Curso Básico de Pastoral Vocacional
La práctica de la
Pastoral Vocacional
Principios, objetivos y etapas
de la Pastoral Vocacional
PRINCIPIOS DE LA PASTORAL VOCACIONAL
En este momento queremos mirar de un modo concreto los principios pastorales que rigen la acción a
favor de las vocaciones. Cada comunidad cristiana que emprenda esta acción pastoral, necesitará establecer
unos principios que proceden a la vez de tres fuentes: los datos revelados sobre la vocación y las vocaciones;
las exigencias de una sana psicopedagogía de la vocación y la situación concreta de las vocaciones en cada
Iglesia particular o en un ámbito pastoral. Aquí enunciaremos un conjunto de principios más universales que
necesitan ser adaptados y reformulados desde un análisis de la realidad.
Se llama “principios de acción” a aquellas convicciones y acuerdos de un grupo que señalan hacia un
modo más eficaz de actuar en relación con la realidad. En nuestro caso les podemos llamar principios pasto-
rales, porque quieren marcar un estilo que, en las circunstancias de la Iglesia actual, parece más recomenda-
ble, más práctico, más adaptado a las necesidades de los jóvenes y a las exigencias de la sociedad.
Pero a la vez, este conjunto de principios, se derivan de la doctrina vocacional que ya hemos estudiado,
de modo que ayudan a proceder de tal manera que se facilite la experiencia del llamado de Dios y se respete
el misterio de la vocación en cada una de las personas. Son los acuerdos de un grupo que unifican su activi-
dad. No sólo en el sentido de que los llevan a realizar una única actividad; además les ayudan a compartir
un estilo común, un modo de hacer, que en el caso de las actividades pastorales tiene una gran trascenden-
cia. Importa tanto lo que hacemos como el modo de hacerlo.
Cada equipo de pastoral vocacional deberá formular sus principios, los cuales conviene que sean discuti-
dos de modo que todos razonen su sentido y sepan justificarlos, hasta llegar a formar un acuerdo. Sin em-
bargo, puede ser útil enunciar algunos de ellos, que serán válidos en cualquier lugar y para cualquier acción
vocacional.
1. El respeto a la acción de Dios que llama. Este es el primer y fundamental principio. Es Dios quien llama
libremente a quien quiere. Promover las vocaciones significa ir en pos del don de Dios, respetando profun-
damente sus designios. Este respeto grande a la vocación conviene infundirlo en los padres de familia, en los
maestros y formadores, en los mismos candidatos. Se excluyen tácticas poco respetuosas de las personas co-
mo son:
La manipulación. Consiste en coaccionar de cualquier modo a los candidatos para que ingresen o per-
manezcan en una casa de formación. Hay maneras sutiles de coaccionar desde los valores religiosos, que
constituyen verdaderos atropellos a los derechos de los jóvenes. Desgraciadamente esto continúa siendo
frecuente en la Iglesia. Es algo inmoral, que debe ser denunciado.
La privatización. Es impedir que los candidatos tengan un conocimiento suficiente y amplio de las distin-
tas opciones vocacionales que están a su alcance, con el fin de que ingresen a la propia institución o
permanezcan en ella. No se trata de que pruebe de todo, pero sí de que se le planteen con una actitud
respetuosa, las distintas opciones en el momento en que conviene hacerlo. Es una especie de engaño, en
el sentido de que no ofrece los datos suficientes.
La competitividad. Consiste en presentar a la propia institución como la mejor, la más potente o la única
válida. Con frecuencia se subrayan este tipo de visiones que pretenden colocar a la propia institución en
un plano de superioridad. Este modo de acción vocacional atenta contra la verdadera teología de los ca-
rismas, según la cual los diversos dones son igualmente importantes y complementarios entre sí. Es muy
penoso cuando lo que se subraya son distinciones meramente humanas, cuando no sociológicas e incluso
económicas.
La vocación ha de percibirse siempre como un don. Respetar la acción de Dios es al mismo tiempo respe-
tar la libertad del candidato, que orienta sus pasos en una dirección siguiendo la voz interior de su concien-
cia y guiado por el Espíritu Santo. El promotor vocacional deberá encontrar alegría en mantener este gran
respeto al don de Dios, incluso asumiendo el riesgo de tener menos vocaciones por este motivo.
2. La centralidad del encuentro con Dios. Si es Dios quien llama, hay que poner al candidato en contacto
con Dios. No existe un verdadero camino vocacional sin la práctica asidua de oración personal y comunita-
ria. La pastoral vocacional debe asumir una enseñanza continua de la oración porque se está proponiendo a
los jóvenes un camino espiritual. La catequesis vocacional tiene como cumbre la expresión orante oblativa A
este tipo de oración, en la que el hombre ofrece todo lo que tiene y lo que es a Dios, en una actitud de dis-
ponibilidad absoluta, conviene conducir a los candidatos. Hacer pastoral vocacional es enseñar a las perso-
nas a ponerse en manos de Dios, para lo que él quiera. Es el fruto final de cualquier camino espiritual 1. Debe
ser la cumbre de toda catequesis vocacional.
Consecuentemente, la educación para la oración ocupa un puesto prioritario en las actividades vocacio-
nales. Toda actividad vocacional debe incluir momentos de oración que marcan una cumbre y le dan senti-
do. Esta actitud oblativa es, además, un signo de madurez personal 2.
3. El amor sincero a los candidatos. Esta es la motivación adecuada para la pastoral vocacional. Los do-
cumentos interpretan la pastoral a favor de las vocaciones como una acción misericordiosa, es decir, que
brota del amor compasivo, propio de Dios. Sólo quien ama auténticamente puede llamar como Jesús llama.
Acompañar a un joven en su proceso vocacional es un verdadero acto de misericordia. Implica ayudarle
en su decisión más importante, en sus determinaciones para el futuro, es decir, en lo más propio de su edad
juvenil. La sentencia de san Juan Bosco: por el sólo hecho de ser jóvenes los amo, debería poder decirla en
primera persona un promotor vocacional. En este sentido la pastoral vocacional es un carisma. Me acerco a
los jóvenes movido por un don de Dios que se llama amor.
El amor se traduce en actitudes bien concretas. La acogida, la escucha, el respeto, la discreción, el aliento.
También en actitudes interiores: el recuerdo, la oración por los jóvenes, la preocupación por su vida.
Desde allí se privilegia y se atiende la situación vocacional de los candidatos, sus personas, su futuro, su
felicidad. Este es el interés prioritario. Lo más importante es que llegue a ser él mismo y sea feliz. Donde Dios
quiera y como quiera. Otros intereses pasan a segundo plano. Intereses que pueden ser legítimos y sin em-
bargo no responden a la necesidad del joven, como el interés por la expansión de mi institución, o por el
sostenimiento de las obras que realiza, o el afán de éxito en mi gestión de promotor vocacional.
4. La comunión y participación que pide una pastoral vocacional realizada desde el conjunto eclesial,
desde la armonía de los carismas. Es necesario que se realice esta acción pastoral desde una unión real y afec-
tiva con la Iglesia Particular, en la que nacen y se desarrollan las vocaciones.
La comunión nos lleva a amar y desear todos los bienes espirituales, vocaciones y carismas que existen en
la Iglesia, y a trabajar en su favor, para bien de la Iglesia. Nada más lejano a este espíritu que la rivalidad o
el desinterés por los demás.
La participación se concreta en los organismos eclesiales para la pastoral vocacional: el centro diocesano
1Los grandes santos y maestros de espiritualidad conducen habitualmente hacia la oblatividad. Basta recordar el tomad, Señor, y recibid toda
mi libertad en la última contemplación de los ejercicios ignacianos; o el vuestra soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí? de santa Teresa
de Jesús; o el Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz de san Francisco de Asís; o el Padre, me pongo en tus manos de Charles de Fou-
cauld. En todas estas expresiones cumbre de la espiritualidad cristiana se unen la actitud oblativa y la más densa oración vocacional.
2La capacidad oblativa es el sello del amor del adulto. El amor infantil consiste en demandar afecto, pero el adulto opta por dar sin esperar
nada a cambio. No parece posible una vocación de servicio eclesial si faltara la mínima disposición humana para un verdadero servicio.
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de vocaciones y el centro nacional. Se excluye la acción con estilo de francotiradores, que mira sólo al pro-
pio bien y a la propia institución. El proceso vocacional debe llegar a ser una escuela de comunión para
promotores y candidatos.
5. La relación fraterna. El promotor se muestra ante los candidatos no como vocación conseguida, con
aires de superioridad, sino como vocación en camino. Antes de ser maestro o guía, es hermano en la misma
fe y en la común vocación. Por eso sabe permanecer humildemente entre ellos.
Se postula un estilo pastoral en el que el contacto personal y el compartir en la fe constituyen el clima
básico de la pastoral vocacional. Las vocaciones nacen y crecen en una comunidad de hermanos. Y por ello
nos llevan a ser hermanos.
La confianza que puede existir entre candidato y promotor tiene como base esta relación fraterna y este
comprendernos todos en camino. Se invita al candidato a compartir su vida y por ello ya desde ahora com-
partimos la vida con él.
6. El testimonio de los valores evangélicos y vocacionales. Solamente quien hace un intento serio por vi-
vir los valores se hace capaz de llamar hacia ellos. Nuevamente no se trata de un bien poseído, sino anhela-
do, continuamente buscado.
Los jóvenes exigen cada vez más signos de credibilidad en sus orientadores, que sean visibles y compro-
bables. La falta de credibilidad es uno de los principales motivos de distancia con la vida consagrada en ge-
neral.
El testimonio es también comunitario: una comunidad abierta, acogedora y alegre, donde la convivencia
se da en torno a valores positivamente vividos y compartidos. El testimonio frente a la ficción. Se trata de un
valor auténticamente vivido y no de disimular los males. El testimonio frente al culto de la apariencia, don-
de se presenta la mejor cara de la institución ocultando intencionadamente sus limitaciones. El testimonio
frente a la mera propaganda, en la que se promueve la vocación como si se tratara de colocar un producto.
7. La vocación en situación y en cambio. Es necesario vivir y presentar la vocación como un diálogo vital
en el hoy de nuestra existencia vocacional. No como recuerdo de historias pasadas o como reliquia que hay
que conservar.
A los jóvenes les interesa cómo estamos respondiendo hoy a las necesidades cambiantes de nuestro
mundo. Los viejos recuerdos y las anécdotas, aunque parezcan interesantes, son percibidas como antigüeda-
des si no vienen avaladas y recomendadas desde un compromiso real en el presente. Un recuerdo remoto
edifica, pero una actitud de fe en el presente conmueve.
8. La presencia liberadora de Dios y de la Iglesia, donde el punto de atención está en las necesidades
concretas de los jóvenes y más allá de ellos, en las necesidades sociales. No se invita al muchacho a arrastrar
un barco encallado, sino a responder de una manera viva y comprometida a las necesidades sociales y ecle-
siales.
Una pastoral vocacional que hace a las personas más libres, más dueñas de si mismas, atenta a la solidez
de la formación de los jóvenes, superando nuestros intereses de número o de sobrevivencia. Que, por ejem-
plo, promueve la formación académica de los jóvenes y los deja libres para emprender otros caminos. Que
consigue que se superen las deficiencias de la personalidad y sean más libres para caminar hacia donde ellos
lo decidan.
Hacer pastoral vocacional es promover a las personas para que sean más ellas mismas, más felices, más
libres en todo sentido, también más capaces de una entrega radical.
9. El seguimiento de los procesos completos. Se ofrece un acompañamiento sistemático y cuidadoso, que
parte de la toma de conciencia de la vocación y facilita su clarificación, hasta llegar a una decisión vocacio-
nal. Una organización pastoral que propone plazos y consigue objetivos, que respeta el ritmo de madura-
ción del candidato y lo facilita. Un estilo pedagógico que ya busca, desde la misma promoción vocacional, la
formación integral.
Un estilo de promoción que cuenta con las objeciones y dificultades de las familias de los candidatos y
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les ofrece a su vez un camino formativo para comprender la vocación de sus hijos. No son aceptables los
planteamientos puntuales que tienen como única finalidad el ingreso en la casa de formación, que no cuen-
tan con la familia del candidato.
10. La invitación valiente y clara que presenta la vocación por su nombre, y cada una de las vocaciones
específicas. Tener el coraje de llamar y provocar, de anunciar y catequizar la vocación, frente a las insinua-
ciones más o menos disimuladas; frente a una pastoral juvenil que no se concreta en procesos vocacionales.
OBJETIVOS DE LA ACCIÓN PASTORAL VOCACIONAL
La definición de los objetivos de la Pastoral Vocacional es importante, porque describen la meta hacia la
que queremos llegar como agentes de pastoral vocacional y como equipos. Conviene distinguir los objetivos
generales, que se refieren a la base que hay que establecer para que surjan vocaciones, y por ello remiten a
los objetivos de toda evangelización y especialmente de la pastoral juvenil, de los objetivos particulares más
propios y específicos de la acción pastoral vocacional.
Los primeros tienen que ver con lo que el Documento de Puebla llama pastoral vocacional encarnada y
los segundos con lo que llama pastoral vocacional diferenciada. Ambos elementos deben ser cuidados de
modo paralelo y complementario.
A. Objetivos generales
1. Presentar la misión evangelizadora de la Iglesia y la urgencia de su realización. Muchos bautizados tie-
nen la imagen de una Iglesia meramente tradicional, envejecida, centrada en su narcisismo. Cuanto más se
haga ver que la comunidad cristiana es llamada y enviada, tanto más se estará promoviendo el surgimiento
de las vocaciones. Quizá no basta con mostrar esta misión, sino que conviene hacer participar en ella, de
modo que los jóvenes puedan percibir la actualidad de la evangelización. El apostolado es un ámbito precio-
so para el anuncio de la vocación y para su discernimiento.
2. Ayudar a todos los creyentes a tomar conciencia de la dimensión vocacional de su existencia. Cómo
toda vida y toda la vida está abierta al llamado de Dios y a su concreta realización en las circunstancias his-
tóricas y sociales. La pastoral vocacional deberá incluir a todos como destinatarios de su acción catequética
vocacional, en especial a aquellos cuya vida está en riesgo de perder el sentido o necesitan recuperarlo: los
solteros, los viudos, los profesionistas, los matrimonios.
3. Descubrir a la comunidad creyente el valor de la complementariedad vocacional, ofreciendo un testi-
monio de colaboración y de mutuo aprecio en el “nosotros” eclesial. Mostrarse las personas consagradas
como equipo haciendo patente la valoración de todas las vocaciones y la comunión que el Espíritu Santo
crea en la Iglesia. Lo contrario sería presentar un camino vocacional como una secta o una fracción, sin rela-
ción armónica con el conjunto.
4. Facilitar a los creyentes la toma de conciencia de su responsabilidad en la Pastoral Vocacional. Es sor-
prendente el interés y esfuerzo que las personas ponen en esta tarea cuando se les descubre que es algo que
les pertenece por su propia vocación. Responsabilidad no sólo en el ámbito de la oración por las vocaciones,
sino también en el trabajo efectivo por su promoción, su cuidado y su sostenimiento.
B. Objetivos particulares
5. Presentar con claridad las actitudes vocacionales de Jesús, sin dejar de lado una catequesis vocacional
cristológica, sabiendo que es Jesús la mediación vocacional fundamental. En este sentido se puede afirmar
que todo el evangelio es vocacional. Ayudar a los candidatos a caer en la cuenta de las actitudes vocaciona-
les de Jesús, como su intensa relación con el Padre, su búsqueda del camino de la oración, su amor por una
tierra concreta, su entrega al servicio de los demás, especialmente de los pobres y los enfermos. Recurrir a
María como modelo vocacional. Ella es verdadera discípula de Jesús. Iniciar en algún tipo de devoción ma-
riana para acostumbrar a los creyentes a recurrir a su ayuda en los planteamientos de su propio futuro.
7. Abrir espacios de oración vocacional, donde los jóvenes encuentren la posibilidad de compartir en la
fe la visión de su propio futuro, sus planteamientos vocacionales. Es proporcionar lo que no encuentran en
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su propio ambiente familiar y social: una oportunidad de silencio, de reflexión y de oración, de contacto
con los textos bíblicos vocacionales; un ámbito comunitario de amistad en la fe, donde se comparte el anhe-
lo de escuchar la llamada y de responder con alegría. Un lugar y un tiempo para expresar lo que llevan en el
corazón y estimularse mutuamente en el camino de la fe.
8. Ayudar a los creyentes a descubrir la realidad concreta de la Iglesia en los servicios que presta a los
hombres y a participar en ella. Que pasen de la sola percepción del templo y del culto al descubrimiento de
los salones de catequesis, de las visitas a los enfermos, de las obras de caridad. El hecho de actuar y colaborar
en el Iglesia es ya un planteamiento vocacional de primer orden.
9. Clarificar el sentido de auténtica realización humana que implica la aceptación de los valores evangéli-
cos de servicio, entrega, y amor a los hombres. Frente a la imagen tan común de las personas consagradas
como disminuidas, acomplejadas, empobrecidas en su dignidad. Al contrario, hacer ver las grandes exigen-
cias de libertad y de madurez que exige el camino vocacional. Esta visión prepara la opción por valores más
específicos con un sentido plenamente humano.
10. hacer descubrir a los jóvenes sus capacidades personales, y de modo muy especial aquellas que facili-
tan la construcción de la Iglesia, como son la colaboración, el servicio, la gratuidad. Descubrirles la necesidad
que tiene la Iglesia de personas que pongan todos sus talentos a funcionar en orden el Reino de Dios. La
vocación es un don de Dios que conlleva el desarrollo y la integración de todos los dones que él mismo nos
ha dado.
11. Poner en contacto con las necesidades más urgentes del entorno humano y eclesial, necesidades del
cuerpo y del espíritu que piden una pronta solución. Las necesidades de los demás están a la base de los di-
versos planteamientos vocacionales a lo largo de la historia. Es proponer experiencialmente las mediaciones
históricas de la vocación. Se trata de ayudar a los jóvenes a salir de sí mismos y de la vida cómoda que en
muchas ocasiones se les ha fabricado para abrir las fronteras de su percepción y de su corazón.
12. Facilitar a todos la lectura creyente de los acontecimientos sociales, religiosos y políticos, de modo
que descubran horizontes y posibilidades vocacionales para sí mismos. Llevar esta lectura a la dimensión
grupal por medio de la oración vocacional. Es explicitar en el plano orante y grupal la noticia de las media-
ciones históricas.
13. Ofrecer el testimonio vocacional de los santos, como modelos concretos que la Iglesia propone a
nuestra fe en un camino vocacional específico. En nuestro momento actual contamos con medios estupendos
para presentar a los santos: textos, imágenes, biografías, anécdotas, películas... El contacto frecuente con el
testimonio de los santos clarifica las posibilidades vocacionales concretándolas bien en personas particulares.
14. Presentar a los candidatos un abanico vocacional suficiente que corresponda a cada etapa de su pro-
ceso. Presentar también este abanico a todos los creyentes y a las familias de los candidatos, para que valo-
ren todas las vocaciones y oren por ellas. En la medida que se presenten todas las vocaciones equilibrada-
mente, se abrirá la posibilidad de una mayor libertad para la opción.
15. Facilitar a los candidatos el contacto con comunidades vivas que representen concreciones vocaciona-
les en la vida de la Iglesia. Un medio que no debe faltar es el recurso a las comunidades de vida contempla-
tiva, que complementan los variados testimonios de compromiso y acción apostólicos.
16. Llevar a su plenitud vocacional el proceso grupal de crecimiento en la pastoral juvenil y educativa. Es
una referencia obligada, la más natural y, por ende, la más eficaz. Ofrecer a la organización de la Pastoral
Juvenil la catequesis vocacional necesaria.
17. Llamar directa y claramente, deber fundamental de todo promotor vocacional. La llamada atrayente,
sí, por el testimonio, pero también por la palabra que provoca una reacción, que invita personalmente a los
jóvenes a responder al urgente llamado de Dios.
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ETAPAS DEL PROCESO DE UNA VOCACIÓN
El cuidado pastoral es necesario en todos los momentos del proceso vocacional. La acción a favor de las
vocaciones se revela como una realidad compleja y exigente, que toca el corazón de la comunidad cristiana
en todos sus niveles. Esta es una necesidad urgente de la Iglesia y configura un verdadero carisma en la Igle-
sia, que se desarrolla en diversas dimensiones y por medio de diversos agentes. Para comprender mejor la
amplitud de la pastoral vocacional puede ser útil el esquema siguiente, en el que se presentan tres etapas en
el proceso de fe: la apertura a la fe, el crecimiento de la fe y el desarrollo de la fe.
Son tres etapas bien diferenciadas. En la primera, la vocación es semejante a una semilla que se ha sem-
brado en la tierra. Permanece oculta o apenas comienza a surgir. En la segunda, la vocación se parece a un
arbolito de muy buena apariencia, pero que aún no da frutos. En la tercera, la vocación se puede comparar
con un árbol frondoso, que da frutos abundantes.
Momentos formati-
Etapas Vida espiritual Propuesta vocacional Proceso personal
vos
Apertura a la fe Inicio, Propuesta
Toma de
apoyos, deficiencias vocacional Pastoral
conciencia.
en la genérica. vocacional de
vida espiritual. la preparación
Dudas, atractivo,
Me siento
sospechas.
Emoción privilegiada. Llamado a la
fe, pero
La vocación
Dependencia de aún no a
permanece en
un grupo la vocación
secreto.
de referencia. específica.
Pastoral
Crecimiento de la fe Deseo de Vocacional de
consolidar la fe. Propuesta La vocación la propuesta
específica. se comunica. y el
Liberación de discernimiento
andamiajes. Invitación Primera decisión,
concreta ya con rasgos de
Apertura y personal. definitividad.
más universal.
Búsqueda de una Formación de Cuestionamiento Pastoral
profundización la vocación y maduración vocacional
espiritual. específica. de la decisión. del cuidado
Desarrollo de la fe
La fe polariza
toda la vida. Opción
Encomienda
definitiva Pastoral
oficial
La persona de vida. Vocacional de
de una
tiende a Sostenimiento
misión.
un compromiso Perseverancia.
eclesial estable.
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Como se puede observar en el cuadro, el cuidado pastoral de la vocación adquiere diversas característi-
cas según el momento espiritual en que se encuentran los destinatarios.
En el momento de la primera evangelización o iniciación cristiana, y especialmente en el caso de los
niños y adolescentes, hay toda una pastoral vocacional de la preparación. Se trata de esa acción que pone
los elementos culturales y ambientales para que aquellas personas, en su día, puedan abrirse conveniente-
mente al llamado de Dios. Este es el sentido de los aspirantados y seminarios menores, pero también de toda
la labor vocacional que se hace en los colegios de educación primaria y secundaria, o en los diversos ambien-
tes comunitarios cristianos, como los hospitales, los asilos, los grupos juveniles, etc.
Durante la etapa de la promoción vocacional, la acción pastoral toma el sesgo de la propuesta y el
discernimiento. Es un momento privilegiado para hacer una propuesta valiente y clara a cada persona. Hay
que decir que todos los fieles, sean más o menos jóvenes, tienen derecho a que se les plantee una catequesis
vocacional completa y se les hagan propuestas específicas. En la segunda parte de este proceso, se intensifica
la vida espiritual y el acompañamiento, porque la persona necesita discernir lo que Dios le está pidiendo.
Para algunos llamados de Dios este momento se vive en una edad evolutiva posterior: virginidad consagra-
da, soltería, diaconado permanente, etc.
La formación básica viene caracterizada por dos elementos. El primero es la revisión de la iniciación
cristiana. Hay que reconocer que gran parte de la formación se dedica sobre todo a formar al hombre o
mujer y al cristiano. La fe de los formandos y sus valores cristianos necesitan ampliarse y profundizarse de un
modo muy especial en este período. El segundo es la formación específica, que no sólo se refiere a los valo-
res vocacionales, sino a los medios para cultivarlos. Es un momento en que ambos elementos se pueden tra-
bajar de un modo sistemático y riguroso. Surgen muchas preguntas sobre las oportunidades de formación
vocacional de los laicos, que ciertamente necesitan ampliarse. La acción esencial en este momento es el cui-
dado de la vocación.
La formación permanente tiene como característica central la autoformación. Es cada uno de los lla-
mados el primer responsable del cultivo de su propio proceso vocacional. Es un período muy largo en el que
hay que permanecer atentos a la edad evolutiva. Adquieren un relieve especial los medios espirituales, como
la oración, el examen, la dirección espiritual. Un término clásico que describe bien la acción pastoral en este
momento es el de sostenimiento vocacional. Las tareas en esta línea son amplísimas.
Queda muy claro cómo el cuidado pastoral de la vocación no se puede reducir al primer momento, sino
que implica todos y cada uno de los momentos. Ahora bien, en las pequeñas comunidades cristianas, sean
parroquias, o comunidades religiosas, o colegios, o grupos juveniles, o movimientos eclesiales, es donde
existen personas que van pasando por todas estas etapas vocacionales.
Remitir la responsabilidad sólo al coordinador general de la pastoral vocacional en la diócesis es prácti-
camente negarse a realizarla.
Evidentemente cada comunidad cristiana tiene unas responsabilidades pastorales que asumir para amar a
los que el Señor llama con el mismo amor de Cristo. Por eso se insiste tanto en los documentos en que la
pastoral vocacional es una acción misericordiosa en la cual todos tenemos una parte. Podemos aplicar lite-
ralmente la cita evangélica: Sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas sin pastor.
Después de examinar el proceso del desarrollo de una vocación durante toda la vida, conviene poner
atención a esa encomienda específica que se hace a los promotores vocacionales y que propiamente puede
llamarse “promoción vocacional”. Es el proceso en el cual se cultiva la vocación de una persona partiendo
de la toma de conciencia del llamado de Dios hasta la opción por el ingreso en una comunidad formativa.
La promoción vocacional comienza cuando las personas ya van abriéndose a la fe (1ª. Etapa) y concluye
cuando las personas van solidificando esa fe por medio de un crecimiento que expresa en la opción por un
camino vocacional específico.
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Etapas del Experiencias Actitudes objetivas del
Proceso formativas candidato
Apertura a la fe
a) Pastoral de la 1ª - Catequesis de Confirmación. - Sentido altruista y de servicio en el apostola-
conversión. do.
- Pertenencia a un grupo juvenil.
Enlace con las pastora- - Vivencia positiva del grupo y de las relacio-
les afines. - Primer apostolado
nes.
b) Primera - Aceptación de un planteamiento personal de
presentación de la - Tratamiento directo y claro del término voca- su futuro con Cristo.
vocación. ción.
- Apertura inicial a una pluralidad de caminos.
- Encuentro con los textos bíblicos vocaciona-
les. - Compromiso en un pequeño proyecto de
c) Catequesis general vida.
sobre la vocación. - Formación de un círculo vocacional
- Oración personal en torno a la vocación y
- Análisis y contacto con mediaciones vocacio- meditación de textos vocacionales.
nales.
Crecimiento en la fe
- Diálogo con el orientador y en el grupo vo-
- Encuentro con tipos vocacionales y comuni-
d) Catequesis sobre la cacional sobre proyectos específicos.
dades específicas.
vocación específica. - Apertura a experiencias nuevas apostólicas y
- Cambio en la forma de apostolado.
espirituales.
- Profundización espiritual.
e) Discernimiento - Cierto hábito de oración personal.
vocacional específi- - Diálogo programado con el orientador.
- Diálogo con su entorno social menor sobre el
co. - Contacto con formandos y comunidades proyecto vocacional.
formativas.
- Contacto con aquellos que pretenden ingre- - Primera decisión por una vocación específica.
f) Ingreso a una co- sar.
munidad de forma- - Interés en el proceso de ingreso.
ción. - Información suficiente y clara. - Cierre de la etapa anterior en estudios, traba-
- Contacto con el apostolado concreto. jo, etc.
Este planteamiento supone una comprensión dinámica de la vocación como un acontecimiento perma-
nente, siempre nuevo y renovador, en la vida de las personas. No es un asunto del pasado ni un hecho ex-
clusivo de la juventud. Desde esta visión de las cosas conviene recordar la importancia de una verdadera
pastoral de las vocaciones en todas las etapas posteriores a la opción inicial.
Se detalla a continuación el contenido de cada una de estas seis etapas de la promoción vocacional, sub-
rayando el paso que el joven va dando en su proceso de fe.
Apertura a la fe
a) Pastoral de la primera conversión, que corresponde a la Pastoral Juvenil o a otras pastorales afines. En
concreto la pastoral familiar, catequética, educativa y social. Muchas veces es asumida por movimientos lai-
cales, por las parroquias o catecumenados de confirmación. La promoción vocacional supone que ya ha
existido la primera conversión.
Es frecuente que esta primera acción pastoral a favor de los jóvenes se quede en mera convocatoria, sin
proponer una profundización espiritual. La propuesta vocacional es un elemento importante para dar pro-
fundidad a la pastoral juvenil, porque responde al problema más fundamental de los jóvenes.
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Por otro lado, parece conveniente proponer a los jóvenes que manifiestan inquietudes vocacionales, que
hagan un verdadero proceso en la catequesis para la confirmación y en la pastoral juvenil. Esta experiencia
garantiza un sentido más profundo de pertenencia a la comunidad cristiana y prepara la opción vocacional.
En el apostolado se pueden observar con facilidad las actitudes de servicio de los jóvenes con inquietudes
vocacionales, de modo que se convierte en un ámbito para ponerse a prueba, para sentirse a sí mismos en la
línea de su futura opción. Un elemento precioso de discernimiento es la observación de su integración en el
grupo juvenil. Las relaciones positivas en el grupo son un signo de madurez personal y de las posibilidades
vocacionales del candidato.
b) Primera presentación de la vocación. Es un momento de choque con el conjunto de prejuicios que las
personas tienen en torno al mismo término “vocación”. El fruto de esta etapa consistirá en que los jóvenes
harán un planteamiento vocacional personalizado, aunque sea a nivel general. Este momento del proceso
vocacional exige una gran creatividad del promotor. Es necesario presentar la vocación de un modo nove-
doso y desconcertante, poniendo para ello los medios pedagógicos necesarios.
El medio fundamental consiste en poder hablar serena y directamente sobre la vocación, entendiendo
que es un tema trascendental en la vida de cualquier joven. Cuando se da este paso, también se abre la posi-
bilidad de iluminar desde un punto de vista espiritual y vocacional otras decisiones de los jóvenes que están
relacionadas con la vocación, como la elección de su carrera o la elección de la pareja.
Para el joven que da este paso, el seguimiento de Cristo se transforma en una opción irrenunciable, defi-
nitiva, aunque aún no esté definido el camino concreto para su seguimiento.
c) Catequesis general sobre la vocación. Es el último paso dentro de la apertura a la fe. Se trata de crear
la disposición necesaria para un planteamiento vocacional serio. El joven ya se ha abierto a unir su futuro a
Cristo y a la Iglesia, pero ahora necesita saber con más precisión qué es la vocación y cuáles son sus exigen-
cias.
Es un momento privilegiado para una catequesis amplia y profunda en torno a la vocación. El plantea-
miento vocacional es aún genérico. Es importante respetar esta característica, de modo que se promueva la
maduración del joven, sin aún insistirle demasiado en una opción vocacional específica.
Hacer comprender el sentido del llamado de Cristo, las mediaciones de la vocación, los niveles y condi-
ciones que supone. Al finalizar esta catequesis las personas habrán adquirido la cultura vocacional suficiente
para no estar confundidas en su decisión vocacional. En este momento el muchacho se afirma en una espiri-
tualidad vocacional, que es marcadamente juvenil: la oración vocacional, el proyecto de vida, la meditación
de los textos bíblicos vocacionales, todo en una fase inicial y genérica, y a la vez muy real.
Crecimiento en la fe
d) Catequesis sobre la vocación específica. Cuando en un grupo hay apertura vocacional ya se puede
plantear el abanico de las vocaciones específicas como cauces concretos para responder a la llamada. Es im-
portante que desde este momento se comprendan estos caminos desde el “ser” y no solamente desde el
“hacer”.
Una presentación equilibrada de todas las vocaciones crea el ambiente más propicio para opciones libres
y responsables. Hay que hacer notar la complementariedad que las caracteriza en el contexto de la única
comunión misión eclesial. Para esta presentación contamos con el testimonio de los santos, que son propues-
tos precisamente como modelos vocacionales.
Es un momento intenso de crecimiento espiritual. Para propiciar este crecimiento puede ser útil un cam-
bio de apostolado, que lleve al joven a una experiencia complementaria de la Iglesia y desde allí a un senti-
do más profundo de pertenencia a ella. El hecho de que el joven acepte esta propuesta, y efectivamente
cambie de apostolado es un signo vocacional importante.
El resultado final es un joven que busca la ayuda de un orientador para su proceso vocacional.
e) Discernimiento vocacional específico. Busca la clarificación sobre un camino vocacional específico. Su-
pone una atención cuidadosa a las mediaciones históricas, eclesiales y del mismo orientador. Al final de esta
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etapa se llega a una primera decisión que tiende a afirmarse rápidamente. Cuando se ha dado un proceso
respetuoso se plantea con facilidad la posibilidad del ingreso.
Es útil en este momento ofrecer algún modo de profundización espiritual, como unos ejercicios espiritua-
les. Esto ayudará a que tenga una mayor determinación en todo, también en su planteamiento vocacional, y
sobre todo a que vaya formando ya un indispensable hábito de oración personal, que fundamentará su op-
ción.
Es también el momento de un acompañamiento sistemático y personalizado. El conocimiento de los
formandos y de la casa de formación es conveniente ahora porque los intereses del joven son más concretos.
Habitualmente su comunicación con los formandos toca aspectos que no se tocan tan francamente con el
orientador y estimulan al joven para toma una decisión.
Estos elementos facilitarán la tarea de comunicar sus inquietudes vocacionales en el entorno social me-
nor, es decir, en su familia, con sus amigos, etc. La vocación deja de mantenerse en secreto y se comienzan a
poner los medios para tomar una decisión.
f) Ingreso en una comunidad formativa. Hay un acompañamiento con rasgos concretos que ayuda a las
personas al ingreso en una institución. Ya no está solamente en la línea de la clarificación, sino de la imple-
mentación práctica de una decisión que tiende a afirmarse rápidamente. Cuando se ha dado un proceso
respetuoso se plantea con facilidad la posibilidad del ingreso.
La convivencia con otros jóvenes que, como él, se plantean la posibilidad del ingreso es un factor impor-
tante que suscita un sentimiento de pertenencia al grupo. El conocimiento existencial del apostolado concre-
to de la institución es un referente de identidad, que garantiza que el joven quiera formarse para ese fin, y
no para otro. Es un deber moral del orientador ofrecer la información suficiente y clara en este momento,
de modo que se garantice que el joven no vaya a sentirse luego engañado. Información sobre las condicio-
nes reales de la institución a la que va a ingresar, sobre el proceso formativo, los costos, el régimen de vida,
etc.
Hay que constatar que el joven cierre como debe hacerlo las situaciones que marcaban su vida anterior:
liquide sus deudas, termine con la novia o el novio, termine los estudios que hacía, deje a su familia en una
situación positiva. De modo que estas situaciones no sean una preocupación para él en la casa de formación.
El muchacho debe tener un interés expreso por el ingreso en la casa de formación. No debe ser “empu-
jado” por el orientador en este momento final, sino que ya debe contar con la autodeterminación que este
paso requiere.
Nuestro acompañamiento vocacional tiende con frecuencia a quemar algunas de estas etapas. No es raro
que se quiera hacer un discernimiento específico sin haber abierto el abanico de las vocaciones específicas; o
que se hable de éstas sin romper los prejuicios contra el término vocación. En este apresurar los procesos, se
puede encontrar una causa de la ineficacia de la pastoral vocacional o de algunos efectos contraproducentes.
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