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NT1 Guía Basada en El Libro de Ray C. Stedman

El documento resume los eventos históricos que ocurrieron durante los 400 años entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Describe cómo el centro de poder mundial cambió de Oriente a Occidente, con el imperio persa siendo reemplazado por el imperio griego bajo Alejandro Magno. También explica cómo Palestina fue controlada sucesivamente por Egipto y Siria durante este período, y cómo las profecías de Daniel predijeron con precisión estos eventos.
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NT1 Guía Basada en El Libro de Ray C. Stedman

El documento resume los eventos históricos que ocurrieron durante los 400 años entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Describe cómo el centro de poder mundial cambió de Oriente a Occidente, con el imperio persa siendo reemplazado por el imperio griego bajo Alejandro Magno. También explica cómo Palestina fue controlada sucesivamente por Egipto y Siria durante este período, y cómo las profecías de Daniel predijeron con precisión estos eventos.
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AVENTURÁNDONOS EN EL CONOCIMIENTO DE LA BIBLIA

por Ray C. Stedman con James D Denney

CONTENIDO:

Los 400 años de silencio 2

El mensaje de Mateo 7

El mensaje de Marcos 14

El mensaje de Lucas 23

El mensaje de Juan 28

El mensaje de Hechos 34

Guía preparada por Margarito H. Glez.


LOS 400 AÑOS DE SILENCIO

Al final del libro de Malaquías en el Antiguo Testamento, la nación de Israel se


encuentra de nuevo en la tierra de Palestina después de la cautividad babilonia, pero se
encuentran bajo el dominio de la gran potencia mundial de aquella época, el imperio persa y
medopersa. El templo había sido restaurado en Jerusalén, aunque era un edificio mucho más
pequeño que el que construyó y decoró Salomón con tan maravillosa gloria. En el templo la
línea de Aarón seguía adorando y cumpliendo los rituales sagrados, como les había ordenado
que hicieses la ley de Moisés. Había una línea directa de descendencia en el sacerdocio que
podía trazarse retrospectivamente hasta Aarón.

Pero la línea real de David se había encontrado con una mala época. El pueblo sabía
quién era el sucesor legítimo de David y su nombre aparece en los libros de Hageo, Zacarías
y Malaquías. Era Zorobabel, el príncipe real, pero no había un rey ocupando el trono de Israel
y eran una nación marioneta, bajo el dominio de Persia. Sin embargo, a pesar de encontrarse
en una situación de debilidad y de formalismo, como nos han mostrado los profetas, el pueblo
seguía manteniéndose unido. No había cismas políticos ni facciones entre ellos, ni estaban
tampoco divididos en grupos o en partidos.

Al abrir el Nuevo Testamento en el libro de Mateo, descubrimos un ambiente


totalmente diferente, casi como si fuese un mundo distinto. Roma es el poder dominante en
la tierra y las legiones romanas se han extendido por todo lo ancho y largo del mundo
civilizado. El centro de poder ha cambiado del este al oeste, a Roma. Palestina sigue siendo
un estado marioneta, pues los judíos no lograron nunca recuperar su soberanía, pero ahora
hay un rey que ocupa el trono, pero este rey es descendiente de Esaú en lugar de serlo de
Jacob, y su nombre es Herodes el Grande. Además, los sumos sacerdotes que son en esa
época la autoridad religiosa en la nación no son ya descendientes pertenecientes a la línea de
Aarón. No pueden trazar su descendencia a él, sino que son más bien sacerdotes contratados
para los cuales su puesto se debe al patrocinio político. El templo sigue siendo el centro de
la adoración judía, a pesar de que el edificio ha sido parcialmente destruido y reconstruido
media docena de veces desde el final del Antiguo Testamento. Pero han aparecido las
sinagogas por todas las ciudades judías parecen ser el centro de la vida judía más que el
templo.

Para entonces el pueblo de Israel estaba dividido en tres partidos principales. Dos de
ellos, los fariseos y los saduceos, eran mucho más destacados que el tercero. El grupo más
reducido, el de los esenos, apenas merecía el nombre de partido. Sin embargo, hace mucho
tiempo que ocuparon un lugar de gran prominencia en nuestro tiempo con una mayor
importancia porque había algunos documentos ocultos en unas cuevas que daban sobre el
Mar Muerto, documentos que salieron de nuevo a la luz al descubrirlos accidentalmente un
pastorcillo árabe y se conocen como los Rollos del Mar Muerto. Ahora bien, ¿qué sucedió
durante estos cuatrocientos años llamados "de silencio después de que los últimos profetas
inspirados y los primeros escritores del Nuevo Testamento comenzasen a escribir?
Recordarán ustedes lo que dijo Pablo en su epístola a los Gálatas donde dice: "Cuando vino
la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley. (Gál. 4:4)
En otras palabras, el momento del nacimiento del Señor fue la hora fijada por Dios, el

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momento para el que Dios llevaba mucho tiempo preparándose. Sin embargo, algunos de los
emocionantes preparativos tuvieron lugar durante ese tiempo de "silencio, y entenderán
ustedes mucho mejor su Nuevo Testamento si entienden algo de los acontecimientos
históricos que sucedieron durante el tiempo entre los Testamentos.

Después de que Malaquías acabase sus profecías y se cerraba el canon del Antiguo
Testamento, es decir, cuando se cumplía el número de los libro del Antiguo Testamento y los
profetas inspirados dejaron de hablar, Dios permitió que transcurriese un período de tiempo
para que las enseñanzas del Antiguo Testamento penetrasen por todo el mundo. Durante este
tiempo, hizo una nueva disposición de las escenas de la historia, de una manera muy parecida
a como los encargados de un escenario de teatro preparan el escenario antes de que caiga el
telón y cuando se levanta de nuevo hay una escena completamente distinta. Alrededor del
año 435 a. de C., cuando el profeta Malaquías dejó de escribir, el centro de la potencia
mundial comenzó a cambiar de oriente a occidente. Hasta ese momento, Babilonia había sido
la principal potencia mundial, pero a esto siguió rápidamente el Imperio Medopersa, como
recordarán ustedes de sus estudios de historia antigua. Este cambio había sido anunciado por
el profeta Daniel, que dijo que se levantaría un oso que sería más alto en un lado que en otro,
representando la división entre Media y Persia, con el predominio de los persas (Dan. 7:5).

En el momento más álgido de la potencia persa se irguió la nación de Macedonia (que


actualmente conocemos como Grecia) al norte del Mar Negro, donde un hombre llamado
Felipe el macedonio, se convirtió en dirigente de su propio país. Unió las islas de Grecia y se
convirtió en su gobernador. Su hijo estaba destinado a convertirse en uno de los más
importantes dirigentes mundiales de todos los tiempos y fue Alejandro Magno. En el 330 a.
de C. una terrible batalla entre los persas y los griegos cambió radicalmente el curso de la
historia. En esa batalla, Alejandro, que era un joven de solo veinte años, llevó a los ejércitos
de Grecia a la victoria sobre los persas y destruyó por completo el poder de Persia. El centro
del poder mundial cambió más aún para concentrarse en la parte oeste de Grecia y así
comenzó el imperio griego. Un año después de esa batalla histórica, Alejandro Magno guió
a sus ejércitos hasta el mundo sirio en dirección a Egipto. De camino, planeó sitiar la ciudad
de Jerusalén. Al acercarse los ejércitos victoriosos a esa ciudad, les llegó noticia a los judíos
que estaban en Jerusalén de que los ejércitos venían de camino. El que era sumo sacerdote
en aquel tiempo, que era un hombre santo llamado Jadua (al que por cierto se le menciona en
la Biblia, en el libro de Nehemías) cogió los escritos sagrados del profeta Daniel y,
acompañado por un grupo de sacerdotes ataviado con sus vestiduras blancas, fue y se
encontró con Alejandro a cierta distancia de la ciudad.

Todo esto es del informe de Josefo, el historiador judío, que nos dice que Alejandro
dejó a sus ejércitos y fue apresuradamente a encontrarse con aquel grupo de sacerdotes.
Cuando se encontró con ellos, le dijo al sumo sacerdote que había tenido una visión la noche
anterior en la que Dios le había mostrado a un anciano, vestido con vestiduras blancas, que
habría de mostrarle algo de gran importancia para él, y según el relato, el sumo sacerdote
abrió el libro de las profecías de Daniel y se las leyó a Alejandro. En las profecías Alejandro
pudo ver las predicciones que le anunciaban que habría de convertirse en esa notable cabra
con el cuerno en la frente, que procedería del oeste y que destrozaría el poder medopersa y
conquistaría el mundo. Se sintió tan abrumado por la exactitud de las profecías y, como es

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natural, por el hecho de que se refiriesen a él, que prometió que salvaría a Jerusalén del sitio
y envió de regreso al sumo sacerdote con honores. ¡Lo cierto que pueda ser este relato,
después del tiempo que ha transcurrido, es muy difícil saberlo, pero sea como fuere, eso es
lo que se cuenta! Alejandro murió en el año 323 a. de C., cuando tenía más o menos treinta
y tres años. Bebió tanto que murió en lo mejor de su vida, entristecido por no tener más
mundos que conquistar. Después de su muerte, su imperio quedó destrozado por causa de las
disensiones y debido a que no había dejado heredero. Su hijo había sido asesinado con
anterioridad, por lo que no hubo quien heredase el imperio de Alejandro.

Sin embargo, después de algún tiempo los cuatro generales que habían dirigido sus
ejércitos dividieron su imperio entre ellos. Dos de ellos son especialmente importantes para
nosotros. Uno de ellos fue Ptolomeo, que consiguió Egipto y los países del norte de Africa;
el otro fue Seleuco, que ganó Siria, al norte de Palestina. Durante este tiempo Palestina fue
anexada por Egipto y sufrió grandemente a manos de Ptolomeo. De hecho, durante los
próximos cien años, Palestina se vio atrapada como en una picadora de carne por causa de
los interminables conflictos entre Siria al norte y Egipto al sur. Si han leído ustedes las
profecías de Daniel, recordarán que Daniel pudo, por inspiración, ofrecer un relato muy
exacto y detallado de los puntos más destacados de estos años de conflicto entre el rey del
norte (Siria) y el del sur (Egipto). El capítulo 11 de Daniel nos ofrece un relato de lo más
asombrosamente exacto de algo que ya hace mucho que se ha cumplido. Si quieren ver
ustedes hasta qué punto es exacta la profecía, les sugiero que comparen ese capítulo de Daniel
con la evidencia histórica de lo que pasó efectivamente en esa época. El breve libro, escrito
por H.A. Ironside, "The Four Hundred Silent Years (Los Cuatrocientos Años de Silencio) lo
expone con bastante detalle.

Durante este tiempo había ido en aumento la influencia griega en Palestina y surgió
un partido entre los judíos llamado los helenistas, que estaban ansiosos por introducir en la
nación la cultura y el pensamiento griego, así como por liberalizar algunas de las leyes judías.
Esto provocó una división en dos de los principales partidos. Estaban aquellos que eran
fuertes nacionalistas hebreos, que deseaban conservarlo todo conforme al orden mosaico y
que se resistían a toda influencia extranjera que se introducían para desorganizar las antiguas
costumbres judías. Este partido acabó por ser conocido como los fariseos, que quiere decir
"separar y que eran separatistas e insistían en conservar las tradiciones. Estos se fueron
haciendo cada vez más fuertes, más legalistas y rígidos en sus requisitos, hasta convertirse
en el blanco de algunas de las palabras más ardientes que jamás pronunció el Señor. Se habían
convertido en los religiosos hipócritas, que guardaban la forma exterior de la ley, pero
violaban completamente su espíritu.

Por otro lado, los helenistas, aquellos a los que le gustaba todo lo griego, se volvieron
cada vez más influyentes en la política de la tierra y formaban el partido conocido en los
tiempos del Nuevo Testamento como los saduceos o liberales. Estos se apartaban del
cumplimiento rígido de la ley y se convirtieron en los racionalistas de aquella época, sin creer
para nada en la ley sobrenatural. En el Nuevo Testamento se nos dice que vinieron
repetidamente al Señor haciéndole preguntas acerca de lo sobrenatural como: "¿Qué sucederá
a la mujer que haya estado casada con siete hombres diferentes? En la resurrección, ¿de cuál
de los siete será mujer? (Mat. 22:23-33) Ellos no creían en la resurrección, pero al hacerle

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estas preguntas lo que pretendían realmente era poner a Jesús en un aprieto. Estaba también
el joven sacerdote judío rebelde, que estaba casado con una samaritana, que fue a Samaria y
en rebeldía contra las leyes judías, construyó un templo en el Monte Gerizim que rivalizó
con el templo que estaba en Jerusalén. Esto produjo una intensa y fanática rivalidad entre los
judíos y los samaritanos y esta rivalidad se ve también reflejada en el Nuevo Testamento.

Además, durante ese tiempo, las escrituras hebreas fueron traducidas por primera vez
a otro idioma alrededor del 284 a. de C. en Egipto, bajo el reino de uno de los Ptolomeos. El
rey egipcio convocó a un grupo de 70 eruditos para que hiciesen una traducción de las
escrituras hebreas. Libro tras libro tradujeron el Antiguo Testamento al griego. Cuando la
terminaron, se le dio el nombre de Septuaginta, que significa 70 por el número de los que las
tradujeron y esta se convirtió en la versión griega de la Biblia hebrea. De ellas se derivan
muchas de las citas del Nuevo Testamento y por eso es por lo que las citas que hay en el
Nuevo Testamento sacadas del Antiguo están en ocasiones expresadas con diferentes
palabras, porque proceden de la traducción griega. La Septuaginta sigue existiendo
actualmente y se usa extensamente en diferentes partes del mundo y sigue además siendo un
documento muy importante.

Poco tiempo después, alrededor del 203 a. de C. un rey llamado Antioco el Grande
llegó al poder en Siria, al norte de Palestina. Capturó Jerusalén de los egipcios y comenzó el
reinado de la potencia siria sobre Palestina. Tenía dos hijos, uno de los cuales le sucedió y
reinó solo unos pocos años. Cuando falleció, su hermano ocupó el trono. Este hombre,
llamado Antioco Epifanes, se convirtió en uno de los más viciosos y violentos perseguidores
de los judíos que jamás se han conocido. De hecho, se le ha llamado con frecuencia el
anticristo del Antiguo Testamento porque en él se cumplen algunas de las predicciones de
Daniel con respecto a uno que habría de ser "una persona despreciable y un "rey vil. Su
nombre (que se concedió modestamente a sí mismo) significa "Antioco el Ilustre. Sin
embargo, es evidente que algunos de sus propios cortesanos estaban de acuerdo con las
profecías de Daniel y cambiaron dos letras de su título, de Epifanes a Epipanes, que significa
"el loco.

Su primer acto consistió en deponer al sumo sacerdote de Jerusalén, poniendo de este


modo fin a la larga línea de sucesión, comenzando con Aarón y sus hijos a lo largo de muchos
siglos de la línea judía. Onias el Tercero fue el último de esta línea hereditaria de sacerdotes.
Antioco Epifanes vendió el sacerdocio a Jasón, que no pertenecía a la línea sacerdotal. Jasón,
a su vez, fue engañado por su hermano menor Menelao, que compró el sacerdocio y a
continuación vendió las vasijas de oro del templo con el fin de conseguir el dinero necesario
para el tributo. Epifanes derrocó a la línea sacerdotal autorizada por Dios y luego y bajo su
reinado, la ciudad de Jerusalén y todos los ritos religiosos de los judíos comenzaron a
deteriorarse al quedar completamente bajo el poder del rey sirio.

En el 171 a. de C. Antioco invadió Egipto y Palestina se vio nuevamente envuelta en


una gran rivalidad. Palestina es el país por el cual se han producido más luchas y Jerusalén
ha sido la ciudad que más veces ha sido capturada durante el curso de la historia. Ha sufrido
saqueos, secuestros, ha sido quemada y destruida 27 veces en su historia.

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Mientras Antioco estaba en Egipto, se informó que le habían matado en la batalla y
Jerusalén se alegró de la noticia. El pueblo organizó una revuelta y derrotaron a Menelao, el
pseudosacerdote. Cuando le llegó la noticia a Antioco (que estaba vivo y colean do en Egipto)
de que Jerusalén estaba encantada con el informe de su muerte, organizó sus ejércitos y asoló
la tierra como una furia, cayendo sobre Jerusalén con una terrible venganza.

Derribó la ciudad, recuperó su poder y guiado por el traicionero Menelao, se introdujo


en el lugar santísimo del templo mismo. Murieron unas 40.000 personas en tres días de luchas
durante esa terrible época. Cuando se abrió camino por la fuerza en el lugar santísimo,
destruyó los rollos de la ley y, ante el espanto de los judíos, cogió una cerda y la ofrendó
sobre el altar sagrado. Y luego con el caldo hecho de la carne de este animal impuro, roció
todo lo que había en el templo, profanando y transgrediendo de ese modo el santuario. Es
imposible para nosotros captar lo espantoso que era eso para los judíos, que se quedaron
totalmente consternados de que nada por el estilo pudiese suceder en su templo sagrado. Fue
el acto de profanar el templo a lo que se refiere el Señor Jesús como la "abominación
desoladora que había anunciado Daniel (Mat. 24:15) y que se convirtió además en una señal
de la futura abominación del templo, cuando el anticristo mismo entraría en el templo,
llamándose a sí mismo Dios, y de ese modo profanaría el templo en esa época. Como sabemos
por lo que dice el Nuevo Testamento, eso es algo que aún se encuentra en el futuro.

El profeta Daniel dijo que el santuario sería profanado durante 2.300 días (Dan. 8:14)
Perfectamente de acuerdo con esa profecía, fueron exactamente 2.300 días, seis años y medio,
antes de que el templo fuese purificado. Fue limpiado durante el liderazgo de un hombre que
ahora es famoso y que pertenece a la historia judía, Judas Macabeo. Pertenecía a la línea
sacerdotal que, juntamente con su padre y sus cuatro hermanos, se levantó en una revuelta en
contra del rey sirio. Llamaron la atención de los israelitas, les pidieron que les siguiesen en
la batalla, y en una serie de batallas de confrontación en la que fueron siempre una minoria
abrumadora, derrocaron el poder de los reyes sirios, capturaron Jerusalén y limpiaron el
templo. El día en que limpiaron el templo fue llamado el día de la dedicación y eso sucedió
el 25 de diciembre. En aquel día los judíos celebrarán cada año la Fiesta de la Dedicación.

Los macabeos, que pertenecían a la familia de los asmoneos, fueron el principio de


una línea de sumos sacerdotes conocida como la Dinastía Asmonea. Sus hijos, durante las
próximas tres o cuatro generaciones, gobernaron como sacerdotes en Jerusalén, teniendo que
defenderse todo el tiempo contra el constante asalto del ejército sirio, que intentaba capturar
la ciudad y el templo. Durante los días de los macabeos se produjo un derrocamiento temporal
del dominio extranjero, que es el motivo por el cual los judíos piensan en ese tiempo y lo
consideran con tan grande veneración. Durante ese tiempo, uno de los sacerdotes asmoneos
crearon una liga con un creciente poder en el oeste, en Roma, firmando un tratado con el
Senado de Roma, proveyendo ayuda en caso de que se produjera un ataque sirio. Aunque el
tratado se hizo con toda seriedad y sinceridad, fue este pacto lo que hizo que Roma se
introdujese en el escenario y en la historia de Israel.

Mientras las batallas entre los dos bandos contrarios se volvían cada vez más cruentas,
Roma se mantenía atenta. Finalmente, el gobernador de Idumea, un hombre llamado
Antipater y descendiente de Esaú, hizo un pacto con dos de los reyes de las naciones vecinas

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y atacó Jerusalén para intentar derrotar a la autoridad de los sumo sacerdotes asmoneos. Esta
batalla fue tan fiera que finalmente a Pompeyo, el general romano, que casualmente tenía un
ejército en Damasco en esa época, le suplicaron los dos partidos que fuese e interviniese. Un
lado tenía un poco más dinero que el otro y dejándose convencer por ese argumento lógico
Pompeyo vino de Damasco, entró en la ciudad de Jerusalén, de nuevo con una terrible
matanza, venció a la ciudad y la capturó para Roma. Eso sucedió en el 63 a. de C. A partir
de entonces, Palestina se encontró bajo la autoridad y el poder de Roma. En esos momentos
Pompeyo y el Senado Romano nombraron a Antipater como Procurador de Judea y él a su
vez convirtió a sus dos hijos en reyes de Galilea y de Judea. Al hijo que se convirtió en rey
de Judea se le conoce como Herodes el Grande. ("Jesús nació en Belén de Judea, en días del
rey Herodes. Y he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalén preguntando ¿Dónde está
el rey de los judíos que ha nacido?) (Mt. 2:1-2)

Entretanto, los imperios paganos de alrededor se habían estado deteriorando y


desintegrando. Su religión se había encontrado con tiempos difíciles. Las gentes estaban
hartas del politeísmo y del vacío de sus creencias paganas. Los judíos habían pasado por
tiempos de presión y no habían conseguido establecerse de nuevo, habiendo perdido toda
esperanza. Había un ambiente de expectación creciente, en el sentido de que la única
esperanza que les quedaba era la venida, por fin, del Mesías prometido. En el este, los
imperios orientales habían llegado a la situación en que la sabiduría y el conocimiento del
pasado se había esfumado y también ellos estaban buscando algo. Cuando llegó el momento
en que apareció la estrella sobre Belén, los magos del este, que buscaban una respuesta a sus
problemas, la vieron de inmediato y salieron con el fin de buscar a Aquel al que apuntaba la
estrella. Por ello, "cuando llegó por fin el tiempo, Dios envió a su Hijo.

Es realmente asombroso de qué modo Dios se vale de la historia para llevar a cabo
sus propósitos. Aunque estamos viviendo en días que podíamos llamar "el silencio de Dios
cuando durante casi 2.000 años no se ha escuchado la voz inspirada de Dios, hemos de mirar
atrás, como lo hicieron otros durante esos 400 años de silencio, a la historia inspirada y darnos
cuenta de que Dios ha dicho ya todo cuanto era necesario decir, por medio del Antiguo y del
Nuevo Testamentos. No cabe duda de que los propósitos de Dios no se han acabado aún,
pues él los está llevando a cabo tan plenamente ahora como lo hizo en aquellos días.

De la misma manera que era preciso que el mundo llegase a una situación de absoluta
falta de esperanza entonces, y el que habría de convertir en realidad todas sus esperanzas
apareció entre ellos, el mundo se enfrenta de nuevo con un tiempo en el que la desesperación
se está extendiendo por toda la tierra. Por todas partes reina la desesperación y Dios se está
moviendo en estos tiempos para hacer que se cumplan las palabras proféticas acerca de la
segunda venida de su Hijo al mundo con el fin de establecer su reino. ¿Durante cuánto
tiempo? ¿Cuánto falta? ¿Quién lo sabe? Pero lo que Dios ha hecho en la historia, volverá a
hacerlo al acercarnos al final del "silencio de Dios.

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EL MENSAJE DE MATEO

Al comenzar con el Nuevo Testamento pasamos del ámbito de las sombras, los
símbolos y la profecía, al sol radiante de la presentación del Hijo de Dios. El Antiguo
Testamento habla acerca de él en cada una de sus páginas, pero lo hace por medio de figuras,
símbolos, tipos y profecías, cada una de ellas esperando la venida de Alguien. ¡No es posible
leer el Antiguo Testamento sin ser consciente de esa constante promesa en cada una de sus
páginas, Alguien va a venir! ¡Alguien va a venir! Ahora, al abrir los Evangelios, ese Alguien
da un paso al frente y aparece en toda la plenitud de su gloria. Como dice Juan: "Y
contemplamos su gloria...como la gloria del Unigénito del Padre. (Juan 1:14) A mí me
encantan los Evangelios. Para mí son algunas de las partes más perennes y fascinantes de la
Biblia, en las que vemos a Cristo tal y como es. Recordemos que lo que fue es lo que él es y
lo que es también es lo que tenemos, si es usted cristiano. Toda la plenitud de su carácter, de
su ser y de su vida la tenemos a nuestra disposición y solo nos enteramos de cuáles son esos
recursos al verle a él tal y como fue y tal y como es. Por eso es por lo que los evangelios son
tan importantes para nosotros.

Con frecuencia la gente se pregunta por qué tenemos cuatro Evangelios, pero hay una
buena razón para que sea así. Es interesante darse cuenta de que cada uno de estos Evangelios
es una afirmación exclamativa que se encuentra en el Antiguo Testamento. En cuatro
ocasiones diferentes, y solo en cuatro, en el Antiguo Testamento apareció una afirmación
exclamativa que se hizo con respecto al Mesías, presentado siempre por las palabras "he aquí.
En otro lugar leemos "¡He aquí el hombre! En un tercer lugar leemos "¡He aquí mi siervo! y
en un cuarto leemos "¡He aquí vuestro Dios! Estas cuatro afirmaciones se amplían y
desarrollan en los cuatro Evangelios, en Mateo: el Evangelio del Rey, Marcos: el Evangelio
del Siervo, Lucas: el Evangelio del Hijo del hombre y Juan: el Evangelio de Dios, la
presentación del Hijo de Dios.

Estos cuatro Evangelios nos presentan cuatro aspectos del carácter y la persona del
Señor, aunque no son, estrictamente hablando, biográficos. En realidad, son bocetos acerca
de la Persona de Cristo, son testimonios de aquellos que le conocieron personalmente, de
aquellos que se relacionaron con él. Por lo tanto, suenan auténticas y transmiten a nuestros
corazones esa primera y maravillosa impresión que causó nuestro Señor a sus propios
discípulos y después a las multitudes que le siguieron. No ha caminado jamás entre los
hombres un personaje más asombroso. Al leer los relatos de los Evangelios, tengo la
esperanza que algo de esa fascinación llegue a su corazón al verle, como un ser vivo, en las
páginas de estos Evangelios, revelado a usted por medio del Espíritu, al verle tal y como es.

Mateo es el primer libro del Nuevo Testamento y aquí es donde la mayoría de las
personas comienzan a leer la Biblia. Creo que son más las personas que empiezan leyendo el
Nuevo que el Antiguo Testamento y, por lo tanto, eso haría de Mateo el libro más leído en el
mundo. De hecho, Renan, el escéptico francés, dijo acerca de este libro: "este es el libro más
importante de toda la Cristiandad. Además, dijo: "Mateo es el Evangelio más importante que
jamás se ha escrito. Pero también tiene sus críticos. Hay quienes afirman que este libro no
contiene otra cosa que las leyendas primitivas de la iglesia que fue creciendo alrededor de
Jesús y que estos relatos no son históricos, que este libro no fue realmente escrito hasta el

7
siglo cuarto A.D. Por lo que dicen que no estamos seguros de hasta qué punto es realidad.
Otros críticos afirman que éste es solo uno de muchos evangelios que circularon. Es cierto
que existen, efectivamente, otros evangelios aparte de los cuatro del Nuevo Testamento. Está
el Evangelio de Bernabe, por ejemplo, y el Evangelio de Pedro, además de otros evangelios,
que se encuentran en un libro llamado "The New Testament Apocrypha (La Apócrifa del
Nuevo Testamento) si desea usted leerlos. Los críticos dicen que es pura casualidad que
sobreviviesen estos evangelios y hay una leyenda que comenzó con un teólogo alemán
llamado Pappas alrededor del siglo XVI, que dijo que los Evangelios fueron seleccionados
en el Concilio de Niza en el año 325 A.D. recogiendo los muchos evangelios que circulaban
en esa época, tirándolos todos debajo de una mesa y luego metieron la mano y sacaron cuatro
que resultaron ser los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

La insensatez de semejante afirmación resulta evidente para cualquiera que lea los
Evangelios con atención, pues llevan grabados las huellas de Dios. La pauta seguida por estos
libros refleja la huella divina y no es posible leerlos o compararlos con el Antiguo Testamento
sin darse cuenta de que proceden de una fuente inspirada. Además, basta con compararlos
con los evangelios apócrifos para ver lo insensata que es semejante afirmación. Como sabe
usted, este Evangelio fue escrito por Mateo, al que también se le conocía como Leví. Era un
publicano, y los publicanos eran aquellos hombres que cobraban los impuestos al pueblo. Su
nombre significa "el don de Dios y el llamar a un cobrador de impuestos por ese nombre
indica claramente que estaba convertido. Fue posiblemente nuestro Señor mismo el que le
llamó Mateo, de la misma manera que a Simón le cambió el nombre por Pedro, y
posiblemente los nombres de algunos otros de los discípulos. Según la tradición Mateo vivió
y enseñó en Palestina durante 15 años después de la crucifixión, y luego comenzó a viajar
como misionero, primero en Etiopia y luego en Macedonia, Siria y Persia. Finalmente
falleció de muerte natural bien en Etiopia o en Macedonia, pero esto no es seguro. Es una de
las leyendas o tradiciones que han llegado hasta nosotros acerca de Mateo.

Es evidente que este libro es de una fecha muy temprana. La idea de que fue escrito
en el siglo cuarto es una tontería porque hay una gran cantidad de evidencia de que data de
la primera parte del primer siglo. Se cita, por ejemplo, en el conocido Didache, que es la
enseñanza de los doce apóstoles y data de principios del segundo siglo, de modo que es
evidente que la precede. Pappas, que era un discípulo del apóstol Juan, dice "Mateo compuso
su evangelio en lengua hebrea y cada uno lo interpreta como puede. Esto fue confirmado por
Ireneo y Origen, dos de los primeros padres de la iglesia, que estaban bien familiarizados con
el Evangelio de Mateo. Incluso en el primer siglo mismo se escucharon voces judías, lo cual
demuestra la existencia de Mateo. Dos personas judías, Gamaliel el Segundo, que era un
destacado rabino, y su hermana Immashalom (que por cierto quiere decir "mujer de paz,
aunque distaba mucho de serlo) pronunciaron una maldición sobre los cristianos en estos
términos: "una maldición sobre los lectores de las escrituras evangelísticas del Nuevo
Testamento.

Pero las únicas escrituras evangelísticas del Nuevo Testamento existentes en su día
(alrededor del 45 ó 50 A.D.) eran el Evangelio de Mateo y tal vez el Evangelio de Marcos,
por lo que la fecha en que este Evangelio fue escrito debió ser alrededor del 45 ó 50 A.D. y
probablemente fuese escrito primeramente en hebreo y posteriormente traducido al griego.

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Son muchos los que consideran que el Evangelio de Mateo es uno de los libros del Nuevo
Testamento más difíciles de compendiar, pero a mi me gustaría desafiar esa afirmación. Estoy
convencido de que no hay otro libro en la Biblia que se preste más fácilmente a compendiarlo
que el Evangelio de Mateo. El motivo es que el Espíritu Santo mismo ha ofrecido el bosquejo
correspondiente al libro. Esto sucede en varios de los libros de las Escrituras, y si es usted
observador, podrá ver estas señales.

Las principales divisiones de Mateo se nos dan mediante la repetición de una frase
muy concreta, que aparece dos veces y divide el libro en tres secciones. Primeramente, hay
una sección a modo de introducción que va hasta el capítulo cuatro, donde aparece por
primera vez esta frase, que dice (versículo 17): "Desde entonces Jesús comenzó a predicar y
a decir: ¡Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado!". Eso marca un punto de
cambio en el argumento y la presentación de este libro. Luego hallamos una frase parecida
que aparece en el capítulo 16, que introduce la tercera sección, en la que leemos (versículo
21): "Desde entonces, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que le era preciso ir a
Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los
escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día."

Esa es la primera mención que se hace en Mateo de la crucifixión. A partir de ese


momento se convierte en el propósito y el desarrollo de este libro. También hay subdivisiones
que se nos ofrecen de la misma manera haciendo uso de otra clase de frase. Encontrará usted
las subdivisiones marcadas por un versículo que aparece en cinco ocasiones diferentes. La
primera ocasión es en el capítulo 7, al final del Sermón del Monte, donde leemos (versículos
28, 29): "Y aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes estaban
maravilladas de su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como
los escribas."

En el capítulo 11, versículo 1, se encuentra otra división indicada así: "Aconteció que,
cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a
predicar en las ciudades de ellos.". Veamos lo que dice el capítulo 13, versículos 53 y 54,
donde hallamos otra de estas subdivisiones: "Aconteció que cuando Jesús terminó estas
parábolas, partió de allí. Vino a su tierra y les enseñaba en su sinagoga, de manera que ellos
estaban atónitos y decían: --¿De dónde tiene este su sabiduría y estos milagros? ¿No es este
el hijo del carpintero?". En el capítulo 19, leemos (versículos 1, 2): "Aconteció que cuando
Jesús acabó estas palabras, partió de Galilea y fue a las fronteras de Judea, al otro lado del
Jordán. Grandes multitudes le siguieron y los sanó allí.". "Cuando Jesús hubo acabado de
decir estas palabras, le dijo a sus discípulos: "Sabéis que dentro de dos días se celebra la
Pascua y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado”. Como se dará usted cuenta,
cada una de ellas introduce un cambio completo de dirección, un nuevo tema, que marcan las
divisiones de este libro.

La primera división es toda acerca de los preparativos que hace el Rey para llevar a
cabo su ministerio. "...humilde y montado sobre un asno, sobre un borriquillo, hijo de asna.
(Zac. 9:9) Mateo es, pues, el Evangelio del Rey y esa profecía se cumplió en la entrada
triunfal, cuando el Señor entró en la ciudad de Jerusalén exactamente de la misma manera.
Es labor de Mateo presentarle como Rey. Por lo tanto, el libro comienza con la genealogía

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del Rey porque todos los reyes tienen que tener una genealogía. El linaje de un rey es lo más
importante acerca de él. Debe de volver a alguien y tiene que ser de la línea real. Por lo tanto,
Mateo empieza con esa genealogía exhaustiva y bastante completa, que viene desde Abraham
hasta José, su padrastro, que fue el marido de María y José pertenecía a la línea real de David.
Es precisamente de José del que tiene nuestro Señor su derecho real al trono, porque era el
heredero de José. Y es a través de María, que era también de la línea real de David, que tiene
su derecho genealógico al trono. Su derecho legal viene por medio de José y su derecho
hereditario por medio de María. José, como es lógico, no fue realmente su padre, pero María
sí que fue su madre.

El primer capítulo nos cuenta también su nacimiento. El segundo describe los


acontecimientos que siguieron, incluyendo su huida a Egipto. En el tercer capítulo leemos
acerca del bautismo de nuestro Señor. Por lo tanto, los dos primeros versículos le relacionan
con la tierra. Su genealogía le une a la línea real terrenal de David, pero su bautismo le
relaciona con el cielo y le concede sus credenciales celestiales, su autoridad celestial, porque
los cielos se abrieron y de una manera asombrosa, se escuchó la voz del Padre hablando desde
el cielo y diciendo: "Este es mi Hijo amado. Ahí se declara la línea real, según el nivel
celestial. En el cuarto capítulo tenemos las pruebas por las que tiene que pasar un Rey. Esta
es su experiencia de la tentación en el desierto, donde se tiene que relacionar con los poderes
de las tinieblas y donde el infierno queda libre contra él. Las pruebas de nuestro Señor son la
clave del Evangelio de Mateo, que es puesto a prueba como hombre representativo. El fue al
desierto como Hijo del hombre, y fue puesto a prueba para ver si puede cumplir la intención
que tiene Dios para el hombre. El hombre se compone de tres partes: cuerpo, alma y espíritu,
y nuestro Señor fue puesto a prueba a estos tres niveles.

Para empezar, se dará usted cuenta que fue probado a nivel de las exigencias
corporales. La pasión dominante del cuerpo es el instinto de conservación y la primera
tentación con la que se tuvo que enfrentar nuestro Señor tiene que ver con ese aspecto.
¿Continuaría siendo el hombre de Dios a pesar de afrontar un desafío tan extremo a nivel de
la propia conservación? Durante 40 días con sus noches no había comido y la tentación se le
presentó de manera sutil: "Si eres el Hijo de Dios, transforma estas piedras en pan, conserva
tu vida. Pero él insistió en andar en la voluntad de Dios a pesar de la intensidad de la presión.
¿Qué hubiera hecho usted después de haber ayunado durante 40 días si alguien le hubiera
ofrecido pan? A continuación, fue puesta a prueba su alma, es decir, por medio de la pasión
dominante del alma, que es la manifestación de la personalidad. A este nivel, todos deseamos
revelar con desesperación lo que somos, mostrar de lo que somos capaces o, como diríamos
mejor, expresarnos. Este es el impulso que es la función principal del alma humana. Recuerde
que, fue durante esta prueba cuando nuestro Señor fue llevado hasta la cima del templo y le
fue dada la oportunidad de tirarse y, de ese modo, ganarse el aplauso de Israel. Una tentación
así lo que hace es manipular el deseo humano de ser alguien importante o manifestar su
orgullo en la vida, pero el Señor demostró ser fiel a Dios a pesar de la presión que ejercieron
sobre él.

Finalmente, fue tentado en el aspecto más esencial y profundo de su humanidad: su


espíritu. La pasión dominante del espíritu es la adoración. El espíritu está siempre buscando
algo que adorar y es por eso por lo que el hombre es siempre y esencialmente un ser religioso,

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porque su espíritu anhela ardientemente y clama por un ídolo, por alguien a quien seguir, por
un héroe, algo a lo que adorar. Fue a este nivel que el demonio vino a él y le dijo: "Todo esto
te daré, si postrado me adorares. Pero la respuesta de nuestro Señor fue: "Escrito está: Al
Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás., (Mat. 4:10) De modo que pasó la prueba y se
reveló a sí mismo total y adecuadamente como el hombre que Dios deseaba que fuese.

En el Sermón del Monte, comienza a presentar esta misma prueba a la nación de


Israel, que había sido escogida por Dios a lo largo de los siglos para convertirse en un medio
de comunicación con la humanidad y se habían considerado a sí mismos como su pueblo
favorito. Pero ahora el pueblo se encuentra frente a la prueba, en el Evangelio de Mateo, ante
la necesidad de demostrar si eran capaces de pasar la misma prueba por la que había pasado
el Señor, que es la historia esencial de Mateo. Está siguiendo la pista al Hijo de Dios, el Rey
de Dios, que vino al mundo y se ofreció a sí mismo como Rey de Israel, primero a nivel físico
y a continuación a nivel del alma. Cuando fue rechazado en los dos sentidos, pasó al ámbito
del misterio del espíritu humano. En la oscuridad y el misterio de la cruz, realizó la obra
redentora que ganaría de nuevo al hombre para Dios, en cuerpo, alma y espíritu.

Por lo tanto, la redención comienza con el espíritu. Por eso es por lo que la obra de
Cristo en nuestros corazones, aunque nos sintamos atraídos a él a nivel corporal, para que
supla nuestras necesidades físicas o a nivel del alma, por la necesidad que tenemos de
expresarnos a nosotros mismos y de mejorar nuestra vida, no nos transformará realmente
hasta que no nos hayamos entregado a él en cuerpo, alma y espíritu, que es la situación básica
de la adoración, mediante la cual nos entregamos a nosotros mismos a él en cuerpo, alma y
espíritu y entonces es cuando el cambio empieza a manifestarse. Vemos de qué modo esto se
hace evidente en el Evangelio de Mateo, siendo el pueblo de Israel el que recibe. Como ya
hemos visto, el primer ministerio empieza en el capítulo cuatro, con la señal "arrepentios,
porque el reino de Dios se ha acercado. Luego viene el Sermón del Monte, donde tenemos la
presentación del Rey y las leyes del reino. Esto abarca el resto de los capítulos cuatro, cinco
hasta el siete. En estas normas del reino, del Sermón del Monte, hay un evidente énfasis sobre
la vida física, fíjese en ello la próxima vez que lo lea.

Estos son los mensajes más penetrantes e incisivos que jamás han sido presentados a
los seres humanos, pero se dirige a nosotros desde el punto de vista corriente, físico y material
de nuestra vida. Aquí se tratan dos pecados físicos: el asesinato y el adulterio. La vida de
Dios se nos ofrece como ejemplo en el ámbito de las limosnas y el ayuno, que son actos
físicos. Se nos ofrece a Dios como Uno que se interesa y nos ama tanto que no tenemos
necesidad de preocuparnos por el mañana, no tenemos qué preocuparnos por qué comeremos
ni cómo nos vestiremos, es decir, las preocupaciones que tenemos a nivel físico. Nuestro
Señor está diciendo: "Si me descubrís y me recibís como Rey, descubriréis que soy la
respuesta a vuestras necesidades físicas. Se está ofreciendo a sí mismo a la nación y también
a nosotros, a este nivel. A esto sigue una sección sobre milagros y en los capítulos del 8 al
12, encontramos los milagros del reino. Estos son ejemplos de las ventajas que el Señor puede
conceder en el aspecto físico. Aquí no hay ninguna manifestación espectacular, sino una
representación del poder del Señor sobre todo lo que afecta al cuerpo: la enfermedad, los
demonios y la muerte y su autoridad en este ámbito es la de Rey.

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A su vez, esto va seguido de una sección de parábolas del reino, donde el rechazo del
reino se declara de forma misteriosa. Es evidente, incluso antes de este tiempo, que la nación
va a rechazar la oferta que hace el Señor de sí mismo como rey en el aspecto físico, por lo
que aparece una palabra nueva. En el capítulo 11 comienza a pronunciar la palabra "ay, ¡Ay
de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! ¡Ay de los que no creyeron! Jesús juzga a la nación en este
sentido. En el capítulo 13 aparecen los misterios del reino, en forma de parábolas que ocultan
la verdad en forma de símbolo. A continuación tenemos una sección que es sencillamente
instrucción para las personas, para las ellas que deseaban creer y estaban dispuestas a recibirle
en ese aspecto.

Por cierto que toda esta sección, empezando con el capítulo 13, versículo 54 hasta el
capítulo 16, versículo 20, tiene que ver con el pan. Está la alimentación de los 5.000 en el
capítulo 14, aquello que contamina al hombre en el capítulo 15 y luego el incidente de la
mujer que vino y pidió las migajas de la mesa y él le dijo: "el pan pertenece a los hijos del
reino. Luego está la alimentación de los 4.000 en el capítulo 15; la levadura de los fariseos y
los saduceos en el capítulo 16 y finalmente, la revelación de la persona de nuestro Señor a
Pedro en esa maravillosa ocasión en que Pedro tiene una primera visión de que allí había Uno
que era capaz de llegar más allá del aspecto físico e incluso del alma, para adentrarse en la
profundidad del espíritu del hombre.

Empezando por el capítulo 16, versículo 21 (ya hemos presentado esta que es una de
las principales divisiones), tenemos el segundo ministerio de nuestro Señor a la nación, en
esta ocasión en el aspecto del alma y se está ofreciendo precisamente en ese aspecto. Su
primera revelación la hace solo a los discípulos y a continuación a la nación. Todo son
parábolas que le presentan como el Rey que tiene derecho a mandar y determinar el carácter
de las personas. En esta ocasión no se dice nada acerca de sus vidas físicas, sino más bien del
alma de las personas. ¿Están dispuestos a seguirle, a dejar que él les moldee y a que de forma
a sus vidas y sus personalidades? No pasa mucho tiempo antes de que nos encontremos con
su entrada triunfal en Jerusalén, juzgando a la nación, entrando en el templo, deteniendo las
ofrendas y echando a los cambistas y una vez más escuchamos la palabra "ay. En el capítulo
23, versículo 13, dice: "¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas! A lo largo de todo el
capítulo, como una campana de muerte suena una y otra vez la palabra "ay.

A esto sigue una sección en los capítulos 24 y 25, en los que tenemos de nuevo
instrucciones para las personas. Es lo que llamamos el discurso del Olivet, con instrucciones
para el remanente de los creyentes sobre qué hacer hasta que él venga. Revela como se va a
desarrollar la historia mundial, lo que sucederá en los años entre medias, qué fuerzas
quedarán en libertad sobre la tierra, cómo las fuerzas de las tinieblas van a coger al pueblo
de Dios y lo van a someter a prueba, conmoviéndolo hasta sus fundamentos, declarando que
solamente podrán soportar si aprende a contar con el fortalecimiento interno del Espíritu
Santo. Llegamos por fin a la última sección, donde encontramos la traición, el juicio del
Señor Jesús, la agonía, la crucifixión y la resurrección, cuando nuestro Señor, en el misterio
de la oscuridad, se introduce en la oscuridad de la muerte. Allí solo y olvidado de sus amigos,
tuvo una lucha a muerte con los poderes de las tinieblas. En el misterio de la cruz, se apoderó
de las fuerzas que han dominado al espíritu humano y las destruyó allí. En la maravilla de la
cruz, derrotó a los poderes que han actuado contra la humanidad. Como diría más adelante

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Pablo, los dominó, haciendo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos y
llevándolos tras de sí como un conquistador llevaría a un gran grupo de cautivos para
exponerlos ante el pueblo. En la historia de la crucifixión le vemos como un prisionero
solitario en presencia de Pilato, siendo sometido a juicio, y a continuación en la oscuridad
del jardín, y de allí es llevado a ser azotado y a continuación le llevan a la cruz, donde le
clavaron hasta la muerte. En la agonía y lo abrumador de las terribles próximas seis horas,
tuvo que luchar con las fuerzas de las tinieblas y las venció. Por lo tanto, la única corona que
llevó como rey terrenal fue una corona de espinos y el único trono que ocupó fue la cruz
sangrienta, el único cetro que jamás tuvo en su mano fue una caña cascada.

Pero a esto le sigue la resurrección, mediante la cual pudo atravesar y llegar hasta el
ámbito del espíritu humano. De hecho, hasta ese momento, Dios no había podido nunca
adentrarse en el espíritu del hombre, aunque podía hacerlo en el terreno de la fe, pero ahora
el camino al centro mismo del ser del hombre ha quedado totalmente despejado. Al conocer
al Señor en nuestro espíritu, descubrimos que la adoración de nuestros corazones se la
expresamos desde él porque el espíritu es la clave del dominio de todo el hombre. Cuando se
somete el espíritu de un hombre, se tiene todo cuanto es. Por medio de la cruz y de la
resurrección nuestro Señor hizo posible pasar al lugar santísimo del hombre y habitar en su
interior. Por lo tanto, el gran mensaje del Evangelio, es que Dios no se encuentra en un trono
en alguna parte en el espacio, que no está esperando en una sala de juicios lejana para
juzgarnos. Sino que está dispuesto y deseoso de entrar en el centro del corazón hambriento y
sediento de la persona, con el fin de concedernos las bendiciones de su propia vida, su propio
carácter, su propio ser, y derramarlas sobre nosotros. Cuando el Rey ocupa el trono de una
vida, está presente el reino de Dios y ese es el mensaje del evangelio de Mateo: "arrepentíos
porque el reino de Dios se ha acercado. Por eso, el cielo no significa algún lugar en el espacio,
sino el reino de todo lo invisible, donde Dios reina en espíritu. El reino está cerca en la
presentación del Rey.

La gran interrogante a la que Mateo exige una respuesta es: "¿Es Jesucristo Rey de tu
vida? ¿Le has recibido solo como Salvador del cuerpo o Salvador del alma? Entonces todavía
no es Rey. La pregunta que Mateo nos hace es: "¿se ha convertido él en Rey? ¿Ha podido
introducirse en tu espíritu? ¿Ha dominado tu corazón? ¿Se ha apoderado de tu adoración
como persona individual, de tal manera que sea para ti la persona más importante de todo el
universo? Es entonces cuando se convierte en Rey y ese es el cumplimiento del primer
mandamiento: no tendrás otros dioses delante de mí, porque amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón, con toda tu fuerza y con toda tu mente. El resultado será que amarás a tu
prójimo como a ti mismo.

13
EL MENSAJE DE MARCOS

El Evangelio de Marcos, el segundo libro del Nuevo Testamento, solo tiene 16 cortos
capítulos, es el más breve de los Evangelios y, por lo tanto, fácil de leer de una sentada. Su
brevedad es posiblemente el motivo por el que es el libro del Nuevo Testamento que con más
frecuencia se traduce. Tengo entendido que los traductores de Wycliffe empiezan, casi de
modo invariable, su labor de traducción con el Evangelio de Marcos porque es tan corto y
relata toda la historia en un breve compás. Este Evangelio tiene un ambiente totalmente
diferente del de Mateo. Si lee usted Lucas y Juan, se dará cuenta de que son igualmente
diferentes a los de Mateo y Marcos. Los tres primeros, Mateo, Marcos y Lucas son
semejantes entre sí y diferentes al de Juan. Sin embargo, todos son diferentes.

Hay un motivo para que así sea y ha sido deliberadamente diseñada por el Espíritu
Santo. Si creemos que estos cuatro Evangelios son cuatro biografías del Señor cometemos
una equivocación. No son biografías ni mucho menos, son bocetos de su personalidad, que
pretenden ser diferentes y ofrecer distintos puntos de vista. Por lo tanto, constituyen cuatro
puntos de vista distintos de nuestro Señor y de su obra. El Evangelio de Mateo fue escrito
para presentar a Cristo como Rey, el de Marcos presenta su personalidad como siervo, el de
Lucas le presenta como el Hijo del hombre, como el hombre en su humanidad esencial. El
Evangelio de Juan le presenta como el Hijo de Dios, con su deidad, y en él hallamos las más
importantes afirmaciones de su deidad.

Alguien ha dicho bastante acertadamente que hasta la ropa que llevaba el Señor lo
indica así. Su manto es la señal de que era un rey, porque en aquellos tiempos el rey llevaba
un manto, como lo hacen los reyes actualmente. La toalla con la que se ceñía al lavarle los
pies a sus discípulos durante la cena del Señor es la señal del siervo. El hecho de que su
manto fuese sin costura es una señal de su humanidad, perfecta, sin mácula, sin costuras, no
la unión de dos cosas, sino de una humanidad perfecta e inquebrantable. El hecho de que en
el Monte de la Transfiguración se convirtiese en una túnica brillante es la señal de su
divinidad, su deidad, y la gloria de Dios se ve envuelta por un templo humano, haciendo
posible que Juan escribiese acerca de él: "Y contemplamos su gloria, gloria como del
unigénito del Padre. (Juan 1:13) Vino e hizo su tabernáculo entre nosotros, pero a pesar de
ello en esa tienda humana, pudo brillar la gloria de Dios. Vale también la pena darse cuenta
de que aquellos que habían de recibir estos evangelios eran personas muy diferentes. Mateo
escribió su Evangelio dirigiéndolo principalmente a los judíos y está lleno de referencia y
citas del Antiguo Testamento. En él encontramos el cumplimiento de la fiesta del sacrificio
que conocían tan bien los judíos, pero Marcos escribe su Evangelio pensando en la
mentalidad romana. Este es el Evangelio que más palabras latinas tiene, es el Evangelio de
la prisa y de la acción, características de Roma.

Lucas escribe para la mente griega, la mente filosófica. Aquí tenemos la manera
familiar de hablar del Señor, al sentarse con sus discípulos para tener una íntima comunión
con ellos, cosa que les encantaba a los griegos. Aquí tenemos sus discursos filosóficos, sus
pronunciamientos y las representaciones de sus pensamientos y sabiduría como hombre. Pero
Juan escribe para el cristiano y, por lo tanto, el evangelio de Juan es el más querido para los
corazones cristianos. En él hallamos enfatizada la deidad de Cristo, la enseñanza del rapto de

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la iglesia que se destaca por primera vez. La esperanza de la Iglesia y la intimidad de la
comunión entre el Señor y los suyos, y el ministerio del Espíritu Santo, son todos ellos temas
que enfatiza Juan en su Evangelio. Por lo tanto, hay cuatro propósitos diferentes para escribir
estos Evangelios. Esto también es cierto de la obra de Cristo, pues la cruz tiene también
cuatro aspectos. Si conoce usted bien las enseñanzas del Antiguo Testamento acerca de las
fiestas de Israel, recordará usted que se destacaban cinco de ellas de modo especial y están
reflejadas en los Evangelios. Una de las cinco, la ofrenda por el pecado, se refleja en el
Evangelio de Mateo, donde encontramos el sacrificio de nuestro Señor y su efecto sobre el
pecado humano. En Marcos se enfatiza la ofrenda por las transgresiones; es decir, el efecto
del pecado, su manifestación, los hechos de los hombres. En Lucas tenemos las respuestas a
la ofrenda de paz.

El holocausto lo encontramos en Juan. Para Israel el holocausto era la expresión de


una absoluta y total dedicación y devoción, de la entrega a la obra de Dios. Era preciso que
se consumiese toda la ofrenda del holocausto, sin que quedase ni una chispa y el sacerdote
no comía ni una parte de ella. Todo ello habla de una vida entregada por completo a Dios.
En el Evangelio de Juan hallamos un maravilloso ejemplo de ello, donde tenemos la devoción
de nuestro Señor, de cómo complace a su Padre. Las cuatro hablan acerca de la ofrenda de
los alimentos, la perfecta humanidad de nuestro Señor, que no tenía pecado.

Pero si sabe usted algunas cosas acerca de los Evangelios, explicará algunas de las
preguntas que se hacen en ocasiones. Por ejemplo, ¿por qué en el Evangelio de Juan no
aparece el relato de la lucha que tuvo nuestro Señor en Getsemaní? Se encuentra constancia
de lo acontecido en Getsemaní en los Evangelios de Mateo y de Marcos, pero no se hace
mención alguna de ello en el de Juan. Es porque en el huerto clamó y preguntó al Padre: "si
es posible, pase de mi esta copa. No es que el Hijo de Dios cuestione al Padre, pero esto lo
hace como hombre y, por ello, el relato se encuentra principalmente en el Evangelio de Lucas,
donde se le presenta como hombre, y tenemos más detalles sobre su lucha humana, pero es
en Juan, donde se le presenta como el Hijo de Dios, se ha eliminado el relato. Ese es el motivo
por el que también en Mateo, se dice que los sabios vinieron para presentarle sus ofrendas,
mientras que en Lucas lo que se cuenta es la venida de los pastores. Tanto los unos como los
otros vinieron, pero Mateo es el Evangelio del Rey y los sabios trajeron ofrendas que eran
dignas de un rey, pero los pastorcillos, que eran hombres perfectamente corrientes, fueron a
ver al hombre perfecto, al que vino para ser uno de nosotros, igual a nosotros, poniéndose a
nuestro mismo nivel. Y eso fue lo que enfatizó Lucas.

¿Por qué no se relata la ascensión de nuestro Señor en Mateo? Bueno, porque como
Rey, vino para gobernar la tierra. El énfasis de Mateo es sobre el reino terrenal. "Sea hecha
tu voluntad en la tierra como en el cielo. La ascensión no se menciona en Juan porque Jesús
es el Hijo de Dios, y Dios está en todas partes. El es omnipresente y no va de la tierra al cielo
ni vice versa y, por lo tanto, no hay relato de su ascensión en Juan. ¿Por qué en Marcos y en
Juan no hay genealogía de nuestro Señor? Hay una genealogía tanto en Mateo como en
Lucas, pero no en Marcos ni en Juan. La verdad es que los reyes necesitan las genealogías
porque es preciso que conozcamos la descendencia de la línea real. El hombre está interesado
en su linaje, por ello tenemos la genealogía en Lucas, pero a nadie le importa el linaje de un
siervo y Dios no tiene linaje y, por lo tanto, no hay genealogía ni en Marcos ni en Juan. Todo

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ello muestra la supervisión del Espíritu Santo. Estos Evangelios no son meras copias, que se
base una en otra, como nos dicen los críticos, sino que han sido diseñadas por el Espíritu
Santo para que representen, de modo especial, los diferentes aspectos del Señor Jesús.

Con esto llegamos al Evangelio de Marcos. El autor era un hombre joven llamado
Juan Marcos, el joven que acompañó a Pablo en su primer viaje misionero y resultó ser un
siervo poco fiel, que no pudo soportar las tensiones por lo que regresó a su casa. Es
interesante que el Espíritu Santo escogiese a este hombre, un siervo que no había sido fiel,
para que dejase constancia de la fidelidad del Siervo de Dios, el Señor Jesús. Marcos fue
compañero de Pedro y, por lo tanto, el Evangelio de Marcos contiene principalmente los
pensamientos, enseñanzas y puntos de vista de Pedro. Mateo era un discípulo, Lucas tuvo su
Evangelio por medio del Apóstol Pablo, Juan era un discípulo, pero Pedro no escribió nada
al menos en lo que a Evangelios se refiere. Por medio de su hijo en la fe, Marcos, llegó hasta
nosotros el Evangelio según Pedro.

En el capítulo 10 de Hechos, Pedro nos ofrece un breve resumen de todo cuanto ha


quedado constancia en el Evangelio de Marcos. Hablando en casa de Cornelio, leemos que
Pedro, que estaba entre ellos, y les dijo: "Me refiero a Jesús de Nazaret y a cómo Dios le
ungió con el Espíritu Santo y con poder. El anduvo haciendo el bien y sanando a todos los
oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. (Hechos 10:38). Si desea usted conocer
personalmente a Marcos, lea el capítulo 14 de este pequeño Evangelio en el que se ofrece un
relato acerca de Marcos, que estaba entre los discípulos. Este es el relato de la pasión de
nuestro Señor al dirigirse hacia la cruz, después de haber sido detenido en el Jardín de
Getsemaní. En medio de la historia, leemos de repente estas palabras (versículo 51): "Pero
cierto joven, habiendo cubierto su cuerpo desnudo con una sábana, le seguía; y le prendieron.
Pero él, dejando la sábana, huyó desnudo."

Ningún otro Evangelio nos dice eso y es casi seguro que este joven era Marcos. Era
hijo de una mujer rica de Jerusalén y es muy factible que su madre fuese dueña de la casa en
la que se reunían los discípulos en el aposento alto. Por lo tanto, Marcos estaba presente en
algunos de esos acontecimientos. Es casi seguro que se incluye este incidente porque él
mismo participo en él. El Evangelio entero ha sido resumido en la frase acerca del Señor en
el capítulo 10: "El Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir...Ese es
el siervo, que ha venido para dar su vida en rescate por muchos, o como dicen algunas
versiones "no para que le ministrasen a él, sino para ministrar él y dar su vida en rescate por
muchos. En este corto versículo, tenemos las divisiones del Evangelio de Marcos. Hay una
breve sección introductoria que presenta las credenciales del siervo en los primeros 13
versículos del capítulo 1. Después de esto, está el ministerio del siervo, del capítulo 1,
versículo 14 al capítulo 8, versículo 30. El resto del libro tiene que ver con la obra redentora
del siervo.

En la sección del ministerio del siervo se enfatizan principalmente dos cosas. Primero,
la autoridad del siervo. Aquellos que le escuchaban se quedaban asombrados diciendo:
"porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Sus palabras llegan
al fondo del corazón y eso es debido a que como siervo conocía los secretos de Dios. Saca
de la tesorería de Dios los secretos y los da a conocer a los hombres. Como nosotros somos

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hombres, escuchamos sus palabras con un sentido de conciencia de que esto es realidad. Hay
una nota de veracidad en lo que dice que tiene su propio poder de convicción y por eso es
por lo que los Evangelios y las palabras de nuestro Señor, al leerlas, tienen en sí tal poder de
convicción para los hombres. Los escribas y los fariseos tenían una constante necesidad de
reforzarse a sí mismos por medio de referencias a las autoridades y citas de otros, pero no a
nuestro Señor. No citaban nunca nada de las Escrituras, pero El habla siempre con la palabra
definitiva de autoridad, sin pedir nunca perdón, sin cometer nunca un error y sin repetirse,
sino hablando siempre con una absoluta autoridad.

En esta sección se enfatiza su autoridad sobre los poderes de las tinieblas y el mundo
de los demonios. La fiesta de Halloween representa la conciencia del hombre con respecto a
la existencia de los espíritus del mal, que ha sido distorsionada y cambiada para convertirse
en un panteón de duendes, fantasmas y brujas, que cabalgan sobre sus escobas, que es
básicamente un esfuerzo por destruir su efectividad entre los hombres. Tras esta fachada de
humor circense está la realidad del mundo de los poderes demoniacos, que controlan y
afectan las mentes de los hombres. Al leer el Evangelio de Marcos, vemos una y otra vez la
autoridad del Siervo de Dios sobre las misteriosas fuerzas de las tinieblas. El mundo de lo
oculto estaba abierto para él, que conocía los poderes negros, las ocultas pasiones que
funcionan tras el escenario en el pensamiento y en las mentes de los hombres. Los poderes
demoniacos "o espíritus de seducción como los llamaría posteriormente Pablo.

Por lo tanto, el poder que tenía para enseñar tenía su origen en su entendimiento de
las mentes y los corazones de los hombres (recuerde que Juan dice que ningún hombre tenía
necesidad de decirle nada acerca de los hombres porque él les conocía). Debido a que sabe
lo que hay en el hombre, es el mejor psicólogo del mundo. Conoce nuestra estructura básica
y todo lo que Dios pretendía que se hallase en el corazón y en la vida humana. Por eso es por
lo que analiza de una manera tan exacta y por lo que su enseñanza tiene poder. Al seguir
leyendo el Evangelio de Marcos, se dará usted cuenta de que los poderes demoniacos poseen
extrañas habilidades que influencian a los hombres de maneras extraordinarias, y es evidente
que dicha influencia es siempre negativa. Tienen, por ejemplo, el poder de aislar a los
hombres unos de otros, enloquecer a los hombres en el desierto para que vivan solos, para
que se aíslen del resto de la humanidad. Tienen el poder para convertirle en un ser humano
anárquico, con el puño levantado en contra de otros hombres y su rostro endurecido contra
el mundo. La anarquía es siempre la señal de la influencia demoniaca.

Tienen el poder de atormentar a los hombres y hacer que se torturen a sí mismos. Al


describir a una persona demoniaca en el Evangelio, Marcos dice que estaba "fuera de sí. Esa
es una frase altamente significativa, ¿no es cierto? Imagínese a sí mismo fuera de sí, con una
personalidad dividida. En otras palabras, un esquizofrénico, separado de sí mismo y en contra
de sí mismo. Esta es una de las señales de la influencia demoniaca. Finalmente, tienen el
poder de hacer que los hombres se conviertan en una amenaza para la sociedad, de que luchen
contra toda la estructura social de su época, pero nuestro Señor tenía absoluto poder sobre
estas influencias. Marcos revela además su poder contra la enfermedad. El primer relato de
cómo obraba su poder es la curación de la suegra de Pedro. Para mi eso ha sido siempre algo
muy conmovedor. Es significativo que comenzase con una suegra. Hacemos muchos chistes
sobre las suegras, pero es evidente que Pedro estaba muy preocupado por ello. Nuestro Señor

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tocó su fiebre y la abandonó. Y entonces se reunió todo el pueblo a la puerta y él sanó a cada
uno de ellos. El próximo relato es el de un leproso. Con él hizo lo nunca visto, no solamente
le sanó, sino que le tocó. Tengamos en cuenta que en aquella época nadie tocaba a los
leprosos. La ley de Moisés prohibía que les tocasen y ellos tenían que ir gritando "¡Impuro!
¡Impuro! A nadie se le ocurriría para nada tocar a un leproso, pero la compasión del corazón
del siervo se revela en que le toca, le sana y le envía al sacerdote, el primer caso en todas las
Escrituras de un leproso que es sanado conforme a la ley de Moisés y es enviado al sacerdote,
como exigía la ley.

Como un segundo énfasis, el Evangelio de Marcos destaca diferentes actitudes hacia


nuestro Señor, que resultaron evidentes al ir desarrollándose su ministerio entre los hombres.
El siervo afecta siempre a las personas. Al llevar a cabo su ministerio fue haciendo el bien y
los hombres adoptaron ciertas actitudes para con él. En Nazaret, su ciudad natal, se sintieron
ofendidos por él y no se sintieron demasiado satisfechos con lo que dijo. Querían que él
hiciese milagros, pero no hizo ninguno, sino que les habló con bastante dureza y ellos se
ofendieron. Luego estaba el caso del rey Herodes, que se sentía supersticiosamente atraído a
Jesús además de temerle, hasta el punto de preguntarse si sería Juan el Bautista, resucitado
de los muertos. El relato continúa revelando la actitud de sus discípulos, después de que
partiese el pan y alimentase a los cinco mil y luego les sorprendió caminando sobre el mar.
Leemos (capítulo 6, versículos 51-52): "Y subió en la barca, y se calmó el viento. Ellos
estaban sumamente perplejos, pues aún no habían comprendido lo de los panes; mas bien,
sus corazones estaban endurecidos."

Este endurecimiento del corazón es característico de las actitudes que adoptaban


muchos hacia nuestro Señor y su ministerio como siervo. Encontramos además la hipocresía
y la actitud crítica de los fariseos en el capítulo 7 y la aceptación de muchos al final del mismo
capítulo, que se sintieron grandemente sorprendidos diciendo: "¡Todo lo ha hecho bien! Aún
a los sordos hace oír y a los mudos hablar. (Mar. 7:37) Esa es la señal de un corazón creyente,
de uno que puede decir acerca de Jesús: "¡Todo lo ha hecho bien! Hay algo muy importante
que hizo nuestro Señor y se encuentra en el capítulo 8, versículos 22 a 26, donde leemos:
"Jesús fue a Betsaida y le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocase. Entonces tomando al
ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea..."

¿Por qué lo sacó fuera de la aldea? "...Después de mojarle los ojos con saliva e
imponerle las manos, le preguntaron: --¿Ves algo? Al mirar, decía: --Veo a los hombres, pero
los veo como árboles que andan. Luego puso otra vez las manos sobre sus ojos, y miró
intensamente. Y fue restaurada su vista y veía todo de lejos y claramente. Entonces Jesús le
envió a su casa diciendo: --No entres en la aldea.". ¿Por qué? ¿De qué aldea se trataba? De
Betsaida. En el Evangelio de Mateo, Betsaida era uno de aquellos pueblos sobre el cual Jesús
había pronunciado juicio diciendo: "¡Ay de ti Corazín! ¡Ay de ti Betsaida! Porque si se
hubieran realizado en Tiro y Sidón los hechos poderosos que se realizaron en ti..." (Mat.
11:21). Aquí tenemos el caso de un pueblo que había rechazado su ministerio y su persona y
nuestro Señor no permite ningún otro testimonio en dicha ciudad. Sacó al ciego antes de
sanarle y es el único caso en el que el Señor no realiza una curación instantánea y completa
con solo hablar. Cuando la curación quedó completada, no quiso ni siquiera permitirle que
volviese a la aldea, porque aquella era una aldea objeto de juicio, habiendo rechazado el

18
ministerio del Siervo de Dios. Ese incidente pone punto final a la primera división del
Evangelio de Marcos.

A continuación tenemos la introducción al segundo tema. Vino no para que le


sirviesen, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos (capítulo 8, versículo 31):
"Luego comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre padeciese mucho,
que fuese desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas y que fuese
muerto y resucitado después de tres días.". A partir de aquí, el rostro de nuestro Señor mira
hacia Jerusalén y hacia la cruz. Va para ser la ofrenda a Dios, el sacrificio, el siervo que se
entrega a sí mismo por completo como rescate por aquellos a los que vino a salvar. La
revelación de su programa aparece en este versículo. Vino para sufrir, para ser rechazado,
para que le matasen y al cabo de tres días para resucitar de nuevo. Así es como lo hará.

¿Recuerda cuál fue la reacción de Pedro en ese momento? Le tomó y le reprendió


diciendo: "No te hagas eso Señor. Esa es siempre la manera de hacer las cosas el hombre
caído. La filosofía del mundo es "no padezcas, no hagas nada que no te quede más remedio
que hacer, no te involucres, no hagas nada que no sea necesario para tu comodidad. ¿No es
esa la filosofía de nuestro tiempo? Nuestro Señor dijo: "Pedro, reconozco de dónde procede
esa actitud. Le dijo: "¡Apártate! ¡Detrás de mi, Satanás! (Mar. 8:30) Y luego llamo a la
multitud juntamente con sus discípulos y les dijo: "si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. (Mar. 8:34) Ese es el camino. El protegernos a
nosotros mismos es el camino del demonio, pero el entregarnos es el camino de Dios. Este
es el plan que aparece en el resto de esta sección de Marcos.

A esto sigue la historia de la Transfiguración, cuando Jesús revela su intención para


el hombre. Lo sugiere el primer versículo del capítulo 9. Les dijo: "De cierto os digo que hay
algunos de los que están aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el
reino de Dios que ha venido con poder.". Luego guió a Pedro, Jacobo y Juan a la cima del
monte y no probaron literalmente la muerte hasta no haber visto al Rey viniendo en gloria.
Recuerde que Pedro se refiere a esto en su epístola. Dice: "Porque os hemos dado a conocer
el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas artificiosas, sino porque
fuimos testigos oculares de su majestad...oímos esta voz dirigida hacia el cielo cuando
estabamos con él en el monte santo." (2ª Ped. 1:16-18).

Aquí sugiere que la intención de Dios con respecto al hombre y el propósito de la


obra redentora de nuestro Señor es que los hombres no prueben la muerte. Vino para librarnos
del aguijón de la muerte, del espantoso gusto de la muerte. Los cristianos mueren, pero nunca
prueban la muerte porque la muerte es la puerta que se abre a la vida. ¿Por qué es verdad que
los cristianos pueden decir juntamente con Pablo: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? porque Hebreos nos dice que Jesús probó la muerte por
todos. (Heb. 2:9). El capítulo 10 habla acerca de la familia, de los hijos. Pasa al almacén de
los trastos viejos de la vida humana y toma esos dones de Dios que los hombres han retorcido,
a los que les han dado un uso equivocado y los ha despojado de la incrustación de la tradición,
el egoísmo del hombre, y los restaura de manera preciosa al propósito que Dios pretendía
que tuviesen.

19
En el capítulo 11 tenemos el principio de la semana de la pasión, la última semana de
nuestro Señor al dirigirse hacia la cruz. En este capítulo, se nos presenta otro acto de gran
importancia del que solo Marcos deja constancia (versículo 15): "Llegaron [es decir, él y sus
discípulos] a Jerusalén y Jesús entró en el templo. Y comenzó a echar fuera a los que vendían
y a los que compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que
vendían palomas.". Este no es el mismo acto que relata Juan en su Evangelio. (Juan 2:13-16)
En el Evangelio de Juan eso sucedió al principio del ministerio de nuestro Señor, pero en este
caso, al final de su ministerio, por segunda vez, tirando las mesas de los cambistas, limpiando
el templo y Marcos dice: "y no consentía que nadie cruzase por el templo llevando utensilio
alguno. (Mar. 11:16).

¿Qué significa eso? Los únicos que llevaban cosas en el templo eran los sacerdotes.
Según la ley mosaica, era su obligación coger la sangre de los animales sacrificados sobre el
altar de bronce en el atrio y llevar la sangre al lugar sagrado ante el altar. Y una vez al año el
sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo y rociaba la sangre sobre el altar de oro y el
asiento de la misericordia. Este era un ritual muy importante. Pero el Señor puso fin a todo
esto. No permitía que ningún hombre llevase nada en el templo. En otras palabras, acabó con
los sacrificios. Los judíos los volvieron a realizar hasta que tuvo lugar la destrucción del
templo en el año 70 A.D., pero lo hicieron sin autoridad divina. Los sacrificios carecen de
significado a partir de este momento, porque ahora él es el Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo. Desde este relato avanza hacia el Monte de los Olivos, desde allí al
aposento alto, al Huerto de Getsemaní y a la cruz.

Los últimos capítulos tienen que ver con preguntas que la gente le hacía. En el
capítulo 11 responde a preguntas de los sacerdotes y de los ancianos que vienen a verle
guiados por el odio e intentando atraparle por medio de sus preguntas. En el capítulo 12
responde a preguntas hechas por los fariseos y los herodianos que de igual modo intentan
atraparle con sus preguntas, pero él ve a través de la hipocresía de ellos. También en el
capítulo 12, los saduceos vienen e intentan atraparle. Eran los materialistas, aquellos que no
creían en la resurrección ni en la vida del espíritu. A continuación un escriba con un corazón
sincero le hizo la única pregunta sincera hasta el momento. Vino a él y le preguntó: "¿Cuál
es el primer mandamiento de todos? (Mar. 12:28) Nuestro Señor le contesta de inmediato y
con toda claridad. En el capítulo 13 acuden a él los discípulos para hacerle una pregunta y en
su respuesta nuestro Señor revela todo lo del tiempo por venir. Esta es la sección de la gran
predicción, que termina con su regreso en gloria.

En el capítulo 14 encontramos dos actos que muestran el carácter lleno de gracia del
siervo. María vino y ofreció su sacrificio en forma de un perfume de mucho precio, que
derramó sobre los pies de Jesús, y luego Judas fue y le traicionó por dinero. Un acto de
absoluta abnegación y el otro un acto de absoluto egoísmo. Comenzando con el capítulo 15,
tenemos el relato de la cruz. En el relato de Marcos este es un acto de la más increíble
brutalidad, llevado a cabo en nombre de la justicia. El Señor parece exteriormente un hombre
derrotado, un trágico fracaso, con su causa totalmente perdida. Se siente acosado, apaleado
y escupido. Como él mismo dijo: "el Hijo del hombre padecerá muchas cosas. Finalmente,
es crucificado. Es un relato tan tremendamente diferente del hombre de Galilea que obraba
maravillas que comienza esta epístola, el poderoso hombre de poder, el siervo que tiene

20
autoridad. No es de sorprender que los sumo sacerdotes, al contemplarle de ese modo, dijesen
acerca de él: "A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar. (Mar. 15:31) Esa es una extraña
declaración y es, sin embargo, una de esas asombrosas manifestaciones que revelan cómo
Dios puede hacer que incluso sus enemigos le alaben, porque tienen razón y se equivocan al
mismo tiempo. Estaban equivocados en lo que habían querido decir por medio de aquellas
palabras "A otros salvó, a sí mismo no puede salvar pero estaban en lo cierto en lo que
dijeron.

Al leer este relato, me siento impresionado por tres cosas que no consiguieron que
hiciese nuestro Señor. Primero, no consiguieron que el Señor hablase: "Pero Pilato le
preguntaba de nuevo diciendo: --¿No respondes nada? Mira de cuantas cosas te acusan. (Mar.
15:4) "Pero Jesús aun con eso no respondió nada, de modo que Pilato se maravillaba. Y no
consiguieron hacerle beber: "Le dieron a beber vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.
(Mar. 15:23) ¿Por qué no? Porque podría haberse salvado a sí mismo, de haberlo hecho. Si
hubiera hablado ante Pilato, se podría haber salvado a sí mismo. Los sumo sacerdotes tenían
razón, había salvado a otros, pero no podía y no debía salvarse a sí mismo. De haber hablado,
podría haberse librado ante Pilato, pero no pudo hacerlo. De haber bebido, podría haberse
ahorrado el efecto de la agonía de la cruz y el peso de la carga del mundo sobre sus hombros,
pero no quiso hacerlo. No quiso salvarse a sí mismo.

Y finalmente, ni siquiera lograron hacerle morir. Leemos: "Pero Jesús, dando un


fuerte grito, expiró (Mar. 15:37) que es realmente una interpretación. Lo que dice el griego
es: "se deshizo de su espíritu. Dio permiso a su espíritu para que se fuese, no murió a manos
de los asesinos, sino que dejó marchar a su espíritu, le despidió porque él mismo había dicho:
"nadie puede quitarme la vida, yo la pongo de mi mismo. Podría haberse negado a morir y
no podrían haberle quitado la vida. El lo dijo. Podría haber colgado de la cruz y haberse
burlado de la capacidad de ellos para matarle, pero no lo hizo. Murió, deshaciéndose de su
espíritu. Cuando llegamos al último capítulo, la resurrección de nuestro Señor, nos enteramos
de su motivo. Guardó silencio y se negó a apelar a Pilato y a la multitud, porque estaba
colocando el fundamento de un día futuro, cuando mediante el poder de la resurrección
apelaría a una multitud mucho más numerosa, cuando toda rodilla se inclinaría y toda lengua
proclamaría que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. No quiso beber para atontar
sus sentidos porque estaba colocando la base para incluso aquellos que estaban alrededor de
la cruz a fin de que pudiesen entrar en la vida tan maravillosa, tan vigorosa y abundante, que
todos los momentos de mayor celo de toda la tierra palidecerían en comparación.

No permitiría que los hombres le quitasen la vida, pero él la puso voluntariamente a


fin de poder vencer al mayor enemigo del hombre, a la muerte, y librar para siempre a todos
los que creen en él del poder terrible del aguijón de la muerte. Ese es el Evangelio, a otros
salvo, pero no pudo salvarse a sí mismo.

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EL MENSAJE DE LUCAS

El tercer Evangelio presenta a Jesús como el Hijo del hombre, que era el título favorito
de nuestro Señor para sí mismo y que usaba con más frecuencia que ningún otro nombre. Al
leer el Evangelio de Lucas, al que encontramos aquí es, como es natural, la misma persona
acerca de la cual leemos en Mateo y Marcos. Sin embargo, en Mateo lo que se enfatiza es su
realeza. Mateo es el Evangelio del Rey y en Marcos le vemos como siervo de Dios, ocupado
en su ministerio, dando continuamente de sí mismo, pero en Lucas lo que se enfatiza es
completamente diferente. Aquí tenemos el Evangelio del Hijo del hombre, de Jesús, el
hombre. A lo largo de todo este Evangelio se destaca constantemente su hombría. La clave
del Evangelio, que forma un breve resumen del libro, se encuentra en el capítulo 19, versículo
10. Este es un pasaje muy conocido pronunciado por nuestro Señor, en el que dijo acerca de
sí mismo: "El Hijo del hombre vino a buscar y salvar a los perdidos. O como dice en la
Versión de Rey Jaime dice: "El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había
perdido que es un poco más exacto.

No se refiere solo a salvar a las personas perdidas, sino a buscar lo que se había
perdido. ¿Y qué es lo que está perdido? Tal vez diga usted que lo que está perdido son los
hombres. No, es el hombre, el secreto de nuestra humanidad. Ya no sabemos ser lo que
deberíamos ser. Todo el dilema de la vida es que aún tenemos, muy en el fondo, una especie
de memoria racial de lo que debiéramos ser y de lo que queremos ser, pero no sabemos cómo
realizarlo. El hombre no ha olvidado nunca el mandato de Dios de subyugar y dominar la
tierra, descubriendo todas sus fuerzas. Esto es lo que hace que le hace continuamente
participar en empresas científicas que desvelen los secretos de la naturaleza, que los domine
y que los use para su propio provecho, pero no sabemos cómo ser hombres y se ha perdido
el secreto de la humanidad.

Recuerdo haber leído hace algunos años acerca de un grupo de astrónomos que
estaban discutiendo sobre el progreso de la ciencia de la astronomía. Estaban tratando acerca
de las muchas teorías que tienen que ver con la expansión del universo e intentando explicar
algunos de los fenómenos que se habían descubierto sobre las grandes extensiones del
espacio. Nadie puede trabajar en ese campo sin sentir en ocasiones la insignificancia de los
hombres y sin sentir, tal vez, todo el impacto de la pregunta que hizo David en el salmo
octavo: "Cuando contemplo los cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has
formado, digo: ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes y el hijo del hombre para que le
visites? ¿Qué es el hombre?

En ese grupo de astrónomos a alguien se le ocurrió suscitar la pregunta: "hablando


desde el punto de vista astronómico dijo esa persona, "¿qué es el hombre, en comparación
con la inmensidad de este universo, con sus distancias imposiblemente grandes y sus enormes
cuerpos que giran y que son miles de veces mayores que nuestro sol? Alguien se puso en pie
y dijo: "El hombre es el astrónomo. Esa es la forma de pensar del hombre. Incluso en su
pequeñez es, a pesar de todo, necesario afrontar estas importantes cuestiones y temas, que
marcan algo acerca del misterio del hombre. Hay algo inexplicable acerca del hombre. Una
de las preguntas que nos tienen intrigados es "¿qué diferencia hay entre el hombre y los
animales? Somos conscientes de que existe un enorme espacio, pero nadie acierta a

22
explicárselo. Existe un profundo e inexplicable misterio alrededor del hombre. Es este secreto
perdido, este misterio impenetrable, lo que vino a revelar nuestro Señor y que destaca de
manera especial en el Evangelio de Lucas.

Lea de nuevo la frase: "El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había
perdido. En ella encontramos las divisiones del Evangelio. Primero, el Hijo del hombre vino
y, al principio de este Evangelio, Lucas nos dice de qué modo llegó a la raza. Luego vino a
buscar. La primera parte del ministerio consiste en buscar al hombre, en introducirse en el
corazón de la humanidad, penetrando en las emociones, los pensamientos y los sentimientos
de la humanidad, descubriendo los centros innatos de la motivación humana, dando en el
clavo y mostrando su dominio sobre estos aspectos. Finalmente, pasa a salvar por medio de
la cruz y la resurrección. Estas divisiones se pueden ver claramente. Los primeros tres
capítulos y el principio del cuarto nos hablan acerca de la introducción del Señor en la raza,
comenzando con su genealogía; nos dice cómo nació y se convirtió en uno de nosotros. A
continuación de los capítulos cuatro al 19 se nos relata la primera parte de su ministerio entre
los hombres y, especialmente, su viaje hacia Jerusalén: "Aconteció que, cuando se cumplía
el tiempo en que había de ser recibido arriba, el afirmó su rostro para ir a Jerusalén." (9:51)

El relato de este viaje abarca del capítulo nueve a parte del 19, contando incidentes
que sucedieron por el camino. Finalmente leemos: "Después de decir esto, iba delante
subiendo a Jerusalén." (19:28). Esto señala el final de su ministerio de penetración en el
carácter y la naturaleza del hombre y el comienzo de su obra por salvar al hombre. Introduce
la última sección del libro, en el que entra en la ciudad, llega al templo, sube al Monte de los
Olivos, luego al tribunal de Pilatos, a la cruz, al sepulcro y hasta el día de la resurrección.
Como ya sabe usted, Lucas es el autor del libro, el gran médico, el compañero de Pablo. Es
apropiado que sea Lucas el que escriba este Evangelio de la humanidad de nuestro Señor.
Está escribiendo, como ve en la introducción, a otro hombre, un griego, acerca del que
sabemos poco o nada, pero que evidentemente era amigo de Lucas (cap. 1, versículos 1-4):
"Puesto que muchos han intentado poner en orden un relato acerca de las cosas que han sido
ciertísimas entre nosotros, así como nos las transmitieron los que desde el principio fueron
testigos oculares y ministro de la palabra, me ha pareció bien también a mi, después de
haberlo investigado todo con diligencia [o con mucha exactitud] desde el comienzo,
escribírtelas en orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las
cosas en las cuales has sido instruido."

He aquí su explicación de por qué escribe. Teófilo es evidentemente alguien que


durante un corto tiempo se había relacionado con la fe cristiana, y ahora Lucas intenta
explicársela de una manera más completa. Lucas mismo era griego y le escribe a un griego.
Esto resulta muy interesante, porque el ideal de los griegos era la perfección de la humanidad
y es, precisamente esto lo que revela el Evangelio según Lucas. En esta introducción hay una
palabra en la que vale la pena fijarse, porque queda oscurecida por la manera en que
normalmente se imprime. Lucas escribe acerca de una persona, de la misma manera que lo
hizo Juan en su Evangelio. Aunque normalmente queda oculto, Lucas usa el mismo nombre
que Juan. ¿Recuerda usted cómo empieza el libro de Juan? "En el principio era el Verbo y el
Verbo era con Dios y el Verbo era Dios. Ahora fíjese en esto, en el versículo 2: "...así como
nos las transmitieron los que desde el principio fueron testigos oculares y ministro de la

23
palabra. Aquí no aparece con mayúscula, como sucede en el caso de Juan, pero no hay
ninguna buena razón para que no lo esté porque se trata de la misma persona. En este caso,
es evidente que los traductores debieron pensar que Lucas se estaba refiriendo a la palabra
hablada, pero Lucas está hablando sobre la Palabra definitiva de Dios, que revela el misterio
de la virilidad.

Resulta imposible leer el Evangelio de Lucas detenidamente y de manera perceptiva


sin fijarse en que hay varias semejanzas asombrosas en la Epístola a los Hebreos. Esto es
muy significativo, porque estoy personalmente convencido de que Lucas escribió la Epístola
a los Hebreos, al menos lo escribió en su forma final. Pablo fue el autor de los pensamientos
de Hebreos y posiblemente lo escribió originalmente en idioma hebreo y lo envió a los judíos
de Jerusalén. Pero Lucas, deseando hacer que estas maravillosas verdades estuviesen a
disposición del mundo gentil, las tradujo del hebreo al griego, parafraseándolo parcialmente
en lugar de traducirlo, por lo que se encuentran muchas de sus propias expresiones en él. Los
eruditos reconocen de inmediato, al tratar el idioma original, que los pensamientos de
Hebreos son los de Pablo, pero las palabras y la forma de la expresión, en el griego, parecen
ser de Lucas. Si eso es cierto, tenemos una explicación sobre algunos de los asombrosos
paralelismos que existen entre Hebreos y el Evangelio de Lucas.

El mensaje de Hebreos declara el hecho asombroso de que Jesucristo se hizo hombre


con el propósito de poseer a los hombres a fin de poder entrar en el hombre. Es algo que ha
sido construido alrededor del simbolismo del Antiguo Pacto, y en especial del tabernáculo
del desierto. El tabernáculo es la imagen que Dios nos ofrece de algo y la Epístola de Hebreos
nos dice lo que es. Cuando Moisés subió al monte le fue transmitida la norma que debía
seguir al hacer el tabernáculo de manera explícita, una norma sobre las cosas celestiales. Eso
no quiere decir algo que está allá afuera en el espacio en alguna parte, sino las realidades que
son invisibles para nosotros, esas son las cosas celestiales, acerca de las cuales el tabernáculo
es una imagen. Al leer Hebreos, se dará usted cuenta de que el tabernáculo era una imagen
asombrosa del hombre mismo. El tabernáculo fue construido en tres secciones: estaba el atrio,
al que podían entrar hasta los gentiles, al alcance de todos; luego había un edificio en el
centro, dividido en dos secciones, el Lugar Sagrado y el Santísimo. Los sacrificios se
realizaban en el atrio. El sacerdote cogía la sangre y la llevaba al Lugar Sagrado, donde era
rociada sobre el altar que había en él, pero una vez al año, el sumo sacerdote, bajo las
condiciones más precisas, podía entrar detrás del velo, al Lugar Santísimo. Aparte de esa sola
entrada no se le permitía la entrada a nadie al Lugar Santísimo bajo pena de muerte, porque
el misterio de la Shekinah, la extraña presencia de Dios, habitaba en ese lugar sagrado e
impresionante.

Pero ¿qué significa todo esto? Es una imagen del hombre, del hombre en su estado
caído. Nosotros somos ese tabernáculo en el que se pretendía que habitase Dios. Nosotros
tenemos un atrio, un cuerpo, que está hecho de tierra y que nos pone en contacto con la tierra
y con la vida material que nos rodea. También tenemos un Lugar Sagrado, el alma, el lugar
de la intimidad, donde las funciones intimas de nuestro ser tienen lugar; las funciones de la
mente, de la conciencia, de la memoria y otras cosas misteriosas. Es muy difícil entender lo
que sucede en el alma y durante siglos los hombres se han estado debatiendo por estudiar la
psique (la palabra griego que significa alma). La psicología y la psiquiatría, son esfuerzos

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que lleva a cabo el hombre por investigar el misterio del Lugar Santísimo. Luego está el otro
lugar, el Santísimo, detrás del velo, el lugar impenetrable, en el que no podemos entrar.
Sabemos que hay algo más, algo más profundo, sustentando los aspectos del alma en nuestra
vida. Algunos de los grandes pensadores de nuestro tiempo están reconociendo este hecho.
Algunos de los dirigentes del pensamiento psicológico nos están diciendo que no hemos
explicado al hombre al referirnos solo al alma, porque hay algo por debajo, pero no podemos
tocarlo, ya que es algo profundo, misterioso e impenetrable, algo que está oculto detrás del
velo. Allí es donde Dios pretendía habitar y es el centro de la vida humana que debía ser.
Debido a que es en gran medida inoperante en el hombre caído, los hombres se comportan
como animales inteligentes. Sin embargo, hay algo misterioso, reservado, que se encuentra
profundamente arraigado en una parte a la que no podemos tener acceso.

En el Evangelio de Lucas podemos seguir la pista a Aquel que penetra en el lugar


secreto, que se introduce en el espíritu del hombre, el lugar del misterio y que rompe el velo,
abriéndolo de modo que el hombre pueda descubrirse a sí mismo y al misterio de su ser para
poder, de ese modo, sentirse realizado. Eso es lo que el hombre está buscando
desesperadamente por doquier. No hay nada más emocionante que el sentido de realización,
el poder aprovechar las posibilidades de la personalidad. Por eso es por lo que luchamos,
pero hemos perdido la llave, hasta que el Hijo del hombre, que vino a fin de revelarse y
redimir al hombre, ponga esa llave en nuestra mano de nuevo.

Esa es la buena nueva que nos da Lucas. En primer lugar, el Señor llega al atrio, y en
la primera sección, hasta el capítulo 4, versículo 13, encontramos su entrada al escenario de
este mundo. Allí Lucas deja constancia de tres cosas acerca de él, la primera de las cuales es
su nacimiento virginal, algo sobre lo cual oímos hablar mucho en la actualidad. Hay aquellos
que niegan abiertamente el nacimiento virginal, y que incluso se colocan detrás de los
púlpitos, habiendo hecho votos de defender las verdades sagradas de la fe cristiana y
abiertamente niegan esta verdad, declarando que carece de importancia y que no es histórica.
Pero es de gran importancia, de suprema importancia. Lucas (que era médico y, como tal,
puso su sello de aprobación a este asombroso misterio biológico) nos dice que aquí vino Uno
que entró a formar parte de la raza humana y que nació de una virgen porque María no había
conocido varón, pero a pesar de eso tuvo un hijo y llamó su nombre Jesús. La maravilla de
ese misterio aparece en esta historia sencilla, ingenua contada por Lucas.

A continuación se enlaza con la genealogía humana. ¿Se ha fijado usted en la


diferencia entre la genealogía de Lucas y la de Mateo? Mateo sigue su genealogía hasta el
Rey, a David, pero Lucas retrocede al pasado y no para hasta llegar a Adán, al que llama el
hijo de Dios, el primer hombre, el primer Adán. Por lo que une al primer Adán con el segundo
Adán en este Evangelio del Hijo del hombre, las Buenas Nuevas que resuelven el misterio
del hombre. El segundo detalle que ofrece Lucas es la historia de la presentación de nuestro
Señor en el templo a la edad de 12 años y cómo dejó a los doctores de la ley atónitos por su
habilidad para responder a las preguntas y su agudeza mental. Aquí tenemos una revelación
de su extraordinaria capacidad mental, de una mente que se nos presenta como perfecta. De
la misma manera que su cuerpo era perfecto y sin pecado, gracias al nacimiento virginal,
también se le revela con una mente perfecta.

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En tercer lugar, nos cuenta la historia de la tentación en el desierto, donde se revela
al Señor como perfecto en lo más íntimo de su espíritu. Eso es algo que se indica por
adelantado mediante el anuncio de su bautismo, cuando se dijo de él: "...mi Hijo amado, en
ti tengo complacencia. (Luc. 3:22) Luego le vemos pasar al Lugar Sagrado, más allá del atrio,
al centro del ser del hombre, de su vida, y pensando (como nos dice Hebreos) "hecho
semejante a sus hermanos (Heb. 2:17) Esta sección empieza con el asombroso relato de su
visita a la sinagoga en Nazaret, donde le fue entregado el libro de Isaías, halló el lugar y
comenzó a leer donde está escrito: "El Espíritu del Señor Jehová está sobre mi, porque me
ha ungido Jehová. Me ha enviado para anunciar buenas nuevas a los pobres, para vendar a
los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y a los prisioneros
apertura de la cárcel. Para proclamar el año de la buena voluntad de Jehová..." ( Isa. 61:1).
En este versículo está afirmando lo que vino a hacer, a introducirse en los pobres, los
oprimidos, los ciegos, los cautivos y para liberarles. La historia completa de los próximos
capítulos cuenta que él forma parte de las experiencias corrientes de los hombres, cuando
estos viven en tinieblas, en esclavitud y en muerte. No tarde en iniciar su viaje a Jerusalén,
como ya hemos visto, empezando a entrar de lleno en el alma del hombre.

Por fin, en el capítulo 19, versículo 28, le vemos preparándose a entrar como sumo
sacerdote en el Lugar Santísimo del hombre, con el propósito de restaurar lo que ha estado
perdido durante todos estos siglos. Como recordarán ustedes, en el Lugar Santísimo no había
más que dos muebles. Estaba el Arca del Pacto, con el propiciatorio bajo las alas de los
querubines que la cubrían y donde habitaba la gloria de la Shekinah. Estaba además el altar
de oro del incienso mediante el cual la nación debía ofrecer su alabanza a Dios. Estos dos
son simbólicos de lo que se halla oculto en lo más profundo del hombre. El propiciatorio nos
habla de la relación que tiene el hombre con Dios. Hebreos nos dice que solo la sangre puede
hacer dicha relación aceptable: "Sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecados."
(Heb. 9:22).

Era la sangre sobre el propiciatorio lo que hacia que se concediese el perdón y la


gracia de Dios. Nuestro Señor se prepara ahora a introducirse en el espíritu oculto del hombre
y ofrece su propia sangre. Como se nos dice en Hebreos: "entró una vez para siempre en el
lugar santísimo, logrando así eterna redención...mediante su propia sangre." (Heb. 9:12). El
altar del incienso nos habla acerca de la comunicación entre el hombre y Dios, la
comunicación por medio de la oración. La oración es la más profunda función del espíritu
humano y no hay nada que llegue más profundo. Cuando la desesperación, la derrota o la
necesidad nos hacen caer de rodillas, descubrimos que estamos tratando con los elementos
más vitales de nuestro espíritu, para con Dios. Eso es lo que es básicamente la oración. Por
lo tanto, la cruz del Señor entra directamente en el área fundadora de la experiencia humana.

Al continuar con Lucas, vemos cómo el Señor va del Monte de los Olivos a la ciudad,
limpia el templo, enseña y predica en él, regresa al Monte para pronunciar su discurso del
Olivet. Luego va al aposento alto, a la fiesta de la pascua y de allí al Huerto de Getsemaní,
ante el trono del juicio de Pilato y a la cruz, seguido por una multitud al llevarle fuera de las
puertas de la ciudad para clavarle en el árbol. Al llegar a los capítulos finales, nos enteramos
de algo realmente asombroso: "Cuando era como la hora sexta, descendió oscuridad sobre la
tierra hasta la hora novena. El sol se oscureció y el velo del templo se rasgó por en medio."

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(23:44). ¿Por qué? ¿Cuál fue el motivo de que se rompiese el velo? Porque el Lugar Santísimo
había quedado abierto por primera vez a la vista de los hombres. Cuando murió el Hijo del
hombre, Dios rasgó el velo de par en par. Entró en el Lugar Santísimo y el secreto del hombre,
el secreto de la humanidad, quedó desvelado.

Encontramos ahora la maravilla de la mañana de la resurrección y el relato que nos


ofrece Lucas de los dos hombres que iban por el camino, en dirección a Emmaus, cuando se
apareció un extraño junto a ellos y les dirigió la palabra. ¡Qué cosas decía, las cosas más
sorprendentes del mundo, al abrirles las Escrituras y hablarles acerca de Cristo y lo que había
sido anunciado sobre él! dijeron después, una vez que supieron quién era. "¿No ardía nuestro
corazón en nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos abría las Escrituras?" (24:32).
¿Por qué? Bueno, porque un corazón ardiente es un corazón dominado por la emoción y la
gloria de una humanidad que se siente realizada y ahí es donde Lucas acaba su Evangelio. El
secreto queda revelado y el hombre totalmente poseído. Se ha entrado en el Lugar Santísimo.

No creo que pudiésemos hacer nada mejor, al acabar nuestra encuesta de este
Evangelio, que pasar a la Epístola a los Hebreos y leer estas palabras: "Así que, hermanos,
teniendo plena confianza para entrar al lugar santísimo por la sangre de Jesús, por el camino
nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo (es decir, su cuerpo...". Es en ese punto en el
que nos encontramos en estos momentos. El secreto de cada corazón humano está abierto a
cualquiera que le abra su corazón al Hijo del hombre, a Aquel que penetra en las
profundidades del espíritu humano, y a partir de ahí establece de nuevo esa relación con Dios
que hace al hombre lo que Dios pretendía que fuese. El escritor continua diciendo: "...y
teniendo un gran sumo sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero,
en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los
cuerpos con agua pura. Retengamos firme la confesión de la esperanza sin vacilación...".

Después de todo, cuando Cristo entró en su espíritu humano, a usted le sucedió algo
que nadie puede negar, algo contra lo cual ningún argumento puede tener la menor fuerza.
Tiene usted la absoluta seguridad interior y, por lo tanto, manténgase firme sin vacilar.
"...porque fiel es el que lo ha prometido. Considerémonos los unos a los otros para
estimularnos al amor y a las buenas obras... Toda posibilidad de una humanidad realizada
está ahora al alcance de cualquier persona en la que habite el espíritu de Cristo. Todo cuanto
desee usted ser, lo puede ser, en términos de amor y de buenas obras. El escritor continua
diciendo: "No dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; más bien,
exhortémonos y con mayor razón cuando veis que el día se acerca." (Heb. 10:19-25).

Eso lo resume en un breve párrafo, el extraño misterio de los siglos, respondiendo a


todas las preguntas que han sido hechas por filósofos y por pensadores acerca del misterio de
nuestra raza. ¿Por qué actuamos como lo hacemos? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Cuál es el
propósito de todo ello? Lucas lo ha desvelado para nosotros en el Evangelio del Hijo del
hombre, el Hombre que desveló al hombre.

27
EL MENSAJE DE JUAN

Por muy diversos motivos, el cuarto Evangelio tiene un especial significado para mi,
pero sobre todo debido a que fue escrito por el discípulo más cercano al corazón del Señor.
Al leer el Evangelio de Mateo, leemos el relato de nuestro Señor visto a través de los ojos de
un discípulo devoto. Marcos y Lucas, como es natural, fueron cristianos dedicados que
conocieron y amaron a Jesucristo, a pesar de que aprendieron acerca de él principalmente
gracias al testimonio de otros, pero Juan fue el que aprendió apoyándose en su pecho.
Pertenecía al círculo interno que incluía a Pedro y a Jacobo, que pasaron con el Señor por las
circunstancias más íntimas de su ministerio y oyeron más que los otros. Por lo tanto, este
libro lo abrimos con un sentimiento de anticipación porque en él hallamos el testimonio de
los amigos más íntimos del Señor.

A la vista de esto, es sorprendente ver de qué modo empieza el Evangelio de Juan


(1:1): "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.". Algunas
veces pienso que resulta difícil creer que Jesús es Dios. Se que no hay ni un solo cristiano
que en una ocasión u otra no haya sentido el impacto de todos los argumentos que le
convierten solo en un hombre. Hay ocasiones en las que nos cuesta trabajo comprender la
intención completa de esas palabras y pensar en Jesús como Dios. Pero si nosotros lo
encontramos difícil ¿cuánto más no lo encontrarían sus discípulos? Ellos, de todos los
hombres, serían los que posiblemente les costaría más trabajo creer que fuese Dios, porque
vivían con él, veían su humanidad como ninguno de nosotros la hemos visto ni jamás la
veremos. Debieron de enfrentarse repetidamente con un tema que les intrigaría y les
preocuparía "¿quién es este hombre? Como ellos mismos dijeron: "¿Qué clase de hombre es
este que sana a los enfermos, resucita a los muertos, y hasta los vientos y el mar le obedecen?

Con frecuencia me los he imaginado tumbados bajo las estrellas con nuestro Señor
en una noche de verano junto al Mar de Galilea. Me imagino a Pedro o a Juan o incluso a
uno de los otros despertándose en medio de la noche, apoyándose sobre un codo, y al
contemplar al Señor Jesús, durmiendo junto a ellos, diciéndose a sí mismo: "¿Es esto verdad?
¿Es posible que este hombre sea el Dios eterno? ¿Cuál es el secreto de su ser, el misterio de
su venida? No es de sorprender que se sintiesen intrigados por él y que hablasen
continuamente entre ellos acerca del misterio de su ser. Pero la evidencia de lo que veían y
oían resultaba tan abrumadora y convincente que cuando llegaron al final de la historia,
cuando Juan empezó a poner por escrito los recuerdos de aquellos días extraordinarios,
comenzó declarando la deidad de Jesús: "El era el principio. Era el Verbo que estaba con
Dios, que estaba en el principio con Dios y era Dios.

Ese es el tema de este Evangelio de Juan. En Mateo vemos al Señor como Rey, en
Marcos le vemos como el siervo, siempre ocupado y sumido en una incesante actividad, en
Lucas vemos la perfección de su humanidad, el hombre tal y como Dios pretendía que fuese.
Pero ahora, en el Evangelio de Juan vemos cómo entra en el Lugar Santísimo y nos enteramos
del secreto de su vida. La clave del Evangelio de Juan se encuentra en el penúltimo capítulo
y este breve Evangelio tiene dos finales. Juan añade una postdata, que llamamos el capítulo
21, y que tiene que ver con ciertas cosas que sucedieron después de la resurrección, pero Juan
había acabado su Evangelio con estas palabras (capítulo 20, versículos 30-31): "Por cierto,

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Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas
en este libro. Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios, y para que creyendo [que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios] tengáis vida en su
nombre." (20:30-31).

Este es el doble propósito de este libro. Primero, Juan se dispone a presentar la


evidencia de por qué cualquier hombre en cualquier lugar puede creer totalmente y de todo
corazón que Jesús es el Cristo, o para usar la forma hebrea, el Mesías, el Ungido, el
prometido. El segundo propósito es mostrar que es el Hijo de Dios. Actualmente se concede
una gran importancia a las palabras el "Hijo de Dios, como si hubiese una distinción entre
Dios y el Hijo de Dios, pero ninguna palabra hebrea lo entendería jamás de esa manera. Para
los hebreos, llamar a alguien el "hijo de algo representaba que se identificaba o era idéntica
a esa cosa o esa persona. Bernabé fue nombrado "Hijo de Consolación. Ese es el significado
de su nombre. ¿Por qué? Porque era esa clase de hombre, un hombre al que le gustaba animar
y consolar a sus semejantes. Su mote representa el epítome de la consolación, era la expresión
de esa idea.

Para los hebreos, el uso de este término, el Hijo de Dios, quería decir "este es Dios.
Por eso es por lo que, invariablemente, cuando nuestro Señor usa ese término acerca de sí
mismo, se ve desafiado por los escribas y los fariseos incrédulos que le dicen "¿quién eres?
¿Quién te crees que eres? ¿Por qué te haces igual a Dios? Pues claro que lo hacia porque es
precisamente lo que quiere decir el título. Al disponerse a demostrar este hecho, Juan se vale
del principio de la selección. Deja que su mente repase aquellos tres años y medio
extraordinarios durante los cuales estuvo con el Señor. Mateo, Marcos y Lucas habían escrito
ya sus Evangelios, pero Juan no escribió el suyo hasta la última década del primer siglo. Lo
escribió cuando era ya anciano, recordando estos acontecimientos. Como es natural, los
críticos se han valido de este hecho para decir que no podemos depender del Evangelio de
Juan, porque es el relato de un anciano que está intentando recordar acontecimientos que
tuvieron lugar en su juventud. Sin embargo, no olvidemos que estos acontecimientos
estuvieron en los labios, en el corazón, en la lengua y en la memoria del apóstol Juan cada
día después de que sucediesen estos acontecimientos y estaba siempre hablando sobre ellos
y los escribió con el propósito de unir el relato que habían escrito Mateo, Marcos y Lucas.

Fíjense en qué modo los divide. Jesús es el Cristo, ese es el primer tema. Era la
pregunta en labios de los hombres de los tiempos de Juan, la pregunta que dividía a los judíos.
Las figuras más destacadas se estaban preguntando: "¿Es este al que Esperábamos? ¿Es este
el Cristo? Sabían que había una profunda sensación de expectación a lo largo de todo el
Antiguo Testamento, que decía siempre de un modo u otro "¡Alguien va a venir! ¡Alguien va
a venir! Al final del libro de Malaquías, vemos que está en el aire la pregunta: "¿Quién es
Este que ha de venir? En los días de Juan, las gentes se sentían conmovidas por la aparición
de Juan el Bautista y le preguntaron "¿eres tú el Cristo? A lo que él les respondió: "No, pero
viene tras de mi y cuando Jesús comenzó a predicar arriba y abajo, por las colinas de Judea
y de Galilea, había hombres por todas partes diciendo: "¿Es este al que esperábamos? ¿Es
éste el Mesías? El Señor Jesús declaró una y otra vez que había venido con las credenciales
autorizadas del Mesías. Es lo que quiso decir con las palabras: "De cierto, de cierto os digo
que el que no entra al redil de las ovejas por la puerta, sino que sube por otra parte, ése es

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ladrón y asaltante. Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas." (10:1-2). El redil
era la nación de Israel. Dijo que había Uno que habría de venir por el camino autorizado, por
la puerta y si alguien viene de alguna otra manera es un ladrón y un mentiroso, pero el que
entra por la puerta, la entrada autorizada, será reconocido como el Gran Pastor. Y continúa
diciendo (versículo 3): "A él le abre el portero y las ovejas oyen su voz...". En este versículo
se está refiriendo al ministerio de Juan el Bautista, que vino como el que habría de abrir la
puerta, como el precursor del Mesías. Por lo que vino como el que estaba autorizado, con las
debidas credenciales.

¿Cuáles eran esas credenciales? Son las que nos da él mismo en la sinagoga de
Nazaret. Lucas nos dice en el capítulo 4 que se puso en pie en la sinagoga ese día y leyó del
libro del profeta Isaías. Encontró el sitio y deliberadamente leyó aquellas palabras a los allí
reunidos: "El Espíritu del Señor Jehová está sobre mí, porque me ha ungido...". ¿Cuál es el
significado del Mesías? ¿Del ungido? "El Espíritu del Señor Jehová está sobre mí dice,
"...porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres...para proclamar libertad
a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el
año agradable del Señor." (Luc. 4:18-19). Se detuvo a mitad de la frase, cerró el libro y se
sentó. A continuación dijo a todos los presentes: "Hoy las Escrituras se han cumplido ante
vosotros, es decir, "yo soy Aquel al que se refieren.

Tomemos esas señales del Mesías y coloquémoslas junto a las siete señales que Juan
escoge del ministerio de nuestro Señor y se darán ustedes cuenta de que escogió esas en
particular porque son las señales que demuestran que Jesús es el Cristo, el Mesías.
Permítanme que se las enseñe en el orden en que aparecen en el Evangelio de Juan. El primer
milagro que realizó nuestro Señor fue transformar el agua en vino. (2:1-11) Ese milagro era
una parábola. Nuestro Señor estaba llevando a cabo un acto simbólico en las bodas de Cana
de Galilea. Tomó algo que pertenecía al ámbito de lo inanimado, como el agua y la
transformó en una sustancia viva, en vino. Cogió lo que pertenecía al ámbito de la muerte y
lo cambió en lo que es para siempre una expresión de gozo y de vida. De esta manera está
declarando, por medio de un símbolo, lo que vino a hacer: a proclamar el año aceptable del
Señor. No vino a declarar el día de la venganza, deteniéndose en el pasaje de Isaías. Pero
vino con el fin de declarar el día de la gracia, cuando el propósito de Dios sería tomar al
hombre con su estado de quebrantamiento, su vacío y su falta de animación para darle la vida,
para proclamar el tiempo aceptable del Señor.

La próxima señal es la curación del hijo del noble. (4:46-54) La figura central de ese
relato no es el hijo, que está enfermo y a las puertas de la muerte, sino el noble, que acude al
Señor con el corazón destrozado y entristecido por el sufrimiento. En la agonía de su corazón
clama a Cristo y le dice: "¿Vendrías y sanarías a mi hijo? El Señor no solo sana al muchacho
a distancia, con una palabra, sino que sana el corazón dolorido del padre. Como había dicho:
había sido ungido para sanar a los quebrantados de corazón. La tercera señal es la curación
del hombre impotente, junto al estanque de Betesda (5:1-9) Como recordarán, aquel hombre
llevaba allí treinta y ocho años. Había estado esclavizado por una enfermedad que le tenía
paralizado, de manera que no podía entrar en el estanque. Alguien le había llevado junto a él,
con la esperanza de ser sanado, con la esperanza de verse liberado y nuestro Señor le escogió
de entre una gran multitud de personas impotentes y le sanó, diciéndole: Levántate, toma tu

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cama y anda. Pero ¿por qué? Estaba demostrando su habilidad para liberar a los oprimidos.
Durante treinta y ocho años aquel hombre había estado atado y él le liberó en un instante.

El próximo milagro es la alimentación de los cinco mil (6:1-14) Este milagro aparece
en los cuatro Evangelios. Unido a él se encuentra el milagro sobre el caminar sobre las aguas.
¿Cuál es el significado de estas señales? La verdad es que resulta imposible leer el relato de
la alimentación de los cinco mil sin darse cuenta de que es una maravillosa demostración del
deseo que tiene el Señor de suplir las más profundas necesidades del corazón humano, del
anhelo profundo que siente el hombre de Dios y lo hace usando el pan como símbolo. El
mismo había dicho: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios. (Mat. 4:4) Y luego demostró la clase de pan al que se refería. "Yo dijo, "soy el
pan de vida. (6:35) Tomando el pan, lo partió y con él alimentó a los cinco mil, simbolizando
de qué modo tan absoluto puede suplir la necesidad de la vida humana.

Luego, enviando a sus discípulos en la tormenta, fue caminando sobre las olas hacia
ello en medio de la tempestad. Las olas eran de gran tamaño y la barca estaba a punto de
zozobrar, por lo que los discípulos se sentían angustiados a causa del temor. Pero él les
tranquiliza diciéndoles: "¡Yo soy; no temáis! (6:20) En el doble milagro de la alimentación
de los cinco mil y cuando camina sobre las aguas, hay una representación simbólica de la
capacidad que tiene nuestro Señor para satisfacer la necesidad de los corazones humanos y
librarlos de su mayor enemigo, que es el temor. Esta es una buena noticia ¿no es así? Esta es
una de las señales del Mesías: vino con el propósito de proclamar las buenas nuevas a los
pobres. ¿Se le ocurre a ustedes una noticia más importante que decirle a alguien que hay una
manera de hallar todo el gozo que anhela el alma, satisfaciéndola y librándola de todo temor
en la vida? Eso es proclamar las buenas nuevas a los pobres.

El próximo milagro es la curación del ciego. (9:1-12) Este milagro apenas si necesita
de comentario alguno. Nuestro Señor dijo que había venido para "dar la vista a los ciegos.
Escogió a un hombre que era ciego de nacimiento, de la misma manera que el hombre está
espiritualmente ciego desde el momento en que nace, y le sanó. El último milagro es la
resurrección de Lázaro de entre los muertos (11:1-44), simbolizando la liberación de aquellos
que durante toda su vida han vivido sometidos a la esclavitud de Satanás por medio del temor
a la muerte. Por lo tanto, estas siete señales demuestran, por encima de toda duda, que Jesús
es el Mesías, el Esperado. Pero Juan habla de algo mucho más profundo que eso, dice que él
es no solo el Cristo, sino el Hijo de Dios. Cuando le vemos con su poder de liberación, le
estamos viendo realmente como el Liberador prometido, como el Mesías. Oh sí, nos dice
Juan, pero ese no es el mayor secreto acerca de él. Cuando le vemos como el que puede hacer
todas estas obras poderosas, supliendo las más profundas necesidades de los hombres, miren
ustedes aun más allá y verán además su gloria.

Descubrimos que al hallarnos ante la presencia de su humanidad, contemplamos sus


preciosos ojos, sentimos el latido de su corazón humano, la compasión de su vida
derramándose en servicio y también nosotros nos encontramos ante la presencia de Dios,
viendo cómo él es. "Este dice, "es el Hijo de Dios. Esto es algo que nos dice en el primer
capítulo de su Evangelio: "A Dios nadie le ha visto jamás eso es establecer un hecho. El
hombre tiene un profundo deseo de Dios y está constantemente buscándole, pero Juan

31
continua diciendo: "...el Dios único [al margen dice que muchos manuscritos, como en esta
versión, se lee Dios] el único Dios, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
(1:18) Literalmente, ha hecho una exégesis de Dios, revelando cómo es Dios.

En su Evangelio Juan recoge siete de las grandes palabras de nuestro Señor, que
demuestran esa afirmación, basándolo todo en el gran nombre de Dios, que le fue revelado a
Moisés en la zarza ardiente. Cuando Moisés contempló la zarza ardiente y se volvió a un lado
para descubrir su secreto, Dios le habló desde la zarza y le dijo: "Yo soy el que Soy. (Exo.
3:14) Esa es la naturaleza de Dios. Es decir, "soy exactamente lo que soy. No soy nada más,
pero tampoco nada menos. Soy el eterno Yo Soy. Juan recoge siete veces esta palabra en su
Evangelio y la usa acerca de nuestro Señor.

De hecho, estas palabras brotaron en siete ocasiones diferentes de los labios de


nuestro Señor y esto constituye la prueba de que él es la deidad. ¿Les asombra eso? ¿Ha
pensado usted que lo que demuestran que es Dios son sus milagros? No, no. Demuestran que
era el Mesías, el Prometido. Son sus palabras las que demuestran que es Dios. Escúchenlas:
"Yo soy el pan de vida. (6:35) Es decir, yo soy el que sustenta la vida, el que satisface la vida.
"Yo soy la luz del mundo (8:12), el que ilumina la vida. "Yo soy [para tomar prestada una
frase de Pablo] aquel en quien están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y del
conocimiento, el que explica las cosas, el que echa luz sobre los misterios y los enigmas y
los resuelve.

"Yo soy la puerta (10:7) dijo Jesús, es decir, la oportunidad en la vida, el camino que
se abre. Cuando se enfrenten ustedes con una sensación de carencia, un anhelo de más, estas
son las palabras que necesitan ustedes oír: "yo soy el buen pastor (10:11); es decir, el que
guía en la vida, el único debidamente preparado para llevar a una persona y dirigirla con
seguridad a través de los problemas y de los abismos que surgen por doquier, guiándola con
seguridad por la vida. ("Jehová es mi pastor, nada me faltará). Luego dice "yo soy la
resurrección y la vida. (11:25).

Es decir, el poder de la vida. ¿Se dan ustedes cuenta de que el poder de la resurrección
es la única clase de poder que funciona cuando falla todo lo demás? Es algo que funciona en
medio de la muerte. El poder de la resurrección es la única clase que no necesita de ninguna
ayuda exterior, de ningún proceso de aprendizaje. Cuando ya no se puede hacer nada más,
aparece y comienza a actuar. Jesús dice "yo soy la resurrección y la vida. "Yo soy el camino,
la verdad y la vida. (14:6) Es decir, la realidad final. Soy la verdadera sustancia detrás de
todas las cosas. "Yo soy la vid... separados de mí, nada podéis hacer. (15:5) Yo soy el que
produce el fruto, la fuente de fraternidad, de identidad y de comunión.

Por ello, nuestro Señor adopta el gran nombre revelador de Dios y, uniéndolo a estos
simples símbolos, nos permite entender a Dios. "El Verbo nos dice Juan "se hizo carne y
habitó entre nosotros. Puso su tienda entre nosotros, y contemplamos su gloria, gloria como
del unigénito del Padre hecho hombre. Este es el fascinante tema de este libro. No hay tema
de mayor importancia en todo el universo que el hecho de que cuando nos encontramos ante
la presencia de la humanidad de Jesús de repente descubrimos que nos hallamos, por primera
vez, ante la presencia de Dios. Así es como es Dios. El que sana, el que ama, el que sirve, el

32
que espera, el que bendice, el que muere y resucita de nuevo, ese es Dios y es lo que revela
Juan. La palabra que nos deja es, por lo tanto, que si creemos que él es el Mesías y que es
Dios, tenemos vida en su nombre. El es la clave de la vida. ¿Quién no quiere vivir? ¿No es
eso lo que todos deseamos, tanto los jóvenes como los mayores? Lo que estamos realmente
buscando es la clave de la vida. Lo que queremos es sentirnos realizados, queremos ver
hechas realidad todas las posibilidades y el potencial de nuestro ser que sentimos que se halla
en lo más hondo de nuestro ser. Deseamos ver satisfechos esos profundos anhelos, queremos
expresarnos a nosotros mismos y deseamos ser aquello para lo cual fuimos diseñados y que
se pretendía que fuésemos.

¡Pero escuchemos! Juan dice: "Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Esto nos
trae inevitablemente a dos cosas: primero, la adoración. ¿Cómo podemos estar ante la
presencia de este misterio divino y no sentir el corazón atraído a la adoración de Dios? Como
cantamos con frecuencia: ¿Puede ser que tenga interés en la sangre del Salvador? ¿El que
murió por mí, a quien causé dolor? ¿Por mi, a pesar de que la muerte le persiguió? Qué
inmenso amor, ¿cómo puede ser que tú, mi Dios, murieses por mi? Esa es la adoración. Isaías
que vio al Señor elevarse y el templo llenarse del humo de su gloria, se inclinó y clamó
diciendo: "¡Ay de mí, pues soy muerto! Porque siendo un hombre de labios impuros y
habitando en medio de un pueblo de labios impuros... (Isa. 6:5) Entonces un ángel descendió
del altar y tomando un carbón tocó sus labios con él y le purificó.

Eso le trajo a la próxima cosa, a la que también nosotros hemos de llegar, si somos
conscientes de aquello a lo que se refiere Juan aquí, no solo la adoración, sino el servicio.
"Un amor tan asombroso y tan divino dice Isaac Watts, "exige ¿qué exige? "Mi alma, mi
vida, mi todo. ¿De qué manera podemos adorar, a menos que escuchemos las palabras del
Señor Jesús "Como mi Padre me envió, os envío yo a vosotros decimos con Isaías "Heme
aquí, envíame a mí. (Isa. 6:8) ¿Qué podría ser más importante que estar unidos a esta vida,
alrededor de la cual se une todo el universo, la imagen del Dios invisible?

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EL MENSAJE DE HECHOS

Hechos es el libro que revela el poder de la iglesia. Por lo tanto, cuando una iglesia
comienza a disminuir, a perder su poder y a volverse aburrida y monótona en su testimonio,
necesita volver con desesperación al espíritu, a la expectación, al conocimiento y a la
enseñanza del libro de los Hechos. En este libro, los principios de la vida transformada "no
vivo yo, sino Cristo se ponen dramáticamente de manifiesto. Si se eliminase el libro de
Hechos del Nuevo Testamento, nunca entenderíamos el resto. Sería como un niño al que le
faltasen los dientes de delante. Cuando concluimos el relato de los Evangelios, lo único con
lo que nos encontramos es con un puñado de judíos en la ciudad de Jerusalén, el centro de la
vida judía, hablando juntos acerca de un reino para Israel. Al abrir el libro de Romanos, que
viene después de los Hechos, descubrimos que un hombre, cuyo nombre no se menciona
nunca en los evangelios, está escribiendo a un grupo de cristianos en Roma, de todos los
lugares posibles, el centro de la cultura gentil, y les está hablando acerca de la necesidad de
salir de los rincones de la tierra. Evidentemente, algo ha sucedido entre tanto. ¿Cómo se
produjo este tremendo cambio? ¿Qué fue lo que pasó como para que el evangelio brotase con
fuerza y saliese de los confines del judaísmo, en la ciudad de Jerusalén, y alcanzase en una
sola generación los límites del mundo entonces conocido?

Este libro fue escrito por Lucas, el compañero amado de Pablo, el mismo hombre que
escribió el Evangelio de Lucas, aunque lamentablemente, lleva el título equivocado. En casi
todas las ediciones de las escrituras se le llama "los hechos de los Apóstoles, pero al leer el
libro completo, los únicos cuyos hechos se relatan son los de Pedro y los de Pablo. Los demás
pasan prácticamente desapercibidos, por lo que el título no es precisamente el más apropiado.
En realidad debería titularse "Los Hechos del Espíritu Santo o tal vez "La Continuación de
los Hechos del Señor Jesucristo. esta sugerencia la encontramos casualmente en la
introducción del libro. Al escribir Lucas de nuevo al amigo al que le dirigió su primer libro,
le dice: "En el primer relato escribí, oh Teófilo, acerca de todas las cosas que Jesús comenzó
a hacer y enseñar... Es evidente, por lo tanto, que lo que escribió entonces Lucas fue el
"Primer Volumen y Hechos es el "Segundo Volumen. Hechos es, en realidad, una
continuación de lo que Jesús comenzó tanto a hacer como a enseñar. Lucas continua diciendo:
"...hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamiento por el Espíritu
Santo a los apóstoles que había escogido. A estos también se presentó vivo, después de haber
padecido, con muchas pruebas convincentes. Durante cuarenta días se hacía visible a ellos y
les hablaba acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de
Jerusalén, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, de la cual me oísteis
hablar; porque Juan, a la verdad bautizó en agua, pero vosotros seréis bautizados en el
Espíritu Santo después de no muchos días."

De eso trata el libro de Hechos, que es el relato de la manera en que el Espíritu Santo,
descendiendo sobre la iglesia, continuó lo que Jesús había empezado, es decir, continuó con
la obra que se inició durante los días de su encarnación. Por lo tanto, el relato del que ha
quedado constancia en los evangelios no es otra cosa que el principio de la obra del Señor
Jesucristo. Cuando llegamos al final de los evangelios, no hemos llegado al final, ni siquiera
al principio del final, sino al final del comienzo. En el libro de Hechos, el Espíritu Santo
comienza a cumplir el programa diseñado por Dios. Empieza a realizar su obra por medio

34
del cuerpo encarnado de Jesucristo, que es la iglesia, el cuerpo mediante el cual el Señor tiene
la intención de llegar hasta los confines de la tierra. Eso es algo que empezó hace más de
1900 años y, como verán ustedes, sigue realizándola en la actualidad. Hoy estamos viviendo
en la era del Espíritu, que se inauguró en el día de Pentecostés, el primer acontecimiento
importante del libro de los Hechos.

La iglesia ha venido padeciendo durante muchos siglos por causa de una idea
equivocada. Una gran parte de la debilidad de la iglesia se debe al hecho de que, de algún
modo, a lo largo de los años y por causa de las tradiciones de los hombres, se ha introducido
un concepto erróneo en el cuerpo de Cristo. Los cristianos se han reunido y han recitado la
Gran Comisión de Jesucristo de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra, "por lo
tanto, id y haced discípulos a todas las naciones. (Mat. 28:19) Y no hay duda alguna de que
esa es la voluntad de Dios, pero es al mismo tiempo uno de los trucos favoritos del demonio,
que coloca ante los cristianos la idea de llegar al fin del mundo y luego les sugiere que lo
hagan a su manera, intentando cumplir la voluntad de Dios pero a la manera del hombre. Eso
es exactamente lo que ha estado haciendo la iglesia. Se ha reunido, ha recitado de memoria
la Gran Comisión, y ha dicho: "ahora es preciso que movilicemos todos nuestro recursos
humanos a fin de planear la estrategia para realizar esto. Con frecuencia se nos ofrece una
imagen de Cristo esperando en el cielo, contemplando con ansiedad para ver lo que está
sucediendo aquí abajo, con la esperanza de que alguien se ponga en movimiento y lleve a
cabo su programa. La idea es que la iglesia debe, de algún modo, planear toda la estrategia y
averiguar la mejor manera de alcanzar hasta los rincones más lejanos del mundo con el
propósito de cumplir la expectativa de Dios.

Pero eso es debido a que solo hemos escuchado a una parte de la Gran Comisión.
Hemos oído la primera palabra "¡Id! pero es que el Señor dijo además otras palabras que da
la impresión que nosotros hemos olvidado por completo "he aquí "y he aquí, yo estoy con
vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. (Mat. 28:20) No fue nunca la intención del
Señor que toda la labor de planear la estrategia de alcanzar hasta los rincones de la tierra y
de movilizar los recursos recayesen por entero sobre el cristiano. Cuando la iglesia intenta
realizar esta tarea sobre esa base, el Señor se limita a cruzarse de brazos y nos deja que
sigamos adelante, rompiéndonos la cabeza y esforzándonos nosotros solos. Nos contempla y
ve cómo nos esforzamos por llevar a cabo la Gran Comisión con nuestras propias fuerzas,
mientras él se mantiene a un lado y espera a que acabemos.

Cuando totalmente agotados, derrotados y desanimados, como lo estaremos


inevitablemente en este proceso, volvemos a él y clamamos diciendo: "Oh, Señor, nunca
conseguiremos hacer esta tarea. No podemos conseguirlo entonces es cuando él nos recuerda
tranquilamente que este programa era algo que debía realizar el Espíritu Santo por medio de
la iglesia, que él es perfectamente capaz de conseguirlo y que el libro de los Hechos es el
testimonio completo sobre su habilidad y capacidad para cumplir el plan que tenía en mente.
"Fiel es el que os llama, quien también lo logrará. (1 Ts. 5:24) Siempre fue la intención de
Dios no solamente presentarnos el programa, sino cumplirlo con sus propias fuerzas. Al leer
el libro, se encuentran los diferentes aspectos del ministerio del Espíritu Santo. Para empezar,
es visible al dirigir las actividades de la iglesia. Es el Espíritu de Dios el que toma la iniciativa
y promueve nuevos movimientos para llevar a cabo el programa de Dios. Por ejemplo,

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cuando Felipe estaba en Samaria predicando el evangelio, estaba teniendo lugar un
avivamiento por toda la ciudad como resultado de su predicación y toda la ciudad se sintió
conmovida, pero el Espíritu le dijo: "Levántate y ve a un hombre que está en el desierto.
(Hechos 8:26) ¿Qué clase de estrategia es esa, dejar una campaña que afectaba a toda una
ciudad, en la que se estaba moviendo con poder el Espíritu de Dios, donde las multitudes
estaban yendo a Cristo, para ir al desierto con el fin de hablar con un hombre?

¿Pero quién era aquel hombre? Era el eunuco etíope, un hombre que era el tesorero
de los etíopes. Recordarán ustedes la historia de cómo fue preparado por el Espíritu Santo.
Al correr Felipe junto al carro, le oyó al etíope que leía del rollo de Isaías y le preguntó si
entendía lo que leía, a lo que éste le contestó: "¿Pues cómo podré yo a menos que alguien me
guíe? Cuando Felipe fue y se sentó a su lado, se encontró con que estaba leyendo exactamente
el lugar indicado, Isaías 53. Comenzando en ese punto, Felipe le predicó acerca de Jesús y le
ganó para Cristo. Así es siempre el testimonio dirigido por el Espíritu, el hombre apropiado
en el lugar indicado en el momento oportuno diciendo lo apropiado a la persona indicada.
Esta es una de las primeras evidencias en este libro de la actividad directriz general del
Espíritu Santo. En el capítulo nueve, el Espíritu Santo llama a un hombre que iba camino a
Damasco y envía a otro hombre a que ore por él, Ananias, que se quedó totalmente asombrado
por lo que le había sido encomendado. "Señor dijo, "no sabes lo que estás pidiendo. Pero
Dios le respondió "se a quién he llamado y es un instrumento que yo he escogido. En el
capítulo 13 dice que el Espíritu Santo le dijo a la iglesia en Antioquía: "Apartadme a Bernabé
y a Saulo para la obra a la que los he llamado. (Hechos 13:2) Más adelante en el libro, Pablo
dice: "procuraban entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Por lo que
comenzaron a predicar el evangelio en Asia, pero también el Espíritu se lo prohibió. (Hechos
16:6,7) Por todo este libro nos encontramos con que la estrategia ha sido planificada por
adelantado por el Espíritu Santo. Cuando los cristianos se ponen a su disposición, él les va
mostrando la estrategia a seguir paso a paso y no hay nadie que pueda planear esta clase de
programa. Lo único que podemos hacer es estar dispuestos a seguir la dirección general del
Espíritu de Dios que obra en la iglesia y esa es la estrategia divina.

Más adelante en Hechos encontramos el Espíritu Santo en otro de los aspectos del
ministerio, haciendo algo que ningún hombre puede hacer: dando vida a los que creen.
Dondequiera que es predicado el evangelio, dondequiera que se transmite la Palabra de Dios,
siempre que las buenas nuevas de la obra del Señor Jesús se predique a los hombres, el
Espíritu Santo estará ahí para comunicar vida. ¿Se han fijado ustedes alguna vez en quién es
el que hace el llamamiento al altar en el libro de Hechos? Es casi de manera invariable
aquellos a los que se les está predicando. Así sucedió en el día de Pentecostés. Al predicar el
Espíritu de Dios por boca de Pedro a miles que habían sido llamados por el impresionante
milagro de las lenguas después de descender sobre ellos el Espíritu Santo, Pedro solo logró
llegar a la mitad de su mensaje. De hecho, no había tocado más que el segundo punto. ¿Qué
fue lo que sucedió? Se sintieron convencidos en sus corazones y le interrumpieron
preguntándole: "predicador ¿qué debemos hacer para ser salvos?

Es el Espíritu Santo que se comunica con ellos, impartiendo vida a los que creen. En
este sentido, en el Evangelio de Juan encontramos un versículo que es de gran ayuda. Es algo
que he leído en cantidad de ocasiones con el fin de recordarme a mi mismo que no se trata

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de una invitación para conseguir que las personas vengan a Cristo, sino que es la verdad, tal
y como la proclama el Espíritu Santo. En el capítulo ocho de Juan, Cristo está explicando su
mensaje a sus seguidores. El es la luz del mundo y se revela a los hombres. El versículo 30
dice: "Mientras él decía estas cosas, muchos creyeron en él al ser predicada la palabra. No es
solo que el Espíritu Santo comunica vida, como lo hizo en la casa de Cornelio (mientras el
mensaje estaba siendo predicado el Espíritu Santo cayó sobre los que estaban allí reunidos),
sino que está obrando conservando la pureza de la iglesia. En la actualidad hay grupos de
personas cuya única ocupación parece ser la de defender la fe, conservando, si pueden, la
pureza de la iglesia. Muchas de estas personas van tan lejos que hasta ponen en aprietos hasta
a los pastores que nada sospechan e intentan convencerles para que echen a aquellos que no
están de acuerdo o que tienen ideas herejes en la iglesia. Su intención, perfectamente
apropiada, es intentar conservar la pureza de la iglesia.

Pero en todo el libro de los Hechos descubrirán ustedes que el mismo Espíritu Santo
se encarga de esta labor. Cuando la iglesia cumple con su misión y está disponible, dispuesta
a ser instrumento en la actividad y en la vida del Espíritu Santo, él está obrando para
conservar la pureza de la iglesia. Por ejemplo, hay un incidente asombroso que tiene lugar al
principio del libro. La hipocresía de Ananías y de Safira se pone de manifiesto cuando
intentan adjudicarse una santidad que de hecho no poseían. (Hechos 5:1-11) Quisieron causar
la impresión de ser personas más dedicadas o entregadas de lo que eran en realidad, se
esforzaron por ganarse la reputación de ser santos entre los cristianos solamente por la
apariencia exterior. Pero el juicio del Espíritu Santo se manifestó de inmediato en la forma
de su muerte física. Hoy en día no juzga de ese modo (al menos no hasta ese punto). Este es
un ejemplo para mostrarnos lo que hace el Espíritu de Dios a nivel espiritual, pero al
principio, juzga a nivel físico, a fin de que veamos de qué modo se aplica este principio. Pero
ya sea espiritual o físicamente, el resultado es realmente el mismo. Que alguien comience a
valerse de su postura religiosa, de sus oportunidades cristianas con el fin de promover su
propia santidad a los ojos de los demás, pretender poseer una santidad que no posee en
realidad y ¿qué sucede? El Espíritu de Dios le elimina de la manifestación de la vida de Cristo
y de inmediato esa vida carece de poder, se vuelve débil y sin fruto, estando muerta en lo que
se refiere al efecto que ejerce sobre los que le rodean, como lo estuvieron Ananías y Safira
al caer muertos al suelo junto a los pies de Pedro.

Finalmente, lo que más enfatiza este libro y lo sorprendente acerca de estos cristianos,
la cualidad que hacía que asombrasen continuamente a aquellos que les escuchaban predicar,
es que el Espíritu de Dios está siempre obrando, haciendo valientes a los cristianos. ¿Se ha
fijado usted en la osadía de estos cristianos? En una ocasión vemos a Pedro y a Juan
ocultándose detrás de unas puertas cerradas, atemorizados de andar por las calles de Jerusalén
debido a la enemistad de los judíos contra el Señor Jesús. Pero ahora, una vez que ha
descendido sobre ellos el Espíritu de Dios, están por las calles y por los atrios del templo
proclamando con valentía la verdad sobre Jesucristo. Al ser encerrados en la cárcel, el ángel
les libera y vuelven de nuevo a los atrios del templo para orar y predicar una vez más. Son
nuevamente arrestados y la iglesia intercede por ellos en oración, pidiéndole a Dios que
puedan salir a fin de predicar otra vez el evangelio en el mismo lugar. En otras palabras, están
diciendo: "Señor, hazlo otra vez. La última vez nos metimos en graves problemas, pero a
pesar de ello, vuelve a hacerlo Señor. Su arrojo era simplemente irresistible. Incluso aquellos

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que eran enemigos encarnizados del evangelio no podían resistirse a la osadía con que
proclamaban la verdad. Ese es el programa de Dios y es el Espíritu Santo el que toma el
control de todo, dándoles las energías, guiándoles, dirigiéndoles, programando, llenándoles
de poder y transmitiendo vida. El lo hace todo. No depende de nosotros hacer nada, a parte
de estas disponibles, dispuestos a ser sus instrumentos, preparados a ir a donde él quiera
enviarnos, a abrir nuestras bocas, listos para aprovechar cualquiera que sea la situación en la
que nos coloque. Es tarea del Espíritu, que no deja nunca de cumplir, llevar a cabo el
ministerio y eso es precisamente lo que le ha venido faltando a la iglesia, ¿no es cierto? Es
lo que tanto encontramos aquí en el libro de Hechos. En este libro se nos revela este
programa, tanto desde el punto de vista geográfico como desde el cronológico. En el capítulo
uno encontramos la dimensión geográfica (versículo 8): "Pero recibiréis poder cuando el
Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
en Samaria y hasta lo último de la tierra."

Se puede dividir el libro sobre esta base y éste es un índice de materias divino. Los
primeros siete capítulos están relacionados con el hecho de ser testigos de Cristo en Jerusalén.
En el capítulo ocho nos encontramos con que se produce una interrupción y los discípulos
son echados de Jerusalén, yendo a Judea y a Samaria. Comenzando por el capítulo 13
encontramos el llamamiento de Pablo y Bernabé para que saliesen al mundo gentil y ahí
empieza la historia de la extensión del evangelio hasta lo último de la tierra. Ese es el
programa de Dios, en lo que se refiere a la extensión geográfica del evangelio y es solo
durante nuestra propia generación cuando vemos que esto empieza a cumplirse. En el
capítulo dos vemos cómo se cumple el mismo programa, desde el punto de vista cronológico
(en cuanto al tiempo). En este caso, las personas se quedan asombradas por el derramamiento
del Espíritu Santo, preguntando qué deben hacer para ser salvas, según nos dice Pedro (vv.
38-39): "Arrepentios [es decir, cambiad de manera de pensar] y sea bautizado cada uno de
vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados y recibiréis el don del
Espíritu Santo. Porque la promesa es para vosotros. Esto se dirigía a la misma generación a
la que le estaba predicando "a vosotros y a vuestros hijos [a la próxima generación] y a todos
aquellos que se encuentran aún distantes a lo largo de los siglos. Sea cual fuere el número de
las generaciones que puedan vivir en esta era de la gracia, la promesa es para vosotros y para
todos ellos, para que todo el que reciba al Señor Jesucristo, le sea dada la promesa del Espíritu
Santo. "A todos los que se encuentran distantes, a todos los que el Señor nuestro Dios llame
a sí mismo. Ese es el programa de Dios en la dimensión del tiempo."

Comenzó, con la primera acción después de la ascensión de Cristo, al completarse de


nuevo el número de los discípulos, es decir, al ser doce una vez más. Aquí, debo ponerme de
parte de aquellos de mis colegas que sugieren que Matías fue escogido como uno de los
discípulos conforme a la energía de la carne, y que fue una equivocación por parte de los
hombres, que Dios escogió a Pablo en lugar de a Matías. Estoy convencido de que este relato
deja muy claro que Matías fue escogido bajo la superintendencia del Espíritu Santo y que fue
colocado en el debido lugar en el momento oportuno. En este relato, Pedro se puso en pie y
citó las Escrituras, diciendo que había sido anunciado que sería escogido uno para ocupar el
lugar de Judas. "Y otro ocupe su cargo (Hechos 1:20) Su conclusión es: "Por tanto, de estos
hombres que han estado junto con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía
entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue tomado de

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nosotros y recibido arriba, es preciso que uno sea con nosotros testigo de su resurrección."
(Hechos 1;21-22). Entonces, como saben ustedes, fueron escogidos dos hombres, José
(llamado Barsabás) y Matías y mediante la práctica de un método perfectamente apropiado,
uno que se usaba repetidamente en los tiempos del Antiguo Testamento para decidir la
manera de pensar de Dios (el echar suertes) fue escogido Matías. Encontramos otra
indicación de que esta decisión se efectuó bajo la dirección y supervisión del Espíritu Santo
se encuentra en el capítulo dos, donde dice que en el día de Pentecostés, cuando fue
derramado el Espíritu Santo, Pedro se puso en pie con los once. Pedro (uno) con los once (los
doce juntos) eleva su voz y se dirige a la asamblea allí reunida. (Hechos 2:14) Y en el capítulo
seis, mucho antes de que Pablo fuese llamado como apóstol de los gentiles, leemos
(versículos 1,2): "En aquellos días, como crecía el número de los discípulos, se suscitó una
murmuración de parte de los helenistas [es decir, de los judíos griegos] contra los hebreos,
de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria. Así que, los doce convocaron
a la multitud de los discípulos...". ¿Qué doce? Pues los once juntamente con Matías, que
había sido escogido para ocupar el lugar de Judas, completando el número de los testigos. Es
sobre estos doce, el número completo de los apóstoles, sobre los que se derramó el Espíritu
Santo en el día de Pentecostés. Recordarán ustedes que en el libro de Apocalipsis los nombres
de los doce apóstoles formaron el fundamento de la ciudad que vio Juan descendiendo del
cielo, los doce con Matías. (Apoc. 21:12, 13) Había doce apóstoles de Israel y era preciso
que hubiese doce. Judas cayó, pero Dios escogió a Matías para ocupar su lugar como testigo
ante Israel, pero es Pablo el que es un apóstol especial, llamado a ser apóstol entre los gentiles.

Esto no significa que los otros apóstoles no tengan un ministerio que realizar entre
nosotros, claro que lo tienen, pero se había acordado entre ellos que Dios había decidido que
Pedro iría a Israel, mientras que Pablo iría a los gentiles. Les fue dado el mismo mensaje a
los dos, pero los doce habían sido especialmente escogidos para ser un testimonio completo
y divino ante Israel, y cumplieron totalmente dicho ministerio. Una vez que fue restaurado el
número completo de los apóstoles, tuvo lugar la gran señal del libro de Hechos, el
derramamiento del Espíritu Santo. Todo lo demás se deriva de este importante
acontecimiento. Lo interesante es ver cómo los cristianos, al leer acerca de este asombroso
suceso, han centrado su atención en lo incidental, descuidando lo esencial. ¿Qué es lo
incidental en este caso? El viento que sopla, el fuego que danzaba sobre las cabezas de los
discípulos, y las muchas lenguas o idiomas que hablaban. Estos son datos incidentales de la
historia. Son sencillamente los acontecimientos periféricos que sucedieron, las señales que
mostraron que estaba sucediendo algo importante.

¿Qué era entonces lo esencial y lo importante? Era la formación de un nuevo pueblo,


la iglesia. Se reunieron en los patios del templo ciento veinte personas, que no tenían relación
entre sí, como podría suceder con personas que procediesen de diferentes lugares de la tierra
en la actualidad. Estaban individualmente relacionadas con el Señor, pero no tenían lazos de
consanguinidad. Cuando fue derramado sobre ellas el Espíritu Santo, les bautizó en un solo
cuerpo, convirtiéndose en una unidad viviente y ya no estaban relacionadas solamente con el
Señor, sino que estaban relacionadas unas con otras. Se convirtieron en un organismo vivo,
que fue a partir de ese momento y que sigue siendo, el cuerpo de Cristo, el medio por el cual
habla al mundo, por medio del cual se le ha concedido una existencia de carne y sangre en
nuestros días. Se convirtieron en un pueblo nuevo, gracias a un nuevo poder, el del Espíritu

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Santo, que habitaba en ellos uniéndoles unos a otros e introduciendo entre ellos un nuevo
programa. Como ya hemos visto, el propósito era alcanzar a Jerusalén, a Judea, a Samaria y
hasta los últimos rincones de la tierra, a lo largo del tiempo, de una generación a la próxima,
hasta la venida de Jesucristo. Esos son los datos esenciales. ¿No resulta extraño de qué modo
concentramos nuestra atención sobre cosas de poca importancia, al tiempo que descuidamos
asuntos de una tremenda importancia que el Espíritu Santo desea impartirnos? El resto del
libro trata acerca del llamamiento de Pablo, el constructor sabio, aquel al que había
seleccionado el Espíritu Santo para servir de ejemplo a los cristianos gentiles. Por eso fue
por lo que Pablo tuvo que someterse a un período de intensa preparación por parte del Espíritu
Santo, durante el cual se vio sometido a las más rigurosas pruebas que ha tenido que soportar
ningún ser humano. Fue enviado a su ciudad natal para vivir en ella como un desconocido
durante siete años, hasta que aprendió la gran lección que el Espíritu Santo intenta enseñar a
cada cristiano y sin la cual ninguno de nosotros podemos ser efectivos para él. Según palabras
de nuestro Señor mismo: "A menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda
solo." (Juan 12:24).

Al seguir la carrera del apóstol Pablo, descubrimos que al igual que nos ha sucedido
a cada uno de nosotros, al principio de venir a Cristo, no lo entendió. Como hubiéramos
razonado nosotros de haber estado en su lugar, estaba convencido de que estaba preparado
para todo y que estaba especialmente capacitado para ser la clase de instrumento que podría
ser utilizado por Dios con poder para ganar a Israel a Cristo. Sin duda se diría a sí mismo,
como revela en la epístola a los Filipenses, que tenía la capacitación necesaria y la
preparación adecuada. Era hebreo de nacimiento, había sido educado conforme a la ley y en
el entendimiento de los hebreos, tenía la posición, era el alumno favorito del más importante
de los profesores de Israel, llamado Gamaliel, y era fariseo por excelencia, por lo que entendía
todo lo relacionado con la historia y los antecedentes hebreos. Teniendo consciencia de sus
propios antecedentes y capacitación brotó en su corazón ese latido que nos encontramos
constantemente manifestándose y acerca del cual leemos de vez en cuando en los escritos de
este poderoso hombre. Este anhelo ardiente de ser un instrumento para alcanzar a Israel para
Cristo. En el capítulo noveno de Romanos dijo: "porque desearía yo mismo ser separado de
Cristo por el bien de mis hermanos, los que son mis familiares según la carne. (Romanos 9:3)
Pero Dios le había dicho a este hombre: "No quiero que alcances a Israel, sino que deseo que
te conviertas en el apóstol de los gentiles, para llevar mi nombre ante los reyes y para predicar
a los gentiles sobre las inescrutables riquezas de Cristo.

¿Recuerdan ustedes cómo salió al desierto, dónde Dios le enseñó? Luego le envió de
regreso a su hogar en Tarso. Después de haber intentado predicar a Cristo en Damasco, según
la energía de su propia carne y dándose cuenta de que estaba fracasando, fue sacado de la
ciudad, como si hubiera sido un criminal, teniendo que descender en una cesta por la muralla
de la ciudad. Con el corazón destrozado y derrotado, encontró el camino hasta Jerusalén y
pensó que al menos los apóstoles le permitirían estar con ellos, pero también ellos le dejaron
de lado. Fue solo cuando Bernabé intercedió por él cuando fue aceptado por los apóstoles. Y
luego, entrando en el templo, se encontró al Señor que le dijo: "Vuelve a tu hogar. Vete de la
ciudad porque aquí no recibirán tu testimonio. No perteneces aquí y este no es el lugar al que
te he llamado. (Hechos 22:17-21) En Tarso se enfrentó por fin con lo que Dios le había estado
diciendo todo el tiempo, que a menos que estuviese dispuesto a morir (o renunciar) a su

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propia ambición de ser un apóstol en Israel, no podría ser nunca un siervo de Cristo y cuando
recibió por fin su comisión y se la tomó en serio, dijo: "Señor, iré donde tú quieres que vaya.
Dondequiera que desees mandarme. Estoy dispuesto a ir. Dios le envió a Bernabé, que le
tomó de la mano y le llevó a Antioquía, a una iglesia gentil, y allí comenzó el apóstol Pablo
su ministerio. El libro acaba con Pablo en Roma, predicando en su misma casa alquilada,
encadenado de día y de noche a un guardia romano, sin poder salir, sin poder seguir adelante
con la evangelización por todos los rincones de la tierra, como deseaba ardientemente hacer
en su corazón, viéndose limitado, encadenado y atado, a pesar de lo cual, como escribe a los
Filipenses, siente en su corazón y tiene plena consciencia de que a pesar de estar encadenado,
la palabra de Dios no lo está.

Una de las palabras más asombrosas en toda la escritura es la que aparece aquí, al
escribir Pablo a sus amigos en Filipos diciéndoles: "quiero que sepáis que las cosas que han
sucedido han redundado mas bien para el adelanto del evangelio. (Fil. 1:12) No han limitado
nada, no han impedido que nada siga adelante. Estos obstáculos, y estas aparentes
decepciones no han impedido nada, solo han servido para avanzar el evangelio. Y a
continuación nos presenta dos maneras concretas de cómo estaba sucediendo esto. Una de
ellas era en relación con lo mejorcito del ejército romano, que formaba la guardia especial
del palacio del emperador, que estaban siendo traídos a Cristo uno por uno. La guardia del
Pretorio estaba siendo alcanzada y, como es natural, ya sabemos cómo estaba sucediendo.
Estaban siendo traídos por orden del emperador y siendo encadenados al apóstol Pablo
durante seis horas. ¡Hablando de una audiencia cautiva! Dios estaba usando al emperador
para traer a sus mejores muchachos y encadenarlos al apóstol durante seis horas de
instrucción sobre el evangelio cristiano. No es, pues, de sorprender que Pablo escriba al final
de su epístola: "todos los santos os saludan y mayormente los que pertenecen a la casa de
César. (Fil. 4:22).

La segunda cosa es que debido a que Pablo había sido arrestado, todos los demás
hermanos en la ciudad estaban ocupados predicando el evangelio, por lo que el evangelio se
estaba extendiendo más en Roma debido a que él estaba en la cárcel de lo que lo hubiera sido
de haber estado Pablo en libertad. El dijo: "me regocijo en ello. ¡Eso siempre me sugiere que
una de las mejores maneras de evangelizar a una comunidad podría ser meter a todos los
predicadores en la cárcel! Pero hay una tercera ventaja de la que el apóstol no era consciente,
algo que jamás soñó que pudiese suceder. Vemos ahora, al volver la vista atrás, que la cosa
más importante que jamás hizo Pablo durante toda su vida no fue predicar el evangelio y
plantar iglesias, como podría haber creído, sino que el mayor de sus logros fue las epístolas
que no habría escrito nunca a las iglesias de no haberse encontrado en prisión. Gracias a estas
epístolas, la iglesia ha recibido el ministerio, ha sido alimentada y fortalecida durante los 200
siglos de la vida de la iglesia. Como saben ustedes, el libro de Hechos es un libro inacabado.
No ha sido nunca completado, sino que termina de repente. Lucas ni siquiera escribe la
palabra fin al final del mismo, sino que lo deja tal cual. No vuelve nunca a esa parte porque,
como es natural, el Espíritu Santo quiso que quedase sin terminar y todavía se está
escribiendo. El libro de Hechos es el relato de las cosas que Jesús comenzó a hacer y a
enseñar. ¿Ha terminado ya? No, él sigue aún realizando su obra ¿verdad? El volumen número
20 se está escribiendo actualmente. Cuando este libro quede totalmente acabado y lo
podamos leer en la gloria, ¿qué parte habrán representado ustedes en él.

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