DIÓCESIS DE ACARIGUA-ARAURE
PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
CAPILLA SAN FRANCISCO DE ASÍS
Liturgia de semana santa
CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA TRIUNFAL
DEL SEÑOR
En este día la Iglesia recuerda la entrada triunfal de Cristo, el Señor, en Jerusalén
para consumar su misterio pascual.
A la hora señalada se reúnen todos en una iglesia menor u otro lugar apto fuera de
la iglesia. Los fieles tienen en sus manos los ramos.
El sacerdote, revestidos con los ornamentos rojos, se dirige al lugar donde se ha
congregado el pueblo.
Mientras los ministros llegan al lugar, se canta la siguiente antifona u otro canto
apropiado.
ANTÍFONA Mt 21, 9
¡Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor,
el Rey de Israel. ¡Hosanna en las alturas!
Luego se hace la monición de entrada
Monición de entrada: Bienvenidos sean
todos a la celebración en la que iniciamos la
Semana Santa, una semana solemne en la que
queremos vivir con Cristo, su Pasión, Muerte y
Resurrección. Esta celebración pone de
manifiesto las dos caras centrales del misterio
pascual: la vida o el triunfo. Hoy, con nuestros ramos, recordamos el momento
en que Jesús entró a Jerusalén montado en un burrito para consumar su
misterio pascual, mientras todos le aclamaban con entusiasmo. Allí, el Señor
recibirá el desprecio de muchas personas, la traición de uno de sus amigos, el
abandono de los otros y la negación de Pedro. Nosotros aclamaremos a Cristo,
nuestro rey y redentor. Participemos con alegría y devoción y convencidos de
que su pasión, muerte y resurrección nos abrió también a nosotros las puertas
de la vida, recibamos al celebrante.
Saluda el sacerdote al pueblo.
Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
El sacerdote, extendiendo las manos, saluda con la fórmula siguiente:
Presidente: Sean bienvenidos a esta celebración, que Cristo muerto y
resucitado por nuestra salvación y la del mundo entero permanezca ahora y
siempre con ustedes
Queridos hermanos: Después de haber preparado nuestros corazones
desde el comienzo de la Cuaresma por medio de la penitencia, la oración y las
obras de caridad, hoy nos congregamos para iniciar con toda la Iglesia la
celebración anual del misterio pascual de nuestro Señor, es decir, de la pasión
y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, misterios que empezaron con su
entrada en Jerusalén, su ciudad. Por eso, recordando con toda fe y devoción
esta entrada salvadora, sigamos al Señor, para que participando de su cruz,
tengamos parte con él en su resurrección y su vida.
El sacerdote proclama la oración de bendición de ramos.
ORACIÓN DE BENDICIÓN
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, santifica con tu bendición† estos
ramos, y a cuantos vamos a acompañar a Cristo, aclamándolo con cantos,
concédenos entrar en la Jerusalén del cielo, por medio de él. Que vive y reina
por los siglos de los siglos R/Amen
En silencio rocía los ramos con agua bendita (En silencio).
Seguidamente se proclama el evangelio de la entrada del Señor.
Terminada la monición se proclama el evangelio de la entrada en Jerusalén. A)
Mateo 21, 1-11; B) Marcos 11, 1-10 C) Juan 19, 28-40
Monición antes del Evangelio: Jesús se presenta a la entrada de
Jerusalén montando un burro. Se presenta como el Mesías- Rey esperado, un
rey pobre y humilde, que no trae guerra sino la paz. La expresión Hosanna
significa “Sálvanos por favor”. Escuchemos atentos la proclamación de este
histórico hecho
EVANGELIO CICLO A
BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR
+ Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 21,1-11
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al
monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan
al pueblo que ven allí enfrente, encontraran amarrada una burra y un burrito
con ella; desátenlo y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el
Señor lo necesita y enseguida lo devolverá. Esto sucedió para que se
cumpliera la palabra del profeta: “Díganle a la hija de Sion: He aquí tu rey
viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de
yugo”
Fueron pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado
y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos
y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el
camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los
que iban delante de él y los que los seguían gritaban: ¡Hosanna! ¡Viva el Hijo
de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!
Al entrar Jesús a Jerusalén toda la ciudad se conmovió. Unos decían:
“¿Quién es este?” Y la gente respondía: “Este es el profeta Jesús, de Nazaret
de Galilea”.
Palabra del Señor.
EVANGELIO CICLO B
BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.
+ Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11, 1-10.
Se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al Monte de los
Olivos, y Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
Id a la aldea de enfrente, y en cuanto entréis, encontraréis un borrico
atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os
pregunta por qué lo hacéis, contestadle: El Señor lo necesita, y lo devolverá
pronto.
Fueron y encontraron el borrico en la calle atado a una puerta; y lo
soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:
¿Por qué tienes que desatar el borrico?
Ellos le contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el borrico, le echaron encima los mantos, y Jesús se montó.
Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el
campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:
Viva, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que
llega, el de nuestro padre David. ¡Viva el Altísimo!
Palabra del Señor.
EVANGELIO CICLO C
BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 28-40
En aquel tiempo, Jesús echó a andar delante, subiendo hacia Jerusalén.
Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos,
mandó a dos discípulos, diciéndoles:
«Id a la aldea de enfrente; al entrar, encontraréis un borrico atado, que
nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Y si alguien les pregunta:
"¿Por qué lo desatáis?", contestadle: "El Señor lo necesita".»
Ellos fueron y lo encontraron como les había dicho. Mientras
desataban el borrico, los dueños les preguntaron:
«¿Por qué desatáis el borrico?» Ellos contestaron: «El Señor lo
necesita.»
Se lo llevaron a Jesús, lo aparejaron con sus mantos y le ayudaron a
montar. Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos.
Y, cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los
discípulos entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a ritos, por todos los
milagros que habían visto, diciendo:
«¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo
y gloria en lo alto.»
Algunos fariseos de entre la gente le dijeron:
«Maestro, reprende a tus discípulos.» Él replicó: «Os digo que, si éstos
callan, gritarán las piedras.»
Palabra del Señor.
Al final puede hacerse una breve reflexión sobre el sentido de la celebración
Antes e iniciar la procesión se realiza una monición.
Monición para la procesión: La característica de la procesión es el
júbilo, gozo que anticipa la pascua, Es acompañar a Jesús. Realizaremos el
acontecimiento del primer domingo de ramos: lo que hemos escuchado en el
evangelio, lo viviremos en esta procesión. El significado de la entrada triunfal
de Cristo, solo se percibe desde la fe. Desde esa experiencia de acompañar a
Jesús, estaremos en disposición de estar cerca de los que hoy sufren de tantas
maneras diferentes. Caminemos, pues, junto a Jesús, para aprender de Él, de
sus motivaciones, de su estilo.
Seguidamente inicia la procesión de ramos hacia el templo. Durante el trayecto se
entonan cantos en los que se reconozca a Cristo como Señor.
La orden de la procesión será el siguiente:
Al llegar al templo se realiza una monición.
El sacerdote va al altar lo venera y si juzga oportuno lo inciensa
Luego el sacerdote se reviste con los ornamentos propios para la Eucaristía y
prosigue la celebración a partir de la Oración Colecta.
Monición después de la entrada procesional: Hemos iniciado hoy la
celebración de la Semana Santa, después de la larga preparación cuaresmal. Y
la hemos iniciado recordando la entrada victoriosa de Jesús en Jerusalén.
Porque sabemos que su camino, el camino doloroso de la cruz, no termina con
la muerte, sino que es fuente de resurrección y de vida
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, tú que quisiste que nuestro Salvador
se hiciese hombre y muriese en la cruz, para mostrar al género humano el
ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad; concédenos que las enseñanzas de
su pasión nos sirvas de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa
resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
1era Lectura (Isaías 50, 4-7): Isaías nos describe cómo el mismo
profeta escucha y medita cada día esa Palabra para transmitirla como
mensajero al pueblo. Así presenta la figura del Siervo de Yahvé, quien tiene la
misión de ser aliento para los abatidos, y es que Dios mismo está en el
sufrimiento del Siervo y ese sufrimiento se convertirá en redentor. El Siervo
es un hombre fiel al Señor. Está siempre a la escucha de lo que Dios habla,
dispuesto siempre a cumplir su voluntad, aunque esto lo lleve al sufrimiento y
a la muerte. Escuchamos.
PRIMERA LECTURA
DEL LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS (Is. 50, 4-7)
En aquel entonces, dijo Isaías: “El Señor me ha dado una lengua
de discípulo, para que yo pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que
escuche yo, como un discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír su palabra y yo
no he puesto resistencia ni me echado para atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me
golpeaban de la barba; no aparte mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda por eso no quedare confundido, por eso
endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL 21, 8-9. 17-18A. 19-20. 23-24
R/. DIOS MÍO, DIOS MÍO, ¿POR QUÉ ME HAS
ABANDONADO?
L. Todos los que me ven, de mí se burlan, me hacen gestos y
dicen: “Confiaba en el Señor, pues que él lo salve; si de veras lo ama, que lo
libre” / R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
L. Los malvados me acercan por dondequiera como rabiosos
perros. Mis manos y mis pies han taladrado y se pueden contar todos mis
huesos / R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
L. Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame no te quedes de mi tan alejado/ R. Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
L. Contare tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te
alabare: “Fieles del Señor, alábenlo, glorifícalo, linaje de Jacob; témelo,
estirpe de Israel” / R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
2da lectura (Filipenses 2, 6-11): en esta especie de himno dirigida a
los fieles de Filipo, nos presenta a Cristo Jesús en su humanidad, que se vació
de sí mismo en servicio a todos los seres humanos, Cristo prefirió compartir la
tragedia humana desde dentro, para así poder salvar a la humanidad por eso,
se despojó de su rango y se entregó hasta la muerte y una muerte de cruz. Pero
Dios Padre, resucitándole de entre los muertos, le da la razón y le glorifica,
convirtiéndolo en el centro de toda la historia. Acogemos esta reflexión del
apóstol. Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA
DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS
FILIPENSE
Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las
prerrogativas de su condición divina, sino por el contrario, se anonadó a sí
mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres.
Así, hecho uno de ellos, se humilló así mismo y por obediencia acepto incluso
la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que
esta sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla
en el cielo, y en todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios
Lectura de la Pasión. A) Mt. 26.3-5.14-27.66 B) Mc. 14, 1-15, 47 C) Lc. 22, 14-
23,56
No se llevan ciriales, ni incienso, no se da el saludo, no se signa el libro.
Se puede proclamar entre tres personas.
Monición para la Pasión: El relato de la Pasión nos presenta el
camino que recorrió Jesús hasta llegar a la muerte en el calvario. Jesús es el
cordero pascual. Sera el paso definitivo de la muerte a la vida, para Jesús y
para cuantos creemos en Él.
EVANGELIO CICLO A
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN
MATEO (Mt. 26.3-5.14-27.66)
C. Unos días antes de la fiesta de Pascua, los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado
Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle
muerte. Pero decían: S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se
produzca un tumulto en el pueblo». C. Entonces uno de los Doce, llamado
Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: S. «¿Cuánto me
darán si se lo entrego?». C. Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
C. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a
Jesús: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?». El respondió:
† «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: «El Maestro dice: Se
acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos».
C. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la
Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús
les dijo: † «Les aseguro que uno de ustedes me entregará». C. Profundamente
apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: «¿Seré yo, Señor?». El
respondió: † «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a
entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel
por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!».
C. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: S. «¿Seré yo, Maestro?». † «Tú
lo has dicho» C. Le respondió Jesús.
C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: † «Tomen y coman, esto es mi
Cuerpo». C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: †
«Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que
se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que
desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con
ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monto de los
Olivos. Entonces Jesús les dijo: † «Esta misma noche, ustedes se van a
escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se
dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después que yo resucite, iré antes que
ustedes a Galilea». C. Pedro, tomando la palabra, le dijo: S. «Aunque todos se
escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás». C. Jesús le
respondió: † «Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me
habrás negado tres veces». C. Pedro le dijo: S. «Aunque tenga que morir
contigo, jamás te negaré». C. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.
C. Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada
Getsemaní, les dijo: † «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar». C. Y
llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse
y a angustiarse. Entonces les dijo: † «Mi alma siente una tristeza de muerte.
Quédense aquí, velando conmigo». C. Y adelantándose un poco, cayó con el
rostro en tierra, orando así: † «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí
este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». C. Después volvió junto
a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro: † «¿Es posible
que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? Estén
prevenidos y oren para no caer en tentación, porque el espíritu está dispuesto,
pero la carne es débil». C. Se alejó por segunda vez y suplicó: † «Padre mío,
si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad». C. Al
regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de
sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las
mismas palabras. Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo: † «Ahora
pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a
ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca
el que me va a entregar».
C. Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce,
acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos
sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado la señal: S. «Es
aquel a quien voy a besar. Deténganlo». C. Inmediatamente se acercó a Jesús,
diciéndole: S. «Salud, Maestro», y lo besó. Jesús le dijo: † «Amigo, ¡cumple
tu cometido!». C. Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de
los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo
Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo: † «Guarda tu espada, porque el
que a hierro mata a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi
Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de
ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales
debe suceder esto?». C. Y en ese momento dijo Jesús a la multitud. † «¿Soy
acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los
días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron». C.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas.
Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
C. Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo
Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro
lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los
servidores, para ver cómo terminaba todo. Los sumos sacerdotes y todo el
Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a
muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos
testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon: S. «Este
hombre dijo: "Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres
días"». C. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: S. «¿No
respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?».
C. Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió: S. «Te conjuro por
el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». C. Jesús le
respondió: † «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante
verán al hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre
las nubes del cielo». C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras,
diciendo: S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes
acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?». C. Ellos respondieron: S.
«Merece la muerte». C. Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros
lo golpeaban, diciéndole: S. «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te
golpeó».
C. Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una
sirvienta se acercó y le dijo: S. «Tú también estabas con Jesús, el Galileo». C.
Pero él lo negó delante de todos, diciendo: S. «No sé lo que quieres decir». C.
Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí: S.
«Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno». C. Y nuevamente
Pedro negó con juramento: S. «Yo no conozco a ese hombre». C. Un poco
más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron: S. «Seguro
que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona». C. Entonces
Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida
cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que
cante el gallo, me negarás tres veces». Y saliendo, lloró amargamente.
C. Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del
pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de
haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Judas,
el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de
remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y
a los ancianos, diciendo: S. «He pecado, entregando sangre inocente». C.
Ellos respondieron: S. «¿Qué nos importa? Es asunto tuyo». C. Entonces él,
arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los sumos sacerdotes,
juntando el dinero, dijeron: S. «No está permitido ponerlo en el tesoro, porque
es precio de sangre». C. Después de deliberar, compraron con él un campo,
llamado «del alfarero», para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo
llama hasta el día de hoy «Campo de sangre». Así se cumplió lo anunciado
por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata,
cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas. Con el
dinero se compró el «Campo del alfarero», como el Señor me lo había
ordenado.
C. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: S. «¿Tú
eres el rey de los judíos?». El respondió: † «Tú lo dices». C. Al ser acusado
por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: S.
«¿No oyes todo lo que declaran contra ti?». C. Jesús no respondió a ninguna
de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el
gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del
pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al
pueblo que estaba reunido: S. «¿A quién quieren que ponga en libertad, a
Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?». C. Él sabía bien que lo habían
entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le
mandó decir: S. «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su
causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho». C. Mientras tanto, los sumos
sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de
Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador
les preguntó: S. «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?». C Ellos
respondieron: S. «A Barrabás». C. Pilato continuó: S. «¿Y qué haré con Jesús,
llamado el Mesías?». C. Todos respondieron: S. «¡Que sea crucificado!». C.
El insistió: S. «¿Qué mal ha hecho?». C. Pero ellos gritaban cada vez más
fuerte: S. «¡Que sea crucificado!». C. Al ver que no se llegaba a nada, sino
que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante
de la multitud, diciendo: S. «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de
ustedes». C. Y todo el pueblo respondió: S. «Que su sangre caiga sobre
nosotros y sobre nuestros hijos». C. Entonces, Pilato puso en libertad a
Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que
fuera crucificado.
C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y
reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le
pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron
sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla
delante de él, se burlaban, diciendo: S. «Salud, rey de los judíos». C. Y
escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después
de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus
vestiduras y lo llevaron a crucificar.
C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y
lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que
significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó,
pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus
vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo.
Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este
es Jesús, el rey de los judíos». Al mismo tiempo, fueron crucificados con él
dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: S.
«Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti
mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!». C. De la misma manera, los
sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que
baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre
ahora si lo ama, ya que él dijo: «Yo soy Hijo de Dios». C. También lo
insultaban los ladrones crucificados con él.
C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron
toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: † «Elí,
Elí, lemá sabactani» C. Que significa: † «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has abandonado?». C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. «Está llamando a Elías». C. En seguida, uno de ellos corrió a tomar una
esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de
beber. Pero los otros le decían: S. «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo».
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración.
C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba
abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos
cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas
después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a
mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el
terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: S.
«¡Verdaderamente, este era el Hijo de Dios!». C. Había allí muchas mujeres
que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde
Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre
de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.
C. Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que
también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el
cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el
cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo
que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la
entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban
sentadas frente al sepulcro. C. A la mañana siguiente, es decir, después del día
de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se
presentaron ante Pilato, diciéndole: S. «Señor, nosotros nos hemos acordado
de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: «A los tres días resucitaré».
Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus
discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: ¡Ha resucitado!». Este
último engaño sería peor que el primero». C. Pilato les respondió: S. «Ahí
tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente».
C. Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y
dejando allí la guardia.
† Palabra del Señor
EVANGELIO CICLO B
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN
MARCOS (MC. 14, 1-15,47)
C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos
sacerdotes y los letrados pretendían prender a Jesús a traición y darle muerte.
Pero decían: S. No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo.
C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a
la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro;
quebró el frasco y se lo derramó en la cabeza. Algunos comentaban
indignados: S. ¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber
vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres. C. Y
regañaban a la mujer. Pero Jesús replicó: † Dejadla, ¿por qué la molestáis? Lo
que ha hecho conmigo está bien. Porque a los pobres los tenéis siempre con
vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre.
Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la
sepultura. Os aseguro que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el
Evangelio, se recordará también lo que ha hecho ésta.
C. Judas Iscariote, uno de los Doce, se presentó a los sumos sacerdotes
para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron dinero. El
andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual,
le dijeron a Jesús sus discípulos: S. ¿Dónde quieres que vayamos a prepararte
la cena de Pascua? C. Él envió a dos discípulos diciéndoles: †Id a la ciudad,
encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en
que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación
en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?» Os enseñará una sala
grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo
que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Al atardecer fue él con los
Doce. Estando a la mesa comiendo dijo Jesús: † Os aseguro, que uno de
vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo.
C. Ellos, consternados, empezaron a preguntarle uno tras otro :
S. ¿Seré yo? C. Respondió: †Uno de los Doce, el que está mojando en la
misma fuente que yo. El Hijo del Hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay
del que va a entregar al Hijo del Hombre!;¡más le valdría no haber nacido! C.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo
dio diciendo:
†Tomad, esto es mi cuerpo. C. Cogiendo una copa, pronunció la
acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo: † Esta es mi sangre,
sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro, que no volveré a beber
del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.
C. Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.
Jesús les dijo:
†Todos vais a caer, como está escrito: «Heriré al pastor y se
dispersarán las ovejas.» Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.
C. Pedro replicó: S. Aunque todos caigan, yo no. C. Jesús le contestó: †Te
aseguro, que tú hoy, esta noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás
negado tres. C. Pero él insistía: S. Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré. C. Y los demás decían lo mismo.
C. Fueron a una finca, que llaman Getsemaní y dijo a sus discípulos:
†Sentaos aquí mientras voy a orar. C. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan,
empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: †Me muero de tristeza: quedaos
aquí velando. C. Y, adelantándose un poco, se postró en tierra pidiendo que, si
era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo: † ¡Abba! (Padre): tú lo
puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú
quieres.
C. Volvió, y al encontrarlos dormidos, dijo a Pedro: †Simón
¿duermes?, ¿no has podido velar ni una hora? Velad y orad, para no caer en la
tentación; el espíritu es decidido, pero la carne es débil. C. De nuevo se apartó
y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió, y los encontró otra vez
dormidos, porque tenían los ojos cargados. Y no sabían qué contestarle.
Volvió y les dijo: †Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora;
mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.
C. Todavía estaba hablando, cuando se presentó Judas, uno de los
doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes,
los letrados y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña,
diciéndoles: S. -Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto. C.
Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo: S. ¡Maestro! C. Y lo besó. Ellos le
echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la
espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó
la palabra y les dijo
† ¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un
bandido? A diario os estaba enseñando en el templo, y no me detuvisteis.
Pero, que se cumplan las Escrituras. C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron
mano; pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo. Condujeron a Jesús a
casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los
letrados y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del
patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para
calentarse.
Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra
Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos
daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos,
poniéndose de pie, daban testimonio contra él diciendo:
S. Nosotros le hemos oído decir: «Yo destruiré este templo, edificado
por hombres, y en tres días construiré otro no edificado por hombres.» C.
Pero ni en esto concordaban los testimonios. El sumo sacerdote se puso en pie
en medio e interrogó a Jesús: S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son
estos cargos que levantan contra ti? C. Pero él callaba, sin dar respuesta. El
sumo sacerdote lo interrogó de nuevo preguntándole: S. ¿Eres tú el Mesías, el
Hijo de Dios bendito? C. Jesús contestó: †Sí lo soy. Y veréis que el Hijo del
Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las
nubes del cielo.
C. El sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
S. ¿Qué falta hacen más testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué decidís? C.
Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirle, y
tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: S. Haz de profeta. C. Y los
criados le daban bofetadas. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una
criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y
dijo: S. También tú andabas con Jesús el Nazareno. C. El lo negó diciendo: S.
—Ni sé ni entiendo lo que quieres decir. C. Salió fuera al zaguán, y un gallo
cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes: S. Este es uno de
ellos. C. Y él lo volvió a negar. Al poco rato también los presentes dijeron a
Pedro: S. Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo. C. Pero él se puso a
echar maldiciones y a jurar: S. No conozco a ese hombre que decís. C. Y en
seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que
le había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás
negado tres», y rompió a llorar. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes
con los ancianos, los letrados y el sanedrín en pleno, prepararon la sentencia;
y, atando a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. ¿Eres tú el rey de los judíos? C El respondió: †Tú lo dices.
C Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de
nuevo: S. ¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.
C Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la
fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal
Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta.
La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos? C Pues sabía que los
sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos
sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: S. ¿Qué hago con el que
llamáis rey de los judíos?
C Ellos gritaron de nuevo: S. Crucifícalo. C Pilato les dijo: S. Pues
¿qué mal ha hecho? C Ellos gritaron más fuerte: S. —Crucifícalo. C Y Pilato,
queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al
interior del palacio —al pretorio —y reunieron a toda la compañía. Lo
vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado,
y comenzaron a hacerle el saludo: S. ¡Salve, rey de los judíos!
C Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las
rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le
pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta
del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rulo, lo forzaron a
llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «La
Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo
crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se
llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la
acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Crucificaron con él a
dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la
Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban
lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. ¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días,
sálvate a ti mismo bajando de la cruz. C Los sumos sacerdotes, se burlaban
también de él diciendo: S. A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar.
Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y
creamos. C También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al
llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y a
la media tarde, Jesús clamó con voz potente: †Elí Elí, lamá sabactani. (Que
significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) C Algunos de
los presentes, al oírlo, decían: S. Mira, está llamando a Elías. C Y uno echó a
correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de
beber diciendo: S. Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo. C Y Jesús, dando un
fuerte grito, expiró.
Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración.
El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. Realmente este hombre era Hijo de Dios.
C Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas
María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José y Salomé,
que cuando él estaba en Galilea, lo seguían para atenderlo; y otras muchas que
habían subido con él a Jerusalén. Al anochecer, como era el día de la
Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, noble magistrado, que
también aguardaba el Reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le
pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y,
llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una
sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro,
excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro. María
Magdalena y María, la madre de José, observaban dónde lo ponían.
EVANGELIO DEL CICLO C
Pasión De Nuestro Señor Jesucristo Según San Lucas 22, 14-26,56
C. Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les
dijo: † “Cuanto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer,
porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar hasta que tenga cabal
cumplimiento en el Reino de Dios” C. Luego tomo en sus manos una copa de
vino, pronunció la acción de gracias y dijo: † “Tomen estos y repártanlo entre
ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta
que venga el Reino de Dios”. C. Tomando después un pan, pronuncio la
acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: † “Esto es mi Cuerpo, que se
entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. C. Después de cenar, hizo
lo mismo con una copa de vino, diciendo: † “Esta copa es la Nueva Alianza,
sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes”. “Pero miren: la mano del
que me va a entrega está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a
morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado”
C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que
iba a traicionar. Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de
ellos debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: † “Los
reyes de las paganos los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen
llamar bienhechores. Pero ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el
mayor entre ustedes actué como si fuera el menor, y el que gobierna, como si
fuera un servidor. Porque, ¿quién vale más, el que está a la mesa o el que
sirve? ¿Verdad que es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de
ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas,
y yo les voy a dar el Reino, como mi Padres me lo dio a mí, para que coman y
beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en un trono, para juzgar a
las doce tribus de Israel” C. Luego añadió: †Simón, Simón, mira que Satanás
ha pedido permiso para zarandearlos como trigo, pero yo he orado por ti, para
que tu fe no desfallezca; Y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos”.
C. Él le contesto: S. “Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a
la muerte”. C. Jesús le replicó: † “Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante
el gallo, habrás negado tres veces que me conoces”. C. Después les dijo a
todos ellos: † “Cuando los envié sin provisiones, sin dinero ni sandalia, ¿acaso
les faltó algo?” C. Ellos contestaron: S. “Nada” C. Él añadió: † “Ahora, en
cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tomes; y el que no tenga
espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene que se
cumpla esto que está escrito en mí: “Fue contado entre los malhechores,
porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí”. C. Ellos le
dijeron: S. “Señor, aquí hay dos espadas”. C. Él les contesto: † “¡Basta ya!”.
C. Salió Jesús como de costumbre al monte de los Olivos y lo
acompañaron los discípulos. Al llegar a este sitio, les dijo: † “Oren, para no
caer en la tentación”. C. Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de
piedra, y se puso de rodillas, diciendo: † “Padre, si quieres, aparta de mí esta
amarga prueba, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. C. Se le
apareció entonces un ángel para confortarlo; él en su angustia mortal, oraba
con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían
hasta el suelo. Por fin término su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos
y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo: † “¿Por qué están
dormido? Levántense y oren para no caer en la tentación”.
C. Todavía estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por
Judas, uno de los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: †
“Judas, ¡con un beso entregas al Hijo del hombre!”
C. Al darse cuenta de los que iba a suceder, lo que estaban con dijeron:
S. “Señor, ¿los atacamos con la espada?” C. Y uno de ellos hirió con su
espada a un criado del Sumo Sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús
intervino, diciendo: † “¡Dejen! ¡Basta!”.
C. le toco la oreja y lo curó. Después Jesús dijo a los sumos
sacerdotes, a los encargados del Templo y a los ancianos que habían venido a
arrestarlo: † “Han venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fuera
un bandido. Todos los días he estado con ustedes en el templo y no me
echaron mano. Pero esta es su hora y la del poder de las tinieblas”.
C. Ellos lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del
sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del
patio, se sentaron alrededor de y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo
sentado junto a la lumbre, una criada se le quedo mirando dijo: S. “Éste
también estaba con Él”. C. Pero él lo negó diciendo: S. “No lo conozco,
mujer”. C. Poco después, lo vio otro y le dijo: S. “Tú también eres uno de
ellos”. C. Pedro replicó: S. “¡Hombre, no lo soy”! C. Y como después de una
hora, otro insistió: S. “Sin duda que este estaba con él; porque es galileo”. C.
Pedro contesto: S. “Hombre, no sé de qué hablas”. C. Todavía estaba
hablando, cuando canto un gallo.
El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de
las palabras que el Señor le había dicho: “Antes que cante el gallo, me negaras
tres veces”. Y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente. Los hombres
que sujetaban a Jesús se burlaban de él, le daban golpes, le tapaban la cara y le
preguntaban: S. “¿Adivina quién te pegado?” C. Y proferían contra él muchos
insultos. Al amanecer se reunió el Consejo de los ancianos con los sumos
sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el Sanedrín y le
dijeron: S. “Si eres el Mesías, dínoslo”. C. Él les contesto: † “Si se lo digo, no
lo van a creer, y si les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora,
el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso”. C.
Dijeron todos: S. “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?” C. Él les contesto:
† “Ustedes mismo lo han dicho: si lo soy”. C. Entonces ellos dijeron:
S. “¿Qué necesidad tenemos ya de testigo? Nosotros mismos lo hemos
oído de su propia boca”. C. El consejo de los ancianos, con los sumos
sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato.
C. Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: S. “Hemos comprobado
que este anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose que se pague tributo
al César y diciendo que él es el Mesías rey”.
C. Pilato preguntó a Jesús: S. “¿Eres Tú el rey de los judíos?” C. Él le
contesto: † “Tú lo has dicho”. C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la
turba: S. “No encuentro ninguna culpa en este hombre”. C. Ellos insistían con
más fuerza, diciendo: S. “Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea.
Desde Galilea hasta aquí”. C. Al oír esto, Pilato preguntó si eres galileo, Y al
enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Ya que
Herodes estaba en Jerusalén por aquellos días
C. Herodes al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía
mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y
esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero él no
le contesto ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas
acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trato con desprecio
y se burló de él, y le mando poner una vestidura blanca. Después lo remitió a
Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, por que antes
eran enemigos.
C. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades del pueblo,
y les dijo: S. “Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo;
Pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en él ninguna
culpa de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo.
Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicara
un escarmiento y lo soltare”.
C. Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarle libre a un preso.
Ellos vociferaron en masa, diciendo: S. “¡Quita a ese! ¡Suéltanos a Barrabás!”
C. A este lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad
y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en
libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: S. “¡Crucifícalo, Crucifícalo!” C.
Él le dijo por tercera vez: S. “¿Pus que ha hecho de malo? No he encontrado
en él ningún delito que merezca la muerte. De modo que le aplicare un
escarmiento y lo soltare”. C. Pero ellos insistían pidiendo a gritos que lo
crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera la
petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y
homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio. Mientras lo llevaban a
crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y
lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran
multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por Él.
Jesús se volvo hacia las mujeres y les dijo: † “Hijas de Jerusalén, no lloren por
mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá:
´Dichosa las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no
han criado` Entonces dirán a los montes: ´Desplómense sobre nosotros`, y a
las colinas: ´Sepúltennos´, porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con
el seco?”
C. conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlo con él.
Cuando llegaron al lugar llamado “la Calavera”, lo crucificaron allí, a él y a
los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía, desde
la cruz: † “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. C. Los soldados
se repartieron sus ropas, echando suertes.
C. El pueblo estaba mirando. Las autoridades les hacían muecas,
diciendo: S. “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si es el Mesías de
Dios, el Elegido” C. También los soldados se burlaban de Jesús, y
acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: S. “Si tú eres el rey de los
judíos, sálvate a ti mismo” C. Había en efecto un sobre la cruz, un letrero en
griego, latín y hebrero, que decía: “Este es el rey de los judíos”. C. Uno de los
malhechores crucificados lo insultaba a Jesús, diciéndole: S. “Si tú eres el
Mesías, Sálvate a ti mismo y a nosotros”. C. Pero el otro le reclamaba,
indignado: S. “¿Ni si quiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio?
Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero este ningún
mal ha hecho” C. Y le decía a Jesús: S. “Señor, cuando llegues a tu Reino
acuérdate de mí”. C. Jesús le respondió: † “Yo te aseguro que hoy estarás
conmigo en el Paraíso”.
C. Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región
y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó a la
mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: † “Padre, en tus manos
encomiendo mi espíritu”. C. Y dicho esto, expiró.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa
C. El oficial romano al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios diciendo:
S. “Verdaderamente este hombre era justo”. C. Toda la muchedumbre que
había acudido a este espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa
dándose golpe de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo
mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían
mirando todo aquello.
Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y
justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus
actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino
de los cielos. Se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajo
de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en
la roca, donde nadie había puesto todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a
empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
acompañaron a José para ver el sepulcro y como colocaban el cuerpo. Al
regresar a su casa, prepararon perfumes y ungüento, y el sábado guardaron
reposo, conforme al mandamiento
† Palabra del Señor
HOMILÍA.
CREDO
Creo en Dios,
Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se arrodillan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació
de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue
crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer
día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a
la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la
comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de
la carne y la vida eterna.
ORACION DE LOS FIELES
SACERDOTE: A Jesucristo, que sube hoy a Jerusalén para dar su
vida por nuestra salvación, dirijamos unánimes nuestra oración por nuestras
necesidades y las del mundo entero. Digamos juntos: Por tu cruz, sálvanos,
Señor
L. Oremos por la iglesia, para que, contemplando la pasión y
muerte de Cristo, anuncie fielmente el Evangelio de la esperanza y de la paz a
toda la humanidad. Roguemos al Señor
L. Oremos por los que invocan el auxilio de Dios desde el cautiverio,
los tribunales y la soledad, para que con nuestro empeño experimenten la
alegría de la salvación. Roguemos al Señor
L. Oremos por los que, durante esta Semana Santa que comienza,
vivirán el drama del sufrimiento, para que nuestro testimonio les interpele y
abran su corazón a la acción de Dios. Roguemos al Señor
L. Para que cesen los odios y violencias, y todos nos comprometamos,
a construir una sociedad justa, fraterna y solidaría. Roguemos al Señor
L. Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de
sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los
oprimidos y le envíe a su ángel para que los conforte. Roguemos al Señor
L. Oremos por todas las personas y organismo que se dedican al
cuidado de la creación, para que todos tomemos conciencia del don que hemos
recibido y no destruyamos el planeta en que vivimos. Roguemos al Señor.
L. Por los tribunales y las instituciones de justicia venezolanas, para
que no condenen inocentes, ni protejan a los corruptos, violentos y
transgresores de los derechos humanos. Roguemos al Señor
L. Por todos los miembros de esta comunidad, para que celebremos de
tal modo estos días santos que progresemos en nuestro camino de seguimiento
a Cristo. Roguemos al Señor.
SACERDOTE: no desoigas, oh Padre, la súplica que te dirigimos con
confianza mientras caminamos, también nosotros, hacia Jerusalén celeste. Te
lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación del pan y el vino
Pan
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros pan de vida.
Vino
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto
Acepta, Señor; nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que este sea hoy nuestro sacrifico agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro
Luego el presidente prosigue:
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Por la pasión de tu hijo, sé propicio a tu pueblo, Señor, y concédenos,
por esta celebración que actualiza el único sacrificio de Jesucristo, la
misericordia que no merecen nuestro pecado Por nuestro Señor Jesucristo que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos
de los siglos.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PREFACIO DE LA PASIÓN
V. / El Señor esté con vosotros.
R. / Y con tu Espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R. / Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. / Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
El cual, siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y
acepto la injusticia de ser contado entre los criminales
De esta forma, al morir, destruyo nuestra culpa, y al resucitar, fuimos
justificados.
Por eso, te alaban loa ángeles y los arcángeles proclamando sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo. Llenos están el cielo
y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre
del Señor. Hosanna en el cielo.
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
S anto eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus
criaturas, ya que, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del
Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol
hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
P or eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo
Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean Cuerpo y + Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.
que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con
claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
P orque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será
entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo
genuflexión.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión
salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de
gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la
Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que,
fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de
tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, San
José su castísimo Esposo, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por
cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
Concelebrante
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y
la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a
tu servidor, el Papa N…, con nuestro Obispo N…, al orden episcopal, a los
presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos
y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno
a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
+ A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los
bienes.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad
del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el
Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz
les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote añade:
Daos fraternalmente la paz.
Oración después de la comunión
Fortalecidos con tus santos misterios te dirigimos esta suplica, Señor:
del mismo modo que la muerte de tu Hijo nos ha hecho esperar lo que nuestra
fe nos promete, que su resurrección nos alcance la plena posesión de lo que
anhelamos. Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina, en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos
Bendición Solemne
El Dios, Padre misericordioso, que en la pasión de su Hijo les ha dado
ejemplo de amor, les conceda, por nuestra entrega Dios y a los hombres, el
don inefable de su bendición
R. Amen.
Y que gracias a la muerte temporal de Cristo, que alejo de nosotros la
muerte eterna, obtenga el don de una vida sin fin.
R. Amen.
Y así, imitando su ejemplo de humildad, participen un día de su
gloriosa resurrección.
R. Amen.
Y la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
El Pueblo responde:
Amén.
Despedida del pueblo
En la alegría de haber celebrado esta Eucaristía podemos ir en paz.
Responde el pueblo
Demos gracias a Dios.
LUNES SANTO
Monición de entrada: bienvenidos a la celebración eucarística, ayer
celebramos la triunfante entrada de Jesús y seguimos preparándonos para
celebrar junto con él la pascua de Cristo. Pidamos para que Dios nos haga
entrar en su Pascua. Puesto de pie recibimos a quien preside nuestra
celebración
RITOS INICIALES
Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Presidente: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la
conversión este con ustedes.
Todos: Y con tu Espíritu.
Acto penitencial
Presidente: humildes y penitentes, como el publicano en el templo,
acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que
también nos reconocemos pecadores.
Se hace una breve pausa en silencio.
Después, hacen todos en común las confesiones de sus pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que he pecado
mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. Por eso ruego a santa
María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que
intercedas por mí ante Dios, nuestro Señor.
Presidente: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
V. / Cristo, ten piedad. R. / Cristo, ten piedad.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
Oración colecta
Dios todopoderoso, mira la fragilidad de nuestra naturaleza, y levanta
nuestra débil esperanza con la fuerza de la pasión de tu Hijo. Él que, vive y
reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura (Is. 42,1-7): Escucharemos a continuación el cantico
del siervo Yavé y nos invita a escuchar a Jesús que se acerca pronto a su
muerte pero que Dios nos lo abandona en manos de los injusto.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Profeta Isaías (Is. 42,1-7)
He aquí a mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido, al que escogí
con gusto. He puesto mi Espíritu sobre él, y hará que la justicia llegue a las
naciones. No clama, no grita, no se escuchan proclamaciones en las plazas. No
rompe la caña doblada ni aplasta la mecha que está por apagarse, sino que
hace florecer la justicia en la verdad. No se dejará quebrar ni aplastar, hasta
que establezca el derecho en la tierra. Las tierras de ultramar esperan su ley.
Así habla Yavé, que creó los cielos y los estiró, que moldeó la tierra y
todo lo que sale de ella, que dio aliento a sus habitantes y espíritu, a los que se
mueven en ella.
Yo, Yavé, te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y
tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para
todas las naciones. Para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la
cárcel, y del calabozo a los que yacen en la oscuridad.
Palabra de Dios
Salmo responsorial 26
R. EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACION
L. ¿El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?
Amparo de mi vida es el Señor, ¿ante quién temblaré? / R. El Señor es mi luz
y mi salvación
L. Cuando los malvados se lanzan contra mí para comer mi carne,
ellos, mis enemigos y contrarios, tropiezan y perecen. / R. El Señor es mi luz
y mi salvación
L. Aunque se lance contra mí un ejército contrario, mi corazón no
teme; si una guerra estalla contra mí, aún tendré confianza. /R. El Señor es
mi luz y mi salvación
L. La bondad del Señor espero ver en la tierra de los vivientes. Confía
en el Señor, ¡ánimo, arriba!, espera en el Señor. /R. El Señor es mi luz y mi
salvación
Monición al Evangelio: San Juan nos recuerda que el perfume
derramado por María y ungido a Jesús, y que lo prepara para la sepultura de
Jesús en espera de la Resurrección
Evangelio
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro,
a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Allí lo invitaron a una
cena. Marta servía y Lázaro estaba entre los invitados. María, pues, tomó una
libra de un perfume muy caro, hecho de nardo puro, le ungió los pies a Jesús y
luego se los secó con sus cabellos, mientras la casa se llenaba del olor del
perfume.
Judas Iscariote, el discípulo que iba a entregar a Jesús, dijo: “Ese
perfume se podría haber vendido en trescientos denarios para ayudar a los
pobres.” En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón y,
como estaba encargado de la bolsa común, se llevaba lo que echaban en ella.
Pero Jesús dijo: “Déjala, pues lo tenía reservado para el día de mi
entierro. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me
tendrán siempre.”
Muchos judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo
por ver a Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de
entre los muertos. Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte
también a Lázaro, pues por su causa muchos judíos se alejaban de ellos y
creían en Jesús.
Palabra del Señor
Oración de los fieles
Sacerdote: El Señor Jesús fue ungido por María de Betania con el
perfume para la sepultura en espera de la resurrección. Mientras nos
disponemos también nosotros a celebrar la pascua. Oremos confiadamente
L. Por la Iglesia, que quiere hacer suyos los sufrimientos de toda la
humanidad: para que asuman las actitudes de mansedumbre y bondad del
Siervo de Yavé. Oremos
L. Por todos los que llevan en su carne las marcas de la Pasión de
Cristo: para que sean confortados con la generosidad y la ayuda de los
hermanos. Oremos
L. Por los que tienen el corazón endurecido: para que el Espíritu les
conceda el don de abrirse a una verdadera conversión Oremos
L. Por nosotros y por nuestra comunidad: para que nos dispongamos
con corazón abierto y con fe viva a la celebración de la Pascua, ya cercan.
Oremos
Sacerdote: escúchanos, padre de bondad; acoge benigno nuestros
ruegos. Por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación del pan y el vino
Pan
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros pan de vida.
Vino
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto
Acepta, Señor; nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que este sea hoy nuestro sacrifico agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro
Luego el presidente prosigue:
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad el sacramento que estamos celebrando y haz
que fructifique para la eternidad, pues tu amor lo instituyo para perdón de los
pecados. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina contigo en la unidad
del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PREFACIO DE LA PASIÓN
V. / El Señor esté con vosotros.
R. / Y con tu Espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R. / Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. / Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su
resurrección gloriosa; en ellos celebramos su triunfo sobre el poder de
nuestros enemigos y renovamos el misterio de nuestra redención
Por eso, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a
sus voces cantando humildemente tu alabanza
Santo, Santo, Santo…
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
S anto eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus
criaturas, ya que, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del
Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol
hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
P or eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo
Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean Cuerpo y + Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.
que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con
claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
P orque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será
entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo
genuflexión.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión
salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de
gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la
Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que,
fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de
tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, San
José su castísimo Esposo, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por
cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
Concelebrante
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y
la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a
tu servidor, el Papa N…, con nuestro Obispo N…, al orden episcopal, a los
presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos
y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno
a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
+ A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los
bienes.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad
del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el
Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz
les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote añade:
Daos fraternalmente la paz.
Oración después de la comunión
Ven Señor, y protege con amor solicito al pueblo que has santificado
en esta celebración, para que conserve siempre los dones que ha recibido de tu
misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina, en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos
MARTES SANTO
Monición de entrada: bienvenidos a la celebración en que ya nos
acercamos a celebrar la pascua con Cristo. Que nos acerquemos con corazón
sincero a Jesus y podamos ir acercándonos a celebrar la pasión, muerte y
resurrección de Cristo. Puesto de pie recibamos quien preside.
RITOS INICIALES
Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Presidente: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la
conversión este con ustedes.
Todos: Y con tu Espíritu.
Acto penitencial
Presidente: Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios
que nos conceda la conversión de nuestros corazones; si obtendremos la
reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros
hermanos.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, hacen todos en común las
confesiones de sus pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que
he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. Por eso ruego a santa
María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que
intercedas por mí ante Dios, nuestro Señor.
Presidente: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
V. / Cristo, ten piedad. R. / Cristo, ten piedad.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, concédenos participar tan vivamente en
las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón. Por
Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura (Is. 42,1-7): El profeta Isaías nos recuerda la
elección de poder dar a conocer aquel que nos ha elegido. Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
Del libro de Isaías (Is. 49,1-6)
Escúchenme, islas lejanas, pongan atención, pueblos. Yavé me
llamó desde el vientre de mi madre, conoció mi nombre desde antes que
naciera. Hizo de mi boca una espada cortante y me guardó debajo de su mano.
Hizo de mí una flecha puntiaguda que tenía escondida entre las otras. Él me
dijo: “Tú eres mi siervo y por ti me daré a conocer.”
Mientras que yo pensaba: “He trabajado en balde, en vano he gastado
mis fuerzas, para nada.” Yavé, sin embargo, protegía mis derechos, mi Dios
guardaba mi salario, pues soy importante para Yavé, y mi Dios se hizo mi
fuerza. Y ahora ha hablado Yavé, que me formó desde el seno materno para
que fuera su siervo para que le traiga a Jacob y le junte a Israel:
“No vale la pena que seas mi siervo únicamente para restablecer a las
tribus de Jacob, o traer sus sobrevivientes a su patria. Tú serás, además, una
luz para las naciones, para que mi salvación llegue hasta el último extremo de
la tierra.”
Palabra de Dios
Salmo responsorial 71
R. EN TI SEÑOR HE PUESTO MI ESPERANZA.
L. Señor, tu eres mi esperanza, que no quede yo jamás defraudado. Tu
que eres justo, ayúdame y defiéndeme; escucha mi oración y ponme a salvo /
R. En ti Señor he puesto mi esperanza
L. se para mí un refugio, ciudad fortificada en que me salves. Y pues
eres mi auxilio y mi defensa, líbrame, Señor, de los malvados R. En ti Señor
he puesto mi esperanza
L. Señor, tu eres mi esperanza; desde mi juventud en ti confió.
Desde que estaba en el seno de mi madre, yo me apoyaba en ti y tú me
sostenía. /R. En ti Señor he puesto mi esperanza
L. yo proclamare siempre tu justicia y a todas horas, tu misericordia.
Me enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es mi orgullo. /R. En
ti Señor he puesto mi esperanza
Monición al Evangelio: En la última cena ya el demonio se va metido
en Judas, la entrega Jesús es u a entrega amorosa por amor a la humanidad
Evangelio
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 13,21-33;36-38
En aquel tiempo, Jesús se conmovió en su espíritu y dijo con toda
claridad: “En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar.” Los
discípulos se miraron unos a otros, pues no sabían a quién se refería. Uno de
sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado a su lado en la mesa, y
Simón Pedro le hizo señas para que le preguntara de quién hablaba. Se volvió
hacia Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?” Jesús le contestó: “Voy a mojar
un pedazo de pan en el plato. Aquél al cual se lo dé, ése es.” Jesús mojó un
pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. Apenas Judas
tomó el pedazo de pan, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: “Lo que
vas a hacer, hazlo pronto.”
Ninguno de los que estaban a la mesa comprendió por qué Jesús se lo
decía. Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que Jesús quería
decirle: “Compra lo que nos hace falta para la fiesta...”, o bien: “da algo a los
pobres.” Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de
noche. Cuando Judas salió, Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del
Hombre y Dios es glorificado en él. Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su
propia Gloria, y lo glorificará muy pronto. Hijos míos, yo estaré con ustedes
por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo
digo a ustedes: donde yo voy, ustedes no pueden venir. Simón Pedro le
preguntó: “Señor, ¿adónde vas?” Jesús le respondió: “Adonde yo voy no
puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde.” Pedro le dijo: “Señor,
¿por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por ti.” Jesús
le respondió: “¿Dar tú la vida por mí? En verdad te digo que antes de que
cante el gallo me habrás negado tres veces.”
Palabra del Señor
Oración de los fieles
Sacerdote: Jesucristo, el Señor, ha sido glorificado por el Padre con la
resurrección de la muerte. Confiados en su mediación, oremos.
L. Por la Iglesia que acompaña a Cristo en el camino de la Pasión.
Oremos
L. Por lo que deciden impunemente la muerte de tantos inocentes.
Oremos
L. Por los que dan su vida por Cristo al servicio de los pobres, de los
enfermos. Oremos
L. Por nosotros y por todos los cristianos, que queremos ser cada día
más fieles a Cristo Jesús. Oremos
Sacerdote: Concédenos, Señor, Dios nuestros, participar en los frutos
de la Pasión gloriosa de tu Hijo, mientras nos disponemos a celebrar el
memorial de su Pascua. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación del pan y el vino
Pan
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros pan de vida.
Vino
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto
Acepta, Señor; nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que este sea hoy nuestro sacrifico agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro
Luego el presidente prosigue:
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira Señor con bondad las ofrendas de esta familia tuya a la que
invitas a tomar parte en tus sacramentos; concédele alcanzar la plenitud de lo
que ellos significan y contienen. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PREFACIO DE LA PASIÓN
V. / El Señor esté con vosotros.
R. / Y con tu Espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R. / Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. / Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su
resurrección gloriosa; en ellos celebramos su triunfo sobre el poder de
nuestros enemigos y renovamos el misterio de nuestra redención
Por eso, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a
sus voces cantando humildemente tu alabanza
Santo, Santo, Santo…
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
S anto eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus
criaturas, ya que, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del
Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol
hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
P or eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo
Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean Cuerpo y + Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.
que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con
claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
P orque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será
entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo
genuflexión.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión
salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de
gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la
Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que,
fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de
tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, San
José su castísimo Esposo, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por
cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
Concelebrante
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y
la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a
tu servidor, el Papa N…, con nuestro Obispo N…, al orden episcopal, a los
presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos
y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno
a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
+ A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los
bienes.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad
del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el
Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz
les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote añade:
Daos fraternalmente la paz.
Oración después de la comunión
Señor, tu que nos ha alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
concédenos que este mismo sacramento, que sostiene nuestra vida temporal,
nos lleve a participar e la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y
reina, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos
MIÉRCOLES SANTO
Monición de entrada: Bienvenidos a esta celebración, recordamos
hoy a Jesús con su Cruz que carga nuestros pecados, que al recordarlo
podamos nosotros asumir nuestra cruz de cada día y podamos llevarla con
amor y sinceridad frente a tantas injurias y problemas. Recibamos a quien
preside esta celebración
RITOS INICIALES
Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Presidente: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la
conversión este con ustedes.
Todos: Y con tu Espíritu.
Acto penitencial
Presidente: Jesucristo el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia
con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento para
acercarnos a la mesa del Señor.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, hacen todos en común las
confesiones de sus pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que
he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. Por eso ruego a santa
María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que
intercedas por mí ante Dios, nuestro Señor.
Presidente: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
V. / Cristo, ten piedad. R. / Cristo, ten piedad.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
Oración colecta
Oh Dio, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo
muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los Siglos
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura (Is. 49,1-6): el profeta Isaías nos demuestra cual será
el camino que tendrá que padecer Jesús y como lo humillaran. Hoy son
nuestros pecados que humillan a Jesús y el solo coloca la otra mejilla
PRIMERA LECTURA
Del libro de Isaías (Is. 50,4-9)
El Señor Yavé me ha concedido el poder hablar como su discípulo. Y
ha puesto en mi boca las palabras para fortalecer al que está aburrido. A la
mañana él despierta mi mente y lo escucho como lo hacen los discípulos.
El Señor Yavé me ha abierto los oídos y yo no me resistí ni me eché
atrás. He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, mis mejillas a quienes
me tiraban la barba, y no oculté mi rostro ante las injurias y los escupos. El
Señor Yavé está de mi parte, y por eso no me molestan las ofensas; por eso,
puse mi cara dura como piedra. y yo sé que no quedaré frustrado,
Aquí viene mi juez, ¿quieren meterme pleito? Presentémonos juntos, y
si hay algún demandante, ¡que se acerque! Si el Señor Yavé está de mi parte,
¿quién podrá condenarme? Todos se harán tiras como un vestido gastado, y la
polilla se los comerá.
Palabra de Dios
Salmo responsorial 71
R. Por tu bondad Señor, socórreme.
L. Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante.
Extraño soy y advenedizo, aun para aquello de mi propia sangre; pues me
devora el celo de tu casa, el odio del que odia, en mi recae / R. Por tu bondad
Señor, socórreme.
L. La afrente me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión
y no la hallo; consoladores y no lo encuentro. En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R. Por tu bondad Señor, socórreme.
L. en mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria,
agradecido. Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios
tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al que se
encuentra encadenado. /R. Por tu bondad Señor, socórreme.
Monición al Evangelio: La vida de Jesús solo vale treinta monedas de
plata y Judas lo recibe para entregar a Jesús. La traición de Judas es símbolo
de nuestra traición a causa del pecado.
Evangelio
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 13,21-33;36-38
Entonces uno de los Doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presentó
a los jefes de los sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me darán si se lo entrego?”
Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento,
Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la Fiesta en que se comía el pan sin levadura, los
discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: “¿Dónde quieres que preparemos
la comida de la Pascua?” Jesús contestó: “Vayan a la ciudad, a casa de tal
hombre, y díganle: El Maestro te manda decir: Mi hora se acerca y quiero
celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa.”
Los discípulos hicieron tal como Jesús les había ordenado y prepararon
la Pascua. Llegada la tarde, Jesús se puso a la mesa con los Doce. 21 Y
mientras comían, les dijo: “En verdad les digo: uno de ustedes me va a
traicionar.” Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a
22
preguntarle: “¿Seré yo, Señor?” Él contestó: “El que me va a entregar es uno
de los que mojan su pan conmigo en el plato. El Hijo del Hombre se va, como
dicen las Escrituras, pero ¡pobre de aquel que entrega al Hijo del Hombre!
¡Sería mejor para él no haber nacido!” Judas, el que lo iba a entregar, le
preguntó también: “¿Seré yo acaso, Rabbí?” Jesús respondió: “Tú lo has
dicho.”
Palabra del Señor
Oración de los fieles
Sacerdote: El Señor Jesús instituyo el sacramento de su entrega por
amor a nosotros en el momento en que uno de los suyos se preparaba para
traicionarle. Agradecido por el don de su amor, elevemos al Padre nuestra
oración
L. Por la Iglesia, que sufre en su cuerpo la deserción, la injuria.
Oremos
L. Por todos los pobres del mundo: los que no cuentan en las grandes
decisiones. Oremos
L. Por los que están siempre dispuesto a decir al abatido una palabra
de aliento. Oremos
L. Por todos nosotros, que estamos participando en el banquete del
sacrificio pascua de Cristo, Jesús. Oremos
Sacerdote: Señor, Dios nuestro, acoge benigno nuestras suplicas y
concédenos permanecer siempre fieles discípulos de tu Hijo con su mismo
sentimiento y actitudes. EL que vive y reina por los siglos de los siglos
LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación del pan y el vino
Pan
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros pan de vida.
Vino
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto
Acepta, Señor; nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que este sea hoy nuestro sacrifico agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro
Luego el presidente prosigue:
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, la ofrenda que te presentamos, y muestra la eficacia de
tu poder, para que, al celebrar sacramentalmente la pasión de Cristo
consigamos todos sus frutos. Por nuestro Señor Jesucristo que vive y reina
contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PREFACIO DE LA PASIÓN
V. / El Señor esté con vosotros.
R. / Y con tu Espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R. / Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. / Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
Porque se acercan ya los días santos de su pasión salvadora y de su
resurrección gloriosa; en ellos celebramos su triunfo sobre el poder de
nuestros enemigos y renovamos el misterio de nuestra redención
Por eso, los ángeles cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a
sus voces cantando humildemente tu alabanza
Santo, Santo, Santo…
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
S anto eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus
criaturas, ya que, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del
Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol
hasta el ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
P or eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo
Espíritu estos dones que hemos separado para ti,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente,
diciendo:
de manera que sean Cuerpo y + Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.
que nos mandó celebrar estos misterios.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con
claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.
P orque él mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus
discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será
entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Tomó el cáliz, dando gracias te bendijo, y lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
Se inclina un poco.
T omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo
genuflexión.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión
salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de
gracias, el sacrificio vivo y santo.
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la
Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que,
fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de
tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, San
José su castísimo Esposo, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por
cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
Concelebrante
Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y
la salvación al mundo entero.
Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a
tu servidor, el Papa N…, con nuestro Obispo N…, al orden episcopal, a los
presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti. Atiende los deseos
y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno
a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.
+ A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna
de tu gloria,
Junta las manos.
por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los
bienes.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad
del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el
Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz les dejo, mi paz
les doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote añade:
Daos fraternalmente la paz.
Oración después de la comunión
Dios todopoderoso, concédenos creer y sentir profundamente que, por
la muerte temporal de tu Hijo, representada en estos misterios santos, tu nos
has dado la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina, en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos
JUEVES SANTO: LA CENA DEL SEÑOR.
Monición de entrada: Hermanos: en la Eucaristía de esta noche nos
encontramos frente a dos momentos importantes la conclusión de la cuaresma
y el inicio del Triduo Pascual. Hoy conmemoramos y revivimos la Ultima
Cena. Antes de que Judas lo traicionara para entregarse a una muerte
libremente aceptada, el Señor Jesús quiso estar en intimidad con los suyos y
tomar con ellos una Última Cena.
Hagamos lo que Cristo hizo, y que nos ha enseñado a hacer, como
Jesús dice, en el evangelio de Juan, a propósito de su nuevo mandamiento.
Antes Él lavó los pies a sus discípulos, y después ha dicho: “Lo que he hecho,
háganlo también ustedes”. Y luego hizo lo mismo en la cena: primero tomó el
pan… y el cáliz, después dijo: Hagan esto en memoria mía.
Así, al caer la tarde en este día, en gran intimidad con el Señor
Jesús como lo hizo en el Cenáculo, celebramos lo que Él nos mandó hacer
para tenerlo siempre presente y activo entre nosotros. Recordamos hoy la
Institución de la Eucaristía, la Institución del orden sacerdotal y el mandato
del Señor de amarnos unos a otros.
RITOS INICIALES
Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Presidente: La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de
Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.
Todos: Y con tu Espíritu.
Acto penitencial
Presidente: El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la
Eucaristía, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos, pues, que somos
pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
Se hace una breve pausa en silencio.
Después, hacen todos en común las confesiones de sus pecados:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros, hermanos, que
he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa por mi culpa por mi gran culpa. Por eso ruego a santa
María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que
intercedas por mí ante Dios, nuestro Señor.
Presidente: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone
nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
V. / Cristo, ten piedad. R. / Cristo, ten piedad.
V. / Señor, ten piedad. R. / Señor, ten piedad.
Presidente: Glorifiquemos a Dios uno y trino con el canto del gloria
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te
glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre
todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del
Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que
quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la
derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú
Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios
Padre. Amén
Oración colecta
Dios nuestro, reunidos para celebrar la Santísima Cena en la que tu
Hijo unigénito, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el nuevo y
eterno sacrificio, banquete pascual de su amor, concédenos que, de tan
sublime misterio, brote para nosotros la plenitud del amor y de la vida. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Primera lectura (Ex 12,1-8,11-14): El pueblo de Dios celebra una
comida apresurada la noche de su liberación. Quieren vivir a fondo esta
experiencia de Dios que se convertirá luego en memorial salvador para las
futuras generaciones. Oigamos por favor.
PRIMERA LECTURA
Del libro del Éxodo (Ex. 12, 1-8. 11-14)
En aquellos días, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón, en tierra
de Egipto: “Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el
principio del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: El día diez de este
mes, tomara cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es
demasiado pequeña para comérselo, que se juntes con los vecinos y elija un
cordero adecuado al número de personas y a la cantidad que cada cual pueda
comer. Sera un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardaran hasta el día catorce de este mes, cuando toda la
comunidad de los hijos Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre y
rociaras las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan a comer
el cordero. Esa noche comerán la carne, asada al fuego; comerán panes sin
levadura y hierbas amargas. Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias
en los pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascuas, es decir,
el paso del Señor. Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos
los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados.
Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor. La sangre les servirá de
señal en las casas donde habitan ustedes. Cuando yo vea la sangre, pasaré de
largo y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra
de Egipto. Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como fiesta
en honor del Señor. De generación en generación celebrarán esta festividad,
como institución perpetua’”.
Palabra de Dios
Salmo responsorial 115, 12-13. 15-16bc. 17-18
R. GRACIAS, SEÑOR, POR TU SANGRE QUE NOS LAVA.
L. ¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
Levantaré el cáliz de salvación, e invocaré el nombre del Señor. / R. Gracias,
Señor, por tu sangre que nos lava.
L. A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos.
De la muerte, Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. / R.
Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.
L. Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre.
Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo. /R. Gracias, Señor, por
tu sangre que nos lava.
Segunda lectura (1Co 11,23-36): Cada celebración de la Eucaristía es
un acontecimiento salvador de Cristo entre los hombres. Su participación es
ofrecida a todos sin discriminaciones. Estamos llamados a participar de este
banquete salvador en que se ofrece la Palabra de Dios, el Cuerpo y la Sangre
de Cristo. Escuchemos.
SEGUNDA LECTURA
De la primera carta del apóstol San Pablo a los Corintios
Hermanos: Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido:
que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus
manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi
cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: “Este
cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria
mía siempre que beban de él”.
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz,
proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.
Palabra de Dios
Monición al Evangelio: Jesús estando reunido con sus apóstoles,
quiso dar a sus discípulos una muestra del amor inmenso que les tenía y una
lección de humildad y de servicio, al lavarles los pies y anunciarles su entrega
para la salvación del mundo. Nos colocamos de pie, antes de escuchar el
Evangelio.
Evangelio
+ Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado
la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que
estaban en el mundo, los amo hasta el extremo. Estaba cenando (ya el diablo
le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y
Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de
Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una
toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarle los pies a
los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llego a Simón Pedro y este le dijo: Señor, ¿Lavarme los pies tu a mí?
Jesús le replico: Lo que yo hago, tu no lo entiendes ahora, pero lo
comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavaras los pies jamás.
Jesús le contesto: Si no te lavo, no tiene nada que ver conmigo. Simón
pedro le dijo: Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.
Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies,
porque todo él está limpio. También ustedes están limpios, aunque no
todos. Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: no todos están
limpios. Cuando acabo de lavarse los pies, tomo el manto, se lo puso otra vez
y les dijo: ¿Comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman “El
Maestro” y “El Señor”, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el
Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavárselos los uno a otros:
les he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con ustedes, ustedes también
lo hagan.
Palabra del Señor
Homilía
LAVATORIO DE LOS PIES.
Después de la homilía, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.
Los varones designados cada uno en su asiento preparado para ellos. El sacerdote,
quitada la casulla, y se acerca a cada una de las personas designadas. Con la ayuda de los
ministros, les lava los pies y se lo seca.
Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún canto apropiado.
Monición al lavatorio de los pies: La noche que el Señor
entregaba su vida en rescate de la nuestra nos mostró el camino que debemos
de seguir para llegar al padre, este es, el amor, entre unos y otros. El gesto de
lavar los pies, nos muestra lo que ha sido su vida: una constante entrega y
servicio y nos invita a la actitud de un humilde servicio por parte del que tiene
autoridad en la comunidad siguiendo el ejemplo de Cristo. El celebrante, en
persona de Cristo, realiza el signo del servicio y del amor que debemos
prestarnos los unos a los otros y nos recordará a Jesús resumiendo toda su vida
y enseñanza lavando los pies, pidiéndonos a nosotros hacer lo mismo. Que
todos los que estamos aquí nos sintamos servidos por las manos del sacerdote
que representan las mismas manos de Cristo.
Oración de los fieles
SACERDOTE: En la cena pascual con los discípulos, Jesús celebró la
primera eucaristía y dijo “Háganlo en memoria mía”. Oremos, para celebrar
con gozo en cada eucaristía la memoria de la muerte y resurrección de Jesús
diciendo: Te lo pedimos Señor.
L. Por la Iglesia extendida en el mundo entero, para que sea signo de
sencillez y servicio, como nos enseña Cristo. Oremos
L. Por nuestros pastores, para que este día eucarístico renueven su
servicio ministerial a la Iglesia, celebren y vivan intensamente aquello que
celebran. Oremos.
L. La eucaristía es memoria viva de la muerte y resurrección de Jesús.
Para que su celebración nos sostenga en su seguimiento durante toda nuestra
vida. Oremos.
L. Jesús nos dice: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo, quien me
come tiene vida eterna”. Para que nos alimentemos de este pan y demos ante
el mundo testimonio de si vida. Oremos.
L. En nuestro mundo son muchos los que buscan puestos importantes
y reclaman ser servidos. Para que los discípulos de Jesús, alimentados con la
eucaristía, seamos ejemplo de servicio. Oremos.
L. Jesús nos dijo: “Ámense y el mundo conocerá que son mis
discípulos”. Para que los responsables y fieles de nuestras comunidades,
seamos testigo del amor de Jesús ante el mundo. Oremos
L. Por los enfermos, los pobres, los que sufren y los que viven tristes,
para que encuentren en nosotros una señal eficaz de la entrega de Jesús.
Oremos.
L. Para que sigamos el ejemplo de Cristo, y sepamos lavar los pies a
nuestros prójimos, es decir, servirlos y ayudarlos. Oremos
L. Por todos nosotros, para que, del mismo modo que nos hemos
reunido para participar en la cena del Señor, vivamos unidos en la caridad
fraterna. Oremos
L. Por nuestros difuntos, en especial, los que estamos recordando y
encomendando en esta Eucaristía, para que gocen ya de la paz definitiva, en el
Reino de Dios. Oremos
SACERDOTE: Gracias, Señor, por hacerte nuestro alimento.
Concédenos crecer en el amor cada vez que hacemos memoria de tu muerte y
de tu resurrección en la eucaristía. Tú que vives por todos los siglos.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación del pan y el vino
Pan
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros pan de vida.
Vino
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto
Acepta, Señor; nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que este sea hoy nuestro sacrifico agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro
Luego el presidente prosigue:
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente en estos misterios, pues
cada vez que celebramos este memorial de la muerte de tu Hijo, se realiza la
obra de nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y
reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los
siglos.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PREFACIO El SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE
CRISTO
V. / El Señor esté con vosotros.
R. / Y con tu Espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R. / Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. / Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y
eterno.
El cual, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció a sí
mismo como víctima salvadora, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en
conmemoración suya.
Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su
sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica
Por eso, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros
celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
P adre misericordioso,
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
te pedimos humildemente por
Junta las manos y dice:
Q ue aceptes y bendigas
traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
estos † dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
con las manos extendidas, prosigue:
Ante todo, por tu Iglesia santa y católica: para que le concedas la paz,
la protejas la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero. Con
tu servidor el Papa N…, con nuestro obispo N…, y todos los demás obispos
que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
A cuérdate, señor, de tus hijos. Y de todos los aquí reunidos,
cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de
sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismo te
ofrecen, este sacrificio de alabanza, a Ti, eterno Dios, vivo y verdadero
Reunidos en comunión, con toda la Iglesia para celebrar el día santo,
en que nuestro Señor Jesucristo fue entregado por nosotros, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor, la de su esposo, San José, la de los santos apóstoles y
mártires.
Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomas, Santiago, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio,
Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos
los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en toda tu protección
Con las manos extendidas, el celebrante principal solo, prosigue
A ceptas, Señor, en tu bondad esta ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, que te presentamos en el día mismo en que
nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos la celebración de
los misterios de su Cuerpo y de su Sangre; ordena en tu paz nuestros
días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos
Con las manos extendidas sobre la ofrenda dice:
B endice y santifica, oh Padre, esta ofrenda haciéndola
espiritual, para que sea Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo,
nuestro Señor.
Juntas las manos.
En las formulas siguientes las palabras del Señor han de pronunciarse de manera
distinta y clara, según requiere la naturaleza misma de la palabra.
El cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos
los hombres,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos.
Eleva los ojos.
y, elevando los ojos al cielo, hacia Ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dándote gracias y bendiciendo, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo:
Se inclina un poco.
T omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será
entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Tomó el cáliz glorioso, en sus santas y venerables manos; dándote
gracias y bendiciendo, lo pasó a sus discípulos y dijo:
Se inclina un poco.
T omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo
genuflexión.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
P or eso, Señor, nosotros tus siervos, y todo tu pueblo santo, al
celebrar este memorial de la pasión gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro
Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable
ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos
bienes que nos ha dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida
eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los
dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la
oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Inclinado y con las manos juntas prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea
llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para que
cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este
altar,
Se endereza y se siga diciendo:
Seamos colmados de gracia y bendición.
A cuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido
con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a
cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la
paz.
Luego se golpea el pecho con la mano derecha, diciendo:
Y, a nosotros, pecadores.
Y con las manos extendidas prosigue:
Que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea
de los Santos Apóstoles y Mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y
Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los Santos; y acéptanos en
su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad
El que preside junta las manos y prosigue solo:
P or Cristo nuestro Señor, por quien sigues creando todos los
bienes, los santificas, los llena de vida, los bendice y los reparte entre
nosotros.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
P or Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de
reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos
ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer
en la tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os
doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote añade:
Como hijos de Dios, intercambiamos ahora un signo de comunión
fraterna
Oración después de la comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que la cena de tu Hijo, que nos
alimenta en el tiempo llegue a saciarnos un día en la eternidad de tu reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Monición a la Reserva del santísimo
Hemos terminado la celebración de la santa Eucaristía, donde
celebramos el mandato del amor del Señor, la institución de la Eucaristía y del
Sacerdocio. Seguidamente, el celebrante va a llevar hasta el lugar de la
Reserva, la Eucaristía que comulgaremos mañana al celebrar la liturgia de la
Pasión y muerte del Señor.
Este Cuerpo Sacramentado de Cristo que ahora será reservado,
nos manifiesta su amor y su voluntad de permanecer siempre con nosotros.
Por eso, lo acompañamos procesionalmente con cantos de alabanza y de
profunda adoración y nos quedaremos en oración.
Traslación del Santísimo Sacramento
Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone
incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento.
Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con
las extremidades del paño.
Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del
templo, hasta el sitio donde se le va a guardar.
En la procesión se puede entonar el Pangue Lingua excepto las dos últimas estrofa
Luego de llegar a lugar de la adoración, se inciensa el Santísimo Sacramento
mientras se canta el Tamtum ergo Sacramentum
VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
Hoy no se celebra la Misa, sino solamente los Oficios especiales. Por eso la
celebración sigue un orden diferente. Normalmente la celebración se hace por la tarde. Se
entra en silencio el sacerdote se postra rostro en tierra y los presentes se arrodillan se oran
en silencio. Luego se levanta y se dirige al asede y se hace es la siguiente oración:
Monición de entrada: La Cena del
Señor, que celebramos ayer, culmina hoy
en la Pasión de Jesucristo y en su muerte en
la Cruz. La cruz es signo de muerte, de
sufrimiento, del amor que se entrega, pero
es también anticipo de la victoria de la
resurrección sobre la muerte y el mal. El
Viernes Santo fue necesario y es necesario ahora. Solo la vida que se entrega
por amor en el servicio a los demás, está llamada a resucitar. Por eso,
comenzamos esta celebración en silencio; él se postra y nosotros nos
colocamos de rodillas ante la presencia de Dios, y ante el misterio de la vida y
la muerte que se nos va a revelar.
Oración: Acuérdate, Señor, de tu gran misericordia, y santifica a tus
siervos con tu constante protección, ya que por ellos Cristo, tu Hijo,
derramando su sangre, instituyo el misterio pascual. Él, que vive y reina por
los siglos de los siglos.
PRIMERA PARTE:
LITURGIA DE LA PALABRA Y ORACIÓN UNIVERSAL
1ª lectura (Is 52,13-53,12): El profeta Isaías anunciaba a su pueblo,
siglos antes que naciera Jesús, que el Mesías iba a tomar la figura de Siervo
Sufriente; por su intercesión y mediación el pueblo recuperaría su amistad con
Dios.
PRIMERA LECTURA
Del Libro Del Profeta Isaías (Is. 52, 13-53,12)
He aquí mi siervo prosperará, será engrandecido y exaltado, será
puesto en alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba tan desfigurado
su semblante, que no tenía aspecto de hombre; pero muchos pueblos se
llenaron de asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que
nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A quién se le revelaré el
poder del Señor? Creció en su presencia como planta débil, como una raíz en
el desierto. No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto
atrayente, despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores,
habituado a los sufrimientos; como uno del cual se aparta la mirada,
despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó
nuestros dolores; nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y
humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Él soporto el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.
Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su
camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Cuando lo
maltrataban, se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado a
degollar, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.
Inicuamente y contra toda justicia, se lo llevaron. ¿Quién se preocupó de su
suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hicieron muerte por los
pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora de su
muerte, aunque no había cometido crímenes, ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su
vida como expiación, verá a su descendencia, prolongará sus años y por medio
de él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la
luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando
con los crímenes de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá
despojos; ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre los
malhechores, cuando tomó sobre sí ñas culpas de todos e intercedió por los
pecadores.
Palabra de Dios
SALMO RESPONSORIAL
SALMO RESPONSORIAL 30, 2 Y 6. 12-13. 15-16. 17 Y 25
R/. PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
L. A ti, Señor, me acojo: que no quede yo nunca defraudado; en tus
manos encomiendo mi espíritu y tú, mi Dios leal, me librarás R/. PADRE, A
TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
L. Se burlan de mí mis enemigos, mis vecinos y parientes de mí se
escapan. Los que me ven pasar huyen de mí. Estoy en el olvido, como un
muerto, como un objeto tirado en la basura R/. PADRE, A TUS MANOS
ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
L. Pero yo, Señor, en ti confió, Tú eres mi Dios, y en tu mano están
mis destinos. Líbrame de los enemigos que me persiguen R/. PADRE, A TUS
MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
L. Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón, los que esperan en el Señor R/. PADRE,
A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU.
SEGUNDA LECTURA
2° Lectura (Heb. 4,14-16; 5,7-9): La Carta a los hebreos está
consagrada al sacerdocio de Cristo y al Sacrificio. En ella se subraya la
honorable dignidad de Cristo sacerdote y valor infinito de su Sangre redentora.
SEGUNDA LECTURA
DE LA CARTA DEL APOSTOL SAN PABLO A LOS HEBREOS
(hebreos 4, 14-16; 5, 7-9.)
Hermanos: Jesús, el Hijo de Dios, en nuestro sumo sacerdote, que
ha entrado en el cielo. Mantengamos firmes la profesión de nuestra fe. En
efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de
nuestros sufrimientos, puestos el mismo ha pasado por las mis pruebas que
nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, con plena confianza
al trono de la gracia, para recibir misericordia y obtener ayuda en el momento
oportuno.
Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció
oraciones y suplicas, con fuerte voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de
la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió
a obedecer padeciendo, y llegando a su perfección, se convirtió en la causa de
la salvación eterna para todos los que lo obedecen.
Palabra de Dios
Evangelio (Pasión Jn 18,1-19,42): Jesús no fue llevado a la Cruz. Fue
porque él quiso. Él es Rey, pero no al estilo de la tierra. Él no realizó la verdad
con las palabras sino con obras. Lo que para los hombres sin fe es derrota,
para los creyentes es victoria. Dios reina desde la Cruz.
EVANGELIO
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN
JUAN
C. En aquel tiempo, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del
torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos.
Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí
con sus discípulos. Entonces Judas tomo un batallón de soldados y guardias de
los sumos sacerdotes y de los fariseos y entró en el huerto con linternas,
antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que iba a suceder se adelantó y les
dijo:
† “¿A quién buscan?” C. Le contestaron: S. “A Jesús, el Nazareno.” C.
Les dijo Jesús: † “Yo soy” C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al
decirles “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a
preguntar: † “¿A quién buscan?” C. Ellos dijeron: S. “A Jesús el Nazareno” C.
Jesús contestó: † “Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que estos
se vayan. C. Así se cumplió lo que Jesús había dicho: “No he perdido a
ninguno de los que me diste” Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada,
la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este
criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: † Mete la espada en la
vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?
C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a
Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anís, porque era suegro de Caifás,
sumo sacerdote aquel año, Caifás era el que había dado a los judíos este
consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús. Este discípulo era
conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo
sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera, junto a la puerta. Salió el otro
discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló con la portera e hizo entrar a
Pedro. La portera dijo entonces a Pedro: S ¿No eres tú también uno de los
discípulos de ese hombre? C. Él dijo: S. “No lo soy” C. Los criados y los
guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban.
También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote
interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó: †
“Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la
sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada
a
escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído,
sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo. C. Apenas dijo
esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. ¿Así contestas al sumo sacerdote? C. Jesús le respondió: † “Si he faltado al
hablar, demuestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por
qué me pegas? C. Entonces Anís lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.
Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron: S. ¿No eres tú también
de sus discípulos? C. Él lo negó diciendo: S. “No lo soy” C. Uno de los
criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la
oreja, le dijo: S. ¿Que no te vi yo con él en el huerto?
C. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó un gallo. Llevaron a
Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en
el Palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua.
Salió entonces Pilato adonde estaban ellos y dijo: S. ¿De qué
acusan a este hombre? C. Le contestaron: S. “Si éste no fuera un malhechor,
no te lo hubiéramos traído” C. Pilato les dijo: S. “Pues llévenselo y júzguenlo
según su ley” C. Los judíos le respondieron: S. No estamos autorizados para
dar muerte a nadie. C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de
qué muerte iba a morir.
Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: S. ¿Eres tú
el rey de los judíos? C. Jesús le contestó: † ¿Dices eso por tu cuenta o te lo
han dicho otros? C. Pilato le respondió: S. ¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y
los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué es lo que has hecho? C.
Jesús le contestó: † “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este
mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los
judíos. Pero mi reino no es de aquí. C. Pilato le dijo: S. ¿Conque tu eres rey?
C. Jesús le contestó: †Tú lo has dicho: Soy rey. Yo nací y vine al mundo para
ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. C.
Pilato le dijo: S. ¿Y qué es la verdad?
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: S.
“No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por
Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que le suelte al rey de los
judíos? C. pero todos ellos gritaron: S. “¡No, a ése no! ¡A Barrabás! C. (El tal
Barrabás era un bandido.) Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar.
Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le
echaron encima un manto color púrpura, y acercándose a él, le decían: S.
“¡Viva el rey de los judíos! C. Y le daban bofetadas.
Pilato salió otra vez afuera y les dijo: S. “Aquí lo traigo para que sepan
que no encuentro en él ninguna culpa. C. Salió, pues, Jesús, llevando la
corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: S. “Aquí está el
hombre” C. Cuando lo vieron los sacerdotes y sus servidores gritaron: S.
“¡Crucifícalo, crucifícalo!” C. Pilato les dijo: S. “Llévenselo ustedes y
crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él. C. Los judíos le
contestaron: S. “Nosotros tenemos una ley y según esa ley tiene que morir,
porque se ha declarado Hijo de Dios”
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y entrando otra
vez en el Pretorio, dijo a Jesús: S. “¿De dónde eres tú?” C. Pero Jesús no le
respondió. Pilato le dijo entonces: S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que
tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” C. Jesús le
contestó: † “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado
de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.
C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos
gritaban: S. “¡Si sueltas a ése, no eres amigo del César!; porque todo el que
pretende ser rey, es enemigo del César. C. Al oír estas palabras Pilato sacó a
Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo
Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo
Pilato a los judíos: S. “Aquí tienen a su Rey” C. Ellos gritaron: S. “¡Fuera,
fuera! ¡Crucifícalo!” C. Pilato les dijo: S. “¿A su rey voy a crucificar? C.
Contestaron los sumos sacerdotes: S. “No tenemos más rey que al César. C.
Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.
Tomaron a Jesús y él, cargando con la cruz, se dirigió hacia el
sitio llamado “La Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo
crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Pilato
mando a escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito:
“Jesús el nazareno, el rey de los judíos” Leyeron el letrero muchos judíos,
porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en
hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron
a Pilato: S. “No escribas ´El rey de los judíos` sino: ´Este se ha dicho: Soy rey
de los judíos` C. Pilato les contestó: S. Lo escrito, escrito está.
C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa e
hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una
túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron:
S. “No la rasguemos, sino echemos suertes para ver a quien le toca” C. Así se
cumplió la Escritura: Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica. Y
eso hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre,
María la de Cleofás, y María la Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al
discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: † “Mujer, ahí está tu hijo.
C. Luego dijo al discípulo: † “Ahí está tu madre” C. Y desde entonces
el discípulo se la llevo a vivir con él.
Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término,
para que se cumpliera la Escritura dijo: † “Tengo sed” C. Había allí un jarro
lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a
una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre dijo: †
“Todo está cumplido” C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación de la Pascua,
para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran los en la cruz el
sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les
quebraran las piernas y que los quitaran de la Cruz. Fueron los soldados, le
quebraron las
piernas al uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con él. Pero
al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino
que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente
salió sangre y agua.
El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero y él
sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedido para
que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán ningún hueso”; y en otro lugar
la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús,
pero oculto, por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el
cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo.
Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien
libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos
aromas, según se acostumbra enterrar entre los judíos. Había un huerto en el
sitio donde lo crucificaron, y en el huerto,
un sepulcro nuevo, donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los
judíos era el día de la Preparación de la Pascua y el sepulcro estaba cerca, allí
pusieron a Jesús.
† Palabra del Señor
Después de la lectura de la Pasión, el sacerdote dice una breve homilía, un
ministro dice la invitación desde el ambón, en la cual se expresa la intención por la que se
va a orar.
I. Por la Santa Iglesia
Oremos, queridos hermanos, por la santa Iglesia de Dios, para que
nuestro Dios y Señor le conceda la paz y la unidad, se digne protegerla en toda
la tierra y nos conceda glorificarlo, como Dios padre omnipotente, con una
vida pacífica y serena.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo revelaste tu gloria a todas
las naciones, conserva la obra de tu misericordia, para que tu Iglesia,
extendida por toda la tierra, persevere con fe inquebrantable en la confesión de
tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.
II. Por el Obispo de Roma:
Oremos también por nuestro Santo Padre el N…, para que Dios
nuestro Señor, que lo eligió para el orden de los obispos, la conserve a salvo y
sin daño para bien de su santa Iglesia, afín de que pueda gobernar al pueblo
santo de Dios.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna el universo,
atiende favorablemente nuestras súplicas y protege con tu amor al Papa que
nos diste, para que el pueblo cristiano, que tú mismo pastoreas, progrese bajo
su cuidado en la firmeza de su fe. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.
III. Por el pueblo de Dios y sus ministros:
Oremos también por nuestro obispo N…, por todos los obispos,
presbíteros, diáconos de la iglesia, y por el pueblo Santo de Dios.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, que con tu Espíritu santificas y gobiernas
a toda la Iglesia, escucha nuestras súplicas y por tus ministros, para que, con la
ayuda de tu gracia, te sirvan con fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
IV. Por los catecúmenos.
Oremos también por los catecúmenos, para que Dios nuestro Señor
abra los oídos de sus corazones y le manifieste su misericordia, y para que,
mediante el bautismo, se les perdonen todos sus pecados y queden
incorporados a Cristo, Señor nuestro.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, que sin cesar concedes nuevos hijos a tu
Iglesia; acrecienta la fe y el conocimiento a los catecúmenos, para que,
renacidos en la fuente bautismal, los cuente entre tus hijos de adopción. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
I. Por la unidad de los cristianos.
Oremos también por todos los hermanos que creen en Cristo, para que
Dios nuestro Señor se digne congregar y custodiar en la única Iglesia a
quienes procuran vivir en la verdad.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, que reúnes a los que están dispersos y los
mantienes en la unidad; mira benignamente a la grey de tu hijo, para que, a
cuantos están consagrados por el único bautismo, también los una la
integridad de la fe y los asocie el vínculo de caridad. Por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
II. Por los judíos.
Oremos también por los judíos, para que a quienes Dios nuestro señor
habló primero, les conceda progresar continuamente en el amor de su nombre
y en la fidelidad a su alianza.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abraham y
su descendencia; oye compasivo los ruego de tu Iglesia, para que el pueblo
que adquiriste primero como tuyo, merezca llegar a la plenitud de la
redención. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
III. Por los que no creen en Cristo:
Oremos también por los que no creen en Cristo, para que, iluminados
por el Espíritu Santo, puedan ellos encontrar el camino de la salvación.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo
que, caminando en tu presencia con sinceridad de corazón, encuentren la
verdad; y a nosotros concédenos crecer en el amor mutuo y en el deseo de
comprender mejor los misterios de tu vida, a fin de que seamos testigo cada
vez más auténtico de tu amor en el mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
IV. Por los que no creen en Dios.
Oremos también por los que no conocen a Dios, para que, buscando
con sinceridad lo que es recto, merezcan llegar hasta él.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que
deseando te busquen, y para que al encontrarte descanse en ti; concédenos
que, en medio de las dificultades de este mundo, al ver los signos de tu amor y
el testimonio de las buenas obras de los creyentes, todos los hombres se
alegren al confesarte como único Dios verdadero y Padre de todos. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
V. Por los gobernantes:
Oremos también por los gobernantes de las naciones, para que Dios
nuestro Señor les guie sus mentes y corazones, según la voluntad providente,
hacia la paz verdadera y la libertad de todos.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, en cuyas manos está los corazones de los
hombres y los derechos de las naciones; mira con bondad a nuestros
gobernantes, para que, con tu ayuda, se afiance en toda la tierra un auténtico
progreso social, una paz duradera y una verdadera libertad religiosa. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
VI. Por los que se encuentran en alguna tribulación.
Oremos, hermanos muy queridos, a Dios Padre todopoderoso, para que
libre al mundo de todos sus errores, alejas las enfermedades, alimente a los
que tienen hambre, libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos,
conceda seguridad a los que viajan, un buen retorno a los que se hallan lejos
del hogar, la salud a los enfermos y la salvación a los moribundos.
Se ora un momento de silencio. Luego prosigue el sacerdote.
Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los afligidos y fortaleza de
los que sufren; escuchas a los que te invocan en su tribulación, para que
experimenten en sus necesidades la alegría de tu misericordia. Por Jesucristo
nuestro Señor. Amén.
SEGUNDA PARTE.
ADORACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Después de la oración universal, se pasa a venerar la cruz.
Presentación de la Santa Cruz.
Adoración de la Cruz: Ha llegado el momento de expresar con un
signo nuestros sentimientos de adoración y amor hacia nuestro Señor
Jesucristo. Besando la Cruz, expresamos que hacemos nuestra, la vida y la
muerte de Jesús. Una vida que se entrega por amor de los demás y acepta el
sufrimiento que ello conlleva...
Los ministros se dirigen a la puerta de entrada de la Iglesia, allí estará la cruz
cubierta con un velo. Luego se lleva hasta el altar por el centro de la nave central. Después
de haber llegado al lugar, se inicia con el descubrimiento. Luego el celebrante descubre la
parte superior y cantan Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavado cristo. El salvador
el mundo. Venid y adoremos. Luego destapa el brazo derecho de la cruz y se canta y al
final se descubre por completo. Y en cada lado un cirio encendido.
Monición después del descubrimiento: la cruz fue escandalo para los
judíos, para los griegos, locura; para otros, piedra choque. Para nosotros es la
“Cruz gloriosa” de la pasión que transfigura el drama del Gólgota en la “Hora
de la glorificación”
Nosotros los cristianos, en la cruz vemos el instrumento por el
que nos llegó la alegría de la redención. Al adorarla, recordamos que la cruz es
medio, instrumento y vehículo del encuentro con el misterio de Cristo
Para la adoración se acerca primero el sacerdote, habiéndose quitado la casulla.
Enseguida se acercan, a la manera de una procesión, los ministros y laicos, y adoran la cruz,
haciendo detalle de genuflexión simple o besándolo.
Mientras tantos, se canta los improperios e himno.
TERCERA PARTE.
SAGRADA COMUNIÓN
Se extiende un mantel sobre el altar y se pone sobre él un corporal y el libro.
Enseguida el ministro, trae el Santísimo Sacramento directamente al altar, mientras todos
permanecen de pie y en silencio.
Dos ministros, con candelabros encendidos, acompañan al Santísimo Sacramento
y depositan luego los candelabros a los lados del altar o sobre él.
Después de que se ha depositado el Santísimo Sacramento sobre el altar y ha
descubierto el copón, se acerca el sacerdote y, previa reverencia, sube al altar. Ahí,
teniendo las manos juntas, dice con voz clara:
Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su divina
enseñanza, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Seño
A continuación, el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo, la comunión de tu cuerpo no sea para mí un motivo
de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa
de alma y cuerpo y como remedio saludable.
El celebrante hace una reverencia profunda, toma el pan consagrado y lo muestra
al pueblo, diciendo:
Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos
los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
Comulga reverentemente el cuerpo de cristo.
Después distribuye la comunión a los fieles.
Acaba la comunión se lleva la reserva al lugar preparado fuera de la Iglesia.
Oración después de la Comunión
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que nos has redimido con la
gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, prosigue en nosotros la obra de
tu misericordia, para que, mediante nuestra participación en este misterio,
permanezcamos dedicados a tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
Como despedida, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el pueblo, extendiendo las
manos Sobre él, dice la siguiente oración:
Oración sobre el pueblo
Envía, Señor, tu bendición sobre este pueblo tuyo, que han
conmemorado la muerte de tu Hijo, en espera de su resurrección, la
abundancia de tu bendición; llegue a él tu perdón, reciba tu consuelo, se
acreciente su fe santa y se consolide su eterna redención. Por Jesucristo,
nuestro Señor. R. Amén
SÁBADO SANTO VIGILIA PASCUAL
La celebración de la Vigilia Pascual, es la más importante de todas las
celebraciones cristianas, porque conmemora la resurrección de Jesucristo. Consta de varias
partes:
La bendición del fuego nuevo, encendida del cirio y proclamación de la
Resurrección.
Las lecturas del Antiguo Testamento, recordando la Pascua.
Las lecturas del Nuevo Testamento.
La Liturgia Bautismal o, por lo menos, la bendición del agua y la renovación de
las promesas bautismales.
La celebración de la Liturgia Eucarística.
PRIMERA PARTE
SOLEMNE INICIO DE LA VIGILIA, O
LUCERNARIO. BENDICION DEL FUEGO Y
PREPARACIÓN DEL CIRIO.
RITOS INICIALES.
Presidente: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
El sacerdote exhorta a la feligresía con estas palabras:
Hermanos: en esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó
de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el
mundo, a que se reúnan para velar en oración. Conmemoramos pues, juntos, la
Pascua del Señor, escuchando su palabra y participando en sus sacramentos,
con la esperanza cierta de participar en su triunfo sobre la muerte y de vivir
con él para siempre en Dios.
Enseguida el sacerdote bendice el fuego diciendo con las manos extendidas:
Oremos Dios nuestro, que por medio de tu Hijo comunicas te el fuego
de tu luz, santifica † este fuego nuevo y concédenos que al celebrar estas
fiestas pascuales, se encienda en nosotros el deseo de las cosas celestiales,
para que podamos llegar con un espíritu renovado a las fiestas de la eterna
claridad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Una vez bendecido el fuego, uno de los ministros lleva al cirio pascual ante el
celebrante. Este con un punzón graba la cruz en el mismo cirio. Después hace sobre él la
letra griega alfa, y debajo la letra omega, y entre los brazos de la cruz los números que
expresan el año en curso, mientras dice:
Monitor: El cirio representa a Cristo Resucitado, presente entre
nosotros. Por eso el Sacerdote graba en él una cruz y juntamente la primera y
la última letra del alfabeto griego ya que él es principio y fin de todo y grabara
la cifra del año en curso porque Cristo vive y salva a los hombres de hoy,
como los de ayer y de mañana.
A
S/ Cristo ayer y hoy.
(Traza la línea vertical.)
S/Principio y fin.
(Traza la línea horizontal.) 2 0
S/ Alfa.
(Traza la letra alfa arriba de la línea vertical.) 1 9
S/Y omega.
(Traza la letra omega debajo de la línea vertical.)
S/Suyo es el tiempo.
(Traza el número “2” en el ángulo superior izquierdo de la cruz.)
S/Y la eternidad.
(Traza el número “0” el ángulo superior derecho.)
S/A él la gloria y el poder.
(Traza número “1” en el ángulo inferior izquierdo.)
S/Por los siglos de los siglos. Amén.
(Traza el número “9” en el ángulo inferior derecho.)
Después de haber trazado la cruz y los demás signos el sacerdote puede incrustar
en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz,
Monitor: En este momento las cincos llagas de Cristo será
simbolizada mediante los granos de inciensos que se colocan en el cirio signo
de nuestra oración y olor agradable que Cristo hace subir hasta el cielo
1. Por tus santas llagas
2. Gloriosas
1
3. Nos proteja
4. Y nos guarde 4 2 5
5. Jesucristo nuestro Señor.
Amén. 3
Monitor: Cristo ha resucitado y vive glorioso para siempre, ahora el
sacerdote enciende el Cirio, mediante el cual nos comunica su luz y su vida.
Seguidamente, del fuego nuevo se enciende el cirio pascual, diciendo:
La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del
corazón y del espíritu.
Procesión.
Monitor: Jesús dice “Yo soy la luz del mundo” es por eso que en este
momento el cirio será llevado al altar en solemne procesión, para que
descubramos la luz de Cristo que inunda a los fieles en medio de esta
oscuridad y es por él, que por la marcha del desierto de nuestra vida podrá
iluminarnos.
Encendido el cirio uno de los ministros toma del fuego unos carbones ardientes y
los coloca en el incensario. El turiferario con el incensario humeante se coloca adelante del
ministro que lleva el cirio pascual. Sigue el sacerdote, con los ministros y luego el pueblo,
que llevan todos en las manos las velas apagadas.
En la puerta de la iglesia el ministro que lleva el cirio se detiene el pueblo entra y
luego elevando el cirio, se canta:
Cristo luz del mundo
Y todos responden:
Demos gracias a Dios.
Enseguida el ministro avanza hasta la mitad de la iglesia, se detiene y elevando el
cirio pascual, se canta por segunda vez.
Al llegar al altar, el ministro vuelto hacia el pueblo, eleva el cirio, se canta por
tercera vez.
Pregón Pascual
Llegado al altar se prosigue a cantar el pregón pascual.
Monitor: El corazón de la iglesia, al verse iluminada por el resplandor
de tanta luz, estalla en un himno de alegría y de acción de gracias, pregonando
las maravillas que Dios realizo y va a realizar esta noche: llenos de alegría
aclamemos a Cristo, nuestra vida.
Pregón pascual
Alégrense, por fin, los coros de los ángeles, alégrense las
jerarquías del cielo y, por la victoria de rey tan poderoso, que las trompetas
anuncien la salvación.
Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que,
radiante con el fulgor del rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el
orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan
brillante; resuene este recinto con las aclamaciones del pueblo
Si el pregón es proclamado o cantado por un sacerdote se dice las palabras
siguientes. En cambio, sí es proclamado o canto por un laico se omite lo siguiente:
Por eso, queridos hermanos, que asisten a la admirable claridad de esta
luz santa, invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para que
aquel que, sin merito mío, me agrego al número de los ministros, complete mi
alabanza a este cirio, infundiendo el resplandor de su luz
V. / El Señor esté con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo
el afecto del corazón, a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su Hijo,
único nuestro Señor Jesucristo.
Si el pregón fue proclamo o cantado por un laico prosigue en el siguiente párrafo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de
Adán y ha borrado, con su sangre inmaculada, la condena del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el
verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros
padres, y los hiciste pasar a pie, sin mojarse, el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego esclareció las
tinieblas del pecado.
Esta es la noche que a todos los que creen en Cristo, por toda la
tierra, los arrancas de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, los
restituyes a la gracia y los agregas a los santos.
Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo
asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido
rescatados? ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la
muerte de Cristo. ¡Feliz la culpa que mereció tal redentor!
¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que
Cristo resucitó del abismo.
Esta es la noche de la que estaba escrito: «Será la noche clara
como el día, la noche iluminada por mi gozo».
Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae
la concordia doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, el sacrificio
vespertino de alabanza, que la santa iglesia te ofrece en la solemne ofrenda de
este cirio, obra de las abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, que arde en
llama viva para la gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al
repartirla, porque se alimenta de cera fundida que elaboro la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa, en que se une el cielo con la tierra, lo
humano con lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio consagrado a tu nombre para
destruir la oscuridad de esta noche, arda sin apagarse y, aceptado como
perfume, se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no
conoce ocaso, Jesucristo, tu Hijo, que, volviendo del abismo, brilla sereno
para el linaje humano y vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.
Antes de comenzar las lecturas el sacerdote hace una breve monición:
Hermanos: con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en
la noche santa de la Resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio
meditativo, la palabra de Dios. Recordaremos las maravillad que Dios ha
realizado para salvar al primer Israel, y como en el avance continuo de la
Historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su
Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombrees,
mientras contemplamos la gran trayectoria de esta Historia santa, oremos
intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inicio con
Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidad por el misterio de la
resurrección de Jesucristo
SEGUNDA PARTE
LITURGIA DE LA PALABRA.
Primera lectura (Gen 1,1-2,2): Escuchemos como la mirada amorosa
de Dios, que crea el mundo y lo pone en nuestras manos como un gran don de
bondad.
PRIMERA LECTURA.
Del Libro del Génesis (Gén. 1,1-2,2)
En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y
caos; y las tinieblas cubrían la faz del Abismo. El espíritu de Dios se movía
sobre la superficie de las aguas.
Dijo Dios: “Que exista la luz”, Y la luz existió. Vio Dios que la
luz era buena. Y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “Día”; y a las
tinieblas “Noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día.
Dijo Dios: “Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas
aguas otras. E hizo Dios una bóveda y separó con ella las aguas de arriba, de
las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “Cielo”. Fue la tarde y
la mañana del segundo día.
Dijo Dios: “que se junten las aguas de debajo de los cielos en un
solo lugar y que aparezca el suelo seco.” Y así fue. Llamó Dios al “Tierra”
suelo seco “Mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles
que, de fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra.” Y así fue. Broto de
la tierra hierba verde, que producían semillas, según su especie, y árboles que
daban frutos y llevaban semilla, según su especie. Fue la tarde y la mañana del
tercer día
Dijo Dios: “que haya lumbrera en la bóveda del cielo, que
separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan
en la bóveda del cielo tierra.” Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras:
la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también
hizo las estrellas.
Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra,
para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era
bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
Dios dijo: “Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes
y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo”. Creo Dios los
grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la
pueblan según su especie. Creo también el mundo de las aves, según sus
especies. Vio Dios que era bueno y lo bendijo, diciendo: “Sean fecundos y
multiplíquense; llenen las aguas del mar que las aves se multipliquen en la
tierra”. Fue la tarde y la mañana del quinto día.
Dios dijo: “Produzca la tierra viviente, según sus especies:
animales domésticos, reptiles y fieras, según especie”. Y así fue. Hizo Dio las
fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según especie. Y vio
Dios que era bueno.
Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza;
que domines a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales
domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”.
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó, hombre y
mujer los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo: “Sean fecundos, multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y
a todos ser viviente que se mueven sobre la tierra”.
Y dijo Dios: “He aquí les entrego las plantas de semilla que hay sobre
la faz de la tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla: para que
les servirán de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del
cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también
les doy por alimento las verdes plantas”. Y así fue. Vio Dios todo lo que había
hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus
ornamentos, y terminada su obra, descanso Dios el séptimo día de todo cuanto
había hecho.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (SAL. 103)
R. BENDICE AL SEÑOR, ALMA MÍA.
L. Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío inmensa es tu
grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve con un manto/ R.
Bendice al Señor, alma mía.
L. Sobre base inconmovible asentaste la tierra para siempre. Con
un vestido de mares la cubriste y las aguas en los montes concentraste. / R.
Bendice al Señor, alma mía.
L. En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre
montañas; junto al arroyo vienen a vivir las aves, que cantan entre las ramas. /
R. Bendice al Señor, alma mía.
L Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de
tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto para los que sirven al
hombre. / R. Bendice al Señor, alma mía.
L. ¡Qué numerosas son tus obras, Señor y todo las hiciste con
maestría! La tierra está llena de tus criaturas. Bendice al Señor, alma mía. / R.
Bendice al Señor, alma mía.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, que en todas las obras de tu
amor te muestras admirable, concede quienes has redimido, comprender que el
sacrificio de Cristo, nuestra Pascua, en la plenitud de los tiempos, es una obra
más maravillosa todavía que la misma creación del mundo. Por Jesucristo,
nuestro Señor. R. Amén.
Segunda lectura (Gén 22, 1-18): Abrahán está dispuesto a sacrificar
por Dios a su propio hijo. Pero Abrahán será para siempre, para todos, el
modelo de la fe y la fidelidad.
SEGUNDA LECTURA
Del Libro del Génesis (Gen. 22, 1-18)
En aquellos días Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: ¡Abrahán!
El respondió: Aquí me tienes. Dios le dijo: Toma a tu querido hijo único, a
Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los
montes que yo te indicaré. Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó
consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se
encaminó al lugar que le había indicado Dios.
El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y
Abrahán dijo a sus criados: Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré
hasta allá para adorar y después volveremos con vosotros. Abrahán tomó la
leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego
y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a Abrahán, su padre:
Padre. El respondió: Aquí estoy, hijo mío. El muchacho dijo:
Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?
Abrahán contestó: Dios proveerá al cordero para el sacrificio, hijo mío. Y
siguieron caminando juntos
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí
el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima
de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el
ángel del Señor le gritó desde el cielo:
¡Abrahán, Abrahán! Él contestó: Aquí me tienes. El ángel le ordenó:
No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a
Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la
maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su
hijo. Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El
monte del Señor ve».
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: «Juro por
mí mismo —oráculo del Señor—: por haber hecho esto, por no haberte
reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes
como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes
conquistarán las puertas de ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo
se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (SAL. 15)
R. PROTEGEME, DIOS MIO, QUE ME REFUGIO EN TI
L. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu
mano.
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré ¡/ R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
L. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne
descansa serena: porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel
conocer la corrupción / R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
L. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu
presencia, de alegría perpetua a tu derecha / R. Protégeme, Dios mío, que me
refugio en ti
Oremos: oh Dios, Padre supremo de los creyentes, que multiplicas
sobre la tierra los hijos de tu promesa con la gracia de la adopción y, por el
misterio pascual hiciste de tu siervo Abrahán el padre de todas las naciones,
como la habías prometidos: concede a tu pueblo responder dignamente a la
gracia de tu llamada. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.
Tercera Lectura (Ex 14,15 – 15,1): Israel, el pueblo esclavo, es
arrancado por Dios del poder del faraón. Este es, verdaderamente, nuestro
Dios.
TERCERA LECTURA.
Del Libro del Éxodo (Ex. 14,15- 15, 1)
Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos
gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en
alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan
cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán
en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del
Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán
que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus
carros y de sus guerreros.» El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del
campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna
de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el
campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras
que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no
pudieron acercarse los unos a los otros. Entonces Moisés extendió su mano
sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este,
que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se
abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas
formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y
toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de
ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas
egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre
ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que
avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel,
porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto.» El Señor dijo a
Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra
los egipcios, sus carros y sus guerreros.» Moisés extendió su mano sobre el
mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían
emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió
en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de
todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir
a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron
caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una
muralla, a derecha e izquierda. Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos
de los egipcios.
Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del
mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo
temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. Entonces Moisés y los
israelitas entonaron este canto en honor del Señor.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 15)
R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.
L. “Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar
los caballos y los carros. El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó.
Él es mi Dios y yo lo glorifico, es el Dios de mi padre y yo proclamo su
grandeza/ R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.
L. El Señor es un guerrero, su nombre es "Señor". El arrojó al mar los
carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar
Rojo/ R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.
L. El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del
mar. Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al
enemigo/ R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.
L. Tú llevas a tu pueblo, y lo plantas en la montaña de tu herencia, en
el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron
tus manos. ¡El Señor reina eternamente! R. Cantaré al Señor, que se ha
cubierto de gloria.
Oremos: Oh Dios, que has iluminado los prodigios de los tiempos
antiguos con la luz del nuevo Testamento: el mar rojo fue imagen de la fuente
bautismal, y el pueblo liberado de la esclavitud imagen de la familia cristiana;
concede que todos los pueblos, elevados por su fe a la dignidad de pueblo
elegido, se regeneren por la participación de tu Espíritu. Por Jesucristo nuestro
Señor. /R. Amén.
Cuarta lectura (Is 54,5-14): Isaías habla en nombre de Dios y
anuncia a su pueblo y a todos nosotros, la ternura del Padre del Amor.
CUARTA LECTURA
Lectura del Profeta de Isaías 54, 5-14.
El que te hizo te tomará por esposa: su nombre es el Señor de los
Ejércitos. Tu redentor es el Santo de Israel, se llama Dios de toda la tierra.
Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor; como a
esposa de juventud, repudiada, dice tu Dios. Por un instante te abandoné, pero
con gran cariño te reuniré.
En un arrebato de ira te escondí un instante mi rostro, pero con
misericordia eterna te quiero dice el Señor, tu redentor. Me sucede como en
tiempo de Noé: Juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra;
así juro no airarme contra ti ni amenazarte.
Aunque se retiren los montes y vacilen las colinas,
no se retirará de ti mi misericordia ni mi alianza de paz vacilará dice el Señor,
que te quiere . ¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo
coloco tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros;
te pondré almenas de rubí, y puertas de esmeralda, y muralla de piedras
preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor, tendrán gran paz tus hijos.
Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la opresión, y no tendrás
que temer; y lejos del terror, que no se acercará.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (29)
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
L. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis
enemigos se rían de mí. Sacaste mi vida del abismo, y me hiciste revivir
cuando bajaba a la fosa. R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
L. Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su bondad de por vida;
al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo. R. Te ensalzaré,
Señor, porque me has librado.
L. Escucha, Señor, y ten piedad de mí, Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, multiplica, fiel a tu palabra la
descendencia que aseguraste a la fe de nuestros padres, y aumenta con tu
adopción los hijos de la promesa; para que tu Iglesia vea en qué medida se ha
cumplido ya cuanto los patriarcas creyeron y esperaron. Por Jesucristo nuestro
Señor. /R. Amén.
Quinta lectura (Is 55, 1-11): Las palabras de los profetas son siempre
un anuncio del amor de Dios, pero son también una llamada a no olvidar al
Señor, a volver a él, a reconocer que sólo en Él podemos encontrar vida.
QUINTA LECTURA.
Del Libro del Profeta Isaías (Is. 55,1- 11)
Así habla el Señor: ¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y
el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de
trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no
alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia? Háganme caso, y comerán
buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré
con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo
he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú
llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá
hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras
está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus
pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios,
que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los
míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el
cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis
pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a
él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para
que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra
que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo
quiero y cumple la misión que yo le encomendé.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (Is 12)
R. Sacaran aguas con alegrías de las fuentes de salvación.
L. Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. Ustedes
sacarán agua con alegría de las fuentes de la salvación / R. Sacarán aguas
con alegrías de las fuentes de salvación.
L. Den gracias al Señor, invoquen su Nombre, anuncien entre los
pueblos sus proezas, proclamen qué sublime es su Nombre / R. Sacaran
aguas con alegrías de las fuentes de salvación.
L. Tañed para el Señor que hizo proezas, anunciadlas a toda la
tierra; gritad jubilosos, habitantes de Sión: «Qué grande es en medio de ti el
Santo de Israel / R. Sacaran aguas con alegrías de las fuentes de salvación.
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, esperanza única del mundo, que
anunciaste por la voz de tus profetas los misterios de los tiempos presentes:
atiende los deseos de tu pueblo, porque ninguno de tus fieles pueda progresar
en la virtud sin la inspiración de tu gracia. Por Jesucristo nuestro Señor
Sexta lectura (Ba 3,9 – 15.32 -4,4): Con frecuencia nos sentimos sin
ánimos para seguir el camino que quizás en otro tiempo habíamos proyectado
con una fe y quizás porque nos hemos dejado cautivar por la sabiduría
humana.
SEXTA LECTURA
Lectura del Profeta Baruc 3, 9-15. 32-4, 4
Escucha, Israel, mandatos de vida, presta oído para aprender
prudencia.
¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que envejezcas en tierra
extranjera, que estés impuro con los muertos, que te cuenten con los del
Abismo? Es que abandonaste la sabiduría. Si hubieras seguido el camino de
Dios, habitarías en paz para siempre.
Aprende dónde se encuentra la prudencia, el valor y la inteligencia,
así aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la luz de los ojos y la paz.
¿Quién encontró su puesto o entró en sus almacenes? El que todo lo sabe la
conoce, la examina y la penetra. El que creó la tierra para siempre y la llenó
de animales cuadrúpedos; el que manda a la luz, y ella va, la llama, y le
obedece temblando; a los astros, que velan gozosos en sus puestos de guardia,
los llama y responden: «Presentes»; y brillan gozosos para su Creador.
Él es nuestro Dios y no hay otro frente a él: investigó el camino del
saber y se lo dio a su hijo Jacob, a su amado, Israel. Después apareció en el
mundo y vivió entre los hombres. Es el libro de los mandatos de Dios, la ley
de validez eterna: los que la guardan, vivirán, los que la abandonan, morirán.
Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina a la claridad de su resplandor;
no entregues a otros tu gloria ni tu dignidad a un pueblo extranjero.
¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (18)
R. Señor, tienes palabras de vida eterna
L. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante / R. Señor, tienes
palabras de vida eterna
L. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos / R. Señor, tienes palabras
de vida eterna
L. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos y eternamente justos / R. Señor,
tienes palabras de vida eterna
L. Más preciosos que el oro, más que el oro fino;
más dulce que la miel de un panal que destila / R. Señor, tienes palabras de
vida eterna
Oremos: oh Dios, que sin cesar haces crecer a tu Iglesia agregando a
ella nuevos hijos: defiende con tu constante protección a cuantos purificas en
el agua del bautismo. Por Jesucristo nuestro Señor
Séptima lectura (Ez 36, 16-28): El pueblo está en el exilio y reconoce
su culpa. Y Dios les anuncia la gran esperanza: Él mismo vendrá a cambiar los
corazones, Él mismo transformará la vida de los hombres.
SÉPTIMA LECTURA
Lectura del Profeta Ezequiel 36, 16-28.
Me vino esta Palabra del Señor: Cuando la casa de Israel habitaba en
su tierra, la profanó con su conducta, con sus acciones, como sangre inmunda
fue su proceder ante mí. Entonces derramé mi cólera sobre ellos, por la sangre
que habían derramado en el país, por haberlo profanado con sus idolatrías.
Los esparcí entre las naciones, anduvieron dispersos por los países; según su
proceder, según sus acciones los sentencié. Cuando llegaron a las naciones
donde se fueron, profanaron mi santo nombre; decían de ellos: «Estos son el
pueblo del Señor, de su tierra han salido.» Sentí lástima de mi santo nombre,
profanado por la casa de Israel en las naciones a las que se fue.
Por eso, di a la casa de Israel: Esto dice el Señor: No lo hago por
vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros, en
las naciones a las que habéis ido. Mostraré la santidad de mi nombre grande,
profanado entre los gentiles, que vosotros habéis profanado en medio de
ellos;
y conocerán los gentiles que yo soy el Señor oráculo del Señor, cuando les
haga ver mi santidad al castigaros. Os recogeré de entre las naciones, os
reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra. Derramaré sobre
vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e
idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un
espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un
corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, Y haré que caminéis según mis
preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra
que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (41)
/ R. Como busca las ciervas corrientes de agua, así mi alma te
busca a ti, Dios mío.
L. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el
rostro de Dios? / R. Como busca las ciervas corrientes de agua, así mi alma
te busca a ti, Dios mío.
L. Desahogo mi alma conmigo: cómo marchaba a la cabeza del grupo
hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la
fiesta. / R. Como busca las ciervas corrientes de agua, así mi alma te busca
a ti, Dios mío.
L. Envía tu luz y tu verdad; que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. / R. Como busca las
ciervas corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
L. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío / R. Como busca las
ciervas corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Oremos: Oh Dios, poder inmutable y luz sin ocaso, mira con bondad a
tu Iglesia, sacramento de la nueva alianza, y, según tus eternos designios, lleva
a término la obra de la salvación humana; que todo el mundo experimente y
vea como lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y vuelve a su integridad
primera, por medio de nuestro Señor Jesucristo, de quien procede. El que vive
y reina por los siglos de los siglos.
Después de la última lectura del antiguo Testamento, con su salmo responsorial y
oración, se reviste el alta se encienden los cirios, y el sacerdote entona el himno Gloria a
Dios, que todos prosiguen mientras se hacen sonar las campanas.
Acabado el himno, el Sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre
Monición para el gloria: Hemos escuchado las lecturas del Antiguo
Testamento, la historia que nos prepara para la vida nueva de Jesucristo.
Ahora, antes de escuchar el anuncio de esta vida nueva, cantemos con júbilo y
alabemos a nuestro Dios, y a Jesucristo, el único camino, la única verdad, el
único Señor…
ORACIÓN COLECTA
Oremos: oh Dios, que iluminas esta noche santa con la gloria de la
resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que,
renovados en cuerpo y alma. Nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por
nuestro Señor Jesucristo.
Seguidamente un lector proclama la lectura del Apóstol.
Epístola (Rom 6, 3 - 11): Por el bautismo, por la fe, nuestra vida se
une a Cristo. Con Él hemos muerto y con Él resucitamos. La vida nueva es
vivir para Dios. Vivir para Dios es amar como el Padre.
EPÍSTOLA.
Del Libro de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos (Rom.
6,3-11)
Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en
Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos
sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo resucitó por la gloria
del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva. Porque si nos hemos
identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos
identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre
viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de
pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto,
no debe nada al pecado. Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que
también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere
más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al
pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también
ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL (Sal 41)
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
L. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! / R. Aleluya, aleluya,
aleluya.
L. La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No,
no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor / R. Aleluya, aleluya,
aleluya.
L. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra
angular. Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos / R.
Aleluya, aleluya, aleluya.
Para el Evangelio no se llevan los cirios, sino solamente incienso, si se emplea. A)
Mt 28,1-10 B) Mc 16,1-8 C) Lc 24, 1-12
Inmediatamente después del evangelio se hace la homilía. Después comienza la
liturgia bautismal.
Evangelio: Cristo ha resucitado, como los había prometido; ha
triunfado definitivamente sobre el pecado, la muerte, las tinieblas y la
opresión. Este es el hecho fundamental de nuestra Redención. En adelante
sólo nos queda creer, vivir y anunciar al resucitado. Oigamos con mucha
atención de pie por favor.
EVANGELIO CICLO A
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (Mt. 28, 1-10)
Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana.
María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se
produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajo del cielo y
acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima
de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestidos eran blancos como
la nieve. Los guardias, atemorizados ante él. Se pusieron a temblar y quedaron
como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “No teman. Ya sé
que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había
dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan a prisa a
decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos e ira delante de
ustedes a Galilea, allá lo verán. Eso es todo”. Ellas se alejaron a toda prisa del
sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los
discípulos. Pero de repente Jesús le salió al encuentro y les saludo. Ellas se le
acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús: “Vayan
a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.
Palabra del Señor.
EVANGELIO CICLO B
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (Mc. 16, 1-8)
Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y
Salomé, compraron aromas para embalsamar el cuerpo. Y muy temprano, el
primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Se decían
unas a otras: “¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?” Pero
cuando miraron, vieron que la piedra había sido retirada a un lado, a pesar de
ser una piedra muy grande.
Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado
derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron. Pero él les dijo: “No
se asusten. Si ustedes buscan a Jesús Nazareno, el crucificado, no está aquí, ha
resucitado; pero éste es el lugar donde lo pusieron. Ahora vayan a decir a los
discípulos, y en especial a Pedro, que él se les adelanta camino de Galilea. Allí
lo verán, tal como él les dijo.” Las mujeres salieron corriendo del sepulcro.
Estaban asustadas y asombradas, y no dijeron nada a nadie por el miedo que
tenían.
Palabra del Señor.
EVANGELIO CICLO C
Lectura del santo Evangelio según san Lucas (Lc. 24,1-12)
El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al
sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida
la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les
aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres,
llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les
preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está
aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en
Galilea: «Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de los
pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día».
Y las mujeres recordaron sus palabras. Cuando regresaron del
sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. Eran María
Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las
acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, pero a ellos les pareció que
deliraban y no les creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el
sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de
admiración por lo que había sucedido.
Palabra del Señor
Monitor: en este momento hemos llegado a la liturgia bautismal,
donde se bendecirá el agua de la fuente que significa que nosotros los
bautizados hemos renacidos a la vida nueva con Cristo y que con el agua
nueva entraran los nuevos hijos a formar parte de la Iglesia. Es así que nos
disponemos para estar dispuesto a renacer de nuevo con Cristo.
TERCERA PARTE: LITURGIA BAUTISMAL
El sacerdote con los ministros, se dirige a la fuente bautismal, si esta se encuentra
situada a la vista de los fieles. Si no es así, se coloca un recipiente con el agua bautismal en
el presbiterio.
Después el sacerdote hace a los presentes una monición con estas palabras u otras
parecidas.
Hermanos: acompañemos con nuestra oración a estas personan que
anhelan a una nueva vida en la fuente bautismal y pidamos insistentemente
todos juntos a Dios, nuestro Padre, que guie y acompañé sus pasos hacia la
fuente bautismal.
Si se bendice la fuente, pero no hay bautizando:
Invoquemos, queridos hermanos, a Dios todopoderoso, y pidámosle
que con su poder santifique esta agua, para que cuantos en ella renazca por el
bautismo sean incorporados a Cristo y contados entre los hijos de adopción
Monitor: a continuación, vamos a invocar y pedir la intercesión de
todos los Santos y Santas de Dios, para que nosotros que vamos a renacer con
Cristo tengamos la valentía y el ánimo de anunciar que Cristo ha resucitado.
Después se entonan las letanías.
En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del
titular de la Iglesia y los de los patronos del lugar y los que van hacer bautizados.
Letanías de los santos
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros.
San Miguel, ruega por nosotros.
Santos ángeles de Dios, rogad por nosotros.
San Juan Bautista, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
San Pedro y Pablo, rueguen por nosotros.
San Andrés, ruega por nosotros.
San Juan, ruega por nosotros.
Santiago, ruega por nosotros.
Santa María Magdalena, ruega por nosotros.
San Esteban, ruega por nosotros.
San Ignacio de Antioquía, ruega por nosotros.
San Lorenzo, ruega por nosotros.
Santas Perpetua y Felicidad, rogad por nosotros.
Santa Inés, ruega por nosotros.
San Gregorio, ruega por nosotros.
San Agustín, ruega por nosotros.
San Atanasio, ruega por nosotros.
San Basilio, ruega por nosotros.
San Martín, ruega por nosotros.
San Benito, ruega por nosotros.
Santos Francisco y Domingo, rogad por nosotros.
San Francisco Javier, ruega por nosotros.
San Juan María Vianney, ruega por nosotros.
San Felipe de Jesús, ruega por nosotros.
Santo Toribio de Mogrovejo, ruega por nosotros.
San Pedro Claver, ruega por nosotros.
San Juan Diego, ruega por nosotros.
San Carlos de Brasil, ruega por nosotros.
Santa Catalina de Siena, ruega por nosotros.
Santa Teresa de Ávila, ruega por nosotros.
Santa Rosa de Lima, ruega por nosotros.
Santa Bárbara, ruega por nosotros
San Juan Pablo II, ruega por nosotros.
San Juan XXIII, ruega por nosotros.
Santa Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.
Beata Madre María de San José, ruega por nosotros.
Beata Candelaria de San José, ruega por nosotros.
Beata Carmen Rendiles, ruega por nosotros
Todos los santos y santas de Dios, rogad por nosotros.
Muéstrate propicio, líbranos, Señor.
De todo mal, líbranos, Señor.
De todo pecado, líbranos, Señor.
De la muerte eterna, líbranos, Señor.
Por tu encarnación, líbranos, Señor.
Por tu muerte y resurrección, líbranos, Señor.
Por la efusión del Espíritu Santo, líbranos, Señor.
Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos
Si hay bautizando:
Para que regeneres a estos elegidos con la gracia del bautismo, te
rogamos, óyenos.
Si no hay bautizando:
Para que santifiques esta agua en la que renacerán tus nuevos
hijos, te rogamos, óyenos
Si hay bautizos, el sacerdote dice la siguiente oración con las manos juntas
Que tu eficacia, Dios todopoderoso y eterno, se manifieste en estos
sacramentos, obra de tu amor. Que el espíritu de adopción descienda sobre los
nuevos hijos que van a nacer de la fuente bautismal. Que tu poder dé eficacia a
la acción de tu ministerio. Por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición del agua bautismal.
Oh, Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con tu
poder invisible, y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para
significar la gracia del bautismo.
Oh, Dios, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía
sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar.
Oh, Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio
prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad, de modo que una misma
agua pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.
Oh, Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los
hijos de Abrahán, para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera
imagen de la familia de los bautizados.
Oh, Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del
Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo; colgado en la cruz vertió de su
costado agua, junto con la sangre; y después de su resurrección mando a sus
apóstoles: “Id haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
Mira ahora a tu Iglesia en oración y abre para ella la fuente del
bautismo. Que esta agua reciba, por el Espíritu Santo, la gracia de tu
Unigénito, para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo
muera al hombre viejo y renazca, como niño, a nueva vida por el agua y el
espíritu.
Y metiendo, si lo cree oportuno, el cirio pascual en el agua una o tres veces,
prosigue.
Te pedimos, Señor, que el poder del Espíritu Santo, por tu Hijo,
descienda sobre el agua de esta fuente,
Y, teniendo el cirio en el agua prosigue.
Para que los sepultados con Cristo en su muerte, por el bautismo,
resuciten con él a la vida. Por Jesucristo nuestro Señor.
Monitor: en este momento realizaremos nuestra renovación de las
promesas bautismal y las renuncias a Satanás, como símbolo de la nueva vida
que Cristo nos ha dado con su resurrección
El sacerdote dirige a los fieles la siguiente monición
Hermanos: Por el misterio Pascual hemos sido sepultados con Cristo
en el bautismo, para que vivamos una vida nueva. Por tanto, terminando el
ejercicio de la Cuaresma, renovemos las promesas del sato bautismo, con las
que en otro tiempo renunciamos a Satanás y a sus obras, y prometimos servir
fielmente a Dios en la Santa Iglesia
Así Pues:
Renuncia.
S. ¿Renuncias a Satanás?
B. Sí, renuncio.
S. ¿Y a todas sus obras?
B. Sí, renuncio.
S. ¿Y a todas sus seducciones?
B. Sí, renuncio.
Profesión de Fe.
S. ¿Crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la
tierra?
B. Sí, creo.
S. ¿Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de
santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucito de entre los muertos y está
sentado a la derecha del Padre?
B. Sí, creo.
S. ¿Crees en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia católica, en la
comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la
carne y en la vida eterna?
B. Sí, creo.
Concluye el sacerdote
Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que no
regenero por el agua y el Espíritu Santo y que nos concedió la remisión de los
pecados, nos guarde en su gracia en el mismo Jesucristo nuestro Señor, para la
vida eternal
El sacerdote asperja al pueblo con agua bendita.
Oración Universal
A cada petición respondemos: Te lo pedimos, Señor.
1.-POR LA IGLESIA: Para que Cristo presente en su Iglesia, anime a
que los cristianos, anunciemos con gozo y desde la vida, que Él ha vencido a
la muerte y que vive para interceder por nosotros. Roguemos al Señor.
2.-POR LOS PASTORES DE LA IGLESIA, Para que con la
fuerza que brota del triunfo de Cristo sobre la muerte, fortalezca al Papa y a
cuantos dirigen la Iglesia, de modo que proclamen con alegría y sabiduría a un
Jesús vivo y victorioso. Roguemos al Señor.
3.- POR TODA LA HUMANIDAD; Que rescatada en Cristo de la
muerte, todavía sufre en la espera de su plena liberación; para que la
resurrección ilumine al mundo y colme el corazón humano de alegría y de
esperanza. Roguemos al Señor.
4.- POR LOS QUE SUFREN, Por todos aquellos, que en estos días
han permanecido unidos a la pasión de Cristo a través del dolor y el
sufrimiento; para que la gracia de la resurrección los fortalezca y libere y se
sientan comprometidos en la construcción de la civilización del amor.
Roguemos al Señor.
5.- POR NUESTROS HERMANOS CATECUMENOS, Que han
sido incorporados a la iglesia en estas fiestas pascuales por los Sacramentos de
Iniciación Cristiana, sepan descubrir al Señor en nuestra historia y en cada uno
de ellos, para que con entusiasmo lo anuncien con su propia vida. Roguemos
al Señor.
6.- POR QUIENES CELEBRAMOS ESTA VIGILIA PASCUAL,
Para que celebrando con gozo la Pascua del Señor y habiendo renacido del
agua y del Espíritu, proclamemos con el ejemplo, que pertenecemos a Cristo,
que habiendo resucitado, nos ganó para la vida nueva y eterna. Roguemos al
Señor.
7.- POR NUESTRA COMUNIDAD CRISTIANA, para que con
firmeza y confianza dé en todas partes un vivo testimonio de Cristo
Resucitado. Roguemos al Señor.
8.- POR TODOS NUESTROS HERMANOS DIFUNTOS, para que
compartan la resurrección de Cristo, igual que han compartido ya con él la
muerte. Roguemos al Señor.
Sacerdote: Escucha, Padre la oración de tu pueblo, y al celebrar la
resurrección de Cristo, nuestra Pascua, podamos también participar de tu
gloria resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Presentación del pan y el vino
Pan
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros pan de vida.
Vino
Bendito seas, Señor, Dios del universo por este vino, fruto de la vid y
del trabajo del hombre que recibimos de tu generosidad y ahora te
presentamos, él será para nosotros bebida de salvación.
A continuación, el sacerdote, inclinado, dice en secreto
Acepta, Señor; nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde;
que este sea hoy nuestro sacrifico agradable en tu presencia, Señor, Dios
nuestro
Luego el presidente prosigue:
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable
a Dios, Padre todopoderoso.
El pueblo responde:
El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Escucha, Señor, la oración de tu pueblo y acepta sus ofrendas,
para que la nueva vida que nace de estos sacramentos pascuales sea, por tu
gracia, prenda de vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que vive y
reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
PREFACIO El SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO
V. / El Señor esté con vosotros.
R. / Y con tu Espíritu.
V. / Levantemos el corazón.
R. / Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. / Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. / Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre, Señor, pero más que nunca en esta noche en que Cristo,
nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Porque él es el verdadero cordero que quito el pecado del mundo;
muriendo destruyo nuestra muerte, y resucitando restauro la vida.
Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se
desborda de alegría, y también los coros celestiales, los ángeles y los
arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo…
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
P adre misericordioso, te pedimos humildemente por
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,
Junta las manos y dice:
Q ue aceptes y bendigas
traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
estos † dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
con las manos extendidas, prosigue:
A nte todo, por tu Iglesia santa y católica: para que le
concedas la paz, la protejas la congregues en la unidad y la gobiernes en el
mundo entero. Con tu servidor el Papa N…, con nuestro obispo N…, y todos
los demás obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y
apostólica.
A cuérdate, señor, de tus hijos. Y de todos los aquí
reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el
perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismo
te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a Ti, eterno Dios, vivo y verdadero
R eunidos en comunión, para celebrar la noche santa de la
resurrección de nuestro Señor Jesucristo, veneramos la memoria, ante todo, de
la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor,
la de su esposo, San José, la de los apóstoles y mártires. Pedro y Pablo,
Andrés, Santiago y Juan, Tomas, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón
y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo,
Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián, y la de todos los santos; por sus
méritos y oraciones concédenos en toda tu protección
Con las manos extendidas, el celebrante principal solo, prosigue
A ceptas, Señor, en tu bondad esta ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa. Por aquellos que has hecho renacer del agua y del
Espíritu Santo, perdonándoles todos sus pecados; ordena en tu paz nuestros
días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos
Con las manos extendidas sobre la ofrenda dice:
Todos los celebrantes continúan diciendo junto:
B endice y acepta, oh Padre, esta ofrenda haciéndola
espiritual, para que sea Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro
Señor.
Juntas las manos.
En las formulas siguientes las palabras del Señor han de pronunciarse de manera
distinta y clara, según requiere la naturaleza misma de la palabra.
El cual, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos.
Eleva los ojos.
y, elevando los ojos al cielo, hacia Ti, Dios, Padre suyo todopoderoso,
dándote gracias y bendiciendo, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo:
Se inclina un poco.
T omad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que
será entregado por vosotros.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
Tomó el cáliz glorioso, en sus santas y venerables manos; dándote
gracias y bendiciendo, lo pasó a sus discípulos y dijo:
Se inclina un poco.
T omad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi
Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros
y por todos los hombres para el perdón de los pecados.
Haced esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo
genuflexión.
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Por eso, Señor, nosotros tus siervos, y todo tu pueblo santo, al
celebrar este memorial de la pasión gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro
Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable
ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad, de los mismos
bienes que nos ha dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida
eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste
los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la
oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.
Inclinado y con las manos juntas prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda
sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Ángel, para
que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de
este altar,
Se endereza y se siga diciendo:
Seamos colmados de gracia y bendición.
Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido
con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a
cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la
paz.
Luego se golpea el pecho con la mano derecha, diciendo:
Y, a nosotros, pecadores.
Y con las manos extendidas prosigue:
Que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la
asamblea de los Santos Apóstoles y Mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías
y Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua,
Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los Santos; y acéptanos en
su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad
El que preside junta las manos y prosigue solo:
Por Cristo nuestro Señor, por quien sigues creando todos los
bienes, los santificas, los llena de vida, los bendice y los reparte entre
nosotros.
Toma la patena, con el pan consagrado, y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la
unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
RITO DE LA COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas,
dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de
reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos
ha enseñado:
Extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros
días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de
pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos. El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: «La paz os dejo, mi paz os
doy», no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y,
conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Junta las manos.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
El pueblo responde:
Amén.
El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:
La paz del Señor esté siempre con vosotros.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El sacerdote añade:
Como hijos de Dios, intercambiamos ahora un signo de comunión
fraterna.
Oración después de la comunión
Derrama, Señor, sobre nosotros, tu espíritu de caridad, para que
vivamos siempre unidos en tu amor los que hemos participado en un mismo
sacramento pascual. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que vive y reina en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
Bendición Solemne
Que los bendiga Dios todopoderoso en esta noche solemne de Pascua,
y que su misericordia los guarde de todo pecado. R. Amen.
Y el que los ha redimido por la resurrección de Jesucristo, los
enriquezca con el premio de la vida eterna. R. Amen.
Y a nosotros, que al terminar los días de la pasión del Señor celebran
con gozo la fiesta de Pascua, le conceda también alegrarnos con el gozo de la
Pascua eterna. R. Amen.
Y la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo + y Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes.
El Pueblo responde:
Amén.
Despedida del pueblo
Podéis ir en paz, aleluya, aleluya,
Responde el pueblo
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya,