Actividad Física en Adultos Mayores de Tapachula
Actividad Física en Adultos Mayores de Tapachula
“CORRELATOS SOCIODEMOGRÁFICOS,
PSICOLÓGICOS Y CARACTERÍSTICAS DE
LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA DEL
ADULTO MAYOR DE 60 AÑOS DE
TAPACHULA (CHIAPAS – MÉXICO)”
UNIVERSIDAD DE MURCIA
DEPARTAMENTO DE ACTIVIDAD FÍSICA Y DEPORTE
AUTORIZA
ÍNDICE
PRESENTACIÓN 17
25
CAPÍTULO 1
INTRODUCCIÓN
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
CAPÍTULO 2 55
PLANTEAMIENTO Y
DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN
CAPÍTULO 3 77
POBLACIÓN OBJETO DE ESTUDIO:
CONTEXTO SOCIAL, FAMILIAR Y SOLEDAD
CAPÍTULO 4 103
LA CLASE DE EDUCACIÓN FÍSICA
Y EL INTERÉS
4.1. La Educación Física en México, desde finales del siglo XIX hasta nuestros 105
días como parte de la educación general.
4.1.1. General Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940). 108
4.1.2. General Manuel Ávila Camacho (1940- 1946). 108
4.1.3. Miguel Alemán Valdez (1946-1958). 109
4.1.4. Adolfo Ruiz Cortinez (1958-1964). 109
4.2. Evolución de las Escuelas Normales de Educación Física de México. 110
4.2.1. Programas oficiales de Educación Física. 112
4.3. La Educación Física y su evolución en el estado de Chiapas. 114
4.4. Análisis y discusión de los resultados. 115
4.4.1. La clase de Educación Física. 115
[Link]. La clase de Educación Física recibida. 119
[Link].1. La clase de Educación Física recibida, según el 120
sexo.
[Link].2. La clase de Educaron Física, según grupo de 121
edad.
CAPÍTULO 5 129
COMPORTAMIENTOS ANTE LA PRÁCTICA
FÍSICO-DEPORTIVA DE TIEMPO LIBRE
CAPÍTULO 6 211
MOTIVOS DE LOS COMPORTAMIENTOS
DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA DE
TIEMPO LIBRE
CAPÍTULO 7
259
AUTOPERCEPCIÓN DE
PRÁCTICA, CONDICIÓN FÍSICA Y SALUD
CAPÍTULO 8 287
CONCLUSIONES FINALES DE LA TESIS
CAPÍTULO 9 295
PERSPECTIVAS FUTURAS
CAPÍTULO 10 299
BIBLIOGRAFÍA
ANEXOS A-1
Para verificar y hacer ajustes del cuestionario, fue necesario depurar las pregun-
tas en tres estudios pilotos, el primero en la población almeriense, el segundo entre los
familiares de la población estudiantil de la Escuela Normal de Licenciatura en Educa-
ción Física de Tapachula y un último en Mazatán, localidad que no pertenece al muni-
cipio de Tapachula.
El trabajo de campo dejó experiencias positivas que sirvieron para que los en-
trevistadores tuvieran la oportunidad de ponerse en contacto con los sujetos, sintiendo
la realidad de cómo viven, actúan y comportan los encuestados. Esta parte de la inves-
tigación fue realizada durante meses de noviembre y diciembre del 2004. Participaron
24 encuestadores, todos alumnos del séptimo semestre de la Escuela Normal de Educa-
ción Física de la ciudad de Tapachula (Chiapas), quienes además, fueron debidamente
capacitados durante cuatro meses, garantizando el dominio, conocimiento y manejo
del instrumento aplicado.
El desarrollo del trabajo de campo fue ejecutado por etapas, siguiendo en cada
una de ellas las recomendaciones expresas por expertos investigadores. Los encuesta-
dores fueron dotados del material necesario para minimizar errores y problemas que
pudieran surgir durante el proceso, este trabajo fue supervisado por los coordinadores
de equipo para controlar el cumplimiento y avance del trabajo de campo.
Siendo una población mayor de 60 años, a la que le preguntamos hechos del pa-
sado, tuvimos que acudir al recuerdo de muchos años anteriores de su vida para obte-
ner información del comportamiento, actitudes, hábitos de practica físico-deportiva, en
la juventud, adultez y en la actualidad.
jado de serlo y c) los que nunca han practicado durante su tiempo libre. Haciendo un
barrido bibliográfico de los últimos veinte años, encontramos información de cómo es
la práctica en países europeos y americanos a través de medios impresos y electrónicos
disponibles.
El capítulo ocho lo componen las conclusiones de este estudio, que están expues-
tas atendiendo a los objetivos cada capítulo. En ellas se hace un resumen de las conclu-
siones generales del mismo, dándole importancia a aquellos aspectos más relevantes
que fortalecen y justifican a la presente investigación.
Es preciso considerar que los niveles de práctica de actividad física habitual son
muy bajos, circunstancia que exige un abordaje de la investigación mediante la combi-
nación de técnicas cuantitativas y cualitativas, que permita hacer intervenciones en esta
población con programas estratégicos que garanticen el éxito, motivándolos para que
se adhieran a dichos programas para incrementar las tasas de práctica y mantengan
hábitos saludables. Así mismo, se podrá sugerir a diferentes figuras como son las auto-
ridades municipales, instituciones de salud y el sector educativo, para que orienten sus
actuaciones hacia mejorar la calidad de vida de esta población que día a día se incre-
menta de manera acelerada.
De nuestros datos, aún se pueden obtener más información a partir de las nu-
merosas variables analizadas, cada una de ellas pueden ser utilizadas para iniciar otras
investigaciones dentro de la misma población o en poblaciones diferentes, con nuevas
hipótesis de trabajo. De tal manera y como consecuencia de las conclusiones hechas en
este estudio, planteamos algunas sugerencias futuras.
Como punto final, se detalla la bibliografía que recoge las referencias bibliográ-
ficas que han fundamentado este trabajo y que han sido elaboradas según la normativa
de la cuarta edición de la American Psychological Association (APA, 2005).
Completando este estudio se presentan los anexos que integran los documen-
tos, solicitudes que han sido necesarias para llevar a cabo los trabajos de campo y todas
las tablas estadísticas correspondientes a los resultados.
En la mayoría de las ocasiones que utilizamos los términos genéricos “ciudadano”, “hijo”, “padre”, “hermano”, “profe-
sores”,... nos estamos refiriendo indistintamente a ciudadana y ciudadano, hijas e hijos, madre y padre, profesoras y
profesores,... siempre que no indiquemos de forma específica lo contrario. En nuestro continuo esfuerzo por utilizar un
lenguaje no sexista nos situamos a menudo ante el dilema de estar continuamente señalando esta diferencia, utilizar el
signo @, o realizar esta aclaración previa que, creemos, permite una mayor fluidez en la lectura. En la presente tesis
doctoral, hemos optado por esta última opción.
INTRODUCCIÓN.
PLANTEAMIENTO
DEL PROBLEMA
CAPÍTULO 1 INTRODUCCIÓN. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
ropea, alcanzará la cifra de 100 millones, donde cerca del 20% serán tendrán más de 65
años.
El crecimiento acelerado de la población en el mundo ha repercutido en los sis-
temas sanitarios, pensiones, mercado laboral y familiar, afectando principalmente a
países en vías de desarrollo. Se estima que para el año 2020 (Kalache, 1999) la pobla-
ción por encima de los 60 años se incrementará a 700 millones.
Sandell (2003), refiere que la transición demográfica en Europa, ha provocado
cambios fundamentales, razón por el cuál ha sido necesario intentar mantener un equi-
librio entre la edad laboral y los jubilados, dado los problemas financieros que afectan
el modelo de pensiones, debido a que, en los últimos años, los índices de pensionados
han ido en aumento. Requiriendo de manera urgente una reforma del sistema de pen-
siones y evitar problemas financieros a corto plazo. Situación que ocurre de igual ma-
nera entre los países americanos.
1.1.1. Transición demográfica en América Latina.
Según el Centro de Estudios Poblacionales para América Latina (CEPAL) (2004)
y la Organización Panamericana para la Salud (2005) en 1975, el 6,5% de la población
superaba los 60 años, produciéndose para el 2000 un incremento al 8,1%, es decir, en 25
años el incremento ha sido significativo. Se espera que para el año 2025, nos encontre-
mos sobre el 14,1% llegando a ser del 23,4% en el 2050, lo que significa una modifica-
ción en la pirámide poblacional de América Latina.
Crecimiento de la població
población
103.1
97.5
Millones de habitantes
91.2
81.2
66.8
48.2
34.9
25.8
19.7
13.6 15.2 14.3 16.6
1900 1910 1921 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 1995 2000 2005
Año
Es decir, en 100 años, México ha crecido 100 millones de habitantes, dicho cre-
cimiento se mantuvo más o menos estable hasta la primera mitad del siglo, pero se
observa un crecimiento acelerado a partir de las dos últimas décadas del siglo pasado.
1.1.3. Población mayor de 60 años en México.
En México, con una población adulta mayor de cerca del ocho por ciento, em-
pieza a generar inquietud el crecimiento de la población adulta mayor. Por esta razón,
en los últimos diez años, se ha generado una gran cantidad de información relativa al
tema del envejecimiento. Por razones diversas, estas fuentes de información han per-
manecido al margen de la corriente principal del análisis estadístico de la epidemiolo-
gía nacional debido, por una parte, a la mala difusión e insuficiencias metodológicas y,
por la otra, a que algunas no tienen una representatividad nacional o no han sido sufi-
cientemente publicitadas ni explotadas.
Esto último obedece, en buena medida, a la carencia de recursos económicos su-
ficientes para este propósito. Influye también, en primer lugar, la falta de investigado-
res de diferentes áreas relacionadas con la salud, epidemiólogos, nutriólogos, biólogos
etc., que se especialicen en envejecimiento. En segundo lugar, a la ausencia de un orga-
nismo que pueda concentrar y analizar este tipo de información, por ejemplo, un ob-
servatorio nacional de la epidemiología del envejecimiento. En consecuencia, existe
importante información que no ha sido tomada en cuenta en la planificación de los
servicios de salud.
A pesar de esta insuficiencia, los últimos años se han caracterizado por la emer-
gencia de gran número de esfuerzos por la investigación epidemiológica, dirigida al
esclarecimiento del fenómeno del envejecimiento poblacional y sus consecuencias so-
bre la salud (Gutiérrez, 2004).
La transición demográfica en México también es preocupante. En los últimos
años muestra un crecimiento acelerado de la población mayor de 60 años. Según el
censo realizado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INE-
GI) (2000) y el Centro Nacional de Población (CONAPO) (2001), señalan que la pobla-
ción mayor en el año 2000 era de alrededor del 8%, lo que esta generando inquietud en
las autoridades correspondientes, faltando mayor participación en la investigación so-
cial para tener datos confiables que permitan intervenir con éxito en esta población.
1.1.4. Situación en México.
Según el censo realizado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e In-
formática (INEGI) (2000) y el Centro Nacional de Población (CONAPO) (2001), señalan
que la población mayor era del 8%, lo que esta generando inquietud en las autoridades
correspondientes aunque, actualmente, poco se esté haciendo, pues falta mayor parti-
cipación en la investigación social para tener datos confiables que permitan intervenir
con éxito en esta población que, como hemos analizado, está creciendo aceleradamente,
así lo afirman el INEGI (2000) y CONAPO (2001). Estas instituciones reportaron que en
el 2005 la población mexicana era de 103,1 millones de habitantes. Para la atención sa-
nitaria México cuenta con dos institutos de salud, el Instituto Mexicano del Seguro So-
cial (IMSS), que atiende más de 31 millones y el Instituto de Seguridad Social al Servi-
cio de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) que atiende a cerca de 6 millones de habi-
tantes. Como ocurre en otros países, la población mayor de 65 años en México crece
aceleradamente (CONAPO, 2001). En 1990 era del 3,7%, en el año 2000 del 8% y se pro-
yecta que, para el año 2030, alcanzará el 11,7%.
En México, la investigación sobre la participación de los sujetos en las activida-
des físico-deportivas de tiempo libre en la población mayor de 60 años es escasa, po-
dríamos quizá decir, es nula. Hay necesidad de realizar estudios, para ver las conse-
cuencias negativas físico-sociales y mentales que promueve la inactividad física. Aun-
que en los últimos años hemos escuchado términos como “comunidades saludables” el
enfoque ha sido desde la perspectiva médico-clínico.
Sin embargo, es poco lo que se está haciendo desde el punto de vista sociode-
mográfico, provocando un incremento en el déficit de información. Por lo que es ur-
gente la generación de conocimientos a través de investigaciones cuantitativas y cuali-
tativas, que permita hacer generalizaciones para poder contrastar nuestros resultados
con otros de diferentes países del mundo.
1.2. La problemática.
La idea tradicional difusa y falsa dice que, en la vejez, el ser humano no es ca-
paz de producir, por la absoluta falta de creatividad, que vive del recuerdo, de memo-
rias y del pasado y que físicamente es incapaz de hacer aquellas actividades que impli-
quen fuerza, rapidez, desplazamiento y movilidad articular. La historia es testigo de
que muchos ancianos encontraron el autentico sentido de la vida precisamente al llegar
a la vejez, como fue el caso del Papa Juan XXIII que, cargado de muchos años, tuvo un
espíritu joven más que otros que con menos años, pero más viejos en espíritu, no apor-
tan mucho y no terminan de encajar.
La vejez no significa una vida inútil acabada y ociosa. Por el contrario es un
tiempo para buscar nuevos motivos de vida, nuevos sentidos a las cosas y aconteci-
mientos, para alcanzar una autoestima positiva y aprender a organizar y utilizar el
tiempo libre que es mucho, reviste importancia para las autoridades que más que pre-
ocuparse por construir casas geriátricas, casas de día, residencia de ancianos, asilos,
que viajen gratis o con descuentos en los diferentes medios de transportes del país.
Más que todo esto, lo que se necesita es que nuestros adultos mayores sean atendidos
con un sentido social y humano, mejorando su estilo de vida para que vivan más tiem-
po, dignamente y con calidad.
La vejez llega muchas veces sin ser percibida y más pronto de lo que uno qui-
siera, pero eso es difícil de aceptar, porque es un proceso para el cual casi nadie se pre-
para y, cuando llega, cuesta admitir que se es viejo. Por eso los políticos, principalmen-
te, no la consideran como un evento social de importancia, minimizándola y conside-
rando que es un asunto que puede esperar en los archivos del olvido. Las instancias de
gobierno que tienen influencias determinantes dentro de la sociedad como la educa-
ción y la salud, así como los tres niveles de gobierno, tampoco la consideran un asunto
prioritario, permitiendo que esta parte de la sociedad crezca y con ella muchos pro-
blemas de comportamientos, de salud, marginación, maltrato y utilización, que siem-
pre se acompaña de una perdida de los valores más elementales como son el amor y el
cariño por los ancianos.
A la luz de estos comportamientos y actitudes de muchas sociedades del mun-
do, pretendemos, en este apartado, proporcionar una visión general sobre conceptos
más relevantes que se relacionan con nuestro trabajo de investigación y, posteriormen-
te, destacar lo que se refiere a la práctica de la actividad físico-deportiva que esta po-
blación puede realizar en su tiempo libre.
1.2.1. Ocio y tiempo libre.
Los adultos mayores que han dejado la vida laboral cuenta en este momento de
la vida, con el tiempo libre suficiente para ser utilizado en lo que ellos deseen, para
hacer lo que por obligaciones laborales antes no era posible. En este punto podemos
recordar las palabras de García Ferrando (2001), “a medida que la porción de vida dedicada
al trabajo se ha ido reduciendo de forma considerable para la mayor parte de los ciudadanos de
las sociedades industriales y avanzadas, como ocurre en España y en el resto de los países que
integran la Unión Europea, la creciente disponibilidad de tiempo libre de trabajo propicia el
realce de la importancia del ocio y de su uso tanto desde el punto de vista de la salud individual,
como de la vida económica en general y de la construcción de significados en los estilos de vida e
identidades colectivas de los individuos.”
Es decir, este evento es común en todas las sociedades del mundo, que al redu-
cir el tiempo laboral, los sujetos cuentan con mayor tiempo libre que puede ser utiliza-
do en actividades para mejorar los estilos de vida y la salud.
Otro autor como García Montes (2001), hace aportaciones en el análisis de la
obra de Dumazedier, concluyendo en tres aspectos claves que debe tener el ocio:
¾ “En primer lugar, el ocio se manifiesta en un conjunto de ocupaciones y actividades
de la persona, que pueden ser tanto beneficiosas como contraproducentes para el
propio sujeto, razón por la cual este autor demanda una intervención activa y de-
mocrática en la planificación de los recursos y de las actividades de ocio”.
¾ “En segundo lugar, para que estas actividades realizadas constituyan un verdadero
ocio, deben haber sido seleccionadas, elegidas y vividas, experimentadas de manera
libre y voluntaria. De ahí la importancia que tiene la actitud del sujeto”.
¾ “En tercer lugar, se destaca la temporalidad del fenómeno; la autonomía del ocio en
relación con el trabajo o con el resto de actividades necesarias para la vida de la per-
sona y para su implicación social determinan el tiempo libre como el espacio ideal
para el desarrollo del ocio”.
Podemos apreciar que la ocupación y las actividades deben ser debidamente
planificadas, considerando las condiciones morfofuncionales y posibilidades de los
sujetos para que puedan ser beneficiosas. Para alcanzar estos beneficios debe tomarse
en cuenta preferencias, intereses y motivaciones garantizando la permanencia y conti-
nuidad de la práctica de la actividad física de los sujetos y, por último, específicamente
el adulto mayor, cuenta con mayor tiempo libre que aquellos que se encuentran en la
etapa productiva, por lo que la posibilidad de los adultos mayores de implicarse con
mayor determinación y tiempo es bastante elevada.
1.2.2. Salud.
La salud en los ancianos depende de muchos factores, entre ellos el estilo de vi-
da y hábitos saludables que se transfieren de las etapas anteriores hacia la vejez (Blair,
1995). Está influenciada por los acontecimientos que tienen lugar a lo largo de la vida,
es decir, de la actitud asumida ante la vida, de los hábitos de trabajo, descanso, sueño,
alimenticios, recreativos y sociales. Incluso por acontecimientos ocurridos antes de su
nacimiento, por ejemplo, el estado nutricional de la madre, influye sobre el crecimiento
y desarrollo intrauterino, el peso al nacer y, posiblemente, sobre los riesgos en la vida
futura de sufrir varios problemas importantes de salud.
La salud es un estado multidimensional que describe la existencia positiva de la
vida individual, ejemplificado por la calidad de vida y la sensación de bienestar, esta
definición fue adaptada de varias definiciones aportadas por Sánchez (1996), USDHHS
(2000), Corbin et al. (2000), OMS (2006).
La OMS (2006) tiene como objetivo que los pueblos puedan gozar del grado
máximo de salud que se pueda alcanzar. Define la salud como “un estado de completo
bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Esta definición puede aplicarse de igual forma a países desarrollados y en vías de desa-
rrollo en ambos géneros.
La concepción de la salud va ligada al concepto de bienestar y calidad de vida.
Albuixech (2003) afirma que “no sólo es importante los años que se vive, sino cómo se viven,
es decir, no sólo se trata de vivir más años, sino de vivirlos en las mejores condiciones, con esta-
do de salud adecuado, que permita vivir con calidad y con autonomía personal”. O sea, el ideal
del ser humano es vivir más, pero disfrutando de bienestar e independencia.
La salud es un estado acumulativo que debe cuidarse a lo largo de toda la vida,
con el fin de asegurar que se disfruten todos los beneficios, inclusive en edades avan-
zadas. La buena salud es esencial para que las personas mayores conserven una cali-
dad de vida aceptable.
Esta definición es la más conocida, pero no la más útil, porque no es operativa y
es considerada como utopía, en el mejor de los casos, ésta puede ser observada como
una meta permanente por alcanzar, de tal forma que, el estado óptimo de salud, es
aquel que los sujetos tienen una salud positiva. Pero es necesario continuar promocio-
nando la salud, para tratar de conseguir que los sujetos sigan disponiendo el máximo
tiempo posible de buena calidad de vida.
La evaluación de la salud, no puede estar limitada a los factores clínicos tradi-
cionales basados en variables anatómicas, biológicas y psicológicas, la salud es algo
más que la ausencia de enfermedades o invalidez. La mayoría de la gente quiere vivir
más, se interesa por prolongar la vida y se preocupa por vivir con calidad. Al llegar a la
tercera etapa de su vida, se hace muchas preguntas principalmente sobre la jubilación
como: ¿con quién va a vivir?, ¿de qué va a vivir su pareja?, enfermedades que lo van a
limitar, su actividad social ¿será limitada a las condiciones en la que estará viviendo?,
¿será dependiente?, ¿cuál será el nivel de vida que tendrá en ese momento? y otras
muchas más.
Como hemos visto en este proceso evolutivo de conceptualización, la salud,
además de ser considerada un estado psicofísico objetivo, es vista como un proceso de
interacción entre factores muy diversos, que contribuyen al bienestar del individuo y la
sociedad. Observamos como en esta relación dinámica, aparece el concepto de bienes-
tar, el cual representa nuestras acciones responsables, que permiten el desarrollo de un
nivel adecuado de salud general (Corbin et al., 2000).
El Ministerio de Salud de Canadá Lalonde-OMS (2005), analiza los determinan-
tes de la salud como el estilo de vida, el que mayormente influye en la salud del sujeto,
pero que es modificable cambiando el estilo de vida y los hábitos de salud. La salud
esta influenciada fuertemente por la biología, que tiene relación con la herencia y la
genética, aspectos que hasta estos momentos no son modificables.
Otro factor determinante es el sistema sanitario, que es el responsable de la
atención de la población de parte de los gobiernos. Es el que menos influye, sin embar-
go, es en el que más recursos económicos invierten los gobiernos, al menos en los paí-
ses desarrollados. Por último, el medio ambiente, es otro determinante que influye en
la salud, se refiere a cualquier tipo de contaminación producida en el aire, suelo, agua
y el entorno social, psicológico y cultural, además las drogas, la violencia, competitivi-
dad y el estrés, propio de las sociedades en pleno desarrollo. Según estos determinan-
tes, las instituciones de salud pública, deberían invertir más en la promoción de salud,
para que la población adquiriera estilos de vida saludables mediante una correcta edu-
cación a edad temprana, y en el medio ambiente, mayor vigilancia de la calidad de aire,
ruido, agua, seguridad, violencia etc. En este sentido, los Estados Unidos (Lalonde
OMS-2005), reporta que la inversión que hacen para reducir la mortalidad es bastante
evidente, tiene los siguientes gastos. En la biología humana se invierte 6.9%, su contri-
bución para la salud es de 27%. En el medio ambiente invierte 1.6% y su contribución
par la reducción de la mortalidad es de 19%. En el estilo de vida se invierte sólo el 1.5%
y este componente aporta el 43% para la reducción de la mortalidad. Por último, el
sistema sanitario afecta el gasto de salud pública en 90% y su contribución en la reduc-
ción de la mortalidad en la población, es de solamente 11%.
Aquí se reflejan, por un lado, los porcentajes de los determinantes de la salud
en la contribución de la reducción de la mortalidad. Por otro, la inversión económica
para la salud en [Link]. Estos datos son bastante significativos. Conviene expresar que
en el componente que más invierten los [Link] es el sistema sanitario y su aportación
para la reducción de la mortalidad, tan sólo es de un poco más del diez por ciento.
Sin embargo, en el componente estilo de vida, que tan sólo intervienen un poco
más de uno por ciento, es el componente que mayormente contribuye en la reducción
de la mortalidad de la población. Se infiere que los responsables de distribuir los recur-
sos económicos, le dan poca importancia al aspecto preventivo, que es en lo que se de-
bería invertir mayores recursos, de lo contrario se enfrentan grandes costos, en medici-
nas, horas de médicos, horas de consultas etc., como consecuencia de las enfermedades
que padece la población.
La European Community Health Indicators, Phase II, ECHI-II (2005) analizan
indicadores que agrupan en cuatro clases.
1. Situación socioeconómica (comprendido por empleo, distribución de ingre-
sos, vivienda, grupo étnico y raza, economía general) y demográfica, que
comprende el estatus de la población.
2. Estado de salud. Causas de mortalidad, morbilidad, salud funcional perci-
bida.
3. Determinantes de salud. (Factores personales y biológicos, comportamiento
saludable, condiciones de vida laboral.
4. Sistema de salud. Prevención, protección sanitaria y promoción de la salud,
servicio médico, seguro medico, gastos médicos, calidad de los servicios
médicos.
Por otro lado, existen investigaciones enfocadas a determinar los indicadores de
la esperanza de salud, que cada vez son más utilizados para estudiar la evolución del
narse con todo lo que ha sido parte de su vida, como objetos, lugares y personas, para
favorecer su salud metal, evitando la aparición de crisis de identidad personal, demen-
cia, ansiedad y depresión, a la que se llega por muchas razones, principalmente, la jubi-
lación, muerte de la pareja, pérdida de los hijos, aislamiento y soledad, falta de oportu-
nidades y frustraciones a lo largo de la vida.
Estudios realizados por Villanueva (2000), indican que “la demencia es un proceso
adquirido que aparece generalmente, en la senectud y a veces en la madurez, habiendo existido
hasta entonces, normalidad de la función intelectual”. Sin embargo, es necesario establecer
la diferencia entre el oligofrénico, que es un deficiente mental desde el nacimiento, y el
demente, que es un deficiente mental adquirido, aunque este sujeto alguna vez fue
normal, en este caso, acertadamente, es aplicable al adulto mayor que, con el paso de
los años y al deterioro físico, psicológico y social, puede llegar a este padecimiento,
siendo bastante común en todos los países, por ejemplo, en Europa y Estados Unidos,
el 10 % de la población mayor de 65 años padece demencia de intensidad variable y el
5 % una demencia grave.
El CDFECAC (2002) revela que la demencia es un síndrome del deterioro ad-
quirido y persistente en la función intelectual, que afecta por lo menos a tres áreas de la
actividad mental, el lenguaje, la memoria y trastornos emocionales y/o de la personali-
dad y cognitivos y que hay una prevalencia del 5% a 8% en la población adulta.
1.2.3. Estilo de vida.
El origen de la vida tiene varias teorías, la más aceptada es la evolutiva. Según
Blair (1995) los humanos han vivido en la tierra hace pocos millones de años, nuestra
especie esta representada por el Homo Sapiens, que ha existido en nuestro planeta
desde hace más de 500.000 años. La evolución permitió que el ser humano trascendiera
de una vida primitiva a otra de mejores condiciones, de vivir en pequeños grupos nó-
madas, cazando y recolectando los alimentos. Transitará por diferentes periodos, que
se relacionan con el comportamiento activo hacia el ejercicio y la dieta diaria, periodos
en la que las defunciones por causas de enfermedades infecciosas, eran casi inexisten-
tes, gracias al estilo de vida que esta les imponía.
Época en la que existieron individuos físicamente activos, con una dieta cuya
fuente energética procedía de carbohidratos complejos, baja en grasas y proteínas de
origen animal, carne, leche y, probablemente, con un incremento de la grasa saturada,
es decir, hábitos alimenticios adecuados.
Así llegamos hasta el periodo industrial, en el que la sociedad transforma el es-
tilo de vida y sus hábitos alimenticios, modificando radicalmente la dieta y su me-
dioambiente de manera sustancial, incrementando la morbilidad y la mortalidad en la
población, principalmente, por mala nutrición y enfermedades infecciosas, asociados a
la inadecuada salud pública y deficientes cuidados médicos. Sin embargo, en este pe-
riodo, la ciencia médica emprendió acciones muy importantes para mejorar la salud
pública.
En el esfuerzo por mejorar las condiciones de la vida de los pueblos, en todo el
mundo, se ha reconocido la necesidad de la formación de organismos internacionales
Condiciones Satisfacción
Satisfacción Condiciones
de vida Personal
Personal de vida
(calidad de vida) (calidad de vida)
a) Calidad de vida en términos de condiciones vida b) Calidad de vida como satisfacción con la vida
Condiciones Condiciones
de vida de vida
Valores
Calidad Calidad
personales
de vida de vida
Satisfacción Satisfacción
Personal Personal
Otros investigadores, como Inga y Vara (2000), afirman que “la calidad de vida, es
la interacción entre la satisfacción de vida y las condiciones objetivas de vida”. Estas últimas
engloban la salud, el cuidado familiar, las actividades laborales o recreativas, las pres-
taciones estatales y la satisfacción de las necesidades de relación social.
Existe coincidencia en el argumento que el termino calidad de vida es complejo,
ya que intervienen muchos factores de índole biológico, psicológico, social, familiar y
personal que, finalmente, es un esfuerzo que se debe hacer conjuntamente con autori-
dades, instituciones de salud y la misma persona, para mantener un equilibrio entre
todas estas esferas que componen la vida de los seres humanos.
Por otro, lado, Delgado y Salcedo (2003), manifiestan que, la multidimensiona-
lidad del concepto de calidad de vida, pone límites al estudio económico, volviéndose
necesario integrar al análisis otros enfoques disciplinarios como la ética, la filosofía, la
psicología y las ciencias sociales.
Igualmente, estudios realizados en las últimas décadas, muestran que valorar la
calidad de vida es complejo, sin embargo, reseñan que la condición física es uno de los
determinantes, para que la persona tenga una percepción positiva de su estado de sa-
lud, que esta íntimamente relacionada con la calidad de vida, mientras que una mala
condición física se asocia con percepciones negativas del mismo (Alonso et al., 2003).
Es decir, se puede afirmar que la calidad de vida, esta influenciada por los hábi-
tos de vida del sujeto, la dieta, consumo de tabaco y alcohol, ejercicio y factores de
riesgo relacionado con la salud. Para Blair (1995), el fumar cigarro es el hábito más des-
astroso para la salud que un individuo puede adoptar, el mayor impacto del fumador
es la mortalidad vía hacia enfermedades cardiovasculares y cáncer pulmonar, esófago
las exigencias más prioritarias del medio. Posiblemente, el fenómeno del cambio social
que han sufrido las personas de la llamada tercera edad, sean, junto con los avances
técnicos, lo más característico de nuestra era.
La posición de las personas mayores en las sociedades industriales modernas,
debe interpretarse a la luz del hecho que, su esperanza de vida, supera en mucho el
papel social al que los individuos estamos destinados (trabajo/hijos/padre, etc.), los
cambios sociales económicos, demográficos, urbanísticos, etc., han hecho que esté gru-
po de individuos pertenecientes a la tercera edad, sea muy numeroso y presente más
características peculiares y a veces contradictorias.
Las sociedades occidentales avanzadas, tienen un fenómeno peculiar con los
grupos de tercera edad. La tasa de crecimiento de individuos de más de 65 años, es del
1% en Francia y Suecia y del 3% en Canadá y [Link]. En España, en 1920, 8 de cada 100
tenían más de 60 años, mientras que en 1991 ha ascendido a casi el 20%, de manera el
17% eran varones mayores de 65 años y el 22% eran mujeres (Organización Panameri-
cana de la Salud, 2001).
Los aspectos psicológicos del individuo de edad avanzada, no se pueden en-
tender fuera del marco fisiológico y social porque, en las diferentes etapas de la vida,
muestran importantes diferencias en su estructura biológica. Con la edad declinan el
número y calidad de numerosas células, cuyas funciones son vitales para el organismo
humano, y reduce la capacidad de adaptación del individuo a los cambios del medio
entorno.
La salud, en general, es diferente a la de los más jóvenes, mientras que los jóve-
nes tienen menos enfermedades, los adultos mayores presentan con mayor frecuencia
enfermedades crónicas, como ceguera, falta de audición, reumatismo o artritis, afeccio-
nes cardiacas y pulmonares, hipertensión arterial. Lo preocupantes es que no sólo afec-
ta la salud, si no también la conducta y estos cambios de comportamiento, son regu-
larmente de naturaleza biológica, patrón normal de envejecimiento. Sin embargo, otros
investigadores como Chirosa, Chirosa y Padial (2000), definen este término como “un
proceso más dentro de la carrera de la vida de los seres vivos”, pero todos coinciden que es
proceso natural y normal del ser humano.
Por otro lado, la herencia es otro factor determinante, está bien establecido que
la herencia familiar juega un papel importante en la determinación del modelo de los
cambios observados en la senectud. Esto ha provocado que investigadores, en años
recientes, orienten considerablemente su atención al incremento del entendimiento de
los factores responsables de las diferencias individuales en el envejecimiento.
[Link]. Envejecimiento biológico.
Es importante distinguir al envejecimiento como un proceso que involucra una
serie de cambios naturales por la edad. El envejecimiento, como proceso, es aquel enve-
jecimiento normal, que representa cambios biológicos universales, que se producen con
la edad y que no están afectados por la influencia de enfermedades o del entorno.
Por lo tanto, no todos estos cambios relacionados con la edad tienen consecuen-
cias clínicas negativas, pérdida de masa muscular, disminución de la eficiencia metabó-
ciones, intereses y valoraciones de este sentimiento, así como la preocupación más im-
portante en esta etapa de la vida.
En segundo lugar, se analiza la clase de Educación Física pos revolucionaria
que recibieron los que contestaron que si fueron a la escuela, la contribución de algu-
nos presidentes de la república en la integración de la Secretaria de Educación Pública,
así como la evolución de planes y programas de estudios de las escuelas formadores de
docentes en Educación Física en el ámbito nacional y, en particular, en el estado de
Chiapas.
Posteriormente, se estudian los comportamientos que tienen los adultos mayo-
res de 60 años frente la práctica, abandono y nunca practicar actividad físico-deportiva,
así como los beneficios y factores biológicos y psicológicos que inciden en la práctica,
haciendo un análisis de las características de las actividades físicas de tiempo libre co-
mo: la intensidad, duración y frecuencia con que se hace la práctica físico-deportiva,
fundamentalmente, para mejorar la calidad de vida de esta población. Se estudia tam-
bién las franjas horarias, así como las modalidades de práctica física que, de acuerdo a
sus preferencias, intereses y posibilidades, desearían practicar.
El cuarto apartado de este estudio, describe y analiza los comportamientos fren-
te a la práctica físico-deportiva de los adultos mayores activos y de los inactivos en las
tres etapas de la vida. Es decir, se analizan motivos de práctica, abandono y nunca
haber practicado actividad físico-deportiva, estableciendo asociaciones entre algunas
variables sociodemográficas.
Y, finalmente, se estudia las percepciones de los adultos mayores con relación a
su práctica física, condición física y su salud.
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PLANTEAMIENTO Y
DESARROLLO DE LA
INVESTIGACIÓN
CAPÍTULO 2 PLANTEAMIENTO Y DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN
140.021 mujeres, según los datos facilitados por INEGI (Instituto Nacional de Estadísti-
ca Geografía e Informática) correspondientes al censo del 2.000. Su distribución aten-
diendo al número de habitantes lo podemos apreciar en la tabla 2.1.
Tabla 2.1. Población del municipio de Tapachula, según el número de habitantes, por sexo.
Tabla 2.2. Número de localidades según el número de habitantes del municipio de Tapachula.
100.000-499.999 1
5.000–9.999 1
2.500–4.999 2
2.000-2.499 1
1.000-1.999 8
500-999 38
100-499 117
50-99 40
1-49 285
TOTAL 493
Tabla 2.3. Población de adulto mayor de 60 años del municipio de Tapachula, varones y mujeres por
grupos de edad.
[Link]. Muestra.
Debido al número tan elevado de sujetos que forman parte de la investigación,
sería prácticamente imposible, por un lado, poder llegar a cada una de las personas y,
por otro lado, habría que tener los recursos económicos necesarios para tan ambicioso
proyecto, de los cuales no disponemos. Por esta razón, recurrimos a las técnicas de
muestreo que nos permiten acotar este número a otro mucho más inferior (muestra)
permitiéndonos, posteriormente, extrapolar la información recogida a toda la pobla-
ción y generalizarla, es decir, validar los resultados con un error muestral pequeño y
con un nivel de confianza alto.
En nuestro caso, en el que la población general es de 17.151 habitantes censados
mayores de 60 años, el tamaño de la muestra se estimó en 1.044 sujetos. Lo que supone
tener una validez en los resultados con un margen de error de ± 3% y un nivel de con-
fianza del 95.5%. A continuación, describimos el procedimiento seguido para afijar la
muestra.
El procedimiento de muestreo utilizado ha sido polietápico con afijación pro-
porcional, recurriendo a dos tipos de muestreo: el muestreo aleatorio estratificado y el
muestreo aleatorio por conglomerados. Esto significa que el proceso se ha realizado en
varias fases y que, en cada una de ellas, se ha se ha llevado a cabo un procedimiento u
otro dependiendo de la fase en la que se esté y las dificultades encontradas para selec-
cionar la muestra. Ésta, se divide en cada etapa, en varios estratos o conglomerados
con características comunes, a los cuales se les asigna la proporción de muestra corres-
pondiente al universo de la población.
En una primera etapa, se procedió a dividir la muestra (1.044 sujetos) conside-
rando una variable que puede incidir en la diversificación de la misma: el número de
habitantes por localidad.
Tabla 2.4. Organizada de siete estratos por localidades según el número de habitantes
Número de habitantes 60-64 65- 69 70 74 75- 79 80- 84 85- 89 90- 94 95- 99 + 100 TOTAL
Tabla 2.6. Tamaño de la muestra según nº de habitantes por localidad, grupos de edad y sexo (varón).
Varones (474)
Número de habitantes 60-64 65- 69 70 74 75- 79 80- 84 85- 89 90- 94 95- 99 + 100
100.000-499.999 102 71 53 35 18 12 3 2 0
5.000–9.999 4 3 2 1 1 1 0 0 0
2.500–4.999 7 4 3 2 1 1 1 0 0
2.000-2.499 2 1 1 0 0 0 0 0 0
1.000-1.999 7 4 3 2 1 1 0 0 0
500-999 23 16 12 8 4 2 0 0 0
Menos de 500 hab. 21 14 11 7 4 2 1 0 0
TOTAL 166 113 85 55 29 19 5 2 0
Tabla 2.7. Tamaño de la muestra según nº de habitantes por localidad, grupos de edad y sexo (mujer).
Mujeres (570)
Número de habitantes 60-64 65- 69 70 74 75- 79 80- 84 85- 89 90- 94 95- 99 + 100
100.000-499.999 131 96 68 49 28 16 3 3 1
5.000–9.999 4 3 2 1 1 0 0 0 0
2.500–4.999 5 3 3 2 1 1 1 0 0
2.000-2.499 1 1 1 0 0 0 0 0 0
1.000-1.999 7 5 4 3 1 0 0 0 0
500-999 23 16 12 8 4 2 0 0 0
Menos de 500 hab. 20 15 11 7 4 2 1 0 0
TOTAL 191 139 101 70 39 21 5 3 1
Cuarta etapa. Al llegar a este momento, había que seleccionar a las localidades
que representarían a cada estrato considerando el número de habitantes. Si continuá-
ramos con el procedimiento de muestreo seguido hasta ahora, tendríamos que fijar la
muestra que proporcionalmente le corresponde a cada una de las localidades del mu-
nicipio de Tapachula, atendiendo a los siete estratos establecidos, según el número de
habitantes por localidad. El total del municipio de Tapachula es de 493 localidades dis-
tribuidas en toda la geografía municipal, por lo que sería prácticamente imposible di-
versificar la muestra en todas ellos, además de resultar un costo muy elevado en recur-
sos humanos, económicos y de tiempo.
Fue entonces cuando se decidió utilizar el procedimiento aleatorio por conglo-
merados, en cual se relacionan en cada estrato las localidades de donde se va a recoger
la información necesaria para esta investigación. Este procedimiento fue utilizado to-
mando en cuenta las recomendaciones de Rodríguez Osuna (2000), toda vez que perci-
bimos que existía heterogeneidad al interior de cada estrato y homogeneidad entre los
estratos, como es el caso de nuestro estudio. Los siete estratos establecidos, se aprecian
en la tabla número 2.8.
Quinta etapa. Una vez conocidos los municipios, se realizó una nueva estratifi-
cación en cada uno de ellos según los AGEPs (áreas geográficas estadísticas poblacio-
nales) utilizando la codificación numérica empleada por INEGI. Se procedió a identifi-
car las localidades a través de los planos del municipio y de la ciudad de Tapachula
que fueron proporcionados por INEGI.
En cada submuestra se procedió a la afijación proporcional del número de suje-
tos a encuestar. La distribución pormenorizada de la muestra, en la que se refleja los
municipios seleccionados para el trabajo de campo, según los AGEPs, grupos de edad
y sexo se puede ver en el anexo 1.4.
En la sexta y última etapa. Se llegó a la elección de la última unidad muestral por
medio del establecimiento de cuotas y rutas aleatorias, paso previo para la recogida de
la información del sujeto seleccionado para la muestra.
Los planos también fueron utilizados para marcar las rutas escogidas para cu-
brir la cuota diaria. Esta cuota se había establecido previamente atendiendo a las carac-
terísticas de las personas a encuestar (según el sexo y la edad del sujeto, dentro de los
AGEPs perteneciente a cada localidad).
2.2.2. Método de investigación y técnicas de obtención de datos.
En la presente investigación se pretende abordar cuestiones sobre las que difí-
cilmente se puede obtener información directa a través de la observación. Recabar da-
tos sobre actos del pasado o sobre cogniciones como pensamientos, satisfacciones,
comportamientos, opiniones, motivaciones, grado de conocimiento,…, imposibles de
registrar mediante la mera observación del investigador, supone la necesidad de recu-
rrir a la interrogación, es decir, al informe verbal del sujeto.
Utilizaremos el método descriptivo y el correlacional para detallar hechos y ca-
racterísticas de una población de forma objetiva y comparable intentando crear asocia-
ciones entre variables. Esto, nos posibilitará extraer información para la toma de deci-
siones y aportar conocimientos sobre actitudes, pensamientos y comportamientos.
Para la recogida y obtención de los datos emplearemos una de las técnicas so-
ciológicas más usadas, la técnica de encuesta, y para el diseño de los instrumentos es ne-
cesario realizar una revisión documental de aquellos trabajos realizados y que siguen
una línea de investigación común a la que aquí se pone de manifiesto, para ello utiliza-
remos la técnica de observación documental.
[Link]. Técnicas empleadas en la obtención de los datos.
Hemos utilizado dos tipos de técnicas: la observación documental y la encuesta.
[Link].1. La técnica de observación documental.
Esta técnica nos permitió recopilar la información suficiente para enunciar las
teorías que sustentan nuestro estudio de los fenómenos y procesos. De tal manera que
la interpretación y el análisis comparativo de diferentes fuentes documentales revisa-
das, nos permitió apreciar muchos aspectos importantes de la vida social relacionada
con nuestro objeto de estudio.
Con el propósito de elaborar nuestro marco referencial teórico metodológico,
así como para la elección y construcción del instrumento para la recopilación de los
datos, se ha realizado un análisis de documentos de investigaciones relacionadas con el
objeto de estudio, como lo manejan diferentes autores como Rodríguez et al. (1996),
Hernández et al. (2004), Jiménez et al. (1991), Sierra Bravo (2001) y otros como se puede
observar en los capítulos correspondientes.
Se examinaron investigaciones que se relacionan con nuestro estudio en Méxi-
co, en dos vertientes, las que tratan aspectos generales y las que tratan aspectos que
coinciden con nuestra investigación. De la misma manera se hizo un análisis de la lite-
ratura científica europea, específicamente la española, así como en Latinoamérica, Es-
tados Unidos y Canadá y en otras partes del mundo, lo que nos ha permitido acercar-
nos a la población de mayores para conocer estilos de vida, hábitos, comportamientos y
actitudes, fruto de las diferencias sociodemográficas y culturales de los pueblos, lo que
permite establecer corrientes y modelos teóricos metodológicos utilizados en las inves-
tigaciones sociales de los estilos de vida y comportamientos del adulto mayor.
tamientos y opiniones expresadas por cada uno de los sujetos de la población. El cues-
tionario está formado con preguntas que han sido validadas en otras investigaciones y
adaptadas a las características culturales y sociales de la población objeto de estudio.
La fiabilidad se refiere a la propiedad que posee el instrumento para producir
los mismos resultados en diferentes pruebas o pasaciones (Latiesa 2000). Existen dife-
rentes formas de contrastar la fiabilidad y, por lo tanto, diversos tipos. De manera sin-
tetizada podemos identificar tres aspectos: estabilidad, equivalencia y consistencia in-
terna.
Se debe tomar en cuenta que la fiabilidad no depende exclusivamente de las ca-
racterísticas, sino también del tipo de muestra de sujetos que se han utilizado para cal-
cularla. Un aspecto de la muestra que más incluye en la fiabilidad es su variabilidad. Es
decir, el coeficiente de fiabilidad aumenta al acrecentar la variabilidad de la muestra, al
igual que también incluye la extensión de la prueba, ya que cuantos más ítems, más
fiabilidad.
Para contrastar la fiabilidad del cuestionario se realizaron diferentes estudios
pilotos (ensayo del cuestionario en condiciones reales, en las que se ponen a prueba
aspectos fundamentales de este), así como por las diferentes aportaciones hechas por
los expertos que han colaborado en esta investigación.
Para verificar nuestro cuestionario se efectuaron tres estudios pilotos, los dos
primeros en Almería, con la finalidad de comprobar si el contenido de las preguntas
eran entendidas por los encuestados, cotejar los itinerarios de las preguntas, vocabula-
rio y terminologías empleadas, así como el tiempo de realización. Permitió hacer co-
rrecciones y así mejorar y dominar el contenido del cuestionario.
El tercer estudio piloto se hizo en Chiapas (México), en una población que no
pertenece a la del objeto de estudio (Mazatán), pero que tienen las mismas característi-
cas sociodemográficas, es un municipio de la costa y vecino de nuestra población obje-
to de estudio. Se hicieron depuraciones de posibles problemas técnicos, de lenguaje,
sentidos de las palabras y de las respuestas, detectados por los integrantes del equipo
de investigadores.
2.2.3. Variables de la investigación.
[Link]. Variables de sentimiento de soledad.
V85 a 111 Motivos que influyeron para que abandonara la práctica de la acti- 17
vidad físico-deportiva en cualquiera de las tres etapas de la vida.
V7 Tener de hijos. 01
V8 Número de hijos. 02
V5 Sexo. 62
V344 Edad. 52
deportivas en cada una de las etapas de su vida, hábitos saludables y el estilo de vida
del adulto mayor, y por ultimo un bloque de la situación sociodemográfica en la que
vive esta población.
Se seleccionaron y se establecieron las variables que debería tener el cuestiona-
rio, atendiendo a los objetivos de la investigación. Posteriormente, se determinaron las
preguntas del cuestionario que deberían darnos información del estilo de vida y hábi-
tos saludables en tres etapas de la vida del adulto mayor:
Dependencia familiar: abarca desde que nace hasta que se casa y forma su
propia familia.
Independencia familiar: periodo de vida desde que se casa hasta llegar a los
60 años.
Adulto mayor: de 60 años hasta este momento de su vida.
A continuación, se elaboran los primeros bocetos de los cuestionarios. Éstos se
apoyan en numerosas revisiones sobre estudios y trabajos con temáticas similares. Re-
cogen las aportaciones que los distintos expertos en diferentes campos (metodología,
sociología y del ámbito de la actividad físico-deportiva) sugieren para la elaboración y
diseño de los cuestionarios.
El siguiente paso fue comenzar con los estudios piloto. Se decidió administrar el
cuestionario a un reducido número de sujetos, 10 individuos. El objetivo era que lo
contestasen y señalaran cualquier anomalía, duda o error encontrado al respecto, pre-
guntas mal redactadas o enfocadas, aspectos que no se entienden e incluso que anota-
sen, si lo estimaban oportuno, sugerencias y observaciones sobre los mismos. Para que
estos sujetos no pudiesen formar parte de la muestra seleccionada en el trabajo de
campo, este primer estudio piloto se llevó a cabo en la provincia de Almería.
Un aspecto importante era controlar el tiempo de aplicación del cuestionario,
puesto que abarcaba un alto número de preguntas. Se pudo comprobar que el tiempo
empleado en realizar los cuestionarios no excedía de la media hora, según los itinera-
rios seguidos en las preguntas filtro que se habían incluido.
Tras la realización de estos primeros ajustes, se modificó el cuestionario y se
realizó un nuevo estudio piloto. Se llevó a cabo a través de la técnica de encuesta esco-
gida para el trabajo de campo, la entrevista personal. Los entrevistadores realizaron 25
encuestas con la intención de depurar los problemas técnicos que fueran surgiendo de
lectura, sentido de las preguntas, etc., anotando cualquier incidencia que pudiera sur-
gir. Este estudio piloto se efectuó también en la provincia de Almería para que los suje-
tos seleccionados no formasen parte de la muestra. Con las observaciones recogidas, se
procedió a modificar todos aquellos aspectos que habían resultado de esta pasación.
Nuevamente, el cuestionario fue revisado por los expertos y especialistas de
metodología, sociología y del ámbito de la actividad físico-deportiva, constatando así
la validez del contenido del mismo. Se tomaron en consideración las observaciones y
sugerencias convenientes para mejorar y ajustar el cuestionario.
tura en Educación Física. Fueron informados que en este trabajo laborioso y extenuante
no percibirían ninguna remuneración económica alguna.
Se hizo un plan para desarrollar el trabajo de campo. Se consideró un periodo
de cuatro meses de preparación del equipo, con tres horas semanales, lo que originó
doce horas mensuales y un total de cuarenta y dos horas al finalizar los cuatro meses.
En las diferentes reuniones que se mantuvieron se trató de formar de una ma-
nera concienzuda y exhaustiva al equipo de investigadores. Las primeras sesiones sir-
vieron para presentar al grupo, darles a conocer el cuestionario, características del tra-
bajo de campo y las formas de conductas que deben asumir los encuestadores. Se les
explicó en qué consistía la investigación, el interés de que ésta se llevara a cabo y la
importancia que tenía su contribución a la misma. Se les entregó el cuestionario que iba
a ser pasado para que se familiarizaran con él.
Las siguientes sesiones sirvieron para trabajar sobre el cuestionario y el conte-
nido del mismo. Se fue examinando cada una de las preguntas, las posibles respuestas
y cómo debían plantearse a los entrevistados: saber qué preguntas eran leídas y cuáles
debían ser respondidas de forma espontánea. Como parte del entrenamiento, los en-
cuestadores aplicaron el cuestionario primero a un compañero, después a un familiar y
por ultimo a un vecino.
En las siguientes sesiones, se siguió trabajando sobre el cuestionario y las hipo-
téticas situaciones que se pudieran encontrar los entrevistadores durante el trabajo de
campo. Los comentarios y las reflexiones que aparecían sobre estos supuestos permiti-
rían, a todos los encuestadores, enfrentarse y abordar de la misma manera esas situa-
ciones.
Con la experiencia y habilidades adquiridas de la práctica, se hizo el último
estudio piloto en Mazatán. Con las sugerencias vertidas del mismo, se volvió a trabajar
sobre el cuestionario y sus preguntas. En una última sesión, se expusieron las dificul-
tades encontradas sobre el cuestionario (extensión de las preguntas, formas de realiza-
ción de las mismas, correcciones en las tarjetas para facilitar las respuestas,…), el desa-
rrollo de las entrevistas y la selección de las entrevistas a través de las rutas. Se decidió
empezar con el trabajo de campo con la metodología previamente diseñada. Iniciamos
por el estrato número siete que tiene más localidades, pero menor densidad poblacio-
nal, por esta situación, son las localidades más alejadas de la ciudad de Tapachula,
terminamos con el de mayor población, estrato numero uno ciudad Tapachula.
[Link]. Desarrollo del trabajo de campo.
El desarrollo del trabajo de campo se llevó a cabo en varias fases:
⇒ Primera fase:
Se solicitó al INEGI los datos del último censo disponible (año 2.000) sobre el
padrón del municipio de Tapachula, para poder conocer el total de la población objeto
de estudio y así poder realizar el procedimiento de muestreo y conocer la muestra. De
esta forma se conocen las localidades en las que había que realizar el trabajo de campo.
sobre los acontecimientos surgidos con los entrevistados, transporte, tiempo y del
mismo cuestionario, como en aquellos casos que no había sido posible complementar-
los correctamente. Asimismo, se les entregaba las rutas del día siguiente y los cuestio-
narios, tras haber sido codificados, siempre que no hubiese pendientes en la ruta ante-
rior.
Con el objeto de facilitar esta labor, los supervisores utilizaron diversas plani-
llas para la coordinación, control y seguimiento del trabajo de campo: planilla de con-
trol de quién realizaba las entrevistas, control de rutas diarias y control de entrevistas
(anexo 2.3).
2.3. Técnicas de análisis de datos.
A continuación, mostramos las técnicas de análisis de datos que se han emplea-
do en la investigación. En primer lugar, se ha realizado el análisis documental para,
posteriormente, desarrollar las técnicas estadísticas de análisis cuantitativo (el análisis
descriptivo y el análisis inferencial).
2.3.1. El análisis documental.
Todo trabajo riguroso de investigación que se precie requiere una revisión pre-
via documental que sustente y fundamente nuestra labor científica en el ámbito en el
que se efectúe dicha investigación. Es importante conocer estudios similares que se
hayan realizado en el panorama nacional e internacional para contrastar los resultados
obtenidos con los ya existentes, además de aportar y contribuir con las particularidades
obtenidas en el nuestro.
Como hemos podido comprobar a lo largo de este documento, tanto en el capí-
tulo del marco teórico, que introduce el estudio que se está llevando a cabo, como en el
punto que aborda la técnica de análisis documental (epígrafe [Link].1), se pone de ma-
nifiesto la amplia bibliografía consultada en torno a la temática particular que se está
tratando. Estos son aspectos relacionados con el estilo de vida y hábitos saludables de
los adultos mayores, desde una posición sociológica, pues nos basamos en percepcio-
nes, hábitos, sentimientos, actitudes y comportamientos que poseen la población ma-
yor del municipio de Tapachula.
2.3.2. Técnicas de análisis cuantitativo.
Para proceder a las técnicas cuantitativas de tratamiento estadístico, la informa-
ción recogida en los cuestionarios necesita ser mecanizada en un soporte lógico. Para
ello, a través de las variables tratadas en el cuestionario, se han tabulado los datos uti-
lizando el paquete de programas informático SPSS/PC (V 12.0) que posibilita la puesta
en práctica de las técnicas de análisis precisas en este estudio: el análisis descriptivo y
el análisis inferencial.
[Link]. Análisis descriptivo.
Una parte importante del tratamiento de los datos es el análisis descriptivo de
las variables, tanto de las que tienen un carácter nominal como las de carácter ordinal.
Este análisis consiste en contabilizar la cantidad de veces que se repite cada valor de la
muestra.
LA POBLACIÓN
OBJETO DE ESTUDIO
CAPÍTULO 3 LA POBLACIÓN OBJETO DE ESTUDIO
llo (2002), reportan que los adultos mayores de 65 a 75 años, tienen niveles de estudios
muy bajos, casi la totalidad de la población sólo sabe leer y ni siquiera tiene estudios
básicos. Otro aspecto importante que hay que destacar de la población es el estado ci-
vil. El 55.8% se encuentra casado o vive en pareja haciendo vida familiar, en tanto que
el 36.5% permanece soltero. Sin embargo, existe un 3.2% de divorciados y solamente un
4% viudos.
Los servicios de salud son indispensables en toda sociedad. Los servicios médi-
cos en esta población están a cargo de las instituciones de salud como el Instituto Mexi-
cano del Seguro Social (IMSS), Instituto de Seguridad Social de los trabajadores del
Estado (ISSSTE), Instituto de Seguridad Social de los trabajadores del estado de Chia-
pas (ISSTECH), Secretaria de Salubridad y Asistencia (SSA) que atienden al 35.7% de la
población sin embargo, el 61.9% no cuenta con servicio médico.
Veamos a continuación los resultados procedentes del análisis de los datos que
se han obtenido en esta investigación, pudiendo localizar éstos reflejados en las tablas
que se encuentran en el anexo 3.1.
3.1.1. Sexo.
La población estudiada presenta porcentajes bastante similares entre los
varones y mujeres, sin embargo, poco más del cincuenta por ciento de la población está
compuesta por mujeres (51.1%), y algo menos de la mitad son varones (48.9%),
existiendo entre ellos una diferencia de dos unidades porcentuales (tabla 3.1.1).
3.1.2. Edad.
La muestra se organizó en seis grupos quinquenales, a partir de 60 años. Cerca
de las tres cuartas partes de la población estudiada (73,8%), se localiza en los dos
primeros grupos (de 60 a 64 años 44.1% y de 65 a 69 años 29.6%). En los demás grupos
los porcentajes van disminuyendo a medida que la edad se incrementa, hasta llegar al
último grupo de edad (más de 85 años), con 1.5% de la población (tabla 3.1.2).
3.1.3. Nivel de estudios.
El nivel escolar es bastante bajo, más de un tercio de la población no tiene
ningún estudio (36.4%) y más de cuarenta por ciento solamente cuenta con primaria
(41.3%). Se observa claramente que, en la medida que los niveles de estudios se
incrementan, el porcentaje de la muestra disminuye (tabla 3.1.3).
Si unimos a los que no tienen estudios y los que solamente hicieron primaria,
podemos afirmar que, más de las tres cuartas partes de la población, tiene bajo nivel de
estudios, los otros niveles están por abajo del diez por ciento por múltiples razones,
tales como época del conflicto armado, un sistema educativo naciente, desorganización
educativa, muchos problemas operativos, económicos y sociales, entre otros. Es
destacable comentar que a pesar de todos estos problemas, existen sujetos con estudios
de postgrado, aunque con una representación mínima (1.0%).
Comparando estos datos con los porcentajes que reporta INEGI (2000), de la
población en general observamos que no son coincidentes. En nuestros resultados son
superiores los porcentajes, en relación a los que tienen primaria terminada. La
tendencia es que la población mayor de 60 años tiene bajo nivel cultural, ya que
tuvieron poco acceso al nivel educativo básico, dada las características sociales,
económicas y educativas del estado.
40
49% 30
51%
20
10
0
De 60 a 64 años De 65 a 69 años De 70 a 74 años
De 75 a 79 años De 80 a 84 años Más de 85 años
50
40
30
Nivel de estudios
20
10
común que los padres enseñaran a los hijos y, probablemente, sea la razón de este
porcentaje.
Los varones presentan mayores porcentaje de saber leer, frente a las mujeres,
debido a que la mujer, siempre ha estado condicionada por la costumbre de ser la que
ayuda a la madre en los trabajos del hogar, era tradición que los varones al estar
liberados de esta tarea, podían asistir a la escuela.
Estos datos son coincidentes con los expuestos por López-Cózar y Rebollo
(2002), un alto porcentaje sabe leer pero no cursaron el nivel básico. La tendencia es
que la población de adulto mayor de 60 años del municipio de Tapachula es muy
similar a otros países en el nivel educativo. Por ello, la población general del municipio
es de esperar que tenga el mismo comportamiento y continúe en esta línea, con pocas
posibilidades elevar el nivel educativo, en tanto las condiciones sociales y económicas
no cambien.
[Link]. Saber escribir.
Los datos ponen de manifiesto que cerca de las tres cuartas partes de la
población (72%), saben escribir y algo más de la cuarta parte (28%), no (tabla 3.1.7). Al
igual que sucedió con la variable anterior, existe un marcado predominio de los
varones que saben escribir (76.3%), con respecto a las mujeres (67.9%), con una
diferencia de más de ocho puntos porcentuales (tabla 3.1.8).
Esto viene a indicarnos el grado de analfabetismo de la población, que podemos
catalogarlo de alrededor de la cuarta parte, es superior en las mujeres más que los
varones.
80
70
60
50
40 Sabe n le e r
30 Sabe n e scribir
20
10
0
Si No
100
80
60
40 Varón
20
Mujer
0
Si No Si No
sobresaliente que casi dos terceras partes viven integrados a la familia, mientras que el
resto, lo hace con otros familiares o viven solos.
Comparando los datos de nuestra investigación con los referidos por INEGI
(2000), observamos que son bastante similares con respecto a los casados o que viven
en familia. Pero no son coincidentes con los porcentajes que muestran los viudos,
nuestros datos son muy superiores. La tendencia es que esta población mayor, es
permanecer unidos en familia.
[Link]. Estado civil según el sexo.
Los varones presentan mayor porcentaje que las mujeres, cuando dicen que
están casados o viven en pareja (66.8% y 57.4%, respectivamente), con una diferencia
porcentual de más de nueve puntos. Casi la misma diferencia que se aprecia entre
quienes están viudos, pero se invierten los términos, ya que los porcentajes de mujeres
viudas (30.8%) es superior al de los varones (20.5%). Sin embargo el estado de soltería
presenta porcentajes muy similares (6.4% varones y 5.5% mujeres) (tabla 1.1.13).
Podemos decir que los varones, más que las mujeres, viven casados o con la
pareja. Así mimo se afirma que el estado de viudez, es superior en los varones. Por
último la soltería a esta edad es similar en ambos sexos.
Trabaja Ama de casa Jubilado/pensionado Sin trabajo Casado/vive pareja Viudo Separado/divorciado Soltero
20 40
15 30
10 20
5 10
0 0
Menos 500 501-1000 1001-1500 1501-2000 2001-2500 Más de 2500 Seguro social ISSTE Otros ISSTECH SSA
Esto viene a indicar que, estamos ante una población con muchas carencias y
con bajo poder adquisitivo, lo que incidirá notablemente en la satisfacción de las
necesidades básicas y por tanto, con muchas limitaciones para tener calidad de vida
(tabla 3.1.14).
Al hacer la comparación con los datos expresados por el INEGI (2000),
observamos datos que son bastante similares. Esto confirma que el estado de Chiapas
es uno de los 32 estados de la república mexicana con mayor analfabetismo y el más
pobre junto con los estados de Guerrero y Oaxaca.
3.1.8. Servicio médico.
En cuanto a la filiación médica, se aprecia que la gran mayoría (83.8%), cuenta
con servicio médico, lo preocupante es comprobar como cerca de una quinta parte
(16.2%) no tiene ningún tipo de asistencia médica. Se observa que la mayoría cuenta
con servicios médicos, para la atención de su salud (tabla 3.1.15)
3.1.9. Filiación médica.
Estos datos señalan que cerca del noventa por ciento (85.6%), está afiliada y
recibe el servicio médico de alguna de las cuatro instituciones oficiales responsables de
proporcionarlo IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social (52.2%)), ISSSTE (Instituto
de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores del Estado) (15.5%), ISSTECH
(Instituto de Seguridad Social de los Trabajadores del Estado de Chiapas) (10.6%) y
SSA (Secretaria de Salubridad y Asistencia) (7.3%). Sólo el 14.4% es atendido por otros
servicios médicos de carácter privado (tabla 3.1.16).
Se observa que la mayor parte de esta población, esta afiliada en alguna de las
instituciones de salud existentes, ya que existe una ley que permite que los padres,
sean afiliadazos como derechohabientes por los hijos, siempre que estos sean
empleados de gobierno del estado o del sistema federal. Sin embargo, existe un
porcentaje elevado que no cuentan con este servicio.
Al contrastar estos resultados con los datos del INEGI (2000), encontramos que
nuestros porcentajes son superiores a los que reporta dicho censo. La tendencia es que
la mayoría de los adultos mayores cuente con un servicio de salud.
3.2. Contexto familiar.
La existencia humana radica en la familia, es la que garantiza otros grupos ge-
neracionales tomando en cuenta condiciones y características de su época. Consecuen-
temente, como lo indica Martín (2000, p. 2), “la familia deberá conocer lo que es esperable en
un envejecimiento normal, ya que esto facilitará una convivencia armónica entre las distintas
generaciones y posibilitará la integración de las mismas, creciendo y nutriéndose con el aporte
de una visión diferente de la vida”. Es decir, la familia debe ser el soporte de los abuelos,
es el lugar indicado para que reciban los cuidados que su condición reclama. No obs-
tante, el adulto mayor se enfrenta a una situación a la que él mismo no siempre está
preparado, coexiste con un grupo familiar con intereses distintos porque, casi siempre,
vive con un grupo compuesto hasta por cuatro generaciones, con diferentes compor-
tamientos y hábitos que no coinciden con los propios, parece ser que la gratitud, la so-
Si
No
Número de hijos
16
14
12
10
8
6
4
2
0
O z
C e ce
O e
ve
C ro
N ho
D e
t ro
C es
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os
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et
in inc
oc
Se
t
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Tr
c
in
or
ua
ua
U
D
at
35
30
25
20 Con quién viven
15
10
5
0
El análisis por grupo de edad, muestra que la atención por la pareja, disminuye
en la medida que se incrementa la edad. Esta situación resulta justamente al contrario,
cuando la atención es realizada por los hijos, familiares y amigos. Destaca el hecho de
que los mayores de 85 años (61.5%), son atendidos por los hijos, al igual que el 15.4%
que lo son por familiares y amigos (tabla 3.2.12).
Se puede afirmar que el estado civil, influye en la atención que recibe la
población mayor objeto de estudio. Quienes están casados o viven en pareja, son
atendidos por la pareja (56.5%), mientras que los viudos (64.9%), y los separados o
divorciados (50.8%), son atendidos por los hijos y, por último, los solteros son quienes
se atienden ellos mismos (47.5%) (tabla 3.2.13).
La tendencia en esta población es que los varones viudos son mayormente
atendidos más que las mujeres viudas. Estos datos coinciden con lo expuesto por
Viguera (2006), ya que el adulto mayor tiene miedo a la soledad y a la muerte, por lo
que es poco frecuente que permanezca mucho tiempo viudo. El varón tiene la
tendencia a buscar pareja más que la mujer al quedar viudo.
Por otro lado, nuestros resultados confirman lo expuesto por Qu y Weston
(2003) y los hallazgos en la encuesta de características sociodemográficas realizada en
el estado de Tabasco (México). Berumen (2005) confirma que la familia es un fuerte
apoyo en la atención del adulto mayor, que las familias deben vivir integradas
compartiendo sufrimientos y alegrías. La atención de la familia coincide también con la
encuesta realizada en el estado de Tabasco (México), en la que casi el cien por cien
(96%), cuando indican no estar de acuerdo en enviar a los padres terminen sus días en
un asilo de ancianos (Berumen, 2005).
3.3. Sentimientos de soledad.
Las condiciones en las que el ser humano llega a la ancianidad influyen muchos
factores que se relacionan con el medio ambiente, estilo de vida, modo de comportarse
de ser y actuar, entre otros. Pero también la manera que el individuo enfrenta la reali-
dad de su envejecimiento y la manera de cómo se percibe a si mismo, es decir, la auto
evaluación propia, conocida como autoestima. Si se percibe con baja autoestima, pen-
sará que su jubilación y retiro son una situación de pérdida, minusvalía y marginación
social, en consecuencia, se percibe a asimismo que ya no cuenta para los demás.
La soledad es un sentimiento que todos alguna vez hemos experimentado.
Gierveld et al. (2004:15) la considera como temporal y la clasifica en dos tipos de sole-
dad social y emocional, indicando que “la soledad ocurre en todas o virtualmente en todas
las culturas, sin embargo, se sospecha que la soledad esta significativamente influenciada por
factores culturales, en este sentido la soledad no es universal, esta unido a la cultura”. Al mar-
gen de esto, se debe reflexionar que el proceso del envejecimiento desencadena este
sentimiento en mayor o menor medida, donde también intervienen factores del entor-
no familiar, asociado a otros intervinientes como el estado civil, estado de salud y la
situación económica entre otros. Continuando en el mismo sentido, en un estudio sobre
los efectos del aislamiento y soledad social, Hall y Havens (2002), reportan que el 65.7%
de las mujeres viven solas, contra un 30.8% de los hombres. También revelan que el
65.6% de las mujeres son viudas, contra el 22.8% de los varones. Igualmente, el 50% de
las mujeres contra un 39% de los hombres, expresan altos niveles de soledad y que son
los viudos los varones que más manifiestan dicho sentimiento, el estado civil es otro
factor de la presencia de este sentimiento.
Fuentes et al. (2003), analizaron las causas sociales que origina el sentimiento de
abandono. Revelan que el 30% de la población manifiesta sentirse solos. La causa prin-
cipal que genera este sentimiento fue por motivos de salud (24%). Los problemas de
salud, los vuelve inseguros y vulnerables. La idea de depender física y económicamen-
te a alguien de la familia, o no poder realizar las actividades de antes, los conduce a
sentir este sentimiento.
Muchos estudios reportan que el sentimiento de soledad está fuertemente rela-
cionado con la ausencia de la pareja. En este mismo orden de ideas encontramos tam-
bién que Qu y Weston (2003) manifiestan que con el incremento de la edad, la probabi-
lidad de vivir en pareja disminuye y aumenta la posibilidad de vivir solos, reportan
que a los 65-74 años el 74.8% viven en pareja, pero al llegar a los 85 años, desciende al
42.9%. Por lo tanto, la ausencia de la pareja producirá en el adulto mayor este senti-
miento. La pérdida de la pareja conduce al adulto mayor a sentir soledad, como lo con-
firma Carevic (2001), la viudez en esta edad siempre está acompañada de la soledad.
Perder a la persona con quien ha compartido larga etapa de la vida es crítico, solo los
hijos y la familia, pueden aligerar el sentimiento de soledad.
En este apartado se describe este sentimiento, buscando la relación entre los as-
pectos de atención, vivencia familiar, motivos, actitudinales, situación económica y
social de la población objeto de estudio, que como se analizará más adelante, tienen
repercusiones muy marcadas en el comportamiento hacia este sentimiento.
3.3.1. Soledad experimentada en el último año.
En relación a esta variable, los resultados muestran que cerca de la mitad de la
población (44.3%), han experimentado en el último año este sentimiento de soledad y
más de la mitad (55.7%), manifiesta no haberlo tenido (tabla 3.3.1).
Estos datos coinciden con los expuestos por Gierveld et al. (2004), este senti-
miento ocurre en todas las culturas, sin embargo, no es universal. Por el contrario, los
resultados arrojados en el estudio de Fuentes (2003) presentan porcentajes de soledad
no son inferiores a los de nuestro estudio.
[Link]. El sentimiento de soledad, según el sexo y edad.
Los datos muestran que no existen diferencias significativas, podemos afirmar
que este sentimiento es similar entre los varones y las mujeres, indistintamente de la
edad que tenga (tabla 3.3.2 y 3.3.3). Podemos afirmar que este sentimiento, esta
presente en varones y mujeres, de manera similar en todos los grupos de edad mayores
de 60 años.
Al comparar estos resultados, se encontró que se corresponden a los revelados
por los investigadores Qu y Weston (2003), comprobando que con el incremento de la
edad, también incrementa el sentimiento de soledad.
Estado civil
Si
70
No 60
50
40
30
20
10
0
Casado/vive pareja Separado/divorciado Soltero Viudo
60
60
50
40 40
30
20
20
0 10
Con otros familiares Solo
Solo con sus hijos Otros 0
Solo con la pareja Con esposa/pareja e hijos 500 501-1000 1001-1500 1501-2000 2001-2500 Más de 2500
Sin embargo, los que viven en pareja con esposa e hijos, continúan mostrando el
porcentaje menor (30.6%), con más de trece puntos porcentuales (tabla 3.3.5)
Se puede afirmar que, la convivencia familiar con la pareja y los hijos, influye
de manera significativa en la presencia o no de este sentimiento.
[Link] El sentimiento de soledad y la percepción mensual.
Al analizar este sentimiento con la percepción mensual, encontramos que hay
diferencias significativas. Se observa que los que menos ganan, muestran el porcentaje
mayor (62.1%), en más de diecisiete puntos. Los que ganan por arriba de los dos mil
quinientos pesos al mes, tienen un menor porcentaje (32.4%), en más de once puntos
del promedio general (tabla 3.3.6). Esto significa que a medida que se tienen mayores
ingresos económicos, menor es este sentimiento. Por el contrario, a menor ingreso
mayor sentimiento de soledad. Podemos afirmar que la situación económica es un
factor que determinante la presencia de este sentimiento.
3.3.2 Motivos principales.
Los datos revelan que los dos motivos principales por los que tienen este
sentimiento de soledad son: por haber perdido a las personas queridas (22.7%), y por
no tener familia o tenerla lejos (18.4%). Los otros motivos se encuentran por debajo de
estos porcentajes (tabla 3.3.7). Podemos afirmar que la familia es un determinante para
tener o no este sentimiento.
Estos datos vienen a corroborar lo expuesto por Carevic (2001), es decir, que el
sentimiento de soledad es bastante típico cuando se ha perdido a personas queridas,
principalmente, la pareja.
Otros motivos
0 10 20 30
mayormente entre los que viven solos (28.2%), o con otros familiares (25.5%), por
encima de los tres y ocho puntos respectivamente, del promedio general (tabla 3.3.13).
Por lo tanto, este sentimiento está asociado con los que tienen vida solitaria y carecen
de familia.
No tener familia o tenerla lejos, según quien lo atiende.
Para finalizar, el comportamiento de esta variable los datos indican que existen
diferencias significativas en los que viven solos (25.6%), o son atendidos por otros
familiares (23.2%), por encima de siete y cuatro puntos del promedio central,
respectivamente (tabla 3.3.14). Se confirma que la atención familiar es un motivo que
incide en el sentimiento de soledad en esta población.
3.3.3. Que es lo primero que hacen cuando se sienten solos.
Se dieron nueve opciones para contestar esta pregunta. Para facilitar el análisis
estadístico, se eligieron lasque presentan mayor porcentaje. Los datos indican que, las
respuestas de mayor porcentaje son cuatro. En dos de ellas asumen una actitud pasiva
(poner la radio o Televisión (29.3% y resignarse 17.5%) y, en las otras dos, asumen una
actitud activa (salir a pasear 14.9% y practicar una labor 13.1%), (tabla 3.3.15).
Significa que, ante este sentimiento, la mayor parte de esta población se aísla de
su entorno y se margina, sin embargo una población menor, asume una actitud más
creativa y socializadora y se integra o busca asociarse con otras personas.
Hablar solo
Otros
Ir de visita
Busc ar un vec ino
Rezar
Prac tica alguna labor
S alir a pasear
Resignarse
Poner la radio o la Televisión
0 10 20 30
Figura 3.8.- Qué es lo primero que se le ocurre hacer cuando se siente solo a
la población de Tapachula mayor de 60 años tiene sentimiento de soledad.
parte (16%), refieren tener este sentimiento durante todo el día. Los otros dos
momentos, muestran porcentajes inferiores al diez por ciento (tabla 3.3.16). Significa
que el momento de sentirse más sólo está asociado a la enfermedad y lo aluden a
momentos temporales.
40
35
30
25
20
15
10
5
0
Comparando estos resultados con los datos expuestos por Hall y Havens (2002),
se observa que nuestros datos son inferiores a los porcentajes de viudos con
sentimientos de soledad que exhiben estos investigadores.
3.3.6. Que es lo más importante en estos momentos.
Los datos reportan que, para más de las tres cuartas partes de la población, lo
más importante es la salud (76.6%), siendo la segunda preocupación la compañía
(12%), y en tercer lugar el dinero (6.8%). El resto de respuestas presentan porcentajes
inferiores (tabla 3.3.19). Es sobresaliente que, aunque es una población muy pobre
(tabla 3.1.14), ya que cerca de las dos terceras partes de la población vive con 500 pesos
o menos, la mayor preocupación no es el dinero, probablemente al final de la vida el
ser humano, pierda el interés por los vienes materiales y lo que le preocupa es vivir con
menos sufrimiento, dolores y enfermedades.
[Link]. Que es lo más importante en estos momentos, según el sexo.
El análisis estadístico de esta variable indica que no existen diferencias
significativas, es decir, que la preocupación en esta etapa de la vida se presenta de
manera similar entre el varón y la mujer (tabla 3.20). Podemos decir que el sexo no es
un factor determinante de este sentimiento
3.3.7. Nivel de satisfacción.
Por ultimo, queremos saber el nivel de satisfacción de esta población en relación
a su medio entorno. Los datos muestran que, se sienten satisfechos con los familiares
(86.3%), con los amigos (81.7%), y con los vecinos (77.8%), en más de las tres cuartas
partes de la población (tabla 3.3.21). Significa que es una población que tiene buenas
relaciones sociales, afectivas y familiares en su medio entorno.
80
70
60 Qué es lo más importante
50
40
30
20
10
0
Nivel de satisfacción
3.4. Conclusiones.
Después de haber analizado y discutido los resultados en este capítulo, en fun-
ción a los objetivos planteados en esta investigación, nos permite llegar a las conclusio-
nes que se exponen a continuación, correspondiendo a cada uno de los tres bloques
organizados en este capítulo: contexto social, familiar y sentimientos de soledad.
1. Contexto social. Es conveniente reseñar el punto a partir del cual pretendemos
reflexionar sobre las condiciones de la población con relación al sexo, edad, nivel de
estudios, situación laboral, estado civil, ingresos mensuales y servicio de salud que
los atiende.
¾ En nuestra población objeto de estudio existen más mujeres que varones,
coincidiendo con la mayoría de los países del mundo.
¾ La mayoría se localiza en los dos primeros grupos quinquenales es decir,
entre los 60 y los 70 años, como era de esperar, ya que en la medida que la
edad se incrementa la población disminuye.
¾ Estamos ante una población con nivel cultural bajo y con un analfabetismo
elevado. Son los varones más que las mujeres, los que saben leer y escribir.
Como consecuencia, existe mayor analfabetismo en las mujeres.
¾ En un alto porcentaje tienen una vida laboral productiva. Los varones tie-
nen más trabajo que las mujeres, pero son las mujeres las más que más tra-
bajan en el hogar. La mayor parte de la población productiva se localiza
hasta antes de los 70 años, después de esta edad la población productiva
disminuye significativamente.
¾ La mayoría de los varones viven en pareja (casados o en unión libre) más
que las mujeres, pero es una población que tiene más mujeres viudas que
varones viudos.
¾ En el aspecto económico, estamos ante una población de mayores de 60
años en condiciones económicas deplorables. Casi tres cuartas partes de la
población vive con menos de 1.500 pesos mensuales, de los cuales una quin-
ta parte vive en condiciones de pobreza extrema, con menos de 500 pesos
mensuales.
¾ Con respecto al servicio médico, es una población que casi en su totalidad
tiene este servicio, siendo atendidos mayormente por el IMS, seguido por el
ISSSTE y el ISTECH.
2. Contexto familiar. En este apartado se pretenden reflexionar sobre el contexto fa-
miliar, a partir de la tenencia de hijos, con quien vive, quien lo atiende y su relación
con el estado civil.
¾ Es una población con una familia muy prolífera, cerca del sesenta por ciento
de las familias tienen de 3 a 6 hijos. Es sobresaliente que una mujer de 96
años refiere haber tenido 24 hijos.
¾ La atención de los adultos mayores es otro factor que determina este senti-
miento. Lo presentan, principalmente, los que se atienden solos, pero tam-
bién por los que son atendidos por otros familiares.
¾ La actitud que asumen la mayoría de esta población cuando tienen este sen-
timiento es pasiva: ven televisión o se quedan resignados. Solamente una
minoría asume una actitud activa: salir a pasear y hacer alguna labor. Este
sentimiento es frecuente por las noches, sobre todo si están enfermos.
¾ Casi la mitad de la población valora este sentimiento como mucho, siendo
mayoritario en viudos y solteros, al contrario de los que viven en familia.
¾ Los adultos mayores puntualizan que lo más importante para ellos en este
momento es su salud, seguido por la compañía y el dinero, siendo similar
en ambos sexos.
¾ La mayoría de los adultos mayores se siente satisfechos con la familia y los
vecinos, mostrando un sentimiento de satisfacción con su familia y su en-
torno social, a pesar de sus miedos, incertidumbres, carencias, insatisfaccio-
nes y nostalgias por los años que ya se han ido.
¾ Es una población que sobrelleva los últimos días de la vida con dignidad,
esperando que la sociedad perciba que ahí están, deseosos de ser tomados
en cuenta, aunque sea para ser el espejo de la juventud ya que finalmente es
el camino que todo ser humano tiene que recorrer. Hagamos algo por ellos
hoy y quizá mañana nuestros hijos, probablemente, hagan algo por noso-
tros.
3.5. Bibliografía.
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logía. Psicocentro [En línea]. Disponible en: [Link]
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LA CLASE DE EDUCACIÓN
FÍSICA Y EL INTERÉS
CAPÍTULO 4 LA CLASE DE EDUCACIÓN FÍSICA Y EL INTERÉS
Para tener una visión de las condiciones en que nació y se desarrolló la pobla-
ción general de donde se tomó la muestra, es necesario recurrir a los hechos históricos
del país, principalmente en el aspecto educativo, ya que intentamos entender compor-
tamientos, sentimientos, hábitos y costumbres de una parte de la sociedad que compo-
ne esta población, los adultos mayores de 60 años.
Para una nación independiente y republicana como México, la educación juega
un papel importante, sobre todo cuando se vincula con los momentos históricos que
influyen en la construcción de un país democrático que busca, a través de la educación,
el desarrollo, mejor convivencia y calidad de vida de sus habitantes.
El gobierno mexicano, que es responsable del desarrollo educativo del país, ha
tenido innumerables problemas políticos, económicos y sociales en la búsqueda de un
sistema educativo, que sea uno de los pilares de desarrollo social y cultural de México.
Por esta razón, es necesario revisar los antecedentes para que nos permita relacionar la
historia del país con el desarrollo de la Educación Física y el papel que ha jugado el
magisterio y, en especial, los profesores de educación física.
En la construcción del México moderno, sobresale el esfuerzo que se ha hecho
por tener un sistema educativo que atienda las demandas sociales y educativas del
país. En este capítulo, se ofrece un panorama general de algunos aspectos del desarro-
llo de la educación en México, que ayudarán a entender el problema aquí tratado. Para
una mejor interpretación, destacaremos las acciones más importantes de los periodos
presidenciales, haciendo énfasis en aquellos periodos de gobierno que corresponden
con la edad de los sujetos objeto de nuestro estudio.
4.1. La Educación Física en México, desde finales del siglo XIX hasta nuestros
días como parte de la educación general.
A inicios del siglo XX, miles de mexicanos lucharon por construir una nación
más independiente, más justa, más rica y más democrática. La Educación Pública juega
un papel determinante en este proceso, considerando que en sus inicios la Educación
no era Pública ni contaba con bases filosóficas y jurídicas que el México moderno tiene.
La historia de México puede abordarse desde distintos puntos de observación, en esta
investigación, el de la Educación es particularmente importante para conocer momen-
tos y situaciones sociales, políticas y económicas, que nos ayudaran a entender el pre-
sente y el futuro mediato e inmediato de la sociedad mexicana.
Según Solana et al. (2002), exponen que en la obra Historia de la Educación en
México, la educación ha sido una de las tareas más ingentes del estado mexicano. Du-
rante la colonia, la cultura religiosa eclesiástica y tradicional se imponía en todas las
instituciones docentes, establecidas por las autoridades de la nueva España.
La Educación Porfiriana se centra, esencialmente, en las zonas urbanas y se
proyecta básicamente para las clases dirigentes, aunque siempre estuvo abierta para las
clases populares más humildes, prueba de ello es el Licenciado Benito Juárez, a quien
se le considera “El benemérito de las Américas”.
La revolución mexicana ambicionó corregir los vicios de la época porfiriana,
marginación social de la población rural, mal trato a obreros y campesinos, la economía
que estaba en manos de extranjeros y de terrateniente, pero esencialmente el campo
educativo, por esta razón iniciaron una serie de acciones para organizar la Educación
Popular, que pasó por una transición normativa rescatando algunos avances hechos en
la época porfiriana como la Educación Científica, para posteriormente llegar a una
Educación Socialista, hasta tener una expresión cabal plasmada en el articulo 3ro.
Constitucional, que rige a la educación mexicana hasta nuestros días.
La Educación Pública mexicana, nace con el liberalismo. Las leyes expedidas
por Gómez Farias en 1833, marcan su inicio al crear la Dirección General de Instrucción
Pública para el Distrito y Territorios Federales, al declarar libre la enseñanza y al secu-
larizar un conjunto de instituciones para dedicarlas al servicio educativo, que las co-
rrientes liberales llevarían a estas leyes, a una plena madurez en la Constitución de
1857, en las Leyes de Reforma y, particularmente, en la Ley de Lerdo de Tejada en
1874, que establece el laicismo en la Educación Primaria. La Educación Pública gratuita
dependiente del Estado, libre de la influencia eclesiástica, es destinada a toda la pobla-
ción, quedando plenamente afirmada con el triunfo de la Reforma.
Para 1908, según González (1977), el país era gobernado por una gerontocracia
con un presidente Porfirio Díaz con 77 años; el de la Suprema Corte de Justicia, Félix
Romero con 83 años; el Secretario de Relaciones y Justicia con 82 años; el Secretario de
Guerra Manuel González Cossío con 77 años; el Secretario de hacienda Limantour con
54 años (era el más joven); el Gobernador de Tlaxcala con 78 años; el de Tabasco con 76
años; el de Michoacán con 75 años; el de puebla con 73 años; el de Guanajuato con 68
años; el de Aguascalientes con 70 años; muchos de ellos con más de 25 años en el po-
der.
Con la revolución mexicana, y particularmente con el establecimiento de la Se-
cretaría de Educación Pública en 1921, cristaliza la organización de un Sistema Educa-
tivo Nacional, que llega a ser en nuestros días, uno de los cimientos principales del
Estado Mexicano.
En su desarrollo político, la historia de la Educación en México, pasa por varias
situaciones:
a) Instrumento de dominación y dependencia cultural en la colonia.
b) Individualista y Racionalista en la primera etapa de su independencia.
c) Positivista, Cientificista y Elitista en la época porfiriana.
d) Social y Popular, de la revolución a nuestros días.
La revolución (1910 a 1917) muestra rasgos fundamentales de la Educación en
México con las siguientes consecuencias entre otras: Nace un sentimiento nacionalista y
un sentido popular y proyección social aumenta el número de analfabetas y disminu-
ción del número de escuelas. Lo más grave, se suprime la Secretaria de Instrucción
Primaria y Bellas Artes. Sin embargo la lucha por la educación continúa hasta que, se-
gún Iturriaga (1981), se crea la Secretaría de Educación Publica de México el 25 de julio
y se promulgó el 29 de septiembre de 1921. Del movimiento armado mexicano, según
Zúñiga 1981), surgen las siguientes escuelas como producto de la revolución:
¾ La Escuela Rural. Nace para servir a los grandes y pequeños grupos tradicio-
nalmente marginados (indígenas y campesinos).
¾ Misiones Culturales. Son Instituciones complementarias de la Educación Ru-
ral, se crean para propiciar el desarrollo integral y armónico de las comunida-
des rurales mediante la acción de la escuela
¾ Las Escuelas Normales Rurales. Forman docentes de acuerdo con las necesi-
dades y aspiraciones reales.
¾ La Enseñanza Socializada. Para Ramírez y Sáenz (1929), la Enseñanza Sociali-
zada busca integrar a la gente en verdaderos grupos sociales con alma y vida
colectiva. Una Escuela es Socializada cuando ha logrado organizarse en socie-
dad, cuando maestros y alumnos se han integrado ellos mismos en un grupo
compacto y homogéneo, movido por intereses comunes y que trabajan orga-
nizadamente haciendo vida en común.
¾ La Enseñanza Superior. Priva más que el espíritu de clase, el espíritu religioso;
pues de las 197 asignaturas que se impartían, 66 son de Gramática Latina, 44
de Teologías, 39 de Filosofía y las restantes Derecho Canónico, Retórica, Moral
y Poesía.
¾ La Educación Tecnológica. Fue fundada para atender a los grandes grupos
poblacionales en etapas pedagógicamente estructurada. La enseñanza indus-
trial pretendía crear habilidades para el trabajo, aprovechando la materia pri-
ma de cada región.
¾ La Secundaria mexicana. Molde de la secundaria alemana y los postulados
democráticos de la estadounidense, ajustada a las necesidades y aspiraciones
populares de México.
¾ Instituto Nacional de Pedagogía. Propició el estudio del niño mexicano en sus
aspectos Biológico Psicológico Psíquico y Pedagógico, para entenderlo mejor
mediante la acción escolar.
¾ La Universidad autónoma. La autonomía de la universidad, habiendo sido
suprimida en diferentes épocas por fin, el 26 de mayo de 1910 el presidente
Porfirio Díaz promulga la ley Constitutiva de la Universidad Nacional de
México. La revolución mexicana encuentra constituida a la Universidad en sie-
te facultades y cinco escuelas con base de sustentación en la Escuela Nacional
Preparatoria, para producir profesionales de corte intelectual individualista.
Bajo estas condiciones, nuestro país inicia una década en la que pasaron por la
presidencia de la república el General Álvaro Obregón (1920 a 1924), Plutarco Elías
Calles (1924 a 1928), Emilio Portes Gil (1928 a 1930), Pascual Ortiz Rubio (1930 a 1932),
Abelardo Rodríguez (1932 a 1934). A partir de este último, iniciamos una estabilidad
des, que normalmente eran del deporte que él o ella preferían. Los conserjes fueron
utilizados algunas veces por jugaba algún deporte, por cambio de actividad por algún
padecimiento, por mejorar económicamente ya que pasar de empleado de servicio a ser
docente representaba mejoras económicas y las autoridades educativas los habilitaban
como profesores de Educación Física. Otro grupo de individuos en los que por mucho
tiempo estuvo la clase de Educación Física, fueron los deportistas, siendo más grave
que llegaron a tener puestos públicos sin ser profesionales de la Educación Física, so-
lamente el antecedente de haber sido jugadores de algún deporte y muchas veces ni
siquiera deportistas sobresalientes. Estas figuras impartieron las clases de Educación
Física por décadas hasta llegar a los finales de los setenta, cuando algunos maestros
egresados de la Escuela Nacional de Educación Física del Distrito Federal (D.F.), empe-
zaron a llegar al estado y a Tapachula, encontrándose con un campo ocupado por mu-
chos que no tenían nada que ver con la Educación Física. Afortunadamente las nuevas
generaciones cuentan con verdaderos profesionales de la Educación Física egresados
de escuelas normales. Son instituciones formadoras de docentes para la atención de la
población escolar. Existiendo, hasta la fecha, 14 normales, 12 para educación primaria y
preescolar y 2 escuelas normales de Educación Física, una en Tuxtla Gutiérrez fundada
en l978 y otra en Tapachula fundada en 1981.
Esta breve reseña histórica, sirve para reflexionar y analizar a la Educación Físi-
ca, sobre el impacto social en la generación de cambios y estilos de vida, hábitos salu-
dables, así como la práctica de actividades físico-deportivas en la población atendida.
Con este panorama, se pueden entender las condiciones sociales, culturales y
económicas que vivió la población objeto de estudio. Considerando que los más viejos
nacieron en la primera década (1908) y los más jóvenes nacieron a finales de la primera
mitad del siglo (1944), que fueron a la escuela primaria probablemente, entre los 8 y 18
años de edad (periodo del conflicto armado) y con un sistema educativo con carencias
de todo tipo.
En este contexto, en nuestro estudio se plantea la necesidad de analizar los as-
pectos importantes como: conocer si la población mayor de 60 años del municipio de
Tapachula, tuvo clase de Educación Física, quién la impartió, nivel de interés por la
actividad físico-deportiva, así como las relaciones entre estos aspectos y la evolución
del comportamiento en cada una de las etapas de la vida (etapa de dependencia fami-
liar, etapa de independencia familiar y etapa de adulto mayor de 60 años) y las relacio-
nes entre variables sociodemográficas: (edad, sexo, estado civil, situación laboral), de
igual manera el interés por la actividad físico-deportiva.
4.4. Análisis y discusión de los resultados.
4.4.1. La clase de Educación Física.
La evolución de la docencia de la Educación Física, es bastante similar en todos
los países del mundo. Se ha luchado contra la discriminación en el trato a la asignatura,
falta de un perfil de identificación de los docentes, incluyendo la poca remuneración
económica por el trabajo, tal y como menciona Pastor Pradillo (2004). Sin embargo, el
esfuerzo de muchos ha servido para ocupar un lugar dentro del contexto educativo y
con muchos esfuerzos se ha entendido que, para alcanzar los objetivos de la clase de
Educación física, requiere que el docente posea conocimientos y dominio de contenidos
y conceptos, con un conocimiento de su entorno y medio ambiente respetando la di-
versidad de usos y costumbres de la población atendida, para poder integrar a los jó-
venes a la las actividades físico-deportivas y uso del tiempo libre, como lo afirman Ló-
pez y Moreno (2000). Explican que la integridad, variabilidad y diversidad son catego-
rías diferentes pero que han de darse como una unidad en el proceso educativo, para
conseguir una mayor contribución de la Educación Física en el desarrollo global de la
personalidad. Es necesario utilizar las actividades físico-deportivas centradas, no en el
movimiento, sino en la persona, en el sujeto que, a partir de sus posibilidades, se com-
prometa con las actividades físico-deportivas buscando que desarrolle, además, rela-
ciones de convivencia y valores con sus semejantes.
El docente responsable requiere de una formación profesional sólida para evitar
modelos tradicionales. Por esta razón, es necesario abordar la Educación Física a partir
de un enfoque intencionado para desarrollar individuos con competencias motrices
que la sociedad reclama. Para conseguir este objetivo la preparación del docente juega
un papel importante, preocupación que comparten Ruiz Juan y García Montes (2000).
Aun cuando se han hecho muchos intentos por tener una formación inicial más con-
gruente con las necesidades de la sociedad, queda mucho por hacer y la participación
de otros actores de la sociedad, como son los responsables de definir objetivos, currícu-
lum y modalidades pedagógicas en la formación de docentes, es muy necesaria y deci-
siva. Por lo tanto, como indican López y Moreno (2000), la Educación Física aporta un
papel importante en la formación del alumnado en primaria. El profesional de la Edu-
cación Física educa con el movimiento y para el movimiento intentando inculcar acti-
tudes y hábitos que permanezcan hasta la edad adulta.
En el mismo contexto, dando la verdadera dimensión que la Educación Física
representa para la juventud, Ruiz Juan et al. (2005a) afirman que la Educación Física
escolar juega un papel decisivo en el desarrollo de la juventud en futuras participacio-
nes en actividades físico-deportivas y del tiempo libre, ya que la escuela es un ambien-
te favorable por el hecho que los jóvenes pasan en ella un de mínimo 10 años y tienen
la posibilidad de adquirir hábitos físicos saludables. Otros investigadores como Paige
(2003), Secretario de Educación de [Link]., en su discurso en la 3ª reunión ministerial
Iberoamericana de Educación en la Ciudad de México (D.F.) expresó que los profesores
deben conocer con mayor profundidad los temas que imparten, que el profesor de
Educación Física no debiera estar enseñando historia, a menos que conozca el conteni-
do. Estos conceptos también son aplicables a otros maestros ya que muchos docentes
están impartiendo clases sobre temas para lo cual no están cualificados.
El papel de la Educación Física en la formación de la juventud de las nuevas so-
ciedades está plenamente analizado y aceptado, no solo en el desarrollo físico y psico-
lógico, si no en su desarrollo integral dentro de una sociedad donde comparte valores y
respeto por los demás y su entorno en la convivencia humana.
Por otro lado, la Educación Física trastoca importantemente la segregación de
sexos tema que, en los últimos tiempos, ha tenido relevancia y que a lo largo del debate
tinúe durante la madurez, debe estar basada en una motivación intrínseca fuerte. Sien-
do la diversión y el placer, la competencia percibida y la orientación hacia la tarea,
esenciales en los motivos de práctica físico-deportiva.
García Ferrando (1990, p. 70) indica que el interés es un rasgo actitudinal hacia
el deporte, es una decisión que parte de un proceso fundamentado, la libre elección del
individuo. “Si se elige o no practicar una actividad deportiva, del mismo modo se eligen libre-
mente otras actividades de tiempo libre, cabe suponer entonces que los que elijan practicar un
deporte tiene que sentir un cierto grado de interés por esta actividad”. Esto justifica la impor-
tancia de analizar el interés que refiere la población de este municipio por la práctica
de actividades físico-deportivas, ya que se presupone que el nivel de práctica será ma-
yor en función del interés que se tenga por la misma, tal y como lo corroboran diferen-
tes investigaciones que se han realizado al respecto y de las que vamos a referir algu-
nas de ellas a continuación.
Según Monteiro et al. (2003), en la actualidad, se puede afirmar que existe un
elevado interés hacia la práctica físico-deportiva en la mayoría de los países del mun-
do, siendo la actividad humana preferida por las masas. Este interés se hace evidente a
través de numerosos estudios (Corcuera y Villate, 1992; García Montes, 1996; García
Montes, 2001; Reyes y Garcés de los Fayos, 1999; Hernández Rodríguez, 2001; Ruiz
Juan, 2001; García Ferrando, 1997 y 2001; Monteiro et al., 2003 y Otero, 2004), en todos
ellos se confirma que gran parte de la población encuestada manifiesta estar interesada
por la práctica de las actividades físico-deportivas.
Concretamente, en la población española, los estudios longitudinales de ten-
dencias realizados por García Ferrando desde 1975 a 2005 (2005), indican que, por los
cambios producidos a partir de las transformaciones socioeconómicas de los últimos
veinticinco años, se ha incrementado su interés de manera sistemática hasta 1995 don-
de se comienza a producir ciento descensos (tabla 1). No obstante, en la actualidad el
65% de la población española muestra un alto interés por la práctica físico-deportiva.
Valores superiores a los que muestran investigaciones realizadas en otros lugares de
España, tales como Andalucía (Otero, 2004) y Almería (Ruiz Juan y García Montes,
2005).
Tabla 1. Evolución del interés de los españoles por el deporte 2005-1975 (15 a 64 años)
blación almeriense, Gómez López (2005) reporta que el interés del alumnado almerien-
se varón (76.5%) de ESPO es superior al de las mujeres (50.2%), al igual que sucede con
los estudiantes universitarios de primer ciclo dónde los varones presentan un alto inte-
rés del 65.5%, mientras que las mujeres es del 62.2%. Sin embargo, en el segundo ciclo
los valores del interés se invierten, los porcentajes de mujeres que dicen tener un alto
interés es del 60.8%, mientras que los varones desciende al 55.1%.
Los varones manifiestan estar más interesados por la práctica físico-deportiva
que las mujeres, como lo confirma García Montes (2001) al analizar el interés de las
mujeres granadinas hacia la práctica deportiva. Dicho estudio es coincidente con el
Informe de la Juventud en España (2000), en el cual se afirma que los varones prefieren
las actividades deportivas entre las actividades que más les gusta realizar fuera de ca-
sa. Por el contrario, las actividades deportivas no aparecen tan siquiera, entre las elegi-
das por las chicas.
Otro dato relevante, lo constituye el hecho de que el interés por la práctica de
actividad físico-deportiva se incrementa en relación con el nivel de estudios y dismi-
nuye con la edad. Concretamente, en un estudio realizado con la población cubana
(Ruiz Juan et al. 2005b), se muestra que los mayores de 65 años que dicen tener un alto
interés por la práctica de actividad físico deportiva de esta población es tan sólo del
35.5%. Por tanto, la edad es otro factor que se encuentra vinculado con el interés por la
práctica físico-deportiva, siendo esta una relación inversa. Esto parece confirmarlo los
estudios de García Ferrando (1997, 2001), García Montes et al. (1996), García Montes
(2001), Ruiz Juan (2001), Monteiro et al. (2003), Otero (2004) y Ruiz Juan y García Mon-
tes (2005).
En este apartado pretendemos conocer si la población adulto mayor de 60 años
del municipio de Tapachula recibió clase de Educación Física como asignatura obliga-
toria en la escuela y quién se la impartió, así como constatar el grado de interés que
afirman poseer por la práctica de actividad físico-deportiva en el tiempo libre, deter-
minando la existencia o no de relación con variables sociodemográficas y las clases de
Educación Física recibida. Veamos los resultados que se han obtenido en esta investi-
gación.
[Link]. La clase de Educación Física recibida.
Para atender este cuestionamiento se preguntó que, si cuando estudió la prima-
ria, tuvo clase de Educación Física. En relación a esta pregunta, los datos muestran que
un poco más del veinte por ciento (23.6%) recibió la clase de Educación Física y más de
las tres cuartas partes de la población (76.4%) no la recibió (tabla 4.1). Según estos datos
y teniendo presente lo que hemos reseñado anteriormente, es más que probable que
estemos ante una población con bajo nivel de práctica de actividad físico-deportiva en
su tiempo libre, como trataremos de verificar con posterioridad.
Tomando en cuenta que la población objeto de estudio tiene entre 60 y 96 años
y que asistieron al colegio a partir de los seis años, estos datos nos sitúan a esta pobla-
ción del municipio de Tapachula asistiendo a clase de primaria entre 1914 y 1950. El
sistema educativo mexicano, como hemos visto, pasaba por momentos difíciles con
24%
Si
No
76%
100%
80%
60%
40%
20%
0%
Si No
Varón Muje r
50%
40%
30%
20%
10%
0%
80%
60%
40%
20%
0%
Alto Bajo
De pe nde ncia familiar Inde pe nde ncia familiar Adulto mayor de 60 años
Si comparamos estos resultados con los que presentan Ruiz Juan et al. (2005b),
observamos que mantienen la misma tendencia, ya que a medida que la edad aumenta
se produce un descenso del interés hacia la práctica de actividad físico-deportiva, aun-
que entre la población cubana existe un mayor interés al ser este del 35% en la pobla-
ción mayor de 65 años.
Por otro lado, el alto interés mostrado en la primera etapa de la vida, se relacio-
na con el interés por las actividades físicas en la juventud, etapa que coincide con la
etapa de dependencia familiar de nuestro estudio. Nuestros resultados vienen a coin-
cidir con los encontrados por García Ferrando (1990, 1997 y 2001), Cantón (2001), Ruiz
Juan (2001), García Montes (2001), Monteiro et al. (2003) y Otero (2004), pero hay que
tener presente que se produce un descenso del porcentaje obtenido en nuestra pobla-
ción con respecto al resto de las analizadas, lo que viene a indicarnos que la población
objeto de estudio presentará peores hábitos de práctica físico-deportiva.
El descenso de interés en las otras etapas se debe, probablemente, a que apare-
cen otras alternativas del uso del tiempo libre, se presentan otras necesidades que limi-
ta la práctica de actividades físicas o porque faltan ofertas de actividades físicas ade-
cuadas a las necesidades e intereses de los sujetos.
Esta disminución del interés por la práctica de actividad físico-deportiva que
presenta esta población puede también puede ser indicativa, entre otras causas, a la
posible influencia que el educador físico puede originar en la educación de los sujetos y
en la adquisición de hábitos físicos-deportivos en etapas tempranas. Pero si la clase de
Ecuación Física la recibieron de personas ajenas que poco o nada entendían de la Edu-
cación Física, no fue posible generar en esta población el hábito de la práctica de activi-
dades físico-deportivas, siendo muy importante mencionar que durante mucho tiempo
esta situación prevaleciera en esta población.
100
80
60
40
20
0
Alto Bajo Alto Bajo Alto Bajo
mitad del siglo XX, se ha mantenido estable la estructura del sistema educativo
mexicano sin prestarle apenas atención alguna a la Educación Física.
¾ La clase de Educación Física fue impartida sin darle casi importancia toda vez
que se permitió que personas ajenas a la Educación Física la impartieran. Fue
una época en la que no había profesores de Educación Física con formación ini-
cial en la materia. Esta carencia permitió que las autoridades educativas impro-
visaran docentes para que atendieran a la población escolar sin programa, sin
objetivos, con escasos conocimientos de los principios metodológicos y, proba-
blemente también, con escasos conocimientos del crecimiento, desarrollo y ma-
duración de los niños.
¾ El alto interés que refieren tener por las prácticas de actividades físico-
deportivas, se ubica en los primeros años de la vida, no obstante, tiene la ten-
dencia a disminuir en la medida que la edad se incrementa.
¾ El interés por la práctica de actividades físicas es mayor en los varones más que
en las mujeres. Sin embargo, es similar entre los seis grupos de edad, es decir,
se mantiene estable en la etapa de adulto mayor de 60 años y en todas las eta-
pas de la vida.
¾ En esta población no podemos afirmar que la clase de Educación Física sea un
determinante para generar interés y hábitos por la práctica de actividades físi-
co-deportivas. Es decir, que no ha influido la persona que le impartió la clase de
Educación Física en el interés sobre la actividad físico-deportiva, por tanto, la
labor del profesor de Educación Física es bastante cuestionable en este momen-
to de la historia de México.
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COMPORTAMIENTOS ANTE
LA PRÁCTICA FÍSICO-
DEPORTIVA DE TIEMPO
LIBRE
CAPÍTULO 5 COMPORTAMIENTOS DE LA PRÁCTICA FÍSICO-DEPORTIVA
Según Blair (1995), la vida sedentaria está siempre asociada con la falta de sa-
lud. Si el adulto mayor asume un comportamiento de práctica regular de ejercicios físi-
cos, puede lograr beneficios que se verán reflejados en el buen desempeño físico, apti-
tud física y salud (López y Latiesa, 2002; Delgado y Latiesa, 2002). Por lo tanto, la prác-
tica de actividad físico-recreativa realizada con regularidad, protege al individuo de
muchos problemas de salud. Existen evidencias que un estilo de vida sedentario, tiene
efectos nocivos para la salud, aumenta el riesgo de padecer enfermedades, sobre todo
cardiovasculares (King, 2001; Paffenbarger et al., 1986).
Los investigadores recomiendan que para disminuir estos riesgos de sufrir en-
fermedades, principalmente, cardiopatías isquémicas, hipertensión arterial, accidentes
cerebrovasculares, diabetes mellitus, osteoporosis enfermedades mentales, muerte
prematura y algunos tipos de cáncer propio de la edad adulta, se debe garantizar nive-
les adecuados de actividad física (Matsudo et al., 2000; OMS, 2004; BHFNC, 2000). Es
decir, la práctica de la actividad física es un fuerte componente de la salud del adulto
mayor.
Está demostrado, por muchos estudios realizados, que con el envejecimiento el
individuo se vuelve más sedentario, debido principalmente a la perdida progresiva de
las capacidades y habilidades físicas por el deterioro natural de distintos órganos y
sistemas (Jansson, 2001; Ávila y García, 2004), se vuelven más dependientes e inactivos,
convirtiéndose en una carga para la familia y para el sistema de salud al que pertenece.
Sin embargo, existe gran interés en los investigadores por encontrar estrategias
que retarden la vejez pero, con calidad. Así lo refieren investigadores como Matsudo
(2003), Cauley et al., (2003), CDC50 (2004), para quienes la principal estrategia para
disminuir estos efectos es evitar el sedentarismo, asumiendo comportamientos positi-
vos de práctica regular de actividad física.
En el extremo opuesto se encuentra la inactividad físico-deportiva, compuesta
por aquellos que nunca han practicado y los que han abandonado la práctica físico-
deportiva. En ambas situaciones, el individuo permanece desprotegido y los riesgos de
padecer enfermedades se incrementan, siendo mayor en el primero. Este comporta-
miento es atribuible a los hábitos adquiridos en los inicios de la juventud, según lo re-
fiere Tuija (2003).
Este comportamiento de los individuos es bastante similar en todos los países
del mundo (Varo et al., 2002), principalmente en los países industrializados, situación
que resulta del cambio acelerado de las sociedades, teniendo su origen en los avances
tecnológicos y científicos que se presentaron a mediados del siglo XIX, así lo refieren
estudios realizados por varios investigadores (Jacoby et al., 2003; OMS, 2006). Situación
que generó cambios en la sociedad, apareciendo nuevos estilos de vida que permitie-
ron mayores comodidades con mínimo esfuerzo y pocas exigencias de movimientos
corporales, lo que indujo a la sociedad a un progresivo y marcado sedentarismo.
Por lo tanto, la inactividad es un comportamiento altamente riesgoso para la sa-
lud, así lo confirma el Centro Nacional de la Fundación Británica del Corazón (BHFNC,
2000; Varo et al., 2003b), quienes refieren que el porcentaje de las muertes de la pobla-
ción mayor es más alto por la inactividad física que por otros hábitos nocivos. Esto se
podría evitar si la gente que actualmente es sedentaria iniciara y participara en la prác-
tica de actividades físico-deportivas ligeramente a niveles moderados.
Sin embargo, existen barreras potenciales para que los adultos mayores no prac-
tiquen actividades físicas y permanezcan en el sedentarismo, pretextando falta de
tiempo, ignorancia de qué hacer, falta de motivación, dificultad para seleccionar una
actividad de disfrute, falta de un compañero para realizarla, porque están cansados y
otras excusas frecuentes, para evadir así, un compromiso de práctica de actividad físi-
co-deportiva (HFC Loughborough, 2002).
En este contexto se puede argumentar que la inactividad es incompatible con
un envejecimiento normal y que acelera los procesos degenerativos ligados a la atrofia
celular por desuso. Es decir, es necesario practicar actividades físico-deportivas que
permitan desacelerar el envejecimiento y alcanzar un envejecimiento digno y con cali-
dad.
Para lograr un envejecimiento digno se han emitido recomendaciones en dife-
rentes organizaciones mundiales como la CDC/ACSM (1999), ONU (2001) y CDC/OMS
(2004). Quienes permanentemente están aportando información científica con relación
a los problemas que conlleva tener una vida inactiva. Sin embargo, la tendencia sigue
siendo un incremento acelerado hacia la inactividad.
En América Latina y del Caribe, donde la mayoría de los países en vías de desa-
rrollo, el sedentarismo tiene gran presencia. Según estudios epidemiológicos, en 24
países de esa región, más de la mitad de la población es inactiva, particularmente las
personas mayores de 60 años (Jacoby et al., 2003), a pesar de las recomendaciones emi-
tidas por las organizaciones de salud
Otro componente de la inactividad es el abandono de la práctica físico-
deportiva, que evoluciona negativamente junto con la edad, es decir, los practicantes
que antes solían realizar actividades van asumiendo nuevos compromisos sociales,
familiares y laborales, que limita la práctica de actividad física y conduce al abandono.
De tal manera que, con el incremento de la edad, disminuye la práctica incrementán-
dose el abandono, como lo refiere el estudio de Otero (2004), donde se muestra una
relación negativa entre la edad y el abandono en la población andaluza (España). Si-
tuación que debe analizarse, por lo que será preciso plantear investigaciones, de corte
cualitativo, que se aproximen en mayor medida a las causas más íntimas de este aban-
dono.
En otras palabras, el avance de la edad se asocia con el incremento del sedenta-
rismo, por los cambios de conducta que se asumen ante la situación laboral, familiar y
social, permitiendo que la condición física, psicológica, y social limite las posibilidades
de incorporarse a un programa de actividades físicas, sobre todo si los problemas de
salud citados previamente están presentes en el individuo. Todo ello relacionado con
las actitudes, hábitos y costumbres adoptados en etapas de vida anteriores.
Continuando con este orden de ideas, muchas investigaciones refieren que si se
practican actividades físicas en la juventud, la probabilidad de ser un adulto mayor
activo es elevada. Este planteamiento, expuesto por Blair (1995), hipotetiza que si en la
juventud se practica actividad física, tendremos una juventud saludable. Igualmente, si
se practica actividad física en la juventud, es muy probable que se practique actividad
física en la edad adulta y, probablemente, tendremos adultos saludables, con muchas
probabilidades de continuar con el estilo de vida saludable. Este modelo de transferen-
cias de Blair (1995) nos indica que existe una estrecha relación entre la actividad física
que se practica en la juventud y la salud de los adultos. Es decir, lo ideal sería aplicar a
los jóvenes esta perspectiva de práctica con la finalidad de prevenir o limitar algunas
enfermedades no degenerativas comunes en la edad adulta.
Estudios realizados por Blair et al. (1989), permitieron desarrollar un modelo
conceptual para facilitar el análisis de las relaciones entre la actividad y la salud, donde
se analiza la transferencia de comportamientos y actitudes que asumen los individuos,
tomando como base los conocimientos procedentes de estudios epidemiológicos en su
evolución del niño al adulto (figura 1).
Transferencias
Actividad
Actividad en
en la
la Salud
Salud de
de los
los
Juventud
Juventud jóvenes
jóvenes
¿ ? ¿ ?
Hipótesis Hipótesis
Actividad
Actividad en
en la
la Salud
Salud de
de los
los
Edad
Edad adulta
adulta adultos
adultos
Hipótesis
Esta condición queda de manifiesto en los resultados de Aarnio (2002), del de-
partamento de Salud pública la universidad del Helsinki, quien apunta que los que
participaron en actividad física diariamente en la juventud, lo hicieron también en la
edad adulta, aunque la tendencia es que, con el paso de los años, la práctica de activi-
dades físicas disminuya significativamente. Por lo tanto, el asesoramiento dirigido al
cambio de comportamientos y actitudes, puede producir mayores cambios que acer-
camientos educativos tradicionales a la promoción de la salud (Steptoe et al., 1999).
Tomando en consideración estas transferencias, algunos investigadores sugie-
ren que en las escuelas deberían asegurarse de qué la cantidad semanal total de Educa-
ción Física recibida sea suficiente, no solamente para mantener la forma física, si no
también para desarrollar hábitos saludables en los niños (Trudeau y Shephard, 2005).
Aunque uno de los objetivos más importantes de la Educación Física, de la política
deportiva y de las autoridades públicas es fomentar la actividad física para toda la vi-
da, todavía se conoce muy poco sobre la estabilidad o seguimiento de la actividad físi-
ca practicada después de la obligación escolar.
Es recomendable desarrollar hábitos saludables desde la etapa de la juventud
para generar el hábito de la práctica de manera regular y permanente durante toda la
vida. El abandono de la práctica físico-deportiva, no garantiza salud en la vejez, consi-
derando el principio fisiológico de reversibilidad, como se demuestra en un estudio,
que después de una o dos semanas de inactividad, la capacidad funcional sufre dismi-
nuciones metabólicas y capacidad de trabajo (Katch y Katch, 1991). Por lo tanto, pro-
longar este periodo de inactividad, incrementa el riesgo de sufrir problemas de salud.
5.2. Los comportamientos ante la actividad físico-deportiva.
Realizando un barrido bibliográfico sobre las investigaciones que existen en es-
te contexto, observamos que, el comportamiento ante práctica de actividades físico-
deportivas, es diferente en todas las poblaciones del mundo.
Abordaremos este análisis valorando, primeramente, la realidad española, ana-
lizando diferentes estudios realizados en España. Se distingue que la práctica de acti-
vidades físico-deportivas se ubica en un lugar intermedio de las actividades del tiempo
libre (Gutiérrez, 2000). En la encuesta sobre hábitos deportivos de García Ferrando
(2001), refiere que la tasa de practicantes mayores de 14 años es solamente de alrededor
del 21% quienes practican sólo un deporte, el 16% practican varias actividades y el 63%
no realiza ningún tipo de práctica, distinguiéndose una tendencia moderada de des-
censo, después de haber alcanzado su mayor nivel de participación en el año 1995.
Analizando las investigaciones realizadas en los últimos veinte años por este
investigador, se observa que la práctica físico-deportiva cada vez se difunde más en las
diferentes capas de la población, pues la tasa de práctica en el año 2000 es superior a la
tasa registrada en la encuesta de 1990, aun cuando los encuestados veinte años después
fueron el doble. Sin embargo, un dato importante es que los no practicantes han des-
cendido hasta el 62%. Es sobresaliente tomando en cuenta que la práctica tiene un ca-
rácter dinámico en aquellos sectores que inician, abandona y regresan a la práctica en
función de factores sociales y personales (García Ferrando, 1997).
realizados por Telama et al. (1996), quienes expresan que en dos zonas geográficas eu-
ropeas, la población del Norte es más activa que la del Sur, encontrándose diferencias
entre los factores socioeconómicos en los distintos países de ambas regiones.
En otros resultados se pueden distinguir conductas negativas hacia las activi-
dades físico-deportivas (Rütten et al., 2001; Abu-Omar et al., 2004; Varo et al., 2003a),
quienes indican que entre el 30% y el 60% de la población, no participa en ningún tipo
de actividad. Ratificando que los factores demográficos como la edad, sexo, nivel edu-
cacional y socioeconómico establecen diferencias en el comportamiento de práctica
físico-deportiva.
Estudios realizados por el Centro Nacional de la Fundación Británica del Cora-
zón (BHFNC, 2000), de la Universidad de Loughborough, demuestran que el 37% no
practica ningún deporte, representado un riesgo latente de morbilidad y mortalidad.
Los resultados encontrados en otras poblaciones europeas, como el Reino Unido, indi-
can que existe una tasa de práctica del 22%, de inactividad del 34% y de abandono del
44%; en los holandeses, practican el 26%, son inactivos el 37% y abandonan el 37%; los
suecos el 42% son activos, el 30% inactivos y el 29% abandonan y los finlandeses el 44%
son activos, el 19% inactivos y el 37% abandonan la práctica físico-deportiva (Otero
2004, citando a ODA, COMPASS y García Ferrando (2001), demostrando que la prácti-
ca de actividades físico-deportivas no es igual en todas las poblaciones europeas.
En el continente americano, caso concreto en Estados Unidos, la participación
en la práctica muestra niveles más elevados que en el resto del continente, con una
marcada tendencia al incremento. En tanto Schoenborn y Barnes (2002), en un estudio
realizado en la población civil no institucionalizada, describe que en los sujetos de 65 a
74 años, el 52,1% son practicantes, mientras que los inactivos, con 47,9%. En el mismo
país, el CDC (2003) realizó un estudio longitudinal para analizar la práctica de activi-
dad en la población vecina de México. Reporta que, en el 2000, el 26,2% de adultos ma-
yores practicaban actividad física en su tiempo libre y, en el 2001, subió la tasa de prác-
tica al 45,4%, en tanto que los porcentajes de inactivos se mantuvieron, ya que en el
2000 era del 27,4% y en 2001 del 26%.
Otros resultados que analizan la prevalencia de la práctica en los Estados Uni-
dos son los referidos por Barnes y Schoenborn (2003). Indican que el 19% tiene altos
niveles de participación en actividades físicas, mientras que casi la tercera parte (32,1%)
tiene un nivel moderado. Sin embargo, estos niveles se reducen significativamente con
el incremento de la edad, es decir, la práctica tiene la tendencia a disminuir con el paso
de los años, según revelan Taylor et al. (1994), Carron et al. (1996) y Weiss (2000), este
descenso evoluciona negativamente desde la edad escolar a la edad adulta.
Revelan además que uno de cada cuatro personas adultas presenta niveles bajos
de actividad física, lo que significa que fuera de sus actividades cotidianas permanece
inactivo el resto del tiempo. Cuando las personas son más activas en la vida cotidiana,
las probabilidades de adherencia a un programa de actividad física son mayores.
En una encuesta realizada en la provincia de Alberta (García y Spence, 2002), se
aprecia que los comportamientos son similares, aunque los ciudadanos de esta parte de
Canadá presentan tasas de práctica algo superiores. Coincide con otros investigadores
que afirman que varios factores demográficos, sociales y ambientales afectan o favore-
cen las conductas de la práctica, además que el conocimiento de estos factores permite
predecir futuras conductas de los individuos.
Siguiendo en América caso concreto en el sur, la práctica es más escasa en la ca-
pital de una nación con respecto a la provincia. Seclén y Jacoby (2003) realizaron un
estudio en tres regiones de Perú, observando que los habitantes de la selva (15,3% ),
sierra centro (12,8%) y costa (12,1%), presentan mayores tasas de práctica que los suje-
tos que viven en la Lima Capital (10,6%) y sierra sur (9,7%). Concluyen que, los meno-
res de 30 años, principalmente, las mujeres del área metropolitana son los más afecta-
dos.
En otras de las contribuciones de Ruiz Juan et al. (2005b), donde analizan la
práctica de actividad física en la población habanera, se observa que en el grupo de
sujetos de 45 a 64 años, las tasas de practicantes (21,6%) son menores con respecto a la
inactividad (38,4%), incrementando en los mayores de 60 años, donde tan solo 10,7% se
mantienen activos.
En Colombia, Gómez Luís et al. (2005), observa que la tasa de práctica regular
es del 36,8%, en el extremo opuesto se localizan los inactivos con un porcentaje de
63,2% de inactividad, confirmándose que, los pueblos en desarrollo, tienen un alto ín-
dice de sedentarismo. Mostrando que la insuficiente práctica constituye un reto para la
salud pública y reafirma la necesidad de promover estilos de vida activos.
Monteiro et al. (2003), concluyen que la prevalencia de práctica de actividades
físico-deportiva de tiempo libre, en la población adulta del Brasil, es muy baja con res-
pecto a la notificada en países en desarrollo. Sin embargo, la distribución demográfica
y social tiene un patrón similar al observado habitualmente en países desarrollados,
dónde los hombres tienden a ser más activos que las mujeres, la edad mayor la limita y
un mejor nivel socioeconómico la favorece.
Por su parte, Endorciaín et al. (2000), revela que el 54,9% de los argentinos es
inactivo y el 46,7% es activo, mostrando que la participación en cuatro zona urbanas de
este país (Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Salta) presenta un equilibrio entre la prác-
tica en los oriundos del tango.
Organismos de salud en el continente (OPS, 2002), exponen que más de la mitad
de 24 países son inactivos. Es decir, los sujetos no cumplen los veinte minutos de acti-
vidad vigorosa o treinta de moderada, durante al menos cinco días por la semana. Sin
embargo, la población se aproxima al 60% de inactividad, principalmente la población
adulta mayor de 60 años, un sector vulnerable que representan una parte de la socie-
dad que más rápido está creciendo actualmente, como sucede en toda América Latina
y el Caribe que, además, es la población que menos actividad física realiza.
Podemos observar que los niveles de práctica en poblaciones europeas son más
elevados que en América, a excepción de los Estados Unidos y Canadá que muestran
altos niveles de práctica físico-deportiva. Sin embargo, se perciben algunos aspectos y
tendencias que pueden ser útiles en la fundamentación de nuestro estudio.
FACTORES
FACTORES FACTORES
FACTORES
SOCIO
SOCIO-- FÍSICO
FÍSICO--
CULTURALES
CULTURALES AMBIENTALES
AMBIENTALES
DETERMINANTES
DETERMINANTES
SOCIO AMBIENTALES
SOCIO AMBIENTALES
ACTIVIDAD
ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA
FÍSICO-DEPORTIVA
DETERMINANTES
DETERMINANTES
INDIVIDUALES
INDIVIDUALES
FACTORES
FACTORES
FACTORES
FACTORES ATRIBUTOS
ATRIBUTOSDEL
DEL
PSICOLÓGICOS
PSICOLÓGICOS
DEMOGRÁFICOS
DEMOGRÁFICOS COMPORTAMIENTO
COMPORTAMIENTO
COGNITIVOS
COGNITIVOS
BIOLÓGICOS
BIOLÓGICOS YYDESTREZA
DESTREZA
EMOCIONALES
EMOCIONALES
vidades físico-deportivas (García Ferrando y Mestre, 2000; García Montes, 2001; Ruiz
Juan, 2001; Ruiz Juan y García Montes, 2005a).
En este contexto es importante tomar en cuenta las consideraciones de De An-
drés y Aznar (1996) y García Montes (2001), quienes sitúan como posibles causas dos
variables que pudieran explicar este comportamiento, el espacio y el tiempo. La prime-
ra, se relaciona con la socialización diferencial del uso del cuerpo, lo que nos deja ver
que las mujeres prefieren realizar la práctica en la casa y en los espacios cerrados, en
tanto que los varones utilizan los espacios abiertos. La segunda variable se relaciona
con la escasa disponibilidad y fragmentación del tiempo libre que disponen las muje-
res, especialmente las más jóvenes, quienes asumen casi siempre la mayor responsabi-
lidad de las tareas domésticas y familiares. El tiempo limitado que poseen no permite
la práctica de actividades más o menos organizadas, siendo éste un factor que, en cierto
modo, impide la posibilidad de acceder a una práctica deportiva regular.
Situación que se confirma en los datos aportados por García Ferrando (2001), en
la encuesta sobre hábitos deportivos de la población mayor de 14 años. Expone que la
diferencia de práctica entre sexos es abismal, observando que por cada una mujer, dos
hombres son activos (mujeres 27% frente al 46% en hombres).
Según Moreno Torres et al. (2003), el 88,9% de los hombres y el 87,1% de las
mujeres realizan algún tipo de actividad física, siendo la gimnasia una actividad mino-
ritaria ya que sólo el 25% de los hombres y el 35% de las mujeres la realizan con regula-
ridad, aun siendo una actividad programada en las residencias.
En otras comunidades españolas, como Murcia, muestran porcentajes diferentes
entre sexos. Según Martínez et al. (2003) mencionan que el grupo de 18 a 65 años, uno
de cada cuatro varones (23,1%) y una de cada ocho mujeres (12,5%) son practicantes.
Sin embargo, al analizar el último grupo de 50 a 65 años, los porcentajes de practica se
reducen significativamente al 8,2% en los varones y al 4,2% en las mujeres. En esta re-
gión otro investigador (Hellín 2003) refiere que en el grupo de 41 a 64 años los varones
practican actividad físico-deportiva el 57.1% y el 55% de las mujeres son inactivas.
En otra comunidad española, caso de Navarra, se muestran diferencias de prác-
tica entre hombres y mujeres. Elizondo et al. (2005), observa que los navarros entre 55 y
65 años, son más activos (19,7%) que las mujeres (13,7%), resultados que son alarman-
tes, debido a los altos niveles de inactividad que se presenta entre ambos, principal-
mente en las mujeres (86,3% frente al 80,3% varones).
En tanto entre los andaluces, Otero (2004) (citando a ODA, COMPASS y García
Ferrando 2001), encuentran que al igual que en estudios previos, son los varones (43%),
quienes muestran ser más activos respecto al sexo opuesto (23% en mujeres), con una
tasa de inactividad del 42% en varones y del 63% en mujeres, así como un abandono
del 14% en varones y del 11% en mujeres.
En otros países europeos también se producen diferencias importantes entre las
tasas. En el mismo informe de Otero (2003) (citando a ODA, COMPASS y García Fe-
rrando 2001) refiere que en Italia los hombres (32%) son más activos que las mujeres
(15%).
son muy pequeñas, aunque son los primeros quienes suelen ser más participativos
(54,5% frente al 47%). En tanto, las mujeres son quienes resultan ser más inactivas (27%
frente al 19,9%). Al tratar los datos sobre sujetos que habiendo sido activos han dejado
de participar en la actividad física, uno de cada cuatro habaneros han abandonado la
práctica, es decir las posibilidades entre sexos son iguales.
En la mayoría de las investigaciones los varones son más participativos en las
actividades físico-deportivas que las mujeres, independientemente del nivel socioeco-
nómico que existe entre las poblaciones consultadas, sin embargo, en este comporta-
miento intervienen factores como los motivacionales, medioambientales y familiares.
Otras posibles causas que pueden influir son el espacio y tiempo. La mujer requiere de
espacios concretos y cerrados, en tanto que los varones utilizan mayormente espacios
abiertos, por último, ellas tienen escasas posibilidades de práctica físico-deportiva por
la fragmentación de su tiempo libre sobre todo, las más jóvenes, por las responsabili-
dades domésticas y atención de la familia que tradicionalmente asumen ellas.
5.1.2. Edad.
La edad es una variable continua que marca las etapas y la evolución de los
comportamientos del individuo a lo largo de la vida. En el ámbito de la práctica físico-
deportiva se considera un factor relacionado con la actividad física. Es decir, la edad
modifica la actitud hacia el movimiento corporal que de manera natural y en cualquier
momento es realizado en la vida cotidiana. Considerando la afirmación que la práctica
de actividades físicas no tiene limites de edad (Bagur, 2005), permite que en todas po-
blaciones y en todas las edades se aprecien conductas relevantes de práctica e inactivi-
dad (abandono o nunca haber practicado).
La relación de la edad con la práctica de actividad físico-deportiva, es determi-
nante en las etapas de la juventud. En un estudio realizado por García Ferrando (2001),
indica que hasta los 40 años el nivel de práctica es elevado, sin embargo, es a partir de
esta, que la práctica disminuyen significativamente, mostrando su nivel más critico al
llegar a los 60 años, comportamiento que mantiene hasta el final de la vida.
Estas apreciaciones quedan demostradas por los estudios de Otero (2004), quien
encontraró diferencias entre dos grupos de edad de 15 a 16 y 17 a 18, siendo este último
quienes presentaban un declive de práctica (45,7% frente al 37,5%). mostrando que
existen diferencias significativas entre estos jóvenes.
Hellín (2003) refiere que en los resultados sobre hábitos de práctica de actividad
físico-deportiva en la Región de Murcia, la población más joven del grupo de 15 a 25
años no practica el 36.5% y el grupo de 41 a 64 años no practican el 45,2%, es decir, los
jóvenes son más practicantes que los individuos con mayor edad. Coincidiendo con las
afirmaciones y estudios de García Ferrando (2001), Ruiz Juan y García Montes (2002) y
Ruiz Juan y García Montes (2005a), quienes manifiestan que al relacionar estos com-
portamientos con las clásicas variables sociodemográficas, parece que los practicantes
de actividad físico-deportiva se caracterizan por ser jóvenes.
Por otro lado, está demostrado que los jóvenes que se localizan en el grupo
edad de 18 a 24 años, son cinco veces más propensos a realizar algún tipo de actividad
física que los adultos mayores de 65 años. Esta situación fue descrita por Taylor et al.
(1994), Carron et al. (1996) y Weiss (2000) los cuales revelan gráficamente el descenso
tan significativo que se produce en la práctica deportiva desde la edad escolar a la edad
adulta. Así, a los 10 años de edad, encontramos que alrededor de un 80% de los escola-
res practican deporte. A partir de aquí, se produce un descenso de más hasta el 20% a
los 20 años y de el 40% a los 30 años. De tal manera que a partir de los 40 años, el des-
censo ha alcanzado más de un 65% y tan sólo un 20% de la población realiza práctica
deportiva después de los 60 años.
Situación similar encontró Aarnio (2002) en un estudio realizado por el Depar-
tamento de Salud Pública de la Universidad del Helsinki, apunta que los sujetos que
participaron diariamente en actividades físico-deportivas lo fueron en la edad adulta.
Sin embargo, el 1,7% eran físicamente inactivos en esa edad, es decir, la tendencia es
que con el paso de los años la practica de actividad físico-deportiva disminuye signifi-
cativamente. Esto demuestra que existen cambios en la práctica de actividad física con
el paso de los años.
En Argentina, los porcentajes de práctica tienen una marcada evolución negati-
va a partir de los niveles de primaria y secundaria, como lo confirman estudios reali-
zados por Erdociaín et al. (2000). Refieren que en las edades de 6 a 14 años, que se en-
cuentran en la etapa escolar, los niveles de práctica superan el 90%. Sin embargo, en el
siguiente grupo de 15 a 19 años muestran una tasa de práctica del 81,5%, llegando a ser
cerca de un tercio (29,69%) al llegar a los 60 años. Este comportamiento es similar a la
población colombiana (Erdociaín et al., 2000).
Varios investigadores han abordado el problema buscando relaciones entre la
edad y el comportamiento de la práctica de actividad físico-deportiva. En varios estu-
dios se demuestra que, a medida que la edad se incrementa, el comportamiento ante la
práctica disminuye (García Ferrando 1992, 1996 y 2001; BHFNC, 2000; Ruiz Juan, 2001;
Otero, 2004; Ávila y García, 2004; Jansson, 2001; Schoenborn y Barnes, 2002; Ruiz Juan
et al., 2007). Es decir, la práctica de actividad físico-deportiva evoluciona negativamen-
te con el incremento de la edad.
Como se puede suponer, en la etapa de adultos mayores, la reducción de los ni-
veles de práctica y el incremento de la inactividad y el abandono, aumenta el deterioro
y los riesgos de salud (ONU, 2001; Castillo y Balaguer, 1998; OMS, 2002; Salinas y Vio,
2003; Parks et al., 2003; Varo et al., 2003a) con ello, las posibilidades de de sufrir enfer-
medades no trasmisibles.
En las etapas de la juventud la edad es fuerte predictor de conducta ante la
práctica de actividades físico-deportivas, pero este factor muestra cambios sustanciales
en la práctica de actividad físico-deportiva después de los sesenta años. Puede ser ra-
zonable si se consideran las condiciones física, psicológicas y sociales en que el adulto
mayor alcanza la tercera edad, las posibilidades de práctica por enfermedades o lesio-
nes están disminuidas marcadamente, como lo demuestran diferentes investigadores
del área de fisiología del ejercicio (Bouchard y Shepard, 1994), refieren que con el paso
de joven a adulto mayor, se pierde Vo2 máx. (consumo máximo de oxígeno), por lo
tanto, la capacidad de trabajo disminuye.
Una de las razones que podrían explicar esta situación es que, aunque el mode-
lo de práctica físico-deportiva que en los últimos años se ha estado aplicando a escala
mundial, ha evolucionado hacia una visión recreativa, participativa y de la salud (Pé-
rez y Devís, 2003), no ha podido apartarse totalmente del redimiendo y la competencia,
siendo los jóvenes quienes tienen mayores oportunidades de utilizar las infraestructura
y ofertas como instalaciones o programas (Otero, 2004), lo que limita las posibilidades
de práctica a los mayores, en este caso, los jubilados y las amas de casa.
Por último, decir que los niveles de práctica de actividad físico-deportiva se re-
lacionan con la edad negativamente, a medida que se incrementa la edad, la participa-
ción de los individuos disminuye. Sin embargo, se observa que en etapas de la juven-
tud los niveles de práctica son más elevados que en etapas posteriores a los sesenta
años, demostrando que los jóvenes están más propensos a practicar algún tipo de acti-
vidad física más que los adultos mayores. Es decir, la práctica sufre un descenso signi-
ficativo desde la edad escolar hasta la edad adulta, donde la práctica de actividad físi-
co-deportiva cambia sustancialmente, y se estabiliza en la etapa de adulto mayor.
[Link]. Nivel de estudios.
El nivel de estudios es otro factor determinante que está altamente relacionado
con la conducta de la práctica de la actividad físico-deportiva. Algunos investigadores
(Malina, 2001; García Ferrando, 2001; Barnes y Schoenborn, 2003; Parks et al., 2003;
Ruiz Juan y García Montes, 2005a) coinciden en señalar la relación existente entre estas
dos variables, observándose que las personas con estudios superiores tienen tasas de
práctica más que aquellas que poseen un bajo nivel de estudios. Sugieren que el estu-
dio de los factores de la actividad físico-deportiva, se debe realizar de manera integra-
da en los múltiples ámbitos en que la sociedad se manifiesta, considerando que esta
práctica está decididamente incorporada al desarrollo social y, naturalmente, sujeta a
los distintos cambios políticos y económicos.
El nivel de estudios ha sido abordado en numerosas investigaciones realizadas
en distintas épocas y regiones españolas (Moreno y Gutiérrez, 1998; Hellín, 2003; Otero,
2004; Ruiz Juan et al., 2004), quienes coinciden en que es un correlato que se relaciona
con la actitud del individuo ante la práctica de actividad físico-deportiva.
En este punto son interesantes las consideraciones de Otero (2004), quien sub-
raya que, en la comunidad autónoma de Andalucía, los sujetos con niveles de estudios
altos, muestran una tasa de práctica de actividad físico-deportiva del 55%, frente al 7%
de los sujetos con bajo nivel de estudios. Por su parte, Gómez López et al. (2007) en el
análisis de la actividad físico-deportiva realizada por los adultos mayores durante su
tiempo libre, encontraron que los que poseen mayor grado de estudios completados
tienen mayores niveles de práctica.
En uno de lo últimos hallazgos de los investigadores Ruiz Juan et al. (2005b),
sobre el comportamiento ante la práctica de actividad físico-deportiva en el tiempo
libre y su relación con el nivel de estudios en la población de La Habana (Cuba) de 16
años y más, encontraron que los que tienen menor nivel de estudios tienen una tasa de
práctica del 10.5% frente al 32% de los universitarios.
realizados por otros investigadores (USDHHS, 1996; Eyler, 2002; García y Spence, 2002;
Parks et al., 2003; Seclen y Jacoby, 2003).
En este contexto, existen estudios que revelan divergencias culturales y sociales
en el disfrute de la práctica físico-deportiva, lo que podría explicar los bajos índices de
práctica de las amas de casa y los jubilados, ya que son los menos favorecidos en la
práctica de alguna actividad física (Parks et al., 2003; Seclén y Jacoby, 2003).
En este sentido, la situación laboral de los adultos mayores es un determinante
que muchos investigadores han abordado. Esta variable ha sido estudiada por Ruiz
Juan et al. (2005b), quienes realizaron un estudio en la población de La Habana (Cuba)
encontrando que las amas de casa son practicantes el 33,3%, han abandonado el 26,1%
y nunca han realizado el 40,5%, los jubilados son practicantes el 32,7%, han abandona-
do el 24,2% y nunca ha practicado el 43% y los desocupados son practicantes el 57,1%,
han abandonado el 19% y nunca han practicado el 23,8% son activas el 25,5%, frente al
47,1% de inactivas.
En la mayoría de los países no se ha podido reducir los altos índices de inacti-
vidad, principalmente en los países latinoamericanos, se ha hecho muy poco o no se ha
hecho nada, por disminuir la inactividad física. Como referencia tenemos que sólo en
31 países de los 191 miembros de la Organización Mundial de la salud, tienen datos
utilizables sobre la actividad física, según el informe sobre la salud en el mundo 2002,
en el que especifica que solamente en 4 países de América Latina exploran la magnitud
del sedentarismo Brasil, Chile, México y Perú (Jacoby et al., 2003).
Podemos decir que la situación laboral de los sujetos, es un determinante fuer-
temente asociado con la práctica de actividad físico-deportiva, comportamiento que se
modifica con el paso de los años, los sujetos productivos laboralmente son más fre-
cuentes en la práctica de las actividades físicas en las etapas de la juventud, sin embar-
go, al llegar a la etapa de adulto mayor son más practicantes los jubilados seguidos de
los que trabajan. Por otro lado las amas de casa son las que 8 de cada 10 no practican
ninguna actividad físico-deportiva.
5.2.2. Características de las actividades físico-deportivas de tiempo libre.
Las influencias socioambientales y los deportes tradicionales de las localidades
producen algunos cambios en las modalidades deportivas que se practican en algunos
países europeos, debido a los cambios climáticos que, en cierto punto, condicionan a
los sujetos en la práctica de actividad física, favoreciendo unas y obstaculizando otras
como los deportes de invierno, náuticos y acuáticos (Vander Boroek, 2002; Aliaga y
Winquist, 2003; Eurostad, 2003).
En la diversidad de práctica de actividad físico-deportiva realizada por la po-
blación, según algunos investigadores como García Ferrando (2001), Vander Boroek
(2002) y Otero (2004), existe la tendencia de elegir especialmente los deportes indivi-
duales frente a los colectivos.
Debido a esta diversificación surgen nuevas actividades con el componente in-
dividualizador, principalmente en el medio urbano donde la autonomía individual es
una característica de una sociedad en busca más de lo estético que de la socialización y
Existen otras recomendaciones (ACSM, 1998) que los individuos deben conside-
rar para lograr beneficios en el sistema cardiorrespiratorio, sobre todo los adultos ma-
yores: la actividad física debe ser de baja intensidad, moderada y continua. Coinci-
diendo con lo expuesto años anteriores por Katch y Katch (1991), quienes indican que
la actividad física aeróbica debe ser prologada, sostenida y de baja intensidad como
caminar, trotar, pedalear bicicleta, natación y patinaje. Sin embargo, aparecen otras
opciones (García Ferrando, 2001) como diferentes formas de baile y juegos recreativos,
gimnasia de mantenimiento, ejercicios aeróbicos y entrenamiento de fuerza, aunque
esta última no es apropiada para todos los adultos mayores.
Según Bastos et al. (2005), los sujetos han reducido de manera considerable la
cantidad y calidad de la actividad física. Son bastante irregulares en la práctica, dedi-
cándole poco tiempo, reduciendo así las posibilidades de lograr los beneficios en su
salud. Esto obliga a incrementar los niveles de actividad física en adolescentes, jóvenes
y adultos (USDHHS 1996 y 2000; Dunn et al., 1998; OMS, 2002), es decir, muchos po-
drían tener ganancias fisiológicas y disfrute de la actividad si se permite al sujeto la
libertad de elegir la actividad física de acuerdo a sus preferencias acorde con sus posi-
bilidades, aún así, tiene la tendencia de modificarlas con el paso de los años.
[Link]. Modalidad de la práctica físico-deportiva.
Concretamente, la modalidad de práctica deportiva de los sujetos activos está
determinada, de manera general, por factores socioambientales y, de manera particu-
lar, por factores individuales, los cuales están fuertemente influenciados de algunos
correlatos como demográficos, psicológicos y estructurales los cuales, en su momento,
determinan el tipo de deporte que el sujeto puede o desea realizar.
Algunos estudios muestran que es el individuo quien elige la modalidad que
prefiere, siempre que tenga claro que el objetivo de practicar la actividad físico-
deportiva elegida estará enfocado al mejoramiento y mantenimiento de su salud para
evitar riesgos de sufrir algunas de las enfermedades no trasmisibles (Piéron, 2003; Mat-
sudo, 2003; Mazzeo et al., 1998). Es decir, la modalidad elegida debería cumplir con
este objetivo y no efectos contrarios a los que se persiguen.
En el ámbito de la práctica de actividad físico-deportiva, algunos estudios de
García Ferrando (2001), refiere que los deportes como el fútbol, fútbol sala, carrera a
pie o jogging, tenis, ciclismo, danza y gimnasia y tiro, son los más utilizados por per-
sonas mayores de 40 años. Mientras que en deportes como el baloncesto, balonmano,
voleibol, rugby, atletismo y el jockey predominan en la población menor de 40 años.
García Ferrando y Mestre (2000) y García Ferrando (2001), encontraron que la
población española sigue un orden descendente en las modalidades físico-deportivas
de conjunto, realizando mayormente deporte individuales como la natación, tenis, ca-
minar, sedentarismo, gimnasia de mantenimiento, aeróbic, danza, montañismo, excur-
sionismo, gimnasia rítmica, carrera y atletismo.
Más tarde, otros estudios realizados por algunos investigadores (Ruiz Juan,
2001; García Montes, 2001; Hellín, 2003; Otero, 2004; Ruiz Juan y García Montes,
2005a), coinciden con los resultados nacionales, pero con algunas diferencias en las
das a cabo con más frecuencia y durante más tiempo es el paseo caminando, frente a la
gimnasia como actividad minoritaria.
Con relación a las preferencias deportivas de los adultos mayores, encontramos
en otros estudios, como el de Moreno y Gutiérrez (1998), resultados muy similares
cuando se les pregunta por los deportes que practicarían si pudieran: el 22,8% contestó
que la natación, el 14,7% la gimnasia, el 11,3% el tenis y el 10,3% la caminata.
En los Estados Unidos, según Li et al. (2005), citando a AHRQCDC (2002) y
CDC (2003), los adultos mayores de 65 son los que disponen de más tiempo libre, al
igual que también son los que más tiempo dedican a las actividades al aire libre, prin-
cipalmente, la modalidad de caminar. Es decir, esta población, probablemente tiene
mejor organizado su tiempo libre, frente a otras poblaciones de adultos mayores, quie-
nes cuentan con suficiente tiempo libre pero mal organizado.
Podemos ver que en los países europeos existe un desarrollo rápido de la prac-
tica físico-deportiva, pero en otros países de América Latina todavía existen grandes
problemas y, por consiguiente, podemos esperar que las modalidades físico-deportivas
no hayan evolucionado al ritmo de otros países, se sigue practicando los deportes tra-
dicionales como el fútbol en sus distintas manifestaciones y el aeróbic como los más
practicados (Endorciaín et al., 2000; Monteiro et al., 2003 y Seclen y Jacoby, 2003). Estos
investigadores sugieren que las personas adopten un estilo de vida activo que incluya
actividades físicas diarias en la casa, en el trabajo o en el tiempo libre, como subir o
bajar escaleras, salir a pasear con el perro, cuidar del jardín, lavar el carro, caminatas en
ritmo ligero, bailar, pedalear o nadar. Estas nuevas recomendaciones son confirmadas
por las asociaciones internacionales como la CDC (2003), CDC50 (2004) y ACSM (1998).
En recientes estudios en la población habanera realizados por Ruiz Juan et al.
(2005b) encontraron que la población tiene mayor preferencia por deportes colectivos
(26,5%) frente a los individuales (19,1%), siendo las modalidades preferidas más practi-
cada la gimnasia de mantenimiento (17,96%), seguido de trotar y correr (11,3%), béis-
bol (8,7%) y fútbol (8,4%).
Se observa que las modalidades de actividad físico-deportiva que practican los
sujetos en etapas de la juventud, se modifican con el paso de los años. Los jóvenes pre-
fieren aquellas actividades que están enfocadas a deportes de conjunto que requieren
para su práctica altas intensidades y mayor desgaste energético como los deportes de
conjunto tales como el fútbol, balonmano y baloncesto entre otros. Pero, con el incre-
mento de la edad y el paso de una etapa a otra, los sujetos tienen la tendencia de prefe-
rir deportes menos intensos, que en su práctica no representen esfuerzos extenuantes,
con menos riesgos de lesiones y más seguros, como la natación, gimnasia de manteni-
miento, la caminata, correr y trotar.
[Link].1. Según el sexo.
Con relación al sexo y la modalidad de práctica físico-deportiva, encontramos
que los hombres y las mujeres, en algunas poblaciones, tienen diferentes preferencias.
En la investigación llevada a cabo por Navarro y Mateo (1993) sobre la juventud espa-
ñola, se afirma que, entre el grupo de practicantes, se presentan como modalidades
más practicadas, entre los hombres, el fútbol (40%), el baloncesto (22%), la natación
(15%), el ciclismo (14%) y el tenis (14%). Mientras que entre las mujeres, la gimnasia
(16%), la natación (15%), el ciclismo (9%), el footing (8%), el tenis (6%) y el baloncesto
(6%) demostrando, de esta manera, que existen deportes practicados fundamentalmen-
te por hombres y otros cuya práctica es prioritaria entre las mujeres.
En la población barcelonesa, Cañellas y Rovira (1995) averiguaron que la nata-
ción es la actividad más practicada en ambos sexos. Pero los tipos de actividades, en
función del sexo, vemos que el fútbol y el fútbol sala destacan significativamente como
actividades preferentemente masculinas. En cambio, entre las mujeres, casi toda la
práctica se concentra en la natación, caminar, pasear y gimnasia de mantenimiento.
Ispizua (1993 y 1996), expone que las mujeres practican deportes de corte indi-
vidual y que no requieren tiempo determinado, como la danza o la gimnasia (17,5%) o
la natación (34,7%). Mientras que los hombres participan más las modalidades de
equipo y más reglados, como fútbol sala (16,8%), fútbol (15,4%), footing (15%), balon-
cesto (13,6%) y ciclismo (12,7%).
García Montes et al. (2001), encontraron en un estudio de hábitos deportivos de
los granadinos mayores de 10 años, que las mujeres tienen poco tiempo para practicar
deportes, porque en ellas recaen las responsabilidades familiares y domésticas. Por lo
tanto, son las que tienen menor disponibilidad temporal. Un poco más tarde López
Crespo (2001) expone la misma idea, en la cual, las mayores responsabilidades familia-
res y domésticas son asumidas por las mujeres trabajadoras respecto al cuidado de los
hijos y las tareas del hogar, repercutiendo en una evidente limitación del tiempo dis-
ponible para realizar cualquier tipo de deporte.
Por su parte Otero (2004) refieren que, en la población andaluza mayor de 16
años, son practicantes de fútbol el 24,5%, siendo la mayoría varones y mientras que las
mujeres realizan aeróbic (32,1%), seguido de gimnasia de mantenimiento (31%).
En otros países europeos como en Prato (Italia), según Mussino (2004), los ma-
yores porcentajes de participantes vienen constituidos por los llamados deportes de
gimnasio, con actividades de condición física (aeróbic, body-building, cyclette, spin-
ning, step, etc), de combate (artes marciales), de danza y de baile, principalmente por
las mujeres. Las distintas modalidades de fútbol (fútbol y fútbol-sala), los deportes de
piscina (aquagym, natación y waterpolo) y el ciclismo y la mountain byke, principal-
mente por los hombres.
Igualmente, en países latinoamericanos, diferentes autores como Seclén y Jaco-
by (2003) y Endorciaín et al. (2000) coinciden en afirmar que el deporte colectivo que
más se practica en los varones es el fútbol (47,9%) y el voleibol (54,5%) en las mujeres.
En Brasil, según Monteiro et al. (2003), los hombres indicaron que participaban
en deportes de equipo, mientras que las mujeres dijeron que participaban en activida-
des tales como caminar o trotar (jogging), pero estas últimas fueron las actividades más
comunes en ambos sexos.
En los estudios revisados se observa que los hombres tienen preferencias por
los deportes de conjunto más reglados y competitivos, como el fútbol y baloncesto, en
tanto que las mujeres prefieren deportes de corte individual que no requieren tiempos
determinados como la gimnasia de mantenimiento, natación, danza y baile. Sin embar-
go, en los países desarrollados como Italia, muestra una tendencia a preferir modalida-
des deportivas de gimnasio tanto en hombres como en mujeres. Probablemente por la
influencia de los factores socioambientales y sociales de estas poblaciones.
[Link].2. Según la edad.
La edad es otro de los factores sociodemográficos abordado por algunos inves-
tigadores españoles como García Ferrando (1990, 1997 y 2001), Otero (2004) y Ruiz Juan
y García Montes (2005a), que refieren que las actividades físico-deportivas selecciona-
das responden, en gran medida, a las posibilidades que tiene el individuo. Sin embar-
go, la diversidad de grupos de edad que se encuentran en las distintas etapas, según
Keating et al. (2005), permiten observar tendencias en trabajos que tratan esta variable.
En un estudio realizado por García Ferrando (2001), se aprecia que los deportes
que predominan en la población menor de 40 años son el baloncesto, balonmano, vo-
leibol, rugby, atletismo y el hockey, mientras que en los sujetos mayores de 40 años
predominan los deportes como el fútbol, fútbol sala, carrera a pie o jogging, tenis, ci-
clismo, danza, gimnasia y tiro.
Años antes en la juventud española, Navarro y Mateo (1993) y García Ferrando
(1993), se encontró que los jóvenes de 20 a 24 años practican, principalmente, deportes
colectivos como el fútbol (40%), baloncesto (22%) y, en menor proporción, los indivi-
duales como la natación (15%), ciclismo (14%) y gimnasia (16%), sin embargo, se ob-
serva una disminución importante con el incremento de la edad. Posteriormente, ob-
servamos que, en Andalucía, en el municipio de Sevilla (Romero et al., 1994), la moda-
lidad principal entre los practicantes de 15 a 29 años es el fútbol (21%) y, en segundo
lugar, la gimnasia de mantenimiento (15%).
En la Junta de Castilla y León (1994), desarrollaron un estudio para conocer las
modalidades deportivas de la juventud en general (de 15 a 29 años), sin diferenciar en
bloques de edades. Se observa que la principal actividad deportiva es ir al gimnasio,
para realizar actividades de musculación, gimnasia y aeróbicos.
Así mismo, estudios realizados por Cañellas y Rovira (1995), refieren que en la
población de 15 a 65 años la actividad físico-deportiva con mayor porcentaje en los
barceloneses es la natación (25%), porcentaje por encima de otras modalidades depor-
tivas como caminar (21%), la gimnasia de mantenimiento (13%) y el baloncesto, el tenis
o el excursionismo con el 10%, constatando que muchos de los deportes tradicionales
han quedado desplazados de las preferencias de la población.
Se observa que, en un estudio realizado en la región de Murcia, según Hellín
(2003), la modalidad preferida de los sujetos que se encuentran en el grupo de edad de
los 15 a los 25 años, son los deportes colectivos. En cambio, los sujetos que se encuen-
tran entre los 26 y los 40 años y los que están entre los 41 y los 64 años, prefieren prin-
cipalmente los deportes individuales.
Sánchez Barrera et al. (2003), que realizaron un estudio en Granada sobre las
preferencias de las modalidades deportivas de la población de 10 a 74 años, encontra-
ron que son la carrera y el fútbol las actividades más practicadas por los más jóvenes y,
en general, la gimnasia y andar o caminar en los siguientes grupos de edad.
En estudios más recientes del INE (2004), realizados en la población adulta ma-
yor, los resultados muestran que las personas mayores de 65 años son las que disponen
de más tiempo libre, también son las que más tiempo dedican a las actividades al aire
libre, especialmente andar o caminar, gimnasia y balón o pelota. Es decir, organizan el
tiempo libre de tal manera que puedan practicar algún deporte de su preferencia.
Las poblaciones muestran la tendencia que, en las etapas de la juventud hasta
los 40 años, prefieren actividades de deportes colectivos, posteriormente, se inclinan
prioritariamente por los deportes individuales. Es decir, con el incremento de la edad
las preferencias de las modalidades deportivas cambian, inclusive en los jóvenes de un
mismo país.
Los adultos mayores, por su parte, tienen la tendencia de practicar principal-
mente aquellas actividades que están diseñadas acorde con la edad como es caminar,
gimnasia de mantenimiento, principalmente después de los 40 años.
[Link]. Frecuencia.
Como hemos observado, la práctica de actividad físico-deportiva ofrece a los
sujetos grandes beneficios en su salud, cuando ésta es realizada de manera constante,
dedicando cierta cantidad de tiempo y empleando un esfuerzo físico, capaz de produ-
cir un cambio en el ritmo cardiaco y respiratorio.
La frecuencia, la duración y la intensidad del ejercicio son tres componentes de
la actividad física, cuya combinación ha sido lo más eficaz que se ha encontrado para
producir un entrenamiento efectivo, sin que la edad signifique un factor limitante del
ejercicio (ACSM, 1998). Según este organismo muchos de los beneficios que lograrían
los sujetos por conducto de la actividad física, se podrían alcanzar sin necesidad de
emplear alta intensidad durante el ejercicio, siempre y cuando la frecuencia y la dura-
ción del entrenamiento aumenten de manera apropiada. Desafortunadamente, los suje-
tos han disminuido en estos tres componentes, lo que ha conducido a los investigado-
res a estimar qué cantidad y calidad debe tener la actividad física cuando sea realizada
por los sujetos para lograr beneficios para su salud, reduciendo la aparición de enfer-
medades.
Para Pate et al. (1995), USDHHS (1999, 2000 y 2004) y Li et al. (2005) los sujetos
deben acumular por lo menos 30 minutos de actividad física, de preferencia todos los
días de la semana, con una intensidad moderada. Por su parte, la ACSM (1998) sugiere
que destinando diez minutos en cada sesión, durante al menos dos días por semana,
con una intensidad del 65% al 90% del ritmo cardíaco máximo ó del 50% al 80% de la
reserva máxima, será suficiente para mejorar la aptitud cardiorrespiratoria.
La frecuencia de práctica ha sido clasificada de diferentes maneras por algunos
investigadores. Para Ponseti et al. (1998), esta podría dividirse en nivel bajo (práctica
esporádica o semanal de algún deporte), nivel medio (práctica llevada a cabo 2-3 veces
a la semana) y, por último, nivel alto (práctica realizada más de 3 veces a la semana).
En tanto, Balaguer et al. (1999), consideran que la práctica del deporte y la realización
En América Latina, según Mora et al. (2004), en Costa Rica las personas de 60 a
75 años de la población practican actividad físico-deportiva con una frecuencia de 3 a 4
veces por semana. Sin embargo, se debe comentar que esta población se localiza insti-
tucionalizada, en 21 centros diurnos donde existe control y vigilancia sobre los sujetos.
Estos estudios nos permiten apreciar que, en algunas poblaciones, los sujetos,
por su escasa frecuencia de práctica de actividad física, disminuyen las posibilidades
de mejorar su salud encontrándose en serio riesgo para su salud. En cambio, otros pro-
bablemente incrementen su salud al ser constantes en dicha práctica.
De igual manera, la frecuencia tiene la tendencia a disminuir con el paso de los
años siendo, durante la juventud, cuando los sujetos se ejercitan por encima de las can-
tidades sugeridas por los expertos investigadores en el tema. Por lo cual, podríamos
suponer que, con el aumento de la edad y disminución de la frecuencia de práctica,
comiencen a surgir ciertas enfermedades que podrían afectar a este sector de la pobla-
ción en caso de no aumentar la frecuencia.
[Link]. Duración del esfuerzo.
Bastos et al. (2005) encuentran que los sujetos han reducido de manera conside-
rable la duración del esfuerzo, disminuyendo las posibilidades de alcanzar los benefi-
cios en su salud, lo que obliga a incrementar los tiempos de práctica de actividad física
en adolescentes, jóvenes y adultos (USDHHS, 1996 y 2000; Dunn et al., 1998; OMS,
2002). Para lograr beneficios para la salud biológico, psicológico y social, los sujetos
deben dedicar de 20 a 30 minutos a la práctica del ejercicio físico durante una sesión de
entrenamiento (USDHHS, 1996 y 2000; Mazzeo et al., 1998; Matsudo, 2003) lo que su-
pondrá mejorar el funcionamiento del sistema cardiorrespiratorio, movilidad articular,
autonomía funcional autoestima y prolongar la independencia de los sujetos.
A partir de la duración de la práctica de actividad física, los beneficios para la
salud pueden aumentar, disminuir o mantenerse, cuando los sujetos cumplen con las
cantidades sugeridas por los expertos.
Se han hecho estudios en población joven para determinar el tiempo que estos
ocupan en sus actividades físicas. La duración de la práctica en la población barcelone-
sa se ha modificado en la última década, según estudios de Cañelas y Rovira (1995),
que presentan que esta población realiza esta actividad con una duración de 2 horas
semanales.
Blasco et al. (1996) indagaron el tiempo de práctica en los jóvenes estudiantes
pertenecientes al primer curso en las Facultades de Ciencias y Psicología de la Univer-
sidad Autónoma de Barcelona. Observaron que el 41% de los encuestados destinaban
3.30 horas de actividad en promedio semanal, con más de 60 minutos por sesión de
entrenamiento. Es decir, es un sector de la población que se encuentra por encima de
los mínimos recomendables. Sin embargo, más de la mitad de la población está practi-
cando por debajo de este tiempo con la tendencia de seguir disminuyendo con el paso
de los años.
Por su parte, Sánchez Barrera et al. (2003) refiere que los jóvenes de la Universi-
dad de Deusto, el 39% realizan actividades físico-deportivas con una duración entre 30
y 60 minutos. Sin embargo, el resto la esta haciendo con tiempos inferiores, es decir, no
cumplen con los mínimos recomendados.
En las etapas de la juventud, según los resultados del estudio realizado en Al-
mería (Ruiz Juan et al., 2005a), entre los practicantes la mayor cantidad de éstos (61,5%)
lo hacen con una duración de 2 a 5 horas a la semana. Si además tenemos en cuenta
que otra parte de la población (22,2%) dedica más de 6 horas a la práctica semanal, se
puede concluir que casi la totalidad de la población estudiada practica con una dura-
ción que pueden ser considerados satisfactoria, atendiendo a las recomendaciones del
USDHHS (1996).
En estudios más recientes Romero Granados (2007) investigó en dos escenarios.
En el primero que no tiene nada que ver con la actividad físico-deportiva y en el se-
gundo un macrogimnasio, para conocer la duración de la práctica en adultos mayores
de Sevilla. Encontró que la duración del esfuerzo que esta población destina en su
práctica, es de 1 hora, en ambos grupos (54,5% en el primero y 36,1% en el segundo).
En el informe sobre la duración de las actividades físicas de tiempo libre del pe-
riodo 1997-98 de la población de los Estados Unidos (Barnes y Schoenborn, 2003), uno
de cada cuatro adultos (22,7%) realiza actividad físico-deportiva con una duración mí-
nima de 30 minutos.
Estos resultados difieren de los encontrados por Frank et al. (2005) en 13 áreas
metropolitanas de Atlanta (Estados Unidos), con datos recolectados del 2001 al 2003 en
la población de 20 a 70 años. Encontraron que el 37% practica actividad física con una
duración de 30 minutos al día y el 18% realiza por debajo de los 30 minutos recomen-
dados. Una parte de esta población puede llegar a tener problemas de salud porque no
están cumpliendo con el tiempo mínimo sugerido.
Esta situación es diferente en algunos países latinoamericanos como Brasil,
dónde Monteiro et al. (2003) encontraron que, en la población general, sólo el 13% de
los brasileños hace un mínimo de 30 minutos de actividad física y únicamente el 3,3%
indicó que lo hacía como mínimo 30 minutos 5 días a la semana, es decir, cumplen con
los mínimos recomendados. Bastante similar a los resultados de cuatro localidades de
la población de Argentina, Erdociaín et al. (2000) encontraron que más de la mitad de
la población (53.3%) está practicando con un tiempo inferior a lo recomendado por los
expertos. Situación preocupante porque los riesgos de sufrir enfermedades están laten-
tes, sobre todo por las pocas posibilidades de practicar alguna actividad por la preca-
riedad o ausencia estructural y los problemas económicos existentes.
Los estudios de Erdociaín et al. (2000) en la población mayor de 60 a 75 años de
Costa Rica, encontraron que los sujetos les dedican más de una hora diaria a la práctica
físico-deportiva, obedeciendo a programas estructurados para 21 centros diurnos en
esta población. Aunque es un país centroamericano, es una de las sociedades que cuen-
tan con una estructura social bastante mejor que otros países de esta zona.
Los estudios revisados nos permiten observar que las etapas donde se hallan
escolarizados los tiempos de práctica son mayores porque ésta es obligatoria o tienen
mayor promoción y, sobre todo, por la presencia de la Educación Física. Sin embargo,
se observa una disminución del tiempo de práctica a partir del egreso escolar, con la
tendencia de disminuir con el paso de los años. De tal forma que, al llegar a la etapa de
adulto mayor, la duración de la práctica tiene la tendencia de mantenerse en los míni-
mos recomendados y a disminuir, como está sucediendo en algunas poblaciones euro-
peas y latinoamericanas.
Se observa, además, que la duración de la práctica suele ser diferente entre las
poblaciones, permitiendo observar que en casi todas las poblaciones disminuye con el
incremento de la edad, lo que hace suponer que surjan algunos problemas de salud o
quizá ya estén padeciendo.
[Link]. Intensidad del esfuerzo.
Los estudios epidemiológicos, en su mayoría en población adulta, muestran que
los sujetos que realizan actividades físicas de intensidad moderada y de forma regular,
favorecen positivamente su salud física (Minuchin, 1996; Varo et al., 2003a; Jacoby et
al., 2003), mental (Biddle, 1993; Guillén García et al., 1997; Brown y Siegel, 1988; De-
chavanne, 1998; Pérez, 1998) y social (Benaziza, 1998), obteniendo mayores beneficios
que aquellos que practican ejercicios de gran intensidad, si es realizada durante varios,
o mejor aún, todos los días de la semana. Esto ha conducido a los investigadores a es-
timar qué cantidad y calidad debe tener la actividad física para que les permita lograr
beneficios para su salud, reduciendo la aparición de enfermedades.
Los estudios en actividad física y su relación con la salud han cobrado impor-
tancia en los últimos años por los grandes beneficios que ésta origina a los sujetos que
son activos en la vida diaria, concediendo a estos ser más saludables y mejorar su cali-
dad de vida. Según los estudios realizados por ACSM (1998), son muchos los benefi-
cios que lograrían los sujetos por conducto de la actividad física que se podrán alcanzar
sin necesidad de emplear una alta intensidad durante el ejercicio, siempre que la fre-
cuencia y la duración del esfuerzo aumenten de manera apropiada.
Para controlar la intensidad existen medios biológicos que facilitan el manejo de
las cargas de trabajo en los practicantes. Independientemente del objetivo que se persi-
ga, la intensidad con que se realiza el esfuerzo de la actividad físico-deportiva, puede
modificar las respuestas de adaptación al trabajo físico. Para Ramírez (2002), controlar
la frecuencia y la duración de la práctica de actividad física resulta más fácil pero, con
respecto a la intensidad, es más complicado porque puede ser interpretada de muchas
maneras y generar confusiones, pudiendo provocar efectos indeseables y no lograr el
objetivo que se persigue.
Considerando las aportaciones de Barrios et al. (2003) y Romero García (2004),
con respecto a las distintas formas de controlar las cargas de trabajo utilizando la inten-
sidad del esfuerzo, se recomienda vigilar el trabajo físico por diferentes medios fisioló-
gicos, siendo uno de ellos la frecuencia cardiaca de esfuerzo (FCE), tomando como base
la frecuencia cardiaca máxima (FCM) del sujeto practicante (principalmente en sujetos
no de alto rendimiento). Por ser un medio fisiológico que se emplea frecuentemente
para determinar la intensidad del ejercicio y constituye, en las condiciones concretas de
entrenamiento, la base para el control de las cargas de trabajo. Estos investigadores
proponen que estos mínimos y máximos estén entre los rangos siguientes: intensidad
ligera (55% a 64% de la FCM), moderada (65% a 74% de la FCM) y vigorosa (75% 90%
de la FCM).
Sin embargo, existen otros estudios que muestran otras formas de controlar la
intensidad del esfuerzo tomando en cuenta indicadores metabólicos como el consumo
máximo de oxigeno (VO2 máx.,) el umbral de lactato (OBLA) inicio de la acumulación
del lactato sanguíneo por sus siglas en ingles (once blood lactate accumulation) (Katch
y Katch, 1991). Esto permite que los sujetos activos puedan practicar a diferentes tipos
de esfuerzos. Según la USDHHS (2000), las actividades físicas se pueden realizar con
una intensidad vigorosa, moderada e insuficiente o escasa.
Aún cuando algunos investigadores (Sallis y McKenzie, 1991) le dan mayor im-
portancia a la frecuencia y a la duración de las actividades físicas que a la intensidad,
señalan que los sujetos se debe preocupar más porque las actividades impliquen mayor
frecuencia y duración más que la intensidad, es decir, estos investigadores restan im-
portancia a la intensidad del esfuerzo.
Porque la intensidad puede mejorar la salud, si es aplicada de manera adecuada
y con criterios fundamentados en investigaciones, como lo sugiere la USDHHS (2004)
es que una actividad física de alta intensidad requiere menos tiempo y, en cambio, las
actividades de baja intensidad, deberán prolongarse más, es decir, ésta será aplicada
considerando los objetivos que se persiguen y las posibilidades del sujeto.
Se puede apreciar que un instrumento fácil de utilizar para controlar la intensi-
dad con que los sujetos practican la actividad físico-deportiva es la FCM a través de la
FCE, con la que se pueden establecer los rangos mínimos y máximos del esfuerzo se-
gún la edad del sujeto. En un estudio en la población de Barcelona (Cañelas y Rovira,
1995) se encontró que del 25% de los practicantes lo hacen con intensidad media, signi-
ficando que esta población cumple con las recomendaciones mínimas de los expertos.
En un estudio sobre actividades físicas y deportivas extraescolares (Piéron,
2003) en jóvenes europeos de 15 años, en las conclusiones se menciona la preocupación
por que en la vida cotidiana de niños y adolescentes y, sobre todo en las mujeres, no
consiguen acumular una cantidad de actividad física efectuada a un nivel apropiado de
intensidad que responda a la necesaria para obtener beneficios en la salud. Diversos
autores refieren que el volumen y la intensidad son relativamente escasos en niños y
adolescentes, siendo este nivel frecuentemente inferior a lo que es requerido para gene-
rar unos efectos beneficiosos para la salud.
Estudios realizados en 16 países europeos, incluyendo a Estados Unidos, encon-
traron que los países con mayor porcentaje de práctica a intensidad moderada son Ale-
mania (45,2%), seguido por Luxemburgo (51,3%), Finlandia (51,4%), por el contrario,
los países que practican mayormente con intensidad vigorosa son Holanda (25.8%) y
Suecia (23,5%). Así mismo, reportan que los adultos mayores de 65 años que practican
principalmente con intensidad moderada son los de holandeses (71,6%). En tanto que
en los Estados Unidos el mayor porcentaje se localiza en los que practican actividad
física de intensidad vigorosa (60%).
a cabo en la ciudad de León, donde Cabañas et al. (2004) encuentran que la frecuencia
es muy elevada, independientemente de la edad, e incluso practican casi a diario todos,
sobre todo los menores de 25 años. Podríamos suponer que, cuanto más joven es el
individuo, suele realizar actividad física con mayor frecuencia.
Según las consideraciones de Bastos et al. (2005), con el incremento de la edad
los sujetos disminuyen la frecuencia de práctica quedando en riesgo de abandonar la
actividad, produciéndose un sedentarismo elevado con muchas posibilidades de sufrir
algunas de las enfermedades no transmisibles, sobre todo, al llegar a la tercera edad.
Así lo demuestran algunos estudios, cuando los sujetos llegan a la etapa de
adulto mayor reducen la frecuencia de la práctica semanal. Se aprecia, según Hirvensa-
lo et al. (1998), que el grupo de edad de 65 a 74 años, en Finlandia, practican una a dos
veces a la semana, es decir, una importante disminución con respecto a otras edades.
En otros estudio (Comisión Europea, 2003), en población general mayor de 15
años, se indica que los adultos mayores de 65 años el mayor porcentaje se presenta en
la frecuencia de un día a la semana, mientras que el grupo más joven (15 a 25 años) el
mayor porcentaje se localiza en 2 días de práctica a la semana. Igualmente, Schoenborn
y Barnes (2002), en la población estadounidense, encontraron similar comportamiento
en adultos mayores en el rango de edad de 65 a 75 años, quienes practican con una
frecuencia de 1 a 2 veces por semana.
Dentro de la misma población de un país, la frecuencia con que es practicada la
actividad física es diferente entre los diferentes grupos de edad. En los estudios reali-
zado en los estadounidenses, según Li et al. (2005) y CDC (2003), los adultos mayores,
en el rango de edad de 65 a 74 años, solamente el 31% participa en actividad física con
una frecuencia de 3 o más días a la semana y un poco menos (16%) dice que hacen acti-
vidad 5 o más días a la semana. También los mayores de 75 años, en menor porcentaje
(23%), practican con la misma frecuencia y sólo 1 de cada 10 participan 5 o más días a
la semana.
Los investigadores sugieren buscar estrategias para incrementar los niveles de
actividad física en adolescentes, jóvenes y adultos (USDHHS 1996 y 2000; Dunn et al.,
1998; OMS 2002). Igualmente, poner más atención en los comportamientos de salud y
calidad de vida en la niñez y adolescencia para evitar declinaciones en la práctica en la
juventud, pues algunos de estos comportamientos ejercen un gran poder como deter-
minante en la edad adulta (Caspersen et al., 2000; Buckworth, 2001).
En un estudio realizado por Aarnio (2002), en el departamento de Salud pública
la Universidad del Helsinki, apunta que los que participaron en actividad física con
una frecuencia de todos los días en la juventud, lo hicieron también en la edad adulta.
Sin embargo, el 1,7% eran ya físicamente inactivos en esa edad, es decir, se mantiene la
tendencia de que con el paso de los años la práctica de actividades físicas disminuye
significativamente. Confirmando que existen cambios en el tiempo que los sujetos le
dedica a la práctica de actividad física, en la medida que se incrementa la edad.
Con respecto a la duración del esfuerzo que emplean los practicantes, la Comi-
sión Europea (2003), en población general mayor de 15 años, muestran que el mayor
ciona que la práctica deportiva con más porcentaje de participación es hacer deporte
intensamente (15%), a continuación estaría un 13,2% integrado por los practicantes
regulares de manera recreativa.
Martínez Ros et al. (2003), en Murcia en la población de 18 a 65 años de edad,
indica que los jóvenes, pero también los adultos, practican con una intensidad mode-
rada compatible con la protección coronaria.
Por lo tanto, podemos decir que, en las etapas de la juventud los sujetos practi-
can con mayor frecuencia semanal y con mayor intensidad, aunque ésta empieza su
declinación desde la adolescencia. A partir de esta etapa existe la tendencia sistemática
de disminución del índice de práctica de actividad física dedicándole menor tiempo
(Comisión Europea, 2003). Este comportamiento continúa su disminución con el paso
de los años hasta llegar a la tercera edad en la que éste se estabiliza.
La intensidad del esfuerzo con que se practica la actividad física obedece a fac-
tores propios y ajenos a la persona, que pueden originarse en el propio interesado, en
su entorno o en la actividad en cuestión. Es decir, los cambios del comportamiento es-
tán sujetos a factores socioambientales y a los factores individuales que determinan las
posibilidades de práctica de los sujetos. Las diferentes formas habituales del compor-
tamiento de los sujetos, ante las características de la actividad física, varían de un país a
otro y aún dentro del mismo país.
La práctica de actividad física en los adultos mayores parece estabilizarse en
una a dos veces por semana, con intensidad moderada y de 20 a 30 minutos por sesión.
Lo que significa que es una población con posibilidades de abandonar la práctica y, con
ello, incrementar los riesgos de la salud y padecer algunas enfermedades como la di-
abetes, hipertensión y problemas cardiorrespiratorios, entre otros.
5.3. Análisis y discusión de los resultados.
5.3.1. Comportamientos ante la actividad físico-deportiva de tiempo libre de
los adultos mayores de 60 años del municipio de Tapachula (México).
En las últimas décadas, las investigaciones sobre la práctica físico-deportiva de
tiempo libre se han incrementado en todas las sociedades del mundo para indagar so-
bre qué poblaciones pueden lograr beneficios para la salud o, por el contrario, ponerla
en riesgo, a partir de ser considerados en dos grandes grupos, activos o inactivos.
Para analizar el comportamiento ante la práctica de actividad físico-deportiva
en el tiempo libre se planteó la pregunta: ¿Ha sido practicante de actividad físico-
deportiva de manera regular en alguna de las tres etapas?, con tres opciones de res-
puesta: practicante, nunca ha practicado y abandono de la práctica.
Los datos muestran que en nuestra población objeto de estudio el 40,1% realiza-
ron práctica de actividad física durante la dependencia familiar. Pero se observa que
este porcentaje disminuye conforme avanza la edad en las siguientes etapas, llegando a
ser practicantes sólo un poco más del diez por ciento (12,2%) al alcanzar la etapa de
adulto mayor. Es decir, uno de cada diez de los adultos mayores son practicantes.
Con respecto a los sujetos que nunca han realizado práctica de actividad físico
deportiva ocurre justamente lo contrario, donde poco más de la mitad de la población,
en la primer etapa (55,2%), no tuvieron la oportunidad de realizarla, incrementándose
los valores porcentuales conforme se avanza a las siguientes etapas (64,8%, segunda
etapa y 69,6%, tercera etapa).
Por otro lado, el abandono de la práctica se observa como va incrementándose
de una etapa a otra tiene, de un porcentaje menor del cinco por ciento (4,7%) en la pri-
mera etapa, se incrementa progresivamente, hasta llegar a ser muy cerca, a una quinta
parte de la población (18,2%) al alcanzar a la tercera etapa (tabla 5.1 y figura 5.1).
70
60
50
40
Practicante
30
Nunca
20
Abandonó
10
0
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar
rrando 2001), coincidiendo con el nivel de práctica solamente con algunos países de la
misma región geográfica como Perú (Seclen y Jacoby, 2003) y Brasil (Monteiro et al.,
2003) con similares condiciones de desarrollo económico y social. Sin embargo, La
Habana (Cuba) que cuenta con otras condiciones sociopolíticas y económicas, muestra
tasas de práctica de actividad físico-deportiva en la población adulta mayor, similares a
las nuestras (Ruiz Juan, et al., 2005b).
En los resultados de nunca haber practicado actividad físico-deportiva de nues-
tro estudio se observan cifras altas de inactividad, podemos intuir que nuestra pobla-
ción se encuentra en alto riesgo de inhabilidad, morbilidad, y mortalidad que se aso-
cian con la inactividad física, respaldado por algunos investigadores que coinciden que
los sujetos inactivos tienen mayores consecuencias negativas para su salud (CDC/OMS,
2004; Matsudo et al., 2000; Mazzeo et al., 1998 y Moreno González, 2005), que lamenta-
blemente fortalecen las pronósticos que afirman que más del 60% de la población adul-
ta no realiza suficiente actividad físico-deportiva para beneficio de la salud (WHO,
2002 y OMS, 2003).
En nuestro estudio son considerados inactivos, por un lado, los que nunca han
tenido oportunidad de practicar actividad físico-deportiva en el tiempo libre, desde su
juventud hasta la edad actual y, por otro lado, los que habiendo practicado en alguna
etapa de la vida, la han tenido que abandonar por diferentes circunstancias. Siete de
cada diez sujetos nunca han practicado actividades físico-deportivas, cifras que son
alarmantes, pero quizá sean comprensibles por las dificultades y carencias que ha en-
frentado esta población por las situaciones comentadas. Con esta tendencia encontra-
mos estudios que presentan datos similares a los nuestros en los trabajos de Gómez et
al. (2005) y García Fernando (1997 y 2001).
Continuando con los sujetos que nunca han practicado actividad físico-
deportiva, caso particular del adulto mayor, resulta sorprendente que nuestros resul-
tados discrepan con un alto índice por encima de los obtenidos por otros investigado-
res de la USDHHS (1998), Endorciaín et al. (2000), BHFNC (2000), Rütten et al. (2001),
Generelo et al. (2002), Schoenborn y Barnes (2002), CDC (2003) y Ruiz Juan y García
Montes (2005a) y Ruiz Juan et al. (2005b), que presentan menores tasas de inactividad.
De igual manera, las encontradas por Moreno Torres et al. (2003), en un estudio reali-
zado en la residencia de ancianos en Granada, considerando que es población institu-
cionalizada que cuenta con actividades físicas programadas, presentan una tasa de
inactividad muy baja. Conviene diferenciar que las condiciones en las que se hizo el
estudio son diferentes en población, muestra y circunstancias.
Con relación al abandono de la actividad físico-deportiva, se observa que toda
la población entrevistada reconoce haber abandonado la práctica de actividades físico-
deportivas, en cada una de las tres etapas. Es decir, el abandono ha tenido una evolu-
ción positiva, de tal manera que en la tercera etapa, muchos individuos han dejado de
practicar actividades físico-deportivas por múltiples razones.
En nuestros datos se distingue una tasa de abandono inferior a la que presentan
otros países como Portugal (Marivoet, 2007), España (García Ferrando, 2001) Reino
Unido, Holanda, Suecia, Finlandia, (Otero, 2004, citando a ODA, COMPAS y García
Ferrando, 2001) y Brasil (Figueiredo y Rebollo, 2003), quienes muestran una tasa muy
por encima de la registrada en nuestro estudio. Sin embargo, los porcentajes tan bajos
de actividad físico-deportiva de esta población, pueden estar relacionados con la po-
breza extrema en que viven, enfermedades propias de una población inactiva además
de la marginación social y familiar.
Como hemos podido apreciar, existen factores que influyen negativamente en
el comportamiento ante la práctica de actividades físico-deportivas de los sujetos: edu-
cación, conciencia social y política, programas de atención, intervención, actitudes y
valores. Lo que no permite reducir las altas tasas de inactividad y lograr las tasas bajas
de países desarrollados como: Holanda, Suecia, Reino Unido, Finlandia, Gran Bretaña
(BHFNC, 2000); Otero, 2004, citando a ODA, COMPASS y García Ferrando 2001; Esta-
dos Unidos (Schoenborn y Barnes, 2002; CDC, 2003) y España (Ruiz Juan y García
Montes, 2005ª; Ruiz Juan et al., 2005b). Es todavía más preocupante que esta población
muestre tasas más elevadas de inactividad aún de los mismos países de América Lati-
na, con similar situación social y poblacional como Argentina (Endorciaín et al., 2000) y
Brasil (Monteiro et al., 2003).
Nos encontramos ante una población en condiciones diferentes a los países des-
arrollados, con carencias de infraestructura deportiva, programas vinculados con la
salud, personal poco preparado y difusión de los beneficios de la práctica físico-
deportiva. Una población que vivió los cambios sociales posrevolucionarios durante
más de 40 años, con profunda transformación de actitudes y valores. Con estos resul-
tados se constata que, esta población, ha permanecido marginada durante muchos
años y continua bajo las mismas condiciones, con pocas posibilidades de acceder a
programas de actividad física para la salud, por la falta de oferta y de interés de los
responsables.
Razón que fundamenta la urgencia de estudios sobre el análisis de los factores
que influyen o correlacionan con la actividad físico-deportiva a través de investigacio-
nes en los múltiples ámbitos en que la sociedad se manifiesta, para indagar este com-
portamiento negativo y establecer programas de actividad físico-deportiva que mejo-
ren las condiciones de vida de esta población vulnerable. Intentando disminuir los al-
tos índices de inactividad que, con el paso de los años, crece paralelo a la transición
demográfica de la población y con ello los problemas sociales y de salud pública que se
incrementan de forma alarmante.
Igualmente, sería necesario considerar que esta población sigue estando en el
primer lugar en analfabetismo y uno de los tres estados más pobres del país. Bajo estas
condiciones, los índices de práctica tan bajos pueden encontrar una cierta explicación.
Por otro lado, es una población del sur de México, en la que los programas y los presu-
puestos para mejorar la salud de la población han sido escasos.
Por lo tanto, los beneficios de la actividad física para esta población tampoco
llegan, los esfuerzos políticos hasta hoy no han alcanzado las expectativas esperadas
por la población, considerando que los factores sociales que producen un aumento en
la práctica físico-deportiva se encuentran en los enfoques y estrategias políticas, princi-
palmente, a escala local (Matsudo et al., 2000; Eyler, 2002).
Es decir, tenemos una población con bajo índice de práctica de actividades físi-
co-deportivas, contrariamente, alto índice de inactividad, una población con muchas
probabilidades de morbilidad, y mortalidad y pocas de mostrar mayores tasas de prác-
tica. Por lo tanto, se producen diferencias abismales en el comportamiento ante la prác-
tica de actividades con respecto a otros países considerados desarrollados con mejores
condiciones de vida.
[Link]. Factores que inciden en la práctica de actividad físico-deportiva.
Para continuar con la evolución del comportamiento ante la práctica de activi-
dades físico-deportivas en el tiempo libre, la analizamos con los factores sociodemográ-
ficos sexo, edad nivel de estudios y situación laboral de la población estudiada.
[Link].1. Comportamientos ante la actividad físico-deportiva de tiempo libre
según el sexo.
Concluido el punto anterior, en este apartado haremos una breve descripción
de nuestra población con respecto a la práctica físico-deportiva entre hombres y muje-
res y alguna posible correlación.
80
70
60
50
40
Varón
30
20 Mujer
10
0
Abandonó
Abandonó
Abandonó
Practica
Nunca
Practica
Nunca
Practica
Nunca
tadísticamente significativas en las tres etapas. Siendo las mujeres quienes presentan
las mayores tasas en este comportamiento (66,5%, 743% y 76,6% frente al 43,3%, 54,9%
y 62,2% de los varones). Se observa que en el transcurso de una etapa a otra se produ-
cen incrementos de inactividad con cerca de veinte puntos porcentuales en hombres y,
algo más de diez puntos, en mujeres. Es decir, las mujeres tienen mayor regularidad en
la práctica a lo largo de las tres etapas. Sin embargo, son éstas quienes menor práctica
de actividad físico-deportiva realizan a lo largo de su vida (figura 5.2).
Para finalizar, tenemos al grupo de hombres y mujeres que, por diversas cir-
cunstancias, han abandonado la práctica de actividad físico-deportiva, donde se pro-
ducen diferencias estadísticamente significativas entre estas dos variables en las tres
etapas de la vida. A este respecto, las mujeres presentan mayor tasa en las primeras dos
etapas de dependencia e independencia familiar (6,3% y 10,1% frente al 3% y 9,5% en
varones), en cambio los varones (21,7% con respecto al 14.8% en mujeres), lo son en la
etapa de adulto mayor (tabla 5.2).
Con respecto a la práctica de actividad físico-deportiva encontramos que por
cada dos varones, una mujer realiza práctica físico-deportiva, resultados que presentan
cierta similitud con los estudios llevados a cabo por Martínez et al. (2003), Hirvensalo
et al. (1998), HFC (2002), HFC Loughborough (2002) y Seclen y Jacoby (2003), difirien-
do de los estudios realizados por la USDHHS (1998), Denton y Walters (1999), Schoen-
born y Barnes (2002), García Ferrando et al. (2002), Hellín (2003), Moreno Torres et al.
(2003), Elizondo et al. (2005) y Ruiz Juan y García Montes (2005a), quienes tienen ma-
yores tasas de práctica que las nuestras.
La menor práctica de actividad físico-deportiva de las mujeres, podría deberse a
que los varones, probablemente, disponen de mayores oportunidades de práctica de
actividad físico-deportiva, de ahí los resultados que confirman la teoría de Dishman y
Sallis (1994), Telama et al. (1996), Sallis (1999) USDHHS (1996 y 2000) y Eyler (2002)
aseguran que el sexo es un factor determinante cuando hombres y mujeres realizan
práctica físico-deportiva (Dishman y Sallis, 1994; USDHHS, 1998; Cantón, 2000;
Schoenborn y Barnes, 2002, García Montes et al., 2001; Barnes y Schonborn, 2003). Por
otro lado, la práctica físico-deportiva está enfocada mayormente para los hombres
(Wilcox et al. 2000; Ruiz Juan et al., 2000, Parks et al., 2003; Leslie et al., 2001).
La disminución de la práctica ocurre en ambos sexos de una etapa a otra, puede
ser por la influencia de algunos factores sociales y medioambientales (García Ferrando,
2001; Otero, 2004), que repercuten de manera notable en las mujeres (Seclen y Jacoby,
2003). En cambio, para Wilcox, et al. (2000), García Ferrando et al. (2002) y ECHI-2
(2005), existen otras posibles causas como podrían ser las barreras personales, el sopor-
te social y las limitaciones o lesiones físicas. Esto nos permite comprender los resulta-
dos obtenidos en este estudio.
Algunos investigadores como Cantón (2000), Arribas y Arruza (2001), García
Montes (2001), García Montes et al. (2001) y Otero (2004), coinciden en que la disminu-
ción de la práctica de actividad físico-deportiva se puede ver afectada por la falta de
disponibilidad de tiempo, por los compromisos laborales, familiares y profesionales
que se mantienen en al paso del tiempo. Otros factores que probablemente ha llevado
to, es importante impulsar estrategias para fomentar e impulsar la práctica entre las
mujeres que a su vez permita mejorar su salud.
A manera de conclusión se puede decir que los factores sociales, demográficos y
biológicos, de ambiente físico y soporte social, permiten que los varones sean los más
practicantes que las mujeres, dejando en mayores riesgos a las mujeres de sufrir algu-
nos problemas de salud y sin posibilidad de incrementar los índices de práctica, siguen
marginadas y sin ofertas de prácticas físico-deportivas de parte de la empresa pública o
privada.
[Link].2. Comportamientos ante la actividad físico-deportiva de tiempo libre
según la edad.
En nuestro estudio la población fue organizada en seis grupos quinquenales
que nos permitió clasificar a los sujetos para su estratificación en seis grupos de edad
(60-64, 65-69, 70-74, 75-79, 80-84 y 85 y más años). Se indagó sobre el comportamiento
de práctica de actividad físico-deportiva en tres etapas (dependencia e independencia
familiar y adulto mayor). En este punto es importante recordar que hemos acudido a la
memoria y el recuerdo de la niñez a comienzos del siglo XXI, periodo de tiempo bas-
tante lejano sin embargo, las condiciones sociales, económicas y educativas siguen
siendo similares.
Los resultados permiten observar que no existen diferencias estadísticamente
significativas entre estas variables, es decir, indica que entre los seis grupos de edad y
en las tres etapas el comportamiento es muy parecido entre los más jóvenes (60 años) y
los más viejos (98 años), los porcentajes se encuentran en torno al promedio general
(tabla 5.3). Pero si existen diferencias importantes a medida que se pasa de una etapa a
la otra, la práctica físico-deportiva tiende a disminuir progresivamente, pero al llegar a
la tercera etapa se estabiliza. Es decir, en cada una de las etapas durante casi 40 años
los porcentajes se han mantenido estables, lo que indica la fortaleza de estos compor-
tamientos ante la práctica físico-deportiva, que han permanecido inalterables en un
periodo de tiempo tan largo.
Centrándonos en la etapa de adulto mayor se puede observar que la práctica de
actividad físico-deportiva tiene la tendencia a disminuir de los grupos más jóvenes
hacia los grupos más viejos, con excepción de los grupos de 65 a 69 años y mayores de
85 años. Sucede lo contrario con los que nunca han practicado actividad física, tiene la
tendencia de incrementar con el paso de un grupo a otro grupo de edad, con excepción
del grupo de 85 años y más. Por último, en el abandono, observamos que es mayor en
los grupos más jóvenes con tendencia a disminuir hacia los grupos de mayor edad (85
años y más) con excepción del grupo de 70 a 74 años.
Al contrastar nuestros resultados con otros estudios, encontramos que son coin-
cidentes con las conclusiones de otros investigadores como Bouchard y Shepard (1994),
Vuori y Fentem (1996), BHFNC (2000), Aarnio (2002), Otero (2004) y Ávila y García
(2004), quienes refieren que la práctica de actividad físico-deportiva con el paso de los
años tiende a disminuir.
80
Dependencia familiar
70
60
50
40
30 80
Independencia familiar
20 70
10 60
0 50
S in estudios Primaria S ecundaria Preparatoria Lic enc iatura Posgrado 40
30
20
90
Adulto mayor 10
80 0
70 S in estudios Primaria S ec undaria Preparatoria Licenc iatura Posgrado
60
50
40
30
20 Practica
10 Nunca
0
S in estudios Primaria S ec undaria Preparatoria Lic enciatura Posgrado
Abandonó
muestran mayores tasas de inactividad, tendencia que coincide con estudios realizados
por otros investigadores (García Montes, 2001; Hellín, 2003; Otero, 2004; Ruiz Juan y
García Montes, 2003) quienes han encontrado que los más inactivos son aquellos suje-
tos que tienen menor nivel de estudios.
Por otro lado, el comportamiento del abandono en nuestros resultados se in-
crementa de una etapa a la otra. Se observa que los sujetos tienden en abandonar la
práctica de actividad físico-deportiva por diferentes circunstancias. Tendencia bastante
parecida a los resultados de estudios realizados por otros investigadores (Barnes y
Schoenborn, 2003; Parks et al., 2003; Otero, 2004; Ruiz Juan y García Montes, 2005a).
Situación que podríamos entender considerando la falta de estructura educativa bajo la
cual crecieron estos sujetos (SEP, 1999), aunado a ello la falta de soporte social, necesi-
dades económicas y familiares y, probablemente la fuerte relación del ambiente físico
(costo, acceso y ubicación de las instalaciones.)
Podemos decir que el nivel de estudios es un correlato que influye al momento
de realizar práctica de actividad físico-deportiva, que nos permite confirmar que una
población con mayor nivel de estudios es una población con mayor tasa de practican-
tes, mas activa y menor probabilidad de abandono.
Estos resultados nos dicen que es urgente promover programas educativos que
mejoren su nivel académico y, con ello, la práctica físico-deportiva ofreciendo oportu-
nidades de prácticas físicas con una óptima difusión sobre los beneficios biológicos,
psicológicos, sociales y familiares, a través de la iniciativa pública y privada.
[Link].4. Comportamientos ante la actividad físico-deportiva de tiempo libre
según la situación laboral.
En este apartado se analiza la situación laboral de los adultos mayores en rela-
ción con la actitud ante la práctica físico-deportiva. Se aprecia que existen diferencias
estadísticas significativas entre las diferentes ocupaciones distinguiéndose que, en la
primera etapa los que trabajan tienen el mayor porcentaje de práctica (51%) con más de
nueve puntos porcentuales por arriba del promedio general. Pero este porcentaje dis-
minuye con el paso de una etapa a otra, llegando a ser menor del diecisiete por ciento
(trabajadores el 15,5% y jubilados el 16,3%) en la etapa de adulto mayor (figura 5.4).
En el otro extremo se localizan los adultos mayores que nunca han practicado
actividad físico-deportiva, nuestros datos indican que las amas de casa son las que ma-
yormente refieren que nunca han practicado actividad físico-deportiva, reflejado en
casi dos terceras partes de la población encuestada (73,9%) en la primera etapa, con
más de dieciocho puntos porcentuales por encima del promedio central. Sin embargo,
este porcentaje se incrementa en las dos etapas siguientes, llegando a ser ligeramente
superior a cuatro quintas partes de la población (80,3%) en la tercera etapa, con más de
diez puntos porcentuales del promedio central.
El mayor porcentaje de abandono de la práctica, en la primera etapa, lo mues-
tran los jubilados o pensionados, aunque en porcentajes menores al diez por ciento
(7,2%), sin embargo, este porcentaje se incrementa en ellos en la segunda etapa (12,7%).
Pero al llegar a la tercera etapa, los que mayormente abandonan la práctica son los que
trabajan (23,25), con cinco puntos porcentuales por encima del promedio central (tabla
5.5 y figura 5.4).
80
Dependencia familiar
70
60
50
40
30 90
Independencia familiar
20 80
70
10
60
0
50
Trabaja S in trabajo Jubilado/pensionado Ama de c asa
40
30
90
Adulto mayor 20
10
80 0
70 Trabaja S in trabajo Jubilado/pensionado Ama de c asa
60
50
40
30
20 Practica
10 Nunca
0
Abandonó
Trabaja S in trabajo Jubilado/pensionado Ama de c asa
García Ferrando, 2001; Figueiredo y Rebollo, 2003), sin embargo, se debe considerar las
particularidades y características de cada población.
Para finalizar, podemos argumentar que resulta complicado hacer estimaciones
y discutir nuestras tasas de este comportamiento con otros estudios, debido a que son
escasos los estudios que tratan las diferentes situaciones laborales. Resultando necesa-
rio hacer más investigaciones que profundicen sobre la situación laboral de la pobla-
ción mayor y la incidencia en la práctica físico-deportiva.
Sin embargo, podemos decir que, en la etapa de adulto mayor, los que trabajan
y los jubilados son los que principalmente practican actividad físico-deportiva, siendo
los más inactivos las amas de casa y los que no trabajan, particularmente en este estu-
dio.
5.3.2. Características de la actividad físico-deportiva de tiempo libre.
[Link]. Modalidades de práctica físico-deportiva.
Debido a la diversificación y surgimiento de nuevas actividades en el ámbito de
la práctica de actividad físico-deportiva, en una sociedad que busca más de lo estético,
que la socialización y el disfrute, surgen nuevos estereotipos de práctica con una prefe-
rencia hacia los deportes individuales (García Ferrando, 2001; Vander Boroek, 2002;
Otero, 2004), como la natación, el tenis, la gimnasia de mantenimiento, el montañismo,
el senderismo, el excursionismo, el aeróbic, la gimnasia rítmica, el atletismo y otros
más como el caminar, los bailes y la danza.
Algunos investigadores españoles (García Ferrando y Mestre, 2000; Ruiz Juan,
2001, García Montes, 2001; Hellín, 2003; Otero, 2004; Ruiz Juan y García Montes 2005a)
coinciden en que se están produciendo algunos cambios en las preferencias que tienen
los sujetos hacia algunas modalidades deportivas, principalmente, en los países des-
arrollados. En cambio, en América Latina el fútbol, en sus distintas modalidades, el
baloncesto y el voleibol a pesar del transcurso de los años siguen manteniéndose en la
preferencia de los sujetos.
Para nuestro estudio se han utilizado veintidós diferentes modalidades de acti-
vidades físico-deportivas, que nos permitirá conocer las preferencias de los adultos
mayores de 60 años del municipio de Tapachula (Chiapas-México), para observar si, en
el transcurso de las tres etapas, se producen variaciones en las preferencias por algunas
modalidades deportivas previendo las consideraciones expuestas por la ACSM (1998),
quien destaca que la disciplina seleccionada por el individuo surge a partir de una pre-
ferencia personal que, con el transcurrir de los años, puede modificarse.
Debido a que la dispersión de los valores porcentuales entre las disciplinas de-
portivas es alta, nos centraremos particularmente en las primeras cuatro modalidades
que muestran mayor porcentaje o preferencia por los sujetos, en cada una de las tres
etapas de la vida. Observamos que, en la etapa de dependencia familiar, el fútbol
(42,2%) es la modalidad preferida por los tapachultecos, seguido del baloncesto
(21,2%), el voleibol (8,2%) y trotar o correr (7,4%) (tabla 5.6 y figura 5.5).
60
50
40
30
20
10
0
ol
o
ol
o
ol
ar
n
to
er
xe
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lo
C
N
C
A
ta
Ba
o
Tr
Podemos afirmar que durante la juventud y la adultez, los sujetos activos pre-
fieren la práctica de deportes de conjunto, probablemente por la necesidad de encon-
trarse con amigos, socializarse y convivir, siendo los de mayor práctica en dichas eta-
pas. Nuestros resultados tienen la tendencia de coincidir con otro estudio de Keating et
al. (2005), quienes refieren que la diversidad de los grupos de edad que se localizan
previos a los 60 años, tienen la tendencia de no modificar la modalidad de práctica físi-
co-deportiva.
Llama la atención que, en la etapa de adulto mayor, la modalidad de práctica no
sea una disciplina deportiva de conjunto, sino que existe una preferencia muy elevada
por el caminar. Probablemente por las condiciones morfofuncionales propias de esta
edad y por otras circunstancias que limitan la práctica, al igual que porque probable-
mente el caminar sea considerada una actividad que presenta menor riesgo y dificultad
en su realización. Pero esto podría producir un aislamiento acelerando en su envejeci-
miento.
muestran mayor preferencia que las mujeres por el fútbol, en las tres etapas, con una
diferencia de casi cuarenta puntos porcentuales en las dos primeras. En tanto, el cami-
nar es una actividad realizada preferentemente por las mujeres, en las tres etapas de la
vida (3,6%, 8,6% y 57.8%), que según observamos las diferencias porcentuales son muy
reducidas con respecto a los varones (2.3%, 4.5% y 56.3%) en todas las etapas.
Por último, el correr de manera ligera o trotando es la actividad elegida, princi-
palmente, por las mujeres (12,1% y 6,2%), en las dos primeras etapas con respecto a los
varones (3,8% y 4,5%), siendo adverso en la etapa de adulto mayor donde los varones
(8,8%) presentan mayor preferencia que éstas (4.4%) (tabla 5.7 y gráfica 5.6).
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(2003) estas discrepancias podrían ocurrir por las diferencias estructurales existentes en
las poblaciones.
En tanto las mujeres activas, tienen preferencia por el voleibol y la caminata, co-
incidiendo con los estudios de Ispizua (1993 y 1996), Endorciaín et al. (2000), García
Ferrando (2001), Otero (2003), Monteiro et al. (2003), Seclén y Jacoby (2003) y Sánchez
Barrera et al. (2003).
Como resumen de este apartado, podemos indicar que en las etapas de la ju-
ventud, la modalidad deportiva que prefieren los sujetos activos son los deportes de
conjunto, los hombres el fútbol y las mujeres el baloncesto, seguido por caminar y tro-
tar. Sin embargo en la etapa de adulto mayor se muestra una inclinación por el caminar
en ambos sexos.
[Link].2. Modalidades de práctica físico-deportiva según la edad.
En este apartado se analiza la modalidad de práctica físico-deportiva según la
edad centrándonos, principalmente, en los que muestran los porcentajes más elevados.
Los resultados muestran que no existen diferencias significativas en las cuatro
modalidades de práctica más representativas (fútbol, baloncesto, voleibol y caminar)
en ninguna de las tres etapas de la vida que han sido analizadas (tabla 5.8). Los valores
porcentuales son bastante similares al promedio central en los seis grupos de edad.
Según esto, durante más de cuarenta años (que es el arco de edad de la población estu-
diada) las modalidades físico-deportivas mayormente realizadas por los tapachultecos,
en las tres etapas de la vida analizadas, han sido las mismas, lo que nos viene a indicar
que estas modalidades han estado muy arraigadas en las conductas de esta población
hasta el punto de no generar cambios en casi medio siglo.
[Link]. Frecuencia, duración e intensidad de la práctica físico-deportiva.
En este apartado, trataremos algunas de las características propias de la activi-
dad física realizada por los individuos de esta población objeto de estudio. Se analiza-
ran la frecuencia, duración e intensidad con la cual los sujetos practican las actividades
físico-deportivas. En nuestro estudio la frecuencia fue clasificada en una vez a la sema-
na, dos veces a la semana y más de tres veces a la semana, la duración del esfuerzo se
clasificó en menos de 30 minutos, entre 30 y 60 minutos y más de 1 hora y, por último,
la intensidad fue clasificada en alta, media y baja.
La combinación de la frecuencia, la duración y la intensidad de la práctica de
actividad física, determinan la dosis apropiada del esfuerzo físico, que según Sallis y
Owen (1999), Mazzeo et al. (1998), Piéron (2003) y Matsudo (2003), permite a los sujetos
lograr algunos beneficios para su salud, reduciendo la aparición de enfermedades.
Que, como hemos visto, es necesario destinar al menos 30 minutos diarios de actividad
física moderada (Pate et al., 1995; USDHHS, 1996 y 2000).
Con respecto a la frecuencia, encontramos que en la primer etapa (dependencia
familiar), los sujetos practican actividades físico-deportivas, principalmente, más de
tres veces a la semana (43,7%), seguido por los que hacen dos veces a la semana (38,9%)
y, por último, los que lo hacían al menos una vez a la semana (17,4%) (figura 5.7).
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quienes resaltan que cuando los sujetos son más jóvenes tienen más oportunidades de
realizar con mayor frecuencia la práctica de actividad física. Esto podría tener múlti-
ples razones, entre las que podríamos suponer porque los sujetos son más fuertes, más
ágiles y, principalmente, disponen de más salud, quizás dispongan de mayor tiempo y
menos compromisos familiares.
Centrándonos en la etapa de adulto mayor encontramos que, en un estudio de
Monteiro et al. (2003), los brasileños, tienen una frecuencia de práctica semanal inferior
a la frecuencia que utilizan los adultos mayores de nuestro estudio. Sin embargo nues-
tros resultados no son coincidentes con los que muestra Mora et al. (2004) y Molero y
Guillen (2007) quienes encuentran que sus poblaciones están practicando actividad
físico-deportiva con una frecuencia semanal de 3 veces por semana.
Partiendo de las consideraciones comentadas por algunos investigadores como
García Ferrando (2001), García Montes (2001), Hernández Rodríguez (2001), COM-
PASS, (2002), Piéron 2003, Matsudo (2003), Gyurcsik et al. (2006) y Ruiz Juan (2001),
podríamos predecir que nuestra población se encuentra en riesgo de aumentar las po-
sibilidades de padecer algunas enfermedades, debido a que con el paso de una a otra
etapa, la frecuencia de práctica de actividad física disminuye. Además, sumariamos
que este sector se encuentra de igual manera por debajo de las recomendaciones míni-
mas sugeridas por Gyurcsik et al. (2006).
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los jóvenes europeos es realizada, resulta ser insuficiente, poniendo en riesgo su salud.
Estos comentarios pueden servir de referencia para observar que en nuestra población
en vez de disminuir la intensidad media de la práctica en las etapas de la juventud, se
mantuvo durante casi 40 años, pero como hemos comentado la intensidad alta presen-
to disminuciones, incrementando el grupo de quienes lo hacían a intensidad baja, en la
última etapa.
Un aspecto a tomar en cuenta es que los datos de estos jóvenes son recientes re-
specto a los nuestros, que proceden de inicios del siglo pasado, los cuales deben ser
tomados con cierta precaución pues, en nuestro caso, para obtener los datos sobre la
independencia y dependencia familiar acudimos a la memoria de casi medio siglo, au-
nado a ello las condiciones sociales, que son bastante diferentes.
Al observar esta variable, particularmente en la etapa de adulto mayor, encon-
tramos que nuestros sujetos suelen emplear principalmente una intensidad media
cuando realizan su práctica de actividad física, situación que coincide con los resulta-
dos presentados por la Comisión Europea (2003), caso particular de los sujetos holan-
deses, pero difieren de los adultos estadounidenses presentados por esta misma comi-
sión, los cuales suelen encontrar una intensidad alta en sus actividades físicas.
Como hemos observado los sujetos de nuestra población destinan 3 veces por
semana a la práctica de actividad física en el periodo de la juventud, ocurriendo una
disminución en la siguiente etapa (independencia familiar) pero manteniéndose (2 ve-
ces por semana) en la etapa actual de adulto mayor. Esta población dedica, principal-
mente, entre 30 y 60 minutos por sesión en la práctica de actividad física en las tres
etapas de la vida. Por otro lado, emplean una intensidad media que se ha mantenido
por más de cuarenta años, es decir, suele mantenerse con el paso de una a otra etapa.
Se podría decir que, los sujetos de nuestra población, en la etapa de la juventud,
ocho de cada diez sujetos practicaban con una intensidad recomendada por los investi-
gadores, aunque este comportamiento tiende a disminuir al llegar a la etapa de adulto
mayor, situación que se mantiene actualmente. Esta población ha reducido significati-
vamente la práctica físico-deportiva por lo que podrían incrementar las posibilidades
de sufrir algunos de los problemas de la salud, con altas probabilidades de estar pade-
ciendo algunas enfermedades. Por lo tanto, es urgente evitar la reducción de la activi-
dad física promocionando y ofertando actividades físicas que consoliden los beneficios
de la salud en esta población.
[Link].1. Frecuencia, duración e intensidad de la práctica físico-deportiva se-
gún el sexo.
En este epígrafe se analiza la frecuencia, la duración y la intensidad con la cual
hombres y mujeres realizan la práctica de actividad físico-deportiva de tiempo libre.
Según Castillo y Balaguer (1998), los niveles y frecuencia de la práctica de actividad
física dependen de algunos patrones y estereotipos generados en la sociedad a lo largo
de la socialización, tanto en hombres como en mujeres. Estas consideraciones nos per-
miten comprender que han existido diferencias entre los sexos, las cuales algunas favo-
recen más a uno que otro.
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nos factores familiares, laborales y sociales, dónde las mujeres, debido a los compromi-
sos hogareños y maternales y situaciones propias del entorno social (desigualdad), tu-
vieron y quizá sigan teniendo menos posibilidades de ser más frecuentes en la práctica
de actividad física.
Por otro lado y centrándonos particularmente en la etapa de adulto mayor (más
de 60 años), nuestros resultados son similares a los que presentan investigadores como
Hirvensalo et al. (1998), USDHHS (2002) y Schoenborn y Barnes (2002), quienes en-
cuentran que tanto hombres como mujeres mayores de 65 años suelen realizar la prác-
tica de actividad física entre una y dos veces por semana. Resultando lamentable que al
llegar a esta etapa de la vida, la frecuencia de la práctica disminuya en ambos sexos,
surgiendo la necesidad de indagar las posibles causas que afecten a estos sujetos.
Al observar la duración de la práctica y alguna posible asociación con el sexo,
los resultados muestran diferencias significativas solamente en las dos primeras etapas
de la vida.
En la etapa de dependencia familiar los hombres (41,7%) suelen destinar más de
una hora a la práctica de actividad física, porcentaje bastante superior al sexo opuesto
(27,9%). En tanto, son las mujeres quienes destacan por destinar entre 30 y 60 minutos,
y también cuando es realizada por menos de 30 minutos (56,4% y 15,7% frente al 45,5%
y 12,8% de los varones, respectivamente) (figura 5.11).
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Por tanto, podemos observar que durante las etapas de dependencia e indepen-
dencia familiar, los hombres son quienes destinan más tiempo (por encima de una
hora) a la práctica de actividad física, de tal manera que la incidencia de lograr algunos
beneficios saludables es menor en mujeres. En consecuencia, se puede decir que el sexo
es un factor determinante en la duración con que la población realiza práctica de acti-
vidad física durante las primeras etapas de la vida y que, en la actualidad (adulto ma-
yor), esta no influye.
En la etapa de la juventud algunos estudios (Mico et al., 2002; INE 2004; y Co-
misión Europea 2003), señalan que los varones realizan una práctica de mayor dura-
ción que las mujeres, lo que viene a coincidir con nuestros resultados.
Es de destacar que, en las tres etapas, un considerable sector de hombres y mu-
jeres de nuestra población cumpla con las recomendaciones sugeridas por los expertos,
coincidiendo con otros estudios (Salis y Mckenzie, 1991; Blasco et al., 1996; Sánchez
Pérez et al., 1998; USDHHS, 1999; Sánchez Barrera et al., 2003; INE, 2004; Li et al.,
2005).
Por último, nos centraremos en la intensidad, otro componente de la actividad
físicas que dosifica y equilibra las ganancias fisiológicas en hombres y mujeres sin ne-
cesidad de realizar grandes esfuerzos (Li et al., 2005).
En este estudio se optó por clasificar la intensidad en alta, media y baja. Se ob-
serva que la intensidad con la cual los sujetos realizan la actividad físico-deportiva en
su tiempo libre, no existen diferencias estadísticas significativas entre sexos en las tres
etapas de la vida. Los porcentajes son bastante similares al promedio central de la
muestra. Es decir, el sexo no influye en la intensidad con que se practica la actividad
físico-deportiva en las tres etapas de la vida, en esta población (tabla 5.14).
Cabe señalar que los estudios que tratan esta variable en la población mayor de
60 años son escasos, pero aún así, encontramos algunos que permiten realizar algunas
estimaciones. Nuestros resultados coinciden con las observaciones de otros estudios
(Piéron et al., 1998 y 1999), Leslie et al. (2001), Navarro et al. (2003) y Sanders et al.
(2000), quienes manifiestan que los hombres, a pesar de los años, son los que mayor-
mente realizan actividades a intensidad moderada. La tendencia en hombres y mujeres
de nuestros resultados es similar en el tiempo destinado a la práctica, en las tres etapas
de la vida, lo que coincide con las afirmaciones de la USDHHS (1996 y 2002) que expo-
nen que la intensidad no presenta variaciones con el paso del tiempo en ambos sexos.
Situándonos en los adultos mayores, nuestros datos son coincidentes con los re-
sultados que muestra Vuori y Fentem (1996) en Finlandia, y con Anderson et al. (2007)
en Canadá, quienes encontraron que estas poblaciones practican actividad físico-
deportiva con intensidad moderada.
Como resumen, podemos indicar que nuestros resultados permiten apreciar
que, en la etapa de la juventud, los hombres son quienes más realizan la práctica de
actividad física por más de tres veces en la primera etapa de vida, respecto a las muje-
res. Con respecto a participar en actividades físicas dos veces por semana, los datos son
similares entre sexos. Sin embargo, las mujeres son menos constantes en la práctica, al
realizar está al menos una vez por semana en la tres etapas de la vida.
Con respecto a la duración, se observa que, en las dos primeras etapas de la vi-
da, los varones dedican más de una hora a la práctica de actividades fisco-deportiva,
respecto al sexo opuesto. Si sumamos la segunda categoría (entre 30 y 60 minutos) y la
tercera (más de una hora), observamos que 8 de cada 10 hombres están practicando los
mínimos recomendados por los expertos. Es decir, las mujeres están en posibilidades
de tener más riesgos en su salud que los hombres. Pero si nos ubicamos en la tercera
etapa, observamos que ambos sexos tienen similar comportamiento el cual se mantiene
hasta la actualidad.
Al tratar la intensidad empleada en la práctica de actividad físico-deportiva,
con respecto al sexo, observamos que entre estas dos variables no existen relaciones
significativas en las tres etapas de la vida. Por tanto, el sexo no influye en la intensidad
de práctica. Es decir, la intensidad ha permaneciendo sin cambios durante un largo
periodo de tiempo. Las mujeres se mantienen en la intensidad media, en las que se ob-
serva una regularidad en los porcentajes en las tres etapas y los hombres con alta inten-
sidad, pero tienen la tendencia a disminuir drásticamente al llegar a la tercera etapa ya
que tan sólo uno de cada diez lo hace con intensidad alta, pasando a practicar con in-
tensidad media con porcentajes muy similares al de las mujeres, por encima del sesenta
por ciento.
[Link].2. Frecuencia, duración e intensidad de la práctica físico-deportiva se-
gún la edad.
Cuando analizamos la frecuencia, la duración y la intensidad con respecto a la
variable edad, observamos que no existen diferencias estadísticamente significativas en
ninguna de las variables analizadas y tampoco en las etapas de la vida (tabla 5.15, tabla
5.16 y tabla 5.17). Es decir, estos comportamientos que han adquirido los tapachultecos
han permanecido inalterables en la etapa de juventud, adultez y vejez. Lo que nos lleva
a concluir que estas conductas han sido muy fuertes, férreas e inalterables durante casi
medio siglo de tiempo, en cada una de las etapas de vida y también nos indica la soli-
dez a estos resultados.
Es importante no confundir esta variable edad en este estudio, que analiza los
comportamientos de una misma población de una horquilla de edad de 40 años, cuan-
do es analizada dentro de un estudio transversal en una misma población, por ejemplo,
cuando se analizan estas variables en la población general de más de 15 años. En este
caso, tal y como se aprecia en estudios realizados por Sánchez Barrera et al. (1995), Sila
(1998) y Sanz et al. (2003), conforme aumenta la edad disminuyen los porcentajes. Estos
resultados coinciden con nuestra investigación, si analizamos los porcentajes obtenidos
descritos en apartados anteriores, de tal manera que a medida que los sujetos pasan de
una a otra etapa, se producen importantes cambios en la frecuencia, duración e inten-
sidad de la práctica de las actividades físico-deportivas de los sujetos, pero al llegar la
tercera este comportamiento se estabiliza.
Por lo tanto, podríamos indicar que nuestra población tiene altos riesgos de pa-
decer algunos problemas de morbilidad, inhabilidad y mortalidad o, probablemente, se
encuentren padeciéndolas. Esta circunstancia puede estar ocurriendo debido a que los
sujetos no son consistentes de cuánto y cómo deben realizar las actividades físico-
deportivas para que éstas sean saludables, si nos atenemos a los resultados encontra-
dos. Es necesario crear y ofertar actividades agradables, recreativas, de intensidad mo-
derada y de corta duración, especialmente para la población mayor de 60 años, que
permanece estable y estancada en una práctica físico-deportiva que no genera los bene-
ficios para la salud esperados de ella y que poseen muchas probabilidades de tener
problemas de salud.
Por todo ello, la edad, entendida en un estudio transversal, si que es un factor
determinante en la frecuencia, duración e intensidad ya que a medida que la edad au-
menta se produce una disminución porcentual importante en estas variables.
Como finalización de este apartado, indicar que esta situación nos lleva a re-
flexionar que las características de la actividad física (frecuencia, duración e intensi-
dad), en los sujetos activos ha permanecido manteniendo apenas los mínimos acepta-
bles que sugieren los expertos. Preocupante por la tendencia de los sujetos activos a
disminuir la actividad físico-deportiva, reduciendo, a su vez, las posibilidades de au-
mentar el tiempo de práctica para consolidar los beneficios de la salud, que permitan
disminuir los riesgos de sufrir algunas enfermedades que probablemente ya están pa-
deciendo.
5.4. Conclusiones.
Estamos frente a una población con bajo índice de práctica de actividades físico-
deportivas y, por tanto, con alto índice de inactividad. Es una población con muchas
probabilidades de altos porcentajes de morbilidad y mortalidad y con pocas de alcan-
zar mayores tasas de práctica, mostrando una gran diferencia en el comportamiento
ante la práctica con respecto a otros países considerados desarrollados y con mejores
condiciones de vida.
Los factores sociales, demográficos, biológicos, físico-ambientales y soporte so-
cial, influyen en los comportamientos de esta población, permitiendo a los hombres ser
más activos que las mujeres, quedando estas con mayores riesgos de padecer algunas
enfermedades y sin la posibilidad de incrementar los índices de práctica.
El alto índice de la población con bajo nivel de estudios, nos indica que es un
conglomerado con muchas probabilidades de poseer problemas de salud, tendencia
similar en la mayoría de las poblaciones estudiadas.
El comportamiento de los jubilados y los que trabajan en la etapa de adulto ma-
yor, son los más activos frente a las amas de casa que muestran índices altos de inacti-
vidad físico-deportiva.
En etapas de la juventud los hombres y mujeres, se inclinan mayormente por
los deportes de conjunto como el fútbol y el básquetbol. Sin embargo, en la etapa de
adulto mayor las preferencias de práctica se modifican con respecto a las etapas pre-
vias, los sujetos muestran mayores preferencias por actividades individuales y al aire
libre, ambos sexos se inclinan por la práctica individual como caminar, cuya ejecución
no representa grandes riesgos.
En los tapachultecos las modalidades deportivas han permanecido muy arrai-
gadas, de tal forma que se han practicado los mismos deportes (fútbol y básquetbol)
durante largo tiempo, lo que quiere decir que no se han generado cambios significati-
vos en las preferencias de actividades físico-deportivas en los sujetos en casi medio
siglo.
En nuestra población, son los hombres los que practican con mayor frecuencia,
duración e intensidad, es decir, en las etapas de la juventud 8 de cada 10 están practi-
cando bajo los mínimos recomendables por los expertos. Pero si nos ubicamos en la
etapa de adulto mayor, ambos sexos reducen significativamente este comportamiento
quedándose en la posibilidad de sufrir algunos problemas de salud.
Los comportamientos ante la práctica físico-deportiva pueden ser transferibles a
la siguiente etapa de la vida, de tal forma que el estilo de vida que actualmente tiene el
adulto mayor es producto de los hábitos adquiridos en las etapas anteriores, de tal ma-
nera que los patrones de conducta vividos en etapas de la juventud vienen a determi-
nar los comportamientos ante la práctica física en la etapa de adulto mayor.
La práctica física disminuye con el paso de los años, de tal forma que al llegar a
la etapa de adulto mayor, el porcentaje de activos se reduce a casi una décima parte de
los que practicaron cuando fueron jóvenes
Esta situación nos lleva a reflexionar sobre que las características de la actividad
física (frecuencia, duración e intensidad), en nuestros sujetos activos, ha permanecido
estable, manteniéndose apenas bajos los mínimos aceptables que sugieren los expertos.
Sin embargo, existe la tendencia en los sujetos activos a disminuir la frecuencia de la
actividad físico-deportiva reduciendo, a su vez, las posibilidades de aumentar el tiem-
po de práctica para consolidar los beneficios de la salud.
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MOTIVOS DE LOS
COMPORTAMIENTOS
DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-
DEPORTIVA DE TIEMPO
LIBRE
CAPÍTULO 6 MOTIVOS DE LOS COMPORTAMIENTOS DE LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA DE TIEMPO LIBRE
en sí mismo). Es decir, a medida que vamos consiguiendo cubrir con éxito cada uno de
estos escalones, nos sentimos motivados para considerar las necesidades del peldaño
siguiente, hasta llegar a la cumbre de la auto-realización, considerada como la realiza-
ción completa de nuestro verdadero potencial. Esta teoría permite entender los com-
portamientos de los sujetos hacia la práctica de la actividad físico-deportiva.
En la categoría del aprendizaje se argumenta que, aunque las necesidades bio-
lógicas pueden desempeñar cierto papel en el comportamiento de los sujetos, ésta, des-
empeña una función mucho más importante a la hora de dirigir la conducta animal y
humana. Otros investigadores como Bandura (1989, 1998 y 2001) y Bussey y Bandura
(1999), ampliaron las ideas de Skinner, argumentando que la recompensa más podero-
sa para el ser humano, es el refuerzo social como el elogio. Gracias a la capacidad
humana para procesar la información simbólica, también podemos aprender a través
de la observación.
Según se aprecia la categoría cognitiva, trata de explicar las conductas basándo-
se en los procesos del pensamiento humano. Los psicólogos cognitivos hacen hincapié
sobre la manera en que reaccionamos ante los acontecimientos, los cuales dependen del
modo de interpretarlos. La conducta que se dirige hacia la obtención de una meta de-
terminada, dependerá de cómo se evalúen ciertos factores. Las expectativas también
son importantes, como la del carácter realista o no de una meta, o si se tiene la capaci-
dad de alcanzarla y cuánto tiempo se tardará en lograrla.
Después de los estudios de Murray (1938), Skinner (1953), Skubic (1956) y Mas-
low (1975), citados por Dosil (2004), han surgido otras teorías que abordan sobre el
cómo y porqué, se modifican las conductas de los sujetos a lo largo de la vida. Algunas
teorías mencionan que los sujetos tienen necesidad de modificar sus conductas, porque
desean demostrar sus capacidades a sí mismos y a los demás, o porque buscan destacar
y tener reconocimiento en su entorno social.
Continuando con los referentes teóricos de las motivaciones, Whitehead (1993)
diseña un modelo teórico (escalera motivacional) para interpretar la motivación intrín-
seca que, según este autor, puede ser la llave elemental para promover estilos de vida
saludables en los sujetos, que estructura en seis escalones:
¾ Primer escalón. Regulación externa, tengo este comportamiento por recibir
recompensa o porque me fuerzan a ella.
¾ Segundo escalón. Regulación e introyección, tengo este comportamiento por-
que siento una tensión dentro de mi (por ejemplo culpabilidad) y me pre-
siona hacerlo.
¾ Tercer escalón. Regulación identificada, comportamiento que elijo con un pro-
pósito y al final lo valoro.
¾ Cuarto escalón. Regulación integrada, tengo este comportamiento porque
simboliza lo que soy y lo que quiero.
¾ Quinto escalón. La motivación intrínseca, el sujeto dice tengo este comporta-
miento porque quiero, deseo el éxito y si lo logro lo disfruto.
las cuales varía en términos de los niveles inherentes a la auto determinación de los
sujetos, en este caso muestran cuatro clasificaciones que son:
A) Regulación externa, donde el comportamiento es regulado por medios exter-
nos positivos o negativos, como son la recompensa y la imposición.
B) Regulación introyectada, en la cual el sujeto tiene la presión externa de estar
en forma, busca la estética corporal por presiones del entorno.
C) Regulación identificada, el sujeto valora y juzga un comportamiento impor-
tante, se identifica con él y lo elige para crecer y desarrollarse.
D) Regulación integrada. Cuando el atleta está integrado puede decidir quedarse
en casa o salir el sábado con los amigos, pero el domingo esta listo para el
juego de fútbol.
En la revisión bibliográfica encontramos que, con el paso del tiempo, las teorías
de las motivaciones en el campo de la psicología del deporte y se basan en la conducta
que adoptan los sujetos ante la práctica son, entre otras:
1. Teoría de la atribución (Harter, 1958).
2. Teoría de las necesidades del logro (McClelland, 1961).
3. Teoría de la autoeficacia (Harter, 1978).
4. Teoría de la competencia percibida (Harter, 1978).
5. Teoría de las competencias motivacionales (Harter, 1981)
6. Teoría de la orientación de metas (ego tarea) (Nicholls, 1984)
7. Teoría de la autodeterminación (Ryan y Deci, 2000).
8. Teoría Flow (Balaguer, 2001).
Luego de realizar un análisis teórico, consideramos que los siguientes referen-
tes, servirán para tratar de comprender las diferentes motivaciones de la población
objeto de estudio en su adherencia y no adherencia a la práctica físico-deportiva.
1. La teoría de la competencia motivacional (Harter, 1981), se relaciona con el de-
seo (intrínseco) del sujeto por mostrar competencia a través del dominio de
experiencias, es decir, el éxito le motiva.
2. La teoría de la autodeterminación (Ryan y Deci, 2000), hace alusión a que
cuando el sujeto percibe tener la capacidad de hacerlo disfruta la acción,
produciendo una gran motivación para continuar realizándolo (intrínseca).
3. Y por último, la teoría de orientación de meta, (ego-tarea) (Maehr y Nicholls,
1980; Nicholls, 1984). Trata sobre la obtención de logros a través del esfuer-
zo en la competencia. La orientación de meta tiene dos vertientes, hacia el
ego y hacia la tarea. Es decir, los sujetos que realizan actividades que produ-
cen satisfacción por el esfuerzo realizado, se comparan con sí mismos
(orientación a la tarea) y cuando ese esfuerzo es realizado para demostrar
superioridad o ser mejor que otros, se emplea más por ego.
autores como Masachs et al. (1994), no coinciden con estas apreciaciones, ya que los
motivos de inicio de un programa deportivo, no tienen por qué ser los mismos que
determinan su mantenimiento.
El estudio de las motivaciones lleva a los investigadores a comentar que ningún
fenómeno podría reflejar el potencial de la naturaleza humana, como lo hace la motiva-
ción intrínseca o extrínseca (Ryan y Deci, 2000), situación que se irá describiendo en los
estudios analizados en poblaciones de diferentes regiones geográficas y diferentes eta-
pas de la vida.
6.2. Motivos de práctica de actividad físico-deportiva.
En este apartado se analizan los principales motivos de inicio y mantenimiento
de la práctica físico-deportiva de las diferentes poblaciones relacionadas a este estudio.
García Ferrando (2003), pone de manifiesto que los jóvenes, hacen ejercicio físi-
co principalmente por diversión, por pasar el tiempo y porque les gusta. Es decir, el
comportamiento tiene relación con motivos intrínsecos como los aspectos lúdicos y
recreativos. Por su parte Cantón (2000), señala que los estudiantes de la Universidad de
Valencia practican por diversión y por placer. En tanto que Ruiz Juan y García Montes
(2002) en estudiantes universitarios y no universitarios, por el gusto del ejercicio físico,
por estar en forma y divertirse.
En un estudio realizado en población universitaria, Ruiz Juan et al. (2005a),
muestran que la mayoría práctica por estar en forma o gustan del ejercicio físico y en
menor proporción, por mejorar o mantener la salud. Es decir, aún cuando están pasan-
do por una etapa crítica debido a las exigencias de los estudios, también existe la moti-
vación extrínseca por aparentar buena imagen personal, coincidiendo con las afirma-
ciones de Pavón et al. (2003). Motivos diferentes son citados por los ciudadanos de Gui-
púzcoa. Arribas y Arruza (2004) muestran que practican principalmente, por mantener
la salud, por divertirse y por competir y relacionarse con amigos.
En la población de Almería, según Ruiz Juan y García Montes (2005), los sujetos
practican actividad física porque les gusta y divierte, estar en forma, mantener y mejo-
rar la salud y en menor medida, por evasión y relajarse. Es decir, lo hacen por disfrute
y a la vez por sentirse liberados de la cotidianeidad de la vida, sobre todo, esperando
recibir los beneficios en su salud. En Sevilla, Porras (2006) señala que la población prác-
tica actividad física por ocio, salud y estética, mostrando preferencias similares a los
almerienses.
Se aprecia que los motivos pueden variar de un país a otro, ocurriendo de igual
manera en una misma nación, independientemente de las características sociocultura-
les. Al observar las preferencias de los países latinos, caso particular de los cubanos,
Ruiz Juan et al. (2005b), indican que los habaneros práctica actividad física por gusto al
ejerció, diversión, salud y estética. Es decir, supone un compromiso por motivos intrín-
secos, como el disfrute y el placer que perciben por la práctica.
En tanto entre los colombianos, Martínez (2003), cita que en Medellín se realiza
práctica por estética corporal, búsqueda de la forma física, relajación, cuidar la salud,
placer y ser activos. Mostrando que los motivos que impulsa a la práctica son aquellos
2001). El motivo de salud, en la etapa de adulto mayor, es señalado por ambos sexos en
los distintos países, sin importar situación geográfica, política, cultura o situación eco-
nómica.
6.2.2. Según la edad.
Los motivos en etapas de la juventud están más dirigidos a la orientación de las
metas, como se puede observar en un estudio que realizó Ispizua (1996), que señala
que los sujetos de 20 y 24 años de edad, practican por diversión, por hacer ejercicio
físico, por encontrarse bien consigo mismo, tanto física como psicológicamente.
Según Ruiz Juan y García Montes (2005), en los sujetos entre 15 y 29 años, prac-
tican actividad porque les gusta, aunque también lo hacen por evadirse y relajarse y
por último, refieren que por mantener la salud.
Continuando con Ruiz Juan et al. (2005a), exponen que el grupo de universita-
rios entre 18 y 20 años, realiza porque gustan del ejercicio físico el cual permite estar en
forma y porque es un conducto para divertirse. Es decir, a pesar de los compromisos
con el estudio tienen tiempo para disfrutar la práctica de las actividades y a su vez
mostrar buena apariencia socialmente.
Porras (2006) indica que los sujetos de Sevilla que se encuentran entre los 15 y
24 años de edad practican con mayor proporción por ocio y por salud y por último, por
estética. Estos sujetos colocan como segunda importancia la salud.
También Campbell et al. (2001) manifiestan que la práctica de actividad física se
hace por diferentes motivos. Los grupos más jóvenes del norte de Irlanda, tienen prin-
cipalmente motivos intrínsecos de práctica como la diversión, pero este comportamien-
to tienen la tendencia de modificarse con el paso de los años.
Según Ruiz Juan y García Montes (2005) indican que los almerienses, que se lo-
calizan entre los 30 y 44 años, lo hacen, principalmente, por evadirse y relajarse, pero
también lo hacen por mantener o mejorar la salud y, por último, porque les gusta y se
divierten.
En otra investigación Ruiz Juan et al. (2005b), los cubanos de 16 a 29 años prac-
tican actividad físico-deportiva, prioritariamente, por gusto y diversión o estética y
mejorar la autoestima y con menor participación, porque los amigos lo realizan.
En otra franja de edad, fue también analizada la población habanera que se en-
cuentran en el rango de 30 a 44 años, señalan en mayor proporción por estética, o por-
que les gusta y divierte y, por último, por estar con los amigos. Sin embargo, en los
sevillanos según Porras (2006) los sujetos que se localizan en el grupo de 25 a 59 años lo
hacen primeramente por salud, por ocio y, por último, por estética. Es decir en esta
población la salud es su mayor preocupación.
Sin embargo, este comportamiento en los adultos mayores se produce un cam-
bio significativo, operan potencialmente los motivos extrínsecos. Weinberg y Could
(2000) manifiestan que buscan la recompensa como la salud y convivencia con los ami-
gos, otros por prescripción médica y por mantenerse en forma, es decir, por influencia
externa, como lo señala la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan (1985).
Ruiz Juan y García Montes (2005) señalan que los almerienses, que se encuen-
tran después de los 45 años practican por mantener o mejorar la salud, por evasión y
relajarse y, por último, porque le gusta la actividad y le divierte. Es decir, a paso de los
años, los motivos pueden cambiar, coincidiendo con las afirmaciones de Gonzálvez
(1992) y De Andrés y Aznar (1996).
En cambio los habaneros mayores 45 años, señalan de manera importante por
mantener o mejorar la salud o por evasión y relajarse y finalmente, porque lo hacen los
amigos. Se puede apreciar que en la medida que la edad se incrementa los sujetos valo-
ran su salud (Ruiz Juan et al., 2005b).
Como podemos apreciar en los estudios de Porras (2006), los sujetos entre 60 a
74 años la práctica resulta el conducto adecuado para cuidar su salud, pasar el tiempo
y relacionarse. Observamos que la salud es una latente preocupación en todos los gru-
pos de edad, el cual mantiene a pesar del transcurso del tiempo.
Campbell et al. (2001) encontraron que los adultos mayores del norte de Irlanda
practican principalmente por mejorar o mantener la salud, confirmándose que, con el
paso de los años, los motivos de salud tienen mayor relevancia. Como hemos visto, los
motivos de práctica físico-deportiva son multifactoriales. Con el paso de una etapa a
otra cambian por diversas circunstancias (Gonzálvez, 1992; De Andrés y Aznar, 1996),
aunque esta situación no sucede en todas las poblaciones. Por tanto, los motivos varían
con la edad, de tal manera que los sujetos activos más jóvenes, pueden ser diferentes a
los que señalan los más viejos.
En las etapas de juventud (Longhurst y Spink, 1987), los sujetos dan mayor im-
portancia a la orientación del logro, estatus, competición y liberación de energía, con
una marcada tendencia hacia las metas orientadas al ego. En estas etapas se muestra
una mayor inclinación por los motivos intrínsecos como la diversión respecto a los ex-
trínsecos (como la estética). Ocurriendo de igual manera entre los más viejos quienes se
inclinan por motivos intrínsecos (como la salud) seguido de los extrínsecos (impuestos
por otras personas como los médicos o familiares). En estas edades, la salud es una
prioridad en todos los países, sin importar situación geográfica, diferencias culturales,
económicas y sociales, tanto en países desarrollados como vías de desarrollo.
6.2.3. Según el nivel de estudios.
Otro correlato que se correlaciona con la práctica de actividad físico-deportiva
es el nivel de estudios. Así lo demuestran Ruiz Juan y García Montes (2005), en un es-
tudio realizado en los almerienses, quienes fueron clasificados en mayor y menor nivel
de estudios. Según este estudio podemos apreciar que ambos grupos poseen los mis-
mos motivos de práctica. Los de mayor nivel, lo hacen por mantener o mejorar la sa-
lud, por evasión y relajarse y al final, porque les gusta y divierte. Los que poseen me-
nor nivel, muestran también en primer lugar, por mantener o mejorar la salud y en
segundo lugar porque les gusta y se divierten y, por último, por evasión y relajarse. Es
decir, el nivel de estudios no influye en los motivos de práctica en esta población.
Diferentes resultados encuentran Porras (2006), quienes indican que, los sevi-
llanos que poseen mayor nivel, practican máximamente por salud o por ocio y, al final,
por estética. En cambio los que poseen menor nivel de estudios lo hacen por ocio, por
salud y por último, por relaciones sociales. Es decir, señalan principalmente motivos
intrínsecos y, al último, motivos intrínseco.
En países latinoamericanos como Cuba, se aprecia que los sujetos señalan dife-
rentes motivos de práctica (Ruiz Juan et al., 2005b). Los que poseen mayor nivel de
estudios practican esencialmente, por relajarse o por mantener y mejorar la salud y, por
último, por estética. En cambio los que poseen menor nivel de estudios lo hacen por
aspecto social, porque lo realizan los amigos o por mantener y mejorar la salud y, en
menor proporción, por estética. Se observa que en esta población los motivos son simi-
lares pero, en diferente orden de prioridad.
Se puede observar que los sujetos activos que poseen mayor y menor nivel de
estudios practican actividad físico-deportiva, principalmente, por motivos extrínsecos.
Sin embargo, es destacable comentar que quienes poseen mayor nivel su conducta está
más enfocada hacia la salud, en tanto que los de menor nivel, su comportamiento es
más heterogéneo. Probablemente, porque los sujetos con mayor nivel de estudios, po-
seen mayor conocimiento sobre la práctica, sus beneficios y consecuencias, en tanto que
los que poseen menor nivel de estudios tienen menor valoración de la salud.
6.2.4. Según la situación laboral.
Con respecto a esta variable, se aprecia que los motivos por los que practican
actividad físico-deportiva, están orientados hacia los motivos extrínsecos. En la pobla-
ción de Almería, Ruiz Juan y García Montes (2005) encontraron que las amas de casa
practican actividad física por mantener o mejorar la salud, por evasión, relajarse de las
actividades diarias y el gusto de divertirse practicando su actividad favorita. Mismos
motivos fueron señalados por los sujetos que trabajan, pero en orden diferente, por
evasión y relajarse, porque les gusta y se divierten y, por último, por mantener o mejo-
rar la salud. Sin embargo, los jubilados, tienen como prioridad la salud, la evasión y
relajación y, por último, porque les gusta y se divierten practicando actividad física. Se
aprecia que en las amas de casa y los jubilados la salud, es la mayor preocupación
(Ruiz Juan et al., 2006).
En estudios de Porras (2006), se observa que en Sevilla los sujetos que trabajan y
jubilados practican actividad física especialmente por salud y ocio y, en menor medida,
por estética, en tanto las amas de casa ponen como prioritaria la salud, la estética y, al
final, el ocio.
El motivo de salud tiende a estar presente también entre los habaneros como
exponen Ruiz Juan et al. (2005b), quienes indican que las amas de casa practican activi-
dad física por mantener o mejorar la salud, evasión, relajarse, estética y mejorar la au-
toestima. Similar comportamiento poseen los que trabajan (por evasión y relajarse, o
por mantener la salud y, en menor medida, por estética y mejorar la autoestima). En
tanto que los jubilados, lo hacen porque los amigos lo realizan, así como por mantener
la salud o mejorarla y, en menor proporción, porque les gusta y se divierten. Es decir,
los jubilados buscan más los motivos intrínsecos y extrínsecos como son los amigos y el
aspecto social, en cambio las amas de casa y en los que trabajan, el comportamiento
está mayormente enfocado hacia motivos intrínsecos como la salud.
Se puede apreciar que los motivos de práctica en etapas de la juventud, los
hombres señalan esencialmente, motivos intrínsecos como la diversión y relajación, en
tanto que las mujeres lo hacen principalmente, por motivos extrínsecos como la estéti-
ca. Sin embargo, en etapas de adulto mayor, ambos sexos practican la actividad física,
por motivos intrínsecos como la salud.
La tendencia es que ambos niveles de estudios, practican actividad física por
motivos intrínsecos como la salud, aunque en países latinoamericanos como Cuba,
existe la tendencia que los que poseen menor nivel de estudios, lo hacen tanto por mo-
tivos intrínsecos como por motivos extrínsecos, como la estética. Las amas de casa, los
que trabajan y los jubilados, lo hacen por motivos intrínsecos como mantener la salud,
divertirse y relajarse.
6.3. Motivos de abandono de la práctica de actividad físico-deportiva.
El abandono se produce, esencialmente, cuando el sujeto no se compromete con
la actividad y no considera la frecuencia, intensidad y duración necesaria. Es probable
que pierda la sensación de disfrute y abandone dicha práctica (Whitehead, 1993).
Dosil (2004) por su parte indica que, los motivos que inducen a los sujetos al
abandonar la actividad físico-deportiva guardan una relación directa con los motivos
de práctica. Los sujetos señalan, con frecuencia, la falta de tiempo como el principal
motivo que induce al abandono de la práctica físico-deportiva. Para Sallis (1999) esta
percepción no corresponde a la realidad, porque esta circunstancia puede estar ocul-
tando otros motivos causantes de dicho abandono.
Independientemente que una sociedad desarrollada o en vías de desarrollo, la
posibilidad de abandonar la práctica ocurre debido a que, en las sociedades siempre
habrá sujetos con actitudes pasivas y conformistas (Vallerand, 2004).
En los estudiantes universitarios de Almería, según Ruiz Juan et al. (2005a), des-
taca la carencia de tiempo como el motivo de abandono proporcionalmente más seña-
lado o la incompatibilidad con el horario y, en menor proporción, la pereza o desgana.
Es decir, la situación de los universitarios es bastante delicada, porque deben combinar
los estudios y la práctica de actividad física, lo que muchas veces no coincide con los
horarios, y se ven precisados al abandono de dicha práctica. Similares motivos son alu-
didos por los sevillanos (Porras, 2006), quienes citan que la incompatibilidad con los
horarios de estudios o de trabajo limitan la posibilidad de continuar participando,
otros citan que los problemas de salud coacciona la práctica y otros pocos ponen como
pretexto la edad.
Como podemos observar, el abandono, al igual que la práctica, es provocado
por una diversidad de motivos como se puede apreciar en los estudios de algunos in-
vestigadores que son analizados en este apartado. Sin embargo, los motivos extrínsecos
de abandono tienen una influencia poderosa sobre los motivos intrínsecos. Cantón
(2000) encuentra que, los sujetos en la población valenciana, afirman que la falta de
tiempo, la salud y el trabajo son los motivos señalados más frecuentes por esto sujetos.
parte Porras (2006) y Ruiz Juan et al. (2005b) muestran que los sevillanos entre 40 y 59
años y los habaneros de 30 a 44 años señalan también la incompatibilidad con los estu-
dios o trabajo, falta de salud, avance en la edad y escasez de instalaciones.
Centrándonos en la población mayor podemos ver que con el paso de los años
el comportamiento de los sujetos, tiende a cambiar, según investigadores (Porras, 2006;
Ruiz Juan y García Montes 2005) en estos grupos la falta de salud, enfermedades o le-
siones resultan la principal causa para dejar de participar en actividades físicas, segui-
do de la pereza o tener desgana para continuar. Mostrando que a medida que se in-
crementan los años, la falta de salud, resulta la razón principal de abandono.
Motivos similares son citados por los habaneros (Ruiz Juan et al., 2005b) mayo-
res de 45 años quienes aluden los problemas de salud, falta de tiempo y la pereza o
desgana como motivos de abandono.
Podemos concluir que durante la juventud, el abandono, se debe esencialmente
a motivos intrínsecos y al interés por otras cosas, en tanto en la etapa de adulto resul-
tan más por motivos tanto intrínsecos como extrínsecos.
6.3.3. Según el nivel de estudios.
Se puede observar que los sujetos que tienen mayor nivel de estudios tienen
mayor pereza y desgana para no continuar con la práctica, además de carecer de tiem-
po y problemas de salud (Ruiz Juan y García Montes, 2005). En cambio, quienes poseen
menor nivel de estudios atribuyen a los problemas de salud como la causa principal de
abandono, seguido de carecer de tiempo y no tener ganas y tener pereza.
Motivos similares muestran los estudios de Porras (2006), donde los sevillanos
con mayor nivel de estudios, señalan como prioritario la incompatibilidad con los es-
tudios o el trabajo o por salud y, en menor medida, la edad. Por su parte quienes tienen
menor nivel de estudios, indican que la edad es la principal causa, seguido de carencia
de salud para continuar y la incompatibilidad el trabajo y estudio.
Entre los habaneros con mayor nivel de estudios Ruiz Juan et al. (2005b), seña-
lan que la pereza y desgana son citados con frecuencia seguido de la escasez de tiempo
y por problemas de salud, mostrando que los aspectos relacionados al interés por la
actividad son resultan la principal excusa para dejar de participar. En tanto entre quie-
nes disponen de menor nivel de estudios la aparición de enfermedades derivando pro-
blemas de salud resulta la causa primaria.
Mostrando que a mayor nivel de estudio las ocupaciones limitan el interés por
la práctica en cambio entre quienes menos nivel los problemas de salud son potenciales
indicadores del abandono.
6.3.4. Según la situación laboral.
Las condiciones laborales pueden ejercen cierta influencia en las causas que
conduce a los sujetos que luego de haber sido activos durante algún tiempo al abando-
no de la práctica.
Para Ruiz Juan y García Montes (2005), este comentario resulta negativo entre
los almerienses quienes al cabo del estudio observan que los motivos de abandono en-
tre todas las ocupaciones laborales son similares, es decir, no se producen diferencias
significativas. Estos autores encuentran que entre las amas de casa, jubilados y quienes
desempeñan actividad alguna citan los mimos motivos variando en el orden de men-
ción, pero citan que los problemas de salud, no disponer de tiempo, pereza o desgana y
las obligaciones laborales han obligado al abandono de la práctica físico-deportiva.
Motivos similares se presentan entre los sevillanos (Porras, 2006), pues las amas
de casa citan que los problemas de salud, el avance de la edad y las ocupaciones y obli-
gaciones familiares limitan la continuidad. Por su parte para los trabajadores la incom-
patibilidad con las labores, los problemas de salud y la edad son otros motivos de
abandono. En tanto, para los jubilados por problemas de salud que afrontan son las
principales causas y la incompatibilidad de horarios.
En el caso de los habaneros, como citan Ruiz Juan et al. (2005b), la carencia de
salud, el gusto por otras actividad y no contar con instalaciones resultan las principales
causas de abandono entre las amas de casa. Ocurriendo de igual manera entre quienes
trabajan y los jubilados.
Podríamos decir que los motivos de abandono de práctica físico-deportiva son
similares en las poblaciones, surgiendo aspectos tanto internos como externos.
El motivo de abandono más aludido por la población de tercera edad en la ma-
yoría de países desarrollados es la falta de tiempo. Sin embargo, otros países latinoa-
mericanos como Perú y Argentina señalan además, la falta de instalaciones y las que
existentes, no están en condiciones de uso.
Entre hombres y mujeres ocurre lo mismo, ambos citan que la falta de tiempo,
incompatibilidad con el horario y la falta de salud, como los motivos de abandono de
la actividad físico-deportiva de tiempo libre.
Entre la juventud el motivo más citado es la falta de tiempo, seguido por la in-
compatibilidad con horarios ocasionados por los estudios o trabajo y la salud. Este
comportamiento se podría justificar si consideramos que en las etapas de la juventud y
adultez, el sujeto se encuentra en etapas de productividad, compromisos sociales y
familiares, dando mayor importancia a estudios y trabajo, orillando quizá al abandono
de la práctica de tiempo libre.
Respecto a los adultos mayores, la falta de tiempo, también resulta la causa
principal, ocurriendo de igual manera con el avance de edad, problema de salud y
desgana, este presente asociaciones con las condiciones morfofuncionales del sujeto,
los problemas de salud en esta etapa se incrementan, reduciendo a posible continuidad
de la práctica. Se aprecia que en algunas poblaciones, tanto los que poseen mayor nivel
como menor nivel, la razón más frecuente de abandono son debido a motivos intrínse-
cos, como la pereza y desgana, la salud y la edad.
Sucede lo mismo con las amas de casa, los que trabajan y los jubilados, abando-
nan la práctica físico-deportiva, principalmente, por motivos intrínsecos como la salud,
pereza y desgana y por la edad, además de los motivos extrínsecos como la falta de
tiempo y los problemas familiares.
Parece que el comportamiento de abandono de la práctica físico-deportiva de
tiempo libre, tiene relación con la perdida de la motivación por diferentes circunstan-
cias y factores, como los económicos, ambientales y culturales y probablemente, la falta
de una promoción de actividad físico-deportiva considerando las posibilidades de los
sujetos.
6.4. Motivos por los que nunca realiza actividad físico-deportiva.
Debemos suponer que no es posible encontrar sujetos que nunca hayan realiza-
do actividad físico-deportiva principalmente en etapas de la infancia, sin embargo, con
el incremento de la edad este comportamiento es más acusado (Balaguer et al., 1999;
Gálvez, 2004).
En la revisión de la literatura este comportamiento, encontramos que los moti-
vos por los que nunca practican actividad física de tiempo libre son variados. Como se
puede apreciar en los resultados de Ruiz Juan (2001) en alumnos de ESPO y del segun-
do ciclo de la Universidad de Almería la carencia de tiempo y porque en los estudios o
el trabajo exigen demasiado, han sido las principales razones.
Similares resultados se observan en la población universitaria de Almería, se-
gún Hernández et al. (2001) y Hernández et al. (2002) encontraron que el motivo prin-
cipal fue la falta de tiempo, seguido de pereza y desgana y salir muy cansado del traba-
jo o de los estudios.
Las aportaciones de Sánchez et al. (2003), muestran que los estudiantes grana-
dinos nunca practican actividad físico-deportiva primordialmente, por escasez de
tiempo y porque exigen esfuerzo.
En los adolescentes murcianos de 14 a 17 años, Gálvez (2004) muestra que las
responsabilidades de los estudios han limitado la posible práctica de tiempo libre, se-
ñalando principalmente, la falta de tiempo, porque no tienen instalaciones cerca y fi-
nalmente, porque no se les da bien.
Esto coincide con los resultados de Ruiz Juan et al. (2005a) quienes muestran
que los universitarios de Almería nunca han practicado actividad física por la carencia
de tiempo, pereza o desgana y por problemas de salud. Es decir, la escasez del tiempo
sigue estando presente en la mayoría de las poblaciones como la razón para no haber
participado. El cuál como según podemos observar viene sucediendo desde hace algu-
nos años (Ispizua, 1993; Rebollo y García Montes, 1996 y Riera, 1996), junto a otros co-
mo la falta o complejidad de la organización y el costo de la actividad deportiva.
En una encuesta realizada en la población española (García Ferrando, 2003) y en
particular en la andaluza (Otero, 2004), se muestra que nunca han practicado actividad
física por falta de tiempo, porque no le gusta y por pereza y desgana.
Según estudios de García Ferrando (2005), quien en la encuesta nacional espa-
ñola en mayores de 15 años, analiza este comportamiento en dos momentos tempora-
les, observa que los motivos por los que nunca practicaron actividad física en el año
2000, fueron señalados los mismos motivos, cinco años después (2005), en orden priori-
tario fueron: por que no tienen tiempo, por que no le gusta, por la edad y por que sale
muy cansado del trabajo o el estudio. Es decir, en cinco años, este comportamiento no
se modificó.
Estudios transversales como el llevado a cabo por Ruiz Juan y García Montes
(2005), ponen de manifiesto que los almerienses no practican actividades físicas porque
la falta de tiempo ha sido la principal causa, mostrado ser una población con alto índi-
ces de pereza y desgana.
Al observar los motivos de no práctica en el adulto mayor, Cuevas (1994) en-
cuentra que en la Comunidad Autónoma Andaluza los sujetos nunca ha participado en
actividades física y deportivas por la falta de tiempo, además del avance en la edad, no
gustan de la actividad, problemas de salud y la aparición de lesiones.
López y Rebollo (2002) indican que los sujetos nunca practican actividad física
por falta de tiempo, porque no les gusta el deporte, la edad y pereza o desgana. Mos-
trando quizá que esta población desconozca la importancia de actividad físico-
deportiva, prefiriendo permanecer pasivos y conformistas, formando parte del grupo
de los sedentarios (Vallerand, 2004). En tanto Jiménez, Martínez et al. (2002) muestran
que en la población de tercera edad de Alcalá, porque son mayores, por algún impe-
dimento físico, no se consideran hábiles y carecen de tiempo.
Similar comportamiento se observan entre los granadinos quienes indican que
la escasez de tiempo ha limitado la práctica y además porque está requiere demasiado
esfuerzo (Sánchez et al., 2003). Recientes estudios, como los llevados a cabo por Valero
et al. (2007), encuentran la población mayor de 59 años de la provincia de Almería alu-
de la falta de tiempo, como la principal causa, seguido de carecer de una buena salud o
por pereza o desgana. Ocurriendo de igual forman entre los sevillanos (Romero (2007).
Motivos diferentes descubren Molero y Guillen (2007), indican que los adultos
de Córdova pertenecientes al Centro del Ayuntamiento de Fernán Núñez, confiesan
que nunca practican actividad física porque después les duele el cuerpo, porque se
cansan demasiado y porque no obtienen ningún beneficio para sus enfermedades. Es
decir, aún cuando pertenecen a un centro con actividades físicas debidamente progra-
madas, muestran resistencia a ésta.
En otros países europeos la falta de tiempo también tiene fuerte presencia. Vuo-
ri y Fentem (1996) reporta que en Finlandia, esta población nunca practica por falta de
tiempo, fatiga, desinterés y por último, por falta de sitios adecuados.
Hirvensalo et al. (1998) realizaron un estudio longitudinal (1988 a 1996) en Fin-
landia, reunidos en dos grupos (65 a 74 y 75 a 84 años). Encontraron que los sujetos de
65 años, nunca practicaron por carecer de salud y cuando tenían 74 años, ocurría lo
mismo, además de falta de interés. Los sujetos que tenían 75 años indicaron también
como primer motivo la salud pobre y cuando tenían 84 años indicaron el mismo moti-
vo, por falta de interés pero en mayor porcentaje. Es decir, en esta población los moti-
vos no cambiaron, mostrando que aunque pase el tiempo los motivos siguieron siendo
los mismos.
sas mas citadas por los hombres (Ruiz Juan et al., 2005b), ocurriendo de igual manera
con las mujeres.
En cambio, para las mujeres costarricenses (Garita, 2006), refieren principalmen-
te la pérdida de la feminidad y por discriminación, en tanto los hombres señalan tener
problemas de salud. Al observar lo que sucede entre los argentinos, Erdociaín et al.
(2000) refieren que los hombres citan la falta de tiempo, salud e interés. En tanto las
mujeres disponen de poco tiempo, no cuentan con recursos financieros y problemas de
salud.
Estos datos nos permiten observar que, en ambos sexos, la falta de tiempo y
buena salud resulta la principal causa para no haber realizado nunca práctica físico-
deportiva.
6.4.2. Según la edad.
La edad es una variable que se asocia con el comportamiento de los sujetos en la
no práctica físico-deportiva de tiempo libre. Como podemos observar el estudio de
Cabañas et al. (2004), la población española de León mayor de 25 años, los más jóvenes
(menores de 45 años) nunca practican actividad física, porque se lesionan y se cansan.
Motivos diferentes fueron reportados años anteriores por Hernández, et al.
(2002) quienes refieren que los miembros de la comunidad universitaria de Almería
entre 21 y 30 años, nunca practicaron actividad física por falta de tiempo, pereza o des-
gana y porque salen muy cansados del trabajo.
Ruiz Juan y García Montes (2005), al analizar la población almeriense con rela-
ción a la edad, encontraron que los sujetos de 15 a 29 años señalan, en mayor porcenta-
je, porque no les gusta o porque no tienen ganas de practicar alguna actividad y carecer
de tiempo para la práctica.
En otro estudio realizado en la población universitaria (Ruiz Juan et al., 2005a),
encontraron que el grupo de universitarios con mayor porcentaje de no practica de
actividad física, se localiza entre los 18 y 20 años, señalando la falta de tiempo, salir
cansados del trabajo o estudio, siendo poco probables en estos grupos tener pereza y
desgana como sucede en otros grupos de edad.
Ahora bien, dichos motivos resultan ser similares entre los habaneros de 16 a 29
años, quienes como apuntan Ruiz Juan et al. (2005b), la pereza o desgana es la principal
causa, seguido de un bajo interés y porque no disponen del tiempo adecuado para la
práctica, ocurriendo de igual manera entre quienes tienen 30 a 44 años.
Vale la pena resaltar que para Cabañas et al. (2004), en los leones mayores de 40
años los problemas de salud es la causa principal que ha limitado su participación.
En cambio, Ruiz Juan y García Montes (2005), encontraron que, en los sujetos de
entre los 30 y 59 años, la causa principal ha sido la falta de tiempo, no tienen ganas de
practicar alguna actividad física o porque no gustan de realizar actividad física.
Al realizar un análisis en la población adulta, Hernández et al. (2002), se mues-
tran preocupados porque la falta de tiempo resulta la principal causa de no práctica
nunca de los almerienses, además porque tienen pereza o desgana y han salido cansa-
dos del trabajo. Años más tarde, Ruiz Juan y García Montes (2005), muestran que los
sujetos mayores de 60 años dicen no practicar, principalmente, por carecer de salud, no
gustan de la práctica o por bajo interés derivado de la pereza o desgana. Ocurriendo de
igual manera entre los habaneros mayores de 45 años (Ruiz Juan et al., 2005b).
Por tanto, observamos que en los adultos mayores, las enfermedades resulta la
principal causa que ha limitando la posibilidad de practicar actividades físicas, con el
cual suponemos habrán surgido algunos padecimientos que están afectando a estas
poblaciones, producto del sedentarismo e inactividad física.
6.4.3. Según el nivel de estudios.
El nivel de estudios es otro correlato que está fuertemente relacionado con la
ausencia de la práctica físico-deportiva en los sujetos. En estudios realizados en los
granadinos, Rebollo y García Montes (1996), encontró que los sujetos con menor nivel
de estudios, no practican ninguna actividad físico-deportiva, principalmente, por no
tener tiempo y por la edad.
Similar comportamiento refieren los almerienses, donde Ruiz Juan y García
Montes (2005), exponen que quienes tienen mayor nivel de estudios la falta de tiempo
ha sido la principal causa de no práctica derivado a las múltiples ocupaciones, a esto
agregar que algunos muestran bajo interés porque manifiestan no gustarles la práctica
y la actividad les causa pereza o apatía. En tanto entre quienes muestran menor nivel
de estudios los problemas de salud, carencia de tiempo y desinterés por la misma.
Esta situación se presenta en los Estados Unidos de Norte América, donde tam-
bién los que poseen menor nivel de estudios (MMWR, 2000), aluden la falta de tiempo
y la salud. Coincidiendo con los resultados encontrados en la misma población por
King (2001) quien señala que los adultos mayores con menor nivel de estudios, tam-
bién presentan menores niveles de práctica de actividad física. Estos motivos aludidos
también por los sujetos de países latinoamericanos como Cuba (Ruiz Juan et al., 2005b).
Significando un grave problema en los sujetos con bajo o alto nivel de estudios,
es decir, observamos que los motivos por el cual, los sujetos nunca han participado en
actividades físico-deportivas de tiempo libre afectan por igual a los sujetos.
6.4.4. Según la situación laboral.
Los comportamientos de los sujetos están definidos por los patrones de conduc-
ta, los cuales pueden ser positivos o negativos (Dosil 2004). En la práctica de actividad
física podemos apreciar la existencia de diferentes variables ante las cuales el sujeto
tiene determinado comportamiento. En este contexto, se observa que la situación labo-
ral, es una variable que se correlaciona con la práctica físico-deportiva.
Atendiendo esta variable, se puede apreciar en estudios de Otero (2003), los su-
jetos que aún laboran en esta etapa de la vida, señalan que la práctica de actividad físi-
ca, les quita mucho tiempo debido a las múltiples ocupaciones y además luego de con-
cluida las actividades terminan cansados razón por el cual no participan. Gálvez
(2004), considera que la falta de tiempo es debido a las actividades escolare o labora-
bles resultan las principales causas de no práctica, además que no haber realizado nun-
ca práctica es causa de un bajo interés. Sin embargo, estos argumentos puede estar
ocultando las verdaderas no practicar actividad físico-deportiva.
Ruiz Juan y García Montes (2005), encontraron en la población almeriense que
las amas de casa, quienes trabajan y jubilados la causa más común para no haber parti-
cipado nunca en actividades físico-deportivas se derivan de problema de salud, caren-
cia de tiempo o desinterés por la misma. Motivos similares son citados por los habane-
ros (Ruiz Juan et al., 2005b). Evidenciando que no gozar de una buena salud resulta la
principal barrera que obstaculiza la práctica (Schutzer y Graves, 2004).
A modo de conclusión del apartado, se aprecia que los motivos por los que
nunca practican actividad son multifactoriales, existen muchas cuestiones que deberían
abordarse para alcanzar un conocimiento más completo sobre los motivos que llevan a
los sujetos a no practicar ninguna actividad.
Se puede anticipar la noción de que la relación que mantiene cada individuo
con la práctica físico-deportiva, reviste un carácter muy personal, dado que los motivos
que conducen a la población a nunca practicar actividad físico-deportiva en su tiempo
libre, está sujeto a diversos motivos tanto intrínsicos como extrínsecos.
Entre hombres y mujeres lo motivos son similares falta de tiempo, salud, pereza
o desgana y porque no les gusta. Ocurriendo a su vez entre los más jóvenes, respecto a
los adultos. Respeto al nivel de estudios los motivos suelen ser los mismos entre quie-
nes tienen un alto o bajo nivel. No produciéndose grandes diferencias entre realizar
una u otra actividad profesional, obrera, casa o jubilado.
Por tanto, la inactividad es propia de aquellos sujetos que no perciben las even-
tualidades entre lo que hacen y dejan de hacer, cayendo en una pasividad e incompe-
tencia, volviéndose conformistas (Dosil, 2004). Por tal no se comprometen con ninguna
actividad física, anteponiendo y justificándose con múltiples motivos.
6.5. Análisis y discusión de los resultados.
En epígrafes anteriores hemos comentando que la práctica físico-deportiva en
los sujetos activos es multifactorial (Sallis y Owen, 1999). En este apartado, nos
centraremos, en contrastar los datos obtenidos en otras investigaciones respecto a la
nuestra, en las causas o motivos que han conducido a la población objeto de estudio a
iniciar, mantener, abandonar práctica físico-deportiva de tiempo libre o nunca haberla
realizado.
Analizaremos en primera instancia aquellos motivos que incitaron a los adultos
mayores a realizar práctica físico-deportiva y la evolución de éstos a través de las dife-
rentes etapas de vida.
6.5.1. Motivos de práctica de actividad físico-deportiva de tiempo libre de los
adultos mayores de 60 años del municipio de Tapachula (México).
Recordando la pregunta ¿Cuál diría usted que fueron los motivos por los que
practicaba actividades físico-deportivas en el tiempo libre?, ofrecimos nueve ítems que
según la literatura son citados con frecuencia por estas poblaciones, y su vez, con op-
ción a indicar alguna que se encontrara en dichas causas.
Hemos observado como la práctica físico-deportiva es considerada un elemento
esencial en la promoción de la salud y calidad de vida para todos los sectores de la po-
blación. Por ello consideramos necesario comprender como se ha citado las causas que
indujeron a la población objeto de estudio a realizar práctica, abandonar o no practicar
nunca en las diferentes etapas de la vida (dependencia familiar, independencia familiar
y actualidad).
Por competir
0 10 20 30 40 50 60 70 80
Según los resultados obtenidos se aprecia que los motivos de práctica han sido
diferentes en cada una de las etapas de vida (tabla 6.1 y figura 6.1). Cuando los sujetos
eran dependientes de la familia elegían realizar práctica porque consideraban que esta
era el conducto para divertirse y resultaba ser una distracción (55,4%), permitía estar
en forma (42,6%), podrían competir (36,6%), permitía conocer nuevas personas (5,6%) o
buscaban mantener y mejorar su salud (15,7%). Al encontrarse en la independencia
familia, los motivos resultan similares respecto a la primera etapa, solo que el orden
presenta variaciones. Citan que participaban en actividades física y deportivas porque
se divertían y distraen (45,2%), buscaban estar en forma (44.8%), mantener y mejorar su
salud (39,1%), conocer más personas (36,8%) y competir (25,3%). Resulta sorprendente
que al encontrarse en la etapa actual (adulto mayor), la práctica se realiza principal-
mente por salud (73%), es decir siete de cada diez cita esta razón como la principal cau-
sa para ejercitarse, mostrando una latente preocupación por el cuidado y prevención
de enfermedades, seguido porque la actividad divierte y distrae (35,7%), permite cono-
cer nuevas personas (34,9%), estar en forma (26,2%) y es un conducto para relajarse
(15,1%).
La elección de realizar práctica por salud, confirma los resultados del apartado
de sentimiento de soledad (tabla 6.1) donde el 76,6% manifestó que en este momento lo
que más le preocupa es la salud, confirmando las conclusiones de Pavón et al. (2003),
quienes señalan que una de las principales preocupaciones de los sujetos al superar los
sesenta años, tener y mantener un óptimo estado de salud es una preocupación cons-
tante.
También valdría la pena destacar que durante las etapas previas, principalmen-
te la juventud los sujetos realizaban práctica por divertirse, estar en forma y competir,
motivos que presentan altos valores porcentuales los cuales disminuyen al pasar a la
siguiente etapa, siendo poco citadas en la actualidad (etapa de adulto). Evidenciando
como hemos citado previamente un incremento por salud conforme avanza la etapa de
vida.
Estos resultados muestran cierta homogeneidad con otras poblaciones, pues al
contrastarles con otros, particularmente con los estudios españoles, observamos que
Arribas y Arruza (2004), Cantón (2000), García Ferrando (2003), Porras (2006), Ruiz
Juan y García Montes (2002) y Ruiz Juan et al. (2005a), manifestaban que los sujetos de
las diversas poblaciones observadas manifestaban tener similares motivos de práctica
en la juventud, lo cual hace suponer que las inquietudes de las poblaciones eran simila-
res, a pesar de la diversidad de las épocas en la cuál se encontraban las poblaciones. Es
decir, luego transcurrir aproximadamente sesenta años, los motivos de épocas anterio-
res presentan cierta coincidencia con citados por los jóvenes españoles de los últimos
20 años, mostrado que las preferencias resultan similares. Resaltando que los motivos
por estética y ocio no figuraban tiempo atrás como sucede en la actualidad. Ocurriendo
de igual manera entre los jóvenes colombianos (Martínez, 2003) y cubanos (Ruiz Juan,
et al., 2005b).
Respecto a la etapa de adulto, podemos apreciar una preferencia de práctica por
salud, coincidiendo con otras poblaciones que manifiestan realizar actividades físicas y
deportivas principalmente por esta razón (López y Rebollo, 2002; Vallejo et al., 2002).
Difiriendo de los encontrados por Campos y Castro (2007), Porras (2006) y Romero
(2007), cuyas poblaciones muestran que la práctica es realizada por recomendación
médica o familiar y reducción de peso, evidenciando una fuerte inclinación por aspec-
tos extrínsecos. Es decir, estos sujetos no se comprometen con la actividad física por
voluntad propia, lo hacen por obtener alguna recompensa, coincidiendo con las afir-
maciones de (Phillips et al., 2004).
Según recordamos los adultos mayores de nuestra población mencionan reali-
zar práctica físico-deportiva por diversión y disfrute al igual como sucede entre los
irlandeses del norte (Campbell et al., 2001) y los estadounidenses (CDC, 2003). Desta-
cando que para estas poblaciones la práctica por estar en forma no resulta una priori-
dad como sucede en la nuestra. Mostrando una preocupación por la apariencia corpo-
ral, debido a los estereotipos que hoy en día marca la sociedad.
En etapas de la juventud nuestros sujetos practicaron actividades físicas por
motivos intrínsecos, principalmente por distraerse y divertirse. Sin embargo al llegar a
la etapa de adulto mayor este comportamiento se modifica y los motivos cambian, de
tal forma que siete de cada diez sujetos practican por motivos de salud, coincidiendo
con otras poblaciones particularmente con los estudios españoles.
[Link]. Según el sexo.
Los datos estadísticos de Chi cuadrado, indican que, solamente en la primera
etapa (dependencia familiar), existe diferencia estadísticamente significativa entre esta
variable y los motivos de práctica. Se puede apreciar que el motivo estar en forma, es
claramente elegido por los hombres (70,5%), respecto a las mujeres (29,5%). Éstos están
más de cinco puntos porcentuales por encima del promedio general de la muestra y
cuarenta unidades porcentuales de diferencia entre ambos sexos (tabla 6.2). Los demás
motivos muestran porcentajes similares al promedio central de la muestra.
Respecto a las etapas de independencia familiar y adulto mayor, no se encuen-
tran diferencias estadísticamente significativas, mostrando que hombres como mujeres,
tienen similares motivos para realizar práctica físico-deportiva de tiempo libre.
Podemos apreciar que durante la juventud, la preocupación por estar en forma
es evidente entre los varones, quienes se muestran más preocupados por los aspectos
personales que las mujeres, coincidiendo con los comentarios de (Campbell et al., 2001;
Mico et al., 2002; Pavón et al., 2003).
Sin embargo, estos motivos pueden ser modificados con el paso de una etapa a
otra (como sucede en nuestros sujetos), de tal forma, que al llegar a la tercera etapa, los
motivos de práctica son valorados similarmente por varones y mujeres.
Recordando que hemos recurrido a la memoria y que nuestros resultados pro-
ceden de hace aproximadamente medio siglo, podemos observar que las presencias de
nuestra población respecto a algunos estudios resultan similares, cuando la práctica es
realizada por estar en forma, coincidiendo con los datos obtenidos por Ispizua (1996),
Ruiz Juan et al. (2005a) y Weinberg y Could (2000). Difiriendo de las aportaciones de
Canales y Perich (2003) y Pavón et al. (2003), quienes refieren que los hombres practi-
can por diversión, placer y disfrute y las mujeres, por motivos extrínsecos como la esté-
tica. Confirmando los comentarios de Ruiz Juan y García Montes (2005) y Porras (2006)
quienes manifiestan que, en estas etapas, los hombres practican por motivos intrínse-
cos y las mujeres por los extrínsecos.
Nuestros resultados difieren de los datos obtenidos por Ruiz Juan et al. (2005b)
en los habaneros y Martínez (2003), con los colombianos quienes encuentran diferen-
cias en los motivos de práctica entre hombres y mujeres.
En la etapa de adulto mayor, los hombres y las mujeres de nuestro estudio, alu-
den similares motivos de práctica entre ellos, pero no coinciden con los resultados de
Barnes y Schoenborn (2003), Impollino (2001), Mora et al. (2004), quienes refieren que
en esta etapa, ambos sexos muestran preferencia por su salud.
En etapas de la juventud, la preocupación por estar en forma es evidente entre
los varones más que en las mujeres, quienes se muestran más preocupadas por los as-
pectos personales. Sin embargo, al llegar a la tercera etapa, nuestros datos indican que
0 10 20 30 40 50 60 70
con frecuencia en todas las etapas, como sucede en países desarrollados y vías de des-
arrollados, a lo cual Sallis (1999), señala que la falta de tiempo no corresponde a la rea-
lidad.
Nuestros resultados de las etapas de la juventud, coinciden con los resultados
de Arribas y Arruza (2004), Cantón (2000), Otero (2004), Porras (2006), Ruiz Juan et al.
(2005a), Ruiz Juan y García Montes (2005). Siendo diferentes a los obtenidos por García
Ferrando (2005).
En lo que respecta a los adultos mayores, encontramos motivos diferentes a los
que señalan Erdorciaín et al. (2000), Porras (2006), Romero (2007), Ruiz Juan et al.
(2005b), Seclen y Jacoby (2003).
Se puede observar que nuestra población en etapas de la juventud, abandonó la
práctica por falta de tiempo, probablemente esta relacionado con las múltiples respon-
sabilidades propias de la etapa como la familia, el trabajo y el estudio. Pero los adultos
mayores tapachultecos abandonan la práctica principalmente por motivos de salud, en
tanto que, en otros por falta de tiempo.
El trabajo, el estudio y las obligaciones familiares en etapas de la juventud, son
los principales motivos de abandono de la práctica física, destacando la carencia de
tiempo. En la etapa de adulto mayor, además de este motivo, los sujetos lo hacen por
problemas de salud.
[Link]. Según el sexo.
Los datos indican que en la primera etapa no existen diferencias estadística-
mente significativas entre los motivos de abandono y el sexo. Los porcentajes se locali-
zan en torno al promedio general de la muestra. Es decir, ambos sexos citan motivos
similares que han conducido al abandono de la práctica físico-deportiva de tiempo
libre. En la segunda etapa se producen algunas diferencias, caso particular en proble-
mas económicos que afectan más a los hombres (62,2%) que mujeres (37,8%). Respecto
al resto, no existen diferencias significativas. Y en adulto mayor solo se producen dife-
rencias cuando el abandono se produce por cuestiones de salud, siendo las mujeres
(49%) las más afectadas, con más de siete puntos porcentuales por encima del prome-
dio general (tabla 6.7). Por tanto, el sexo es un correlato que esta relacionado con el
abandono de la práctica de actividad físico-deportiva de tiempo libre.
En nuestros resultados podemos observar, que los motivos de abandono son co-
incidentes con las afirmaciones de Weinberg y Could (1996), quienes señalan que en
algunas poblaciones, los motivos de abandono, son diferentes entre los hombres y las
mujeres. Sin embargo, no son coincidentes con los obtenidos por Porras (2006), Ruiz
Juan y García Montes (2005), Ruiz Juan et al. (2005a) y Ruiz Juan et al. (2005b), al referir
que tanto hombres y mujeres dejan de participar por la incompatibilidad de los hora-
rios, tener pereza y desgana y la falta de tiempo.
De igual manera nuestros resultados no coinciden con las afirmaciones de
Weinberg y Could (2000), quienes resaltan que las mujeres abandonan la práctica de
tiempo libre, por motivos extrínsecos, sin embargo, en nuestro estudio parece que los
intrínsecos resultan la principal causa.
Los motivos de abandono son diferentes en cada una de las etapas de la vida en
hombres y mujeres. En etapas de la juventud, los hombres lo hacen por motivos extrín-
secos como los motivos económicos. Pero en la etapa de adulto mayor, las mujeres más
que los hombres lo hacen por motivos intrínsecos como la salud. Es decir, las necesida-
des de los hombres de destinar largas jornadas de trabajo, se ven limitados para conti-
nuar con la práctica. Por otro lado, las mujeres cuando llegan a esta etapa de la vida, lo
hacen por problemas de salud.
[Link]. Según la edad.
Recordamos que con la edad las posibilidades de abandonar la práctica son al-
tas, debido a la influencia y correlación de que se produce entre variables. En nuestros
datos, los resultados muestran que no existen diferencias estadísticas significativas
entre los seis grupos de edad y los motivos de abandono, debido a que los valores por-
centuales dejan ver la similitud entre los menos viejos (60 años) y más viejos (96 años)
en las tres etapas. Es decir, en este momento de la vida esta población alude motivos
similares de abandono de práctica (tabla 6.8). Evidenciando que la edad no es una va-
riable que influya en el abandono de la práctica. Sin embargo, se debe precisar que los
datos, pueden tener sesgos significativos, porque hemos acudido al recuerdo de más
de 40 años.
Tras el análisis apreciamos que estos resultados no coinciden con los comenta-
rios de (Bagur, 2005), quien afirma que con el incremento de la edad, aumentan los
índices de abandono. En cambio, existen estudios (Porras, 2006; Ruiz Juan y García
Montes, 2005; Ruiz Juan et al., 2005; Ruiz Juan et al., 2005b) que confirman las palabras
de Bagur.
En este estudio la edad no es un correlato que influya en el abandono de la
práctica, pero debemos precisar que los datos pueden tener sesgos significativos debi-
do a que hemos acudido al recuerdo de más de sesenta años y este puede ser impreci-
so.
[Link]. Según el nivel de estudios.
Respecto a esta variable, nos percatamos que no se producen diferencias esta-
dísticas significativas con los motivos de abandono de práctica físico-deportiva en las
tres etapas. Pues los resultados presentan valores porcentuales muy similares entre
quienes alto y bajo nivel de estudios (tabla 6.9). Mostrando que el nivel de preparación
académica no es una variable que influya en las causas que han inducido a los sujetos
al abandono de la práctica en ninguna de las tres etapas de la vida, al menos en esta
población.
Es conveniente mencionar que existen pocas investigaciones que señalan que el
nivel de estudios sea una variable relevante, en relación al abandono de la práctica físi-
co-deportiva.
Al contrastar nuestros resultados, encontramos que no coinciden con los datos
obtenidos por Porras (2006), Ruiz Juan y García Montes, (2005) y Ruiz Juan et al.
(2005b), quienes exponen que cuando los sujetos muestran mayor nivel de estudios los
motivos abandonan la práctica porque carecen de tiempo por la incompatibilidad con
el trabajo o estudios, y entre quienes tienen menor nivel es debido a que tienen pereza
o desgana, así como el avance de la edad.
En nuestro estudio, el nivel de estudios no es un determinante de abandono de
la práctica físico-deportiva de tiempo libre, los que poseen bajo nivel y los que poseen
alto nivel de estudios, tienen similar comportamiento para abandonar dicha actividad,
en las tres etapas de la vida
[Link]. Según la situación laboral.
El tratamiento estadístico indica que en la etapa de dependencia familiar e in-
dependencia familiar, no existen diferencias estadísticas significativas entre las diferen-
tes categorías laborales y las causas que han inducido al abandono de la práctica, dado
que los valores porcentajes se localizan en torno a la media general de la muestra. Mos-
trando que, tanto quienes trabajan o no, están jubilados o pensionados y las amas de
casa, tienen similares motivos de abandono.
Sin embargo, en la actualidad (adulto mayor) existen diferencias estadísticas
significativas con los jubilados y pensionados quienes manifiestan haber abandonado
la práctica por problemas de salud (30,0%). En el resto, los porcentajes son parecidos al
promedio central (tabla 6.10). Mostrando que, el abandono de la práctica, en la tercera
edad, se encuentra relacionado con los problemas de salud.
En contraste con otras investigaciones, encontramos similitud con los datos ob-
tenidos por Porras (2006), Ruiz Juan y García Montes (2005) y Ruiz Juan et al. (2005b),
particularmente con los jubilados, quienes han dejado la práctica por motivos de salud.
No siendo así en otras categorías.
En etapas de la juventud los motivos de abandono de la práctica física son si-
milares entre las diferentes categorías de la situación laboral. Podemos decir que en la
en las dos primeras etapas la situación laboral no es un determinante que condicione el
abandono de dicha práctica. Sin embargo, en la etapa de adulto mayor, el abandono se
encuentra relacionado con las enfermedades, principalmente en los jubilados y pensio-
nados.
6.5.3. Motivos por los que nunca han realizado actividad físico-deportiva de
tiempo libre los adultos mayores de 60 años del municipio de Tapachula (México).
No realizar práctica de tiempo libre resulta preocupante debido a las múltiples
situaciones negativas que genera la inactividad física. Es por ello que en este apartado
analizaremos que causas han llevando a los sujetos a no realizar práctica físico-
deportiva en las diferentes etapas de vida.
A la pregunta ¿Cuál diría usted que fueron los motivos por los que nunca prac-
ticó actividades físico-deportivas?, se dieron siete opciones de respuesta (Porque estaba
muy cansado, no me daban permiso, no tenía tiempo, no me gustaba, por enfermedad,
por pereza y otros). Para facilitar el análisis, hemos considerado los primeros.
Observamos que durante la primera etapa (dependencia familiar), los sujetos
dicen no haber practicado nunca porque no les daban permiso (64,8%), falta de tiempo
(60,2%) y porque no gustan de la actividad física (23.8%). Motivos similares fueron
Por enfermedad
Por pereza
No tenía tiempo
No me daban permiso
0 10 20 30 40 50 60 70 80
Figura 6.3.- Motivos por los que nunca realiza actividad físico-deportiva la
población de Tapachula mayor de 60 años en la etapa de dependencia
familiar, independencia familiar y en la etapa de adulto mayor de 60 años.
Jiménez, et al. (2002), Molero y Guillen (2007) y Vuori y Fentem (1996), al encontrar que
los sujetos dicen no haber practicado nunca por falta de interés, salud y no ser hábiles.
En nuestro estudio, las obligaciones laborales, la familia y los estudios, son los
motivos por los que nunca practicaron actividad física, mostrando una tendencia simi-
lar en las dos primeras etapas de la vida. Sin embargo, en la etapa de adulto mayor los
motivos son diferentes, las enfermedades y la pereza tienen mayor influencia en la de-
cisión de no practicar ninguna actividad.
[Link]. Según el sexo.
El tratamiento estadístico realizado, indica que existen diferencias significativas
entre el sexo y los motivos de no práctica. Al observar los datos de la primera etapa,
encontramos que los hombres citan como principal obstáculo con similares valores
porcentuales no contar con permiso (42,7%) y por escasez de tiempo (42,4%). En tanto,
las mujeres señalan no realizar porque no gustan de la actividad física (76,3%), carecer
de tiempo (57,6%) o no contaban con permiso para realizarla (57,3%).
En la segunda etapa, podemos observar que los hombres nunca practicaron,
porque estaban muy cansados (46,6%), no tenían tiempo (43,6%) y porque no le gusta-
ba la actividad física (26,6%). Similares motivos indican las mujeres pero, en diferente
orden, primeramente señalan porque no les gustaba la actividad física (73,4%), por
escasez de tiempo (56,4%) y porque estaban muy cansadas (53,8%).
En lo que respecta al adulto mayor ambos sexos relatan que la carencia de
tiempo (mujeres 51,9%, hombres 48,1%) se mantiene como el principal obstáculo.
Mostrando que la falta de tiempo ha sido y mantenido la principal barrera que
ha afectado a lo largo de la vida tanto a hombres como mujeres (tabla 6.12). Por lo tan-
to, el sexo es un correlato que se asocia con las diferentes causas que han inducido a no
haber practicado nunca actividades físicas y deportivas de tiempo libre.
Al contrastar nuestros resultados con otras investigaciones más recientes, en-
contramos que en etapas de la juventud son coincidentes con los datos que muestran
Erdociaín et al. (2000), Gálvez (2004), García Montes et al. (2001), Ispizua (1993), Ruiz
Juan y García Montes (2005), Ruiz Juan et al. (2005a) y Ruiz Juan et al. (2005b).
Sin embargo, en la etapa de adulto mayor nuestros resultados de hombres y
mujeres no coinciden con Garita (2006), Hirvensalo et al. (1998) y Valero et al. (2007).
Quienes aluden falta de interés, falta de salud, perdida de feminidad y discriminación
como los motivos fundamentales por los que nunca realizan actividad físico-deportiva.
En etapas de la juventud, los hombres tienen como barrera principal la negación
de la autorización y escasez de tiempo para la realización de actividad física y las mu-
jeres porque no desarrollaron el gusto por la práctica física. Pero en la etapa de adulto
mayor, las mujeres son las que reclaman tiempo para realizar la práctica física.
[Link]. Según la edad.
En cuanto a los grupos de edad, los datos indican que, en las dos primeras eta-
pas (dependencia familiar e independencia familiar), no existen diferencias significati-
vas, los porcentajes de los motivos por los que nunca hicieron actividad, en cada uno
de los grupos de edad son similares, pero con una clara tendencia a disminuir de una
etapa a otra. Mostrando que durante la etapa de juventud, los sujetos mantuvieron los
mismos motivos.
En cambio en la etapa actual (adulto mayor), se producen diferencias significa-
tivas, mostrando que entre los sujetos de menor edad no participar nunca en activida-
des físicas son debido a dolencias y enfermedades (30,4%) y por que causa pereza, con
dos puntos porcentuales por encima del promedio general (tabla 6.13). Siendo similar
en el resto de grupos de edad, mostrando que la edad es una variable que se asocia con
la no participación de práctica físico-deportiva.
Al contrastar nuestros resultados, encontramos las causas de no práctica duran-
te la juventud (dependencia e independencia familiar) difieren de los resultados obser-
vador por (Cabañas et al., 2004; Hernández et al., 2002; Ruiz Juan y García Montes,
2005; Ruiz Juan et al., 2005a y Ruiz Juan et al., 2005b).
Respecto a la etapa de adulto encontramos que nuestra población presenta simi-
litud en las causas de no práctica que citan los sujetos inactivos de Almería (Hernández
et al., 2002; Ruiz Juan y García Montes, 2005) y Habaneros (Ruiz Juan et al., 2005b). Es
decir, en la etapa de adultos mayores la mayoría de las poblaciones muestran no prac-
ticar actividad físico-deportiva por los problemas de salud.
En las etapas de la juventud los sujetos de los diferentes grupos quinquenales
mantuvieron los mismos motivos para nunca practicar actividad física. Sin embargo,
en la etapa de adulto mayores dolencias y enfermedades producen una flojera asociada
con la no participación en la práctica física desde los primeros años de esta etapa.
[Link]. Según el nivel de estudios.
Podemos observar que en las dos primeras etapas (dependencia familiar e in-
dependencia familiar), no existen diferencias estadísticamente significativas, los datos
presentan valores muy similares al promedio general de la muestra. Pero, en la etapa
de adulto mayor, se aprecian diferencias en aquellos que poseen bajo nivel de estudios,
particularmente cuando citan ser inactivos porque participar causa pereza (11,8%),
siendo similares entre el resto (tabla 6.14). En cambio, entre quienes tienen altos niveles
de estudio parece no producirse diferencias en cuanto a las causas de inactividad.
Contrastados con otras investigaciones, observamos que nuestros datos difieren
de los proporcionados por Rebollo y García Montes (1996), el MMWR (2000), King
(2001), y Ruiz Juan et al. (2005b). En cambio, estos son los datos de Ruiz Juan y García
Montes, 2005), quienes refieren que los almerienses nunca han practicado actividades
físicas por pereza y desgana, aunque las cifras son menores que la nuestra. Es decir,
señalan con mayor frecuencia la falta de tiempo y los problemas de salud entre quienes
tienen menor nivel de estudios. Son pocas las investigaciones que consideran al nivel
de estudios como una variable importante en los comportamientos, fundamentalmen-
te, en la población de adulto mayor, por esta razón merece la pena profundizar.
En esta población, los sujetos con alto y bajo nivel de estudios tienen similares
motivaciones en etapas de la juventud para nunca practicar actividad física. Pero en la
etapa de adulto mayor, los sujetos con menor nivel de estudios nunca practican activi-
dad física, por falta de ganas y por flojera. Es decir, a menor conocimiento, menor con-
ciencia de los beneficios de la práctica física
[Link]. Según la situación laboral.
El análisis estadístico indica que en las tres etapas existen diferencias estadísti-
cas significativas entre la situación laboral y los motivos por el cuál nunca han practi-
cado actividad física.
Durante la primer etapa (dependencia familiar), los sujetos que trabajan son
quieres respecto al resto de ocupaciones quienes muestran ser quienes nunca han prác-
tica porque no les permitían o no daban permiso par ello (32,1%) con cinco puntos por-
centuales por encima del promedio general. Por su parte las amas de casa, porque no
les gustaba la actividad física (46,7%) con más de siete puntos porcentuales por encima
del promedio central.
Al observar la etapa de independencia familiar, observamos que al igual como
en la primera etapa, los sujetos que manifiestan trabajar citan no haber participado
nunca en actividades físicas y deportivas por la falta de tiempo (30,6%). Mostrando que
en el resto de ocupaciones (las amas de casa, jubilados, pensionados y parados), no se
producen diferencias.
En la etapa de adulto mayor, los que no están trabajando son quienes aluden
por enfermedad (24,9%) y por pereza (26,9%), las principales causas por el cual nunca
han participado en actividades físico-deportiva de tiempo libre (tabla 6.15). Probable-
mente con el paso del tiempo y tras haber realizado múltiples ocupaciones laborables,
en los sujetos que nunca han practicado actividad las actividades físicas de tiempo li-
bre, estas podrían ser consideradas como imposibles por este grupo de personas. Sien-
do necesario valorar que otras variables han afectando la adherencia a la práctica.
Respecto a otros estudios, nuestros resultados son similares a los obtenidos por
Otero (2003) y Gálvez (2004). Difiriendo en el caso de las amas de casa Ruiz Juan y Gar-
cía Montes (2005) y Ruiz Juan et al. (2005b), pues estos investigadores señalan que tan-
to para las amas de casa y jubilados la falta de tiempo y no disponer de una buena sa-
lud han sido los motivos para no haber realizado nunca práctica físico-deportiva de
tiempo libre.
En este estudio, la situación laboral es un correlato que influye para que los su-
jetos, en las tres etapas de la vida, nunca practiquen actividad físico-deportiva. En las
etapas de la juventud, los que trabajan, nunca practicaron por carecer de permiso y
tiempo y las amas de casa porque no desarrollaron el gusto de la práctica de actividad
física. Pero, en la etapa de adulto mayor, los motivos son diferentes, nunca practican
por deterioro de la salud y la falta de ganas para practicar alguna actividad.
6.6. Conclusiones del capítulo.
6.6.1. Motivos de práctica.
Las conductas que presentan los tapachultecos practicantes de actividades físi-
cas, en etapas de la juventud, están influenciadas por motivos intrínsecos, es decir, se
centran en el gusto y la diversión. En esta etapa son los hombres más que las mujeres,
quienes practican por tener una imagen corporal adecuada.
Los hombres que trabajan, los jubilados y los pensionados fijaron su práctica fí-
sica en el mantenimiento de la salud y en su imagen corporal, cuando vivieron la etapa
de independencia familiar.
Cuando nuestros sujetos llegaron a la etapa de adulto mayor, cambiaron los
motivos de práctica física, de tal forma que siete de cada diez sujetos practicaron acti-
vidad preocupados por su salud. Sin embargo, en esta etapa los hombres y las mujeres
tienen similar motivación la práctica física.
Los adultos mayores tapachultecos más jóvenes (60-69 años) y los más viejos
(80-85 y más años) tuvieron similares motivaciones de práctica. Significa que durante
casi medio siglo, el comportamiento de práctica de actividad física de tiempo libre se
ha mantenido inalterable en cada una de las tres etapas de la vida.
En nuestro estudio los hombres que actualmente trabajan, los jubilados y pen-
sionados con mayor nivel de estudios refieren que, cuando estuvieron en la etapa de
independencia familiar, practicaron actividad físico-deportiva de tiempo libre por mo-
tivos extrínsecos como mejorar la imagen corporal. Pero es sobresaliente que los jubila-
dos indiquen que, en esa etapa de la vida, también lo hicieron por motivos de salud, es
decir, a mayor conocimiento mayor es la preocupación por adquirir beneficios de la
práctica física para la salud.
6.6.2. Motivos de abandono.
Los motivos de abandono de la práctica física en la etapa de la juventud, están
vinculados con los distintos roles que juegan los sujetos como ser estudiante, trabaja-
dor y padre de familia, reduciendo significativamente las posibilidades de practicar
alguna actividad física, obligándolos al abandono de dicha práctica. Es decir, nuestros
sujetos abandonaron la práctica física por escasez de tiempo que utilizan, mayormente,
en obtener beneficios económicos para llevar el sustento a la familia.
Son los hombres los que mayormente abandonan la práctica por motivos ex-
trínsecos como llevar el sustento a la familia. Pero, en la etapa de adulto mayor, las
mujeres lo hacen por motivos intrínsecos como la salud. Es decir, las necesidades de los
hombres de destinar largas jornadas de trabajo se ven limitados para continuar con la
práctica. Por otro lado, el abandono en las mujeres se debe, principalmente, por el dete-
rioro de la salud al llegar a esta etapa de la vida.
En este estudio, la edad junto con el nivel de estudios, no son un factor deter-
minante del abandono de la práctica físico-deportiva en las tres etapas de la vida, pero
debemos precisar que los datos pueden tener sesgos significativos debido a que hemos
acudido al recuerdo de más de sesenta años y este puede ser impreciso.
La situación laboral no es un determinante que condicione el abandono de la
práctica física en las dos primeras etapas de la vida, los motivos de abandono son simi-
lares entre las diferentes categorías. Sin embargo, en la etapa de adulto mayor, los mo-
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AUTOPERCEPCIÓN DE
PRÁCTICA, CONDICIÓN
FÍSICA Y SALUD
CAPÍTULO 7 AUTOPERCEPCIÓN DE PRÁCTICA, CONDICIÓN FÍSICA Y SALUD
AUTOPERCEPCIÓN DE PRÁCTICA,
CONDICIÓN FÍSICA Y SALUD
7.1. Conceptualización.
En este apartado abordaremos la autopercepción de los sujetos en tres variables:
autopercepción de su práctica, de su condición física y de su salud. La autopercepción
de la práctica será analizada desde un enfoque biológico a partir de dos connotaciones:
la sensación y la percepción. Los fisiólogos coinciden en señalar que el cerebro es el órga-
no responsable de las experiencias concientes vividas por el sujeto, las que emergen de
la percepción de los órganos de los sentidos como la vista, olfato, tacto, oído, etc. Gran
parte del conocimiento del sujeto no es producto sólo de dichos órganos de los senti-
dos, sino también de diferentes instrumentos científicos complejos como el telescopio,
el sonar, el espectrofotógrafo, que complementan un conocimiento que no sería posible
tener si no existieran dichos aparatos.
Sin embargo, el sujeto requiere estar convencido y creer que la información que
recibe de los diferentes órganos de los sentidos y de otros medios, además forman par-
te importante de la existencia. Estos datos están integrados en el tejido de la vida mis-
ma, permitiéndole al sujeto, por ejemplo, medir la trayectoria de un vehículo y apartar-
se a tiempo. Es decir, los sentidos aportan información de peligro de todo lo que está
en movimiento o estático y que pueda representar un riesgo.
La percepción es una actividad cerebral con un refinamiento extremo, para lo
cual recurre a los depósitos de información de la memoria, requiere, por lo tanto, de
una muy fina clasificación para hacer comparaciones e interpretaciones donde los refe-
rentes y experiencias son básicas.
Las conductas de los sujetos están estrechamente vinculadas con la percepción,
es el producto final de muchos procesos (Stanley et al., 2001), sin embargo, una percep-
ción puede ser errónea, los datos sensoriales no siempre son confiables, la percepción
puede ser muy convincente, pero podría no corresponder a la realidad. Un ejemplo lo
tenemos en la construcción del Partenón, esta construido totalmente distorsionado, a
fin de compensar una ilusión visual errónea, otro ejemplo está en la percepción de una
espiral y realmente ser una serie de círculos concéntricos. Es decir, en la percepción de
la realidad pueden existir discrepancias muy importantes.
La percepción ha sido estudiada desde hace mucho tiempo por filósofos grie-
gos, estudiosos árabes, académicos latinos, empiristas británicos, físicos y médicos
alemanes. Todos ellos coinciden en señalar que las sensaciones y percepción son fun-
damentales, además, que muchas escuelas de pensamiento también han influido en la
importancia de la sensación y la percepción, aunque cada una de ellas posee su propio
punto de vista teórico.
Así existen psicofísicos, conductistas, teóricos sensoriotónicos, fisiólogos senso-
riales, teóricos eferentes, expertos en inteligencia artificial y psicólogos computaciona-
les. A pesar de esto, existen varias teorías que niegan la existencia del hecho conciente
de la percepción, aunque este coro de voces mencionadas reconocen ampliamente el
estudio de la percepción.
El desarrollo del ser humano depende, en gran medida, de cómo se considera la
naturaleza. A lo cual varios pensadores, según Papalia y Wendkos (1998), han plantea-
do distintas explicaciones y teorías, entre otras, tenemos las siguientes:
¾ Teoría evolucionista.
Esta teoría explica los procesos de cambios psicológicos que ocurren en la vida
humana. La psicología evolutiva es la parte de la psicología que se encarga de los pro-
cesos de cambios psicológicos que ocurren en la vida humana. Es necesario tomar en
cuenta que la percepción del individuo siempre cambia a partir de todo su desarrollo,
sabemos que no es igual el procesamiento de información de un niño de tres años que
se encuentra en una etapa preoperatorio, al proceso mental de un joven o de un adulto
mayor. Con esto se demuestra cuanto pueden variar las ideas acerca de un sólo tema
en relación a la edad y etapa de desarrollo a la que nos enfrentamos (Mecee, 2000, ci-
tando a Piaget, 1954).
¾ Teoría de desarrollo psicosexual.
Según Sigmon Freud (1856-1939), la personalidad se forma en los primeros años
de vida, cuando el niño enfrenta conflictos entre sus necesidades básicas biológicas
innatas, relacionadas con la necesidad y las exigencias de la sociedad. Estos conflictos
se suceden en etapas invariables, dónde el placer pasa de una zona corporal a otra
(oral, anal, fálica, latencia y genital), por ejemplo, de la boca al ano y luego a los genita-
les.
¾ Teoría de desarrollo psicosocial.
Otros teóricos han puesto de manifiesto sus conocimientos de la percepción, a
partir de sus teorías enfocadas en el desarrollo del individuo, teoría de desarrollo psi-
cosocial de Eriksson (1953-1963). Para este autor, lo más importante en el sujeto es la
búsqueda de la identidad, desde su nacimiento hasta la vejez, transitando por una serie
de situaciones emocionales (confianza básica frente a la desconfianza, autonomía frente
a la vergüenza y duda, iniciativa, industriosidad frente a la inferioridad, identidad
frente a la confusión de la identidad, interioridad frente al aislamiento, productividad
frente al estancamiento e integridad frente a la desesperanza). Definida a esta identi-
dad como la confianza básica con una continuidad interior dirigida hacia el cambio,
transitando por la vida hacia la vejez. Por su parte Vigotzky (1930) plantea que el com-
portamiento y la percepción del niño se forma con base al entorno y que se modifica
según la tendencia que el mismo elije para enfrentase a su comunicación social.
¾ Teoría cognoscitiva.
Jean Piaget (1896-1980), considera a los sujetos como elementos activos y no re-
activos, hace énfasis en el cambio cualitativo antes que cuantitativo, es decir, se interesa
en el desarrollo del proceso del pensamiento, se interesan en estudiar la manera cómo
los cambios del comportamiento, se reflejan en el cambio del pensamiento, o sea, toda
que define el comportamiento ante una situación determinada, como sucede cuando
necesita determinar la práctica físico-deportiva.
Esta evaluación subjetiva de la autopercepción de la práctica nos dará la posibi-
lidad de conocer el estado físico percibido, sin olvidar que esta percepción es producto
de la organización y procesamiento de la información que recibe del exterior y es una
apreciación subjetiva del sujeto, la cual está asociada a la autoconstrucción de su ima-
gen corporal, la que puede o no coincidir con la realidad.
La autopercepción de la práctica física no es la misma en todos los sujetos. Los
deportistas, lógicamente, presentan mejor percepción sobre su práctica, frente a las
percepciones más débiles de los no practicantes (Piéron, 2002).
En la revisión bibliográfica realizada, encontramos pocos estudios científicos
que aborden esta variable. Los datos encontrados que señalan la percepción de los suje-
tos de su práctica físico-deportiva, son muy escasos, lo que significa que requiere y
urge indagar si la información acumulada a lo largo de la evolución hacia la anciani-
dad, es suficiente para determinar la buena, regular, mala percepción de su práctica
físico-deportiva en diferentes poblaciones, considerando que las conductas de los suje-
tos están estrechamente relacionadas con la percepción, producto final de muchos pro-
cesos, como lo afirman Stanley et al. (2001).
[Link]. Autopercepción de la práctica según el sexo.
Los científicos coinciden en señalar que la percepción de la práctica física es di-
ferente entre hombres y mujeres. A través de los tiempos, en todos los países del mun-
do, hay una larga tradición sobre que los hombres realizan mayor práctica físico-
deportiva que las mujeres, donde se unen algunos valores tradicionalmente atribuidos
al deporte.
La diversidad de instrumentos utilizados en la evaluación de la percepción nos
lleva a un estudio realizado, en Valencia, por Balaguer y Pastor (2001), quienes estable-
cieron índices para medir la autopercepción, con valores entre 1 y 6. Estas investigado-
ras encontraron que los hombres adolescentes valencianos tienen un índice de alta per-
cepción de su práctica física de 2,96%, frente al 2,81% de las mujeres, dónde 1 es baja y
6 es alta percepción.
Es común que los sujetos activos tengan percepción de su práctica diferente a
los sujetos inactivos, en ambos sexos. En un estudio llevado a cabo en el Principado de
Andorra, Piéron (2003) encontró que los hombres activos tienen alta percepción de su
práctica fisco-deportiva. Sin embargo, en las mujeres no ocurre lo mismo, ya que des-
pués de un aumento de más del quince por ciento entre 14 y 15 años, la proporción de
las mujeres activas con buena percepción de su práctica se reduce regularmente, en
cambio, la proporción de percepciones altas se estabiliza durante la adolescencia en las
chicas pasivas.
Estos resultados se confirman con el estudio realizado por Porras (2006), quien
señala que los jóvenes de 14 a 17 años, en ambos sexos, perciben tener buena práctica
física. Los hombres (20,22%) mayor que las mujeres (15,35%), lo cual refleja la tenden-
cia que tienen los adolescentes en relación con los estereotipos sociales masculinos y
femeninos referidos al ámbito físico-deportivo.
[Link]. Autopercepción de la práctica según la edad.
Muchos investigadores coinciden en señalar que, con el incremento de la edad,
la percepción de la práctica física se modifica. Por ejemplo, en etapas de la juventud, el
mundo de la cosmética (incluyendo la cirugía) tiene una gran parcela dedicada a ocul-
tar el envejecimiento (Piñón, 1999) y, con ello, pueden tener una percepción equivoca-
da de la vida. Los científicos Monteiro y Mancussi (2006) señalan que, con la práctica
física se obtienen algunos beneficios, pero que son temporarios y que pueden ser man-
tenidos, sólo si la actividad del individuo es constante y regular durante la transición
de una etapa a otra de la vida.
Lo que se comprueba con la percepción que tienen los niños de primaria, sin
embargo, es diferente cuando cursan la secundaria, lo mismo sucede en los sujetos in-
activos y activos, incluso en aquellos activos que se encuentran practicando diferente
tipo de actividad física. Como se puede apreciar en el estudio realizado por Gracia y
Marcó (2000) quienes estudiaron a los adultos mayores de Girona, con edades com-
prendidas entre 61 y 77 años, desarrollando dos programas, uno aeróbico y otro anae-
róbico. Estos investigadores encontraron que los que practicaron actividad física aeró-
bica, el 91,94% tuvo una percepción positiva de su práctica, frente al 88,03% de los que
practicaron actividad física anaeróbica, lo que significa que los dos tipos de práctica
pueden inducir a cambios positivos en los sujetos, pero es mayor en aquellos practican-
tes de actividad aeróbica.
Los beneficios percibidos por los adultos mayores, confirman que la práctica fí-
sico-deportiva contribuye a la salud física y mental. Según Duarte et al. (2003), los suje-
tos menores de 70 años tienen una percepción más positiva que aquellos que tienen 70
años o más, principalmente si poseen mayor nivel cultural.
7.2.2. Autopercepción de la condición física.
La condición física es otra variable que el sujeto puede evaluar desde su propia
percepción. Según Cuevas (1994), los andaluces tienen una percepción de poseer buena
condición física (19%), pero tienen mayor porcentaje (44%) los que perciben tenerla
aceptable. Si embargo, más de la tercera parte de los encuestados tienen mala percep-
ción de su condición física.
Años más tarde, los resultados del análisis discriminante de Atienza et al. (1999)
refieren que la autopercepción de la condición física es positiva, sobre todo en aquellos
jóvenes activos que mantienen una relación más fuerte con la práctica de ejercicio físi-
co.
En esta línea encontramos el estudio realizado en el medio rural aragonés del
servicio comarcal de deportes “Corredor del Ebro” y el municipio Fuentes del Ebro
(Nuviala, 2003), se observa que el 42.6% de la población estudiantil opina que su con-
dición física es normal, seguida de un 14% que dice que es muy buena, un 30% que
afirma que es buena, el 10,6% tiene una percepción de su condición física que es un
poco mala y sólo un 2.8% afirma que es mala. Es decir, la percepción es elevada en eta-
pas de la juventud, pero con el paso de los años disminuye significativamente.
Muy parecidos son los resultados de los andaluces, Otero (2004) encontró que la
mayoría tienen una percepción buena o aceptable (38,4%) de su condición física, en el
extremo opuesto se localizan los declaran tener condición física francamente mala 2.4%
y un 11.5% que dicen tenerla deficiente. Señala, además, que los practicantes de algún
deporte perciben tener mejor condición física que los no practicantes.
En los avances de resultados de la encuesta de hábitos deportivos de los espa-
ñoles de 15 a 74 años, según García Ferrando (2005), el 45% de los encuestados perci-
ben tener buena condición física, el 45% percibe tenerla aceptable y un 2% percibe tener
mala condición física.
Ruiz Juan y García Montes (2005) encontraron que, los almerienses, el 58,4% tie-
nen una percepción positiva de su condición física, otra parte de esta población (31,6%)
percibe una regular condición física, frente al 9,9% que dice tener condición física nega-
tiva. Sobresale el hecho que esta percepción la tienen aquellas localidades que poseen
menos de dos mil habitantes.
La población sevillana, según Porras (2006), afirma tener condición física nor-
mal (47.3%), en el extremo opuesto se localizan los que perciben tener mala condición
física (8.3%) y menos del cinco por ciento (4,4%) de los encuestados perciben tener ex-
celente condición física. Con estas cifras podemos decir, en términos generales, que los
sevillanos autoevalúan su forma física como muy satisfactoria.
La población cubana tiene una percepción de su condición física bastante ele-
vado, como podemos apreciar en un estudio realizado en los habaneros mayores de 16,
según Ruiz Juan et al. (2005), tienen una percepción buena de su condición física por
arriba del cincuenta y cinco por ciento (55,9%) de los encuestados, un 30,9% perciben
tener regular condición física y un poco más de una décima parte (13,1%) dicen tener
mala condición física.
[Link]. Autopercepción de la condición física según el sexo.
En varias investigaciones se observa que los hombres son más practicantes que
las mujeres, (ENED, 2002; Nuviala, 2003; Otero, 2004; Porras, 2006). En este estudio nos
interesa conocer la percepción de ambos sexos con respecto a su condición física. Po-
demos apreciar, en un estudio realizado en hombres y mujeres andaluces por Cuevas
(1994), que los hombres dicen percibir buena condición física más que las mujeres, en
tanto que las mujeres (40,7%) tiene una percepción desfavorable de su condición física,
ya que sólo el 11.4% de ellas dice percibir una condición física positiva.
Igualmente, en etapas de la adolescencia, esta percepción favorece a los hom-
bres, como se puede apreciar en los resultados de un estudio realizado en alumnos de
11 a 17 años de la comunidad de Valencia (Castillo et al., 1997), determinaron que los
chicos consideran tener buena condición física (65,5%), frente al 33,5% de las mujeres.
Por su parte Piéron et al. (2001), refieren que, aunque los hombres tienen mejor
percepción de su condición física frente a las mujeres, los porcentajes de las percepción
atléticas está por debajo del 40%, siendo estos más bajos de los presentados por Catillo
et al. (1997).
Pastor y Balaguer (2001) revelan que aquellos adolescentes que practican regu-
larmente deportes, presentan una autopercepción positiva de su condición física al
mismo tiempo que se sienten más satisfechos con su apariencia física.
Los principales resultados de la encuesta de hábitos y actitudes de los andalu-
ces ante el deporte, realizada en el 2002 por el Observatorio del Deporte Andaluz
(ODA), según Otero (2003), muestran que los hombres (40,6%) consideran tener mejor
condición física que las mujeres (10,9%). Esta percepción está vinculada con la práctica
de actividades físicas, en la que los hombres tienen mayor participación, por lo que
podemos intuir que serán estos los que tienen una percepción más positiva frente a las
mujeres.
Según Nuviala (2003), la población estudiantil del Corredor del Ebro y el Muni-
cipio Fuentes del Ebro, refieren que los hombres tienen una percepción positiva de su
condición física como muy buena (22,4%), frente al 6,1% de las mujeres.
Atendiendo al género, Otero (2004) indica que los hombres tienen una percep-
ción más positiva de su condición física que las mujeres, siendo hasta cierto punto
normal porque frecuentemente los hombres son más practicantes que las mujeres.
Sin embargo, en algunas poblaciones la percepción de la condición física es si-
milar en los hombres y las mujeres, como se puede observar en un estudio de la pobla-
ción de jóvenes de 14 a 17 años de Murcia, según Gálvez (2004), ambos sexos señalan
tener buena condición física.
Pero los almerienses muestran diferentes resultados, la percepción de la condi-
ción física es más positiva en los hombres. Según Ruiz Juan y García Montes (2005),
éstos en mayor porcentaje (62%) dicen tener una percepción positiva de su condición
física frente al 55% de las mujeres.
Centrándonos en la población de adultos mayores de 60 años, encontramos es-
tudios como el realizado por Moreno et al. (2003) en los adultos mayores institucionali-
zados de Granada, dónde los hombres dicen percibir una condición física normal para
su edad, contrario de las mujeres ya que éstas no se sienten limitadas en su movilidad.
Los hombres sevillanos, según Porras (2006), consideran tener una condición fí-
sica normal en general, destacando que sólo un bajo porcentaje (7%) dice tener una
condición física mala. En el extremo opuesto se localiza un 10% de los sujetos que opi-
nan percibir una condición física excelente y casi uno de cada cuatro percibe tener bue-
na condición física. En el caso de las mujeres, encontramos que los resultados varían de
forma importante al registrarse datos bastante significativos. Estas son más críticas con
su estado físico. El mayor porcentaje de mujeres sevillanas percibe tener una condición
física normal llegando a más del 34% del total. Por otro lado, en comparación con los
hombres, las mujeres perciben su condición física muy mala, el doble que los hombres,
alcanzando más del 12% de las respuestas. Del mismo modo, sólo 17 de cada 100 muje-
res sevillanas percibe que su condición física es buena, contrastando con los casi 24 de
cada 100 hombres.
Sin embargo, esta percepción de la salud, según Bertollo et al. (2003) puede ser
modificada principalmente en aquellos jóvenes que son practicantes de actividad físi-
co-deportiva.
En los adultos mayores parece que la salud se percibe a partir de tres aspectos
importantes: capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana, grado de independen-
cia y satisfacción con la vida, más que de las condiciones materiales como el nivel de
ingreso o de estudios, en un estudio transversal realizado en la Universidad de Huelva,
en población mayor de 65 años. Mendoza et al. (2004), señalan que el 31% de la pobla-
ción percibe tener buena salud general y un porcentaje mayor (43%) percibe tener sa-
lud regular.
Porcentajes mayores muestran los almerienses, como se puede apreciar en los
resultados del estudio realizado por Ruiz Juan y García Montes (2005) que encontraron
que más de las dos terceras partes de la población (69,5%) percibe tener buena salud,
un poco más de una cuarta parte (26,2%) dicen tener salud regular, frente al 4,4% de los
que afirman tener mala salud.
Datos del Centro de Investigación Sociológica, refiere que los españoles jubila-
dos que vivieron épocas de escasez (Bazo, 2007) tienen una percepción buena o muy
buena de su salud (42%), frente a un porcentaje bastante similar (40%) que percibe po-
seer salud regular, pero menos de una quinta parte de los jubilados (18%) percibe tener
mala o muy mala salud.
En otras áreas geográficas europeas, como podemos apreciar en algunas pobla-
ciones desarrolladas (Dinamarca, Reino Unido, Estados Unidos, Italia y Holanda) pre-
sentan percepciones inferiores a países con grandes poblaciones y con serios problemas
económicos como Indonesia, Paraguay, Nepal, Perú, Bangladesh y Cuba. Por otro lado,
países asiáticos, como China (Sadana et al., 2000), y norteamericanos, como Canadá
(PAMS, 2002), que cuentan con alto desarrollo económico y con políticas sanitarias
populares muy desarrolladas, tienen alta percepción de su salud.
En países Latinoamericanos, como México, las condiciones de salud todavía son
medidas a través de indicadores de mortalidad o de reportes de demanda de atención
de algunas enfermedades Actualmente ya se está utilizando la encuesta como instru-
mento de recolección de datos, con preguntas sobre su percepción de la salud actual,
reflejando el estado de bienestar integral y social y no solamente fisiológico o clínico.
Así lo demuestra un estudio realizado en mayores de 18 años por la ENED (2002), que
reporta que, en los mexicanos, el 66% tienen una percepción positiva de su salud.
En un estudio transversal realizado en las áreas urbanas y rurales del estado de
Morelos (México), para conocer la percepción de la salud general de los adultos mayo-
res de 60 años, Gallegos et al. (2003) señalan que el 88% de los encuestados perciben
tener excelente, buena y regular salud, pero es sobresaliente que el 68% percibe tener
mala o muy mala salud, siendo las mujeres las que poseen los más altos porcentajes de
salud negativa.
Porcentajes diferentes se puede observar en los resultados de un estudio en
adultos mayores residentes de la población activa de Bogotá (Colombia). Según Gómez
et al. (2005), tienen buena o muy buena autopercepción de su salud un 47,8%, sin em-
bargo, más de una cuarta parte de la población (27,9%) perciben tener mala salud.
Porcentajes superiores se han encontrado en la población habanera, según Ruiz
Juan et al. (2005). El 68% de los cubanos perciben tener buena salud, el 25% regular y
un bajo porcentaje (7%) percibe tener mala salud.
Porcentajes más altos fueron encontrados en siete ciudades latinoamericanas y
del Caribe (Buenos Aires, Bridgetown, México, Ciudad de la Habana, Montevideo,
Santiago de Chile y Saupaulo) según Wong et al. (2005), indican que en un estudio de
la salud general en adultos mayores de 60 años, en Buenos Aires y Montevideo, perci-
ben tener mayor porcentaje de su salud (60%), Bridgetown y Saupaulo el 50%, Ciudad
de la Habana, Santiago y México, entre el 30% y el 40%. Así mismo, señalan que, en
todas las ciudades estudiadas, los sujetos presentan una autopercepción de salud exce-
lente (6%) con un porcentaje muy bajo. La proporción de la población de tener mala
salud fue del 5% al 7% en Buenos Aires, Montevideo y Bridgetown, seguido por La
Habana con el 13%, Santiago de Chile con el 18% y México DF con el 19%.
Muy similar son los resultados de otro estudio realizado en mexicanos en adul-
tos de 60 años (Gallegos et al., 2006), el adulto mayor mexicano percibe tener buena o
regular salud y solamente el 19,8% percibe tener mala o muy mala salud.
[Link]. Autopercepción de su salud según el sexo.
Estudios de la percepción de la salud muestran que no siempre los hombres
tienen mayor porcentaje de buena o muy buena salud, tal y como podemos observar en
el estudio realizado en adolescentes de 11 a 17 años de Valencia (Castillo et al., 1997),
que indica que los chicos tienen una percepción de su salud bastante buena (48,6%) y
solamente el 8,9% percibe tener salud poca sana. Sin embargo, cerca de dos terceras
partes de las chicas (65,7%), tienen una percepción bastante buena de su salud, sólo el
6% la considera poco sana. Es decir, en etapa de la adolescencia algunos estudios
muestran que las mujeres tienen una percepción de su salud bastante mejor que los
hombres.
Si nos centramos en los adultos mayores de 60 años podemos observar, en es-
tudios realizados en la Universidad de Huelva (Mendoza et al., 2004), que los hombres
tienen una percepción más positiva que las mujeres. Esta tendencia es común ya que
las mujeres presentan mayores niveles de morbilidad y hacen mayor uso de los servi-
cios de salud. Similar percepción muestran los españoles, según IMSERSO (2004), los
hombres mayores de 65 años perciben tener buena salud (42,7%), frente al 30,9% de las
mujeres.
Pero en otras comunidades españolas, como Almería, se encontraron altos por-
centajes en ambos sexos. Según Ruiz Juan y García Montes (2005) cerca de las tres cuar-
tas partes de los hombres almerienses, el 73%, percibe tener buena salud, frente al
65,9% de las mujeres. Similares porcentajes muestran hombres (24,2%) y mujeres
(28,2%) con respecto a tener salud regular, frente a solamente el 2,8% de los hombres y
el 5,9% de las mujeres que perciben tener mala salud.
do en adultos mayores de 60 años (Gallegos et al., 2006) señalan que las mujeres tien-
den a percibir su salud más mala que la de los hombres.
[Link]. Autopercepción de su salud según la edad.
Los investigadores coinciden en señalar que con el incremento de la edad la
percepción de la salud tiende a disminuir. Así se puede apreciar en un estudio trans-
versal realizado en sujetos mayores de 65 en Huelva, según Mendoza et al. (2004), el
grupo de los más jóvenes (65 a 69 años) perciben tener buena salud (32,9%), en tanto
que los grupos de edad de 85 años y más el 24,3% tienen una percepción de salud po-
bre. Lo cual tiene relación con la valoración que hacen de sus habilidades necesarias
para su vida cotidiana, que a esta edad son escasas, haciéndolos más independientes.
Similares resultados se pueden apreciar en los españoles mayores de 75 años,
según un estudio realizado por IMSERSO (2004), los sujetos de esta edad dijeron tener
una percepción buena de su salud (37,9%), frente al l8% que percibe tener mala salud.
Para confirmar los señalamientos anteriores, observamos en un estudio realiza-
do en los almerienses mayores de 15 años. Según Ruiz Juan y García Montes (2005),
descubren que en las franjas de edad que se localizan entre los 15 a 59 años, tienen una
percepción positiva, por encima del 61,7%. Sin embargo, en los adultos mayores de 60
años, la percepción de buena salud disminuye al 42,9%. Los porcentajes de los que se-
ñalan percibir mala salud en la primer franja de edad (15 a 59 años) es solamente del
3,6%, pero los adultos mayores (60 años y más) este porcentaje se incrementa hasta el
12,5%. Lo que demuestra que los porcentajes de percibir salud negativa se incrementa
con la edad.
En algunos países de Europa, la percepción de los sujetos difiere con el paso de
los años, como podemos observar en los resultados de una investigación realizada por
Piéron et al. (2001) que indagaron la percepción de los sujetos en siete países europeos,
(Bélgica, Gran Bretaña, Suecia, Estonia, Finlandia, Alemania y Hungría). Encontraron
que los niños de 12 años tienen una percepción más positiva con respecto a su estado
de salud que los de 15 años. Es decir, la percepción positiva tiene la tendencia a dismi-
nuir en su evolución con respecto a la edad.
En algunos países Latinoamericanos, se ha investigado sobre la percepción de la
salud. Se observa que la autopercepción, de buena o muy buena salud, se encuentra
relacionada con la edad, los más jóvenes frecuentemente tienen esta percepción buena
de su salud así como los de mayor ingreso y los más educados. En la población joven,
según estudio llevado a cabo por ENED (2002), señala que los mexicanos que se locali-
zan en los grupos de edad de 18 a 44 años tienen una percepción buena de su salud.
Sin embargo, hay una tendencia muy marcada a perder esta percepción positiva de su
salud con el paso de los años.
Igual que en otros países latinos, los porcentajes de buena salud en los mayores
difieren entre los sujetos de otros países. Según Rossi y Triunfo (2004), los adultos ma-
yores de 60 años de Montevideo (Uruguay), el 40,5%, dicen tener buena salud, frente al
30% de los que perciben tener salud regular, dicha percepción está bastante relaciona-
da con haber tenido una excelente salud los primeros 15 años de la vida.
2004; IMSERSO, 2004; Ruiz Juan y García Montes, 2005; Moreno et al., 2006) estos estu-
dios muestran que los hombres tienen una percepción positiva de su salud, más que las
mujeres.
Tampoco son compatibles con los resultados de algunas investigaciones reali-
zadas en América Latina como en algunos estados de la república mexicana (ENED,
2002; Gallegos et al. 2006), Brasil, Buenos Aires, Bridgetown, Santiago de Chile, México
D.F. y Montevideo (Wong et al., 2005), población habanera (Ruiz Juan et al., 2005) y
Colombia (Gómez, 2005), quienes muestran que los hombres mayores tienen mayor
percepción positiva que las mujeres.
[Link]. Autopercepción de la salud según la edad.
Los resultados de nuestra investigación señalan que no existen diferencias esta-
dísticas significativas en los seis grupos de edad en cada una de las tres etapas de la
vida, los porcentajes son similares al promedio central (tabla 7.7). Es decir, la percep-
ción de la salud en este momento de la vida, tanto los más jóvenes (60-64 años) como
los más viejos (85 y más años), es equivalente en las tres etapas. Por lo tanto, se puede
afirmar que la edad no es un determinante para que el sujeto tenga una percepción
positiva o negativa de su salud, al menos en esta población.
Al contrastar nuestros datos con otras investigaciones, encontramos que no son
compatibles con los resultados de Ruiz Juan y García Montes (2005), quienes indican
que los almerienses de 15 a 59 años, tienen una percepción positiva.
Así mismo, en la población de adulto mayor, nuestros datos no son compatibles
con los referidos por Mendoza, et al. (2004) e IMSERSO (2004) quienes señalan que los
mayores de 65 años tienen una percepción buena de su salud.
En esta línea de investigación, encontramos que nuestros resultados no son co-
incidentes con los datos de algunas poblaciones europeas (Piéron et al., 2001) muestran
en un estudio realizado en siete países europeos (Bélgica, Gran Bretaña, Suecia, Esto-
nia, Finlandia, Alemania y Hungría), que los niños de 12 años tienen una percepción
más positiva de su salud que los de 15 años, es decir, hay una tendencia que con el in-
cremento de los años, la percepción positiva disminuye significativamente.
Los datos de nuestra investigación, tampoco coincide con los resultados de
otros países latinos como Uruguay (Rossi y Triunfo, 2004), Colombia (Gómez, 2005), La
Habana Cuba (Ruiz Juan et al., 2005) y un estudio realizado en la encuesta nacional de
México (Gallegos et al., 2006), encontraron altos porcentajes de percepción de buena
salud, contrario a los resultados que se muestran en este estudio, donde la percepción
es bastante parecida en cada uno de los grupos quinquenales y en las tres etapas de la
vida.
Es decir, en nuestro estudio no encontramos ninguna asociación significativa de
la percepción de la salud en ninguno de los seis grupos quinquenales de edad. Esto
evidencia la necesidad de diversificar las investigaciones empíricas de las percepciones
y esta variable, principalmente, en la población de adulto mayor.
7.4. Conclusiones.
Debemos señalar que hemos acudido al recuerdo de muchos años, que la per-
cepción es cambiante durante el proceso de desarrollo de los sujetos, que con el incre-
mento de la edad el cerebro pierde progresivamente su eficiencia funcional, hasta caer
en demencia y el olvido, pudiendo modificar la información recogida y acumulada a lo
largo de la vida. En estas condiciones nuestros sujetos han aportado información útil
para analizar el comportamiento actual de su práctica físico-deportiva de tiempo libre,
su condición física y su salud. Entre las más relevantes podemos señalar:
¾ La percepción de la práctica físico-deportiva esta asociada fuertemente con la
imagen corporal, que no siempre coincide con la realidad.
¾ Existe la tendencia de que la percepción de la práctica se modifique en la medi-
da que el sujeto evoluciona hacia el final de la existencia.
¾ En la etapa de independencia familiar, las mujeres tienen una percepción nega-
tiva más que los hombres, es probable que estas tengan menores posibilidades
de acceder a la práctica físico-deportiva de tiempo libre por múltiples ocupa-
ciones familiares, laborales y cuidados de los hijos entre otras.
¾ En los últimos grupos quinquenales la percepción es más negativa. Es probable
que esta se encuentre relacionada con la aparición de problemas de salud bas-
tante común en sujetos de avanzada edad.
¾ Casi en su totalidad nuestros sujetos tienen una percepción positiva de su con-
dición física, sin embargo, existe la tendencia a disminuir de una etapa a otra de
la vida, siendo similar a la percepción de otras poblaciones.
¾ La percepción de su condición física es similar entre los hombres y las mujeres,
lo que no coincide con la percepción que señalan otras poblaciones, donde
muestran que los hombres poseen mayor percepción que las mujeres.
¾ En los seis grupos quinquenales nuestros sujetos tienen una percepción muy
parecida, lo que no concuerda con la percepción que señalan otras poblaciones.
¾ La percepción de la salud en los sujetos es similar al comportamiento de la
práctica físico-deportiva y la condición física, es decir, la percepción positiva
disminuye con el transcurrir de los años de vida, así mismo, está bastante vin-
culada con el nivel de práctica de los sujetos.
¾ En la evolución hacia la vejez, los hombres y las mujeres tapachultecas mues-
tran una percepción de su salud bastante similar, lo cual no es coincidente con
los resultados de otras investigaciones, donde señalan que los hombres tienen
mayor percepción positiva frente a las mujeres.
¾ La percepción de la salud es parecida en las tres etapas de la vida y en los seis
grupos quinquenales, resultados diferentes muestran otros investigadores,
quienes han encontrado que los jóvenes tienen una percepción positiva, pero se
pierde con el incremento de la edad.
¾ Para lograr un conocimiento más completo sobre estas percepciones, estos re-
sultados sugieren abordar estas variables en futuras investigaciones en esta po-
blación. Sin embargo, estos resultados pueden ser útiles en la búsqueda de co-
nocimientos para diseñar programas de intervención que en este momento son
inexistentes, apoyando a si las acciones que las autoridades, institutos de segu-
ridad social y el sector educativo emprendan para que los adultos mayores vi-
van más, pero con calidad.
¾ Merece la pena decir que, en general, no existen programas estratégicos de in-
tervención, suficientemente diseñados que motiven a los sujetos a iniciar y
permanecer practicando la actividad físico-deportiva.
7.5. Bibliografía.
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CONCLUSIONES FINALES
DE LA TESIS DOCTORAL
CAPÍTULO 8 CONCLUSIONES GENERALES
CONCLUSIONES GENERALES
Contexto sociodemográfico.
Nos encontramos frente a una población en la que los hombres trabajan fuera
de casa y las mujeres hacen labores del hogar, principalmente, aquellos jubilados o
pensionados más jóvenes que se encuentran los primeros grupos quinquenales.
Es una población con alta tasa de bajo nivel de estudios, principalmente, las
mujeres. Está compuesta por sujetos casados que se encuentran viviendo en familia,
con la pareja y los hijos, pero con un alto porcentaje de familias que viven con bajos
recursos económicos. Es sobresaliente que una parte de la población vive en condicio-
nes de pobreza extrema. A pesar de estas condiciones, los sujetos cuentan con servicio
medico, garantizando la atención de los problemas de salud, siendo atendidos mayor-
mente por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), derecho adquirido por quie-
nes trabajan en empresas públicas o privadas.
Contexto familiar.
Nuestra población está compuesta por sujetos que casi en su totalidad tienen
hijos, son familias numerosas, acentuándose principalmente en sujetos que se localizan
en los primeros grupos quinquenales, permitiéndoles tener en alta valoración de la
familia, pues han permanecido unidos a ésta hasta más allá de los setenta y cinco años
de edad. Es sobresaliente que las mujeres, cuando enviudan, pasan a vivir con los hijos,
mismo comportamiento presentan los sujetos que se separan o divorcian de la pareja
sobre todo las mujeres. Los hijos se preocupan por los padres en mayor proporción
cuando estos han alcanzado los ochenta años de edad.
Sentimientos de soledad.
Este sentimiento está presente en la población, siendo más común en los hom-
bres que han alcanzado los ochenta años, que han enviudado o han perdido la pareja y,
en menor medida, en los sujetos solteros, separados o divorciados, es decir, este senti-
miento esta presente principalmente en aquellos que han roto las relaciones familiares.
En este estudio, dicho sentimiento es referido, principalmente, en los que por
diversas circunstancias se han refugiado con otros familiares y, en menor medida, en
los que viven solos, sobre todo cuando tienen una percepción económica mensual baja.
vacío, común cuando los hijos se van para formar la propia familia o porque se encuen-
tran lejos, siendo más común en los que han enviudado, se han separado y en los di-
vorciados que tienen bajos ingresos mensuales.
La perdida del entorno familiar es otro correlato que esta fuertemente vincula-
do con este sentimiento, sucediéndole con mayor frecuencia a los viudos, separados y
los divorciados, quienes se obligan a vivir solos o se refugian con otros familiares.
Igualmente, sucede en aquellos que se atienden solos o son atendidos por otros fami-
liares o amigos, asumen una actitud pasiva, como escuchar la radio y ver televisión o
definitivamente resignarse. En menor medida asumen una actitud activa, como hacer
alguna labor dentro o fuera del hogar. Este sentimiento se acentúa cuando están en-
fermos y por las noches. Los que se encuentran solteros o viudos dan una alta valora-
ción, reconociendo que lo más importante en este momento de la vida, es la salud y la
compañía, principalmente para las mujeres y, para los hombres, el dinero y el amor.
Sin embargo, a pesar de estas preocupaciones, se sienten satisfechos con los familiares
y con los amigos de su entorno.
adquiridos en las etapas anteriores, es decir, los patrones de conducta vividos en eta-
pas de la juventud, determinan los comportamientos ante la práctica física en la etapa
de adulto mayor.
Motivos de práctica.
Los motivos de inicio y mantenimiento de la práctica físico-deportiva varían
con el paso de los años. En la juventud principalmente los hombres practicaron por
motivos intrínsecos como la diversión, distraerse y estar en forma, pero al llegar a la
tercera etapa de la vida, estos motivos se modifican en ambos sexos haciéndolo, princi-
palmente, por motivos de salud. Es decir, en la juventud la preocupación por estar en
forma es evidente entre los varones más que en las mujeres, coincidiendo con estudios
de otros investigadores.
Durante casi medio siglo, los motivos de práctica de actividad física de tiempo
libre se han mantenido estables e inalterables en esta población. Comportamiento que
se vincula fuertemente con el nivel de estudios, mayormente al final de la vida, mo-
mentos en que los motivos intrínsecos como las relaciones sociales y la salud se hacen
evidentes, sobre todo en los que actualmente trabajan, así como los jubilados quienes
desean tener una imagen corporal adecuada, pero también fijan su atención en el man-
tenimiento de la salud.
Motivos de abandono.
Los sujetos abandonan la práctica físico-deportiva de tiempo libre por falta de
tiempo, principalmente en etapas de juventud. Este comportamiento está probable-
mente relacionado con las responsabilidades propias de la etapa, como son las obliga-
ciones familiares, el trabajo y el estudio. Sin embargo, en la etapa de tercera edad lo
hacen, además, por problemas de salud.
Los hombres cuando se encuentran en etapas de productividad abandonan la
práctica física por motivos extrínsecos, como el económico porque la obtención de in-
gresos para la familia es prioritario en este momento de la vida. Sin embargo, en la eta-
pa de adulto mayor, las mujeres lo hacen mayormente por falta de salud. Es decir, las
necesidades de los hombres de destinar largas jornadas de trabajo o de estudio limita a
los sujetos para continuar con la práctica física, pero las mujeresque son más sedenta-
rias que los hombres, tienen la salud más deteriorada y no pueden continuar con la
práctica físico-deportiva de tiempo libre, misma situación presentan los jubilados y
pensionados, pero la edad y el nivel de estudios no influyen para que los sujetos aban-
donen dicha practica, al menos en esta investigación.
obtener una carrera, son las causas por la que los sujetos de nuestra población nunca
practicaron actividad físico-deportiva de tiempo libre. Sin embargo, en la etapa de
adulto mayor, lo hacen por la presencia de enfermedades y la pereza, siendo los moti-
vos que ejercen gran influencia en la decisión de no practicar ninguna actividad.
Los hombres que actualmente trabajan tienen como barrera principal la nega-
ción de la autorización y escasez de tiempo para la realización de actividad física, pero
las mujeres, principalmente las amas de casa, lo hacen porque no desarrollaron el gusto
por la práctica física. Sin embargo, en la etapa de adulto mayor, las mujeres son las que
reclaman tiempo para realizar la práctica física, siendo más inactivos los sujetos de bajo
nivel frente a los que tienen alto nivel de estudios, quienes lo hacen porque no tienen
ganas y por flojera.
Autopercepción.
La autopercepción positiva de la práctica físico-deportiva, condición física y de
la salud que tienen los sujetos de nuestro estudio tiene la tendencia a disminuir con el
paso de los años, por el deterioro biológico natural que se hace más evidente con el
paso de los años. Las pocas posibilidades de acceder a la práctica físico-deportiva de
tiempo libre que tienen las mujeres, permite tener una autopercepción negativa, siendo
común en los sujetos que se localizan en los grupos de edad más avanzada. Sin embar-
go, la autopercepción de la condición física, ambos sexos consideran que es similar, es
decir, ambos están percibiendo que todavía pueden realizar sus labores cotidianas sin
tener ninguna limitante en la ejecución, tanto los más jóvenes como los más viejos. Es
decir, la autopercepción que tienen los sujetos esta asociada con la imagen corporal,
aunque no siempre corresponde a la realidad.
PERSPECTIVAS FUTURAS
CAPÍTULO 9 PERSPECTIVAS FUTURAS
PERSPECTIVAS FUTURAS
¾ Indagar los motivos por los que la mayoría de los sujetos de la tercera edad re-
fiere que no practican ninguna actividad físico-deportiva por falta de tiempo,
probablemente detrás de esta respuesta existan otras causas más importantes y
reales.
¾ Realizar investigaciones enfocadas a buscar datos por los que esta población se
preocupan mayormente por la salud.
¾ Indagar si la segregación de sexos en las otras poblaciones (jóvenes y adultos),
sigue existiendo o se ha modificado.
¾ Realizar estudios sociodemográficos en la población joven para conocer com-
portamientos frente a la práctica físico-deportiva, hábitos y estilos de vida, uti-
lización de las instalaciones deportivas y recreativas existentes, así como la ofer-
ta de las instituciones públicas y privadas sobre dicha práctica.
¾ Averiguar cuál es la incidencia del profesor de Educación Física en la genera-
ción de hábitos saludables y estilos de vida en Educación Básica.
Estas líneas de investigación son sólo algunas de las muchas que se pueden
abordar a partir de los resultados obtenidos en nuestro estudio, las cuales deben ser
atendidas en colaboración con otros profesionales como psicólogos, médicos, nutriólo-
gos y sociólogos que, a partir del ámbito de cada uno, apoyen y participen para gene-
rar nuevos conocimientos que ayuden a que las generaciones actuales y futuras tengan
la posibilidad de tener mejor calidad de vida, haciendo buen uso de su tiempo libre.
En este estudio queda demostrado que, los adultos mayores de 60 años objeto
de estudio, tienen muchas posibilidades de ser activos con buena disponibilidad para
la práctica físico-deportiva de tiempo libre, si pertenecen a un grupo de las mismas
características y que pueden aprender nuevos hábitos. Por lo tanto, merece la pena
invertir esfuerzos en la organización y planeación de estrategias de intervención para
que esta población mejore la calidad de vida y, sobre todo, que puedan vivir más, pero
con una mejor calidad de vida.
BIBLIOGRAFÍA DE LA TESIS
DOCTORAL
CAPÍTULO 10 BIBLIOGRAFÍA GENRAL
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
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tuto Andaluz del Deporte.
1. POBLACIÓN Y MUESTRA.
2. CUESTIONARIO Y TRABAJO DE CAMPO.
3. SITUACIÓN SOCIODEMOGRÁFICA DEL
ADULTO MAYOR DE TAPACHULA.
4. CLASES DE EDUCACIÓN FÍSICA Y EL
INTERÉS.
5. COMPORTAMIENTOS ANTE LA PRÁCTICA
FÍSICO-DEPORTIVA.
6. MOTIVOS DE LOS COMPORTAMIENTOS DE
LA ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA DE
TIEMPO LIBRE.
7. AUTOPERCEPCIÓN DE PRÁCTICA,
CONDICIÓN FÍSICA Y SALUD.
POBLACIÓN Y
1 MUESTRA
ORIENTE, EL 11 * *
PARCELAS DE MANACAL 48 26 22
PLAN LAS PALMAS 321 158 163
RETIRO, EL 15 6 9
FRACCION EL RETIRO 568 283 285
SAN ANDRES NEXAPA 62 34 28
SAN CARLOS 4 * *
SANTA ELENA 260 131 129
SAN JACINTO 9 * *
SAN JORGE 3 * *
SANTA TERESA 11 6 5
SIETE RANCHOS 62 34 28
VEGA DE LOS GATOS, LA 7 4 3
ZAPOPAN 211 116 95
GLORIA, LA 25 8 17
CONQUISTA CAMPESINA 424 224 200
SAN FERNANDO 2 * *
SAN FRANCISCO (PALO BLANCO) 70 41 29
INNOMINADA, LA 16 9 7
DELICIAS VIEJAS, LAS 23 10 13
DELICIAS NUEVAS, LAS 2 * *
MARAVILLAS, LAS 4 * *
ESQUIPULAS 7 * *
NUEVO PORVENIR (YUGUAL) 12 6 6
VERGEL PLATANO, EL 41 21 20
MANGOS, LOS 6 * *
HATO, EL 78 40 38
CARROCERAS 14 5 9
SAN JOSE 18 11 7
MORA, LA 24 9 15
CONCHAS, LAS 23 7 16
BONDAD, LA 36 16 20
PROGRESO, EL 17 9 8
SAN FRANCISCO 18 5 13
MANZANO, EL 14 * *
CARRILLO PUERTO NORTE 65 37 28
SAN ANTONIO CINTAGUAYATE 5 * *
CINTAHUAYATE DOS 10 6 4
BUGAMBILIAS 4 4 0
BRUJAS, LAS 12 * *
ORO VERDE 6 * *
POTRERO, EL 23 11 12
SAN ROQUE UNO 4 * *
SAN ROQUE DOS (AGUACATAL) 66 32 34
NAYAR, EL 16 10 6
SAN IGNACIO 3 * *
PARAISO, EL (SAN FRANCISCO) 38 15 23
REBOZO, EL 4 * *
CUERUDO, EL 1 * *
SAN MIGUEL (LAS LATAS) 20 9 11
RIO FLORIDO 725 364 361
PLAYA GRANDE 2 * *
SAN JORGE 4 * *
NUEVA ESPERANZA, LA 34 21 13
MANANTIAL 22 12 10
BENEFICIO TORREON 15 8 7
MONTAÐA EL CHAPARRON 7 * *
TRIUNFO, EL 790 402 388
TOLUQUITA 229 125 104
NUEVA GALICIA 55 29 26
VEINTE DE NOVIEMBRE 1800 914 886
MONTENEGRO 266 136 130
CENTRAL, LA 3 * *
SAN ANTONIO 140 72 68
BUENAVISTA 18 10 8
RECUERDO, EL 23 10 13
SOLO DIOS 5 * *
MARGARITAS 33 14 19
GRECIA 1 * *
LINDAVISTA 24 9 15
ESPERANZA, LA 285 143 142
ASTILLERO 80 49 31
GOTERA, LA 5 * *
CARMEN, EL 4 * *
CAMPAMENTO 4 * *
CHAPERAL 10 * *
CHISPAS 14 5 9
VENEZUELA 7 * *
VADENIA 47 27 20
PARAISO, EL 7 * *
NUEVO PUMPUAPA (CERESO) 1065 914 151
SONORA 27 12 15
SOLEDAD, LA 89 36 53
CAÐADAS, LAS 9 4 5
POLIGONO DE TIRO 6 * *
FELICIANO RENAULD (SAN FRANCISCO) 310 160 150
MINERVA 9 3 6
PRIMAVERAS, LAS 2 * *
RANCHO NUEVO 6 * *
ROBLE, EL 14 6 8
SAN JOSE 5 * *
SANTA AMALIA 16 8 8
SAUCES, LOS 271 135 136
SOLEDAD, LA 14 * *
ISLEVEN 20 10 10
PALMERAS, LAS 916 456 460
CARLOS SALINAS DE GORTARI 90 46 44
TEOFILO ACEVO 126 59 67
VILLA LAS ROSAS 293 147 146
ADELITA, LA 2 * *
ALGODONERA TAPACHULA 1 * *
SUNSAL, EL 57 27 30
ASAKE 11 4 7
BOJONCITO 71 39 32
BETANZOS 3 * *
BRASIL 8 * *
BUENAVISTA 138 69 69
CAMINO VERDE 21 13 8
CASA HOGAR (NIÐOS HUERFANOS) 9 * *
CIRCULO, EL 4 * *
CLUB ROTARIO 2 * *
COQUITO, EL 3 * *
DELICIAS, LAS 91 44 47
DON ABEL 4 * *
ESPERANZA, LA (GUARDIANA LA ESPERANZA) 1 * *
GLORIA, LA 38 17 21
SANTA CECILIA DOS 8 * *
GUADALUPE 37 24 13
GUADALUPE (NANCINAYAPA) 3 * *
HERENDIRA (PISTA) 2 * *
HERRADURA, LA 18 10 8
ISABELES, LAS (SANTA LUCRECIA) 4 * *
JANITZIO 15 8 7
LIBERTAD, LA 4 * *
LIMONES, LOS 9 * *
MALPASO 119 61 58
MERCEDES, LAS 28 14 14
MIURA, LA 6 * *
NUEVA ROSITA (EL PENSAMIENTO) 8 * *
OAXAQUITA 1 * *
PALO SECO (ACAXMAN) 65 27 38
PARAISO, EL 18 12 6
PENSAMIENTO, EL 26 14 12
MARINERO, EL (SANTA FE) 7 * *
PIRULES, LOS 2 * *
PLANTA DESPEPITADORA TAPACHULA 6 * *
PLAYA LINDA 332 178 154
QUEBRADAS, LAS 12 4 8
CHINITO, EL 6 * *
RECREO, EL 13 8 5
SACRIFICIO, EL 6 * *
SAN AGUSTIN 40 19 21
SAN ALEJO 13 6 7
SAN ANTONIO NEXAPA Y LAS FLORES 11 6 5
SAN FRANCISCO 17 9 8
SAN FRANCISCO 23 11 12
SAN ISIDRO 6 * *
SAN JOSE 4 * *
SAN JUAN 1 * *
SAN LUIS 12 * *
SAN MIGUEL 10 * *
SAN MIGUEL UNO 1 * *
SAN RAYMUNDO 30 15 15
SANTA ROSA DOS 4 * *
SANTA TERESA 26 14 12
SAUCES, LOS 6 * *
SELECCIONADORA DE SEMILLAS IZAPA 5 * *
S. A. A. S. A. 7 * *
TAMARINDO, EL 31 16 15
KOALA 8 * *
PARADA TONITIN 4 * *
TORITOS, LOS 13 4 9
TREBOL, EL 13 * *
TRIUNFO, EL 6 * *
VEGA DEL CARMEN 10 * *
VERGEL HUERTO, EL 26 16 10
VILLA HIDALGO 40 20 20
ENCANTO, EL 229 115 114
JARDIN, EL 1 * *
FRACCION MARGARITA 84 45 39
PACAYALITO 182 89 93
PACAYALITO 164 85 79
PARAISO, EL 6 * *
PRIMAVERA 39 20 19
RANCHO GRANDE 10 * *
RANCHO NUEVO 14 * *
SAN AGUSTIN 29 17 12
SAN JOSE 4 * *
VALLE, EL 3 * *
AMPLIACION UNION MIRAMAR 59 29 30
BADOW 24 14 10
BRISAS, LAS 1 * *
BUENAVISTA 48 22 26
CAUCHO, EL 3 * *
COLORINES 6 * *
DESIERTO, EL 2 * *
FLORES, LAS 6 * *
FRACCION TAPACHULITA 11 * *
GALERAS, LAS 73 31 42
ILUSION, LA 5 * *
ISABEL CRISTINA 1 * *
JUANITA 2 * *
MARAVILLAS 4 * *
MI LUPITA 24 13 11
PACAYALITO DOS 131 75 56
PERLA DEL SOCONUSCO 70 44 26
RANCHO GRANDE 4 * *
SAN CARLOS 27 14 13
SAN GABRIEL 4 * *
SAN JOSE LA CUCHILLA 33 16 17
SANTA GILDA 5 * *
SIMON BOLIVAR 52 28 24
TESORO, EL (EL CANTON) 82 44 38
TRANCAS, LAS 41 22 19
UNIDAD Y FUERZA 338 156 182
AGUA FRIA 13 * *
BANDERAS, LAS 6 * *
DOS HERMANOS 5 * *
GUADALUPE DOS 16 9 7
LAZARO CARDENAS (NUEVO MILENIO) 197 102 95
LUIS ESPINOZA 98 60 38
PARADA EL RECUERDO 33 20 13
PRIMAVERA, LA 4 * *
ROSALES, LOS 5 * *
SAN FERNANDO UNO 3 * *
CERRITOS, LOS 17 6 11
CRUCES, LAS 53 26 27
GENARO VAZQUEZ ROJAS 107 55 52
GUADALUPE PALMERAS 58 27 31
MILAGRO, EL 14 10 4
NUEVA ESPERANZA, LA 63 32 31
NUEVA LIBERTAD, LA 121 67 54
PINOS, LOS 112 60 52
RINCON DEL BOSQUE 256 130 126
SANTA CECILIA 39 19 20
SANTA FE 24 13 11
TEOFILO ACEBO DOS 74 40 34
UNIDAD DEMOCRATICA 54 24 30
LOCALIDADES DE UNA VIVIENDA 470 262 208
LOCALIDADES DE DOS VIVIENDAS 431 229 202
TOTAL MUNICIPAL 271674 131653 140021
097-3 103 50 53 6 2 4
098-8 92 40 52 6 2 4
100-7 134 65 69 8 4 4
101-1 73 36 37 4 2 2
102-6 105 55 50 6 3 3
103-0 136 63 73 8 4 4
105-A 76 27 49 5 2 3
107-9 111 47 64 7 3 4
108-3 30 15 15 2 1 1
109-8 165 75 90 10 4 6
110-0 36 13 23 2 1 1
111-5 20 11 9 2 1 1
112-A 27 13 14 2 1 1
113-4 106 48 58 6 2 4
114-9 76 30 46 5 2 3
117-2 13 3 10 0 0 0
118-7 17 8 9 1 1 0
121-9 32 15 17 2 1 1
122-3 12 4 8 1 0 1
123-8 0 0 0 0 0 0
124-2 61 32 29 4 2 2
125-7 47 26 21 3 1 2
126-1 78 39 39 5 2 3
127-6 95 41 54 6 2 4
128-0 86 41 45 5 2 3
129-5 136 58 78 8 3 5
130-8 25 13 12 0 0 0
131-2 62 26 36 4 1 3
132-7 32 12 20 2 1 1
133-1 14 6 8 0 0 0
134-6 23 10 13 2 1 1
135-0 0 0 0 0 0 0
136-5 6 3 3 0 0 0
137-A 3 0 0 0 0 0
138-4 4 4 0 0 0 0
139-9 0 0 0 0 0 0
140-1 120 61 59 7 3 4
141-6 0 0 0 0 0 0
142-0 0 0 0 0 0 0
143-5 0 0 0 0 0 0
144-A 7 4 3 0 0 0
147-3 5 1 4 0 0 0
Total 11400 5069 6328 694 296 398
PINAL, EL 38 22 16 2 1 1
CUEVA 33 17 16 2 1 1
BIJAHUAL 34 18 16 2 1 1
NARANJO, EL 0 0 0 0 0 0
SINAI, EL 20 9 11 1 0 1
ANGELES, LOS 42 25 17 4 2 2
Total 1599 841 763 130 65 65
2.1. CUESTIONARIO.
2.2. CUADERNO DEL ENCUESTADOR.
2.3. PLANILLAS DE CONTROL TRABAJO DE
CAMPO.
HÁBITOS FÍSICO-DEPORTIVOS SALUDABLES Y ESTILOS DE VIDA DEL
ADULTO MAYOR DE 60 AÑOS DEL MUNICIPIO DE TAPACHULA
(CHIAPAS-MEXICO)
P. 02. ¿Cuántos?
(8)
P. 04. Todos alguna vez hemos experimentado la sensación de soledad. En el último año, ¿ha experimentado usted
este sentimiento de soledad?
Si 1 Pasar a la pregunta nº 5
No 2 Pasar a la pregunta nº 9 (10)
P. 05. ¿Cuáles son los motivos principales que le hacen tener este sentimiento de soledad? (Espontáneo)
SI
Haber perdido a las personas 1 (11)
Otros:____________________________ 1 (18)
P. 06. ¿Habitualmente ¿qué es lo primero que se le ocurre hacer cuando se siente solo? (Espontáneo)
Poner la radio o la Televisión 1
Salir a pasear 2
Resignarse 3
Practica alguna labor 4
Rezar 5
Buscar un vecino 6
Ir de visita 7
Hablar solo 8
Otros:_______________________ 9 (19)
-1-
P. 07. ¿ En qué momento se siente más solo? (Espontáneo)
Cuando está enfermo 1
Por la noche 2
Todo el día 3
Los fines de semana 4
Otros:_____________________ 5 (20)
P. 08. La soledad que dice usted sentir, ¿cómo la valora: mucha o poca?
Mucha 1
Poca 2 (21)
P. 10. A nivel general, ¿se siente satisfecho o poco satisfecho con las relaciones que mantiene con…?(Leer)
Satisfecho Poco satisfecho
Familiares 1 2 (23)
Amigos 1 2 (24)
Vecinos 1 2 (25)
QUEREMOS CONOCER AHORA ALGUNOS ASPECTOS RELACIONADOS CON SUS HABITOS DE PRÁCTICA DE
ACTIVIDAD FÍSICO-DEPORTIVA, EN CADA UNA DE LAS ETAPAS DE SU VIDA
P. 11. Cuando usted estudió la primaria, ¿tuvo clase de Educación Física? (Espontáneo)
Si 1 Pasar a la pregunta nº 12
No 2 Pasar a la pregunta nº 14 (26)
P. 13. ¿Diría que usted se interesó mucho, bastante, poco o nada por la actividad físico-deportiva en la etapa de…(Leer)
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar (60 años y más)
Mucho 1 1 1
Bastante 2 2 2
Poco 3 3 3
Nada 4 (28) 4 (29) 4 (30)
P. 14. ¿Ha sido usted practicante de actividad físico-deportiva, de manera regular, durante toda la etapa de…(leer)
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar (60 años y más)
Sí 1 1 1
No 2 2 2
Abandonó 3 (31) 3 (32) 3 (33)
¾ Para los que contestan que sí han sido practicantes en alguna etapa, continuar en la pregunta nº 15
¾ Para los que contestan que no han sido practicantes en alguna etapa, pasar a la pregunta nº 16
¾ Para los que contestan que abandonaron en alguna etapa, pasar a la pregunta nº 17
-2-
P. 15. ¿Cuáles diría usted que fueron los motivos por los que practicaba actividades físico-deportivas? (Marca
todos aquellos que responda el encuestado) (Espontáneo)
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar (60 años y más)
Por estar en forma 1 (34) 1 (44) 1 (54)
PASAR A LA PREGUNTA Nº 18
P. 16. ¿Cuáles diría usted que fueron los motivos por los que nunca practicó actividades físico-deportivas? (Mar-
ca todos aquellos que responda el encuestado) (Espontáneo)
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar (60 años y más)
Porque estaba muy cansado 1 (64) 1 (71) 1 (78)
PASAR A LA PREGUNTA Nº 20
P. 17. ¿Cuáles diría usted que fueron los motivos que influyeron en su decisión de abandonar la practica de acti-
vidad físico-deportiva? (Marca todos aquellos que responda el encuestado) (Espontáneo)
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar (60 años y más)
Por aburrimiento 1 (85) 1 (94) 1 (103)
PASAR A LA PREGUNTA Nº 20
P. 18. Esta pregunta debe realizársele a aquellos encuestados que hayan respondido si, en alguna de las
etapas, en la pregunta 14. ¿Qué actividades físico-deportivas realizó en la etapa de…? ¿Con qué fre-
cuencia semanal? ¿Cuál era su duración media en cada sesión? ¿Y su intensidad? (Espontáneo)
Dependencia familiar
Frecuencia semanal Duración por sesión Intensidad
Modalidades
Más de Menos de Entre 30 y Más de 1
Una vez Dos veces Alta Media Baja
tres veces 30 minutos 60 minutos hora
1º (112) 1 2 3 (113) 1 2 3 (114) 1 2 3 (115)
-3-
Independencia familiar
Frecuencia semanal Duración por sesión Intensidad
Modalidades
Más de Menos de Entre 30 y Más de 1
Una vez Dos veces Alta Media Baja
tres veces 30 minutos 60 minutos hora
1º (124) 1 2 3 (125) 1 2 3 (126) 1 2 3 (127)
P. 19. Diría usted que la práctica de actividad físico-deportiva fue muy alta, alta, baja o muy baja en la etapa
de…? ¿Y su condición física fue muy buena, buena, mala o muy mala? ¿Y su salud? (Leer)
Dependencia Independencia Adulto mayor
familiar familiar (60 años y más)
Muy Muy Muy Muy Muy Muy
Buena Mala Buena Mala Buena Mala
buena Mala buena Mala buena Mala
Su práctica de actividad física 1 2 3 4 (148) 1 2 3 4 (151) 1 2 3 4 (154)
AHORA VAMOS A HABLAR DEL PRESENTE, MÁS CONCRETAMENTE, SOBRE ESTE ÚLTIMO AÑO
(Desde OCTUBRE del pasado año 2003)
P. 20. ¿A qué actividades dedica la mayor parte de su tiempo una vez realizadas sus obligaciones…? (Espontáneo)
ACTIVIDADES DE ACTIVIDADES
ACTIVIDADES ACTIVIDADES
RELACIÓN SOCIAL Y DE OCIO PASIVO:
DE OCIO ACTIVO: FÍSICO-DEPORTIVAS:
DIVERSIÓN: Ver T.V. / vídeo.
Viajar, hacer turismo. Actividades físicas.
Estar con la familia o con Escribir, Escuchar radio.
Fotografía. Practicar deporte.
amigos/as. Salir a tomar Leer libros, periódicos,
Trabajos manuales. Pasear.
algo. Ir a bailar. revistas. Manejar el
Aficiones artísticas. Salir al campo,
Ir al cine, teatro, ordenador. Sin hacer
Ir de tiendas. a la playa.
espectáculos artísticos. nada en particular.
Días laborables 1 2 3 4 (157)
P. 22. ¿Cuántas horas dedica a la semana a la práctica de actividad física y deportiva? (Espontáneo)
Más de 6 horas 4 De 2 a 3 horas 2
De 4 a 5 horas 3 1 hora o menos 1 (161)
-4-
P. 25. Las prácticas de actividad físico-deportivas que usted realiza actualmente, ¿quién las oferta?(Leer)
Empresa pública 1
Pasar a la pregunta nº 26
Empresa privada 2
Nadie, lo hago por mi cuenta 3 Pasar a la pregunta nº 30 (164)
P. 26. Diga si está de acuerdo o en desacuerdo con las siguientes afirmaciones que se hacen de las actividades
que le ofertan en ese programa la empresa (pública o privada). (Leer)
Empresa pública Empresa privada
De acuerdo En desacuerdo De acuerdo En desacuerdo
Es un programa bien organizado 1 2 (165) 1 2 (169)
P. 27. El programa en que se encuentra actualmente, ¿le hacen alguna evaluación de seguimiento?
Sí 1 Pasar a la pregunta nº 28
No 2 Pasar a la pregunta nº 30 (173)
Frecuentemente 1
A veces 2 (174)
P. 30. (Esta pregunta la deben contestar todos) Dígame ahora, ¿cree usted que en un futuro próximo practica-
rá actividad físico-deportiva? (Espontáneo)
Si con seguridad 1
Probablemente si 2
Pasar a la pregunta a 31
Ahora no lo sé 3
Probablemente no 4
Seguro que no 5 Pasar a la pregunta 32 (175)
1º (176)
2º (177)
3º (178)
AHORA QUEREMOS CONOCER ALGUNOS ASPECTOS RELACIONADOS CON SU SALUD Y ESTILO DE VIDA
P. 32. Piense en usted mismo y compárese con otras personas de su misma edad y sexo. Diga si está de acuerdo, o
en desacuerdo con las siguientes afirmaciones (Leer)
De acuerdo En desacuerdo
Tengo buena aptitud deportiva 1 2 (179)
-5-
P. 33. Podría usted decirnos, actualmente, si puede hacer, si necesita ayuda o si no puede realizar las siguientes
actividades cotidianas (Leer)
Sí No Con ayuda
Utilizar el transporte público 1 2 3 (186)
Otras: 1 2 3 (191)
P. 34. De manera habitual, durante la etapa de dependencia familiar, ¿tiene o ha tenido …? ¿Y durante la etapa
de independencia familiar? ¿Y después de haber cumplido los 60 años? (Leer)
P. 35. ¿Ha sufrido, durante la etapa de dependencia familiar, una fractura de…? ¿Y durante la etapa de indepen-
dencia familiar? ¿Y después de haber cumplido 60 años? (Leer)
P. 36. De manera habitual, durante la etapa de dependencia familiar, ¿tomaba bebidas alcohólicas? ¿Y durante
la etapa de independencia familiar? ¿Y después de haber cumplido 60 años? (Leer)
¾ Para los que contestan habitualmente y ocasionalmente, en alguna etapa, continuar en la pregunta 37.
¾ Para los que contestan que No, nunca o casi nunca, en alguna etapa, pasar a la pregunta 39.
-6-
P. 37. ¿Me puede decir, durante la etapa de dependencia familiar, ¿si tomaba habitualmente, ocasionalmente, nunca
o casi nunca? ¿Y durante la etapa de independencia familiar? ¿Y después de haber cumplido 60 años? (Leer)
Dependencia familiar Independencia familiar Adulto mayor (+ 60 años)
Bebidas alcohólicas Nunca, Nunca, Nunca,
Habitual Ocasional Habitual Ocasional Habitual Ocasional
casi nunca casi nunca casi nunca
Cerveza 1 2 3 (255) 1 2 3 (262) 1 2 3 (269)
P. 38. (Para quienes tomen o hayan tomado) ¿A qué edad comenzó a tomar bebidas alcohólicas?. (Espontáneo)
(276)
P. 39. De manera habitual, durante la etapa de dependencia familiar, ¿fumaba tabaco? ¿Y durante la etapa de
independencia familiar? ¿Y después de haber cumplido 60 años? (Leer)
Dependencia familiar Independencia familiar Adulto mayor (+ 60 años)
Habitualmente 1 1 1
Ocasionalmente 2 2 2
No, nunca o casi nunca 3 (277) 3 (278) 3 (279)
P. 40. (Para quienes fumen o haya fumado) ¿A qué edad comenzó a fumar tabaco?
(280)
P. 41. De manera habitual, durante la etapa de dependencia familiar, ¿tomaba medicamentos? ¿Y durante la eta-
pa de independencia familiar? ¿Y después de haber cumplido 60 años? (Leer)
Dependencia familiar Independencia familiar Adulto mayor (+ 60 años)
Habitualmente 1 1 1
Ocasionalmente 2 2 2
No, nunca o casi nunca 3 (281) 3 (282) 3 (283)
P. 42. Me puede decir, durante la etapa de dependencia familiar, ¿si tomaba habitualmente, ocasionalmente, nunca o
casi nunca…? ¿Y durante la etapa de independencia familiar? ¿Y después de haber cumplido 60 años? (Leer)
Dependencia familiar Independencia familiar Adulto mayor (+ 60 años)
Medicamentos Nunca, Nunca, Nunca,
Habitual Ocasional Habitual Ocasional Habitual Ocasional
casi nunca casi nunca casi nunca
Analgésicos/ Antiinflamatorios 1 2 3 (284) 1 2 3 (290) 1 2 3 (296)
P. 43. ¿Puede decirnos si utiliza, de manera habitual, algún tiempo para dormir durante el día? (Espontáneo)
Sí 1 No 2 (302)
P. 44. En promedio, ¿cuánto tiempo duerme durante el día? ¿Y por las noches? (Espontáneo)
Día Noche
(303) (304)
-7-
P. 47. ¿Con qué frecuencia toma .... ? ¿Cómo lo considera de sano?. (Leer)
Frecuencia Consideración
Habitual Ocasional Nunca, casi nunca Poco Sano Sano
Carnes rojas y carnes blancas, quesos 1 2 3 (307) 1 2 (314)
P. 48. De manera habitual, ¿fuma o ha fumado… Ahora si toma o ha tomado bebidas alcohólicas?..... (Leer)
Tabaco Alcohol Marihuana
SI NO SI NO SI NO
Su papá 1 2 (321) 1 2 (326) 1 2 (331)
P. 49. En el último mes, ¿cuantos días ha estado enfermo? P. 50. En el último año, ¿cuántas veces ha estado hospita-
lizado como paciente al menos durante una noche?
(336) (337)
P. 51. Ahora dígame, ¿cuáles son los medios que utiliza para intentar reducir o evitar estos problemas de salud?
No hago nada 1 (338) Tomo medicamentos 1 (341)
Practico algún deporte 1 (339) Paseo por la ciudad o por el campo 1 (342)
P. 52. ¿Qué edad tiene? años (344) P. 53. Leer: Sí 1 No 2 (345) P. 54 Escribir Sí 1 No 2 (346)
P. 56. Nos podría decir ¿en qué situación laboral se encuentra actualmente?
Trabaja 1 Jubilado/pensionado 3
Sin trabajo/Parado 2 Ama de casa 4 (348)
ISSTECH 3
-8-
ANEXO 2.2 Cuaderno del encuestador
CARTA DE PRESENTACIÓN
CERTIFICA
Que el C. ____________________________________matrícula
No. ____________, es encuestador oficial de esta escuela estando su-
jeto a la ética de la escuela, garantiza que las informaciones recogi-
das tienen un carácter no política y confidencial y que nunca serán
utilizadas individualmente, si no de forma global con otras informa-
ciones
Y SOLICITA:
GUÍA DE ENTREVISTA
1. Si el que abre la puerta es un niño, se le dice que si ¿puedo hablar con alguna
persona mayor?, si es una persona mayor, decir BUENOS DÍAS, TARDES O
NOCHES, “EN LA ESCUELA NORMAL DE LICENCIATURA EN EDUCA-
CIÓN FÍSICA, ESTAMOS HACIENDO UN ESTUDIO DE CAMPO PARA
DETERMINAR EL ESTILO DE VIDA DEL ADULTO MAYOR DE 60 AÑOS
DE NUESTRA COMUNIDAD”.
CARNET DE ENCUESTADOR
ENLEF-TAPACHULA
ENLEF-TAPACHULA
MATRICULA ___________
SEMESTRE_____________
CARNET DE ENCUESTADOR
C. ______________________________________________
TARJETA DE AGRADECIMIENTO
No. De encuestador____________________________
Localidad/AGEP________________________
Punto de muestreo__________
Resultados.
Tabla 3.1.1. Distribución, por sexo, de la población de Tapachula mayor de 60 años. Frecuen-
cias y porcentajes.
N %
N %
Tabla 3.1.3. Saber leer la población de Tapachula mayor de 60 años. Frecuencias y porcenta-
jes.
N %
Si 794 77,2
No 235 22,8
Total 1029 100,0
Tabla 3.1.4. Saber leer la población de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y distribución
por sexo. Nivel de significación.
Saber leer
Si No
Varón 81,1 18,9
Mujer 73,4 26,6
Total 77,2 22,8
χ 2 = 8,717 N.S. * * * *
Tabla 3.1.5. Saber escribir la población de Tapachula mayor de 60 años. Frecuencias y por-
centajes.
N %
Si 741 72,0
No 288 28,0
Total 1029 100,0
Tabla 3.1.6. Saber escribir la población de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y distri-
bución por sexo. Nivel de significación.
Saber leer
Si No
Varón 76,3 23,7
Mujer 67,9 32,1
Total 72,0 28,0
χ 2 = 9,155 N.S. * * * *
N %
Nivel de estudios
Normal/ Maestría/
Sin estudios Primaria Secundaria Preparatoria
licenciatura Doctorado
N %
Actividad principal
Actividad principal
Tabla 3.1.12. Distribución, por estado civil, de la población de Tapachula mayor de 60 años.
Frecuencias y porcentajes.
N %
Soltero 61 5,9
Separado/divorciado 65 6,3
Casado/vive pareja 638 62,0
Viudo 265 25,8
Total 1029 100,0
Tabla 3.1.13. Estado civil de la población de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y distri-
bución por sexo. Nivel de significación.
Estado civil
Separado/ Casado/
Soltero Viudo
divorciado vive pareja
N %
N %
Si 862 83,8
No 167 16,2
Total 1029 100,0
N %
N %
Si 936 91,0
No 93 9,0
Total 1029 100,0
Tener hijos
Si No
Varón 91,3 8,7
Mujer 90,7 9,3
Total 91,0 9,0
χ 2 = ,101 N.S. - - - -
Tener hijos
Si No
De 60 a 64 años 90,7 9,3
De 65 a 69 años 91,1 8,9
De 70 a 74 años 91,7 8,3
De 75 a 79 años 93,5 6,5
De 80 a 84 años 85,7 14,3
Más de 85 años 84,6 15,4
Total 91,0 9,0
χ 2 = 2,556 N.S. - - - -
Tener hijos
Si No
Soltero 34,4 65,6
Separado/divorciado 87,7 12,3
Casado/vive pareja 95,9 4,1
Viudo 92,8 7,2
Total 91,0 9,0
χ 2 = 258,248 N.S. * * * *
N %
1 41 4,4
2 99 10,6
3 143 15,3
4 146 15,6
5 134 14,3
6 124 13,2
7 73 7,8
8 84 9,0
9 40 4,3
10 20 2,1
11 13 1,4
12 12 1,3
13 2 ,2
14 2 ,2
15 2 ,2
24 1 ,1
Total 936 100,0
Tabla 3.2.6. Con quién vive en la actualidad la población de Tapachula mayor de 60 años.
Frecuencias y porcentajes.
N %
Tabla 3.2.7. Con quién vive en la actualidad la población de Tapachula mayor de 60 años.
Porcentaje y distribución por sexo. Nivel de significación.
Tabla 3.2.8. Con quién vive en la actualidad la población de Tapachula mayor de 60 años.
Porcentaje y distribución por edad. Nivel de significación.
Tabla 3.2.9. Con quién vive en la actualidad la población de Tapachula mayor de 60 años.
Porcentaje y distribución por estado civil. Nivel de significación.
Tabla 3.2.10. Quién atiende a la población de Tapachula mayor de 60 años. Frecuencias y por-
centajes.
N %
Tabla 3.2.11. Quién atiende a la población de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y dis-
tribución por sexo. Nivel de significación.
Sus familiares
Su pareja Sus hijos Solo
y amigos
Varón 45,1 30,5 6,6 17,8
Mujer 28,6 43,4 6,9 21,1
Total 36,7 37,1 6,8 19,5
χ 2 = 31,817 N.S. * * * *
Tabla 3.2.12. Quién atiende a la población de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y dis-
tribución por sexo. Nivel de significación.
Sus familiares
Su pareja Sus hijos Solo
y amigos
De 60 a 64 años 41,7 32,8 4,7 20,8
De 65 a 69 años 36,5 38,2 8,0 17,3
De 70 a 74 años 33,3 41,7 9,0 16,0
De 75 a 79 años 26,0 41,6 6,5 26,0
De 80 a 84 años 17,6 44,1 11,8 26,5
Más de 85 años 15,4 61,5 15,4 7,7
Total 36,7 37,1 6,8 19,5
χ 2 = 29,924 N.S. *
Tabla 3.2.13. Quién atiende a la población de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y dis-
tribución por estado civil. Nivel de significación.
Sus familiares
Su pareja Sus hijos Solo
y amigos
Soltero 8,5 15,3 28,8 47,5
Separado/divorciado 7,7 50,8 10,8 30,8
Casado/vive pareja 56,5 26,2 3,6 13,7
Viudo 2,3 64,9 8,4 24,4
Total 36,7 37,1 6,8 19,5
χ 2 = 361,920 N.S. * * * *
N %
Si 456 44,3
No 573 55,7
Total 1029 100,0
Sentimiento de soledad
Si No
Varón 42,1 57,9
Mujer 46,4 53,6
Total 44,3 55,7
χ 2 = 1,874 N.S. - - - -
Sentimiento de soledad
Si No
De 60 a 64 años 45,2 54,8
De 65 a 69 años 43,0 57,0
De 70 a 74 años 42,1 57,9
De 75 a 79 años 42,9 57,1
De 80 a 84 años 54,3 45,7
Más de 85 años 53,8 46,2
Total 44,3 55,7
χ 2 = 2,611 N.S. - - - -
Sentimiento de soledad
Si No
Soltero 55,7 44,3
Separado/divorciado 49,2 50,8
Casado/vive pareja 32,8 67,2
Viudo 68,3 31,7
Total 44,3 55,7
χ 2 = 100,178 N.S. * * * *
Sentimiento de soledad
Si No
Solo 63,1 36,9
Solo con la pareja 36,2 63,8
Con esposa/pareja e hijos 30,6 69,4
Solo con sus hijos 59,4 40,6
Con otros familiares 72,5 27,5
Otros 50,0 50,0
Total 44,3 55,7
χ 2 = 86,532 N.S. * * * *
Sentimiento de soledad
Si No
500 62,1 37,9
501-1000 42,6 57,4
1001-1500 40,4 59,6
1501-2000 39,8 60,2
2001-2500 32,4 67,6
Más de 2500 37,1 62,9
Total 44,3 55,7
χ 2 = 36,000 N.S. * * * *
Tabla 3.3.7. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad. Frecuencias y porcentajes.
SI NO
N % N %
Haber perdido a las personas 234 22,7 795 77,3
No tener familia o tenerla lejos 189 18,4 840 81,6
No tener a nadie a quien acudir 82 8,0 947 92,0
No sentirse útil para nadie 71 6,9 958 93,1
Carecer de un grupo estable de amigos 32 3,1 997 96,9
Carecer de razones para vivir 31 3,0 998 97,0
Acabarse el tiempo para hacer proyectos 29 2,8 1000 97,2
Otros motivos 27 2,6 1002 97,4
Tabla 3.3.8. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (Haber perdido a las personas). Porcentaje y distribución por
sexo.
Si No
Varón 19,5 80,5
Mujer 25,9 74,1
Total 22,7 77,3
χ 2 = 5,943 N.S. *
Tabla 3.3.9. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (Haber perdido a las personas). Porcentaje y distribución por
estado civil.
Si No
Soltero 23,0 77,0
Separado/divorciado 24,6 75,4
Casado/vive pareja 12,7 87,3
Viudo 46,4 53,6
Total 22,7 77,3
χ 2 = 121,309 N.S. * * * *
Tabla 3.3.10. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (Haber perdido a las personas). Porcentaje y distribución por
ingreso mensual.
Si No
500 34,5 65,5
501-1000 19,9 80,1
1001-1500 23,3 76,7
1501-2000 18,8 81,3
2001-2500 11,3 88,7
Más de 2500 19,4 80,6
Total 22,7 77,3
χ 2 = 24,764 N.S. * * * *
Tabla 3.3.11. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (Haber perdido a las personas). Porcentaje y distribución por
quien lo atiende.
Si No
Su pareja 14,2 85,8
Sus hijos 27,5 72,5
Sus familiares y amigos 34,8 65,2
Solo 25,6 74,4
Total 22,7 77,3
χ 2 = 27,169 N.S. * * * *
Tabla 3.3.12. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (No tener familia o tenerla lejos). Porcentaje y distribución
por estado civil.
Si No
Soltero 16,4 83,6
Separado/divorciado 24,6 75,4
Casado/vive pareja 15,5 84,5
Viudo 24,2 75,8
Total 18,4 81,6
χ 2 = 11,219 N.S. *
Tabla 3.3.13. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (No tener familia o tenerla lejos). Porcentaje y distribución
por con quién vive en la actualidad.
Si No
Solo 28,2 71,8
Solo con la pareja 18,8 81,2
Con esposa/pareja e hijos 12,9 87,1
Solo con sus hijos 19,7 80,3
Con otros familiares 25,5 74,5
Otros 21,4 78,6
Total 18,4 81,6
χ 2 = 15,370 N.S. * * *
Tabla 3.3.14. Motivos por los que la población de Tapachula mayor de 60 años tiene senti-
miento de soledad (No tener familia o tenerla lejos). Porcentaje y distribución
por quien lo atiende.
Si No
Su pareja 17,6 82,4
Sus hijos 14,3 85,7
Sus familiares y amigos 23,2 76,8
Solo 25,6 74,4
Total 18,4 81,6
χ 2 = 12,413 N.S. * * *
Tabla 3.3.15. Qué es lo primero que se le ocurre hacer cuando se siente sola la población de
Tapachula mayor de 60 años. Frecuencias y porcentajes.
N %
Tabla 3.3.16. En qué momento se siente más sola la población de Tapachula mayor de 60 años
tiene sentimiento de soledad. Frecuencias y porcentajes.
N %
N %
Mucha Poca
Soltero 52,9 47,1
Separado/divorciado 43,3 56,7
Casado/vive pareja 37,1 62,9
Viudo 53,6 46,4
Total 45,3 54,7
χ 2 = 11,467 N.S. * * *
Tabla 3.3.19. Qué es lo más importante cuando se tiene el sentimiento de soledad para la po-
blación de Tapachula mayor de 60 años. Frecuencias y porcentajes.
N %
Tabla 3.3.20. Qué es lo más importante cuando se tiene el sentimiento de soledad para la po-
blación de Tapachula mayor de 60 años. Porcentaje y distribución por sexo.
Varón Mujer
Su salud 48,2 51,8
El dinero 57,1 42,9
El amor 51,6 48,4
La compañía 48,1 51,9
Otros 40,0 60,0
Total 48,8 51,2
χ 2 = 2,493 N.S. - - - -
Tabla 3.3.21. Nivel de satisfacción con las relaciones que mantiene con familiares, amigos y
vecinos la población de Tapachula mayor de 60 años. Frecuencias y porcentajes.
N %
Tabla 4.1. Clases de Educación Física recibida por la población de Tapachula mayor de 60
años. Frecuencias y porcentajes.
N %
Si 23,6 23,6
No 76,4 76,4
Total 1029 100,0
Tabla 4.2. Clases de Educación Física recibida por la población de Tapachula mayor de 60
años. Porcentaje y distribución por sexo. Nivel de significación.
Si No
Varón 28,8 71,2
Mujer 18,6 81,4
Total 23,6 76,4
χ 2 = 14,818 N.S. * * * *
Tabla 4.3. Clases de Educación Física recibida por la población de Tapachula mayor de 60
años. Porcentaje y distribución por edad. Nivel de significación.
Si No
De 60 a 64 años 26,4 73,6
De 65 a 69 años 21,3 78,7
De 70 a 74 años 25,5 74,5
De 75 a 79 años 20,8 79,2
De 80 a 84 años 11,4 88,6
Más de 85 años 7,7 92,3
Total 23,6 76,4
χ 2 = 8,237 N.S. - - - -
Tabla 4.4. Quién le impartió la clase de Educación Física a la población de Tapachula ma-
yor de 60 años. Frecuencias y porcentajes.
N %
El profesor de educación física 87 36,4
El maestro de grupo 108 45,2
El conserje 7 2,9
Una persona ajena a la escuela 20 8,4
La hacíamos solos 16 6,7
Otros 1 ,4
Total 239 100,0
Tabla 4.5. Quién le impartió la clase de Educación Física a la población de Tapachula ma-
yor de 60 años. Porcentaje y distribución por sexo. Nivel de significación.
Tabla 4.6. Quién le impartió la clase de Educación Física a la población de Tapachula ma-
yor de 60 años. Porcentaje y distribución por edad. Nivel de significación.
Fútbol 63,5 23,6 49,8 64,0 17,3 49,4 15,0 2,2 10,4
Baloncesto 12,0 35,0 20,0 11,2 43,2 21,2 5,0 8,9 6,4
Trotar/correr 3,8 12,1 6,7 4,5 6,2 5,0 8,8 4,4 7,2
Voleibol 3,4 12,1 6,4 2,2 14,8 6,2 2,5 8,9 4,8
Béisbol 6,4 2,1 4,9 4,5 3,1
Atletismo 2,3 4,3 3,0 1,7 1,2 1,5
Natación 2,3 3,6 2,7 1,1 4,9 2,3 1,3 4,4 2,4
Caminar 2,3 3,6 2,7 4,5 8,6 5,8 56,3 57,8 56,8
Ciclismo 2,3 0,7 1,7 2,2 1,5 2,5 1,6
Boxeo 1,5 1,0 1,1 0,8
Gimnasia de mantenimiento 1,4 0,5 1,2 0,4 6,7 2,4
Manualidades 1,4 0,5
Musculación 0,4 0,2 1,7 1,2 2,5 2,2 2,4
Pesca 1,3 0,8
Tae Kwan Do 0,6 0,4 2,5 1,6
Baile 1,3 2,2 1,6
Aeróbic 2,5 0,8
Sofbol 1,3 0,8
Gimnasia Rítmica 2,2 0,8
χ 2 =91,69 N,S, * * * * χ 2 =86,44 N,S, * * * * χ 2 =20,29 N,S, - - - -
Permite Mantener y
Me divierto y Por estar en
Edad Por competir conocer más mejorar Total
distraigo forma
gente salud
60-64 42,8 48,9 42,4 39,5 43,1
65-69 36,2 26,1 29,1 31,3 31,7
70-74 11,4 14,2 18,5 15,6 14,3
Dependencia
75-79 6,6 6,8 4,6 10,9 7,3
Familiar
80-84 2,6 2,8 4,0 2,7 2,9
85 > años 0,4 1,1 1,3 0,7
N.S --- --- --- ---
Permite Mantener y
Me divierto y Por estar en
Nivel de estudios Por competir conocer más mejorar Total
distraigo forma
gente salud
Sin estudios 27,5 21,6 25,8 20,4 24,0
Primaria 43,2 39,8 36,4 49,0 42,6
Secundaria 11,4 15,3 15,9 11,6 13,6
Dependencia
Preparatoria 4,4 5,1 6,0 4,8 5,6
Familiar
Normal/licenciatura 11,8 15,3 13,9 12,9 12,8
Maestría/Doctorado 1,7 21,6 2,0 1,4 1,5
N.S --- --- --- ---
Sin estudios 20,3 17,9 3,02 12,7 22,2
Primaria 47,5 38,5 35,4 4,12 41,0
Secundaria 13,6 13,7 13,5 17,6 13,4
Independencia
Preparatoria 3,4 5,1 6,3 4,9 5,7
Familiar
Normal/licenciatura 14,4 22,2 14,6 21,6 16,5
Maestría/Doctorado 0,8 2,6 2,0 22,2
N.S --- --- --- *
Sin estudios 13,3 9,1 25,0 14,1 15,9
Primaria 31,1 42,4 38,6 37,0 34,9
Secundaria 22,2 3,0 9,1 9,8 11,1
Adulto mayor
Preparatoria 2,2 3,0 4,5 10,9 9,5
(60 años y más)
Normal/licenciatura 24,4 33,3 18,2 23,9 25,4
Maestría/Doctorado 6,7 9,1 4,5 4,3 3,2
N.S ** * --- ---
Permite Mantener y
Me divierto y Por estar en
Situación laboral Por competir conocer más mejorar Total
distraigo forma
gente salud
Trabaja 43,7 44,9 39,1 40,1 42,1
Sin trabajo 23,1 16,5 16,6 21,1 23,3
Dependencia
Jubilado/pensionado 18,3 25,6 27,8 23,1 21,8
Familiar
Ama de casa 14,8 13,1 16,6 15,6 15,7
N.S --- --- --- ---
Trabaja 49,2 47,9 45,8 38,2 46,4
Sin trabajo 15,3 9,4 24,0 15,7 17,6
Independencia
Jubilado/pensionado 22,0 32,5 18,8 35,3 24,5
Familiar
Ama de casa 13,6 10,3 11,5 10,8 11,5
N.S --- *** --- *
Trabaja 48,9 45,5 34,1 44,6 42,1
Sin trabajo 8,9 3,0 4,5 4,3 5,6
Adulto mayor
Jubilado/pensionado 17,8 33,3 36,4 29,3 28,6
(60 años y más)
Ama de casa 24,4 18,2 25,0 21,7 23,8
N.S --- --- --- ---
Tabla 6.11. Motivos por los que nunca realizó práctica físico-deportiva la población de Ta-
pachula mayor de 60 años en la etapa de dependencia familiar, independencia
familiar y en la etapa de adulto mayor de 60 años. Porcentajes.
Tabla 6.12. Motivos por los que nunca realizó práctica físico-deportiva la población de Ta-
pachula mayor de 60 años en la etapa de dependencia familiar, independencia
familiar y en la etapa de adulto mayor de 60 años. Porcentaje y distribución por
sexo. Nivel de significación.
Tabla 6.13. Motivos por los que nunca realizó práctica físico-deportiva la población de Ta-
pachula mayor de 60 años en la etapa de dependencia familiar, independencia
familiar y en la etapa de adulto mayor de 60 años. Porcentaje y distribución por
edad. Nivel de significación.
Tabla 6.14. Motivos por los que nunca realizó práctica físico-deportiva la población de Ta-
pachula mayor de 60 años en la etapa de dependencia familiar, independencia
familiar y en la etapa de adulto mayor de 60 años. Porcentaje y distribución por
nivel de estudios. Nivel de significación.
Tabla 6.15. Motivos por los que nunca realizó práctica físico-deportiva la población de Ta-
pachula mayor de 60 años en la etapa de dependencia familiar, independencia
familiar y en la etapa de adulto mayor de 60 años. Porcentaje y distribución por
situación laboral. Nivel de significación.
7. AUTOPERCEPCIÓN DE PRÁCTICA,
CONDICIÓN FÍSICA Y SALUD.
ANEXO 7 Autopercepción de Práctica, Condición Física y Salud
Dependencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Muy buena 40.4 44.6 40.4 40.0 30.0 33.3 41.4
Buena 57.1 52.9 59.6 53.3 50.0 66.7 55.8
Mala 2.5 1.7 6.7 20.0 2.6
Muy mala 0.8 0.3
χ 2 =18.87N.S. - - - -
Dependencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Positiva 97.5 97.5 100 93.3 80.0 100 97.1
Negativa 2.5 2.5 6.7 20.0 2.9
χ 2 =13.96N.S. * *
Independencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Muy buena 23.9 31.6 18.4 38.9 16.7 25.0 26.4
Buena 72.5 63.3 73.7 50.0 50.0 75.0 67.7
Mala 3.7 1.3 7.9 11.1 33.3 4.7
Muy mala 3.8 1.2
χ 2 =27.08N.S. *
Independencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Positiva 96.3 94.9 92.1 88.9 66.7 100 94.1
Negativa 3.7 5.1 7.9 11.1 33.3 5.9
χ 2 =10.60N.S. - - - -
Dependencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Muy buena 42.2 45.5 33.3 46.7 40.0 33.3 42.1
Buena 55.9 53.7 66.7 53.3 60.0 66.7 56.8
Mala 1.9 0.8
Muy mala 0.8 0.3
χ 2 =9.19N.S. - - - -
Dependencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Positiva 98.1 99.2 100 100 100 100 99.0
Negativa 1.9 0.8 1.0
χ 2 =2.15N.S. - - - -
Independencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Muy buena 20.2 39.2 28.9 38.9 33.3 25.0 29.1
Buena 75.2 55.7 68.4 55.6 66.7 75.0 66.5
Mala 4.6 3.8 2.6 5.6 3.9
Muy mala 1.3 0.4
χ 2 =12.45N.S. - - - -
Independencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Positiva 95.4 94.9 97.4 94.4 100 100 95.7
Negativa 4.6 5.1 2.6 5.6 4.3
χ 2 =0.90N.S. - - - -
Dependencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Muy buena 53.4 52.9 40.4 43.3 50.0 66.7 50.5
Buena 45.3 44.6 56.1 53.3 40.0 33.3 47.1
Mala 1.2 1.7 3.5 3.3 10.0 2.1
Muy mala 0.8 0.3
χ 2 =10.40N.S. - - - -
Dependencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Positiva 98.8 97.5 96.5 96.7 90.0 100 97.6
Negativa 1.2 2.5 3.5 3.3 10.0 2.4
χ 2 =3.94N.S. - - - -
Independencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Muy buena 28.4 41.8 31.6 38.9 33.3 50.0 34.3
Buena 69.7 55.7 68.4 55.6 50.0 50.0 63.4
Mala 0.9 1.3 5.6 16.7 1.6
Muy mala 0.9 1.3 0.8
χ 2 =17.17N.S. - - - -
Independencia familiar
60/64 65/69 70/74 75/79 80/84 Más 85 Total
Positiva 98.2 97.5 100 94.4 83.3 100 97.6
Negativa 1.8 2.5 5.6 16.7 2.4
χ 2 =7.28N.S. - - - -