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Dhammapada Ilustrado

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DHAMMAPADA

ILUSTRADO
DHAMMAPADA

Las Palabras Iluminadas Del


Buddha Supremo
¡Reverencia a Él, al Glorioso,
El Pleno De Dignidad, El Iluminado!
Que Todos Queden Satisfechos, Se Regocijen
Y Se Deleiten En Las Palabras Del Bienaventurado.
TABLA DE CONTENIDO

CAPITULO I - LOS VERSOS GEMELOS ....................................................................................................... 12


CAPITULO II - LA ATENCIÓN ........................................................................................................................ 34
CAPITULO III - LA MENTE .............................................................................................................................. 48
CAPITULO IV - LAS FLORES ........................................................................................................................... 61
CAPITULO V - EL NECIO ................................................................................................................................... 79
CAPITULO VI - EL SABIO .................................................................................................................................. 97
CAPITULO VII - EL SANTO ........................................................................................................................... 113
CAPITULO VIII - EL MILLAR ....................................................................................................................... 125
CAPITULO IX - EL MAL .................................................................................................................................. 143
CAPITULO X - LA VIOLENCIA..................................................................................................................... 158
CAPITULO XI - LA VEJEZ .............................................................................................................................. 177
CAPITULO XII - EL SER .................................................................................................................................. 190
CAPITULO XIII - EL MUNDO ....................................................................................................................... 202
CAPITULO XIV - EL BUDHA ......................................................................................................................... 216
CAPITULO XV - LA FELICIDAD ................................................................................................................. 236
CAPITULO XVI - EL APEGO ......................................................................................................................... 250
CAPITULO XVII - LA COLERA ..................................................................................................................... 264
CAPITULO XVIII - LA IMPUREZA ............................................................................................................. 280
CAPITULO XIX - EL JUSTO........................................................................................................................... 303
CAPITULO XX - EL SENDERO ..................................................................................................................... 322
CAPITULO XXI - MISCELANEAS ............................................................................................................... 341
CAPITULO XXII - EL SUFRIMIENTO ...................................................................................................... 359
CAPITULO XXIII - EL ELEFANTE ............................................................................................................. 375
CAPITULO XXIV - EL DESEO ...................................................................................................................... 391
CAPITULO XXV - EL MONJE MENDICANTE ...................................................................................... 419
CAPITULO XXVI - EL BRAHMÍN ................................................................................................................ 444

Febrero 2021
10
11
CAPITULO I
LOS VERSOS GEMELOS

12
1. Las condiciones en las cuales nos
hallamos actualmente son el resultado de
nuestros anteriores pensamientos.

Si una
persona habla o actúa motivada por un mal
pensamiento, el dolor irá tras ella, como la
rueda del carro tras la pezuña del buey que
lo arrastra.

13
2. Las condiciones en las cuales nos
hallamos actualmente son el resultado de
nuestros anteriores pensamientos.

Y si una
persona habla o actúa motivada por un buen
pensamiento, la dicha le seguirá en todo
momento, como la sombra compañera sigue
a un viajero.

14
3. “¡Me ha insultado, me ha herido, me
ha maltratado, me ha humillado!”
El que piensa así nunca podrá
dejar de odiar.

15
4. “¡Me ha insultado, me ha herido, me
ha maltratado, me ha humillado!”
El que ha dejado de pensar así ya
ha cesado de odiar.

16
5. “El odio no cesa con el odio,
el odio cesa con el amor .”

Esta es una ley muy antigua.

17
6. Quienes ignoran que el odio los
lleva a su propia destrucción,
se sumergen en el error.

Pero quienes esto saben,


evitan que la semilla del odio
se desarrolle en su corazón.

18
7. El que se ocupa únicamente de la
búsqueda del placer,
el que vive sin controlar sus sentidos,
que come sin moderación, que
es perezoso e inactivo, pierde su energía, y
Mara le arrastra, como al árbol sin raíz lo
derriba fácilmente el viento.

19
8. El que no se regocija en el placer,
el que vive controlando sus sentidos,
que come con moderación,
que está lleno de fe y es activo,
acrecienta su energía y Mara no le
aniquilará, como el viento no es capaz de
derribar a la inconmovible montaña.

20
9. Quien porta la túnica amarilla del
monje, pero no posee autocontrol y falta a la
verdad, es indigno de vestirla.

21
10. El que es puro, que cultiva las virtudes,
que posee autocontrol y es fiel a la verdad, ése
es digno de vestir la túnica del monje.

22
11. Los que en la realidad ven la ilusión,
y en la ilusión ven la realidad, se entregan a
bajos pensamientos y jamás alcanzan la
Verdad.

23
12. Pero los que en la realidad ven la
realidad, y en la ilusión ven la ilusión, se
entregan a elevados pensamientos y son
capaces de alcanzar la Verdad.

24
13. Así como en la casa mal
techada penetra la lluvia,
así, en la mente inquieta
penetran las pasiones.

25
14. Y así como en la casa bien
techada no penetra la lluvia,
así, en la mente serena
del que cultiva la meditación
no penetran las pasiones.

26
15. El que actúa motivado por una mala
intención sufre en este mundo y en el
mundo del más allá.

La impureza de sus actos


aflige y apesadumbra a su corazón.

27
16. El devoto que lleva una vida
religiosa es feliz en este mundo y en el
mundo del más allá.

La pureza de sus obras


deleita y regocija a su corazón.

28
17. El que actúa mal sufre en este mundo
y en el mundo del más allá.

“He hecho el mal”,


piensa, y sufre, y se acongoja.

Y mayor es su dolor cuanto más avanza


en el camino errado.

29
18. El devoto que lleva una vida
religiosa es feliz en este mundo y
en el mundo del más allá.

“He hecho el bien”,


piensa, y se regocija.

Y mayor es su alegría cuanto


más avanza en el camino del bien.

30
19. Alguien que recita todos los Textos
Sagrados, pero no actúa de acuerdo a ellos,
es como un pastor que cuenta las vacas
ajenas:
no obtendrá los frutos de una Vida de
Santidad.

31
20. El devoto que sigue los
mandamientos de los Textos Sagrados,
aunque no recite más que un versículo, si es
ecuánime, compasivo, benévolo, carente de
odio y sin envidia, ese obtendrá los frutos de
una Vida de Santidad.

32
33
CAPITULO II
LA ATENCIÓN

34
1. En verdad, la atención es la senda
hacia la Inmortalidad; la negligencia nos
conduce a la muerte.

Los que son atentos


jamás perecen, pero los que son negligentes
es como si ya estuviesen muertos.

35
2. Los que conocen esta verdad,
y han aprendido a estar atentos,
se deleitan en la vigilancia y
siguen el Camino de los Santos.

36
3. A través de la meditación,
de la perseverancia,
y con una infatigable energía,
los sabios logran la liberación de
las ataduras mundanas,
el Supremo Nirvana.

37
4. La persona dotada de energía, atenta,
que se comporta con pureza y reflexión,
que controla sus sentidos
y que actúa con rectitud,
irradia una gloriosa luz espiritual
para bien de todos quienes le rodean.

38
5. Por medio del esfuerzo sostenido, de
la atención, de la disciplina y del
autocontrol, el sabio puede llegar a ser como
una isla segura a la cual las aguas de la
ignorancia no pueden cubrir.

39
6. Hay quienes, en su error, descuidan
la atención.

El sabio, en cambio, la protege


como si fuese su más grande tesoro.

40
7. Huye de la negligencia.
Evita los placeres sensuales.

La vigilancia y la
meditación te otorgarán la verdadera
felicidad.

41
8. Cuando, gracias a la atención, el sabio
ha dejado de ser negligente, se eleva hasta el
Templo de la Sabiduría, y contempla
compasivamente a la gente que sufre en el
mundo de la ilusión, del mismo modo que
quien ha alcanzado la cumbre de una
montaña observa a aquellos que aún están en
el llano.

42
9. Atento en medio de los negligentes,
despierto entre los dormidos, el sabio avanza
dejando tras de sí a los que aún están
sumidos en la ignorancia, como un brioso
corcel que en su rápida carrera deja atrás a
los demás.

43
10. Es gracias a la atención que posee
Maghavan, que ha llegado al supremo rango
entre los Dioses.

La atención siempre ha sido


loada por los sabios; la negligencia siempre
ha sido condenada.

44
11. El monje que se deleita en el cultivo
de la atención y que ve el peligro de la
negligencia, avanza como el fuego
quemando todos sus lazos mundanales, sean
éstos fuertes o débiles.

45
12. El monje que se deleita en el cultivo
de la atención y que ve el peligro de la
negligencia, difícilmente se apartará del
Camino;
él, en verdad, se halla a las puertas
del Nirvana.

46
47
CAPITULO III
LA MENTE

48
1. Así como el arquero, con gran cuidado
y destreza endereza una flecha,
de modo similar, el sabio pacientemente
endereza su mente, la cual es vacilante,
inquieta, inestable, difícil de sujetar y
difícil de controlar.

49
2. Así como el pez, cuando es sacado del
agua, salta y se mueve convulsivamente,
así también, la mente se mueve con gran
agitación cuando se la trata de sustraer del
domino de las pasiones.

50
3. La mente es difícil de sujetar; es
movediza, siempre corre hacia donde
más le agrada.

Trata de controlarla, porque una


mente controlada conduce hacia la
Real Felicidad.

51
4. La mente es difícil de subyugar;
ella es extremadamente sutil
y tiene el hábito de correr detrás
de sus fantasías.

El sabio debe vigilarla atentamente;


una mente controlada
conduce hacia la Real Felicidad.

52
5. La mente es por naturaleza dispersa,
vagabunda e incorpórea; ella vive como
si estuviese oculta en una cueva.

Aquellos que
logran vencerla se libran de los poderosos
lazos de la Ilusión.

53
6. Aquel cuya mente carece de firmeza,
que ignora los preceptos de las Enseñanzas
Sagradas,
que es inestable e inquieto, jamás
podrá alcanzar la Sabiduría Perfecta.

54
7. Una persona atenta, cuya mente no es
agitada por las pasiones,
que se halla libre de odio
y que ha trascendido los pares de opuestos,
ya nada tendrá que temer ni en
este mundo ni en los mundos del más allá.

55
8. Aquel que sabe que su cuerpo es tan
frágil como una vasija de arcilla y que hace
de su mente una ciudadela fortificada,
con la ayuda de las armas de la Sabiduría,
logrará vencer al ejército de las pasiones.

Una vez
controlado debe esforzarse por mantenerse
firme y libre de apegos.

56
9. Recuerda siempre que la vida humana
es muy breve; en un abrir y cerrar de ojos,
tu cuerpo, ya sin conciencia, yacerá sobre el
suelo, con tan escaso valor como un trozo de
leña arrojado, al azar, al borde de un
camino solitario.

57
10. El daño que un enemigo puede
causarle a otro, o el que pueden hacerse dos
personas que se odian es muy grande,
pero es pequeño comparado con el daño que
puedes hacerte a ti mismo si tu mente está
mal direccionada.

58
11. El bien que un padre, una madre y
los amigos pueden hacer es muy grande,
pero es pequeño comparado con el bien que
puedes hacerte a ti mismo si tu mente está
bien direccionada.

59
60
CAPITULO IV
LAS FLORES

61
1. ¿Quién logrará elevarse por sobre esta
tierra, y por sobre el mundo de Yama y
también sobre el de los Dioses?

¿Quién
extraerá el Néctar de la Sabiduría como un
hacedor de guirnaldas elige las mejores
flores?

62
2. El discípulo atento y disciplinado es
quien se elevará sobre esta tierra, el mundo
de Yama y el de los Dioses.

Él es quien
extraerá el Néctar de la Sabiduría, como un
hacedor de guirnaldas elige las mejores
flores.

63
3. El que descubre que este cuerpo no
tiene mayor consistencia que una espuma, y
cuya naturaleza es similar a la de un
espejismo, debe quitar pacientemente de su
corazón las espinas de las pasiones
sensuales, y así logrará elevarse, victorioso,
por sobre el reino de la muerte.

64
4. Aquel que en este mundo sólo recoge
las flores de los placeres sensibles, y cuya
mente se halla distraída, será
inexorablemente arrastrado por la muerte, al
igual que una gran inundación arrasa a un
pueblo cuyos habitantes están entregados al
sueño.

65
5. Y quien sólo recoge las flores de los
placeres sensibles, que es insaciable en sus
goces y cuya mente se halla distraída;
a ése, el Destructor le somete a su poder.

66
6. Como la abeja, que sin dañar las
flores, ni su color, ni su perfume, tan sólo
recoge el néctar que hay en ellas,
de igual modo
el sabio pasa con gran cuidado
y vigilancia por este mundo.

67
7. No debemos poner nuestra atención en
los errores de los demás,
ni en lo que hacen o dejan de hacer;
debemos estar atentos tan
sólo a nuestros propios actos.

68
8. Como una flor de hermosos colores,
pero sin perfume, así son de estériles los
eruditos discursos de aquellos que no
practican lo que enseñan.

69
9. Como una flor de brillantes colores, y
también dotada con un hermoso perfume,
son las palabras de aquellos que practican lo
que enseñan.

70
10. Así como con un conjunto de flores
se pueden hacer muchas guirnaldas,
de igual modo,
quien ha nacido en este mundo,
debería hacer muchas buenas acciones.

71
11. El perfume de las flores no viaja
contra el viento, ni tampoco la fragancia del
sándalo, ni la del tagara o la mallika.
Pero sí lo hace la fragancia de la virtud.
Quien es virtuoso perfuma todas las
regiones del universo con su bondad.

72
12. Por más excelsa que sea la fragancia
del sándalo, del tagara, del loto o el jazmín,
el perfume de la virtud sobrepasa
infinitamente al de esas plantas.

73
13. Más intenso que el perfume del
sándalo y del tagara es el de la santidad.

Aun los mismos Dioses se regocijan


con su presencia.

74
14. A aquellas personas sabias,
cuidadosas en su paso por el mundo,
cuya atención es constante y que han obtenido la
liberación mediante la Verdadera Sabiduría,
ya nunca más podrán ser encontrados por
Mara.

75
15-16. Así como del estiércol arrojado
en el camino puede nacer un bello loto
perfumado;…

76
…de igual modo, en medio de los
hombres más necios, el discípulo que sigue
la Senda de los Santos, puede brillar con la
Luz de la Sabiduría.

77
78
CAPITULO V
EL NECIO

79
1. Larga se hace la noche para el que
debe permanecer en vigilia.
Largo el camino para el viajero cansado.
Y también larga es
la sucesión de las existencias para los
que no conocen la Verdad.

80
2. En la senda de la vida, si el discípulo
no encuentra a alguien mejor que él,
o por lo menos igual, es preferible que
realice el viaje en soledad.

Los necios nunca son buenas compañías.

81
3. “Estos son mis hijos, éstas son mis riquezas”;
tales son las palabras que
continuamente pronuncia el necio.

En verdad, ni siquiera él mismo se pertenece,


¡y en su ignorancia cree que son suyos sus hijos
y sus riquezas!

82
4. El necio que sabe que es necio al
menos es sabio en eso;
pero el necio que se cree un sabio
es verdaderamente un necio.

83
5. Un necio puede pasar toda su vida en
la compañía de un sabio, y aún así, no podrá
comprender la Verdad,
del mismo modo en que la cuchara
no gusta la salsa que recoge.

84
6. Un hombre virtuoso, aunque esté tan
sólo un momento cerca del sabio,
comprenderá rápidamente la Verdad, del
mismo modo en que la lengua gusta
inmediatamente del sabor de la salsa que
paladea.

85
7. En verdad, los necios actúan como si
fueran enemigos de ellos mismos, realizando
malas acciones que les han de producir
amargos resultados.

86
8. Puedes conocer que la acción que has
realizado no es buena cuando ella es causa
de remordimiento y cuyo fruto produce
lágrimas de dolor.

87
9. A su vez, se conoce que la acción
realizada es buena cuando uno no se
arrepiente después de haberla hecho y cuyo
fruto es la felicidad y la paz de la mente.

88
10. La mala acción aparenta ser una
verdadera miel mientras el mal que habita en
ella aún no ha madurado; pero, en cuanto
produce sus amargos frutos, el dolor
comienza.

89
11. Durante meses y meses el necio, en
su falsa austeridad, puede alimentarse tan
sólo de hebras de hierba kusha, pero aún así
su virtud no sería ni aún la dieciseisava parte
de aquel que ha comprendido la Verdad.

90
12. En verdad, la mala acción que se
comete no da su fruto en forma inmediata,
del mismo modo en que la leche no se pone
agria en un instante.

Así como el fuego


cubierto de cenizas sigue ardiendo, de igual
modo, la mala acción cometida permanece
activa, y persigue al necio hasta alcanzarlo.

91
13. El necio a veces adquiere
conocimiento y fama; ello será causa de su
completa ruina.

Porque ese conocimiento y fama


contribuirán a tornarlo más necio aún.

92
14. Se puede distinguir a un necio
rápidamente porque siempre desea tener una
reputación inmerecida, gozar de autoridad
para su propio beneficio y ser alabado por
los hombres.

93
15. “Que todos me admiren.
Que me elogien y enaltezcan.
Que me obedezcan en todo”.

He aquí cómo piensa el necio; y sus


deseos, así como también su orgullo,
crecen sin cesar.

94
16. “Una cosa es la persecución de las
riquezas y otra muy distinta es la búsqueda
del Nirvana.”

He aquí cómo piensa el monje,


el discípulo de Budha, y no corre tras los
bienes del mundo, sino que pacientemente
cultiva el desapego.

95
96
CAPITULO VI
EL SABIO

97
1. Si encuentras a una persona sabia que
indica tus faltas y te llama la atención sobre
las mismas, debes acercarte a ella.

En su compañía todo será para bien,


y avanzarás en el Sendero Espiritual.

98
2. Permítele que te aconseje, que te
instruya y también que te impida cometer
malas acciones.

Alguien tal será amado por


los buenos pero aborrecido por los malos.

99
3. Nunca tomes por amigo a un malvado,
ni a una persona mezquina o miserable.

Elige a tus amigos entre los hombres de


bien, entre los más nobles y bondadosos.

100
4. Bebiendo el Néctar de la Sabiduría, el
sabio vive feliz con su mente plena de
serenidad.

Él se complace en las Enseñanzas


de los Santos.

101
5. Los constructores de acueductos
conducen el agua, los arqueros enderezan las
flechas y los carpinteros labran la madera.

Los sabios se controlan a sí mismos.

102
6. Así como una roca firme no es
movida por la fuerza del viento, de igual
modo, el sabio permanece imperturbable
ante el elogio y el vituperio.

103
7. Como un lago profundo, que es
cristalino y tranquilo, así se torna el sabio,
sereno y pleno de paz, al escuchar las
Enseñanzas Sagradas.

104
8. Dondequiera que van los sabios, la
paz va con ellos.
Habiéndose desapegado de todas
las cosas, ya no buscan el placer sensorio.
Ya sea que la dicha los visite o
sean presas del dolor, no muestran por ello
ni exaltación ni abatimiento.

105
9. Cuando ya se ha abandonado todo
deseo de tener hijos, riquezas y poder, y no
se antepone el propio interés al de la justicia,
solamente entonces se puede ser virtuoso,
sabio y recto.

106
10. Muy pocos hombres cruzan hasta la
Otra Orilla; la mayoría no hace sino correr a
lo largo de las márgenes del río de la
existencia mundanal.

107
11. El sabio que actúa rectamente y de
acuerdo con las enseñanzas sagradas deja
atrás el reino de las pasiones y alcanza el
Supremo Nirvana.

108
12. En soledad, el sabio abandona la
oscuridad del mundo y busca la Iluminación.

Va en pos de la inefable felicidad que nace


del desapego.

109
13. Abandonando los placeres de
los sentidos, libre de impedimentos, el sabio
se libra a sí mismo de las impurezas de la
mente.

110
14. Los que han meditado
profundamente sobre los Medios para
alcanzar la Iluminación, y que habiéndose
librado de toda atadura mundana, se
complacen en esa liberación, ellos
resplandecen plenos de fulgor y alcanzan el
Bienaventurado Nirvana.

111
112
CAPITULO VII
EL SANTO

113
1. Para aquel que ha llegado al final de
su viaje, que está ya libre del dolor, que se
halla desligado de toda atadura mundana,
para él, la terrible fiebre de la pasión, ya no
existe.

114
2. Los hombres de santidad se sumergen
en meditación y no se apegan a ningún
lugar donde vivir.

Como el cisne que deja su lago,


ellos abandonan su morada y se marchan
como monjes peregrinos.

115
3. Los que no acumulan riquezas, los que
se alimentan de modo frugal, y que tienen a
la Liberación por Meta Suprema, viajan
como las aves en el cielo y es muy difícil
seguirles en su camino.

116
4. Los que han destruido en sí la
concupiscencia, los que no se abandonan a la
glotonería y que tienen a la Liberación por
Meta Suprema, viajan como las aves en el
cielo y es muy difícil seguirles en su camino.

117
5. Aquellos en quienes los sentidos se
tornaron tranquilos como corceles domados,
y que carecen de orgullo y concupiscencia, a
ellos, los mismos Dioses los alaban.

118
6. Al igual que la Madre Tierra, una
persona paciente y bien disciplinada
permanece inmutable ante la adversidad.
Ella es comparable a un pilar inconmovible.
Es como un lago sereno de aguas puras.
Para ese santo iluminado, ya no habrá nuevos
renacimientos.

119
7. Tranquila su mente, calma su palabra,
sereno en su actuar, así es el que se ha
liberado de la ilusión mediante el Recto
Conocimiento y vive en la absoluta Paz.

120
8. Un hombre lleno de Fe, que conoce al
Increado, que ha cortado sus ataduras, y sin
entregarse a las malas acciones se despide de
los deseos, es el más elevado de los
mortales.

121
9. En medio de la ciudad, o en el bosque,
en el valle, o en las montañas, dondequiera
que se hallen los santos, esos lugares están
plenos de felicidad.

122
10. Pletóricos de encantos están los
serenos y apacibles bosques; sin embargo, el
hombre común no halla alegría en ellos.

Pero, en cambio, allí encuentran la dicha


aquellos que están libres de pasión y han
dejado atrás los placeres mundanos.

123
124
CAPITULO VIII
EL MILLAR

125
1. Mejor que mil discursos de palabras
sin sentido, es un sola palabra, si ella lleva
paz al corazón del que la escucha.

126
2. Mejor que mil versos de palabras sin
sentido, es un solo verso, si él lleva
serenidad al corazón del que lo escucha.

127
3. Mejor que cien versos de palabras sin
sentido, es un sola palabra de las Escrituras
Sagradas, si ella lleva paz al corazón del que
la escucha.

128
4. Aunque en batalla se venzan a un
millón de hombres, aun así, la más grandiosa
victoria es la del que se vence a sí mismo.

129
5. Mejor es vencerse a sí mismo que
vencer al resto del mundo.

130
6. Ni un Dios, ni un
Gandharva, ni Mara, ni Brahmâ podrán
convertir en derrota la victoria de aquel que
se ha dominado a sí mismo y lleva una vida
de serenidad.

131
7. Si mes tras mes, una persona hiciera
ofrendas, a lo largo de cien años y otra
persona por un instante rindiese homenaje a
un sabio entregado a la meditación, valdría
más ese solo homenaje que aquellos cien
años de sacrificios.

132
8. Si durante cien años, alguien
mantuviera el fuego sagrado en el bosque y
otra persona por un instante rindiese
homenaje a un sabio entregado a la
meditación, más valdría ese homenaje que
aquellos cien años de sacrificio.

133
9. Todas las ofrendas, limosnas o
sacrificios que se pueden hacer durante un
año entero, no son sino un ínfima parte de lo
que representa honrar a un santo en
meditación.

134
10. Cuatro cosas acrecientan aquellos
que en todo momento tienen respeto y
consideración para los ancianos: el número
de sus años, la belleza, la felicidad y la
fuerza.

135
11. Mejor que cien años de una vida
inmoral y disipada, es un solo día
consagrado a la práctica del bien y a la
meditación.

136
12. Mejor que cien años de una vida
ignorante y disipada es un solo día
consagrado a la sabiduría y a la meditación.

137
13. Mejor que cien años de vida en la
pereza y la negligencia, es un solo día vivido
activamente y haciendo buenas obras.

138
14. Mejor que cien años de vida pasados
sin comprender que todas las cosas son
impermanentes, es un solo día de quien
comprende esa impermanencia de las cosas.

139
15. Mejor que cien años sin conocer el
camino que lleva a la Inmortalidad, es un
solo día consagrado a ver ese Sendero.

140
16. Mejor que cien años sin conocer la
Suprema Verdad, es un solo día consagrando
a contemplarla.

141
142
CAPITULO IX
EL MAL

143
1. Sé rápido para hacer el bien; aparta tu
mente del mal; porque si haces el bien con
lentitud, entonces, comenzarás a deleitarte
en el mal.

144
2. Si una persona ha hecho un mal, no
debe reincidir ni gozarse en él.

El fruto de los malos actos es el dolor.

145
3. Si una persona ha hecho un bien, debe
volver a hacerlo y complacerse en él.

El fruto de los buenos actos es la felicidad.

146
4. Aún el malvado goza de la dicha
mientras el mal que ha realizado no ha
madurado.

Pero en cuanto esto ocurre, el


malvado se sumerge en el dolor.

147
5. También el hombre recto ve la
desgracia cernirse sobre él mientras no
madure el bien que ha hecho.

En cuanto esto
ocurre, él es bendecido con la felicidad.

148
6. Nunca se debe pensar ligeramente
acerca del mal diciendo:
“a mí no me afectará”.
El agua, cayendo gota a gota, llena el cántaro.
De igual modo, el mal, poco a
poco, llena el corazón de aquel que es
desatento.

149
7. Nunca se debe pensar ligeramente del
bien diciendo:
“a mí no me ayudará”.
El agua cayendo gota a gota, llena el cántaro.
De modo similar, el bien, poco a poco, llena
el corazón del sabio.

150
8. Así como un comerciante que viaja sin
compañía, y es portador de grandes riquezas,
evita los caminos peligrosos, y el que ama la
vida evita el veneno, de igual modo, debes
evitar el mal.

151
9. Una persona que no tiene herida la
mano, puede llevar veneno en su palma, ya
que el mismo no podrá penetrar.

De igual modo, el mal no podrá penetrar


en quien actúa bien.

152
10. El que hace daño a una persona
inocente, a un hombre puro y bondadoso,
verá cómo ese mal se vuelve contra él, del
mismo modo que regresa un fino polvo
lanzado en contra del viento.

153
11. Luego de la muerte, algunos
hombres vuelven a nacer en este mundo.
Otros, si han actuado mal, van a los planos
inferiores de existencia, y otros, si han
actuado bien, irán al cielo.
Pero los que se hallan libres de todo deseo,
ingresan en el Nirvana.

154
12. No hay en este mundo, ni en los
cielos, ni en el mar, ni en el seno de las
montañas, un lugar a donde alguien pueda
escapar de las consecuencias del mal que ha
cometido.

155
13. Ni tampoco hay en este mundo, ni en
los cielos, ni en el mar, ni en el seno de las
montañas, un lugar a donde alguien pueda
escapar de la muerte.

156
157
CAPITULO X
LA VIOLENCIA

158
1. Todo el mundo tiembla ante la
violencia y la muerte.
Deberíamos tratar a los demás como quisiéramos
ser tratados nosotros mismos.
No se debería herir a nadie ni tampoco ser
motivo de violencia.

159
2. Todo el mundo tiembla ante la
violencia y a todos es querida la vida.
Deberíamos tratar a los demás como
quisiéramos ser tratados nosotros mismos.
No se debería herir a nadie ni tampoco ser
motivo de violencia.

160
3. Aquel que, para lograr su propia
felicidad, hiere a otros seres, no
experimentará sino dolor en el futuro.

161
4. Aquel que, aunque también busque su
felicidad, se cuida de no herir jamás a otros
seres, experimentará suma felicidad en el
futuro.

162
5. No debes hablar en forma agresiva a
nadie, porque te responderán de igual modo
y el mal que haces se volverá contra ti.

El fruto de las discusiones y controversias


siempre es el dolor.

163
6. Si tu mente se ha vuelto silenciosa
como un gong quebrado, entonces, habrás
alcanzado el Nirvana.

Cuando eso suceda ya no habrá cólera


en tu interior.

164
7. Así como el pastor guía con su vara a
las vacas para que vayan al establo, de igual
modo, la vejez y la muerte conducen la vida
de los hombres hacia su inexorable fin.

165
8. El fruto de los malos actos realizados
por una persona la atormentan
continuamente, como si un fuego abrasador
la consumiese día y noche.

166
9. Aquel que utiliza la violencia contra
una persona indefensa, pronto sufrirá uno de
los siguientes males:

167
10-12. Caerá presa de un terrible dolor,
será víctima de un desastre, sufrirá una
mutilación corporal, padecerá una grave
enfermedad, perderá su equilibrio mental,…

168
…sufrirá el castigo de un monarca, será objeto
de una terrible acusación, le sobrevendrá la
muerte de sus familiares, perderá sus
riquezas…

169
…o un feroz incendio consumirá su morada.
Luego de la disolución del cuerpo
físico, tal persona morará en los planos
inferiores.

170
13. No es la desnudez, ni los cabellos
enmarañados, ni el abandono, ni el
prolongado ayuno, ni la costumbre de
dormir sobre el suelo, ni cubrirse el cuerpo
con polvo y cenizas, ni permanecer largo
tiempo arrodillado, lo que purifica al
hombre que no ha logrado triunfar sobre sus
pasiones.

171
14. Aunque una persona se vista
agradablemente, si vive con el corazón lleno
de paz, con las pasiones subyugadas, los
sentidos controlados, si es casto,
perfectamente puro y no hace daño a ningún
ser, ése es un brahmín, un asceta, un monje.

172
15. Es difícil hallar en este mundo a una
persona que, plena de modestia, nunca dé
lugar a reproche alguno, como un noble
corcel que no necesita del látigo para
obedecer.

173
16. Como un vigoroso corcel que
responde inmediatamente a la orden de su
jinete, así, debes ser atento y hallarte pleno
de energía.
Mediante la fe, la virtud, el
esfuerzo constante, la concentración, el
conocimiento de la Verdad, la perfección en
la Sabiduría, la rectitud en la conducta y la
perseverancia, puedes sobreponerte al gran
dolor de la existencia mundanal.

174
17. Los constructores de acueductos
conducen el agua, los arqueros enderezan las
flechas y los carpinteros labran la madera.
Los virtuosos se controlan a sí mismos.

175
176
CAPITULO XI
LA VEJEZ

177
1. ¿Cómo ser feliz, cómo puede hallar
lugar el gozo en ti si sabes que en este
mundo siempre se halla ardiendo la terrible
hoguera de las pasiones?
Y en medio de las tinieblas,
¿cómo es que no buscas la luz?

178
2. Contempla este cuerpo al que llamas
“bello”.
Es un conjunto interminable de
dolores, de enfermedades; nada en él es
perdurable, todo se halla sujeto a la
desaparición.
Piensa en ello, y reflexiona cuidadosamente.

179
3. Este cuerpo decae continuamente.
Es un nido de enfermedades y dolor.
Es efímero, perecedero.
Esta masa corruptible no puede sino
acabar en la destrucción.
En verdad, la vida corporal finaliza
en la muerte.
Piensa en ello, y reflexiona cuidadosamente.

180
4. Cuando el ser humano muere, se
convierte en un conjunto de huesos resecos
que se asemejan a las cañas caídas en el
otoño, ¿qué placer puede haber en mirarlos?
¿Cómo puede ser alguien feliz sabiendo que
acabará de ese modo?

181
5. Este cuerpo es como una pequeña ciudad.
Los huesos forman su estructura interior,
la carne, la sangre y la piel, el revestimiento
externo.
Sus únicos habitantes son la vejez y la muerte,
el orgullo y la hipocresía.

182
6. Aún los ornamentados carruajes
de los reyes envejecen.
También el cuerpo humano
llega a la vejez.
Pero la Enseñanza de los
Budhas nunca envejece.
Así, la Sabiduría
permanece entre los Sabios y
trasciende el tiempo.

183
7. El hombre que nada aprende en este
mundo envejece como un buey; sus carnes
crecen, pero no su sabiduría.

184
8. Durante muchas vidas he deambulado
por el Samsara, buscando al constructor de
esta prisión, pero sin poder hallarlo.
En verdad, el nacimiento en este mundo no es
más que dolor.

185
9. Ahora, ¡oh misterioso constructor de
esta prisión!, ya te conozco; ¡no la
construirás nunca más! Están destruidas
todas las vigas y está roto también el
andamiaje.
Mi mente ha alcanzado el
sublime estado de serenidad y en mi corazón
todo deseo se ha extinguido.

186
10. Los que no han llevado una vida de
santidad, los que durante su juventud no
adquirieron ese precioso tesoro, ésos perecen
como viejas garzas al borde de un lago sin
peces.

187
11. Los que no han llevado una vida de
santidad, los que durante su juventud no
adquirieron ese precioso tesoro, yacerán
como viejos arcos caídos, añorando tiempos
pasados.

188
189
CAPITULO XII
EL SER

190
1. Si tu ser te es querido, debes velar por
él en todo momento.
El sabio ha de estar despierto y atento
durante cada una de las tres vigilias.

191
2. Debes conocer aquello que es bueno y
recto, entonces, y sólo entonces, podrás
enseñar a los demás.
De este modo, guiado
por la sabiduría, siempre gozarás de paz y
brindarás paz a los demás.

192
3. Según sea lo que enseñes a tu prójimo,
así es como debes actuar.
Sólo cuando aprendas a guiarte a ti mismo
podrás guiar a los demás.
En verdad, es muy difícil controlarse a
sí mismo.

193
4. Tú eres tu propio Maestro. ¿Quién
podría serlo mejor? Un ego dominado es, en
verdad, un Maestro muy difícil de hallar.

194
5. Tú mismo eres quien realiza una mala
acción; ella nace de ti; y es por ti mismo
causada.
La mala acción destruye a quien la
comete, del mismo modo en que el diamante
pulveriza la piedra preciosa.

195
6. El que continuamente hace el mal es
como la hiedra trepadora que termina
sofocando al árbol; él se pone a sí mismo en
un estado más deplorable que el que le
pueda desear su peor enemigo.

196
7. Es fácil hacer el mal y lo que es
nocivo para uno mismo.
Pero muy, muy
difícil es hacer lo que es bueno y
provechoso.

197
8. El que desprecia los preceptos de los
santos y de los hombres rectos es un necio
que, como esos frutos que duran tan sólo un
día, será causa de su propia destrucción.

198
9. Tú mismo eres quien comete la mala acción.
También eres tú mismo quien se impurifica.
Eres tú quien deja de cometer el
mal, y tú mismo quien puede purificarse.
La pureza y la impureza dependen de cada uno.
No provienen del exterior.
Nadie puede purificar a otra persona.

199
10. No debes dejar de realizar tu deber
por cumplir con el ajeno, por más elevado
que éste pueda parecer.
Anheloso de alcanzar la Sabiduría, debes
aplicarte a ella sin descanso.

200
201
CAPITULO XIII
EL MUNDO

202
1. No tengas metas mezquinas.
Huye de la negligencia.
No te unas a aquello que es falso.
No dediques tus esfuerzos a lograr
bienes de este mundo.

203
2. Debes permanecer siempre alerta.
Huye de la negligencia.
Realiza con afán las prácticas espirituales.
Quien obra correctamente tendrá una
existencia feliz en este mundo y en el
mundo del más allá.

204
3. En todo momento y lugar practica la
rectitud.
No seas negligente en ello.
El que no se aparta de la verdad en el decir
y en el obrar vive rodeado de felicidad,
tanto en este mundo como en el mundo
del más allá.

205
4. Si consideras a este mundo como si
fuera una burbuja, o un espejismo, entonces,
el Rey de la Muerte no podrá darte alcance.

206
5. Contempla a este mundo como si
fuera un ornamentado carruaje.
Los ignorantes se hallan fascinados ante su
presencia.
El sabio, en cambio, no siente ninguna
atracción por él.

207
6. Una persona que antes era ignorante,
pero luego, conociendo la Verdad, se tornó
Iluminada, es como la luna llena que brinda
su luz sobre la faz de la tierra una vez que se
descorren las nubes que la cubrían.

208
7. Una persona que, mediante sus buenas
acciones, logró purificarse de todo el mal
que antes había cometido, es como la luna
llena que brinda su luz sobre la faz de la
tierra una vez que se descorren las nubes que
la cubrían.

209
8. Este mundo es ciego.
Muy pocos son los Perfectos que ven con claridad.
Como los pájaros que escapan de la red del
cazador, así, son muy pocos los que se
elevan hacia el Estado Bienaventurado.

210
9. Algunas personas logran elevarse en el
aire gracias a sus poderes sobrenaturales.
No hay ninguna virtud en ello.
También vuelan los cisnes siguiendo la
senda del Sol.
El sabio, en cambio, se eleva por sobre el
plano de este mundo, y así es capaz de
vencer a las poderosas huestes de Mara, la
Gran Ilusión.

211
10. Nadie hay que haya caído tan bajo
como el que miente; porque él ha
transgredido la Ley de la Verdad.
No hay mal que el mentiroso no cometa.
Él es indiferente a todo lo que es elevado.

212
11. Los míseros y mezquinos jamás
llegarán a los mundos elevados.
Ellos critican la generosidad.
El sabio, en cambio, se regocija dando.
Él alcanzará la felicidad
en esta tierra y en los mundos superiores.

213
12. Mejor que la absoluta soberanía
sobre la tierra, mejor que ascender a los
Cielos, mejor aún que la potestad sobre
todos los mundos, es en verdad, el
Bienaventurado Fruto de la Santidad.

214
215
CAPITULO XIV
EL BUDHA

216
1. El Budha infinito y omnisciente, que
ha logrado una completa victoria sobre las
pasiones, que se ha elevado por sobre todos
los senderos de este mundo, jamás volverá a
tomar el sendero de la ilusión.

217
2. El Budha infinito y omnisciente, en
cuyo interior ya no hay deseos, en quien la
sed por la existencia se ha extinguido, ya
ningún sendero ilusorio volverá a tomar.

218
3. Los sabios que practican la
meditación, aquellos que se deleitan en la
paz de la renunciación, esos Budhas
Perfectos, son admirados aún por los
mismos Dioses.

219
4. En verdad es muy difícil nacer en un
cuerpo humano.
Además, ardua es la vida de los mortales.
De los que en esta tierra nacen,
pocos son aquellos que pueden escuchar la
Verdad Sublime.
Y muy pocas veces los hombres tienen la
gracia de que un Budha descienda sobre
la tierra para enseñar.

220
5. No hagas mal a criatura alguna,
cultiva el bien, purifica tu mente: esta es la
enseñanza de los Budhas.

221
6. Perdona y sé paciente.
La paciencia y el perdón son las mejores
disciplinas espirituales.
En verdad, no es un monje quien hiere
a los otros, ni es un asceta quien oprime
a los demás.
En verdad, el Nirvana es el Bien Supremo.
Esto es lo que enseñan los Budhas.

222
7. No insultes a quienes te rodean, no
hieras, condúcete por la vida según las reglas
morales, sé moderado en la alimentación,
vive en soledad, cultiva los pensamientos
elevados.
Esto es lo que enseñan los Budhas.

223
8. Ni siquiera una lluvia de monedas
de oro puede calmar la sed de placeres
sensuales.
Poca es la dicha, y mucho el dolor
que dimana de los placeres de los sentidos.

224
9. Sabiendo esto, el sabio no halla deleite ni
aun en los gozos celestiales.
Los discípulos
de los Budhas se deleitan tan sólo en la
destrucción de sus apegos.

225
10. Movidos por el temor, los
hombres buscan variados refugios en este
mundo.
Así, van a las montañas, bosques,
cuevas y jardines.

226
11. Sin embargo, ningún
refugio es seguro, en ningún refugio se halla
el hombre libre de la enfermedad y el dolor.

227
12-14. Aquel que ha ido por refugio en
busca del Budha, del Dhamma y el Sangha
se adentra en el conocimiento de las Cuatro
Nobles Verdades: …

228
… la Existencia del Dolor, la
Causa del Dolor, la Superación del Dolor y
el Noble Óctuple Sendero que lleva a la
Cesación del Dolor. …

229
… Este es un refugio seguro.
Este es, en verdad, el Refugio Supremo.
Buscando este refugio, puede el
hombre librarse de todo dolor.

230
15. Es difícil hallar a una persona de
Gran Sabiduría; alguien así no nace muy a
menudo.
Cuando un Sabio semejante desciende a este
mundo, la Humanidad toda se regocija.

231
16. Cuando nacen los Budhas reina una
gran felicidad.
Suma dicha es oír la enseñanza de la Verdad.
Un infinito regocijo proporciona la vida en la
comunidad de los que buscan el Nirvana.
Gran alegría produce la disciplina de los
discípulos unidos en torno a la enseñanza del
Maestro.

232
17. Bendito es aquel que reverencia a
los Budhas y a los que se han sobrepuesto a
los apegos mundanos y al dolor.
Bendito es aquel que reverencia a los
Iluminados, plenos de paz y serenidad.

233
18. En verdad, es
inmenso el mérito de semejante
bienaventurado.

234
235
CAPITULO XV
LA FELICIDAD

236
1. Vivamos felices y sin odiar, aun entre
aquellos que nos odian.
En medio del odio,
que el amor habite en nosotros.

237
2. Vivamos felices y saludables, aun
entre aquellos que se hallan enfermos de
pasión.
En medio de la enfermedad de la
pasión, que la salud espiritual resida en
nosotros.

238
3. Vivamos felices y desapegados, aun
entre aquellos que buscan el placer de los
sentidos.
En medio de los que buscan el
placer de los sentidos, que el desapego
resida en nosotros.

239
4. Vivamos felices, libres de lujuria,
odio e ilusión.
Que el gozo del Reino de los
Dioses inunde nuestros corazones.

240
5. La victoria engendra el odio de quien
fue vencido.
La derrota es causa de dolor.
Por ello, vivamos felices, dejando a un lado
tanto la victoria como la derrota.

241
6. Ningún fuego es tan abrasador como
la lujuria; ningún crimen es más terrible que
el odio; ninguna enfermedad es más
dolorosa que la vida en este cuerpo físico; y
ninguna bienaventuranza es tan grande como
la Paz del Nirvana

242
7. El hambre es la mayor de las
dolencias; estar presos en un cuerpo es la
mayor enfermedad.
Conociendo esta Verdad, busca el Nirvana, la
Bienaventuranza Suprema.

243
8. La salud espiritual es el mayor de los
bienes; el contentamiento es la mayor de las
riquezas; la fidelidad el mejor de los amigos;
y el Nirvana es la Bienaventuranza Suprema.

244
9. Habiendo conocido la paz que dimana
de la vida en soledad y quietud, libre ya de
toda angustia y atadura, se inmerge el sabio
en la Bienaventuranza del Nirvana.

245
10. La visión de los santos llena de
felicidad a los seres humanos; su compañía
es siempre auspiciosa.
Si te apartas de aquellos que tienen bajas
tendencias, podrás, poco a poco, llegar a la
paz interior.

246
11. Si eliges por compañero a una
persona de mente impura, sufrirás
constantemente.
Si te reúnes con personas mundanas sufrirás
como si tuvieras frente a ti a tu peor enemigo.
La alegría nace de la asociación con los
santos.

247
12. Por lo tanto, debes asociarte con las
personas de mente pura, sabias, versadas en
el conocimiento sagrado, libres de apegos,
anhelosas de hacer el bien y carentes de
pasiones.
Debes seguir a tales almas, del
mismo modo en que la luna sigue la senda
de las estrellas.

248
249
CAPITULO XVI
EL APEGO

250
1. Aquel que se entrega a la búsqueda de
placeres y no al desarrollo espiritual, y
llevando una vida llena de apegos
mundanos, abandona el sendero recto, esa
persona, finalmente, terminará envidiando al
que se dedicó al recogimiento y la
meditación.

251
2. No debes apegarte a lo que es
agradable, ni tampoco huir de lo
desagradable; ni debes posar tu mente en lo
que amas, ni tampoco apartarla de lo que
aborreces, porque ambos son causa de dolor.

252
3. No debes apegarte a nada; porque la
separación de lo que es querido causa dolor;
las ataduras no existen para aquellos que no
aman ni aborrecen.

253
4. Del placer nace el dolor; y también
del placer nace el temor; para aquel que no
se regocija en el placer no existe el dolor, y
mucho menos el temor.

254
5. Del apego nace el dolor; y también del
apego nace el temor; para aquel que se halla
completamente libre de apegos no existe el
dolor, y mucho menos el temor.

255
6. Del deseo nace el dolor; y también del
deseo nace el temor; para aquel que se halla
libre de deseos no existe el dolor, y mucho
menos el temor.

256
7. De la concupiscencia nace el dolor; y
también de la concupiscencia nace el temor;
para aquel que se halla libre de la
concupiscencia no existe el dolor, y mucho
menos el temor.

257
8. De la pasión nace el dolor; y también
de la pasión nace el temor; para aquel que se
halla completamente libre de pasiones no
existe el dolor, y mucho menos el temor.

258
9. Aquel que es perfecto en virtud y que
se entrega a la meditación, que se halla
establecido en el Sendero Espiritual, que
siempre dice la verdad y que jamás evita
hacer lo que debe, ése es amado por todos.

259
10. Aquel que ha desarrollado un
profundo anhelo por alcanzar el Nirvana,
cuya mente se halla embebida de
pensamientos sobre la santidad, que no está
atado por lazos materiales, alguien tal es
llamado “el que ya no regresa”.

260
11-12. Cuando, después de haber estado
ausente un largo tiempo, una persona regresa
a su hogar, es recibida afectuosamente por
parientes y amigos. …

261
…De igual modo, los
buenos actos realizados en este mundo,
reciben con amor al hombre virtuoso cuando
llega a los mundos superiores.

262
263
CAPITULO XVII
LA COLERA

264
1. Siempre debes evitar que la cólera se
apodere de ti.
Despójate del orgullo y corta tus ataduras
mundanas.
El sufrimiento no tocará a aquel que no se
apega a su cuerpo ni a su mente y es
desapasionado.

265
2. A aquel que, cuando la cólera trata de
apoderarse de su ser, la controla con firmeza,
como se debe controlar a un carro en un
barranco, a ese le llamo un verdadero auriga.
Los otros simplemente tienen las riendas en
la mano y van donde les lleva el carro.

266
3. Conquista la cólera mediante el amor.
Conquista el mal con la fuerza del bien.
Vence a la avaricia con la generosidad.
Y vence a la mentira con la verdad.

267
4. Di la verdad.
No caigas en la cólera.
A aquel que te pida algo, le debes dar,
aunque sea poco lo que tienes.
Si sigues estos tres senderos, llegarás al
mundo de los Dioses.

268
5. Aquellos sabios que no hieren a las
otras criaturas, y que tienen cuerpo y mente
controlados, se encaminan hacia el estado de
la Inmortalidad, donde no existe ya el
sufrimiento ni el dolor.

269
6. En quienes se hallan siempre atentos,
que noche y día se controlan a sí mismos y
cuyo anhelo es la obtención del Nirvana,
todas las impurezas se destruyen.

270
7. ¡Oh Atula!, hay un antiguo proverbio
que dice: “si permaneces en silencio, serás
criticado; si hablas mucho, serás criticado; y
si hablas moderadamente, serás criticado
también”.
En verdad, en esta tierra no hay
nadie que se vea libre de la crítica.

271
8. No ha habido, no hay y nunca habrá
una persona que sea completamente
censurada ni completamente alabada.

272
9. Los sabios alaban a aquel que es
íntegro, de mente clara, dotado con
conocimiento espiritual y pleno de virtudes.

273
10. ¿Quién podría vituperar a aquel que
es como una perfecta pieza de oro, libre de
toda mácula? Los Dioses, y aún el mismo
Brahmâ, lo elogian.

274
11. Evita los malos actos que puedas
cometer con tu cuerpo, manténlo bajo
control.
Abandonando la mala conducta de
tu cuerpo haz que él sea el hogar de la
buena acción.

275
12. Evita los malos actos que puedas
cometer con tu palabra, manténla bajo
control.
Abandonando la mala conducta de
tu palabra haz que ella sea el hogar de la
buena acción.

276
13. Evita los malos actos que puedas
cometer con tu mente, manténla bajo
control.
Abandonando la mala conducta de tu mente
haz que ella sea el hogar de la buena acción.

277
14. El sabio que disciplina sus actos y
también su palabra se halla en camino hacia
la serenidad.
El sabio que, además, controla
su mente, en verdad, se ha dominado a sí
mismo.

278
279
CAPITULO XVIII
LA IMPUREZA

280
1. Eres como una hoja reseca y amarilla.
Los mensajeros de la Muerte ya se hallan
esperando por ti.
Te hallas en el umbral de tu partida.
Pronto harás el viaje y no tienes
provisiones para el camino.

281
2. Construye una isla espiritual para ti
mismo.
Trabaja con entusiasmo y ahínco.
Hazte sabio.
Cuando estés libre de toda impureza
y apego, ingresarás en el mundo celestial.

282
3. Tu vida ya ha llegado a su fin.
La Muerte está frente a ti.
En el camino que emprendes no hay lugar
para el descanso y no tienes provisiones
para el camino.

283
4. Construye una isla espiritual para ti
mismo.
Trabaja rápidamente y con esmero.
Hazte sabio.
Cuando estés libre de toda
impureza y apego, no volverás a nacer en
este mundo de muerte.

284
5. Gradualmente, día a día, el sabio debe
ir removiendo sus propias impurezas, como
un orfebre poco a poco va removiendo las
impurezas de la plata.

285
6. Así como el óxido que aparece en el
hierro, año tras año va avanzando hasta que
termina cubriéndolo por completo, así
también, los malos actos que realiza el ser
humano preso del error, terminan por
hundirlo en mares de dolor.

286
7. La impureza de las plegarias es dejar
de recitarlas; la impureza de una casa es su
falta de cuidado; la impureza de la belleza es
la dejadez; la impureza de la vigilancia es la
negligencia.

287
8. La impureza de una mujer es una
conducta disipada; la impureza de aquel que
da ofrendas es la mezquindad; las malas
acciones son una impureza, tanto en este
mundo como en el mundo del más allá.

288
9. Sin embargo, hay una impureza mayor
que todas estas: es la impureza del corazón.
Purifícate, libérate de la ignorancia,
¡oh monje!

289
10. La vida resulta fácil para quien es
desvergonzado, descarado, hiriente,
presuntuoso, arrogante y corrupto.

290
11. Pero laboriosa y plena de
responsabilidades es la vida de una persona
modesta, que siempre busca la pureza, que
es desapegada, humilde, limpia en su modo
de vida y reflexiva.

291
12-13. Aquel que destruye una vida, que
dice mentiras, que toma lo que no le es dado,
que codicia al cónyuge ajeno …

292
… y que es adicto
a bebidas y pócimas intoxicantes, alguien tal,
para su desgracia, echa raíces en este mundo.

293
14. Recuerda siempre:
“no es fácil de evitar el mal”.
No permitas que el odio y la
impiedad te arrastren hacia el abismo.

294
15. Cada persona da a los otros según
sea su propia fe y su naturaleza.
Aquel que envidia a los demás, jamás tendrá
paz, ni de día ni de noche.

295
16. Pero quien se halla libre de este
terrible mal de la envidia, habiéndolo
extirpado de raíz, gozará de paz, de día y de
noche.

296
17. No hay fuego tan devastador como la
lujuria, no hay cadenas más fuertes que las
del odio, ni río tan caudaloso como el deseo.

297
18. Es fácil ver las faltas de los demás,
pero muy difícil es ver los errores propios.
Las faltas ajenas son proclamadas en todas
las direcciones y a viva voz, pero las propias
son sagazmente ocultadas del mismo modo
en que un cazador se esconde entre las
sombras.

298
19. Aquel que continuamente ve las
faltas ajenas y siempre se halla encolerizado,
hará que sus defectos crezcan más y más.
Él se halla muy lejos de librarse de tales
impedimentos.

299
20. En el camino del cielo no se dejan rastros.
No es por el aspecto exterior que se
pueda juzgar a un santo.
La humanidad se deleita en los deseos.
Los Tathagatas se hallan libres de deseos.

300
21. En el camino del cielo no se dejan rastros.
No es por el aspecto exterior que se
pueda juzgar a un santo.
Nada en el mundo es eterno.
Pero los Budhas permanecen en la
Eternidad.

301
302
CAPITULO XIX
EL JUSTO

303
1. Alguien que emite un juicio sin
reflexionar previamente no puede ser
llamado justo.
Una persona justa debería
investigar con serenidad y sumo cuidado lo
que está bien y lo que está mal.

304
2. La persona de mente pura que guía a
los otros, no mediante la falsedad, sino a
través de la justicia y la imparcialidad, aquel
que es un devoto guardián de la rectitud, de
alguien así puede ser dicho que
“es la morada de la Justicia”.

305
3. No se es sabio simplemente por hablar
mucho.
Aquel que es firme, libre de odio y de
temor, ese puede ser llamado “sabio”.

306
4. No se es versado en la Escrituras
Sagradas simplemente porque se hable
mucho de ellas.
Aquel que las conozca en su
esencia, que las lleve en su corazón y que
no las contradiga con sus actos, ese, en
verdad, se halla versado en las Escrituras.

307
5. No se es un Anciano simplemente
porque los cabellos se hayan tornado grises.
Alguien semejante, si no adquirió sabiduría,
tan sólo es avanzado en edad.
De él puede decirse que “envejeció en vano”.

308
6. Pero aquel en quien residen la verdad,
la virtud, la inocencia, el recogimiento, el
control de los sentidos, que se ha purificado
de sus máculas, ese, en verdad, puede ser
llamado un Anciano.

309
7. La mera elocuencia, facilidad de
palabra y una presencia ostentosa no hacen
que una persona sea digna de reverencia, si
en su interior existen la envidia, el egoísmo y
la mentira.

310
8. Pero aquel en quien estos defectos han
sido extinguidos, esa persona libre de odio,
es en verdad, digna de reverencia.

311
9. Una persona indisciplinada y que dice
mentiras no puede transformarse en monje
simplemente por el hecho de que se afeite su
cabeza.
¿Cómo podría alguien que se halla
lleno de deseos y avaricia ser un monje?

312
10. Pero aquel que ha extirpado de sí
todas las malas acciones, tanto las grandes
como las pequeñas, ya es, en verdad, un
monje, porque ha vencido al mal.

313
11. Una persona no se transforma en
monje mendicante simplemente porque
mendigue; es siguiendo y respetando las
leyes morales como alguien deviene un monje,
no por el simple hecho de vivir de limosnas.

314
12. Quien ha extinguido en sí todos los
deseos, cuya conducta es sublime, que vive
conociendo la naturaleza ilusoria de este
mundo, él, en verdad, merece ser llamado
monje.

315
13. El hecho de observar el voto de
silencio no convierte a una persona obtusa e
ignorante en un sabio.
Pero aquel que, como
si estuviera frente a una balanza, elige lo
mejor y deja a un lado lo malo, ese es sin
duda un sabio.

316
14. Así, el que elige lo bueno y
abandona lo malo, el que comprende la
naturaleza ilusoria del mundo, ese es, en
verdad, un sabio.

317
15. No es una persona noble quien hace
daño a otras criaturas; tan sólo aquel que
posee misericordia por todos los seres puede
ser llamado noble.

318
16. No hallarás la paz y el
contentamiento simplemente llevando una
conducta moral, ni por austeridades, ni
tampoco a través del mucho estudio, menos
aún por el desarrollo del poder de
concentración.

319
17. Tampoco la hallarás pensando
“soy poseedor de un desapego que
no tienen el común de las personas”.
Nada de ello te otorgará la paz.
Para lograrla, debes alcanzar una sola cosa:
la extinción de todo deseo.

320
321
CAPITULO XX
EL SENDERO

322
1. El mejor de los senderos es el Noble
Óctuple Sendero.
La mejor de las verdades
son las Cuatro Nobles Verdades.
El mejor de los estados es el del desapego.
El mejor de los seres humanos es aquel
capaz de ver la Verdad.

323
2. Este es el Sendero más sencillo, y el
más adecuado para la purificación de la
mente.
En verdad, este Sendero produce
desconcierto en Mara.
Síguelo con esmero.

324
3. Si ingresas en este Sendero, llegarás a
la extinción del dolor.
Habiendo aprendido a remover las espinas
de las pasiones, he enseñado este Sendero
para bien de las criaturas.

325
4. Aplícate a esta tarea con entusiasmo.
Los Tathagatas son los Maestros, pero eres
tú quien debe llevar a la práctica, a través de
la meditación, las enseñanzas que ellos te
ofrecen.

326
5. Todas las cosas manifiestas se hallan
sujetas a la desaparición.
Cuando, a través de
la sabiduría, comprendas esto, entonces
sentirás desregocijo por lo transitorio.
Este es el sendero de la pureza.

327
6. Todas las cosas manifiestas producen dolor.
Cuando, a través de la sabiduría,
comprendas esto, entonces sentirás
desregocijo por lo transitorio.
Este es el sendero de la pureza.

328
7. Todas las cosas manifiestas carecen de
realidad substancial.
Cuando, a través de la
sabiduría, comprendas esto, entonces
sentirás desregocijo por lo transitorio.
Este es el sendero de la pureza.

329
8. El perezoso que no se esfuerza cuando
debería hacerlo; que, aunque siendo joven y
fuerte, es haragán; que no cultiva los buenos
pensamientos; alguien tal, lejos está de
hallar el Sendero de la Sabiduría.

330
9. Permanece atento a las palabras que
pronuncias, con la mente bien controlada y
sin permitir que el cuerpo realice acciones
equivocadas.
Purifícate a través de estos tres
caminos de la acción y alcanzarás la Senda
de los Sabios.

331
10. En verdad, de la meditación nace la
sabiduría.
Sin meditación la sabiduría se desvanece.
Conociendo estos dos senderos, el de la
elevación y el del descenso, elige aquel por el
cual la sabiduría se desarrolla.

332
11. Tala el bosque de las pasiones.
Es en ese oscuro bosque donde nace el temor.
Talando este bosque y las malezas
adyacentes alcanzarás la completa serenidad.

333
12. Mientras el más leve deseo de lujuria
no haya sido erradicado, entonces, la mente
continuará ligada, como el ternero lo está a
su madre.

334
13. Corta todos tus apegos, del mismo
modo en que puede cortar con la mano un
lirio de otoño.
Cultiva la paz interior.
El Nirvana ha sido enseñado por el
Auspicioso.

335
14. “Durante la estación de las lluvias
viviré en esta casa.
Luego, mientras transcurre el otoño moraré
en otro lugar, y más adelante pasaré el
verano en algún sitio agradable”.
Así habla el necio.
Él no tiene consciencia de que en todo tiempo
y lugar la muerte lo acecha de cerca.

336
15. Al hombre insensato, cuya mente se
halla puesta en sus hijos y sus bienes, la
muerte lo arrastra como una gran inundación
destruye a un pueblo entero.

337
16. Ni los hijos, ni los parientes, ni el
propio padre pueden proteger a una persona
cuando es sorprendida por la muerte.

338
17. Habiendo comprendido esto, aquel
que es virtuoso y buscador de la Sabiduría,
deberá con prontitud despejar todos los
obstáculos y encaminarse por el Sendero que
conduce al Nirvana.

339
340
CAPITULO XXI
MISCELANEAS

341
1. Si abandonando una pequeña
felicidad, puedes alcanzar un bien mayor,
entonces, deja aquello que es pequeño para
poder lograr lo que en verdad es importante.

342
2. Aquel que busca su propia felicidad
haciendo sufrir a quienes le rodean no se
podrá liberar del sofocante mal del rencor,
atrapado como se encuentra en las apretadas
redes del odio.

343
3. En quienes no hacen lo que deben, y
hacen lo que no deben, que son engreídos y
descuidados, la corrupción aumenta cada
vez más.

344
4. Aquellos que practican la
“desidentificación con el cuerpo”,
que evitan lo que debe evitarse y hacen lo
que deben, para estas personas atentas y
reflexivas, toda corrupción llega a su fin.

345
5. Habiendo dado muerte al deseo, que
es la madre del dolor, y a su padre, el
orgullo, y habiendo vencido a los reyes
guerreros que son los falsos conceptos sobre
el mundo, y luego de destruir al tenebroso
reino de los sentidos y sus objetos, y también
a su oscuro ministro real, que es el apego,
libre ya de aflicción, el sabio avanza hacia el
Nirvana.

346
6. Habiendo dado muerte al deseo, que
es la madre del dolor, y a su padre, el
orgullo, y habiendo vencido a los reyes
guerreros que son los falsos conceptos sobre
el mundo, y habiendo superado el peligroso
sendero de los cinco obstáculos, libre ya de
aflicción, el sabio avanza hacia el
bienaventurado estado del Nirvana.

347
7. Los discípulos de Gautama se hallan
siempre alertas y despiertos; día y noche
permanecen en la contemplación de la vida y
las obras del Budha.

348
8. Los discípulos de Gautama se hallan
siempre alertas y despiertos; día y noche
permanecen en la contemplación de las
enseñanzas del Budha.

349
9. Los discípulos de Gautama se hallan
siempre alertas y despiertos; día y noche
velan por la Orden Espiritual creada por el
Budha.

350
10. Los discípulos de Gautama se hallan
siempre alertas y despiertos; día y noche
permanecen en contemplación de la
naturaleza transitoria del cuerpo.

351
11. Los discípulos de Gautama se hallan
siempre alertas y despiertos; día y noche se
deleitan en la sencillez y la inocencia.

352
12. Los discípulos de Gautama se hallan
siempre alertas y despiertos; día y noche se
deleitan en la meditación.

353
13. Difícil es llegar a la renuncia de
todos los apegos, difícil es hallar deleite en
ello.
También es difícil la vida en el mundo.
Es dolorosa la asociación con aquellos cuya
naturaleza no es afín a la nuestra.
El sufrimiento sigue inexorablemente a
quien transita por el samsara.
Por lo tanto, deja de ser un viajero del mundo,
ya no persigas la desdicha.

354
14. Aquel que se halla lleno de fe y de
virtud es honrado por doquiera, sea cual sea
el lugar por donde transite.

355
15. Aunque se hallen en lugares lejanos,
aun en las apartadas regiones de los
Himalayas, los hombres buenos
resplandecen por sí mismos y su luz alumbra
por doquiera.
En cambio, los malvados y
mezquinos, aunque se hallen cerca, son
invisibles, como flechas arrojadas en medio
de la noche.

356
16. Siéntate a meditar en soledad,
descansa en soledad, avanza solitario por el
Sendero, permanece libre de indolencia,
controla tus pensamientos, así hallarás la
Felicidad en la quietud del bosque.

357
358
CAPITULO XXII
EL SUFRIMIENTO

359
1. Aquel que no habla con la verdad está
sembrando en su corazón las semillas del
dolor, al igual que aquel que habiendo hecho
algo malo dice “yo no lo hice”.
Ambos, en el futuro, sufrirán por tales actos.

360
2. Hay muchos que portan
orgullosamente la túnica amarilla del monje,
pero tienen mala disposición en sus mentes y
no se esfuerzan por controlarse a sí mismos.
Personas semejantes padecerán en el futuro
los resultados de tales actos.

361
3. Sería mejor tragar una bola de hierro
candente, la cual te consumiría como una
inmensa llamarada, que ser una persona
inmoral y carente de autocontrol que se
alimenta con las ofrendas dadas por la gente.

362
4. El hombre que corteja a la mujer ajena
sufre cuatro clases de desgracias: aumentará
su impureza, su serenidad se verá alterada,
será reprobado y entrará en un estado de
continuo sufrimiento.

363
5. Además de ello el destino le deparará
un largo dolor.
Pequeño es el placer de una
mujer y un hombre atemorizados.
Por otra parte, un Rey justo le impondrá un
severo castigo.
Por lo tanto, no se debe frecuentar la
mujer ajena.

364
6. Así como la hierba kusha, si es
tomada del modo incorrecto, puede producir
dolorosas heridas en la mano, de la misma
manera, la vida del monje, si es mal
practicada, con una mente impura, produce
resultados dolorosos y pocos beneficios.

365
7. Cuando se pierde la oportunidad de
realizar la acción correcta, cuando se
adquieren malos hábitos, cuando se lleva una
vida de falsa espiritualidad, entonces, los
frutos que se recogerán serán amargos y
causantes de dolor.

366
8. Si debes cumplir con un deber, hazlo en
forma enérgica y con buena disposición,
porque la pereza traerá consigo inquietud y
dolor.

367
9. Es preferible no actuar, antes que
realizar una mala acción, porque ésta trae
consigo tormentos en este mundo y en el
mundo del más allá.
Siempre se debe elegir hacer una buena
acción, de la cual jamás dimana el pesar.

368
10. Como si fueses una ciudad
fronteriza, custodiada tanto interior como
exteriormente, así debes cuidar de ti mismo.
No dejes pasar la oportunidad de escuchar
estas enseñanzas.
Aquellos que, estando desatentos, no oyen
esta sabiduría traerán para sí mares
de pesar.

369
11. Aquellos que se avergüenzan de lo
que no deben, y no sienten vergüenza ante lo
vergonzoso, toman por un mal camino, y se
sumergen en oscuros abismos.

370
12. Quienes sienten temor frente a
aquello que no debe ser temido, y no temen
a lo que en verdad es digno de temor, ellos
se han encaminado por la senda errada que
conduce al sufrimiento.

371
13. Los que imaginan faltas donde no las
hay y no ven el error donde éste habita, se
desvían del camino de la pureza y
descienden a los estados más bajos de la
existencia.

372
14. Pero, quien reconoce el mal cuando
éste se presenta ante él, y también distingue
lo bueno cuando se halla en su presencia,
alguien semejante se encamina hacia los
estados de bienaventuranza.

373
374
CAPITULO XXIII
EL ELEFANTE

375
1. Así como un noble elefante, en el
campo de batalla, soporta con valor y
entereza las flechas enemigas que caen sobre
él, de modo similar, debes soportar, con
valor y disciplina, las injurias que puedan
caer sobre ti.
En verdad, la mayoría de los
seres humanos carecen de disciplina.

376
2. Tan solo un elefante entrenado puede
ser llevado al combate.
El elefante en que se traslada el Rey
debe ser el más sumiso y obediente.
De igual modo, los mejores entre
los seres humanos son aquellos poseedores
de disciplina y que soportan con valor las
ofensas y agravios.

377
3. Las mulas, cuando son entrenadas, son
fieles y trabajadoras, así como también los
briosos corceles una vez que fueron
domados, y lo mismo sucede con los
poderosos elefantes.
De igual modo, debes entrenarte y
disciplinarte a ti mismo.

378
4. Los corceles y los elefantes pueden
trasladarte a lugares lejanos, sin embargo,
ninguno de ellos podrá llevarte a la remota
región del Nirvana.
Tan sólo tú mismo, con tu ser bien
controlado, subyugado y disciplinado,
podrás llegar a las sagradas
tierras del Nirvana.

379
5. El elefante llamado Dhanapalaka,
cuya naturaleza es incontrolable, cuando se
halla en cautiverio se rehúsa a tomar
cualquier clase de alimento.
Tan solo añora regresar a su tierra de origen,
el bosque, y permanecer allí junto a sus
amados compañeros.

380
6. La persona necia, descuidada, que
sólo vive para alimentarse, siempre
somnolienta, recostada como un gran cerdo
atiborrado de comida, vuelve a nacer en este
mundo de dolor, una y otra vez.

381
7. Antes mi mente vagaba de un lado a
otro, llevada por erráticos pensamientos y
siguiendo sus cambiantes motivaciones.
Hoy, gracias a una constante atención, he
logrado dominarla completamente, del
mismo modo en que un mahut controla
perfectamente al elefante que conduce.

382
8. Complácete en la vigilancia.
Permanece atento a los movimientos de tu
mente.
Apártate del mal camino, del mismo
modo en que un elefante abandona el
lodazal.

383
9. Si en el camino de la vida hallas a un
compañero prudente, cuyo comportamiento
es correcto y en sus actos brilla la sabiduría,
deberías acercarte a él y con su ayuda vencer
todos los obstáculos que se vayan
presentando.

384
10. Si, en cambio, no hallas a un
compañero semejante, entonces, como el
Rey que abandona un reino conquistado,
continúa en soledad por el camino de la vida
como el elefante en el bosque.

385
11. Es preferible vivir solo que tener por
compañera a una persona ignorante de bajas
tendencias.
Vive en soledad sin hacer daño a
ningún ser, feliz, como vive el elefante en el
bosque.

386
12. En los momentos de necesidad, es
una dicha poseer amigos.
Es una dicha hallarse satisfecho con lo que
quiera que nos suceda.
Es una dicha haber realizado buenas
acciones en la vida cuando ésta llega a su fin.
Y es una dicha poder evitar el mal.

387
13. Es una dicha cuidar de tus padres
cuando ellos te necesitan.
También es una dicha cuidar de los
Maestros y los Sabios.
Y también es una dicha servir a los
Iluminados.

388
14. Es una dicha cultivar el estudio y la
sabiduría en forma continua hasta
llegar a la vejez.
Es una dicha poseer una intensa fe.
Es una dicha alcanzar la sabiduría.
Y es una dicha no hacer el mal.

389
390
CAPITULO XXIV
EL DESEO

391
1. En quien lleva una vida disipada los
deseos crecen día a día cual si fuesen una
hiedra voraz.
Él pasará de un nacimiento a otro
como un mono amante de las frutas, que
salta incansablemente de árbol en árbol.

392
2. Aquel que cae preso del terrible mal
del deseo, hará que el dolor aumente
continuamente como se expande una mala
hierba regada con abundante agua.

393
3. En cambio, aquel que es capaz de
sobreponerse a esta funesta enfermedad, no
será tocado por el dolor, del mismo modo en
que las aguas no mancillan a las delicadas
hojas del loto.

394
4. ¡Bienaventurados los que oyen las
enseñanzas de los Budhas! Extirpa de raíz la
terrible hiedra de los deseos.
No permitas que Mara te hiera una y otra
vez como las olas de un río golpean a
una pequeña caña nacida en su orilla.

395
5. Si las raíces de un árbol talado
permanecen sanas y bien arraigadas en la
tierra, sus ramas volverán a crecer una
y otra vez.
Lo mismo sucede con los deseos
latentes en el ser humano; si no son
extirpados de raíz, volverán a producir los
frutos del dolor una y otra vez.

396
6. Si alguno de los treinta y seis ríos de
los deseos que se extienden hacia los
pensamientos de goce, llega a ser fuerte y
caudaloso, entonces, esa persona será
arrastrada inexorablemente por la poderosa
corriente de los pensamientos de lujuria.

397
7. Los ríos de los deseos corren en todas
las direcciones.
La vigorosa hiedra de los deseos brota
incesantemente de los sentidos y se adhiere
fuertemente a los objetos de sensación.
Habiendo conocido la naturaleza
de esta sofocante hiedra, valiéndote de la
sabiduría, córtala de raíz.

398
8. Los seres humanos se hallan
adormecidos debido al placer que causa el
contacto de los sentidos con sus objetos.
Deseando la felicidad, ellos la buscan por
caminos errados.
En verdad, quienes así actúan regresarán
una y otra vez a este mundo de dolor.

399
9. Quien es prisionero de sus propios
deseos se halla aterrorizado como una liebre
en cautiverio.
Sujeto por lazos e impedimentos volverá
una y otra vez a este mundo de dolor.

400
10. Quien es prisionero de sus propios
deseos se halla aterrorizado como una liebre
en cautiverio.
Por lo tanto, el monje que
anhela alcanzar el Nirvana, librándose de
toda pasión, debería dejar a un lado
todos los deseos.

401
11. Hay quienes, en su juventud, dejaron
atrás los deseos mundanos y comenzaron
una vida de ascetismo y soledad.
Más, con el paso del tiempo se dejaron
llevar por los impulsos de sus anteriores deseos,
regresaron al mundo y volvieron a caer
presos del apego.
¡Ten cuidado! Una caída semejante lleva
al ser humano a sufrir incontables penas.

402
12. Los sabios dicen: “las ataduras
hechas con hierro, maderas o sogas son muy
fuertes.
Pero, aquellas nacidas del deseo por
el dinero, por los bienes materiales, hijos o
una familia, esas, en verdad son las ataduras
más difíciles de cortar”.

403
13. Los sabios dicen: “estas ataduras
nacidas del deseo en verdad son fuertes.
Ellas son flexibles, hirientes y muy difíciles
de soltar.
El que avanza en el Sendero debe
cortar también estas ataduras, abandonar la
vida mundana y, ya libre de deseos,
renunciar a todo placer sensible”.

404
14. Aquellos que están ciegamente
apasionados por la lujuria ingresan en la
corriente de los deseos del mismo modo en
que una araña genera la tela en la cual habita.
El sabio corta este apasionamiento y transita
por la vida sin deseos, liberado ya de todo
dolor.

405
15. Abandona los recuerdos de tu pasado.
Abandona las preocupaciones sobre el futuro.
Abandona los pensamientos sobre el presente.
Cruza hacia la Otra Orilla, con tu
mente libre de todo deseo.
De este modo, ya no volverás a este mundo
de nacimiento y muerte.

406
16. En una persona que es perturbada
por malos pensamientos, que es
excesivamente lujuriosa, que se deleita
persiguiendo aquello que le causa placer, los
deseos aumentan día a día.
Hará que los lazos de la Ilusión sean
más y más fuertes.

407
17. Aquel que es feliz cuando logra
vencer a sus malos pensamientos, que medita
sobre la impermanencia del cuerpo, que
siempre se halla atento y despierto, alguien
tal, logrará poner fin a sus deseos.
Él se liberará de los lazos de Mara.

408
18. Quien se ha liberado de todo temor y
deseo, y ha logrado extinguir sus pasiones,
finalmente se verá libre de la dolorosa espina
de la existencia terrenal.
Alguien semejante ya no volverá a nacer
en este mundo de dolor.

409
19. Aquel que se halla libre de deseo y
codicia, que es versado en etimología
sagrada y conoce el verdadero significado de
las palabras, que sabe cuál es la correcta
agrupación de las letras y su secuencia, ha
llegado a su último nacimiento en este
mundo.
De él se dice que es poseedor de la
más profunda Sabiduría.

410
20. El Iluminado ha cortado todos sus
lazos con el mundo.
Hallándose completamente absorto en
“la destrucción del deseo”,
ha llegado al supremo conocimiento.
Ha logrado el desapego de
todas las cosas y a todo ha renunciado.

411
21. El don de la Verdad es superior a
todos los otros dones.
El perfume de la Verdad es más exquisito
que todos los perfumes.
La dicha que otorga la Verdad es
superior a todas las dichas.
Quien ha extinguido en sí el deseo se
sobrepone a todo dolor.

412
22. Las riquezas son la perdición del
necio que no busca el Nirvana.
Deseando riquezas, el ignorante cree ser
superior a los demás, y lo único que logra
es su propia ruina.

413
23. La mala hierba es una plaga para los
campos, del mismo modo que la lujuria es
una plaga para el ser humano.
Por ello, todo cuanto es hecho para lograr
la liberación de las pasiones rinde
abundantes y benéficos frutos.

414
24. La mala hierba es una plaga para los
campos, del mismo modo que el odio es una
plaga para el ser humano.
Por ello, la ofrenda que se hace a aquellos
que se han liberado del odio rinde
abundantes y benéficos frutos.

415
25. La mala hierba es una plaga para los
campos, del mismo modo que la ilusión es
una plaga para el ser humano.
Por ello, la ofrenda que se hace a aquellos
que se han liberado de la ilusión rinde
abundantes y benéficos frutos.

416
26. La mala hierba es una plaga para los
campos, del mismo modo que el deseo es
una plaga para el ser humano.
Por ello, la ofrenda que se hace a aquellos
que se han liberado del deseo rinde
abundantes y benéficos frutos.

417
418
CAPITULO XXV
EL MONJE MENDICANTE

419
1. Es bueno controlar nuestra vista; es
bueno controlar nuestro oído; es bueno
controlar nuestro olfato; y es bueno controlar
nuestro gusto.

420
2. También es benéfico controlar nuestros
actos, nuestra palabra y nuestra mente.
En verdad, todo control sobre
nosotros mismos es algo bueno.
El monje que logra controlarse en todas
las formas, logrará finalmente liberarse
del dolor.

421
3. Aquel que controla los actos que
realiza con sus manos, los que efectúa con
sus pies y que controla su palabra y también
su mente; que se deleita con la meditación y
es de ánimo tranquilo; que se deleita en la
soledad y siempre se halla satisfecho con lo
que quiera que le suceda, alguien semejante
es digno de ser llamado monje.

422
4. Dulce y melodiosa es la palabra del
monje que posee control sobre su lengua,
que habla con sabiduría, que carece de
orgullo y que explica y enseña la Verdad.

423
5. El monje que mora en la Verdad, que
se deleita en la Verdad, que medita sobre
ella y la recuerda en todo momento, jamás
abandonará la Senda hacia el Nirvana.

424
6. El monje mendicante jamás debe
despreciar aquello que recibe, ni tampoco
debería envidiar lo que pertenece a los
demás.
En verdad, el monje que envidia las
posesiones ajenas, jamás podrá obtener el
don de la concentración.

425
7. El monje mendicante de corazón puro
que jamás desprecia aquello que recibe, por
pequeño que sea, es alabado por los mismos
Dioses del Cielo.

426
8. Aquel que carece de pensamientos
tales como “yo soy” y “yo tengo”, y que no
sufre por aquello que no tiene, alguien así es,
en verdad, un monje.

427
9. El monje cuyo corazón se halla pleno
de bondad y que se complace escuchando
las enseñanzas de los Budhas, obtendrá,
allende toda inquietud, el estado de suprema
paz y felicidad: el Nirvana.

428
10. Vacía la barca de tu vida.
Cuando se halle ligera podrás navegar
velozmente.
Corta las amarras de las pasiones y el odio, y
emprende el bienaventurado viaje hacia el
Nirvana.

429
11. Corta las cinco ataduras inferiores,
corta las cinco ataduras superiores y cultiva
las cinco cualidades necesarias para la
liberación.
El monje que ha superado los cinco
impedimentos es llamado
“Aquel que ha cruzado la corriente”.

430
12. Ejercítate en la meditación.
No seas perezoso.
No permitas que tu mente caiga
en el terrible remolino de los placeres
sensuales.
Sé atento y cuidadoso; no
ingieras esa bola candente de la pasión,
causante del más terrible dolor.

431
13. Para quien carece de sabiduría no
hay concentración, ni para el que carece de
concentración hay sabiduría.
Aquel que posee capacidad de concentración
y sabiduría, se halla, verdaderamente, a las
puertas del Nirvana.

432
14. El monje que se ha retirado a un
lugar solitario, cuya mente se halla en calma,
que comprende claramente las enseñanzas
que ha recibido, experimenta una felicidad
que trasciende la del común de los mortales.

433
15. Reflexiona calmadamente sobre la
intrascendencia de los seres, sobre el
nacimiento y el decaimiento de todos los
cuerpos, y así, experimentarás un profundo
gozo y felicidad.
Para “aquellos que conocen la Verdad”,
esa reflexión es el Camino al Nirvana.

434
16. Para un monje, el Sendero a la
Perfección comienza de la siguiente manera:
controlando sus sentidos, cultivando el
contentamiento con todo lo que le suceda,
encauzando su vida de acuerdo a las reglas
morales, asociándose con personas
diligentes y de buenos pensamientos cuyos
medios de vida sean puros.

435
17. El monje debe ser bondadoso y
cordial con todos, y delicado en su conducta.
De este modo, pleno de alegría, pondrá fin a
su dolor y alcanzará el Nirvana.

436
18. Así como el jazmín trepador deja
caer sus flores marchitas, de igual modo,
debes tú desprenderte de toda lujuria y
pasión.

437
19. El monje cuyo cuerpo se halla
calmo, cuyas palabras son dulces como el
néctar, cuya mente está sosegada, que lleva
una vida serena, que se ha desprendido de
los bienes mundanos, en verdad puede ser
llamado “lleno de paz”.

438
20. Corrige tus propias faltas.
Examínate continuamente a ti mismo.
Vigila los movimientos de tu mente.
De este modo, vivirás feliz.

439
21. En verdad, tú eres el protector de ti mismo.
Eres tu propio refugio.
Por lo tanto, cuídate, al igual que un
mercader custodia celosamente a su
noble corcel.

440
22. Lleno de alegría, pleno de fe en las
Enseñanzas, el monje llegará al estado de
Infinita Paz, la extinción del mundo de los
seres condicionados, la Bienaventuranza
Suprema.

441
23. Aquel que, mientras aún es joven, se
devociona a sí mismo al estudio de las
Enseñanzas Sagradas, brinda su luz sobre
este mundo, del mismo modo en que la luna,
ya libre de nubes, ilumina la faz de la tierra.

442
443
CAPITULO XXVI
EL BRAHMÍN

444
1. Esfuérzate y nada contra la corriente
de los deseos.
Despójate, de los anhelos por los objetos
de los sentidos.
Sabiendo que la muerte es el fin de
todos los seres condicionados, encamínate
hacia el Nirvana.

445
2. Cuando, a través de la concentración y
la visión interior, el brahmín alcanza la
“Otra Orilla”, entonces, en posesión del
Supremo Conocimiento, queda libre de
todas las ataduras mundanales.

446
3. A aquel para quien no existe ya ni esta
ni tampoco la otra orilla, que se halla libre
de apegos y de pesar, a él lo llamo un
verdadero brahmín.

447
4. A aquel que se regocija en la
meditación, que se halla libre de máculas y
ama la soledad, que en toda ocasión hace lo
que debe y se halla libre de lazos mundanos
y de apegos, a ése le llamo brahmín.

448
5. Durante el día brilla el sol con todo su
fulgor; por las noches la luna brinda su
serena luz; refulge un Rey cuando porta su
dorada armadura; y un brahmín esplende
cuando se halla inmerso en meditación.
Pero día y noche brilla la Gloria del Budha
que irradia su Luz por doquier.

449
6. Aquel que ha removido todo mal de
su interior es llamado brahmín; aquel cuya
vida se halla plena de paz es llamado
samana; y el que se ha librado de todas las
impurezas es conocido como pabbajita.

450
7. Nadie debería atacar a un brahmín, ni
tampoco un brahmín debería responder
a un ataque.
La deshonra caerá sobre quien hiera
a un brahmín.
Pero mayor será aún la deshonra del
brahmín que se deje llevar por la cólera.

451
8. Para un brahmín es una gran virtud el
hallarse libre de la ira y del espíritu de
venganza.
Cuando la mente se desprende de
las cosas queridas, cuando todo deseo de
herir cesa, entonces, y sólo entonces, el dolor
desaparece.

452
9. A aquel que no hiere con el cuerpo, ni
la palabra, ni la mente, y que en estos tres
aspectos se halla controlado, a ése llamo un
brahmín.

453
10. Quien brinda la enseñanza de la
Liberación tal como la promulgó el
Iluminado ha de ser devotamente
reverenciado, del mismo modo en que un
brahmín se postra ante el fuego sagrado.

454
11. No son los cabellos enmarañados, ni
poseer una familia noble, ni haber tenido un
elevado nacimiento lo que hace de una
persona un brahmín.
Aquel en quien mora la verdad y la rectitud,
a ése, llamo yo un brahmín.

455
12. ¿De qué sirve lucir una mata de
cabellos imitando a los ascetas, si te hallas
preso del error?
¿En qué puede ayudarte
llevar como atuendo una piel de antílope, si
tu corazón se halla lleno de pasiones?
Cuida tu interior, no tu aspecto externo.

456
13. A aquel que viste una simple túnica
cubierta de polvo, sencilla, que medita en
soledad en la espesura del bosque, a ése
llamo brahmín.

457
14. No llamo brahmín a alguien
simplemente porque nació en una familia de
brahmines.
Alguien tal, si en su corazón
habita la pasión y el apego, es tan sólo
poseedor de “un buen nombre”.
Aquel que se halla libre de apegos y deseos,
a ése llamo brahmín.

458
15. A quien ha cortado todos sus lazos
mundanos, que se ha librado del yugo del
temor y que se ha elevado por sobre todos
los apegos, a ése llamo brahmín.

459
16. A aquel que ha roto las cadenas del
odio y las ataduras del deseo, que ha
escapado de la prisión del conocimiento
erróneo y se ha librado del yugo de las
tendencias latentes, que ha podido cruzar el
cerco de la ignorancia y ha logrado la
Iluminación, a ése, llamo brahmín.

460
17. A aquel que, libre de odio, soporta
pacientemente las afrentas, los azotes y
castigos, y es poseedor de una paciencia
imbatible, a alguien semejante llamo
brahmín.

461
18. A aquel que se halla libre de cólera y
es diligente para cumplir con sus deberes,
virtuoso, carente de deseos, que se controla a
sí mismo y que, libre de apegos, habita por
última vez en un cuerpo mortal, a ése llamo
brahmín.

462
19. A aquel que no se apega a los
placeres de los sentidos, como el agua no se
adhiere a las hojas del loto, o el grano de
mostaza a la punta de una aguja, a ése le
llamo brahmín.

463
20. A aquel que en este mundo ha
logrado la cesación del dolor, que se ha
sobrepuesto a todos los pesares y alcanzó la
emancipación, a ése llamo brahmín.

464
21. Aquel en quien el conocimiento es
profundo, que actúa con sabiduría, que
conoce ambos senderos: el que conduce al
Nirvana y el sendero errado; y que ha
alcanzado la Meta Suprema, a ése, llamo
brahmín.

465
22. Aquel que no tiene lazos que lo unan
con las personas hogareñas, ni tampoco con
los que viven en soledad, que peregrina de
un lugar a otro sin tener morada fija, que se
halla libre de deseos, a ése llamo brahmín.

466
23. A aquel que no recurre a la violencia
en su trato con los seres, que no mata ni
hiere, a alguien semejante llamo brahmín.

467
24. A aquel que es amigable con los que
le son hostiles, que se halla lleno de paz aún
entre los violentos y que permanece
desapegado de los objetos mundanos aunque
esté rodeado de personas codiciosas, a ése,
en verdad, le llamo brahmín.

468
25. A aquel a quien la lujuria, el odio, el
orgullo y la falsedad le han abandonado, del
mismo modo en que un grano de mostaza se
cae desde la punta de una aguja, a ése, llamo
brahmín.

469
26. Quien al hablar es delicado,
instructivo y verídico, y cuyas palabras a
nadie ofenden, a ése llamo brahmín.

470
27. Quien nunca toma algo que no le
pertenezca, se trate de algo grande o
pequeño, bello o desagradable, a él, llamo
yo un brahmín.

471
28. A aquel que nada desea, ni en este
mundo ni en el mundo del más allá, que se
halla exento de pasiones y libre de todo
afecto, a ése llamo brahmín.

472
29. A aquel que está libre de ansiedad,
que ha logrado extirpar las dudas de su
corazón y que está firmemente establecido
en el Sendero hacia la Inmortalidad, a ése
llamo un brahmín.

473
30. A aquel que se ha liberado de todas
las ataduras, tanto malas como buenas, que
se halla libre de pesares, inmaculado y puro,
a ése llamo un brahmín.

474
31. A aquel que es inmaculado como la
luna, que es puro, sereno e imperturbable, en
quien se ha extinguido toda preocupación
por el devenir, a ése llamo un brahmín.

475
32. A aquel que ha logrado salir del
lodazal de la lujuria y las pasiones, que ha
cruzado el tormentoso océano de la vida,
que ha superado la corriente e ido más allá,
que halla paz en la meditación, libre de
dudas y deseos, quien, habiéndose
desapegado de todas las cosas, ha alcanzado
el Nirvana, a ése llamo un brahmín.

476
33. A aquel que se ha desapegado en este
mundo de todos los deseos por los objetos
de los sentidos, que ha renunciado a la vida
mundana y se ha tornado un monje
peregrino, en quien se ha extinguido todo
anhelo de felicidad personal, a ése llamo un
brahmín.

477
34. A aquel que ha abandonado todos los
deseos, que ha renunciado a la vida mundana
y ha pasado a vivir en soledad, a ése llamo
un brahmín.

478
35. A aquel que, habiendo abandonado
las ataduras humanas y luego de haber
trascendido las celestiales, se halla libre de
todo apego, a ése llamo brahmín.

479
36. A aquel que ha abandonado gusto y
disgusto, que es ecuánime y libre de
máculas, que se ha sobrepuesto a la ilusión y
es perseverante, a ése llamo brahmín.

480
37. A aquel que conoce el nacimiento y
el fin de los seres, que está libre de apegos,
bien encaminado en la Senda hacia el
Nirvana e iluminado por la Sabiduría, a ése
llamo brahmín.

481
38. A aquel cuyo destino es
desconocido para los hombres y aún para
los mismos Dioses y Gandharvas, en quien
se han extinguido todos los impedimentos y
todas las pasiones han cesado, a ése llamo
brahmín.

482
39. A aquel que no posee apego por los
sucesos del pasado, del presente o del futuro
y que se halla libre de codicia, a ése llamo
brahmín.

483
40. A aquel que ha abandonado todo
temor, el Bienaventurado Sabio, el Gran
Conquistador, el verdadero Héroe, el que ha
abandonado todo deseo, el purificado, el
Iluminado, a ése llamo brahmín.

484
41. A aquel Sabio que recuerda sus
anteriores experiencias, que sabe cuáles son
los estados de bienaventuranza y cuáles los
estados de dolor, que ha llegado a su último
nacimiento en este mundo, que, mediante la
más elevada sabiduría se ha perfeccionado a
sí mismo, que ha alcanzado la cumbre de la
Vida de Santidad y cuyas pasiones y deseos
han llegado a su fin, a ése, en verdad, llamo
brahmín.

485
486
‘¡Magnífico, maestro Gotama! ¡Excelente, maestro Gotama!
El maestro Gotama ha esclarecido el Dhamma de diferentes maneras.
Es como si enderezara aquello que estaba torcido,
como si revelara lo que estaba oculto, como si mostrara el camino
a alguien que estaba perdido, o como si encendiera una lámpara en
medio de la oscuridad, de tal manera que uno dotado de buena
vista pudiera percibir las formas.

Yo voy al maestro Gotama por refugio,


también al Dhamma y al Sangha de los monjes.

487
488
Que todos se hayan maravillados,
se hayan complacido y estén gozosos.
Que sus corazones estén llenos de dicha y felicidad.

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