
Esd. 8:31; (10) Lc. 7:11-18; (11) Jn. 9:1-14; (12) Lc. 5:12-14; (13) Dn. 3:10-30; (14) Hch. 12:4-11;

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(15) Ex. 7; (16) 1 R. 17; (17) 2 R. 5:8-25; (18) Hch. 2:43; (19) Hch. 3:9; (20) Hch. 19; (21)
Gál. 3:5; (22) 2 R. 2:8; (23) 2 R. 13:14; (24) Mt. 9:21; Mr. 5:28; (25) Hch. 19:12; (26) Nm. 21:9;
(27) Dn. 5; (28) 2 Cr. 6:7; (29) 2 R. 5:14; (30) Jn. 5:2-7; (31) Jn. 11:1-46; Jn. 11.28.44; (32) Jn.
2:1-11; (33) Éx. 7 – 10; (34) 1 R. 18:21-38; (35) 2 Rey. 5; (36) Mt. 9:8; (37) Lc. 18,43; (38) Mt.
15:31, Lc. 19:37; (39) Hch. 4:21; (40) Éx. 4; (41) 1 R. 17:24; (42) Jn. 6:14; (43) Lc. 7:16; (44) Jn.
2:11; (45) Jn. 3:1, 2; (46) Jn. 11:28-44; (47) Jn. 5:36; (48) Jn. 15:24; (49) Jn. 17:8; (50)
Mc. 16:16, 17; (51) Jn. 20:31; Hch. 10:38; (52) 2 Co. 12:12; (53) Éx. 8:19; (54) Mt. 8:31; (55) Mt.
24:24; (56) Ap. 9:14; (57) Hch.  17; (58) Jn. 1;14; (59) Mt 9:32-34; Mt 12:22-30; Mc 3:22-
27; Lc 11:14-15, 11:17-23; (60) Lc 10:17-20; (61) Mc 9:38-40; (62) Mt. 11:20-24; (63) Jn.14:10-
14; (64) Jn. 20:30, 31; (65) Jn. 2:1-11; (66) Lc. 5:1-11; (67) Mt. 8:23-27; Mr. 4:35-41; Lc. 8:22-25;
(68) Mt. 14:15-21; Mr. 6:32-44; Lc. 9:13-17; Jn. 6:3-15; (69) Mt. 14:22-32; Mc. 6:47-51; Jn. 6:16-
21; (70) Mt. 15:32-39; Mr. 8:1-10; (71) Mt 17:27; (72) Mt. 21:19-22; Marcos 11:18-26; (73) Jn.
21:1-14; (74) Jn. 4:46, 47; Jn. 4:46-53; (75) Mt. 8:14, 15; Mr. 1:30, 31; Lc. 4:38, 39; (76) Mt. 8:1-
4; Mr. 1:40-45; Lc. 5:12-16; (77) Mt. 9:1-8; (78) Jn. 5:1-9; (79) Mt. 12:10-13; Mr. 3:1-5; Lc. 6:6-10;
(80) Mt. 8:5-13; Lc. 7:1-10; (81) Mr. 8:22-26; (82) Lc. 8:43-48; Mt. 9:20-22, Mr. 5:25-34, Lc. 8:43-
48; (83) Mt. 9:27-31; (84) Mt. 9:32, 33; Mc. 7:31-37; (85) Jn. 5:1-9; Jn. 5:1-15; (86), Jn. 9:1-11;
(87) Lc. 13:10; (88) Lc. 14:1-4; (89) Lc. 17:11-19; (90) Mt. 20:29-34; Mc. 10:46-52; Lc. 18:35-43;
(91) Lc.. 22:50, 51; (92) Mc. 1:32-34; (93) Mt. 8:16; (94) Mc. 1:21-27; Lc. 4:31-35; (95) Mt. 8:27-
32; Mc. 5:6-17; (96) Mt. 9:32-34; (97) Mt. 15:22-28; Mc. 7:25-30; (98) Mt. 17:15-18; Mc. 9:17-27;
Lc. 9:37-42; (99) Mt. 17:14-21; (100) Lc. 13:10; (101) Jn.7:30-44; 8:20; (102) Jn. 8:59; (103) Jn.
2; Mt 21; Mc. 11; Lc. 19; (104) Lc. 4; (105) Mt. 11; Lc. 7:22; (106) Mt. 9:18-26; Mr.5.35.43; (107)
Lc. 7:11-15; (108) Jn. 11:28-44.

Bibliografía
1) LA SANTA BIBLIA – Versión: Reina–Valera – 1995.
2) DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. 2013. Madrid, España.  Larousse
Editorial, S.L.
3) DICCIONARIO CATÓLICO. 2012. Madrid, España.
4) BETHIER, René: “101 Reponses a the Organization of the United Nations”, (En español: “101
respuestas a la Organización de las Naciones Unidas”. 1977. Ed. Hachette.
5) CASES, Enrique. Disponible en: Catholic.net - Los milagros de Jesús,
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6) Concilio Vaticano II, promulgado en Roma por Pablo VI (7 de diciembre de 1965). “Constitución
Pastoral  Gaudium et Spes  sobre la Iglesia en el mundo actual”.
7) Delitzsch: “Deep Gulf between the Old and the Modem Theology”, (Traducido al español: “Hoyo
profundo entre la antigua y la teología de moderna”), 1890. Munich, Alemania.
8) MILL, John Stuart: “La Lógica y la Libertad”. 1851. Londres, Inglaterra.
9) RIVAS, Luis H.: “Diccionario para el Estudio de la Biblia”. 2010. Barcelona, España. Ed. Amico.
10) SOCA, Ricardo: “Etimología de la palabra Milagro”. 2011. Madrid, España.
11) TERNANT, Paul: “Vocabulario de Teología Bíblica: Vocablo.- “Milagro”. 18a. edición. 2001.
Barcelona, España. Biblioteca Herder.
12) Tomás de Aquino: “Suma teológica”. I parte. S. XIII.

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA.
1) ANSÓN, Francisco: 2003. “Tres milagros para el siglo XXI”. 5tª edición. 20013. Bs. As.,
Argentina.
2) KEENER, Carig S.: “The Credibility of the New Testament Accounts”, (En español: “La
credibilidad de los relatos del nuevo testamento”. 2011. Oxford, EE.UU. Ed. Baker Books.

ENLACES.
1) Disponible en: Fenómeno y Noúmeno, diferencias,
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2) Disponible en: Compendio del  Catecismo de la Iglesia Católica,


www.vatican.va/archive/...ccc/.../archive_2005_compendium-ccc_sp.ht ...
3) http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia.
4) Disponible en: Glosario de filosofía ‒ Deísmo, http://www.webdianoia.com/glosario/display.php?
action=view&id=78...
5) Disponible en: Diccionario enciclopédico de teología – Teántrico,
http://www.books.google.com.pe/books?id=6V-WLdexHD0C.
6) Disponible en: Conferencias científico‒religiosas en PDF,
http:www.uv.es/~orilife/textos/Castellotep.pdf.
7) Vídeo de Youtube: “Los Milagros de Jesús”, URL: http://youtu.be/MVdCLndzy3A.
8) Vídeo de Youtube: “JESUS MULTIPLICA EL PAN”, URL: http://youtu.be/s6aI-MjgCrY.
9) Vídeo de Youtube: “Los Milagros de Jesús”, URL: http://youtu.be/MVdCLndzy3A.
10) Vídeo de Youtube: “GRANDES MILAGROS DE CRISTO”, URL: http://youtu.be/S6NI2CWqqqg.
11) Vídeo de Youtube: “Incidente Domingo de Ramos, Jesús de los Milagros 2014”, URL:
http://youtu.be/Gny_oZ-qCO0.
12) Vídeo de Youtube: “Milagros de Jesús en la tierra tupoeta.com”, URL:
http://youtu.be/0U9g96PFofQ.

Cajamarca, 29 de Octubre del 2014.


_____________________________________
* El Dr. Navarrete Obando, Luis Alberto, es Abogado de Profesión; Ex - Catedrático Principal de la
Universidad Nacional de Cajamarca; Catedrático invitado de la Escuela de Post Grado de la Universidad
Nacional de Trujillo (http://www.pg.unitru.edu.pe/); Condecorado como “Doctor Honoris Causa” por la
Universidad Nacional de Trujillo (La Libertad–Perú) (http://unitru.edu.pe/); Catedrático Honorífico por la
Universidad Nacional Autónoma de México, D.F. México; Condecorado como “Doctor Honoris Causa” por
la Universidad Nacional Autónoma de México, D.F. México; Ensayista, Escritor, Poeta e Historiador
autodidacta; Magister en Educación Universitaria por la Universidad Nacional de Trujillo; Doctor en
Educación Universitaria por la Universidad de Sao Paulo – Brasil; Doctor en Investigación Universitaria por
la Universidad de La Habana - Cuba; Doctor en Teología, Filosofía y Humanidades por la Universidad La
Salle, Barcelona - España; con estudios en Teología, Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, Lima –
Perú; colaborador de las Revistas Virtuales de http://www.monografias.com (Universidad de Madrid,
España); http://[email protected] (Universidad de La Habana, Cuba); http://unam.mx;
http://[email protected] (Universidad Nacional Autónoma de México); http://www.unim.it
(Universidad de Milán, Italia); http://www.derechoycambiosocial.com y http://[email protected]
(Revista Virtual especializada en temas de Derecho, Sociales, Culturales, Literarios, Económicos, entre
otros); http://[email protected] y/o http://proups.msn.com; (Revista Virtual
CIENCIAs JURÍDICAs & POLÍTICAs); Consultor Permanente de la UNESCO, en representación de la
Universidad UNAM de México, en temas de Educación, Cultura y Desarrollo Social para América Latina y El
Caribe (http://www.unesco.org.pe); colaborador en la elaboración del “Diccionario Histórico Jurídico” de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación de México” y en el “Anuario de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación” (http://[email protected]) de dicho país; Miembro Numerario de la
“Sociedad Latinoamericana Iusfilosófica” (http://sli.org.es/); Miembro Numerario de la “Sociedad Peruana de
Leyes” (http://www.spda.org.pe/); Aprobación y aplicación de la materia jurídica “Epistemología Jurídica” por
la Universidad de Milán, Italia (http://www.unim.it); incorporado como “Honorarium Member” por la
“Federal Association of Lawyers of Los Angeles (EE.UU); colaborador en diferentes Diarios y Revistas
especializadas en Perú (http://www.elperuano.com.pe; http://www.la republica.com.pe;
http://www.elcomercio.com.pe); y, columnista en el Diario Oficial “Panorama Cajamarquino” (Derecho y
Sociedad – (http://[email protected]; http://[email protected]),
(http://[email protected]); Director de la “Fundación para el Desarrollo y Bienestar Familiar” –
FUNDEBIF (http://www.fundebif.org.com.pe; [email protected]); Gerente General del Estudio Jurídico
Contable: NAVARRETE & OBANDO – ASESORES, CONSULTORES & ANALISTAS
(http://www.navarreteabogados.org.com.pe; [email protected]). Publicación de Libros
especializados en materia de Derecho; publicación de Libros de naturaleza social y Poemarios. Ganador del
Poeta más joven del Perú; Ganador de los XII Juegos Florales Universitarios del Perú; y, Ganador de los I
Juegos Florales Universitarios Latinoamericanos (Chile); En talleres, el Ensayo: “La Revolución Campesina
del Valle Chicama”.

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“Con el mayor cariño, a mi hijo Luis Ernesto Navarrete Araujo, experiencia personal resultado de un
Milagro de Dios”

Autor:
Dr. Luis Alberto Navarrete Obando*
ABOGADO – DOCENTE UNIVERSITARIO – ESCRITOR

[email protected]
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