EL PRINCIPIO ACUSATORIO:
Que se resume en lo siguiente: no puede haber condena sin una
debida acusación. Ello implica la existencia de una entidad autónoma,
independiente de todo poder, encargada de la tarea de investigar
jurídicamente el delito y de acusar, debidamente. Ese órgano
público es la Fiscalía, la misma que dirige jurídicamente la debida
investigación de los hechos, orientando y sustanciando la labor de la
policía que es responsable de la investigación técnica y material del
delito. De ese modo, la labor del Ministerio Público termina para
siempre con la aberración que existe en el modelo inquisitivo, de que
sea el mismo Juez que realiza la investigación quien juzgue a los
imputados. La fiscalía en el desarrollo de sus labores, se rige a su vez
por otros principios ó directrices sustanciales, como son: los
Principios de Legalidad, Objetividad, Jerarquía, Oportunidad.
CUADRADO SALINAS, nos dice: “el principio acusatorio representa la
exigencia de que no exista condena sin acusación previa y que la
función acusadora y la decisora sean ejercidas por órganos distintos.
De esta primera premisa se derivan, necesariamente, la vigencia de
otros principios esenciales tales como el de imparcialidad judicial y los
de contradicción, oralidad y publicidad del juicio oral.”[1]. Es
menester, detenernos en el primero de estos Principios
subsecuentemente mencionados, el de IMPARCIALIDAD, pues cabe
recordar que esta división de funciones entre un órgano estatal
acusador y otro juzgador, resulta imprescindible para cautelar la
necesaria imparcialidad y objetividad del Juez. Como lo señala SALAS
BETETA: “Esta división garantiza que el Juzgador – al momento de
desarrollar el juicio y emitir sentencia- no se vea afectado por el
prejuicio que genera la labor investigadora.”(2)
De otra parte, el Principio Acusatorio contiene en sí mismo, la
exigencia de que la ACUSACIÓN sea realizada conforme al debido
proceso, es decir: cumpliendo todas las exigencias, presupuestos y
garantías procesales, que corresponden a las partes. No se trata de
entronizar a un órgano que sea acusador a ultranza, como nos lo hace
presente ORE GUARDIA(3).
EL PRINCIPIO DE IMPARCIALIDAD.
Es un PRINCIPIO fundamental que orienta teleológicamente el
proceso penal actual. La IMPARCIALIDAD, es la razón de ser y el fin
màximo de la función del Juez. Por ello deviene en fundamento y
sustento de todos los demás principios, los mismos que sólo pueden
explicarse en función a la búsqueda de la imparcialidad. Porque la
Oralidad, la Publicidad, la Inmediación, la Contradicción, la Igualdad
de Armas, el Derecho a la Prueba y el principio de Presunción de
Inocencia, sólo pueden ser entendidos si se tiene en cuenta que todos
ellos, apuntan finalmente a lograr un debido proceso y dentro de éste
como cúspide del mismo, como objetivo final deseable del Estado
democrático social: lograr una decisión del Juez basada únicamente
en el derecho y que no sea arbitraria.[4] Y la única forma de lograr tal
cosa, es a través de una decisión imparcial, una decisión que se sujete
estrictamente a lo que fluye de las pruebas actuadas en el juicio oral,
tras la puesta en práctica de todos los principios que lo sustancian.
El ARTICULO I del Título Preliminar, del Código Procesal Penal
peruano, establece en su numeral 1, el Principio de Imparcialidad:
1.- “La justicia penal es gratuita, salvo el pago de las costas
procesales establecidas conforme a este código. Se imparte con
imparcialidad por los órganos jurisdiccionales competentes y en
un plazo razonable.”
.
EL PRINCIPIO DE ORALIDAD.
El Principio de Oralidad establece que el discurso oral es la
herramienta y el vehículo eficaz, por el cual se expresan las partes y
las pruebas en el proceso penal, en forma directa ante el Juez.
La ORALIDAD fue una característica inicial histórica del proceso penal
en casi todas las culturas. El nuevo modelo procesal significa un
retorno mejorado a la oralidad plena y fecunda. Simple y llanamente
significa que todos los recursos, peticiones, pruebas y alegatos del
proceso, deben actuarse oralmente ante el Juez, quien debe resolver
también en forma inmediata y oral frente a las partes. La ORALIDAD
en tal sentido es el vehículo con el cual se logra la implementación de
los otros principios vitales del proceso penal contemporáneo, tales
como: el Principio de INMEDIACION, el de PUBLICIDAD, el de
CONTRADICCION, el de IGUALDAD DE ARMAS y hasta el derecho
de defensa.
EL PRINCIPIO DE INMEDIACION.
Este principio señala que las pruebas se actúan directamente ante el
Juez, en el juicio oral, en forma inmediata y solo lo actuado en tal
forma tiene carácter probatorio.
Con ello se termina para siempre la práctica de recabar kilométricas
declaraciones escritas, que abultaban el expediente, antes del juicio
oral, para sustentar alguna versión de los hechos. En el nuevo
proceso penal, el Juez ya no leerá tales declaraciones, ni para tener
una idea de los sucesos. Tal cosa queda absolutamente proscrita. Lo
que propugna el proceso penal actual es la declaración de los testigos
y de las partes en forma oral y directa ante el Juez, sin intermediarios.
Solo en casos muy excepcionales, debidamente previstos por el CPP,
de existir alguna contradicción con lo declarado previamente por
alguien y previo requerimiento oral necesariamente fundamentado de
la parte interesada, el Juez podría autorizar que se oralice alguna
declaración escrita de la carpeta fiscal, como referencia subsidiaria.
Igualmente en caso de que no concurriese algún testigo, pese haberse
cursado debidamente las notificaciones, por razones de muerte,
enfermedad o fuerza mayor.
.
EL PRINCIPIO DE LEGALIDAD.
Es un principio definitorio del proceso penal. Como sabemos, se
refiere a que los delitos y las penas deben estar debidamente
establecidos por la ley. Solo la ley determina las conductas delictivas
y sus sanciones. “Nullum crimen, nulla poene sine lege” , no existe
delito ni pena sin ley que lo haya establecido previamente. De ello
deriva, que en nuestras sociedades, la ley debe ser escrita (Lex
scripta) no determinada por los usos ni la costumbre, anterior a los
hechos (Lex praevia), estricta (lex stricta) no aplicable por analogía en
modo alguno y cierta (lex certa) de aplicación taxativa y plenamente
determinada.
El PRINCIPIO DE LEGALIDAD, en el derecho penal es a la par que el
debido proceso un principio matriz (EL PRINCIPÌO DE LOS
PRINCIPIOS) y a la vez una garantía y un derecho fundamental de
cada uno. En tal sentido, se encuentra expresamente establecido por
nuestra Constitución Política del Estado en su Artículo 2 numeral 24
literal D, que dice: “Nadie será procesado ni condenado por acto u
omisión que al tiempo de cometerse no esté previamente calificado en
la ley, de manera expresa e inequívoca, como infracción punible; ni
sancionado con pena no prevista en la ley.”
En el Nuevo Código Procesal Penal, el Principio de Legalidad, se
encuentra enunciado entre otros, en el Artículo I numeral 2 del Título
Preliminar del CPP, que establece: “Toda persona tiene derecho a un
juicio previo, oral, público y contradictorio, desarrollado conforme a las
normas de este código.” Ello nos recuerda que el proceso penal se
encuentra plenamente determinado, en forma previa, estricta y cierta
por la ley.
Seguidamente, el PRINCIPIO DE LEGALIDAD está presente en las
diversas etapas del proceso consideradas por el CPP. Así y para citar
solo unos ejemplos: el Artículo 61 del CPP si bien establece la
independencia de criterio del Fiscal, señala que este criterio objetivo
se rige por la Constitución y la Ley. El Artículo 155 referido a la
PRUEBA, igualmente consagra que la actividad probatoria se rige por
la Constitución y la ley, que determinan la admisión, exclusión o
reexamen de las pruebas; lo cual se encuentra concordado con el
Artículo 157 del mismo. El Artículo 253 del CPP consagra la
excepcionalidad de las medidas de coerción procesal al mandar que:
los derechos fundamentales en el marco del proceso penal sólo
podrán ser restringidos, si la ley lo permite y con las garantías
previstas en ella. El artículo 344 numeral 2 literal B establece que el
sobreseimiento de la causa por el fiscal procede cuando el hecho
imputado no es típico, (esto es: no se adecúa al supuesto previsto por
la ley o no existe como delito), facultad y obligación del fiscal que
nacen del Principio de Legalidad.
EL PRINCIPIO DE PUBLICIDAD.
Conforme a la definición general de este principio, el proceso y el juicio
oral son públicos. Toda la comunidad tiene derecho a saber y
enterarse de él y sus pormenores. Ello es una garantía del procesado
y de la sociedad. Luigi FERRAJOLI nos recuerda que la publicidad
garantiza el control interno y externo del proceso, por la opinión
pública y por el imputado y su abogado defensor.[5]
Roxin, remarca, que “es una de las bases del procedimiento penal ,
sobre todo una de las instituciones fundamentales del Estado del
Derecho… su significado esencial reside en consolidar la confianza
pública en la administración de justicia, en fomentar la
responsabilidad de los órganos de la administración de justicia y en
evitar la posibilidad de que circunstancias ajenas a la causa influyan
en el tribunal y con ello en la sentencia.”[6]
La Constitución Política del Perú, en su Artículo 139 numeral 4,
establece: “La publicidad en los procesos, salvo disposición contraria
de la ley.” El artículo 10 de la Declaración Universal de Derechos
Humanos consagra el derecho de la persona: “a ser oída
públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial
para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el
examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.” El
artículo 11 de esta misma Declaración suscrita por el Perú, establece
que toda persona tiene derecho a un juicio público en que se le
aseguren todas las garantías para su defensa.
De allí que todos los actos del proceso deben de ser en principio
públicos, sin embargo conforme lo prevé nuestra misma norma
fundamental, la ley (en los Artículos 357 y 358 del CPP) establece los
casos excepcionales en que las audiencias del juicio oral son
reservadas por razones que tienen que ver con algún bien o interés
superior, que puede provenir de la necesidad de proteger a la víctima
si es menor de edad por ejemplo o con la naturaleza íntima del tema,
en los casos de delitos contra la Indemnidad o la Libertad Sexual, o
por algún interés especial, relacionado al orden público o la seguridad
nacional.
Finalmente, es necesario considerar que la publicidad del proceso
penal, proviene también del carácter público de la acción penal.
URTECHO BENITES nos recuerda: “La acción penal es pública,
porque está dirigida a satisfacer un interés colectivo, general, de que
el orden social perturbado por el delito sea debidamente restaurado.
De este modo, la acción penal está por encima de los intereses
individuales.”[7]
EL PRINCIPIO DE IGUALDAD DE ARMAS
El Principio de Igualdad de Armas, se refiere a que en el proceso, las
partes deben tener las mismas posibilidades, derechos y garantías,
para poder defenderse, accionar, impugnar, alegar o intervenir. Ello
tiene profunda relevancia en el desarrollo de todas las etapas
procesales, pues implica que las partes deben tener un permanente y
debido conocimiento de la marcha del proceso, para poder hacer uso
de su derecho de defensa y del derecho a la prueba y poder accionar
en permanente igualdad. El resultado que se espera es que el proceso
sea imparcial y justo.
Nuestro Código Procesal Penal, en su Artículo I numeral 3, establece
expresamente este principio, al disponer: “Las partes intervendrán en
el proceso con iguales posibilidades de ejercer las facultades y
derechos previstos en la constitución y en este Código. Los jueces
preservaran el principio de igualdad procesal, debiendo allanar todos
los obstáculos que impidan o dificulten su vigencia”.
Desde esa perspectiva y como se puede advertir, el Principio de
Igualdad de Armas, se encuentra plenamente interrelacionado e
intrínsecamente implicado con todos los demás principios propios del
modelo procesal acusatorio garantista y adversarial, tales como el
principio de contradicción, oralidad, del derecho a la prueba, del
derecho a la imparcialidad, etc..
En este orden de ideas, GOZAINI [8], nos recuerda: “En el trámite
procesal ambas partes deben tener iguales derechos y posibilidades,
lo que se conoce como igualdad de armas, es decir, el equilibrio
prudente entre las razones de las partes dando igual oportunidad a
ellas para demostrar sus convicciones. La idea está en quitar espacio
a la inferioridad jurídica, sin conceder a unos lo que a otros se niega,
en igualdad de circunstancias.”
El Tribunal Constitucional Español en la Sentencia 90-1994, explicó
este Principio en forma muy ilustrativa, al referirse al: “llamado
principio de “igualdad de armas y medios” en el proceso, corolario de
los principios de contradicción y bilateralidad
(SSTC 4/1982 y 186/1990), principio que exige que las partes cuenten
con medios parejos de ataque y defensa, ya que para evitar el
desequilibrio entre las partes es necesario que “ambas dispongan de
las mismas posibilidades y cargas de alegación, prueba e
impugnación” (STC 66/1988, fundamento jurídico 12). Más
concretamente, en lo que aquí importa, que en la aportación de los
hechos al proceso se evite una situación de privilegio o supremacía de
una de las partes y se garantice “la igualdad efectiva de las
posibilidades y cargas del actor y del demandado en la alegación y
prueba de los hechos controvertidos para lograr la plenitud del
resultado probatorio” (STC 227/1991, fundamento jurídico 5º).”
En la sentencia 66-1989, ya el mismo Tribunal Constitucional español
había precisado:
“Por lo que se refiere al principio de igualdad de armas –
consecuencia ineludible del de contradicción- exige que las partes
cuenten con los mismos medios de ataque y defensa e idénticas
posibilidades y cargas de alegación, prueba e impugnación, a efectos
de evitar desequilibrios entre sus respectivas posiciones procesales.
De este modo, no son admisibles limitaciones a dicho principio, fuera
de las modulaciones o excepciones que puedan establecerse en fase
de instrucción -o sumarial- por razón de la propia naturaleza de la
actividad investigadora que en ella se desarrolla, encaminada a
asegurar el éxito de la Indagación.”
(SSTC 66/1989, de 17.04; 186/1990, de 15.09).