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Poesía y justicia en la literatura latinoamericana

El artículo de Facundo Ruiz explora la relación entre poesía, historia y justicia en la literatura latinoamericana, cuestionando cómo se establece el vínculo entre texto y autor en contextos diferentes. Se discute la idea de una 'literatura mundial' y cómo la crítica a menudo ignora las condiciones específicas de América Latina, afectando su historia crítica. Ruiz argumenta que la universalidad en la literatura debe considerar las diferencias culturales y las redes de estandarización que influyen en la interpretación de los textos.
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Poesía y justicia en la literatura latinoamericana

El artículo de Facundo Ruiz explora la relación entre poesía, historia y justicia en la literatura latinoamericana, cuestionando cómo se establece el vínculo entre texto y autor en contextos diferentes. Se discute la idea de una 'literatura mundial' y cómo la crítica a menudo ignora las condiciones específicas de América Latina, afectando su historia crítica. Ruiz argumenta que la universalidad en la literatura debe considerar las diferencias culturales y las redes de estandarización que influyen en la interpretación de los textos.
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América sin nombre, n.

º 22 (2017) 99-105 Puede citar este artículo como:


DOI 10.14198/AMESN.2017.22.09 Ruiz, Facundo. «Poesía, historia y justicia en América Latina». El cuento his-
ISSN: 1577.3442 / eISSN: 1989-9831 panoamericano del siglo xxi. Agustín Prado Alvarado (coordinador). América
Fecha de recepción: 06/04/2017 sin Nombre, 22 (2017): 99-105, DOI: 10.14198/AMESN.2017.22.09
Fecha de aceptación: 07/05/2017 Link para este artículo: http://dx.doi.org/10.14198/AMESN.2017.221.09

Poesía, historia y justicia en América Latina


Poetry, history and justice in Latin America

Facundo Ruiz*
Universidad de Buenos Aires – CONICET

Resumen
Ciertos problemas de la literatura latinoamericana entrañan una discusión teórica que no siempre acompaña su crítica y
que, al mismo, sostienen y alienten buena parte de los planteos más comunes a la hora de abordar sus textos: ¿cómo es la
relación entre texto y autor, entre literatura y mundo? ¿Varía esa relación según sea latinoamericana o europea la literatura
en cuestión? Hoy la idea de una «literatura mundial» o de una «república mundial de las letras» vuelve a poder en juego
esa relación no sólo teórica y geográfica sino política. Que buena parte de la crítica desatienda que toda universalización
de un problema debe buena parte de su eficacia a redes precisas de estandarización de ciertos temas, impide muchas veces
considerar las condiciones concretas de esa discusión que, en América Latina, no sólo afectan su historia crítica sino que
enlazan, singularmente, poesía, historia y justicia.
Palabras clave: Literatura latinoamericana, teoría literaria, poesía, historia, justicia

Abstract
Some problems of Latin American literature involves a theory discussion that does not always provide a critical revision
on the issues that habitually support and encourage a lot of common concerns for the readers: how is the relation bet-
ween text and author, between the world and literature? Does this relation change when the literature is Latin American
or European? Nowadays, the idea of a «world literature» or a «World Republic of Letters» brings into play those matters
not only in its theoretical aspect but in its political and geographical aspects too. A good part of critics disregard that
any universalization of a problem owes much of its effectiveness to precise networks of standardization of certain topics,
this prevents the possibility to consider the particular conditions of that discussion en Latin America, where these issues
affects its critical history and connects, in a singular way, regarding poetry, history and justice.
Keywords: Latin American literature, literary theory, poetry, history, justice

* Doctor en Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeña como profesor de Literatura latinoamericana en la Facultad
de Filosofía y Letras. Es investigador de CONICET y del Instituto de Literatura Hispanoamericana (UBA), donde dirige el grupo
Estudios Barrocos Americanos. Ha publicado artículos y ensayos en revistas especializadas; ha editado y anotado las cartas y parte
de la poesía de sor Juana Inés de la Cruz en Nocturna, mas no funesta (2014); ha coordinado el volumen Figuras y figuraciones
críticas en América Latina (2012, con P. Martínez Gramuglia); y ha preparado la Antología temática de la poesía argentina (2017,
con L. Del Gizzo).

Este trabajo se publica bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional 99
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Facundo Ruiz

Una vez, por Simple perversión oral, di con lo familia románica que constituye todavía una comu-
siguiente: «Me he comprado un libro sobre perros, nidad, una unidad de cultura, descendiente de la
explica las características de cada una de las razas, que Roma organizó bajo su potestad; pertenecemos
pero ¿qué hacer cuando los perros que una tiene –según la repetida frase de Sarmiento– al Imperio
son callejeros y el libro que he comprado no hace Romano» (42), es decir, cuando 22 años antes dice
referencia a ellos?» (Glantz s/p). Enseguida recordé aquello que Curtius sentenció como «Somos euro-
a Mario Bellatín y su Perros héroes, sobre todo aquel peos cuando nos hemos convertido en ciues Romani»
mapa de América Latina donde con rojo se marca- (30), no puede menos que pensarse que no están
ban las ciudades en las que más desarrollada estaba hablando de lo mismo, que no es la misma unidad
la crianza de pastores Belga Malinois pero que hacía de cultura la que romanizan, no tanto (o no sólo)
pensar, a quienes lo miraban, en el futuro del conti- porque no están pensando el mismo continente
nente. No obstante, o en cambio, pensé: me he com- sino porque lo contenido por ese vínculo necesaria,
prado Mímesis de Auerbach, Las palabras y las cosas histórica y críticamente los desvincula: no «pertene-
de Foucault, Problemas de la poética de Dostoiesvki cen» al Imperio de igual modo el ciues Romani que
de Bajtín, Historia social del arte y la literatura de el habitante raso de Galia o Mauritania, como no
Hauser… pero ¿qué hacer cuando los libros que «pertenecían» a la Corona española de igual modo
uno tiene son latinoamericanos y el libro que he el peninsular y el criollo, el indio, el filipino y el
comprado no hace referencia a ellos? El problema, canario. Y en este sentido, ni es un hecho menor que
de distinguible y variable persistencia, sin duda se el impulso de Las corrientes literarias en la América
fundaba en asuntos críticos e históricos evidentes y Hispánica sea una historia literaria danesa escrita
exponía un asunto metodológico igualmente rele- por un «judío errante», Georg Brandes, ni queda
vante. Pero sobre todo, o aun así, no dejaba de ser aislada la brevísima entrada que –en 1943, cuando
un problema teórico: ¿cómo establecer un vínculo? Lezama Lima conoce a través de Camila Henríquez
En su eficiencia teórica, era también un problema Ureña a José Rodríguez Feo (quien ha asistido y tra-
ético, pues se trataba de un vínculo adecuado, es bado amistad con el dominicano en las conferencias
decir, ni propio ni ajeno sino convenido y conve- del Fogg Museum)– el cubano anota en su Diario:
niente. Y encontraba su terreno de discusión en esa «Uniformadores de la dualidad versus diferenciado-
«vasta historia de los vínculos» (Latour, Cogitamus res de la unidad» (72). Pues entonces en su diario,
69) que, también en América Latina, había estable- Lezama retoma y redispone, reflexiona y relanza un
cido dos relatos maestros: el de la ruptura, historia pensamiento del maestro:
de emancipación y modernidad, con adalides de la
talla de Octavio Paz; y el de la religación, historia La universalidad no es el descastamiento: en el mundo
de explicitación y reversibilidad, que propuesto por de la utopía no deberán desaparecer las diferencias
Susana Zanetti para vertebrar la obra de Ángel Rama, de carácter que nacen del clima, de la lengua, de las
no sólo describe bien su propia tarea y escritos sino tradiciones, pero todas estas diferencias, en vez de sig-
que tiende lazos insoslayables con el «motor inmóvil» nificar división y discordancia, deberán combinarse
de nuestra historia literaria: Pedro Henríquez Ureña. como matices diversos de la unidad humana. Nunca
Como problema, no podría decirse que el vín- la uniformidad, ideal de los imperialismos estériles; sí
culo no sea lo que organiza Mimesis de Auerbach o la unidad, como armonía de las multánimes voces de
Literatura europea y Edad Media Latina de Curtius, los pueblos (8).
incluso y entre otros, Dialéctica del Iluminismo de
Adorno y Horkheimer. Pero más o menos crítico, se Que todas estas diferencias, recientemente, hayan
trata allí de un vínculo fundamentalmente imperial: sido vueltas a combinar como «literatura mun-
helénico o románico, problema de contornos medi- dial» bajo el modelo historiográfico que –en
terráneos o continentales, el asunto al que responde 1974– Wallerstein acuñó con la noción de «sistema-
la noción de «figura» o de «tópica» es cómo restable- mundo» y que, cuando se piensa esto mismo en o
cer una unidad, una continuidad o constante, cómo para América Latina, no se remita al estudio –cinco
religar aquello que –Alemania año cero mediante– años anterior– de Cardoso y Faletto, Dependencia
ha sido puesto, expuesto y depuesto, como brutal- y desarrollo en América Latina, donde no sólo se
mente desigual. Por esto, cuando Henríquez Ureña organiza una línea conceptual que llega a los traba-
escribe: «Voy más lejos: no sólo escribimos el idioma jos e ideas de Ernesto Laclau (sugerentes a la hora
de Castilla, sino que pertenecemos a la Romania, la de pensar –como quería Ureña– la «armonía de las

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Poesía, historia y justicia en América Latina

multánimes voces de los pueblos») sino que, también ***


sobre un «sistema productivo mundial» tramado en
centros y periferias, se redefine la noción vincular de En 1591, meses antes de ser detenido, Giordano
«dependencia» como expresiva, relativa e interna (en Bruno le dictó a un discípulo alemán un texto que,
sensible cercanía con la noción de «transculturación» olvidado en un archivo moscovita, llegó al siglo xix
de Rama), da cuenta de que el vínculo en América sin someterse a la lectura inquisitorial y dogmática de
Latina sigue pivotando, como pensaba Lezama, entre la misma Iglesia que finalmente quemaría a su autor
uniformadores de la dualidad y diferenciadores de la por hereje. Se trataba de De vinculis in genere, un
unidad. O, como advertía Henríquez Ureña y aún tratado que en buena medida extiende reflexiones ya
resuena en la cita de Glantz, que la universalidad hechas en De Magia (y rastreables todavía en La rama
de América sigue siendo alentada por un vago pero dorada de Frazer) pero que –centrado en torno al
reconocible «descastamiento», donde la diferencia amor– si excede la cuestión del vínculo civil, no por
divide o afianza una discordia, anulando no sólo eso lo desconoce o desatiende. A punto de cumplirse
los matices sino la posibilidad de pensarlos. Así en un siglo de la llegada de Colón a América, el vínculo
América Latina, siendo un problema siempre impe- aun articulaba (en la palabra latina, tanto como en
rioso, el vínculo es las más de las veces pensado en la poesía petrarquista) un valor político, amén de
términos imperiales, y más aún bajo el signo de los bélico, insoslayable, pues aludía a la ligadura que el
imperialismos estériles: uniformando. Dicho de otro vencedor imponía al vencido. Este valor alcanza en
modo: que cuando se habla de universalidad de la la poesía americana del seiscientos una distinción
literatura suelen olvidarse las redes de estandariza- retórica singular al introducir una serie de despla-
ción, al tiempo que se invisibilizan las condiciones zamientos que relacionan la «belleza e ingratitud»
concretas que podrían convertir un tema más o (tópicas) de la amada con cierta «razón de estado»
menos general en un problema distinto. «Ninguna del amor, configurando no sólo un campo político-
ciencia puede salir de la red de su práctica. El peso jurídico para el afecto que poco se asemeja al Petrarca
del aire siempre es en verdad un universal, pero un del Cancionero, sino el referente de un nuevo arte de
universal en red.» (Latour, Nunca 48). Lo mismo gobierno que «no es ya, como en la teoría medieval,
ocurre con las letras y las voces, los afectos y las ideas, sabiduría de Dios ni, como en Maquiavelo, la razón
como sabemos desde el Inca Garcilaso de la Vega y del príncipe, sino la naturaleza y la racionalidad pro-
sus Comentarios reales (1609 y 1617): no hay cosas pia del Estado» (Agamben 198).
nuevas que decir, no hay novedades, sino las mismas Esta distinción retórico-poética se enlaza con
palabras, solo que comentadas o glosadas, extendidas otra más antigua, pero también de marco jurídico:
o ampliadas, para dar «relación entera». Y aun así, si la que fundaba la interpretatio scripti distinguiendo
abundan las confirmaciones de los imperialismo esté- un principio hermenéutico jurídico de otro estilístico
riles, desde tristes películas como El ciudadano ilustre o, dicho de otro modo, la que –para explicar tex-
(Duprat y Cohn 2012) hasta ectópicos comentarios tos escritos– recurría a la distinción entre intentio y
como el de Alessandro Baricco al promocionar su actio o entre voluntas y scriptum. Indispensable para
nueva novela La esposa joven1, justamente por eso una retórica jurídica, la distinción entre «intención»
el problema se torna históricamente más evidente. y «acto», entre «espíritu» y «letra» según Agustín,
Esta evidencia histórica y aquel problema teórico, muchas veces era resuelta acudiendo al método esti-
en buena medida, encuentran en la conquista y la lístico que, por su parte, distinguía una significatio
colonización un momento tan ineludible como «ana- propia de una traslata (o sentido literal de figurado),
crónico» pues allí y entonces se halla el umbral de buscando así en ciertas ambigüedades o equívocos
máxima «simultaneidad impensable» (Zanetti 189) los pasajes adecuados, los indicios ciertos, que per-
para nuestra literatura. mitieran ir del scriptum a la voluntas, como quien va
del «cuerpo» al «alma» o de la «letra» al «espíritu».
Esta confusión o préstamo confuso (este cruce de
sentido, intención y letra), esto que organiza buena
1. Novela que –dijo– pretendía homenajear a la literatura suda-
mericana, es decir –aclaró– a Rulfo, García Márquez y Mutis,
parte del problema de si lo que establece sentido en
de donde cuesta distinguir si con «literatura sudamericana» un texto es o no la intención, el autor o ambos, esto
se refería a una editorial o a una «reterritorialización mágica» que –según Compagnon (58)– el topos de la muerte
de su literatura. Cf. Juan Pablo Bertazza, «Una familia lati- del autor ha terminado por confundir, reduciendo al
noamericana», suplemento Radar-Libros, 12. autor como sentido hermenéutico de su intención,

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Facundo Ruiz

o intencionalidad, al autor en sentido biográfico (el de la nuda vida, el de la sociedad y el del lenguaje)
o sociológico, es también lo que permite –desde para, justamente, descentrarse y concentrarse en los
América, conquista y colonización mediante– dar vínculos que permiten dar cuenta y construir (ple-
cuenta de ciertos problemas poético-jurídicos que, a gar y explicar) cada biografía, cada historia y cada
la hora de leer la obra de sor Juana o Valle y Caviedes, discurso sorjuanino.
entre otros, retornan evidenciando no sólo su perti- Si como habían refundado los poetas trovado-
nencia histórica sino una razón teórica distinta, un rescos (y retomaría Bruno unos siglos después), lo
vínculo (en este caso, entre escrito y escritor) distinto que ocurre en la poesía moderna ya no es «ni un
de aquel que puede –con los mismos términos– dar acontecimiento biográfico ni un acontecimiento lin-
cuenta de lo que ocurría –al mismo tiempo– en la güístico, sino, por así decir, una zona de indiferencia
poesía de Quevedo, Góngora o John Donne. entre lo vivido y lo poetizado, un ‘vivir la palabra’
Que la famosa redondilla «Hombres necios que como inagotable experiencia amorosa» (Agamben
acusáis» no flexione la voz del yo lírico, vale decir, 145), eso en América también es cierto y construye
que quien habla sea «neutro», no impide leer el un vínculo poético. Y una vez más, en esa trayectoria
poema, más que como una defensa de las mujeres, vital-discursiva de lo poético sor Juana articula un
como un ataque a los hombres, o a ciertos hombres momento singular y una experiencia inagotable, pues
(los necios); como tampoco impide reconocer que, ya su nombre y su firma (como antes los del Inca)
así dicho (en neutro), quien habla no es ni «víctima» rubrican ese terreno vincular, ese «estar nepantla»,
ni «victimario» de lo que dice y, por tanto, que su que no es un estar a medio camino de lo secular y
voz no tiene referencia en un mundo así configu- lo sagrado, ni a la misma distancia del palacio o la
rado, e incluso que ni siquiera tiene referencia en el corte que de la iglesia o el claustro, sino en medio,
mundo donde habla. Y aun así, es decir, trazando la siendo medio, es decir, allí donde la corte y el claustro,
máxima distancia entre esa voz y sor Juana Inés de la iglesia y el palacio si se distinguen no se separan,
la Cruz, entre texto y autor, es imposible y absurdo son en red. Nada en sor Juana anuncia la seculari-
no leer cierta intención definida en dicha sátira, e zación de la literatura, tampoco la santificación de
incluso tan definida que la encontramos y solemos una monja: esa diferencia solo tiene sentido con «sor
poner en inmediata relación con, por ejemplo, los Juana», en su literatura. Nada hay allí «en potencia»:
villancicos dedicados a Santa Catarina o la Respuesta ni un feminismo ni un criollismo ni un evangelismo,
a sor Filotea o, en el límite, con el soneto «¿En per- pues que todo eso está ahí, tramado, haciendo vín-
seguirme, mundo, qué interesas» o la carta al padre culo. Porque sor Juana no va hacia ni viene desde,
Núñez. Esa intención puntual y esa coherente retí- está ahí, es todo eso y es, también o sobre todo, lo
cula de textos, aun llamándola «sorjuanina» (y no «de que permite pensar ese conjunto de mediadores: la
sor Juana»), trama inmediatamente un plano «esti- Iglesia contrarreformista, la poesía barroca, el virrei-
lístico» (expresivo, formal, elocutivo: muy estudia- nato novohispano, la vida de mujeres doctas, etc.
dos, por cierto) con otro que recientemente ha sido Pero, conquista y colonización mediante, en esa zona
recuperado con cierta cautela, o cierta distinción2: de in-diferencia, en ese espacio del vínculo (donde
pues no se trata de la «vida» de sor Juana, de esa vivir la palabra y experimentar la poesía), no ocurría
mujer o esa clase de figura, y tampoco de su «mundo» la literatura indiferentemente sino de forma algo más
e incluso, en el límite, tampoco o estrictamente de imperiosa, ni su experiencia era igualmente amorosa,
sus «textos», sino de la situación de una literatura, algo sensible en la vertiginosa atribución que el sen-
de sus vínculos y modos de vincular o ser vinculada, tido iba encontrando y des-encontrando en ese nudo
y más aún del vínculo bajo el cual eso produce o teológico-político donde sor Juana, entre otros pero
pretende, adquiere o destina su sentido «literatura». singularmente, hizo de la literatura –dice ella– un
La dimensión literaria, la dimensión de la literatura, impulso no sólo impreso sino independiente de su
así, deja de conjurar o conjugar esos polos de sentido causa.

2. Como ocurre, por ejemplo, con el reciente Cartas de Lysi. La


***
mecenas de sor Juana Inés de la Cruz en correspondencia inédita
de Hortensia Calvo y Beatriz Colombi, y con «Sor Juana Esa independencia o su obstrucción, ese impulso
Inés de la Cruz: articulaciones entre obra y archivo en los impreso y volátil o su manuscrito archivable, alcan-
preliminares de sus ediciones originales» de Carla Fumagalli. zan en la «ciudad letrada» de Ángel Rama una

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precisión conceptual que, a diferencia de «hetero- suicidarse, con un alambre de púa. El hecho de que
geneidad» o de «transculturación», es prácticamente hubiese usado un alambre de púas se convirtió en
inamovible del territorio americano o de americano un elemento central de la acusación de Macedonio,
influjo. Incluso cuando sea discutible pensar en tér- acusación que volvía innecesaria la condena y que
minos de una «semiosis de-colonial» (Stallaert 143), terminaría por absolverlo o adjudicarle una pena
no tanto –como sugiere Borsò (en Stallaert 150)– simbólica. Esto, que Piglia publica en el diario
porque ese concepto sigue oponiendo una «diferen- Clarín (12/12/1985) y luego cuenta en la película
cia colonial» a una «homogeneidad metropolitana», Macedonio Fernández (Di Tella 1995) y luego integra
cuanto porque ambas son consideradas en función Formas breves (2000), donde comenta que los textos
de una asimetría temporal (pasado/futuro) que natu- allí reunidos «pueden ser leídos como páginas per-
raliza la historia y el sentido en una línea cronoló- didas en el diario de un escritor y también como los
gica, más o menos cíclica3, sigue siendo sugerente la primeros ensayos y tentativas de una autobiografía
organización del espacio europeo, el tipo de mapa, futura», pero que no incluye en Los diarios de Emilio
a que da lugar el fenómeno de la transculturación Renzi. Años de formación (2015), puede no haber
según Stallaert. Organizado en desiertos («amplias ocurrido a Macedonio, y aun así, es evidente que
zonas en donde siguen predominando las identi- sí le ha ocurrido (y se le ha ocurrido) a la literatura
dades nacionales, regionales y/o locales históricas latinoamericana y, más aun, que sí le ha ocurrido
pensadas como homogéneas y arraigadas en el terri- como problema poético.
torio») y nodos («núcleos urbanos con una población La coincidencia es elocuente: también funciona-
crecientemente diversa, resultado de flujos migrato- rio judicial en Misiones, Horacio Quiroga se cruza
rios internacionales») (138) el diseño del territorio con Macedonio en Posadas y, el 7 de octubre de
europeo difiere elocuentemente del diseño letrado 1912, escribe a Lugones: «El fiscal es hombre cuasi
de la ciudad en América, en el cual –dice Rama– el de letras –Macedonio Fernández–, que me inquietó,
problema es justamente que la «ciudad letrada», ori- al conocerlo, con un juicio sobre Rodó. Es, todo
gen de la ciudad latinoamericana, es un nodo que se él, una página de Emerson» (en Abós 72). Juicios
plantea como un desierto: «un parto de la inteligen- sobre Rodó, una página de Emerson: Quiroga,
cia» (17). Como el de sor Juana, este «sueño de un al hallar en un sujeto «cuasi de letras» un objeto
orden» (Rama 17) es puro desvelo, un imperialismo «cuasi de literatura», hace emerger el vínculo que
estéril: una vez más, no es tanto que los sueños de la el Ariel –como la ciudad letrada– buscaba conjurar:
razón produzcan monstruos, sino que el problema no solo el vínculo geográfico Norte-Sur sino, más
del vínculo en América reúne «desde siempre» uni- inquietante y problemático aún, la geografía del
formadores de la dualidad y diferenciadores de la vínculo, su lógica del pasaje y el «cuasi», esos ni/ni
unidad, imperiosamente. o y-y que combinan y superponen, como matices
Ese «vínculo americano» que la ciudad letrada diversos, las multánimes voces de los pueblos. Por
distingue se organiza –también– con un marco jurí- eso en ese encuentro, y nada menos que en una ciu-
dico que vuelve, no cíclica aunque poéticamente, dad «cuasi» letrada, otro pasaje queda explicitado,
reversible su problema en nuestra literatura. Así también vía Rodó y Emerson: Macedonio ofició de
Ricardo Piglia recuerda –conversando a la salida de fiscal en Misiones entre 1908 y 1913, el mismo año
la universidad con su profesor, Carlos Heras– el caso que –por primera vez– se publica Versos libres de José
que, siendo Macedonio Fernández fiscal en Posadas, Martí, donde aparece «El padre suizo», poema que
tuvo que resolver: un hombre había asesinado a sus –basado en la noticia de un padre que mata a sus
dos hijas, una de doce y otra de catorce años, con una tres hijos y luego se suicida– no tarda en aclamar:
navaja, porque no quería verlas condenadas a repetir «¡Padre sublime, espíritu supremo / que por salvar
la vida de su madre. Tras enterrarlas en los fondos los delicados hombros / de sus hijuelos, de la carga
de una iglesia, porque era tierra bendita, intentó dura / da la vida sin fe, sin patria, torva / vida sin
fin seguro y cauce abierto, / sobre sus hombros colo-
sales puso / de su crimen feroz la carga horrenda!»
3. «Si los procesos de transculturación sociodemográfica de la
“primera globalización” (la colonización de América a partir
(111, vv. 26-32). Absurdo establecer una priori-
de 1492) tuvieron como escenario el Nuevo Mundo, en la dad temporal donde prima una cuasi-cronología:
actual “segunda globalización”, las migraciones han conver- «si generacionalmente debió ser un modernista, su
tido los procesos de transculturación e hibridación en reali- estética obró en dirección contraria y anticipatoria»,
dades domésticas para el Viejo Mundo» (Stallaert 136). dice Monteleone (147) de Macedonio poeta pero

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lo mismo, exactamente, puede decirse de Martí. Y En cualquier caso, entre Martí y Piglia, no sólo
más aún, subraya Zanetti, pues a la poesía de Martí el mapa de la ciudad letrada luce completo y aun
se accede y se la lee como literatura latinoamericana eficaz como vínculo americano (periodismo, justicia,
al mismo tiempo que otro tanto está ocurriendo universidad, poesía, diario, novela), sino que –rea-
con la de Nezahualcóyotl y César Vallejo. Y esta firmado y reinventado– el vínculo entre poesía, his-
cuasi-cronología es, justamente, lo que explica la toria y justicia vuelve a evidenciar que, en América
«simultaneidad impensable» (Zanetti 189) de nues- Latina, los problemas teóricos suelen ser también
tra literatura, su ser en red, esa capilaridad vincular imperiosos problemas éticos, como Macedonio no
donde todo ocurre permanentemente. ¿O no can- se ha cansado de sugerir, como juez y como poeta,
taban los indios, mientras caía Tenochtitlan, que como candidato a presidente y como novelista a dia-
(ya) «era nuestra herencia una red de agujeros» (en rio. Pero no tratándose de un vínculo desvinculado,
León-Portilla 199)? ni de una historia sin tiempo ni espacio, tampoco es
No obstante en esta red, tejida entre los tribunales exactamente el mismo, o idéntico en todas partes,
de Posadas, la universidad de La Plata y el condado como se desprende, no del estudio, aunque sí de la
de Logan en Arkansas, la diferencia –también elo- serie planteada por Graciela Montaldo para pensar
cuente– es inmediata: mientras Piglia construye en la relación entre teoría y literatura: El Apando de
torno a un nombre propio, Macedonio, el heroísmo José Revueltas, El Fiord de Osvaldo Lamborghini
algo díscolo del escritor letrado (desobediencia que y Escrito sobre un cuerpo de Severo Sarduy, publica-
acabará, en las novelas de Roberto Bolaño, sacándolo dos en 1969. Una serie que se evidencia, inesperada
de la ciudad letrada y configurando un antihéroe, o pero definitiva, como una tradición establecida y
un literal y algo beatnik «hombre cuasi de letras»), diversa entre 1977 y 1981, con Las muertas de Jorge
Martí proyecta en una turbulenta o –mejor dicho– Ibargüengoitia y Em liberdade de Silviano Santiago.
truculenta acción, una salida del heroísmo letrado De esa tradición y, más aún, de su diversidad,
que acabará, antes que en sus Diarios y eventual- Rodolfo Walsh es sin duda un momento ineludible,
mente con su vida, confirmando el límite poética- una red de redes. Como lo es, para la ciudad letrada
mente ambiguo entre intentio y actio: ese cuasi-límite. y su forma vincular, el Caso Satanowsky, cuasi-novela
Y allí donde el poema de Martí hace justicia al «padre o cuasi-no ficción, donde dos cuestiones –todavía
sublime», donde la literatura intenta una «justicia hoy– hacen y des-hacen nuestra literatura y nues-
poética», lo que aparece transformado es –una vez tra poesía, nuestra historia y nuestra justicia: por un
más, y como ya sucedía en la poesía de sor Juana– esa lado, el Caso Satanowsky traza al interior de la ciudad
trayectoria vital-discursiva, aquella zona de in-dife- letrada un parteaguas definitivo: «Satanowsky fue el
rencia donde lo periodístico puede volverse poético primer miembro de la oligarquía ejecutado por un
pero también lo truculento, sublime, lo criminal, Servicio, pero también el último» (165). Esto, que
sacrificial y el desmadre, matriz. En el espacio del precisa Walsh con una historicidad que recuerda la
vínculo todo expone, apenas, un punto de vista: una de Vigilar y castigar de Foucault, aparece justamente
intensidad, más que una intención, una capacidad, para cuestionar esa forma rutilante y rupturista de
más que una resolución, una acción, más que un establecer un relato posible en la vasta historia de
acto. Si la poesía abría una zona entre lo vivido y lo los vínculos: publicado «en forma de libro» (Walsh
poetizado, una zona donde «vivir la palabra» como 7) en 1973, el Caso Satanowsky relanza lo que entre
inagotable experiencia amorosa, esa zona –ciudad 1945 y 1955 todavía, siendo evidente, no era claro,
letrada mediante– dificulta la indiferencia y extraña, y en 1958, siendo claro, no constituía un vínculo
como se lee en «Amor de ciudad grande» de Martí (y definitivo, el que el periodismo establece con los
más tarde en Espantapájaros de Oliverio Girondo), Servicios de Inteligencia allende el gobierno e incluso
la experiencia amorosa, cuestionando su inmensidad su carácter político. Es el registro minucioso de la
como cuasi-liminaridad pues allí y entonces, impe- geometría variable de un vínculo lo que no sólo hace
riosamente, la diferencia entre lo vivido y lo poeti- del Caso Satanowsky una red de redes insoslayable y
zado no sólo se vuelve literatura sino que se vuelve vuelve su temporalidad impensable sino lo que toda-
a la literatura, en tanto vínculo privilegiado entre vía hoy percibimos con geografías y geopolíticas bien
el mundo (más o menos referencial, más o menos singulares, en Argentina y en Brasil (reactualizado
actual), el lector (más o menos real, más o menos en el vínculo Servicios de Inteligencia-periodismo-
entendido) y el texto (más o menos logrado, más o justicia), en Cuba y en México (reactualizado en
menos verosímil). el cuasi-límite de intentio y actio con los Estados

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Poesía, historia y justicia en América Latina

Unidos), entre otros. Por otro lado, la poesía misma Compagnon, Antoine. El demonio de la teoría. Literatura
–una vez más– encuentra Walsh, en el «Martín Fierro y sentido común [trad. Manuel Arranz]. Barcelona:
canero», una deriva cuyo heroísmo letrado –como Acantilado, 2015.
ocurría con «El padre suizo» de Versos libres y ocu- Curtius, Ernst Robert, Literatura europea y Edad Media
rriría en La literatura nazi en América Latina de latina [trad. Antonio Alatorre y Margit Frenk]. Ciudad
Bolaño– es difícilmente asimilable a la revolución de México: Fondo de Cultura Económica, 1955.
literaria y a su teoría4. Fumagalli, Carla. «Sor Juana Inés de la Cruz: articula-
Reafirmado, reinventado, difícil y diverso, el ciones entre obra y archivo en los preliminares de sus
vínculo entre poesía, historia y justicia en América ediciones originales», Anclajes, 22, 2018 [en prensa].
Latina evidencia así no tanto (o no sólo) su con- Glantz, Margo. Simple perversión oral. Ciudad de
tinuidad asincrónica sino, fundamentalmente, «un México: La caja de cerillos ediciones, 2014.
interés público actual» (Walsh 7), que es también Henríquez Ureña, Pedro. La utopía de América. Caracas:
el sentido de actualidad que para Walsh tiene el Ayacucho (Prólogo: Rafael Gutiérrez Girardot.
Caso Satanowsky, es decir, esa (nuestra) literatura, Compilación y cronología: Ángel Rama y Rafael
según explicita el prólogo al que, nada menos, titula Gutiérrez Girardot), 1989.
«Ubicación». O también, quizá dicho de otro modo, Montaldo, Graciela. «Literatura + Teoría = Revolución»,
que entre sor Juana y Bolaño, entre Girondo y Valle Cuadernos LIRICO, 15, (2016): 1-11.
y Caviedes, entre Balbuena y José Hernández, distin- Latour, Bruno. Cogitamus. Seis cartas sobre las huma-
guir la poesía como acontecimiento biográfico o lin- nidades científicas [trad. Alcira Bixio]. Buenos Aires:
güístico, o como territorio intermedio, en América Paidós, 2012.
Latina no sólo alienta a afirmar que, efectivamente, Latour, Bruno. Nunca fuimos modernos [trad. Víctor
importa quién habla sino que, más aún, es justa- Goldstein]. Buenos Aires: Siglo xxi, 2007.
mente en el efecto (poético, jurídico e histórico) de León-Portilla, Miguel, Visión de los vencidos. Relaciones
dicha importancia donde radica un vínculo adecua- indígenas de la conquista. Ciudad de México,
damente americano. Universidad Nacional Autónoma de México, 2009.
Lezama Lima, José. Diarios. Ciudad de México: Era,
1994.
Bibliografía Martí, José. Ismaelillo. Versos Libres. Versos sencillos.
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Dobry]. Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2016. 2000.
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Madrid-Frankfurt-México, 2015. ricana», Filología, 2, (1987): 175-189.

4. «Martín Fierro canero» llama Walsh en el Caso Satanowsky


al poema de 257 sextinas titulado «La 58 – Historia de una
Infamia» que circuló mimeografiado con el lema «El Gallo
Alerta y el Ojo Avizor» (176) y que «narraba las tropelías»
(92) de la Comisión Investigadora Nº58, dirigida por el
capitán Aldo Molinari y ejecutada por Próspero Germán
Fernández Alvariño (conocido como «Gandhi»), encargada
de investigar a la Policía Federal.

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