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El Baqueano

El documento describe la vida de un pueblo montañoso que depende del agua de las montañas. Narra la historia de un "viejo de la montaña", un experto guía local que conoce la montaña íntimamente. El guía se reúne regularmente con otros guías para intercambiar información sobre los cambios en la montaña a través de dibujos en el suelo, ya que el terreno cambia constantemente. El guía ha salvado muchas vidas gracias a su profundo conocimiento del área.

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El Baqueano

El documento describe la vida de un pueblo montañoso que depende del agua de las montañas. Narra la historia de un "viejo de la montaña", un experto guía local que conoce la montaña íntimamente. El guía se reúne regularmente con otros guías para intercambiar información sobre los cambios en la montaña a través de dibujos en el suelo, ya que el terreno cambia constantemente. El guía ha salvado muchas vidas gracias a su profundo conocimiento del área.

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El Baqueano - Silo - Canarias 1978 - Dia 1

Imagen: Rafael Edwards


"... Mi pequeño pueblo, es un pueblo campesino ubicado en la base de grandes montañas.

Los pobladores del lugar dependen del agua que baja de las altas montañas.

Para ellos todo está bien si los inviernos son inviernos y los veranos son veranos.

Si un invierno no es suficientemente frío, no hay allí suficiente nieve.

Si un verano no es muy cálido, tampoco hay suficiente agua, porque las nieves de las
altas cumbres no alcanzan a derretirse y a bajar.

Todo está bien, entonces, cuando los inviernos son inviernos y los veranos son veranos,

y las noches definidas y los días definidos.

Toda su base material está basada en lo que sucede en las montañas.

Es un lugar semidesértico, su regadío es totalmente artificial.

Todo su regadío se organiza en base a un sólo y grande caudal del cual van tomando
pequeños y pequeños hilos de agua hasta ensortijar todo el terreno y convertirlo en un
oasis fértil.

La población de ese lugar está obsesionada por la montaña.

Siempre al levantarse miran hacia la montaña, su punto de referencia es la montaña, para


ellos la montaña está siempre quieta, siempre está allí.

A esa montaña, los que están lejos, en otros lugares, la conocen como el techo de
occidente, sólo comparable al techo del mundo de los Himalayas.

Las grandes montañas producen una singular ambivalencia en la gente, en su gran poder
succionan y rechazan.
Tanto miraba la gente para allá, que un buen día fui a ver que había dentro de la montaña.

Estaba yo muy tranquilo en una casa de piedra dentro de la montaña y vi acercarse


lentamente a un curioso personaje montado en su mula.

El subía despaciosamente, y como hacen los que viven en esas regiones, todo por rodeo,
se vino acercando, dio varias vueltas alrededor, y luego saludó.

Preguntó si había visto acaso algunas huellas de puma; pumas son especies de leones que
habitan en América; le dije que no había visto cosa semejante.

Siguió dando vueltas y entonces al irse me invitó a su casa, que ya conocía yo por haberla
visitado en otras ocasiones.

Este singular personaje es conocido como "el viejo de la montaña", es un guía de altura,
es como ellos dicen, un baqueano; baqueano, es no sólo el que guía en las alturas, es el
que hace bien una cosa.

Uno es baqueano si hace bien una construcción, es baqueano si hace bien cualquier cosa;
éste es baqueano porque es un buen guía.

Es el mejor de los guías, es el mejor de los baqueanos.

Allí se fue el viejo de la montaña, y al caer la noche empecé a bajar, y a bajar, y a bajar.

Llegué a su casa, a su casa de piedra, y me encontré con la más extraordinaria asamblea


de topógrafos con que puede encontrarse alguien en semejantes alturas.

Adentro de la casa, es decir, en la habitación, es decir, en algo parecido a una habitación,


sentado y haciendo círculos estaban el viejo y otros cuantos siguiendo las instrucciones
que éste daba, instrucciones que daba con un palo, mientras rayaba la tierra.

Ahí estaba el viejo de la montaña alumbrado con unas farolas de kerosene, sentado en el
piso con sus amigos y dibujando extraños jeroglíficos en el piso.

Dibujaba y comía charqui, el charqui es una especie de trozo de carne de guanaco, el


guanaco, es una especie de llama o de alpaca, la alpaca, se parece al yak, al yak del Tíbet.

El guanaco es un animal de mucha utilidad para los guías de la montaña, su carne es muy
preciada, con ella hacen charqui, es una carne muy salada y muy dura.

Es una carne deshidratada pero que se conserva largo tiempo.

El hecho es que en esta asamblea de topógrafos todos comían su charqui y dibujaban con
su palo alguna cosa, algo que no alcanzaba a entenderse bien.
De pronto el viejo hacía trazos, uno por allá ponía unas piedras en medio del trazo, un
tercero ponía un papel de una revista vieja y el viejo a su vez sacaba todo eso con el palo,
y lo ordenaba nuevamente de acuerdo a su particular parecer.

Y en esto estuvieron horas, comiendo charqui, y poniendo y sacando piedras.

Es claro, esas líneas eran los senderos de la montaña, esas piedras que unos ponían con
cierta seguridad, el viejo las apartaba porque ya no estaban allí.

Los papeles que remedaban tal vez zonas de nieve o de hielo, el viejo las corría y así él
iba armando el cuadro de situación actual según su conocimiento del lugar.

De manera que iban intercambiando su información todos éstos que trabajaban con el
espacio, con un espacio dinámico, con un espacio en movimiento, en donde los cajones
montañosos, las laderas, los ríos, los desfiladeros, cambiaban continuamente.

Era sin duda un espacio dinámico el que trabajaban ellos, y todos ellos eran guías de
altura.

Por lo demás no hablaban mucho, entre otras cosas porque seguían comiendo.

Terminada esta particular asamblea se fueron separando uno por uno y entonces fue
cuando le pregunté a este viejo que si no era suficiente con un mapa para saber dónde
estaba cada cosa.

Él me contestó que los escaladores de montaña muy a menudo van con sus mapas,
algunos van con libros de mapas, tienen codificados los lugares, pretenden con esos
libros saber exactamente como es la situación de la montaña.

Pero el viejo que es un sabio y es un poeta explicó que la montaña nunca está quieta, sino
que la montaña vive, y que hoy es de un modo y mañana es de otro, y que alguien no
baqueano no puede seguir valiéndose de un mapa.

De manera que muy a menudo él se encontraba socorriendo a esos escaladores de


montaña, esos que seguían los mapas.

Él se las arreglaba para llegar hasta el lugar, tomarlos del lugar y traerlos nuevamente a
buen recaudo.

Numerosas vidas ha salvado el viejo de la montaña, a numerosa gente a conducido y a


numerosa gente a rescatado.

Tan grande es su fama por el lugar que algunos perdidos en la noche y con el viento
blanco de la nieve, a punto de congelarse, han creído ver en la oscuridad la linterna del
viejo de la montaña.
Y algunos, alucinados como estaban, han seguido la linterna del viejo de la montaña y
han llegado a buen recaudo y han podido salvarse;

y sin embargo esto no es posible porque a esa hora el viejo de la montaña seguramente
estaba en su cueva comiendo charqui.

De tal manera aquellos que señalan un camino no lo hacen exactamente con explicación,

sino que lo hacen con la experiencia viva.

Hay una gran diferencia entre esa asamblea de topógrafos, hay una gran diferencia entre
esa gran asamblea de especialistas que sí intercambiaban su información, y la actividad
que cada uno de ellos posteriormente realizaba guiando y conduciendo a la gente a los
lugares seguros.

Ustedes son los guías, ustedes son la nieve y el agua que baja de las altas montañas.

¿Qué podría hacer la tierra, la sedienta tierra, sin el agua que baja de las cumbres?

Ustedes son el verano y el invierno, son la noche y el día.

Son el contraste, pero son también el complemento.

Son la inteligencia, son la explicación, pero son también la experiencia..."

Canarias, 1978. Silo. Dia 1

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