Introducción
Desde que la pandemia del nuevo coronavirus emergiera en nuestro país, y reconociendo
lo sucedido en otras regiones del planeta que fueron impactadas antes que nuestra
población, un grupo de psicólogas y psicólogos, 1 convocados por la Sección de Orientación
de la Sociedad Cubana de Psicología, nos dimos a la tarea de ejercer nuestro compromiso
y deber profesional con el bienestar psicológico de la población. Participar en la
movilización nacional desde lo institucional, desde lo ciudadano, desde lo profesional, para
disminuir los efectos previsibles de una situación como la que, en aquel momento, apenas
se vislumbraba.
Muchos de nosotros ya habíamos tenido una vivencia directa de la importancia de la acción
inmediata en situaciones de crisis. Cuando el devastador tornado azotó varias áreas de la
capital, allí nos personamos, e hicimos antes de organizarnos, estuvimos junto a la gente
antes de ser autorizados por las instituciones oficiales (Bejerano, A., Escalona, A.L. et al.
2019). No porque no creamos y confiemos en ellas, sino porque los dispositivos de
emergencia, en el caso de nuestra profesión, aún están por crearse, y la velocidad de
respuesta de las instituciones se hace por momentos excesivamente lenta. Sobre todo,
pensando en que el sufrimiento de las personas no requiere un después, sino un ahora. Y
que, en toda crisis, lo primero que se necesita es una mano extendida en solidaridad,
apoyo y empatía.