La palabra
compromiso deriva del término latino compromissum y se utiliza para describir a
una obligación que se ha contraído o a una palabra ya dada.
En ocasiones, un compromiso es una promesa o una declaración de principios
EL COMPROMISO
COMPROMISO: Poner en juego nuestras
capacidades para sacar adelante todo aquello que se
nos ha confiado y nuestra conciencia ha aceptado.
Una persona comprometida es aquella que cumple con
sus obligaciones haciendo un poco más de lo
esperado hasta llegar al grado de sorprender,
porque vive, piensa y proyecta sus energías para
sacar adelante a su familia, su trabajo, su estudio y
todo aquello que su reflexión le dicta.
Todos tenemos compromisos de diversa índole. Aún
así, hay personas que esperan exista un contrato una
promesa o una ineludible consecuencia para saberse
en un compromiso. El verdadero compromiso nace
desde nuestro interior y tiene como fundamento el
conocimiento y la reflexión. No puede existir el
compromiso desde la ignorancia.
El hecho de aceptar “formalmente” un compromiso,
hace suponer que se conocen todos los aspectos,
alcances y obligaciones que conlleva. La realidad es
que creemos cumplir a conciencia por ajustarnos a un
horario, obtener un sueldo, asistir a la escuela y
estar un rato en casa. Casi siempre, la falta de
compromiso se debe a descuidos un tanto
voluntarios, pero principalmente a la pereza, la
comodidad, el egoísmo y la ignorancia.
No basta con cumplir con lo previsto, lo estipulado,
lo obvio... todo compromiso tiene muchas
implicaciones, pensemos un instante en aquellos que
son de los más importantes que tenemos:
-Como padres de familia: No basta proporcionar los
medios materiales; los hijos necesitan que los padres
les dediquen parte de su tiempo para jugar,
conversar y enseñar. ¿Cuántas veces hemos
cancelado un compromiso personal para estar con la
familia? Normalmente sucede lo contrario. Parte del
compromiso de ser padres, implica buscar la amistad
de los hijos.
-Como esposos: Partiendo de la fidelidad como
fundamento indispensable, hace falta avivar el amor
y la comprensión, cuidar el aspecto personal ni más
ni menos que antes del matrimonio, hacer pequeños
obsequios, salir juntos al cine o a cenar, terminar
una pequeña riña con un beso y un abrazo... Y tantos
detalles que parecen olvidarse con el paso del
tiempo.
-Como hijos: Además de la sinceridad, el respeto, las
faenas asignadas en el hogar y el esfuerzo en los
estudios, ¿qué otras cosas haces? Los padres
también necesitan cuidados, detalles de cariño,
pequeños servicios y comprensión.
-Como amigos: ¿Nuestras amistades son
“utilitarias”?, es decir, si sólo recordamos a los
amigos cuando algo se nos ofrece. La amistad se
cultiva. El mutuo afecto es estar pendiente de su
bienestar personal y familiar.
-Como ciudadanos: Evitar la indiferencia, no podemos
quejarnos de la situación actual del país o del mundo
sin hacer algo para cambiarlo. Lo peor que nos puede
suceder es creer que poco podemos hacer como si no
fuéramos parte activa y necesaria del mismo. La
reflexión nos dará la solución para poder poner
nuestro compromiso para mejorar el mundo en el que
vivimos.
-Como trabajadores: No olvidar procurar un
ambiente amable y las buenas relaciones. Parte de
nuestro compromiso es la actualización de
conocimientos para el perfeccionamiento
profesional.
Estos son solo unos pocos. ¡Cuántos son los
compromisos y cuántas cosas implican! Si parece
mucho, hemos vividos con los ojos cerrados a la
responsabilidad y pensando sólo en recibir
beneficios, con el temor a dar más de nosotros
mismos, a dar más de lo que recibimos. Seamos
honestos, en esto no existe temor sino egoísmo.
La persona comprometida es generosa, busca como
dar más afecto, cariño, esfuerzo, bienestar... en
otras palabras: va más allá de lo que supone en
principio el deber contraído. Es feliz con lo que hace
hasta el punto de no ver el compromiso como una
carga, sino como el medio ideal para perfeccionar su
persona a través del servicio a los demás.
Debemos de tener muy claro que el compromiso no
es real cuando surge de la obligación y la ignorancia.
Nada mejor para ilustrar dicho comentario que una
antigua fábula.
LA ZORRA Y EL CHIVO EN EL POZO
Cayó una zorra en un profundo pozo, viéndose
obligada a quedar dentro por no poder alcanzar el
borde.
Llegó más tarde al mismo pozo un chivo sediento, y
viendo a la zorra le preguntó si el agua era buena.
Ella ocultando su verdadero problema se deshizo en
elogios para el agua, afirmando que era excelente, e
invitó al chivo a descender y probarla donde ella
estaba.
Sin pensárselo saltó el chivo al pozo, y después de
saciar su sed, le preguntó a la zorra cómo harían
para salir de allí.
Dijo la zorra entonces:
-Hay un modo, que sin duda es nuestra mutua
salvación. Apoya tus patas delanteras contra la
pared y alza bien arriba tus cuernos; luego yo subiré
por tu cuerpo y una vez afuera, tiraré de ti y te
alzaré.
El chivo la creyó y así lo hizo de buen grado y
diligencia, y la zorra trepando hábilmente por la
espalda y los cuernos de su compañero, alcanzó a
salir del pozo, alejándose de la orilla al instante, sin
cumplir con lo prometido.
Cuando el chivo le reclamó la violación de su
convenio, se volvió la zorra y le dijo:
-¡Oye socio, si tuvieras tanta inteligencia como pelos
en tu barba, no hubieras bajado sin pensar antes en
cómo salir después!
Antes de comprometerte en algo, piensa primero si
podrías salir de aquello, sin tomar en cuenta lo que
te ofrezcan tus vecinos.
Fábula de Esopo.