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Robert Hayes: De campeón olímpico a leyenda NFL

Robert Hayes ganó los 100 metros en los Juegos Olímpicos de 1964 y ayudó a Estados Unidos a ganar la posta 4x100, estableciendo un récord mundial. Más tarde jugó para los Dallas Cowboys y ganó el Super Bowl de 1971, siendo el único atleta en ganar tanto los Juegos Olímpicos como el Super Bowl. Sin embargo, después de retirarse tuvo problemas con las drogas y el alcohol, y murió de cáncer de próstata en 2002.
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Robert Hayes: De campeón olímpico a leyenda NFL

Robert Hayes ganó los 100 metros en los Juegos Olímpicos de 1964 y ayudó a Estados Unidos a ganar la posta 4x100, estableciendo un récord mundial. Más tarde jugó para los Dallas Cowboys y ganó el Super Bowl de 1971, siendo el único atleta en ganar tanto los Juegos Olímpicos como el Super Bowl. Sin embargo, después de retirarse tuvo problemas con las drogas y el alcohol, y murió de cáncer de próstata en 2002.
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Robert Hayes:

La leyenda que fue campeón olímpico y del Super


Bowl pero la pasó muy mal tras su retiro
Se llevó los 100 metros y fue fundamental para que EE.UU. ganara la posta de 4x100 en Tokio
1964. Después se dedicó al fútbol americano, donde también conoció la gloria. Pero cuando dejó
la actividad no logró escapar a sus infiernos.

En la lista de campeones olímpicos de todos los tiempos, hay un gran número de atletas que, antes
o después de conseguir esa deseada medalla dorada, se consagraron también como los mejores
de sus disciplinas en campeonatos mundiales o en las competencias y torneos más competitivos
de sus deportes. Pero en ese grupo de elegidos hay solo un deportista que se colgó un oro en la
cita olímpica y gritó además campeón en un Super Bowl, la final del certamen más importante del
mundo del fútbol americano: el estadounidense Robert Hayes.

"Bullet Bob" (Bala Bob), como se lo conocía por su velocidad, fue uno de los grandes protagonistas
de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, en los que ganó los 100 metros, con una marca que igualó
el record olímpico vigente en ese momento, y lideró el equipo estadounidense que se impuso en
la posta 4x100, también con un nuevo record mundial. Tras la cita de la capital japonesa, se unió a
los Dallas Cowboys, con los que ganó el título de la NFL en 1971, metiendo su nombre en la
historia grande del deporte mundial y olímpico.

Su talento como deportista lo había llevado a destacarse desde sus años de secundaria y le abrió
las puertas de la Florida Agricultural and Mechanical University, a la que ingresó con una beca
completa de fútbol americano. Pero no fue con la pelota ovalada con la que dejó su marca en esa
institución, sino en las pistas de atletismo. En 1963, corrió las 100 yardas (91,44 metros; distancia
en la que fue campeón universitario en tres ocasiones) en 9s1/10 y estableció un nuevo record
mundial, que estuvo vigente durante once años.

Así, cuando fue convocado para formar parte del equipo estadounidense de cara a la cita olímpica
de 1964, Hayes ya era a los 21 años un atleta reconocido. Imbatible en el hectómetro desde 1962,
llegó a Tokio como el gran candidato a quedarse con esa prueba y no defraudó.

Primero ganó su semifinal con 9s9/10, el mejor tiempo de la historia hasta ese momento, que no
fue homologado por el fuerte viento que soplaba ese día. Y luego se impuso en la final con una
marca de 10 segundos, igualando el récord mundial vigente, que compartían el alemán Armin
Hary, el canadiense Harry Jerome y el venezolano Horacio Esteves.
"Antes de la largada, estaba observando a los ojos a todos los velocistas, proyectando si podía
ganar. Todo pasó por mi mente. Mi pensamiento en ese momento era 'Tengo que ganar esta
carrera'", contó años más tarde quien con esa mentalidad que lo diferenciaba del resto superó
algunos obstáculos externos que se le presentaron ese día.

Primero, cuando llegó al Estadio Olímpico, se dio cuenta de que su compatriota Joe Frazier,
campeón olímpico de boxeo en esos mismos Juegos, con quien había estado compartiendo un
momento distendido la noche anterior, había perdido una de sus zapatillas. Tuvo suerte porque
Tom Farrell, otro integrante del equipo estadounidense que esperaba para disputar los 800
metros, utilizaba la misma talla que él y le prestó las suyas.

Encima, le tocó correr en el andanivel 1 de la pista de ceniza (rocas ígneas, parecidas a la piedra
pómez que se utilizaban antes de las de tartán), que había quedado en muy mal estado luego de la
prueba de 20 kilómetros de marcha femenina que se había disputado el día antes. Pero nada le
impidió cruzar la meta en primer lugar y quedarse con el título.

Su sueño en Tokio, sin embargo, aún no había terminado. Seis días después, corrió la posta 4x100
y se transformó en héroe nacional. El equipo de Estados Unidos había sufrido dos bajas
importantes por lesión en la previa y disputó la prueba con una formación alternativa. Hayes se
paró entonces como el último relevista y fue su increíble actuación la que le dio el oro a su país.

Cuando le llegó el relevo, estaba quinto y con una desventaja de unos dos metros respecto del
cuarto. Pero aceleró como nunca, completó esos últimos 100 metros en un tiempo estimando de
8s6 -el mejor en un tramo de relevo de la historia, más rápido incluso que Usain Bolt y Carl Lewis-
y finalizó primero, con más de tres metros de ventaja sobre el corredor polaco, que fue segundo.

Estados Unidos no solo se llevó el oro, sino que además estableció un nuevo récord mundial en
esa prueba con 39s06.

"Nunca me lo había fijado como objetivo, pero sabía desde chico que quería competir en unos
Juegos y ser campeón olímpico", comentó años más tarde quien, cumplido el sueño, decidió volver
a su primera y gran pasión.

De las pistas a la cancha

Durante sus años en la universidad de Florida, Hayes se había destacado también como integrante
del equipo de fútbol americano y los Dallas Cowboys lo habían seleccionado en el draft de 1964,
que se había celebrado a fines de 1963. Al regresar de Tokio, entonces, colgó sus zapatillas de
velocista y se unió al equipo texano para la temporada 65. Nunca más volvió a las pistas de
atletismo, pero siguió corriendo tan rápido como siempre y se transformó en una leyenda de la
NFL.

“La velocidad que tenía era francamente increíble. Daba miedo", aseguró alguna vez Gil Brandt,
quien en ese momento era el director de personal de jugadores de los Cowboys.
Tan rápido era Hayes que terminó generando un cambio en el estilo de juego del fútbol
americano, uno de los deportes más arraigados en la sociedad estadounidense. Como receptor
abierto, forzó a sus oponentes a que cambiaran de defensas hombre a hombre a defensas en zona
para intentar frenarlo. Pero, además, aprovechó su ritmo y vértigo para aportar también en la
defensiva, por lo que "redefinió completamente su posición", como aseguró Mike Ditka, su
compañero de equipo.

"Cambió el juego debido a su velocidad. Pero no solo era la persona más rápida del mundo, era un
gran atleta y jugador de fútbol. Y sabía cómo usar esa rapidez. Uniendo esos dos factores, te hacía
cambiar toda tu defensa cuando jugabas contra los Cowboys", reflexionó Don Shula, ex
entrenador de Miami, quien lo sufrió en carne propia en el Super Bowl de 1971.

En ese partido, Dallas derrotó a los Dolphins por un aplastante 24 a 3 y consiguió el primero de sus
-hasta ahora- cinco títulos de la NFL. Y Hayes hizo historia al convertirse en el primer campeón
olímpico en levantar también el trofeo más importante del fútbol americano.

Tres años después, fue transferido a San Francisco 49ers, pero fue despedido luego de unos meses
porque su rendimiento no fue el esperado. Poco después le puso fin a su carrera y, ya alejado del
deporte, no la pasó bien.

En los años siguientes se conoció que tenía problemas de adicción a las drogas y al alcohol. Volvió
a ser noticia en 1979, cuando fue arrestado y encarcelado por vender cocaína. Y falleció en 2002,
luego de una larga batalla contra un cáncer de próstata y problemas hepáticos.

En 2009 ingresó al Salón de la Fama del Fútbol Profesional, cinco años después de que le negaran
ese honor presuntamente por sus problemas legales.

"No es justo convertirnos en modelos. Ya tenemos suficiente presión para tratar de ser los mejores
en la cancha. Pero cuando hemos terminado con este rol, deberían dejarnos vivir y ser nosotros
mismos", comentaba años antes de su muerte.

A Hayes le costó manejar esa fama y ese estatus de celebridad que ganó con sus logros deportivos.
Tampoco pudo reinventarse como ex atleta, una vez retirado. Sin embargo, el mundo del deporte
lo recordará siempre como uno de los hombres más veloces de todos los tiempos. El que
conquistó dos mundos completamente distintos. El único que supo gritar campeón en un Super
Bowl y colgarse también un oro en unos Juegos Olímpicos.

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