Nueva Constitución: Democracia y Derechos
Nueva Constitución: Democracia y Derechos
CONVENCIONALES
CONSTITUYENTES
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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 3
LA CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL QUE QUEREMOS 4
4 PILARES DE LA CONSTITUCIÓN QUE QUEREMOS 5
Más Democracia 5
Futuro verde y derechos por un mejor vivir
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Convivencia diversa, libre y segura 6
Nunca más sin nosotras 7
DERECHOS FUNDAMENTALES 11
Derechos Humanos 11
Interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, y memoria histórica 11
Derechos sociales 11
Principios 11
Ingreso Básico Universal 12
Derecho a la Seguridad Social 12
Derechos en el trabajo 12
Educación como derecho y no como mercancía 13
Nuevo rol del Estado en salud 13
Derecho a la ciudad y la vivienda 14
La administración de los bienes comunes y el medioambiente 14
Relación entre sociedad y naturaleza 14
El agua como derecho y bien público 15
La administración racional de los recursos minerales. 15
Recursos silvoagropecuarios y pesqueros 16
La cultura, conocimiento y ciencia como un bien común 16
Datos, inteligencia artificial y espacio digital 17
Reformulación de derechos civiles y políticos 17
Estado Plurinacional 17
Derecho a la reunión y a la protesta social 17
Democracia, pluralismo y medios de comunicación 18
Derechos de los grupos de especial protección 18
Niñas, niños, niñes y adolescentes como sujetos de derecho 18
Mujeres 19
Reconocimiento de las personas LGTBIQ+ y derecho a la identidad de género 19
Derecho al libre tránsito de personas y migración 20
Dignidad y participación de las personas en situación de discapacidad 20
La propiedad y la economía al servicio de la sociedad 21
Reforzar la Función Social de la Propiedad 21
Estado sin camisa de fuerza y activo en lograr bienestar social 21
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INTRODUCCIÓN
Una Constitución democrática debe responder quiénes somos como país y cómo resolvemos nuestros
problemas. La Constitución de 1980 no responde estas interrogantes, pues se impuso por la fuerza,
mediante una dictadura cruel que entregó su escritura a un grupo compuesto casi exclusivamente por
hombres de élite. No hubo en ella ninguna vocación democrática, pues su objetivo fue implementar
el modelo neoliberal y establecer una democracia restringida que impidiese cualquier transformación
futura. Por eso, a pesar de que se han hecho múltiples reformas constitucionales desde 1989, la carta
magna mantiene enclaves autoritarios que limitan el ejercicio democrático: el funcionamiento del
Tribunal Constitucional como cámara política, quórums supra mayoritarios para dificultar el cambio de
leyes, centralismo y presidencialismo exacerbados que deja en una situación desmejorada a regiones
distintas a la Región Metropolitana, una concepción autoritaria y patriarcal de su rol en la sociedad.
Mantiene además una versión del principio de subsidiariedad según la cual el mercado define el acceso
y distribución de recursos, mientras que el Estado adquiere un rol regulador de los excesos del mercado,
y solo es garante en última instancia cuando el mercado “falla”.
Vamos a profundizar la democracia para decidir en qué país queremos vivir. Nos toca construir una Nueva
Constitución que permita lo que la actual impide: que las mayorías puedan gobernarse, que la política
no sea ajena a nuestros sueños, que nuestros anhelos y luchas sean escuchadas, que podamos resolver
nuestros conflictos democráticamente, con estabilidad, pero sin los torniquetes que hoy nos impiden
vivir con dignidad.
Aspiramos a un modelo económico que ponga en el centro la vida y nos asegure el derecho al futuro, que
genere bienestar y distribuya la riqueza en forma justa, que resguarde los bienes comunes, respetando
a los territorios y modos de vida que allí habitan, un modelo que no niegue el cambio climático sino que
le haga frente, que reconozca los diversos tipos de trabajo que realizamos y ponga fin a la precariedad
e informalidad laboral, una economía que no atente contra la vida sino que la resguarde, porque ésta se
sostiene de nuestro trabajo y debe estar al servicio de las personas.
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Anhelamos un país donde el ejercicio pleno de nuestros derechos humanos en tanto derechos civiles,
políticos, sociales, económicos, culturales y ambientales sean parte de nuestra práctica constitucional,
que el Estado cuide, proteja y garantice. Es tiempo de que el autoritarismo, el abuso y la impunidad dejen
de ser la normalidad. Defendemos aquella situación de bienestar y libertad que no depende del tamaño
de nuestro bolsillo, apostamos por el reconocimiento de la autonomía de las personas y abogamos por
los derechos sociales indispensables para una vida digna.
Pondremos en el centro a quienes históricamente han estado al margen: mujeres, disidencias, pueblos
originarios y tribal, migrantes, personas en situación de discapacidad, niñez y personas mayores,
personas que habitan en regiones distintas a la Metropolitana, y en general, todas las personas quienes
para este modelo resultan prescindibles, son ellas la piedra angular para refundar Chile.
Nuestro compromiso es avanzar hacia una Constitución feminista, ecológica, plurinacional, de derechos,
que consagre la descentralización, la justicia y el buen vivir como concepto ancestral indígena que
persigue un estado de bienestar y equilibrio. Con memoria, Revolución Democrática pone la vista en el
futuro, porque creemos en un proceso constituyente que ponga los fundamentos del mañana. La Nueva
Constitución debe cambiar las viejas instituciones por nuevas que instauran el cambio, que garanticen
derechos que han de ser fruto de las luchas ciudadanas y los movimientos sociales.
La paridad de género debe ser también un criterio rector en la distribución del poder al interior de
la Convención, por lo que el reglamento debe velar por su aplicación en la orgánica que disponga.
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4 PILARES DE LA CONSTITUCIÓN QUE QUEREMOS
MÁS DEMOCRACIA
La Constitución debe establecer instituciones democráticas que aseguren que la voluntad del pueblo
sea la que guíe las decisiones de las autoridades y órganos del Estado, que estas y la ciudadanía actúen
conjuntamente en el diseño, implementación y evaluación de las reformas legales y políticas públicas que
estén al servicio de toda la población y no vayan solo en beneficio de unos pocos. Lo anterior requiere
la implementación de mecanismos de democracia participativa y directa que, junto con los órganos
representativos, garanticen la participación de grupos que históricamente han sido excluidos de las
decisiones que les afectan, ya sea por características de las personas -sexo, género, etnia, edad, etcétera-
como por sus circunstancias sociales, económicas, geográficas, entre otras, de manera de hacer realidad
el ideal democrático fundamental de la igualdad política, esto es, que toda persona tenga la posibilidad
de incidir en la toma de decisiones, sin que los procesos democráticos sean controlados por élites
económicas, políticas, geográficas, ni de ningún tipo. Entre otros requisitos, las instituciones democráticas
deben asegurar la descentralización y desconcentración del poder, dando mayor poder a las comunidades
y otorgando mayores atribuciones a las autoridades locales, incluyendo las asignaciones y administración
presupuestarias necesarias para reducir las brechas económicas y sociales entre territorios.
Por ello, la Constitución debe hacer posible la construcción de modelos socioeconómicos orientados a la
prosperidad, el cuidado del medioambiente, al buen vivir y la justicia social en sus diversas expresiones.
Ello exige superar la imposición de un modelo que deja todas esas decisiones solo al mercado.
Para ello se debe asegurar un manejo del territorio y los bienes comunes que permita adaptarnos a la crísis
climática y reconocer la capacidad emprendedora, redistributiva y de orientación estratégica del Estado,
con una mirada puesta en los fenómenos que hoy están cambiando la economía y la sociedad: la crísis
climática y ecológica, la actual distribución de la riqueza mundial, la financiarización de la economía, el
impacto de la tecnología de datos y plataformas digitales, entre otros desafíos, garantizando el equilibrio
entre el desarrollo económico, el cuidado del medio ambiente y el aseguramiento de los derechos
económicos, sociales y humanos en general. Debemos abrir espacio para que las empresas estén
centradas en la participación de las personas trabajadoras, como son las cooperativas autogestionadas,
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agricultura familiar campesina y comunitaria, basada en la soberanía alimentaria y la agroecología, las
empresas con propiedad sindical y empresas estratégicas nacionales; junto con minimizar sus impactos
medioambientales, actividades contaminantes, promoviendo modelos productivos sostenibles y adaptables,
lo que implica considerar indicadores de bienestar más complejos, sotenibles y justos que solamente medir
el crecimiento económico (PIB). Así también debe ser un objetivo la superación de la división sexual del
trabajo, promoviendo las corresponsabilidad social, mediante la generación de un sistema de cuidados,
que reconozca, valore y asuma esta como una función social insustituible que sostiene la existencia de la
humanidad.
Debe reconocerse, además, el derecho de las personas trabajadoras a participar en la toma de decisiones
sobre el trabajo, actuando colectivamente, incidiendo efectivamente en la construcción de sus condiciones
laborales y beneficiándose del fruto de su trabajo en virtud de su rol en la creación de la riqueza.
Asimismo, las comunidades y la ciudadanía en general deben participar de la decisiones que afectan el
espacio en que viven, para permitir superar la segregación socioespacial que expulsa a sectores de la
población a las periferias, o los mantiene en sectores de altísima densidad en condiciones de abandono
estatal, causando inequidad en el acceso a servicios y bienes públicos de calidad como la educación,
la salud, el empleo, la, seguridad social, y la seguridad cívica. La planificación urbana y territorial debe
dejar atrás el modelo cortoplacista, centralista, mercantilizante y de bajo o nulo carácter comunitario, que
impide a las personas ser parte de la producción y gestión de sus territorios, y que condena a generaciones
a desarrollarse en condiciones de desventaja. La actividad del Estado debe orientarse en estos ámbitos a
garantizar niveles de bienestar material que hagan posible la libertad real de las personas (por medio de,
entre otras, medidas como la renta básica universal), de manera que la elección del trabajo, el desarrollo de
planes de vida individuales, familiares y comunitarios, y toda forma de participación en la vida social sean
posibles para todas y todos por igual, y no un privilegio accesible solo a unos pocos.
Lo anterior requiere la consagración de derechos sociales como tales, y que distintos bienes, incluyendo
el trabajo, la educación, la salud, la vivienda, el medio ambiente, los recursos naturales, la información, los
datos personales, y la cultura, dejen de ser considerados como simples mercancías a las que se accede
sólo en función del poder adquisitivo privado.
La Constitución debe asegurar el reconocimiento de derechos que protejan el libre desarrollo de cada
persona, reconociendo la diversidad individual y colectiva, la diversidad de formas de vida y de culturas,
construyendo un país en que no haya espacio para abusos y discriminaciones de cualquier tipo. Para
ello, la Constitución debe reconocer el carácter plurinacional de Chile, garantizar de manera efectiva los
derechos civiles y políticos, y establecer mecanismos de protección efectivos, incluyendo las
garantías jurisdiccionales adecuadas, además de instituciones dedicadas a la defensa
de los derechos humanos en general, así como los de grupos de especial protección,
reconociendo la interdependencia e indivisibilidad de los derechos.
La Constitución debe reconocer los derechos humanos como límite a las acciones
del Estado y sus órganos, de acuerdo con los compromisos adquiridos por el país
con la comunidad internacional por medio de tratados y de su participación en los
sistemas supranacionales de protección de derechos.
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La Constitución debe garantizar, por tanto, el ejercicio de derechos políticos como el sufragio de toda la
ciudadanía sin exclusiones, los derechos de reunión y protesta, de asociación, y la libertad de expresión,
sin más límites que los estrictamente necesarios en una sociedad libre y democrática, debidamente
justificada y en que la premisa es que la participación política no esté limitada ni subordinada al poder
económico.
La Nueva Constitución debe ser construida con perspectiva de género. Debe centrar su atención en las
condiciones necesarias para garantizar derechos, acceso a bienes y servicios de la sociedad con justicia e
igualdad para todas y todos. Esto exige que haya imparcialidad en el trato que reciben mujeres y hombres
de acuerdo con sus necesidades, ya sea con un trato igualitario o diferenciado en la Constitución pero
que se considera equivalente en lo que se refiere a los derechos, los beneficios y las obligaciones. Para
ello debe considerarse las particulares circunstancias de todas las personas involucradas.
Las mujeres están hoy subrepresentadas políticamente, su trabajo es valorado de menor modo que el de
los hombres y tienen mayores cargas en sus relaciones personales y ante el Estado. Esto es permitido y
fomentado por el contenido de la Constitución actual, que no corrige las desigualdades históricas y que
no contempla mecanismos para evitar que estas injusticias se repliquen en el futuro.
La Constitución debe hacer posible que un enfoque feminista se manifieste a toda escala en las
instituciones y la sociedad, garantizando una democracia paritaria, ya se mediante el establecimiento de
paridad en todos los óganos colegiados y la existencia de acciones afirmativas concretas que terminen
con la subrepresentación de las mujeres en cada espacio de toma de decisión, la igualdad de ingresos
y derechos laborales, de acceso al bienestar, asegurando la dignidad de las mujeres, erradicación de la
violencia, democratización en el acceso a la justicia y que juzgue con celeridad y perspectiva de género,
evitando la impunidad y la reproducción de estereotipos de género y sexismo
en las sentencias judiciales. Asimismo, deben consagrarse, respetarse y
promoverse los derechos sexuales y reproductivos, avanzar hacia una
efectiva corresponsabilidad, el fin a la educación sexista y de la división
sexual del trabajo en base a estereotipos de género, y reconociendo
el trabajo reproductivo y de cuidados, desde la perspectiva de
protección a quien lo ejerce y a la valorización y reconocimiento
de su labor.
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LA CONFIGURACIÓN DEL PODER
GOBIERNO, REPRESENTACIÓN Y PARTICIPACIÓN
En relación al Poder Legislativo, creemos necesario avanzar hacia un sistema de tramitación y aprobación
de leyes más expedito y con una mayor representatividad democrática. Esto puede lograrse mediante
un congreso unicameral, o bicameral pero en el que los roles de cada cámara no estén duplicados, lo que
entorpece la tramitación. Debe contemplarse un sistema proporcional de elección del órgano legislativo,
que de fuerza a los proyectos colectivos y programáticos, y que represente la pluralidad de la sociedad
chilena, de acuerdo a criterios de proporcionalidad, resguardando la representación equilibrada de todas
las regiones y territorios, los pueblos indígenas y tribales, y asegurando una integración paritaria.
La inclusión de las personas en la toma de decisiones y las políticas públicas es una tarea política central.
Esta inclusión debe manifestarse en un mejor sistema de representación política, por lo que proponemos
volver al registro automático y obligatoriedad del voto. También la Constitución debe permitir la búsqueda
e impulso de nuevas formas de participación directa de la ciudadana como, por ejemplo, los referendos
revocatorios de autoridades, abrogatorio de leyes, iniciativa popular de ley, plebiscitos constitucionales,
entre otros, democracia deliberativa. En la misma línea, la participación ciudadana incidente debe estar
contemplada para los niveles de gobierno local.
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ÓRGANOS NO POLÍTICOS
Se debe terminar con el actual Tribunal Constitucional y a la vez asegurar que exista una institucionalidad
que vele por una adecuada interpretación de la Constitución. Para ello, proponemos crear un órgano
especial de una composición que asegure una representación equitativa de hombres y mujeres, y basada
en los conocimientos y la trayectoria de sus miembros. Este órgano debe velar por la interpretación y
aplicación efectiva de los principios y derechos contenidos en la Nueva Constitución en el quehacer
político y jurisdiccional del Estado adecuándose a la evolución del texto constitucional.
En todo caso, el funcionamiento de este control debe respetar la voluntad soberana expresada mediante
el proceso legislativo, limitando el control que este órgano pueda realizar a los requisitos formales de
formación de la ley y estableciendo mecanismos procedimentales que aseguren que no interfiera en la
potestad del Poder Legislativo.
La Nueva Constitución debe incorporar una nueva institucionalidad, constituida por un organismo
autónomo paritario, que tendrá como objeto la promoción y protección de los derechos fundamentales,
así como la defensa de la ciudadanía en contra de acciones del Estado y la intervención en causas de
interés público.
Sus competencias deberían incluir las que, a nivel legal, actualmente tienen diversos organismos de
derechos humanos existentes, y ampliarse a otras funciones como la de promover iniciativas de ley
y ratificación de tratados internacionales de derechos humanos, y la intervención judicial amplia de
defensa de víctimas de violaciones de derechos humanos.
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FUERZAS ARMADAS Y POLICÍAS
PARTICIPACIÓN CIUDADANA
Para lograr una mayor democratización en las regiones se debe contemplar, además de la elección de
las autoridades regionales, facultades que les permitan implementar mecanismos de planificación y
toma de decisiones desde una perspectiva local, a través de la aplicación de procesos deliberativos que
promuevan la participación de la ciudadanía en lo referente a las estrategias de desarrollo regional.
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DERECHOS FUNDAMENTALES
Los derechos fundamentales reconocen a la persona y su relación con el Estado,
dándole a las personas estatus en la comunidad política, y estableciendo
para al Estado la obligación de disponer de los medios y su poder para
materializarlos, protegiendo integralmente a las personas en sus relaciones
entre sí y con él. Los derechos fundamentales y su realización no son estáticos,
y deben ser desarrollados legislativamente. Estamos comprometidos con un
principio de progresividad, en el cual el Estado se entiende obligado a avanzar
gradualmente y sin retrocesos para lograr su pleno cumplimiento, especialmente
en lo relativo a derechos sociales, mediante instituciones democráticas adecuadas
que las materialicen más allá de las declaraciones.
Creemos que los derechos fundamentales requieren un giro respecto de su comprensión tradicional.
Deben estar centrados en la dignidad y en la solidaridad, y deben permitir superar las posiciones de
desventaja en que se encuentran ciertas personas y grupos en nuestro país.
DERECHOS HUMANOS
La Nueva Constitución debe consagrar un compromiso con todos los derechos humanos, estableciendo
una regulación que reconozca la interdependencia e indivisibilidad entre los derechos civiles y políticos y
los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Para hacerlos efectivos deben existir tanto
garantías jurisdiccionales como no jurisdiccionales.
Se debe establecer que en casos de violaciones a los derechos humanos (pasadas, actuales o futuras) los
órganos del Estado tendrán los deberes de investigarlas, sancionarlas, repararlas integralmente, además
de establecer garantías de no repetición, en especial políticas de preservación de la memoria histórica al
respecto y la educación en derechos humanos en todos los niveles.
DERECHOS SOCIALES
PRINCIPIOS
Se propone recuperar una noción de derechos sociales como ámbitos de igualdad que dan sustancia a
la ciudadanía. Ello exige consagrar el modelo de un Estado social y democrático de derecho que asuma
su deber de asegurar el bienestar material de las personas. Para asegurar el resguardo y realización de
los derechos fundamentales por parte de la Nueva Constitución, ésta debe incorporar los principios
de solidaridad (incluyendo la intergeneracional), de representación y participación, y de equidad de
género como criterios orientadores para el desarrollo e interpretación de la ley y de las políticas públicas.
Además, es necesario un nuevo pacto fiscal progresivo que privilegie gravar el capital frente al trabajo.
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INGRESO BÁSICO UNIVERSAL
El Ingreso Básico Universal consiste en una transferencia periódica de dinero que no está supeditada
a condiciones o contraprestaciones y cuyos receptores son individuos: todas las personas reciben
una parte de la riqueza producida en la sociedad como reconocimiento del carácter colectivo de tal
producción. Mediante ella, se provee un piso mínimo, permitiendo que las personas y comunidades
desarrollen sus proyectos de vida con libertad asegurando condiciones básicas. Nuestra propuesta es
que la Nueva Constitución consagre este piso mínimo de seguridad económica para todos y todas.
El Ingreso Básico Universal permite avanzar en soluciones a diversos problemas que no han sido
abordados por la política social en Chile o para los que esta se ha mostrado insuficiente o que serán
insuficientes en un corto plazo debido a diversos fenómenos globales. Beneficiaría la autonomía individual
frente a las jerarquías establecidas en el seno familiar, contribuiría a disminuir la pobreza y
asegurar condiciones materiales básicas que permitan desarrollar el potencial de las
capacidades de quienes se encuentran en esta situación, mejora la salud mental de
los receptores porque reduce las condiciones de escasez, pobreza e inseguridad
financiera, que son las principales fuentes de estrés para millones de personas.
Adicionalmente, un ingreso básico daría más espacio al arte, el trabajo sin
fines de lucro y a los cuidados porque proporciona un ingreso suplementario
para aquellos interesados en actividades no remuneradas por el mercado.
Por último, dadas las expectativas de mayores rendimientos de los medios
de producción que trae la automatización, un Ingreso Básico Universal
se plantea como una oportunidad para distribuir la riqueza de esa mayor
productividad a la sociedad en general, evitando acrecentar las brechas
de desigualdad de riqueza como ocurriría si solo los dueños de tales
medios se benefician de la automatización.
Asimismo, debe reconocer de forma explícita el trabajo doméstico no remunerado y las labores de
cuidado como materias de seguridad social, reconociendo así las desigualdades de género que se dan
en esos ámbitos, al tratarse de labores que son principalmente soportadas por mujeres.
DERECHOS EN EL TRABAJO
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El derecho a la sindicalización debe garantizarse en sus diversas
facetas: como libertad de creación de organizaciones sindicales,
de autodeterminación sindical frente al empleador y terceros, y
de afiliación. La negociación colectiva debe estar garantizada
constitucionalmente de manera amplia, sin restringirla a la
negociación solo intra-empresa, permitiendo de esta forma
reconocer poder de negociación a las personas trabajadoras
a nivel inter-empresa y ramal. El derecho a huelga debe ser
reconocido explícitamente, incluyendo en este derecho a las
organizaciones de quienes se desempeñen laboralmente en el
Estado.
Todos los derechos que se relacionan con el mundo del trabajo deben tener además un enfoque
feminista. Se debe garantizar en todo trabajo la igualdad de ingresos y distribución equitativa del poder
entre mujeres y hombres. Asimismo, se debe remunerar y reconocer el trabajo de cuidado, asegurando
una distribución recíproca de este entre el Estado, la ciudadanía y las familias.
La Constitución debe reconocer la educación como un derecho. El Estado debe garantizar el acceso y
provisión de una educación pública, gratuita, de calidad, no sexista e intercultural, en todos los niveles,
de manera que se aseguren trayectorias educativas que respondan a las necesidades y demandas de
formación de las personas durante toda su vida. Se debe priorizar la educación pública por sobre la
privada y a la vez resguardar el respeto y la posibilidad de que los proyectos particulares de educación
existan y puedan desplegarse por el territorio nacional, en complementariedad y armonía con la garantía
de derecho a la educación y los objetivos de la educación definidos socialmente.
La protección de la salud debe estar consagrada en una Nueva Constitución como un derecho social y
debe ser garantizada por igual para toda la población, por el Estado a través de sus
instituciones. Se debe garantizar el ejercicio efectivo y universal de este derecho
y reconocer la importancia del entorno social en que viven las personas y
las desigualdades que determinan el estado de salud de las personas y
de la sociedad en general. Para fortalecer la promoción de la salud y
prevención de la enfermedad, la nueva Constitución debe explicitar
que este derecho implica también el derecho de las personas
a habitar un entorno saludable, además del acceso al cuidado
sanitario.
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derecho, debe incorporar las dimensiones de acceso a la atención de salud (preventiva, tratamiento y de
rehabilitación), como también la generación de condiciones para una vida saludable y la soberanía sobre
el cuerpo.
El reconocimiento del derecho a una vivienda adecuada, cuyo cumplimiento guarda una relación directa
con la segregación y exclusión social, permite refundar la naturaleza del actual marco
normativo urbanístico y de las políticas de vivienda. Este derecho implicaría entre otros,
que la normativa legal y la planificación urbana deba incorporar mecanismos para
la integración socioterritorial, reversión de la segregación y mejora de calidad
urbana de la ciudad construida. Asimismo permitiría medidas como la creación
de vivienda pública como mecanismo de regulación del mercado habitacional,
la participación en las plusvalías como mecanismo de desarrollo local, justicia
social y de control de la especulación, entre otras medidas. También incide en
la protección de este derecho la función social y ecológica de la propiedad,
que puede funcionar como principio regulador del uso del suelo, estableciendo
limitaciones basadas en el bien común colectivo.
Entrando en materia de derechos, se debe garantizar el derecho de todas las personas a vivir en un
medioambiente sano y ecológicamente equilibrado. El Estado tendrá el deber de conservar, restaurar
y proteger los distintos ecosistemas, de fomentar la transición ecológica con justicia ambiental, y una
distribución igualitaria de éstos en todos los niveles. Debe reconocerse, además, el vínculo que tienen
los pueblos originarios con la naturaleza como elemento estructurante de su cosmovisión, para lo cual
debe trabajarse en un modelo que permita coordinar estas miradas plurales y resolver las tensiones
que puedan ocasionarse en materia de explotación y gestión de bienes comunes naturales. Asimismo,
se debe superar la visión antropocéntrica reconociendo la naturaleza individual y sintiente de todos los
animales no humanos y su rol simbiótico, estableciendo y reconociendo derechos y/o garantizando su
bienestar.
Finalmente, debemos reconocer el estado de crisis climática y ecológica estableciendo como marco
fundamental de la sociedad las labores de mitigación y adaptación de ésta. y un mandato explícito a
ejecutar el principio regenerativo con el objeto de redirigir nuestra sociedad a un metabolismo social
sostenible , de menor consumo energético y de bienes materiales y que privilegie la conservación de los
ecosistemas. En esa línea proponemos la inclusión de criterios de emisión sostenible en la economía,
consistentes en la aspiración de llegar a un modelo que genere residuos iguales a las capacidades de
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asimilación de los ecosistemas y a la reutilización de éstos, lo que en la práctica
implica una emisión nula de residuos no biodegradables.
Además de lo anterior, la Nueva Constitución debe consagrar, el derecho a las aguas ancestrales de los
pueblos originarios presente en sus territorios, bajo sus propios criterios y mecanismos, de acuerdo a la
forma que lo regule la ley.
Considerando lo anterior, la Nueva Constitución debe, en primer lugar, supeditar el otorgamiento y ejercicio
de los derechos para explotar yacimientos mineros tanto al desarrollo efectivo de los proyectos, mediante
un sistema de amparo por trabajo, así como a la existencia de proyectos aprobados ambientalmente,
estableciendo por ley mecanismos y plazos racionales para ello. Además, debe establecer
las bases que permitan a los particulares (individuales o comunidades) que puedan
ser afectados por la detentación de derechos mineros, la posibilidad de impugnar
los mismos, entregando su regulación a la ley.
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RECURSOS SILVOAGROPECUARIOS Y PESQUEROS
Para ello, la Nueva Constitución debe mandatar a los órganos del Estado, para
que en el otorgamiento de permisos, cuotas de extracción, aprobaciones
ambientales, fiscalización de cumplimientos, entre otras atribuciones, tengan
como principio rector el que el ejercicio de estas actividades económicas
propendan a la seguridad y soberanía alimentaria, que respeten los intereses
y características culturales de las comunidades que conforman el territorio, y
que sean ecológicamente resilientes, propendiendo a la conservación y protección
del medioambiente. Esto puede conseguirse mediante una declaración explícita del
deber de mesura y autolimitación en el uso y explotación de los bienes comunes naturales
renovables, que pueden dejar de serlo.
Creemos que la creación cultural, intelectual y artística debe ser considerada como un derecho humano,
siendo deber del Estado promover su protección y libre ejercicio. Esta libertad debe implicar que se
garantice la creación, producción y divulgación de obras culturales y artísticas tangibles e intangibles.
Asimismo, toda producción cultural, intelectual o artística que se desarrolle de la mano de financiación
estatal, debe respetar los principios de acceso igualitario al conocimiento e igual disfrute.
La ciencia tiene un rol fundamental en el desarrollo de otros derechos como la salud, la alimentación o el
agua. Por lo tanto, creemos que la Nueva Constitución debe garantizar el conocimiento, su divulgación,
el acceso y la participación, como el resto de los derechos. Creemos que toda persona tiene derecho a
los beneficios del progreso científico y a gozar de la protección que éste conlleva. Por ello, es importante
no sólo el desarrollo y difusión de la investigación científica, sino también el resguardo de la
libertad para ejercerla.
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DATOS, INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y ESPACIO DIGITAL
La Nueva Constitución debe ser un pacto social que tenga visión de futuro. Los datos e inteligencia
artificial son cada día más importantes en la generación de riqueza y también en el comportamiento de
las personas. En este contexto, el uso de estos se encuentran en un agudo debate ético y político sobre
la soberanía de los datos, su rol en la economía y en la sociedad, entre otros. Nuestra propuesta es que
el nuevo acuerdo garantice el uso democrático de los datos y la soberanía sobre estos, entendiéndolo
también como un bien común que debemos regular y resguardar mediante instituciones especializadas.
Si bien existen las limitaciones propias de la globalización, que hacen complejo tener una legislación
exclusivamente interna de ciertos fenómenos relacionados con la tecnología, es importante establecer
derechos y garantías para proteger a las personas frente al uso de la tecnología y a la vez para
garantizar el acceso a ella cuando se la requiera. Por ejemplo, proponemos que el acceso a internet debe
incorporarse al capítulo de derechos de la Constitución. En particular, los derechos y garantías deben
estar configurados de modo de también proteger a las personas en los espacios virtuales, donde hoy se
desarrolla parte importante de nuestras vidas.
Finalmente, parece recomendable añadir el principio de selección sostenible de tecnologías, que permita
superar el tecno optimismo exacerbado que ha caracterizado al capitalismo moderno.
ESTADO PLURINACIONAL
Los pueblos originarios constituyen un actor político y social gravitante en el país, cuyos derechos y
estatus requieren de un reconocimiento urgente pues han sido históricamente invisibilizados y
homologados en todas las Constituciones previas. Para ello, se debería establecer que Chile
sea un Estado Plurinacional y reconocer derechos constitucionales de los diferentes
pueblos originarios y tribal de nuestro país. Se debe establecer escaños reservados en
el poder legislativo junto con reconocer otros derechos fundamentales establecidos
en instrumentos internacionales de derechos humanos, como, por ejemplo, su
derecho a las tierras ancestrales y a ciertas formas de autonomía política. Es
también relevante reconocer y garantizar la existencia de tradiciones indígenas
propias, junto con establecer el modo en que la tradición jurídica civil e indígena
serán armonizadas.
La Nueva Constitución debe consagrar, de acuerdo a los tratados internacionales de Derechos Humanos
ratificados por Chile que se encuentran vigentes, el ejercicio del derecho a la protesta social que se
construye por medio del derecho de reunión y de expresión, la reunión debe poder realizarse de forma libre
y sin permiso previo, y cuyas eventuales limitaciones a su ejercicio sólo puedan ser establecidas por ley,
y no por actos de las autoridades administrativas. Estas limitaciones legales deben responder a criterios
objetivos, reduciendo o eliminando cualquier clase de arbitrariedad por parte de las autoridades.
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Asimismo, la Nueva Constitución debe, también, mandatar a los órganos del Estado
con competencia en materias policiales y de orden, a respetar y garantizar, en el
ejercicio de sus funciones, el debido ejercicio de este derecho, así como respetar
los estándares establecidos por los Derechos Humanos para el uso legítimo de
la fuerza.
Lo anterior implica avanzar también hacia el reconocimiento de nuevos derechos como el libre desarrollo
de la personalidad, derecho que se traduce en la atribución de toda persona de llevar a cabo el proyecto
de vida que mejor estimen conveniente, siempre que no dañe a terceros. En la perspectiva de los niños,
niñas y adolescentes ello se traduce en la garantía constitucional de su autonomía progresiva.
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MUJERES
La Nueva Constitución debe reconocer y garantizar el derecho a la igualdad y no discriminación para todas
las personas, independiente de su identidad y expresión de género, y orientación sexual, características
sexuales, vínculos afectivos, etc., mediante un reconocimiento a las injusticias y discriminaciones a nivel
institucional y social que han sufrido las personas pertenecientes a la comunidad LGTBIQ+. Existirá,
asimismo, un deber constitucional del Estado de promover medidas de reparación, a través de sus
instituciones, a las personas que sufran o hayan sufrido discriminación por estas materias.
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DERECHO AL LIBRE TRÁNSITO DE PERSONAS Y MIGRACIÓN
Desde un punto de vista orgánico, se debe radicar la institucionalidad migratoria fuera del
Ministerio, órgano o institución encargado de la seguridad interior y en su lugar integrar el tratamiento
de la migración en el Ministerio, órgano o institución que en la Nueva Constitución aborde el desarrollo
social, sin perjuicio la coordinación que deba existir en la materia.
Respecto de los chilenos en el exterior, se debe garantizar el ejercicio pleno de sus derechos políticos,
resguardando su protección frente a vulneraciones y fortaleciendo la vinculación con consulados.
La Nueva Constitución debe eliminar la existencia de alusiones y demarcaciones que establezcan
simbólicamente una ciudadanía de primera y segunda categoría, dejando a estas últimas fuera de esas
atribuciones y derechos.
La Nueva Constitución debe reconocer los Derechos de las Personas con Discapacidad,
incorporando un transitorio general que mandate la actualización de las leyes y la
implementación de estas de acuerdo a sus contenidos en concordancia con lo
establecido por la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de la
Personas con Discapacidad.
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LA PROPIEDAD Y LA ECONOMÍA AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD
Bajo las actuales nociones del modelo de Estado y el orden público económico, el Estado debe abstenerse
de intervenir en las actividades económicas en tanto un particular pueda desarrollarlas. Si bien es cierto
que, en un Estado de derecho, debe asegurarse la libre iniciativa económica a los particulares, esto no
quiere decir que el Estado deba abstenerse de intervenir en la misma. Lo anterior debe ser en estándares
contemporáneos, reconociendo la capacidad emprendedora y de innovación que tiene el Estado.
Considerando lo anterior, el Estado debe tener un importante rol en la dirección económica del país,
orientando estratégicamente con el fin de asegurar los intereses generales de la sociedad,
sea actuando directamente o a través de sus empresas, las cuales se entenderán como
un instrumento por el cual el Estado pueda participar en la actividad económica, sea
por sí o en colaboración con privados.
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Asimismo, la Nueva Constitución debe establecer, como marco general, límites para el ejercicio tanto de la
libertad económica por parte de los particulares, como la intervención del Estado en la actividad económica
nacional, tales como el respeto a los derechos fundamentales, al medioambiente y el desarrollo sostenible,
así como los derechos de los pueblos originarios.
Finalmente, la Nueva Constitución debe establecer un deber para el Estado de asegurar el sano
desenvolvimiento de los actores en el mercado, evitando el desarrollo de conductas abusivas, depredadoras
o monopólicas, por parte de los mismos. La Nueva Constitución debe promover un modelo redistributivo
en que la organización de la empresa busque la autogestión, cooperativismo y democratización en las
unidades de producción, con la participación vinculante entre personas trabajadoras y comunidades, a fin
de generar formas conjuntas de ejercicio de la propiedad del aparato productivo.
PROGRAMA
CONVENCIONALES
CONSTITUYENTES
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