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Campos de Concentracion

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos internó a aproximadamente 120,000 personas de origen japonés en campos de concentración, la mayoría de los cuales eran ciudadanos estadounidenses. Esta medida fue impulsada por la histeria anti-japonesa tras el ataque a Pearl Harbor y se llevó a cabo a pesar de la falta de evidencia de deslealtad entre los internados. La evacuación forzada y el internamiento se justificaron militarmente, pero fueron ampliamente criticados y considerados violaciones de derechos humanos.
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Campos de Concentracion

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos internó a aproximadamente 120,000 personas de origen japonés en campos de concentración, la mayoría de los cuales eran ciudadanos estadounidenses. Esta medida fue impulsada por la histeria anti-japonesa tras el ataque a Pearl Harbor y se llevó a cabo a pesar de la falta de evidencia de deslealtad entre los internados. La evacuación forzada y el internamiento se justificaron militarmente, pero fueron ampliamente criticados y considerados violaciones de derechos humanos.
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Campos de concentración para japoneses en Estados Unidos

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Para otros usos de este término, véase Campos de concentración en los Estados
Unidos.

Campo de Manzanar, California.


Los campos de concentración para japoneses en Estados Unidos alojaron a unas 120
000 personas, en su mayor parte de etnia japonesa, más de la mitad de las cuales
eran ciudadanos estadounidenses y japoneses provenientes de Latinoamérica,
principalmente de Brasil y Perú, quienes fueron deportados bajo presión del
gobierno estadounidense, en establecimientos diseñados a ese efecto en el interior
del país, durante 1942 y 1948.

El objetivo fue trasladarlos desde su residencia habitual, mayoritariamente en la


costa oeste, a instalaciones construidas bajo medidas extremas de seguridad. Los
campos estaban cerrados con alambradas de espino, vigilados por guardias armados, y
ubicados en parajes alejados de cualquier centro poblacional. Los intentos de
abandono del campo en ocasiones resultaron en el abatimiento de los reclusos.

También hubo internamientos en campos de concentración estadounidenses para


ciudadanos de origen alemán e italiano, debido a que estos dos países también
declararon la guerra a Estados Unidos, pero el número de ciudadanos afectados fue
mínimo en comparación con los de origen japonés.

Índice
1 Orígenes
2 Establecimiento de los campos
3 Disolución
4 Posguerra
5 Cooperación de Latinoamérica
6 Debate terminológico
7 Referencias
8 Véase también
9 Enlaces externos
Orígenes

Campos de internamiento y otras instituciones de la War Relocation Authority en el


oeste de Estados Unidos.
La medida fue tomada como reacción al ataque a Pearl Harbor durante la Segunda
Guerra Mundial, donde Estados Unidos se incorporó tardíamente a los Aliados que
luchaban contra las Fuerzas del Eje, pero fueron mayoritariamente las personas de
etnia japonesa que vivían en la costa del Pacífico las que fueron sometidas a este
internamiento.

El Teniente General John L. DeWitt, comandante de la Defensa Oeste de los Estados


Unidos, fue el encargado de internar a los japoneses étnicos. Aunque DeWitt comandó
en la evacuación forzosa, inicialmente expresó su molestia por esta orden a un
superior, alegando que:
Un ciudadano estadounidense es, después de todo, un ciudadano estadounidense.
De Witt también aseguró que sí era posible diferenciar a los extranjeros leales a
los Estados Unidos de los no leales.

El Secretario de Guerra Henry Stimson estuvo de acuerdo con DeWitt, pero la


histeria contra los ciudadanos de origen japonés pronto alcanzó los niveles
militares y gubernamentales.

El 10 de diciembre de 1941, se esparció el rumor de que 20 000 Nisei estaban


preparándose para iniciar un levantamiento armado en San Francisco. Nisei ("segunda
generación", en japonés) es el nombre que los estadounidenses daban a todos los
japoneses étnicos que vivían en América, aunque originalmente englobaba solamente a
la primera generación de japoneses nacidos en el país. DeWitt pensaba arrestar de
inmediato a todos los japoneses étnicos, pero el jefe local del FBI logró
convencerlo de que la información era falsa.

Algunas organizaciones estadounidenses clamaron por el encarcelamiento de todos los


Nisei, entre las que destacan la Legión Estadounidense y los Hijos Nativos del
Dorado Oeste. El Secretario de la Armada Frank Knox añadió más pólvora a la
histeria anti-nipona al declarar que se había llevado a cabo una efectiva labor de
quinta columna en Hawái, y al recomendar la evacuación de todas las personas con
sangre japonesa de Oahu. No obstante, la declaración de Knox fue desmentida,
confidencialmente, por personas cercanas al Presidente Roosevelt.

El Congresista Leland Ford escribió a mediados de enero una carta recomendando que
todos los japoneses "sean colocados en campos de concentración en el interior",
asegurando que los japoneses étnicos naturalizados que realmente quisieron
demostrar su patriotismo deberían estar dispuestos a aceptar este sacrificio. El
Gobernador de Oregón Charles A. Sprague demandó más protección contra actividades
extranjeras, haciendo énfasis en los japoneses residentes en la costa. Por su
parte, el Alcalde de Seattle, Earl Millikin, aseguró que aunque la gran mayoría de
los japoneses étnicos no eran una amenaza, otros eran capaces de "quemar el pueblo"
y facilitar un ataque aéreo japonés. El Gobernador de California, Culbert Olson,
también participó en la histeria asegurando que algunos residentes japoneses
estaban comunicándose con el enemigo o se estaban preparando para formar una quinta
columna.

A inicios de febrero, Los Angeles Times participó en incrementar la histeria contra


los japoneses:

Una víbora es una víbora, sin importar donde se abra el huevo. De la misma manera,
un japonés-estadounidense, nacido de padres japoneses, se convierte en un japonés,
no en un estadounidense.
Luego DeWitt ordenó que se realizasen registros en las casas de japoneses étnicos,
con el objetivo de incautar cámaras y armas "subversivas". Cuando el Fiscal General
Francis Biddle alegó que era necesario presentar una posible causa de arresto,
DeWitt aseguró que ser descendiente de japonés era una. No obstante, después de
realizar varias búsquedas sin órdenes de registro, incluso en casas de ciudadanos
estadounidenses, el FBI reportó que no se encontraron armas que pudiesen ser
utilizadas para ayudar al enemigo, ni cámaras que estuviesen siendo usadas en
labores de espionaje.

El 25 de enero de 1942, Biddle fue convencido por Stimson, que a su vez fue
convencido por DeWitt, de establecer zonas prohibidas para los extranjeros de
países enemigos, y zonas restringidas, donde los extranjeros podrían estar pero
bajo vigilancia. Posteriormente, Biddle explicó que había aceptado porque creía que
solamente los extranjeros se verían afectados, no los extranjeros naturalizados o
los ciudadanos descendientes de extranjeros.

El 9 de febrero, DeWitt solicitó a Biddle incluir a Portland, Seattle y Tacoma en


la lista de zonas prohibidas, lo que significaba la evacuación de miles de
personas. Biddle se negó, alegando que no había recibido una justificación para
acceder. Sin embargo, Biddle agregó que si esta evacuación era una "necesidad
militar", la decisión debía ser tomada por el Departamento de Guerra, no por el
Departamento de Justicia.

Casi de inmediato, el Presidente Franklin D. Roosevelt fue presionado por Stimson


para que accediese al plan de DeWitt. Luego, una delegación del Congreso envió una
resolución a Roosevelt solicitando la evacuación inmediata de los japoneses
étnicos, sin distinguir entre extranjeros o ciudadanos.

El 14 de febrero, DeWitt recomendó formalmente la "evacuación de japoneses y otras


personas subversivas de la costa del Pacífico. DeWitt aseguró:

El hecho de que no haya ocurrido algún sabotaje hasta la fecha es una indicación
perturbante de que dicha acción ocurrirá.
El 17 de febrero, Biddle insistió ante el Presidente de que no tomase esta medida
por última vez, argumentando que no había evidencia de un ataque inminente y que el
FBI no tenía evidencias de algún posible sabotaje. El Director del FBI, J. Edgar
Hoover, también le recomendó a Roosevelt que no evacuase a los japoneses, pero fue
en vano.

El 19 de febrero, Roosevelt firmó la orden ejecutiva Nº 9066, autorizando al


Departamento de Guerra para que delimitase áreas militares donde la permanencia de
las personas sería decidida por el Secretario de Guerra Henry Stimson. Este último
le aclaró a DeWitt que los descendientes de italianos no deberían ser molestados, y
que solamente algunos refugiados alemanes debían recibir ser considerados.

Una apelación presentada por organismos de defensa de los derechos humanos intentó
impugnar el derecho del gobierno a encerrar personas por razones étnicas, pero la
Suprema Corte de los Estados Unidos rechazó la petición.

El 23 de febrero, un submarino japonés, I-17, disparó contra un almacén de


combustible en Santa Bárbara, incendiando unos barriles sin provocar bajas. Al día
siguiente, unidades del Ejército estadounidense en Los Ángeles se vieron afectadas
por la histeria y dispararon sus armas anti-aéreas al cielo. El ruido sobresaltó a
algunas unidades de artillería que también dispararon sus cañones, unas 1430
cargas. Aunque posteriormente ese episodio fue llamado burlonamente la Batalla de
Los Ángeles, en esos días sólo contribuyó a incrementar la histeria de la
población.

El 2 de marzo, DeWitt estableció el Área de Exclusión Militar 1, que ocupaba el


oeste de Washington, Oregón, California y la mitad sur de Arizona. El Área de
Exclusión militar 2 ocupaba el resto de los estados mencionados. DeWitt no pudo
iniciar de inmediato la evacuación porque se percató que no era considerado un
crimen que un civil se negase a cumplir una orden militar. Stimson solucionó el
problema creando una ley que condenaba a todo civil que desobedeciera a un militar
en un área militar a un año de prisión y a una multa de 5000 dólares. El 9 de
marzo, la ley fue presentada ante el Congreso, solamente un senador republicano se
opuso, y nadie votó en contra de la ley. El 21 de marzo la ley fue firmada por
Roosevelt y DeWitt finalmente obtuvo la luz verde para iniciar la evacuación
forzosa de los Nisei.

El 31 de marzo de 1942 la Zona 1 se declaró fuera de límites para cualquier persona


de ascendencia japonesa. De inmediato se ordenó que aquellos japoneses o
descendientes de japoneses residentes que se preparasen para partir, sin
especificarse su destino final y limitándose su equipaje a un bolso de mano. Aunque
7 de cada 10 étnicos japoneses afectados por la medida habían nacido en los Estados
Unidos, la orden no hacía distinción sobre nativos o extranjeros.

Incluido en la remoción forzada estaba Alaska, que, como Hawái, era un territorio
incorporado de los Estados Unidos ubicado en el extremo noroeste de los Estados
Unidos continentales. A diferencia del resto de la costa oeste, Alaska no estaba
sujeta a ninguna zona de exclusión debido a su pequeña población japonesa. Sin
embargo, el Comando de Defensa Occidental anunció en abril de 1942 que todos los
japoneses y estadounidenses de ascendencia japonesa debían abandonar el territorio
para internarse en los campos de internamiento. A finales de mes, más de 200
residentes japoneses, independientemente de su ciudadanía, fueron exiliados de
Alaska, la mayoría de ellos terminó en el Minidoka War Relocation Center en Sur de
Idaho

Establecimiento de los campos


WRA Relocation Centers1
Nombre Estado Abierto en Máx. Pob.
Manzanar California Marzo de 1942 10.046
Tule Lake California Mayo de 1942 18.789
Poston Arizona Mayo de 1942 17.814
Gila River Arizona Julio de 1942 13.348
Granada Colorado Agosto de 1942 7.318
Heart Mountain Wyoming Agosto de 1942 10.767
Minidoka Idaho Agosto de 1942 9.397
Topaz Utah Septiembre de 1942 8.130
Rohwer Arkansas Septiembre de 1942 8.475
Jerome Arkansas Octubre de 1942 8.497
Inicialmente se pensó en obligar a los japoneses étnicos a vivir en áreas
seleccionadas en el interior del país, pero los pobladores de estas áreas
protestaron contra la medida y se decidió internar a los prisioneros en campos
especialmente creados para este fin.

Entonces, los japoneses étnicos, unos ciento diez mil, fueron obligados a vender
sus viviendas y negocios en ocho días, aunque en algunas partes este tiempo se
rebajó a cuatro días o se elevó a dos semanas. Al enterarse de esta medida,
aparecieron compradores hostiles, que compraron las posesiones japonesas a precios
muy bajos. En aquellos días, los japoneses étnicos poseían un 0,02% de la tierra
cultivable de la Costa Oeste, pero el valor de sus tierras, en promedio, era siete
veces superior al del promedio regional. Cuando a un afectado por la medida se le
negaron unos días adicionales para recolectar su cosecha, la destruyó.
Inmediatamente fue arrestado acusado de sabotaje, este fue el mayor caso de
sabotaje japonés reportado en Estados Unidos durante la guerra.

Muchos japoneses colocaron sus posesiones en almacenes, esperando reclamarlas


después de la guerra, pero mientras tanto fueron vandalizadas y robadas. Algunos
las arrendaron, pero los ocupantes luego se rehusaron a pagar el alquiler. Algunos
dueños de plantaciones descubrieron después de la guerra que sus trabajadores
habían vendido los terrenos a terceros. Muchos que decidieron no vender sus
propiedades, descubrieron después de la guerra que sus casas habían sido invadidas
o que el Estado las había expropiado por no haber pagado impuestos.

Una vez finalizado el tiempo para la preparación, los japoneses étnicos fueron
llevados a centros de reunión en trenes o autobuses, vigilados por guardias
armados. En la mayoría de los casos, estos centros eran hipódromos, y los evacuados
tenían que dormir en los establos.

Al final de mayo de 1942, los evacuados fueron instalados en campos rodeados por
alambrado de púas. Dichos campos fueron llamados "centros de reubicación", pero las
condiciones de vida allí eran ligeramente mejores que las de los campos de
concentración.

En los campos, a cada familia se le entregaron placas con un número grabado para
cada miembro, que fueron utilizadas para identificarse.

Un campo de internamiento fue el de Crystal City en Texas, donde se albergó entre


otros a japoneses, japoneses-latinos y alemanes. En dicho campo los internados
recibieron un trato agradable por parte de las autoridades estadounidenses. Por
otro lado el campo de Tule Lake estuvo bajo un régimen más severo; se reservó para
los descendientes de japoneses y sus familias que eran sospechosos de espionaje,
traición o deslealtad, así como para líderes comunitarios, como sacerdotes o
maestros. Otra familias fueron llevadas a Tula Lake al solicitar ser repatriadas a
Japón. En este campo hubo algunas manifestaciones pro-japonesas en el transcurso de
la guerra.

La frase shikata ga nai (que podría traducirse por «no puede hacerse nada al
respecto») fue comúnmente usada para resumir la resignación de las familias
internadas en su desamparo frente a las condiciones del internamiento, según dicen
Jeanne Wakatsuki Houston y James D. Houston en el libro de memorias Farewell to
Manzanar (1972).2

Disolución
A inicios de 1943, DeWitt ya no contaba con credibilidad en el Departamento de
Guerra, y fue relevado del mando en el Comando Oeste. En su reporte final, DeWitt
aseguró que la evacuación forzosa de los japoneses hacia campos había sido
necesaria, ya que aseguró haber recibido cientos de reportes sobre apariciones de
luces en la costa y transmisiones de radio de origen desconocido. Hoover se mofó de
la División de Inteligencia Militar de DeWitt, ya que mostraba "histeria y falta de
juicio".

No fue hasta la primavera de 1944 que el Departamento de Guerra recomendó la


disolución de los campos al Presidente Roosevelt. Sin embargo, debido a que ese año
Roosevelt buscaba la reelección, la decisión fue aplazada.

De esta manera, en la primera reunión de gabinete después de la reelección de


Roosevelt, se decidió soltar a todos los evacuados que habían demostrado ser
leales. Pero esta decisión tardó un año en llevarse a cabo completamente.

A la salida, los evacuados recibieron un boleto de tren y 25 dólares.

Posguerra
El gobierno estadounidense ofrecería compensaciones a las víctimas a partir de
1951, pero se disculparía sólo en 1988, afirmando que la concentración de
prisioneros se debió a "los prejuicios raciales, la histeria bélica y la
deficiencia del liderazgo político". El Presidente Ronald Reagan firmó además un
acta, donde ofrecía 20 mil dólares a las víctimas sobrevivientes, la cual sería
pagada hasta 1991.

Durante la guerra, muchos estadounidenses descendientes de japoneses perdieron


todas sus posesiones ya que sus ahorros fueron confiscados por el gobierno al ser
considerados "propiedad enemiga". Se estima que se perdieron unos 400 millones de
dólares de esta manera, pero después de la guerra, el gobierno solamente devolvió
40 millones de dólares. Sin embargo, estas devoluciones ocurrieron muchos años
después del ataque a Pearl Habor. En el caso de los clientes del Yokohama Specie
Bank, banco estadounidense de origen nipón, los depositantes no recibieron sus
ahorros sino hasta 1969, cuando la Corte Suprema falló a su favor, especificando
que la devolución debía realizarse sin intereses y al cambio pre-guerra.

Una de las unidades más condecoradas durante la guerra fue el 442º Equipo de
Regimiento de Combate, integrado por japoneses-estadounidenses. En total recibió
siete Citaciones Presidenciales de la Unidad, una Medalla de Honor, 47 Cruces por
Servicio Distinguido, 350 Estrellas de Plata, 850 Estrellas de Bronce y más de 3600
Corazones Púrpura. Sin embargo, en algunos casos, la familia de un soldado podía
encontrarse en los campos.

Cooperación de Latinoamérica
Estados Unidos concertó acuerdos con casi todos los países de Latinoamérica (salvo
con Argentina, Paraguay y Chile), para que estos aplicaran sus propios programas de
internamiento o enviaran a sus ciudadanos de origen japonés a los campos de Estados
Unidos y Panamá. Algunas de estas personas tan sólo eran descendientes de japoneses
y nunca habían estado en Japón. Los acuerdos afectaron a 2264 personas del Perú
(1800) que representaban el 10% de su población japonesa en territorio peruano.
También en menor número fueron enviados japoneses de países como Bolivia, Colombia,
Costa Rica, la República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití,
Honduras, México [cita requerida], Puerto Rico, Nicaragua, Panamá y Venezuela.
Fueron trasladados inicialmente a los campos de concentración de EE.UU. y Panamá, y
de allí unos 860 fueron enviados a Japón como parte de un intercambio. Al finalizar
la guerra, 900 fueron deportados al Japón, 360 fueron objeto de órdenes
condicionales de deportación, 300 permanecieron en los Estados Unidos y 200
regresaron a países de América Latina. Sólo unos 79 del total de 1800 ciudadanos,
recibieron autorización para regresar al Perú. Pese a las presiones de Estados
Unidos, el gobierno paraguayo del General Morinigo no tomó ninguna medida contra
ciudadanos japoneses en su territorio; aun cuando varios japoneses residentes en
Paraguay o sus descendientes partieron a unirse al ejército Imperial Japonés.
Fuentes http://www.thc.state.tx.us/preserve/projects-and-programs/military-
history/texas-world-war-ii/world-war-ii-japanese-american-2#sthash.rsZDHEAe.dpuf

Debate terminológico
La designación exacta de los campos es objeto de discusión entre las fuentes y los
historiadores; las referencias oficiales los designan como "campos de
internamiento". Los defensores de la medida prefieren el nombre de campos de
reubicación; otros hablan de ellos como campos de detención o de concentración.

Los defensores del término campos de reubicación argumentan que ese era el nombre
oficial; que los campos no eran prisiones; y que casi un cuarto de los residentes
llegaron a recibir permiso para instalarse fuera de los campos, si bien se les
prohibió el acceso al área de exclusión en la costa oeste de los Estados Unidos
salvo que les avalara excepcionalmente una familia responsable no-japonesa, o una
agencia gubernamental.

Los críticos con la denominación oficial aducen que se trata de un eufemismo que no
describe adecuadamente la naturaleza real de esos campos: perímetros vallados,
vigilancia por guardias armados y ubicación aislada, fuera del área poblacional. Se
han documentado casos en que los guardias dispararon a internos que intentaban
cruzar las vallas. Las condiciones se corresponden con lo que se entiende
generalmente como campo de concentración, aunque las condiciones no fueran
exactamente iguales a las de los Konzentrationslager de la Alemania nazi o los
campos de concentración británicos en África del Sur durante la Segunda Guerra
Bóer.

La Comisión sobre Confinamiento y Reubicación de Civiles durante la Guerra creada


por el Congreso de los Estados Unidos explicó en un informe de 1983 acerca de la
denegación de justicia su decisión de llamarlos campos de reubicación con estas
palabras:3
La Comisión ha mantenido por lo general los términos y frases tal y como fueron
entonces empleados, en un esfuerzo por reflejar adecuadamente el contexto de la
época y evitar la confusión y controversia que una nueva terminología podría
provocar. Dejamos al lector que decida por sí mismo hasta qué punto la retórica de
la época confirma la observación de George Orwell: En nuestra época, el discurso
político consiste por lo general en la defensa de lo indefendible... Así el
lenguaje político está repleto de eufemismos, peticiones de principios y oscura
vaguedad.
La mayoría de los historiadores actuales utilizan la expresión campos de
internamiento por considerarla relativamente neutral.

Referencias
Confinement and Ethnicity: An Overview of World War II Japanese American
Relocation Sites, Jeffery F. Burton, Mary M. Farrell, Florence B. Lord, and Richard
W. Lord, Chapter 3, NPS, accessed 31 Aug 2006.
Houston, Jeanne Wakatsuki (1973, 1983). Farewell To Manzanar: A True Story of
Japanese American Experience During and After the World War II Internment. Laurel
Leaf. ISBN 0-553-27258-6.
The Commission has largely left the words and phrases as they were, however, in an
effort to mirror accurately the history of the time and to avoid the confusion and
controversy a new terminology might provoke. We leave it to the reader to decide
for himself how far the language of the period confirms an observation of George
Orwell: "In our time, political speech and writing are largely the defense of the
indefensible... Thus political language has to consist largely of euphemism,
question-begging and sheer cloudy vagueness".
Mukai, Gary. Teaching about Japanese-American Internment. Bloomington: ERIC
Clearinghouse for Social Studies, 2000.
Documento presentado en 1998 a la ONU sobre Detención arbitraria de
latinoamericanos de ascendencia japonesa
Alemanes latinoamericanos en campos de prisioneros en E.E.U.U
Toland, John (2003). The Rising Sun. Modern Library. pp. 145. 0-8129-6858-1.
Behind Barbed Wire. The New York Times. Publicado el 11/09/1988. Consultado el
03/09/2008.
Véase también
Manzanar
Institución Correccional Federal, Seagoville
Prisioneros de guerra japoneses en la Unión Soviética
Segunda Guerra Mundial
Enlaces externos
Fotografía de americanos de origen japonés siendo enviados a un campo de
internamiento

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