Formación e Investigación
El presente texto tiene como propósito fundamental mostrar la importancia de la formación
en competencias y actitudes investigativas y la relación entre formación e investigación
para posteriormente proponer un interés particular de investigación en el campo de la
educación.
Es necesario empezar por resaltar que la investigación es una herramienta
indispensable no solo en todos los niveles de educación y profesionalización sino además
en diversos ámbitos de la vida, pues como lo expone Fals Borda la investigación debe
aportar a la transformación de la realidad con base en las necesidades sociales ( ).
Así mismo, Jean Pierre Vielle 1989, (citado por Albert, 2007) explica el concepto
afirmando que: la investigación se extiende como todo proceso de búsqueda sistemática de
algo nuevo. Este “algo” producto de la investigación, no es solamente del orden de las
ideas y del conocimiento, sino que genera resultados diversos y muy diferentes, nuevas
ideas, conceptos, teorías, nuevos diseños, valores, prototipos, comportamientos y actitudes.
De acuerdo a Hernández Sampieri docente de la Universidad de Celaya “la
investigación es lo que permite a la sociedad avanzar, progresar, desarrollar tecnología,
conocer el entorno”. Para el autor la investigación se puede aplicar en diferentes disciplinas
puesto que esta herramienta es necesaria en el desarrollo de todas las profesiones.
De esta manera, es posible decir la investigación es una herramienta que posibilita indagar
el pasado para construir algo nuevo y transformar la realidad existente.
En ese sentido, un profesional en educación con nivel de maestría debe necesariamente
recurrir a la investigación en su desempeño profesional y aportar en varios sentidos, En
primer lugar, en la investigación de la realidad en la que se desenvuelve para aportar al
desarrollo del conocimiento y en el fortalecimiento de las prácticas pedagógicas de los
maestros. Ello implica que la educación y la formación deben pasar por un cambio en los
sentidos de la enseñanza, en las concepciones, en las prácticas, otorgándoles un papel
diferente a los actores y recurriendo a otras formas de aprendizaje alternativas y
significativas.
Esto necesariamente se requiere de profesionales que den respuesta a los problemas de una
realidad compleja y que constamente está cambiando, frente a la cual un proceso de
formación debe contribuir a la producción de conocimiento, a partir de proyectos y
propuestas investigativas que retomen el contexto local, regional y nacional con el objetivo
de intervenir con iniciativas y propuestas claras.
En segundo lugar, debe preparar al profesional para el cambio, en el sentido de que su labor
debe enmarcarse en el contexto en el que se desenvuelve de tal manera que logre responder
a las expectativas
Así pues, pensar las maestrías en educación desde tal perspectiva implica también pensar en
nuevos enfoques pedagógicos críticos que favorezcan el tejido histórico, de tal manera que
escuela y comunidad se conviertan en un solo espacio de vida y aprendizaje mutuo ya que
ellas no pueden ser entes separados que niegan los diversos conocimientos que las dos
pueden aportar a la formación.
Este tipo de educación debe servir para que tanto los maestros en formación como sus
futuros estudiantes se formen desde un pensamiento reflexivo y crítico que le permita a
estos sujetos insertarse en la realidad histórica y coyuntural y sus diferentes conflictos, los
cuales deben convertirse en el centro de la discusión en los espacios de aprendizaje. La
creación de nuevos espacios de aprendizaje debe afrontar las nuevas realidades y retos de
la sociedad.
En los saberes y prácticas de las comunidades tanto políticas, sociales, culturales se pueden
encontrar innumerables fuentes de investigación, como el saber en torno al manejo de las
plantas, la cura de enfermedades, la producción de sus cultivos a partir de técnicas propias,
las cosmovisiones frente al territorio y la naturaleza, lo cual puede constituirse en un gran
aporta a la reconstrucción de la memoria histórica.
Finalmente, las nuevas iniciativas de investigación deben ser propuestas políticas,
pedagógicas y culturales enfocadas a construir conocimiento. Un conocimiento que
controvierta y deslegitime esos eurocentrismos, esas miradas y posiciones hegemónicas de
ver el mundo y que además sea capaz de trascender desde la reflexión a la acción, es decir,
transformar esas relaciones culturales verticales por unas relaciones horizontales a partir del
dialogo de saberes.