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Prostitucion 3

Este documento analiza la necesidad de crear un marco regulatorio para el trabajo sexual en Colombia a la luz de la jurisprudencia constitucional. Examina las implicaciones de reconocer los derechos laborales de los trabajadores sexuales y los aspectos mínimos que debe incluir una regulación como condiciones de trabajo y protección de derechos. Finalmente, busca que el Congreso legisle este tema para corregir la discriminación y vulneración de derechos que enfrentan actualmente.

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Prostitucion 3

Este documento analiza la necesidad de crear un marco regulatorio para el trabajo sexual en Colombia a la luz de la jurisprudencia constitucional. Examina las implicaciones de reconocer los derechos laborales de los trabajadores sexuales y los aspectos mínimos que debe incluir una regulación como condiciones de trabajo y protección de derechos. Finalmente, busca que el Congreso legisle este tema para corregir la discriminación y vulneración de derechos que enfrentan actualmente.

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PROSTITUCIÓN EN COLOMBIA: HACIA UNA


APROXIMACIÓN SOCIOJURÍDICA A LOS DERECHOS
DE LOS TRABAJADORES SEXUALES*

PROSTITUTION IN COLOMBIA: TOWARDS


A SOCIO-JURIDICAL APPROACH TO THE RIGHTS
OF SEXUAL WORKERS

PROSTITUTION EN COLOMBIE : UNE APPROCHE


SOCIO-JURIDIQUE DES DROITS DES TRAVAILLEURS
SEXUELS

Misael TIRADO ACERO**


Carlos Alfonso LAVERDE RODRÍGUEZ***
Juan Camilo BEDOYA CHAVARRIAGA****

RESUMEN: La Corte Constitucional, a partir de la Sentencia T-629 de


2010, ha reconocido la necesidad de corregir el escenario actual de dis-
criminación y vulneración a derechos fundamentales de los trabajadores
sexuales, mediante la creación de un marco normativo que delimite las

*
Recibido el 5 de febrero del 2019 y aprobado para su publicación el 25 de marzo del 2019.
** Docente investigador en la Universidad Militar Nueva Granada, Bogotá, Colombia;
miembro del grupo “Red de Estudios Sociojurídicos Comparados y Políticas Públicas-RES-
CYPP”, Línea de investigación política criminal, derecho penal y criminología, de la misma
universidad. Doctor en sociología jurídica e instituciones políticas por la Universidad Externa-
do de Colombia. Correo electrónico: misaeltirado@[Link].
*** Doctor en ciencia social con especialidad en sociología en El Colegio de México. Maestro

en estudios y políticos y sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


Sociólogo y economista por la Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia. Correo: claverde@
[Link].
**** Abogado y estudiante de maestría en derecho de la Universidad Nacional de Colombia;

miembro del grupo de investigación “sustancias psicoactivas” y “nullum crimen sine lege”, de
la Universidad Nacional, así como del semillero de investigación en “maternidad subrogada”
de la misma institución. Correo: jucbedoyach@[Link].
Revista Latinoamericana de Derecho Social
Núm. 29, julio-diciembre de 2019, pp. 289-315

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condiciones en las cuales deben ser prestados los servicios sexuales, así
como la determinación de los derechos que en cabeza de los trabajado-
res sexuales reposan, sin que a la fecha el Congreso haya subsanado la
falta de legislación en la materia. Se analizan, por tanto, en este texto, las
implicaciones y necesidades de un marco jurídico que permita el recono-
cimiento de los derechos laborales de esta población.

Palabras clave: prostitución, trabajo sexual, derechos laborales.

ABSTRACT: The Constitutional Court at the sentence T-629 of 2010, has


recognized the need to correct the current scenario of discrimination
and violation of the fundamental rights of sex workers, through the cre-
ation of a normative framework that establishes the conditions in which
should be provided sexual services, as well as the determination of the
rights of sex workers without the date of the Congress, it has not rem-
edied the lack of legislation in the matter. Therefore, the implications
and needs of a legal framework that allow the recognition of the labor
rights of this population are analyzed in this paper.

Key words: prostitution, sex work, labor rights.

RÉSUMÉ: Avec la Sentence T-629 rendue en 2010, la Cour Constitution-


nelle a, pour la première fois, entamé un processus visant à intervenir
dans le contexte actuel pour lutter contre les discriminations et les at-
teintes relatives aux droits fondamentaux des travailleurs sexuels. Pour
y parvenir, elle a déterminé un cadre normatif régissant les conditions
entourant les prestations sexuelles et elle a défini les droits dont les tra-
vailleurs sexuels peuvent se réclamer. Pourtant, jusqu’à maintenant, le
Congrès n’a pas remédié à cette absence de législation en la matière en
avalisant cette initiative. Le texte que nous proposons a justement pour
objectif le fait d’analyser les implications et les besoins d’un cadre légis-
latif qui permettrait la reconnaissance des droits du travail de ce type de
travailleurs.

Mots-clés: prostitution, travail sexuel, droits du travail.

SUMARIO: I. Introducción. II. Consideraciones preliminares en torno a la prostitu-


ción y al trabajo sexual. III. Regulación y control del trabajo sexual. IV. Interpreta-
ción constitucional y laboralización. V. Conclusiones. VI. Bibliografía.

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PROSTITUCIÓN EN COLOMBIA: HACIA UNA APROXIMACIÓN SOCIOJURÍDICA... 291

I. INTRODUCCIÓN

E l trabajo sexual, como actividad social, profesional y económica, se en-


cuentra, pese a su amplia distribución en el tejido social, inmerso en
una zona gris en términos jurídicos, pues si bien su práctica y ejercicio no
se encuentran prohibidos, no existe una delimitación clara de la naturaleza
que se le asigna, o mención alguna, a los derechos de quienes la practican en
términos de regulación laboral. Dicho fenómeno obdedece a un proceso de
invisibilización a través del derecho, que históricamente ha servido como me-
canismo para la imposición de estigmas sociales a los trabajadores sexuales, y
de esta manera agrava la ya de por sí precaria situación laboral y social de este
grupo susceptible de especial protección en atención a la discriminación, de
la cual han sido víctimas.
De allí que sea necesario analizar la pertinencia de generar una política
pública que regule la prestación de servicios sexuales en Colombia, así como
las implicaciones laborales del fallo T-629 de 2010, de la Corte Constitu-
cional. Por tanto, es pertinente preguntar cuáles son los aspectos mínimos
fundamentales a tener en cuenta en la generación de un marco regulatorio
del trabajo sexual en Colombia a la luz de la línea jurisprudencial de la Corte
Constitucional, que persigue amparar los derechos de las trabajadoras sexua-
les sustentados en la T-629 de 2010, y su más reciente reiteración en la T- 594
de 2016.
Por lo anterior, es necesario mencionar que es a partir de 2010, con la
sentencia de la Corte Constitucional colombiana T-629, cuando se erigen los
fundamentos jurídicos para considerar el trabajo sexual como un “trabajo”,
y se insta a las instituciones estatales encargadas, a legislarlo y ordenarlo
bajo una óptica de derechos laborales, con un enfoque de dignidad huma-
na y prevención de los problemas sociales conexos, como lo son la trata
de personas, la prostitución infantil y el crimen organizado. La sentencia
en cuestión extiende sus implicaciones al reconocimiento de una actividad
económica que se realiza bajo el consentimiento de quien decide prestar
servicios sexuales remunerados, lo que en primer lugar implica reconocer
la capacidad de agencia y decisión de quien decide realizar este trabajo, y en
segundo lugar, asegurar, por medio de la legislación, la protección de sus
derechos laborales.
Ahora bien, la relación entre lo jurídico y las prácticas de las trabajadoras
sexuales no implica solamente un marco de referencia en el que se definan

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exclusivamente reglas, sino que, por el contrario, como lo ha demostrado


Scoular,1 se encuentra ligada a la construcción cultural que se cristaliza en el
campo jurídico. De esta manera, la legislación, si bien es una construcción
cultural, tiene implicaciones en la generación de nuevas relaciones, mediante
la implementación normativa, por lo cual la reglamentación del trabajo se-
xual está encaminada a generar efectos no sólo en términos prácticos, sino
que además tiene la posibilidad de impactar la subjetividad de quienes se ven
interpelados por la normatividad; en tanto, el reconocer o prohibir el trabajo
sexual desde un marco jurídico complejiza las relaciones sociales en la medida
en que se construye de fondo una idea de lo aceptable y reprochable. Si bien
es cierto que el cambio no es inmediato, existen evidencias para afirmar que
el marco jurídico tiene consecuencias prácticas en la construcción de subjeti-
vidades en el largo plazo.2
Bajo este panorama, es un punto crucial de la discusión comprender las
implicaciones del reconocimiento de derechos laborales de las trabajadoras
sexuales, por cuanto su implementación reviste un importante avance en
materia de protección y garantía del derecho fundamental al trabajo, en un
contexto en el que el estigma social, por cuenta de una visión diferencial del
género, ha establecido características propias de esta actividad, que histórica-
mente han respondido a las formas de concebir el cuerpo, la sexualidad y el
trabajo femenino, subordinado a la masculinidad.
En atención a lo anterior, el presente trabajo parte de una breve alusión
a las consideraciones preliminares en torno a la prostitución y al trabajo se-
xual, haciendo un especial énfasis en la importancia del abordaje del trabajo
sexual como una forma de trabajo, así como de la evolución histórica de la
prostitución como práctica sociocultural y las implicaciones negativas que
la misma tiene al interior del constructo social que rodea el comercio sexual
en Occidente. En segundo lugar, se analizan los enfoques regulatorios del
trabajo sexual, así como el marco normativo aplicable en la actualidad en
Colombia al ejercicio del trabajo sexual, abordando finalmente las consi-
deraciones de la Corte Constitucional en torno a la prostitución como una
forma de trabajo, y el contexto jurisprudencial que ha conllevado a la toma
de esta decisión.

1 Scoular, J., “Whats Law go to do with it? How and why Law Matters in the Regulation

of Sex Work”, Journal of Law and Society, vol. 37, núm. 1, 2010.
2 Idem.

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II. CONSIDERACIONES PRELIMINARES EN TORNO


A LA PROSTITUCIÓN Y AL TRABAJO SEXUAL

1. El género como punto de partida: el uso del cuerpo femenino en el trabajo sexual

La prostitución,3 comúnmente denominada de forma errónea como “el


oficio más antiguo del mundo”, ha estado presente en múltiples sociedades,
como resultado de lo cual sus límites han sido desdibujados y se han cons-
truido en torno a la misma una serie de mitos, que es necesario rebatir en el
proceso de regulación de la misma.
Tal como lo afirma Segurado,4 no existe una definición precisa de lo que es
o no es la prostitución, por cuanto todo lo que la rodea es un campo de lími-
tes imprecisos; así, por ejemplo, menciona que etimológicamente la palabra
proviene del término “prosto”, el cual implica sobresalir o salir hacia afuera,
haciendo referencia, tal vez, al ejercicio de esta actividad en las calles, resulta
insuficiente para clarificar su contenido y aludir a su carga semántica.
De allí que sea menester, en el camino a la definición de lo que es o no es
la prostitución, mencionar que históricamente se ha invisibilizado el ejercicio
masculino de dicha actividad; así, por ejemplo, el Digesto de Justiniano con-
sideraba como prostitutas a aquellas “mujeres que se entregan a los hombres
por dinero y no por placer”, excluyéndose así toda práctica sexual masculina
recompensada del ámbito normativo de la prostitución.
Con el paso del tiempo, esta definición dio lugar a la creencia de que la pros-
titución no era más que la venta del cuerpo por parte de una mujer, con la
finalidad de sostener relaciones sexuales;5 idea a la cual se opone la noción de
prostitución como servicio, ejercida en el marco de la autonomía de la volun-
tad y “por [la] cual se recibe una retribución económica y cuyo intercambio
permite una «negociación» y ejercicio de servicios sexuales remunerados”.6
3 Si bien existen cuando menos tres formas de prostitución históricamente consideradas:
la hospitalaria, la religiosa o sagrada y la legal; nos referiremos en este texto sólo a aquella
denominada como legal, por cuanto es esta en la que se centra en la actualidad —en nuestra
sociedad— el debate normativo, que, propende por la regulación de su ejercicio. Vease Dufour,
Pierre, La prostitución en la antigüedad, San Sebastian, Roger, 1999.
4 Segurado, M., La prostitución, Madrid, Acento Editorial, 2002.
5 Al respecto, debe clarificarse que no es el cuerpo lo que ofrece la prostituta en el

intercambio económico con el cliente, sino la prestación de un servicio. Vease Figueroa, J. y


Pachajoa, A. ¿Es la prostitución trabajo?, tesis de sociología, 2008, pp. 54-69.
6 Tirado Acero, M., Comercio sexual: una mirada desde la sociología jurídica, Lima, Fundación

FEFSA, 2010, p. 87.

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De allí que deba entenderse el termino “prostitución” no como una prác-


tica netamente femenina, en atención a perjuicios de género, sino como toda
aquella actividad en la cual “mujeres, homosexuales, transgéneros [y hombres]
exigen de manera explícita dinero, ya sea por medios verbales o no verbales, a
hombres o a mujeres, a cambio de servicios sexuales concretos dentro de un
espacio público, privado o comercial”.7
A lo anterior cabe agregar que la prostitución como fenómeno no se pre-
senta de una única manera, sino que se da de forma diferenciada de acuerdo
con el estrato socioeconómico de quien presta el servicio y al lugar en el
que lo hace; así, siguiendo a Segurado,8 es posible mencionar la existencia de
cuando menos los siguientes grupos de trabajadores sexuales: cocottes/scorts;
“chicas de alterne”, aquellas que trabajan en los clubs de carretera o prostí-
bulos; las que “hacen la calle” y las “intrusas”, mujeres que, ocasionalmente,
incursionan en el mundo de la prostitución, pero no hacen de ésta su forma
de vida o sustento.
Asimismo, es pertinente mencionar, en un escenario de contextualización
y definición de la prostitución como actividad, que aquellas causas, usual-
mente percibidas como la fuente de la prostitución, son insuficientes para dar
cuenta de los motivos que conllevan al comercio sexual y reducen el debate
y complejidad del fenómeno a una situación de explotación con profundos
tintes de consecuencia y catalizador de otras problemáticas sociales, como lo
son la trata de personas, así como nicho de sustento de mercados ilegales,
producto del crimen organizado, en detrimento de los derechos y libertades
de quienes ejercen esta actividad de forma consciente, o de quienes, simple-
mente, han caído en la misma en contra de su voluntad no como resultado
del crimen, sino de las profundas diferencias sociales y la falta de oportuni-
dades, tanto formativas como laborales, resultado de sesgos discriminatorios
de género.
Siendo las causas, mediante las cuales se ha intentado explicar la prostitu-
ción: la pereza o autoindulgencia, el gusto por el dinero, fácil y rápido, pérdida
de valores, seducción y posterior abandono, los fenómenos migratorios auna-
dos a la falta de oportunidades laborales, la pobreza, la promiscuidad sexual,
unida a la inmadurez intelectual y afectiva, así como la promiscuidad fami-
liar. Todas estas causas van encaminadas a dar explicación al fenómeno de la
prostitución, netamente fémina de calle, obviando en el proceso la existencia

7 Segurado, M., op. cit., nota 7, p. 10.


8 Idem.

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de otros tipos de trabajo sexual y sus complejidades, así como el papel de la


autonomía de la voluntad en el proceso de selección del trabajo sexual como
forma de vida, e incluso, de realización profesional.
Frente a dicha consideración, es pertinente mencionar que en contraposi-
ción a la posibilidad de autonomía del algunos trabajadores sexuales, la Reso-
lución del Parlamento Europeo, del 26 de febrero de 2014, sobre explotación
sexual y prostitución y su impacto en la igualdad de género, considera que
toda forma de explotación sexual encasillable bajo el rotulo de prostitución
constituye una vulneración a los derechos fundamentales y la dignidad de los
sujetos inmiscuidos en la misma, particularmente de las mujeres. No obstan-
te, debe mencionarse que ésta considera como inexistente la capacidad de
autodeterminación de los trabajadores sexuales en términos de optar por el
ejercicio de la prostitución, y afirma a su vez qué esta conduce inevitablemen-
te al sostenimiento de patrones discriminatorios y opresivos, basados en las
construcciones de género, así como al crecimiento y surgimiento de conductas
vulneradoras de derechos fundamentales, como lo son la trata de personas, la
prostitución infantil y la aparición y proliferación de redes de criminalidad.
Por otra parte, entre las complejidades para estudiar el trabajo sexual es ne-
cesario reconocer que éste no es una actividad que pueda considerarse como
neutral frente a las construcciones sociales de género, por cuanto éste define
el sentido en que las relaciones sociales se constituyen en el mercado sexual
a través de la oferta y la demanda, en tanto la carga valorativa que se otorga a
una(s) parte(s) del cuerpo que se usa para la oferta de un servicio tiene su ori-
gen en el significado social, propiamente dicho, de la misma, mediante el cual
se pone en juego la imagen construida simbólicamente desde la dominación
masculina del cuerpo de la mujer.
Este constructo es definido desde el mito de la mujer “buena”, percibida
como madre, asociado a un ideal de pureza correlativo al grado de negación
de la sexualidad femenina. Esta situación fáctica se encuentra ampliamente
arraigada en las sociedades occidentales, por cuanto la dualización de la figura
femenina sólo permite la identificación de la mujer con el modelo comporta-
mental de Eva o el de María, la primera pecadora primordial y representación
de la “puta”, quien tienta al hombre; la segunda, la representación de la cas-
tidad y la pureza reflejada en la maternidad.9
De allí que sobre el cuerpo de la mujer se concentre toda una carga dis-
cursiva que da cuenta de los mandatos de género, que asignan una visión del

9 Rodríguez, B. M., Prostitución: del tabú a la banalidad, Buenos Aries, Lugar Editorial, 2011.

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mundo, en la que se definen creencias y prácticas diferenciales a hombres


y mujeres, siendo el rol asignado a las mujeres el de la maternidad, pues tal y
como lo menciona el de ser madre, en tanto ser madre es la forma de llegar a
ser mujer, por lo cual, tanto la sexualidad de la mujer como otras dimensiones
constitutivas de su esencia quedan reducidas al rol materno.10 Al respecto,
cabe mencionar que desde los constructos sociales machistas

Existen pocas y reducidas formas de ser mujer. La sociedad está definida de


tal manera que se encauza y se estimula a las mujeres en torno a un reducido
número de opciones culturales dominantes, que conforman modos de vida
particulares… [los cuales], se caracterizan porque son especializaciones so-
ciales y culturales de las mujeres y se configuran alrededor de alguna de las
características sustantivas de la condición de la mujer.11

De esta manera, el trabajo sexual realizado por mujeres representa una


ruptura con el ideal de la mujer como madre, en tanto que está convertida en
transgresora del statu quo por el uso de su sexualidad con fines económicos;
que además, es castigada, señalada y “llamada al orden” por una sociedad
claramente dominada por la masculinidad. Así, al interior del trabajo sexual,
el género funciona como un sistema que articula las formas en las que se
otorgan significados a una “etiqueta” que funciona como control y signo que
define lo rechazado y lo aceptado. Por lo cual, el afirmar que una mujer es una
“puta” es una forma de definir lo transgresor de una conducta en las mujeres,
es pues la forma de separar a las mujeres “buenas” de las “malas”, siempre en
diálogo del uso que éstas dan a su sexualidad.
La “puta” o “prostituta” es, entonces, la etiqueta que se posiciona desde
un orden patriarcal como rótulo que sitúa a la mujer, inequitativamente, en el
espacio social, por lo que se torna necesario sostener —tanto desde el derecho
como desde las relaciones sociales y laborales— el concepto de trabajo sexual,
modificación en torno a la forma de referirse al objeto en estudio que, más
allá de constituir un simple eufemismo, resulta tener fuertes implicaciones en
términos jurídicos, laborales y sociales en tanto construcciones subjetivadas.

10 En este sentido y desde una perspectiva claramente propia de la moralidad católica,

la prostituta es percibida como “recipiente para contener la suciedad de la carne, como mal
necesario para prevenir los peores pecados, como la homosexualidad, el incesto, la violación y
la seducción de mujeres honestas”. Rodrígues, op. cit., nota. 12, p. 37.
11 Lagarde, M., Los cautiverios de las mujeres: madesposas, monjas, putas, presas y locas, México,

UNAM, 1997.

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Asimismo, debe mencionarse que al establecer que la causa mayoritaria de


persecución y apreciación negativa del ejercicio del trabajo sexual se encuen-
tra vinculado a la independencia económica femenina, lo cual rompe con el
dominio hegemónico del hombre establecido cultural e históricamente sobre
la mujer, siendo dicha actividad una forma de alcanzar la emancipación, ya
que como lo menciona Osborne, la conquista de la libertad de las mujeres pa-
sa a través de la conquista de la independencia económica, y el trabajo sexual
ha sido una forma de alcanzar dicha independencia.12

2. El trabajo sexual como categoría de análisis frente al de prostitución

Los conceptos de prostitución y trabajo sexual son el centro de discusión


de una serie de debates, especialmente feministas, que tomaron fuerza desde
los setenta (Lamas, 2016), impidiendo una solución uniforme que permita
sincronizar las dos posturas, y, asimismo, enfrentar condiciones que siguen
afectando a las mujeres que deciden realizar este trabajo de forma voluntaria.
Es necesario, por tanto, adoptar una postura que permita dilucidar las dife-
rencias; de allí que deba retomarse el concepto de trabajo sexual, ya que el
concepto de prostituta, tal y como lo plantea Petherson (1990), está basado
en representaciones, que desde múltiples discursos han perfilado a la mujer
que disfruta o practica su sexualidad como “mala”.
De igual manera, el término “prostitución” trae aparejado, historicamente,
el estigma de la criminalización y exclusión de quien realiza esta actividad.
Discriminación, igualmente presente en el discurso “médico”, en el cual se
cataloga al trabajo sexual como nocivo desde una lógica de las ITS/VIH, con-
fundiendo y enfocando a las trabajadoras sexuales como el centro de una pro-
blemática de salud pública que puede afectar a la sociedad en su conjunto,13 o,
incluso, desde el enfoque psicológico que patologiza a las mujeres que ejercen
dicha actividad.
Al respecto, Pheterson llama la atención sobre la investigación científica
que se realiza en el campo del trabajo sexual, pues generalmente se intenta
asociar con dinámicas poblacionales marginales, como el consumo de drogas,

12 Osborne, R., Las prostituas: una voz propia (cronica de un encuentro), Barcelona, Icaria, 1991.
13 El riesgo de contraer ITS/ETS en el trabajo sexual es de especial importancia para la
salud pública por su alta exposición; sin embargo, no es mucho mayor que cuando se mantienen
relaciones sexuales en otro ámbito sin los cuidados y prevención necesaria. Vease ONUSida.
Censida, 2009; Tirado Acero, M., Comercio sexual, Bogotá, ILAE-Thomson Reuters, 2013.

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la criminalidad, el alcoholismo y otras, que si bien pueden ser contextos pre-


sentes en el comercio sexual, promueven el estigma y reproducen el imagina-
rio de la “prostituta” como una mala mujer o como una víctima que necesita
ser rescatada.14
En contraposición a lo cual, la investigación social está llamada a asegu-
rar un concepto que permita entender las relaciones constitutivas del traba-
jo sexual al interior de un contexto histórico, que establezca condiciones de
análisis en las que existe una interacción con un medio laboral en diferentes
periodos, debido a que el concepto de prostituta carece de una posibilidad de
análisis histórico y trae consigo la inmovilidad que supone, como habitual-
mente se enuncia, “el oficio más antiguo del mundo”, al cual se apareja una
carga negativa, que debe ser eliminada en el camino a la materialización efec-
tiva de los derechos de aquellas personas que ejercen libre y voluntariamente
el comercio sexual, sin que esto implique el abandono a la construcción de
políticas públicas eficientes y eficaces en términos de prevención a los delitos
y males conexos a las prácticas sexuales impostivas, así como la posibilidad
de optar por la práctica de otras actividades licitas, que reduzcan su nivel de
exposición a factores de riesgo.

3. El trabajo sexual en el contexto del mercado laboral

Históricamente, el trabajo de las mujeres en el mercado laboral se ha sub-


valorado y precarizado en comparación a las condiciones laborales de los
hombres, bajo una lógica de especialización que les ha otorgado roles no pro-
ductivos (secretaria, trabajadora, enfermera, doméstica, recepcionista, entre
otros oficios), minimizando sus opciones y relegando en muchas ocasiones
su trabajo a escenarios de servicio, en una sociedad patriarcal, que extrapola
los roles domésticos al campo laboral.
Así, dentro de las opciones laborales presentes en el mercado, hablar de
trabajo sexual implica inscribir el análisis al entorno del comercio sexual, lo
que supone a su vez discutir en términos del mercado laboral y equiparar los
contextos laborales y sociales a las prerrogativas de otros trabajos con carac-
terísticas de formalidad, sin dejar de tener presente consideraciones especiales
de un campo social en el que se han construido relaciones de dominación
marcadas por el estigma hacia quien lo desarrolla, en este caso las mujeres
que han sido señaladas como las “putas”, “prostitutas” o cualquier otro ró-
14 Petherson, G., “The Category «Prostitute» in Scientific Inquiry”, The Journal of Sex

Research, 1990, pp. 397-407.

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tulo que imponga categorías destructivas pero eficientes al control del cuerpo
femenino.
En este sentido, el concepto de trabajo sexual implica, analíticamente, la
posibilidad de considerar características que se ajustan a la lógica del merca-
do laboral, como lo exponen Murphy y Venkatesh, quienes realizaron una
investigación con mujeres trabajadoras sexuales en la ciudad de Nueva York
y lograron identificar particularidades que les permitieron definir que quienes
realizan esta actividad económica desarrollan prácticas profesionalizantes y
carreristas, por ser para ellas un modelo de generación de empleo e ingresos.15
Lo anterior evidencia la pertinencia de retomar las posturas que reivin-
dican el derecho a prestar servicios sexuales remunerados desde una pers-
pectiva laboral. En primer lugar, porque quien se define como trabajador/a
sexual reconoce que desarrolla esta actividad bajo total consentimiento, y esto
supone, en segundo lugar, la presencia de una capacidad de agencia, lo cual
conlleva a su vez, asumir —en contraposición a las afirmaciones mayoritarias
de amplios sectores del feminismo— que la prostitución es susceptible de ser
tenida como un trabajo, en términos marxistas, en cuanto permita a quien la
ejerce, dignificarse/realizarse a través de su acción, siendo susceptible, por
tanto, de ser tenida como un proyecto que permite la materialización de una
vida digna, que debe ser analizada en concordancia con los parámetros de la
sentencia T-067 de 1994, de acuerdo con la cual
El concepto de vida que la Constitución consagra no corresponde simple-
mente al aspecto biológico, que supondría apenas la conservación de los
signos vitales, sino que implica una cualificación necesaria: la vida que el
Estado debe preservar exige condiciones dignas. De poco o nada sirve a la
persona mantener la subsistencia si ella no responde al mínimo que confi-
gura un ser humano como tal.

III. REGULACIÓN Y CONTROL DEL TRABAJO SEXUAL

1. Aproximación preliminar a los enfoques regulatorios

En lo que a la regulación de la prostitución atañe, históricamente han


existido tres paradigmas normativos, al interior de los cuales es posible en-
15 Murphy, A. y Ventakesh, S., “Las carreras del vicio: los cambiantes contornos del
trabajo sexual en la ciudad de Nueva York”, en Auyur, J. y Hobert, R., Acción e interpretación de
la sociología cualitativa norteamericana, Quito, Flacso, 2011.

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marcar las legislaciones existentes, a saber: prohibicionismo, reglamentaris-


mo y abolicionismo; cada uno de los cuales trae consigo una consideración
diferente, pero peyorativa, de aquellos individuos que se encuentran sumidos
en el comercio sexual; así, para el prohibicionismo, la trabajadora sexual es
poco más que una “pecadora”; para el reglamentarismo, una “enferma”, y
para el abolicionismo, una “inadaptada social”.16 De entre las cuales el pro-
hibicionismo y el reglamentarismo son las dos corrientes dominantes en el
debate regulatorio del trabajo sexual, siendo posible considerar al abolicio-
nismo como un punto medio entre ambas posturas, por cuanto las mismas
constituyen

Dos polos en la discusión respecto a la forma en que el Estado debe con-


cebir el fenómeno [de la prostitución], pues, a fin de cuentas, es en el Es-
tado donde se concentra una noción de comunidad o, como la llamaría
Andersón,17 la comunidad imaginada, lugar en el que se condensan las ideas
generalizadas acerca de lo deseable en una sociedad.18

En este sentido, se entiende por prohibicionismo aquella corriente de pen-


samiento para la cual el trabajo sexual atenta contra los derechos humanos
de las personas, por cuanto vulnera la dignidad humana y restringe la libertad
sexual, y por tanto, debe ser erradicado; es importante comprender que esta
corriente de pensamiento se enmarca en un discurso conservador y moral,
acompañado de ideologías altamente politizadas en cuanto a filiaciones reli-
giosas o de clase se refiere.
En contraposición al prohibicionismo, el reglamentarismo persigue el me-
joramiento de las condiciones laborales y de la prestación de los servicios se-
xuales, considerando la existencia del trabajo sexual como una realidad social
inevitable y tolerable, a la vez que mantiene la prohibición a la prostitución
infantil y persigue la trata de personas con fines de explotación sexual.19 Éste,
si bien permite la prostitución independiente, penaliza la promoción u orga-
nización de servicios sexuales por parte de un tercero.

16 Rúa Serna, J. C., “El derecho a prostituirse, la prostitución a la luz del derecho laboral”,

Diálogos de Derecho y Política, vol. 8, núm. 1, enero-abril de 2012, pp. 2-11.


17 Benedict, A., Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo,

México, Fondo de Cultura Económica, 1993.


18 Tirado Acero, M., “Contribuciones al debate jurídico del trabajo sexual en Colombia”,

Novum Just, 2014, pp. 11-37.


19 Idem.

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No obstante, de acuerdo con Rúa Serna20 es posible hablar de una cuarta


vía paradigmática para la clasificación de la normatividad en materia de traba-
jo sexual, denominada “laboralización”,21 de acuerdo con la cual se entiende
a la prostitución “como un trabajo [al interior del cual se debe] reconocer
derechos y garantías a las mujeres [y hombres que lo ejercen]”;22 corriente
dentro de la cual es posible considerar que se enmarcan las recientes apro-
ximaciones de la Corte Constitucional a la prostitución como un trabajo y el
amparo del mismo.
Por último, cabe mencionar que la normatividad existente en la actualidad
no obedece a un único paradigma, sino que, tal y como lo estableció Juan
Carlos Henao en la Sentencia T-629 de 2010, subsisten en Colombia los tres
modelos de regulación, manifestándose el prohibicionismo en la tipificación
de los delitos de inducción a la prostitución, así como de constreñimiento a
la prostitución; el abolicionista, en los convenios y tratados internacionales
ratificados por Colombia, que persiguen la paulatina eliminación de la prosti-
tución, y el reglamentarismo en las medidas propias del derecho urbanístico
de policía, que pretende el establecimiento de zonas de trabajo, así como
medidas de salubridad.23

2. Marco histórico normativo

De acuerdo con Segurado, la regulación de la prostitución a través de leyes


se ha presentado desde las primeras apariciones de la misma a nivel social,
siendo uno de los primeros ejemplos de regulación normativa del trabajo se-
xual la imposición de un impuesto a la práctica por parte de Calígula, de 1/8
de las ganancias percibidas en favor del imperio; presentándose las primeras
limitaciones a la práctica de la prostitución, mediante la imposición de casti-
gos —a las proxenetas— de trabajo forzado o prisión, sin que se llegara aún
a castigar la prostituta, por cuanto se consideraba que la misma cumplía una
función social.24

20 Rúa Serna, op. cit., nota 19.


21 Ésta es susceptible de ser considerada como una variante del reglamentarismo con un
énfasis mayoritario en el componente laboral del trabajo sexual y la dignidad de quienes lo
ejercen como opción de vida.
22 Figueroa, J. y Pachajoa, A., op. cit., nota. 8, p. 57.
23 Rúa Serna, op. cit., nota 19.
24 Segurado, op. cit., nota 7.

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Empezando la persecución al trabajo sexual per se, con la integración de los


valores cristianos a la sociedad occidental y la asignación del carácter de “mal-
vadas” a quienes intercambiaban favores sexuales por contraprestaciones de
diversa índole, lo cual condujo a que durante la época de la Inquisición fueran
cazadas y perseguidas como brujas, situación que derivó en una paradoja, por
cuanto aun siendo perseguidas, el papa Clemente VIII emitió una ordenanza
que las obligaba a entregar el 50% de sus ganancias a la Iglesia.25
Con posterioridad, durante el gobierno de Carlos III sería permitida la
prostitución, pero manteniéndose una sanción para el lenocinio, que consistía
en la exclusión de la milicia y un juicio bajo tribunal.26 Debe mencionarse que
la prostitución no sería considerada como un oficio propiamente dicho, sino
hasta la institucionalización de los burdeles públicos en Francia, durante el
siglo XIV; asimismo, es menester tener en cuenta que la prostitución sólo se
presenta como tal en aquellas sociedades patriarcales donde se ha garantizado
un lugar en la sociedad a través de la primigenia.27
En lo que a Colombia se refiere, la prostitución estuvo prohibida durante
gran parte de la historia de la nación, puesto que, aun siendo tolerada por
la sociedad, la intervención de las autoridades conllevó a la expulsión de las
prostitutas de su lugar de trabajo y residencial, presentándose las primeras
regulaciones positivas en torno a la prostitución como práctica socialmente
tolerada en la ciudad de Bogotá a comienzos del siglo XX, cuando mediante
un decreto del gobernador de Bogotá pasó a considerarse a la misma como
una calamidad social, contraria a las estructuras de poder y a los valores so-
ciales que no obstante debía ser tolerada como resultado de su función social,
por lo cual se exigía la expedición de un permiso de funcionamiento para las
casas de prostitución, así como la inscripción de las prostitutas para posibili-
tar su control médico.28
Mediante la Resolución 282 del 4 de mayo de 1942 se obligaría —a nivel
nacional, exceptuando a Bogotá— a la inscripción de las prostitutas como
mujeres públicas (medida que permanecería vigente hasta la entrada en vi-
gencia de la Constitución de 1991); de la misma forma, se establecía en el
artículo 19, un arresto de entre cuatro a treinta días para aquella mujer que en
público ofíciera sus servicios sexuales, incitando al hombre a hacer uso de los
25Rodríguez, op. cit., nota 12.
26Segurado, op. cit., nota 7.
27 Rodríguez, op. cit., nota 12.
28 Martínez, A. y Rodríguez, P., Placer, dinero y pecado: historia de la prostitución en Colombia,

Bogotá, 2002.

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mismos, bien fuera mediante el uso de prendas reveladoras, la oferta directa


o la utilización de canciones. En 1948, el Consejo de Bogotá, mediante el
Acuerdo 95, prohibio el funcionamiento de todo local destinado al ejercicio
de la prostitución en la ciudad.
No fue hasta 1970, mediante el Decreto 133529 (antiguo Código de Poli-
cía) cuendo se afirmó que “el solo ejercicio de la prostitución no es punible”
(artículo 179); entendiéndose por prostituta, de acuerdo con los términos
del artículo 178 a “la persona que trafica habitualmente con su cuerpo, para
satisfacción erótica de otras varias, con el fin de asegurar completar o mejorar
la propia subsistencia o la de otro”, definición sobre la cual cabe resaltar el
avance que presenta en el reconocimiento de formas alternativas de trabajo
sexual diferentes al ejercicio femenino, al utilizar un sujeto indeterminado
como activo en el ejercicio de la actividad sexual comercial. No obstante los
avances en materia de protección y reconocimiento que implicaba este Códi-
go, es posible percibir una concepción negativa del ejercicio de la actividad se-
xual comercial, por cuanto al interior del articulado en mención se establecía
que “el Estado utilizará los medios de protección a su alcance para prevenir la
prostitución y para facilitar la rehabilitación de la persona prostituida”.
Frente a esta percepción negativa del ejercicio del trabajo sexual en el an-
terior Código de Policía, cabe mencionar que el Código actual —Ley 1801
de 2016— reconoce la vulnerabilidad de las personas en situación de pros-
titución frente a los escenarios de victimización que sufren en la sociedad
cotidiana, estableciendo consecuencialmente que se debe “tratar dignamente
a las personas que ejercen la prostitución, evitar su discriminación o rechazo
y la violación de sus derechos a la libre movilización y al desarrollo de la per-
sonalidad”.
En lo referente al marco regulatorio adicional vigente en la ciudad de Bo-
gotá, merece una mención especial el decreto distrital 126, de 2007, mediante
el cual fue creada la Mesa Interinstitucional para el manejo y control de los
servicios de alto impacto referidos a la prostitución y actividades afines en el
Distrito Capital, así como el artículo 11 del Acuerdo Distrital 489 de 2012, en
el cual se estableció que en el marco del programa de lucha contra los distin-
tos tipos de discriminación y violencias se promovieran “...acciones para la re-
ducción de formas de estigmatización de poblaciones y territorios afectados
por imaginarios de violencia, delincuencia y conflictividades. Se hará especial
énfasis en acciones para… personas vinculadas a la prostitución…”, entre las

29 Modificado por el Decreto 522 de 1971.

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cuales se encuentra la adopción de enfoques diferenciales en su tratamiento


para la garantía y materialización efectiva de sus derechos.30
En esta disposición normativa se sustenta el articulado de la Resolución
490 de 2015, en cuyo artículo segundo se establece que “el plan de acción
para la protección integral de las mujeres en ejercicio de la prostitución se
fundamenta en los siguientes enfoques”: 1. Enfoque de derechos de las mu-
jeres —materialización de la igualdad real y efectiva de sus derechos—, 2.
Enfoque diferencial —reconocimiento y transformación de las desigualdades
que impiden el correcto ejercicio de sus derechos—, 3. Enfoque de género
—reconocimiento y transformación de las relaciones de poder jerarquizadas
que subordinan a las mujeres—. Esta política de atención se basa igualmente
en los principios de autonomía, igualdad real y efectiva, reconocimiento de
las diferencias, equidad de género, justicia de género, participación, progresi-
vidad y no regresividad, gradualidad y concurrencia.
Frente a este marco normativo cabe resaltar aquellas líneas de acción que
se refieren al restablecimiento de los derechos de las mujeres en ejercicio de
la prostitución que han sido víctimas en el marco del conflicto armado; pre-
venir la violencia y proteger integralmente a las mujeres en ejercicio de pros-
titución; generar procesos de formación para el trabajo, proyectos producti-
vos y formación de alianzas y redes productivas, así como el acceso integral
a la salud plena. Igualmente, es rescatable aquel eje transversal que propugna
la transformación de imaginarios, representaciones, estereotipos y prácticas
discriminatorias y exclusión de las mujeres en ejercicio de prostitución, por
cuanto es como resultado de los imaginarios negativos existentes que se pre-
senta la mayor vulneración a los derechos de las trabajadoras sexuales.31
Respecto a las normas urbanísticas, la Ley 902 de 2004, mediante la cual
se modifican algunos apartes de la Ley 288 de 1997, estableció la imposibili-
dad de que en el plan de ordenamiento territorial (POT) de un determinado
municipio se den usos compartidos entre los sitios destinados al ejercicio del
trabajo sexual con zonas de vivienda y educación. Disposición que puede ser
considerada, cuando menos, discriminatoria, al obligar el ejercicio del trabajo
sexual en sectores alejados o semiindustrializados en condiciones de segu-
ridad inferiores a las prestadas por una ubicación con una mayor densidad
poblacional, como consecuencia de considerar al trabajo sexual como una
actividad que debe ser minimizada u ocultada de la sociedad.
30Complementada mediante el artículo 5o. del Decreto Distrital 428 de 2013.
31Dentro del marco regulatorio de la prostitución en Bogotá y su ejercicio debe mencionarse
también el acuerdo Distrital 079 de 2003 y el acuerdo 645 de 2016.

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En este sentido, si bien el trabajo sexual es una actividad lícita, no suscepti-


ble de ser criminalizada cuando es ejercida de forma libre y consciente, el Có-
digo Penal establece una serie de delitos conexos, por cuanto ser constitutivos
de violación de los derechos de los implicados; así, por ejemplo, el artículo
213 establece la inducción a la prostitución; el artículo 213, el proxenetismo
con menores de edad; el artículo 214, el constreñimiento a la prostitución;
el artículo 217, el estímulo a la prostitución de menores. Entre éstos, cabe
resaltar el artículo 213 (inducción a la prostitución) “el que con ánimo de
lucrarse o para satisfacer los deseos de otro, induzca al comercio carnal o a la
prostitución a otra persona…”,32 y el artículo 214 (constreñimiento a la pros-
titución) “el que con ánimo de lucrarse o para satisfacer los deseos de otro,
constriña a cualquier persona al comercio carnal o a la prostitución…”, por
cuanto ambos cobran especial importancia al momento de abordar la licitud
del contrato de trabajo en materia de servicios sexuales.
Debe indicarse, adicionalmente, que el marco normativo internacional
—ratificado por Colombia—, constituido entre otros por el Protocolo para
Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Muje-
res y niños —el cual complementa la Convención de las Naciones Unidas
contra la Delincuencia Organizada Transnacional— y la Convención contra
la Trata de Personas, es posible apreciar una visión negativa de la prostitu-
ción y el trabajo sexual, por cuanto se consideran inexorablemente ligadas a
conductas criminales. Así, el Preámbulo de la Convención contra la Trata de
Personas establecía que “la prostitución y el mal que la acompaña, la trata
de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el
valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de
la familia y la comunidad”.

IV. INTERPRETACIÓN CONSTITUCIONAL Y LABORALIZACIÓN

1. La prostitución como trabajo a través de la jurisprudencia constitucional33

Recientemente, la Corte Constitucional ha reiterado la dimensión laboral


propia del trabajo sexual, así como la necesidad de legislar y regular los dere-

32 Respecto al tipo penal de inducción a la prostitución y sus elementos, es posible


consultar la sentencia C-636 de 2009.
33 La presente línea jurisprudencial ha sido construida tomando como punto de partida el

recuento realizado por la Corte Constitucional mediante Sentencia T-736 de 2015.

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chos de los y las trabajadoras sexuales en aras de garantizarles la posibilidad


de ejercer el mismo en forma digna, en igualdad de condiciones y derechos
al ejercicio de cualquier otro oficio, actividad económica o profesión; no obs-
tante, para entender la importancia y valor de ésta decisión se hace necesario
dar un breve vistazo a la evolución de la jurisprudencia constitucional en
materia de prostitución y trabajo sexual.
El primer pronunciamiento de la Corte Constitucional en torno a la pros-
titución data de 1995, cuando en la sentencia T-620 afirmara que esta era una
actividad indeseable al interior del Estado social de derecho, por ser contraria
a la dignidad humana, siendo únicamente elegible como opción de vida, en
aplicación del derecho al libre desarrollo de la personalidad, sin poder llegar a
ser considerada como un trabajo honesto, susceptible de amparo legal y cons-
titucional, por cuanto: “[É]sta, por esencia, es una actividad evidentemente
inmoral, en tanto que el trabajo honesto implica una actividad ética porque
perfecciona, realiza a la persona y produce un bien. Si no fuera así, la Carta no
fundaría el Estado social de Derecho en el trabajo”.34
Con posterioridad, en sentencia Su-476 de 1997, la Corte Constitucional
determinó que si bien la prostitución es una actividad que se enmarcaba líci-
tamente en el ejercicio del libre desarrollo de la personalidad, debía ser ejer-
cida con unos mínimos de razonabilidad y proporcionalidad para garantizar
los derechos de los demás, reiterando en el proceso que el trabajo sexual era
contrario a la dignidad humana como actividad, y que, por lo tanto, debían
adoptarse medidas tendientes a la rehabilitación de quienes la practican.
Para 2009, mediante la sentencia C-636, al analizar la constitucionalidad
del delito de inducción a la prostitución (artículo 213 de la ley 599 de 2000)
determinó la Corte que éste no sólo se adaptaba a la libre configuración del
legislador, sino que, adicionalmente, se adecuaba al principio de ultima ratio,
y se presentaba como una implementación necesaria al interior del sistema
penal, por cuanto “el daño social producido por la explotación de la pros-
titución merece ser enfrentado con medidas de punición, como las sancio-
nes penales”. En esta misma sentencia afirma la Corte que la posibilidad de
consentir en el marco de la práctica de la prostitución no era más que una
construcción falaz, por cuanto —consideraba— que la prostitución se fun-
damenta en una marcada desventaja social, como la pobreza, y que conlleva
siempre a círculos de violencia de los cuales no se puede salir.
34 Adicionalmente, menciona la Corte que sin control y tolerancia es posible que “se
esparza clandestinamente e indiscriminadamente en la sociedad, dañando sobre todo a la niñez
y a la juventud”. Tirado Acero, op. cit., nota 21, p. 16.

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Tan sólo un año después, en la T-629 de 2010, la Corte Constitucional


modificó su patrón de acercamiento al fenómeno del trabajo sexual, puesto
que si bien mantuvo su posición frente al deber del Estado de disminuir los
efectos nocivos de la prostitución a nivel social, pasó a considerar a la misma
como una forma de trabajo y actividad económica legítima, siempre y cuan-
do se ejerza de forma libre y voluntaria; por tanto, consideró que la protec-
ción propia de todo trabajo se extiende también a los trabajadores sexuales
—al amparar el derecho a la estabilidad laboral reforzada de una trabajadora
sexual despedida por encontrarse en estado de embarazo—; mencionó que
el ejercer por cuenta ajena la prostitución no constituye, per se, objeto o
causa ilícita en el establecimiento de un contrato; así, estableció la posibilidad
de reclamar la existencia de un contrato realidad en los casos de ejercicio del
trabajo sexual por cuenta de un tercero o por cuanto a la falta de protec-
ción normativa a los trabajadores sexuales los priva del goce efectivo de sus
derechos.35 Adicionalmente, solicitó la Corte al Congreso de la República y
al Ministerio del Trabajo, expedir el marco regulatorio del trabajo sexual, al
mencionar que

Al ser la prostitución una actividad cuyo ejercicio no está prohibido, ni para


quien la ejerce, ni para quien tiene un establecimiento de comercio dedicado
a ella, están unos y otros llamados a desplegar las actuaciones de su com-
petencia con las cuales se protejan los derechos de éstos últimos, pero en
particular de quienes ejercen la prostitución, no sólo para cuidar su salud y
abrir sus perspectivas de desarrollo, sino también para asegurar las garantías
laborales que en el caso de trabajar por cuenta ajena merecen.

Para lo cual deben tener cuando mínimo presentes:

i) los límites constitucionales de la libertad, la dignidad humana, la igualdad,


la no discriminación y de respeto al Estado de Derecho; ii) los principios y
reglas generales del Derecho laboral existente; iii) el deber de crear y reco-
nocer las muchas especificidades y diferencias que una relación laboral para
la prestación de servicios sexuales por cuenta ajena amerita, dada la cercanía
que el objeto del trabajo tiene con ámbitos de la intimidad y de la integridad
moral y física; iv) el deber de considerar al trabajador o trabajadora sexual
como sujeto de especial protección, por ser la parte débil del contrato y so-
bre todo por las condiciones propias del trabajo y la discriminación históri-

35 Sentencia T-736 de 2015.

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ca y actual de la que suele ser víctima por la actividad que ejerce; y finalmen-
te, v) el deber de aplicar la “imaginación jurídica” para que con los límites,
prohibiciones, garantías y derechos que se establezcan, se cree la diferencia
que haga que la persona que trabaja con el sexo pueda estar en condiciones
para elegir en libertad e igualdad su proyecto de vida.36

Solicitud que sería reiterada por la Corte en sentencia T-736 de 2015, por
cuanto consideró que la “omisión de regulación del trabajo sexual lícito ha
invisibilizado a las personas que lo ejercen… limitando su posibilidad de
disfrutar de otros derechos fundamentales, particularmente del derecho a la
igualdad”. En tanto “el reconocimiento de la protección del derecho al tra-
bajo es fundamental como una medida de especial protección constitucional,
y reviste obligaciones para el Estado y para los establecimientos de comercio
en los que se ejerce el trabajo sexual por cuenta ajena”. Afirmando, adicional-
mente, la Corte, que

La omisión de regulación y de una vigilancia e intervención mayor del Esta-


do con el objetivo de proteger a los trabajadores sexuales, se ha extendido a
la actividad económica de los establecimientos de comercio de las casas de
prostitución. La regulación de la actividad económica lícita no es equipara-
ble a la inducción a la prostitución sino una forma de garantizar los derechos
de quienes trabajan en tales establecimientos. Así, esta intervención estatal
es una medida de protección y comprende acciones para regular y vigilar la
actividad económica, que aseguren y protejan la posibilidad de su ejercicio
mediante la determinación de zonas para establecimientos de comercio que
cumplan con condiciones de dignidad, la verificación del cumplimiento de
las obligaciones laborales con los trabajadores sexuales, su protección frente
a riesgos profesionales, la provisión de condiciones de dignidad, y el respeto
de las normas penales.

Respecto a la existencia de un contrato de trabajo, la Corte Constitucional


—T-629 de 2010— ha dicho que

Habrá contrato de trabajo y así debe ser entendido, cuando él o la traba-


jadora sexual ha actuado bajo plena capacidad y voluntad, cuando no hay

36 A lo cual debe sumarse una política diferencial en materia pensional para quienes

subsisten del trabajo sexual, por cuando el desgaste físico producto de su ejercicio laboral, así
como el corto lapso en el que puede subsistirse dignamente de esta práctica, como resultado
de la demanda y oferta del mercado sexual conllevan a un retiro prematuro del campo laboral.

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inducción ninguna a la prostitución, cuando las prestaciones sexuales y de-


más del servicio, se desarrollen bajo condiciones de dignidad y libertad para
el trabajador y por supuesto cuando exista subordinación limitada por el
carácter de la prestación, continuidad y pago de una remuneración previa-
mente definida.

La Corte reiteró esta posición en la Sentencia T-594 de 2016, al establecer


que para predicar la existencia de dicho contrato sería necesario que

— El trabajador sexual haya actuado con plena capacidad y voluntad.


— No puede haber mediado una conducta susceptible de ser tenida como
inducción a la prostitución.
— Las prestaciones sexuales y demás servicios tienen que presentarse en el
marco de la dignidad y la libertad.
— La subordinación entre el trabajador y el empleador debe ser limitada.
— Debe darse el pago de una remuneración previamente establecida por
las partes.

Asimismo, la Corte sostuvo en dicha jurisprudencia, la necesidad de ex-


pedir un marco regulatorio del trabajo sexual que permita su ejercicio desde
un marco de dignidad y respeto a sus derechos. Adicionalmente, solicitó a las
autoridades, evitar la realización de acciones tendientes a la vulneración de
los derechos de las trabajadoras y los trabajadores sexuales, en su condición
de sujetos de especial protección, particularmente y absteniéndose de realizar
actos discriminatorios o delimitantes de la libertad de locomoción de éstos;
también recalcó que las y los trabajadores sexuales prestan un “servicio” a
cambio de una remuneración, y no “venden” su cuerpo, por lo cual no son
susceptibles de ser equiparados a vendedores ambulantes, tal como abduce la
policía para abordarlos y proceder a retirarlos del espacio público.
Es necesario afirmar, en este sentido, que una propuesta normativa en
materia de regulación del trabajo sexual debe contener, adicionalmente, una
consideración en términos de política pública respecto a las enfermedades
laborales y riesgos profesionales, a los cuales se encuentran expuestas las tra-
bajadoras sexuales, y el gobierno ha realizado pocos o ningún proceso de
observación.
Al respecto, sostiene Edward Hernández, de la Secretaría de la Mujer de
Bogotá, que las trabajadoras sexuales, como consecuencia de su exposición a
múltiples factores, pueden sufrir de: 1. Alteraciones de memoria y aumento

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de la ansiedad, como resultado del trabajo nocturno; 2. Afecciones cutáneas


y alteraciones hormonales, como resultado de la exposición a la luz en los ca-
sos de trabajo diurno; 3. Dificultad con la atención y la concentración, como
efecto colateral de la exposición a altos niveles de ruido; 4. Alteración del es-
tado del ánimo, así como una mayor prevalencia al consumo de alcohol, ciga-
rrillos y estupefacientes, como consecuencia de la alta exposición al consumo
al interior de los entornos socioeconómicos y urbanísticos en que adelantan
su trabajo; 5. Mayor propensión a la contracción de ETS y molestias de gar-
ganta como resultado de la actividad sexual; 6. Trastornos de personalidad y
tendencia a la mitomanía como resultado de una doble vida; 7. Incremento en
la probabilidad de muerte violenta, así como mayor propensión a ser víctima
de violencia física o psicológica como resultado del ambiente en el cual se
ejerce el trabajo sexual —zonas de tolerancia—, y 8. Baja autoestima y niveles
bajos de autosuficiencia como resultado de la connotación negativa a nivel
social de la prostitución.37
Debe mencionarse que pese a la no regulación del fenómeno, durante 2013
cursó en Colombia un proyecto de ley —079— impulsado por el senador
Armando Benedetti, que pretendía la regulación de la prostitución al interior
del territorio nacional como resultado de lo ordenado por la Corte Constitu-
cional en Sentencia T-629 de 2010; en la exposición de motivos se afirmaba
que ésta “es seguramente la sentencia más completa y enriquecedora consti-
tucionalmente hablando, providencia que mostró con altura la función liberal,
republicana y garantista del Alto Tribunal Constitucional”.38
Dicho proyecto de ley ordinaria consideraba al trabajo sexual como una
ocupación inmiscuida en una situación de especial vulnerabilidad en la prác-
tica, así como una actividad económica validada que sirve de sustento a mul-
tiplicidad de personas; no obstante, catalogaba a la misma como una práctica
no deseable, al establecer la necesidad de evitar la creación de incentivos para
su crecimiento. Igualmente, perseguía el establecimiento de medidas para ga-
rantizar la dignidad de las personas, a través de tres grandes objetivos:

1) reconocer la actividad como un trabajo y asegurar, como en cualquier


otro y con todas las medidas de la seguridad social, a las personas que la des-
empeñen; 2) establecer obligaciones a los establecimientos y a las personas
dedicadas a esta actividad, bajo la lógica de la protección de los derechos

37 Hernández, E., Afectaciones a la salud de personas en ejercicio de prostitución, Bogotá, Secretaría

de la Mujer, 2014.
38 Tirado Acero, op. cit., nota 21, p. 17.

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fundamentales emanados de la Sentencia T-629 de 2010, y 3) crear accio-


nes afirmativas a favor de esta población, con el soporte interinstitucional
que vincula varios ministerios como el de Educación, el de Salud y el del
Interior, así como la Defensoría del Pueblo y el Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar, entre otros (Tirado, 2014, p. 23).

El proyecto de ley en cuestión incluía un acápite referente a los derechos


de las trabajadoras sexuales, tal y como lo era el derecho a recibir un trato
diferencial por parte de la administración como resultado de su vulnerabili-
dad, en virtud del cual tendrían derecho a recibir información de las normas,
recibir oportunidades laborales y sociales alternativas, así como el derecho a
desempeñar su actividad en condiciones dignas, saludables e higiénico-sanita-
rias, entre otros. Respecto a la existencia de un contrato de trabajo, establecía
el artículo octavo:

Para todos los efectos legales, se presume que existe una relación laboral
entre las personas que ejercen la prostitución y los establecimientos de co-
mercio objeto de la presente ley, con las consecuencias contempladas en
el Código Sustantivo del Trabajo, independientemente de la denominación
contractual atribuida entre las partes.

Igualmente, se establecían una serie de parámetros respecto al cuidado


propio y de las personas que demandan los servicios, con especial énfasis en
la salud, estableciéndose, entre otros, la asistencia obligatoria a los servicios
de salud con fines de prevención de las ETS y el uso obligatorio del condón
al sostener relaciones sexuales, en atención a lo establecido en el Acuerdo 079
de 2013.
Finalmente, es posible afirmar que el trabajo sexual sigue siendo perci-
bido como una práctica indeseable, cuando menos por parte del legislador,
motivo por el cual, el artículo 21 establecía la creación de un fondo denomi-
nado “de restablecimiento social de personas que ejercen prostitución”, cuya
finalidad era

…prevenir, tratar y restablecer los derechos de las personas que ejercen


la prostitución, creando programas especiales de atención a sus necesida-
des, campañas, estudios suscribiendo convenios, generando oportunidades,
subsidios, y en general todas aquellas actividades que guarden una relación
directa con el aspecto teleológico o finalista de la presente norma.

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VI. CONCLUSIONES

En síntesis, se puede afirmar que el trabajo sexual, como práctica sociocul-


tural, ha sido relegado históricamente a una posición inferior a la de cualquier
otra práctica económica o social como resultado de la implementación de
estigmas y estereotipos negativos mediante los conjuntos normativos vigen-
tes y las ópticas morales propias de conjuntos religiosos y grupos de poder.
Asimismo, cabe mencionar que los y las trabajadoras sexuales son “agentes” y
movilizan sus “recursos” con la finalidad de alcanzar sus objetivos, por lo cual
no son simples víctimas incapaces de evaluar su campo social y los capitales
en disputa, sino por el contrario, se encuentran en un campo de poder en el
que se mueven estratégicamente para obtener las ganancias económicas deri-
vadas de su actividad bajo condiciones más favorables en algunos casos de las
que obtendrían en algunos empleos, a los cuales les sería posible acceder con
el mismo nivel de capacitación y experiencia, pero carentes de la connotación
negativa que tradicionalmente se ha asignado al trabajo sexual.39
No obstante, es claro, desde una perspectiva de género, que no en todos
los casos el trabajo sexual surge de un pacto puro de voluntades entre cliente
y trabajador sexual, realizado en un espacio de equilibrio contractual, lo que
es más, considerar que esta es la situación existente sería un error, por cuanto
se obviarían circunstancias constitutivas de las relacionas sociales en el co-
mercio sexual.
En este sentido, el ejercicio del trabajo sexual puede ser la mejor opción
dado un marco de elección de quien evalúa y decide aceptar la relación sexual
a cambio de una remuneración económica, por cuanto esta forma de trabajo
puede ser completamente racional como respuesta alternativa ante los bajos
salarios existentes en otros mercados laborales.40 En este sentido, el ejercicio
del trabajo sexual representaría una solución a escenarios de pobreza e inesta-
bilidad, llegando a ser realizado en algunos casos no sólo como una forma de
sobrevivir, sino por el contrario, como el resultado de una lógica de mercado

39 Es preciso señalar que esta posición no excluye la discusión vigente sobre la trata

de personas con fines de explotación sexual. El posicionamiento sobre el trabajo sexual


no representa la existencia de un consenso u aceptación de prácticas que atentan contra la
libertad de las víctimas de la trata de personas. Siendo por lo tanto el límite señalado por el
consentimiento de la persona que pretende dedicarse a un oficio de forma libre, como se
menciona en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966.
40 Rosen, E. y Venkatesh, S., “A «perversión» of Choice: Sex Work Offers Just Enough in

Chicago’s Urban Ghetto”, Journal of Contemporary Ethnography, vol. 37, núm. 4, 2008, pp. 417-441.

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aprovechada por los y las trabajadoras sexuales como estrategia para mante-
ner o incrementar su nivel adquisitivo de recursos.
Ante este panorama, el considerar los derechos laborales de la población
que decide realizar este trabajo permite, por una parte, garantizar condicio-
nes que mejoren su bienestar laboral, y, por otra parte, crear las condiciones
para que el derecho a elegir libremente una ocupación y empleo sea garanti-
zado, como un paso hacia la normalización del trabajo sexual y la eliminación
del estigma social negativo que lo acompaña.
De lo anterior es posible concluir que la solución más eficiente a las pro-
blemáticas conexas al trabajo sexual no se encuentran en la desaparición del
trabajo sexual, sino en el establecimiento de condiciones laborales dignas para
su realización, así como en el establecimiento de políticas públicas encami-
nada a la materialización y salvaguarda de los derechos de los y las trabaja-
doras sexuales, evitando los escenarios de coerción y eliminando los nexos
de esta actividad con la ilegalidad a través de políticas públicas óptimas, para
el desarrollo y comercialización de esta actividad de forma segura, libre e
informada, lo cual se justifica en la consideración de que “Al querer eliminar
la prostitución, se dejan desprotegidas a quienes deciden seguir ejerciendo la
actividad; no les brinda ninguna seguridad ni en términos de salud ni en tér-
minos sociales, puesto que quedan más expuestas al estigma social”,41 junto a
la clandestinidad y la estigmatización.
Por lo tanto, teniendo presente la importancia y necesidad de una propuesta
regulatoria del trabajo sexual, así como los elementos esenciales de la vulnera-
ción a los derechos de las trabajadoras sexuales, una propuesta regulatoria de-
berá contener cuando menos mecanismos para la corrección de la percepción
negativa del trabajo sexual, así como para la garantización de la especial pro-
tección que merecen los trabajadores sexuales en virtud de la discriminación
y marginación de la cual han sido históricamente víctimas como resultado del
constructo social negativo que rodea el ejercicio de esta profesión.
Por tanto, toda propuesta normativa que propenda por la reglamentación
del trabajo sexual debe contener garantías para la materialización de los de-
rechos humanos; el delineamiento de condiciones laborales mínimas para la
prestación del servicio, las cuales deben seguir los postulados del Código Sus-
tantivo del Trabajo, así como atenerse a la particular situación y contexto en
que se ejerce este tipo de trabajo; la determinación de las cargas tributarias
por el ejercicio de esta profesión y programas especializados en materia de

41 Tirado Acero, op. cit., nota 9, p. 308.

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salud y asistencia psicosocial —como resultado de la violencia física y psico-


lógica, así como de la exposición a las drogas y el alcohol, de las cuales son
víctimas quienes se encuentran inmersos en el medio—; conteniendo, final-
mente, toda pretensión regulatoria en este campo una alusión a las formas de
organización.
Es necesaria una política pública diferencial en materia de enfermedades
laborales, al interior de la cual se tenga en cuenta la posibilidad de contraer
una enfermedad sexual incapacitante para el ejercicio del trabajo sexual, los
embarazos no deseados y las consecuencias físicas producto de la violencia a
la que se encuentran sometidas a diario las personas inmersas en el negocio
del trabajo sexual. Todo lo cual debe darse en cumplimiento de lo establecido
por la Corte Constitucional, por cuanto la omisión legislativa de las autori-
dades en esta materia no ha hecho más que constituir un escenario de invisi-
bilización de los trabajadores y las trabajadoras sexuales, quienes ven de esta
manera vulnerados sus derechos.
Finalmente, cabe mencionar que futuros estudios serán necesarios para
determinar las necesidades particulares en materia de reglamentación del tra-
bajo sexual de aquellos grupos diferenciales, a aquellos que se corresponden
con una orientación de género femenina, tal y como lo son los hombres tra-
bajadores sexuales o incluso la comunidad LGTBI que se encuentra inmersa
en esta actividad, así como de aquellas personas que ejercen otras facetas del
comercio sexual, como lo son aquellos que obtienen sus ingresos del webca-
ming o la industria de la pornografía, toda vez que la regulación en torno a
estas prácticas parece ser inexistente en un Estado social de derecho, que está
llamado a privilegiar principios y derechos.

VII. BIBLIOGRAFÍA

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