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Se Valiente y Avanza

1) Dios le ordena a Josué que cruce el río Jordán y tome posesión de la tierra prometida a los israelitas. 2) Dios promete a Josué que ningún enemigo podrá hacerle frente mientras viva, ya que Dios estará con él como lo estuvo con Moisés. 3) Dios instruye a Josué a ser valiente y fuerte, y a cumplir fielmente las leyes de Moisés para tener éxito.

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Se Valiente y Avanza

1) Dios le ordena a Josué que cruce el río Jordán y tome posesión de la tierra prometida a los israelitas. 2) Dios promete a Josué que ningún enemigo podrá hacerle frente mientras viva, ya que Dios estará con él como lo estuvo con Moisés. 3) Dios instruye a Josué a ser valiente y fuerte, y a cumplir fielmente las leyes de Moisés para tener éxito.

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SE VALIENTE Y AVANZA

Introducción.
Los seres humanos somos fácilmente adaptables a ciertas
condiciones y como hijos de Dios muchas veces somos
conformes y vivimos de los éxitos del pasado. Es actitud nos
hace aplazar o postergar el plan de Dios o propósito en nuestras
vidas.
Aplazar: dejar de hacer lo que debo hacer. Hacer sufrir un
retraso a una cosa; colocar en un lugar inferior al que tenía o al
que le corresponde.
Confundimos lo importante con lo urgente.
La postergación tiene una aliada; “La excusa”.

Algunos personajes de las Escrituras aplazaron algunas cosas.


Abraham, Moisés, Gedeón, Jonás, otros.

Debemos redefinir nuestro compromiso con Dios y lo que


diseñó para ti y para mí en este tiempo.

Josué 1. RVC.
Después de la muerte de Moisés, el siervo del Señor, habló el
Señor con Josué hijo de Nun, que era siervo de Moisés, y le
dijo:

«Moisés, que fue mi siervo, ha muerto. De ahora en adelante
tú estarás al frente del pueblo. Crucen ahora juntos el Jordán,
este pueblo y tú, y vayan a la tierra que voy a darles a los hijos
de Israel. 3 Tal y como se lo prometí a Moisés, voy a darles
cada lugar donde pongan los pies. 4 Su territorio se extenderá
desde el desierto y el Líbano, hasta el gran río Éufrates, y toda
la tierra de los hititas, hasta el mar grande, donde se pone el
sol. 5 Mientras vivas, nadie podrá hacerte frente, porque yo
estaré contigo como antes estuve con Moisés. No te dejaré, ni
te desampararé. 6 Esfuérzate y sé valiente, porque tú serás
quien reparta a este pueblo, como herencia, la tierra que juré
a sus padres que les daría. 7 Pero tienes qué esforzarte y ser
muy valiente. Pon mucho cuidado y actúa de acuerdo con las
leyes que te dio mi siervo Moisés. Nunca te apartes de ellas, ni
a la derecha ni a la izquierda, y así tendrás éxito en todo lo
que emprendas. 8 Procura que nunca se aparte de tus labios
este libro de la ley. Medita en él de día y de noche, para que
actúes de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así harás
que prospere tu camino, y todo te saldrá bien. 9 Escucha lo que
te mando: Esfuérzate y sé valiente. No temas ni desmayes, que
yo soy el Señor tu Dios, y estaré contigo por dondequiera que
vayas.»

Vemos una situación comprometedora para Josué. Él se había


levantado bajo la sombra de Moisés. Todo lo aprendió de Moisés.

Cuando generamos dependencia de algo o alguien como yo, no


hay autoconfianza.

Era un desafío para Josué. Cuando Dios nos coloca en un sitio


para hacer algo, implicará un desafío.
Lo que Dios le encomendó a Josué fue un proyecto de nación para
Israel. Necesitaba territorio pero Josué creía que era algo grande.
Necesitaba fe.

Si quieres conquistar hay que avanzar.


“Levántate, avanza y cruza”. Si nuestro proyecto es grande
necesitamos una fe grande.

A veces nos detenemos porque tenemos miedo y duda.


Josué tenía que vencer:
1. Superar la pérdida.
Hay cosas que para ti son bendiciones que vas a perder,
sencillamente porque esas bendiciones caducaron y
cumplieron el ciclo que les tocaba. Debes aprender a
dejarlas ir. Para que las nuevas bendiciones que te
proyectarán en las nuevas etapas puedan llegar.

2. Cruzar el río.
Implica: mojarse, luchar contra la corriente, lidiar con la
profundidad. Hasta llegar a la otra orilla.

3. Pelear con lo que tengas que pelear.


Necesitas enfrentar los obstáculos, no importa el tamaño con
el que se te presente… tu párate firme y pelea porque hay
algo importante que quizá no recuerdes… y es que Dios dijo
que estaría contigo. Nunca te desamparará ni te dejará.

HOY (Domingo 03/11/2019.


Ahora, otra cosa importante, ya que sabemos que para conquistar
hay que avanzar, es que para la conquista se va armado.
Y en un ejército ¿Quiénes se arman? Los valientes. ¿Quiénes se
arman? Los que saben usar las armas.

Debemos armarnos espiritualmente.



Las armas con las que luchamos no son las de este mundo,
sino las poderosas armas de Dios, capaces de destruir
fortalezas  5  y de desbaratar argumentos y toda altivez que se
levanta contra el conocimiento de Dios, y de llevar cautivo todo
pensamiento a la obediencia a Cristo.  6  Estamos listos para
castigar toda desobediencia, una vez que la obediencia de
ustedes llegue a la perfección. 2 Corintios 10:4-6.
Armarnos de actitud. (Cambiarla).
El que ama la lengua comerá de sus frutos;
ella tiene poder sobre la vida y la muerte. Proverbios 18:21.


Y no adopten las costumbres de este mundo, sino
transfórmense por medio de la renovación de su mente, para
que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno,
agradable y perfecto. Romanos 12:2.

(COMPARACIÓN DE MOISÉS EN EL DESIERTO CON LA


NUBE Y LA COLUMNA DE FUEGO Y DE JOSUÉ A QUIEN
LE TOCABA SACAR A ISREAEL DEL DESIERTO SOLO
CONFIANDO EN QUE DIOS ESTABA CON ÉL).

Es común que el hijo de Dios pase por diversos tiempos de temor


y angustia. Pero no es la voluntad de Dios que esto ocurra con
demasiada frecuencia. Me atrevería a decir que no es su voluntad
que ocurra (¿..?). Pero como Él sabe que nos enfrentaremos a esos
“gigantes”, nos prepara para que les hagamos frente, dándonos
valor y ejercitándonos contra el desánimo  y la profunda
depresión.
Es una verdad bíblica que “el temor pone lazo” (Pr 29,25).
Nos sentimos atrapados en el pantano de la angustia, perdemos la
confianza en las promesas de Dios y nos inclinamos a oír otras
voces, antes que oír la voz del Señor. Sería irreal pensar que las
enfermedades, los problemas económicos, los desastres naturales,
los sueños frustrados, las relaciones rotas (los amores que se van
y no vuelven), todo eso, no causan dolor y generan desaliento y
temor. ¿Qué hacer? ¿Cómo salir más fortalecido de las crisis?

La palabra de Dios nos ofrece una solución para ello y nos da


esperanza, nos muestra que no somos los únicos que sentimos
temor ante los nuevos retos. Los grandes hombres de Dios
también pasaron por tiempos así. Sea que estemos a las puertas de
una gran bendición y atemorizados -quizás- por el nuevo desafío
que supone alcanzar dicha bendición o, en medio de una seria
derrota, lidiando tal vez con las cosas más insignificantes que en
otro tiempo no nos causarían desaliento ni nos pondrían
melancólicos, Dios tiene una salida y nos provee aliento por
medio de su Palabra. Hay un ejemplo bíblico que nos ayudará a
poner las cosas en la perspectiva correcta, Josué estuvo en una
circunstancia que lo hizo sentir temor y desaliento antes de entrar
a una gran bendición. Se sentía derrotado antes de comenzar la
batalla.

Hoy quiero que estudiemos qué hizo Dios para cambiar su temor
en seguridad y qué podemos aprender para cuando enfrentemos
momentos similares.

DIOS LE DA TRES ÓRDENES A JOSUÉ PERO TAMBIÉN


TRES PROMESAS.
La primera orden: “Levántate y pasa el Jordán” (v. 2)
El reto era grande: Moisés había muerto. − ¿Y, ahora? “Te toca a
ti, Josué”—. La promesa anticipada consistía en que Dios ya les
había entregado la tierra. Desde mucho antes, Dios había
planeado darles una gran cantidad de tierra como posesión: “todo
lugar que pisare la planta del pie…”. Eso significaba que la meta
la ponían ellos, los límites los ponían ellos. ¿Adónde querían ir y
qué tierras querían poseer? Si miraban al sur tenían el desierto de
Arabia; si se dirigían al norte, tenían el imponente Líbano; si
cruzaban al este, encontrarían el  río Éufrates y si al occidente, el
Mar Mediterráneo.
Era una gran extensión de tierra; con una motivación adicional,
tomarían posesión de una nación superior a ellos en cultura y
tecnología, con avanzados y sofisticados métodos de guerra (los
hititas perfeccionaron el carro de combate y fueron de las
primeras civilizaciones en utilizar el hierro); indudablemente
Israel estaba en desventaja, con armas más rudimentarias para la
guerra y sin modo alguno de poder hacerse de las ciudades
amuralladas de sus enemigos, incluso, inferiores en estatura, sólo
podían confiar en Dios para vencer.
Los heteos (¿hititas?) llegaron a ser la tercera potencia del
Próximo Oriente (después de Babilonia y Egipto), a éstos, la
potencia de aquel entonces en Canaán, Dios entregaría en manos
de Israel; eran los gigantes y fuertes del momento, los poderosos.
La conquista era una gran motivación, no sólo por el territorio que
Dios daría a su pueblo, sino por el enemigo al que conquistarían.
Es como si hoy Dios nos diera el territorio de Estados Unidos en
posesión, no sólo codiciable por su extensión y riqueza, sino
desafiante por ser la primera potencia. En medio de tan
prometedoras posibilidades, hay, sin embargo, un hombre que
necesita ánimo, que se siente desmayar.
En la mente de Dios el triunfo estaba asegurado: Dios veía el plan
y la conquista, como realizados. No había forma de perder esa
guerra. Dios había prometido esto hacía mucho tiempo, a los
antepasados de ellos, con juramento −y se los repite ahora, como
confirmación del tiempo cumplido, porque ellos viven el
momento escatológico de esas promesas pasadas, v6−. Dios se
haría responsable de cumplir su promesa, pero se necesita la
cooperación del  hombre. Josué y su pueblo tienen la
responsabilidad de entrar y poseer, – ¡y había que hacerlo
pronto!–. La expresión: “levántate y pasa este Jordán” (v.2),
implican prisa, obediencia sin retraso. No puede haber dilación en
nuestra voluntad para hacer lo que Dios dice. Ellos no deberían
claudicar entre dos pensamientos. Al final de la vida de Josué
(cap24), todavía se alcanza a ver este dilema en el pueblo.

La segunda orden: “Toma posesión de la tierra” (v.2b).


No hay excusas. Hay una tarea que cumplir, es entrar y poseer.
Incluía desalojar y matar hasta el exterminio a todos los
enemigos. No debían tener piedad de ninguno. Debían extenderse
por todo el vasto territorio de Canaán y hacerlo suyo. El límite
era: “todo lugar que pisare la planta de vuestro pie…”. La
promesa para Josué era que “nadie le haría frente en todos sus
días” (v.5). Dios le promete que estará con él, le asegura su
presencia diariamente: no lo iba dejar ni a desamparar.
Como representante y jefe del pueblo, la promesa incluía no sólo
a Josué sino a todos. Las frases: “estaré contigo”, “no te dejaré”,
“ni te desampararé” son una misma promesa dicha en tres modos
diferentes, por repetición sinonímica (propio del idioma hebreo),
para asegurarle la certeza de su presencia. Debió de ser una
tranquilidad para Josué saber que Dios estaba comprometido con
su presencia diaria y constante, cada vez que lo necesitara y
donde lo necesitara, siempre estaría ahí.

La tercera orden: “Se valiente y medita en la Ley de Dios”


(v.6)
El término usado para esforzarse es jazaq, que implica una
combinación de fortaleza moral y física. Tres veces Dios le pide a
Josué que se esfuerce y sea valiente (v.6.7.9) y hasta la misma
gente le dice a Josué que se esfuerce y sea valiente (v.17.18). Con
todo esto en mente, lo más seguro es que Josué −el buen espía,
valiente y esforzado de otros años (cuando Moisés lo envió a
reconocer la tierra junto con Caleb), lleno de experiencia y
conocimiento, es ahora el hombre temeroso, miedoso y al que le
faltan las fuerzas−. Había crecido a la sombra del “poderoso”
Moisés, y remplazarlo, era otra cosa.
Pero Dios era el mismo. ¿Cuál temor había que temer? Ninguno.
Pero Josué lo tiene, es un ser humano, a veces fuerte, creyente,
confiado, valiente; otras veces, dubitativo, triste, y hasta derrotado
sin emprender aún la batalla. ¿Qué necesita?: la presencia de
Dios. Es eso lo que Dios le promete, después de la orden de
marcha. Vuelve y le reitera que tendrá su presencia a “donde
quiera que él vaya” (v.9).
No es la primera vez que Dios está pensando en Josué para
fortalecerlo, no es la primera vez que se lo dice, ya van tres veces
y hasta una más: si vemos Dt 3,28, Dios le pide a Moisés que
anime y fortalezca a Josué: “Da tus órdenes a Josué, dale ánimo
y valor, porque él pasará al frente de este pueblo: él le pondrá en
posesión de esa tierra que ves.”. Todos tenemos una imagen
fuerte de Josué, pero parece que Josué era un hombre al que había
que fortalecer continuamente, Dios siempre estaba pensando en
eso (ver también, Jos 8,1).
Sin embargo, Josué es el hombre de Dios para  la gran tarea de la
Conquista. Si el desánimo era una falla en Josué (no hay forma de
probarlo, salvo por estas repetidas ocasiones), por lo menos,
sabemos que fue un motivo para que él, el gran general del
ejército de Dios, no confiara en su propio poder, sino en el poder
de Dios y en su fuerza. Lo vemos, al final del libro, cuando ha
repartido toda la tierra, insistiendo en que si todo el pueblo quiere
ir en pos de otros dioses, él no, porque él y su casa servirán al
Señor (Jos 24,15).
Siempre confió en Dios a pesar de sus debilidades, y a Dios le
plugo usarlo, porque Dios se especializa en dar fuerzas al que no
tiene ningunas. De hecho, sus ojos andan buscando a quien
fortalecer. La Biblia de Jerusalén traduce en 2Cr 16,9, así:
“Porque los ojos de Yahvé recorren toda la tierra,
para fortalecer a los que tienen corazón entero para con él”. Aquí
aparece el mismo término  jazaq, que el hebreo utiliza para
referirse a Josué.  La verdad que nos queda de esto es que ¡Dios
se complace en buscar gente a quien fortalecer!
Sin embargo, esforzarse y ser valiente no es la única orden que
Dios le da a Josué. La orden que acompaña al esfuerzo y la
valentía, es meditar en la ley de Dios (v.7). ¡Como si el esfuerzo y
el valor moral y físico del hombre dependieran de ello! Y es así.
No hay  otro pan  que sostenga y nutra más nuestra vida que el
alimento de la palabra de Dios.  “No te apartes de ella ni a diestra
ni a siniestra”, es la orden de Dios (v.7).
El problema de Josué estaría en escuchar otras voces, o en seguir
sus propios pensamientos, y no la voz de Dios, esa sería su
derrota. La frase “Nunca se apartará de tu boca” (v.8), es
repetición de “No te apartes” (v.7).  También se repiten los
resultados de meditar y guardar la ley de Dios (vers. 7.9), siempre
son los mismos: traernos prosperidad, que todo salga bien, que
todo emprendimiento y toda empresa que comencemos sea
prosperada (si no a los ojos del mundo, sí a los ojos del Señor – ¡y
su concepto es el que importa!–). Si somos prosperados a la
manera de Dios, tendremos éxito. Josué pudo terminar en
prosperidad, porque prosperidad significa “terminar los días
bien”.

REFLEXIONES TEOLÓGICAS
¿A dónde iremos, que sea demasiado lejos de Dios? No existe tal
lugar. “Donde quiera que vayas…” (v.9), ése era el límite que
Dios ponía a Josué.  Si meditamos en su palabra y guardamos su
ley, podremos seguir cualquier camino y extender aún más
nuestro territorio. Tendremos la certeza de que poseeremos la
tierra que Él ya nos ha entregado; haremos las obras que de
antemano preparó para que anduviésemos en ellas (Ef 2,9-10). ¿Y
cómo sabremos cuál es el camino y cuál la tierra de promisión?
Solamente hay que hacer una cosa: meditar en lo que el Señor nos
dice, dejar que Dios clarifique nuestros pensamientos y deseos,
que sean filtrados por medio de su palabra.
Pero pensemos en algo más. El lugar que Dios tiene para darnos
incluye todo: desde el desierto y los lugares inhóspitos, los
caminos difíciles, la tierra árida y dolorosa (como el Desierto de
Arabia al sur), hasta los grandes caudales del río Éufrates al
oriente; o los cedros del Líbano al norte; y el descanso de las
playas del Mediterráneo al occidente, “el gran mar”, donde se
pone el sol (v.4).
El vasto territorio, los límites de la Tierra Prometida tienen de
todo, y quienes la habitan también, lo más sofisticado de sus
industrias, prosperidad material y poder; ¡pero cuidado!, también
hay idolatría, sacrificios de niños, prostitución sagrada, una serie
de antivalores contrarios a Israel; es la corriente del mundo, la
codicia, el aborto, el placer sexual y mucho más. Eso es Canaán,
la tierra que fluye leche y miel, “la tierra de montes y vegas”, que,
sin embargo, necesita ser regada por el rocío del cielo (Dt 11,11),
como cualquier otra.
Pasamos por todos los momentos y estadios de la vida hasta
encontrar el lugar que Dios tiene para nosotros, y aun allí,
tampoco estaremos satisfechos, si Dios no permanece con
nosotros, todos los días. Pasamos de estar inmóviles, perturbados
por la muerte de alguien (como Josué por Moisés, v.2), como
vagando sin rumbo, esperando la nueva orden de Dios, invadidos
por el dolor y la incertidumbre, “haciendo el duelo”. Repitiendo
las experiencias pasadas, como cruzando de nuevo un montón de
aguas, menos caudalosas que el Mar Rojo, pero igual, desafiantes,
como el impetuoso Jordán (v.2). Una prueba repetida, con un líder
distinto.
Extrapolemos. ¿Un nuevo reto?, ¿un nuevo trabajo?, ¿un nuevo
jefe?, ¿una nueva tentación?, ¿una enfermedad inesperada? Sí.
Pruebas que se repiten, tiempos que cambian, nuevos desafíos,
nuevas gentes; pero el mismo Dios que te sostiene, al que nunca
le falta una palabra de aliento y ánimo, que renueva sus
misericordias todos los días. Sí.  “Toda la tierra…”, allí donde
están tus enemigos (los heteos) y donde tienes tus luchas y
victorias, tus éxitos y tus fracasos.
Todos estos son estadios en nuestro peregrinar cotidiano; lugares
de posesión a los que no debemos renunciar, por difíciles que
sean ¿Lugares complicados? Sí. ¿Enemigos? También. ¿Tareas
fáciles? No. ¿Grandes responsabilidades? Sí. Pero nuestro Dios
está con nosotros SIEMPRE. Su promesa es que NADIE nos
podrá hacer frente en todos los días de nuestra vida (v.5). ¡Pero no
será gratis! Y esta es la parte más crucial del mensaje a Josué: “El
valor y la esperanza de victoria, dependerían de la obediencia
firme e inalterable a la ley de Dios” (lo mismo le dijo Dios a
Moisés, ver Dt 11,22-25).
La Ley de Dios debería estar en nuestra boca, no sólo cuando
predicamos, sino cuando la estamos leyendo inteligentemente: la
evocación al  Salmo Uno salta a la vista, inmediatamente. Porque
debe ser una lectura diaria, cuidadosa, esmerada, que incluya
obediencia a lo que Dios nos pide. Un continuo ajustarnos a los
lineamientos del Pacto. No es fácil, porque los caminos de Dios
tampoco son mediáticos.
Dios hace exigencias fuertes para nuestra carne: morir a nuestros
deseos puede resultar muy doloroso, pero debería ser la meta del
creyente. ¿Por qué nuestras derrotas y  temores? Preguntémonos
si acaso hemos fallado en guardar la ley de Dios. ¿Qué parte de
ella no estamos cumpliendo? A veces puede ser la pereza para
estudiar la Biblia, para meditar; otras veces nuestra dificultad para
obedecer. Quizás, fuertes tentaciones que nos derrotan y deprimen
constantemente. Necesitamos oír de nuevo a Dios: “Esfuérzate y
sé valiente; no temas ni desmayes”. 

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