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La muerte en diversas culturas

Este trabajo sobre la muerte lo realicé como tesis estudiando en la Escuela de Desarrollo Transpersonal. Está registrado como realización personal

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LA MUERTE EN LAS DIFERENTES CULTURAS

No temas a la muerte, y no temerás a la vida.


Epicuro

1
Introducción -------------------------------------------------------- 3

Desarrollo ----------------------------------------------------------- 4

Occidente ---------------------------------------------------------- 4

Tíbet ----------------------------------------------------------------- 8

Islam ----------------------------------------------------------------- 10

Budismo ------------------------------------------------------------ 11

Hinduismo --------------------------------------------------------- 12

Culturas primitiva extinguidas ----------------------------------- 13

Los niños y la muerte --------------------------------------------- 19

Un trabajo alentador --------------------------------------------- 21

2
Escogí este tema para mi trabajo final, porque la presencia de la
muerte en diferentes etapas de mi vida, ha sido un factor
determinante en mi desarrollo como persona. Huérfana de ambos
padres a los 6 años, pasé mucho tiempo sumergida en el victimismo,
achacando a la muerte todos mis sufrimientos, y viendo a la misma
como una figura terrorífica. Mi confusión se intensificó luego del
suicidio de un hermano, y comencé a verla no sólo como una
depredadora que acecha en las esquinas, sino como algo que hasta
se puede llegar a escoger voluntariamente. Cuando intentaba
racionalizar este miedo, sin embargo, mi creencia innata sobre
reencarnación me llevó a profundizar sobre el tema, investigando la
visión de las diferentes culturas.

Finalmente, el punto de vista transpersonal de la muerte, me llevó a la


tranquilidad de saber que el fallecimiento no es otra cosa que la lógica
consecuencia de estar vivo.

Para mí fue una forma de conseguir la paz, y deseo que otras


personas amplíen sus miras sobre el tema y alejen el miedo
innecesario que a veces nos paraliza.

3
DESARROLLO

En las librerías encontramos centenares de libros sobre embarazos,


nacimientos, partos, en fin, todo lo relacionado al comienzo de la vida.
Pero ¿qué hay del final? En la cultura occidental, la muerte es un tema
tabú, como si el acto de nacer no nos hiciera candidatos para la
misma. Gracias a la creencia en la reencarnación en cambio,
estrictamente hablando, desde el punto de vista oriental no existe la
muerte Sólo hay vida con muchas fases y modalidades, a una de las
cuales llaman "muerte" los ignorantes, pues nada muere, sólo es el
final de la vida terrena, vida medida por el tiempo, en el curso del cual
cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra,
al final aparece la muerte como el desenlace normal.

OCCIDENTE

En las culturas conformadas por la industrialización, la muerte es


considerada un enemigo. Nos causa tanto miedo que ya no nos
atrevemos a nombrarla, y utilizamos una cantidad de eufemismos para
definirla. A su vez, ese miedo se considera normal y necesario, sin
comprender que la autodestructiva negación, es más nefasta que la
muerte física

La muerte es tabú y la causa la comenta Pierre Chaunu, famoso


historiador de las culturas en la Universidad de París: “Al no poder

4
expulsar a la muerte de nuestra vida, se ha decretado que es
vergonzosa, que es indigna de nosotros, que debemos arrojarla de
nuestra mente. La han excomulgado porque pone en crisis todas las
culturas hegemónicas de nuestro tiempo. Como no han podido hacerle
sitio, la han ocultado, proscrito y prohibido.”

La ciencia lucha a brazo partido para ganarle la mano. Aún en casos


de enfermedades terminales, lo importante es sobrevivir a cualquier
costo. Lo que cuenta es cuanto seguirá viviendo el paciente, no como
seguirá viviendo, la calidad de vida no importa. Los profesionales de la
salud la consideran como un fracaso de sus esfuerzos profesionales.
Tan poco entienden este tránsito natural, que imponen restricciones
sobre la presencia de los familiares al lado del enfermo, determinando
así que un buen porcentaje de los mismos pasa de plano sin tener
siquiera una mano amorosa que apriete la suya. El agonizante es un
ser privado de sus derechos, al que se trata como a alguien que ha
perdido la razón. Aquél que, a pesar del ocultamiento, adquiere
conciencia de su agonía, ha de vivir su experiencia en solitario, sin
posibilidad de intercambiar sus impresiones con los que le rodean. La
muerte se ha convertido en algo que se combate y que sólo ocurre
cuando la "ciencia" falla. Nuestra sociedad vive privada de la
consciencia de su propia finitud.

En apariencia, la religión católica ofrece la promesa de una vida eterna


en el más allá. Para los cristianos, el sentido de la vida y de la muerte
está en Cristo: “Si morimos, morimos con Cristo, que murió como
ofrecimiento, y así consiguió la Nueva Vida. Nosotros participamos de

5
ella. Si tienes fe, Cristo está contigo en esta realidad que es la
muerte.”

Parece entonces paradójico que una cultura como la occidental, con


un pilar tan grande en la tradición judeocristiana, que promete una
vida mejor tras la muerte, sea una cultura donde la muerte genere un
tabú tan grande y propicie en torno a ella tantas preocupaciones. Pero
¿es de extrañar si los condicionantes religiosos se empeñan en
vendernos unas imágenes de resurrección de los cuerpos en un cielo
concebido como un paraíso eterno, o en su opuesto, un infierno
también eterno? Parece más bien que la religión católica alimenta el
miedo presentando la muerte como algo definitivo. Al sobrevenir, el ser
humano tendrá un premio o un castigo, dependiendo de su actuación
en la vida.

Sin embargo, para comprender mejor es preciso remontarnos un poco


más atrás, y profundizar en las Sagrada Escritura, donde
encontramos con sentencias tan aterradoras como la siguiente;

“ La Escritura nos enseña que la muerte es castigo-consecuencia del


pecado. Esta es una doctrina claramente enseñada por la Iglesia ya en
los primeros siglos: nuestros primeros padres, en la situación
paradisíaca, estaban dotados de inmortalidad física; la muerte les fue
dada como castigo por el pecado cometido. (Se puede ver Denzinger-
Shönmetzer 222 y 372; también 1512 y 1521).

Así aparece claramente en las Escrituras. Dios advirtió a nuestros


primeros padres que, de transgredir ellos el mandato que les había
dado, morirían (ver Gen 2,17 y 3,19). "Dios no creó la muerte" (Sab

6
1,13), sino que esta entró en el mundo "por la envidia del diablo" (Sab
2,24). Dado que el pecado de nuestros primeros padres implicó a todo
el género humano, por ello pudo decir San Pablo que "por un hombre
entró el pecado en el mundo, y por el pecado, la muerte" (Rom 5,12).
Por ello "el salario del pecado es la muerte" (Rom 6,23). En otras
palabras, "en Adán todos murieron" (1 Cor 15,22).

Los Padres de la Iglesia son unánimes en predicar la relación causa-


efecto que existe entre el pecado y la muerte. Buen ejemplo es San
Agustín en su trabajo contra Juliano, en el cual resume la posición de
los Padres anteriores a él.

  La muerte es consecuencia del pecado. Intérprete auténtico de las


afirmaciones de la Sagrada Escritura y de la Tradición, el Magisterio
de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del
pecado del hombre. Aunque el hombre poseyera una naturaleza
mortal, Dios lo destinaba a no morir. Por tanto, la muerte fue contraria
a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como
consecuencia del pecado. “La muerte temporal de la cual el hombre se
habría liberado si no hubiera pecado”, es así “el último enemigo” del
hombre que debe ser vencido. “

¿Es de extrañar entonces que, desde los albores del catolicismo, la


muerte ha sido considerada como el castigo supremo?

La llegada al mundo del gran maestro Jesucristo cambia la


perspectiva, pues él, con su sacrificio, abre un camino de liberación
de los pecados de la humanidad. Todos los que creen en él serán
salvados, siendo redimidos sus pecados. Pero, aunque su mensaje
7
trae una nueva esperanza, el tabú que se ha creado alrededor de la
muerte tiene raíces culturales muy profundas, por lo tanto, difíciles de
arrancar.

Si para las sociedades occidentales la muerte representa algo


negativo y un acontecimiento nefasto en tanto que la vida es el
componente esencial de su cultura, para los orientales constituye el
paso hacia la regeneración y la reafirmación de los valores ancestrales
que conformaron su comunidad. Por lo tanto, no supone un evento
trágico, sino un paso definitivo hacia una nueva forma de ser y de
estar más venturosa. Visto así, para los habitantes de la cultura
oriental, la muerte se convierte en el mayor acontecimiento de la vida,
lo que explica por qué su celebración ameritaba una práctica ritual de
gran elaboración.

TIBET

Entre los tibetanos, sus actitudes hacia la muerte y la agonía están


desprovistas del tabú general que encontramos en Occidente. Allá, se
encuentra a la muerte con respeto y veneración. Y la existencia de la
muerte llega a ser un estimulante para el desarrollo del hombre, Este
crecimiento es subrayado durante toda la vida, y especialmente
cuando la persona está moribunda. Un principio de base del sistema
budista - que impregna la vida de los tibetanos - es el carácter

8
transitorio y el cambio constante del universo entero. Allí, la existencia
de la muerte es utilizada como un elemento psicológico indispensable
para la consciencia del carácter transitorio de la vida, del cambio de
todas las cosas y del valor precioso de este momento mismo, del aquí
y el ahora. En este sentido, la muerte no es vista como un enemigo
que se debe combatir y evitar a toda costa, sino como un aspecto
indispensable de la vida,

El “Libro tibetano de los muertos” (Bardo Thodol es su título original)


es un tratado sobre cómo orientar un ser que está a punto de fallecer,
y como guiarlo hacía el Bardo (estado que media entre la muerte y el
renacimiento) después de la muerte física, para que no se deje desviar
por los recuerdos de la vida y los seres que acaba de dejar. Esta
filosofía ancestral nos enseña que el arte de morir es tan importante
como el arte de vivir, y que el futuro del alma de este ser que pasa a
otro plano depende, quizá enteramente, de una muerte correctamente
aceptada por él mismo, y controlada por un familiar u otra persona,
quién lo acompañará amorosamente en este proceso.

Según el pensamiento oriental:

“En Occidente, el arte de morir es poco conocido y raramente


practicado, por lo que existe la común reluctancia a morir, la cual,
como sugiere el ritual del Bardo, produce resultados negativos. Todos
los esfuerzos de la ciencia médica tienden a posponer el proceso de la
muerte, interfiriendo así en ella.”

9
ISLAM

Los islámicos acogen la muerte con alegría, pues “descarga al


hombre de los agobios de la vida mundana, que es una mazmorra
turbulenta, sofocante y estrecha de espacio y gradualmente se hace
más dura por la vejez y las aflicciones, y lo admite en el círculo
infinitamente ancho de la misericordia del Eterno y Amado, en donde
puede disfrutar la compañía de sus seres queridos y el consuelo de
una vida feliz y eterna”.

El Islam es la única religión que explica los pasos a seguir antes,


durante y después de la muerte de un familiar, pautas esas marcadas
en el Corán. Desde antes de la llegada de la muerte hasta el entierro,
se conforma toda una ceremonia del adiós para esta importante etapa
de la vida. Sin duda, lo que más llama la atención son las tiendas
multicolores (llamadas shader o en plural shawader) que se montan
en la calle, a las puertas del hogar del fallecido. Dentro de ellas se
lleva a cabo una oración por el difunto en la que, generalmente, sólo
los hombres pueden participar, puesto que en estas oportunidades
las mujeres suelen quedarse dentro de la casa. El rezo, llamado salat-
l-janazah, está dirigido por un Imam. Tras el salat, solo los hombres
acuden al cementerio en un cortejo fúnebre para proceder al entierro
(nunca hay cremación). La palabra ‘makabra’ que a todos nos ha de
sonar a macabro, significa eso: cementerio, en árabe.

10
La costumbre de visitar las tumbas de fallecidos no es muy difundida.
En el Corán se lee que el profeta Mohamed no estaba de acuerdo
con que las tumbas fueran visitadas, para evitar que la finalidad fuera
suplicar ayuda al muerto o cualquier invocación que podría enfadar a
Allah.

BUDISMO

El budismo ve nuestras vidas en el contexto del macrocosmos.


Nuestras vidas han existido siempre de una forma u otra, siguiendo un
ciclo interminable de nacimiento y muerte, decadencia y renovación
que lo rige todo. Así pues, la filosofía budista anticipa casi tres mil
años las leyes de la conservación de la energía y la materia, que
afirman que ni la energía ni la materia se pierden nunca, sino que
cambian de forma.

Todas las cosas que se manifiestan físicamente en la vida se recluyen


en un estado de latencia tras su extinción o muerte.

La flor de cerezo no es visible en invierno, está ahí, aletargada,


esperando a florecer cuando se den las condiciones necesarias
(primavera). Lo mismo ocurre con nuestras vidas.
Según la visión budista, la vida es eterna. Ya que atraviesa sucesivas

11
encarnaciones, la muerte no se considera tanto el cese de una
existencia como el principio de una nueva.
Para los budistas el fenómeno de la trasmigración es obvio, así que
la muerte es necesaria.

Como morimos, podemos apreciar la maravilla de la vida. Para hablar


del modo ideal de morir hay que hablar del modo ideal de vivir.
Atravesar de un modo satisfactorio el proceso de la muerte, depende
de los constantes esfuerzos que se hacen durante la vida para
acumular buenas causas, para contribuir a la felicidad de los demás, y
para fortalecer la base de la bondad y la humanidad en lo más
profundo de nuestras vidas. El budismo garantiza que quienes
practiquen, con sinceridad se acercarán a la muerte en un estado de
plena satisfacción.

HINDUISMO

La preocupación del hindú no es la muerte, para él, ésta no es el


enemigo. Desde su nacimiento, la muerte para él no es un término. Él
va a renacer en otro lugar y lo importante es interrumpir la cadena de
los renacimientos. Desde siempre, él pertenece a la eternidad. Él es
una manifestación de lo divino. Desde el momento en que nació, es un
ser extraño al mundo. Tiene ya una preexistencia, ya ha existido de
alguna manera, y cuando él desaparece, no hay paso del ser a la
nada.
12
Si el occidental va tras la inmortalidad y desea eludir la muerte que le
angustia, el hindú en cambio busca liberarse de la vida, escapar a la
existencia terrestre. Él considera su existencia social, «histórica»,
como negación del ser, y su objetivo consiste en renunciar a ella. La
existencia es para él ausencia de realidad y no-afirmación de lo que es
y deviene.

En el pensamiento religioso del hinduismo, la muerte consiste en la


unión del alma individual con el alma Universal, por lo que se cree que
al morir se pasa no a otra vida como la que conocemos en la Tierra,
sino a otra forma de existencia, que es esencialmente espiritual y aún
desconocida, una forma distinta de existencia basada en la unión con
el "Absoluto" o Principio Supremo. (Rig Veda, Los Upanishads)

Según el hinduismo, cada persona vive muchas vidas a lo largo de su


existencia. Este ciclo eterno de reencarnaciones se llama
[Link] uno muere, su alma vuelve a nacer, reencarnarse,
en otro cuerpo. Lo que le sucede en cada vida es el resultado de vidas
anteriores. Es decir, uno se reencarnará en un cuerpo bueno si en su
vida anterior se ha comportado según su deber en la vida o dharma. Si
son buenas, se reencarná en una forma de vida superior. Lo que uno
hace bien, le hace bueno, y lo que hace mal, le hace malo. Así, puede
reencarnarse en una persona de casta superior si ha sido bueno, y si
ha sido malo en otra de inferior o incluso en un animal.
El objetivo final de las prácticas de la religión hindú es el

13
perfeccionarse hasta poder salir del ciclo de reencarnaciones, esta
liberación se llama moksa.

En Oriente, se tiene una visión positiva de la muerte debido a su


creencia en la reencarnación. En muchas de las culturas, extinguidas y
existentes, esa misma creencia ayuda a aceptar la partida de un ser
querido, por ello la muerte no es vista como un espectro, sino como el
comienzo de un nuevo y venturoso estado.

A lo largo y ancho de África hay cientos de tribus que creen en la


reencarnación de una forma u otra. De entre los clanes, los zulúes
poseían uno de los credos más avanzados. Dentro del cuerpo habita
un alma, y dentro de ésta, una chispa del espíritu universal divino, el
Tongo.

La forma religiosa africana más arcaica es el totemismo, que


prevalece, de forma pura o mistificada en todos los pueblos de África.
El totemismo ha sido el que ha generado la adoración de los
antepasados y a ésta se encuentra vinculada, desde tiempos
inmemoriales la adoración de los muertos o manismo. Los difuntos
continúan viviendo en la mente de todos los pueblos africanos, tanto
como ánimas o espíritus capaces de trasladarse incorpóreamente, o
como seres sobrenaturales que conservan externamente su apariencia
terrenal o asumen temporalmente el aspecto de animales.

14
De esta forma, los muertos continúan siendo miembros del clan, no
abandonan la comunidad: necesitan sacrificios para prolongar su
existencia en el otro mundo y renacer en sus descendientes, pues de
lo contrario deben dejar de ser. Los vivos, por su parte, necesitan de la
ayuda de sus antecesores, quienes gozan de poderes sobrenaturales.

Para el creyente, la adoración de los antepasados significa mantener


los nexos entre estos dos grupos del clan: los vivos y los muertos;
romper estos lazos es amenazar con la destrucción a los vivos y a la
comunidad en general

Los africanos, a diferencia de los hindúes y budistas, consideran la


vida como algo feliz, y la reencarnación como un buen destino.

Asimismo, en las vastas extensiones de Oceanía (las islas del


Pacífico, Indonesia, Micronesia, Melanesia), la creencia en la
trasmigración de las almas humanas hacia el mundo animal se halla
tan extendida y es tan variada como lo son sus pueblos y su geografía.

Los habitantes de cada una de las tribus de los clanes septentrionales


de Australia central, creen que todas las personas vivas, son
reencarnaciones de los antepasados muertos, por esto el fallecimiento
de un ser querido no representa un drama

Hubo al menos algunas docenas de tribus de América del Norte que


sostuvieron estas creencias, aunque parece ser que sólo se formuló
una teología coherente en el noroeste.

Para los indios tlingit, del sudeste de Alaska, la muerte de un miembro


del clan es motivo de fiesta, creen que el alma se reencarna en un

15
nuevo cuerpo entre sus parientes, acostumbran a incinerar a sus
muertos alegrándose de su partida, pues renacerá en un cuerpo
joven y sano.

Los indios de Nuevo México creían que un bebé moribundo regresaría,


y que si su cuerpo era enterrado bajo la tierra del hogar, el alma
encontraría a la misma familia.

En las sociedades precolombinas de América, la muerte era un


acontecimiento muy ritualizado, lo que obligaba a ceremonias de
todo tipo, acompañadas de ofrendas, alimentos y objetos de
acompañamiento y regalos de mucha utilidad durante el largo viaje
que se iniciaba tras la muerte.

Entre los mayas se diferenciaba el enterramiento según la clase y


categoría del muerto. La gente ordinaria se enterraba bajo el piso de
la casa, pero los nobles solían ser incinerados y sobre sus tumbas se
erigían templos funerarios.

Los aztecas, que creían en la existencia de paraísos e infiernos,


preparaban a los difuntos para un largo camino lleno de obstáculos.
Tenían que pelear para poder llegar al final y ofrecer obsequios y
regalos al señor de los muertos, que decidía su destino final.

Según la filosofía yoghi, existen diferentes planos de vida o existencia,


al desprendernos del cuerpo material, nuestra alma pasa al plano
siguiente, más sutil con una más alta rata vibracional

En su libro "La vida después de la muerte", Yogi Ramacharaka dijo:

16
"La humanidad está hipnotizada por la idea de la muerte. El vulgar
empleo de esta palabra denota la ilusión. En labios de quienes
debieran tener mayor conocimiento oímos expresiones como las de "la
implacable guadaña de la muerte", "tronchada en la flor de su edad",
"desaparecido para siempre", "todo acabó para él", "pérdida
irreparable", etc., al hablar de una persona que acaba de marcharse
de este mundo, como si diesen a entender que ha dejado de existir y
ya no es nada. Sobre todo en el mundo occidental predominan estas
pesimistas y escépticas ideas, a pesar de que la religión cristiana allí
prevaleciente describe las delicias del cielo en tan vigorosos y
atractivos términos que todos sus fieles deberían desear el tránsito a
tan feliz y dichosa vida."

Para los romanos, la muerte no significaba el final de todo, pues los


difuntos seguían en el más allá su vida exactamente igual que antes
de morir. Se creía que su actividad vital continuaba en cierta manera y
por tanto había que abastecerlo de las cosas que necesitara. Un
cazador querría tener su lanza, un agricultor sus aperos, y una mujer
su huso. Si el muerto era inhumado, sus objetos personales eran
enterrados con él; si era incinerado, se quemaban también con él. Las
tumbas se situaban a orillas de las calzadas o caminos para que
gozaran de la compañía de los pasantes.

La religión constituía un aspecto fundamental de la vida de los


egipcios, y su significación se prolongaba incluso después de la

17
muerte. De aquí el culto sumamente especial y fervoroso que rendían
a los muertos. Este pueblo creía firmemente que, después de morir, el
alma del hombre viviría feliz sólo si se daba un tratamiento especial al
cadáver para preservarlo de la corrupción. De esta manera
perfeccionaron el proceso de conversión llamado embalsamiento, por
el cual convertían los cadáveres en momias que colocaban en
sarcófagos.

En la tumba se depositaban diversos objetos que, se creía, el difunto


podría necesitar o echar de menos en la otra vida. Aves y gatos, entre
otros animales, eran también embalsamados para servir de compañía
a los hombres en su viaje al otro mundo.

En México, los indígenas teotihuscanos creían que el espíritu de sus


familiares muertes volvía para visitarlos. Aún hoy, el dos de noviembre
organizan fiestas en los cementerio, le llevan a sus muertos sus
comidas favoritas, bebidas y música. Ese día, lejos de escucharse
llantos y lamentaciones, los cementerios se transforman en sitios de
alegres reuniones.

Otra tradición mexicana es la de los rezos a la Santa Muerte. Para sus


devotos, la Señora, como la llaman afectuosamente, es capaz de
aparecerse y manifestarse corporalmente o imprimir sus imágenes en
diversos lugares. En libros y revistas en los que se promueve su culto,
narran las intervenciones milagrosas que han vivido, en las que la
Santa Muerte los ha librado de múltiples peligros y les ha ayudado a
resolver problemas complicados.

18
LOS NIÑOS Y LA MUERTE

- Muchos padres y madres tienen dificultades para hablar de la


muerte con sus hijos y se les intenta ocultar para que no sufran. Esto,
en vez de ayudarles, en muchos casos les perjudica, pues les
incapacita para aceptar y vivir la muerte como algo natural. Éste sigue
siendo uno de los temas prohibidos a la hora de hablar con los niños,
algunas veces porque en realidad no se sabe cómo abordarlo, no se
encuentra la explicación o, simplemente, parece innecesario o cruel
planteárselo a un pequeño. Como los seres humanos le tenemos
tanto miedo al dolor, hacemos casi cualquier cosa con tal de evitarlo y
negarlo, sin comprender cuan sanador sería el vivirlo
adecuadamente. Pero hay que reconocer que resulta mucho más
perjudicial intentar evitar el tema o inventar historias que puedan
hacer sentir al menor abandonado, apartado del círculo familiar o
ignorado en sus dudas, además de confundirle y crearle ciertos
miedos que le van a ser muy difíciles de abandonar.

A los niños necesitamos decirles que un ser querido está grave y que
puede morir, en vez de tratar de ocultárselo, pues aunque lo
intentemos, ellos captan que algo está pasando. Al no tener la
información de lo que ocurre, la confusión y la incertidumbre pueden
apoderarse de ellos. Conviene hacerles partícipes del proceso de
enfermedad y de muerte; hablarles con naturalidad, con un lenguaje
sencillo y asequible a su edad.

19
Morir es terminar de vivir. Las explicaciones como " se fue", " está en
el cielo ", "lo perdimos" o " desapareció", no son tranquilizantes si no
se les explica claramente que de lo que se trata es del final de una
vida. Por muy pequeño que sea un niño, su capacidad de percepción
ante las situaciones difíciles es innata y, por tanto, necesita de una
explicación sincera y coherente. Esto sucede en los momentos en los
que ocurre una muerte cercana. El niño se preguntará qué está
sucediendo a su alrededor y, por qué se le excluye de esos
sentimientos que hacen que los adulto se encuentren totalmente
tristes. En estos momentos, mentir es crearle una confusión dañina
que lo llevará a no confiar plenamente en los adultos, pues se está
eludiendo un tema que de una manera u otra aparecerá en la vida de
cada niño.

Hacer de la muerte un tabú es inculcarle a los pequeños un miedo


innecesario. Evitar el asunto o hablar de él utilizando eufemismos
grotescos lo que hace es dar vueltas sobre un contenido que hoy día
la mayoría de ellos conocen e inclusive lo viven. Los porqués deben
ser respondidos pero utilizando un vocabulario acorde a su edad y
comprensión. Al explicar el concepto de muerte, se debe utilizar un
lenguaje claro y sencillo, sin entrar en demasiados detalles (como por
ejemplo nombrar los síntomas o daños que produce determinada
enfermedad), permitiendo e incentivando al niño que haga preguntas y
tratar de responderlas de manera simple, evitando analogías que
puedan confundirlo (por ejemplo, decir que un familiar o amigo “está
durmiendo”, puede generar la impresión errada de que ellos mismos
pueden morir si se van a dormir). Muchas veces los niños responden

20
más a la tristeza que observan en los padres, que ante el fallecimiento
en sí. Algunas veces también pueden llegar a desarrollar sentimientos
de culpa ante lo acontecido, por lo que es importante dejar en claro
que lo sucedido es sólo una parte del ciclo de la vida, y que no es
culpa de ellos el suceso en sí o la tristeza que éste genera. Siempre
es bueno reforzar el concepto de que los queremos sin importar las
circunstancias.

Los niños menores de 6 años asumen la muerte como algo natural,


por ello es importante aprovechar esta etapa para mostrarle un
concepto lógico de la misma, concepto que harán suyo por el resto de
sus vidas.

Hay muchos ejemplos que simplifican la explicación:

Ciclos vitales a partir de semillas: cultivar con ayuda del niño una
planta de temporada, explicitando sus ciclos vitales.

El paso del tiempo: visitar unas ruinas o un yacimiento arqueológico…

Quien crea en la vida después de la muerte, puede utilizar el


agua/cubitos de hielo/agua para hablar del cambio de estado sin
perder la esencia.

Al morir una flor o una mascota explicarle, evitando la tristeza, que


renacerá en otra casa, para llevarle felicidad a otro niño. Decirle que,
a su vez, hay otra mascota que está esperando que él la reciba para
tener su cariño y ser feliz.

21
En definitiva, en la medida que nosotros comenzamos a aceptar la
muerte, encontraremos muchas maneras para educar a los pequeños
de manera que crezcan sin tenerle miedo a algo tan natural.

UN TRABAJO ALENTADOR

Afortunadamente algunos profesionales se han encargado de escribir


libros para ayudar a abordar el tema. La Dra. Kubler-Ross asistió a
muchos de sus pacientes en trance de pasar de plano, y por sus
investigaciones, se ganó el titulo de “Señora de la muerte y el morir”

En su libro "La rueda de la vida", nos narra su vida y sus experiencias


con pacientes en los umbrales de la muerte. Según la doctora Kubler-
Ross hemos llegado a una era de transición en nuestra sociedad en
que hemos de tener el coraje de abrir nuevas puertas y admitir que
nuestras actuales herramientas científicas son inadecuadas para
muchas de las nuevas investigaciones. A Elizabeth no le quedaron
dudas: morir es tan natural como nacer y crecer, sólo que el
materialismo de nuestra cultura ha convertido este último acto de
desarrollo en algo aterrador.

"Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en la


tierra, se nos permite abandonar el cuerpo que aprisiona nuestra alma,
al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa. Llegado
el momento podemos marcharnos y vernos libres del dolor, los

22
temores y las preocupaciones; libres como una bellísima mariposa y
regresamos a nuestro hogar, a Dios"

(Extraído de "La rueda de la vida")

"La muerte: un amanecer" es otro libro donde la doctora Kubler-Ross


nos enfrenta al proceso del "último viaje" o puerta de salida de esta
vida, en su incansable trabajo como tanatóloga, acompañando a sus
pacientes en los instantes previos a la muerte, pudo estudiar de
manera sistemática, la posibilidad de la supervivencia de la
conciencia, asi como el encuentro con familiares ya fallecidos en las
postrimerías de la vida, además nos narra una experiencia
"transpersonal" en la que ella misma validó que la conciencia no está
encerrada en los límites de el mundo material.

“Morir es trasladarse una casa más bella, se trata de abandonar el


cuerpo físico como una mariposa abandona su capullo de seda". Esas
eran las palabras de gozo que ella pronunciaba junto a sus enfermos
moribundos.
Las experiencias científicas de la doctora Elizabeth kubler-Ross nos
permiten confirmar la existencia de vida después de la muerte. Sólo se
trata del pasaje a un nuevo estado de conciencia en el que se continúa
existiendo, compartiendo, y en el que el espíritu tiene la posibilidad de
continuar su crecimiento

23
La muerte bajo el punto de vista transpersonal

¿Existe la muerte? No, evidentemente, lo que muere es el cuerpo


físico, pero el espíritu, que es nuestra verdadera esencia, nunca
muere

Experiencias cercanas a la muerte estudiadas por la psicología


transpersonal

……………………………………………………….

  La cooperación transpersonal

En Definitiva, y así se entiende, lo transpersonal es una indagación


sobre la naturaleza esencial del Ser.

Uno de los aspectos fundamentales y donde esta rama de la


Psicología está profundizando es el campo de las Emergencias Psico
Espirituales, entendidas como crisis de transformación personal, que
se presentan de forma espontánea, cuyo desencadenante suele ser
un trauma físico o psicológico y se pueden manifestar de distintas
formas. S. Grof las clasifica según el tipo de experiencias:

  1) Reacciones físicas y emocionales referidas a los puntos de


energía localizados en el  cuerpo y descritos por las culturas orientales
(Chacras).

  2) Manifestaciones similares a una enfermedad de aparentes rasgos


psicóticos (esquizofrenia,  epilepsia, histeria) en las que la persona
realiza un “viaje por distintas dimensiones, tanto inferiores como

24
superiores” que le conduce, una vez pasada la crisis a un mayor nivel
de conciencia y de integración social.

  3) Proceso de renovación psicológica, relacionado con el proceso de


individuación descrito   por C. G. Jung

  4) Despertar de la percepción extrasensorial

  5) Recuerdos de vivencias pasadas, conectado con la creencia en la


reencarnación, da lugar    a la convicción de revivir situaciones de
épocas pasadas.

  6) Estados de posesión en los que el cuerpo y la mente se ven


invadidos por “una energía       ajena, maligna y amenazante”.

   7) Experiencia cumbre. Se asemeja a la experiencia extática de


unión con lo divino y estados  de plenitud física y psíquica.

   8) Experiencias cercanas a la muerte.

   9) Eliminación del Ego, mediante la integración de los Yoes.

………………………………………………………………………….

Si conociésemos qué es la muerte, conoceríamos el verdadero


significado de la vida. La muerte no es un final sino un paso a otra
forma de vida más plena, sin las restricciones de la materia.

……………………………..

La generalidad de las gentes, temen la muerte, les espanta su imagen


y les conturba su recuerdo con invencible terror.

El enfoque de la muerte de un individuo moribundo ha sido


relacionado con la cantidad de significado y propósito que una persona
ha encontrado en su vida. Un estudio de 160 personas diagnosticadas
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con menos de tres meses de vida mostró que aquellos que sentían
que habían entendido su propósito en la vida, o habían encontrado un
sentido a ésta, atravesaban menos tristeza y desesperación en sus
últimas semanas de vida que aquellos que no. En éste y estudios
similares, la espiritualidad había ayudado a individuos agonizantes a
lidiar con la etapa de depresión mas agresivamente que aquellos que
no eran espirituales.1

Muerte digna

Dioses de la muerte

Los profesionales transpersonales, debemos superar el tabú para


poder ayudar los seres en proceso de muerte que se nos presentan es
nuestra obligación crecer espiritualmente y darle lugar al amor en
nuestro proceder

Finalmente la vida, sea proyecto divino a misterioso azar, es una


oportunidad única

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COMO NO ENTENDEMOS LA MUERTE, CAEMOS EN LUGARES
COMUNES :EL TIEMPO LO CURA TODO

SENSACIÓN DE DOLOR Y CULPABILIDAD, REMORDIMIENTOS, EL


NO HABER HECHO SUFICIENTE PARA ESTA PERSONA QUE SE
FUE

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Bajo el punto de vista transpersonal, la muerte se explica por lo que


es en realidad: el regreso a nuestra verdadera esencia como espíritus,
después de haber cumplido nuestra misión y haber realizado nuestro
aprendizaje en la actual encarnación.

La muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el


plano físico; nos vamos al "exterior" por un período más largo. La
defunción es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumulación
de experiencia, indica una transición definida de un estado de
conciencia a otro. La liberación del alma por medio de la enfermedad y

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la muerte no tiene que ser tomado como un proceso trágico sino como
una simple transición a otro estado.

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