En Cristo
EnCristados
Mas por Dios Padre, están ustedes en Cristo Jesús
Walter Chavero
Libro: ENCRISTADOS
Autor: WALTER CHAVERO
1º Edición 2019.
Ciudad de Córdoba – Argentina.
1. Educación Teológica, Reflexión, Historia.
Publicado en ENERO, 2019.
Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, sin permiso
escrito del autor y la editorial.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Libro de edición argentina.
CONTENIDO
Introducción Pág. 4
Inicio de Nuestro Ministerio Pág. 9
El Hijo del Hombre Pág. 25
La Clave es Permanecer Pág. 47
EnCristados Pág. 49
¡Es una Persona! Pág. 61
INTRODUCCIÓN
Este libro, no está llamado a transformar vidas, pues nuestra vida, ese bien
tan preciado para muchos, al cual nos aferramos, no puede consumar la
voluntad del Padre de la Vida; obras que se desprenden de nuestra naturaleza,
tales como: egoísmo, indiferencia, ira, avaricia, rebeldía, etc. No pueden
nunca conducirnos a consumar la voluntad de un ser tan perfectamente
formado en todo: Dios.
Es decir, no pecamos por ser pecadores, pecamos debido a nuestra
naturaleza pecaminosa y engañadora, la cual es herencia de Adán.
Dios el Padre, no quiere cambiar dicha naturaleza que heredamos de Adán;
para esa vida, Dios ya aplicó una acción concreta: la cruz.
No es cuestión de transformación, sino de introducir la vida del Santo en
nosotros.
La tradición religiosa, nos impartió un camino equivocado, en algunos
casos, con muy buenas intenciones, pero al fin un camino equivocado.
¿Qué es lo que ocurre cuando tomamos una senda equivocada?
Seguramente a usted alguna vez le ocurrió el errar el camino, ¿Las
consecuencias? Pérdida de tiempo, pérdida de dinero, cansancio, frustración.
El camino para volver al Padre, no es un conjunto de prohibiciones, ni leyes
evangélicas, ni católicas, ni de ninguna religión, no es una vida de auto
flagelación; no son penitencias, no son promesas de mañana cambiar, no es
una vida de aparente piedad, no es una vida dentro de algún templo religioso.
De hecho, las leyes introducidas en el Monte Sinaí, no tenían el objetivo de
ser cumplidas, sino de conducirnos a Cristo, al hacernos ver el pecado que
mora en nosotros, y la debilidad extrema para cumplir dichas leyes.
La ley fue nuestro ayo, nuestro tutor, nuestra guía hasta Cristo.
Cuando el propósito fue cumplido, le decimos: “mucho gusto, muchas
gracias, de ahora en mas, no es el Monte Sinaí quien me prohíbe pecar, sino
mas bien, el Monte Calvario”.
El amor sobrenatural de Cristo me aleja cada día del pecado y me aparta
hacia la Verdad.
En resumen, no es algo, es alguien: Cristo. Y justamente el fruto de esa
persona viviendo en nosotros, producirá una vida nueva que nos llevará sin
pérdida de tiempo de regreso al lugar de donde nunca deberíamos haber
salido: la Gloria de Dios.
La Vida del Hijo de Dios, introducida en un hombre o mujer sujeto a
pasiones desordenadas, es la única que agrada al Padre.
Cristo, no es una meta a alcanzar, es un método introducido por el Padre
para encontrar deleite en la humanidad. Fuera de Cristo, el ser humano no
pudo, no puede, ni podrá alcanzar la gracia o el favor de Dios.
Durante mucho tiempo, nos hemos aferrados a Cristo como una meta, mas
entendemos ahora, por revelación divina que, Cristo no es una meta, es un
método que Dios introdujo en la humanidad para que podamos alcanzar Su
voluntad; nada de lo que podamos hacer nos asemejará a Jesús. Para Dios,
Cristo es la cabeza de todo y en todos.
Si usted está leyendo en este mismo instante este libro, le aseguro que es el
Espíritu Santo quien le guio a hacerlo.
Él es la fuente de toda sabiduría y revelación, y lo quiere llevar a un nuevo
nivel de conocimiento, que no tiene nada que ver con su intelecto, sino que es
algo revelado en su espíritu.
A veces, no entendemos cómo el pueblo que Dios sacó sobrenaturalmente
de Egipto hacia la tierra prometida, y cuyo camino debía recorrerlo en una
semana, estiró el viaje en nada más ni nada menos que ¡40 años! Eso sí que
es pérdida de tiempo.
Por favor, déjeme decirle que, un día su Padre lo sacó de un territorio hostil,
donde usted vivía esclavizado, para introducirlo en un territorio fértil,
próspero, un lugar de deleite, de descanso.
Si usted ya llegó a su tierra prometida, este libro no es para usted y lo
felicito, pero si considera que aun está dando vueltas por el desierto, siga
leyendo este libro, y le aseguro que conforme avance en la lectura, se le
revelará la persona misma de Cristo.
Él se mostrará y lo verá dentro suyo.
Cristo, se formará cada día en usted. Al poco tiempo, podrá asegurar la
frase más reveladora, más victoriosa, más poderosa, más liberadora, más
sabia que un hombre o mujer pueden pronunciar:
YA NO VIVO YO, AHORA VIVE CRISTO EN MI. Gálatas 2:20.
Con mucha estima… Walter Chavero
CAPÍTULO 1
INICIO DE NUESTRO MINISTERIO
c
Abrimos un pequeño paréntesis al escribir este capítulo, el Espíritu Santo,
me lleva a escribir unas líneas en relación a la palabra: ministerio. Dicha
expresión, a traído mucha confusión en las filas cristianas, y entiendo que
sería bueno que nos vayamos poniendo de acuerdo.
Nuestro Maestro y Mentor, dejó en claro que Él no venía para ser servido,
sino que se despojó de su condición de Creador, de Dador de la Vida,
Principio, Eterno Dios, para venir a servir. Y como nosotros somos sus
discípulos, también fuimos llamados a una vida de servicio.
Ministerio, no denota un rango dentro de una carrera evangélica.
Ministerio, no es creerse superior a otros. Ministerio, no es clero, y las demás
personas laicos. Ministerio, no es el patrón de estancia.
Ministerio, no es un afortunado o iluminado al que Dios llamó para estar
por encima de muchos, cual pirámide humana.
Ministerio, es servicio. Es una vida de abnegación y constante entrega a
Dios y a nuestro prójimo. Es para edificación de los santos fieles añadidos
por el Espíritu Santo. Ministerio, es estar dispuesto a entregar la capa, además
de la túnica. Es caminar una milla más de la solicitada.
MINISTERIO, ES SERVICIO
Jesús, inicia su ministerio al salir del desierto y vencer a Satanás.
Entendemos y creemos que, Jesús venció a su enemigo desde la posición de
hombre, lleno de la gracia, la unción y el poder del Espíritu Santo. De otra
forma, sería ilegal. Sabemos que por un hombre entro el pecado a la
humanidad; por un hombre entró la desobediencia, y la muerte. Fue a un
hombre al que Satanás venció. De modo que, por un hombre, vendría la
redención, la vuelta a la obediencia, a la vida y, un hombre vencería a
Satanás: Jesucristo hombre.
A causa del pecado, fuimos separados de la Gloria del Padre, y a causa del
perdón de nuestros pecados por la obra de la cruz de un hombre, volveríamos
a Casa, donde nos aguardaba Papá.
Es maravilloso saber que hay un solo Dios, y un solo mediador entre ese
Dios maravilloso y los hombres: Jesucristo hombre.
Nótese, en el libro de Lucas que, Satanás le dice a Jesús: “si eres Hijo de
Dios, dile a esas piedras que se conviertan en pan”.
Más allá de otras interpretaciones, que seguro hemos escuchado;
entendemos que Satanás quería sacar a Jesús de su lugar, no solo quería
poner en duda su identidad, sino desenfocarlo de su posición. Como Hijo de
Dios, no podía consumar el propósito divino. Pero sí podía, como hombre
sujeto ciento por ciento a la voluntad del Padre y con la unción del Espíritu
Santo. No era el Hijo de Dios, sino la simiente de la mujer quien aplastaría a
la serpiente antigua, esa era la profecía, y Jesús lo sabía.
Jesús, inicia su ministerio en la tierra luego de vencer toda tentación.
¿Cómo lo logró? Porque ¿era Dios? Porque ¿tenía poderes divinos para
vencer a Satanás? ¿lo hizo desde su posición de Creador?
Pues, Satanás mismo es un ser creado, ¿lo hizo desde su posición de
Todopoderoso? ¡No!
Sería ilegal e injusto, y la ilegalidad e injusticia no conjugan con un Dios
tres veces Santo.
Jesús, aplastó a Satanás porque ya había muerto a su voluntad, a sus deseos,
a su naturaleza humana.
¿Tenía Jesús un viejo hombre? ¡No! Pues, había sido concebido por el
Espíritu Santo; Adán tampoco tenía viejo hombre, ya que el Creador lo había
hecho conforme a su imagen y había soplado aliento de vida en él.
Es decir, estaban en igualdad de condiciones con el primer Adán. Pero, así
como Adán, Jesús tenía voluntad propia, y su ser estaba en condiciones de
desobedecer al Padre.
Las tres tentaciones de Satanás, tienen que ver con los deseos de la carne,
los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida. Pero, Jesús había
renunciado a su propia voluntad y vida, estaba dispuesto a agradar al Padre
en todo lo que hacía; fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz; manso
y humilde de corazón.
Estamos en condiciones de asegurar que el ministerio de Jesús, inicia con
su bautismo en las aguas; la confirmación y el beneplácito del Padre, a través
del Espíritu Santo y su posterior victoria frente a Satanás, y lo que el sistema
ofrecía y sigue ofreciendo.
Cuando la voluntad de Jesús quedó a un costado, fue el momento justo para
dar comienzo al poderoso ministerio de Jesús en la tierra.
Ahora bien, ¿Por qué el mismo Jesús dijo que nosotros podemos hacer
mayores obras que Él?
Hemos iniciado nuestro ministerio, ¿Qué resultados tenemos? ¿Hacemos
mayores cosas que Jesús?
¿Agradamos a Dios cada día? ¿Nuestras acciones reflejan al Padre cada
día?
Diría en primera persona que, a la luz de los resultados y los frutos en mi
vida, estoy lejos de haber iniciado mi ministerio.
Pero tranquilos, sigamos recorriendo este camino que nos llevará a iniciar
nuestro verdadero ministerio.
SOLUCIÓN PARA LOS PECADOS:
LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO
Antes que nada, debemos reconocer que hay algo que nos separó de la
Vida, y lo sigue haciendo; algo que el Creador aborrece, que no puede
convivir con el Padre Bueno. Algo que abortó los planes maravillosos del
Altísimo; algo que brota naturalmente de nuestra antigua naturaleza o viejo
hombre. Que definitivamente lleva a nuestra sociedad, en la persona de
millones de jóvenes, hombres y mujeres, a la perdición: el pecado.
El pecado, mora que cada uno de nosotros; es decir, no pecamos porque
somos malos, pecamos por naturaleza. Dios Santo, tiene una solución para
nuestros pecados: la Sangre preciosa de Jesús.
Para tratar con nuestros pecados, Dios recurre a la sangre derramada por el
Cordero Perfecto.
La Palabra asegura que, por cuanto todos pecamos, estamos separados de
Su Gloria. Esta afirmación, evidentemente trae un daño eterno para aquel que
no reconoce a Jesús como su Señor y Salvador. A causa del pecado, somos
privados de vivir en el ambiente maravilloso que nuestro Padre diseñó. Pero
si cambiamos el enfoque y la perspectiva, se nos revela el perjuicio que sufre
el Padre Amado al ver a sus hijos separados de Él.
Al leer la parábola del hijo prodigo, hemos hecho énfasis en el hijo, en la
separación de su padre y de su consecuente pérdida de todo. Pocas veces nos
hemos detenido a meditar en el corazón del Padre, del perjuicio ocasionado
en su viña, el saber que carne de su carne y huesos de sus huesos, andaba
errante por caminos que no debía recorrer, relacionándose con gente que
traería daño a su vida, y que los sueños depositados en su hijo, se estaban
frustrando.
Con el retorno del hijo prodigo a la casa de su padre, vuelve la restauración
de la paternidad a esa casa.
Guarde esto en su espíritu; cuando el hijo prodigo vuelve en sí y dice: “en
la casa de mi padre, hay abundancia de comida y yo aquí en tierras lejanas,
procurando alimentarme con comida de cerdo, ¿cuántos jornaleros en casa
de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre? Me
levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre he pecado contra el cielo y contra
ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus
jornaleros”. Y así lo hizo, pero el padre al verle, le abrazó y le besó y dijo:
“traigan el mejor vestido y vístanlo”.
Te pusiste a pensar ¿qué vestido le colocó, si ya habían repartido los bienes
y él se había llevado todas sus pertenencias, las cuales perdió? Claro,
¡Acertaste!
El vestido, las sandalias y el anillo del Padre.
Todo esto pasa por el corazón del Padre, es por eso que entregó a su único
hijo, para que muriese en la cruz y derramara hasta la última gota sangre.
Esa sangre tiene poder para limpiarnos de todos los pecados, limpiar
nuestra conciencia.
Dios, introdujo la ley, pero ahora se ha manifestado la justicia de Dios, que
no es por el cumplimiento de la ley, sino por medio de la fe en Jesucristo, y
somos declarados justos al creer en el Hijo.
La ley, solo tenía un propósito: descubrir cuán pecadores somos. La ley,
nos deja expuestos tal cual somos al pecado, descubre lo peor de nosotros,
nos convence de que nada podemos hacer, no podemos cambiar nuestra vida
por mérito propio, no podemos acceder a la vida eterna por nuestras obras.
La ley, es nuestro guía hasta Jesús. No es el Monte Sinaí el que nos impide
pecar, sino el Monte Calvario, el que trae convicción de pecado a nuestras
vidas, y que necesitamos creer en Jesús. Hemos sido justificados
gratuitamente por Su Gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.
SOLUCIÓN PARA EL PECADO: LA CRUZ
Entendemos que cuando nuestros pecados son perdonados las veces que sea
necesario, aun albergamos en nuestro ser la capacidad de pecar, lo que la
Biblia llama: el cuerpo del pecado. La parte de nuestro ser que encuentra
agrado al pecar, la fábrica de pecado que mora en nosotros; es la herencia que
recibimos de Adán. Ese patrimonio al cual nos hemos aferrado durante años,
esa transmisión de egoísmo, de amor propio, de voluntad propia, cúmulo de
emociones sensoriales, que un día sube, para bajar al siguiente día. Me refiero
a nuestra naturaleza humana, lo que la Biblia llama: “carne”. Esa naturaleza
se siente más a gusto con los deleites que ofrece este mundo, que en la
presencia de Dios. Es la parte de nuestro ser que siempre está dispuesta a
pecar, la que resiste la disciplina del Padre.
¿Qué puede hacer el Todopoderoso con nuestra naturaleza pecaminosa, la
que se resiste a Su voluntad?
¿Qué puede hacer Aquel que nos amó, con un amor que sobrepasa nuestro
entendimiento, con nuestra “carne”?
¿Qué remedio tiene el Dios Sanador con la parte de nuestro ser que se
identifica con la soberbia, con la rebeldía, con el egoísmo?
¿Qué podemos hacer nosotros con nuestra propia vida independiente de
Dios?
¿Qué puede hacer la religión con mi naturaleza adámica?
¿Qué puede hacer la ciencia a través de la psicología u otra especialidad,
con la bipolaridad emocional, producto de emociones no sujetas a la voluntad
del Creador?
¿Qué hacer cuando nuestra vida transita por un camino incierto, trazado por
nuestra propia naturaleza humana, que no se sujeta al Creador?
Dios, el Altísimo, tiene una solución: Sabiendo esto, que nuestro viejo
hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea
destruido, a fin de que no sirvamos mas al pecado. Romanos 6:6.
¿Cuál es la solución? Nuestra antigua forma de vivir, la herencia según
Adán, la parte de nuestro ser que se resiste a la voluntad de Dios, fue
crucificada junto con Jesús. La cruz es inclusiva, no solo cargó nuestros
pecados, también el cuerpo del pecado, la parte de nuestro ser que servía al
pecado, la fábrica de pecados, estaba allí en la cruz.
Lo podemos creer o no, pero eso ya ocurrió, es tiempo pasado, es acción de
Dios, es amor en acción.
Toda la humanidad estaba con Jesús mientras los soldados romanos lo
estaban crucificando, de modo que podemos decir que toda la humanidad
recibió la salvación; solo hace falta creerlo, y confesar que Jesús murió por
nosotros, así de simple y sencillo. Es dádiva, es regalo, no proviene del
hombre, para que nadie se gloríe.
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, aun siendo pecadores,
Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8.
Jesús, murió en la cruz, es un hecho histórico y relevante que marcó un
punto de inflexión en la historia de la humanidad. A nadie se le ocurriría
poner en duda ese hecho.
Los cuatro evangelios, narran la muerte de Jesús.
Mateo, escribe por revelación divina: “Mas Jesús, habiendo otra vez
clamado a gran voz entregó el espíritu”.
El joven Juan Marcos, relata: “Mas Jesús, dando una gran voz, expiró”.
El doctor Lucas, dice: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró”.
El discípulo amado, escribe acerca de la muerte de su Maestro: “Cuando
Jesús hubo terminado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado
la cabeza, entregó el espíritu”.
Basados en la Biblia, podemos asegurar que Jesús murió. Todas las demás
religiones también aseveran que Jesús murió. Vemos en el libro de Mateo
27:38, que junto a Jesús había dos ladrones, uno a la derecha y otro a la
izquierda. La pregunta es: ¿qué pasó con los dos ladrones? ¿Murieron? ¡Sí!
También murieron.
¿A dónde queremos llegar con este relato? Si Jesús murió en la cruz, los
ladrones también murieron, lo creemos. ¿Dónde estábamos usted y yo?
Acompáñeme, lo guiaré a una revelación que seguramente cambiará su vida
para siempre.
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él
(Jesús), para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no
sirvamos más a pecado”. Romanos 6:6.
Antes, digamos que cuando la Biblia se refiere a “nuestro viejo hombre”,
lo hace aludiendo a nuestra antigua manera de vivir.
¿Qué pasó con nuestro viejo hombre que servía al pecado? También estaba
en la cruz. La muerte de Jesús fue inclusiva.
Nos enseñaron que Jesús cargó nuestros pecados en la cruz, es correcto,
pero también estábamos con él en la cruz.
El Padre de la vida solo puede hacer una sola cosa con nuestra antigua y
pecaminosa forma de vida: crucificarla.
De esa forma, el cuerpo del pecado es destruido y ya no somos esclavos del
pecado.
Es una muy buena noticia, no solo somos libres de los pecados por la
maravillosa Sangre de Cristo. A través de la cruz, hemos sido liberados del
pecado. El mismo, ya no tiene potestad o autoridad sobre nosotros.
Sabemos que Jesús murió en la cruz, sabemos que los ladrones murieron en
la cruz, y sabemos que nuestro viejo hombre también murió en la cruz
juntamente con Jesús.
Esta sabiduría revelada por el Espíritu Santo trae un nuevo conocimiento
revelado: el pecado no tiene autoridad sobre nosotros, el cuerpo que obedecía
al pecado, fue destruido y, si morimos con Cristo, creemos que también
viviremos con él.
¿Hasta dónde llegamos?
Jesús, fue entregado por los ancianos judíos al poder político de Roma, y su
representante en ese momento, era Poncio Pilato. Luego de interrogarlo, no
encontró delito en Jesús, y solo mandó a azotarlo.
Los instrumentos que utilizaban los soldados romanos para azotar a los
reos, eran hechos con cuerdas de cuero, y en la punta terminaban en huesos y
dientes de animales; los cuales, al penetrar y salir de la piel, desgarraban la
misma, saliendo mucha sangre de la víctima.
Mientras Jesús era azotado, la sangre del Hijo de Dios salía a borbotones de
su cuerpo. Esa sangre tiene poder para limpiarnos de todo pecado. ¿Qué tal si
Jesús luego de los desgarrantes latigazos, se bañaba, se internaba en un centro
médico y luego se reponía?
¿Qué diría el Padre? Hijo mío, reconozco tu sacrificio, pero no alcanza,
tu sangre es preciosa, pero necesitas llegar a la cruz y morir. Tu destino es la
cruz. Para eso viniste a esta tierra, para esto el Verbo se hizo carne.
El grito de guerra: “Consumado es”, solo podía realizarse en la cruz, no
antes.
Jesús, sabía su destino, por eso no pararía hasta llegar a consumar su
propósito.
Mis queridos, el lugar más alto al que puede aspirar nuestra naturaleza
caída, nuestra antigua manera de vivir, es a la cruz en el monte Calvario.
Si queremos ser discípulos de Jesús, debemos tomar la cruz cada día, y
seguirlo.
Resumimos: La sangre de Jesús tiene poder para limpiarnos de todo
pecado, eso es poderoso, pero la cruz nos libera del pecado y trata con
nuestra naturaleza que obedece al pecado.
En este mismo instante, recibe esta palabra y cree que ya fuiste liberado del
pecado, cree que en la cruz estabas juntamente con Jesús, y cree que el
pecado no tiene autoridad sobre tu vida.
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios
en Cristo Jesús, Señor nuestro. Romanos 6:11.
Si sabemos que en la cruz del calvario estábamos nosotros con nuestra vieja
naturaleza. Entonces, podemos considerarnos muertos al pecado.
Considerar, es contar, es contabilidad pura; es dar por firme algo, es un
hecho real. Lo podemos creer o no; claro está. Pero ya ocurrió.
Podemos decir sin temor a equivocarnos que, en la cruz, estaba Jesús con
toda la humanidad; todo el mundo al cual el Padre tanto ama, su Creación, su
obra, todos los nacidos y los por nacer, estaban en esa cruz. Todos tenemos el
perdón de pecados y la vida eterna a disposición, todos hemos sido
alcanzados por el amor sobrenatural del Padre. Todos somos pre convertidos,
la solución está allí, sin importar cuán grandes sean los pecados, sin importar
lo separados que estemos de Jesús, solo falta activar esos beneficios a través
de creerle.
¿Qué es muerte?
Es debilidad extrema, no reaccionamos al pecado, estamos muertos al
pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.
Para afrontar la vida cristiana, necesitaremos de esta revelación, estamos
muertos, no reaccionamos al pecado, muertos a la antigua manera de vivir,
muertos a los deseos de la carne, no reaccionamos ante la ofensa.
Dios, puede confiar en un hombre o una mujer que lleva una vida de
constante renuncia, que se despoja de sus derechos, que se despoja de su
amor propio, de su personalidad y de su orgullo. Esa es la verdadera vida que
agrada al Padre. Es necesario que nuestra vida disminuya, y crezca Cristo en
nosotros.
Ahora que sabemos que nuestros pecados fueron limpiados y quitados por
la sangre del Cordero, y sabemos que estamos muertos al pecado, podemos
caminar claramente hacia la consumación de nuestro destino en la Tierra,
¿cuál es?
“Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los
muertos, y vuestros miembros como instrumentos de justicia”. Romanos
6:13.
Aquí se cierra un círculo bendito, cuando presentamos todos los días
nuestros miembros como instrumentos de Dios. Antes, utilizábamos nuestro
cuerpo para servir a la inmundicia y a la iniquidad; ahora, para santificación
presentamos nuestro cuerpo y todas sus partes para servir a la justicia.
Sabemos que, en la antigüedad, cuando se presentaban animales como
ofrenda para expiación, los mismos eran consumidos por el fuego, y solo
quedaban cenizas. La ofrenda, en nuestros tiempos, es mucho más sublime,
pues nos presentamos nosotros, y el Padre puede utilizar esta ofrenda (nuestra
vida).
¿Para qué utiliza el Padre nuestra vida? La mente humana es obra del
Creador y puede ser utilizada hasta límites nunca antes visto, nuestras
emociones al servicio de Dios, son una herramienta poderosa para ser
sensibles ante la necesidad de la sociedad; y nuestra voluntad, es más efectiva
que la fuerza destructora de un aparato explosivo. Toda vez que el hombre se
propone algo, lo logra. De hecho, la humanidad está alcanzando logros desde
lo tecnológico jamás pensados, mas en el ámbito espiritual, se está
degradando cada día.
Capítulo 2
EL HIJO DEL HOMBRE
c
La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y se llamará Emmanuel.
Inicie una conversación, y de pronto mencione a Jesús, y verá cómo la
charla se termina con excusas: “a no, de religión no hablo” ...
Usted, puede hablar de personajes como el Gauchito Gil o la difunta
Correa, y la charla seguirá; incluso puede hablar de ocultismo o curanderismo
y nada pasará, el interés crecerá, pero cuando menciona a Jesús, la mayoría
de las personas se cierran y abandonan la charla.
¿Qué lo hace tan especial? Que su nacimiento marcó el inicio de una
nueva era, y aunque muchos no lo reconozcan, esa fecha marca día tras día, la
agenda de toda la población mundial.
¿Quién es Jesús? Argentina, se dice un país cristiano, la religión
mayoritaria es la Católica Apostólica Romana, cuyo líder espiritual es Jesús,
pero dialogando con muchas personas, he llegado a la conclusión de que la
gran mayoría no conoce a su líder espiritual. Conoce más al jefe de un
diagrama humano y eclesiástico con sede en Roma y a todo el desarrollo
estructural hacia abajo: cardenales, obispos, curas párrocos y laicos. Pero no
conocen en profundidad y detalle a la persona de Jesús.
Parece ser que, el ser humano definitivamente necesita aferrarse a algo
visible, sea una persona de carne y hueso o una imagen de yeso o madera
para expresar su fe.
¿Por qué es esto? Es más fácil seguir a un líder de carne y hueso, con sus
aprobaciones o desaprobaciones que, a un líder incorpóreo, que no se puede
ver, y mucho menos tocar. Será por eso que dicha religión, les rinde
adoración a imágenes. ¿Será que la sustancia divina para tener un encuentro
con Jesús es escasa o nula? Por supuesto me refiero a la fe, es más fácil
seguir a un hombre, y en este tema no quedan excluidas las demás religiones.
Cuando se menciona el nombre de Jesús, automáticamente pensamos en
Semana Santa, en el Vía Crucis, y siempre se escapa una lágrima al ver a ese
hombre delgado, abatido, ensangrentado, ir hacia el monte cargando su
propia cruz, y enfrentando el método de muerte más cruel que el hombre
haya diseñado: la crucifixión.
Es que el ser humano en nuestra sociedad, pretende entender a Jesús y la
obra de la cruz con su mente y sus sentimientos, y llega a la conclusión de
que solo es un hecho histórico, un mito. Un suceso espiritual que marcó un
punto de inflexión en la humanidad desde el punto de vista espiritual.
Mi querido lector, la obra de Cristo en la cruz, no puede ser razonada ni
pasada por el tamiz del intelecto humano, es preciso creer.
Otras veces, nuestra mente piensa en su nacimiento. Para los nacidos en
esta parte del mundo, la Navidad viene acompañada de muchos sentimientos;
muy buenos para algunos, y no tanto para otros, que sufren la tiranía de la
soledad y tienen que sobrellevar los pesados recuerdos de seres queridos que
ya no están.
También, se mezcla una alta dosis de mercantilismo desenfrenado y ese
regalo tan abundante como el contenido de la parrilla y la heladera.
Pero creer que Jesús, es mucho más que dos fechas memorables en nuestro
calendario religioso. Es más que una imagen de madera que pende de una
cruz, con el rostro hacia abajo y semidesnudo.
¿Quién es Jesús? Vemos a lo largo de la historia, que este personaje ha
sido recibido por algunos y despreciado por otros.
El pueblo judío ortodoxo, todavía sigue esperando al Mesías, al Salvador,
de modo que no lo reconocen como tal; para ellos, fue un ser humano
promedio, un rabino. En otras palabras, Jesús no está en sus agendas. Es
inconcebible para los judíos aceptar que Dios se hizo hombre.
La interpretación cristiana de la Santísima Trinidad, que presenta a Jesús
como una de las formas de Dios, resulta idolátrica y absurda para los judíos
religiosos y estudiosos de las Escrituras sin influencias cristianas.
Según las interpretaciones más profundas y certeras de la Biblia, Dios es
inefable y no puede conocerse, ni siquiera concebirse sus misterios o
presencia.
Para el pueblo musulmán, Jesús fue el último de los profetas, enviados por
Dios. En general, se considera a Jesús como precursor de Mahoma, y se
afirma que predijo la llegada de este último.
El Dhamma del Buddha ("Budismo") no se ocupa de Jesús, ya que sus
objetivos, génesis y planteamientos son muy diferentes y no tiene, por tanto,
ninguna opinión al respecto, que es una cuestión individual de cada persona
que sigue el Dhamma del Buddha, cuyo objetivo no tiene mucho que ver con
el del cristianismo, aunque coincidan en unos cuantos aspectos morales.
Para los Testigos de Jehová, Jesús, es el Hijo de Dios, su primera creación,
su obrero maestro, pero no es el Dios Todopoderoso.
Los Evangélicos, se consideran Cristo céntricos, de modo que Jesús es la
única forma de llegar a Dios.
Para la Iglesia Católica, es el iniciador de ese movimiento a partir de sus
apóstoles, pero evidentemente Jesús tiene que compartir su reinado con su
madre María, con otros santos reconocidos, y otros profanos de
reconocimiento netamente popular que el Vaticano no condena para no
disputar con sus fieles, pero que sabe que la adoración a dioses paganos o
muertos es abominación para Dios.
En el nombre de Jesús, se hicieron, hacen, y harán grandes cosas, por
hombres fieles, pero también muchas calamidades, por parte de engañadores,
estafadores y falsos profetas.
Sea cual fuere su óptica, cultura o religión, no podrá negar algo especial en
Jesús; sus enseñanzas son la base de muchos libros de grandes líderes
dirigidos a hombres, mujeres, niños y matrimonios.
Su vida, es expresada en la Biblia a través de cuatro hombres que
plasmaron sus hechos en los cuatro evangelios.
Un ex recaudador de impuestos, que estuvo dispuesto a dejarlo todo por
seguirlo: Levi, que luego fue llamado Mateo, hace énfasis en Jesús como el
cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, y la realización de
todas las esperanzas y expectativas mesiánicas.
Marcos, cercano colaborador de Pedro, y sin ser un apóstol directo de Jesús,
escribe brevemente y en lenguaje muy sencillo, acerca de sus viajes y
principalmente las acciones públicas llevadas a cabo en Galilea y Judea.
Un médico cercano al Apóstol Pablo: Lucas, relata la vida de este joven
maestro judío por orden. Todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y
enseñar. Lucas, acentúa el hecho de que Jesús no es solamente el libertador
de los judíos, sino el Salvador del mundo entero.
Por último: Juan, su discípulo amado, quien perteneció al círculo íntimo de
los seguidores de Jesús. En un sentido amplio, escribió el Evangelio para
proveer a los lectores del libro de un conocimiento completo de la vida y el
ministerio de Jesucristo. Más específicamente, escribió para conducir a sus
lectores a una fe sólida, sobre la base de las palabras y las obras de Jesús, y
con el propósito de que tuvieran vida en Su Nombre.
Todavía ha quedado en mi recuerdo aquel librito verde conteniendo los
cuatro evangelios que me pedían en Catequesis, los sábados de 10 a 12 horas,
en el Colegio San Juan de la Cruz en el oeste de la ciudad de Río Cuarto. Y a
la joven catequista haciendo su máximo esfuerzo por lograr que Jesús fuera
más importante que la pelota de futbol.
Luego de ese “picadito” pre catequesis, entrabamos a clase con la
apariencia y el aroma que poco se asemejaba a una clase de religión. Es que,
desde la religión y sus estructuras y dogmas humanos, es muy difícil conocer,
comprender y amar a Jesús.
Considero que la religión en Argentina, se ha esforzado por implementar un
desarrollo religioso, o una enseñanza religiosa en niños, jóvenes,
matrimonios, la cual por supuesto, a la luz de los resultados, ha sido vana.
Esa mirada religiosa y hasta mística de Jesús, negó a nuestra querida
sociedad, obtener algo vital que Jesús vino a traer: “Yo he venido para que
tengan vida, y vida en abundancia”.
Definamos la palabra Religión: se llama así, a todo método o esfuerzo
humano por acercarse a Dios. Pero, a la inversa, Jesús es todo esfuerzo por
parte de Dios para acercarse al hombre y a la mujer.
¿Existe realmente Jesús? Nuestro pensamiento basado casi
exclusivamente en lo material, en los afanes de la vida, en los logros
tangibles, y en una lógica con impartición griega, ha abierto una brecha casi
infinita entre el ser humano promedio y este ser espiritual. Nuestra lógica
occidental, nos predispone exclusivamente a creer solo en las personas
corpóreas; de modo que, un análisis exhaustivo y lógico es difícil.
Las diferentes corrientes de pensadores humanistas han hecho mella en la fe
del ser humano, justamente poniendo al hombre y su capacidad como centro
del universo.
Cuando fueron escritos los evangelios, y luego la muerte de los primeros
apóstoles y precursores de la Iglesia Cristiana, el mundo era dominado
políticamente por el Imperio Romano e influenciado culturalmente por los
griegos, justamente estos eran amantes de la sabiduría, y por eso, buscaron el
conocimiento, al punto de desarrollar una mente que amaba el conocimiento
humano. Allí nace justamente la filosofía, que es amor al conocimiento. Los
griegos, fueron los guardianes de Aristóteles, Platón e innumerables
filósofos. Ellos tenían fuertes altercados o disputas tratando de defender sus
puntos de vista, pues amaban el debate y el razonamiento.
Tanto intelectualismo y racionalismo, impidieron creer que Jesús había
resucitado.
Ese mismo espíritu de Grecia aún perdura en nuestros días, en los sistemas
de educación y, por supuesto, atenta contra la fe, que es una sustancia
intangible e incomprensible por la razón y mente humana.
Jesús dijo: el Reino de Dios les pertenece a los niños, y cualquiera que no
lo recibe como tal, no entrará ha dicho reino.
Aun así, es muy fácil por estos días, encontrarse con una persona que ha
experimentado una relación de fe con Jesús en pleno siglo de la informática.
El común denominador de estas personas que han encontrado a Jesús, es la
aflicción, desesperación, opresión, enfermedad, situaciones límites. Cuando
la fuerza y la capacidad humana, la medicina, parece desvanecerse, es allí
cuando entra en juego la fe. Primeramente, dirigida a la medicina, luego al
curanderismo y finalmente a Jesús. Y aunque tal parece que el humano es
infiel, Jesús permanece fiel y calla de amor por la humanidad.
¿Existe realmente? Los cuatro autores de los evangelios hablan acerca de la
resurrección de Jesús. Los mismos, fueron escritos entre el 50 y el 85 d.C. Al
inicio de la era cristiana. Todos coinciden en un hecho real y concreto: Jesús
resucitó de entre muertos al tercer día después de ser crucificado. Se apareció
no solo ante sus discípulos, sino ante muchos testigos. Aunque la Biblia no
intenta probar o convencer a nadie de que Jesús resucitó, sí presenta
evidencias concluyentes del hecho de que Él verdaderamente resucitó.
La resurrección de Cristo, está registrada en Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-
20; Lucas 24:1-53, y Juan 20:1-21:25.
La resurrección de Cristo, también aparece en el libro de Los Hechos
(Hechos 1:1-11). De estos pasajes, puedes obtener muchas “pruebas” de la
resurrección de Jesucristo. Fíjate en el dramático cambio en los discípulos.
Ellos fueron del temor que los hizo esconderse en un cuarto, al entusiasmo
y propagación del Evangelio por todo el mundo. ¿Qué otra cosa pudo
explicar este dramático cambio en un puñado de simples personas, que no sea
el haber visto a su líder resucitado?
Este pequeño grupo de personas consideradas del vulgo, y tan lejos de la
casta religiosa de la época, trastornaron –literalmente- el mundo conocido,
con un mensaje que iba más allá de doctrina humana.
Sus palabras eran confirmadas con señales sobrenaturales, muchos de ellos
eran apresados, encarcelados, torturados y muertos; pero a pesar de ello, nada
los detenía, y seguían propagando y compartiendo su fe, expresada no en
religión o dogma humano, sino una fe traducida en amor al prójimo.
¿Puede una persona, desde el punto de vista científico, resucitar, sobre todo
después de haber sufrido una muerte como la que describe la Biblia?
Es en este punto, donde quizás su opinión y la mía encuentren bifurcación,
y nuevamente este joven rabino, divida las aguas.
Si Jesús realmente no resucitó, y su cuerpo yace en una perdida y oculta
tumba judía, vana sería la fe de muchos.
El apóstol Pablo, cuando escribe la primera carta a los ciudadanos de
Corinto, se plantea esta situación. Él mismo, escribe y da testimonio de que
Jesús se apareció ante más de quinientas personas a la vez (1º Co. 15:6).
Según la ley judía, para sostener un hecho, se necesitaba por lo menos el
testimonio de dos personas, ¿qué me dice de quinientas?
¿Eran estas personas testigos falsos? Si así fuera, serían los falsos testigos
más extraordinarios que jamás existieron. ¿cuál era su moral? ¿Qué tipo de
hombres eran? ¿Eran unos borrachos? ¿Eran adúlteros? ¿Eran ladrones?
No, eran los hombres y mujeres más puros de la humanidad, sus adversarios
no podían presentar ninguna acusación en contra de su conducta moral. Eran
eminentemente honestos y hablaron con el acento de la convicción, y también
padecieron su testimonio, algunos con la muerte.
Está claro que, las obras que Jesús hizo mientras caminaba por nuestro
planeta, se siguen sucediendo, manifestadas a través de personas que creen en
Él. Los enfermos siguen sanando, las personas ven sobrenaturalmente como
su vida cambia en forma radical.
Existen jóvenes en todo el mundo que, por amor a Jesús, eligen una vida de
santidad apartada del sistema anti Dios. Los muertos resucitan, los demonios
huyen de personas, muchos son libres de vicios, y otros males.
Todo sucede porque Jesús está vivo, y ha escogido a su Iglesia para
continuar Su Ministerio en la tierra.
¿Es el Hijo de Dios?
Jesús, fue sentenciado injustamente por los sacerdotes y ancianos judíos,
furtivamente, con la condena de blasfema a Dios. De Jesús, se decían muchas
cosas, y él mismo se autoproclamaba de muchas formas: maestro, profeta, la
luz del mundo, el Hijo de Dios, el Cordero que quita el pecado del mundo,
sanador, Rey. Pero, algo que los religiosos de la época no toleraron, era el
hecho de que se proclamase: el Hijo de Dios. Es decir, parte de la Santísima
Trinidad. ¿Cómo podemos comprobar que así sea? Evidentemente es
probable que la razón nos separe de esta verdad.
¿Dónde nació?
Cuando Marcos escribió su evangelio, no incluyó el dato del nacimiento de
Jesús en Belén. Como la mayoría de sus lectores eran de origen pagano, no
tuvo problemas en conservar el recuerdo de que había nacido en Nazaret.
En cambio, cuando escribieron Mateo y Lucas, muchos de sus lectores eran
cristianos procedentes del judaísmo, a los cuales sí les preocupaba que Jesús
fuera el verdadero Mesías esperado por Israel, el descendiente de David.
Entonces, ambos evangelistas, para expresar esta idea, recurrieron a la
narración teológica de su nacimiento en Belén.
Eso sí, cada uno empleó una diferente, según la que ellos conocían. Así,
Mateo presentó a Jesús naciendo en Belén porque su familia era de allí; y
Lucas presentó a Jesús naciendo en Belén por un accidente histórico.
Finalmente, Juan, que al momento de componer su Evangelio había llegado
a la convicción de que Jesús era Dios, tampoco tuvo interés de incluir el
nacimiento de Jesús en Belén.
Su origen terreno, en Belén o en Nazaret, no tenía para él ninguna
importancia, porque en realidad su verdadero origen era el cielo; él procedía
de Dios (Juan 1, 1-18), y eso bastaba para declararlo Mesías. Por eso, Juan, al
igual que Marcos, conservó el dato histórico del origen nazareno de Jesús.
¿Dónde nació pues Jesús? Probablemente en Nazaret. Su origen nazareno
aparece afirmado en veinte lugares del Nuevo Testamento. En cambio, las
dos únicas veces que aparece Belén como su patria son en Mateo 2 y Lucas 2.
¿Y el nacimiento de Jesús en Belén? Esta noticia no es un dato civil, sino
una afirmación teológica; no expresa una evidencia administrativa, sino una
idea religiosa.
¿Debemos entonces abandonar las tradiciones de Belén? ¿Debemos dejar
de lado los villancicos, renunciar a los pesebres, y excluir las peregrinaciones
a la ciudad de Belén, donde actualmente se venera la gruta de su nacimiento?
Por supuesto que no, así como no desechamos la celebración de la Navidad
el 25 de diciembre aun cuando sabemos que ese día no nació Jesús.
Decir que Jesús nació en Belén, sigue siendo para nosotros, como lo fue
para los primeros cristianos, una afirmación fundamental. Equivale a decir
que Dios, a pesar de ser omnipotente y poderoso, optó por una ciudad
minúscula. Es decir, prefirió apostar por la debilidad, por la humildad, por los
oprimidos, por la mansedumbre. Significa que un Mesías frágil y endeble
basta para quebrar el poder de los poderosos de este mundo. Y que quienes
afirman seguir a este Mesías deben emplear sus mismas armas.
Hoy, que nos emocionamos tanto cuando llega la Navidad al recordar el
humilde origen belenita de Jesús, pero que después, el resto del año,
apostamos por la fuerza, la prepotencia, la soberbia y la superioridad, sería
bueno que lo tuviéramos en cuenta.
¿Qué hacía mientras caminaba por este mundo?
Nuestra mente, muchas veces influenciada por Hollywood, nos hace
imaginar a Jesús como He-Man, con su espada poderosa.
Mateo, el ex cobrador de impuestos, nos muestra a un Jesús que cumplió
cada una de las profecías mesiánicas que hablaron de Él muchos años antes.
Marcos, se dirige a un pueblo perseguido por el emperador Nerón y que sufre
su feroz persecución; describe a Jesús en medio de tribulaciones y
padecimientos. Jesús decía cosas como: “si alguno quiere venir en pos de mi,
niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame”. Marcos, dirige a sus lectores
a sentirse identificados en el sufrimiento de Jesús, y que no teman ni se
amedrenten ante tales circunstancias.
El doctor Lucas, se esfuerza por presentar en “orden” todas las acciones de
Jesús mientras caminó por esta tierra, lo hace con orden cronológico y basado
en la exactitud o veracidad de los hechos.
Mientras el discípulo amado, Juan, escribe su evangelio para conducir a sus
lectores a una fe sólida, sobre la base de las palabras y obras de Jesús.
Demos un vistazo a diferentes acontecimientos en la vida de este singular
joven, de oficio carpintero, y cuya mayor parte de su vida fue llevada
adelante en una población pequeña: Nazaret.
Obediencia
Cierto día, los padres de Jesús se dirigieron a Jerusalén, conforme a sus
costumbres religiosas. Jesús tenía 12 años. Pasaron allí varios días festejando
la Pascua Judía, y al volver a su tierra, y mientras caminaban junto a sus
parientes, percibieron que el niño no estaba entre la compañía.
José y María lo buscaron con mucha angustia durante tres días. Al llegar a
Jerusalén, encontraron al niño junto a doctores de la ley, los cuales le hacían
preguntan y se maravillaban de sus respuestas. María, le reprendió y el niño
volvió con ellos; y dice la Biblia que permaneció sujeto a la autoridad de sus
padres. Lucas 2:41-51.
Vida Social
Jesús, constantemente se movía por Nazaret y aldeas cercanas, caminaba
incansablemente y veía la necesidad de las personas; se conmovía y actuaba
en consecuencia. Uno de los milagros más sorprendentes, fue el que tuvo
lugar en una fiesta.
Fue invitado junto a su familia a un casamiento, en medio de la fiesta, faltó
el vino, con todo lo que eso significaba para una boda judía que se extendía
por varios días.
María, se lo hizo saber, entonces Jesús, dio instrucciones de llenar seis
tinajas de piedra con agua hasta el borde. Lo que aconteció, el agua se
convirtió en vino, y no cualquier vino, sino el mejor, según los dichos del
experto.
¿Por qué Jesús inicia su ministerio público en una fiesta? ¿Por qué
manifiesta este principio de señales? ¿Por qué transformar el agua en vino?
La pregunta es… ¿por qué no?
Será que nuestra estructura mental religiosa no nos permite ver a un Jesús
desestructurado y natural acudiendo a la necesidad de un amigo o pariente; o
¿los milagros solo pueden ocurrir dentro de una iglesia?
Jesús, sigue estando allí, en medio de la necesidad y mucho más lejos de lo
que nosotros pensamos de la religión.
Confrontó a los religiosos de la época que lo querían meter en un
estereotipo creado por ellos mismo.
Dijo: “ustedes son sepulcros blanqueados, por fuera lucen hermosos, pero
por dentro están llenos de huesos muertos y podridos”.
A esta altura de las circunstancias, usted ya se habrá dado cuenta por qué
los religiosos de la época mataron a Jesús.
Sobrenatural
Jesús, estaba enseñando ante una multitud en una casa; y sucedió que unos
hombres traían a su amigo que era paralítico, para ponerlo delante de Él y que
fuera sano. Pero a causa del gentío, no podían llegar al interior de la casa. Fue
entonces que se les ocurrió subirlo por encima de la casa y bajarlo por el
techo, y lograron su cometido. El paralítico fue puesto delante de Jesús. Él se
conmovió al ver la fe de ellos y le dijo: “a ti te digo: levántate, toma tu lecho,
y vete a tu casa”. Y ¿qué creen? El hombre se levantó y se fue a su casa,
glorificando a Dios. Lucas 5:17-25.
Jesús, una vez más está atento al problema de la gente, y sin demasiado
preámbulo, da solución.
Alimentación de los cinco mil
Jesús, constantemente recibía a las multitudes que se les acercaban para que
las sanase. Una tarde, el día comenzó a declinar y la multitud no se retiraba,
sus discípulos le dijeron que los despidiera, pero Jesús le dijo: “háganse cargo
y aliméntenlos ustedes”.
¡Qué problema para los discípulos! Solo disponían de cinco panes y dos
pescados, pero Jesús, levantando los ojos al cielo, los bendijo y los partió, y
dio a sus discípulos y comieron todos y sobraron doce canastos. Lucas 9:11-
17.
¿Es lícito pagar impuestos?
Jesús, se había ganado la enemistad de los principales sacerdotes y escribas
y, estos procuraban matarle. Querían tenderle una trampa y sorprenderlo
enseñando alguna doctrina en contra de Roma. Le preguntaron si era lícito
pagar impuestos a César.
Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: “Traigan una moneda y
díganme de quién es la imagen y la inscripción”… Y respondieron: de César.
Entonces Jesús les dijo: “Pues, entreguen a César lo que es de César, y a
Dios, lo que es de Dios. Maravillados por la respuesta, callaron.
Máximas de Jesús
“No juzguen para que no sean juzgados”
“Por sus frutos los conoceréis”
“Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y
amará a otro, o estimará a uno y menospreciará al otro. No pueden
servir a Dios y a las riquezas”.
“Cuando des ofrenda, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”
“No se preocupen por lo que han de comer o beber o vestir, mejor
busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
serán añadidas”
“Pedro le preguntó: ¿Cuántas veces perdonaré a quien peque contra
mí? ¿Hasta siete? Jesús, le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta
setenta veces siete”.
¿Cómo actuaba frente a situaciones límites?
Una mañana, estaba Jesús sentado enseñando. Entonces, los escribas y los
fariseos le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio y le preguntaron:
Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el mismo acto de adulterio, la ley
de Moisés nos manda a apedrear a tales mujeres. Tu pues, ¿qué dices?
En clara señal de que querían tenderle una trampa; si consentía en apedrear
a la mujer, se ganaría la antipatía del pueblo, y si prohibía su lapidación,
estaría violando la ley de Dios dada a través de Moisés.
¡Vaya situación! Estaba entre la espada y la pared.
Mas Jesús respondió: “El que esté libre de pecados, que lance la primera
piedra”.
Hubo un silencio, y más tarde, uno a uno retrocedían, empezando por los
ancianos, hasta que no quedó ninguno.
Jesús le dijo a la mujer: -¿dónde están los que te acusaban?
Ella le dijo: -No quedó ninguno Señor.
Entonces, le dijo: -Ni yo te condeno. Vete, y no peques más. Juan 8:1-11.
¿Tenía amigos?
¡Claro que los tenía! Jesús, llevaba una vida social muy intensa, y eso lo
hacía una persona muy buscada y requerida. Algunos, solo se acercaban por
los panes y los peces; otros, veían en Jesús a un verdadero amigo.
Tal es el caso de Lázaro de Betania. O sus mismos discípulos, con quienes
pasaba mucho tiempo.
Jesús decía: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por
sus amigos”.
Podemos confiar en un amigo así, que dio su vida por nosotros.
“Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor;
pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las
he dado a conocer”. Juan 15:15.
Si resucitó ¿Dónde está en este momento?
A lo largo de la historia de la humanidad, que también vemos reflejada en
las Sagradas Escrituras, se han sucedido muchas cristofanias, es decir, Jesús
apareciendo en cuerpo visible a muchos personajes bíblicos.
En la actualidad, se siguen sucediendo dichas apariciones, pero no tantas,
pues Jesús mismo le dejó la tarea indelegable a su Iglesia y les dijo: “Vayan
por todo el mundo y proclamen las buenas noticias”.
Qué buena pregunta, según Mateo, reunió a sus discípulos en un monte en
Galilea, y les dijo que hicieran discípulos, que los bautizaran y enseñaran a
guardar todas las cosas; les prometió que Él estaría con ellos hasta el fin del
mundo.
Marcos, relata la ascensión de Jesús, luego de comisionarlos, fue recibido
en el cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Lucas, testifica que luego de bendecir a sus discípulos, fue ascendido al
cielo en una nube.
El discípulo amado, Juan, escribe que Jesús hizo además muchas cosas
luego de su resurrección, las cuales no están en su libro.
El último libro de la Biblia, llamado Apocalipsis, relata los hechos futuros
que acontecerán cuando Jesús glorificado, venga por la Iglesia.
Jesús, te dice en este momento: “he aquí yo estoy a la puerta y llamo, si
alguno oye mi voz y abre la puerta, entrare a él y cenaré con él, y él
conmigo”.
CAPÍTULO 3
LA CLAVE ES PERMANECER
c
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar
fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí.
Juan 15:1-17, es una clase magistral y práctica del poder de la permanencia.
El estudiante de todo tipo de nivel, que permanece en la institución
educativa los años requeridos y, asimila los procesos de evaluación de
manera regular, al final de la carrera, verá sus objetivos cumplidos.
Es importante la actitud del estudiante, pero más importante aún, es el
poder de la institución para coronarlo con el título.
En medio de la carrera, el estudiante encontrará problemas, aflicciones de
diferente índole, y muchos serán superados por el solo hecho de permanecer.
En el ámbito natural, los frutos están en la rama, y para que el fruto sea
visible, la misma tiene que permanecer unida al tronco. La rama, no es mayor
que el tronco; la vida fluye desde el tronco hacia la rama. Sencillo: la rama
permanece y el fruto se visibiliza.
En el mundo espiritual invisible, ocurre lo mismo. Cristo, es la vid
verdadera, el tronco, la raíz de vida; y nosotros: las ramas.
No es posible llevar fruto por nosotros mismos, sino permanecemos en
Cristo. Podemos exhibir mucha religión e hipocresía, pero solo a través de
Cristo podemos dar fruto que permanece.
Un mal que se repite en la iglesia, es la falta de compromiso a la hora de
dar. Tenemos muy en claro nuestros derechos, pero parece que no siempre
nuestro deber.
La obra de Cristo requiere personas que sepan sobrepasar los obstáculos
propios que se presentan en el diario caminar.
Los matrimonios, deben saber que el divorcio nunca es opción, a pesar de
dificultades propias de la convivencia entre un hombre y una mujer muy
diferentes, el permanecer en amor, lo cual no es un sentimiento sino una
decisión, hará prosperar dicha unión por la eternidad.
Empleados que permanezcan en sus puestos de trabajo y optimicen su
relación por medio de la obediencia, obtendrán no solo el favor de Dios, sino
el de sus empleadores.
La clave es permanecer, es recibir la fortaleza y la gracia del Espíritu Santo,
para no volverse atrás; es sostenerse como viendo al invisible.
CAPÍTULO 4
EnCristados
c
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús.
1º Corintios 1:30.
Una de las frases más relevantes que está escrita en la Biblia, que contiene
en sí misma la respuesta a nuestros interrogantes, es: “en Cristo”.
La revelación divina y su posterior aplicación práctica en una persona,
puede cambiar radicalmente el curso de vida de un creyente o de una
congregación local, y traer avivamiento o despertar espiritual a toda una
nación.
Cuando repasamos las diferentes cartas paulinas, vemos la frase: en Cristo,
repetida muchas veces, y entendemos, es la base para una vida cristiana
abundante.
Desde la religión, en la actualidad y, también en la iglesia del primer siglo,
se han levantado corrientes de pensamientos que enseñan y muestran
diferentes estrategias humanas para alcanzar la vida abundante. Y en el mejor
de los casos, y bien intencionados, se muestra la vida de Cristo como una
meta a seguir.
Mas creemos que la vida de Cristo ya fue vivida por Él mismo, y más que
una meta a alcanzar, Cristo es un método utilizado por Dios para que
caminemos en novedad de vida; no somos nosotros, y nuestra aparente vida
de piedad y santidad los que complacemos al Padre de todos, sino la vida de
Cristo en nosotros. Es el Amado y Su Gracia infinita, la que nos hace aceptos
ante el Padre.
El único que puede obedecer y complacer a Dios, es Dios mismo en la
persona de Cristo.
Nuestra meta, es incorporar la vida de Cristo para alabanza de su gloria; es
el Padre el que introduce la vida de Cristo en nosotros, no lo buscamos, Él
nos busca a nosotros. No lo amamos primero, Él nos ama con un amor que
sobrepasa nuestro entendimiento, y como consecuencia, lo amamos nosotros.
La vida de victoria, es un anhelo de todo creyente, y para alcanzar esa
posición, nos esforzamos, hacemos cosas fuera de tiempo y, muchas veces,
nos salimos de Su voluntad.
Mas entendemos que es más fácil incorporar a nuestras vidas al Victorioso.
Él vive en usted, solo que quizás no se ha dado cuenta. La revelación de la
persona divina de Cristo no ha llegado a su vida.
La maravillosa vida de Cristo, trae consigo una ley, la poderosa ley del
Espíritu de vida.
Como todos sabemos, existen leyes que rigen sobre el mundo natural, como
la ley de la gravedad. Y en toda sociedad que pretenda ser ordenada, también
existen leyes humanas.
Tenemos leyes naturales, leyes humanas, ¿por qué no habrían de existir
leyes espirituales?
Justamente, sabemos que el mundo invisible espiritual, domina sobre el
visible y natural. Existe una cuarta dimensión que tiene supremacía sobre la
tercera.
La ley del pecado y de la muerte, rigen sobre todo ser humano que aun no
ha rendido su vida a Cristo, y esa ley actúa deliberadamente y naturalmente.
Esa persona peca sin esfuerzo, es la ley del pecado fluyendo en esa persona.
El sujeto ni siquiera sabe ni conoce de tal ley. Pero la ley existe en sí misma y
actúa más allá de nuestra voluntad.
Deje caer un objeto, y pese a sus creencias, sus emociones, su entorno
actual, el objeto será atraído hacia abajo por la ley de la gravedad.
Existe otra ley espiritual, que es la ley del Espíritu de vida; y esta ley nos ha
liberado de la ley destructiva del pecado y la muerte.
Cuando se nos revela la vida de Cristo en nosotros y caminamos por esta
vida “Encristados”, la ley del Espíritu de vida, comienza a fluir naturalmente
en nosotros. Y nuestra vida se torna más fácil, pues, la ley actúa en nosotros
una y otra vez. No nos esforzamos para ser santos, el Santo vive en nosotros.
No nos esforzamos por ser obedientes, el que fue obediente hasta la muerte,
vive en nosotros. No nos esforzamos para ser humildes, pues, el que es
manso y humilde de corazón, vive en usted; y toda otra virtud o cualidad que
usted y yo hemos buscado durante años y hemos orado y ayunado para
alcanzar, ya fueron conquistadas por Cristo durante su vida.
En la cruz, su grito de guerra: “Consumado es”, ya todo fue hecho, todo fue
conquistado y vencido, la vieja naturaleza, el pecado, la muerte, la
enfermedad, la tentación. De modo que mal haríamos, en nuestro criterio,
querer vencer algo que ya fue vencido.
¿Qué hacemos entonces? Darle gracias a Dios por Jesús, y volver a Cristo.
Volvamos a nuestro inicio, si un día iniciamos la vida cristiana por fe y por la
gracia de Cristo, ¿por qué terminamos en la carne? No creamos que nuestro
desarrollo y madurez dependen de nosotros, de nuestras fuerzas, de una
institución, del carisma de un hombre o mujer.
EN CRISTO
Cuando leemos la carta que el Apóstol Pablo le escribe a la Iglesia de
Éfeso, advertimos una frase que se repite en muchas ocasiones: en Cristo.
Pongamos la lupa en la preposición “en”.
¿Qué es una preposición? Es una palabra invariable que se utiliza para
establecer una relación de dependencia entre dos o más palabras; la que sigue
a la preposición, funciona como complemento; el tipo de relación que se
establece varía según la preposición. Las más usadas son: a - ante - bajo -
cabe - con - contra - de - desde - en - entre - hasta - hacia - para - por -
según - sin - sobre – tras.
La preposición “en”, indica posición o lugar. Por ejemplo: Ella esta “en”
casa. ¿dónde esta ella? En casa.
Digamos que la gramática es clara, si dice que Ella esta “en” casa, no deja
lugar a dudas.
¿Por qué esta mini lección de gramática? Pues, usted verá que muchas
veces leemos la Palabra de Dios, la única que reclama para si, tener
inspiración divina, y no advertimos de palabras claves que fueron puestas allí
con un motivo muy especial.
Fíjese: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y
fieles “en” Cristo Jesús que están en Éfeso”. Efesios 1:1.
Pablo, está llamando santos y fieles a personas comunes como usted y yo,
que viven en una ciudad portuaria antigua llamada Éfeso. Santos y fieles, es
una calificación que pocos se atreverían a utilizar.
¿Por qué? Seguramente usted ya tomó la revelación, ¡Sí! Sonría, es una
buena noticia: los efesios, aunque eran personas ordinarias y sujetas a
pasiones desordenadas, podían recibir el calificativo de santos y fieles,
aunque no lo fueran.
Usted y yo también somos santos y fieles “en” Cristo.
Se da cuenta, la preposición “en”, nos introduce en una nueva posición:
dentro de Cristo.
A esta altura, se preguntará ¿cómo hacemos para estar “en” Cristo?
Nótese que, el final del versículo que leímos, dice que: “Los santos y fieles
están en Éfeso”. ¿Queda algún margen para la duda? ¡No!
Si la oración dice que están en Éfeso, no tengo porque dudar, si son efesios
están “en” Éfeso.
Entonces, ¿por qué dudar si la oración dice “en” Cristo? Es una afirmación.
Sabemos que las Sagradas Escrituras, fueron hechas por hombres bajo
inspiración de Dios, y son útiles para enseñar, para corregir, para instruir, a
hombres y mujeres de todo tiempo; es decir, el mensaje fue escrito en un
eterno presente, y por supuesto, es utilizado en nuestros días.
El libro de Efesios, comienza afirmando que estamos “en” Cristo, y que
esa posición o lugar de privilegio, nos permite autoproclamarnos “santos y
fieles”.
Sigamos leyendo por favor: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares
celestiales “en” Cristo”. Efesios 1:3.
Muchas veces, queremos la bendición de parte de un hombre o de una
mujer, y andamos por ahí buscando que alguien nos bendiga. Sin embargo, la
Biblia asegura que el Padre ya nos bendijo con toda bendición espiritual. No
buscamos la bendición, ya hemos sido bendecidos, no con métodos humanos,
ni con tradición religiosa, sino con bendición espiritual y en lugares claves de
gobierno y dominio: el ámbito celestial.
¿Quiere que le pongamos más pimienta a este relato?
“Según nos escogió (el Padre) en él (Cristo) antes de la fundación del
mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (Dios)”.
Efesios 1:4.
¡A bueno! Si este versículo no le hace saltar de la silla, es porque está
dormido.
Antes de la fundación del mundo que vemos, y el que no vemos, ¿dónde
estaba usted? y ¿dónde estaba yo? No estaba en su padre, ni en su abuelo, ni
en su bisabuelo. Estábamos “en” Cristo.
La Palabra de Dios, asegura que hemos sido sellados con el Espíritu Santo.
Efesios 1:13. También nos dice que en Cristo recibimos esa promesa.
En Cristo, también somos reconciliados. En otros tiempos, estábamos sin
Cristo, sin fe, sin Dios y sin esperanza, alejados de la voluntad del Padre; una
gran muralla nos separaba de Su gloria.
Pero, ahora en Cristo, hemos sido hecho cercanos debido a la preciosa
sangre del Cordero; y justamente en Cristo, de dos pueblos (judíos y gentiles)
se formó uno solo, y un nuevo hombre: la iglesia. Que es el cuerpo de Cristo,
y la manifestación de Su Voluntad en la Tierra.
Por ese motivo, ya no somos extranjeros, sino conciudadanos y miembros
de la familia de Dios.
Todos aquellos que no somos judíos, estábamos desplazados del cuerpo de
Cristo y de la herencia del Padre. Este misterio, estuvo escondido durante
siglos, y le fue revelado a Pablo.
¿Qué misterio? Que nosotros -los gentiles- somos coherederos y miembros
del mismo cuerpo y coparticipes de la promesa en Cristo Jesús.
Le pido que examine nuevamente la Biblia, y descubrirá tesoros de
revelación que siempre estuvieron allí. Descubrirá que, en Cristo, usted es
mas que vencedor; en Cristo, hemos sido perdonados (Efesios 4:32), que
todo lo puede en Cristo que lo fortalece (Filipenses 4:13).
¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo?
EnCristado….
ü Soy una nueva criatura. 2º Corintios 5:17. Gálatas 6:15. Efesios 2:10.
ü Soy un santo. 1º Corintios 1:2.
ü Soy parte de Su Iglesia. Efesios 2:21-22.
ü Soy templo del Espíritu de Dios. Efesios 2:22.
ü Estoy en el eterno plan de Dios. Efesios 1:4.
2º Timoteo 1:9.
ü Estoy completo y lleno de la plenitud de Cristo. Colosenses 2:9.
Colosenses 1:19.
ü He sido enriquecido. 1º Corintios 1:5.
ü He sido aceptado, porque el favor de Dios ha sido derramado sobre mí.
Efesios 1:6.
ü Soy luz. Efesios 5:8.
ü Estoy seguro en el amor de Dios. Romanos 8:38-39.
ü Estoy confirmado, arraigado y sobreedificado. 2º Corintios 1:21.
Colosenses 2:7.
ü He sido circuncidado interiormente. Colosenses 2:11.
ü Estoy cerca del corazón de Dios. Efesios 2:13.
¿Qué tengo? ¿Qué poseo?
EnCristado….
ü Tengo toda bendición espiritual. Efesios 1:3.
ü Tengo vida eterna, una relación eterna con Dios. 1º Juan 5:11. 1º
Corintios 15:22. Romanos 6:23.
ü Tengo una gloriosa salvación. 2º Timoteo 2:10.
ü Tengo una preciosa herencia. Efesios 1:4. 1º Pedro 1:4. Romanos
8:17.
ü Tengo un futuro glorioso. Efesios 1:4-5.
ü Tengo una posición celestial. Efesios 2:6.
ü Tengo un llamamiento supremo. Filipenses 3:14.
ü Tengo la esperanza de la gloria eterna. 1º Pedro 5:10.
ü Tengo la justicia perfecta de Dios. 2º Corintios 5:21. 1º Corintios
1:30. 6:11.
ü Tengo santificación o santidad. 1º Corintios 1:2. 1:30. 6:11.
ü Tengo la sabiduría de Dios. 1º Corintios 1:30. Colosenses 2:3. 1º
Corintios 2:16.
ü Tengo redención o libertad de la esclavitud. Efesios 1:7. Colosenses
1:14. Romanos 3:24. 1º Corintios 1:30.
ü Tengo seguridad. Romanos 8:1.
ü Tengo total perdón. Efesios 1:7. Colosenses 1:14. 1º Corintios 6:11-
“lavados”.
EnCristado…
ü Yo ando y vivo. Colosenses 2:6.
ü Estoy firme y seguro. Filipenses 4:1.
ü Tengo una victoria constante. 2º Corintios 2:14.
ü Soy fructífero. 1º Corintios 15:58. Efesios 2:10.
ü Todo lo puedo. Filipenses 4:13.
ü Puedo acercarme a Dios. Efesios 2:13,18.
ü Tengo todo lo que necesito. Filipenses 4:19.
ü Puedo regocijarme siempre. Filipenses 4:4.
1º Pedro 1:8.
ü Tengo una esperanza purificadora. 1º Juan 3:3.
ü Soy fuerte. 2º Timoteo 2:1. Efesios 6:10.
ü Soy fiel. Efesios 1:1.
ü Tengo fe y amor. 1º Timoteo 1:14.
ü Puedo ser maduro. Colosenses 1:28.
ü Vivir y andar. Colosenses 2:6.
CAPÍTULO 5
¡ES UNA PERSONA!
c
Hemos mencionado el hecho glorioso de que estamos en Cristo. Es decir,
no buscamos agradar al Padre, sino que la persona de Cristo en nosotros es la
que agrada y camina en la voluntad del Padre.
Estamos en Cristo, en Su muerte; y Cristo está en nosotros en Su
resurrección. Si nos asemejamos en su muerte, también lo haremos en su
resurrección.
Pero ¿cómo hacemos para estar en Cristo? ¿qué debemos hacer para lograr
esa condición? ¿depende de nosotros? ¿Depende de nuestra entrega, de
nuestras oraciones, de nuestra vida de ayuno?
¿Depende de cuánta santidad hayamos alcanzado, producto de nuestra
penitencia? ¿Depende de cuánto tiempo hayamos consagrado al servicio en el
templo?
“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús”.
1º Corintios 1:30.
¿Quién es “él”? Es Dios el Padre. Él produce en nosotros la regeneración.
Nos injerta dentro de Cristo, es por el amor del Padre que estamos en Cristo.
¡Primera verdad! Estamos en Cristo, no por nuestra causa, estamos en
Cristo por el Padre.
Digamos que es la razón de la presente publicación.
No obstante, queremos resaltar otra gran verdad que seguramente cambiará
nuestra manera de caminar a través del evangelio, el cual abrazamos con
mucho amor, pero quizás, por falta de revelación, no hemos sido efectivos ni
certeros. Aun cuando fuimos renacidos por simiente incorruptible, la cual es
Su Palabra viva y eficaz.
¿Cuál es la otra gran verdad?
Principio, ofrenda, vida, resurrección, camino, verdad, puerta, pastor,
palabra, pan de vida, luz, vid, santificación, sabiduría, redención. Son todos
conceptos que conocemos muy bien, al menos en nuestra mente, pero solo
eso; conocimiento teológico de algunas verdades del evangelio, asimiladas
con la razón humana.
La Biblia, inicia: “en el principio”. ¿Cuál es el principio de la presente era?
¿Dónde inicia y dónde termina la eternidad?
Principio, es primicia. Primicia, tiene rango de persona. Primicia, es
Cristo.
Ofrenda, no es una acción humana consistente de obras bien intencionadas.
Ofrenda, también tiene rango de persona. Cristo, es la ofrenda.
Ofrenda, es una persona: “el cual nos ha sido hecho por Dios, ofrenda”.
Conocemos la vida desde nuestra perspectiva finita, y justamente nos
aferramos a la vida que conocemos, aun cuando pasamos mucho tiempo
sufriendo, anhelamos nuestra vida y pretendemos que Dios la emparche; solo
necesitamos saber que Cristo es la vida, vida increada de Dios en nosotros,
seres humanos ordinarios y sujetos a pasiones desenfrenadas.
Cristo, es la vida que merece ser vivida aquí en la tierra. Cristo, es la vida
que satisface a nuestro Padre celestial.
Tenemos dos opciones:
Seguimos viviendo nuestra propia vida.
Accedemos (por medio de la regeneración) a la vida de Cristo en
nosotros, y entramos en un proceso de perfección que culminará el día
de Cristo.
La liturgia evangélica, contempla la oración de poder por resurrección, y de
hecho existen muchos testimonios de milagros sucedidos. Pero, nos resulta
más fácil entender que Jesús tiene el poder para resucitar muertos, que el
concepto de que Jesús, es la resurrección.
Él dijo: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque este
muerto vivirá”.
Cristo, no nos muestra un camino a seguir, él es el camino, y nadie va al
Padre sino es por él.
Cristo, es la verdad. Cristo, es la puerta. Cristo, es el pastor. Él es la
Palabra, el pan de vida. Cristo, es la luz, la vid verdadera; es santificación,
sabiduría y redención.
La Sabiduría de Dios, no es conocimiento mental, ni nada que tenga que
ver con conceptos teológicos superficiales que ofrece la religión. Cristo, nos
fue hecho por el Padre: Sabiduría.
Sabiduría, es una Persona Divina: Cristo Jesús. Y fue plantado por el Padre
en nosotros. En tanto y en cuanto ya no viva yo, sino que Cristo viva en mí,
se expondrá de forma única y especial la sabiduría en mi vida.
Justificación, no es ofrecer sacrificios religiosos para ser justificado por
obras. Es una Persona Divina: Cristo Jesús. Y el Padre, planta la Justicia en
nosotros, somos Justos a causa de Cristo.
Santificación, no es un compendio de materias religiosas alcanzadas o
estudiadas, o privarse de andar pecando por la vida. Es una Persona Divina:
Cristo Jesús.
Redención, también es una Persona Divina: Cristo Jesús.
Es por eso que, Jesús dice en un eterno presente que, su yugo es fácil y
ligera su carga.
Como no va a ser fácil el trabajo, si Él lo hace todo desde mi persona, opera
desde mi espíritu; la gente me ve a mí, pero es Cristo en mí quien continúa su
ministerio. A lo suyo vino, y con lo suyo continúa.
El tener un entendimiento iluminado por el Espíritu Santo, nos permitirá
desarrollar y continuar el ministerio de Cristo aquí en la tierra; no desde una
óptica de tradición religiosa, sino con la frescura y espontaneidad del Espíritu
de Cristo.
Sabiendo esto: ¡Ya todo fue hecho por Cristo! Él es la cabeza suprema de la
creación, solo debemos renunciar cada día a nuestra naturaleza pecaminosa
para que sea formado en nosotros, y nuestro espíritu se expanda por la obra
del Espíritu del Señor.