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HEIDEGGER

El ensayo compara las perspectivas de Octavio Paz y Martin Heidegger sobre la naturaleza del arte y la poesía. Heidegger analiza la materialidad del arte y el papel del artista en hacer posible la obra de arte. Para él, la obra sugiere significados más allá de lo evidente y lleva al espectador a una experiencia sublime. Paz se inspiró en los planteamientos de Heidegger para definir la poesía como un mensaje único e irreductible. Destaca la importancia del artista en transformar las emociones en arte a trav

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El ensayo compara las perspectivas de Octavio Paz y Martin Heidegger sobre la naturaleza del arte y la poesía. Heidegger analiza la materialidad del arte y el papel del artista en hacer posible la obra de arte. Para él, la obra sugiere significados más allá de lo evidente y lleva al espectador a una experiencia sublime. Paz se inspiró en los planteamientos de Heidegger para definir la poesía como un mensaje único e irreductible. Destaca la importancia del artista en transformar las emociones en arte a trav

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Mnemosine Vol.13, nº2, p.

3-19 (2017) – Parte Especial

Octavio Paz y Martin Heidegger: acerca de la naturaleza del arte y la


poesía
Octavio Paz and Martin Heidegger: about the nature of art and poetry

Eduardo Huárag Álvarez


Pontificia Universidad Católica del Perú

RESUMEN:
El presente ensayo pretende dar una explicación de los planteamientos de Octavio Paz y
Martín Heidegger sobre la naturaleza del arte y la expresión literaria. El filósofo se empeña
en establecer la naturaleza del arte, aquello que subyace y cuál es el efecto en el espectador.
Paz, a su vez, define lo que es el arte en la poesía, mensaje único e irreductible. Paz destaca
la importancia del artista que hace posible, a manera de revelación contenida, que la
emoción se transforme en arte. El artista, con su subjetividad y sentido de verbalización y
metaforización, transforma la palabra y lo hace trascendente. Como para reforzar los
criterios de arte de Paz también comentamos aquellos versos del poeta que dialogan con la
poesía como ente abstracto a la vez que concreto. Las dualidades y contraposiciones son
inevitables cuando se busca la esencia de lo poético.

Palabras claves: artista; arte; creatividad.

ABSTRACT:
The present essay tries to explain the expositions of Octavio Paz and Martín Heidegger on
the nature of the Art and the literary expression. The philosopher is determined to establish
the nature of Art, what underlies and what is the effect on the spectator. Paz, in turn,
defines what art is in poetry, a unique and irreducible message. Paz highlights the value of
the artist that makes possible, as a contained revelation, for emotion to become Art. The
artist, with his subjectivity and sense of verbalization and metaphorization, transforms the
word and makes it transcendent. As to reinforce Paz's art criteria, we also comment on
those verses of the poet that dialogue with poetry as an abstract as well as a concrete entity.
Dualities and oppositions are inevitable when looking for the essence of the poetic.

Keywords: artists; art; creativity.

Según las propias declaraciones de Octavio Paz, la lectura de “Sendas perdidas”, de


Martín Heidegger, le emocionó de tal manera que decidió escribir acerca de la naturaleza
de lo poético, aquello sobre lo que tenía experiencia. Fue así como nació “El arco y la lira”
(1956). Lo destacable de esta publicación es que el escritor se compenetró de tal manera
con el tema que terminó elaborando un texto que tiene mucho del tono y estilo de un

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4 Eduardo Huárag Álvarez.

creador lírico. A diferencia del filósofo alemán que plantea sus reflexiones en el estricto
rigor del análisis conceptual, Octavio Paz combina lo analítico con el arte de la expresión.
La vivencia y la autenticidad emocional hicieron posible que se produjera una reflexión que
quiere precisar lo poético y establecer la manera como deriva de ello lo trascendente.

1. Los senderos del arte en el análisis de Heidegger


Heidegger se convirtió en el referente motivador fundamental de “El arco y la lira”
porque los planteamientos del filósofo tienen una claridad, una hondura como pocas veces
se ha visto en el análisis de la naturaleza del arte. Heidegger indaga en la materialidad del
arte, en la situación del artista para luego deducir que, en la percepción de la obra, existirían
dos niveles de desciframiento y que, en apariencia, la simple observación o percepción de
la obra no deja ver más que lo manifiesto. La obra, en ese sentido, va más allá de lo
meramente instrumental, en la obra subyace otro sentido, aquel que está sugerido, que
muchas veces se enmarca en la metáfora. Es el artista quien hace posible la existencia de la
obra. Sin el artista no existe la obra. La obra es un ente confeccionado. El modo como está
confeccionado, la manera cómo ha capturado la emoción o el imaginario del artista
despierta en el lector o espectador el reconocimiento de la creatividad del autor. El contacto
con la obra de arte invita al lector a la experiencia de lo sublime.
Es propio del arte el hecho de que lo suscitado no sea tan evidente, que el sentido de
la trascendencia y lo sublime se encuentren en condición latente, lista para que la mirada
del espectador o el lector lo devele. La obra suele ser una propuesta metafórica y como tal
es un código o retórica sustitutiva. Más allá de lo que observamos en el cuadro o en la
primera lectura de una novela, la obra sugiere significaciones.
Ahondemos un poco más en las ideas de Heidegger. La obra de arte es una “cosa”.
Aquí la palabra “cosa” debe entenderse como el aspecto material del mensaje. Sin ese
elemento material estaríamos solo ante una idea abstracta, quizá una emoción, una
vivencia. Admitir la materialidad no significa desconocer todo lo que subyace en el
mensaje, lo que existe a partir de ese ente, esa cosidad. El arte está más allá de esa misma
materialidad. Nuestra mirada no se puede detener en la mera cosa. El arte está en la
creatividad del escritor, en lo que ha confeccionado. Él es indispensable para que la obra
sea un existente. Artista y obra se complementan, se necesitan: “El artista es el origen de la

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obra. La obra es el origen del artista. Ninguno de ambos es sin el otro. No obstante,
ninguno de ambos sustenta por sí solo al otro” (HEIDEGGER, 1969: 13).
El artista conoce la técnica para hacer que la palabra o los trazos se conviertan en
arte. Él transforma la piedra en escultura, en obra de arte. Sin la intervención del artista la
obra es solo una cosa que está en el camino como parte dela naturaleza. Ahora, para que el
artista tenga esa virtud, quiere decir que conoce el oficio, el arte de crear. Tener la virtud
significa tener la competencia de convertir lo meramente instrumental en obra de arte. El
escritor puede haber tenido la mejor intención de que la cosa se convierta en obra de arte,
pero será la percepción de los lectores o los espectadores la que dará la aceptación final. Y
es que, una vez que la obra está concluida, el lector o los espectadores comparan la obra
con otras que conforman el canon cultural de ese género. Así pues, la obra depende en
cierta medida de ese canon, de esa comparación, de la valoración que realizan los lectores y
espectadores. La valoración, indudablemente deberá reconocer la singularidad de la
propuesta del artista. Lo que es repetido no es tenido como auténtico y singular.
Heidegger, al reflexionar sobre la naturaleza de la obra de arte, no se pierde en los
misterios de la inspiración o la vida del artista. Poco aportan las indagaciones sobre la vida
del artista o la intención de que su obra pudiera ser importante. Más allá de la intención del
artista, lo que cuenta es el producto, lo que la obra revela, porque la obra, de algún modo,
es revelación de la interioridad, un estado emocional del artista o es la develación de un
aspecto de la condición humana. El arte sugerido está en el producto por acción del artista,
por eso se dice que el arte se ha instalado en la obra. Heidegger dice que: “Para hallar la
esencia del arte, que se esconde realmente en la obra, busquemos la obra real y
preguntemos a la obra qué es y cómo es” (HEIDEGGER, 1969: 14).
La reflexión sobre la esencia nos lleva a considerar la naturaleza de la obra en sí.
Hay algo en la obra, en la poiesis que ella propone, que le da la condición de arte. El arte no
sería posible sin la presencia de la obra o sin la propuesta que hace el imaginario del
escritor. La obra sustenta el arte. Ahora bien, la obra se organiza y se presenta a través de
un medio. La obra no es una esencia invisible. La inspiración es invisible. Pero la
inspiración se hace obra cuando se concretiza en la palabra escrita o en la composición
pictórica.

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La obra trabaja sobre significados. El lenguaje cotidiano también trabaja con


significados, la diferencia es que en el arte los significados son sugeridos, condensados y
metaforizados. El artista, entonces, instala el arte en esa materialidad. El artista debe saber
cómo confeccionar esa instalación. El genio del creador hace posible la propuesta original a
partir de las pautas generales. El arte de lo verbal es decir algo como no se había dicho
antes, componer imágenes pictóricas como no habían sido concebidas antes. Hay, pues, un
margen de libertad que le permite al creador realizar rupturas, líneas sinuosas que rompen
con los paradigmas establecidos. Crear es siempre un modo distinto de instalación, una
necesaria ruptura pero que no pierde de vista lo sublime, lo trascendente.
Crear tiene un modo especial de expresión. En eso se diferencia de los usos de la
palabra. La palabra está en las raíces de la comunicación. La sociedad la ha destinado para
una función predominantemente instrumental, informativa. Solo al artista parece interesarle
el símbolo, la metáfora. Heidegger advierte: “La obra da a conocer notoriamente otra cosa,
revela otra cosa: es alegoría (…) La obra es símbolo” (HEIDEGGER, 1969: 15).
No olvidemos que el mensaje artístico está cargado de emoción, de sensorialidad.
La sensibilidad del artista busca que en esa condensación del mensaje confluyan lo
emocional y la trama imaginada. Se trata de una búsqueda decisiva, casi como la de un
sonámbulo. En el arte no funcionan las normas ni las reglas o recetas. La obra, además, es
la sugerencia de significaciones que condensan en el imaginario del lector, o en la mente
del espectador de la obra pictórica. El artista es un artífice, alguien que conoce cómo
instalar el arte en la obra.
La obra sin embargo, es mucho más que una creación simbólica. El artista es
testigo de su época, de los ideales de su época. El artista no se encuentra aislado de su
realidad social. La sensibilidad del artista recibe las tribulaciones de su época. Si vamos
más lejos, el artista puede ver lo que existe más allá o más acá de la condición humana.
Entonces, no se entienda el vínculo con la realidad social, como un compromiso con un
ideario y una praxis socio-política. La obra está más allá de las acciones pragmáticas, es un
producto que debe trascender el tiempo y la coyuntura social o política. Por eso las novelas
más importantes, la pintura de los mejores artistas, suele ser una propuesta simbólica que
trasciende su cotidianeidad.

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En esta misma línea, Heidegger considera que en la obra se revela la verdad de lo


existente. Esto significa que en la obra hay algo que subyace y que hay que descubrirlo.
Aquello que la obra muestra es lo sugerido, debajo de él están las significaciones, la verdad
o las verdades sobre la condición humana. El arte crea en función de lo que acontece en la
realidad. Pero no la realidad obvia, la praxis concreta. El artista usa ese referente y busca
cómo construir su mundo imaginario y metafórico. La obra instala el mundo en “su mundo”
y nos invita a instalarnos en ese mundo. La obra artística nos cautiva de tal manera que no
queremos desligarnos de ella. Eso sucede en la novela, nos compenetramos de tal modo que
terminamos admirando el ingenio y la creatividad, a la vez que lo sublime. La obra es tan
intensa que, en muchos casos, lo verosímil parece ser verdadero.
Cuando Heidegger habla de la obra como revelación de verdad, sin duda, se refiere
a otro tipo de verdad. No la verdad conceptual, ni la verdad que maneja el especialista en
lógica, historia o ciencias sociales. La obra (pictórica o escritural) revela a su manera la
verdad de la condición humana. Heidegger da a entender que la obra revela con sus
recursos propios la verdad de lo existente. Y de este modo, la obra da a conocer algunos de
los aspectos de la condición humana. Es una imagen capaz de sugerir significaciones que se
abren como diáspora en la mente de los lectores o espectadores.
Ahora bien, ¿cómo es posible que un cuadro tenga la vitalidad y la condensación de
significaciones solo a partir de una imagen? Sin duda, se trata del uso de una técnica y de la
creativa inspiración que hace posible que lo elegido sea capaz de identificar el símbolo
como alegoría y que pueda trasmitir significados trascedentes. Heidegger, hablando de las
botas de Van Gogh, dice que hay algo en la obra que es capaz de hacernos evocar muchas
verdades que sin estar presentes (como realidad objetiva, visible) pueden estar sugeridas.
Dice Heidegger que, al ver “Las botas” de Van Gogh, es posible sentir:
(…) el apagado llamamiento de la tierra, su silencioso regalo del grano maduro y su
inexplicable fracaso en los áridos yermos del campo invernal. A través de ese instrumento
corre la aprehensión sin lamentos por la seguridad del pan, la silenciosa alegría por
haber vencido una vez más la miseria, la angustia ante la llegada del parto y el temblor
ante el acecho de la muerte (HEIDEGGER, 1969: 27).

Esa es, pues, la particularidad de la obra. Es capaz de llegar a las raíces de la


esencia. Y llega a su manera. Tiene su modo de manifestar la verdad de la vida y nuestro
desconcierto ante la muerte. El arte, en su modo particular de instalar una verdad, nos pone

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en contacto con la condición humana. Y ese modo particular de expresarlo termina siendo
sublime.

2. Octavio Paz y las particularidades de la expresión poética


Octavio Paz no pretende la reflexión analítica para indagar por la esencia. Para el
poeta, la reflexión debe ir de la mano de la función literaria a partir de lo verbal. La
expresión de un poeta es un modo particular de revelar una verdad. Tal vez por eso, la
primera percepción de lo poético sean un conjunto de palabras que condensan el efecto
emocional de lo poético. Impacto de significaciones que se trasmiten como palabras que
condensan significados y que parecen balbuceos ante lo desconcertante. La palabra, en
Octavio Paz, estalla ante la sola sensación emocional de lo poético.
Comentemos algunas de sus expresiones: “La poesía es conocimiento, salvación,
poder, abandono” (HEIDEGGER, 1969: 13).Según Octavio Paz, la poesía se presenta como
una forma de relación con el mundo. Es el vínculo entre el hombre, el mundo y el
conocimiento. Cuando Heidegger menciona “salvación” se refiere a la posibilidad de
trascender lo meramente mundano. Si el hombre supera su contingencia y los límites de la
temporalidad, trasciende. Por eso dirá que con la poesía “(…) el hombre adquiere al fin
conciencia de ser algo más que tránsito” (HEIDEGGER, 1969: 13)
Ahora bien, el conocimiento debe entenderse como revelación de mundo. Se
describe lo que es, pero al mismo tiempo se crea otro. La palabra tiene la fuerza suficiente
para crear o expresar ese otro mundo que la sensibilidad del artista puede conocer. Para
Octavio Paz, la poesía provoca cambios. Nos ayuda a entender la realidad y a mirarnos a
nosotros mismos. La poesía contribuyó al perfil de la sensibilidad humana, la sensibilidad
ante la estética. Para Paz, la poesía es una “Operación capaz de cambiar el mundo, la
actividad poética es revolucionaria por naturaleza” (PAZ, 1956: 13) Aquí el cambio no
debe entenderse como una praxis política. Acaso ese fue el error de muchas tendencias
literarias. La poesía moldea la sensibilidad e incide en la actitud de los lectores, pero la
poesía no supone una praxis inmediata. La poesía se niega a pautas doctrinarias o
sugerencias de los partidos políticos.
Paz procede, en esta primera aproximación verbal, al análisis de la lucha de
contrarios. Lucha y complementariedad. La poesía es síntesis dialéctica de esa lucha. Por

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eso dice que la poesía puede entenderse como el:“(…) Arte de hablar en una forma
superior, lenguaje primitivo. Obediencia a las reglas, creación de otras (…) Locura, éxtasis,
logos” (PAZ, 1956:13).
La poesía es síntesis de experiencias o estados de ánimo. La poesía es parte del
logos, de la actividad cognoscitiva, pero también es negación de la racionalidad: la locura.
Si acercamos este planteamiento al de Heidegger, veremos sus reflexiones se
complementan con lo señalado por el filósofo. Para Heidegger la obra es creación que
supone una técnica. La técnica surge de lo que se conoce sobre los modos de expresión. El
artista es capaz de encontrar el modo adecuado de trasmitir su mensaje con fines estéticos.
Heidegger considera que el artista tiene capacidad de metaforizar. Aquí metaforizar se
entiende como la elaboración de un mensaje sustitutivo. La obra siempre instala un segundo
mensaje, una segunda significación. La realidad representada en lo verbal no es lo que es,
es el espejo de las emociones que palpitan, que bullen, que buscan un modo de hacer llegar
una revelación.
En el acto de revelación sale a relucir el mundo personal, subjetivo, pero también
las múltiples voces del mundo que llegan al oído (a la conciencia) del escritor. Por eso Paz
dice que “(…) el poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y
rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal” (PAZ, 1956:13). Nótese
el modo de expresar, el estilo de Paz. Puede afirmarse que Paz poetiza su argumentación
racional.
La poesía llega a nosotros como una propuesta armónica, como la música. Es la
verbalización de múltiples voces, de la poética que está en el mundo. Lo que hace el artista
es recoger ese mensaje e instalarlo en el universo verbal. No de cualquier manera, claro
está. El artista debe hacer que la palabra, elemento de comunicación, deje su función
instrumental y pase a cumplir la función estética. El artista, como dice Heidegger,
transforma la cosidad. Es lo que hace el escultor con la piedra. La piedra es cosa, pero por
la intervención del artista se transforma, trasciende. La piedra se convierte en un elemento
simbólico. Algo se instaló en ella que transformó su sentido. No obstante, la obra no
hubiera sido posible sin la piedra, sin la cosa. Esto mismo sucede con la poesía. La poesía
se instala a partir del imaginario, de la creatividad verbal y sensorial del poeta. Su
inspiración hace posible las metáforas y el símbolo verbal. El poema, sin embargo, es

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posible a partir del universo léxico existente. Con las mismas palabras conocidas en el
lenguaje cotidiano, el poeta construye la obra de arte, explora nuevos significados.
Lo construido termina siendo la obra de arte. Una cosa confeccionada que proviene
de la sensibilidad del artista y de su competencia para construir (crear) versos que
condensan lo emocional, la reflexión, la palabra primitiva o la sensación cósmica. De este
modo, el poema es un producto que expresa un instante y un logos de la palabra. Es un
producto único en un instante único. Octavio Paz lo escribe así: “Por sí misma, cada
creación poética es una unidad autosuficiente. La parte es el todo. Cada poema es único,
irreductible e irrepetible” (PAZ, 1956: 15-16).
El párrafo que acabamos de citar coincide con el planteamiento de Aristóteles
acerca de la poiesis. Para Aristóteles también la obra es un todo en el que se articulan
elementos, palabras, para hacer que se constituya la obra de arte. Se estructuran de tal modo
que, así como están configurados, provocan esa sensación de asombro, desconcierto y
turbación. Si quitáramos un verso o si añadiéramos alguno, la obra dejaría de ser lo que es.
La noción de poiesis también concibe la obra como un ente único en el que nada hay que
falte, ni nada que sobre. La noción de poiesis funciona para la narrativa, la dramática, la
pintura, así como la arquitectura o la música. Son productos únicos. Si admiramos “Edipo
rey” luego de dos mil años es porque se trata de una obra en la que las acciones de la trama
dramática han sido concebidas como se nos presenta en el espectáculo escénico. Es la
forma como ha sido estructurado y dispuesto el desarrollo dramático que hace posible que
la obra sea lo que es. Todo concurre a crear la intensidad dramática. Nada sobra, ni nada
falta. Está lo que tiene que estar.
La obra poética es entendida, entonces, como experiencia única, una experiencia
que supone una instalación y una revelación. La obra, hecha con elementos de la cosidad,
enaltece la cosa. Tal vez por eso Octavio Paz dice:
Palabras, sonidos, colores y demás materiales sufren una transmutación apenas ingresan
en el círculo de la poesía. Sin dejar de ser instrumentos de significación y comunicación,
se convierten en ‘otra cosa’. Ese cambio – al contrario de lo que ocurre en la técnica – no
consiste en abandonar su naturaleza original, sino en volver a ella. Ser ‘otra cosa’ quiere
decir ser ‘la misma cosa’: la cosa misma, aquello que real y primitivamente son (PAZ,
1956: 22).

Octavio Paz hace, finalmente, un claro deslinde entre el conocimiento de la técnica


y lo que es la obra de arte. La obra hace uso de una técnica. Los pintores estudiaban con

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Octavio Paz y Martin Heidegger: acerca de la naturaleza del arte y la poesía. 11

cuidado especial los colores y sus posibilidades. Artista será aquel que, a partir del
conocimiento de la técnica, hace propuestas originales como expresión creativa. Es posible
que transgreda las normas, se aparte de los estilos habituales. Para Octavio Paz, pintores
como Leonardo o Masaccio, son poetas porque: “En ellos la preocupación por los medios
expresivos de la pintura, esto es, por el lenguaje pictórico, se resuelve en obras que
trascienden ese mismo lenguaje” (PAZ, 1956: 27).
En ese trascender los límites de su lenguaje radica la innovación, lo que es
destacable en la expresión. Por eso es que muchas obras terminan en el olvido mientras que
otras son perdurables. Para Paz la palabra es el elemento primigenio, la raíz, la tierra sobre
la que se produce el acto de creación. El lenguaje en sí es parte delo humano. Es imposible
pensar al hombre sin lenguaje o el pensamiento sin lenguaje. El lenguaje moldea el
pensamiento. Y el mensaje, la palabra expresada, no es una fría expresión sintagmática. El
enunciado verbal lleva un ritmo. Puede decirse que: “El poeta encanta al lenguaje por
medio del ritmo. Una imagen suscita a otra. Así, la función predominante del ritmo
distingue al poema de todas las otras formas literarias. El poema es un conjunto de frases,
un orden verbal, fundado en el ritmo”. (PAZ, 1956: 58).
Naturalmente, un poema es algo más que una medida o una direccionalidad. Más
allá de la rima, la obra poética tiene un ritmo interior. Casi como si la obra hubiera
encontrado su melodía natural. El acto de creación del poeta es descubrir ese ritmo que se
complementa con sus versos. Quizá ambos establecen una relación en la que no es posible
separar el verso del ritmo. Paz dice: “Rituales y relatos míticos muestran que es imposible
disociar al ritmo de su sentido” (PAZ, 1956: 58). Al referirnos al sentido no podemos dejar
de vincularlo al tiempo. No el tiempo cronológico, naturalmente. El tiempo, en los poemas,
es distinto. Tiene el aura del tiempo mítico, de ese tiempo que parece detenerse para aludir
al tiempo emocional. Lo que cuenta es la vibración emocional, la eclosión, la palabra
primitiva. Así pues, el tiempo del poema se manifiesta, se instala en ese tiempo que puede
evocar el pasado como si fuera presente, o puede hacer del presente un estadio sin tiempo:
“El poema es tiempo arquetípico, que se hace presente apenas unos libros repiten sus frases
rítmicas. Esas frases rítmicas son lo que llamaremos versos y su función consiste en re-
crear el tiempo” (PAZ, 1956: 65).

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El ritmo se enlaza a la palabra, se ata a ella, para expresar la carga emocional.


Porque lo que el poeta traduce y construye proviene de un estado emocional. Ese estado
emocional debe encontrar la palabra precisa. Entre la palabra y el sentido se produce una
simbiosis. Casi nos parecerá que el mensaje solo puede expresarse de ese modo, con esas
palabras. Acaso por eso Paz define la expresión poética como creación única, irrepetible,
irreductible.
No podemos dejar de mencionar a Michel Foucault, quien al reflexionar sobre el
lenguaje y la obra literaria, advierte que:
(…) la literatura no es aquel hecho bruto de lenguaje que se deja poco a poco penetrar
por la pregunta sutil y secundaria de su esencia y de su derecho a la existencia. La
literatura, en sí misma, es una distancia socavada en el interior del lenguaje, una
distancia recorrida sin cesar y nunca realmente franqueada; finalmente, la literatura es
una especie de lenguaje que oscila sobre sí mismo, una especie de vibración sin moverse
del sitio (FOUCAULT, 1996: 66).

Las reflexiones de Octavio Paz han suscitado diversos comentarios y análisis de


estudiosos. Más que cuestionamientos, se trata de entender qué se propone Paz con sus
reflexiones. Como dijimos inicialmente, nos llamó la atención la particularidad de una
visión analítica que no se desliga de la palabra como medio expresivo, como discurso
creativo a través del estilo. Paz tiene la peculiaridad de ser a la vez que un analista, un
poeta. Por tanto, es conocedor del acto mismo de la creación, de ese proceso en el que
interviene la inspiración, ese estadio de la mente y del ser del hombre que recibe la
revelación. Y la revelación entendida como síntesis de la sensorialidad y la palabra precisa.
Un acto en el que el poeta parece ser solo un mediador, una mano que escribe lo que
proviene de su interioridad.
Lo concreto es que la poesía en sí es un acto emocional. Los intentos de los teóricos
no son otra cosa que un afán de explicar racionalmente la naturaleza de ese acto de
revelación, de la instalación del arte en la palabra.
Para Heidegger, la revelación es la posibilidad de encontrarse a sí mismo. Se trata
de un estado de conciencia, de reconocerse instalado en el mundo. La palabra no sería otra
cosa que la posibilidad de plasmar el conocimiento y la interpretación del mundo o del
estar-en-el-mundo. Escalante advierte que Paz:

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Octavio Paz y Martin Heidegger: acerca de la naturaleza del arte y la poesía. 13

(…) encuentra que el lenguaje entraña una auténtica posibilidad de trascendencia, lo que
en este caso es sinónimo de posibilidad de transformación. Dado que el hombre tiene de
manera esencial la posibilidad de devenir otro, el lenguaje tendría que jugar un papel en
la realización o la puesta en marcha de esta posibilidad. Esto es lo que concluye Paz
cuando afirma: ‘Lo distintivo del hombre no consiste tanto en ser un ente de palabras
cuanto en esa posibilidad que tiene de ser ‘otro’. Y porque puede ser otro es ente de
palabras’ (ESCALANTE, 2014: s/pg.).

La palabra es un todo confeccionado, es único, y como dice Paz, es irreductible.


Aquí la palabra “irreductible” puede ser entendida como inmodificable. Es lo que es, tal
como aparece en el poema. Nada puede hacer variar el poema. La palabra, la obra hecha
arte, es el resultado de esa mágica combinación de elementos que conjugan lo fónico, lo
sensorial de la palabra y sus posibilidades de significación. Porque la palabra en el poema
es significación condensada.
Pero irreductible puede entenderse también, según Franco Carrilero, como la
imposibilidad de someter el poema a encasillamientos a los que suele recurrir la crítica:
Cada poema se ostenta como algo diferente e irreductible, de ahí la impotencia e
inutilidad de las clasificaciones. Es imposible reducir a unas cuantas formas – épicas,
líricas, dramáticas – el poema, ya que ‘todas las actividades verbales, para no abandonar
el ámbito del lenguaje, son susceptibles de cambiar de signo y transformarse en poema,
desde la interjección hasta el discurso lógico (FRANCO, 2014: 117).

El gran dilema para la crítica es que los poemas responden a un acto de creación, a
un origen emocional, a un afán de revelación. Y siendo que la creación es libre, suele
romper con las normas establecidas. Una nueva tendencia suele establecerse a partir de una
contraposición de la anterior. El creador suele subvertir el orden o las clasificaciones.
Para Franco Carrilero, la obra de Paz es “(…) un conjunto encadenado de
trascendencias. Parece una doctrina de tipo casi religioso” (FRANCO, 2014: 118), Esta es
una afirmación discutible. Lo que hace Paz es buscar el punto de encuentro entre la
reflexión filosófica, analítica, con la naturaleza del acto poético. Si Paz dice que la poesía
trasciende los estilos sólo está advirtiendo que los estilos o tendencias pueden ser
coyunturales, y la poesía es permanente o pretende ser perdurable.
No faltan, claro está, estudiosos que pueden encontrar vínculos entre la
espiritualidad, la religión y el acto poético. Si en los orígenes la poesía es un acto vinculado
a la religiosidad se debió a que, como en ningún otro caso, la poesía era la palabra
plasmaba el misterio, los enigmas. En los orígenes, la oración era un poema. Con el tiempo

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y el establecimiento de los pueblos, se fue haciendo un deslinde entre lo mundano y lo


religioso. La poesía, desde que el hombre se plantea muchas interrogantes, va ligada a las
explicaciones míticas de los orígenes. El mito linda con la oración. En la religión subyace
la fe, en la poesía la revelación y la esperanza. La poesía es la verbalización de un estado
emocional, la poesía es sensibilidad en busca de trascendencia.
Robles, basándose en lo que dice Paz, considera que:
(…) mientras la poesía pone el acento en el ser que somos, la religión lo pone más bien en
la separación y en su superación. El hecho es que la poesía se limita a revelarnos lo que
somos, sin interpretación, mientras la religión interpreta. La imagen poética se sustenta a
sí misma, sin necesitar de la demostración racional ni de la recurrencia a un poder
sobrenatural o divino. La poesía es la revelación de sí mismo que el hombre se hace a sí
mismo (ROBLES, 2014: 5).

Mientras la religión hace recaer el misterio en el acto divino al que, además, el


hombre está ligado desde sus orígenes; para Paz la poesía es revelación humana, asumiendo
sus limitaciones, frustraciones y esperanza. La poesía es un espacio para la revelación, pero
de una revelación del hombre asumiendo su dimensión de ente-instalado-en-el-mundo.
Como hemos podido apreciar, tanto Heidegger como Paz analizan el arte
considerándola como un ente único e invariable. Es decir, parten de la noción de poiesis de
Aristóteles (obra entendida como un todo estructurado y con función estética) y que de una
u otra manera se ha venido utilizando como paradigma en los dos mil años de cultura que
llevamos. El concepto aún tiene vigencia y sigue siendo un referente importante para
críticos y creadores.

3. Algunos versos acerca de la esencia de la poesía


Una vez conceptualizado el arte poético como una expresión única e irreductible,
voz de revelación, nos permitimos analizar algunos poemas en los que fluye el testimonio,
la voz honda de Paz sobre la naturaleza del mensaje poético, su experiencia con lo verbal y
el terco afán de dialogar con un tipo de expresión que se diluye pero que a la vez revela el
ser interior del poeta. En “Destino del poeta” podemos leer:
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.
También la luz en sí misma se pierde (LÓPEZ NIEVES, 2015: s/pg).

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Octavio Paz y Martin Heidegger: acerca de la naturaleza del arte y la poesía. 15

Aquí la poesía se presenta ante el escritor como refugio, un lugar donde encontrar o
encontrarse a sí mismo. De allí la petición de querer perderse en el valioso y complejo
mundo de las palabras. Las palabras por sí mismas parecen ser un ámbito, pero un ámbito
en el que todo se desvanece. Nada es perpetuo, constante. El poeta quisiera ser un soplo
vagabundo, sin destino, pero ese soplo se desvanece. Y como para reafirmar la negación a
lo perenne, afirma que aún la luz, que parece constante, se desvanece. Estamos, pues, en el
eje de la contraposición entre lo que es fijo, invariable, perpetuo/ y lo que se desvanece, lo
que se pierde: entre el ser y el no-ser. De este modo, el refugio de las palabras nada
asegura.
En otro poema que titula “El sediento”, nos encontramos nuevamente con esa
actitud dialógica en el que el poeta quiere comunicar su desazón. Se trata de una poesía
confesional, en la que el poeta revela su búsqueda. Así pues, la poesía para Paz es diálogo,
es voz desde lo más hondo y lo más auténtico del ser. La poesía, en medio de sus
imperfecciones, es parte y reflejo del hombre. Es parte de un espacio en el que no parece
haber salida:
Por buscarme, Poesía, en ti me busqué:
deshecha estrella de agua, se anegó en mi ser.
por buscarte, Poesía,
en mi naufragué (LÓPEZ NIEVES, 2015: s/pg.).

La poética de Paz recurre a la expresión creativa desde lo verbal. Los tú/ yo, se
intercambian de manera precisa. En un caso el escritor expresa que por buscarse a sí
mismo, buscó la poesía (personalizada). Casi un juego frásico: buscarme/ busqué. Parte de
la idea que la poesía podía ser un espacio en el que se puede encontrar una explicación a la
naturaleza de sí mismo, ese yo que uno pretende conocer, ese yo que gobierna nuestras
emociones.
Ahora bien, en el tercer y cuarto verso, la expresión cambia. El poeta ya no habla de
/buscarme/ sino de /buscarte/, y esa búsqueda termina en el naufragio de sí mismo.
Nótese que las relaciones entre poeta y obra poética insinúan un camino no muy
fácil. Si se pretendió que la poesía fuera un refugio, un ámbito en el que se encontraran
explicaciones a los inexplicables (los inexplicables subjetivos del yo profundo, se entiende)
resulta que tal búsqueda en la naturaleza de la poesía, en los múltiples y complejos rostros

Mnemosine Vol.13, nº2, p. 3-19 (2017) – Parte Especial


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de la naturaleza de lo poético, termina con una frase que revela cierta frustración: “en mí
naufragué”. Pero a la vez, la búsqueda de la poesía puede suponer un desprendimiento, una
dedicación absorbente, un olvidarse de sí mismo, al punto de sentir que se siente un
náufrago.
¿Qué es un náufrago? ¿Qué es un naufragio? Se entiende como una pérdida grande,
una desgracia, un acontecimiento de gran repercusión. En suma, lo hecho termina siendo
una búsqueda frustrada. Pero náufrago sugiere también la idea de alguien que se ha perdido,
que ha quedado abandonado. Algo de eso es lo que pretende trasmitir el poeta. Como la
naturaleza de lo poético es la plurisignificatividad, los significados se abren como diáspora
y el lector se ve ante ese mensaje que es uno y varios a la vez.
Después solo te buscaba
para huir de mí
¡espesura de reflejos
en que me perdí! (LÓPEZ NIEVES, 2015: s/pg).

Pero la poesía no es un espacio que hace posible la evasión. Tampoco lo admite la


conciencia, el sí mismo. Tal vez es un instante de gozo estético. Luego, al volver a la
realidad se vuelve a encontrar con lo mundano, con la humanidad, consigo mismo:
Mas luego de tanta vuelta
otra vez me vi
el mismo rostro anegado
en la misma desnudez,
las mismas aguas de espejo en la que no he de beber,
y en el borde del espejo
el mismo muerto de sed (LÓPEZ NIEVES, 2015: s/pg).

Aquí nuevamente nos encontramos con las contraposiciones. Entre lo permanente e


invariable/ y lo momentáneo, efímero. La búsqueda de la expresión, el afán de interpretar
desde lo verbal y con lo verbal no supone un trasportarse a otro estadio. Hay un momento
en el que se vuelve a la realidad. El gozo de lo estético desde las palabras es momentáneo.
Al volver a la realidad, al mundo, otra vez se encuentra con los orígenes, con un cuerpo,
con su metafórica desnudez, y otra vez muerto de sed. El poema es, desde luego, un
instante, un transcurrir, un itinerario del que se regresa a lo anterior, y el ser es lo sido.
Estamos en el punto del que se partió. Pere Gimferrer, en el prólogo a “Piedra de sol” dice:

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Octavio Paz y Martin Heidegger: acerca de la naturaleza del arte y la poesía. 17

La esencia de un poema contemporáneo consiste en la organización de un material verbal


y sígnico en la página en blanco, y, cuando terminamos nuestro recorrido –nuestro
itinerario- todo poema nos devuelve al blanco, en cuyo silencio sigue resonando el eco de
la palabra, como un espejo que fuese a la vez una proyección de nuestra conciencia
(GIMFERRER, 1998, p. 21).

Pareciera que es una constante en Paz, porque el mismo Gimferrer advierte que este
volver al punto de partida es un rasgo que caracteriza “Puerta de sol”:
No es que empiece igual que termina, sino que sabemos que tras lo que es el final de
nuestra lectura volverá a empezar, a la vez inalterable en su curso cíclico e imposible de
percibir fuera de él; solo existe en movimiento, pero ese movimiento repite siempre la
misma parábola… (GIMFERRER, 1998: 20)

Paz no concibe la obra poética sino como posibilidad de expresión y ruptura. Al igual que
Vallejo, explora lo verbal para encontrar el punto preciso en el que lo verbal sea una
innovación al trasmitir el mensaje. Es como si el mensaje poético solo tuviera un modo de
expresión. Por eso, Fernández Cozman advierte que:
Paz se sitúa sólidamente en el ámbito de la modernidad y se vincula a ciertas propuestas
vanguardistas que subrayan la necesidad de violentar el lenguaje y así construir un texto
de ruptura que sea un cuestionamiento no solo del concepto clásico de armonía, sino
también del canon realista decimonónico (FERNÁNDEZ COZMAN, 2004: 61).

El poeta establece un diálogo íntimo entre su subjetividad y la naturaleza de lo


poético. Lo poético es objetivado, personalizado:
Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra (LÓPEZ NIEVES, 1998: s/pg).

Se trata del encuentro de dos esencias, de dos substancias. Uno existe con el otro.
Uno y otro se han juntado, como en las bodas. Uno es cuerpo y a la vez es alma que toca al
otro, que es substancia intocable. La presencia de lo poético, la poesía a partir de la
percepción del poeta, atraviesa el ser existente, es lo que da unidad al interior del poeta.
Más adelante dirá:
porque tan solo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan solo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,

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substancia de mi alma (LÓPEZ NIEVES, 1998: s/pg).

La condición de artista de un creador reposa en el arte que produce. Como dice


Heidegger, uno da sentido al otro. El arte no existe sin el artista; y el artista no es tal sin el
arte poética, sin la obra. De allí el sentido de la frase: “tan solo existo porque existes” La
escultura es la imagen dentro de la piedra. La piedra no es arte. Es masa que sirve para
forjar el arte. El artista descubre lo que se esconde en la piedra, en el mármol. Se trata de
descubrir las “secretas sílabas” y ponerlas en esa combinatoria verbal que es el poema, la
obra de arte.
El poema es inasible, es revelación invisible, es voz desde lo más profundo. Pero a
la vez, más allá de lo individual, es voz del mundo. O mejor, es voz individual que se ha
llenado de mundo. Es realidad y a la vez ilusión.
Eres tan solo un sueño
pero en ti sueña el mundo
y en tu mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra (LÓPEZ NIEVES, 1998: s/pg).

La poesía es totalidad. Abarca los principios de la vida y la muerte. Y otra vez


estamos ante los ejes dicotómicos: es construcción/destrucción. Se destruye lo que se ama,
pero también se revive lo que se destruye. Vida y muerte están ligados inexorablemente. Lo
que hace Paz es poner en verso ese círculo, ese recorrido inevitable de la existencia
humana, ese acto en el que el hombre es partícipe del acto de creación, esa inevitable
destrucción que lleva como germen dentro de sí mismo.
En resumen, lo que hemos apreciado son un conjunto de reflexiones sobre el arte y
sus particularidades en el arte poético. A partir de los planteamientos de Heidegger, Paz
destaca la particular disposición de los humanos a crear, a buscar una expresión que le
permita trasmitir su estado emocional. Y más que eso, lo poético es un tipo de
verbalización y metaforización con doble propósito: expresión e innovación, aunque esto

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último suponga necesaria ruptura de los manifiestos verbales anteriores. La revisión de


algunos poemas nos ha permitido reforzar la idea de Paz sobre la poesía y la actitud
dialogante ante temas estéticos y metafísicos.

Referencias Bibliográficas
ESCALANTE, Evodio. El camino de Paz hacia el arco y la lira. 2014. Disponible en:
[Link] Aceso: el 19 de abril 2012.
FERNÁNDEZ COZMAN, Camilo. El cántaro y la ola. Lima: ANR, 2004.
FOUCAULT, Michel. Lenguaje y literatura. Barcelona: Ediciones Paidós, 1996.
FRANCO, Maria. Octavio Paz frente a la teoría poética. 2014. Disponible en:
[Link]: diciembre de 2015.
GIMFERRER, Pere. Piedra de sol, prólogo. In: PAZ, Octavio. Piedra de sol. Barcelona:
ediciones Mondadori, 1998.
HEIDEGGER, Martin. Sendas perdidas. Buenos Aires: Losada, 1969.
LÓPEZ NIEVES, Luís. Poemas de Octavio Paz (1998). Disponible: [Link].
[Link]/texto/la poesía-3. Aceso: diciembre 2015.
LÓPEZ NIEVES, Luís. Poemas de Octavio Paz. Disponible:
[Link]. Aceso: diciembre, 2015 s/n.
PAZ, Octavio. El arco y la lira. México: Fondo de Cultura Económica, 1956.
ROBLES, Amando. Naturaleza poética de la espiritualidad. 2014. Disponible:
[Link]. Aceso: diciembre 2015.

Eduardo Huárag Álvarez


Pontificia Universidad Católica del Perú
Doctor en Lengua y Literatura en la Pontificia Universidad Catolica del Peru
Email: ehuarag@[Link]

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