Fundamentos de la Alta Magia
Fundamentos de la Alta Magia
Entramos, a partir de este momento, en la magia como fenómeno. Pero cuidado: vamos
a hablar ahora de la verdadera Magia, de lo que se ha venido en llamar Alta Magia
para distinguirla de la otra, de la Baja Magia, esta última más conocida del público en
general porque es la formada por los curanderos, echadores de cartas, hechiceros y
brujos... los que buscan su lucro a través de ella.
La Alta Magia se fundamenta en la acción del hombre (el mago) sobre un plano
superior, al que nos hemos referido ya al hablar de los Reinos de la Magia: el plano
astral. Como hemos dicho ya en aquella ocasión, el acto mágico busca sus efectos
actuando sobre este plano astral, el cual, a través de la ley de las correspondencias,
actúa como intermediario para conseguir el fin material o espiritual propuesto.
El fin material o espiritual propuesto. ¿Cuáles son los fines que persigue realmente el
mago a través de su acto mágico? Si consultamos cualquier grimorio, encontraremos allí
multitud de fines, la mayor parte de ellos mucho más próximos a nosotros de lo que
parecería en una ciencia tan elevada: conseguir el engorde del ganado, el amor de una
mujer, la fama y el dinero... para todos estos fines, nos dicen los grimorios, hay
formulas precisas, establecidas y cualificadas, de muy seguro efecto, que basta recitar
al pie de la letra para obtener automáticamente los fines solicitados.
Desgraciadamente, la cosa no es tan sencilla como esto; de otro modo, la Magia sería
un arte tan asequible que podría llevarlo a cabo cualquier hijo de vecino. La mayoría de
los grimorios y demás libros de fórmulas mágicas (aun sin tener en cuenta el hecho de
que la mayor parte de los grimorios que han llegado a nuestras manos son copias y
recopias, adulteraciones y hasta falsificaciones de los originales) solamente nos señalan
el cascarón vacío de lo que es la Magia, la cubierta exterior formada por una serie de
fórmulas que, en sí mismas, no significan nada.
Porque no todo es posible para la Magia, no todo es asequible. Hay, incluso para ella,
cosas que escapan por completo a su alcance.
Entonces, ¿la magia no es omnipotente?
Veamos un poco más detenidamente el alcance de cada una de estas cuatro finalidades,
aunque todas se definan ya suficientemente por sí mismas. La videncia - que ha sido en
parte capturada, si se nos permite la expresión, por la parapsicología- es la cualidad,
obtenida a través del acto mágico, que le permitirá al mago ver lo que ocurre en otras
partes - lo cual dentro de todo es relativamente fácil para la Magia- o lo que ocurre
en el pasado y en el futuro... lo cual es ya un poco más difícil.
La proyección del cuerpo astral (es decir, el abandono momentáneo y voluntario, por
parte del mago, de su cuerpo físico para entrar dentro del plano astral) es ya más
difícil de conseguir... y mucho más peligroso también, ya que desencadena una serie de
fuerzas que muchas veces pueden quedar fuera del control del mago, y lo sumergen en
un mundo completamente distinto e inhabitual para él.
La acción sobre un tercero, finalmente, es la base sobre la que se asientan todos los
maleficios -aunque sus alcances puedan ser muy otros-, y su finalidad es actuar sobre
otras personas o grupos de personas... a través siempre, claro está, del plano astral,
medio eterno a través del cual se mueve (y empleamos la palabra mover en un sentido
evidentemente figurado) toda la acción del mago.
Estos son pues, en pocas palabras, los resultados que busca el practicante de Alta
Magia al realizar sus actos mágicos. Sin embargo, como ya hemos dicho varias veces en
otras ocasiones, estas finalidades no son, en suma, más que otro medio del que se vale
el experimentador para conseguir una nueva finalidad, superior y última, que es siempre
el resultado final de la Magia: la autoperfección del propio operador...
Teofrasto Bombast von Hohenheim, más conocido como Paracelso. fue uno de los más
grandes magos conocidos, y sus trabajos alquímicos son tan conocidos como sus avances
en medicina, en la que fue un precursor del magnetismo animal y uno de los maestros en
que Mesmer basó su doctrina, así como uno de los primeros estudiosos de lo que
después sería la homeopatía.
El acto mágico.
Es por eso por lo que los rituales mágicos apenas son conocidos, y todos los conocidos
no son verdaderos rituales mágicos. Ya que, si bien el mago puede trabajar en algunas
ocasiones y siempre que lo crea necesario con la colaboración de un auxiliar o médium,
es desaconsejable el que varios magos trabajen juntos, en colaboración. Pueden, si lo
desean, buscar conjuntamente una misma finalidad, trabajar siguiendo los mismos
rituales y con los mismos medios, a la misma hora del día, bajo idénticas
circunstancias... pero no en el mismo sitio. Soledad, aislamiento: estas son las
características básicas que requiere el acto mágico.
Así pues, y dentro de lo que nos permiten los conocimientos que de él poseemos, es
decir, dentro de lo que de él ha trascendido al público, vamos a hablar del acto mágico.
Pero, para hacerlo, deberemos referirnos primero a su principal y único protagonista: el
mago.
Él es la base de todo acto y todo ritual mágico, sacerdote, sujeto, y objeto a la vez.
Surge con ello la pregunta inicial: ¿puede cualquiera ser el oficiante de una ceremonia
mágica, con sólo conocer y seguir el ritual? ¿Puede cualquiera, en otras palabras, ser
mago?
Cornelius Agrippa de Nettesheim, doctor en derecho y medicina, participante en el
Concilio de Pisa, historiador oficial de Carlos V, fue uno de los principales propagadores
de la Cábala, a través de la cual, según sus palabras, es posible "comunicarse con las
fuerzas del plano superior para dominar a las del plano inferior"
La iniciación.
El hombre, pues, debe prepararse desde mucho tiempo atrás para la Magia. Y debe hacerlo
en cuerpo y mente. No es demasiado difícil: es solamente cuestión de buscar un método. Si
existe una gimnasia para moldear y perfeccionar el cuerpo, cabe preguntarse, ¿por qué no
ha de existir una gimnasia que nos sirva para moldear y perfeccionar el espíritu?
Para adquirir el poder mágico, dice Eliphas Levi, hacen falta dos cosas: desprender de la
voluntad todo servilismo, y ejercer un dominio absoluto sobre ella. Es por eso que, en la
iniciación del mago, entran en gran escala las disciplinas de la educación mental y
psicológica. "El mago enamorado -dice Levi-, glotón, colérico, perezoso, son
monstruosidades imposibles. El mago piensa y quiere; no ama nada con deseo; no rechaza
nada con pasión: la palabra pasión representa un estado pasivo, y el mago siempre está
activo y siempre victorioso. Lo más difícil en la Alta Magia es llegar a esta realización.
Así, cuando el mago se ha creado a sí mismo, ha cumplido la gran obra, por lo menos en su
instrumento y en su causa."
Pero la iniciación, así, es larga y dura. En realidad, todas las iniciaciones son largas y
duras. Desde los más remotos tiempos, las sectas iniciáticas han pedido mucho a sus
adeptos: sacrificios, esfuerzos, valor. Pitágoras pedía a sus discípulos que se condenaran a
un riguroso silencio de muchos años. Es tan preciso cuidar el cuerpo como la mente.
Mejor dicho, es preciso cuidar a los tres cuerpos. Porque, para la Magia, el hombre tiene
tres cuerpos: el cuerpo físico, el cuerpo astral y el cuerpo espiritual.
Esta división cabalística del cuerpo humano en otros tres "cuerpos" parece ir en contra
de lo que nos enseña la fisiología... aunque sólo aparentemente. La "fisiología mágica"
(es decir, la que acepta y sigue el mago) nos presenta una división del cuerpo humano
en sus tres partes, vista desde el punto de vista fisiológico, completamente exacta y
definida. Para el mago, el cuerpo humano tiene también, fisiológicamente, tres
segmentos: tres departamentos, tres modalidades podríamos decir, cada una de ellas
abocada a una función específica. En la parte inferior tenemos el vientre o abdomen, a
través del cual se realizan todas las funciones corporales de la alimentación material
del cuerpo, por lo que los magos le dan el nombre de "fábrica de la materia".
Ascendiendo en el cuerpo, encontramos un segundo departamento: el pecho o tórax, a
través del cual se realizan las funciones de la respiración y de la circulación sanguínea,
que son las que mantienen la energía del cuerpo; la magia llama a esta parte la "fábrica
de la vitalidad". Finalmente, en la parte superior, se halla la cabeza, que a través del
cerebro regula todas las funciones del cuerpo, y constituye el eje de la inteligencia
volitiva; el ocultismo le da el nombre de "fábrica de la fuerza nerviosa".
Estas tres partes o "fábricas" constituyen los equivalentes orgánicos de los tres
"cuerpos" del cuerpo humano. El vientre corresponde, como fábrica de la materia, al
cuerpo físico; el pecho, como fábrica de la vitalidad, se correlaciona con el cuerpo
astral; la cabeza, finalmente, como fábrica de la fuerza nerviosa y de la inteligencia,
es el equivalente al cuerpo espiritual.
Esta división del cuerpo humano en tres partes tiene suma importancia para la Magia.
La finalidad que busca el mago con sus ceremonias es actuar, a través de su poder
especial, sobre la naturaleza. Para ello deberá utilizar, en primer lugar, la mente. Pero
la mente está sujeta al cuerpo, y el lazo de unión entre mente y cuerpo es el sistema
nervioso. Y el sistema nervioso depende en gran parte de la circulación sanguínea, la
cual, a su vez, depende de la naturaleza, calidad y cantidad de los alimentos que
ingerimos.
Los tres cuerpos, pues, están íntimamente ligados entre sí, y el futuro mago debe
tener buen cuidado en educar y cuidar todos ellos a fin de conseguir una perfecta
coordinación, subordinada a su voluntad. El mago debe ser, en todo momento, dueño
absoluto de sus tres cuerpos, de sus tres entidades. El hombre común no lo es nunca.
Muchas veces hemos sentido, ante una circunstancia poco usual, diversas
manifestaciones incontroladas: una desasosegada sensación en el vientre, una opresión
en el pecho, una tirantez en cabeza. Algunos de los tres cuerpos, o dos de ellos, o los
tres a la vez, reaccionaban por su cuenta ante las circunstancias, estaban fuera de
control.
Esto es algo que el mago nunca debe permitir que ocurra. Los métodos para educar
estos cuerpos son pues uno de los objetivos primordiales de toda iniciación mágica... y
también de toda la vida posterior del mago, ya que en realidad la iniciación no termina
nunca, y la "profesión de mago" no es más que un constante autoperfeccionamiento que
no se acaba nunca en la vida terrenal.
Por ello, no es sorprendente que una de las condiciones básicas que exija la magia en el
mago sea una adecuada y equilibrada alimentación. Una alimentación que, si se quiere
que arroje todas sus cualidades al resto del cuerpo, no ha de ser excesiva, pero
tampoco puede pecar por defecto. La alimentación del mago (y esto es fundamental) ha
de ser equilibrada en grado sumo, a fin de que se mantenga siempre un statu quo entre
la parte física e intelectual: tan perjudicial es un exceso de intelectualidad (que
abocará indefectiblemente en desórdenes nerviosos) como su defecto (con sus
inevitables secuelas de torpor y atontamiento físico). La alimentación ideal del mago es,
por ello, el vegetalismo: un vegetalismo moderado, que, sin embargo, deberá hacerse
más riguroso en los períodos inmediatamente anteriores a la realización de cualquier
acto mágico, como veremos más adelante.
De todos ellos es inútil hablar detenidamente, puesto que sus efectos son ya lo
suficientemente conocidos. Sin embargo, sí vale la pena hacer algunas especificaciones:
el alcohol, por ejemplo, tomado dosificadamente, es un excitante rápido, poco profundo
y de poca duración... pero cuyo uso no puede repetirse sin una pausa conveniente entre
una y otra dosis ya que, en caso de segunda dosis rápida, los efectos excitantes son
menores, disminuyendo proporcionalmente a la inversa de la cantidad ingerida hasta
terminar, en caso de persistencia, con la embriaguez. El café es uno de los excitantes
más duraderos y poderoso que se conocen actualmente, siendo su principal centro de
influencia el de la sensibilidad. El té puede considerarse, dentro de los excitantes
naturales, en un término medio entre el alcohol y el café, siendo sus efectos más
débiles que los de este último, pero también más prolongados que el primero. Las
drogas, finalmente, no actúan exactamente como excitantes, vía corporal, de las
capacidades intelectuales, como los anteriores, sino sencillamente como amplificadores
de la sensibilidad, siendo las consecuencias de su reacción más peligrosas que las de los
demás excitantes por crear hábito.
En el uso de todos estos excitantes, naturalmente, todos los magos advierten que el
neófito deberá usar de una extrema cautela y cuidar escrupulosamente de su empleo y
de las dosis adecuadas para la finalidad que persiga... prescindiendo en absoluto si es
necesario de las drogas hasta que esté lo suficientemente adelantado para conseguir su
control.
Así como el mantenimiento del cuerpo físico está centrado en el vientre, en donde se
producen las transformaciones que nos procurarán todos los elementos que repondrán las
energías gastadas en nuestra constante actividad, el mantenimiento del cuerpo astral,
ubicado en el pecho, se produce a través de los pulmones, por medio del aire que
respiramos.
Porque el aire, para el cuerpo astral, es el equivalente a los alimentos para el cuerpo
físico. Un buen dominio y un control absoluto de la respiración mantendrán al futuro
mago siempre en condiciones de adecuar su actividad corporal a lo que necesite
realizar, "programando" así sus necesidades de toda índole, tanto las físicas como las
astrales, de modo que compensen sus necesidades intelectivas... manteniendo con ello
un perfecto y constante equilibrio.
Y, al igual que los alimentos materiales, este alimento "astral" posee también sus
excitantes, cuyo uso conveniente dará al mago la posibilidad de acrecentar su poder
astral. Los excitantes del aire como alimento astral son los perfumes y las sustancias
volátiles como el éter y el cloroformo, de clara acción sobre los órganos sensitivos
humanos.
Hacer ahora aquí una lista de los perfumes que actúan como excitantes del cuerpo
astral humano sería demasiado laborioso y extenso. Citemos solamente algunos, como
puede ser el almizcle, cuya acción es equiparable al alcohol con respecto al cuerpo
físico; el incienso, que es un poderoso excitante intelectual; y principalmente el humo
de tabaco, cuya acción principal es instintiva. Todos ellos, empleados en los momentos y
medidas convenientes, producen los efectos excitantes requeridos de ellos; empleados
en demasía, producen efectos tan perniciosos como los de los excitantes materiales: el
éter, y, principalmente, el cloroformo, por ejemplo (que en el plano astral sustituyen al
alcohol en el plano físico), tienen los mismos efectos que éste, si bien su "borrachera",
que va acompañada de una completa insensibilidad, es casi instantánea, mientras que la
del alcohol es lenta y progresiva.
Pero el futuro mago no solamente ha de aprender a mantener una "dieta" (si es válida
la palabra) que le permita desarrollar al máximo sus aptitudes físicas y astrales, sino
que debe supeditar todo esto -tanto su cuerpo físico como el astral- a su psique, a su
voluntad... a su cuerpo espiritual. El futuro mago ha de aprender a saber dominarse
por completo. Por ello, ha de seguir desde un principio una serie de normas que le
ayudarán a mantener este dominio de su cuerpo volitivo sobre sus demás cuerpos: ha de
aprender a "gustar" de toda clase de alimentos, aunque no sean demasiado agradables
para su paladar; ha de acostumbrar su olfato a todos los olores; no sentir repugnancia
ante el tacto de ninguna sustancia, por fría, desagradable o viscosa que sea; ha de
escuchar toda clase de música, no solamente la que le plazca a su oído; ha de recrear
su vista con las cosas hermosas, pero también habituarla a las cosas desagradables...
habituar todos sus sentidos, en fin, a todo lo que nos rodea, y habituar también con
ello a la voluntad a no reaccionar desagradablemente ante ninguno de ellos, por
repugnante que pueda parecerle.
Puesto que, así como la comida es el alimento de nuestro cuerpo físico, y el aire que
respiramos el de nuestro cuerpo astral, las sensaciones que recogen nuestros sentidos y
son transmitidas a nuestro cerebro constituyen nuestro alimento espiritual, nuestro
alimento psíquico. Y es preciso saber dominar, dosificar y seleccionar este alimento que
llega a nuestro intelecto, para hacer uso de él en la forma más conveniente a las
necesidades del momento... lo cual sólo puede conseguirse a través y tras una larga
práctica y un cuidado proceso de habituación.
Claro que este alimento, como los anteriores, tiene también sus excitantes. Los
excitantes del alimento intelectual son todas las cosas que despiertan en nuestra mente
unos sentimientos más intensos de lo habitual. Nuestros sentidos -y las sensaciones que
estos sentidos transmiten a nuestro cerebro- son susceptibles de modificaciones y
perfeccionamientos, como lo demuestra el hecho de que la pérdida de uno de estos
sentidos agudice extraordinariamente a los demás. Los excitantes de los sentidos, bien
dosificados, pueden ayudar a un extraordinario desarrollo psíquico del cerebro: la
música (que actúa en una forma triple y simultánea sobre el cuerpo físico -instrumentos
de madera- astral -instrumentos de metal- y espiritual o psíquico -instrumentos de
cuerda); la poesía; la pintura; la escultura; todas las artes, en fin, a través de las
cuales el hombre podrá hallar siempre una elevación espiritual.
Pero esto aún no es suficiente. Además de la educación completa de sus tres cuerpos,
el futuro mago debe saber sujetar en todo momento estos tres cuerpos al completo
dominio de su voluntad, encaminándolos desde un principio a lo que más tarde serán sus
principales obligaciones mágicas. Papús, a este respecto, y refiriéndose a esta,
podríamos llamar, "educación práctica" (ya que va encaminada a la posterior consecución
del acto mágico), define las tareas iniciatorias del futuro mago de la siguiente manera:
"la educación de la mirada y el uso de los espejos, la educación de la palabra, preludio
del estudio de las fórmulas, la educación del gesto, que una vez fijado dará origen a
los pantáculos, y por último la educación de la marcha y el trazado del círculo mágico,
serán objeto de nuestras investigaciones".
¿Y bastará ya con esto? No... aún no. El neófito deberá seguir aún perseverando en
todos los dominios. Lo expresado hasta ahora no es más que una parte de todos los
requisitos; no es un fin en sí mismo, es tan sólo un medio, uno entre los muchos
caminos. El neófito deberá buscar, en estas prácticas, los senderos que le conduzcan a
la perfección máxima que puedes alcanzar en este plano. Porque ésta, la perfección, el
autodominio total del cuerpo, es la finalidad última a la que van encaminados todos
estos procesos... en los cuales, hay que hacerlo notar aquí, pueden hallarse los mismos
principios que en las modernas (aunque seculares) doctrinas orientales de
autoperfección, puesto que todas estas doctrinas no son, en realidad, más que formas
orientales de la misma Magia occidental. Sólo cuando el mago haya logrado esta
autoperfección en un grado suficiente podrá dedicarse, entonces sí, a la práctica de la
Magia, sabiendo que podrá llegar alguna vez a conseguir sus propósitos.
¿Los conseguirá realmente? Bien, esto ya es otro asunto... porque, pese a todo, el
éxito o el fracaso no depende únicamente de las aptitudes del mago en sí. La
naturaleza, aquí, también entra en juego... y de una forma mucho más directa de lo
que pudiera parecer a simple vista.
La intervención de la naturaleza
Esta afirmación de que no son suficientes las aptitudes personales del mago para
practicar la Magia tal vez decepcionará a algunos entusiastas que veían ya el camino
expedito tras una más o menos intensa preparación corporal y espiritual. Vamos a
aclararnos. El factor mago es el factor más importante de todo acto mágico, y si falla
él falla todo. Pero sin embargo no es el factor único. La naturaleza interviene también.
Ser "propicias" o "favorables": he aquí la frase clave. Todo lo que está arriba está
abajo, dice la Cábala. El hombre es un ser cósmico, está ligado al cosmos. ¿Qué tiene
de extraño pues que se sienta influido por los astros que le rodean? "El fluido astral
-dice Papús- que circula en los seres y en las cosas terrenas, pasa por sucesivos
estados de condensación y de disolución, y dichos estados dependen, según el
esoterismo, de la posición que tengan entonces los cuerpos celestes."
Así, teniendo en cuenta todo esto, y tras largos años de preparación, estudio y práctica,
el neófito en la Magia podrá considerarse ya un iniciado. Entonces, al fin, podrá entrar a
formar parte de la legión de los magos. Sus primeras experiencias, naturalmente, serán
tímidas. Sufrirá muchos fracasos. La realización del acto mágico, su éxito, no es fácil.
Pero el verdadero mago perseverará, no se desanimará, y continuará ensayando hasta
lograr conseguir lo que persigue.
El acto mágico: todo gira a su alrededor. Cuatro, hemos dicho, son sus fines primordiales:
la videncia, la proyección del cuerpo astral, la evocación de las fuerzas astrales y la acción
sobre un tercero.
Dentro de estas cuatro finalidades básicas, sin embargo, existen multitud de variantes. Y
cada acto mágico tiene su ritual concreto, en cuyo secreto, el secreto de estos rituales,
está el secreto de toda la Magia. Por eso se mantienen ocultos.
La realización del acto mágico requiere del mago unas condiciones anímicas especiales,
que no pueden obtenerse sin una preparación. Las fuerzas a desarrollar durante la
experimentación serán grandes, y el mago debe aprovisionar energías y vitalidad para el
gran momento.
¿Cómo? Los requisitos son varios. En primer lugar existe la alimentación. El régimen
alimenticio general del mago debe extremarse al acercarse el momento del acto mágico.
Nueve días antes de la operación, nos dicen los manuales, el mago deberá someterse a
un estricto régimen vegetariano, que se reducirá exclusivamente a pan, legumbres
cocidas y agua durante los tres últimos días. Durante los cuarenta días anteriores al
acto mágico, igualmente, el mago deberá mantener una castidad absoluta (ésta si es
una castidad con sentido). Y cada mañana, durante los días anteriores al acto, el mago
deberá tomar un baño de agua consagrada... que, en el último día, y según algunos
autores, deberá cambiarse por una ducha, ya que ésta activa y predispone, mientras
que el baño más bien ablanda y relaja.
Estos son los principales requisitos previos. Tras ellos, nuestro mago está ya en
disposición de iniciar sus experiencias...
El acto mágico
Y llegamos así al momento culminante de la vida del mago: la realización del acto
mágico. Nos adentramos en lo más hondo del ritual de la Alta Magia... en aquellos
pormenores que permanecen más ocultos por el velo del misterio.
¿Qué ocurre en el acto mágico? ¿Cuáles son las finalidades que persigue el mago, cuáles
son los medios a través de los cuales opera, cuáles son sus recursos y cuáles sus
consecuencias?
Ya hemos dicho que las finalidades del acto mágico son esencialmente cuatro: la
videncia, la salida del cuerpo astral, la evocación de las fuerzas astrales y la acción
sobre un tercero. Cada una de estas finalidades tendré, por supuesto, su ritual
particular, y el mago deberá adecuar estrictamente sus acciones mágicas al fin que
desee perseguir.
De todos modos, los cuatro fines primordiales del acto mágico -por encima de la
experimentación pura y simple, que no tiene mayor cualidad que la de ensayo- siguen
estando ahí, frente a nosotros. Son caminos curiosos y dignos de ser examinados.
Vamos, pues, a adentrarnos en ellos.
La videncia.
Los espejos mágicos, nos dicen los manuales, son como ventanas que dan al plano astral.
Forman, dentro del instrumental del mago, uno de los útiles más apreciados, hasta tal
punto que algunos autores los colocan incluso dentro del instrumental general del mago,
cosa que nosotros no hemos hecho por considerarlos, pese a todo, como un instrumento
dedicado única y exclusivamente a un fin determinado, y no un instrumento de uso
general. El espejo mágico es usado únicamente por el mago para sus experimentos de
videncia, siendo su utilidad en los demás casos prácticamente nula.
¿Cómo funciona el espejo mágico con relación al plano astral? Uno de los mejores
divulgadores franceses de los fenómenos mágicos nos ofrece, al respecto, una
interesantísima analogía. Supongamos, nos dice, que en el tabique que separa a dos
habitaciones contiguas hacemos un pequeño agujero. Nosotros, estando situados en una
de las dos habitaciones, desearíamos ver lo que ocurre en la habitación contigua, pero
mientras permanezcamos en el centro de la estancia lo único que veremos será una
pared, con un pequeño agujero en el centro.
Salvando las naturales distancias, podríamos decir que los espejos mágicos actúan del
mismo modo. El tipo de "espejo" más conocido es indudablemente la bola de cristal...,
si bien su uso y su abuso por parte de falsos magos y adivinos de salón ha hecho que
haya sido desacreditada en muchas partes. Los espejos mágicos pueden ser de muchas
clases: cristalinos, metálicos, incluso de grafito; deben ser en general ovales,
ligeramente cóncavos... aunque se aceptan multitud de variantes. La misión de estos
espejos frente al experimentador es, sencillamente, la de actuar como órganos de
condensación de la luz astral, la cual es luego controlada por el operador. Esto, por
supuesto, requiere una gran concentración por parte del mago, máxime cuando éste
desee proyectar su visión a través del pasado o del futuro. No basta con mirar
atentamente el espejo para que instantáneamente aparezcan allí las visiones que se
deseen evocar: es precisa una intensa preparación y una adecuación extrema para
conseguir los efectos deseados. Como dice muy bien Papús, los experimentos mágicos,
aún los más ínfimos, exigen una gran tensión de espíritu, una calma absoluta y, sobre
todo, una persuasión profunda de las dificultades que presenta la empresa acometida.
Solamente a través de un adiestramiento prolongado y progresivo puede una persona
habituarse a la videncia a través de los espejos mágicos. Las personas que, sentadas
tras su bola de cristal iluminada, ven sin gran dificultad todo lo que su cliente les pide,
son en su mayor parte meros charlatanes.
Para realizar este tipo de experiencias, el mago deberá permanecer siempre dentro del
círculo mágico de protección. En primer lugar, deberá purificarse en la forma habitual y
realizar todos los requisitos rituales previstos para ellas.
Después, podrá intentar la prueba. Una vez dentro del círculo, se tenderá en el suelo,
en posición norte-sur, con la cabeza hacia el norte. En esta posición intentará una
relajación total y absoluta de todos sus miembros, es decir, intentará una "enervación"
tan total como sea posible en su cuerpo.
Tras lo cual intentará, simplemente, elevarse por encima de su cuerpo. (en el tema de
los viajes astrales, encontrarán una técnica para posibilitar la salida del cuerpo astral).
Esto es difícil, pero tras una larga preparación y práctica es posible. Las primeras
veces, el neófito sentirá una especie de sensación desagradable en el momento en que
desee terminar la operación: esto es señal de éxito. Y este éxito podrá comprobarse
cuando, tras un cierto tiempo de entrenamiento, el operador intente, una vez fuera de
su cuerpo, controlarse y dirigirse. El método a seguir será como el que se efectúa con
relación al cuerpo físico... y se verá que sirve también con el cuerpo astral. Así, el
mago aprenderá a moverse en cuerpo astral por el espacio...
Y más tarde, si sigue con sus experiencias, podrá aprender también a moverse
astralmente dentro de otro plano: el temporal. No se tratará aquí de un fenómeno de
videncia, sino de una verdadera exteriorización. El mago estará presente en los lugares
que visite, con lo que las nociones de distancia y tiempo habrán desaparecido para él.
La práctica continua y progresiva de esta experiencia darán al mago un dominio absoluto
sobre su cuerpo astral, convirtiéndole en dueño de un elemento inapreciable: un mundo
sin distancias, sin tiempo, pero tan real como el que esta usted viviendo en estos
momentos, a través del cual podrá ejercer todo su poder.
Pero cuidado: estos ensayos pueden ser también peligrosos. El mago deberá tener buen
cuidado en protegerse mediante el círculo y los pantáculos, ya que solamente ellos
podrán garantizarle, al final de su excursión, el regreso a su cuerpo. Cualquier fallo,
cualquier imprevisión, podría traer desagradables sorpresas: la de no volver a encontrar
el cuerpo abandonado o, aún peor, la de encontrar este cuerpo ocupado por otro ser
astral, por un espíritu indeseable, dando lugar así a una verdadera posesión corporal,
tal y como entiende la Iglesia. ¿Ha ocurrido esto ya alguna vez? Indudablemente sí,
aunque, a este respecto, la Magia se muestre hermética...
Nos referimos, al hablar de todo ello, a las fuerzas astrales, a lo que hemos llamado
los "elementales"... a los espíritus que pueblan el plano astral. Entran aquí pues tanto
los espíritus buenos como los malignos, los espíritus a los que tradicionalmente
llamaríamos ángeles y demonios.
Dentro de este apartado pues forma parte también la demonología, con toda su secuela
de magia negra y pactos con el demonio (tema pactos y posesiones). Ahora nos interesa
únicamente hablar en líneas generales, ya que estamos hablando de la Alta Magia en
general.
La evocación de las fuerzas astrales es uno de los actos mágico que necesita de un
mayor dominio personal por parte del mago, ya que no se trata solamente de provocar
fuerzas sino de dominarlas y luchar contra ellas. Muchas veces las fuerzas astrales, los
"elementales", no querrán doblegarse a nuestros deseos: es entonces cuando el mago
deberá mostrar toda su preparación y todo su poder... o sucumbir. No hay otra
alternativa.
La evocación de las fuerzas astrales es el acto mágico que necesita, también, de una
mayor protección. El lugar donde se realice, incluso si se trata de un ocultum
permanente, deberá ser purificado a cada nueva operación. El círculo mágico, máxima
protección contra las fuerzas astrales, deberá ser trazado muy cuidadosamente, ya que
cualquier error o imperfección puede ser fatal. Si el círculo esta mal trazado, el mago
lo notará inmediatamente a través de una extraña y desapacible sensación: no debe
entonces dudar ni un segundo; con la espada (todo mago tiene una) trazará unos rápidos
círculos a su alrededor, hendiendo el aire en torno suyo. Notará inmediatamente unos
débiles destellos en la extremidad de la espada... las fuerzas astrales rechazadas.
Sabrá, entonces, que ha vencido al peligro.
La espada y el bastón serán, en este acto, los principales elementos de acción del
mago. Mediante el bastón, y tras recitar el ritual de invocación, el mago atraerá hacia
sí a las fuerzas astrales, que mantendrá fuera del círculo de protección. Este acto
entraña un peligro grande, ya que si los elementales logran introducirse en el círculo
protector pueden adueñarse parcial o totalmente del mago, vampirizarlo, por así
decirlo... de cuyos fenómenos hablaremos en otro tema que titularemos el vampirismo.
Luego, una vez llamados los espíritus astrales y mantenidos a distancia suficiente, el
mago deberá aprender también a enviarlos de nuevo a su lugar de origen, rechazándolos
con la espada y con la fórmula de abjuración; sólo entonces renacerá la seguridad en
torno suyo.
Hemos hablado hasta ahora, al citar la evocación de las fuerzas astrales, únicamente
de su llamada, de su mantenimiento bajo control y de su despido. Esta es la base de la
evocación, lo primero que debe aprender a dominar el mago. Más tarde, cuando su
dominio y su control sobre las fuerzas astrales sea absoluto, podrá intentar el dar otro
paso hacia delante, dominando a los elementales y obligándoles a servirle según sus
deseos...
Entramos, en esta última finalidad concreta del acto mágico, en el dominio de los
hechizos y maleficios. Se trata, aquí, de uno de los actos más divulgados de la Magia,
por ser una de las finalidades mágicas que desde más antiguo se ha usado. Es, también,
uno de los fines que se presta a un mayor número de interpretaciones erróneas, ya que
al hablar de él se roza siempre este límite del que tanto debemos huir, el que separa a
la Magia de la charlatanería.
Es preciso, por lo tanto, hablar con cuidado de él, separando de una forma bien clara
todos los elementos que entran en su constitución. Por eso y por falta de espacio es por
lo cual vamos a dejar este tema virgen para solo el disfrute de los ya iniciados.