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Quijote

El documento analiza la influencia de 'Las mil y una noches' en la poesía de Jorge Luis Borges, destacando su interés por la realidad, la memoria y la identidad. A través de su obra, Borges explora la relación entre el tiempo, el espacio y la existencia, utilizando imágenes y metáforas que reflejan su conexión con la literatura y su experiencia personal. La colección 'Historia de la noche' se presenta como un punto culminante de su reflexión poética sobre el Oriente y la naturaleza del ser humano.

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El documento analiza la influencia de 'Las mil y una noches' en la poesía de Jorge Luis Borges, destacando su interés por la realidad, la memoria y la identidad. A través de su obra, Borges explora la relación entre el tiempo, el espacio y la existencia, utilizando imágenes y metáforas que reflejan su conexión con la literatura y su experiencia personal. La colección 'Historia de la noche' se presenta como un punto culminante de su reflexión poética sobre el Oriente y la naturaleza del ser humano.

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LAS MIL Y UNA NOCHES

EN LA POESIA DE JORGE LUIS BORGES

Graciela E. Tissera
University of South Carolina

Hombre erudito, Borges llama la atención a ese mundo


literario multifacético del que se inspira para crear otro relacionado con
su autobiografía. En 1923 publica en la revista Nosotros el artículo "La
encrucijada de Berkeley"1 en el que plantea tres cuestiones:

a) El problema de la realidad en contraposición con la


irrealidad.2
b) La memoria como estructuradora de la vida.
c) La disolución del yo, del tiempo y del espacio.

Estas preocupaciones filosóficas lo acompañarán a lo largo de sus


etapas poéticas 3 plasmándose en diversas imágenes y conceptos para
crear un efecto de secreta complejidad. Algunas imágenes surgen de la
relación directa entre significado-significante, otras de la tradición
literaria o filosófica, y la mayoría de las veces de la experiencia

1
El artículo apareció en la revista Nosotros (Tomo 59, 1923, págs. 359-365), y
Borges especifica que ha traducido partes del libro Principles of Human Knowledge de
Berkeley, para explicar la teoría del filósofo. El artículo tiene valor pues demuestra el
temprano interés de Borges en distintos temas filosóficos que desarrolla en su poesía.

2
Es interesante consultar la obra de Ana María Barrenechea, La expresión de
la irrealidad en la obra de Borges (New York: University Press, 1965), donde se realiza
un interesante análisis del idealismo y otras formas de la irrealidad, sus símbolos y planos,
y cómo se refleja en la sintaxis y el vocabulario.

3
Con respecto a este tema se puede consultar el libro de Guillermo Sucre,
Borges, el poeta (México: UNAM, 1967). Sucre considera la primera etapa de juventud
con Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín
(1929). Iniciándose la segunda con El hacedor (1960).
R52
personal del poeta que va logrando con el tiempo, asociar a los
conceptos imágenes propias que surgen de relaciones íntimas realizadas
por el Yo. Estas particulares asociaciones reflejan a Borges como un
hombre moderno frente a sí mismo y las circunstancias en camino hacia
un entendimiento de la existencia.
En su madurez que tanto ha meditado, el poeta comienza, por
motivos personales y también literarios, a enfrentar cuestiones
definitivas. La respuesta que siempre ha estado presente se va a perfilar
ahora en la búsqueda de una convicción personal delineando su tercer
etapa poética. 4 Cada objeto se percibe como un instrumento de la
eternidad, como parte del universo. El libro clave que estructura esta
serena revelación en su poesía es Historia de la noche (1977); inspirado
en el libro de las Mil y una noches, esta colección se va a proyectar en
la temática de su último poemario, Los conjurados (1985), 5
conformando una integración cosmogónica.

Historia de la noche
De todas las colecciones de poemas de Borges, Historia de la
noche 6 es la que quizás con mayor vehemencia presenta un sereno
amor por los libros. 7 Ya había manifestado este pensamiento en el

4
Considero esta tercer etapa con La rosa profunda (1975), La moneda de
hierro (1976) e Historia de la noche (1977), que cristalizará en los dos últimos libros de
poesía de Borges, La cifra (1981) y Los conjurados (1985) en los cuales se efectúa una
conjunción en lo que se refiere a la estética y a la temática, constituyendo la cuarta etapa.

5
Con respecto a este libro las citas serán de Los conjurados (Madrid: Alianza
Editorial, 1985). En adelante C.

6
Todas las citas serán de Obra poética 1923-1977 (Buenos Aires: Emecé
Editores, 1977). En adelante OP.

7
Véase el Epílogo (OP, 550). Dice Borges: "¿Me será permitido repetir que la
biblioteca de mi padre ha sido el hecho capital de mi vida? La verdad es que nunca he
salido de ella, como no salió nunca de la suya Alonso Quijano". Borges explicó esta
tendencia a la lectura en una conferencia realizada en el salón "Notario Gervasio Antonio
de Posadas" del Colegio de Escribanos, el 26 de octubre de 1971. La versión taquigráfica,
R53
poema "El guardián de los libros" de Elogio de la sombra (1969):

El unicornio herido que regresa para marcar el fin,


Las secretas leyes eternas,
El concierto del orbe;
Esas cosas o su memoria están en los libros

La lectura es el acto de despertar la memoria dormida y de


activar los sueños de otras generaciones; en los libros, que son
simulacros de la memoria, reside el potencial infinito del hombre y su
trascendencia. El poeta reitera su pasión como asiduo lector en una
conferencia en la Universidad de Belgrano, en la cual explica que la
lectura y la creación poética son dos formas de la felicidad.8 La función
del libro es recordar los sueños, que se traducen como nuestro pasado,
pues la creación es precisamente el olvido y el recuerdo de lo leído. De
tal manera, la poesía es el hecho estético 9 que rememora y revive la

sin corregir, de la conferencia, fue publicada en la Revista del Notariado (Separata de la


revista número 721, febrero de 1976, págs. 3-9): "Muchas veces he dicho que mi infancia
correspondió al barrio de Palermo, desde el punto de vista topográfico. Pero mis ideas
corresponden a las bibliotecas de mi padre y al diálogo de mi padre".

8
Véase Borges, oral (Buenos Aires: Emecé, 1979). Este libro reúne cinco
clases dictadas por Borges en la Universidad de Belgrano entre mayo y junio de 1978. Los
temas son: "El libro", "La inmortalidad", "Emanuel Swedenborg", "El cuento policial" y
"El tiempo".

9
Véase el libro de Roberto Alifano, Conversaciones con Borges (Buenos
Aires: Editorial Debate, 1985), en la pág. 134: "Yo sigo pensando que la poesía es el hecho
estético; es decir que la poesía no es un poema. Porque qué es un poema: es tal vez sólo
una serie de símbolos. La poesía, yo creo, es el hecho poético que se produjo cuando el
poeta lo escribió, cuando el lector lo lee, y siempre se produce de un modo ligeramente
distinto. Cuando eso sucede, a mí me parece que lo percibimos. La poesía es un hecho
mágico, misterioso, inexplicable, aunque no incomprensible. Si no se siente el hecho
poético cuando se la lee, quiere decir que el poeta ha fracasado". Véase también el Prólogo
a la Obra Poética.
R54
emoción poética; se establece así el vínculo entre el libro y la creación,
entre lector y creador a través de la memoria y de la imaginación.
Las historias de las Mil y una noches condensan el espíritu de
un tiempo pretérito e implican para nuestro poeta el descubrimiento del
Oriente, o, mejor expresado, una conciencia del Oriente. Ya en 1936
Borges había publicado un artículo sobre el tema: "Los traductores de
las 1001 Noches"10 y en 1975 Borges nos presenta la visión poética del
Oriente en el poema homónimo en La rosa profunda.

Sé de aquel genio de humo encarcelado


En la vasija de amarillo cobre
Y de lo prometido en la tiniebla. (OP, 457)

En la conferencia "Las mil una noches" de 1977, reunida luego


con otras seis en el libro Siete noches, dice Borges:

¿Qué es el Oriente? Si lo definimos de un modo geográfico


nos encontramos con algo bastante curioso y es que parte del
Oriente sería el Occidente, ya que se entiende que el Norte de
África es el Oriente. Desde luego Egipto también, y las tierras
de Israel, el Asia Menor y Bactracia, Persia, La India... Al
decir Oriente creo que todos pensamos, en principio, en el
Oriente Islámico.

Este sentido proviene del libro de las 1001 Noches que


produce el sentimiento del Oriente y su presencia en distintos lugares
como Granada y Córdoba. Esta extensión se aplica también al tiempo,
pues es tradición que nadie puede leer las 1001 Noches hasta el fin,
connotando así un libro infinito. La proyección espacio-temporal
subyuga al poeta quien desde la Inscripción que precede a Historia de

10
En Obras Completas, 1923-1972,Buenos Aires: Emecé, 1974. En adelante
OC. También se puede consultar el libro Siete noches (México: FCE, 1980).
R55
la noche nos embarca en el tema: "Por todas las cosas dispares que son
tal vez, como presentía Spinoza, meras figuraciones y facetas de una
sola cosa infinita" (OP, 505). El fluir del tiempo, el instante, la
eternidad, se van a manifestar en una unidad proteica a través de la
magia de la literatura.11
La poesía borgeana combina un lenguaje simplificado con los
temas fundamentales de la filosofía y con sus experiencias personales
en lo que se refiere a la ciudad de Buenos Aires, la ceguera, los libros,
la soledad, la vejez. Lo que sobresale fundamentalmente es el
sentimiento hacia las cosas: patios ajedrezados en una ciudad de
tradiciones que entrañan el lazo familiar, la educación paterna, las
espadas de la lucha, los libros en blanco. A través de este entorno se
vislumbra a Borges el poeta. No hay un solo elemento que no se refiera
a algo querido y secretamente perdido: las parras, los atardeceres, el
aljibe, los antepasados.

El aljibe. En el fondo la tortuga.


Sobre el patio la vaga astronomía
Del niño. La heredada platería
Que se espeja en el ébano. La fuga
Del tiempo, que al principio nunca pasa.
("Buenos Aires, 1899", OP, 530)

Cada cosa o evento alcanza una dimensión inusitada porque


Borges nos muestra cómo se entrelaza con lo universal y forma en sí
algo único e intransferible. Es lo que nos hace ver a través de su poesía,
que un atardecer es el atardecer, que una rosa es la rosa. La
transfiguración arquetípica puede causar un efecto especial porque las
relaciones comienzan por la experiencia inmediata para luego

11
Véase el Epílogo de Historia de la noche: "Un volumen de versos no es otra
cosa que una sucesión de ejercicios mágicos. El modesto hechicero hace lo que puede con
sus modestos medios. Una connotación desdichada, un acento erróneo, un matiz pueden
quebrar el conjuro" (OP, 550).
R56
extenderse a otras dimensiones con el propósito de destacar lo que se
comparte y perdura a nivel emocional. Esta ampliación de círculos
concéntricos nace del Yo para llegar hasta el entorno y elevarse al
plano metafísico. Borges es un reivindicador de la criatura humana en
las potencias de su espíritu: la inteligencia, la memoria y la voluntad.
Como matemático y filósofo centra al hombre y al universo en una
simbiosis que se transfigura en el poema "Metáforas de las mil y una
noches" (OP, 510-511) y define la temática fundamental de Los
conjurados.

Las metáforas del ser

1) "La primera metáfora es el río".


En esta metáfora está toda la historia de la humanidad, todos los actos y
las cosas que fueron en el tiempo y que ya son perdurables. Es la
condición primera del hombre que vive en un orbe de formas variables
encadenado a un Destino o Azar. En esta condición precaria de la
existencia no existe una respuesta ni una definición: cada cosa es otra
cosa o muchas.

Las grandes aguas. El cristal viviente


Que guarda esas queridas maravillas
Que fueron del Islam y que ya son tuyas
Y mías hoy.

Las manos que se lavan con ceniza;


Los viajes de Simbad, ese Odiseo

El jeque y la gacela; un orbe fluido


De formas que varían como nubes,
Sujetas al arbitrio del Destino
O del Azar, que son la misma cosa;
El mendigo que puede ser ángel
Y la caverna que se llama Sésamo.
R57

Una imagen tan corriente como la del río, que bien nos trae la
idea de mortalidad, en Borges alcanza más aún. El lector no puede
sustraerse a la relación río-Heráclito, río-Borges, para concluir que río
es cambio y pérdida constante, que el hoy es algo que se escapa de las
manos, para que el hombre sea sucesivamente otro.12
El sentido de transitoriedad combinado con las limitaciones
impuestas por un fatum irreversible crea en Los conjurados la premisa
de que cada ser, en su imperfección, puede habitar todos los días en el
Paraíso. Un acto por simple que sea está ocurriendo en cada instante en
un plano infinito.

No hay un instante que no pueda ser el agua del


Paraíso.
No hay un instante que no esté cargado como un arma.
En cada instante puedes ser Caín o Siddharta, la
máscara o el rostro. ("Doomsday", C, 17)

No existe una duración sino una eternidad. La posibilidad de


enfrentar el mundo desde un plano superior muestra el deseo de
reivindicar a la criatura humana en su propia naturaleza para alcanzar
una identidad trascendente. La contraposición de eternidad y tiempo es
un conflicto que siempre le ha preocupado al autor, pero la división
ahora es clara: el hombre como ser en el tiempo y necesariamente
perecedero, consta sin embargo de la memoria de los actos destinada a
perdurar. Esta memoria constituye la historia de la que el ser humano
no puede dejar de formar parte y la que se revive y revitaliza en cada
repetición. Un hombre que recuerda un hecho o un objeto, lo hace
eterno. Borges sostiene que se puede visualizar cierta ruptura del

12
Borges había expresado estas ideas en "Nueva refutación del tiempo" en
Otras inquisiciones, 1952; en El hacedor en 1960 ("Arte poética", OP, 155); en Elogio de
la sombra de 1969 ("Heráclito", OP, 315) y en La moneda de hierro de 1976 ("Heráclito",
OP, 496).
R58
tiempo pero no se puede detener su fluir. La realidad del hombre es
infranqueable en este aspecto, pero esa otra realidad de la mente se
libera de la materia y percibe el funcionamiento del cosmos. Borges ha
alcanzado la comprensión de conjunto en la que se desplaza el universo
y ha concluido que todos los actos mantienen una acción única aunque
el hombre pueda sólo juzgarla como parcelada y continua. Traducir esta
sensación es enfrentarse con un lenguaje sucesivo, que el poeta resuelve
en la repetición para crear la idea de acumulación y totalidad. 13

2) "La segunda metáfora es la trama".


El universo se presenta al hombre como un caos sin resolución, pero un
orden secreto lo gobierna. Existen una serie de causas y efectos que se
cumplen matemáticamente con un propósito que no se da a develar. En
este secreto propósito está centrada la primera causa que puede ser Dios
o Nadie. Borges utiliza los números siete, tres y uno que en la tradición
cristina simbolizan a la Divinidad para plantear la unidad básica del
cosmos.

De un tapiz que propone a la mirada


Un caos de colores y de líneas
Irresponsables, un azar y un vértigo,
Pero un orden secreto lo gobierna
Como aquel otro sueño, el Universo,
El Libro de las Noches está hecho
De cifras tutelares y de hábitos:
Los siete hermanos y los siete viajes,
Los tres cadíes y los tres deseos

El Universo constituye una repetición cíclica infinita que

13
El lenguaje como sucesivo fue afirmado en el cuento "El Aleph" (OC, 625):
"Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo
es". También en el ensayo "Nueva refutación del tiempo" (OC, 764): "Todo lenguaje es de
índole sucesiva; no es hábil para razonar lo eterno, lo intemporal".
R59
implica un Orden ya que no existe una simple cosa que no contenga un
significado trascendente y que no sea necesaria para el cumplimiento de
todas las acciones.14 Percibir una flor, por ejemplo, debiera despertar la
certeza de que en esa belleza está representada la esencia del cosmos.
Se justifican y aceptan las condiciones de la existencia en la medida en
que cumplen una función dentro del mecanismo de causas y efectos. El
acondicionamiento es ínfimo a la vista del universo, y debe ser
aceptado dentro del contexto superior de la eternidad. De acuerdo con
Borges hay que gozar del amor de las cosas que nos ignoran y se
ignoran. En el poema "La trama" de Los conjurados se hace referencia
al juego de opuestos que tanto usa el poeta, como Don Quijote que
prefigura a Quijano, Caín que nos lleva a Abel, el Paraíso que
presupone un Infierno, las espadas de la guerra y la paz. La unión
proteica de estas imágenes desentrañan la creación personal del poeta,
quien con los espejos, la rosa y el ocaso patentiza los símbolos de la
dualidad del universo y la muerte. Como vemos, logra un balance
exacto entre lo que pertenece a la historia y a su identidad, configuradas
en imágenes generativas y símbolos, creando una red de elementos que
se equiparan en importancia e interactúan en la memoria.

No hay una sola de esas cosas perdidas que no proyecte ahora


una larga sombra y que no determine lo que haces hoy o lo que
harás mañana. ("La trama", C, 24)

Como todo pasa y se transforma, el lugar de las cosas se sitúa


en la memoria: perdidas en la realidad, recuperadas en el recuerdo, sin
principio ni final, sin pasado ni futuro. Esta memoria está regida por la
divinidad que se representa por el número siete, luego el tres, para
llegar al número Uno: "Y encima de las otras la primera/Y última cifra
del Señor; el Uno" (OP, 511).

14
Borges discutió estos conceptos en "Ajedrez" (El hacedor) y en "Everness"
(El otro, el mismo, 1964).
R60

3) "La tercera metáfora es un sueño".

El hombre posee en su espíritu la capacidad de acceder al orden


primero. Esta capacidad se manifiesta en los sueños que se bifurcan en
otros develando proféticamente la estructura del universo. Pero el
hombre no sabe que su vida está dentro de otro sueño soñado por otro
que pertenece a su vez a un laberinto de sueños. Con esto Borges nos
manifiesta la teoría idealista de que el universo está constituido en el
campo de la mente.15

El sueño se disgrega en otro sueño


Y ése en otro y en otros, que entretejen
Ociosos un ocioso laberinto.
En el libro está el Libro. Sin saberlo,
La reina cuenta al rey la ya olvidada
Historia de los dos. Arrebatados
Por el tumulto de anteriores magias,
No saben quiénes son. Siguen soñando.

Los sueños son la apertura a otro tiempo y a otra realidad.


Borges reafirma que lo que se almacena en la memoria es lo único que
el hombre puede poseer, es decir, sólo los paraísos perdidos. Las cosas
que terminan anulan la víspera y la esperanza que causan zozobra e
inestabilidad. En el plano personal el autor posee a su padre que ha
muerto, los colores amarillo y negro que no puede ver, las mujeres que

15
Borges trata el tema en "La encrucijada de Berkeley": "Dios le sirvió a
manera de argamasa para empalmar los trozos dispersos del mundo o, con más propiedad,
hizo de nexo para las cuentas desparramadas de las diversas percepciones e ideas. Esto lo
declaró Berkeley afirmando que la enrevesada totalidad de la vida no es sino un desfile de
ideas por la conciencia de Dios y que cuanto nuestros sentidos advierten es una escasa
vislumbre de la universal visión que se despliega ante su alma". El lector interesado puede
consultar el libro de G. A. Johnston, The Development of Berkeley's Philosophy (New
York: Russell & Russell, 1965).
R61
lo dejaron. Como vemos, la figura del padre ha marcado profundamente
al poeta, pues significó, aparte de los lazos de cariño, el impulso hacia
el mundo literario, que es uno de sus hábitos; el amor que no se
consumó y no pudo fructificar en hijos se transformó en un amor
universal por las cosas y su interdependencia; el amarillo y el negro nos
llevan inequívocamente a las formas del tigre y los arquetipos.
La forma milenaria de la fiera le sirvió al poeta para plantear
en "El otro tigre" (El hacedor, OP, 132), la búsqueda (vana, imposible)
del mundo de las ideas y también para testificar la imposibilidad de
representar la realidad por medio de palabras humanas. En Historia de
la noche ya se nombra como arquetipo.

Era el tigre de esa mañana, en Palermo, y el tigre del Oriente y


el tigre de Blake y de Hugo y Shere Khan, y los tigres que
fueron y que serán y asimismo el tigre arquetipo, ya que el
individuo, en su caso, es toda la especie. ("El tigre", OP,
515)

Estas cosas y otras forman parte indestructible del primer


círculo del Yo, que Borges aúna con la historia de Troya e Israel y la
literatura. "Todo poema, con el tiempo, es una elegía" ("Posesión del
ayer", C, 63), configura la nostalgia de las cosas que son materia del
tiempo. Pero desde la visión borgeana el hombre debe vivir como si
existiera un motivo importante para la vida, un motivo a descifrar y
traducir.

Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un


secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es
imaginar que hay un laberinto y un hilo. ("El hilo de la
fábula", C, 61)

Lo desconocido conlleva el derecho a la duda y el


cuestionamiento. En segunda instancia, hay que buscar el sentido de la
existencia y en esto se compromete el poeta al imaginar que sí existe un
R62
orden establecido que otorga a cada paso determinado una justificación.
La clave para llegar a esta convicción es personal. Borges supone que
tal vez nunca daremos con ella o tal vez sí para luego perderla, como
explica en "El hilo de la fábula", en la fe, el sueño, la filosofía o en la
felicidad. Se afirma aquí la existencia de formas de revelación que no
se pueden explicar, pero que nacen de la disciplina establecida entre el
sujeto y el universo. Ningún camino parece viable, o todos lo son, de
acuerdo a la recepción del Yo. En el caso de Borges, este
convencimiento ha surgido paulatinamente de la reflexión metafísica, el
sufrimiento, el acercamiento sentimental a los objetos y acciones a
través de la memoria y los sueños proféticos.

4) "La cuarta es la metáfora de un mapa".


Éste es el mapa del Tiempo en el que este pensamiento del universo se
piensa a sí mismo. Un tiempo sin tiempo que se extiende al infinito y
que nadie puede medir.

Dicen los árabes que nadie puede


Leer hasta el fin el Libro de las Noches.
Las Noches son el Tiempo, el que no duerme.

En este mapa del tiempo está cifrada la inmortalidad cósmica.


La muerte sólo pertenece a la materia, el alma perdura porque la vida es
más inverosímil que la muerte. Borges cree definitivamente en esta
transferencia del alma a una eternidad de la conciencia que no debe ser
necesariamente personal. Los puntos anteriores lo llevan a la conclusión
que cada cosa es inmortal y que proyecta una sombra significativa que
afecta cada instante del universo. Liberarse del cuerpo es unirse a la
historia universal.

Contigo estaban las muchedumbres de las sombras que


bebieron en la fosa ante Ulises y también Ulises y también
todos los que fueron o imaginaron los que fueron. Todos
estaban ahí, y también mis padres y también Heráclito y
R63
Yorick. ("Abramowicz", C, 35)

La conjunción de la historia personal, la universal y la literaria


es la suma de la identidad recuperada, es reconocerse en una cartografía
celeste en la parte y el todo. Borges reitera en "La suma" (C, 41) la idea
ya planteada en el Epílogo de El hacedor (OC, 854) sobre la inefable
tarea de dibujar el mundo: "En el preciso instante de la muerte/
descubre que esa vasta algarabía/ de líneas es la imagen de su cara".

Nuestro autor siente en sí estas grandes metáforas de la


existencia y se define como uno y múltiple. No es Borges sino la suma
de los Borges, Suárez, Haslam, la sombra de sus sombras y más aún la
sombra del arquetipo. En esta constitución de la sangre toma para sí la
serenidad de su padre ante la muerte, el valor y el coraje de los
Acevedo y los Suárez, la costumbre de descifrar versículos de su
abuela. Borges es toda esa memoria y también es su alter ego, su
materia cotidiana y sus pequeñas dichas y sobre todo es el hombre
dedicado a la literatura.

Soy al cabo del día el resignado


Que dispone de un modo algo distinto
Las voces de la lengua castellana
Para narrar la fábulas que agotan
Lo que se llama la literatura. ("The thing I am", OP, 542)

Quiere, además, salvar al orbe a través de la literatura, acosado


por sueños proféticos e imágenes del pasado buscando una dicha que
sólo se da en el recuerdo de ciertos momentos fugaces que vuelven en
el tiempo. Borges el soñador y el soñado es lo que sobrevive, lo que
perdura, es lo que es.

Soy la cosa que soy. Lo dijo Shakespeare.


Soy lo que sobrevive a los cobardes
Y a los fatuos que he sido. ("The thing I am", OP, 543)
R64

En esta definición del ser, Borges presenta su rostro que sólo


la divinidad indescifrable conoce y al que tal vez puedan llegar los
hombres. Ese rostro que debe cumplir una serie de actos antiguos antes
de llegar a sí mismo, porque es necesario que se cumplan una serie de
pasos que secretamente desembocan en otros en un ciclo indefinido.

Antes que llegues,


Un monje tiene que soñar con un ancla,
Un tigre tiene que morir en Sumatra,
Nueve hombres tienen que morir en Borneo.
("La espera", OP, 537)

En esta espera el tiempo vuelve sobre las memorias, sobre los


senderos sin transitar, sobre la meditación y los presagios de estar en el
centro de un juego incomprensible que hace que el ser se sienta
duradero y desvalido.
Es obvio que en esta correlación de ideas Borges está
plasmando implícitamente una línea de conducta que se puede traducir
como justa.16 De las 1001 Noches ha dicho el autor argentino: "En dos
procedimientos abunda el libro de las 1001 Noches: uno, puramente
formal, la prosa rimada; otro, las predicciones morales. El primero
corresponde a las animaciones del narrador: personas agraciadas,
palacios, jardines, operaciones mágicas, menciones de la Divinidad,
puestas de sol, batallas, auroras, principios y finales de cuentos. El
segundo requiere dos facultades: la de combinar con majestad palabras
abstractas y la de proponer sin bochorno un lugar común" (OC, 397).
Borges ha recreado esta tradición.

16
Esta preocupación se manifiesta en 1969 cuando en el Prólogo de Elogio de
la sombra (OC, 975) sostiene Borges: "A los espejos, laberintos y espadas que ya prevé mi
resignado lector se han agregado dos temas nuevos: la vejez y la ética". Se puede consultar
la obra de Verdugo-Fuentes, En voz de Borges (México: Editorial Offset, 1986) en la pág.
40: "Me basta tener un sentido ético de la vida y ser consecuente con dicho sentido".
R65

Bibliografía

Alifano, Roberto. Conversaciones con Borges. Buenos Aires: Editorial


Debate, 1985.
Barrenechea, Ana María. La expresión de la irrealidad en la obra de
Borges. New York: University Press, 1965.
Borges, Jorge Luis. Obras Completas, 1923-1972. Buenos Aires:
Emecé, 1974.
---. Obra Poética, 1923-1977. Buenos Aires: Emecé, 1977.
---. "La encrucijada de Berkeley". Nosotros 59 (1923): 359-365.
---. "Testimonio de mis libros". Revista del notariado 721 (1976): 3-9.
---. Borges, oral. Buenos Aires: Emecé, 1979.
---. Siete noches. México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1980.
---. Los conjurados. Madrid: Alianza Editorial, 1985. Johnston, G.A.
The Development of Berkeley's Philosophy. New York:
Russell & Russell, 1965.
Sucre, Guillermo. Borges, el poeta. México: UNAM, 1967.
Verdugo-Fuentes,Waldemar. En voz de Borges. México: Editorial
Offset, 1986.

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