Oración de Maimónides
El clásico médico español que vivió en la Córdoba del siglo XIII, inspira con sus bellos pensamientos, la
grandeza del ejercicio médico, a través de la ética y del buen hacer.
Por ello inspiro un texto que es una re-actualización del Juramento hipocrático y que es denominada «la
oración de Maimónides», que sigue siendo tan actual como hace 7 siglos.
En esta se puede apreciar su amor por Dios y todas las criaturas, el conocimiento de lo inconmensurable
y de las limitaciones de nuestros cuerpos y almas, cuerpo éste envoltura del alma inmortal, que
mantiene una homeostasia que sólo es rota por la fragilidad de la materia o cuando atacan las pasiones,
demostrando así sus amplios conocimientos de la relación cuerpo y alma, adelantándose en muchos
siglos a filósofos, pensadores y estudiosos de la psique humana, como Kant y Jung.
Maimónides en su oración siempre mantiene la tesitura de la humildad, la modestia, no permite
engrandecerse ni crecer, solo será juzgado ante los ojos de Dios y no de los hombres, algo que solemos
olvidar constantemente.
Oración
Oh Dios, llena mi alma de amor por mi arte y por todas las criaturas.
Que no admita que la sed de ganancia y el afán de gloria me influencien en el ejercicio de mi arte,
porque los enemigos de la verdad y del amor de los hombres podrían fácilmente hacerme abusar y
apartarme de hacer bien a tus hijos.
Sostén la fuerza de mi corazón para que esté siempre pronto a servir al pobre y al rico, al amigo y al
enemigo, al bueno y al malo.
Haz que no vea en el hombre más que al que sufre.
Que mi espíritu se mantenga claro en el lecho del enfermo, que no se distraiga por cualquier
pensamiento extraño, para que tenga presente todo lo que la experiencia y la ciencia le enseñaron;
porque grandes y sublimes son los progresos de la ciencia que tienen como finalidad conservar la salud y
la vida de todas las criaturas.
Haz que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte y que sigan mis consejos y prescripciones.
Aleja del lecho de mis pacientes a los charlatanes, al ejército de parientes que dan mil consejos y a
aquéllos que saben siempre todo; porque es una injerencia peligrosa que, por vanidad, hace malograr
las mejores intenciones y lleva muchas veces a la muerte.
Si los ignorantes me censuran y escarnecen, otórgarne que el amor de mi arte, como una coraza, me
torne invulnerable, para que pueda perseverar en la verdad sin atender al prestigio, al renombre y a la
edad de mis detractores. Otórgame, Dios mío, la indulgencia y la paciencia necesaria al lado de los
pacientes apasionados o groseros.
Haz que sea moderado en todo, pero insaciable en mi amor por la ciencia. Aparta de mí la idea de que lo
puedo todo.
Dame la fuerza, la voluntad y la ocasión para arnpliar cada vez más mis conocimientos.
Que pueda hay descubrir en mi saber cosas que ayer no sospechaba, porque el arte es grande, pero el
espíritu del hombre puede avanzar siempre más adelante.
"Atribuida a Moses Maimónides, médico judío, nacido en Córdoba (1135-1204).
Se supone que fue escrita por un médico alemán, Marcus Herz, que la publicó en 1793 como “Oración
diaria de un médico antes de salir a visitar a sus enfermos. Según un manuscrito en hebreo, de un
famoso médico judío del siglo XII, que trabajó en Egipto”
Versión castellana: Gonzalo Herranz
Comprobado el 22 de septiembre de 2004"
Declaración de Oslo
(Manifiesto sobre el aborto terapéutico.
Adoptado por la World Medical Assembly, Oslo, Noruega, 1970).
1. El primer principio moral impuesto al médico es el respeto por la vida humana, según se expresa en
una cláusula de la Declaración de Ginebra: “Mantendré el máximo respeto por la vida humana desde el
momento de la concepción.”
2. Las circunstancias que crean un conflicto entre los intereses vitales de la madre y los de su hijo no
nacido, provocan un dilema y plantean la cuestión de sí el embarazo debe ser deliberadamente
interrumpido o no.
3. Las diversas respuestas ante esta situación proceden de las diferentes actitudes hacia la vida del
niño no nacido. Esta es una cuestión de conciencia y convicción personal, las cuales deben respetarse.
4. No es el papel de la profesión médica determinar las actitudes y reglas de cada comunidad o
estado particular en esta materia, pero si es nuestro deber intentar asegurar la protección de nuestros
pacientes y salvaguardar los derechos del médico dentro de la sociedad.
5. Por tanto donde la ley permite realizar el aborto terapéutico, o se contemple la posibilidad de una
legislación sobre el tema y esto no vaya contra la política de la asociación médica nacional, y cuando los
legisladores desean o están dispuestos a aceptar el consejo de la profesión médica, se aprueban los
principios siguientes:
a) El aborto sólo debe ser realizado como una medida terapéutica.
b) Normalmente, la decisión de poner fin al embarazo debe ser aprobada por escrito al menos por dos
médicos elegidos por su competencia profesional.
c) El proceder debe ser realizado por un médico competente, y llevarse a cabo de acuerdo con las
premisas aprobadas por la autoridad apropiada.
6. Si el médico considera que sus convicciones no le permiten aconsejar o realizar un aborto, puede
retirarse del caso, siempre que asegure la continuidad del cuidado médico por un colega cualificado.
7. Este manifiesto, aunque respaldado por la Asamblea General de la World Medical Association, no
debe ser considerado obligatorio para ninguna asociación miembro individual, a menos que sea
adoptado explícitamente por ella.