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Los Buenos Modales

Este documento describe la importancia de los buenos modales y cómo se enseñan. Explica que los modales son normas de conducta que demuestran educación y respeto, y que se aprenden desde la infancia a través del ejemplo en el hogar. También destaca que tener modales mejora las relaciones interpersonales y las oportunidades laborales.

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Los Buenos Modales

Este documento describe la importancia de los buenos modales y cómo se enseñan. Explica que los modales son normas de conducta que demuestran educación y respeto, y que se aprenden desde la infancia a través del ejemplo en el hogar. También destaca que tener modales mejora las relaciones interpersonales y las oportunidades laborales.

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LOS BUENOS MODALES

En sociología, los modales son las normas de conducta que ejecutadas


demuestran que una persona es correcta, educada y refinada, y que se usan
para exteriorizar el respeto hacia otras personas. Son como las leyes que
codifican o establecen una norma para la conducta humana, pero se diferencian
de las leyes en que no existe un sistema formal para sancionar transgresiones,
que no sea la desaprobación social.

Los modales son una carta de presentación que abren las puertas del mundo
laboral y social. Si tenemos buenos modales daremos una mejor impresión y
seremos tratados con estima. Es también un gran beneficio a la hora de buscar
trabajo, ya que poder tener un comportamiento educado y amable mejora las
chances de obtener un mejor trabajo.

Tener buenos modales, a su vez, provoca el respeto de los demás y mejora


nuestra autoestima. Además, facilita el contacto social, favorece la aparición de
nuevas amistades y mejora las relaciones laborales.

Los buenos modales se transmiten desde la infancia. Es un gran beneficio


para un niño crecer conociendo buenos modales, ya que estos se convertirán en
hábitos que lo ayudarán a tener una mejor calidad de vida y un mejor trato con
los demás. Por eso, es fundamental incluir estas prácticas en el hogar, así los
niños lo aprenderán y lo incorporarán a su vida de una manera natural.

Decir gracias, pedir las cosas por favor, saludar al entrar y al salir, golpear a
la puerta y pedir permiso antes de entrar, cuidar el tono y la manera de dirigirse
al otro, ser puntual, ceder el paso a los mayores, saber compartir, ser respetuoso
con las cosas de los demás, pedir prestadas las cosas que no son suyas, son
algunas de las conductas que deben enseñarse en el hogar desde la primera
infancia.

La mejor forma de enseñar es sin duda con el ejemplo. Así que los buenos
modales se enseñan adoptando uno mismo estas reglas de conducta que
denotan amabilidad y consideración hacia el otro.

También es importante enseñar modales a la hora de comer. Lavarse las


manos antes de comer, respetar los horarios de la comida, no gritar ni chillar en
la mesa, no hablar con la boca llena, no chuparse los dedos, pedir las cosas por
favor, no hacer ruidos groseros, usar la servilleta, no empezar a comer antes que
los demás, usar los cubiertos correctamente, pedir permiso para levantarse de
la mesa, son algunas de estas normas de buenos modales que les resultarán
importante en muchos momentos de la vida.

El principio inculcado por la orden de ser “sinceramente afectos los unos hacia
los otros,” viene a ser el fundamento mismo de la felicidad doméstica. En toda
familia debiera reinar la cortesía cristiana. No cuesta mucho, pero tiene poder
para suavizar naturalezas que sin ella se endurecerían y se llenarían de
asperezas. Una actitud que cultive una cortesía uniforme y la disposición a obrar
con los demás como quisiéramos que ellos obrasen con nosotros, desterraría la
mitad de los males de la vida.1{HC 381.1}

Definición de la cortesía verdadera — Es muy necesario que se cultive el


verdadero refinamiento en el hogar. Con él se da un poderoso testimonio en favor
de la verdad. Sea quien sea que la manifieste, la grosería en las palabras y en
la conducta indica un corazón viciado. La verdad de origen celestial no degrada
nunca a quien la recibe, ni le hace grosero o tosco. La influencia de la verdad
suaviza y refina. Cuando los jóvenes la reciben los vuelve respetuosos y
corteses. La cortesía cristiana se recibe tan sólo bajo la actuación del Espíritu
Santo. No consiste en afectación o pulimento artificial, ni en inclinarse con
reverencia y sonrisas artificiales. Esta es la clase de cortesía que poseen los del
mundo, pero carecen de la verdadera cortesía cristiana. La urbanidad y el
refinamiento verdaderos se obtienen tan sólo de un conocimiento práctico del
Evangelio de Cristo. La verdadera urbanidad y cortesía consiste en manifestar
bondad hacia todos, humildes o encumbrados, ricos o pobres.10 {HC 382.4}
La esencia de la verdadera cortesía es la consideración hacia los demás. La
educación esencial y duradera es aquella que amplía las simpatías y estimula la
bondad universal. La así llamada cultura que no hace a un joven deferente para
con sus padres, apreciativo de sus cualidades, tolerante con sus defectos, y
solícito con sus necesidades; que no lo hace considerado y afectuoso, generoso
y útil para con el joven, el anciano y el desgraciado, y cortés con todos, es un
fracaso.11{HC 383.1}
La regla de oro sea la ley de la familia—Las reglas más valiosas para el trato
social y familiar se encuentran en la Biblia. Ella contiene no sólo la norma de
moralidad mejor y más pura, sino también el código de urbanidad más valioso.
El sermón que en el monte pronunció nuestro Salvador contiene instrucciones
inestimables para ancianos y jóvenes. Debiera leérselo a menudo en el círculo
familiar y debieran ponerse en práctica sus preciosas enseñanzas en la vida
diaria. La regla de oro: “Todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen
con vosotros, así también haced vosotros con ellos,” juntamente con la
recomendación apostólica de vivir “prefiriendo cada cual al otro,” deben constituir
la ley de la familia. Quienes cultiven el espíritu de Cristo manifestarán cortesía
en la casa y un espíritu de benevolencia aun en las cosas pequeñas.
Constantemente procurarán hacer felices a cuantos los rodeen, olvidándose de
sí mismos mientras hacen a los demás objeto de sus bondadosas atenciones.
Tal es el fruto que crece en el árbol cristiano.13{HC 383.3}
La regla de oro es el principio de la cortesía verdadera cuya ilustración más
exacta se ve en la vida y el carácter de Jesús. ¡Oh, qué rayos de amabilidad y
belleza se desprendían de la vida diaria de nuestro Salvador! ¡Qué dulzura
emanaba de su misma presencia! El mismo espíritu se revelará en sus hijos.
Aquellos con quienes more Cristo serán rodeados de una atmósfera divina. Sus
blancas vestiduras de pureza difundirán la fragancia del jardín del Señor. Sus
rostros reflejarán la luz de su semblante, que iluminará la senda para los pies
cansados e inseguros.14{HC 384.1}

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