Manual de Historia Medieval. García de Cortázar.
I. La reaparición y éxito de la ciudad
La ciudad había gozado de enorme prestigio en el Imperio Romano. Después se debilitó y se
modificaron sus funciones, convirtiéndose en simple lugar físico de residencia de las autoridades
eclesiásticas. Con el crecimiento europeo a partir del siglo X, reapareció y se desarrolló. Al
principio, como una célula que la propia dinámica de la sociedad feudo-señorial exigía. Después
reclamó una nueva lógica distinta de la puramente feudal.
La lenta adquisición de los rasgos de ciudad
Modelo acabado de ciudad: poblamiento concentrado y compacto, división social del trabajo,
fuero, ordenación del entorno rural y orgullo municipal. La adquisición de todos y cada uno de
estos rasgos no se completó en las ciudades medievales hasta comienzos del siglo XIII.
La morfología física de las ciudades respondió a tres modelos principales. El primero, la ciudad
constituida por un núcleo antiguo en torno al cual se fueron formando uno o varios barrios en
continuidad y dependencia respecto al primero. El segundo, la ciudad creada a partir de la reunión
de varios núcleos prácticamente autónomos. El tercero, la ciudad creada de la nada, con un plano
ortogonal muy definido. En los tres modelos, la evolución evidenció un doble proceso: la
compactación del caserío, eliminando poco a poco los espacios agrícolas interiores, y la lotificación
del espacio urbano.
La división social del trabajo fue muy diferente en cada ciudad, entre dos extremos posibles. Uno,
una escasa variedad de actividades económicas, con predominio de la ganadería y la agricultura. Y
el otro, una aguda división del trabajo mercantil y artesanal.
El reconocimiento de un fuero espacial fue el rasgo esencial de la ciudad medieval. Tal fuero solía
incluir cinco aspectos principales. El reconocimiento de un término municipal privativo. El respeto
a la inviolabilidad del domicilio. El estímulo a la explotación de los recursos del término y a la
actividad artesanal y mercantil, con la concesión de un mercado semanal o una feria anual. Y una
autonomía ciudadana en el ejercicio de las competencias del concejo urbano, con autoridades
elegidas.
La capacidad de ordenar el espacio rural del entorno se mostró de dos formas. Una, puramente
funcional: a mayor demografía o mayor nivel y variedad de actividades, la irradiación de un núcleo
sobre el entorno era mayor. La otra, político-institucional: por concesión de la autoridad
fundadora, se reconocía a las autoridades del núcleo urbano una competencia sobre las aldeas.
Las dimensiones de las ciudades europeas medievales fueron muy inferiores a las de las grandes
urbes del Islam o el Imperio Bizantino.
Los modelos de ciudades
- Las ciudades del norte: en Alemania, Flandes y Francia, junto a plazas semiabandonadas o
aprovechando el palacio real y episcopal o alguna abadía, fueron apareciendo wiks y
portus. Pequeños establecimientos en que algunos mercaderes ambulantes instalaron sus
almacenes. De un lado, estaba la civitas inicial y, de otro, el burgus comerciante y
artesano. A finales del siglo XI, las comunidades de vecinos de los brugos estaban ya
plenamente asentadas.
- Las ciudades mediterráneas: la tradición municipal romana y una cierta pervivencia de la
aristocracia eclesiástica y laica dieron a los núcleos del sur de Europa unos rasgos
diferentes. Se suelen distinguir tres espacios. El italiano fue el que mejor conservó los
núcleos físicos de época romana, donde la aristocracia señorial y terrateniente se
incorporó más tempranamente a las empresas mercantiles.
El espacio francés fue un reverso del italiano. Los núcleos se convirtieron en reductos fortificados
de las aristocracias, sólo interesadas en un comercio de lujo de larga distancia. Habrá que esperar
a finales del siglo XI para que empiecen a reanimarse las escasas ciudades de la zona.
El espacio hispanocristiano mostró una mayor variedad de modelos urbanos. Los primeros brotes
se detectaron a finales del siglo X en León, Nájera y Barcelona en relación con la actividad
económica desarrollada en Al-Ándalus. Un siglo después, el renacimiento urbano se hizo visible en
dos áreas, en la septentrional donde se instalaron mercaderes y artesanos, en parte, extranjeros;
en la zona de avance reconquistador, el tipo de ciudad varió. En el siglo XII el tono lo dieron
ciudades como Ávila, Segovia, Salamanca, en las que “las libertades ciudadanas” respondían más
al proceso de repoblación que a las actividades de los mercaderes. En el siglo XIII, la reconquista
de las grandes ciudades, Valencia, Córdoba, Sevilla proporcionó el tono urbano que ha sido
característico del sur.
- Las ciudades eslavas: su origen se halla en los recintos fortificados, los gorods, a cuyo pie
se fueron instalando pequeños núcleos de artesanos. Algunos eran sedes episcopales,
otros, residencias de príncipes. Muchos de ellos se beneficiaron del comercio de los
Varegos. Cuando los alemanes sustituyeron a aquellos, la difusión del derecho municipal
germánico contribuyó a fortalecer el papel de los núcleos urbanos.
II. El desarrollo de las actividades artesanales.
Las primeras manifestaciones de la actividad artesanal aparecieron en las aldeas, en especial, en
las flamencas y, más aún, en las italianas, donde los artesanos acabaron constituyendo gremios
rigurosamente organizados. El paso de una situación a otra implicó dos hechos. De un lado, un
aumento de la demanda. De otro, el tímido comienzo de una valoración social positiva de las
invenciones técnicas.
Artesanos de grandes dominios y artesanos de aldeas
Durante el siglo X empezaron a parecer en las aldeas. Desde comienzos del siguiente, eran ya
gentes especializadas. El aumento de los rendimientos agrícolas había permitido su dedicación
exclusiva. El herrero era el de mayor prestigio.
Artesanos de la ciudad: oficios, cofradías y gremios.
El aumento de población en las ciudades estimuló el trasvase de artesanos de las aldeas a los
núcleos urbanos. Allí surgieron las primeras tentativas de organización del trabajo artesanal.
El oficio o gremio distribuía sus miembros en tres escalones. El primero, los aprendices,
comenzaban a trabajar a los ocho o diez años y permanecían en ese nivel hasta los veinte o más. El
segundo, el de los oficiales: eran los obreros propiamente dichos. El tercero, el de los maestros: a
él se llegaba tras realizar “la obra maestra” y discutiría con los jurados o síndicos del gremio.
Durante el siglo XIII, los jurados de los gremios impusieron una minuciosa reglamentación de las
horas y formas de desarrollar cada actividad, de las calidades de los productos, de las técnicas y de
su precio en el mercado. Esta obsesión aspiraba a impedir cualquier originalidad que pudiera
traducirse en competencia.
III. El renacimiento comercial
El aumento demográfico y el incremento del excedente agrario, fueron dos de los factores que
animaron el renacer del comercio en la Europa del siglo XI, en un proceso lento pero
ininterrumpido.
La reactivación de los intercambios
La actividad comercial en Europa nunca había llegado a desaparecer del todo. En los siglos VIII y IX
se había comportado como un mercado colonial, en el que bizantinos y musulmanes se
aprovisionaban de materias primas y esclavos a cambio de sus productos manufacturados. Entre
los consumidores, los miembros de las aristocracias eclesiásticas y laicas solían trasladarse para
consumir los productos in situ. Luego, la fijación más estricta de los señores en sus dominios y de
los campesinos en las aldeas propició que la movilidad de los consumidores fuera sustituida por la
de los productos a consumir, lo que exigía intercambiarlos en lugares determinados.
Los instrumentos de las relaciones mercantiles
- El mercader
En los siglos VIII y IX fue un hombre que recorría los caminos, con la carga a cuestas o, como
mucho, con uno o dos asnos o mulos con sus alforjas llenas de productos pequeños pero de gran
valor. Desde el siglo X, establecieron almacenes fijos en algunos lugares y, desde el XI, contrataron
a transportistas encargados de acarrear los productos. El tránsito a su sedentarismo se vio
facilitado por la circulación de moneda y por el cambio de mentalidad de la Iglesia respecto a su
función. A mediados del siglo XIII los mercaderes constituían un grupo de reconocido prestigio en
muchas ciudades europeas.
La intensificación de las relaciones de comercio estimuló el nacimiento de agrupaciones de
mercaderes. Sus tipos más frecuentes fueron dos: las asociaciones de comerciantes y las
sociedades de comercio. Las asociaciones de mercaderes tenían como fin proteger a sus miembros
(áreas báltica, británica y flamenca). E modelo más acabado de estas asociaciones será la Hansa de
las ciudades germánicas.
Las sociedades de comercio se desarrollaron más en las ciudades italianas interesas en el comercio
a larga distancia. La más sencilla fue la commenda: uno o varios comanditarios aportaban el
capital para efectuar un negocio y un mercader prestaba su trabajo, haciendo el viaje y efectuando
las transacciones. Los beneficios se repartían: tres partes para los socios capitalistas y una para el
comerciante. La compañía surgió de la propia evolución de la commenda.
- Los medios de transporte
El mercader pasó de trasladar pequeños objetos de gran valor en el siglo X a transportar
mercancías de gran volumen y escaso precio en el siglo XIII. Ello lo obligó a utilizar no sólo las vías
de tierras sino las fluviales y marítimas.
Las vías terrestres fueron muchas veces un sendero, sólo la voluntad política de facilitar el tránsito
entre dos regiones ponía los medios para abrir una ruta concreta. La inseguridad de los caminos,
las dificultades climatológicas, la imposición parte de los poderes señoriales (peajes, pontazgos)
contribuían a aumentar los precios de las mercancías en tránsito. Los medios de transporte
terrestre más comunes fueron los hombros de hombres y mujeres y las cabalgaduras. Los
primeros utilizaron cuévanos, sacos, los segundos, asnos y mulos, llevaban la carga en alforjas. El
empleo de carros y carretas fue mucho más limitado.
Las vías fluviales ofrecían ventajas porque las barcas y barcazas tenían una capacidad de carga muy
superior. Se vieron entorpecidas por la construcción de molinos y puentes. Con todo, algunos ríos,
como el Támesis, Sena, Rin, Danubio fueron vías muy utilizadas.
Las vías marítimas fueron las rutas mercantiles más atractivas. Sin peajes, ni molinos y azudas,
permitían rápidos desplazamiento de mayores cantidades de mercancías aunque los piratas y las
temporales podían ponerlas en peligro.
- Los medios de pago
La economía evolucionó desde el trueque, pasando por distintos modelos de acuñaciones
monetarias, hasta el crédito comercial. Desde comienzos del siglo XI, a través de las parias
impuestas a los reinos de taifas hispanos, Europa se benefició de la explotación del otro sahariano
por parte de los musulmanes. A finales de siglo, las necesidades crecientes promovieron una
explotación más intensa de las minas europeas. La multiplicación de cecas aceleró ña circulación
de la masa monetaria que se incrementaba.
En torno a 1200, los poderes políticos europeos aspiraban a ser identificados por una moneda de
plata de buena acuñación. A mediados del siglo XIII, la circulación monetaria se amplió y ajustó a la
necesidades del comercio con acuñaciones de monedas de oro. Las inició Florencia (florin) y
siguieron Génova (genovés), Francia (escudo), Venecia (ducado), Castilla (dobla)…
La difusión de la moneda pasó a ser un síntoma de los progresos a ser un medio de acumulación
de capital, de salarización del trabajo artesanal en las ciudades, de monetarización parcial de las
rentas agrarias. Todo ello generó cambios en las relaciones entre señores y campesinos y entre
maestros y oficiales de los gremios, como movimientos de pobreza voluntaria que recelaban del
enriquecimiento de la sociedad.
Cuando la velocidad de los intercambios mercantiles empezó a ser mayor, los comerciantes
europeos tuvieron que recurrir a fórmulas de pago todavía más ágiles. La primera fue el préstamo
a interés, negocio de comerciantes judíos e italianos, con gravosos intereses, a la que siguió el
recurso al crédito obtenido en las primeras tablas o bancos, con intereses más bajos que los
anteriores. Será el precedente de la letra de cambio, nacida hacia 1300.
- De la tienda a los itinerarios del gran comercio.
En los núcleos urbanos fueron naciendo los tres instrumentos que relacionarán a productores,
grandes mercaderes, pequeños comerciantes y consumidores: la tienda diaria, el mercado
semanal y la feria anual.
La primera fue la última en consolidarse y lo hizo en las ciudades especialmente pobladas. El
mercado era el escenario de intercambios, normalmente al por menor, de bienes agrícolas por
manufacturas o por productos de primera necesidad venidos de fuera. La ferias facilitaban el
intercambios de productos al por mayor y en ellas intervenían los mercaderes profesionales.
Los polos de comercio europeo más activos en los siglos XII y XIII fueron cuatro: el báltico, el
flamenco-inglés, el italiano y el del valle del Ródano.