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Reseña Hall

Reseña: Catherine Hall “La historia de Samuel y Jemima: Género y Cultura de la clase trabajadora en la Inglaterra del siglo XIX” en Revista Mora (Buenos Aires) vol 19 N° 2 Jul/Dic 2013. Dossier: Sirvientas, trabajadoras y activistas. El Género en la Historia Social Inglesa.

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Reseña Hall

Reseña: Catherine Hall “La historia de Samuel y Jemima: Género y Cultura de la clase trabajadora en la Inglaterra del siglo XIX” en Revista Mora (Buenos Aires) vol 19 N° 2 Jul/Dic 2013. Dossier: Sirvientas, trabajadoras y activistas. El Género en la Historia Social Inglesa.

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Reseña: Catherine Hall “La historia de Samuel y Jemima: Género y Cultura de la clase

trabajadora en la Inglaterra del siglo XIX” en Revista Mora (Buenos Aires) vol 19 N° 2
Jul/Dic 2013. Dossier: Sirvientas, trabajadoras y activistas. El Género en la Historia
Social Inglesa.

La autora, a través del relato de las experiencias de un matrimonio de la clase


trabajadora, Samuel y Jemima, intenta demostrar cómo las tensiones, diferencias y
desigualdades en las relaciones de género son trasversales a toda la historia y la
sociedad. Así, la masacre de Peterloo de 1819 no fue vivida de igual modo por
hombres y mujeres. Samuel Bamford, tejedor radical, al igual que sus pares hombres,
participaba activamente de la organización y efectuación de la jornada, y su
preocupación cuando se desato la masacre giraba en torno a haberle permitido ir a su
mujer. En cambio en Jemima sus preocupaciones iban dirigidas al bienestar de su
marido y su hija, a quien se dirigió inmediatamente mientras Bamford se reunía con
sus camaradas. Samuel era parte indudable de la lucha como ser independiente
mientras que Jemima, a pesar de estar igualmente comprometida con la causa, era
posicionada como acompañante en su rol dependiente de madre y esposa. Así las
mujeres debían encargarse de forjar el hogar como un nido de palomas al que los
hombres podían volver luego de la tormenta de la vida pública. De este modo, la
autora retoma los estudios de Bárbara Taylor que apoyándose en la concepción
thompsoniana de la formación de la clase obrera como expresión de la experiencia
compartida y articulación de intereses propios en oposición a otros, afirma que la frágil
unidad de la clase trabajadora se construyó en el seno de un mundo dividido
sexualmente. Así los valores en los que se sustentaba la vida de Samuel eran la
sobriedad moral, la búsqueda de conocimiento útil y la investigación intelectual
mientras que Jemima se quedaba en su casa, trabajando el telar para mantenerse y
mantener a su hija.

Ahora bien, la comprensión de la forma de vida de dicho matrimonio son inseparables


del contexto europeo e inglés de fines del siglo XVIII en el que los ideales de libertad,
igualdad y fraternidad difundidos por Tom Paine, el jaque a los órdenes estamentales
que significo la Revolución Francesa y el aumento de la proletarización de la mano de
la creciente industrialización impulsada por la Revolución Industrial, provocaron una
redefinición de las identidades de clase. El Iluminismo del siglo XVIII reforzaba la
división de la esfera pública y privada, asignando este último ámbito a la mujer por ser
naturalmente guiada por sentimientos más que por la razón e imaginativa antes que
analítica. En esta línea es que podemos ver intelectuales radicales como Cobbet
remarcando el lugar domestico de la mujer y la obediencia a sus esposos. Así, el
pensamiento iluminista redefinió las relaciones de género en la familia burguesa
penetrando en la clase trabajadora aunque con modificaciones vinculadas tanto a la
posición socioeconómica así como a la dignidad de clase. Me refiero a que las mujeres
de la clase trabajadora necesitaban destrezas diferentes a las de la clase media en
tanto estas últimas ponían énfasis en los aspectos morales y gerenciales mientras que
las primeras enfatizaban las destrezas practicas asociadas con la gestión del hogar, la
cocina, la limpieza y la educación de los hijos. Es por ello que las mujeres de la clase
trabajadora administraban las finanzas mientras que las de clase media estaban
excluidas de las cuestiones de dinero, viéndose esto reflejado en los motines del pan
en el siglo XVIII protagonizados por las mujeres trabajadoras.

En esta coyuntura es que proliferan en Inglaterra los debates en clubes y diversos


sitios de reunión acerca de la reforma parlamentaria, de la que Samuel era partidario,
con los hombres como agentes políticos que excluirán a las mujeres del voto universal,
siendo lo universal claramente masculino. Estas reuniones se realizaban en lugares
donde a las mujeres les resultaba difícil acceder, ya que las tabernas comenzaban a
ser mal vistas para que las habitaran. Además, las mujeres se encontraban con una
imposibilidad estructural ya que el nivel de alfabetización de estas era muy bajo debido
al poco interés de los maestros por enseñarles pero también al poco tiempo que
disponían al tener que ocuparse del trabajo doméstico y las limitaciones de su libertad.
De este modo la representación de las mujeres quedaba limitada a la voz masculina.
Aun así, ocasionalmente aceptaban su participación por su capacidad de reunir fondos
aunque siempre resaltando su rol de acompañante y deberes del hogar. Eran
aceptadas en tanto se limitaran a las reivindicaciones masculinas, ya que aquellas que
planteaban la igualdad de género recibían hostilidades. Las reivindicaciones feministas
provenían del terreno owenista, menos hostil a sus demandas.

Con todo el papel domestico de las mujeres de la clase trabajadora entraba en


contradicción con la necesidad de las mismas de trabajar. Surge así la cuestión de las
mujeres trabajadoras como problema social, en la cual la aparición de la idea del
salario familiar suficiente para que un hombre mantuviera a su familia fue una
respuesta clara a esta contradicción. Además, se construye una idea de debilidad y
cuidado moral de la imagen femenina vinculada fuertemente a la intención de
monopolizar ciertos trabajos al género masculino.

De este modo Catheryn Hall, cuestiona las contradicciones de las perspectivas


libertadoras de los intelectuales y la sociedad en conjunto de fines del siglo XVIII con
la opresión y subordinación creciente de la mujer, manifestada en la exclusión del
ámbito público. Entonces me parece interesante concluir con una reflexión de la autora
al respecto:

“La cultura de la clase trabajadora radical progresivamente se asentó en un conjunto


de supuestos de sentido común acerca de los lugares relativos de hombres y mujeres,
supuestos que no fueron sometidos al mismo examen crítico que la monarquía, la
aristocracia, las formas de representación del gobierno y otras instituciones de la Vieja
Corrupción.” (C. Hall; 2013).

Secreto, Sofía.

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