El olivo y la espada
José Manuel Crespo
FUNDACION TOMAS MOROEl olivo y la espada
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| José Manuel Crespo
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| FUNDACION TOMAS MORO.‘Crespo, Jost Manvel, 1942-
Elolvo y a espada/ José Manuel Crespo. ~ Bogoté: Comin
Presencia Edtores, 2010,
52. 21 om.
ISBN 978-958.8618-18.6
4. Ensayos colombianos 2. Rellglén losofia y politica -
Ensayos
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60864.5 cd 21 ea.
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Ellivo y la espada
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© José Manel Crespo
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Continua: “Angel Laruel
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ISBN: 978.-958-8418-18-6
Primera edicidn 2010
Concepto grfico, disefto y diagramacién
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i. D.C. Colombia
El genio politico consiste en serle fiel a un principio
Friedrich Hegel
fuando uno piensa en todo lo que nuestro pueblo ha
suftido, trabajado y resistido en el amargo devenir de
su historia (jy tanto padecer para venir a dar en este retablo
de las maravillas!), se asombra y casi que se espanta de la
vitalidad y del aguante de esta gente increible. De dénde,
de qué honduras, de qué veta profunda saca sus ansias de
superviveneia, sus cantos y sus fuerzas espirituales y fisi-
cas este pueblo agobiado por esa sombra de incertidumbre
que ha mareado su historia? Si: cuando uno piensa en todo
ese infinito despilfarro de sangre, de inteligencia y de ener-
gia que ha sido (y sigue siendo) la historia de esta nacién
ala deriva, ve lo que le sucede a un pueblo que desprecia
su filiacién sagrada, y, abandonandose a las fiebres, a las
claves oscuras y al mandato brumoso de ciertas filosofias
que han sido expresamente imaginadas para ocultarle lo
esencial,, se esconde en la tormenta, se refugia en la nada,
se autodestruye en su locura sin pausas ni remordimien-
tos.
«Bs cierto que toda época deja en Ia tradicién més
hhuellas de su dolor que de su dichan, dice Johan Huizin-
ga. Pero, 2qué puede compararse con el viacrucis de una
comunidad agredida en su conciencia y ultrajada en su
imagen por el oscuro dinamismo de un poder que no tiene
ni norte ni destino porque lo tinico que quiere es seguir
siendo el poder?
PeroJose MANUEL CResro
hasta el alma Tlegan las semillas del caos: es increible que
en el inconsciente de este pueblo de hoscas adoraciones y
fervorosos odios persista (recalcitrante, refractario, ciego)
un espeso detritus de sumisién a tantos comandantes en
jefe, demagogos y usureros de manos pegajosas que han
cobrado la comisién de Judas, y que aqui, donde tanto y
tan en came viva se ha suftido, no haya surgido todavia
tuna fuerza que, asumiendo ese inmenso legado de espe-
ranza latente en los valores constitutivos de nuestro ser
histérico, libere esa profunda vocacién de justicia que ha
sido desde siempre reprimida en nosotros.
En un tiempo signado por la histeria totalitaria y glo-
balizadora impuesta por los desmesurados imperios de este
mundo (los viejos, los podridos, los terrorificos imperios
simbolizados en esa estatua de pesadilla que tenia la cabe-
za de oro puro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y
Jos muslos de bronce, las piernas de hictro, y los pies, parte
de hierro y parte de arcilla), es imposible reducirse a vivir
el dia de cada dia dejando que el mafiana se encargue de si
mismo. Este siglo revuelto ha demostrado cudnto sentido
encierran las palabras de Henri de Lubac en El drama del
humanismo ateo: «No es verdad que el hombre, aunque
parezca decirlo alguna vez, no pueda organizar la tierra sin
Dios. Lo que es cierto es que sin Dios no puede, en fin de
cuentas, més que organizarla contra el hombre. El huma-
nismo exelusivo es un humanismo inhumanon. 2Qué otra
guerra sin fin, qué otra desgracia, qué mas debe ocurrir
para que un pueblo que todavia peregrina en el desierto
deje de actuar como si ya hubiera conquistado la tierra
prometida? Un renacer de nuestra conciencia histirica y
politica no es posible si no empezamos por reafirmar Ia
primacia de la verdad sobre el ier
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ELOWOYLAEsmo8
Y, sin embargo, este tiempo m struido en la
arena de la ciencia y la tecnologia no es por naturaleza in-
conciliable con la fe y las tradiciones, ni resulta esencial-
mente opuesto al corpus de valores que le han dado una
conciencia de si mismo, una casa en la roca y una comuni-
dad de origen y destino al continente iberoamericano. En
Cristo, Seftor misericordioso de la historia, se eng
‘on el mundo moderno podemos
« ne y Cuaudy scpamos y logremos, en medio
del desastre global de una contracultura espiritualmente
exhausta,
speciosa lel mundo, sino que los libres del mal» (Jn 17, 15).
No somos una tribu perdida y condenada por los astros a
Perecer en la tormenta: el Cristo que ya vino es el mismo
que esperamos, y esa permanente presencia es lo que hace
posible que en medio del claroscuro de los desacuerdos
© entre las llamaradas del confficto, el devenir de nuestra
historia conserve un orden y un significado, que todavia
genere presentimientos y utopias, que no se haya disuelto
en las irrealidades y rupturas de una absoluta discontinui-
dad. Si: cuando uno piensa en todo lo que aqui ha sucedido
desde aquel tiempo en que el chaman indigena le arranca-
ba el corazén todavia vivo al prisionero para darle a beberJose Manuet Crsro
ELOUVO YLAEsmADa
sangre a sus idolos, hasta esta hora en que los magos del
capital financicro han convertido la ciencia de la economia
en un péker que hay que jugar a oscuras, comprende que
la historia no adquiere consistencia y plenitud de sentido
sino cuando logramos discemir en sus brumas esa luz. casi
culta y esa gracia reeéndita que nos hacen ver y sentir
que el misterioso drama que empezara en el Génesis («Ha-
gamos al hombre a nuestra imagen y semejanza»: Gen I,
26) no ha de tener su desenlace en los azares del poder hue
‘mano, sino en la voluntad redentora de Dios. La verdadera
historia no va por el camino irreal del presentismo y las
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