Imperio romano
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Este aviso fue puesto el 19 de agosto de 2019.
Para otros usos de este término, véase Imperio romano (desambiguación).
Imperium Romanum
Senatus Populusque Romanus
Res publica populi romani
Imperio romanonota 1
← Flag of the Roman [Link]
27 a. C.-476/1453
[Link] →
Byzantine imperial flag, 14th century, [Link] →
Vexillum
Bandera
Ubicación de Roma
El Imperio romano en el año 117, cuando alcanzó su máxima extensión, bajo el
gobierno de Trajano
Capital Roma (27 a. C.-330)
Milán (286–402)
Rávena (402–476)
Nicomedia (286–330)
Constantinopla
(330-1453)
Idioma principal Latín, Griego
Otros idiomas Véase Lenguas del Imperio romano
Religión Religión romana (27 a. C.-380)
Cristianismo (380-1453)
Gobierno Autocracia
Emperadornota 2
• 27 a. C.-14 d. C. Augusto
• 1449-1453 Constantino XI
Cónsul
• 27-23 a. C. Augusto
• 886-912 León VI el Sabio
Legislatura Senado romano
Período histórico Edad Antigua y Media
• Batalla de Accio
2 de septiembre de 31 a. C.
• Octavio es proclamado Augusto 16 de enero de 27 a. C.
• Fundación de Constantinopla 11 de mayo de 330
• División definitiva entre Occidente y Oriente 17 de enero de 395
• Caída de Occidente 4 de septiembre de 476
• Caída de Oriente 29 de mayo de 1453
Superficie
• 11712 5 000 000 km²
Población
• 11712 est. 88 000 000
Densidad 17,6 hab./km²
Moneda Denario, sestercio, sólido bizantino
Vexillum —bandera generalmente empleada por el ejército romano— con la inscripción
SPQR.
El Imperio romano (latín: Imperium Romanum, Senatus Populusque Romanus o Res
publica populi romani)nota 1 fue el tercer periodo de civilización romana en la
Antigüedad clásica, posterior a la República romana y caracterizado por una forma
de gobierno autocrática. El nacimiento del Imperio viene precedido por la expansión
de su capital, Roma, que extendió su control en torno al mar Mediterráneo. Bajo la
etapa imperial los dominios de Roma siguieron aumentando hasta llegar a su máxima
extensión durante el reinado de Trajano, momento en que abarcaba desde el océano
Atlántico al oeste hasta las orillas del mar Caspio, el mar Rojo y el golfo Pérsico
al este, y desde el desierto del Sahara al sur hasta las tierras boscosas a orillas
de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia al norte. Su superficie
máxima estimada sería de unos 5 millones de km².
El término es la traducción de la expresión latina «Imperium Romanum», que
significa literalmente «El dominio de los romanos». Polibio fue uno de los primeros
hombres en documentar la expansión de Roma aún como República. Durante los casi
tres siglos anteriores al gobierno del primer emperador, César Augusto, Roma había
adquirido mediante numerosos conflictos bélicos grandes extensiones de territorio
que fueron divididas en provincias gobernadas directamente por propretores y
procónsules, elegidos anualmente por sorteo entre los senadores que habían sido
pretores o cónsules el año anterior.
Durante la etapa republicana de Roma su principal competidora fue la ciudad púnica
de Cartago, cuya expansión por la cuenca sur y oeste del Mediterráneo occidental
rivalizaba con la de Roma y que tras las tres guerras púnicas se convirtió en la
primera gran víctima de la República. Las guerras púnicas llevaron a Roma a salir
de sus fronteras naturales en Italia y a adquirir poco a poco nuevos dominios que
debía administrar, como Sicilia, Cerdeña, Córcega, Hispania, Iliria, etc.
Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto fueron difícilmente
gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones
con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer
la autoridad sobre las tropas para obtener réditos políticos. Así fue como
surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal era el poder. Este fue el
caso de Julio César, quien no solo amplió los dominios de Roma conquistando la
Galia, sino que desafió la autoridad del Senado romano.
El Imperio romano como sistema político surgió tras las guerras civiles que
siguieron a la muerte de Julio César, en los momentos finales de la República
romana. Tras la guerra civil que lo enfrentó a Pompeyo y al Senado, César se había
erigido en mandatario absoluto de Roma y se había hecho nombrar Dictator perpetuus
(dictador vitalicio). Tal osadía no agradó a los miembros más conservadores del
Senado romano, que conspiraron contra él y lo asesinaron durante los Idus de marzo
dentro del propio Senado, lo que suponía el restablecimiento de la República, cuyo
retorno, sin embargo, sería efímero. El precedente no pasó inadvertido para el
joven hijo adoptivo de César, Octavio, quien se convirtió años más tarde en el
primer emperador de Roma, tras derrotar en el campo de batalla, primero a los
asesinos de César, y más tarde a su antiguo aliado, Marco Antonio, unido a la reina
Cleopatra VII de Egipto en una ambiciosa alianza para conquistar Roma.
A su regreso triunfal de Egipto, convertido desde ese momento en provincia romana,
la implantación del sistema político imperial sobre los dominios de Roma deviene
imparable, aún manteniendo las formas republicanas. Augusto aseguró el poder
imperial con importantes reformas3 y una unidad política y cultural (civilización
grecorromana) centrada en los países mediterráneos, que mantendrían su vigencia
hasta la llegada de Diocleciano, quien trató de salvar un Imperio que caía hacia el
abismo. Fue este último quien, por primera vez, dividió el vasto Imperio para
facilitar su gestión. El Imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones
siguiendo el ritmo de guerras civiles, usurpadores y repartos entre herederos al
trono hasta que, a la muerte de Teodosio I el Grande en el año 395, quedó
definitivamente dividido.
En el inmenso territorio del Imperio Romano se fundaron muchas de las grandes e
importantes ciudades de la actual Europa Occidental, el norte de África, Anatolia y
el Levante. Ejemplos son París (Lutecia), Estambul (Constantinopla), Vienna
(Vindobona), Barcelona (Barcino), Zaragoza (Caesaraugusta), Mérida (Augusta
Emerita), Milán (Mediolanum), Londres, (Londinium), Colchester (Camulodunum) o Lyon
(Lugdunum) entre otros.
Finalmente, en 476 el hérulo Odoacro depuso al último emperador de Occidente,
Rómulo Augústulo. El Senado envió las insignias imperiales a Constantinopla, la
capital de Oriente, formalizándose así la capitulación del Imperio de Occidente. El
Imperio romano de Oriente proseguiría casi un milenio en pie como el único Imperio
romano (aunque usualmente se usa el moderno nombre historiográfico de Imperio
bizantino), hasta que en 1453 Constantinopla cayó bajo el poder del Imperio
otomano.
El legado de Roma fue inmenso; tanto es así que varios fueron los intentos de
restauración del Imperio, al menos en su denominación. Destaca el intento de
recuperar occidente de Justiniano I, por medio de sus generales Narsés y Belisario,
el de Carlomagno con el Imperio Carolingio o el del Sacro Imperio Romano Germánico,
sucesor de este último, pero ninguno llegó jamás a reunificar todos los territorios
del Mediterráneo como una vez logró la Roma de tiempos clásicos.
Con el colapso del Imperio romano de Occidente finaliza oficialmente la Edad
Antigua dando inicio la Edad Media