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Catequesis 4

Este documento trata sobre la importancia de la oración litúrgica en el cristianismo. Explica que la liturgia no es solo oración espontánea, sino un encuentro con Cristo a través de los sacramentos donde Él se hace realmente presente. También destaca que la vida cristiana está llamada a convertirse en un culto a Dios a través de la oración litúrgica.
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Catequesis 4

Este documento trata sobre la importancia de la oración litúrgica en el cristianismo. Explica que la liturgia no es solo oración espontánea, sino un encuentro con Cristo a través de los sacramentos donde Él se hace realmente presente. También destaca que la vida cristiana está llamada a convertirse en un culto a Dios a través de la oración litúrgica.
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Catequesis 23.

Rezar en la liturgia

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la historia de la Iglesia, se ha registrado en más de una ocasión, la tentación de


practicar un cristianismo intimista, que no reconoce a los ritos litúrgicos públicos su
importancia espiritual. A menudo esta tendencia reivindicaba la presunta mayor pureza de
una religiosidad que no dependiera de las ceremonias exteriores, consideradas una carga
inútil o dañina. En el centro de las críticas terminaba no una particular forma ritual, o una
determinada forma de celebrar, sino la liturgia misma, la forma litúrgica de rezar. 

De hecho se pueden encontrar en la Iglesia ciertas formas de espiritualidad que no han


sabido integrar adecuadamente el momento litúrgico. Muchos fieles, incluso participando
asiduamente en los ritos, especialmente en la Misa dominical, han obtenido alimento para
su fe y su vida espiritual más bien de otras fuentes, de tipo devocional. 

En los últimos decenios, se ha caminado mucho. La Constitución Sacrosanctum


Concilium del Concilio Vaticano II representa el eje de este largo viaje. Esta reafirma de
forma completa y orgánica la importancia de la divina liturgia para la vida de los cristianos,
los cuales encuentran en ella esa mediación objetiva solicitada por el hecho de que
Jesucristo no es una idea o un sentimiento, sino una Persona viviente, y su Misterio un
evento histórico. La oración de los cristianos pasa a través de mediaciones concretas: la
Sagrada Escritura, los Sacramentos, los ritos litúrgicos, la comunidad. En la vida cristiana
no se prescinde de la esfera corpórea y material, porque en Jesucristo esta se ha
convertido en camino de salvación. Podemos decir que debemos rezar también con el
cuerpo: el cuerpo entra en la oración. 

Por tanto, no existe espiritualidad cristiana que no tenga sus raíces en la celebración de
los santos misterios. El Catecismoescribe: «La misión de Cristo y del Espíritu Santo que, en
la liturgia sacramental de la Iglesia, anuncia, actualiza y comunica el Misterio de la
salvación, se continúa en el corazón que ora» (n. 2655). La liturgia, en sí misma, no es
solo oración espontánea, sino algo más y más original: es acto que funda la experiencia
cristiana por completo y, por eso, también la oración es evento, es acontecimiento, es
presencia, es encuentro. Es un encuentro con Cristo. Cristo se hace presente en el Espíritu
Santo a través de los signos sacramentales: de aquí deriva para nosotros los cristianos la
necesidad de participar en los divinos misterios. Un cristianismo sin liturgia, yo me
atrevería a decir que quizá es un cristianismo sin Cristo. Sin el Cristo total. Incluso en el
rito más despojado, como el que algunos cristianos han celebrado y celebran en los
lugares de prisión, o en el escondite de una casa durante los tiempos de persecución,
Cristo se hace realmente presente y se dona a sus fieles. 

La liturgia, precisamente por su dimensión objetiva, pide ser celebrada con fervor, para
que la gracia derramada en el rito no se disperse sino que alcance la vivencia de cada
uno. El Catecismo lo explica muy bien y dice así: «La oración interioriza y asimila la liturgia
durante y después de la misma» (ibid.). Muchas oraciones cristianas no proceden de la
liturgia, pero todas, si son cristianas, presuponen la liturgia, es decir la mediación
sacramental de Jesucristo. Cada vez que celebramos un Bautismo, o consagramos el pan y
el vino en la Eucaristía, o ungimos con óleo santo el cuerpo de un enfermo, ¡Cristo está
aquí! Es Él que actúa y está presente como cuando sanaba los miembros débiles de un
enfermo, o entregaba en la Última Cena su testamento para la salvación del mundo. 

La oración del cristiano hace propia la presencia sacramental de Jesús. Lo que es externo
a nosotros se convierte en parte de nosotros: la liturgia lo expresa incluso con el gesto tan
natural del comer. La Misa no puede ser solo “escuchada”: no es una expresión justa, “yo
voy a escuchar Misa”. La Misa no puede ser solo escuchada, como si nosotros fuéramos
solo espectadores de algo que se desliza sin involucrarnos. La Misa siempre es celebrada,
y no solo por el sacerdote que la preside, sino por todos los cristianos que la viven. ¡Y el
centro es Cristo! Todos nosotros, en la diversidad de los dones y de los ministerios, todos
nos unimos a su acción, porque es Él, Cristo, el Protagonista de la liturgia. 

Cuando los primeros cristianos empezaron a vivir su culto, lo hicieron actualizando los
gestos y las palabras de Jesús, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, para que su vida,
alcanzada por esa gracia, se convirtiera en sacrificio espiritual ofrecido a Dios. Este
enfoque fue una verdadera “revolución”. Escribe San Pablo en la Carta a los Romanos:
«Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros
cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual»
(12,1). La vida está llamada a convertirse en culto a Dios, pero esto no puede suceder sin
la oración, especialmente la oración litúrgica. Que este pensamiento nos ayude cuando se
vaya a Misa: voy a rezar en comunidad, voy a rezar con Cristo que está presente. Cuando
vamos a la celebración de un Bautismo, por ejemplo, Cristo está ahí, presente, que
bautiza. “Pero, Padre, esta es una idea, una forma de hablar”: no, no es una forma de
hablar. Cristo está presente y en la liturgia tú rezas con Cristo que está junto a ti. 

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