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El Olivo y La Espada

el olivo y la espada
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El olivo y la espada José Manuel Crespo FUNDACION TOMAS MORO El olivo y la espada | | José Manuel Crespo | | FUNDACION TOMAS MORO. ‘Crespo, Jost Manvel, 1942- Elolvo y a espada/ José Manuel Crespo. ~ Bogoté: Comin Presencia Edtores, 2010, 52. 21 om. ISBN 978-958.8618-18.6 4. Ensayos colombianos 2. Rellglén losofia y politica - Ensayos iT 60864.5 cd 21 ea. 181259499 CEP-Banco de la Repitlica-Bbiiteca Luis Angel Arango Ellivo y la espada Derechos reservados de autor: © José Manel Crespo E-mail: jme358@[Link] Continua: “Angel Laruel © Ainge! Loochkartt ISBN: 978.-958-8418-18-6 Primera edicidn 2010 Concepto grfico, disefto y diagramacién Comin Presencia Fditores ‘Tel 571- 2550478, 3465677 Cra. 10No. 65-77. Piso4 Bogoié, D.C. Colombia Libro editado por la Fundacion Toms Moro Telefax: 2271326 E-mail: fundatomasmoro@[Link] i. D.C. Colombia El genio politico consiste en serle fiel a un principio Friedrich Hegel fuando uno piensa en todo lo que nuestro pueblo ha suftido, trabajado y resistido en el amargo devenir de su historia (jy tanto padecer para venir a dar en este retablo de las maravillas!), se asombra y casi que se espanta de la vitalidad y del aguante de esta gente increible. De dénde, de qué honduras, de qué veta profunda saca sus ansias de superviveneia, sus cantos y sus fuerzas espirituales y fisi- cas este pueblo agobiado por esa sombra de incertidumbre que ha mareado su historia? Si: cuando uno piensa en todo ese infinito despilfarro de sangre, de inteligencia y de ener- gia que ha sido (y sigue siendo) la historia de esta nacién ala deriva, ve lo que le sucede a un pueblo que desprecia su filiacién sagrada, y, abandonandose a las fiebres, a las claves oscuras y al mandato brumoso de ciertas filosofias que han sido expresamente imaginadas para ocultarle lo esencial,, se esconde en la tormenta, se refugia en la nada, se autodestruye en su locura sin pausas ni remordimien- tos. «Bs cierto que toda época deja en Ia tradicién més hhuellas de su dolor que de su dichan, dice Johan Huizin- ga. Pero, 2qué puede compararse con el viacrucis de una comunidad agredida en su conciencia y ultrajada en su imagen por el oscuro dinamismo de un poder que no tiene ni norte ni destino porque lo tinico que quiere es seguir siendo el poder? Pero Jose MANUEL CResro hasta el alma Tlegan las semillas del caos: es increible que en el inconsciente de este pueblo de hoscas adoraciones y fervorosos odios persista (recalcitrante, refractario, ciego) un espeso detritus de sumisién a tantos comandantes en jefe, demagogos y usureros de manos pegajosas que han cobrado la comisién de Judas, y que aqui, donde tanto y tan en came viva se ha suftido, no haya surgido todavia tuna fuerza que, asumiendo ese inmenso legado de espe- ranza latente en los valores constitutivos de nuestro ser histérico, libere esa profunda vocacién de justicia que ha sido desde siempre reprimida en nosotros. En un tiempo signado por la histeria totalitaria y glo- balizadora impuesta por los desmesurados imperios de este mundo (los viejos, los podridos, los terrorificos imperios simbolizados en esa estatua de pesadilla que tenia la cabe- za de oro puro, el pecho y los brazos de plata, el vientre y Jos muslos de bronce, las piernas de hictro, y los pies, parte de hierro y parte de arcilla), es imposible reducirse a vivir el dia de cada dia dejando que el mafiana se encargue de si mismo. Este siglo revuelto ha demostrado cudnto sentido encierran las palabras de Henri de Lubac en El drama del humanismo ateo: «No es verdad que el hombre, aunque parezca decirlo alguna vez, no pueda organizar la tierra sin Dios. Lo que es cierto es que sin Dios no puede, en fin de cuentas, més que organizarla contra el hombre. El huma- nismo exelusivo es un humanismo inhumanon. 2Qué otra guerra sin fin, qué otra desgracia, qué mas debe ocurrir para que un pueblo que todavia peregrina en el desierto deje de actuar como si ya hubiera conquistado la tierra prometida? Un renacer de nuestra conciencia histirica y politica no es posible si no empezamos por reafirmar Ia primacia de la verdad sobre el ier 6 ELOWOYLAEsmo8 Y, sin embargo, este tiempo m struido en la arena de la ciencia y la tecnologia no es por naturaleza in- conciliable con la fe y las tradiciones, ni resulta esencial- mente opuesto al corpus de valores que le han dado una conciencia de si mismo, una casa en la roca y una comuni- dad de origen y destino al continente iberoamericano. En Cristo, Seftor misericordioso de la historia, se eng ‘on el mundo moderno podemos « ne y Cuaudy scpamos y logremos, en medio del desastre global de una contracultura espiritualmente exhausta, speciosa lel mundo, sino que los libres del mal» (Jn 17, 15). No somos una tribu perdida y condenada por los astros a Perecer en la tormenta: el Cristo que ya vino es el mismo que esperamos, y esa permanente presencia es lo que hace posible que en medio del claroscuro de los desacuerdos © entre las llamaradas del confficto, el devenir de nuestra historia conserve un orden y un significado, que todavia genere presentimientos y utopias, que no se haya disuelto en las irrealidades y rupturas de una absoluta discontinui- dad. Si: cuando uno piensa en todo lo que aqui ha sucedido desde aquel tiempo en que el chaman indigena le arranca- ba el corazén todavia vivo al prisionero para darle a beber Jose Manuet Crsro ELOUVO YLAEsmADa sangre a sus idolos, hasta esta hora en que los magos del capital financicro han convertido la ciencia de la economia en un péker que hay que jugar a oscuras, comprende que la historia no adquiere consistencia y plenitud de sentido sino cuando logramos discemir en sus brumas esa luz. casi culta y esa gracia reeéndita que nos hacen ver y sentir que el misterioso drama que empezara en el Génesis («Ha- gamos al hombre a nuestra imagen y semejanza»: Gen I, 26) no ha de tener su desenlace en los azares del poder hue ‘mano, sino en la voluntad redentora de Dios. La verdadera historia no va por el camino irreal del presentismo y las ‘

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