30102-Texto Del Artículo-104563-2-10-20201221
30102-Texto Del Artículo-104563-2-10-20201221
Resumen
Desde sus orígenes, los procesos de distinción y de segregación socio-espacial han acompañado las
transformaciones territoriales de Mar del Plata en su consolidación como ciudad balnearia. El cambio de
un turismo de clase por uno de masas fue lo que impulsó la necesidad de los sectores acomodados, que
solían veranear en los “años dorados” de la ciudad, de abandonar los balnearios donde solían pasar el
periodo estival por otros, cada vez más alejados del centro marplatense, en busca de preservar y
mantener la distinción y exclusividad alejándose de aquellos nuevos turistas pertenecientes a sectores
populares que comenzaron a frecuentar la ciudad.
A través de un recorrido histórico por los orígenes de Mar del Plata, este artículo se propone indagar en
cómo la actividad turística se ha convertido en una excusa y en el elemento motor de los procesos de
urbanización y privatización del espacio costero, impulsando la creciente segregación socio-espacial a
partir de la búsqueda de distinción social de los antiguos veraneantes de la ciudad.
Abstract
From its origins, the processes of distinction and of socio-spatial segregation have accompanied the
territorial transformations of Mar del Plata in its consolidation as a seaside resort. The change from class
tourism to mass tourism was what prompted the need for wealthy sectors, who used to spend the
summer in the city's "golden years", to abandon the spas where they used to spend the summer period
for others, each time further away from the center of Mar del Plata, in search of preserving and
maintaining distinction and exclusivity by staying away from those new tourists belonging to popular
sectors that began to frequent the city.
Through a historical journey through the origins of Mar del Plata, this article aims to investigate how
tourist activity has become an excuse and the driving force behind the urbanization and privatization
processes of the coastal area, promoting growing segregation socio-spatial from the search for social
distinction of the old vacationers of the city.
1
Licenciada en Sociología de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Integrante del Grupo de Estudios Sociourbanos (GESU)
perteneciente al Centro de Estudios Sociales Políticos (FH, UNMDP), Funes 3350 (7600), Mar del Plata, Argentina. E-mail:
[email protected]
Introducción
La ciudad se destaca no solo por ser uno de los principales puertos pesqueros del país, sino
también, porque cuenta con una desarrollada industria textil, actividad minera –relacionada
con las canteras de cuarcita, también conocida como “piedra Mar del Plata”3-, un importante
cordón frutihortícola y un considerable sector industrial representado en las empresas
ubicadas en el Parque Industrial General Savio, vinculadas a la alimentación, insumos
médicos, metalurgia, plásticos, construcción y otros rubros de la industria. Sin embargo, una
de las actividades que lidera la economía de la ciudad es el sector de servicios vinculados a
la actividad turística.
A lo largo de su historia como ciudad balnearia, Mar del Plata ha experimentado diversas
transformaciones socio-territoriales y la formación de construcciones urbanas en sus playas
producto de la necesidad de atraer y retener a la clase alta que solía veranear en la ciudad a
principios del siglo XX para diferenciarla de los sectores de masas que luego de la extensión
del ferrocarril comenzaron a pasar aquí el periodo estival, haciendo de Mar del Plata una
ciudad balnearia más popular. Lo cierto es que ese público elitista que se buscó, y que aún
se busca atraer, hace tiempo que se ha redireccionado hacia otros destinos de veraneo
como Pinamar, Cariló, o incluso, playas fuera del país como las de Punta del Este o Brasil.
No obstante, durante los dos meses y medio que dura la temporada alta de verano, la
ciudad se prepara para recibir un caudal de miles y miles de visitantes, intentando ofrecerles
la mayor cantidad de servicios posibles. Esto mismo ocurre con los balnearios, los cuales
cada vez buscan ser más exclusivos, lo que no sólo se refleja en los diversos servicios que
ofrecen, sino también en las tarifas que manejan, fomentando así los procesos de
segregación y distinción socio-espacial. Castells (1974) y Duhau (2003), explican que se
entenderá por segregación urbana a la tendencia a la organización del espacio en zonas de
fuerte homogeneidad social interna y de fuerte disparidad social entre ellas, concibiéndose
esta disparidad no sólo en términos de diferencia, sino de jerarquía. Por lo tanto, podemos
hablar de segregación cuando existe una intención de discriminación hacia un grupo social
que se agrega a una situación de fuertes separaciones sociales en el espacio (Brun, 1994).
Cuando una ciudad o un espacio se encuentran segregados es porque se forma por partes y
no fragmentos, que mantienen interrelaciones de complementariedad y de oposición que
diferencian socialmente el espacio, generando un tipo de segregación socio-espacial
(Caprón, 2006).
Es menester decir que el modo en que sujetos se apropian de los diversos espacios
dependerá de la toma de posiciones que hacen dentro del espacio social, las cuales se
definen por un sistema de desviaciones diferenciales. Este sistema se constituye de las
prácticas, los bienes y las costumbres de los agentes, las cuales se diferencian, y a la vez
son diferenciantes, llevando a cabo distinciones sociales. Es decir, en las sociedades locales
encontramos individuos o grupos sociales con poderes diferenciados que dependen de su
ubicación dentro del sistema local de relaciones. Los diversos actores no sólo se estructuran
-probablemente, diría Bourdieu- en clases con poderes diferenciados, sino que también, se
apropian del territorio, otorgándole significado de maneras particulares, constituyendo
2
Datos recuperados de: https://www.mardelplata.gob.ar/MardelPlata
3
Esta piedra se comercializa para usos ornamentales, bloques para escollerado, etc.
Para ello, se llevó a cabo el análisis de datos específicos tales como documentos, registros,
fotografías, mapas, diagramas de redes sociales y otras fuentes relevantes para el estudio
de la consolidación de Mar del Plata como ciudad turística de veraneo y los procesos
involucrados en su desarrollo.
Los primeros registros que existieron sobre Mar del Plata fueron los redactados el 20 de
Abril de 1582 por Juan de Garay para informarle al Rey de España respecto a las nuevas
tierras descubiertas en las campañas que buscaban acabar con los pueblos originarios que
las habitaban. Garay describe este territorio como “…una galana costa y va corriendo una
loma llana de campiña sobre el mar”4. Sin embargo, no fue hasta más de ciento cincuenta
años que se estableció la primera población blanca en la región, un grupo de jesuitas
quienes construyeron una comunidad que se llamó Misión de la Virgen del Pilar, ubicada
entre la sierras de Vulcán y a la vera de la hoy Laguna de los Padres. Los enfrentamientos
con los grupos originarios de las zonas hicieron que estas Misiones dejen de existir. Incluso,
las expediciones militares, que tuvieron lugar entre 1825 y 1826 durante la guerra con el
Brasil, son solo la antesala de lo que fue la constitución de Mar del Plata como principal
ciudad turística y balnearia del país (Sebreli, 1970).
Es entonces cuando inicia la era de Patricio Peralta Ramos, un comerciante cuya fortuna fue
creada a partir de sus servicios para con el Estado Argentino, quien compró treinta y dos
leguas cuadradas de tierras -Laguna de los Padres, San Julián de Vivoratá y La Armonía- lo
que produjo que se convierta en uno de los más importantes terratenientes de la Provincia
de Buenos Aires. Según la fecha del traslado de dominio, fue un 26 de septiembre de 1860.
4
Gascón, Julio César (1942), Orígenes históricos de Mar del Plata, La Plata, Taller de Impresiones Oficiales, p.13.
Ese día, compró un saladero en una despoblada zona de la Provincia, conocida en aquel
tiempo como Cabo Corrientes. Peralta Ramos adquirió un total de 136.425 hectáreas, las
cuales loteo en pequeñas chacras para venderlas o arrendarlas5 (Sebreli, 1970).
Con la llegada del Ferrocarril Sud en 1886, la ciudad de Mar del Plata abriría un nuevo
capítulo en su vida. No sólo se extendería geográficamente sino que también obtendría una
gran relevancia económica. Comenzaría por esos años lo que se conoció como “la Época
Dorada” de Mar del Plata, en un contexto de cambio de un tipo de economía de producción
a una economía de consumo, limitado exclusivamente a la alta burguesía. El auge de la
ciudad surge cuando las clases pertenecientes a la elite porteña comenzaron a buscar a
donde escapar del fuerte calor de verano. El problema era que los lugares de las largas
estadías se encontraban muy alejados de la capital puesto que la oligarquía argentina las
prolongaba en las principales estaciones balnearias de moda en Europa -Biarritz, Deauville,
Trouville, entre otros-. Por este entonces, el ventoso litoral atlántico con sus aguas limpias
constituía un espacio con cientos de kilómetros de tierras vírgenes, marginales y poco
funcionales a la economía argentina, como es el caso de Mar del Plata
Este «Biarritz Argentino» intenta conciliar sus objetivos contradictorios haciéndolos uno solo:
organizar un espacio de privilegio para la oligarquía nacional y recibir a clases sociales
desfavorecidas para ponerlas al servicio de aquella. La actividad turística se convierte así en
una excusa y en el elemento motor de la segregación socio-espacial. En efecto, a
semejanza de las grandes estaciones balnearias de Europa, el rápido desarrollo de este
5
La actual empresa Playas del Faro SAI administra buena parte de los más valiosos lotes que conservaron los descendientes
de Peralta Ramos desde aquellos años hasta la actualidad. Vendieron mucho, pero entre otros terrenos, conservaron toda la
costa Sur de la ciudad (desde Punta Canteras hasta los Acantilados, alrededor de unos 6 mil metros de costa).
El lujo, el gasto y el culto al ocio fue lo que más caracterizó este periodo que tenía como
protagonista a la burguesía veraneante.
Cuando las principales familias patricias comenzaron a llegar a la ciudad, Pedro Luro utilizó
sus recursos para hacer del ocio un negocio. Levantó una manzana de edificios y abrió un
gran hotel, La Casa Amueblada, que luego sería manejado por Félix Menvielle quién fue el
primero en construir el primer balneario en la actual Playa Bristol. Luego, se creó el antiguo
balneario Estrella del Norte -actualmente conocido como La Perla- y la Playa de los Ingleses
de la mano de Juan Durrossier. Para el año 1888, en el que se inaugura el famoso Hotel
Bristol, comienza a edificarse la famosa rambla a partir de las numerosas casillas de madera
que se encontraban frente al mar y que se unieron con una plataforma de dicho material.
Cuatro balnearios fueron los que conformaron en lo que hoy en día se conoce como la Playa
Bristol: “La Sirena”, “Grand Hotel”, “El Argentino” y “El Negro Pescador”. Al poco tiempo de
creados estos balnearios comenzaron a instalarse numerosos comercios y cafés, haciendo
de la rampa un lugar de encuentro y sociabilización social. La costa se convirtió en un
conjunto de obras destinadas a garantizar los paseos, el circulamiento por la ciudad y el ocio
en pos de favorecer el turismo. En 1904, y con la incentiva de Ernesto Tornquist, se
inaugura el famoso Torreón del Monje y cuatro años más tarde, se inicia la explanada Norte
y Sur con una extensión de 4 mil metros hasta el Golf Club (Sebreli, 1970).
La antigua Rambla y los primeros balnearios a principios del siglo XX. Recuperado de: AGN, Archivo
Municipal Barili y "Mar del Plata, un sueño de los argentinos”.
Sin embargo, el aumento de caudal de turistas que llegaba a la ciudad se fue acrecentando,
generando una división social donde quedase diferenciado el estrato social al cual se
pertenecía. Lo que se pretendía era relacionarse con “gente como uno”, que pertenecieran
al mismo sector propio de la burguesía veraniega. Dentro de esta diferenciación social
también se encontraban los habitantes mismos de la ciudad, los cuales no disfrutaban del
goce y los placeres de ocio. Entre finales del siglo XIX y la segunda década del XX, la
población local se había multiplicado por cuatro debido a la enorme cantidad de mano de
obra que era requerida para hacer que el negociado turístico funcione. No vivían cerca del
mar -muchos de ellos optaban por las zonas de la vieja estación del ferrocarril y en los
alrededores de la Plaza Mitre- y casi no tenían contacto con los turistas, sobretodo, en
espacios donde estos últimos disfrutaban de sus vacaciones, como en la playa. Tal como
establece Juan José Sebreli, “…vivían lejos del mar en unas cuantas casuchas alrededor de
la Estación, las familias de los pescadores italianos que vivían en el Puerto, y los peones de
las estancias vecinas; ninguno de ellos se atrevía a bañarse en el mar junto con los
turistas…” (Sebreli, 1970, p. 62).
Este turismo característico de “la feliz” comenzó a presentar unos ligeros cambios cuando
los radicales ascienden al poder de la mano de Hipólito Yrigoyen. Con Teodoro Bronzini a la
cabeza del Municipio de General Pueyrredón, se puso el foco en que si se fomentaba el
turismo, se redundaría en una ampliación de las oportunidades laborales para aquellos que
habitaban la ciudad. Es así que se abarataron los costos de los pasajes de tren y se buscó
fomentar la creación de un segmento hotelero apuntado a aquellos sectores sociales menos
pudientes. De este modo, las clases medias se vieron alentadas a veranear en la ciudad, lo
que produjo que ocurra un éxodo de Playa Bristol a Playa Grande -hasta entonces no
Sofía Ariadna Gonzalez 219
Revista Vivienda y Ciudad - ISSN 2422-670X - Volumen 7 - Diciembre 2020
poblada- por parte de la clase oligárquica. Ya no se mantenían los vínculos cerrados pues
ya no se conocen todos con todos, ahora los rostros pasaban a ser desconocidos a los ojos
de los eternos veraneantes. Mar del Plata, entonces, pasaba a ser una ciudad más
impersonal, más poblada y menos exclusiva.
Otros hechos que llevó a apagar el brillo de la ciudad en su momento de apogeo y mayor
exclusividad fueron la Ley de 1927 de Yrigoyen que duró hasta 1930, en donde se prohibía
el juego, uno de los principales atractivos que tenía la ciudad debido al famoso Casino de
Mar del Plata, y el impulso de la obra pública que plasmaba la idea de lo que debía ser Mar
del Plata, una ciudad masiva. Solo así se podría explicar las dimensiones de las obras que
se inauguraron durante esa época (Sebreli, 1970).
Para los años 30, Mar del Plata estaba lejos de ser la ciudad que había sido en su “Época
Dorada”. Los niveles de exclusividad y de glamour poco a poco se fueron desmoronando a
medida que el público veraneante comenzó a cambiar. Esta situación se acentuó con la
construcción de la Ruta 2, que unía a Buenos Aires con Mar del Plata. A escala local, la
edificación de rutas secundarias a lo largo del litoral permitió conectar a la ciudad con
algunos balnearios vecinos -Miramar, Necochea, Quequén- y con centros urbanos del
interior de la provincia de Buenos Aires como Balcarce y Tandil. El contexto en el que se
encontraba la Argentina en ese momento implicaba una ruptura con los negociados ingleses
quienes exportaban sus ferrocarriles al país por una nueva alianza con el comercio
estadounidense quienes proporcionaban los autos que se importaban a la República. Esto
provocó que el viaje desde la capital hasta la ciudad sea más accesible para todos, dado
que el viaje en ferrocarril constituía un privilegio que solo la clase burguesa podía disfrutar
(Sebreli, 1970). El plan de obra vial de los gobiernos conservadores se enfocó en la
pavimentación de las rutas 2 y 8, lo que amplió el caudal de veraneantes que podían viajar a
la ciudad. Sin embargo, el verdadero cambio de dinámica turística que experimenta Mar del
Plata es con la llegada del gobierno peronista.
A fines de los años ’40, y con la llegada de Juan Domingo Perón a la presidencia, se
democratizaron las vacaciones y el aguinaldo, y se organizan los sindicatos creando
numerosos hoteles corporativos en los principales centros turísticos del país, especialmente
en Mar del Plata. En la dimensión política, el turismo constituyó un eje fundamental para el
peronismo, en una búsqueda por qué los argentinos amaran su tierra natal a la que
conocían demasiado poco. Con este discurso desde los poderes públicos y las dirigencias
sindicales alentaban a los trabajadores a enriquecer su cultura y conocer a otros
trabajadores a través de las vacaciones.
Tal como lo plantea Elisa Pastoriza, “El esparcimiento en los lugares de veraneo y el acceso
al tiempo libre de los trabajadores con los planes de vacaciones y excursiones populares,
constituyó una pieza fundamental en el programa del gobierno que accedió al poder en
1946.” (Pastoriza, 2018, p.118).
Además del tren, los turistas empezaron a viajar en automóvil y, luego, en ómnibus, lo que
generó el fomento de Mar del Plata como ciudad balnearia, que atraía a los veraneantes con
la gran oferta en hotelería y pensiones para todas las clases, incluso las menos pudientes.
Las modalidades empleadas por el peronismo para garantizar el hospedaje en las
vacaciones han sido tres: las Colonias de vacaciones y hoteles administrados por la FEP -
Organización de ayuda social creada por Eva Duarte de Perón-, los convenios/contratos con
gobiernos provinciales y hotelería privada destinada a albergar gratis a contingentes -
A nivel provincial se propiciaron paquetes de viajes baratos con boletos económicos con
acuerdos con las empresas de transporte, con descuentos, entre un 15 y 25%. Para Mar del
Plata, en 1950 comenzaron a correr los servicios de trenes rápidos de 4 horas y es creada la
tarifa ferroviaria turista, que además de contar con un precio promocional, incluía beneficios
para los consumidores. Entre 1948 y 1955, se originan una serie de planes que apuntaron a
los descansos estivales e invernales, posibilitando a unas 220.000 personas a viajar diez
días con los planes de Turismo provincial de verano para Mar del Plata, Necochea, Sierra de
la Ventana, Carhué y Tandil, y el de Turismo interprovincial de invierno, dirigido a las
provincias de Mendoza, Catamarca, San Luis, Santiago del Estero y Córdoba (Pastoriza,
2008).
Otra zona que adquirió gran relevancia es Chapadmalal, un centro vacacional construido
sobre las tierras que le fueron expropiadas a Martínez de Hoz al sur de la ciudad con una
capacidad hotelera para unas 4.700 trabajadores. El decreto (Nº 34.950/47) dispuso la
ejecución de hoteles, viviendas y casas de descanso, es decir, un conjunto de hoteles y
bungalows y servicios de uso común. Estos bungalows estaban destinados a personal
jerárquico de la administración pública y funcionarios del gobierno nacional. Por las
dimensiones y su estructura, la Colonia de Chapadmalal ideada e intervenida en primera
instancia por Juan Domingo Perón y el Ministro de Obra Pública, Juan Pistarini, y en
segunda instancia por la FEP, fue considerada como el segundo complejo vacacional en el
6
Sancionada el 24 de enero de 1945, cuando el por entonces secretario de Trabajo y Previsión, Juan Domingo Perón,
generalizó el derecho a gozar de vacaciones pagas a todos los trabajadores. Información Legislativa, en
servicios.infoleg.gob.ar, Recuperado de :
http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verVinculos.do;jsessionid=9A8788018BB35851B03EAD7EF97AEA05?modo=2&id
=295106
mundo luego del alemán PRORA erigido sobre el mar Báltico durante la entreguerra
(Pastoriza, 2008).
El Turismo Social pretendía con la colonia de verano organizar las 24 horas del día a los
turistas, facilitando excursiones, comida sana, baños de mar, deportes, cine, salas de lectura
y entretenimientos. Dentro de los beneficios que se ofrecían se encontraba la oferta de
paquetes turísticos por 14 días donde se les facilitaban a los turistas pasajes en primera
clase hasta Mar del Plata, estadía, excursiones, servicio médico y seguro social que eran de
muy fácil acceso.
Según Juan Carlos Torre y Elisa Pastoriza (2002), en la temporada de 1940 se estima que
Mar del Plata contó con un flujo de 380.000 turistas. Diez años más tarde se considera que
esta cifra había superado el millón de personas y para 1955 se estima que ha alcanzado
1.400.000.8 De esta manera, el balneario marplatense dejaba de simbolizar al recinto de la
elite nacional para constituirse en un balneario de masas. Mar del Plata sería, entonces, una
de las principales ciudades que vería los efectos de las políticas de turismo social
implementadas durante este gobierno. No obstante, con la caída del peronismo, las
vacaciones populares se redujeron a sólo un par de días y el turismo característico que
veraneaba en la ciudad cambió radicalmente.
7
Espacios constituidos durante el gobierno peronista como centros de formación de la cultura obrera y popular.
8
Torre, Juan Carlos; Pastoriza, Elisa (2002), La Democratización del Bienestar, Nueva Historia Argentina, Editorial
Sudamericana, Tomo VIII, Pp. 257-313.
Las playas de la ciudad a partir del arribo de un turismo más masivo. Recuperado de:
https://www.lacapitalmdp.com/contenidos/fotosfamilia/fotos
Durante la segunda mitad de la década del ´70, y a partir de los cambios en el mercado
laboral que trajo consigo el modelo económico impuesto durante la dictadura cívico-militar,
es que se produce el deterioro de los salarios lo que implicó un retroceso de todos los
gastos. Esto, para la ciudad, marcó el fin de un tipo de economía basada en el turismo
masivo. “La ciudad como medio de producción turística sugería un patrón de crecimiento
que daba señales de agotamiento ya en la primera mitad de la década del 70. Los ingresos
de la temporada estival ya no generaban los beneficios que antaño se prolongaban durante
el resto del año, los visitantes por otra parte mostraban su capacidad de gasto deteriorada,
tampoco la ciudad era un centro cuya oferta quedaba rebasada ante el aluvión turístico, muy
por el contrario, se comenzaban a evidenciar sobreofertas en los sectores de alojamiento y
gastronomía.” (Cicalese, 1999, p. 9).
Estos terrenos que, como ya se ha mencionado, fueron adquiridos por Patricio Peralta
Ramos y sobre los que hoy se encuentran las playas del sur, les fueron expropiados a sus
9
En base al convenio firmado el 30 de Septiembre de 1976 por los municipios de la Provincia de Buenos Aires y la Dirección
de Turismo Provincial se emite el Decreto 4916-76, de este modo se cede a General Pueyrredón “la administración,
explotación, uso y goce de las unidades turísticas y de todas las playas y riberas marítimas del citado partido”.
10
Las denominadas “playas del sur” se extienden desde Punta Canteras hasta Los Acantilados y en ellas se lleva a cabo la
administración de 24 balnearios privados.
herederos hacia fines de la década del 30, con el fin de construir la ruta provincial N° 11. Sin
embargo, en 1958, y valiéndose de un supuesto error en la mensura de los terrenos
expropiados, sus descendientes iniciaron una demanda contra el Estado Provincial
exigiendo la restitución de una parte de ellos. A partir de un fallo de la Corte Suprema de
Justicia N° 65.345 en Abril de 1970, en plena dictadura militar, es que el caso “Peralta
Ramos, María Gertrudis de Carboni c/ Buenos Aires, Provincia s/ reivindicación de tierras”,
fue resuelto. Dos años más tarde, los beneficiarios de la sentencia de la Corte de la
dictadura constituyeron la firma Playas del Faro SAI, para administrar el territorio recuperado
-desde Punta Canteras hasta Los Acantilados- (Polleri, 2015). La ordenanza 8434/91 reguló
esta situación singular en la Argentina, puesto que establece que el sector de playas del sur
es el único caso en el país en que una ciudad mantiene parte del litoral marítimo en manos
privadas11.
Durante la década del ´80, y con la llegada del gobierno democrático luego de siete años de
dictadura militar, el país acarreó los impactos sociales del modelo aperturista del golpe
cívico-militar, y se fundió en una profunda crisis económica que no fue ajena a Mar del Plata.
Durante este periodo, la ciudad vio emerger nuevos sectores informales, que para su
subsistencia generaban una “pseudoprivatización de los espacios públicos”, puesto que la
actividad turística ya no contaba con la misma capacidad de absorber mano de obra
asalariada durante la temporada de verano (Cicalese, 2001).
Durante la década del ´90, se desarrollaron otro tipo de estrategias económicas para
reactivar la ciudad. A lo que se apuntó fue a la habilitación de los sectores privados a
intervenir en la organización del territorio. Tal como lo plantea Cicalese (2005), en el afán de
recuperar ese turismo de élite, lo que se promovió fue la diferenciación de la oferta territorial
del ocio, y la utilización de campañas publicitarias con imágenes que no eran las
características o emblemáticas de la ciudad. Se crearon sitios exclusivos sobre el litoral y se
dio paso a un plan privado por sobre el plan público a partir de la flexibilización de
condiciones contractuales en lo que respecta a la construcción de villas balnearias
(Cicalese, 1997). Los balnearios, sobre todo los del Playa Grande, Punta Mogotes y el sur,
se abocaron a garantizar la exclusividad de su clientela, para lo que era necesario restringir
el acceso al público. Su principal idea era la de mantener las prerrogativas de un barrio
cerrado y las condiciones de playa privada.
11Este resulta ser un caso muy inusual, dado que no suele verse que grandes extensiones de costa sean pertenecientes al
sector privado y que no sean propiedad del Municipio de la ciudad.
apropiación de las playas como recursos natural empleado y explotado para el ocio, ocurre
en virtud de la representación simbólica que los diversos agentes sociales le otorgan a ese
espacio habitado. Por lo tanto, las preferencias que han impulsado a estos veraneantes a
balnearios como Playa Grande, Punta Mogotes y los pertenecientes a la zona sur ,y no
otros, se debe a que los mismos les brindan todos los servicios necesarios para constituirse
en “paraísos costeros” donde se garantiza la exclusividad y la seguridad anhelada a su
clientela. Sobretodo, los balnearios de Playa Grande y los 24 balnearios privados del sur
buscaban -y buscan hoy en día- destacarse por la cantidad de servicios que ofrecen.
Estas unidades turísticas cada vez agregan más servicios para complementar la estadía
vacacional de sus clientes. La gran mayoría de ellos además de ofrecer el servicio de
sombra cuentan con pileta, vestuarios, estacionamientos, recreación, solariums y gimnasios.
En el caso del sur, algunos de los balnearios incluyen con el alquiler de la carpa el acceso a
las fiestas más exclusivas que se organizan en el verano. Estos balnearios, además,
cuentan a su favor con el hecho de que se caracterizan no solo por su “amplitud” respecto a
otros, sino porque también, allí se puede apreciar del mar abierto y por ser más naturales,
más tranquilos, y más cómodos, sin tanto amontonamiento de gente.
Es menester aclarar que tanta exclusividad se ve reflejada en el valor de las tarifas que los
balnearios de dichas zonas de la ciudad manejan, siendo los más caros de toda la costa
marplatense –en el último verano el alquiler de las carpas por temporada rondaba entre 70 y
90 mil pesos frente a los 45 mil en la zona del centro y los menos de 70 mil en La Perla12-.
De esta forma, el factor económico constituye uno de los principales condicionantes
respecto al público que los mismos reciben, limitando de esa forma el acceso a espacios
propios de la ciudad, fomentando así la segregación socio-espacial entre aquellos que
pueden pagar el servicio de alquiler de sombra de aquellos que no.
Postales de un balneario del sur donde se busca recrear las condiciones de un “paraíso costero”
exclusivo. Recuperado de: https://www.honubeach.com/
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Datos recuperados de: https://www.lacapitalmdp.com/alquilar-una-carpa-costara-entre-45-mil-y-99-mil-pesos-este-verano/
Ante la falta de iniciativas urbanas que fomente el tejido y la integración social es que cada
vez se van construyendo más lugares y espacios que, como los balnearios, se constituye en
trincheras de identidad —en un sentido excluyente— donde la formación de un “nosotros”
esta presente, pero un “nosotros” en oposición a “ellos” o a un “otro”. Rodrigo Salcedo
argumenta que “la idea del nosotros puede entenderse de dos maneras distintas: como un
nosotros comunitario, de respuesta a la particularidad y como un nosotros cívico que diluye
la particularidad”. Siguiendo su argumento, “la meta democrática hace referencia a la
conformación de un nosotros cívico basado más en un encuentro en que priman el respeto y
la confianza mutua, que en un nosotros comunitario” (Salcedo, 2002, p.16). Aquí hace
referencia a la constitución de una identidad comunitaria colectiva en la que no hay espacio
para aquel que se lo considera diferente.
Reflexiones finales
El análisis de cómo Mar del Plata llegó a constituirse en una de las ciudades de veraneo
más importantes del país, qué tipo de público veraneaba y qué público veranea en estos
tiempos nos lleva a comprender cómo se ha ido desarrollando e incrementando el negocio
inmobiliario de las playas privadas, cómo se ha transformando a la par de que la ciudad se
ha ido urbanizando, así como a quiénes están orientados los servicios que ofrecen los
balnearios privados. Porque claro está, no están destinados a todos los veraneantes por
igual.
Ante la llegada masiva del turismo veraniego, las clases acomodadas porteñas comenzaron
a abandonar los balnearios del Centro y La Perla -que se disponían a recibir a una clientela
cada vez más numerosa y de menores recursos económicos- restándole valor y
desmereciendo su antiguo carácter de exclusividad. Este deseo de distinción de la
oligarquía, los llevó a buscar playas que no estuvieran pobladas por la clase media que
ahora se permitía viajar a los mismos sitios que ellos. Imposibilitados de poder veranear en
el exterior, se trasladaron, en primera instancia, a los balnearios de Playa Grande y Punta
Mogotes, y luego, comenzaron a frecuentar los balnearios ubicados en la zona sur de la
ciudad.
Frente a la búsqueda de distinción, es que estos balnearios han ido incorporando servicios
en pos de garantizar una mayor exclusividad a sus clientes, lo que puede verse de manera
diferenciada en la ciudad, siendo los más alejados a las playas del centro los que más se
han urbanizado, al punto de ser villas balnearias donde el paisaje natural de mar y arena
queda en un segundo plano. Esta amplia oferta de servicios se encuentra acompañada por
el incremento de tarifas por el espacio de sombra, acortando la posibilidad de acceso a una
parte importante de los veraneantes, tanto turistas como residentes. A esto, se le suma el
“abuso” por parte del sector privado de playas que avanza, cada vez más, sobre el espacio
público de arena.
Lo que se pretende no solo es la distinción social frente a aquellos que son vistos como
diferentes y con los cuales no hay identificación, sino que se intenta recuperar la imagen del
“paraíso perdido” que se encuentra en el imaginario social. Ese espacio en donde todos se
conocen con todos y todos son iguales. En definitiva, lo que se busca es el control y la
regulación total del medio urbano (Borja, 2000). Estos espacios controlados -como los
balnearios privados- se constituyen entonces como territorios donde la apariencia prevalece
sobre la realidad y donde se busca socializar y relacionarse con aquel es que igual a uno
mismo. El peligro que esto supone, es la incapacidad resultante de poder relacionarse con
esos “otros” distintos a uno, y el incremento de la exclusión social o la poca integración
ciudadana, perdiendo la capacidad de aceptar la diversidad, ya sea cultural, social, sexual o
laboral, y ser parte de ella, generando el equilibrio entre el riesgo que esto supone y la
protección y la seguridad anhelada. En otras palabras, la generación de estas áreas
protegidas, especializadas, exclusivas y desconectadas, que “garantizan” la seguridad y la
exclusividad de unos frente a los otros, en verdad encubre un urbanismo como fuente de
violencia donde se fragmenta y zonifica la ciudad, acentuando la distinción y segregación
socio-espacial, lo que ha provocado el aumento de denuncias por la falta de espacios
públicos costeros –cada vez más notoria- y por la falta de políticas regulatorias por parte del
municipio para con los concesionarios de los balnearios privados y el mercado inmobiliario
del sector costero en sí.
Haciendo una revisión por la historia de Mar del Plata como ciudad balnearia y el afán de
ofrecer exclusividad a los turistas durante el periodo estival, parecería imposible que se les
quitase la concesión de los balnearios al sector privado y que Mar del Plata vuelva a
disfrutar de playas y médanos vírgenes, evitando que se siga fomentando, de esta forma, la
diferenciación social, el querer aprovecharse del turista y el local con precios totalmente
altos por solo alquilar espacios de sombra y servicios, el enriquecimiento de unos pocos, la
aglomeración masiva de personas en las playas, la contaminación, la pérdida de
sustentabilidad de los recursos naturales, y la imagen visual poco agradable de carpas que
cubren toda esta superficie costera. Por lo tanto, el desafío tendría que pasar por pensar
cómo hacer para que la ciudad se vuelque a un turismo más sustentable y equitativo, donde
todos puedan disfrutar de los recursos que tiene para ofrecernos.
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