Un ensayo es una composición
literaria que tiene por objeto
presentar las ideas del autor sobre un tema y que se centra, por lo
general, en un aspecto concreto. Con frecuencia, aunque no siempre,
el ensayo es breve y presenta un estilo informal. El género se
diferencia así de otras formas de exposición como la tesis, la
disertación o el tratado.
El reflexivo Arturo Uslar Pietri habla en su ensayo “De una a otra
Venezuela” sobre dos Venezuelas completamente distintas. Una es la
“Venezuela Fingida”, a la que describe como la Venezuela en la que
vivimos ciegamente, un país donde los sistemas de servicio público
como la educación y sanidad, son totalmente dependientes del
petróleo, el producto no renovable del cual se basa la economía de
este país. El autor resalta también que la “Venezuela Fingida” es
consumista y derrochadora y que se encuentra condenada a muerte,
ya que cuando se acabe el petróleo las necesidades de este país no
podrán ser saciadas.
El autor también nos habla de una “Venezuela Real”, que es aquella
donde se encuentran las empresas, industrias y el campo productivo,
que son los generadores de riqueza permanente, es decir, es aquella
Venezuela que no depende de la renta petrolera.
El autor resalta una triste verdad que llama a la reflexión, y es que la
capacidad de producir riquezas de la “Venezuela Real” se encuentra
infinitamente por debajo de las necesidades que se han creado en la
“Venezuela Fingida”. De ahí la gran verdad de la frase “debemos
sembrar el petróleo”, que quiere decir que debemos invertir el
petróleo en una Venezuela productora, en la Venezuela real. Por
esta razón Arturo Uslar Pietri hace un llamado a la conciencia de los
gobernantes, políticos y empresarios, para que cada día dependamos
menos del petróleo, para que creemos una Venezuela fuerte que
pueda cubrir las necesidades de los venezolanos sin siquiera pensar
en el petróleo.
sábado, 8 de mayo de 2010
Ziona
"
ARTURO USLAR PIETRI: "DE UNA A OTRA
VENEZUELA"
Ziona
Otro ensayista que dedicó la mayor parte de su vida a estudiar los aspectos más sobresalientes
de nuestros orígenes, evolución, destino y transformación como nacionalidad, fue Mario
Briceño Iragorry (1897-1958). Sus biografías responden a ese mismo espíritu que buscó
siempre asentar en la tradición y en la gesta histórica del pueblo venezolano su más firme
expediente para el progreso, tal como lo afirma José Ramón Medina. La crítica literaria ha
tenido igualmente en Rafael Angarita Arvelo (1898-1971) un consecuente y esforzado
estudioso. Su historia y crítica de la novela en Venezuela es una contribución al juicio y
valoración de ese género en Venezuela. Entre los últimos de ese período, por ubicación
cronológica, también ha de mencionarse a José Nucete Sardi (1897-1972), quien ha cumplido
en el campo de la historiografía nacional una importante labor con temas de literatura y arte, de
igual modo en el constante y atractivo género de la biografía. Algunas de sus obras
ensayísticas más destacadas son: El escritor y civilizador Simón Bolívar, Cuadernos de
Indagación e impolítica, Notas sobre la pintura y la escultura en Venezuela y Huellas en
América.
Arturo Uslar Pietri, quien recientemente cumplió noventa años, cuenta con amplia audiencia
dentro y fuera del país. También novelista de primer orden, en el campo del ensayo es muy
importante su producción y abarca tanto lo literario como lo histórico, lo político y lo económico,
lo cual lo reágvela plenamente como una de las personalidades más destacadas de la cultura
actual. Tenemos así: Letras y Hombres de Venezuela, De una a otra Venezuela, Apuntes para
retratos, La ciudad de nadie y Las Nubes. (Nota: este autor ya está fallecido para el momento
de la publicación de esta página del blog).
Insertamos aguí el nombre de Luis Beltrán Guerrero (1914), quien mantiene siempre vivo la
pluma para escribir sus impresiones y reflexiones americanistas, estéticas, vivenciales,
poéticas literarias recogidas en la infinita serie de Candideces, que aún hoy día se
continúan. Este cuadro cubre los primeros cincuenta años del siglo XX, que cerramos
-convencionalmente- con la importantísima figura de Mariano Picón Salas (1901- 1965). Sin
dejar de incursionar brillantemente en otros géneros, como el de la biografía o la novela, Picón
Salas es sobre todo considerado como ensayista. Penetrante en la mejor línea de la cultura
contemporánea, es, sin discusión, nuestro máximo ensayista del período. Como lo señala
Ricardo Latcham al prólogo de sus Ensayos escogidos, "pocas mentes continentales encierran
una potencia esclarecedora como la de Picón Salas...", y sigue "En sus novelas y ensayos, en
sus crónicas y esquemas interpretativos de la realidad social e histórica, se confunden la
seducción del estilo primoroso y la austeridad del pensamiento...su genialidad prolifica en lo
eminentemente ensayístico y su ensayismo es producto de una heroica vocación" (p.XXI).
Tenemos que mencionar sus ensayos contenidos en Comprensión de Venezuela y Los últimos
días de Cipriano Castro. Tanta cultura y tanta madurez ha dejado su semilla, la obra de Picón
Salas ha sido revalorizada en forma amplia y profunda por las nuevas generaciones de jóvenes
ensayistas que descubren y reconocen en él al padre del ensayo actual. Uno de los últimos y
más completos trabajos es el de Simón Alberto Consalvi titulado Profecía de la palabra, vida y
obra de Mariano Picón Salas.
Explicar la prolongación en el tiempo actual se hace necesario, aún cuando sea solamente para
señalar ciertas tendencias y algunos nombres De ahí la levedad de una aproximación, la cual
hacemos con más preguntas e interrogaciones que con respuestas. Y es que sería una osadía
presentar afirmaciones de un momento en el cual aún se están gestanto las obras. Lo
inmediato, lo actual no nos permite tener una perspetiva interpretativa o de conjunto que
solamente se adquiere con un distanciamiento espacio-temporal. Así pues, si el género del
ensayo es el vehículo por excelencia -en Latinoamérica y en Venezuela- para expresar
preocupaciones de orden político-social, ¿el ensayo actual expresa tal preocupación o tiende
más bien hacia lo personal?, ¿forma parte de la conciencia nacional o se está divorciando de
ella?, ¿hay continuidad o cambios estructurales actualmente en el género?...
Sobre todo podemos hablar de cierta continuidad de va de los años 70 hasta la actualidad
(hubo un pequeño paréntesis entre los 50 y 60). Sorprendemos igualmente al ensayista de hoy
preocupado -como antes y como siempre- de la vida nacional. Nunca ha habido divorcio en
nuestros países entre el artista y la vida. Vida y arte articulados en la médula de cultura. Se han
podido notar algunos cambios: de un pensamiento americanista de fines del siglo XIX a
principios del XX a uno más nacional de mediados de siglo, y finalmente al actual que va de lo
personal para dirigirse inexorablemente a lo político-nacional. Conocerse para conocer, como
en una extraordinaria espiral se da un proceso de adentro hacia afuera. Son -como siempre-
tiempos de concientización, es la hora de los balances, ahí la proliferación de creadores que se
dedican al ensayo y a la investigación literaria.
La lista se hace necesaria, pero con el peligro de cualquier selección. Empezamos con Juan
Liscano, preocupado por la cultura, la identidad nacional y la espiritualidad, que expresa sobre
todo en su libro ensayístico de 1977 Espiritualidad y literatura: una relación tormentosa.
Guillermo Sucre y Rafael Cadenas, profesores de Universidad Central de Venezuela destacan
por su importante labor de ensayistas. Del primero es reconocido su libro La máscara, la
transparencia (1975) y del segundo, poeta sobre todo, sus obras Literatura y vida (1972),
Realidad y literatura (1979) y el más reciente de 1983 titulado Anotaciones. En todos ellos, muy
poéticos, el artista es también el hombre que siente al país dentro de sí mismo. El sensible
José Balza, es uno de los más reconocidos de las nuevas generaciones de creadores
venezolanos, con gran sentido del enfoque estético debemos mencionar Lectura transitoria
(sobre Rafael Cadenas),, El fiero (y dulce instinto terrestre) y los Ensayos invisibles que
muestra a través de un texto poético-ensayístico sus preferencias por la música, el bolero,
Alfredo Sadel... En el tema de la historia, que es una constante en la ensayística nacional de
todos los tiempos, destaca Manuel Caballero desde una perspectiva política de actualidad.
Filósofos y ensayistas son Juan Nuño y Ludovico Silva. No debemos dejar de mencionar a
Armando Rojas Guardia, Francisco Rivera, Oscar Rodríguez Ortiz, Miguel Angel Campos,
Domingo Miliani, Eugenio Montejo...
Al concluir con estos nombres el recorrido hecho, ha sido para mostrar el esplendor del ensayo
y su importancia en nuestra inquietante historia cultural, que necesariamente se expresa a
través de este género literario. Además responde a la necesidad de germinar una expresión
auténticamente propia, original. Tierra americana donde nace una extraordinaria flor
ensayística a través de escritores que son los legitimadores de nuestro pensamiento más
original. Pensamiento que busca afanosamente la corroboración de nuestra identidad e
independencia cultural.
ARTURO USLAR PIETRI
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DE UNA A OTRA VENEZUELA (ENSAYO)
Ante los venezolanos de hoy está planteada la cuestión petrolera con un dramatismo, una
intensidad y una trascendencia como nunca tuvo ninguna cuestión del pasado. Verdadera y
definitiva cuestión de vida o muerte, de independencia o esclavitud, de ser o no ser. No se
exagera diciendo que la pérdida de la Guerra de Independencia no hubiera sido tan grave, tan
preñada de consecuencias irrectificables, como una Venezuela irremediablemente y
definitivamente derrotada en la crisis petrolera.
La Venezuela por donde está pasando el aluvión deformador de esta riqueza incontrolada no
tiene sino dos alternativas extremas. Utilizar sabiamente la riqueza petrolera para financiar su
transformación en una nación moderna, próspera y estable en lo político, en lo económico y en
lo social; o quedar, cuando el petróleo pase, como el abandonado Potosí de los españoles de
la conquista, como la Cubagua que fue de las perlas y donde ya ni las aves marinas paran,
como todos los sitios por donde una riqueza azarienta pasa, sin arraigar, dejándolos más
pobres y más tristes que antes.
A veces me pregunto qué será de esas ciudades nuevas de lucientes casas y asfaltadas calles
que se están alzando ahora en los arenales de Paraguaná, el día en que el petróleo no siga
fluyendo por los oleoductos. Sin duda quedarán abandonadas, abiertas las puertas y las
ventanas al viento, habitadas por alguno que otro pescador, deshaciéndose en polvo y
regresando a la uniforme desnudez de la tierra. Serán ruinas rápidas, ruinas sin grandeza, que
hablarán de la pequeñez, de la mezquindad, de la ceguedad de los venezolanos de hoy, a los
desesperanzados y hambrientos venezolanos del mañana.
Y eso que habrá de pasar un día con los campamentos de Paraguaná o de Pedernales hay
mucho riesgo, mucha trágica posibilidad de que pase con toda esta Venezuela fingida, artificial,
superpuesta, que es lo único que hemos sabido construir con el petróleo. Tan transitoria es
todavía, y tan amenazada está como el artificial campamento petrolero en el arenal estéril.
Esta noción es la que debe dirigir y determinar todos los actos de nuestra vida nacional. Todo
cuanto hagamos o dejemos de hacer, todo cuanto intenten gobernantes o gobernados debe
partir de la consideración de esa situación fundamental. Habrá que decirlo a todas horas,
habría que repetirlo en toda ocasión. Todo lo que tenemos es petróleo, todo lo que disfrutamos
no es sino petróleo casi nada de lo que tenemos hasta ahora puede sobrevivir al petróleo. Lo
poco que pueda sobrevivir al petróleo es la única Venezuela con que podrán contar nuestros
hijos.
Eso habría que convertirlo casi en una especie de ejercicio espiritual como los que los místicos
usan para acercarse a Dios. Así deberíamos nosotros llenar nuestras vidas de la emoción del
destino venezolano. Porque de esa convicción repetida en la escuela, en el taller, en el arte, en
la plaza pública, en junta de negociantes, en el consejo del gobierno, tendría que salir la
incontenible ansia de la acción. De la acción para construir en le Venezuela real y para la
Venezuela real. De construir la Venezuela que pueda sobrevivir al petróleo.
Porque desgraciadamente hay una manera de construir en la Venezuela fingida que casi nada
ayuda a la Venezuela real. En la Venezuela fingida están los rascacielos de Carcas. En la
Venezuela real están algunas carreteras, los canales de irrigación, las terrazas de conservación
dde suelos. En la Venezuela fingida están los aviones internacionales de la Aeropostal. En la
Venezuela real los tractores, los arados, los silos.
Podríamos seguir enumerando así hasta el infinito. Y hasta podríamos hacer un balance un
balance. El balance nos revelaría el tremendo hecho de que mucho más hemos invertido en la
Venezuela fingida que en la real.
Todo lo que no puede continuar existiendo sin el petróleo está en la Venezuela fingida. En la
que pudiéramos llamar la Venezuela condenada a muerte petrolera. Todo lo que pueda seguir
viviendo, y acaso con más vigor, cuando el petróleo desaparezca, está en la Venezuela real.
Si aplicáramos este criterio a todo cuanto en o público y en lo privado hemos venido haciendo
en los últimos treinta años, hallaríamos que muy pocas cosas no están, siquiera parcialmente,
en el estéril y movedizo territorio de la Venezuela fingida.
Preguntémonos por ejemplo si podríamos, sin petróleo, mantener siquiera un semestre nuestro
actual sistema educativo. ¿Tendríamos recursos, acaso, para sostener los costosos servicios y
los grandes edificios suntuosos que hemos levantado? ¿Tendríamos para sostener la ciudad
universitaria? ¿Tendríamos para sostener sin restricciones la gratuidad de la enseñanza desde
la escuela primaria hasta la Universidad? Si nos hiciéramos con sinceridad estas preguntas
tendríamos que convenir que la mayor parte de nuestro actual sistema educacional no podría
sobrevivir al petróleo. Sin asomarnos, por el momento, a la más ardua cuestión, de si ese
costoso y artificial sistema está encaminado a iluminar el camino para que Venezuela se salve
de la crisis petrolera, está orientado hacia la creación de una nación real, y está concebido para
producir los hombres que semejante empresa requiere.
Parecida cuestión podríamos plantearnos en relación con las cuestiones sanitarias. Todos esos
flamantes hospitales, todos esos variados y eficientes servicios asistenciales y curativos,
pueden sobrevivir al petróleo? Yo no lo creo.
La tremenda y triste verdad es que la capacidad actual de producir riquezas de la Venezuela
real está infinitamente por debajo del volumen de necesidades que se ha ido creando la
Venezuela artificial. Esta es escuetamente la terrible realidad, que todos parecemos
empeñados en querer ignorar.
Por eso la cuestión primordial, la primera y la básica de todas las cuestiones venezolanas, la
que está en la raíz de todas las otras, y la que ha de ser resuelta antes si las otras han de ser
resueltas algún día, es la de ir construyendo una nación a salvo de la muerte petrolera. Una
nación que haya resuelto victoriosamente su crisis petrolera que es su verdadera crisis
nacional.
Hay que construir en la Venezuela real y par la Venezuela permanente y no en la Venezuela
artificial y par la Venezuela transitoria. Hay que poner en la Venezuela real los hospitales, las
escuelas, los servicios públicos y hasta los rascacielos, cundo la Venezuela real tenga para
rascacielos De lo contrario estaremos agravando el mal de nuestra dependencia, de nuestro
parasitismo, de nuestra artificialidad. Utilizar el petróleo para hacer cada día más grande y
sólida la Venezuela real y más pequeña, marginal e insignificante la Venezuela artificial.
¿Quién se ocuparía de curar o educar a un condenado a muerte? ¿No sería una impertinente e
inútil ocupación? Lo primero es asegurar la vida. Después vendrá la ocasión de los problemas
sanitarios, educacionales. ¿De que valen los grandes hospitales y las grandes escuelas si
nadie está seguro de que el día en que se acabe el petróleo no hayan de quedar tan vacíos,
tan muertos, tan ruinosos, como los campamentos petroleros de Paraguaná o de Pedernales?
Lo primero es asegurar la vida de Venezuela. Saber que Venezuela, o la mayor parte de ella,
ya no está condenada a morir de muerte petrolera. Hacer todo para ello. Subordinar todo a ello.
Ponernos todos en ello.
¿Por qué? Porque en estos tiempos se vive en la “Venezuela fingida” que en un momento
determinado este escritor nos advirtió.
Venezuela es hoy un país desgraciadamente condenado a la dependencia petrolera. Es
indignante ver cómo el país poco a poco se consume en la necesidad de la extracción petrolera
para poder subsistir; es injusto ver la amplia necesidad de inversión nacional mientras los
gobernantes se dedican a hacer perecer el futuro. Nos encontramos en una “Venezuela
fingida”, de la cual la ciudadanía le corresponde despertar.
Como lo mencionó Uslar Pietri, en la Venezuela real lo que verdaderamente importa es
producción nacional para poder garantizar un futuro próspero; en ese escenario se comienza
trabajando el campo, la ganadería, se garantiza la educación y que el sistema educativo esté
acorde a las necesidades públicas. ¿Encontramos eso el día de hoy? No lo creo…
¿Cómo es la Venezuela fingida del día de hoy?
La Venezuela fingida que vivimos hoy en día ya no tiene líneas aeroportuarias óptimas, ya no
tienen rascacielos lujosos, ya no tiene carreteras seguras o confianza ciudadana… Nos
encontramos en un estado de “default integral” donde la maquinaria pública se ha vuelto
obsoleta en términos de resultados, el sector privado continúa huyendo del país y la población
añora una libertad convertida en “aires” de esperanza.
El día de hoy nos encontramos un país impregnado de superficialidad, fanatismo, total
dependencia extranjera y petrolera. Nos encontramos cegados por las vendas del moralismo
político que, poco a poco, carcome y desintegra familia, instituciones y desarrollos
trascendentales. ¿A dónde va el dinero que entra en la nación gracias al petróleo? No se ve en
alguna entidad, institución, o ciudadanía … Por el contrario, lo vemos en las caras que claman
ayuda, en los niños que buscan tener un mejor lugar para vivir, en las familias separadas y en
las voces que quieren manifestar su oposición a las tiránicas leyes nacionales.
“La Venezuela fingida de hoy es peor de lo que imaginamos, es peor de lo que vemos en las
noticias y peor de lo que te pueden llegar a contar…” – Anónimo.
Llegaremos a la Venezuela real cuando el conformismo cese en la mayor parte del país, cuando
la apatía ya no sea parte del vocabulario de las personas y en lugar de lamentarse por no tener
cómo vivir, salir a reclamar por una inversión nacional justa. Llegaremos a la Venezuela real
cuando nos demos cuenta de que no es suficiente tener comida hoy, sino tener la confianza
que mañana habrá.
Cuando la alta superficialidad social y el clasismo se reduzca en el país, nos daremos cuenta de
que llegar a la Venezuela real sí es posible, con una verdadera (y honesta) unidad entre todos
los ciudadanos.