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Mocho, Fray - Pascalino

El documento habla sobre Pascalino, un verdulero popular en Buenos Aires a finales del siglo XIX. Pascalino recorre el barrio de La Piedad ofreciendo verduras usando un carrito de mano, alternando entre ser el caballo de tiro y el comerciante. Anuncia su llegada gritando frases en un español e italiano mezclado y impone su voluntad a los clientes sobre qué productos comprar.

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Mocho, Fray - Pascalino

El documento habla sobre Pascalino, un verdulero popular en Buenos Aires a finales del siglo XIX. Pascalino recorre el barrio de La Piedad ofreciendo verduras usando un carrito de mano, alternando entre ser el caballo de tiro y el comerciante. Anuncia su llegada gritando frases en un español e italiano mezclado y impone su voluntad a los clientes sobre qué productos comprar.

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Fray Mocho

1858 - 1903
PASCALINO
Es uno de nuestros calabreses más distinguidos y al mismo tiempo el verdulero más
popular del barrio de la Piedad1, cuyas calles recorre diariamente con su carrito de mano,
desempeñando alternativamente el papel de caballo de tiro y el de comerciante al menudeo.
Es una especie de guión tirado desde la elegante casa de familia hasta el modesto
cuarto de conventillo, y él nivela, tuteándolas, a la empingorotada dama a quien le falta de
repente algún ingrediente para preparar un plato improvisado, con la cocinera sin trabajo, que
para no perder la costumbre y asentar la mano, se sisa a sí misma cinco centavos en el clásico
puchero.
Con su galerita terciada sobre la oreja, sus pantalones y su saco deshermanados, que
de puro cortos ya casi ni se saludan, va de puerta en puerta, asomando su cara de doble
sentido -pues desde la boca para arriba parece ser un flaco melancólico, y desde el mismo
punto para abajo, de un gordo divertido- y, gritando con doliente voz de falsete, que se filtra
como en chorritos como a través de una maceada ' cosmopolita, verdadera asamblea de
puchos callejeros:
-¡Se me caen los pantalones! ... ¡ay!... ¡se me caen los pantalones!
La frase pregonera, que más perece anunciadora de una catástrofe escandalosa, ya no
llama, sin embargo, la atención de la clientela: todo el barrio la conoce y sabe que traducida
al criollo quiere decir simplemente:
-¡Señora!... ¡Aquí está Pascalino!...
Y convocadas por ella salen las compradoras a la puerta, quienes francamente y
quienes con un gracioso recato, revelador de escrúpulos sociales muy recomendables,
mientras otras entablan su negociación desde el descanso de la escalera, obligándole a viajes
frecuentes, hasta el carrito, que le permiten despegar las gracias de su porte.
-¿Tiene longaniza, marchante?
-¡Merá! ¡Num gomprate chalchicho oggi!. . . ¡Num é buona per naida!2
-¿Por qué?
-¡Mo!. . . ¡Yandangarando3 periti4 li canachi dil monichipio!
-¿Qué me dice?
Aquí Pascalino, que se siente importante con su noticia, exclama en tono sentencioso
al par que discretamente petulante:
-¡Domandalo al tuo maritos! ... ¡Li canachi, vendono li periti a cuelo qui fanno
cholchicho.. . ¡Guandio ti lo dicos e berqué lo só!
Y extrayendo del carrito un envoltorio de papeles, y de éste unas yuntas de chorizos
que para lucirlos mejor hace cabalgar sobre su índice:
-Merá!... ¡Roba fina, cuesta! ... ¡Mó! ... ¡Li chorichi non si fanno gum artigoli di
perro!... . . ¡Cuesto si po mangiare comí-ti-lo-dico!
-Pero marchante... ¡yo lo que necesito son longanizas!
-¡Ti prechisa chorichi! ... ¡Lo só bene! ... ¡L'altra ruba non é buona, te l' ho deto!
-Pero vea, marchante...
Pascalino se siente arrebatado; las venas del cuello se le inflan, los ojos se le inyectan;
le revuelve la bilis, evidentemente, la terquedad de una cliente que quiere longanizas cuando
él no tiene y se encamina apresuradamente a su carro como para marcharse, pero vuelve con
la misma rapidez, se encara con ella, desocupa la boca de la mascada que le dificulta la
palabra, y dice con tono despreciativo, aunque casi lloriqueante de puro meloso y derretido:
-¡Mó!. . . ¿Berqué nun parlate guiare allora? ...
1
Los principales puntos de referencia para orientarse en Buenos Aires a fines del siglo XIX eran las parroquias,
que identificaban los barrios. La Iglesia de la Piedad, ubicada en la calle del mismo nombre ( hoy Bartolomé
Mitre) 1524, centralizaba la zona hasta ese entonces residencial.
2
El personaje se expresa con una pintoresca mezcla de italiano y español.
3
Yandangarando: ya andan agarrando.
4
Periti: perritos.
¡Voy volete artigoli fati con gose di pero! ... ¡Ebene!... ¡Andati al meregato si volete!...
¡Pascalino non dimentigará di la sua fama!
Y ante semejante indignación la compradora que necesitaba longanizas, se somete a la
tiranía del marchante que, de casa en casa y de puerta en puerta. urde mentiras en su media
lengua e impone su voluntad soberana.

22-10-1898

Libros Tauro
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