Arcano II La Papisa
El arcano de La Papisa, es una carta muy importante dentro de la simbología del Tarot, ya
que esta carta nos apertura al lado femenino que se haya dentro de nuestra psique. Este
arcano del Tarot tiene que ser apreciado como una representación del aspecto religioso
que se halla dentro de lo que conocemos por cultura como lo Sagrado Femenino. Si uno
aprecia con un total detenimiento puede observar que simbólicamente el arcano II es
decir La Papisa nos está mostrando el poder numinoso que está dentro del arquetipo de El
Ánima, el cual es plasmado en otros arcanos del mazo del Tarot.
Entonces al conocer esto, nosotros tenemos que comprender que esta al ser la primera
carta que va a representar, el aspecto de lo femenino dentro del Tarot, esta tiene por
decirlo así el “primer lugar” de importancia jerárquica que los dos primeros arcanos, es
decir el arcano de El Loco y el arcano de El Mago, los cuales son una representación del
aspecto masculino. Al leer esto quizás mi lector se esté preguntando: ¿Por qué el Tarot
empieza con arcanos masculinos y no con un arcano que represente lo femenino, ya que
como se menciona el arcano de La Papisa cuenta con el mismo orden de jerarquía que los
arcanos anteriores? La respuesta a esta interrogante es que el Tarot como ya se ha dicho
es un libro pictórico de sabiduría, ya que este material nos logra plasmar eventos de la
historia humana, los cuales se encuentran relacionados con eventos de la religión (judeo-
cristiana), así mismo con otros eventos históricos los cuales quizás sean poco conocidos
pero que sucedieron dentro de la edad media. Al plasmarse primero el aspecto masculino
en el Tarot, esto nos hace recordar sobre el origen de la creación de la humanidad, donde
el varón (Adán) fue creado antes que la mujer (Eva).
Este arcano aparte de poder simbolizarnos el aspecto divino de lo femenino, viene siendo
también una representación de un hecho histórico dentro de la historia del vaticano. Pues
el puesto de la “Papisa”, a pesar de que el catolicismo lo niegue este si existió en la edad
media. Si bien por educación conocemos por dogma religioso las jerarquías del sacerdocio
católico, apreciamos que los puestos importantes que solo están mencionados son los
puestos de obispo, cardenal y Papa. Pero en el año 818 d.C. (edad media) se relata que
hubo una osada mujer que tomó el rol de ser Papa. Esta dama que se infiltró en las altas
jerarquías de los príncipes de la iglesia, tuvo el nombre de Juana, a pesar de que la iglesia
halla desmentido su probable existencia histórica, no se pueden negar que hubieron una
serie de protocolos (posteriores al año 818 d. C.) como por ejemplo que el candidato a ser
Papa se sentase en una silla con un hueco y que este al sentarse semidesnudo hubiesen
unos testigos debajo de este asiento, los cuales al estilo de notarios clericales garantizasen
que el sumo pontífice tuviese testículos, esto para poder garantizar que el Papa fuese un
varón y no una mujer, lo cual termina por confirmarnos inevitablemente la existencia
histórica de esta mujer llamada Juana.
La psicóloga Sallie Nichols en su respetable libro de “Jung y el Tarot”, nos relata acerca de
esta anécdota acerca de Juana, la cual es parte de los anales históricos del vaticano: “El
Arcano numero II del Tarot nos muestra a una señora Papa de origen antiguo y misterioso.
Históricamente no hubo nunca un papa femenino, pero durante algunos siglos una mujer
llamada “Papa Juan” disfruto de vida en la imaginación del público. Disfrazada como un
sacerdote, este personaje legendario fue ascendiendo los diferentes grados de las órdenes
sagradas hasta convertirse en Papa. Nadie sospechaba por entonces que el “Papa Juan”
fuera una mujer, hasta que un día este hecho se reveló de una manera un tanto
embarazosa ¡En medio de una procesión solemne, “Papa Juan” dio a luz a una criatura!”
Esta anécdota comentada por Sallie Nichols, nos permite poder comprender el significado
oracular que muchos cartomantes como tarotistas le han otorgado por muchos siglos a
esta carta. Y es que cuando uno acude a una lectura de Tarot de tipo oracular, es decir una
lectura que se va a prestar para ver el pasado, presente y futuro, los pitonisos y pitonisas,
han asociado al arcano de La Papisa con el embarazo, como también a los tiempos de
fertilidad que hay en la mujer. Nosotros como psicoterapeutas, podemos utilizar este
concepto que es dado desde la visión oracular para poder adaptarlo a una realidad
presente en la vida del paciente. Por ejemplo si a un paciente varón le saliese esta carta
en la consulta obviamente no va a significar que este ande en estado de embarazado, sino
que podría estar teniendo un deseo o este planificando una acción la cual busca que esta
de “a luz”, como también puede que este paciente desee ver a su pareja (la cual encaja
como concepto proyectado de su anima) en una condición de embarazada, es decir que a
través de esta carta su inconsciente nos revele su deseo inconsciente de ser padre. No
obstante si esta carta saliese en la consulta de una paciente mujer, podría significar que
esta cliente se encuentre en calidad de estar gestando una idea, un plan, etc., o quizás la
paciente de una forma inconsciente este queriendo indicarnos una necesidad del hecho
de poder ser madre, lo cual es algo completamente natural, a menos que haya pasado la
etapa de la fertilidad y con esta carta, por proyección se este manifestando un deseo
neurótico el cual es tan solo producto de la frustración, pero antes de dar un veredicto
diagnóstico, cada resultado que sea proyectado en la consulta, debemos corroborarlo
siempre con la entrevista y la observación.
Pero como hemos ido viendo anteriormente, las arcanos de las cartas del Tarot, son como
los arquetipos y por lo tanto estos contienen aspectos de luz como de oscuridad, es decir
los resultados manifiestos que se den siempre hay que analizarlos en la posición en la que
estos salgan, como por ejemplo ver si las cartas salen al derecho o hacia arriba (aspectos
de luz) o si salen hacia abajo (aspectos de oscuridad), y es que si la carta de La Papisa
saliese invertida en la consulta de una paciente mujer podría indicarnos que esta no desee
ser madre o tenga deseos por abortar en caso saliese embarazada, aunque también puede
significar que esta paciente no tiene planes o metas en su vida, lo mismo puede ser visto
en caso sea un paciente varón al cual le salga esta carta es decir, este paciente no desee
tener hijos y menos familia, o tal vez el cliente no tenga metas o planes a futuro en su
vida.
El arcano de La Papisa, no solo debe representar aspectos relacionados con la fertilidad,
sino que este arcano puede representar aspectos religiosos o de creencias espirituales que
son propias de cada persona, pues es importante mencionar que este arcano recibe otros
nombres en varios modelos de cartas del Tarot. Si bien en el Tarot de Marsella este arcano
recibe el nombre de “La Papesse” (La Papisa), en el Tarot Rider como el Tarot Thoth de
Aleister Crowley este arcano recibe el nombre de “The High Priestess” (La Suma
Sacerdotisa), mientras que en el Tarot Egipcio esta carta va a recibir solamente el nombre
de “The Priestess” (La Sacerdotisa), dichos nombres que bautizan a esta carta nos pueden
servir como un indicador de que nuestro paciente es una persona muy creyente en alguna
religión o quizás este no lo sea. Por otro lado hay sujetos que no creen en ninguna
divinidad sino que creen en su propio yo y viven una espiritualidad ateísta como se vive en
la religión jainista o como la que existe en el Budismo Therevada, es decir esta carta no
solo indica el lado religioso en el ser sino conceptos de tipo espiritual y transpersonal.
Por otro lado en las antiguas religiones (en especial las de tipo paganas), la figura de una
mujer sacerdotisa era algo común, pero en cambio para el cristianismo, el judaísmo y el
islamismo, el hecho de que una mujer ofrezca la dirección de una ceremonia religiosa,
termina siendo un acto escandaloso. Pero si una analiza la figura de una sacerdotisa en
algunas religiones paganas como por ejemplo la postura que adquirían las sacerdotisas
fenicias, o incluso las sacerdotisas de reinos pre hispánicos en el antiguo Perú como por
ejemplo en la religión de la cultura Moche, una sacerdotisa cumplía el rol de ser una
“prostituta sagrada”, la cual muy aparte de ofrecer rituales, esta también debía cumplir
con la sagrada misión de engendrar y dar a luz al hijo de un dios por medio de un ritual
donde un varón era poseído por alguna divinidad especial para que tuviese relaciones
sexuales con la sacerdotisa. La finalidad de ese ritual era traer a un semidiós a ese reino
logrando que se contase con la bendición de aquel dios invocado y se lograse que el reino
ascendiese en fuerza para lograr ser un imperio. No obstante también la sacerdotisa podía
tener sexo ritual con el emperador o rey de un reino, lo cual era visto como un trabajo
divino, pues para muchos reinos, el gobernante era un “hijo de un dios” o pertenecía al
linaje terrenal de una divinidad en particular, incluso esta idea se mantuvo presente en el
siglo XX, con las doctrinas de la religión de Thelema del mago Aleister Crowley quien
deseaba crear un “Niño Lunar” (Moonchild) mediante un ritual de magia (k) sexual con
alguna sacerdotisa de su religión, la finalidad de su ritual era que este “hijo” concebido
mediante una práctica oscura, el niño tuviese el poder de ser un dios, pero todo esto
relacionado al sexo ritual con una sacerdotisa nos conduce de nuevo al concepto básico de
la fertilidad y la maternidad los cuales se hallan dentro de este arcano de La Papisa. La
analista Hortensia Carrer, en un texto titulado “La Sexualidad como Sacerdosio”, nos
indica lo siguiente acerca de la sagrada prostitución: “Las sacerdotisas consagradas a las
diosas del amor como por ejemplo Afrodita en Grecia, Inanna en Sumeria, Ishtar en
Babilonia, Anahita en Persia y otras más, ejercían el oficio de la sexualidad sagrada como
formas de invocar el camino espiritual. Hoy día la sexualidad sagrada es uno de los
arquetipos más reprimidos por la cultura patriarcal. El mismo tiene que ver con la esencial
relación entre la sexualidad y la espiritualidad, una alianza que ha quedado francamente
disociada en el inconsciente colectivo sobre todo en los países en los que las religiones
monoteístas han dominado. Ellas se consagraban a la Diosa como intermediarias entre lo
humano y lo divino propiciando a través del acto del amor erótico, como ritual sagrado, la
conexión de los hombres con su anima (el arquetipo de la vida según Jung). Este arquetipo
viene a ser el aspecto femenino y, como si fuera poco, el camino hacia la conciencia
espiritual dentro de cada hombre. Estas devotas se rodeaban de belleza, de sensualidad,
de velos, de piedras que a la vez las protegían y adornaban, de aromas y almizcles para
avivar el primitivo sentido del olfato. Tocaban instrumentos y danzaban a sus visitantes
haciendo alarde de la sensualidad y gracia de sus cuerpos. Como iniciadas y guardianas de
los sagrados misterios de la sexualidad, ejercían el desapego con sus visitantes como
manera de mantener su alma intacta y de esta manera estar entregadas únicamente al
servicio de la Diosa. Esta condición las hacía “completas en sí mismas”, pues aun cuando
iniciaban a distintos hombres en los misterios del amor, sus almas y corazones
permanecían vírgenes, “intactos”, de allí que se les considerara vírgenes. Solo cuando el
fuego del amor se perdía en sus corazones perdían su virginidad y cedían su espacio
devocional de servicio a la diosa y se entregaban a un solo hombre, según la tradición su
alma perdía su condición virginal ya que entraba en las complejidades de la relación
humana de la pareja. En nuestro mundo contemporáneo los templos de las diosas del
amor han sido sustituidos por los de la pornografía y la prostitución, además de haber
escindido amor carnal y erótico con espiritualidad, con ello se ha suprimido la conciencia
de lo sagrado de nuestro cuerpo y de nuestra sexualidad. La gravedad de esto radica en el
hecho de que tanto para el hombre como para la mujer el camino hacia su profundo
interior, el llamado Self por Jung es a través de su conexión con su femenino interior. En el
hombre el vínculo con su anima es el puente hacia el Self, su dimensión espiritual de la
personalidad-, en la mujer éste camino viene dado en la relación que tenga con su propia
feminidad y por consiguiente con su sexualidad. Así, la mujer consciente que lo femenino
es lo divino en ella hace del acto de amor sexual un ritual de conexión con lo espiritual, es
consciente también de tratar su cuerpo como el templo donde está contenido todo este
misterio, por ello se ofrece a sí misma el tiempo para el descanso y el juego, para la
ternura y el amor, para los mimos y delicias que el cuerpo requiere incluyendo una
alimentación consciente. Así mismo el baño, la cosmética, el perfume y la vestimenta van
más allá del propósito del ego de llamar la atención, sino por un respeto a su naturaleza,
reconociendo que su fecundidad no solo está al servicio de la procreación sino del
arquetipo de la vida misma que es belleza, armonía, sentido y sano placer. Sin embargo,
aún muchas de nuestras mujeres contemporáneas oscilan entre una sexualidad reprimida
(la casta) o el canto a la “liberación” expresada en seca promiscuidad, como si la mejor
manera de afrontar los misterios del sexo fuese ceder literalmente al aspecto compulsivo
del mismo. Es vital rescatar de la memoria en cada una de nosotras el arquetipo de las
sacerdotisas del amor sexual, con ello le recordamos a nuestros cuerpos que el acto de
amar eróticamente a otro también amándote a ti misma es uno de los rituales sagrados
que desde tiempos inmemoriales ha formado parte de los misterios femeninos. Es urgente
sanar en cada una las heridas de la sexualidad patriarcal. Rescatar de la memoria el alma
escondida detrás del erotismo femenino es una delicada e importante labor, pues es allí
donde habita y se expresa con mayor fuerza la sagrada diferencia entre ambos sexos. Es
esta diferencia la que hay que comenzar a honrar así como en otros momentos nos tocó
luchar con vehemencia por nuestra justa igualdad en los derechos legales, sociales y
económicos. Cuanto más sintamos consciente o inconscientemente que el hombre
representa un peligro y que la defensa está en igualarse, menos preparadas estamos para
darnos cuenta que el enemigo está en nuestro interior. Terrible es defraudarla y terrible,
también es, violarla!”.
Ahora con todo lo expuesto debemos ver que el arcano de “La Papisa” o también
conocido como “La Suma Sacerdotisa”, va a corresponder al arquetipo de La Madre, como
también al arquetipo de la “Prostituta Sagrada”, pero si logramos analizar con mayor
amplitud y profundidad notamos que este arcano se corresponde al arquetipo del Anima,
sintetizando a los dos anteriores arquetipos ya mencionados. Por otro lado el hecho de
que el arcano de La Papisa, corresponda al personaje histórico de la Papisa Juana, la cual
estando embarazada, ocultó de forma negativa a ese hijo que estaba dentro de su vientre,
por lo que esto va a tener una correspondencia con el aspecto “oculto” del complejo de
Edipo el cual logra evolucionar en un complejo de tipo castrante, lo cual fue visto por el
Dr. Carl Jung.
Jung quien estudió al igual que Freud al complejo de Edipo en sus pacientes, nos hace una
mención que este complejo cuenta con un aspecto negativo (y por lo tanto oculto), dicho
aspecto tiene su origen en la sobreprotección que es dada por parte de la madre hacia su
hijo, por lo que en dicha mal sana relación logra que el complejo de Edipo evolucione a un
complejo castrante, por lo que voy a transcribir lo siguiente que mencionado en
mencionado por Jung en el libro de “Símbolos de Transformación”: “El llamado Complejo
de Edipo con su tendencia al incesto, logra transformase en el Complejo de la Ballena de
Jonás, que tiene muchas variantes, como, por ejemplo, la bruja que come niños, el lobo, el
ogro, el dragón, etc. El miedo al incesto se transforma en el temor de ser devorado por la
madre. La libido regresiva en apariencia se desexualiza porque retrocede paulatinamente
a fases presexuales, de la primera infancia. Tampoco se detiene allí, sino que alcanza
incluso el estado intrauterino, prenatal (lo que no debe tomarse al pie de la letra),
saliendo así de la esfera de la Psicología Personal para ingresar en la de la psique colectiva,
o sea que Jonás ve los misterios, esto es, las “representaciones colectivas”, en el vientre
de la ballena. Con ello la libido llega a una especie de estado que cabria denominar
originario, en el cual puede arraigar, como Teseo y Piritoo en su viaje al infierno; pero
también puede volver a liberarse del envolvimiento materno y asomar a la superficie con
nueva posibilidad de vida. Lo que en realidad ocurre en la fantasía del incesto y del cuerpo
materno, es que la libido se hunde en lo inconsciente”. También hay que precisar que si el
arcano de La Papisa, es apreciado como una representación del arquetipo de la madre en
su fase de simbolismo de lo Sagrado Femenino, este cuenta con una relación con la figura
de la Iglesia, la cual es vista como una madre en la fe de la religión occidental, por lo que
vale mencionar lo dicho por Jung, con respecto a esto: “Si la consciencia logra interpretar
de acuerdo con el sentido y la época del arquetipo constelizado, surge entonces una
transformación viable. Así, la forma de relación más importante de la infancia, la relación
con madre, es compensada por el arquetipo cuando se anuncia el fin de la infancia. De la
interpretación surge, por ejemplo, la Madre Iglesia, que hasta ahora ha demostrado ser
eficiente. Mas si en forma aparecieran fenómenos de envejecimiento, con el tiempo sería
inevitable una nueva interpretación”.
Para seguir analizando a profundidad todo lo relacionado con este arcano, es bueno que
revisemos un concepto general el cual se nos es ofrecido de forma anónima por una
revista esotérica, la cual como he mencionado se desconoce su nombre pero que otorga
una interesante interpretación de todos los arcanos del Tarot, esta interpretación de la
carta menciona lo siguiente: “Silenciosa, hierática, impenetrable, la Papisa es la
sacerdotisa del misterio, la diosa Isis, la divinidad lunar que custodia los secretos del
templo. Viste un manto rojo y amarillo sobre una túnica blanca: los colores del fuego y del
agua. La cabeza está rodeada por un velo que indica el misterio escondido detrás de la
apariencia, mientras la triple corona se refiere a su poder sobre los tres mundos: físico,
mental y espiritual. El poder y el saber son sus cómplices y los instrumentos de su secreto
encerrados en el libro del destino, que sostiene abierto sobre las rodillas, síntesis del
conocimiento secreto de cada época y de cada cultura. Se viste con un manto rojo por una
parte y amarillo por otra porque, donde reina la contraposición, representada en el
simbolismo tradicional con el blanco y el negro, tiene lugar la coincidencia de los
opuestos. Históricamente, la figura de la sacerdotisa del templo se reconocía en la leyenda
de la papisa Giovanna, que alcanzo con engaños el trono pontificio y que a continuación
fue destituida y asesinada”.
Amplificando los conceptos que pueden darse para lograr interpretar a mayor detalle la
simbología básica de esta carta, tenemos que ver que esta nos indica que el arcano de La
Papisa se presenta como un principio receptor el cual se relaciona con la sabiduría y con
las leyes del universo. También este arcano está relacionado con el subconsciente, a la
intuición y al aspecto femenino. Si analizamos a detalle los aspectos mentales para este
arcano, podemos estudiar todo lo que va simbolizar La Papisa dentro de los planos
psicológico, mental y emocional. Partiendo que para el plano psicológico, si esta carta se
presenta para arriba esta va a representar a los aspectos inconscientes que se mantienen
ocultos y que se relacionan con el desarrollo de la intuición, mientras que de forma
invertida este arcano nos habla de obsesiones y de eventos de melancolía. En el plano
mental la carta de La Papisa en su posición regular hacia arriba representa a la sabiduría
oculta, a la inspiración y a la buena memoria, mientras que de forma invertida esta nos
habla de aspectos superficiales y a la falta de memoria. Y en el plano emocional, La Papisa
en posición hacia arriba nos habla de la empatía, la amistad sin intimidad, al desapego,
mientras que de forma invertida esta nos habla de inestabilidad en lo emocional y a la
falta de fe.
Para que nosotros podamos seguir analizando al arcano de La Papisa dentro del campo
proyectivo, tenemos también que estudiar al orden numérico que se le ha otorgado a este
arcano. La cifra que se le ha dado a La Papisa es el número dos, también conocido como el
binario. Eliphas Levi en su libro “La Clave de los Misterios”, nos comenta que “el binario
es, más particularmente, el numero de la mujer, consorte del hombre y madre de la
sociedad”. Esto mencionado por Levi, nos permite comprender el por qué de que el
número dos haya sido otorgado al arcano de La Papisa, y es que si este arcano responde a
un significado relacionado con la maternidad y el número dos tiene el mismo significado
que se haya relacionado al aspecto maternal, permite que los dos misterios terminen por
asociarse perfectamente.
La numerología no solo es la única escuela esotérica que nos va a indicar la relación que
tiene el arcano de La Papisa con los arquetipos de La Madre, la Prostituta Sagrada y el
Ánima, los cuales van a asociarse con el aspecto de la maternidad y todo lo que se
relacione a ello. La Astrología por ejemplo asocia a La Papisa con al astro de La Luna, ya
que dicho satélite desde la visión de la astrología junguiana, la Luna es vista como una
simbolización de la madre y todo lo que connote protección (ya sea de forma positiva o
castrante). Hay que mencionar que existen sujetos que en probables momentos de temor,
inseguridad o desprotección, tiendan inconscientemente a refugiarse en esa energía
celestial. Si nos permitimos el análisis por ejemplo de la mitología del panteón incaico,
podemos notar y apreciar que la Luna, es vista como una madre, la cual recibe el nombre
de Mama Quilla (Madre Luna), otorgándole el poder de ser la diosa del matrimonio y el
ciclo menstrual como también una defensora de las esposas y de las mujeres, quizás este
concepto se conecte desde lo inconsciente colectivo, al hecho que asociamos a la primera
actividad matrimonial como la luna de miel (la primera noche de amor). No obstante la
Astrología relaciona a La Papisa con los signos zodiacales de Tauro y de Cáncer. Al
relacionarse esta carta con el signo zodiacal de Cáncer, esto le va a terminar vinculando de
nuevo al astro de la Luna, no obstante esto también le va a relacionar con el elemento
agua, lo cual nos va a indicar que este arcano nos señale aspectos sentimentales que están
ocurriendo en la vida de nuestro paciente o cliente. Al estar vinculada La Papisa con el
signo zodiacal de Tauro, el cual es un signo de tierra y por lo tanto se relaciona con el
aspecto material. Esta carta al tener una conexión con el plano terrenal nos señala de
nuevo su aspecto maternal, y es que como sabemos la tierra es una representación de la
madre, que en creencias pre cristianas a esta se llamaba madre tierra, en Grecia era la
Gea, mientras que para los incas, esta era la Pacha Mama (la Madre Tierra).
Como sabemos la Psicología Analítica, es una psicología que se enfoca directamente en
estudiar al símbolo, por lo que analizaré los elementos que van a rodear a la figura de La
Papisa o Suma Sacerdotisa dentro del Tarot Rider, ya que este modelo de Tarot cuenta
con una buena cantidad de simbolismos, útiles en nuestra comprensión junguiana, a la par
que esto será muy útil para el análisis proyectivo e interpretativo en nuestra consulta,
para comenzar tenemos que partir que La Papisa o Suma Sacerdotisa en esta carta
presenta dos columnas, la primera es una columna de color negro, lo cual es una
representación de la pasividad y el misterio (secretos) que le permiten crear, mientras que
la columna blanca representa a la acción y a la consciencia. El velo de flores que oculta el
estanque es un simbolismo del temor a lo nuevo, a esperanzas como también a límites. Su
ropaje con colores fríos nos habla que tiene ninguna atracción por lo sexual. El estanque
nos habla acerca de emociones y de creación desde lo inconsciente. La luna nos habla de
su aspecto cíclico, a aquella fuerza interior y la búsqueda por el autoconocimiento. La
tierra de fases lunares nos habla de su posición como doncella / madre / anciana. El libro
de la Tora nos habla acerca de los conocimientos que ha adquirido como la disciplina de
su yo. Mientras que lo largo de su falda nos habla de su protección por lo emocional.
La letra hebrea que corresponde a este arcano viene siendo la letra Beit, esta nos señala el
aspecto femenino que se encuentra presente en este arcano, a si mismo esta letra indica
que este arcano cuenta con aspectos relacionados a la maternidad, el hogar, el abrigo, la
nutrición y la protección, dándonos más criterios que nos ayuden a interpretar el aspecto
biológico como femenino de este arcano al momento de interpretarse durante la consulta
con nuestro paciente y poder obtener una buen diagnostico situacional o incluso poder
ofrecer un buen consejo durante la consulta.
El axioma que nos otorga esta carta es el de “el viento y las olas van siempre a favor de
quien sabe navegar”, mientras que su consejo es el de: “hay que mediar sobre los propios
proyectos y confiar en nuestras capacidades. El silencio y la paciencia harán milagros
inesperados”. Por lo que durante la consulta psicoterapéutica, es importante mencionarle
al paciente que este puede lograr todo lo que este se desee y que para lograr este éxito
que uno tanto anhela hay que seguir trabajando por la mejoría durante este proceso de
Albiedo en el cual está ubicado este arcano.