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Indefensión

El documento describe el fenómeno de la indefensión aprendida. Explica que ocurre cuando una persona se inhibe ante situaciones aversivas porque acciones previas para evitarlas no han tenido éxito repetidamente, creando una percepción de pérdida de control. También describe experimentos con perros que mostraron que aquellos que no podían controlar descargas eléctricas posteriores tenían problemas para aprender nuevas estrategias de evasión. La indefensión aprendida puede darse en relaciones abusivas, el fracaso escolar recurrente y

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Indefensión

El documento describe el fenómeno de la indefensión aprendida. Explica que ocurre cuando una persona se inhibe ante situaciones aversivas porque acciones previas para evitarlas no han tenido éxito repetidamente, creando una percepción de pérdida de control. También describe experimentos con perros que mostraron que aquellos que no podían controlar descargas eléctricas posteriores tenían problemas para aprender nuevas estrategias de evasión. La indefensión aprendida puede darse en relaciones abusivas, el fracaso escolar recurrente y

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Desarrollo de tema: Indefensión aprendida

Qué es la indefensión aprendida: Se refiere a un patrón, que precisamente,


es adquirido a través del aprendizaje en el cual una persona se inhibe ante
situaciones aversivas o dolorosas cuando las acciones que ha realizado para
evitarlos no han resultado fructíferas en repetidas ocasiones, por lo tanto,
terminan por adoptar una actitud pasiva ante las dificultades y no emiten una
respuesta a pesar de tener oportunidades para ayudarse así mismo. Esto
ocurre porque existe una percepción de pérdida de control, una creencia de
que no podemos hacer nada para poner fin a una situación crítica por asumir
que no depende de nosotros y consecuentemente debemos vivir con ello.
Entender la forma en la que este fenómeno se desarrolla es imprescindible
para poder evitarlo, ya que se torna en una creencia limitante que actúe como
obstáculo para el desenvolvimiento en cualquiera de las áreas de nuestra vida,
nuestra autoestima y motivación.

*CUENTO DEL ELEFANTE*

De donde surge el fenómeno de la indefesión aprendida: Para desarrollar


esta teoría, Martin Seligman, quién fue su precursor, se cuestionaba el por qué
algunos animales o personas sufrían en ciertas condiciones constantemente y
aún así no hacían nada para abandonar esta situación, por lo que decidió
realizar un experimento:

Utilizaron 3 grupos de perros en el experimento:

En el grupo 1 se colocaba a los perros sujetos por un arnés mientras se les


proporcionaban descargas eléctricas inesperadas en las patas traseras. Estos
perros podían parar las descargas siempre que pulsaran con su hocico unos
paneles situados a ambos lados de la cabeza.

En el grupo 2 sin embargo, los perros no tenían la posibilidad de detener las


descargas suministradas, recibiéndolas al mismo tiempo que los animales del
grupo 1.

El grupo 3 era el grupo control, en el que los animales no recibían ningún


tratamiento.

En una segunda fase del experimento se les daba a todos los grupos la
oportunidad de una vía de evitación de las descargas mediante la colocación
de un segundo compartimento dentro de la caja donde estaban situados, para
poder moverse allí al recibir el estímulo aversivo.

Los resultados fueron que los grupos 1 y 3 manifestaron la misma capacidad


de aprendizaje de la nueva estrategia de evitación/escape, moviéndose al
segundo compartimento. Sin embargo, el grupo 2 mostró un tremendo
problema de aprendizaje de la nueva tarea. Este déficit constituye el llamado
fenómeno de indefensión aprendida.

Esta dificultad del grupo 2 para aprender a evitar la descarga no podía


obedecer al hecho de haber recibido las descargas previamente, ya que el
estímulo se proporcionó igualmente en los tres grupos. El problema era debido
a su incapacidad previa, en la primera fase del experimento, para poder
controlar la descarga suministrada. En la primera fase, los individuos
mostraban determinadas conductas pero ninguna tenía que ver con la
consecuencia de parar de las descargas. Esto desarrolla en el animal la idea
de que por mucho que haga no va a tener un control sobre la terminación del
castigo, con lo que la conducta licitada ante el estímulo termina por ser la
inhibición en la segunda fase, en vez de la evitación/escape como los perros de
los grupos 1 y 3.

Las pruebas experimentales muestran que cuando un organismo ha vivido una


situación traumática que no ha podido controlar, su motivación para responder
a situaciones posteriores disminuye, e incluso aunque responda y la respuesta
logre liberarle de la situación, le resulta difícil aprender, percibir, y creer que
aquella ha sido eficaz. Por ultimo, su equilibrio emocional queda perturbado.

Seligman lo contaba así:

“Cuando un experimentador va a la jaula e intenta sacar a un perro sin


indefensión, no colabora con prontitud; ladra, se mueve a la parte de atrás de
la jaula y se resiste a que lo cojas. Por el contrario, los perros con indefensión
parecen apagados; se agachan pasivamente en el fondo de la jaula, a veces
incluso se dan la vuelta y adoptan una postura sumisa; no se resisten.”

*EJEMPLOS*

Pensamos que a nosotros nadie nos va dando descargas eléctricas, pero la


indefensión aprendida puede ser un factor en una amplia gama de situaciones
sociales, actuales y reales. En las relaciones de abuso emocional, la víctima
suele desarrollar una indefensión aprendida. Cuando la víctima se enfrenta o
intenta dejar al abusador éste ignora o trivializa los sentimientos de la víctima, o
finge que le importa pero no cambia o impide que la víctima se vaya. La víctima
asume que nada va a cambiar, que su situación no puede mejorar.

El efecto desmotivador de la indefensión aprendida se ve también a menudo en


el aula. Los estudiantes que fracasan repetidamente pueden llegar a la
conclusión de que son incapaces de mejorar su rendimiento, y esta falsa
conclusión les impide tratar de tener éxito, lo que da lugar a una mayor
impotencia, un fracaso reiterado y a la pérdida de la autoestima. De esta
manera, por la indefensión aprendida, el fracaso se convierte en una profecía
autocumplida.

El daño a los niños por negligencia puede ser también una manifestación de la
indefensión aprendida. Por ejemplo, cuando los padres creen que son
incapaces de detener el llanto de un bebé, que no hay nada que puedan hacer
para evitarlo, pueden simplemente dejar de intentar hacer algo por el niño, lo
que puede hacer que un problema existente se agrave.

Los que son extremadamente tímidos o ansiosos en situaciones sociales


pueden volverse pasivos debido a sentimientos de indefensión y lo mismo
puede suceder con personas mayores que reaccionan con esa sensación a la
muerte de amigos y familiares, a la pérdida de empleo e ingresos y a la
aparición de problemas de salud relacionados con la edad. La indefensión
aprendida, la sensación de que no hay nada que hacer, puede llevarlos a
descuidar su atención médica, sus asuntos financieros y otras necesidades
importantes. Si no puedes hacer nada, ¿para qué vas a hacer nada?

Cómo surge?

Este estado psicológico suele aparecer cuando vives situaciones de forma


reiterada en las cuales tus actos no generan el efecto deseado, y te sientes
incapaz de hacer algo ante ello. La percepción del entorno como incontrolable,
independientemente de nuestros actos, es el que desencadenará este estado.

Esto es algo que puede explicarse mediante una importante corriente de la


teoría del aprendizaje que implica las respuestas voluntarias y la independencia
de respuesta. La controlabilidad se refiere a la capacidad que una persona
tiene para influir sobre los resultados de su conducta en una situación, de modo
que logre obtener el resultado deseado de la misma. Las respuestas
voluntarias son acciones que realizamos las cuales pueden ser modificadas
por un castigo o una recompensa: Si al emitirlas son recompensadas, entonces
aumentará la frecuencia en la que las emitimos, mientras que si al emitirlas
somos reprendidos, entonces dejaremos de realizarlas, ahora, cuando no
podemos realizar una respuesta voluntaria que genere cierto resultado (es
decir, que no suceda lo que queremos) entonces nos encontramos ante una
situación incontrolable, y es precisamente en estas circunstancias donde se
producirá la indefensión, una persona o un animal están indefensos frente a un
determinado resultado cuando este ocurre independientemente de todas sus
respuestas voluntarias.

Ya que todo esto es producto de un aprendizaje, aunque posteriormente esa


situación se modifique, los sujetos indefensos seguirán creyendo que es mejor
no hacer nada porque la solución no se ha debido a su actuación sobre la
misma. Así, el patrón de actuación de estas personas ante las adversidades
queda limitado a la paralización, bloqueo, huida, evitación o simplemente, el no
afrontamiento. Dicho de otra forma, la persona se encuentra pasiva ante lo que
surge en su ambiente a pesar de tener la posibilidad de intentar ayudarse a sí
misma. Es aquí cuando la indefensión aprendida se ha instaurado.

Elementos que engloban la indefensión aprendida:

 Una condición o causa antecedente


 Una experiencia aversiva incontrolable
 Una serie de efectos comportamentales que producen la interferencia o
la dificultad de aprender nuevas tareas:

Déficit motivacional

En una situación traumática, el incentivo para iniciar respuestas tiene


principalmente el origen en la expectativa de que responder producirá alivio, en
ausencia de este incentivo, las respuestas voluntarias disminuirán en
probabilidad, es decir, cuando se ha aprendido que el resultado es
independiente de cualquier cosa que hagamos, la motivación para hacer algo
también queda reducida

En el caso del experimento triádico, por ejemplo, primer lugar, se produciría


una inactividad inducida por el hecho de que ninguna respuesta no era útil para
escapar de las descargas en la fase previa.

Los trastornos motivacionales siempre están relacionados con un estado de


pasividad inducida por el hecho de que las consecuencias aversivas son
incontrolables en la fase de indefensión.

Déficit cognitivo

Experimentos más recientes demostraron que, aunque la pasividad es un


efecto de la indefensión, no es la más importante, ni la más duradera. Así, se
demostró la existencia de otro tipo de déficits de naturaleza cognitiva que lleva
a los individuos indefensos a ser incapaces de tener éxito o aprender nuevas
tareas, aunque sean diferentes de la situación o tarea en la que se produjo la
indefensión, lo que define el fenómeno de generalización de la indefensión
aprendida a otro tipo de tareas. Esto se debe a que cuando un sujeto ha
experimentado la incontrolabilidad, le resulta difícil aprender que su respuesta
ha sido eficaz porque esta distorsiona la percepción del control

En sus experimentos también comprobaron que los sujetos indefensos


cometían muchos más errores durante el aprendizaje que los del grupo de
control, lo que parece evidenciar la existencia de un déficit cognitivo específico
que genera en los individuos indefensos una dificultad para aprender que
produce la interferencia o retraso en un nuevo aprendizaje posterior, como
postula el modelo cognitivo de la indefensión aprendida.

Los trastornos cognitivos producen un efecto de retraso o interferencia de


aprendizaje que lleva a los sujetos indefensos a cometer más errores o tardar
más tiempo en aprender nuevas tareas.

Déficit emocional

Cuando un acontecimiento traumático ocurre por primera vez, produce un


estado de intensa emocionalidad, al que llamamos miedo, siendo este, junto a
la frustración, un elemento motivador que se desarrollan con la finalidad de
suministrar la energía necesaria para hacer frente a las situaciones difíciles,
ponen en marcha las respuestas iniciales para controlar el trauma, en cuanto la
solución es encontrada, el miedo debería disminuir, ahora, cuando esta
situación es percibida como incontrolable, es decir, que nos hace pensar que
no podemos hacer nada para cambiarla, el miedo es inútil porque supone un
gran gasto de energía en una situación que ya de por sí es agobiante, por lo
tanto, será sustituido por recurrentes estados emocionales que implican tristeza
y ansiedad lo cual va a eliminar el impulso de competencia o resistencia que
precisamente evita el caer en un estado de indefensión

Señales de alerta o consecuencias Ampliar

 Miedo constante ante acontecimientos negativos


incontrolables. Cuando estas personas ven que puede suceder un
acontecimiento negativo tienen miedo de lo que pueda llegar pasar y
esto a su vez les genera ansiedad. Es importante destacar que el hecho
de que no actúen en el momento en el que ocurre el acontecimiento
negativo no significa que no tengan miedo.

 Pensamientos de derrota y resignación. Estas personas piensan que


nunca podrán ganar y se sienten destruidas. Están resignadas y piensan
que nunca podrán hacer nada para cambiar la situación.

 Ansiedad. Como no se pueden defender ante los sucesos negativos,


sienten ansiedad cuando ocurren o antes de ocurran, mostrando una
anticipación negativa lo que además hace que estén siempre alerta.

 Bloqueo y pasividad. Cuando aparece la situación problema estas


personas no pueden defenderse y pueden incluso llegar a bloquearse,
quedarse en blanco, etc. En otras palabras, no buscan soluciones a los
problemas y no afrontan los problemas que se les van presentando.

 Pesimismo. Tienden a ver solo el lado negativo de las cosas.

 Poca motivación. La motivación al cambio se ve gravemente


disminuida, quedando la voluntad de la persona subordinada a cualquier
aspecto no generado por ella.

 Baja autoestima generada por un sentimiento de minusvalía

Prevención Ampliar/mejorar

Es importante aclarar que la persona que se encuentra en un caso de


indefensión aprendida no se siente mal porque quiera sino porque su psique ha
consolidado esquemas disfuncionales que le inhiben a la hora de cambiar su
propia situación. Por tanto, es necesario desestigmatizar a la víctima. Entender
que ha perdido la capacidad de ver las soluciones que otros sin el problema
pueden ver y que la ayuda que requiere no es solo que los demás le digan lo
que “debería” o “no debería” hacer, sino reafirmarle en su capacidad y en su
autoestima; devolverle el control a su vida para que sea capaz de tomar las
riendas sobre aquello que en su momento veía sin solución.

 Cambiar el discurso y trabajar en autoestima: No pienses: “no


puedo”, “no se hacerlo”, “no soy capaz”, “no valgo para nada”, etc.
Cambia tu discurso y di: “soy capaz”, “yo puedo”, “soy una persona
válida”. Pregúntate a ti mismo a ver porqué no vas a poder hacer algo
que otras personas hacen. Piensa que eres una persona capaz y
totalmente valida.

 Realiza actividades que antes no hacías. Si has dejado de hacer


cosas, vuelve a hacerlas. Siguiendo el ejemplo que pusimos en el primer
punto, María podría haber dejado de ir a ese restaurante o podría haber
dejado de salir con sus amigos por no volver a encontrarse con esa
persona que le dijo cosas negativas. Para superarlo María tendría que
volver a ese restaurante y hacerle frente a la situación. Esconderse o
acobardarse no sirve de nada, solo nos traerá consecuencias negativas.

 Hay otros caminos. Piensa que siempre existen otras alternativas y que


podemos hacer frente a los problemas de diferentes maneras. No existe
solo la vía de la indefensión.

 Trabaja la asertividad. Pon en práctica las técnicas de asertividad.


Como vimos anteriormente, existen 3 estilos comunicacionales: pasivo
(priorizar los derechos o necesidades de otros por encima de los
nuestros), agresivo (priorizar los derechos o necesidades nuestros por
encima de los de otros) y asertivo (luchar por nuestros derechos y
necesidades sin pisar los de otros).

 Analiza la situación. Cuando te encuentres ante una situación en la


que tiendas a responder de manera pasiva piensa y analiza. Párate un
momento a pensar cuál podría ser una respuesta asertiva y llévala a
cabo. Pregúntate a ti mismo “¿por qué no puedo defenderme?”, “¿qué
puedo hacer para defenderme de una manera asertiva?”.

Como ya hemos comentado, la indefensión aprendida se trata de un


comportamiento aprendido. Cualquier comportamiento aprendido puede ser
modificado. Para lograr el cambio debemos conseguir “borrar” esa indefensión.
Para ello, se realizará el aprendizaje de comportamientos alternativos que nos
ayuden, poco a poco, a resolver los conflictos y a sentirnos capaces por
nosotros mismos de cambiar las situaciones aversivas que surjan en nuestra
vida. En ocasiones es necesario adquirir nuevas herramientas o habilidades
que nos ayuden a la obtención de nuestras metas.
A modo de ejemplo, si tras muchos meses buscando trabajo no lo encuentras,
es probable que la desmotivación te lleve a pensar que poco más puedes hacer
y comiences a tener comportamientos no orientados a esa búsqueda, sino a la
pasividad o a la evitación de la situación. Además pueden surgir pensamientos
tales como “que más da, el país está como está, ya lo he intentado todo, a ver
si acaba esta crisis porque ya más no puedo hacer, estoy perdiendo el tiempo,
nada de lo que he hecho funciona, ya no tengo donde echar mi cv, …”.

Este es un ejemplo donde la indefensión ya se ha instaurado. Es un momento


donde crees que no hay nada que hacer y donde el tener trabajo o no, se deja
en manos del destino. Si te fijas, aunque es cierto que hayas llevado una
búsqueda activa, la pasividad no te ayudará a conseguir tu meta. Quedarse en
casa no es una opción. Es aquí donde se deben desarrollar nuevas habilidades
que permitan seguir con esa búsqueda, de otra manera, con otros recursos, en
otros lugares. Sea como sea, hay que evitar la indefensión que no solo te deja
inactivo, sino que además puede dar ocasión a desarrollar sintomatología
depresiva o ansiosa, siendo aún más difícil la consecución de tus metas.

Para salir de la indefensión es muy importante que generes expectativas


positivas sobre el resultado que tu comportamiento va a tener en tu futuro, que
entiendas que eres tu quién conseguirá esos cambios a pesar de los esfuerzos,
y sobre todo que el control está en ti y no en el ambiente.

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